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CONSEJO DIRECTIVO

CATHY MALLEN

Rodolfo Dagnino Cathy Mallen Erick Valtierra

COLABORADORES Magaly Sテ。nchez Medina Mister NINO bass Sergio Fong Omar Sテ。nchez Tanya Cosテュo Guillermo Camarena Mario Z Puglisi Marco Antonio Gabriel

CONTACTO revista_liliput@hotmail.com www.revista-liliput.blogspot.com DISEテ前 e.lab LILIPUT

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ÍNDICE EDITORIAL OMAR SÁNCHEZ MEDINA.....3

Editorial De los millones de indefensos solitarios OMAR SÁNCHEZ MEDINA

POESÍA MIGUEL GONZÁLEZ LOMELÍ.....6 TONI QUERO.....18, 21 IÑAKI LEÓN.....23 NARRATIVA QUIQUE LEE....7 QUETA NAVAGÓMEZ.....1O, 19 NINO GALLEGOS.....12 AB CRONOS CASTILLO.....20 JUDITH LÁZARO.....22 ERICK VALTIERRA.....24 ENTREVISIONES EFRAÍN ARCADIA O´CONNOR.....16, 17 ANDANZAS RODOLFO DAGNINO.....25 ENTREVISTA CATHY MALLEN.....28 CONFABULADORES .....31

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Hace algunas semanas me enteré de que un joven, casi niño, que creció muy cerca de donde viví mi infancia, había sido detenido por sicariato. La historia triste como muchas, huérfano desde pequeño, cargando botes de mezcla para cooperar con la economía familiar y con un temprano abandono escolar. Los chismes de la colonia dicen que le ofrecieron quince mil pesos al entrar, un sueldo semanal que nadie me supo decir con certeza pero que las versiones colocan entre los mil quinientos y los dos mil pesos semanales, y la promesa de la omnipotencia que en esos casos sólo dan las armas de grueso calibre. Al parecer, el día que lo agarraron presuntamente (y hay que poner “presuntamente” porque ahora a los medios masivos les ha dado por manifestar un profundo respeto por la posible inocencia de los delincuentes, aunque le deshagan la vida a quien se les dé la gana) venían de asesinar a cuatro sujetos. Según los chismes, cuando llegan al retén, mi ex vecino puso en juego la promesa omnipotente y les dijo a los soldados que los dejaran pasar o regresarían a matarlos a todos. En vez de dejarlos pasar, los mandaron a un penal federal y a sus escasos diecinueve años espera una condena que puede llegar a los sesenta años de cárcel. Este caso y miles de otros como el de “el Monchis” un niño de 12 años que tortura, desmembra y decapita a sus enemigos mientras sus hermanas fungen como “halcones” haciendo labores de vigilancia o bien, seduciendo a las víctimas para llevarlas con su hermano, hacen evidente una realidad social que superó cualquier juicio racional. El discurso de que las estructuras estructurantes de la sociedad se han ido deshaciendo queda pequeño ante esta evidencia, pero ambos casos sólo ejemplifican una situación que se va haciendo común en este México y que no entra en los argumentos de nuestros gobernantes, en otras palabras, el costo social que está teniendo la estrategia elegida por el gobierno no se puede revertir en la inmediatez de la muerte de los involucrados. El oído aguzado para distinguir los cohetes de los balazos; la terrible cercanía del miedo; las instrucciones a los niños de qué hacer en caso de balacera; la habituación, expresada en indiferencia, hacia los muertos del día; el continuo tema de la violencia en las reuniones de amigos y toda la modificación de la vida cotidiana, sólo dice que la introyección del discurso violento se va arraigando de una u otra forma en los que lo vivimos a diario. Los casi 30 mil muertos oficiales en tres años de la famosa guerra contra el narco, a los cuales hay que sumarle los miles de desaparecidos, y de los cua-

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les un 10% son víctimas inocentes o “efectos colaterales de la guerra contra el narco”, como han venido a llamarle cínicamente las autoridades, sólo dan cuenta de un terrible dolor que se expande en nuestro tierra. Los argumentos creados desde el odio de los que sufrieron la muerte, el secuestro o la huída de de un ser querido, se amalgaman con la profunda depresión del vacío y la injusticia contra la que no podemos luchar los millones de indefensos solitarios. De todos los procesos que se desprenden de esta situación, tres me merecen particular atención por su relevancia en la construcción sociocultural de largo alcance de nuestro país: La integración de la violencia a la vida cotidiana: Recuerdo la primera vez que me enteré que había habido descabezados en esta guerra, fue hace unos cuatro años y era una nota de El Universal que hablaba de que un grupo que se hacía llamar La Familia, había ido a tirar cinco cabezas a un bar con lo que ahora conocemos como narcomenzajes. Quedé pasmado ante la terrible crueldad exhibida, sin embargo, a fuerza de constancia y de un terrible potencial de los grupos del crimen de superarse a sí mismos, he ido perdiendo la capacidad de asombro ante acontecimientos como ese. Esta protección cognitiva, no es sólo mía, la generalidad de la población se protege con indiferencia o enloquece. La sobre reacción de los primeros eventos, no se puede mantener por largos periodos. La angustia, el miedo, la hiper vigilancia y la psicosis tienen un costo fisiológico, psicológico y social insostenible, para que la sociedad funcione, tiene que haber los que los psicólogos llaman Habituación, que en su definición dice que es “el proceso mediante el cual un organismo deja de reaccionar ante un estímulo repetitivo”, este proceso se vincula estrechamente con el denominado economía cognitiva, que es un atajo simplificador para organizar la información del medio y automatizar su integración. El problema de esto, no sólo es que los adultos dejemos de reaccionar ante la escalada de violencia con indiferencia, sino que, si los niños no tienen un ambiente amoroso y estimulante hacia el afecto y el respeto, no van a contar con un referente cognitivo y vivencial hacia el cual recurrir en momentos de incertidumbre. La juvenalización de la violencia La edad de los sicarios y las víctimas se ha ido reduciendo en estos años. La inclusión de estos niños-jóvenes pareciera que es bajo la lógica de la desechabilidad. Las estrategias del crimen para desensibilizarlos y desvincularlos de todo sentimiento humano parecen programas educativos planeados por expertos en diseño instruccional (baste ver las declaraciones de Miguel Ortíz Miranda, alias el “Tyson”, en torno a cómo van entrenando a los nuevos reclutas para que terminen siendo capaces de decapitar a una persona viva). De los 70´s a la fecha, el único grupo poblacional que ha incrementado su índice de mortalidad es el de los jóvenes. Pareciera que el discurso LILIPUT

