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Mercaderes del miedo Nuestra Palabra | 21 MARZO 2013 ¿Quiénes se benefician del ambiente de inseguridad?, ¿Cuál es la vinculación entre las políticas públicas de seguridad, el crimen organizado, algunos sectores del gobierno, sectores de la gran empresa privada, propietarios de agencias privadas de seguridad, ciertos medios de comunicación corporativos y la campaña política electoral? ¿Quiénes se lucran y sacan el mayor provecho de la situación actual de violencia y del dolor de las víctimas violentas? Una cosa es cierta: la violencia es real, basta echar una mirada a las cifras y a las noticias para caer en la cuenta de un porrazo de que habitamos el país con mayor peligro para nuestras vidas. Tanto es así, que la violencia es la realidad hondureña que más se ha democratizado, aunque evidentemente, los jóvenes de zonas marginalizadas empobrecidas pagan la mayor cuota en esta sangrienta democracia. Pero otra cosa también es cierta: a la violencia real se suma el ambiente inducido de inseguridad. En el sondeo de opinión último realizado por el ERIC, la percepción que la gente tiene sobre la violencia e inseguridad es mayor que la experiencia personal sufrida en asuntos de robos o violencia. Es decir, hay dos tipos de inseguridades: por una parte, la que histórica ocurre y que está vinculada a hechos comprobados de violencia, y por otra, la que procede del ambiente, la que se suma a la primera y que produce miedo, angustia, zozobra, encierro, parálisis. Esta segunda inseguridad está obviamente alimentada por la primera, es decir por la inseguridad que producen los hechos reales de violencia y criminalidad. Existen algunos indicios que señalan que las dos inseguridades son necesarias y son retroalimentadas por sectores interesados en convertir la inseguridad de la gente en negocio. ¿Y quiénes serán estos sectores? Basta señalar algunos datos para lanzar hipótesis. Al menos ochenta mil personas trabajan en las agencias privadas de seguridad, ¿y quiénes son en su inmensa mayoría los propietarios de las agencias de seguridad? Oficiales de las Fuerzas Armadas, la mayor parte retirados, con una fuerte relación de intereses con dirigentes políticos, funcionarios públicos y algunos empresarios de medios de comunicación corporativos. ¿Quiénes son los que venden legalmente las armas en Honduras? La Armería, la cual vende legalmente hasta cinco armas a cada persona Y armas de todo calibre. ¿De quién es la Armería? Hasta donde se sabe, de los oficiales de las Fuerzas Armadas. Ha sido comprobado que un alto porcentaje de oficiales de la policía están vinculados --algunos con cargos de dirección o responsabilidad--, con el crimen organizado, ¿de dónde procede la formación y la relación de los altos oficiales de la policía? Sin dudarlo de las Fuerzas Armadas. ¿No hay acaso íntimos vínculos entre oficiales de las Fuerzas Armadas con oficiales de la policía, con liderazgos dentro del crimen organizado, con el trasiego ilegal de armas y el uso de las mismas para la criminalidad? Puede ser que estas interrogantes no pasen de la especulación. Sin embargo, la sospecha queda abierta. El miedo, la inseguridad, la zozobra y la angustia convierten la oferta de seguridad en un negocio redondo. Y quienes tienen agencias privadas de seguridad, quienes tienen la venta de armas como negocio y quienes habitan en los corredores de la criminalidad organizada, se convierten en los principales sospechosos de alimentar y promover el miedo de la gente para así asegurar la venta permanente de seguridad.


Mercaderes del miedo