Issuu on Google+

Universidad Mariano Gálvez de Guatemala Dirección General de Posgrado Facultad de Humanidades Maestría en Educación Investigación Educativa I Inga. M.A. Heidi Lissette Arbizu Lemus

HISTORIA FICTICIA DE LAGUNA “LEMOA”

Cecilia Lancerio Gómez 2575-03-11170

Santa Cruz del Quiché, Noviembre 2,012


LAGUNA “LEMOA” …un gran amor reflejado en el espejo azul del cielo

Érase una vez en un lugar situado en las planicies de una comunidad llamada San Sebastián, que en aquellos años fungía como uno de los departamentos del país de Guatemala, allá por donde en medio de las montañas se encierran los remolinos del viento, si, en aquel lugarcito vivía gente que era conocida por su humildad y sencillez, estas personas no eran egoístas y todos los días trataban de ayudarse mutuamente, los pobladores de esta comunidad estaban rodeados de campos verdes, diversidad de árboles y flores de distintas especies, también todas las mañanas justo cuando aparecía el señor sol se escuchaban los trinos de los pajarillos que anunciaban así un nuevo despertar; ahhh pero así como en aquel lugar los amaneceres eran inigualables, asombrosos y únicos; al pasar el día los hermosos atardeceres decían presente y atraían la atención de los pobladores de aquel lugar. En este lugar vivían personas alegres y de gran corazón, que se ayudaban entre si y velaban porque nunca alguien pagara mal por mal, ellos eran generosos porque decían que solo con gratitud podían pagar el gran regalo que del cielo les habían enviado; si… estamos hablando de un regalo que ni un ser humano con todo el dinero del mundo podía hacer a este poblado… un precioso nacimiento de agua cristalina que solo con el hecho de ver fluir el agua todos los que visitaban el pozo se quedaban quietos y se llenaban de paz y su corazón se inundaba de admiración por aquellas aguas tan cristalinas. Un día todos los habitantes se reunieron para programar la gran celebración que año con año se realizaba para agradecer ese hermoso regalo. Todos estaban felices y llenos de agradecimiento porque había pasado ya otro año y habían gozado de aquel pozo tan especial. En ese pueblo no habían problemas de ninguna clase, pero si existía una terrible tradición y era la de hacer un pequeño sacrificio cuando en una familia nacía un hijo varón, este sacrificio consistía en matar unas cuantas gallinas y darles de comer a todos los que llegaban a visitar aquel hogar y se unieran a la alegría que este nuevo niño traía a sus padres.


En aquel lugar existían dos familias muy queridas que después de muchos años de casados esperaban la feliz llegada de sus primogénitos. Estas familias vivían muy alejados de aquel pozo y para llegar a él, tenían que caminar mucho. Cuentan los pobladores que cada atardecer se veía a las parejas de esposos visitar aquel pozo y beber de esa agua tan cristalina según ellos para que los cuerpos de sus esposas fueran limpiados y así pudieran concebir a un bebé en sus vientres. Esto lo hicieron antes de concebir y durante el embarazo. Ese día cuando todos se disponían a festejar ese año de provisión del agua del pozo, se escuchó la noticia, se regaba como pólvora, era el comentario… en una de esas familias había llegado “el hombre de la casa”, “el jefe”, “el nuevo señor”, todos hablaban de aquel niñito que había llegado para llenar de orgullo a su familia, si… era un bebé sano, de ojos cafés y cabellos castaños, como se ira a llamar? Será que igual que el papá? Quien podía contestar, que alegría… otro hombre en la comunidad… Pero también, aquel día había nacido una preciosa niña, del otro lado en la otra casa también se escuchaban llantos de la que nadie hablaba, de la que nadie quería saber, pero para sus padres tan importante como el otro bebé. Ella de ojos claros rodeados de largas pestañas, piel canela, cabello negro y una preciosa sonrisa que derretía a sus padres que la contemplaban con amor pues era el regalo que por tantos años habían esperado. Una tarde al cumplir ellos cuatro meses de vida aquellos padres se juntaron en el pozo pues habían decidido darles de beber de aquella agua a sus pequeños bebés. Pero de pronto surgió un ataque, los padres del niño menospreciaban a los padres de la niña, ellos se sintieron ofendidos y respondieron al ataque, aquella tarde por primera vez ocurría un ataque entre vecinos, una riña que desde aquel momento iba a ser ocasión de enemistad entre aquellas familias que por un momento olvidaron la alegría que cada uno sentía. Pasaron y pasaron los años, aquellos niños fueron creciendo él se llamaba Leo y ella Moa. Por cosas del destino cada atardecer se juntaban para beber agua de aquel pozo. Ellos sabían que sus padres eran enemigos, ellos tenían prohibido hablarse, así lo hacían cuando estaban sus padres presentes, pero cuando se encontraban en el pozo ellos eran los mejores amigos que podían existir sobre la faz de la tierra.