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mediático de que “hay que vivir como de película, aunque sea por un ratito”, como decía Monsivais, está teniendo sus frutos. México es un país donde la población joven llegará a su máximo histórico en 2012, para la mayoría de los países esto representa una oportunidad de crecimiento y desarrollo y hasta lo nombran bono demográfico, sin embargo, en México, la falta de acceso a educación (tenemos una cobertura del 25% en educación superior), las escasas o nulas oportunidades de empelo bien remunerado (el 70% de los jóvenes pertenece a la economía informal) y la carencia de una política de integración juvenil, son condicionantes que hacen pensar que esta juventud, lejos de convertirse en productividad, se está convirtiendo en un problema para un gobierno que ni siquiera es capaz de brindar los elementos de seguridad más indispensables a su población y mucho menos de proporcionar las condiciones de desarrollo sociocultural a los que en el discurso llama “el futuro de México”. La complacencia a la violencia En mi opinión, el más grave de estos tres procesos de por sí graves, es la complacencia a la violencia de la gente que no somos violentos. El discurso Calderonista de que la violencia se va a resolver con más violencia, se ha ido introyectando en la población civil. Las condiciones las dan la franca indignación y la impotencia frente a la injusticia que permea y caracteriza a todas las instituciones del país (desde el policía municipal que está coludido con el narco, hasta la Suprema Corte de Justicia que determina que el secuestro de Lidia Cacho no es delito grave), pero lo que llama la atención es que la población general, que somos incapaces de tomar un arma, que no robamos recursos públicos o privados, que no pertenecemos ningún grupo del crimen organizado (o a algún partido político) y que tratamos de que este país mejore, empezamos a ver con complacencia la muerte de los involucrados en los delitos. La pérdida de la capacidad de asombro, se combina con la indignación y la rabia de los desprotegidos que terminamos por aplaudir la violencia de nuestros protectores, sean de un lado (el ejército o la policía), o del otro (los grupos del crimen como en el caso de Michoacán). Lo evidentemente preocupante de esta situación, no es la inmediatez, sino la construcción de largo plazo en donde la violencia se integra a la vida cotidiana y la brutalidad se impone en el escenario social más diverso.

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MIÉRCOLES QUIQUE LEE

Soneto

Hay un avance cruel y sin remedio lo que tu alma no quiere dejar atrás lo que no quisiera abandonar jamás porque todo duelo es un cruel asedio. Mas este deambular es sólo medio para que sigas, aún perdido el compás en este camino en que te vas, te vas cargando el fardo de esperanza y tedio. ¿Quedan palabras para consolarnos? ¿Queda memoria para sostenernos? Sí, hasta que podamos arroparnos en su leve ropaje y envolvernos del azaroso juego que convida a seguir inocentes por la vida. Miguel González Lomelí en el aciago 2010

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Ser fantasma no es algo que se hereda como los escapularios dominicos, ni se elige como a los pescaditos dorados. Tampoco se estudia en materia vocacional, como el secretariado bilingüe con especialización en líneas aéreas o el diseño social de paisajes urbanísticos en países en vías de desarrollo. Es más bien como ser políglota, ya se trae pero no siempre se practica hasta que un día ¡saz! se tiene “el llamado” y se empieza a  hablar varios idiomas y a trabajar en la ONU.   Fue así que un miércoles amanecí fantasma, quizás debido a un frente depresivo que subía desde los Pirineos, recordándome que mi tan preciada meta de la infancia ya había sido cumplida. Antes de poder hablar ya había decidido que cuando fuera grande quería ser “señor”. Era una escena (anaranjada como todas las de los setentas) celebrada por todos. Yo en overol acampanado y jalando un perrito tuerto rosado de la patita, puyando con mi dedito a la gente para exigir atención y decirle “yoqueyoseyselló” o algo parecido, era muy lindo. Y bien, ya lo había cumplido. Así que ese miércoles amanecí fantasma.   Para poder cumplirle al destino y como de paso ya me había levantado temprano, me bañé y escogí la ropa más fantasmagórica que había en mi armario: un pantalón beige de poliéster a cuadros, camisa blanca, chaqueta café con parches de cuero en los codos, un bastón y sombrero. Siempre los fantasmas deben de tener sombrero para mantener oculta la mirada y dar ese aire de misterio. Me serví un café y una tostada con cajeta quemada mientras telefoneaba para renunciar a mi antiguo empleo. Al parecer ya mis poderes empezaban a surtir efecto porque la asistente de mi jefe se quedó muda del susto.   Al principio pretendía revisar los anuncios clasificados pero llegué a la conclusión de que las familias generalmente no solicitan un fantasma sino es éste quien se aparece de repente en algún y cualquier lado.   Salí a caminar absorto y embriagado de mi nueva identidad, bajándome el ala con la mano para mantener mi cara siempre cubierta de sombras y de vez en vez sacarle la lengua a algún niño, sólo porque podía hacerlo. Las madres me miraban con asombro y yo les sonreía

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y les saludaba con un ademán dandi, nunca pensé que ser fantasma sería más distinguido y llamaría más la atención que ser señor. Cuando llegué al final de la calle me topé con un grupo de ladrillos formando una casa con árboles al frente y pajaritos cantando. Decidí que ese sería mi nuevo lugar de trabajo.   Me deslicé por la ventana del comedor, todavía no me animaba a eso de atravesar cosas por miedo a quedarme con un pedazo de pared en medio. La familia, muy fina, nunca interrumpió su desayuno y fingió que no me veía entrar, aún y cuando armé un escándalo de trastes sucios cuando traté de pasar inadvertido. De puntillas y lentamente me fui a parar detrás de la cortina de la sala. Decidí ser un espanto de los más elegantes, a final de cuentas yo era un caballero, y me dedicaría principalmente a, cortésmente, asustar a la gente sólo con que viera mi sombra detrás de la cortina y de cuando en cuando asomaría un ojito por un lado para acrecentar el miedo. Eso también me haría cansarme menos ya que detrás de la cortina no había nada en qué sentarse.   La familia terminó su desayuno. Luego se dedicó a hacer sus tareas habituales y yo sacaba el ojito por un lado. A ratos salía por un vaso de agua y la señora, que para este entonces había quedado sola, un par de veces me dejó un bocadillo para pasar el hambre. Yo daba una vuelta a su lado soplándole el pelo y botándole la escoba para cumplir la tarea. Detrás de la cortina veía la gente en la calle y me pasaba saludando. No estaba mal el trabajito.   Esa noche los niños y yo veíamos televisión mientras los esposos comentaban algo en su habitación haciendo vanos esfuerzos para no ser escuchados. El señor salió entonces con cara de compungimiento.   -Mire, vengo con mucha pena. Gracias por habernos escogido, es muy halagador, pero mi mujer es cristiana y no le gustan mucho los fantasmas. Los niños ya lo habían pedido desde hacía ratos, ya ve que se ponen de moda en la escuela por temporadas, y a mí me hubiera servido que usted cuidara un poco acá mientras yo no estoy en el día. Por

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mí aquí se quedaba. Pero ya sabe, luego hay qué aguantarle la boca a mi mujer, ¿usted es casado? Y bueno, dice también que usted no tiene mucha experiencia, quizás sería bueno que regresara después de muerto como los demás fantasmas.    Hoy rompió varios platos que había heredado ella de su abuela, pero no se preocupe, no se los voy a cobrar. Con gusto le haré una carta de recomendación si lo desea.   Asentí con la cabeza, porque todavía no había practicado mi voz temblorosa de ultratumba. Él fue a su despacho, escribió algo en la computadora, imprimió, firmó y me lo entregó. Fue así como sufrí mi primer exorcismo. Quizás le tome la palabra y me dedique a fantasma al fallecer, como todo el mundo. De cualquier manera no es algo a lo que se pueda renunciar. Ya se trae, como los lunares peludos.   El jueves amanecí robot, pero esa historia la contaré otro martes.

