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- Nunca es más oscura la noche como en el instante previo al amanecer – - Edición electrónica – Año I, Nº 5, Primavera de 2012

CONTENIDO Correo del editor

… Cuando Laclau admite en la entrevista que no existe ningún esfuerzo por parte del gobierno en procura de avasallar la institucionalidad vigente, sino por contrario, de lo que se trata es de constituir una nueva institucionalidad, está mostrando claramente los límites reales del modelo nacional y popular: la lógica populista no podría desarrollarse jamás en la formalidad de las instituciones republicanas vigentes, porque su irrupción histórica obedece, precisamente, a la incapacidad de esas mismas instituciones para procesar y satisfacer las demandas que esta lógica expresa..

Portada /Arshile Gorky

… En este trabajo, ambas manos de la madre y la izquierda de Gorky han sido deliberadamente borradas, sugiriendo la ausencia de un afecto, que remite a una ausencia aún mayor (la de la propia madre) que atormentará al artista hasta el último día de su vida. Quien observa el óleo no podrá determinar jamás si el trabajo está en verdad concluido, o si su abrupta conclusión es la única salida posible hallado por Gorky para expresar cierta completitud que sólo puede expresarse a través de sus faltantes…

Ampliación de ciudadanía y protección de datos personales

ARSHILE GORKY (1904 -1948)

El Artista y su madre 1926-1936, Oleo, 152,4 x 127 cm. Whitney Museum of American Art, Nueva York

…Sintéticamente estamos hablando del derecho que asiste a toda persona, identificada o identificable, a solicitar la exhibición de los registros, públicos o privados, en los cuales están incluidos sus datos personales o los de su grupo familiar, para tomar conocimiento de su exactitud…

El incansable viaje de La Muerta. Єquinoccio es una publicación de política y cultura en tiempos de desencanto. Editor: Rubén Manasés Achdjian. Editado en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, República Argentina.

…La muerte prematura les obsequió la gloria y les evitó el patetismo de la senectud, o del exilio. En esta larga galería de muertes prematuras también hallamos la de Evita.… Además:

contacto@revistaequinocciom.ar

Arturo Jauretche y la zoncera del Cuarto Poder. Apostillas.


PORTADA ARSHILE GORKY (Khorkhom, 1904 – Connecticut, 1948)

jamás si el trabajo está en verdad concluido, o si su abrupta conclusión es la única salida posible hallado por Gorky para expresar cierta completitud que sólo puede expresarse a través de sus faltantes. Tras una serie de tragedias que lo acechan en sus últimos años, Arshile Gorky decide poner fin a su vida en 1948. En la actualidad, y pese a su breve obra, es considerado uno de los más grandes exponentes del arte plástico del siglo XX. Є CORREO DEL EDITOR

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obreviviente del genocidio armenio cometido por el estado turco entre 1915 y 1923, Arshile Gorky (nacido como Vostanik Manug Adoian) logró escapar hacia el territorio armenio controlado por Rusia. Permaneció en Ereván –actual capital de la República de Armenia- hasta la muerte de su madre en 1919, víctima de inanición. En 1920 logró emigrar hacia los Estados Unidos donde comenzó una intensa vida artística. En 1922 ingresó en la New School of Design de la ciudad de Boston; allí se graduó y trabajó como profesor de tiempo parcial. Durante aquellos tempranos años, Adoian se vió fuertemente influenciado por la obra de Paul Cézanne y de los post-impresionistas. Hacia finales de la década de 1920 y principios de 1930, sus trabajos viraron hacia el cubismo y, pocos años más tarde, por el surrealismo. En esta misma época, y apareado con los virajes en su obra plástica, Adoian adoptó el nombre de Arshile Gorky, que conservaría hasta su muerte. No se trataba, por cierto, de asumir un mero seudónimo artístico, sino de construir para sí una nueva identidad que le permitiera aliviar la terrible carga traumática que marcó a fuego su infancia. Sus obras más conocidas son Paisaje al estilo de Cézanne (1927), Staten Island (1928) Noche, enigma y nostalgia (1930-1934), The Betrothal (1947) y El artista y su madre (1926-1936), obra fundamental que se sitúa en las fronteras que separan la completitud y la inconclusión. En este trabajo, ambas manos de la madre y la izquierda de Gorky han sido deliberadamente borradas, sugiriendo la ausencia de un afecto, que remite a una ausencia aún mayor (la de la propia madre) que atormentará al artista hasta el último día de su vida. Quien observa el óleo no podrá determinar

LACLAU Y EL DEBATE ACERCA DE UNA NUEVA INSTITUCIONALIDAD.

Ernesto Laclau

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n una muy sugestiva entrevista publicada recientemente por Página 12 (“Los medios se han transformado en el principal partido opositor”, Fernando Cibeira, domingo 14/10/2012), Ernesto Laclau plantea algunas cuestiones centrales respecto del discurso institucionalista sostenido por amplios sectores de la oposición política argentina. Y decimos que el artículo es muy sugestivo, en primer lugar, porque Laclau se pronuncia abiertamente a favor de una reforma constitucional que cristalice una nueva forma de institucionalidad que logre superar las limitaciones del republicanismo clásico, y en segundo lugar, porque Laclau forma parte –junto con Ricardo Forster y J.P. Feinmannde una singular santísima trinidad intelectual a la que la presidente dedica especial atención. Luego de algunas impresiones sobre el reciente resultado electoral en Venezuela, el reportaje se enfoca hacia las cuestiones políticas domésticas. Ante la pregunta de Cibeira acerca de que si resulta 2


acertado que la oposición política argentina plantee un discurso institucionalista en lugar de plantear un modelo alternativo, Laclau responde: “El argumento de un institucionalismo radical es típico de la derecha. Las instituciones nunca son neutrales, son la cristalización de la relación de fuerzas entre dos grupos y cualquiera que intente romper con esa relación de fuerzas iniciando un proyecto más radical va a chocar con el orden institucional vigente. Esto no significa que haya que pasar a un radical “antiinstitucionalismo”, de lo que se trata es de pasar a nuevas formas institucionales por las cuales las nuevas fuerzas intervinientes comienzan a expresarse. Eso me parece que está ocurriendo en Argentina. No hay el menor esfuerzo por parte del Gobierno por romper las normas institucionales vigentes pero sí hay, y eso lo considero positivo, un esfuerzo por crear una institucionalidad de tipo nuevo” (subrayado nuestro) Lo que está planteando Laclau en este punto, ya fue exhaustivamente desarrollado en uno de sus textos más difundidos y fundamentales. En “La razón populista” (Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica, 1º edición, 4º reimpresión 2009), señala que: “En el caso de un discurso institucionalista, hemos visto que la diferencialidad reclama ser concebida como el único equivalente legítimo: todas las diferencias son consideradas igualmente válidas dentro de una totalidad más amplia. En el caso del populismo, esta simetría se quiebra: hay una parte que se identifica con el todo” (p.108). ¿Qué quiere decir Laclau con todo esto? Comencemos diciendo que para analizar las condiciones de emergencia y conformación de los populismos, Laclau toma como unidad mínima de análisis –y a la vez, principal- a las demandas sociales, entendidas indistintamente como peticiones o reclamos. Frente a un conjunto de demandas sociales insatisfechas que persisten durante largo tiempo, el sistema institucional, afirma Laclau, se verá crecientemente incapacitado de absorberlas de un modo diferencial, esto es, de a una por vez y cada demanda de manera separada respecto de las restantes. Esta situación de insatisfacción persistente dará por resultado, por un lado, el establecimiento de una frontera que escindirá a la población respecto de su sistema institucional y, por el otro, la formación de una cadena de demandas insatisfechas que son en-

