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Año 0 Núm. 3 México D.F. octubre MMXIII

3 Revista literaria independiente, sensacional, multifuncional, exclusiva, incluyente y demandante. ¡Ahora Kosher!


s Colaboradores pocoserios:

Editorial

Inserte aquí quote chistoso.

Ángel Cruz Islas Aldo Pineda Daru Kodoku Dian Sánchez Fanny Gutiérrez

Marchas, conflictos políticos, escándalos mediáticos… todo. En este país pasa de todo (y a veces un poco más), estar preparado para lo que siga es ilusorio. Vas caminando muy quitado de la pena por la calle y de pronto ¡bam!: una cabeza humana rueda por el piso, huyes de ahí y se te atraviesa un contingente de protestantes al que terminas afiliado por alguna extraña razón, gracias a que les das tus datos unos días después van a buscarte algunos agentes de la “ley” que te acusan de narcotráfico… en el proceso descubres que tu pareja te está poniendo el cuerno (¡y apenas es miércoles!) Es curioso que también éste sea el país donde nunca pasa nada.

Julio E. Ruiz Monroy Luis Carlos Renata Ximena Victoria Rojas y Enrique Cruz

A Pocoserio, tu revista favorita sólo después de “El Semanario de lo Insólito”, no le gusta quedarse atrás, así que trae para ti lo inesperado (con la diferencia de que no te meterás en problemas legales ni sentimentales por nuestra culpa… bueno, eso esperamos), lo que no te esperas lo tenemos… a menos que seas uno de los autores que nomás está esperando que lo publiquen para leer su texto. Pero tú, querido amigo lector. Nos encanta tenerte aquí de regreso y nos encanta que les hables tanto a tus amigos de nosotros (porque lo haces todo el tiempo, ¿verdad?), por eso es que te tenemos algunas sorpresas preparadas para los próximos meses (¿sabías que mientras más avanza el año se pone más pocoserio?). Por eso estate harto pendiente de nosotros, no sea que luego te enteres que pudiste ganarte un millón de dólares gracias a nosotros pero andabas leyendo Proceso (¿pues qué es eso?). Nuestros críticos, nuestros fans y nuestros detractores coinciden: Pocoserio ha madurado y patea traseros… ¿patear traseros? ¡No! ¡Pocoserio parte madres! :) EL EDITOR (octubre, 2013)

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Sí: pocoserio@outlook.com 3


Pocoserio: Revista Shuffle #3

Libros a medio abrir 1 N

Dian Sánchez

os encontramos en el mismo lugar de siempre. El piso que rento por unos cuantos pesos para poder escri-

bir libremente y sin interrupciones. No es mucho, pero es mío. La verdad es que está hecho un desastre, últimamente se asemeja a la pocilga de algún mimo borracho. Solía arreglar un poco cada que venías a visitar, pero ahora sinceramente me da igual. Te ofrezco una cerveza, con la esperanza de que te quedes dormido mientras intento aburrirte con historias inventadas acerca de pintores famosos; como no sucede, eventualmente cedo a tus ganas de besarme. Cuello, mejilla, lóbulo. Cuello, mejilla, lóbulo. Puedo sentir como se acelera tu pulso mientras tus manos torpes buscan desabrochar mi cinturón, tu aliento lleno de emoción contra mi cabello, la cara ridícula que haces cuando la sangre se agolpa en tu cara.

Cuello, mejilla, lóbulo, cuello, mejilla, lóbulo, cuello, lóbulo, mejilla. No sé si estás siguiendo el orden de siempre, estoy distraída recordando esas noches al otro lado de la ciudad, la razón por la cual este cuarto es un desmadre. Sus manos morenas reconocen mi cuerpo y me invitan a recorrerlo mientras me mira fijamente. De un tirón me rompe la blusa, me arranca con los dientes la falda. Suelto un gemido suave cuando entierra su cara entre mis muslos, la lengua tibia haciendo eses y bes me hace rasguñar sus hombros. Me toma firmemente la cintura -su mano áspera y decidida- y con un solo movimiento me da vuelta. Su mano sube lentamente por mi espalda hasta llegar a la cabeza, donde bruscamente, cierra el puño en torno a mi cabello rojizo. Pega su cuerpo contra el mío mientras me susurra al oído que mire hacia aquel ventanal en la sala.

Lames tu dedo índice (siempre el índice) y en un movimiento rápido, lo introduces en mí. Uno, dos, tres, cuatro, cinco. Hora de penetrarme. Ahogo en tu cabello su nombre. Estás tan ensimismado que no lo notas. Minutos después yaces tendido a mi lado, satisfecho. Ya dormido no te percatas de mi mano en la entrepierna, acariciando suavemente, recordando mis pechos desnudos contra ese ventanal, las manos amarradas a la altura de la cintura, mi respiración entrecortada, las piernas temblando de placer, su boca mordisqueando mi espalda… 4


Pocoserio: Revista Shuffle #3

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Pocoserio: Revista Shuffle #3

Aunque tú no me leas

Fanny Gutiérrez

Quisiera que lo que escribo sólo fueran palabras con el único y solo motivo de cautivar a quien me lee…

Que lo escribo no tuviera nada de real, que todo lo que sale y ha salido de esta pluma (ya cansada) estuviera basado en experiencias ajenas, cosas que veo en sueños, historias inventadas…

Quisiera que lo escribo no tuviera dedicatoria, que no fuera dirigido a alguien “especial” (Tú).