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¡Ay, qué risa…! QUETA NAVAGÓMEZ

El brujo Tereso Morales llegó dispuesto a limpiar la casa de doña Ludivina, hembra madurona que lo traía loco. La limpiaría, sí, pero no con escobas o sacudidores sino con rezos. Todo, para evitar que a Tomás “se le subiera el muerto”. Qué muertito tan sabio, bien que sabe a quién trepársele, ironizaba doña Ludivina, segura de que ese aparecido se perdía lo bueno, pues en vez de subírsele a ella, iba tras el miedoso de Tomás. Cuando Tereso empezó a rezar, doña Ludivina, desplegando sus hechizos, le lanzó miraditas y sonrisas prometedoras a los ojos color zapote prieto, luego, como arrepentida de su locuacidad, tomó un rosario y recitó muy seria un Padre Nuestro. El brujo no podía concentrarse, la voz y las curvas de la mujer lo distraían. Con cara de palo seco llamó a cada uno de los siete asistentes a la limpia y les pasó por el cuerpo las ramas de pirú, poniendo los ojos casi en blanco. Cuando tuvo enfrente a doña Ludivina, tembló mientras con las ramas seguía la hondonada de aquella columna vertebral que remataba en dos espléndidas nalgas que se estremecieron al roce duro del pirú. Al limpiarla de frente, tragó saliva al mirar tan cerca los pechos temblorosos, y la dorada medallita de la virgen que se sacudía al ritmo de agitadas respiraciones. Ay, doña Ludivinita… aquí estoy, por si busca quién le baje las calenturas, dijo para sus adentros.

hubiera equivocado y en lugar de plantas limpiadoras hubiese hervido toloache, cundeamor y yerbas de la alegría. Y ahí estaban todos, como locos, enyerbados, revolcándose en las camas y muertos de la risa mientras el gas de la lámpara, al escaparse, los paralizaba. Ese gas se adueñaba de los pulmones, y las hierbas, del cerebro de los recién limpiados y ¡Ay qué risa!, se estaban durmiendo. Apenas podían moverse, pero tenían ánimos para cantar “…A las estatuas de marfil, uno, dos, y tres así…” y tomaban la mejor posición para morirse de risa, de amor y de intoxicación pulmonar.

Ya nervioso, Tereso puso a hervir yerbajos en una olla y siguió con sus oraciones, ordenando al muerto trepador que se fuera del cuarto. Una lámpara de gas iluminaba la escena. El espectro estaba observándolo todo. ¡Jijo de la fregada, bien se ve que quieres el campo libre, pero qué te voy a dejar, cabrón! ¡A poco crees que no me doy cuenta que tú y la doña se train ganas!, gritó el aparecido levantando su machete y dejándolo caer sobre Tereso, pero nadie lo percibió. Estoy a gusto aquí, infeliz, tá calientito y oloroso a yerbas, sácame si eres tan hombre o tan buen hechicero, retó. El brujo insistía con sus exorcismos y, enojado porque empezaba a sentir escalofríos, el muerto decidió salir a fumar un rato, pero antes, vio con decisión al yerbero y le advirtió: Goza hoy a la ñora, desgraciado, porque desde mañana seré yo el que le de sus arrimones. Cuando el muerto regresó, apenas podía creer que el brujo Tereso se

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Narco Troia NINO GALLEGOS

1 Después de la sangre barrida con agua y jabón en polvo, el trapeador con pinol limpia el cuerpo que en vida fue baleado en un lugar del corazón de la ciudad que corrió a refugiarse en el puerto de los muelles desolados, mientras que una sombra de sangre, le sigue los pasos. El mar, de fondo, ajeno a otro mar de sangre, fulgura líquido con la tranquilidad de quien reposa de embarcaciones y naufragios, llegando lánguido a la orilla de las playas, entrando a él una mujer desnuda con los ojos entrecerrados, dejándose hacer la mujer con el agua y la sal. Así, con el torso tronco del país en sombras, las cabezas y las extremidades, son puestas en hieleras al sol, enfriándose y asoleándose en lados moridores y aparadores de calles y banquetas, rezumando en la refrigeración y en la insolación un fuerte olor y dolor desde las cabezas a las extremidades, porque los ojos desorbitados y los pies descalzos yacen mirando para no ir a ningún lugar con el torso tronco del país en sombras. 2 La mujer, de regreso a la arena, se envuelve en una toalla de cuerpo entero y se extiende con toda la sensualidad de quien ha sido extasiada con el yodo cordial de las olas. Y desde algún lugar alado del cielo, pelícanos y gaviotas la sobrevuelan con la pesadez y la levedad de una liviandad remota como el albatros de Baudelaire que, con el aire spleendoroso de Baude, la toca de la rosácea vagina a la roja boca dejándose rehacer como quien abraza un montículo de arena siendo el tálamo y el túmulo de los amantes muertos en vida, la vida que todo lo llena y lo vacía. 3 Aunque nunca ha sido tarde para un pero que valga en este país de sombras, nunca es suficiente para el corte final de una jornada periodística que nos sustraiga e impacte en el lugar común de todos los actos y hechos, porque si alguien que ha sido baleado en la cabeza, y

