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MEMORIA FOTOGRÁFICA

ZONA DE MONUMENTOS PATRIMONIO CULTURAL DE LA HUMANIDAD

COLECCIÓN E SPACIO Y TIEMP O


CĂşpula principal de San Antonio.


Presidencia Municipal de Querétaro Ayuntamiento 2015-2018 Edición, diseño y fotografía Jacobo Zanella Redacción e investigación Luis Bernal Revisión de textos Edgardo Moreno © Taller Editorial Gris Tormenta Guerrero Sur 34 Centro Histórico Santiago de Querétaro 76000 Querétaro México +52 (442) 166 5066 gristormenta.com Hecho en México Primera edición Diciembre 2016 Todos los derechos reservados. Ninguna parte de esta publicación puede ser reproducida, almacenada o transmitida en manera alguna ni por ningún medio, ya sea electrónico, químico, mecánico, óptico, de grabación o de fotocopia, sin permiso previo del titular del copyright.


ÍNDICE

Presentación: Un trazo profundo en el corazón de México Prólogo: Los criterios de la Unesco para la designación de la Zona de Monumentos Históricos de Querétaro como Patrimonio Cultural de la Humanidad Introducción

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PRIMERA PARTE: URBANISMO La fundación de la ciudad y su traza Las dos trazas de Querétaro Primeros ejes urbanos de la ciudad Las plazas: espacios de cohesión en la traza urbana El sistema hidráulico La Zona de Monumentos Históricos: límites y barrios tradicionales

SEGUNDA PARTE: ARQUITECTURA El desarrollo de la ciudad y sus monumentos Arquitectura religiosa Arquitectura civil Ornamentación Peculiaridades y elementos distintivos

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ANEXOS

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Los colores de la Zona de Monumentos El turismo cultural en Querétaro Gestión del patrimonio de Querétaro Ciudades patrimonio de México

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Epílogo: Querétaro universal e irrepetible, a veinte años de su reconocimiento

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Bibliografía

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Un trazo profundo en el corazón de México Presidencia Municipal de Querétaro

Detalle del claustro de San Francisco.

Querétaro es historia y cantera. Un lugar donde conviven las rectas calles españolas con las alegres callejuelas indígenas. Sus fachadas labradas en la libertad del arte nos recuerdan las tradiciones de esta tierra, inalteradas al paso del tiempo; testimonio en el que se funden su herencia y la grandeza actual de sus ciudadanos. Recorrer sus calles es percibir un eco que viene del pasado y perdura en sus monumentos: los murmullos de las conspiraciones que fundaron México, el trueno de cañones que restauraron la República y los discursos parlamentarios que suscribieron nuestra Constitución. Este libro da fe de nuestra herencia arquitectónica y cultural. Con bellas fotografías y un texto elocuente, nos invita a conocer más de la riqueza de nuestra ciudad. Prepárate para pasear por los caprichosos templos barrocos, las imponentes fachadas de casonas coloniales, la austera paz de los conventos, la íntima tranquilidad de los patios y los novedosos detalles de nuestra tierra plural. Querétaro es único y este libro lo refleja con claridad. Su valor es universal porque aquí conviven el presente y el pasado en perfecta armonía, un cruce de civilizaciones que se manifestó de manera sublime en nuestro arte. Este es un esfuerzo para dar a conocer a nuestra gente, y a todo el mundo, la riqueza histórica de esta ciudad centenaria, para así cuidar y respetar nuestro patrimonio cultural y compartirlo orgullosamente con nuestros visitantes. Disfruten estas páginas y vivan Querétaro como el recuento de un relato que se esconde entre sus calles y su gente, en sus atardeceres y grandiosos monumentos. ◊

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Claustro de San AgustĂ­n.


Los criterios de la Unesco para la designación de la Zona de Monumentos Históricos de Querétaro como Patrimonio Cultural de la Humanidad Prólogo de Jaime Font Fransi Director de Sitios y Monumentos de la Secretaría de Desarrollo Urbano y Obras Públicas del Gobierno del Estado de Querétaro

Detalle de una bóveda en el Real Colegio y Beaterio de Santa Rosa de Viterbo.

El Honorable Ayuntamiento de nuestra ciudad celebra los XX años del nombramiento de la Zona de Monumentos Históricos de Querétaro como Patrimonio Mundial con este espléndido libro, un compendio fotográfico de 190 imágenes llenas de vida e historia. Acompañadas de elocuentes textos que describen los atributos más sobresalientes, marcan un recorrido que va de lo general a lo particular. Desde los primeros trazos como ciudad virreinal, de casi 500 años, hasta los más delicados detalles de su arquitectura. Sin duda, un merecido tributo a nuestros antepasados, pero también un reconocimiento a la labor realizada por ciudadanos, gobiernos y especialistas de la planeación y restauración monumental, quienes la han cuidado bajo los más estrictos cánones de conservación patrimonial. Sin embargo, también es un buen momento para hacer un alto en el camino y poder reflexionar sobre el significado de dicha distinción internacional, los valores de excepcionalidad identificados y la mejor manera de transmitirlos al futuro. Recordando un poco de historia y contexto mundial, cabe señalar que fue en 1972 cuando se creó, en Estocolmo, Suecia, la Convención sobre la Protección del Patrimonio Mundial, Cultural y Natural, durante la Conferencia General de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco). A partir de entonces se inicia el proceso de inscripción de los bienes patrimoniales de cada país. Doce años después, en 1984, México obtuvo su lugar como miembro del comité de ese organismo. Hoy la convención cuenta ya con 189 países afiliados y 936 bienes inscritos en la lista patrimonial.

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México ha logrado desde ese año inscribir 31 sitios, cuatro naturales y 27 culturales, de los cuales 10 son centros históricos (ver página 154). Esto nos convierte en el país de América con más bienes incluidos, y el sexto a nivel mundial después de Italia, España, China, Francia y Alemania. En el estado de Querétaro contamos con cuatro patrimonios de la Unesco: la Zona de Monumentos Históricos de Querétaro (1996), las Misiones Franciscanas de la Sierra Gorda de Querétaro (2003), el territorio sagrado del semidesierto denominado «Lugares de memoria y tradiciones vivas de los pueblos otomí-chichimecas de Tolimán: la Peña de Bernal guardiana de un territorio sagrado» (en la lista del Patrimonio Inmaterial, 2009) y el Camino Real de Tierra Adentro (2010) en su paso por San Juan del Río y la capital. Nuestra Zona de Monumentos, una de las más bellas del Virreinato de la Nueva España en América, quedó inscrita en diciembre de 1996 durante la reunión anual que el Comité del Patrimonio Mundial sostuvo en Mérida, Yucatán. Desde ese momento, y gracias al estupendo expediente técnico que presentaron nuestras autoridades en ese entonces, es que los valores que le dan identidad a nuestra ciudad fueron reconocidos universalmente como únicos e irrepetibles, dándole una personalidad propia que sintetiza los ideales y anhelos que las diferentes generaciones plasmaron en sus transformaciones urbanas, así como en el extraordinario repertorio arquitectónico que se fue amalgamando desde su fundación en 1531 hasta nuestros días. El proceso de inscripción demandó la elaboración de un expediente técnico y una delicada gestión ante los

diferentes niveles de gobierno y organismos internacionales. Dicho expediente es un formulario sumamente documentado y detallado que la Unesco exige para poder identificar, analizar y evaluar las características y cualidades del bien a inscribirse; que reúna los requisitos de un patrimonio excepcional en el desarrollo de la cultura humana. Con número de referencia 792, el nombramiento se otorga por los valores contenidos en dos criterios. Criterio ii: ser la manifestación de un intercambio considerable de valores humanos durante un determinado periodo o en un área cultural específica, en el desarrollo de la arquitectura, las artes monumentales, la planificación urbana o el diseño paisajístico. Criterio iv: ser un ejemplo sobresaliente de un tipo de edificio o de conjunto arquitectónico o tecnológico, o de paisaje que ilustre una etapa significativa o etapas significativas de la historia de la humanidad. Aludiendo a estos criterios podemos destacar, entre otras cualidades, que Querétaro cuenta con una Zona de Monumentos que es un extraordinario ejemplo de asentamiento virreinal en el centro del país, con una traza de calles mixta que combina la geometría española con los antiguos caminos mesoamericanos, lo que le da un aspecto interétnico a su urbanismo, combinado con la gran riqueza de inmuebles civiles y religiosos de los siglos XVII y XVIII. Querétaro es un claro ejemplo de encuentro e intercambio entre culturas, aun antes de la llegada de los españoles; de convivencia y competencia entre las órdenes religiosas y el clero secular; de cruce y encuentro de caminos que definió su fisonomía y promovió la economía regional; de fusión


de trazas urbanas que fueron el crisol de estilos arquitectónicos donde el barroco sentó sus principios con verdaderas obras de arte en patios, fachadas y retablos. Sus bóvedas, torres y cúpulas son un distintivo formal y referente urbano que le da unidad, orden y sentido a todo el conjunto. La importancia de los valores universales de excepción y su conservación ha dado lugar a muchas reuniones en todo el mundo, pero destaca la que se llevó a cabo en el año 2005, en la ciudad rusa de Kazán, cuyo objetivo fue analizarlos para entender, por un lado, su reconocimiento, y por otro, cómo conservarlos para no degradarlos o perderlos. En dicha reunión se hizo notar que si bien los valores los transmitimos de una generación a otra, al mismo tiempo los compartimos a escala global. Esto es lo que les da universalidad, y por lo tanto demandan un mayor cuidado. De esta manera, los valores responden a diferentes características, cualidades o atributos, por ejemplo: la rareza, la vulnerabilidad, las asociaciones con otros bienes, los intercambios culturales, el reconocimiento social, la unicidad, la popularidad, el significado simbólico, entre otros. Sin embargo, hay dos que tienen un gran peso, y que fueron plenamente identificados en nuestra Zona de Monumentos: autenticidad e integridad. La autenticidad es el alto grado de originalidad que se ha conservado en los bienes culturales, y la integridad es la armonía que existe entre ellos y sus contextos. Al ser reconocidos y apreciados con un enfoque muy amplio y generalizado, los valores pueden ser mejor conservados para su evolución y permanencia en el tiempo.

Para ello se requiere tomar en cuenta los siguientes puntos: respeto a los principios internacionales de conservación del patrimonio, criterios afines para su intervención, condiciones adecuadas que no alteren su estado, participación ciudadana y de autoridades, mecanismos normativos y legales claros, intervención de especialistas en diversas áreas del conocimiento y la técnica, entre otros. En resumen, una visión compartida que garantice su permanencia. Este libro nos abre las puertas a los tesoros que guardan celosamente los valores que forjaron las generaciones del pasado. No solo se plasma la belleza sino el alma misma de los monumentos; el amor incondicional a la ciudad. Es un llamado generacional para perpetuar los más íntimos valores de la creación humana en el más alto sentido de pertenencia. Cada página nos envuelve y a la vez desvela la esencia misma de una identidad cada vez más inalcanzable. Ahora toca a nosotros la responsabilidad de procurar el cuidado, defensa y conservación de nuestro patrimonio histórico; fortalecer la autenticidad de sus monumentos y la conservación de las características propias de su contexto y paisaje cultural ante el vertiginoso crecimiento de nuestra ciudad. Depositario de valores universales materiales e inmateriales que conforman nuestra cultura, la Zona de Monumentos Históricos de Querétaro es el testigo vivo de nuestra historia y la única garantía que tenemos para proteger el derecho fundamental al conocimiento que demandarán las generaciones venideras, de las que irremediablemente somos sus ineludibles cómplices. ◊

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Introducción

Detalle de la bóveda del sotocoro en el Templo de San Antonio.

El 7 de diciembre de 1996, la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) otorgó a la Zona de Monumentos Históricos de Querétaro el nombramiento de Patrimonio Cultural de la Humanidad. Este libro celebra el XX aniversario de la declaratoria que proclamó a la ciudad como un sitio de valor excepcional para la herencia universal. Para la inclusión de Querétaro en esta lista, la Unesco reconoció su decisión a partir de dos valiosos criterios: su traza urbana mestiza del siglo XVI, por un lado, y su arquitectura barroca entre los siglos XVII y XVIII, por el otro. El primero describe la peculiar convivencia espacial y social de sus habitantes indígenas y españoles. El segundo contempla la belleza de los templos, conventos, casonas y obras públicas coloniales que aún permanecen de pie en el tiempo. Este nombramiento incluye sobre todo el estado de conservación de su estructura original y sus edificios. La palabra «monumento» describe construcciones con valor histórico y cultural que se mantienen íntegras y auténticas con el paso de los siglos: calles y muros que se erigen fieles a su época en medio de la modernidad, como puentes de enlace entre la época colonial y XXI. Un patrimonio existe para salvaguardar nuestro pasado, construirnos memoria y hacer más tangible el presente. A veinte años de honrar la riqueza histórica y cultural de Querétaro, las siguientes páginas buscan contener, apreciar y reflexionar por qué esta ciudad es una invaluable muestra del esplendor novohispano. ◊

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primera parte: URBANISMO

la fundaciรณn de la ciudad y su traza


Imaginemos la ciudad antes de la ciudad: principios del siglo XVI, Valle de La Cañada. Más de 200 kilómetros al norte del conquistador Hernán Cortés, donde los restos de la abatida Tenochtitlán construían los cimientos de la Nueva España. Una cuenca mesoamericana, apenas habitada por algunos grupos chichimecas de la región, donde los ríos, árboles y montañas eran territorio agrícola —y agreste.