tendidas como equivalentes en tanto son unificadas en términos simbólicos. De allí que las tres dimensiones estructurales para la existencia de una lógica populista son (i) la fijación de una frontera que divide a la sociedad en dos campos, (ii) la unificación de una pluralidad de demandas insatisfechas en una cadena equivalencial y (iii) la construcción discursiva de una identidad popular que permita consolidar esta cadena equivalencial. Cuando Laclau admite en la entrevista que no existe ningún esfuerzo por parte del gobierno en procura de avasallar la institucionalidad vigente, sino por contrario, de lo que se trata es de constituir una nueva institucionalidad, está mostrando claramente los límites reales del modelo nacional y popular: la lógica populista no podría desarrollarse jamás en la formalidad de las instituciones republicanas vigentes, porque su irrupción histórica obedece, precisamente, a la incapacidad de esas mismas instituciones para procesar y satisfacer las demandas que esta lógica expresa. Dicho en otras palabras, el populismo irrumpe allí donde la república ha fracasado La entrevista de Cibeira sigue con otra pregunta que profundiza aún más esta primera aproximación al tema que venimos desarrollando. Cibeira interpela a Laclau respecto de que si para consagrar esa nueva institucionalidad resulta necesaria una reforma constitucional. La respuesta es igualmente clara: “Hay quienes piensan que no, yo pienso que sí es necesaria. La última reforma constitucional de 1994 expresó la preponderancia del modelo neoliberal. Hoy, que el modelo está radicalmente cambiando, es necesario pasar a un orden constitucional nuevo. Se habla mucho de la cuestión de la reelección, pero no veo que eso sea tan sustantivo aunque estoy a favor de una reelección indefinida. No tiene que ver sólo por las circunstancias de Argentina sino con las circunstancias latinoamericanas en términos más generales Como puede advertirse, Laclau –al fin y al cabo, un intelectual orgánico del Modelo- defiende en este punto la ortodoxia del catecismo oficial, al sostener que la reforma es necesaria porque nuestra Constitución vigente expresa, en definitiva, una filosofía que ha sido “derrotada”. Vemos aquí que el argumento de Laclau se encuentra en la misma línea discursiva esgrimida ya por Forster, en un reciente artículo de su autoría y que fuera ampliamente comentado en Єquinoccio. Allí señalaba Forster:

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“Cada Constitución es reflejo de un proyecto de país. La Constitución vigente, hija del pacto de Olivos y parida por el Consenso de Washington fue pensada para el proyecto neoliberal de sumisión de la Nación, de extranjerización de la economía, de saqueo de los recursos naturales y de exclusión de millones de argentinos y argentinas, que se quedaron sin pan y sin trabajo. Fue dictada cuando se proclamaba la muerte de las ideologías y el fin del Estado Nación. Se la escribió contra el pueblo y contra los intereses nacionales. Ese proyecto entró en su crisis profunda en diciembre de 2001. Y fue Néstor Kirchner quien empezó a escribir su epitafio.” (Ricardo Forster, “¿Hacia una nueva Constitución?, Revista 2016, año VI, Nº 52). Por supuesto que en sus declaraciones Laclau intenta ser más sutil y menos verborrágico que Forster: pese a manifestarse en favor de la reelección presidencial indefinida, no ve en ello una cuestión sustantiva. Y la causa de ello encierra una sospecha que algunos analistas vienen advirtiendo desde hace algún tiempo. ¿Qué sucedería si la posible reforma constitucional avanzara hacia la consagración de un régimen semi-presidencialista, o parlamentario a secas, como hace tiempo viene pregonando en soledad el notable jurista y ministro de la Suprema Corte, Eugenio Zaffaroni? En este caso, el debate sobre la reelección indefinida se convertiría en letra muerta. El propio Zaffaroni ha dado cuenta de los aspectos que atañen a esta nueva institucionalidad de la cual Laclau se ha convertido por estos días en un destacado portavoz. “Hay algo en América Latina que llama la atención. En estos 25 años de gobiernos institucionales, por suerte no hemos tenido golpes de estado, salvo el caso del autogolpe de Fujimori. Sin embargo, hemos tenido presidentes electos interrumpidos. En casi todos los casos se produjeron crisis de sistema, que se superaron de manera violenta. Algo no funciona en la institucionalidad de América Latina (…) Nuestra ciudadanía ha crecido en base a movimientos populistas. Y si no fuera por esos movimientos, la base de ciudadanía real no se hubiese ampliado. Si hacemos el balance del siglo XX, existimos gracias a esos populismos. Sin embargo, la reacción contra esos populismos ha tenido un alto grado de crueldad. Hay que pensar en reformas institucionales que eviten este tipo de regresiones. No tenemos que tener miedo a innovar pero debemos hacerlo re-

flexionando”. (Revista 2016, Nº 28, junio de 2009) Como vemos, el problema que planteamos no puede ser circunscripto al debate sobre la reelección, sino que se trata de una matriz de temas de mucha mayor profundidad. El discurso populista no puede ni busca anclar en la retórica del republicanismo clásico, frente al cual se presenta siempre como exceso. Asimismo, la defensa del republicanismo clásico –en los términos en que se plantean los ejes de la actual confrontación- terminará atenazando a las izquierdas liberales y democráticas en un terreno incómodo, del cual sólo lograrán salir con inteligencia e innovación discursiva. Para estas izquierdas, el riesgo de permanecer pasivamente en tan enmarañado terreno –decimos: permanecer allí sin producir un discurso alternativo que las diferencie claramente de las retóricas de las derechas- será el de verse obligadas a renunciar a sus más caras tradiciones igualitaristas, apenas a cambio de defender las formalidades y los ropajes de un republicanismo de baja intensidad. Allí se encuentra el nudo de la actual paradoja que se plantea, al menos en lo que refiere a sus términos retóricos: el populismo, aunque autoritario, pone su énfasis en la cuestión de la inclusión; el liberalismo, aunque institucionalista, recurre a la cerrada defensa de una noción de libertad que, en el pasado, ha resultado a las claras deficitaria en satisfacer demandas en procura de mayores niveles de igualdad. Є EL PAÍS AMPLIACIÓN DE CIUDADANIA Y PROTECCION DE DATOS PERSONALES Escribe: Eduardo Peduto (Sociólogo)