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no en su blindado pecho, es porque alguien tiene que correr la noticia como un flamazo de pólvora y un chorro de sangre, siendo la misma mujer herida en una pierna cuando la tuve entre mis piernas, jadeante y desnuda, saliendo de aquella habitación de aquel motel de paso con rumbo a la soledad sangrienta de las playas en el noroeste Pacífico. Me dolió su herida en mi pene erecto como un bergantín a contra viento y marea, viéndola tocarse la herida y con el dedo cordial de su mano derecha chuparse la sangre como una vampira a mediodía, mirándome en sedal desde su sensual reojo. Ella era Plurima Simulacra Mundi, alias Narco Troia, y al no ser la cantante que todos esperaban cantar de ella, se sabía de endenantes que era amiga y protectora de todos los gatos y perros callejeros en el país de sombras, y que los únicos perros famélicos en el día así como los únicos gatos pardos en la noche, no eran los perros ni los gatos, sino, los pobres hambrientos padeciendo dos enfermedades: la indolencia y la indiferencia sociales. Cuando la conocí, no hice más que besarla románticamente y estrujarla violentamente, besándole y estrujándole el clítoris enardecido, viniéndoseme en la boca como quien bebe agua encharcada de un charco de agua salada. 4 Cuando miré hacia al país de sombras, ya no la vi en la playa ni entre mis piernas, porque en la soledad de los desiertos y de los lotes baldíos, hay fluidos corporales que se adensan, se secan y se agrietan en la piel de la ciudad que ha pasado del verano de las moscas al otoño de los zancudos que pululan sobre los charcos y las charcas de esos miasmas y de esas marismas que se volatizan en el hedor de las heces fecales, volando de nariz en nariz como la cocaína en las fosas nasales que, cuando no son las fosas nasales, son las fosas comunes que son los cuerpos insepultos en los desiertos y en los lotes baldíos en el país de sombras con un mar de fondo donde los puertos y los muelles amarran a los barcos a los duques de Alba, así como los cuerpos son levantados y ejecutados con las manos atadas a sus espaldas bajas. 5 Desde hace tiempo supe que Narco Troia, la Plurima Simulacra Mundi, es la flor más bella en las áridas y desiertas tierras de Afganistán, talibánica, aturbantada, violácea, camellando enervante y dromedaria-

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mente sobre los lomos dúnicos, serpenteantes, metálicos y mecánicos del Lejano Oriente, escuchando en la radio con un GPS en los ojos que Obama justifica la guerra con la paz en la boca, de la cual hace tiempo también se apagó la sonrisa y se incendió una carcajada en los labios de Plurima Simulacra Mundi, pensando Narco Troia en movilizarse y extenderse hacia la gran comunidad internacional, quizás en ese Kosovo de masacres y fosas comunes, de donde emerja una flor más roja que la sangre en el corazón jardínico de Europa, porque si de Colombia son los sicarios, de México son los narcotraficantes, el cuerpo del trasiego, la vista gorda en las fronteras, las bocas, las narices y las venas del consumo en polvo para las moscas y en líquido para los peces en los mares calidos que habrán de hervir en peroles desde Bondsteel hasta los Balcanes, el Mediterráneo, Asia y Europa, porque para Plurima Simulacra Mundi no hay más rutas que su Narco Troia, la más profunda y superficial sensación de haber refundado un imperio global de entre las ruinas cadavéricas de la segunda guerra mundial y de las ruinas espías en la guerra fría, demoliendo el muro de Berlín y levantar otros muros para masacrar a los palestinos, hambrear a los marroquíes y deportar a los mexicanos, mientras que Aminetu Haidar quiere “regresar al Sahara Occidental, con pasaporte o sin él, viva o muerta, pero con la dignidad intacta”, no así los que se enervan, se adelgazan y se consumen en la Plurima Simulacra Mundi de la Narco Troia. 6 La Narco Troia tiene su Plurima Simulacra Mundi entre el ombligo del mundo y la vagina de la tierra con su perlado pubis del mar entrando embravecido a la mar labial de sus jadeos climáticos cuando una sucesión de orgasmos se concentran en las caderas, la pelvis y las nalgas para subir por la columna vertebral con el estruendo de un tableteo de metralletas que horada las cabezas, y nadie reclama ésta cabeza es mía porque cada cabeza es cercenada de los cuerpos como cuando sigues el rastro a los mataderos donde las hermosas vacas y los hermosos puercos, mirando desde este rastro mío-mi próximo ejecutamiento, pero nomás recordar a Plurima Simulacra Mundi pareciera que me salvo y regreso a la ciudad por los muelles del puerto, oliendo a semen con el bálsamo marino del yodo, más crudo que curado, más vicioso que enfermo, repelado en llagas, náufrago de un reo que anduvo libre en las Islas Marías pero que añoraba la presa semidormida de la Narco Troia, en la Isla de la Piedra, desnuda.

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7 Cuando Narco Troia me miró a los ojos como quien ve a un muerto caminando en los huesos y en los recuerdos de lo que fue en vida, supe que no era yo el muerto pero me hizo sentir como si lo fuera, teniendo que hacer de mi pasar un reojo a distancia de tan cerca que la tuve entre las piernas, mirándonos desde el zoológico doméstico de su casa leones, tigres siberianos y panteras, sabiendo desde la acumulación de bienes, posesiones y posiciones que las joyas, los ranchos, los palacios, las avionetas, no completaban ni satisfacían entera y corporalmente un orgasmo del tamaño de su efímera riqueza, diciéndole que lo mismo pasaba con un orgasmo en su absoluta vaciedad de poner los ojos en blanco. Aún así, su mirada tenía el cerrojo y el gatillo en la mira, esperando que alguien se moviera. No(s) dijimos nada: Y los pájaros negros de la costa eran las auras de la sierra, el frío invernal con sus chasquidos de escarcha con el castañeteo de los huesos calándome en los dientes. Y de los recuerdos se puede escribir sobre las lápidas de los cementerios después de tantas paladas de arena y tierra: no se puede descansar en paz lo que todavía no está muerto, porque en la metralla carnicera no son los que cuentan las balas incrustadas en las paredes, recogiendo otros del suelo los casquillos percutidos con el insuflo metálico de lo que estalla y es dirigido a las cabezas, a los pechos y a las espaldas de los que yacen en túmulos a flor de asfalto cuando el asalto de un comando entra a una casa donde jóvenes comparten los últimos tragos con los últimos respiros en el bocajarro de la muerte. (CONTINUARÁ)

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EFRAÍN EFRAÍN ARCADIA ARCADIA O´CONNOR O´CONNOR

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Si yo fuera Kurt Cobain (En mi veintiocho aniversario

Acenchanzas QUETA NAVAGÓMEZ

TONI QUERO

Si yo fuera Kurt Cobain ya estaría muerto. Un manto de flores amarillas ornaría mi tumba y frágiles adolescentes, desnudos en una húmeda tarde de otoño, entonarían mis versos con un estertor de ira en su mirada.

Son criaturas de la noche, brotan del silencio de los cementerios, aletean sobre las tumbas, se recrean ante paisajes llenos de fatalidad. Mientras vuelan, sus alas flexibles acarician vientos de presagio. Aún no he visto su rostro, pero lo imagino horrible. Pueden tener ojos enrojecidos por chispas de odio, o tal vez, grandes pupilas que se desplazan sobre un globo ocular descomunal. Labios duros, de sonrisa cruel, que ocultan tres hileras de menudos dientes. ¿Habrá deformaciones en su cuerpo fofo? No lo sé, repito que aún no he logrado verlas de frente.