La ciudad de Querétaro en 1817. Mapa del Museo Regional de Querétaro.

Fue en ese mismo horizonte de tierra fértil donde, en la década de 1520, un grupo de otomíes busca refugio liderados por el mercader Conni, tradicionalmente conocido como Conín. Desplazados por el apoderamiento español de los territorios aledaños a la recién fundada Ciudad de México, esta pequeña comunidad se establece en el valle con sus sembradíos de frijol, maíz y chile. Así los encontró Pérez de Bocanegra, encomendero de Acámbaro, en medio del proyecto de expansión y evangelización de la Corona. Después de convencer a Conín con regalos y palabras, Pérez de Bocanegra logró obtener dos pertenencias de la comunidad: los frutos de sus labores agrícolas y su confianza. La primera instauró un sistema tributario, la segunda consiguió el bautizo masivo de otomíes y chichimecas a cargo de un fraile franciscano. Corría el año de 1531, fecha en que se fundó la ciudad de Querétaro —según la tradición—, en ese entonces mejor denominada como pueblo de indios. Aunque faltarían más de doscientos años para «completarla», el diseño actual de Querétaro es producto de la geografía irregular del valle (entre pendientes) y las decisiones tomadas por el cacique Conín que, ya bautizado con el nombre cristiano de Fernando de Tapia y asentado en el cerro de Sangremal, repartió tierras y mandó construir caños de riego que, gracias al agua de La Cañada, mantuvieron la vocación agrícola de su población indígena —pero ahora bajo la autoridad del Virreinato. Contrario a lo que sucedió al conocer —conquistar— otros territorios y grupos prehispánicos de la Nueva

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España, el primer acercamiento en el Valle de La Cañada fue relativamente pacífico, una especie de sujeción pactada por ambas partes: por un lado, la Corona ganaba fieles, territorio y tributos; por el otro, los indígenas aprendían del pensamiento occidental para construir aldeas más civilizadas. Tal fue el vínculo entre Conín y los españoles que, entre 1550 y 1590, Querétaro fue aliado ejemplar durante la violenta Guerra Chichimeca, una respuesta feroz a la colonización intensiva del Bajío y, sobre todo, las zona mineras que luego delinearían el Camino Real de Tierra Adentro. Para ese entonces, el pueblo de indios vio la llegada de casi todas las órdenes religiosas que emprendían su misión evangelizadora en América: franciscanos —los primeros—, dominicos, agustinos, jesuitas, entre otros. Si Querétaro era el territorio español más al norte de la Nueva España en sus inicios, entonces era imprescindible para el virrey esparcir la fe y conquistar los pueblos prehispánicos de aquello que todavía no aparecía en ningún mapa. Así que a finales del siglo XVI, del campo emergieron templos y conventos: muros y torres brotando del valle. A la par, algunos españoles encontraron en esta tierra fértil una oportunidad para construir rancherías y pequeñas haciendas dedicadas a la agricultura y ganadería. El resultado: archivos históricos detallan que, para 1586, más de setenta vecinos españoles vivían en el pueblo de indios. De todos los edificios que comenzaron a construirse, el primero en establecerse fue el Convento de

San Francisco, retomando la importancia de los franciscanos como orden religiosa encargada de evangelizar a los otomíes de la zona. Y aunque el convento todavía no portaba la ostentosidad barroca de los siguientes siglos, para el año 1550 era un símbolo monumental de la presencia española y cristiana en un páramo anteriormente considerado indómito. San Francisco como la semilla de la ciudad, el punto de inicio desde donde partió el resto de su urbanidad: calles y límites. Pero antes de llegar al siglo XVII, la ciudad tuvo que planificar su traza urbana. ¿Dónde estarían las calles y plazas? ¿Cuántas serían las manzanas que albergarían a futuros edificios? ¿Cómo se adaptaría todo al suelo del valle? El Dr. Carlos Arvizu, uno de los principales investigadores de la evolución urbana de Querétaro, dividió en dos etapas esta ejecución. La primera, conocida actualmente como «traza indígena», se remonta a los primeros años de la ciudad. La segunda, llamada «traza española», continuó el proyecto de los caciques, pero según las cuadrículas perfectas de otras ciudades nacientes del Virreinato. Solamente que, a diferencia de Puebla o la Ciudad de México, el resultado en Querétaro dista mucho de ser rígido. Más bien es una mezcla de ambos proyectos urbanos donde se confunden las calles rectilíneas y onduladas en una cuadrícula irregular. Aunque Querétaro se planificó como un pueblo de indios, terminó desarrollándose como una ciudad española (y no fue reconocida como tal hasta mediados del siglo XVII). Incluso podríamos decir que su traza se fue


La Unesco describe a Querétaro como un ejemplo excepcional de una típica ciudad colonial, donde su mapa representa la convivencia multiétnica entre españoles e indígenas. El punto de encuentro de ambas razas sucedía en la Plaza de San Francisco, hoy conocida como Jardín Zenea.

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La Zona de Monumentos Históricos de Querétaro incluye 203 manzanas y 1,400 monumentos: 20 religiosos y 15 ocupados por servicios públicos. El resto corresponde a las múltiples casonas, obras civiles y demás elementos arquitectónicos que se ubican en calles como Allende.


alterando según las necesidades de cada presente. Si al principio su relevancia ante el virrey era mínima, también lo era su proyección a largo plazo: poco interés por desarrollarla, sin incentivos ni decretos. Pero al percatarse de su suerte geográfica, Querétaro fue prioridad. No era lo mismo asentar algunos frailes e indígenas que estructurar varias órdenes religiosas, familias enteras de españoles peninsulares, comercios e instituciones que dependían directamente del virrey. Magnitudes diferentes requerían una ciudad diferente: amplia, sofisticada, imponente —aunque todo quedara en aspiración. Habían pasado demasiadas décadas desde su fundación como para construirla desde cero, así que hubo suficiente holgura para la improvisación. Si observamos mapas de la ciudad —pasados y presentes—, notaremos una clara división a mitad del Convento de San Francisco: hacia el oriente la traza indígena, hacia el poniente la traza española. Entre ambos lados, aleatoriamente, se descubren conventos y monumentos sin rigor. Estas peculiaridades de la traza no fueron destruidas ni modificadas con el paso de los siglos. Al contrario: cada templo y edificio nuevo se integraba a las irregularidades del paisaje. En 1996, más de 400 años después de su fundación, la Unesco encontró esta auténtica espontaneidad urbana de la Nueva España, donde las calles siguen los antiguos caminos que indígenas y españoles dibujaron. Fue ese nivel de integridad en su traza lo que nombró a la Zona de Monumentos Históricos de Querétaro como Pa-

trimonio Mundial, una muestra viviente del estilo urbano y de vida no común de la época colonial: el choque de calles, cosmovisiones y geografías. Los otomíes y chichimecas en el cerro, enteramente mimetizados con el paisaje, donde la vida sucedía entre la naturaleza. Luego los españoles en la planicie, educados bajo el pensamiento occidental de la época que tendía hacia lo tenso y recio, la disciplina puritana y estricta. Cuando Pérez de Bocanegra saludó de mano a Conín, los planes para el territorio jamás contemplaron una ciudad española como tal. Más bien la zona fue prevista como un pueblo encomendero que, administrativamente hablando, solamente serviría para la recolección de tributos. Lo que nadie contempló fue el estallido de la Guerra Chichimeca, la ubicación del poblado como antesala de la Ciudad de México y la extrema lealtad de los caciques otomíes que, inevitablemente, fueron recompensados con honores, tierra y privilegios. Todo esto influyó en el trazado de un mapa menos formal y más original: calles chicas y grandes, largas y cortas, rectas y curvas, planas e inclinadas; el tipo de calles que forman laberintos y callejones, con manzanas desiguales que, ya en el siglo XVII, vieron nacer edificios con la misma pluralidad: grandes palacetes, pequeñas casas de indios, plazuelas, jardines, atrios y conventos. Todo sin una jerarquía visible, acomodados en grupos aleatorios y flexibles, si acaso dividida entre indios y españoles privilegiados y los demás. El Dr. Carlos Arvizu lo escribió puntualmente: «una traza mestiza para una ciudad mestiza». ◊

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Las dos trazas de Querétaro

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Traza española. Planificada entre 1551 y 1600. Se atribuye al español Juan Sánchez de Alanís, que organizó las manzanas en forma de un tablero de ajedrez (con la técnica del trazo «a regla y cordel»): calles espaciosas y ordenadas a manera de retícula, siguiendo los principios del urbanismo renacentista italiano, donde se buscaba el control del espacio urbano público; la ubicación de las plazas y calles con fines geométricos, axiales y de paisaje. Este pensamiento se mantuvo vigente en todas las ciudades fundadas en la Nueva España, incluso en los centros mineros entre montañas (como Guanajuato o Zacatecas).

Traza indígena. Realizada entre 1531 y 1551 por los caciques otomíes que fundaron y desarrollaron la ciudad en sus primeros años. Sin planeación previa y producto de las circunstancias, las primeras calles de Querétaro buscaban conectar al centro (Convento de San Francisco) con las salidas a La Cañada, Ciudad de México y El Pueblito, tomando en cuenta los caños de riego comisionados por Fernando de Tapia (Conín). Predominaba la improvisación: caminos trazados según las irregularidades del cerro de Sangremal, manzanas de proporciones desiguales y trapezoides sin justificación aparente.


Convivencia. Con el desarrollo de la ciudad hacia el siglo XVII y su creciente importancia colonial para el virrey, tuvieron que pasar alrededor de cien años para que las trazas española e indígena se encontraran y diluyeran. Alonso de la Rea, fraile franciscano nacido en Querétaro, describió la ciudad en 1643 como una población dividida «mitad arriba» y «mitad abajo». En los mapas de la época —y hasta el día de hoy— es notable encontrar la línea divisora de ambas trazas en la calle Juárez que atraviesa la Zona de Monumentos: por un lado el rigor de la cuadrícula, por el otro las calles que serpentean, y

en medio de ambos el Convento de San Francisco. Este excepcional acomodo urbano simboliza la relación entre indígenas y españoles en Querétaro: una coexistencia menos violenta y más de colaboración, donde ambas civilizaciones tomaron decisiones sobre el desarrollo de una villa que comenzó sin grandes pretensiones y bruscamente se convirtió en un punto estratégico para la Corona —de ahí que el resultado nunca fuera una retícula realmente de ajedrez sino más bien una aspiración, basada en el enfrentamiento del pensamiento occidental y mesoamericano que colisionó en América. ◊

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la traza regular

Calles como Ocampo buscaban estandarizar la versión más española de la ciudad, donde la visualización del

camino iba de extremo a extremo, en los límites de la ciudad de entonces, que hoy son las avenidas Universidad y Zaragoza.


la traza irregular

La calle Guillermo Prieto es un ejemplo de los pequeĂąos laberintos que se forman en el Centro HistĂłrico de

QuerĂŠtaro: caminos intrincados, andadores casi secretos y callejones que desembocan a ninguna parte.

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calles rectilíneas

El modelo de cuadrícula fue la solución más práctica y sencilla para que cualquier persona. A falta de

profesionales en América, el virrey debía encomendar la fundación de las ciudades a soldados, religiosos o, incluso, civiles. En Querétaro las líneas rectas facilitaron la comprensión del trazado urbano y crearon calles como Pino Suárez (arriba) y Madero (izquierda).

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calles curvilíneas

Tanto la topografía como la inexperiencia de los caciques indígenas originó la creación de sendas con ligeras

ondulaciones. Esto se aprecia sobre todo caminando por el oriente de la ciudad, en calles como Gutiérrez Nájera (arriba) o Altamirano (derecha).


pendientes prehispĂĄnicas

QuerĂŠtaro fue construido en parte sobre el cerro de Sangremal. El resultado de esta orografĂ­a fueron

calles inclinadas y torcidas que van cuesta abajo y cuesta arriba. Caminar por ellas es, en cierta forma, subir las laderas de un monte.

