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Martes 31.07.12 EL CORREO

CIUDADANOS

Los cooperantes desafían al Gobierno Las ONG dicen que volverán a Tinduf el día 7 y el Gobierno denuncia la presencia de infiltrados en los campos

nes humanitarias». La respuesta de CEAS a la evacuación es idéntica a la de una veintena de asociaciones vascas de ayuda a los refugiados saharauis, entre las que figuran Mundubat, los Amigos de la RASD de Bizkaia, Donostia y Álava, Hegoa o la Asociación Vasco-Saharaui de la Evolución Cultural. En un comunicado conjunto, expresaron su rechazo a la decisión «unilateral» del Ministerio de Asuntos Exteriores de repatriar de forma urgente a los cooperantes.

:: MARÍA JOSÉ CARRERO

ayuda el 7 de agosto. Este anuncio BILBAO. Un reto toda regla al Go- llegó tres días después de que el Mibierno. Esta es la respuesta que die- nisterio de Asuntos Exteriores evacuase en un avión del Ejérciron ayer las asociaciones de apoto a doce miembros de yo al pueblo saharaui de ONG –cinco de ellos toda España a la decisión vascos–, así como a dos del Ejecutivo Rajoy de refranceses y un italiapatriar a los cooperantes no. El objetivo del dede los campos de refugiasafío de las organizados de Tinduf (Argelia) ciones es doble. De un por temor a los terrorislado, quieren retomar tas procedentes del norte su actividad humanitade Mali. La Coordinadora Albert Sterm, ria y, a la vez, «demosEstatal de Asociaciones Sode Médicos trar que los campamenlidarias con el Sáhara del Mundo tos son seguros. El Go(CEAS) anunció que un grupo de 20 cooperantes de distin- bierno ha lanzado una alarma intas organizaciones viajará de nue- justificada», afirmó José Taboada, vo a Tinduf con un cargamento de presidente de CEAS.

«Les afectará a ellos» «El riesgo de secuestro es real», dijo el ministro Margallo. :: EFE Las declaraciones de Taboada están en sintonía con las realizadas por uno de los evacuados, el coordinador de Médicos del Mundo en el Sáhara, Albert Sterm, quien ayer relacionó a salida de los cooperantes de Tinduf con presiones por par-

te de Marruecos. «Hay una serie de cosas que no nos cuadran mucho», dijo. Apostilló que su ONG no tiene la percepción de que esta zona «sea más insegura que Mauritania, Malí, Níger o Chad, donde también tienen presencia las organizacio-

En su opinión, las razones de falta de seguridad ante un supuesto riesgo inminente de ataque terrorista «no concuerdan con el análisis de las autoridades argelinas y saharauis, ni de personas expertas en seguridad de la zona». Es más, añaden que tras el secuestro en octubre de Ainhoa Fernández, Enric Gonyalons y la italiana Rossella

Cooperantes españoles en Rabuni, ‘capital’ de los campamentos de refugiados saharauis en Tinduf (Argelia). :: EFE

ací hace 26 años en una pequeña jaima levantada en Smara, en uno de los cuatro campamentos de refugiados saharauis en Tinduf (Argelia), a más de 2.643 kilómetros del País Vasco, donde vivo y estudio desde hace más de un año. Fui uno de los muchos chavales que en 1996 llegaron a ‘veranear’ acogidos en España con apenas unas chanclas y mucha anemia. Mi nombre se podría traducir del árabe como ‘el hombre pacífico’, aunque en mi tierra es difícil mostrarse así. Desde el pasado sábado, el desasosiego y la incertidumbre han vuelto a mi corazón. La repatriación de los cooperantes que ayudan a los míos y a nuestra causa ha vuelto a dejar a 260.000 compatriotas sin el cordón umbilical de su supervivencia. Nací en invierno, cuando el frío

N

puede bajar el termómetro hasta los 5 grados, muy lejos de los 52 que se viven en el desierto durante el verano. A mi bautizo no pudo venir mi padre, apostado en una trinchera de arena con el ejército de Hassan II enfrente. Mi padre, Hamudi, enrolado durante diez años en el Frente Polisario, lucha ahora por su pueblo al volante de un camión que hizo sus primeros kilómetros por las carreteras de Extremadura y ahora agota su motor por las polvorientas carreteras argelinas. Donado por una ONG extremeña, el viejo Fiat transporta ahora gas butano para abastecer los asentamientos de refugiados. Mi madre, como tantas otras mujeres, se encarga de distribuir la ayuda humanitaria que llega a los campamentos en grandes camiones de matrículas extranjeras. Y mi querida abuela es la que me crió a base de

SALAMU HAMUDI

«MI PUEBLO HA DESCUBIERTO LA SOLIDARIDAD ESCRITA EN EUSKERA» leche de cabra y unas migas de pan que cada mañana horneaba para más de 23 críos. Eran mis primos y algún que otro vecino: unos huérfanos de padres por la guerra y otros con sus madres enfermas. Vivir en la ‘Hammada’ africana, en el desierto de los desiertos, es duro para el más duro de los mortales. Para nosotros, los saharauis, es una condena injusta. Mis mayores tienen memoria y, para que los jóvenes no

olvidemos, nos cuentan desde muy pequeños que un día fuimos la provincia número 53 de España. Muchos guardan como un tesoro sus viejos carnés de identidad plastificados, que en 1975 les acreditaban como el más español de los españoles. Sirva de anécdota que alguno de mis vecinos espera ansioso todos los años la llegada de la Navidad para mostrar con orgullo la felicitación que todavía le llega por los servicios

prestados como soldado del Ejército español, y no son excepción los que cobran la paga como militares retirados de la época franquista. Ahora somos un pueblo transterrado –echado de su tierra–, que sobrevive en un lugar infernal gracias a la ayuda humanitaria, sobre todo de España y, en especial, de Euskadi. Sin agua, ni hospitales, ni electricidad, ni escuelas, ni sombra, ni ropa, ni comida. Mi abuela me contaba que incluso los camellos rehusaban acercarse a la zona que ocupamos hoy. En esta dura historia, mi humilde vida y la de los míos, merecen unas líneas quienes nunca se han olvidado de mi pueblo: nuestros hermanos cooperantes. De hecho, la primera palabra que aprendí en castellano es ‘solidaridad’. Su presencia es vital y se distin-


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