En esos días, en algún lugar ignoto, alguien alabaría mi obra, un diario local celebraría la efeméride de un paso perdido y una chiquilla, con la gélida belleza de aquel que lleva la muerte consigo, tatuaría en su cuaderno dos nombres imposibles. Esa noche, aquel que fue idolatrado y pasea aberrante su juventud impostada, escribirá graves ofensas —incipiente y sobrevalorado—, mientras un joven asiático hilvane ajeno un rostro de ceniza.

Capaces de traspasar cristales, buscan tras las ventanas cuerpos inermes, perdidos en el burbujear del sueño. Cuando encuentran la presa se introducen a la alcoba, volotean sobre la cama y se dejan caer sobre el yacente. Presionan el pecho y la garganta hasta producir asfixia. La víctima advierte el peligro e intenta despertar. Con esfuerzo increíble logra asir alguna y estrellarla contra el piso, a la vez que se incorpora agitado. Entonces las sallidasep empiezan a desbaratarse, a volverse humo glauco; a desaparecer.

Si yo fuese él, nada diría. El blanco encalaría un pequeño pueblo escarpado, el azur irrumpiría en el sueño de un muchacho huidizo, y al atardecer, frente al rumor del oleaje, todo habría acabado.

Yo les temo, por eso intento dormir lo menos posible. Nadie me lo ha dicho, pero intuyo que si las menciono, las atraigo. Me horrorizan, casi no las nombro. Cuando tengo necesidad de hacerlo, pronuncio su nombre al revés.

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Navidad Malva

El resplandor

AB CRONOS CASTILLO

TONI QUERO

Mostrar a Pepe y Mari con la antorcha encendida, es añadir una retorcida fantasía humana a la historia Bíblica del ruiseñor pájaro pinto. Como María no habrá otra que labre el surco de tal manera, siendo que todo se ha escrito y lo que falta es más de lo mismo, no queda de otra que inventar como el buen Cortázar algo sobre algo. Se dice de Cervantes, que le temía a las plumas y es por tal motivo que mando llamar a un escritor árabe de nombre  Al Sayed Ahmad  Ben-Anyeli;  varón que temido en Andorra y Pedorra, fue muerto por impulsar el consumo de los productos  light,  de ahí su afición por bajar de peso y sojuzgar el entrecejo del tal labriego fundador del quijotismo. Y continuando con la historia, volverá María tan tibia pero para nada fría, siempre con la cola erguida. Con la mulita en precipicio y tamaños jarrones colgando a cada lado, posó María con peluca rubia y botas negras de alto tacón, sosteniendo a un muñeco de vibraciones plásticas, y a su lado un tal José con bañador negro en cuero y plateada capa, de los otros es mejor no hablar, sólo diremos que los habitantes pudieron comprar algodones de azúcar y bocadillos nocturnos. Bailaron en las calles, en salones, campos, plazas, playas y burdeles; sollozaron de alegría, levantaron sus voces en oración y paralizaron el tránsito. De un lado a otro, desde la capital a la osadía, por los caminos atestados, todo el mundo aclamaba la victoria como un vuelco hacia la igualdad racial, con su nombre grabado en la historia en esa de libritos y cantares. La organización no se conformó con ser tolerada, había que subir el niño al burro y claro está, a ella montada sobre el onagro peludo. Socialmente como parte indivisible de María unos diminutos hilos tejidos a su glútea esencia, siempre debajo de las sabanas para no perder el tiempo y trabajar en cualquier pajar (que no se refiere al pájaro pero lo infiere), y siguiendo con el festín no podían faltar los saltos de calle y las paradas, ¡pero por dios que nalgas tan paradas!, haladas mamadas las de esta señorita. La escena formada, deformaba el buen gusto, pero que a gusto presentar a la virgen con escena y cena a un lado del puntiagudo árbol de natividad y felices fiestas.

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Sobre los muelles del Hudson los pilotos trazan loops inverosímiles y dibujan esferas tornasoladas. El nocturno lagrimal de los árboles humedece la vaporosa luna de las cafeterías. El sol leva el día. Los adolescentes lamen la belleza que exhala de sus propios cuerpos. En Central Park el resplandor de las teselas atrae bandadas de turistas y coronas de difuntos. El dial tambalea los descapotables. De Pompeya a Brooklyn ícaros de barro esbozan trovas en las azoteas. Don’t stop the music.

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Verano 2008 JUDITH LÁZARO

El tiempo había dejado de transcurrir unos instantes. Hacía tanto que había empezado a correr, que ni se acordaba. No sentía las piernas, respiraba con fuerza; quería seguir. O tal vez no, la verdad es que no estaba muy seguro de ello. Su respiración empezaba a frenarse, la pesadez de todo su cuerpo le atraía cada vez más hacia el suelo. Se dejó caer. Su cuerpo ya no existía, al menos él lo sentía así. La arena de la playa era fría, húmeda. Movió un poco la mejilla, y notó el final de una ola mojándole la cara con suavidad... el olor a sal, la tranquilidad de la situación, todo en conjunto creaba una sensación de paz en su interior.

Figuración primera. Ubres al aire, recién paridas En el crepúsculo De un presagio rotundo Tres dedos obstinados, obnubilados Preceden y dibujan descendientes espirales Rio abajo y aun contra corriente de mi sueño De tu amazonas Entró a oscuras, sin miedo Impetuoso y lascivo E n un resbaladizo y chorreante pórtico de sapidez acre A morir la muerte de los justos, La más diminuta. IÑAKI LEÓN

Mantenía los ojos cerrados, dejándose llevar. Parecía que su corazón se abría a cada latido... abrió los ojos, y un flash acudió a su mente. Su corazón ya no podía abrirse, ni cerrarse, ni nada. La última ola que le había rozado, se había llevado su corazón con ella, hacia algún lugar desconocido.

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La Jesusa tenía la música por dentro, neta carnal, nomas que ella no lo sabia y yo pus no le decía paque no se asustara pero yo todos los días cuando llegaba en la noche la oía, me acostaba a su lado muy despasito para no despertarla y la oía. Entre los silbidos que salían de su naríz y la musiquita de su cuerpo yo me sentia como en un concierto de beto-ven. De día nunca pude escuchar la música, siempre hay mucho escandalo en la pinche calle , ademas se ponía bien crazy la morra si me le andaba encaramando por eso nomas de noche lo hacia. Se oía como esas melodías que sale de las cajitas que tienen una bailarina en la tapa, de esas que parecen hechas de merengue de pastel quinceañero. Dependiendo de donde le pusiera la oreja era la melodía que sonaba, la mejor era la de la espalda, a veces la de las nalgas, casi podía ver una bailarina de colores dando piruetas en los muslos prietos de la Jesusa. A veces podía escucharla toda la noche hasta que me quedaba dormido, otras veces apenas ponía la oreja y la pinche Jesusa se despertaba, me empujaba y me gritaba /ya te metiste otra vez esa chingadera cabrón, hueles a puro pinche tíner/. Un día estuvo tan encabronada la jaina que me amenazó con dejarme por eso decidí meterme a rehabilitación. Ya no me drogo, tampoco oigo esa musiquita que salía de su cuerpo, creo que ya no la quiero igual.