Quisiera que al escribir las lágrimas no brotaran instantáneamente de mis ojos (como ahora), que no lo hiciera con la intención de vaciarme toda esta melancolía que me cargo…

Quisiera no escribir(te)… pero ésta es la única manera de decir lo que siento… aunque tú no me leas.

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Pocoserio: Revista Shuffle #3

Por una chica (parte 1) Ángel Cruz Creo que sería un poco estúpido decir que todo fue por una chica. Es decir, es obvio ¿no? A los trece años he vivido lo suficiente para saber que todo lo que pasa en el mundo, siempre, es por una chica. Desde el primer neandertal que murió en las garras del dientes de sable al que intentaba cazar para ligarse a una linda cavernícola, hasta mí, sentado bajo este árbol seco, en la cima de un cerro maldito, a media noche, solo y a punto de congelarme por no saber encender una simple fogata. ¡Me carga! Parece tan fácil cuando lo hacen en la tele. ¡Hasta Bob Esponja encendió una debajo del mar! Todo es culpa de mi papá, cuando era niño le pedí que me inscribiera a los boy scouts; pero no, él quería desarrollar mi “talento” artístico y me metió al taller de dibujo y pintura. A ver ¿de qué me sirve ahora si las pinches acuarelas no van a hacer que se me quite el frío? Aunque cómo diablos iba él a imaginarse que yo estaría en una situación así. ¿Cómo diablos me lo iba a imaginar yo? No. No es culpa de mi papá. Es culpa de esa bola de cobardes a los que llamo amigos por dejarme aquí solo. No puedo creer que sólo yo haya tenido el valor de venir aquí… ¿Valor, cuál valor? Fue una estupidez venir. ¿En qué demonios estaba pensando? Ah sí, ya me acordé. Y esto me lleva de nuevo al principio: todo fue por una chica. Aunque, bueno, en realidad no es sólo una chica. Es Tania, la chica más hermosa de la escuela… y del mundo. Es extraño, la conozco desde que entramos a la secundaria y siempre me pareció linda; pero fue un año después, el primer día del segundo grado, cuando se abrieron las puertas del cielo… o del infierno, aún no estoy seguro. En realidad la puerta que se abrió esa mañana fue la del salón y cuando la vi entrar mi vida repentinamente se volvió una locura. No sé cómo explicarlo, era la misma chica del año anterior, sólo que ahora tenía algo distinto, algo mágico. Su cabello parecía tener vida propia, sus ojos brillaban como si fueran de neón, sus labios me llamaban por mi nombre sin importar las palabras que dijeran ni a quién y, bueno, la verdad sí había algo ahí que no había antes de las vacaciones de verano… pero, lo juro y no me importa si nadie me cree, no fue eso, o no sólo eso, lo que me hizo verla de forma distinta. No lo pensé, simplemente lo supe en ese instante: esa chica y yo moriríamos juntos, muchos años después, rodeados de nuestros hijos y nietos. Lo único que tenía que hacer ahora era superar los dos obstáculos que se interponían entre mí y la vida feliz al lado de Tania. El primero: esa maldita parálisis en la lengua que me atacaba cuando ella se acercaba a mí impidiéndome expresar alguna palabra entendible más allá de monosílabos y balbuceos. El segundo: Mario. 7


Pocoserio: Revista Shuffle #3 Mario es un güey que vive a unas cuadras de mi casa, tiene diecisiete y va a la prepa, aunque no creo que estudie mucho. Por lo que he visto y oído se la vive en la calle con su pandilla de malvivientes taloneando gente y robando cigarros y cervezas de las tiendas. Ha tenido problemas con la policía pero nunca ha pasado más de una noche detenido. Es el hijo ilegítimo del presidente municipal, lo cual le da completa inmunidad ante la autoridad local; es el líder de su banda de delincuentes juveniles y es el novio de Tania. Todas las tardes a la hora de la salida va a recoger al amor de mi vida en su moto… ¡En su moto! ¡Qué poca madre! ¿Cómo puedo competir con eso? Cada día, mientras mi corazón yace en el pavimento, triturado por ese par de ruedas que la alejan de mí entre un ruido infernal, me prometo a mí mismo que algún día será mía la cintura a la que ella se aferre mientras sentimos el viento en nuestras caras y volamos sobre el carril de alta rumbo a un lugar desconocido para todos excepto nosotros. Y ahí, alejados del resto del mundo seremos libres para hacer realidad esas fantasías que aún no me atrevo a imaginar porque no soporto pensar que todo lo que se me ocurra ella lo puede estar haciendo con ese imbécil. Pero todo eso ocurre por las tardes. Entre las siete y las tres Mario no existe, sólo existimos Tania, yo, algo así como quinientos extras y esa maldita parálisis en la lengua que me ataca cuando ella se acerca a mí. ¡Ah, es vergonzoso! Yo, que escribo los mejores ensayos en la clase de español; yo, que resuelvo las ecuaciones antes que cualquiera en el salón; soy incapaz de acercarme a la chica que me gusta y demostrarle que, además de todo, soy realmente simpático. En lugar de eso la observo en silencio a la distancia imaginando cómo reaccionará el día que me arme de valor y le diga todo lo que siento por ella. Porque eso sí, algún día se lo voy a decir, de frente, mirándola a los ojos, como un hombre de verdad. Pero mientras ese día llega me dedico a mirarla con atención y a admirarla con devoción. La observo a tres butacas de distancia en el salón, incluso cuando lo que debería estar observando es el pizarrón y al profesor dando clase; la veo pasearse por el patio de la escuela platicando con sus amigas en el receso; deliro viéndola entrenar voleibol mientras el resto de los mortales pasamos la “clase” de educación física dando vueltas alrededor de la cancha de básquet y la miro también a la hora de salida aunque sé de antemano que veré cosas que no me van a gustar. Algunas veces es frustrante contemplar tal belleza y saberme tan lejano a ella; sin embargo, en ocasiones ocurren pequeños milagros y nuestros ojos se encuentran. Es por esos instantes de magia que todo vale la pena. Si pudiera congelar esos momentos y hacer que duraran toda la vida podría ser feliz sólo con eso. Pero no, nunca duran más de un par de segundos y después se convierten en recuerdos y en más razones para el debraye. A veces siento que sus miradas significan que ella está interesada en mí, otras que no son más que coincidencias lógicas: si la estoy mirando durante tanto tiempo es normal que de pronto nuestras miradas se crucen por pura casualidad ¿no? No sé qué demonios pensar y para desquiciarme más están sus reacciones: en ocasiones desvía la mirada de inmediato como si no quisiera que me diera cuenta de lo que pasó, otras se muestra curiosa y me sostiene la mirada como proponiendo un reto. En esos casos siempre pierdo y soy yo el que voltea hacia otro lugar; a veces demuestra una indiferencia que me hace sentir el ser más pequeño sobre la Tierra y una vez, incluso, me sonrió y levantó sus cejas a manera de saludo, ¡fue glorioso! ¿y qué hice yo, respondí el saludo como cualquier persona normal hubiera hecho?