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uchos serían los niveles de análisis o las vertientes posibles para abordar el tópico relativo a la ampliación de ciudadanía. Hemos seleccionado una que ya sea por su relativa reciente aparición si lo medimos en términos de acontecimiento histórico como por la escasa difusión alcanzada se halla aún invisibilizada para la gran mayoría. Al menos en los aspectos que hoy nos interesa compartir con ustedes: la llamada figura del “hábeas data” más conocida como protección de datos personales. 4


Sintéticamente estamos hablando del derecho que asiste a toda persona, identificada o identificable, a solicitar la exhibición de los registros, públicos o privados, en los cuales están incluidos sus datos personales o los de su grupo familiar, para tomar conocimiento de su exactitud; a requerir la rectificación, la supresión de datos inexactos u obsoletos o que impliquen discriminación o a que la forma en que han sido registrados sean fieles a la identidad en que se reconoce.

Señalaremos al respecto que la cuestión, si bien comenzó a adquirir cierta relevancia hacia fines del siglo 19, recién emergió de manera potente en el último cuarto del siglo 20. Efectivamente, en Estados Unidos de Norteamérica se reguló el tema de manera particular en la Privacy Act de 1974 que protege el derecho de intimidad y tuvo su antecedente en la preocupación ocasionada por el escándalo que llevó a la renuncia del presidente Nixon en el caso Watergate. Sin que esto pueda sonar a una digresión cabe consignar que, tras los atentados en las Torres Gemelas, con la sanción el 26 de octubre de 2001 por el Congreso de los EE.UU. durante la gestión del presidente George W. Bush de la ley conocida con el nombre de Patriotic Act, estos derechos se han visto seriamente restringidos cuando no conculcados. Inspirada en motivaciones absolutamente diferentes dos años después, en 1976, la Constitución de Portugal a través de su artículo 35 establece los aspectos generales de la protección de datos personales y los derechos que les asisten a sus titulares. No es casual que haya sido la sociedad lusitana -tras los 40 años de dictadura de Oliveira Salazar- la que pusiera énfasis en este aspecto y señalara de manera

taxativa que la informática “...no puede ser utilizada para el tratamiento de datos relativos a convicciones filosóficas o políticas, afiliación a partidos o sindicatos, confesión religiosa, vida privada y origen étnico, salvo con el consentimiento expreso del titular, autorización prevista por la ley con garantías de no discriminación o para procesamiento de datos estadísticos no identificables individualmente.” El último inciso del mismo artículo extiende estas prescripciones a las bases de datos que consten en ficheros manuales. En 1978 la Constitución Española, una de las consecuencias inmediatas de la firma del Pacto de la Moncloa el año anterior, recogería también esta protección aunque de una manera más difusa que en el caso portugués. Sin embargo, años después, será España la que se ponga a la cabeza de este derecho en países latino-parlantes. La legislación al respecto que encontremos en distintos países de América Latina, entre ellos el nuestro, recogen los principios, método y acción de las legislaciones hispana y lusitana. Y esto tampoco es casual dado que también en ellos se han vivido largos períodos de dictaduras y conculcación de las garantías y derechos individuales. Un rasgo distintivo de esta normativa, y vinculada con la noción ampliada de ciudadanía a la que nos referimos al comienzo, es su referencia permanente a la noción de persona y no a la de ciudadano en términos jurídicos. A la vez, en algunos casos con más detalles pero en todos con alguna referencia, hay una asociación, una contigüidad, entre la protección de los datos personales y la identidad de las personas. Antes de ingresar en esta conexidad me parece importante efectuar algunas precisiones sobre la protección de datos personales en la práctica. Veamos. Aunque pudiera parecer redundante, la experiencia nos demuestra que no lo es, debemos dejar muy claro quién es el titular de los datos personales o, dicho en una jerga más llana, quién es el dueño de los datos. El único titular de los datos es la persona a la que se hallan referidos. No hay otro titular: el titular es él. Para ejemplificarlo tomaremos uno de los casos más habituales y que más resistencias generan: el de la historia clínica. La historia clínica le pertenece al paciente. No es del profesional médico ni del hospital, sanatorio o clínica. Es el derecho de toda persona a que la historia clínica obre en su poder en el momento que así lo desee. La tensión existente en la materia ha llevado a la necesidad de sancionar, en el último año, una ley nacional de derechos de los pacientes en cuyo texto hay un capítulo destinado al tema de la historia clínica. 5


Ahora bien: hay un antes y un después de que los datos personales se asienten en un banco o registro. El después se halla referido a la conservación de esos datos por un lapso suficientemente prolongado. ¿A qué me refiero? A los datos obrantes en un servicio de salud, un establecimiento educativo o en lugares donde alguien se haya desempeñado como trabajadora o trabajador. Pero así como hay un después en relación con los datos personales recabados existe también un antes. Dicho en otras palabras: el derecho que asiste a todo ciudadano a que los aspectos identitarios que conforman sus atributos como persona sean registrados de manera integral. Desde esa perspectiva el caso por excelencia lo constituye el Registro del Estado Civil y Capacidad de las Personas pues en él se hallan registrados gran parte de los episodios de nuestro ciclo vital: nacimiento, mayoría de edad, casamiento, divorcio, maternidad, paternidad, etc. Y es acá dónde comienza a emerger la conexidad entre identidad y protección de datos personales. ¿Por qué? Porque ese vínculo halla también su correlato en la forma registral que revista. Ello nos obliga a aclarar, como ya sucedió con la noción de ciudadanía, de que estamos hablando cuando nos referimos al concepto de identidad. Entendemos como tal a un proceso en permanente construcción, constituido por un conjunto de atributos que nos identifica frente a nosotros mismos y también frente a los demás. Es de ese conjunto de atributos del que podemos escindir aspectos que conforman los denominados datos personales. El derecho a la identidad, como capítulo específico en el catálogo de los derechos humanos, ha sido una construcción que evolucionó desde los primeros instrumentos internacionales que surgieron a mediados del siglo XX hasta la actualidad. Para afinar aún más el concepto de identidad, transcribiré la visión acerca de la identidad formulada por la Jueza Elena Liberatori y que constituye el fundamento de un fallo suyo sobre el que volveremos más adelante. Y no lo hago porque encuentre qué es la definición más acabada o completa de la palabra identidad sino por la singularidad de constituir el andamiaje para que una magistrada imparta justicia. Dice así: “La identidad del ser humano, en tanto éste constituye una unidad, presupone un complejo de elementos, una multiplicidad de carácter predominantemente espiritual, psicológico o somático, mientras otros son de diversa índole, ya sea cultural, religiosa, ideológica o política. Y estos elementos, obviamente, no se obtienen o heredan genéticamente, sino que se han formado a lo largo de la vida a raíz de distintas circunstancias, una de las cuales –diríamos fundamentales– es la familia que se integra; y ello sea que no exista

