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Defensa apasionada del Diablo (Reggaetón) Quique Cruz

Hay géneros musicales que, en la historia reciente, han sido satanizados gracias a prejuicios y cerrazón mental de gente desinformada. El que le interesa al presente texto es el reggaetón. Éste ha sido calificado negativamente de tantas formas que es impresionante tener en cuenta cuántos adjetivos se le adjudican: misógino, machista, vacío, asqueroso, ofensivo, vulgar, morboso, sexista, lascivo, pornográfico, repugnante, sucio, insultante, provocativo, liviano, lujurioso, etc. A lo anterior se suma la imagen social que se ha difundido de la gente que tiene al reggaetón como uno de sus géneros predilectos; comúnmente a esta gente se le adjudican los mismos adjetivos negativos que he escrito líneas arriba, muchas veces con razón. Una construcción negativa de esta magnitud produce, inevitablemente, muchos detractores; presuntos defensores de lo que ellos llaman “buena música”, y que al mismo tiempo (a veces de forma implícita, otras no) buscan defender sus propios estilos y sus propias formas de vida, pues se ven amenazados dada la proliferación de los aficionados al reggaetón. Algunos de estos “defensores” creen que la única forma de preservar la hegemonía de los géneros tradicionales es erradicando todo vestigio del reggaetón y de las consecuencias que, según ellos, implica; ya que consideran al género (y a todo cuanto éste implica) nocivo para la sociedad. No podría estar más en desacuerdo.


Cuando era un niño solía pensar que el rock era el mejor género de todos, y por eso desdeñaba al resto. Crecí con la música de The Doors, Jhon Lennon, Charly García, Deep Purple, Eric Clapton, Queen, Maldita Vecindad HQP, Héroes del Silencio, Caifanes y muchos otros que no eran rockeros en el sentido estricto (y que hasta ahora me cuesta todavía etiquetar), como Joaquín Sabina. Pronto descubrí que los géneros que yo consideraba vulgares (como la cumbia) tenían una riqueza espectacular. El merengue, la salsa, la música ranchera, el mariachi, la balada romántica, el pop, la bachata; se convirtieron en fuerzas acompañantes, pero poderosas, de mi género predilecto. Sobre todo disfrutaba la cumbia y la música de mariachi. A partir de este momento me di cuenta de que prejuzgar es lo peor que podemos hacer, sobre todo a la hora de apreciar y conocer manifestaciones artísticas. Si mi forma de pensar no hubiera cambiado tal vez seguiría pensando que el rock es lo único y que nada más vale la pena, lo que implica dos contras: 1. Me habría perdido de un tesoro musical inimaginable por mi propia necedad 2. Habría sido mucho menos feliz en la vida por esa sencillísima razón. Porque, aunque lo intente muy bien, con un solo género no basta

Ahora lo siguiente, ¿por qué no darle una oportunidad a ese género satanizado? “La mayoría de sus canciones son ofensivas” podría decirme cualquier persona, seguramente con razón. Pero en réplica diré que en todos los géneros hay paja, si nos gusta absolutamente todo lo de un género lo más probable es que estemos mintiendo; la única diferencia es que tal vez en el reggaetón debemos usar con mayor insistencia el rastrillo, es todo. La experiencia me ha enseñado que nada es tan malo que no se le pueda sacar algo


valioso, entonces saber buscar y tener suerte para encontrar se vuelve importante, si se tiene la disposici贸n. Venga, hasta el Diablo naci贸 de Dios.

Defensa apasionada del Diablo  

Apología del reggaeton

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