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Pocoserio: Revista Shuffle #3 No. Me giré hacia el lado contrario temblando, con el pulso a mil y me pasé el resto del día evitándola a toda costa. Creo que esa reacción reforzó ante ella mi fama de freak que ya tenía, de por sí, con la mayor parte del grupo. No es mi culpa que no entiendan que prefiero pasar las horas libres leyendo cómics o dibujando que jugando futbol con un balón hecho con hojas de cuaderno y cinta adhesiva… ¡Mierda, qué frío hace! Debería regresar a mi casa. Esto ya valió. Aunque me cansó subir hasta aquí cargando mis cosas, no creo aguantar los tres kilómetros de regreso con este frío y prefiero pasar la noche aquí que quiénsabedonde me pueda quedar si mis piernas deciden que ya no quieren seguir. Además mis papás creen que estoy en casa de Paco, no puedo llegarles así de madrugada. Los jefes de Paco son chidos, por eso siempre que salimos en la noche decimos en nuestras casas que nos quedamos con él. Podría llamarle a ese güey para que vinieran por mí y convencerlos de no decirle a mis papás. ¿Dónde guardé el celular? Busco en los bolsillos de la mochila… no… no… aquí está. Ahora sólo espero que… ¡Puuta, no hay señal! ¡”Todo México” mis ortejos, qué! Ni modo, ya estoy aquí. Me cubro lo más que puedo con mi única cobija, tomo la escopeta y apago la linterna, debo ahorrar baterías. Recargo mi espalda en el tronco buscando la posición menos incómoda posible. Mis manos no dejan de temblar, trato de convencerme de que es por el frío a pesar de que tengo los guantes puestos. Reviso que el rifle esté cargado, nunca está de más asegurarse. No es que crea en esas leyendas, pero puede haber animales peligrosos. Sí, me hago el valiente de nuevo, aunque esta vez no es para impresionar a nadie sino por necesidad propia. Vuelvo a maldecir a mis amigos. Mi cuerpo está cansado pero mis ojos ni siquiera parpadean. Algo me dice que el amanecer va a tardar mucho en llegar. Suena increíble, pero ahora empiezo a pensar que habría sido mejor si no hubiera pasado lo que pasó esta mañana. Parecía mi día de suerte: después de la clase de física el maestro de historia tuvo que irse a atender no sé qué asuntos sindicales, dejándole al grupo libre la cuarta hora para que cada quién hiciera lo que quisiera. Como siempre la mayoría salió del salón y unos cuantos se quedaron a platicar de tonterías entre ellos. Como siempre yo acudí a las últimas hojas de uno de mis cuadernos y me puse a dibujar. El bullicio a mi alrededor era intenso, como siempre. Al principio me volvía loco, pero después de un año y medio he aprendido a aislarme del entorno y concentrarme sólo en mis trazos. Eran ya varios minutos en los que en el mundo sólo existíamos la hoja, el lápiz y yo, hasta que de pronto apareció lo único de lo que todavía no he aprendido a aislarme, y no me interesa hacerlo. —Qué bonito dibujas. Una descarga eléctrica se originó tras mi cuello y se extendió por todo el cuerpo hasta la punta de mis pies, dejándome inmóvil por un instante. Cuando volví a sentirme capaz de moverme levanté lentamente la mirada para comprobar si la situación era real. Lo era. Justo a unos centímetros Tania me miraba con esos ojos enormes y la sonrisa que ilumina el día, sus rizos negros casi cubrían sus hombros mientras sostenía con ambas manos al frente un cuaderno a la altura de su falda.