Cada atardecer ellos se juntaban a orillas de aquel pozo para contarse sus cosas, uno sabía los secretos del otro y compartían así sus travesuras, sus logros, y todo aquello que les era importante. Conforme los años fueron pasando y ellos se hacían grandes llegaban a la misma hora a aquel pozo que los llenaba de paz y alegría, pues de este habían bebido desde antes de nacer. Un día, a cada uno les preguntaron sus padres: a dónde iban sin falta cada atardecer, que hacían, con quien hablaban, pero ellos como ya los conocían no les respondían con la verdad, pues sabían que si sus padres se enteraban de seguro los iban a separar o simplemente se los iban a prohibir. Con el tiempo pasaron los años y ellos se hicieron jóvenes y fue allí donde cambiaron las cosas pues una tarde, Moa estaba presente frente al pozo y Leo no llegaba, ella decidió acercarse más al pozo para beber agua; cuando apareció él y le dijo: vas a beber agua sin que yo esté a tu lado… Moa respondió creí que no ibas a venir; y le dijo pero si en este momento me prometes que nunca dejarás de venir a acompañarme a beber agua de este pozo entonces yo te prometo que no beberé agua hasta que tu estés a mi lado. Leo le respondió: Te prometo que siempre vendré y que juntos beberemos de esta agua que nos llena de paz y alegría pero que ahora me ha hecho sentir algo diferente dijo Leo, él tomó las manos de ella y le dijo que al verse reflejado en sus ojos solo podía comprender que era amor lo que había descubierto, aquel atardecer fue inolvidable para los enamorados pues decían que junto a las aguas cristalinas había descubierto aquel sentimiento tan hermoso y que de ahora en adelante ese pozo sería testigo de aquella tierna historia de un amor prohibido. Así pasaron los años y cada atardecer aquellos enamorados se reunían a la misma hora para beber agua y compartir sus sueños, sus ilusiones, sus anhelos y todo lo que en sus corazones estaba resguardado. Un día los padres de Leo, se preguntaban porqué su hijo salía en las tardes, decían con quien se juntará, que hará, será que andará en malos pasos, porqué no dejaba pasar una tarde sin salir de casa, se preguntaban y se preguntaban pero no hallaban respuesta, de pronto la madre de este dijo: Y porque no lo sigues, ve a ver qué hace nuestro hijo, solo así saldremos de dudas y veremos por fin que sucede… Dijo su esposo: si, lo haré, lo seguiré, y veré que sucede con él. Todos en el pueblo sabían que aquella pareja se amaba, pero nadie decía nada a los padres pues todos opinaban que hacían una linda pareja. En aquella tarde justo cuando ellos se iban a encontrar, el padre de Leo observó a la jovencita junto