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Primeros ejes urbanos de la ciudad

Convento de San Francisco. El único edificio religioso existente en Querétaro en el siglo XVI. Se encontraba al centro de la ciudad, como era costumbre en los pueblos de indios. Después de ser centro evangelizador, parte de su terreno —en especial el inmenso atrio— fue cedido para la construcción de jardines, calles y casonas del siglo XVII y XVIII. Hoy es sede del Museo Regional de Querétaro. 2 Plaza de San Francisco. El primer espacio público de la ciudad (hoy Jardín Zenea). A partir de este punto de inicio y final se construyeron los caminos desde y hacia Querétaro, siguiendo la trayectoria tan variable, causada por la irregularidad del suelo o el río, que las carretas de comercio y pasajeros delinearon con el tiempo. 3 Calle Juárez. Partía del río hasta la Plaza de San Francisco y continuaba hasta el sur en perpendicular. Los caciques otomíes la trazaron para construir una acequia y canalizar las aguas del río. Es el eje que divide la traza española de la indígena y hoy cruza el Centro Histórico, desde Universidad hasta Zaragoza. A partir de Juárez, los españoles trazaron en perpendicular otras calles. El camino conectaba la Alameda con la Otra Banda, los territorios más allá del río donde emergieron barrios de indios con una marcada herencia prehispánica a las afueras de la ciudad colonial. 1

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4 Camino Real. También conocido como Camino Real de Tierra Adentro (refiriéndose a los territorios inexplorados a principios de la Nueva España). Fue considerada la salida norte, hacia la zona minera de Zacatecas y Guanajuato —ruta comercial imprescindible a finales del siglo XVI. 5 Camino hacia la Ciudad de México. La salida oriente de la ciudad, hacia la capital de la Nueva España y La Cañada. Estos caminos fueron centrales para la traza indígena e incluso se mantuvieron casi intactos con la llegada de los habitantes españoles, ocasionando varias distorsiones urbanas como callejones, pequeños andadores y manzanas triangulares. 6 Camino hacia El Pueblito. La salida sur de la ciudad. Conectaba a Querétaro con una pequeña pero rica zona agrícola en el pueblo de indios de San Francisco Galileo, conocido como El Pueblito. Hoy es el municipio de Corregidora, parte de la Zona Metropolitana de Querétaro (ZMQ) hacia los límites con Guanajuato. 7 Calle Madero. Considerada la calle más recta de la traza española. En los primeros años de fundación era considerado un camino real hacia Celaya y el resto del Bajío. Esta calle fue probablemente utilizada para trazar perpendicularmente las demás que iban de sur a norte en la zona, entre lo que era el cerro de Sangremal y el de las Campanas. ◊


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Las plazas: espacios de cohesión en la traza urbana

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Pasado. El primer elemento a trazar en las ciudades coloniales era la plaza mayor, una idea adaptada de las explanadas medievales: la manzana central, normalmente rodeada por edificios que representaban a las autoridades política y religiosa. En el caso de Querétaro, por su irregularidad y desarrollo espontáneo, la primera plaza fue la de San Francisco, aunque luego se construyó la Plaza de Armas para ubicar los poderes políticos citadinos que no existían en el pueblo de indios. Insólitamente, ambas plazas —y su conexión— compartían el estatus de núcleo social entre españoles e indígenas.

Presente. Aunque la ciudad y la sociedad han evolucionado, las plazas de Querétaro mantienen casi intacto su propósito inicial: ser espacios de unión y esparcimiento. Incluso el número de plazas y jardines aumentó con la llegada del siglo XIX, gracias a los templos y conventos que fueron cediendo parte de sus atrios y huertas. Estos «vacíos» en la traza todavía albergan la vida cultural y política de Querétaro, donde aún se observa la visión urbana de los conquistadores: ciudades construidas a partir de plazas, que a su vez iban rodeándose de calles, manzanas y, eventualmente, barrios de indios, criollos y españoles. ◊


plaza de san francisco

Hoy conocido como Jardín Zenea, este espacio de Querétaro fue el punto de encuentro de todos los

caminos, el lugar donde nacieron todas las calles hacia los cuatro puntos cardinales. Durante su etapa como plaza mayor, el Templo de San Francisco (al fondo del jardín) fungió como catedral.

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el corazón de la ciudad Entre la Plaza de Armas (derecha) y el Andador 5 de Mayo (izquierda) se concentró la vida queretana de la ciudad. A lo largo del camino que conectaba los poderes político y religioso, representados por las casas reales y el Convento de San Francisco, se construyeron monumentales casonas de los habitantes con mayor posición económica y social de Querétaro. En su mayoría eran españoles y criollos.

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plaza de la santa cruz

A lo largo de la historia de Querétaro, otras plazas alternas aparecieron en la ciudad como resultado de la

unión entre barrios que, en la mayoría de los casos, tardaron casi un siglo en encontrarse. Uno de estos ejemplos fue el atrio de la Santa Cruz (arriba) y la Plaza Fundadores, en la cumbre del cerro de Sangremal. Con la evolución de la ciudad, era común que los atrios de los templos se mezclaran con el espacio público hasta convertirse en plazas.


la alameda

Aunque este espacio verde no fue construido hasta finales del siglo xviii, su importancia para la sociedad queretana

es equivalente a la de otras plazas. Conformada por árboles y caminos, este parque respondió a la necesidad de los habitantes por tener un lugar de recreo y encuentro social. Influida por la idea europea del paseo hacia finales de la Ilustración —el flaneurismo—, fue considerada la última gran obra del gobierno español en Querétaro, pocos años antes del movimiento independentista.

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El sistema hidráulico

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El agua era sinónimo de desarrollo para las antiguas civilizaciones que, buscando tierra fértil, solían florecer cerca de las cuencas y ríos que propiciaron la agricultura. Desde entonces ha sido parte esencial en la creación y evolución de asentamientos urbanos. Por ejemplo, las grandes ciudades europeas deben mucho de su prosperidad a la conexión inmediata con el agua. En el caso de Querétaro, la villa del siglo XVI no podía negar su entorno semidesértico, con acceso restringido al agua, salvo el río al norte del Convento de San Francisco y algunos riachuelos. Con el asentamiento del pueblo otomí, una comunidad que dependía casi por completo de la agricultura, los caciques buscaron primeramente el acceso al agua en su nuevo territorio. Esto significó la creación de una gran acequia con vertientes que canalizaran el agua del río hacia las parcelas y sus habitantes —obra que influyó decisivamente en la traza urbana. A principios del siglo XVIII, Querétaro comenzó a necesitar un sistema hidráulico más moderno. El pueblo de indios era parte del pasado y la ciudad crecía con imponentes edificios barrocos, economía progresiva y, por consecuencia, más españoles y criollos de los que se ha-

bían previsto —sumado a la creciente contaminación de la acequia. El resultado fue la creación de un avanzado sistema hidráulico liderado por un acueducto construido entre los años 1726 y 1735. A lo largo de sus 1,298 metros de longitud, este canal elevado transportaba el agua limpia desde los manantiales de La Cañada hasta el Convento de la Santa Cruz en el cerro de Sangremal. De ahí, el agua debía «bajar» hacia la ciudad: los canales privados eran entubados en los palacios y casonas más importantes, mientras que las fuentes públicas —mejor conocidas como «cajas de agua»— se distribuían entre los barrios y conventos para todos los habitantes. Siguiendo la traza urbana de la ciudad, este proyecto urbano agregó el acueducto, uno de los monumentos más relevantes de Querétaro, y varios depósitos de agua embellecidos con la ornamentación de la época. El sistema hidráulico no solamente fue una solución a la escasez y contaminación del agua sino también un reflejo de la riqueza económica de la época: de la rústica acequia a la hazaña monumental de trasladar el agua por el semidesierto. ◊


el acueducto

Sus 74 arcos y canales fueron pieza central del sistema hidráulico de la ciudad que, desde el Convento de la Santa Cruz,

el punto más alto de Querétaro, distribuía el agua gracias a la ingeniería y gravedad. Fue construido con el patrocinio de Juan Antonio de Urrutia y Arana, marqués de la Villa del Villar del Águila y conocido mecenas de la ciudad en el siglo xviii.

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cajas de agua

Estas fuentes en forma rectangular funcionaban como pequeñas piletas de fácil acceso para los habitantes de Querétaro.

Todas se conectaban por una red de alcantarillas que atravesaba la ciudad. Algunas llegaban a conventos, como la Fuente del Pilar (arriba), primera caja de agua en el exterior del Convento de la Santa Cruz. Otras llegaban a barrios, como la Fuente de Santo Domingo (izquierda).

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fuente de cantoya

El sistema hidráulico de Querétaro tuvo su auge durante la etapa barroca de la ciudad. Además de ser uno de

los servicios públicos más importantes, las cajas de agua eran también ornatos por sus detalles en cantera y arcos lobulados.


fuente de santa rosa de viterbo

En el siglo xviii, el acceso privado al agua era escaso y costoso. Archivos de 1882 registran

que menos del 10% de las viviendas tenĂ­an cajas de agua particulares. La mayorĂ­a de ellas se concentraban entre los antiguos atrios de conventos e irregularidades de la traza, como esta fuente reconstruida a un costado del Templo de Santa Rosa de Viterbo.

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el agua en los conventos

En 1886, la descripción del sistema hidráulico enlista 33 fuentes, aunque aquí no se incluían las de

casas habitación y claustros. En el caso de edificios religiosos, el agua era una metáfora de la vida, casi siempre representada por fontanas de proporciones enormes y macizas en los patios centrales. Estas fuentes servían solamente como consumo interno, sus derrames eran utilizados para regar huertas y jardines sin desperdiciar excedentes.


patios interiores

Para las órdenes religiosas, el agua no solamente era vida sino también pureza y espiritualidad, un enlace entre la

naturaleza y la divinidad cristiana. Siendo los conventos grandes espacios de meditación y humanidad, las fuentes de sus patios funcionaban también como elementos acústicos de relajación y contemplación —idea que perdura hasta el día de hoy. Esta importancia divina se puede observar en la monumental fuente de San Francisco.

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fuente de san agustín

En el imponente Claustro de San Agustín, el agua, como creadora de vida, era uno de los símbolos más

relevantes para los agustinos. La fuente y sus figuras marinas son metáfora de la gracia divina que salva al hombre del pecado.


en busca del agua limpia

El sistema hidráulico se construyó principalmente por la crisis de agua sucia que sufrió la ciudad,

consecuencia del crecimiento urbano y los desechos de las nuevas construcciones y fábricas textiles. Para evitar la contaminación del agua de manantial, los conductos subterráneos fueron hechos con barrio vidriado para mantener su pureza. Este alcantarillado desemboca en múltiples baños, lavaderos, depósitos privados y fuentes, como puede verse en Santa Rosa de Viterbo.

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La Zona de Monumentos Históricos: límites y barrios tradicionales

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santa ana

hacia el cerro de las campanas

calle nicolás campa

Para la Unesco, el patrimonio de Querétaro abarca la zona de la ciudad que se desarrolló entre los siglos XVI, XVII y XVIII. Esta área se conforma por 1,400 monumentos listados en la declaratoria oficial en 203 manzanas. Durante las primeras décadas de su fundación, la ciudad parecía construirse por áreas separadas. En medio del valle se levantaron haciendas autónomas y conventos primitivos donde las parcelas eran los únicos vecinos inmediatos. Fue hasta mediados del siglo XVII que, con la llegada de más españoles y el desarrollo de la ciudad, la zona rural emprendió una inevitable transformación urbana. Lo que eran tierras se convirtieron en terrenos con proyectos de construcciones religiosas y civiles. Así se crearon los barrios, uniendo asentamientos dispersos hasta convertirlos en conglomerados de manzanas. Los más conocidos, y que permanecen hasta el día de hoy, son La Cruz, San Francisquito, Santa Ana, Santa Rosa y la suma de otros más pequeños —como San Sebastián— que solían ser llamados la Otra Banda. A inicios del siglo XVIII, el conjunto de barrios ya se había conectado para crear una sola mancha urbana, misma que se delimita en este mapa: del cerro de Sangremal al de las Campanas y de la Alameda a la Antigua Estación de Ferrocarril. ◊

santa rosa


estaciรณn del ferrocarril

san sebastiรกn

centro histรณrico

calle madero

calle juรกrez

convento de san francisco

la cruz

cerro del sangremal

avenida zaragoza

cto edu acu alameda

san francisquito


segunda parte: ARQUITECTURA

el desarrollo de la ciudad y sus monumentos


Entre los siglos XVII y XVIII, Querétaro era sinónimo de abundancia para la Nueva España. Lo que en principio fue un modesto pueblo de indios, eventualmente se transformó en una poderosa ciudad virreinal: promesa de triunfo para españoles peninsulares, hervidero de riquezas criollas y con una sociedad devotamente vinculada a la Iglesia; tiempo de mecenas y arte sacro, privilegios y castas, sermones escolásticos y persecuciones inquisidoras.