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Oido musical

Soledades

ERICK VALTIERRA

RODOLFO DAGNINO

Me gusta practicar la soledad. No como se practica un deporte, eso implicaría connotaciones que suelo rehuir como la de competencia, la de ganador, y su antónimo inseparable: perdedor, la de superioridad o peor aún las de disciplina y perseverancia; sino como un especie de ritual, pero sin las implicaciones religiosas que el término sugiere. Podríamos decir que es una práctica social, en todo caso, “desviada”, un comportamiento (ante los ojos del otro en esta pequeña ciudad) “anómalo”, más que un acto de afirmación sobre cualquier cosa. Entonces, en completa y absoluta soledad, irrumpo en los restaurantes, cafés, cantinas, tiendas departamentales (con menos frecuencia), callejones y tugurios, eventos públicos y demás acontecimientos y espectáculos cotidianos. Y en especial a esos lugares en los que esa anomalía con la que es vista la soledad en nuestros días, se enfatiza, por extraño que suene, aún más: los cines. Pareciera que ir solo al cine es equivalente a portar una letra escarlata, una gripe aviar, un virus porcino o a llevar en el pantalón las máculas de un inevitable accidente escatológico. No pretendo priorizar la importancia respecto a mis desoladas incursiones a las penumbrosas salas de exhibición, en detrimento de aquellas que hago en compañía de mi familia y amigos, por supuesto que no. Cada ritual tiene sus menudencias y sus fascinaciones (ir al cine con mis pequeñas hijas, por ejemplo, es una práctica, agotadora sí, pero sorprendente y enteramente divertida). En todo caso, mis esfuerzos se limitan a compartir el gozo insuperable que encierra, para mí, ese desprendimiento temporal del grupo. Y no lo digo como si me creyera una reencarnación de Raskolnikov o de un Antoine Roquentin tardío y tercermundista. No me mueve el desprecio por la humanidad, ni algún complejo napoleónico de superioridad, sino la liviandad que supone ser dueño de tu tiempo (si es que algo así es posible en estos tiempos), la ligereza de sacarte máscaras y opiniones, el lujo de no estar obligado a emitir juicios de valor sobre el trabajo de tal fotógrafo, tal director o tal actriz en la cinta en cuestión, o sobre la mala actitud del chico que te sirve las palomitas como si fueras tú el responsable por el derecho de piso que parece haber obtenido el acné sobre su rostro. Dicho de otro modo, se trata de un estar. En términos heideggerianos, un

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ser-en-el-tiempo. Algo que fluye lejos de compromisos, citas y horarios. Claro que si en la fila de la dulcería del cine el que está delante o atrás de ti es algún conocido, te saludará como obligan las formas y, por más obvio que parezca, te preguntará ¿Qué andas haciendo? Para lo que sólo encontrarás como respuesta una sonrisa con dejos de malicia y un gesto que de alguna extraña manera signifique un: Pues, aquí nomás. Acto seguido, y una vez terminadas las sonrisas nerviosas con las que intentarán ocultar, con resultados nefastos en la mayoría de los casos, el incomodo silencio, te preguntará ¿Con quién vienes? ¿Con tu esposa? Y tú le querrás decir que no, que hay momentos en los que prefieres estar solo, meterte las manos en los bolsillos y andar la noche como un vagabundo, entrar a un cine, como ahora, o a una exposición de pintura, a una verbena popular o a una cantina (a condición de que no sea la habitual porque en esa te conocen y el mesero, que parece un personaje de Tolkien, tiene registrado el tiempo que tardas en beber una cerveza y sabe servir la siguiente justo en el momento en el que la necesitas, cosa que regularmente no está mal, pero en estas condiciones en las que pretendes ser un perseguidor de la soledad, incomoda un poco). En fin, no dirás nada o, peor aún, inventarás que tu mujer está hasta el cuello de trabajo, que las niñas están con la abuela, que tu compadre tenía cita con el proctólogo y que, en fin, no tuviste más remedio que salir sólo. Él, sin saber si sonreír o compadecerte optará por hacer ambas cosas, sonreirá mientras pasa una mano comprensiva sobre tú hombro, para después tomar de la cintura a su mujer, que viene cargada de palomitas y refrescos tamaño jumbo, y se alejará de ti con la rapidez de quién se descubre de golpe ante un peligro inminente. Los que están alrededor te verán como si estuvieras infectado de virus ébola. Recordarás que en alguna bolsa de tu saco descansa, en modo de apagado, tu salvación, bastaría sacarlo, encenderlo y simular que atiendes los cientos de mensajes de texto, que presuntamente has recibido, lo que ayudaría, sin lugar a dudas, a evaporar el halo insano que empezará a envolverte ante las miradas ajenas. Sin embargo, recordarás aquella frase que alguna vez te dijeron y que se atribuye a Baudelaire: “el verdadero héroe se divierte solo” y resistirás, dejarás que el celular continúe en estado catatónico al fondo de tu bolsillo, comprarás tus bebidas y te largarás de ahí. Un suspiro profundo te ayudará a dejar ir la sensación de malestar.

explicar ante nadie. En este caso verás Black Swan y, si bien la lágrima no fluirá, te permitirás arder en una emoción intensa que le agradecerás, por supuesto, a Natalie Portman debido a su metamorfosis en cisne negro. Pero no aplaudas, hay excesos que un hombre solo no se puede permitir. Y saldrás a la noche con las manos en los bolsillos y con ganas de beber cerveza fría antes de volver a casa. Me gusta practicar la soledad, pero con dosis bien controladas, pues no me es atractiva la idea, por lo menos todavía no, de encontrarme de frente con esa otra soledad, la mayúscula que, lo sabemos, nos espera a todos al final del camino. O vivir la soledad de los exiliados o desterrados políticos; o la de las mujeres maltratadas y abusadas en el seno del hogar; o la de los ancianos instalados en los sótanos del olvido. Sin embargo, estas soledades pequeñas de las que hablo y que me gusta practicar, soledades temporales y voluntarias, en las que podemos apagar el celular y perdernos algunas horas en la ciudad, que es tantas ciudades a la vez, podrían ser uno de los pocos lujos a los que tenemos acceso los clasemedieros (o clase media baja, o cualquier categoría igualmente ominosa). No obstante, son muchas las ventajas de apartarse un poco y disfrutar de la propia compañía, por más riesgosa que sea dicha empresa, pues no se sabe qué clase de alimañas habitan hacia el interior. Vale el arriesgue, así que asumiendo una cualidad de unplugged me lanzo a la ciudad y la recorro como quien se camina así mismo. Sin contar con el hecho de que, en mi caso, puedo patrocinarme el placer de usar un buen verso de Lope de Vega cuando en la casa, al llegar, me pregunten: ¿Dónde has estado? A lo que yo responderé, con una leve sonrisa que sea capaz de desgarrar cualquier sospecha de solemnidad, simple y llanamente: De mis soledades vengo.