con todos o algunos de sus miembros vínculo biológico alguno.” En síntesis, la identidad incluye tanto la inscripción del nacimiento en el seno de una familia y la asignación de un nombre y nacionalidad propios, como la inserción dentro de una comunidad, con su lengua, su cultura, su territorio y su historia colectiva, aspectos desde los cuales es posible construir la propia historia y proyectarse socialmente en el tiempo como un ser único e irrepetible. El reconocimiento del derecho a la identidad es vital para el ejercicio de los demás derechos y debe ser preservado de toda forma de vulneración o discriminación. Partiendo de estos principios hemos seleccionado tres grupos sociales, de muy diverso origen y naturaleza, que han visto o ven vulnerados su derecho a la identidad. Durante la última dictadura militar, entre otro sinnúmero de crueldades y aberraciones, asistimos a uno de los capítulos paradigmáticos en esta materia: la violación intencional y sistemática en torno a los niños y niñas, hoy ya adultos, nacidos en cautiverio y que fueran apropiados. Una búsqueda dolorosa, desgarradora, inconclusa, que si bien hoy nos muestra más de 100 personas que han recuperado su identidad queda aún por develar lo sucedido a muchísimos más. Reconocedores o no de la situación vivida, con una mirada benévola o de justo rencor respecto a sus apropiadores. Resultaren éstos últimos integrantes de los grupos de tareas que operaban en la época o receptores de buena fe, las configuraciones convivenciales tenían un atributo basal: la mentira. Una deformación, alteración o negación de la realidad que, sin duda alguna, ha sido el elemento constitutivo de una identidad vulnerada. El conocimiento de la verdad, en este caso, no forma parte tan sólo de un axioma filosófico ni de un requisito ético, este conocimiento resulta indispensable para los otrora niños y niñas como condición necesaria para reorientar el proceso de construcción de su identidad. También debemos dar cuenta de otros dos grupos de nuestra sociedad, negados o estigmatizados hasta hace muy poco tiempo en el imaginario social como consecuencia de atavismos cuya raíz obedecía a razones ideológicas o dogmáticas. Uno, el constituido por parejas o matrimonios integrados por personas del mismo sexo; el otro el de los ciudadanos pertenecientes a los pueblos originarios distribuidos a lo largo de nuestro territorio nacional. En el primero de los casos se comenzó a reconocer, a partir de la modificación del Código Civil mediante la ley conocida como de matrimonio igualitario, el derecho de aquellas personas que han he6


cho opción del libre ejercicio de su orientación sexual a contraer matrimonio con otra persona de su mismo sexo. Es a una circunstancia derivada de este reconocimiento a que hace referencia la jueza Elena Liberatori. Debió dictaminar sobre la legitimidad de la solicitud de dos mujeres, madres de un hijo, que reclamaron al Registro Civil la inscripción del niño con los dos apellidos maternos, cuestión a la que el organismo registral se negó. La magistrada en su fallo, parte de cuyos fundamentos reproducimos aquí más arriba, no hizo otra cosa que resaltar, por una parte, la legitimidad y, por la otra, la necesidad de reconocimiento social que tenían esas madres. Y, en consecuencia, la adopción de medidas por parte del Estado que reflejen esa multiplicidad de formas que va adquiriendo la identidad de cada ser humano en la compleja sociedad contemporánea así como la diversidad de contextos en los que se halla incluido y a cuyo reconocimiento tiene derecho. Finalmente, el Registro Civil se vio obligado a acatar la decisión judicial. Pero sería ocioso quedarnos encerrados en el análisis de un caso si no tomáramos a éste como testimonio de una colisión entre dos lecturas y dos interpretaciones de un mismo hecho: una de ellas inscripta en un marco biologista restringido y otra de carácter multívoco que se halla en la búsqueda de que el Estado actúe en consonancia con las transformaciones sociales y culturales de la contemporaneidad. Transformaciones que están íntimamente ligadas a la noción de identidad si entendemos a ésta como la hemos intentado definir en esta presentación. Transformaciones que interpelan y develan, que cuestionan y proponen. Legítimas multiplicidades que encuentran en la Constitución de la Ciudad de Buenos Aires –que debe ser leída como un todo y no de manera fragmentada- el marco axiológico y operativo para todos aquellos que, en ejercicio de sus funciones o de nuestra ciudadanía, debemos tratar cuestiones como las abordadas en este artículo. Tomo la Constitución de nuestra ciudad por considerar a su texto como el más avanzado existente en nuestro país y que colecta, de manera organizada y sistemática, el catálogo de derechos humanos de primera, segunda y tercera generación. Cito, al efecto de aquello que estamos desarrollando, el texto completo de su artículo 11, que forma parte del Título Primero-Derechos y Garantías: “Todas las personas tienen idéntica dignidad y son iguales ante la ley. Se reconoce y garantiza el derecho a ser diferente, no admitiéndose discriminaciones que tiendan a la segregación por razones o con pretexto de raza, etnia, género, orientación sexual, edad, religión, ideología, opinión, nacionalidad, caracteres físicos, condición psicofísica, social, económica o cualquier