Detalle del arbotante del Templo de Santa Rosa de Viterbo.

Era el Barroco, una época marcada por el esplendor español y la comprensión del mundo ligada enteramente al clasismo y catolicismo, donde el poder divino derrotaba a la razón. Esta corriente cultural encontró su máxima expresión en Europa entre los siglos XVI y XVII, mientras que en la Nueva España —probablemente por la separación continental con la península ibérica y las diferencias de pensamiento entre los nativos— tardó en llegar a las ciudades más de medio siglo. A grandes rasgos, la concepción barroca del mundo era una oposición a la reforma religiosa de Martín Lutero y las ideas progresistas, donde la Iglesia reafirmaba su manejo de las ideas y rescataba los métodos medievales de la escolástica. La observación y experimentación eran caminos peligrosos sin respuestas claras, así que el hombre barroco, formado por el contexto social y espiritual, huía de la reflexión para deslumbrarse con el espectáculo y la extravagancia. En la Nueva España floreció sorprendentemente bien esta ideología. Quizás por el trabajo evengelizador de las órdenes y la conquista de los grupos prehispánicos, estos «nuevos» territorios de la Corona adoptaron rápidamente la versión novohispana del Barroco. Pero entre el virrey y el rey existía un océano de diferencia que, inevitablemente, crearon un desfase de tiempos y pensamientos bastante notorio entre los siglos XVII y XVIII. Mientras la Ciudad de México caía en la oscuridad intelectual, la península ibérica emergía de ella hacia el «Siglo de las Luces», la Ilustración. Para ese entonces, Querétaro alcanzó su

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plenitud social, política y económica: atrás había quedado el valle y en su lugar brotaban casas, templos y edificios que ni Conín pudo haber imaginado al fundar el pequeño pueblo de indios. Los historiadores normalmente distinguen dos hechos que dieron inicio a la época barroca en la ciudad. El primero fue la renovación y expansión del Convento de San Francisco que, en 1640, comenzó a remodelar y «completar» el proyecto. La ciudad no era la misma que hace un siglo, cuando los franciscanos construyeron la raíz de la futura urbe; ahora albergaba a más familias españolas, la economía fluía con el Camino Real de Tierra Adentro y la religión se acentuaba entre sus habitantes. Pronto el complejo franciscano debía renovarse para satisfacer las necesidades de la comunidad y, como sucedió con todo edificio de esta época, demostrar con piedra y cantera la exuberancia colonial. El resultado fue la construcción de una enfermería, noviciado, huerta y atrio-cementerio con cuatro capillas a su alrededor. Al mismo tiempo, el templo y claustro —que ya existían— se cubrían de nuevos remates y adornos. Aquí comenzaron a usarse los principios básicos de la arquitectura barroca: manejo de luz, búsqueda de efectos dramáticos y las imponentes alturas de fachadas. El segundo hecho fue más político que artístico con el formal nombramiento de Querétaro como ciudad. La victoria de la Guerra Chichimeca —y la suerte geográfica que se tradujo en prosperidad— habían puesto en el mapa al pueblo de indios para convertirlo oficial-

mente en la Muy Noble y Muy Leal Ciudad de Santiago de Querétaro. Tanta fue su relevancia económica y religiosa al norte de la Nueva España que, en 1671, fue conocida como la Tercer Ciudad del Reino. Estos cambios devinieron en ordenanzas y acuerdos firmados por el rey de España para establecer un poder político mucho más elaborado que el del pueblo de indios. Así comenzaron a construirse nuevos edificios, servicios públicos como el sistema hidráulico y palacetes; un gobierno acorde a las dimensiones de la ciudad. Para mediados del siglo XVIII, el pueblo de indios era solamente un recuerdo. Los indígenas —mayoría en el siglo XVI— disminuyeron a menos de la mitad de la población, mientras que los españoles arribaron en oleadas y representaron la cuarta parte de la población. Esta sociedad mestiza y sumamente barroca suele ser explicada como una pigmentocracia, donde el nivel social de cada individuo dependía del porcentaje de sangre europea que llevaba en las venas. Primero los españoles y criollos, luego los indios, negros, mulatos y mestizos; cada uno con privilegios y propósitos específicos. Los primeros ocupaban grandes cargos y dirigían la ciudad, los segundos eran pequeños comerciantes y obreros. Arriba de todos ellos: la Iglesia siempre presente. Este nuevo orden se reflejó también en el paisaje urbano de la ciudad a través de edificios civiles y religiosos: templos, conventos, casonas y otros monumentos que se convirtieron en la versión física del Barroco en Querétaro. Las primitivas construcciones del siglo XVI


Durante la época barroca, la Iglesia reafirmaba su valor moral e institucional con elementos arquitectónicos dieciochescos. Entre los más utilizados estaban torres, cúpulas y fachadas como las del Templo de Santo Domingo. En conjunto confirmaban asombro y autoridad entre la población queretana.

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Los edificios religiosos y civiles más importantes de Querétaro permanecen todavía de pie. Sus propósitos habrán cambiado —como el Real Colegio y Beaterio de Santa Rosa de Viterbo, que ahora es centro cultural— pero los muros y columnas siguen siendo una muestra auténtica y original en pleno siglo xxi.


fueron reemplazadas por otras más exuberantes, colosales, recargadas e, incluso, abrumadoras. Los templos se revistieron con fachadas de cantera, torres, enormes cúpulas y retablos para declarar la autoridad divina ante los feligreses. Las casonas agregaron portones, balcones y elegantes patios para evidenciar la riqueza de sus dueños. Fuera la Iglesia o la élite queretana, la sociedad barroca buscó siempre el asombro y la hegemonía estética por encima de cualquier cosa. Todo este esplendor urbano fue producto de las riquezas que se acumularon en la ciudad. Y aunque la Corona y la Iglesia aportaron considerables presupuestos —dada la creciente importancia de Querétaro—, la mayoría de la ciudad barroca fue construida gracias a las donaciones de sus propios habitantes. Archivos históricos detallan que, para 1712, los habitantes enviaban 21,000 pesos a la Corona, 18,000 pesos más de lo que solían enviar antes del siglo XVIII. Este ascendente poder económico de los ciudadanos permitió la creación de la figura del mecenas, esos personajes acaudalados —Juan Caballero y Ocio entre los más famosos— que patrocinaron la mayoría de los grandes proyectos arquitectónicos de la época: templos, conventos y edificios civiles de enormes proporciones, creados por arquitectos como Francisco de Chavira, Mariano de las Casas y un séquito de artesanos. A finales del siglo XVIII, con la ciudad plenamente transformada, los tiempos barrocos de Querétaro parecían ceder al nuevo siglo y las ideas racionalistas de la

Ilustración que, en el campo de la arquitectura, propiciaron la construcción del Templo de San Felipe Neri y la introducción del neoclásico en la ciudad, junto con las enseñanzas de la Academia de San Carlos en la Ciudad de México. Atrás quedaba la devoción a ciegas y en su lugar se alzaba la Academia y la enciclopedia. La belleza y la estética seguían siendo preocupaciones vitales para el panorama urbano, solamente que ahora sus propósitos distaban mucho de ser herramientas totalmente religiosas y mejor decidían explorar los alcances del hombre y su inteligencia. Estas ideas rompieron con la burbuja social del Bajío, zona de opulencia económica, con la mayor densidad poblacional y desigualdad social de la Nueva España. Las consecuencias de un siglo de pigmentocracia y asombros arquitectónicos se concentraron en la frustración de grupos criollos que, al alcanzar proporciones políticas, devino en los cimientos del movimiento independentista. Aunque muchos hablan del Barroco como una época oscura, donde el desarrollo intelectual era limitado, la realidad es que también fue una época de progreso urbano y las primeras grandes obras públicas de la ciudad. La Unesco habla de la Zona de Monumentos Históricos de Querétaro como un destacado ejemplo de lo que solía ser una típica ciudad novohispana, donde su urbanidad simboliza la dinámica social a través de sus edificios que permanecen en el tiempo. La sociedad barroca pudo haberse perdido con los siglos, pero sus monumentos a la demasía y el exceso siguen siempre presentes. ◊

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Arquitectura religiosa

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Desde la fundación del Convento de San Francisco y el Templo de la Santa Cruz en el cerro de Sangremal, el desarrollo de la ciudad estuvo íntimamente ligado a los edificios y órdenes religiosas que llegaron a la ciudad: principalmente franciscanos, luego dominicos, agustinos, jesuitas y otras ramas de órdenes y congregaciones. Todas encargadas del proyecto de evangelización en la zona desde sus templos y conventos. La construcción de estos grandes proyectos conventuales fue posible gracias a la unión de tres grupos: la Corona, los mecenas y las órdenes religiosas que, en conjunto, patrocinaron el desarrollo de edificios mucho más esplendorosos que los de la ciudad en el siglo XVI. Estas construcciones religiosas no solamente eran espacios espirituales, también fueron el primer concepto de servicios públicos en Querétaro con sus hospitales, hospicios, orfanatos y talleres de oficios. En la ciudad del siglo XVIII, la Iglesia extendía su autoridad más allá del ámbito religioso. Después de un largo camino hacia la evangelización, los habitantes de la ciudad —españoles e indígenas— convivían bajo una misma ideología, donde el cristianismo no era solamente una creencia sino también un estilo de vida. Durante la época

barroca, los preceptos de la Iglesia moldearon la moral y el comportamiento de la sociedad: buenas y malas conductas, eventos sociales y, sobre todo, jerarquías. Tanta era la presencia de la Iglesia que sus facultades se extendieron más allá de la fe: las riquezas acumuladas que no se escondieron, al contrario, se exhibieron en forma de enormes fachadas, torres, cúpulas y retablos que buscaban el asombro entre los devotos. ◊


convento de san francisco (página anterior) El primer edificio religioso de Querétaro en el siglo xvi, después de ser una modesta construcción de adobe se transformó en uno de los primeros ejemplos del estilo barroco en la ciudad. escaleras barrocas Una de las características centrales de la arquitectura barroca fue la búsqueda de efectos dramáticos. En los claustros de la época, esto se lograba con detalles como las monumentales escaleras por las que se desplazaban los frailes del convento: grandes y solemnes.

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claustro de san francisco

En el interior del convento destaca el claustro de dos plantas con múltiples acabados barrocos:

arquerías, mezcla de columnas dóricas y corintias, trabajos en herrería y una fuente que decora el patio central, donde los frailes obtenían el agua para sus actividades diarias a través del sistema hidráulico.

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templo de san francisco

Anexo al claustro, este templo funcionó como catedral de Querétaro entre 1866 y 1911. El estilo barroco

se aprecia en su torre principal y los juegos de luz de su interior, que crean distintas profundidades y acentúan los detalles en muros y cúpulas. Su diseño también incluye un antiguo órgano europeo y la saturada torre de la fachada en el horizonte de Querétaro.


facistol del templo de san francisco

En el siglo xviii, los templos barrocos solían contener un atril de grandes

proporciones donde se colocaban los libros corales —enormes para que pudieran ser leídos por todos los frailes durante sus cantos. En los más elaborados se observan cuatro caras correspondientes al libro de cada voz. Todavía se conservan quince libros corales de la época en la Biblioteca Conventual del Museo Regional.

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templo y convento de san antonio de padua

En los inicios del siglo xvi, otras ramas de órdenes religiosas comenzaron a

instalarse en la ciudad. El proyecto de evangelización ya había terminado, pero, movidos por la importancia de Querétaro, estos grupos de frailes y monjas consideraron necesaria su presencia. Entre ellos están los franciscanos descalzos —también conocidos como «dieguinos»—, que construyeron un templo y convento dedicado a San Antonio de Padua. A principios del siglo xviii, el sencillo templo fue reconstruido con la ayuda del mecenas Juan Caballero y Ocio. Destacan sus elementos barrocos como la pintura interior que tapiza muros, techos y bóvedas.


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sacristía de san antonio de padua El proyecto de los dieguinos incluye una pequeña sacristía, el espacio donde se revisten los sacerdotes y almacenan los ornamentos y objetos necesarios para las misas. En contraste con otras sacristías barrocas de la ciudad, la de San Antonio de Padua resalta por su particular forma: detalles sobrios y la bóveda conformada por varios tragaluces con figuras poligonales. Una especie de cono donde abundan los detalles rectilíneos con meras pretensiones estéticas.