Ya en la sala te sentirás (y sentarás) a tus anchas. Habrá sombras a tu alrededor pero no tendrán rostro ni nombre, por lo tanto los verás como se recuerdan los vagos restos de un sueño con lluvia. No estarás obligado a responder preguntas, ni a adoptar postura alguna ante nada, sino a dejarte ir, ese será tu objetivo: let it be. Al final, y si la película lo amerita, podrás, incluso, dejar escapar una lágrima furtiva que no tendrás que justificar ni

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ENTREVISTA CATHY MALLEN

Hace algunos días accidentalmente topé con una fotografía donde entre claroscuros se podía apreciar una mujer plácidamente recostada dentro de un carrito de supermercado con una pierna de fuera y los brazos tras su cabeza haciendo las veces de almohada, con la vista perdida en un cielo raso pareciera que quisiera recostarse pero el reducido espacio no se lo permitía. Con un fondo negro, el cuerpo y el carrito iluminados por una luz cenital pensé en todas las ocasiones que imaginaba maneras de agenciarme un carrito como ese para tal vez poder hacer lo mismo que ella y buscar de esa manera convertir un momento y un espacio tan cotidianos en algo propio. Efrain A rcadia O’Connor capturó esa imagen permitiéndome, al menos por un instante, lograr la transformación de lo cotidiano y rutinario en algo nuevo y estimulante. CM. ¿De dónde nace el interés por la foto? EAO´. Directamente del cine. CM. ¿Cuánto tiempo tienes practicándola? EAO´. Hago foto desde hace 4 años, pero muy esporádicamente, se ha convertido en algo constante de un año a la fecha. CM. ¿Porqué tomas fotos?

CM. ¿Respetas las reglas tradicionales de la fotografía o juegas con ellas?¿Porqué? EAO´. Creo más en divertirme con las reglas que en respetarlas, pero todo el que hace fotografía no puede dejar de lado las bases, de ahí puedes partir y cada quien definir un camino o estilo. CM. ¿Qué prefieres la fotografía tradicional o la digital?¿Porqué? EAO´. En realidad no tengo preferencia por alguna de las dos, lo único que me interesa es hacer fotografía, aunque siempre será mas “practico” hacer imágenes digitales.
 CM. ¿Qué pretendes representar en tus fotografías? EAO´. No pretendo representar nada, solo quiero divertirme y sé que las imágenes saldrán solas. CM. ¿Que representa la fotografía en tu vida y que importancia tiene en ella? EAO´. Es una válvula de escape a lo predecible y rutinaria que puede volverse tu vida, pasatiempo con el cual me logro desconectar de lo cotidiano. Se ha vuelto tan importante, como matar zombies un sabadito rico con mis amigos o como un triunfo de chivas sobre el América. CM. ¿Qué esperas que el espectador encuentre en tus trabajos? EAO´. Que encuentre lo que quiera, al final cada quien puede darle una interpretación diferente a la misma imagen.

EAO´. Por diversión. CM. ¿Por qué te interesa fotografiar mujeres desnudas? CM. ¿Cuál es tu proceso creativo habitual antes de disparar? EAO´. Habrá ocasiones en las cuales no hay un proceso como tal, solo volteas a tu alrededor y hay miles de imágenes o situaciones a las que querrás “congelar” con tu cámara.

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EAO´. Nunca he estado interesado como tal en hacer foto de desnudos, me interesa la fotografía en general, eso incluye mujeres (hombres) desnudas o con mameluco.

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CM. ¿Qué has aprendido de ellas? EAO´. A nunca restarle importancia a la dirección CM. ¿Qué tan complicado es lograr una fotografía de desnudos? EAO´. Tan complicado como lograr una fotografía de una manzana en una mesa. CM. ¿Qué has aprendido de la fotografía? EAO´. A ser paciente...y que cualquiera puede hacer una buena fotografía. CM. ¿Qué tanto movimiento fotográfico existe en Tepic?¿Que calidad crees que tenga? EAO´. El movimiento es bastante, hay mucha gente haciendo fotografía, créeme, mucha gente. En cuanto a la calidad...creo que hay de todo, desde el que tiene buena técnica, pero nada de creatividad, hasta el que juega con la iluminación que le pueda dar un cerillo. CM. ¿Existe algún proyecto en puerta que tengas planeado realizar? EAO´. Haremos algo con una agencia local de modelos, fotografías con tres bandas de Tepic y una de Guadalajara, estamos en la pre-producción de un video musical...y lavar mis tenis. CM. ¿Qué fotografía nunca aceptarías realizar? EAO´. La de “AMERICA CAMPEON”