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Pocoserio: Revista Shuffle #3 —Ho… hola… gracias —balbuceé luchando contra esa maldita parálisis en mi lengua al mismo tiempo que discretamente trataba de cubrir el dibujo con mi mano derecha al darme cuenta de la semejanza entre la chica de mi cuaderno y la que tenía ante mí. —¿Quién es, tu novia? —preguntó ingenua. Me sentí aliviado por un momento aunque de inmediato pensé en el mal dibujante que debo ser para que ni siquiera lo sospechara. —No… no es nadie. —Mm ok, de todas formas seguro le gustará cuando se lo regales. Oye ¿te puedo pedir un favor? — cambió el tema mientras se sentaba en la butaca frente a mí—. Bueno, es un favorsotote ¿Sí? —Eh… sí, claro —obvio. Como si hubiera otra respuesta posible a cualquier petición suya. En ese momento me di cuenta de que también estaban sus dos mejores amigas. No sé si recién habían llegado o estaban ahí desde el principio, hasta entonces sólo la había notado a ella. —Bueno, sé que eres muy bueno en física y como el lunes es el examen me preguntaba si me podrías… nos podrías explicar unos temas que no entendimos ¿Sí? Ándale, porfis. No lo podía creer, la niña de mis sueños venía a pedirme ayuda a mí, que ni siquiera soy el más nerd del salón, o eso quiero creer. Algo especial debo tener después de todo. Comencé a explicarle los problemas de aceleración mientras trataba de disimular la emoción que me daba tenerla tan cerca. Conforme el tiempo pasaba y nos ocupábamos de fórmulas noté con sorpresa cómo mi confianza crecía y esa maldita parálisis en mi lengua desaparecía. Quién lo hubiera imaginado: la física me estaba haciendo pasar los mejores momentos de mi vida. Por fin algo qué agradecer a las ciencias, jeje. El problema era que la lección terminaría pronto, debía encontrar la manera de llevar eso fuera del salón, incluso de la escuela, pero mi mente estaba en blanco y cuando las tres chicas cerraron sus libretas mi angustia hacía imposible pensar en cualquier pretexto para verla después. Me maldije a mí mismo por dejar ir esa oportunidad única. Ya sólo esperaba a que se levantaran y se fueran para empezar a autoflagelarme cuando Liliana, una de sus amigas, cambió el rumbo de la situación con el clásico tono de chisme primicia: —Oigan ¿ya se enteraron? Hay otro desaparecido. —¿En serio, ahora quién? —preguntó Alejandra. —No es de la escuela. Ya iba en la prepa —aclaró Liliana—. Era el hijo de una conocida de mi mamá. Dicen que fue al cerro para hacer una tarea de biología y ya no regresó. La policía lo estuvo buscando pero sólo encontraron su ropa ensangrentada en una cueva. Los cuatro nos quedamos en silencio. Supongo que ellas sentían lo mismo que yo, una extraña sensación de vacío en el estómago y el escalofrío en la piel al pensar que podría haber sido cualquiera de nosotros. Era el tercer caso en un mes. El primero en desaparecer fue un tipo de la otra secundaria, se llamaba Abel, yo lo conocí en la primaria pero nunca fuimos amigos. Había ido a acampar con dos de sus primos y mientras dormían fueron atacados por un coyote que se lo llevó. O al menos eso dicen los primos... 10


Pocoserio: Revista Shuffle #3

Entre veinte y siete Daru Kodoku

Eres culpable de que pase las noches en vela, de que cada vez que trato de dormir y cierro los ojos seas tú la que se aparece en mi mente; eres culpable de que cada vez de que veo una pareja, una mariposa, una flor, una cena, seas tú la que está ahí; eres culpable de que cada vez que aspiro el aroma de tu cuerpo mi piel y mi alma se retuerzan con una indomable alegría; eres la culpable de que cada par de labios que imagino sea un beso contigo; eres culpable de que cada vez que veo una pareja de ancianos veo tu cara y mi cara en ellos, aún si están discutiendo, porque sabes (y sé) que sólo se tienen el uno al otro; eres culpable, Diana, de hacer que me preocupe de ti en todo momento y en todo lugar, porque sin ti, yo no sabría qué es el amor; así es, ¡yo te declaro culpable de haberme enamorado! pero también me acuso de ser tu cómplice porque ambos sabemos que sin mí, no habrías logrado nada, serías "inocente".

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Pocoserio: Revista Shuffle #3

Fotografía

Aldo Pineda

Hoy es tu cumpleaños y me pase todo el día pensando en ti. Salí al oscuro y frío patio, me sentía triste y enojado conmigo mismo, miré hacia arriba, las estrellas parpadeaban débilmente, las estrellas… no son más que fotografías de la luz de los astros que murieron hace miles de años. Aún sostengo en la mano esa foto, tu foto ¿recuerdas? Fue el día que visitamos la torre de Ivalice, corriste al borde y gritaste al vacío, estabas emocionada, nunca habías subido tan alto o eso me dijiste, porque no querías ir sola. Te veías tan feliz que quise tomarte una foto, volteaste y sonreíste; el cielo estrellado, la luna y tu sonrisa quedaron plasmados en la imagen. Me tomaste de la mano, me acercaste a ti y me abrazaste, todavía puedo olerte, vainilla; me diste las gracias y tu teléfono sonó, nos separamos y contestaste, dijiste que era tu novio y tenías que irte, me diste un beso en la mejilla y saliste corriendo. Yo regrese a mi casa y me dormí pensando en ti. Hoy ya no estás aquí, Bog quiso que tu novio se embriagara en la fiesta a que la que no quisiste ir para pasar el día conmigo, tu amigo. Los noticiarios dijeron que el DeWitt en el que viajaban invadió el carril contrario y colisiono con un Banner de carga, dijeron que murieron al instante. Han pasado cuatro años desde el día de la torre, han pasado cuatro años desde la última vez que te vi, han pasado cuatro años y tu sonrisa aún brilla y me ilumina como los destellos mortuorios de las estrellas que se extinguieron antes de que tus abuelos o los míos siquiera existieran. Han pasado cuatro años y ahora tengo veintiuno y tú, como en la foto, tienes eternamente dieciséis.