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capillas nicho

La nave del Templo del Carmen resalta por el diseĂąo de sus paredes interiores. En lugar de ser rectas como se

acostumbraba en la ĂŠpoca novohispana, estas paredes se hunden entre las pilastras para crear pequeĂąas capillas que dividen el interior.


templo y convento del carmen

Inaugurado a mediados del siglo xviii, este proyecto conventual fue ampliado por Juan

Caballero y Ocio para satisfacer las necesidades de los carmelitas descalzos. Es un templo modesto, acorde a la ideologĂ­a de la orden que buscaba retomar la vida sencilla de los primeros eremitas en el Monte Carmelo.

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reales colegios de san ignacio y san francisco javier Sede de la Compañía de Jesús en Querétaro, los últimos en llegar a la ciudad en la segunda década del siglo xvii. Este colegio fue reedificado bajo el estilo barroco alrededor de 1755 —once años antes que la orden fuera expulsada de España y sus colonias.

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claustro de san ignacio

Este claustro de la Compañía de Jesús resguarda un patio revestido de cantera, donde destacan sus

detalles barrocos: figuras de ángeles que rematan los arcos de la planta baja, la simetría de los marcos del segundo piso y la fuente central. El ahora llamado «Patio Barroco» recuerda el poder social, educativo e intelectual que tenían los jesuitas en la Nueva España.

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templo y convento de la santa cruz Aunque su fundación se remonta al año 1531, no fue hasta el año 1650 que se construyó la imagen actual de ambos edificios. Fueron construidos en el cerro de Sangremal como símbolo de la aparición del apóstol Santiago, según la leyenda de la fundación de Querétaro. Siguiendo la herencia indígena de sus alrededores, el complejo conventual se caracteriza por la falta de ornamentos, contrario a los edificios barrocos en la traza española de la ciudad. En su interior destaca el Patio de Aguas que, durante la época barroca, recibía el agua del acueducto para luego distribuirla por el sistema hidráulico de la ciudad.

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colegio de propagación de la fe

Durante la época barroca, el Convento de la Santa Cruz fue sede del primer colegio de

Propaganda Fide en América. Aquí los frailes eran preparados para misionar en lo que hoy es Texas y Guatemala. Por aquí pasó San Junípero Serra rumbo a la evangelización de la Sierra Gorda y su proyecto de misiones en la Alta California.

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templo de santa rosa de viterbo

La ciudad conservaba ciertas directrices y elementos compartidos para sus construcciones

religiosas de los siglos xvii y xviii. Aunque tambiĂŠn existieron fachadas que fueron construidas a partir de otras influencias europeas que llegaban a QuerĂŠtaro en forma de libros de arte y arquitectura. En el caso de Santa Rosa de Viterbo, el templo de 1752 ostenta elementos del Viejo Mundo como la torre de bulbos y su pintura mural.


real colegio y beaterio de santa rosa de viterbo En contraste con la saturación, detalle y delicadeza de sus retablos, el colegio de monjas es una monumental obra arquitectónica donde abundan muros y columnas macizos, la altura de sus techos, arcos lobulados que crean la sensación de movimiento, una enorme escalera de cinco rampas y la excesiva decoración de la cúpula del templo. Juntos dramatizan la idea del claustro barroco.

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arte sacro

Gracias al poder económico de la Iglesia, la producción artística del siglo xviii giró en torno a la temática religiosa. El

resultado fueron templos que ostentaban en todos su ángulos el culto a lo divino: ángeles, guirnaldas, coronas, círculos, remates, marcos y otros elementos laminados con hoja de oro que se abalanzan sobre el espectador, como en el Retablo de la virgen de Guadalupe en Santa Rosa de Viterbo (arriba) y su bóveda principal (derecha).


cúpula de santa rosa

Las joyas barrocas de este templo son el resultado de más de cincuenta años de trabajos, remodelaciones y

la constante colaboración de varios arquitectos y artistas: Mariano de las Casas, Joseph de Bayas Delgado, Miguel Cabrera, Julán Rojas, Juan José de Páez —cuya firma está inscrita en el tambor de esta exagerada cúpula—, entre otros.

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el retablo barroco Casi todos los retablos de la Nueva España eran construidos siguiendo un mismo proceso: primero se cortaba y pulía la madera de ayacahuite o pino colorado, luego se ensamblaban las piezas sobre un armazón para distribuir cuerpos y calles, se añadían las pilastras para separar cada elemento e intervenía el dorador que, a través de varias capas de materiales, recubría el retablo con oro de alto quilate que se bruñía con piedra de ágata. Paralelamente trabajaban pintores y escultores.

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vestigios del rococó

Para muchos historiadores de arte, las expresiones más barrocas de la Nueva España fueron una mezcla con

el estilo rococó que marcó tendencia a mediados del siglo xviii en Europa. En Santa Rosa de Viterbo existen ejemplos como la cúpula (arriba izquierda), la saturación de retablos (derecha arriba y abajo) y los marcos de las pinturas en el Retablo del Calvario (abajo izquierda).

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templo de santo domingo

Conformado por dos portadas con notables diferencias entre sĂ­: la mĂĄs antigua (portada izquierda)

se compone casi exclusivamente de lĂ­neas rectas, mientras que la de mediados del siglo xviii (portada derecha) ondea con sus roles, follajes, guirnaldas y hermes de cantera.


cúpulas y torres

En los templos barrocos, los efectos dramáticos lumínicos se conseguían con la manipulación de la luz a partir de

cúpulas y ventanillas cuidadosamente colocadas según el trayecto del sol. Casi siempre coronadas por la cruz cristiana sobre el horizonte.

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templo de santo domingo

En contraste con sus fachadas, el interior del templo alberga un espectáculo de luz y color con

pinturas a manera de papel tapiz y cúpulas con ventanas en forma de media luna que modulan la entrada de luz —detalles inspirados en la arquitectura italiana del Renacimiento. La capilla del Rosario (abajo izquierda) es más austera.


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simplicidad en el barroco

Aunque el estilo barroco fue tendencia durante el siglo xviii, también existieron algunas

construcciones que, contra la moda de la época, mantuvieron la serenidad y naturalidad de siglos pasados, donde la arquitectura española se mezcló con los materiales y mano de obra indígena. Por ejemplo: el Convento de Capuchinas, fundado en 1718 bajo el nombre de San José de Gracia de Pobres Monjas Capuchinas, parte de la segunda orden franciscana.


convento de capuchinas

A diferencia de otros patios interiores en QuerĂŠtaro, los de las Pobres Monjas Capuchinas existĂ­an

solamente como elementos arquitectĂłnicos necesarios y no ornamentales: el acceso al agua desde la fuente central y los arcos que dejaban entrar la luz natural por pasillos y habitaciones.

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convento de capuchinas

Este convento fue un importante centro caritativo en la ciudad. Su interior habrá sido sobrio pero su

valor social se extendía con servicios médicos y apoyo al sector más pobre de la población. En cierta forma, este proyecto conventual fue un ejemplo del edificio religioso convertido en servicio público sin título oficial.


convento de capuchinas Uno de los rasgos distintivos de las monjas fue su estilo de vida poco ostentoso. Dedicadas enteramente a la caridad, vivían con lo mínimo en todos los sentidos. Esto incluía también sus espacios de vivienda, convivencia y labor social: patios, celdas y pasillos con interiores sobrios, discretos detalles arquitectónicos y muchas veces entre sombras. Aunque el templo sigue funcionando hasta el día de hoy, el convento se dividió en dos centros culturales: el Museo de la Restauración de la República (derecha) y el Museo de la Ciudad (izquierda).

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claustro de san agustín Considerada una de las joyas del Barroco más importantes e imaginativas de la Nueva España, el claustro del Convento de San Agustín destaca no solamente por su recarga de elementos en ambas plantas sino por la simbología detrás de cada figura de cantera. Toda la construcción representa los ideales de San Agustín, una sobrecarga de recovecos eucarísticos y divinos: santas y santos, follajes, frutos, pegasos, sirenas, elefantes, aves y otros símbolos agustinos, donde el agua ocupaba un lugar central con la fuente a mitad del patio.

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hermes En lugar de columnas planas, el claustro de San Agustín era soportado por hermes (izquierda abajo) que adornaban los pilares de la arquería inferior. Aunque a simple vista simétricos, cada figura humana tiene detalles distintos como la posición y rasgos de la cara. Otros adornos incluyen los techos en cúpula de los pasillos, trabajos de herrería y las dimensiones de los tres arcos que adornan el paso por la escalera principal.

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atlantes

La segunda planta del claustro es decorada por atlantes con los brazos abiertos, como si estuvieran cargando los remates de

la construcciĂłn, enredados entre garigoles que representan follaje y otros elementos naturales. Las cabezas de los atlantes funcionan tambiĂŠn como chorros de agua al caer la lluvia. Algunos detalles de esta construcciĂłn conservan rastros de pigmentos que en su momento cubrĂ­an la totalidad de las figuras que rodean el claustro.

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convento de san agustín

El proyecto de los agustinos fue construido entre 1728 y 1743 como edificio de hostería y asilo, aunque

después se convirtió en sede del Centro de Estudios de Arte y Filosofía con enseñanzas de la teología agustina. Sus detalles monumentales se deben a la creciente importancia que obtuvo el centro agustino en la Nueva España. Lo que comenzó como un convento «de paso» acabó por contener y difundir la ideología de los agustinos al norte de la Ciudad de México. Hoy alberga al Museo de Arte de Querétaro con su colección permanente de arte barroco.

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adornos agustinos

Ademรกs de la saturaciรณn del claustro, el proyecto agustino incluye en sus interiores ornamentos de cantera.

Los espacios interiores de los frailes eran mucho mรกs modestos pero en todos relucen acabados barrocos como pilastras con capiteles prolongados (arriba izquierda), molduras y marcos cuidadosamente tallados (arriba derecha), esculturas (abajo derecha) y ventanas lobuladas en la bรณveda del templo (abajo izquierda).


templo de san agustín

A diferencia de los demás templos en Querétaro, San Agustín alberga casi en su totalidad trabajos de

cantera: retablos, columnas, arcos e incluso el interior de la bóveda. Los contrastes entre las paredes lisas y la ornamentación de piedra ejercen un efecto dramático en la nave.

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templo de santa clara

Famoso por sus retablos barrocos, Santa Clara luce —junto con Santa Rosa de Viterbo— los ejemplos de

ornamentación queretana más esplendorosos del siglo xviii: retablos donde abundan símbolos como guirnaldas, frutos, medallones, espejos, guardamalletas, cornucopias, molduras y santos.


retablos Los retablos abigarrados y excesivos eran un reflejo del poder eclesiástico, pero también de la sociedad queretana que, con una economía a la alza, podía donar y costear la realización de estos trabajos monumentales. Como ejemplo estos detalles de uno de los seis retablos principales (izquierda) y el retablo lateral (derecha), donde las monjas salían a escuchar misa desde la reja.

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Arquitectura civil

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En una sociedad dividida por razas y poderes, la arquitectura fue un destacable ejemplo de cómo se presentaba cada familia hacia el exterior. Antes del siglo XVII, las construcciones civiles eran solamente casas y haciendas genéricas, todas diseñadas bajo la sobriedad de los indios y con acabados tan primarios que solían responder solamente a un problema: ser lugares habitables. Esta arquitectura plana y ordinaria se olvidaría por completo en el siglo XVIII. Siguiendo pretensiones sociales, las casas particulares comenzaron a diferenciarse considerablemente entre sí: mientras las indígenas permanecían en su concepción más básica, las viviendas españolas lucían fachadas recargadas de ornamentos con grandes puertas de acceso —la mayoría de las veces con figuras talladas en madera—, marcos y molduras de cantera, figuras talladas en piedra —en especial símbolos religiosos, escudos o animales—, trabajos de herrería, columnas y remates con cornisas. Dependiendo del nivel socioeconómico, cada casa era construida según las capacidades del dueño: grandes y pequeñas, de uno o dos pisos, algunas más aparatosas que otras, pero todas siguiendo la tendencia del barroco novohispano: mantener el asombro y la admiración. ◊

casa de ecala Construida en el siglo xviii como residencia del regidor Tomás López de Ecala, esta casona es una de las construcciones civiles que delimitaban la Plaza de Armas. En su imponente fachada destacan tres balcones enmarcados sobre ménsulas de cantera y sofisticados barandales de herrería hechos por Juan Ignacio de Vielma. El diseño incluye figuras en forma de aves y garigoles que, junto con las gárgolas y remates que coronan la fachada, la convierten en un ejemplo excepcional de la casahabitación barroca.