circunstancia que implique distinción, exclusión, restricción o menoscabo. La Ciudad promueve la remoción de los obstáculos de cualquier orden que, limitando de hecho la igualdad y la libertad, impidan el pleno desarrollo de la persona y la efectiva participación en la vida política, económica o social de la comunidad.” La redacción final de este artículo estuvo a cargo de la Comisión de Redacción y Normas de Gobernabilidad de la Convención Constituyente de la Ciudad de Buenos Aires celebrada en 1996, presidida por el hoy integrante de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, doctor Eugenio Raúl Zaffaroni. La mención de la identidad del jurista que la presidía es intencional porque ilustra que el texto se halla inspirado en las categorías conceptuales que manejan y desarrollan importantes referentes de la ciencia jurídica de nuestro país y que se hallan a la vanguardia de un pensamiento abierto, flexible y que se alimenta en términos de doctrina, del aporte efectuado por otras disciplinas como la sociología, la antropología social, la historia y la filosofía. Este mismo marco es el que nos permite abordar la otra problemática que incluimos en nuestro análisis: ciudadanía y pueblos originarios. Este Binomio conjuntivo ha sido soslayado cuando no tergiversado o descalificado durante más de 100 años tanto desde el Estado como desde la sociedad civil. Ello no obsta para que reconozcamos algunos avances en la materia como la creación por ley en 1985 del Instituto Nacional de Asuntos Indígenas o la innovación sustantiva que introdujo el censo del año 2001 y profundizó el del 2010 que posibilitó que se relevaran de manera sistemática datos de distinta índole de ciudadanos descendientes o integrantes activos de los pueblos originarios. Sin embargo hasta el momento sus componentes deben enfrentar restricciones que en algunos casos alcanza la prohibición y hasta el momento todo intento de removerlos en que se han empeñado ha resultado infructuoso. Para no extenderme en demasía, y por considerarlo suficientemente ilustrativo, voy a referirme a un solo aspecto de esta restricción al ejercicio pleno de ciudadanía: el derecho a la elección de su nombre y el de sus descendientes. Esta negativa a que sean reconocidos por los nombres que cobija su lengua materna imponiéndoles la castellanización de los mismos, y esto en el mejor de los casos porque hay muchos que no tienen conversión posible, es una verdadera lesión al ejercicio del derecho a la identidad reconocido en la Constitución Nacional a partir de su reforma de 1994 y la incorporación con esa jerarquía de los tratados y convenciones internacionales en materia de derechos humanos. 7


Ello ha determinado que en aquellas provincias en donde hay una presencia relevante de habitantes de estos pueblos la cuestión, aunque lentamente, haya comenzado a formar parte integrante de la agenda de temas sociales a resolver. El caso más destacado del que tenemos conocimiento a la fecha es el proyecto de ley recientemente ingresado a la Legislatura chaqueña, suscripto por integrantes de la bancada mayoritaria, en el que se propicia la creación de un Registro de nombres indígenas del Chaco que, de ser aprobado, allanará el camino para que los pueblos originarios puedan elegir libremente y sin escollos burocráticos el nombre propio y el de sus niñas y niños. Hasta aquí nuestro esbozo sobre el tema seleccionado para esta exposición, siendo plenamente conscientes que el mismo no agota el abordaje de la protección de datos personales ni los ítems que la componen. Más que nada hemos ensayado el ejercicio de tornar palpable el vínculo entre ampliación de ciudadanía y protección de datos personales en el campo de la identidad desde tres vertientes de distinta naturaleza que nos muestran rasgos individuales y colectivos. Por adherir a una mirada multívoca, tengo el convencimiento que desde los distintos saberes y con una perspectiva multidisciplinaria podremos tornar efectivos estos derechos. Ello en la medida en que esas distintas miradas y niveles de análisis tengan su correlato en la modificación de los actos jurídicos y las normas legales, en especial lo referido al Código Civil y las leyes que de él se deriven, de forma tal que contengan y legitimen las distintas configuraciones que hoy ofrece la sociedad argentina a su interior. Desde esa perspectiva creo que debemos doblegar los esfuerzos desde espacios como éste, el de la laicidad, para que estos aspectos identitarios reflejados, eje central de los datos personales, adquieran su correlato civil y documental que los consoliden. Є CRÍTICA CULTURAL ARTURO JAURETCHE Y LA “ZONCERA DEL CUARTO PODER” Nota del Editor: En 1968 Arturo Jauretche (1901-1974) publicó la primera edición de “Manual de Zonceras Argentinas”, una de las obras más destacadas del pensamiento nacionalista popular en la que retoma el programa de crítica cultural y política al campo liberal, cuestión que ya había emprendido con “Los profetas del odio y la Yapa” (1957) y con “Política nacional y Revisionismo histórico” (1959).

Es bueno, cada tanto, releer a Jauretche, sobre todo en tiempos en los cuales se ha vuelto a poner de moda. Hoy se ha convertido en el ícono de una nueva generación de militantes que, paradójicamente, no lo ha leído en profundidad. Aun en desacuerdo con muchos de sus puntos de vista acerca de los grandes problemas nacionales, le reconocemos a Don Arturo la gran virtud de haber sido un pensador consecuente en la defensa de sus ideas y no haber sido jamás un militante obsecuente en un movimiento donde se suele confundir la noción de Lealtad con la alcahuetería. De la relectura de “Manual de Zonceras” hemos rescatado la N˚ 37, titulada “Cuarto Poder”, por su inusual vigencia pese a los casi 45 años transcurridos desde su escritura

Arturo Jauretche

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i infancia pueblerina creyó que el cuarto poder era español y republicano. Y muy valiente, pero muy débil, es decir, que era poder pero poco. Más bien que un cuarto poder, un poder de cuarta, muy inferior al sargento Cárdenas, que era el habitualmente encargado de llevarlo preso al “gallego” o a los hermanos Ávila, que atendían los empastelamientos y las garroteaduras persuasivas. Tema inevitable del sainete o de cualquier cuento de “pago chico”, el periódico y el periodista de campaña representaban la libertad de prensa que algún día se habría de lograr pese a la prepotencia de los comisarios y matones. Mi experiencia de periodista me dice que aún no se ha logrado y que es cada vez más difícil, aunque ahora sean otras las técnicas de los que insensiblemente gobiernan y no en apariencias. No voy a hacer la historia de los periódicos que me ha tocado dirigir, fatalmente clausurado por los variados Conintes1 y estados de sitio, que al fin y al cabo no son más que formas estilizadas y con apariencia jurídica del sargento Cárdenas y los hermanos Ávila. Sigla que corresponde al Plan de Conmoción Interna del Estado, Plan represivo aplicado en Argentina a fines de la década de 1950. 1