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Pocoserio:

omnipresencia

Mi joven mujer es una musa dócil. Se posa como un colibrí, y, de un lado a otro como animal enjaulado, quiere brotar en mí ese verso contundente y demoledor…:

Mi mujer es un verso que aún no existe. Mi mujer es una línea con sueños de ser verso.

Mi mujer es una cicatriz ausente en el verso que ya no está. Mi verso está perdido sin mi mujer.

Mi ausencia es carencia de verso y de mujer. Si hay mujer no hay poeta que haga versos.

Si hay versos y mujer es signo de que hubo poesía, de que hubo, tal vez, poeta.

Julio E. Ruiz Monroy

Mujer, poeta, versos:

Revista Shuffle #3

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Pocoserio: Revista Shuffle #3

Sobre reformas, maestros y marchas Yo no he leído la reforma educativa para poder decir qué está mal en ella o para saber que es perfecta y que era lo que México necesitaba para resolver su problema de educación. Tampoco he platicado con ningún maestro de los que protestan estos días para saber qué reclaman y por qué no los satisface la reforma. Mucho menos he revisado las cuentas de ninguno de ellos para verificar que han estado recibiendo su sueldo cada quincena a pesar de no presentarse a trabajar por varios meses. No puedo, entonces, rechazar la reforma educativa (al fin que ni me preguntaron) ni afirmar que los maestros son huevones, no quieren ser evaluados, están cobrando sin trabajar y están enloqueciendo la ciudad (ni me los he encontrado ni me han afectado en nada). Sin embargo, sé que la mayoría de las reformas que ha propuesto el gobierno desde los últimos 20 siglos ha beneficiado a una minoría que sigue impulsándolas, que hay muchísimos sectores de la población que desde hace décadas han reclamado al Estado diversas garantías que nunca han satisfecho y que la mayoría de la población paga las consecuencias de esta lucha desigual. Independientemente de con qué sector me identifique, de querer defender las reformas que propone una minoría históricamente beneficiada o de rechazarlas junto con la mayoría históricamente afectada, lo que se evidencia es un problema estructural (educación) sobre el que descansa gran parte de las desigualdades sociales que han afectado a México desde hace siglos y que no ha podido resolverse por otros conflictos igual de alarmantes (corrupción, pobreza, intereses políticos, etc.).

Luis Carlos

los maestros en un problema de educación. No es sano para un país resolver su problema educativo entre diputados sin tener en cuenta a los docentes, o peor aún, teniéndolos en contra, porque el problema no es tan político como social. Cuando Elba Esther representó un obstáculo para la reforma educativa la quitaron de en medio; se aplacó el SNTE, pero la CNTE se hizo más fuerte. Se resolvió el conflicto político pero no se solucionó el problema social. Otro problema: mientras Peña Nieto presume al mundo las reformas estructurales que habrán de modernizar a México, el pueblo comienza a agitarse impulsado (o provocado) por uno de los pilares de cualquier sociedad, los maestros. El movimiento de maestros se ha mostrado más poderoso, más unido, más amenazante para la sociedad y para el gobierno que cualquier otro (¿los estudiantes qué?, ¿los electricistas qué?, ¿Obrador qué?), y es que no es un problema menor tener a los encargados de la educación insatisfechos con una reforma que planea resolver de una vez por todas el problema no sólo magisterial, sino educativo en general, sin considerarlos. El conflicto va más allá de las marchas en la capital, de la venta de plazas y de la evaluación educativa, y no se vislumbra ni a largo plazo una solución saludable para el país. Es más profundo y más antiguo de lo que se presenta en los medios, y asimismo las consecuencias serán más profundas de lo que vemos estos días en la capital. Es un asunto fundamental en la historia de México y nadie logra (ni quiere) solucionarlo.

Hace unos días Carlos Slim decía que la reforma educativa debe hacerse conjuntamente con los maestros, no sólo con leyes, y aunque su intención era otra, su comentario revela el único error evidente de la reforma educativa: no considerar a 14


Pocoserio: Revista Shuffle #3

Hoy me viene a la mente... Victoria Rojas

...una serie de pensamientos nostálgicos que perturban mi estado, y mi razón es incapaz de comprender lo que pasa en la actualidad. Pensar que hace algunos años la comunicación era escasa y elitista, donde el encuentro de dos personas en diferente situación geográfica precisaba una carta, un telégrafo; todos ellos regidos por un tiempo prolongado y los recursos limitados. Algunos de estos cambiados, y otros solamente se han adaptándolo con otros nombres a los tiempos que se avecinaron. Los grandes logros del hombre por mantener las noticias al día, difundir y homogeneizarse en un todo. La ciencias, el arte, la tecnología, y con ellos atravesando murallas antes impenetrables, descubriendo nuevos horizontes, facilitando la palabra con el entendimiento aquí y en China; sin embargo todo tiene un costo, el tiempo no ha pasado en vano. Nos hemos visto arroyados por la individualidad, la indiferencia, la hipocresía, el consumismo y todo en un mundo de fantasía desechable donde los gobernantes osan decir que el fin justifica los medios, donde los gobernados absorbidos por el trabajo, el hambre y la indiferencia; están refugiados en un mundo abstracto y efímero, sin tener opción o voz. Todo esto lleno de confusión, y así la ventaja de un grupo elitista se hace evidente.