al pozo y de pronto llego Leo el enamorado, el padre ver que su era su hijo corrió y descendió furioso a forcejear con aquella linda señorita, su hijo trataba de calmarlo y el arremetía: cómo es posible que estés con esta mujer, no ves que sus padres y nosotros somos enemigos a muerte… explícame por qué nos has deshonrado, acaso no valemos nada para ti, su hijo trataba de explicarle pero era inútil el no escuchaba, la jovencita no decía nada, a él se lo llevaron de aquel lugar y fue un acontecimiento en la comunidad el hecho de que los padres de los enamorados se habían enterado que sus hijos se veían todos los días al caer el sol en aquel pozo que brotaba agua cristalina. Al otro día Moa decidió llegar al pozo desde temprano y al momento Leo llego también, estuvieron hablando de lo inexplicable que era la enemistad de sus padres y que a causa de esta ellos tuvieran que separarse, si dijo Leo ahora mi padre quiere llevarme a un lugar que no conozco y va a hacerlo de noche para que no mire por donde nos iremos, no quiero irme, no quiero dejarte decía y ella escuchaba atenta y sin decir nada, luego de un largo momento Moa le dice: Tu prometiste que nunca dejarías de venir a este pozo a beber agua conmigo, yo creo en tu promesa y es por ello que a partir de hoy vendré todos los días y esperaré tu regreso y no beberé agua hasta que tú estés conmigo otra vez. Él le dijo que no sabía como pero volvería, que lo esperara, que un día iba al volver y que juntos beberían de aquella agua que había sido testiga de su amor. Y fue así como esa misma noche el padre de aquel jovencito lo había llevado a emprender un viaje quien sabía a donde y del cual no se sabía si tenía retorno o no. Esa misma tarde ella descendió al pozo en espera de su enamorado, aquel jovencito que le había robado el corazón y del cual nunca iba a dejar de estar enamorada, pasó la tarde, el sol se ocultó, y aquel jovencito no llego, ella sintió algo extraño rodar por sus mejías… eran lágrimas de amor, esa sensación de tristeza y de dolor al no ver a su amado, ese día no bebió agua del pozo, pero dijo: estoy segura que mañana si vendrá, así que me iré pero regresaré a encontrarme con él, se puso de pie y al emprender el viaje a su casa apareció una gran luz que iluminaba su camino y la rodeaba de amor… era la luna quien a partir de aquella noche la acompañaría hasta el último día de su vida. Al otro día hizo lo mismo, bajó al pozo, espero a su amado, lloro y lloro, no bebió agua pues su amado no llegó, regresó a su casa y de nuevo la luna la acompañó. Así pasaron y pasaron los días, los meses y los años, ella dejó de ser una jovencita para luego convertirse en una mujer madura, pero llena de tristeza pues


había dejado de ver a su eterno amor. Al pasar el tiempo ella ya no tenía que bajar demasiado al pozo pues este se fue expandiendo y se dice que fue a causa de que ella y su amado ya no bebieron del agua cristalina que de él brotaba, entonces así fue como aquel pozo se llenó, si… se llenó de lágrimas y del mismo nacimiento que también lloraba por la ausencia de aquel enamorado. La luna no dejó de aparecer ni una sola noche, ella se hizo anciana, se cuenta que la vieron por última vez descender al gran pozo en el que se había convertido aquel nacimiento de agua, y que nunca más ella volvió a regresar a su casa. Aquella noche a la luz de la luna todos los pobladores de San Sebastián Lemoa iniciaron una búsqueda y no la hallaron. Esa noche lo único que se miraba era el reflejo del cielo azul con una inmensa luz que iluminaba a la aldea. De pronto se escucharon unos sollozos y todos sorprendidos decidieron regresar a sus casas. Al otro día, se maravillaron de ver que aquel pozo se había convertido en una inmensa laguna en el cual a la luz del día refleja el inmenso cielo, sus nueves, los árboles, de día el sol y en la noche la luna, todos cuentan que ese pozo se llenó con el agua que nunca más bebieron los enamorados y también con las lágrimas que aquella jovencita había llorado por tantos años, todos los pobladores decidieron darle un nombre a aquella hermosa laguna y en memoria de los enamorados hasta hoy en día se le conoce como La Laguna de “LE-MOA”. Hoy en día, por las noches se dice que ella se acerca a las orillas de la Laguna y que se escuchan sus llantos, y que noche a noche es la luna quien la acompaña a llorar el regreso de su amado, aunque hay quienes dicen que en el más allá sus espíritus se unieron y que ahora gozan de ese amor tan precioso que nació en aquel pozo.

Fin Autora: Cecilia Lancerio Gómez


Historia Ficticia Cecilia Lancerio