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Ahora el cuarto poder existe, y yo diría que es el primero, sólo que no tiene nada que ver con la libertad de prensa y sí mucho con la libertad de empresa. Hace mucho que el cuarto poder no está construido por aquel súbdito español y por añadidura republicano, que conoció mi infancia atravesando la plaza del pueblo con rumbo a la comisaría, gritando sus protestas bajo los empujones del sargento Cárdenas. No sólo ha cambiado el cuarto poder, sino que también muchos periodistas republicanos españoles que andan por ahí conchabados y por encargo de sus patrones son empujadores de sargentos Cárdenas, o se encargan de hacer bulla en otro lado para facilitarle la tarea. El cuarto poder está constituido en la actualidad por las grandes empresas periodísticas que son, primero empresas y después prensa. Se trata de un negocio como cualquier otro que para sostenerse debe ganar dinero vendiendo diarios y recibiendo avisos. Pero el negocio no consiste en la venta del ejemplar, que generalmente da pérdida: consiste en la publicidad. Así, el diario es un medio y no un fin, y la llamada “libertad de prensa”, una manifestación de la libertad de empresa a que aquella se subordina, porque la prensa es libre sólo en la medida que sirva a la empresa y no contraríe sus intereses. Ahora en su calidad de primer poder, es el único que no es afectado por los golpes de estado. Porque además de ser de primera internacional y SIP2, mediante, y también sin ella, es el que termina por disciplinar a los otros poderes conformes a las exigencias de la libertad de prensa. Є

LITERATURA & IDEAS EL INCANSABLE VIAJE DE LA MUERTA Escribe: Rubén Achdjian Nota del Editor: Hace algunos meses, en ocasión de la conmemoración de un nuevo aniversario del asesinato y la posterior desaparición de los restos de Rodolfo Walsh, Єquinoccio publicó el cuento “Esa Mujer”, uno de las narraciones más notables –algunos la consideran la más importante- de la literatura argentina. En estos días se han cumplido sesenta años de la muerte de Eva Perón. Precisamente, aquel cuento de Walsh refiere a ella y al misterio que rodeó el ocultamiento de su cadáver durante dieciséis años. El relato que hoy publicamos forma parte de la segunda Sigla correspondiente a la Sociedad Interamericana de Prensa, entidad conformada por los propietarios de medios gráficos del continente.

entrega de las grandes tragedias argentinas; la primera, recordémoslo, refería a Dorrego y Lavalle. Eva Perón, esa mujer, la santa o la yegua, la que vino a fracturar en dos la historia argentina del siglo XX, la que no muere, la que siempre vuelve, es hoy el centro de nuestra revisitada tragedia.

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a exaltación de la muerte ha sido, junto con la persistencia de la violencia, el rasgo más saliente de nuestra cultura política. Y cuanto más tempranamente ocurren ciertas muertes, más intensas son sus conmemoraciones: la muerte que acaece en la juventud encierra la exaltación de lo que pudo haber sido y ya no será, y detrás esa posibilidad que queda definitivamente trunca emerge el de la vida imaginaria, aquella que le asignamos o le negamos. Juan Bautista Alberdi escribió alguna vez que “Moreno tuvo la dicha de morir de 33 años. Belgrano vivió hasta los 50. La posteridad es así: paga mejor las promesas que las obras, las esperanzas que las realidades”3 Belgrano, como señalaba Alberdi, murió a los cincuenta años, pobre, olvidado y enfermo al mismo tiempo que la revolución que había soñado languidecía; Moreno murió en altamar a los treinta y tres, luego de haber sido el “nervio de la revolución”, el “numen de Mayo”. Ernesto Guevara, el Che, se inmoló en la selva boliviana poco antes de cumplir cuarenta. La pregunta que siempre flota en el aire de nuestra imaginación es qué hubiera sido de ellos si la muerte no los hubiese sorprendido tan jóvenes, cómo hubiesen sido sus vejeces, porque es muy difícil imaginar a Mariano Moreno sirviendo de ignoto ministro de Juan Manuel de Rosas, o a un Guevara octogenario dormitando en el palco junto con los miembros del politburó cubano durante alguna celebración del 26 de julio. La muerte prematura les obsequió la gloria y les evitó el patetismo de la senectud, o del exilio. En esta larga galería de muertes prematuras también hallamos la de Evita. El 26 de julio de 1952, luego de una penosa enfermedad, falleció María Eva Duarte de Perón, la abanderada de los humildes. Desde hacía semanas, una multitud se había agolpado frente al Palacio Unzué –la residencia presidencial por entonces– a rezar por su salud, a donarle su sangre o, simplemente, para condolerse por su penosa situación. Otros, en cambio, fueron hasta allí para testimo-

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ALBERDI, Juan Bautista. (1974) Grandes y Pequeños hombres del Plata. Buenos Aires: Plus Ultra, p. 32 3

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niar su odio más extremo: sobre el paredón externo de la residencia que daba a la calle Austria, alguien pintó la leyenda “Viva el Cáncer”; una frase, brutal, excesiva, que pasó a formar parte de la tradición folklórica peronista, como un ejemplo del odio inconmensurable que abrigan los “contreras”, los “gorilas”. Volvamos a los días finales de julio de 1952.

Ante la certeza del inminente e irremediable final de su segunda esposa, el presidente Juan Domingo Perón le encomendó a Pedro Ara -un renombrado patólogo español- la tarea de embalsamar su cuerpo cuando aquel aciago momento llegara. Y así se llevó a cabo. Instantes después de producido el deceso, el doctor Ara comenzó su arduo trabajo: Introdujo una cánula por la arteria femoral, hizo drenar la sangre y el resto de los humores de su cuerpo y los reemplazó con soluciones a base de glicerina, alcanfor y otras substancias conservantes. Ese fue el primer paso de un largo y complejo proceso para la eterna conservación del cadáver. Solo cuando el cuerpo fue convenientemente preparado según las precisas instrucciones del médico español, el gobierno procedió a dar inicio a los actos funerarios. Las exequias de Eva Perón fueron fastuosas e irrepetibles: se calcula que más de dos millones de personas concurrieron, durante dieciséis días, hasta la capilla ardiente que se había montado en el Ministerio de Trabajo y Previsión para rendirle tributo a esa mujer. Culminado el funeral, el ataúd fue cerrado y transportado sobre una cureña hasta la sede de la Confederación General del Trabajo, donde quedó alojado. Resulta casi inevitable establecer en este punto del relato una metáfora que ilustre con mayor precisión las circunstancias que rodearon la temprana muerte de Evita y el destino posterior del régimen peronista: la lucha contra la naturaleza para evitar la pudrición del cadáver se asimilaba en mucho al intento denodado de Perón por conservar incólume a