Reflexiona hasta dónde hemos llegado, y ve cómo somos capaces de tener múltiples personalidades; pero ninguna de ellas ciertas y viceversa. Pues al final se han vuelto parte de esta realidad, nuestro todo y a la vez esa idea basada en la nada. Ojalá pudieras atreverte a recordar tu naturaleza, enseñándote a redescubrir al mundo, apartándote, recobrando unos segundos de tu vida a lo materializado, y no a un mundo vago de ideas. Desearía que pudieras ver todo aquello que te rodea sin esa desfachatez con la que la rechazas, donde el “hombre es parte de un todo” y no “todo es parte del hombre”. Sin embargo sé que mi cólera no es nueva, se que mas de alguno anhela esa sed de humanidad. Donde es frustrante ver el cielo y no poderlo compartir, cuando mirarlo no cuesta. ¿En qué momento preferimos comprarlo que amarlo?, ¿cuándo volverá tu mirada?, ¿cuándo volverás a casa?

La comunicación siempre ha sido un cuchillo de doble filo, donde unos dicen lo que quieren, otros escuchan lo que les es grato y los menos ven lo que realmente es. Sin embargo; mas allá de un mundo revolucionado, hoy me nace invitarte a reflexionar el modo en que usas los medios y si justifican tu fin. Si estar sujeto todo el tiempo a tu mundo de fantasía es realmente indispensable. Recordar que antes las cartas, los reencuentros eran como algo mágico. Ahora, en su mayoría nos emociona lo virtual y esto no se tiende a materializar. Donde las relaciones humanas son menos capaces de intimar en su propia naturaleza, ahogado en un sentimiento ensimismado. Donde el miedo nos invade al ser descubiertos. Extraño el contacto, lo sustancial, el calor; sin embargo hoy en un mundo donde los sentimientos son obsoletos, donde el alma se ha vuelto solo una palabra olvidada. Aceptar que este exceso de tecnología o quizá sin un fin propicio para la calidad humana. 15


Pocoserio: Revista Shuffle #3

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Enrique Cruz

Para Julio Era una tarde cualquiera, crepúsculo de un julio desteñido por las piedras que acostumbraba ponerme yo solo en el camino. Tomé mi bicicleta recién arreglada y me decidí por pedalear un rato a donde el azar me llevara. Llevaba años sin subir a la bicicleta sin un destino fijo, años sin el viento dulce y violento en la cara, años sin esa deliciosa sensación de velocidad tranquila. Tan sin motor. Sólo me acompañaba un pequeño morral que había comprado un mes antes en la enorme tienda de mochilas del pueblo, mochilas y drogas para la juventud. Las calles parecen otras cuando uno anda en bicicleta, como si se alargaran, pero al mismo tiempo fueran brevísimas. Las calles embachadas del pueblo que me vio crecer me transportaron a donde llevaba años sin estar, un territorio de recuerdos que inundaron cada fragmento del camino, una marea azul de sonrisas y llantos infantiles. Mi pueblo había cambiado: la cantidad de negocios era sorprendente comparada con la que habría una década atrás, todas las calles pavimentadas y con pintura, hasta algunos automóviles de lujo paseaban con música atronadora. Había menos gente. Pero esas calles al cabo de una hora no fueron suficientes, la fuerza de los recuerdos me empujó de una forma natural hacia un verde salvaje. El campo que recordaba de mi niñez estaba casi todo en el mismo lugar, las mismas piedras en el camino, los mismos charcos, los abrojos; incluso algunos perros ladradores me parecieron conocidos. Pedaleé feliz, cada vez más cerca de los límites del pueblo; nunca estuve más cerca de entender las palabras del sabio: “…la felicidad es el camino”. Fui un niño pleno sobre dos ruedas y con algunas estrellas asomándose tímidas sobre (dentro de) un lienzo azul. Reduje la velocidad cuando el horizonte se alargó, cuando la vista se limpió de árboles y se llenó de polvo. No tardé en detenerme y regresar al verde cada vez más oscuro. El olor del pasto y la tierra húmeda me ahogó, casi quise llorar al ver esos campos rebosantes de milpas; no haberme detenido habría significado una grosería perversa para el momento. Al pie de un árbol conocido aparqué la bicicleta gris, y respiré tan hondo que sentí el aire fresco haciéndome cosquillas detrás de los ojos. Fui tan feliz como años atrás, cuando no sabía que era feliz. Un carraspeo inesperado detrás del árbol me sacó del trance, carraspeo conocido… demasiado conocido. Con una curiosidad temerosa di media vuelta, una sombra inmóvil se recargaba al lado opuesto de la bicicleta. Con la misma curiosidad temerosa pregunté:

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Pocoserio: Revista Shuffle #3 —¿Hola? —Ah, hola —contestó la sombra con un movimiento apenas perceptible. Su voz fue una bala atravesándome la piel. —¿Eres…? —Sí, es curioso ¿no? —interrumpió—. Yo me di cuenta hace un rato, cuando pasaste en la bicicleta nueva. —No es nueva… —Ah, vaya. Entonces ha pasado el tiempo. ¿Cuántos años tienes? —Veinticuatro. —¡Cool! —Tú debes tener como diecisiete. —Dieciocho —contestó precipitándose con una mueca de inconformidad. Y hubo un silencio contradictorio. Él seguramente querría preguntarme sobre fútbol, sobre política, sobre sociedad, sobre cómo era la felicidad ahora. A mí por la mente se me pasaban tantas preguntas que apenas recuerdo algunas pocas. No le hice ninguna de las importantes. —Y… ¿Qué escribes? —Nada, un ensayo o algo así sobre la juventud. ¿Quieres verlo? —Sí, gracias. Con nostalgia repasé las líneas encontrando acentos ausentes, mala puntuación, ideas dispersas, pésima redacción; no dije nada. —¿Qué tal? —Va bien. —No soy bueno descubriendo las mentiras de la gente… —…y que lo digas. 17


Pocoserio: —Pero te conozco.

Revista Shuffle #3

Sonreí. Quise abrazarlo y verlo a los ojos por curiosidad. Sólo me quedé viendo su cabello mal acomodado y la forma tan tonta en la que estaba vestido. Volví a sonreír. —¿Piensas mucho en ella? —Cada día, lo sabes. —Sí… —con una risa nerviosa. —¿A ti qué tal te va? —No me puedo quejar. —No podemos. —No podemos. Le ofrecí mi puño y lo golpeó después de un instante de duda, otra risita irónica. —Cuídate mucho, ¿quieres? —Tú también, por favor. —Sabes que sí. Monté la bicicleta para regresar a casa, después de unos metros lancé una miradilla hacia atrás, el árbol estaba solo. Como había estado los últimos seis años. El regreso a casa lo hice con lágrimas entrometidas en la recámara de los ojos, con ambas manos bien agarradas al manubrio. De repente me salía alguna risa y lo recordaba recargado en el árbol, a él y a sus ojos de explosión adolescente. ¿Cómo no le dije nada más? ¿Cómo no le di un consejo? ¿Cómo lo dejé a la deriva? ¿Cómo no le hablé de…? Sí, se habría enojado conmigo. ¿Quién soy yo para hacer una trampa así? Aparqué la bicicleta en el patio y entré a la casa sin ninguna canción en la cabeza. Preparé café, encendí la computadora y empecé a escribir una historia absurda e increíble: salía a dar un paseo en bicicleta, recorría el pueblo, iba al campo y, recargado en un árbol conocido, me encontraba conmigo mismo años atrás, cuando no sabía que era feliz.

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Pocoserio: Revista Shuffle #3

Bol che

Re na ta Xim e na

—Le repito que yo no creo en el sistema y en todo caso mi único delito sería haberme enamorado de ella. —Pero aunque usted no crea en el sistema, por ser un miembro activo de esta sociedad, está bajo las leyes de la misma. El señor se ríe de forma casi cínica, mientras se reacomoda la bufanda roja alrededor del cuello, su chamarra de cuero suena mientras se mueve. Es invierno. —Bueno, nos va a decir que pasó o ¿quiere que le ayude a recordar? —le dice el policía mientras le muestra algunos instrumentos singulares desde el otro lado de la mesa. El señor se queda pensando por un rato largo, mientras observa retadoramente al policía y con su sonrisa leve dibujada en los labios, se lleva una mano al mentón y juega con su barba, sin intención de hablar. El policía se desespera, mueve rítmicamente los dedos sobre la mesa, se para violentamente, le avienta un fólder y sale dando un portazo. Está nervioso, es la primera vez que tiene que interrogar a un “sospechoso” y no está quedando bien ante sus superiores que lo ven salir sorprendidos y algo angustiados. El señor mira fijamente el fólder y duda por unos segundos si tomarlo. Lo abre, lo primero que ve son unas fotografías, unos papeles, realmente todo parece confuso, fija su mirada en una fotografía en especial, es ella. Ella posando sensualmente como tanto le gustaba a él.

Suena el reloj, la alarma. Lo toma entre sueños e intenta apagarlo sin éxito. Lo deja en la mesita de noche. Abre los ojos, ve el techo, otro maldito día. Se para de forma perezosa y contempla el suelo, busca sus chanclas. Toma un baño rápido, es el primer día de trabajo. Decide ponerse el vestido rojo, el único que tiene, se pone perfume, toma su bolso y sale. Llega un poco agitada por el calor. Sube por las escaleras hasta el último piso, busca la sala 3, toca a la puerta. —Adelante. Abre la puerta con un poco de timidez y lo ve sentado. El voltea, el vestido rojo inevitablemente roba su mirada más de lo normal. —¿Mariana? ¿Mi asistente? —Sí, la misma. —Mucho gusto, pues yo soy el profesor de fotografía. ¿Alguna duda? —mientras la veía fijamente de forma seductora. —No, sólo quería conocer el temario que quiere trabajar este semestre —con una sonrisa. Fueron llegando los alumnos. La clase transcurrió lentamente. Al terminar el día, después de conversaciones y miradas, ellos supieron que la cama sería su oficina principal. Mariana tenía 20 años.