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casa del conde de la sierra gorda

Ubicada en lo que hoy es la calle Hidalgo, se presume que esta casona de principios del

siglo xviii fue habitada por el capitán José de Escandón, quien estuvo al frente de las tropas españolas durante la conquista de la Sierra Gorda. Las casas de títulos nobiliarios solían acentuar el nivel social del dueño. En este caso: patios y pasillos interiores con complicadas arquerías.


movimiento El Barroco constantemente evitaba las estructuras planas y rectilĂ­neas. En su lugar apostaba por la sensaciĂłn de movimiento y demasĂ­a, como sucede en estos arcos lobulados y sus ondulaciones.

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contrastes habitacionales Las casas eran reflejo de la división social durante la época más española de Querétaro. Grandes casonas saturadas de extravagancias —como la Casa del Marqués (derecha) o la Casa de la Marquesa (izquierda arriba)— contra modestas viviendas que parecían ser una evolución de la típica casa en barrio de indios (izquierda abajo). A diferencia de otros centros novohispanos, aquí la ciudad contiene ambos tipos de casas. En una sola manzana pueden encontrarse grandes edificios de dos pisos junto a otros de proporciones más austeras. Las casas como metáfora de la cercanía entre grupos sociales.

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casa del marqués

Comunmente atribuida al marqués de la Villa del Villar del Águila, esta casa destaca por sus colores y arcos que

la identifican como una exótica versión del barroco queretano. Sus patios y pasillos retoman elementos de la herencia árabe de España: arcos lobulados que recuerdan al arte hispano-musulmán de la península ibérica.


casa de la marquesa

Construida hacia el Ăşltimo cuarto del siglo xviii, esta casa fue mandada edificar por Francisco Antonio Alday

al alarife Cornelio. Por muchos aĂąos fue conocida como Casa Alday. El inmueble nunca fue habitado por los marqueses.

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portal de samaniego Posible segunda residencia del conde de la Sierra Gorda, habitada en el siglo xix por el noble español Desiderio de Samaniego. Se ubica en contraesquina del actual Palacio de Gobierno, en uno de los ángulos más irregulares de la Plaza de Armas. Aunque ha sido intervenido en varias épocas, todavía conserva la estructura original de su patio interior y la escalera de acceso a la planta alta que, en ciertas perspectivas, crea ángulos casi imposibles para el ojo contemporáneo.

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balcones barrocos En las casonas de doble altura era habitual encontrar series de balcones que transformaban una ventana común en espacios para jugar con la cantera y herrería. En el barroco cualquier elemento funcional podía tener también fines estéticos, como las ménsulas de piedra que, además de soportar balcones, podían adornar la fachada de cualquier casona.

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patios particulares

Una de las características básicas de las casonas queretanas era la inclusión de un patio interno en sus planos:

sobrios o desmedidos, grandes y chicos, a veces incluso más de uno para simbolizar estatus. Todos con arquerías mixtilíneas que rememoran la distribución morisca de los patios andaluces. Entre ellos destacan la Casa del Diezmo (izquierda), la Casona del Sol Divino (arriba izquierda), Casa de Don Bartolo (arriba derecha) y Casa del Marqués (abajo derecha).

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portones barrocos

En la arquitectura civil barroca, el elemento central de las fachadas eran las puertas de acceso. Dependiendo

de las dimensiones físicas y sociales, estos portones tallados con figuras podían ser modestos o de dimensiones descomunales como el de la Casa del Conde de la Sierra Gorda (izquierda arriba). La mayoría eran acompañadas de un marco de cantera, liso o modulado, e incluso elementos clave en el dintel como anagramas de Jesús y María, una cruz o una joya (todos símbolos cristianos). También destacaban figuras zoomorfas como aves, criaturas marinas y perros como los que dan el nombre a la Casa de los Perros (arriba).

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Ornamentación

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El barroco se define por el uso excesivo de adornos. En el siglo XVIII en Querétaro, construcciones civiles y religiosas revestían sus fachadas e interiores con detalles en cantera, madera y pintura mural. Cualquier espacio podía ser llevado a la exageración: arcos, columnas, techos, bóvedas, cúpulas, puertas, ventanas y cualquier otra superficie que dejaba atrás la arquitectura de la ciudad del siglo XVI. Esta ornamentación tenía su propósito estético —una constante búsqueda por la belleza—, pero también era reflejo del Barroco como movimiento cultural. En una época donde la ciudad se regía por la autoridad religiosa y las clases sociales, los detalles arquitectónicos se convirtieron en expresiones del hombre dieciochesco. La suma de gárgolas, estatuas, roleos, cornisas y herrajes desorbitaba al espectador que, ante tantas ondulaciones y curvaturas, solamente podía rendirse y mirar con asombro la vastedad de un edificio. En su versión más barroca: conchas, palmas, rocallas y follajes laminados con hoja de oro que gritaban de piso a bóvedas el esplendor religioso, económico y social de la ciudad. La ornamentación barroca significó para Querétaro dejar atrás su estatus de supervivencia por uno mucho más acomodado, donde había suficiente tiempo y bonanza para explorar el arte decorativo. ◊

cantera de querétaro La ciudad se construyó a partir de los materiales regionales que se encontraban al alcance de arquitectos, escultores y otros oficios. Uno de los materiales más utilizados fue la cantera (rosa o gris) que abundaba en el valle de La Cañada. Su uso fue casi un estándar de la época barroca y generalmente reservada para ornamentos en menor o mayor medida. El resultado fueron texturas y colores específicos que definieron todo un estilo en las ciudades del Bajío.


portada del templo de san agustĂ­n Construido a mediados del siglo xviii, en el apogeo del Barroco queretano, su fachada incluye una monumental portada de tres cuerpos divididos en tres calles, coronada por un crucifijo agustino. Abunda la arquitectura barroca con detalles como las columnas salomĂłnicas, las seis esculturas en nichos y el juego de claros y oscuros que se acentĂşa con los cambios de luz en el relieve de cantera.

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portada del templo de san felipe neri Bendecido en 1805, este templo supone el punto de quiebre del Barroco y la llegada del Neoclásico a Querétaro, un nuevo movimiento cultural en contra de la demasía del siglo xviii y a favor de la razón y la Academia. En la arquitectura supuso volver a la influencia griega y romana, aunque la fachada de San Felipe Neri fue formalmente un proyecto en transición, donde predomina el tezontle (poco utilizado en los templos de la época) y el afán por conseguir líneas rectas.

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ventanas barrocas Al igual que sucedía con los balcones, las casonas de la época solían incluir en su fachada ventanas de grandes proporciones, casi siempre ornamentadas con excesivos marcos y herrajes con roleos, vírgulas y, en los casos más llamativos, figuras zoomorfas. A veces solamente existía una o dos ventanas en la fachada y sus lados, así que sus ornamentos —obsesivamente— llenaban el vacío y la monotonía de la pared lisa. Por ejemplo en la Casona del Sol Divino, en Altamirano esquina 16 de septiembre (izquierda).

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casa de ecala

Detalle de ménsula y clave con ornamentos que crean la sensación de movimiento. Esta casona es la más llamativa de

Plaza de Armas, incluso más que el ahora Palacio de Gobierno. Resulta curioso cómo un edificio particular puede generar el mismo asombro que la fachada de un templo: los habitantes españoles imitando a la autoridad religiosa, sinónimo de belleza y perfección en la época barroca.

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artesonados y techos decorativos

En el barroco cualquier superficie podĂ­a engalanar un espacio civil o religiosos. AquĂ­

ejemplos de la antesacristĂ­a del Templo de San Antonio (arriba izquierda), la Casona del Sol Divino (arriba derecha), la entrada al Claustro de San Francisco Javier (abajo derecha) y la Casa de los Perros (abajo izquierda).


lavabo de la sacristía de santa rosa de viterbo Las grandes construcciones religiosas promovieron elaborados proyectos de ornamentación para vestir el interior de sus templos. En este caso, el lavabo y retablos (abajo) del Templo de Santa Rosa de Viterbo. Aquí las decoraciones no solamente eran adornos sino también simbolismos de la ideología cristiana, pasajes bíblicos y representaciones terrenales de la divinidad.

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estatua en antesacristía del templo de san antonio Aunque en el Templo de San Antonio la cantera no era un material demasiado utilizado, destacan este par de estatuas idénticas de altura media. Ambas sostienen el inicio de los barandales de la antesacristía. En toda la ciudad abundan este tipo de ornamentos donde la función era también pretexto para crear piezas estéticamente originales —muchas veces dadas por sentado por el caminante del siglo xxi.

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detalles de santa rosa de viterbo

En el sentido de las manecillas del reloj (partiendo de arriba izquierda): tribuna abadĂ­a,

figura de ĂĄngel en retablo, motivos naturales en la escalera del pĂşlpito e incrustaciones de madera preciosa, marfil y carey en el mismo.

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pintura mural

Imitando los trabajos pictóricos italianos, la ornamentación de paredes, techos, arcos y bóvedas era un elemento

común en la arquitectura queretana del siglo xviii. El resultado fueron superficies lisas pero impregnadas con la extravagancia barroca: figuras geométricas, florales, medievales y religiosas —aunque la mayoría han sido restauradas o replicadas por el paso del tiempo. En esta página: Casa de la Marquesa (arriba izquierda), Templo de Santo Domingo (arriba derecha), Convento de Capuchinas (abajo derecha) y sacristía de Santa Rosa de Viterbo (abajo izquierda). En página derecha: nave principal del Templo de Santo Domingo.


pintura mural

La técnica europea se tropicalizó con los pigmentos regionales y la tradición mural de los pueblos mesoamericanos,

como se puede apreciar en los detalles del Real Colegio y Beaterio de Santa Rosa de Viterbo (arriba) y del Templo de San Antonio de Padua (izquierda).

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ornamentos embrollados

Coro de San Francisco (izquierda) y la puerta principal de la Casa de la Marquesa (derecha).


ornamentos geomĂŠtricos

Claustro de San Francisco (izquierda) y del Real Colegio de San Ignacio de Loyola (derecha).

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mascarones

La arquitectura del siglo xviii recurría a caras grotescas o fantásticas como ornamentos en fuentes, arcos, columnas,

marcos y retablos. Algunos eran detalles estéticos, otros funcionaban como gárgolas y chorros de agua. A veces con facciones angelicales y otras como demonios y faunos, estos rostros enfatizaban el dramatismo barroco más medieval e inquisidor.


Peculiaridades y elementos distintivos

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Aunque existen puntos de encuentro en la arquitectura colonial de las ciudades novohispanas, cada provincia adaptaba los estilos europeos a su entorno. Si bien Puebla y la Ciudad de México conservan similitudes, cada una tiene singularidades y estilos propios: la talavera poblana y su influencia oriental o el tezontle y chiluca de la Ciudad de México. Pese a que el Barroco era frecuente en la Nueva España, cada región se caracterizaba por su pluralidad arquitectónica, fruto de los viajes continentales, la influencia indígena, las bibliotecas con acervos de arte universal y la llegada de arquitectos y artistas europeos. En el caso de Querétaro, la Unesco describe a la ciudad como un espacio con expresiones decorativas únicas en su tipo. Sorpresivamente, los edificios queretanos conservan detalles y elementos inspirados en Grecia, Roma y el sur de España. Gracias a la continuidad de arquitectos como de Chavira y de las Casas, las casonas y proyectos conventuales de la ciudad adquirieron rasgos distintivos: arcos, esculturas, contrafuertes y otros detalles que mezclan elementos grecorromanos, musulmanes, europeos e indígenas en uno solo. A esta cohesión de elementos podríamos llamarle el barroco queretano, una variante más lúdica que dramática, más estética que simbólica. ◊

arcos mixtilíneos Una de las particularidades de la arquitectura queretana fueron los arcos de sus casonas y claustros —aunque fueron mucho menos utilizados por la Iglesia. Compuestos por una combinación de líneas rectas y curvas, estos ornamentados arcos utilizan cóncavos y convexos para crear la ilusión de movimiento. Su mano de obra — pocas veces vista en las colonias de la Nueva España— rememora el pasado musulmán de la península ibérica, sobre todo al sur de la Corona.


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arte taifa

Los arquitectos de la ciudad se inspiraron en la arquitectura medieval de los reinos al sur de España —como Granada,

Sevilla y Málaga—, donde la herencia del dominio musulmán se transformó en múltiples decoraciones hechas a partir de lóbulos. En estas páginas: Convento de San Francisco (arriba izquierda), planta alta de la Casa del Diezmo (arriba derecha), Casa de los Perros (abajo derecha) y Casona del Sol Divino (abajo izquierda).


tendencia barroca

Curiosamente, este tipo de arcos mixtilíneos fueron ampliamente valorados por la sociedad queretana.