un gobierno que comenzaba a mostrar los signos evidentes de su propia descomposición. En el segundo piso de la sede de la Confederación General del Trabajo, donde fue colocado el cadáver, el doctor Ara había montado un sofisticado laboratorio para continuar con las tareas de embalsamamiento y conservación. Las contadas personas que tuvieron la oportunidad de presenciar algunas de estas escenas han señalado que, por momentos, La Muerta emanaba destellos fosforescentes, como si un sol estuviera atrapado en ese frágil y escaldado cuerpo. Pero así como existen muertes nimias, intrascendentes para la historia, existen otras que resultan excesivamente molestas. Y Eva Perón era, indiscutiblemente, una muerta molesta. Para los enemigos, y por qué no decirlo, para algunos de la “propia tropa”. Ocurrido el derrocamiento de Perón, en septiembre de 1955, los principales jefes militares de la llamada “Revolución Libertadora” se sumergieron en largas discusiones acerca del destino que debía dársele al cadáver. Algunos oficiales de rango superior propusieron cremarlo, otros fondearlo en el río (esa era la “solución excepcional” ofrecida por la conducción de la Armada, la que luego de 1976 incorporó este método como parte fundamental de las perversas rutinas de sus operaciones antisubversivas) o bien ocultarlo. Las propuestas se sucedían unas tras otras sin que se arribara a ningún acuerdo. En noviembre, dos meses después de la revolución, los sectores liberales del ejército y de la marina desplazaron del poder político a los nacionalistas católicos. El general Pedro Eugenio Aramburu se hizo cargo de la presidencia y el almirante Isaac Rojas -quien había tenido a su cargo sofocar el levantamiento de la base naval de Punta Indio durante el intento de golpe contra Perón, en junio de 1955asumió como vicepresidente. Una de las principales y más urgentes cuestiones a resolver tenía íntima relación con ese molesto cadáver. El nuevo presidente le confió al teniente coronel Carlos Moori Koenig, un hasta entonces reputado oficial de inteligencia, la tarea de hacer desaparecer, en el más estricto de los secretos, el cuerpo incorruptible de la muerta. Rodeado de un reducido grupo de hombres de su extrema confianza, Moori Koenig se presentó en la sede de la CGT y a la vista de algunos pocos testigos, entre ellos el doctor Ara, embaló el cuerpo y lo retiró del lugar, rumbo a un destino incierto. Durante bastante tiempo, el cadáver trasegado de Evita deambuló por diversos puntos de la ciudad. Se 10


dijo -ficción o no- que La Muerta estaba guardada en el furgón de una ambulancia que todas las noches era estacionada en esquinas diferentes. Por las mañanas, según se cuenta, la ambulancia aparecía rodeada de velones encendidos y crucifijos que anónimas y piadosas manos habían dejado allí. Se dijo también que el cuerpo de Eva había sido ocultado detrás de la pantalla de un cine de Palermo Viejo, el Rialto de la avenida Córdoba, y el propio teniente coronel Moori Koenig admitió que, durante algún tiempo, el cadáver estuvo depositado en una caja de madera que, por fuera, daba la apariencia de contener un equipo de radio, en la sede del Servicio de Inteligencia del Ejército. Finalmente, y poco antes de culminar su gobierno, el general Aramburu tomó la decisión de sacar el cuerpo del país e inhumarlo, con la más absoluta reserva y bajo un nombre falso, en una parcela del cementerio Maggiore de Milán. Para llevar a cabo este plan le encomendó a un coronel de caballería –jefe del regimiento de Granaderos y furioso antiperonista- iniciar tratativas con el Vaticano para coordinar la compleja operación logística que implicaba sacar el cadáver del país y trasladarlo a Italia. Por su parte, la más alta jerarquía de la Iglesia Católica, que desde el principio estuvo al tanto del plan que se estaba pergeñando, brindó su estrecha e incondicional colaboración. El cuerpo de Eva fue finalmente trasladado e inhumado en Milán bajo el nombre falso de María Maggi de Magistris, nacida en Bérgamo y fallecida en Rosario en 1951. Desde aquel momento y durante los dieciséis años siguientes, el destino del cadáver imperecedero de María Eva Duarte de Perón se convirtió en el arcano más importante de la política argentina. En la muerte y desaparición de Eva Perón la literatura argentina encontró un tema fascinante sobre el cual volvió una y otra vez: una muerta –La Muertaque de alguna manera no está muerta; un cadáver molesto e incorruptible que peregrina en secreto y la guerra subterránea, clandestina, que se desarrolla entre quienes desean hallar ese cuerpo y los que buscan afanosamente ocultarlo. La obra más brillante y exhaustiva en esta línea es, sin dudas, la de Tomás Eloy Martínez (“Santa Evita”). A principios de los años sesenta, un joven periodista obsesionado con la idea de dar con el paradero del cadáver, se reúne con el coronel Carlos Moori Koenig. De esa entrevista surgió lo que para muchos escritores y críticos literarios es el mejor relato de la literatura argentina: “Esa Mujer”, de Rodolfo Walsh.

El cuento es la narración de un extenso diálogo que mantienen el periodista y el militar, en la casa de éste último. Cada cual tiene algo que al otro le interesa poseer: “El coronel busca unos nombres, unos papeles que acaso yo tenga –escribe Walsh-. Yo busco una muerta, un lugar en el mapa. Aún no es una búsqueda, es apenas una fantasía: la clase de fantasía perversa que algunos sospechan que podría ocurrírseme”. La charla se advierte tensa y cada cual sabe bien de la intención del otro. Frente a frente, el coronel profanador y el periodista vindicador van moviendo, prudentemente, sus piezas en el tablero. A través de su cansino relato, el coronel va reconstruyendo el periplo de esa mujer, de esa muerta que no está muerta; el periodista, con inusual paciencia y oficio, le va sonsacando cada dato. “… La sacamos en un furgón, la tuve en Viamonte, después en 25 de Mayo, siempre cuidándola, protegiéndola, escondiéndola. Me la querían quitar, hacer algo con ella. La tapé con una lona, estaba en mi despacho, sobre un armario, muy alto. Cuando me preguntaban qué era, les decía que era el transmisor de Córdoba, la Voz de la Libertad” El periodista (Walsh) le pregunta al coronel Moori Koenig si Perón sabía dónde se hallaba el cadáver; Moori le contesta que Perón “cree que sabe”. Y luego, a medida que los vapores del whisky se van apoderando de sus sentidos, el militar le revela ciertos detalles que, con el tiempo, serán confirmados. “!La enterré parada, como a Facundo, porque era un macho!”, relata el coronel.4 En mayo de 1970, un comando de la organización Montoneros al mando de Fernando Abal Medina secuestró al general Aramburu y lo ocultó en la quinta de otro integrante del grupo, Carlos Ramus, en la localidad de Timote. Sus captores lo sometieron a un extenso interrogatorio: querían saber, entre otras cosas, el lugar exacto en donde había ocultado el cadáver. El general murió fusilado sin haberles revelado ese dato crucial. Tal vez no lo conocía, tal vez sí. Lo único que podemos dar por cierto es que Aramburu no lo reveló. El secuestro y la muerte de Aramburu provocaron una profunda conmoción en la cúpula militar que gobernaba el país. El presidente Onganía, un militar nacionalista católico que había prometido dirigir los destinos de la nación durante veinte años, fue derrocado un mes después del hecho y, en su lugar, asumió Roberto Levingston, un ignoto geneAl hallarse el cadáver, la nariz de Eva estaba dañada, evidencia de que había sido enterrada de pie. 4

