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Defender lo indefendible Nuestra Palabra | 20 MARZO 2013

Las muertes de periodistas son producto de la delincuencia común y el conflicto que se vive en la zona del Bajo Aguán, departamento de Colón es únicamente una disputa entre campesinos y empresarios donde el Estado no tiene nada que ver. Esa fue la triste defensa de la representación del Estado de Honduras en la audiencia que se desarrolló ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, Cidh en días recientes. La audiencia temática fue sobre la situación de Honduras luego de tres años del golpe de Estado, y se dio en el marco del 147 periodo de sesiones de la Comisión, uno de los dos órganos del sistema interamericano de derechos humanos, instancias a las cuales las naciones del continente asisten ante la inoperancia y falta de aplicación de justicia de los Estados. En dicho espacio diversas organizaciones de derechos humanos y feministas participaron, cada una expuso la fragilidad institucional, la violencia y criminalidad generalizada y en especial los asesinatos de mujeres, periodistas y miembros de la comunidad LGTBI que se dan en el país y que siguen en total impunidad. En cada una de las participaciones claramente se demostró a los comisionados que la situación en materia de derechos humanos en Honduras en vez de mejorar ha dado claros signos de empeoramiento, poniendo a la ciudadanía en situación de indefensión y desprotección estatal. Otro de los aspectos que demostraron las diversas organizaciones fue la situación de vulnerabilidad en la que se encuentran los defensores y defensoras de los derechos humanos en el país que sigue siendo de extrema preocupación. La falta de investigación y sanción a los responsables contribuye a profundizar un ambiente de peligrosidad para estas personas, quienes se convierten en víctimas de múltiples ataques contra su vida y su integridad. Cuando llegó el turno del Estado, la Procuradora General de República con toda desfachatez, y sin importar que tenía enfrente a organizaciones que conocen la realidad del país, comenzó defender lo indefendible. Aseguró que en Honduras no existe una problemática agraria nacional, que el problema se remonta a diferencias entre empresarios y unos campesinos del Bajo Aguán, olvidando completamente las múltiples denuncias y muertes que se dan en la zona producto de la militarización permanente en el sector. Ante los cuestionamientos sobre los crímenes contra las mujeres cínicamente se dijo que en Honduras mueren más hombres y que no pasa nada. Olvidando la saña con que el sistema patriarcal aplasta la vida y la dignidad de las mujeres. Cada uno de los argumentos de los representantes del Estado únicamente fue para justificar una realidad que aplasta a las mayorías. Sus repuestas nos confirman que no existe una genuina voluntad del Estado de hacerle frente a la realidad de violencia, criminalidad, impunidad, corrupción y pobreza. Pero también deja el reto ineludible de la articulación y el papel beligerante que deben emprender las distintas organizaciones sociales y populares en Honduras para poner sus servicios al beneficio de las grandes mayorías.


Defender lo indefendible