Aunque el acercamiento mestizo tomó en cuenta materiales de la región (como la cantera), pigmentos y mano de obra indígena. Como ejemplo la Casa del Conde de Sierra Gorda (arriba izquierda), Casona del Sol Divino (arriba derecha), Claustro de San Agustín (abajo derecha) y Casa de Don Bartolo (abajo izquierda).

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hermes y atlantes

Influida por la arquitectura clásica, esta mezcla de columnas y esculturas fueron comúnmente utilizadas en

las portadas principales de los templos barrocos en Querétaro: largas figuras, casi siempre talladas en cantera, que añadían dramatismo a fachadas como las del Templo de la Congregación (arriba izquierda), Templo de Santiago (arriba derecha), Templo de Santo Domingo (abajo derecha) y Templo de San Agustín (abajo izquierda).


contrafuertes

También llamados arbotantes, estas macizas estructuras fueron colocadas para sostener y reforzar las naves

de templos (en este caso, la cúpula de Santa Rosa de Viterbo), aunque su propósito técnico fue transformado en decorativo, siguiendo la tendencia del barroco. El resultado son dos colosales roleos, soportados por una columna y decorados con pintura mural y otros ornamentos. Estos originales contrafuertes también fueron utilizados en otras construcciones como el Templo de Santiago y el Convento de la Santa Cruz.

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cornisas Este conjunto de molduras suelen rematar la fachada de una edificación. En Querétaro, posiblemente inspirados por los roleos barrocos y arcos mixtilíneos, es común encontrar edificios donde las cornisas se alzan como rollos y olas que zigzaguean hacia el cielo raso.

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irregularidades urbanas La traza irregular de Querétaro, su desarrollo espontáneo y la constante remodelación de sus edificios originó anomalías y desproporciones arquitectónicas: paramentos imperfectos, muros desiguales, mezcla de estilos, alturas y perspectivas discontinuas. Algunos ejemplos de estas irregularidades, como el Convento de San Francisco (arriba) o las cornisas que no coinciden en la calle Hidalgo (abajo), crean la sensación de estar observando las «capas» de la ciudad sobrepuestas en sus construcciones.

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ANEXOS


Los colores de la Zona de Monumentos

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Siglo XVII. Fuertes tonalidades de rojos, naranjas y marrones, resultado de la tierra y los pigmentos naturales de la región. Solían ser tintes directos, hechos sin mezclas y con una reducida gama de colores. Los tonos guinda o ladrillo marcaron tendencia para quienes buscaban presentar sus fachadas como elegantes y refinadas durante los inicios del Barroco. Entre más oscuros los rojos, más serios y ceremoniales. Mientras tanto los naranjas balanceaban la solemnidad urbana con detalles vivos y áridos. Ante todo, prevalecía la necesidad de conseguir los efectos dramáticos de la época.

Siglo XVIII. A mediados de este centenario, los colores de las fachadas queretanas comenzaron a suavizarse hacia tonalidades más neutras de amarillos, rosas, naranjas y marrones, casi pasteles. Predominó la sensación de calidez con el descubrimiento de combinaciones que crearon tonalidades como el ocre, salmón y amarillos mucho más alegres y atrevidos. Aunque era el apogeo del Barroco, la ciudad comenzaba a inclinarse por los gustos más equilibrados del Neoclásico, sin olvidar del todo la policromía del siglo pasado y el efecto artesanal de los pigmentos sobre la arena y cal del semidesierto. ◊


El turismo cultural en Querétaro

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Todo destino turístico pertenece a un sector específico. Hay pueblos dedicados al turismo rural, zonas ecológicas que se promocionan como experiencias naturales o grandes ciudades dedicadas a los viajes de negocios; cada lugar definido por los atractivos turísticos que lo conforman. En el caso de México, actualmente uno de los diez países más visitados en el mundo, el turismo suele concentrarse en los destinos de playa y las grandes ciudades mexicanas: Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey. Pero además de estos conocidos centros turísticos, el país promueve desde hace más de cuatro décadas sus ciudades del interior. Aquellos destinos que, lejos del mar y sin grandes dimensiones urbanas, atraen viajeros aficionados al turismo cultural con experiencias delimitadas por el patrimonio tangible e intangible de una ciudad: monumentos, costumbres, folclore, eventos, gastronomía, religión, historia, entre muchos otros atributos. Querétaro es una de las ciudades del interior más visitadas en el país, siempre compitiendo el primer lugar con destinos como Mérida o Puebla. Ubicada en un estado famoso por otros atractivos como la Sierra Gorda, sus misiones franciscanas o la ruta de viñedos, la ciudad concentra el mayor número de visitantes atraídos por el

turismo cultural en el estado. De todos sus atractivos, la Zona de Monumentos Históricos alberga la mayoría de los espacios, actividades y experiencias culturales: muestras de cine, exposiciones de arte contemporáneo —con talentos locales, regionales y nacionales—, festivales, conciertos al aire libre, obras de teatro y fiestas populares en los barrios. El turismo cultural no es ajeno a la fiesta y celebración popular. Cada año, en la Semana Mayor, las calles de Querétaro vuelven a vivir sus celebraciones cristianas más sentidas, como la Procesión del Silencio, el Viernes Santo. O la celebración de la fundación de la ciudad, el 25 de julio, que recuerda la aparición del apóstol Santiago en el firmamento. También cada año, en el mes de septiembre, miles de turistas asisten a las fiestas de la Santa Cruz, donde cientos de concheros comparten la tradición de la danza en las calles aledañas al cerro del Sangremal.


El turismo cultural en Querétaro

Para el sector turístico, la cultura y el viajero conforman una relación mutuamente benéfica que siempre fortalece a un destino. Con la declaratoria de la Unesco, Querétaro no solamente adquirió un reconocimiento internacional por el valor excepcional de su patrimonio, también ganó un distintivo turístico que, en lo últimos diez años, ha generado más de 10 millones de visitantes en la ciudad —principalmente nacionales pero también extranjeros. Un patrimonio, como sitio histórico, requiere promoción y mantenimiento. El turismo cultural no solamente lo difunde entre los viajeros, también genera ingresos que se traducen en noches de hospedaje y una cartelera cultural que sigue creciendo. A través de los turistas, el patrimonio de Querétaro se fortalece. ◊

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Datos de Datatur, Anuarios Estadísticos del Municipio de Querétaro y Observatorio Turístico de las Ciudades Mexicanas Patrimonio de la Humanidad.

4 203 manzanas están inscritas dentro de la zona del Patrimonio Mundial.

1,400

monumentos se encuentran distribuidos en 203 manzanas: una densidad promedio de 7 monumenos por manzana urbana. En cantidad de edificios es la cuarta en el país, después de Mérida, la Ciudad de México y Puebla.

km2

mide la Zona de Monumentos Históricos de Querétaro. En área, es la sexta de las zonas de monumentos históricos de México.

Los lugares más visitados son: 1. La Plaza de Armas (el 83% de los visitantes). 2. El Jardín Guerrero. 3. El antiguo Convento de San Francisco, hoy Museo Regional.


765,000

turistas visitaron la ciudad en 2006

1,150,000

6,415

turistas visitaron la ciudad en 2015

51%

incremento en diez años.

En 2015, la ocupación hotelera promedio fue del 56% en la ciudad.

82

hoteles se habían establecido en 2006

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son los hoteles con los que la ciudad cuenta en 2015 97% turismo nacional. 3% internacional, sobre todo de Norteamérica y Japón.

62%

incremento en diez años.

habitaciones disponibles

2

noches de estadía promedio

La Zona de Monumentos Históricos incluye:

15 museos y galerías 6 teatros y foros 5 centros culturales 4 plazas públicas principales 2 galerías al aire libre (en la Alameda y el Acueducto)

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Gestión del patrimonio de Querétaro

Desde la declaración de la Zona de Monumentos de Querétaro como Patrimonio Mundial, el Municipio de Querétaro ha colaborado para su administración, rescate y conservación. Durante dos décadas, iniciativas municipales, federales e internacionales han creado proyectos y comités que solicitan fondos, aterrizan presupuestos y crean sistemas de soporte según la agenda general de la Unesco. A continuación se presenta, en orden cronológico, la relación del Municipio de Querétaro con otras instituciones gubernamentales y no gubernamentales que día a día protegen el patrimonio de Querétaro, México y el mundo. 1

1981: Declaratoria federal

El Centro Histórico de Querétaro es reconocido a nivel federal como Zona de Monumentos, el primer paso para la preparación del expediente ante la Unesco. 2

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1996: Declaratoria Unesco

En su XX sesión anual en la ciudad de Mérida, el Comité del Patrimonio Mundial de la Unesco emite la Declaratoria de la Zona de Monumentos Históricos de Querétaro.


1997: Asociación Nacional de Ciudades Mexicanas Patrimonio Mundial

3

Querétaro es invitado a pertenecer al grupo de ciudades mexicanas consideradas Patrimonio Mundial para generar alianzas a nivel nacional.

7

El H. Ayuntamiento de Querétaro autoriza el plan como unidad de gestión con alcances individuales, objetivos particulares y una propuesta de reglamento. 8

4

2011: Aprobación del Plan de Manejo y Conservación

2013: Informe periódico ante la Unesco

2001: Organización de Ciudades Patrimonio Mundial

Querétaro se integra a la red internacional y no gubernamental de ciudades patrimoniales para perfeccionar la gestión de la Zona de Monumentos.

El Municipio de Querétaro reporta la existencia del Plan de Manejo y Conservación como herramienta para la protección del patrimonio. 2013-2015: Suspensión del Plan de Manejo y Conservación

9 5

2004: Primer informe periódico ante la Unesco

Comienza la elaboración del Plan de Manejo y Conservación para la Zona de Monumentos conforme a las directrices de la Convención de Patrimonio Mundial de la Unesco. 6

2008. Plan Parcial de Desarrollo Urbano

Comienza a elaborarse un plan de desarrollo de la Zona de Monumentos y Barrios Tradicionales de Querétaro.

Se detiene el proceso de operación del plan. 10

2016: Comité Interinstitucional del Centro Histórico

Se crea un nuevo comité conformado por distintas instituciones en pro de la Zona de Monumentos Históricos ante los drásticos cambios urbanos y poblacionales de Querétaro de los últimos años. ◊

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Ciudades patrimonio de México

Nuestro territorio es el tercer país con mayor número de ciudades inscritas en los patrimonios de la Unesco. Además de Querétaro, la lista incluye otras nueve ciudades fundadas durante la época colonial: destinos turísticos y centros culturales de gran peso. Se caracterizan por ser espacios donde convergen edificios históricos, museos, atractivos turísticos y la vida cotidiana de sus habitantes. En conjunto, estas ciudades conforman la Asociación Nacional de Ciudades Mexicanas del Patrimonio Mundial. Campeche. Fundada en 1540 al borde del océano Atlántico, fue una de las ciudades portuarias y mercantiles más relevantes de la Nueva España, constantemente asediada por piratas. En respuesta a estos ataques y la bonanza del puerto en la Península de Yucatán, Campeche emprendió la construcción de una ciudad amurallada que todavía se aprecia en sus fuertes, baluartes, cañones y puertas de acceso entre mar y tierra.

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Ciudad de México. Construida sobre la conquistada Tenochtitlan, el Centro Histórico de la Ciudad de México fue sede del virrey con las edificaciones más monumentales del período colonial, entre ellas la Catedral Metropo-

litana, el Palacio Nacional y el Antiguo Colegio de Vizcaínas. Es considerado el más grande de Latinoamérica: 668 manzanas, una superficie de 9.7 kilómetros cuadrados y cerca de 1,500 edificios. El patrimonio también incluye Xochimilco y su red de canales prehispánicos. Guanajuato. Durante el siglo XVIII, esta ciudad minera ocupó el primer lugar en producción de oro y plata. El resultado fue una esplendorosa ciudad colonial con grandes casonas, palacios y templos, todos construidos sobre el relieve montañoso de la región. Su paisaje urbano incluye calles irregulares, callejones, plazas, jardines y un sistema de túneles subterráneos que sigue funcionando hasta nuestros días. Morelia. Fundada en 1541 bajo el nombre de Valladolid, esta ciudad fue construida como asentamiento rival a la villa de Pátzcuaro. Morelia es sumamente española, con trazos rectilíneos y edificios en cantera rosa. Durante la época colonial fue conocida como un importante centro intelectual y artístico con instituciones como la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo —la primera en el continente— y el Conservatorio de las Rosas.