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ral de pocas luces cuya única pasión eran los deportes ecuestres. Tras diez meses de insustancial gobierno, Levingston fue reemplazado por su hábil titiritero, el general Alejandro Agustín Lanusse. Fue precisamente Lanusse –ese antiguo jefe de granaderos y furioso oficial antiperonista que había negociado con el Vaticano el ocultamiento de La Muerta- quien le regresó el cadáver de María Eva Duarte de Perón a su viudo tras dieciséis años de ocultamiento. El 3 de septiembre de 1971 el féretro que contenía ese pequeño cuerpo incorruptible y molesto llegó a la residencia de Puerta de Hierro, en Madrid. Y allí permaneció. Perón regresó definitivamente al país el 20 de junio de 1973 y asumió por tercera vez la presidencia en octubre de ese año. Estaba demasiado viejo y enfermo como para hacerse cargo de la crítica situación del país; las cruciales decisiones de gobierno eran asumidas por su esposa y su secretario privado, un oscuro personaje que vivió, por aquellos años, su época dorada. Para entonces la relación de Perón con las “formaciones especiales” y la izquierda peronista estaba seriamente deteriorada. Bajo su innegable inspiración su secretario privado José Lopez Rega comenzó a organizar las bandas parapoliciales que tendrían a su cargo la solución final frente al problema de la subversión: en los sótanos del Ministerio de Bienestar Social nacía la Triple A. Con el país en llamas y apenas nueve meses después de ser electo presidente, Perón falleció el 1º de julio de 1974. En octubre de ese mismo año, la organización Montoneros –que había pasado a la clandestinidad– secuestró el cadáver de Aramburu y exigió que, a cambio de su restitución, el cuerpo de Eva Perón volviera a la Argentina. El propio José López Rega, secretario privado de la nueva presidente de la Nación y “hombre fuerte del país”, tuvo que viajar a Madrid y traer consigo el preciado féretro. Los documentos fotográficos de la época muestran la procesión del ataúd, montado en el furgón de un Rambler que estaba celosamente custodiado por decenas de hombres armados, mientras transitaba por las calles de Buenos Aires. El féretro fue depositado en una cripta del cementerio de Olivos, en el mismo lugar donde entonces reposaban los restos del recientemente fallecido general Perón. El 24 de marzo de 1976 un nuevo golpe militar destituyó, esta vez, a la viuda de Perón, dando comienzo a la etapa más oscura de la vida política de los argentinos. La dictadura enfrentó, entonces, el mismo problema que sus antecesores: el cadáver de

Evita seguía siendo un hecho molesto. Finalmente, los comandantes militares decidieron devolver el cuerpo de la muerta a sus hermanas. El 22 de julio de 1976, veinticuatro años después de su fallecimiento, fue discretamente sepultada en la bóveda de la familia Duarte en el cementerio de La Recoleta, a seis metros de profundidad y cubierta con una lámina de acero blindado, para evitar que se cometieran nuevas profanaciones. La Muerta –la molesta, la incorruptible, la peregrinaya descansaba definitivamente en paz; Resulta paradójico que el destino final de esa mujer cuyos restos eternos fueron devueltos a sus familiares haya sido resuelto por una dictadura que hizo de las desapariciones masivas de personas la más rutinaria de sus prácticas políticas. Є ~APOSTILLAS ~

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ace pocos días atrás, entre el 29 y el 31 de octubre, se realizó en la sede de la Sociedad Científica Argentina (Ciudad de Buenos Aires) el II Seminario Americano de FILA (Federación de Instituciones Laicas de América) y I Congreso Nacional de ILEC (Instituto Laico de Estudios Contemporáneos), con muy interesantes ponencias vinculadas a la promoción de una cultura laica en relación con las políticas sociales (salud, educación y distribución de la riqueza) y con la ampliación de ciudadanía. Participaron delegados de Chile, Uruguay, Venezuela, Perú, México y Bélgica, quienes expusieron interesantes ponencias. Los delegados extranjeros pudieron visitar La Plata donde fueron recibidos por las autoridades de la universidad nacional que funciona en dicha ciu12


dad. Al cierre del evento la asamblea general de la FILA fijó que el III Seminario será realizado el año entrante en Santiago de Chile.

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esde hace ya algún tiempo nuestros lectores pueden acceder a las novedades publicadas en Єquinoccio a través de la red social Facebook. En la actualidad el grupo Єquinoccio. Revista argentina de Política & Cultura de FCB cuenta con más de 350 miembros, quienes a cotidiano debaten y publican sus opiniones sobre una variada gama de temas. Para quienes deseen acceder al grupo, adjuntamos a continuación el enlace: http://www.facebook.com/groups/2553605578858 31/

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ejamos establecido una vez más que todo el material publicado en nuestro sitio digital es de libre disponibilidad de los lectores, con la única obligación de mencionar la fuente, con arreglo a la convicción de que toda forma de conocimiento es producto de una construcción colectiva. Є

Buenos Aires, Noviembre de 2012

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ntre los días 16 al 18 de noviembre próximos se realizará en la ciudad de Mar del Plata, el 2º Congreso Internacional de Libre Pensamiento, con la participación de importantes expositores nacionales e internacionales. El evento se desarrollará en el Centro de Arte de Mar del Plata y en el Aula Magna de Facultad de Derecho de la Universidad Nacional y ha sido declarado de interés cultural por parte de la Secretaría der Cultura de la Nación

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quinoccio vuelve a recordarles a todos sus lectores que está abierta la recepción de artículos y ensayos para su publicación. El material deberá preferentemente tener una extensión no mayor de cinco carillas (para el caso de los artículos) y 10 carillas (en el caso de los ensayos o las monografías), preferentemente redactadas en formato de página A4, fuente garamond 12. La publicación de los mismos quedará a criterio del editor, pudiendo éste realizar las correcciones ortográficas y de estilo que considere ser necesarias. Los textos deberán enviarse a las siguientes direcciones de correo electrónico: 13

Equinoccio - Año 1 / Número 5  

Revista Argentina de Política y Cultura.