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¿Cuál es nuestro rumbo? Nuestra Palabra | 13 Abril 2012 Honduras es un país de incertidumbres. Los problemas no paran, se agudizan y se convierten en conflictos acumulados. Aumentan las familias desamparadas, sin empleos y sorteando la violencia que acecha a cada paso. Muchas familias siguen sobreviviendo en medio de su pobreza, sin oportunidades para garantizar la comida diaria. Conseguir tortillas y frijoles se convierte en un acto heroico para los más pobres. Los pobres son los que también pagan y con creces los desordenes administrativos de la nación que se manifiesta en el cierre de los portones de los centros de salud pública. Los hijos e hijas de los pobres se topan con las banderas puestas en los centros educativos. Los empobrecidos son los que compran los productos más caros cada vez que a los empresarios, bajo el argumento que la vida está cada vez más cara, suben los precios a los productos. Los empobrecidos son los que no tienen empleos y los pocos que lo consiguen reciben salarios indignos e injustos. Pero son los pobres son los que pagan los impuestos para sostener el fracasado, obsoleto y abultado aparato del Estado. El pueblo carga con la pesada cruz de la corrupción, Honduras pierde cada año más de 20 mil millones de lempiras por actos de corrupción. También carga con la violencia que mata a 20 personas diarias. Y para colmo de males, la ausencia del Estado, golpeado por la crisis política que se vive en el país, se convierte en un pretexto y en una oportunidad para que los caudillos políticos adquieran control de las necesidades de la gente, y las conviertan desde ya en un show político en la que hacen aparecer al candidato como preocupado por darle soluciones a la gente como aconteció con el desfile de los funcionarios responsables de impartir justicias y culpables número uno de la violencia aguda que vive la población. Hasta las recomendaciones muy sabias que hace la Comisión de la Verdad están sirviendo de banderita política a algunos personajes que buscan llegar al poder por medio de movimientos políticos supuestamente alternativos al bipartidismo. Mientras las familias empobrecidas se mueren de hambre, la violencia se recrudece en las calles y muchos jóvenes salen del país con la intención de cumplir “su sueño americano”, el gobierno de Porfirio Lobo Sosa habla de poner orden en el país pero más que eso Honduras necesita y urge de un gran diálogo nacional que tendrá efecto positivo y transformador siempre y cuando se realice pensando en el país y con la participación sincera de todos los sectores. La pregunta que cabe en estos tiempos de incertidumbre es ¿cuál es nuestro rumbo? Lo que está claro es que las soluciones a los grandes y graves problemas del país no los vamos a encontrar jamás en la clase política ni en sus promesas vacías. Estamos en la obligación de organizarnos desde las comunidades, y poner en marcha la enorme tarea de construir y formar una nueva generación de líderes comprometidos con una política que reconstruya el país y la conciencia de toda la sociedad desde el bien común.

¿Cuál es nuestro rumbo?  

Editorial, Radio Progreso y Eric-SJ

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