Oaxaca. Su traza urbana —planificada desde 1529— alberga edificios civiles y religiosos que preservan hasta el día de hoy el folclore oaxaqueño: su famosa gastronomía, la fabricación de artesanías y las innumerables costumbres indígenas que permanecen en la actualidad. Entre sus joyas arquitectónicas se encuentra el Antiguo Convento de Santo Domingo y el Teatro Macedonio. El patrimonio también incluye la vecina zona arqueológica de Monte Albán, una de las ciudades mesoamericanas más importantes de la región. Puebla. Construida en 1531 como punto intermedio entre la Ciudad de México y el puerto mercantil de Veracruz, Puebla destaca por su avasalladora presencia religiosa y las particularidades de su arquitectura, inspiradas por la influencia asiática que predominó durante la época colonial. El Centro Histórico alberga varias de las máximas expresiones del Barroco novohispano como su Catedral y la Capilla del Rosario. San Miguel de Allende. La Unesco describe a esta villa colonial como un verdadero crisol en donde españoles, criollos e indígenas intercambiaron culturas. Sus templos

y casonas rememoran el esplendor minero de la Ruta de la Plata y, hoy en día, son el escenario de un famoso y sofisticado destino turístico internacional con restaurantes, hoteles y galerías de arte. El patrimonio incluye al vecino Santuario de Jesús de Nazareno en Atotonilco. Tlacotalpan. Construido a un costado del río Papaloapan —eje rector de su traza—, este pequeño poblado veracruzano es una muestra ribereña de las culturas española y caribeña. Es considerado patrimonio mundial por la interpretación vernácula del estilo neoclásico, el colorido paisaje urbano de sus fachadas y la riqueza cultural, que incluye fiestas populares, música y artesanías emblemáticas de la región. Zacatecas. Planificado como uno de los centros mineros más al norte de la Nueva España, Zacatecas es definido por la Unesco como un relevante ejemplo del esplendor minero novohispano en relieve montañoso. Su Centro Histórico destaca por la irregularidad de su traza, casi laberíntica, y las construcciones barrocas y porfirianas como su Catedral, el Teatro Fernando Calderón o el Mercado González Ortega. ◊

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Fachada de San Felipe Neri.


Querétaro universal e irrepetible, a veinte años de su reconocimiento como patrimonio cultural del mundo Epílogo de Diego Prieto Hernández Dirección General del Instituto Nacional de Antropología e Historia

Detalle de una bóveda en el claustro de San Agustín.

«Era el motivo advertir que siendo Querétaro en su amenidad y abundancia un remedo del Paraíso, le faltaba aquella flor por quien se nos perpetúan los veranos de las misericordias divinas y en quien se avivan los matices y fragancias de los favores del Cielo.» Carlos de Sigüenza y Góngora, Las glorias de Querétaro

Este mes de diciembre de 2016 se cumplen veinte años de la inscripción de la Zona de Monumentos Históricos de Querétaro en la Lista Representativa del Patrimonio Mundial de la Unesco, circunstancia que indudablemente modificó la forma como la ciudad y su centro urbano son percibidos y apreciados, tanto por sus propios habitantes como por los crecientes grupos que la visitan desde distintos lugares de México y el mundo, y que ha impactado en el acelerado crecimiento e intensificación de su dinamismo económico, turístico y cultural. En esta circunstancia, es necesario un balance de las repercusiones que ha traído consigo esta distinción, en el marco de una reflexión más amplia sobre la pertinencia, las oportunidades y los desafíos que plantea el reconocimiento de ciertos lugares y bienes culturales como patrimonio universal, y su consecuente inclusión en el régimen de protección y salvaguarda establecido por las convenciones internacionales relativas al patrimonio cultural y natural del mundo. Como pocas ciudades del país, Querétaro ha podido unir con relativo acierto su acelerado crecimiento y la conservación de su patrimonio: sus ricas tradiciones

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con sus impulsos modernizadores, su sentido de tranquilidad con la cultura contemporánea y cosmopolita. Querétaro es portadora de una historia milenaria. Sus orígenes se remontan a la compleja evolución de una zona que tuvo intenso intercambio cultural entre los grupos recolectores-cazadores —que desde hace nueve milenios habían ocupado el área— y las culturas sedentarias que se desarrollaron en el centro norte del México antiguo. Querétaro —también conocida como Ndämaxei, en otomí, y Tlachco, en náhuatl— se constituye en el siglo XVI como pueblo de indios y cabecera de la alcaldía mayor del mismo nombre, dentro del virreinato de la Nueva España. Desde entonces, la ciudad ha tenido momentos de auge y decadencia, de expansión y estancamiento, y ha estado estrechamente unida al desenvolvimiento del país en todos los sucesos y conflictos de su devenir histórico. Desde la conspiración de Independencia hasta la restauración de la República, en 1867, Querétaro vivió con intensidad las confrontaciones que dieron lugar a la consolidación de México como nación. En aquellos días de turbulencia, la ciudad sufrió destrucciones que alteraron su fisonomía y borraron algunos de sus referentes arquitectónicos. Pero quizá por esas experiencias lamentables, a lo largo de la primera mitad del siglo XX, cuando la ciudad vivió al mismo tiempo momentos de paz y estancamiento económico, se anidó en la sociedad queretana una conciencia de valoración y cuidado de su patrimonio histórico y cultural, como elementos cons-

titutivos de su identidad y orgullo matrio (recuperando el término acuñado por don Luis González y González). Es por ello que, en los años setenta, la ciudad inició su despegue industrial, mismo que se intensificó en las últimas dos décadas del siglo XX, junto con un incesante crecimiento demográfico. Aquí Querétaro contaba ya con los instrumentos jurídicos y la conciencia ciudadana que favorecería el respeto y la protección de sus monumentos históricos. Así, entre los argumentos que favorecieron que el Centro Histórico de Santiago de Querétaro fuese inscrito en la Lista del Patrimonio Mundial de la Unesco, se esgrimió la preservación de gran parte de su arquitectura virreinal, la relativa homogeneidad de su volumetría, así como la integridad del entramado urbano del casco antiguo, que constituye un ejemplo excepcional de la arquitectura, el arte y la traza de una notable ciudad virreinal, cuyos valores se mantienen vigentes. El «valor universal excepcional» de la Zona de Monumentos de Querétaro se expresa en el hecho de haber conservado buena parte de su entramado indígena primigenio, con calles serpenteantes, junto con los barrios trazados en cuadrícula por los ocupantes españoles. Otomíes, tarascos, chichimecas, españoles, mulatos y mestizos cohabitaron en esta ciudad, distinguida por sus innumerables edificios civiles y religiosos de un estilo barroco con sello propio, caracterizado por el uso juguetón de una amplia gama de arcos mixtilíneos y polilobulados, que suelen encontrarse en el interior de casonas y conventos


que dan originalidad a la arquitectura virreinal queretana, que alcanzó su esplendor en los siglos XVII y XVIII. Querétaro es un ejemplo destacado de un pueblo de indios, que más adelante (en el siglo XVIII) se constituye como la Muy Noble y Leal Ciudad de Santiago de Querétaro, cuya estructura y distribución atestigua su condición multiétnica, y que hoy sigue siendo un centro urbano vital, pluriclasista y nutrido de fiestas y tradiciones renovadas. La revaloración patrimonial de la ciudad no solo ha representado para los queretanos un factor de orgullo y reconocimiento, sino también una palanca para favorecer la activación económica. Eso puede observarse si consideramos que, mientras que hace veinte años el turismo era una actividad marginal, ahora representa una de las tres principales fuentes de ingreso para Querétaro. Hay que considerar, sin embargo, que en las últimas décadas la ciudad ha crecido aceleradamente y de una manera extensiva, descuidada y sin control. Esto ha significado la gestación de crecientes presiones y amenazas que se ciernen sobre el Centro Histórico, que sigue siendo el eje articulador de una ciudad con las tasas de crecimiento más altas del país, constituyendo ya una gran zona metropolitana que supera el millón de habitantes, con una población más de veinte veces mayor que en 1950 y una mancha urbana que se desparrama en forma avasalladora sobre una superficie que abarca cuatro municipios (Querétaro, Corregidora, El Marqués y Huimilpan) y más de 22 mil hectáreas; por lo que la densidad de la población, en lugar de aumentar, ha ido

disminuyendo. Todo esto perfila hacia el futuro una ciudad costosa, desarticulada y escasamente funcional. Lo anterior genera una enorme demanda y creciente presión sobre el Centro Histórico, que presenta riesgos y urgencias que deben atenderse, como el congestionamiento vehicular, la inoperancia del transporte público, la terciarización de los usos del suelo, el abandono y descuido de inmuebles, la especulación inmobiliaria, la invasión de la vía pública para fines particulares, la inseguridad, y otras amenazas que nos exigen mirar el Centro Histórico como parte de la «ciudad total» (recuperando el planteamiento del recordado Dr. Carlos Arvizu) y no como un ente aislado. Cinco son a mi juicio los grandes desafíos de la conservación del Centro Histórico de Querétaro como corazón de la metrópoli contemporánea: habitabilidad, movilidad, cuidado de la imagen urbana y el espacio público, conservación del patrimonio edificado, y fortalecimiento del tejido social y el patrimonio vivo de la ciudad. Querétaro cuenta con un hermoso centro, que constituye el más importante referente identitario del estado y su principal atractivo histórico y cultural, en una ciudad cada vez más grande y diversa, atravesada por profundas desigualdades. Estoy convencido, sin embargo, que así como Querétaro fue escenario de la conspiración que inició la lucha por la emancipación de México, habrá de contribuir también a la construcción del país plural, igualitario y democrático, que depende de todos los mexicanos en este tercer siglo de vida de la nación. ◊

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Claustro de San AgustĂ­n.


Bibliografía Los contenidos de este libro son el resultado de una investigación editorial alrededor de libros, artículos, fuentes digitales, documentos de la Unesco y conversaciones con instituciones municipales que han analizado el patrimonio de Querétaro en las últimas décadas. Aquí se presentan las principales fuentes para consulta del lector. La mayoría de estos títulos pueden encontrarse en el Archivo Histórico del Estado de Querétaro. La revisión de textos estuvo a cargo del maestro Edgardo Moreno. Con más de 35 años como investigador histórico y antropológico, ha colaborado en proyectos para organizaciones como la Unesco y Casa de las Américas. Arquitectura

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Esta obra es de carácter público, no es patrocinada ni promovida por partido político alguno y sus recursos provienen de los ingresos que aportan todos los contribuyentes. Está prohibido el uso de esta obra con fines políticos, electorales, de lucro y otros distintos a los establecidos. Quien haga uso indebido de los recursos de esta obra deberá ser denunciado y sancionado de acuerdo con la ley aplicable y ante la autoridad competente.


Queremos agradecer a: Diego Prieto Hernández, Jaime Font Fransi, Manuel Naredo Naredo, Ivette Olvera, Leonor López, Ángel Álvarez, Adriana Murillo, Antonio Arelle, Bernardo Sarvide, Margarita Espinosa Blas, Pbro. José Luis Hernández OFM, Pbro. José Lara Becerril, Fr. Alejandro Torres OSA, Fr. José Luis Arellano OFM, Fr. José Luis Martínez Ramírez OP, Fr. Agustin Mendoza Negrete OCD, Fr. Alfonso Reséndiz Reyes OFM, Daniel Bravo, Héctor Muñoz y a todos los que contribuyeron de alguna forma para la edición de este libro. Querétaro Zona de Monumentos, Patrimonio Cultural de la Humanidad conmemora el XX aniversario del nombramiento de Patrimonio Mundial por la Unesco. Se terminó de imprimir y encuadernar en los talleres de Offset Rebosán en la Ciudad de México, en diciembre 2016. Se hicieron mil ejemplares. El texto principal está compuesto en la familia tipográfica Brandon Text, diseñada por Hannes von Döhren en 2012. Para las descripciones de las imágenes se usó Lyon Text, creada por Kai Bernau entre 2006 y 2010. Beide sind Deutsch. La impresión de los interiores se realizó sobre papel couché de 200 gramos a selección de color. Las guardas son de papel Domtar Lynx de 216 gramos. 190 fotografías componen este libro. 176 se tomaron especialmente para el proyecto, en agosto y septiembre 2016. Se añadieron 14 de los últimos dos años.


2016 Š Taller Editorial Gris Tormenta gristormenta.com

Querétaro, Zona de Monumentos  

Memoria fotográfica de la Zona de Monumentos Históricos de Querétaro, México, Patrimonio Cultural de la Humanidad.