CONFABULADOR@S DE ÉSTE NÚMERO Ab Cronos Castillo. Originario de Tepic, Nayarit. Arquitecto de profesión. Como escritor ha sido publicado en el libro colectivo Este cuadro etsiste, autor y compilador del libro de cuentos Intracuentos, forma parte del consejo editorial de la revista Quiescencia, así como participación en diversas revistas. Estuvo trabajando como auxiliar para el Cronista de la Cd. de Tepic: Pedro Castillo Romero. Participante del taller de poesía impartido por Raúl Bañuelos. Radica actualmente en la ciudad de Puerto Vallarta, Jalisco. Donde asiste al taller literario “El Tintero”. Nino Gallegos. El Paso Resbaloso, P.N. Dgo., México, 1957. Profesor en la Facultad de Ciencias Sociales- desde 1993, en el área de Ciencias de la Comunicación de la Universidad Autónoma de Sinaloa-Zona Sur en Mazatlán, Sinaloa. Profesor en Filosofía, Literatura, Periodismo y Semiología. Crítico en Estética, Periodista Cultural y Animador Sociocultural de manera alternativa. Colabora en la sección cultural del periódico El Sol de Mazatlán, con la columna Trópicos Subterráneos, así como en algunos medios impresos y digitales de la RepMex y Latinoamérica. Publicaciones como fundador y coordinador en el colectivo del taller literario Inés Arredondo, 5x3=8: Proa MarAdentro (Difocur, 1988). Publicaciones de autor: De la piel de húmedos vientos trópicos y la tristeza silenciosa en barcos vacíos, presentado en el museo Carrillo Gil (Difocur, 1989), Agua que se está haciendo tarde, tarde que se está haciendo agua (EdiUAS, 1997), Andar en la soledad del puerto, con la cabeza a pájaros, presentado en el museo Diego Rivera (Difocur-Editorial Praxis, 2001), Aludra (Serie: La Luna del Dragón, Instituto Sinaloense de Cultura, 2010). Aparece en una Antología de Escritores Sinaloenses y en el Diccionario de Cultura Sinaloense. Becario-Foeca, 1996-1997. Queta Navagómez. Nació en Bellavista, Nayarit, Mèxico. Es licenciada en Educación Física. Concluyó el Diplomado en Creación Literaria, en la Escuela de Escritores, de la SOGEM de México D.F. Ganadora del II Certamen Literario de la revista Marie Claire 1995. Premio Nacional de Cuento “Álica de Nayarit” 1995. Premio Nacional Bienal de Poesía “Alí Chumacero” 2003-2004, Premio Nacional de Cuentos Campiranos, 2007. Tiene publicados cinco libros de cuento, tres de poesía y una novela. Su novela El tigre del Nayar, resultó ganadora del Premio Nacional de Novela José Rubén Romero 2008 y que fue presentada en la XXXI Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería. Miguel González Lomelí es originario de Jala, Nayarit. Su preparación profesional la hizo en la Ciudad de México, en la Escuela Nacional de Maestros. Más tarde realizó la especialidad de Psicología y Maestría en Pedagogía en la Escuela Normal Superior de México. Ha sido maestro de escuelas primarias y secundarias en el Distrito Federal de 1964 a 1974, catedrático en la Escuela Nacional de Maestros e investigador del Instituto de Investigaciones Sociales del Estado de Oaxaca, de 1972 a 1973. De 1978 a la fecha, es catedrático de la Universidad Autónoma de Nayarit. Ha publicado Manual de Psicología en Enfermería, así como un volumen de investigaciones históricas sobre Costumbres y tradiciones de Jala. Obtuvo en 1987 el primer lugar en el Concurso de Poesía convocado por la Universidad Autónoma de Nayarit con su trabajo Tema y variación; en 1989 obtuvo el Premio Anual de Poesía de la Fundación Gascón Mercado, uno de los más prestigiosos del estado de Nayarit. Ha publicado: Manual de Psicología en Enfermería; Costumbres y tradiciones de Jala; Tema y variación (1987); Otra vez la luz (1989); Visiones críticas de Amado Nervo [con Luis G. Urbina, Lourdes C. Pacheco Ladrón de Guevara] (2004)

Toni Quero (Sabadell, Barcelona, 1978) es licenciado en Filología Hispánica. Actualmente trabaja de editor. Ha publicado poemas y microrrelatos. Su primer poemario, “Los adolescentes furtivos”, ha sido galardonado en Collioure con el Premio Internacional de Literatura Antonio

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Machado 2009. Traducido al francés, el libro ha sido prologado por Pere Gimferrer: «Lo más sobresaliente aquí, sin dudad, es lo que, en todo tiempo y lugar, caracteriza al verdadero poeta: el don de la imagen certera y exacta». Quero ha sido saludado como una de las voces más prometedoras de su generación. Su página web es: www.toniquero.com Judith LázaroMoyano nace el año 1994 en Barcelona y crece en el Prat de Llobregat. Desde pequeña, siente la necesidad de escribir todo lo que le rodea, cosa que no ha dejado de hacer por el momento. Actualmente, estudia en su ciudad natal, lo que no le impide seguir con su gran pasión: la escritura. A pesar de su corta carrera literaria, acaba de publicar su primera obra de teatro. Colabora en algunas revistas de creación literaria, y es dueña del blog: http://www. hentopan-uroboros.blogspot.com/ Omar Sánchez Medina. Estudio Psicología en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Es docente e investigador de la Universidad Autónoma de Nayarit y de la Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior (ANUIES). Detentó el cargo de Coordinador Institucional de Tutorías de la UAN durante la administración de Omar Wicab. Coadyuvó en el diseño y la integración del Programa Universitario de Fomento a la Lectura de la UAN “LeerTe”. Músico, colaborador de LILIPUT “PEQUEÑO UNIVERSO LITERARIO” y miembro del proyecto musical de difusión literaria LA TREGUA. Efrain Arcadia O’Connor. Mi primer contacto con la fotografía fue hace aproximadamente 3 años, lamentablemente fue gracias a la pérdida de un buen amigo, que aparte de ser una gran persona, era excelente guitarrista. . También hice algunos proyectos audiovisuales, como videos musicales y cortometrajes, donde se hacía latente mi gusto por la fotografía. Ha sido un año donde he hecho fotografía de diferentes estilos, pasando por fotoreportaje, moda, publicitaria, lomográfica, documental, tradicional, etc. Quique Lee (1977). Nació en la ciudad de Antigua Guatemala, Guatemala. Aunque se ha dedicado a experimentar en varias ramas del arte es en la literatura que ha incursionado con mayor consistencia. Enfocado principalmente en el género de cuento, ha ganado algunos concursos desde su adolescencia y ha publicado en varias revistas especializadas. También ha contribuido para varios medios con textos periodísticos. Sus cuentos se han publicado en la edición de “Lunesadas” de Editorial Ati y durante el 2011 en una antología de cuento centroamericano. En la actualidad se dedica, aparte de la literatura, a elaborar proyectos de investigación de comportamiento y a la promoción del arte vanguardista, entre otras cosas. Rodolfo Dagnino (Edo. De México, 1976). Poeta, autor de los poemarios Asombros (2000), Instantero (2003), Habitar la ausencia (2004), Postales sin fotografía y otras correspondencias (2006). Ha participado en diversas revistas. Parteaguas, Ventana Interior, la Rueda, El Prisma Volante, entre otras. Erick Valtierra (el ebrick) es Lic. en banalidades, dizque cuentistade-generación espontánea y músico por necesidad física y psíqica. Nació en chilangolandia el peor de los días, el de su cumpleaños. Ha hecho de todo un poco, desde sacar borrachos en una de las másdesprestigiosas cantinas del barrio hasta jugar a ser juez de matrimonios interestelares. Nunca ha ganado premios (ni los ganará) y solo ha publicado en algunas servilletas pétalo y una que otra hoja de cuadrícula grande. Cathy Mallen (Saltillo Coahuila 1990) Estudiante de arquitectura y fotógrafa. Amante de los animales y los buenos libros.

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Revista Liliput - pequeño universo literario No. 3