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Pocoserio: Revista Shuffle #3 Eran las 3 de la tarde. Llovía. Ella se desviste lentamente, él la observa desde el sillón. Se va quitando poco a poco cada pieza de ropa. Comienzan a besarse, mientras ella le va quitando la ropa a él. Suena la puerta, ellos no escuchan. Él entra y escucha el ruido. Los ve. Media hora después cinco patrullas y 20 policías están en el departamento. Él está ahora en el sillón con la cabeza hacia atrás, la chica tiene la cabeza recostada en sus piernas. —Estamos en la escena del crimen —dice un policía por radio—. Posible homicidio pasional —dice en tono casi de burla—. Tenemos al sospechoso y a la víctima. Otra media hora después, llegan a la comisaría. El policía que hablo por radio anteriormente se dirige al escritorio del director. —¿Ya identificaron a la víctima? —Sí, una joven de 21 años, una tal Mariana Díaz.

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Pocoserio: Revista Shuffle #3

Iron for live (alguien funde versos mientras un joyero desciende al poema) Julio E. Ruiz Monroy

Huele a sulfúrico, a metal quemado, a muriático, a soldadura negra. Flejes flagelando overlay; overlay; motores imprecisos solventando dos toneladas de golpe, en un punto, dos centímetros de poema.

Huele a incendio, a grasa hirviendo.

El alma de Sayula viene a joderte, dicen.

Hay una nube roja que flota y un perro tuerto que trata de huir. Hay tres gramos de coca acelerando las sierras del hambre; arcos y cortes velocísimos.

Estos hombres troquelarán heridas.

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COLABORADORES POCOSERIOS (Ficha técnica-contacto-chismógrafo) Ángel Cruz Islas (Culiacan, milnovecientosochentaialgo) Fotógrafo freelancero y cuentista en ciernes. Arraigado habitante de Tecámac, sueña con regresar en algún momento a la tierra que lo vio nacer. “¿Por qué no regresas?”, le preguntamos. “Porque allá matan, bato.”

Aldo Pineda

Daru Kodoku

Insistente colaborador pocoserio. Esta vez nos regala una historia muy distinta a lo que nos tenía acostumbrados, tragedia y amor en menos de una cuartilla.

Agregado cultural pocoserio. Joven y romántico poeta nipón. Pocoserio se gastó todo el presupuesto en traerlo a México, después nos dimos cuenta de que con pedirle su texto por mail era suficiente.

Omitimos su antiguo seudónimo, digamos que fue una etapa.

No le gusta tomarse fotos y vende sake en un mercado de Coyoacán.

Dian Sánchez

Fanny Guitiérrez

Julio E. Ruiz Monroy

Vieja conocida (más conocida que vieja) de Pocoserio, lucha por terminar su carrera en Ciencias Políticas y ser feliz al mismo tiempo. La primera parte de su historia erótica es el primer texto erótico del resto de su vida, pubertos.

Joven politóloga y muy pocoseria. Amante de la lectura y de incipiente carrera poética. Sigue dedicándose a ser feliz, pero sus publicaciones en Facebook delatan la nostalgia… ¡Pero no importa!, la queremos por ser la pocoseria más joven.

Poeta y narrador, ha publicado en revistas impresas y electrónicas, tales como: La Libélula, Papalotzi, Luvina Joven, Infame, Radiador, Luvinaria, entre otras. Fue facilitador de los talleres de creación literaria y promoción de la lectura «Luvina Joven» a nivel secundario y medio superior, por parte de la revista Luvina de la Universidad de Guadalajara.

Luis Carlos

Renata Ximena

Victoria Rojas

Estudiante de Letras Hispánicas en la UAM, editor y opinante social… Sí, todos somos opinantes, pero este muchacho tiene la claridad que muchos quisiéramos. ¿No me crees? Leelo, lelo.

A Renata Ximena le gusta viajar, le gusta disfrutar de las buenas cosas de la vida y le gusta escribir sobre la pasión. A nosotros nos encanta que le guste. ¡Salud!

Muchacha alegre y de buen ánimo que se preocupa por la alienación humana fundada en los nuevos modelos de vida. Su preocupación no es pose, es un anhelo romántico.

Combate al crimen por las noches, cuando no hay nada bueno en la televisión.

@Julio_Uzri

Enrique Cruz

El CEO de Quique Cruz Corp. es también editor de esta revista y un despojo de amabilidad. Es quien contesta los teléfonos de la redacción y quien les invita el café a los autores… si algún autor les dice lo contrario no le crean, estos escritores mentirosos. 23


“Hoy mi sonrisa esconde el llanto Mi cuerpo tiene aquel perfume tuyo Que me recuerda como estoy sufriendo Y que de celos yo me estoy muriendo .” Los Pasteles Verdes http://www.youtube.com/watch?v=Z2rpknsgvsA

Pocoserio, Año 0 Número 3 Fecha de publicación: 10 de octubre de 2013. Revista bimestral editada y publicada por sí misma. This work is licensed under the Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 2.5 México License. To view a copy of this license, visit http://creativecommons.org/licenses/by-nc-nd/2.5/mx/ or send a letter to Creative Commons, 444 Castro Street, Suite 900, Mountain View, California, 94041, USA. Las opiniones expresadas por los autores no necesariamente reflejan la postura del editor de la publicación. Escrita, editada y publicada en México. Los personajes y situaciones representadas en esta publicación, son eso: una representación. Cualquier relación con la realidad es mera coincidencia. No se ponga usted punk. “Pues soy el único tarado que no ve, y soy el único pendejo que te cree y soy el único, el último, el único pendejo que te cree. Y soy el único tarado que no ve, y soy el único pendejo que te cree yo soy el único, el último, el único pendejo que te cree.” Recuerda comer frutas, verduras y Pocoserio.

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Pocoserio 03