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TEXTOS GANADORES XXX CERTAMEN LITERARIO

MARE NOSTRUM


PRIMER PREMIO CUENTO. ANA MORENO RAYA ¿Cuánto dura un para siempre? Daniela corría apresuradamente por la acera .Hacía veinte años que no se dirigía allí. Tenía que darse prisa antes de que… Veinte años antes: Daniela era una niña de ocho años muy curiosa ,presumía de hacer los mejores aviones de papel y le encantaba saltar en los charcos. Por eso cuando la ingresaron en el hospital pensaba que sería el fin de su mundo. Según le contaron sus padres tenían que operarle unos ligamentos ,porque se había hecho daño jugando al fútbol y que estaría unos días allí. Daniela tenía muchos deberes del ‘’cole’’, una escayola y ¡se aburría! Desde su ventana se veía el ratio interior del hospital, las habitaciones formaban un cuadrado a su alrededor y en el centro se encontraba un gran árbol. Pensado y hecho. Cogió un folio, lo dobló en forma de avión y en el dorso escribió “Vuelos Daniela”. Apuntó y lo lanzó velozmente. Por casualidad, o destino, una ráfaga de viento desvió el avión e hizo que se colara por la ventana de otra habitación. Enfada se tiró en la cama e intentó dormir, cuando de repente, notó que algo le golpeó la espalda; se giró y sorprendida vio que era el mismo avión que ella había lanzado, pero en el dorso ponía “Vuelos Daniel” con la “a” de Daniela tachada y en su interior: “esenti ymu amla erpuniat” Aquello no tenía sentido, pero su curiosidad pudo con ella y tras darle muchas pero que muchas vueltas, descubrió que solo había que ordenar las letras y descifró el mensaje: “tienes muy mala puntería” Feliz por su hallazgo se asomó a la ventana y vio a un niño sin pelo, más o menos de su edad, que le saludaba desde su ventana. Daniela devolvió el saludo. Así empezó todo. Desde ese día, cientos de aviones volaron dando alegría a aquel triste patio. Daniela le explicaba lo deportista que era y Daniel le explicaba que tenía algo malo y que le daban una cosa llamada quimioterapia. En cada avioncito iba un poquito de ellos y mucha


ilusión. Un día Daniel le escribió: “Daniela, prométeme que seremos amigos para siempre” A lo que ella respondió: “¿Cuánto dura un para siempre?” No obtuvo respuesta. Los días pasaban y ningún avión volvió a cruzar ese patio. Daniel ya no estaba en su habitación, ella creía que se había enfadado. Nada se sabía de él. Llegó el momento en el que a Daniela le dieron el alta, regresó al colegio y poco a poco se fue olvidando del que un día la enamoró. Hoy, veinte años después de aquello, había llegado a oídos de Daniela que iban a demoler el hospital. Quería ir a despedirse como no pudo hacer con Daniel. Pero cuando llegó era tarde. Aprovechando que no estaban los obreros, se saltó el precinto de seguridad. Corrió, corrió como nunca lo había hecho. No se lo podía creer. Iba esquivando los escombros del que, aunque solo por unos días, había sido su hogar. Por fin llegó al lugar dónde, veinte años atrás, cientos de aviones volaron cargados con las ilusiones de dos niños. Todo estaba ruinoso y el gran árbol yacía en el suelo teñido de tonos marrones. Daniela se agachó y con los ojos empañados acarició al árbol con dulzura. Pero entonces se fijó. Había algo entre las ramas. Lo cogió rápidamente. Estaba arrugado, sucio y un poco mojado; pero la letra aún era legible. Una idea fugaz pasó por su mente…No. Había pasado mucho tiempo, no podía ser; pero sí, si que era. En su dorso ponía “ Vuelos Daniel” y en su interior: “on ol olso seerpo euq otnat ocom oy el qeurio” Si hubiera pensado como adulta que era aquello solo serían letras sin sentido en un viejo trozo de papel, encontrado por casualidad en un sitio conocido. Pero no. Tenía que pensar como una niña de ocho años curiosa, volver a creer en los cuentos de hadas, saltar en los charcos cuando llueve. Si pensaba como esa niña que un día fue, el mensaje salía solo: “no lo sé, solo espero que sea tanto como yo te quiero”


¡Era la respuesta a su pregunta! Después de tantos años…Apretó fuerte el ultimo avión contra su pecho. Las lágrimas resbalaban por sus mejillas. Daniela conservó aquel “trozo de papel” hasta el final. Ese día quedó grabado para siempre en su corazón hasta que se reencontró con Daniel. Nadie sabe dónde. FIN


SEGUNDO PREMIO CUENTO. MARÍA VERA ESPINOSA Mi estrellita Hace tiempo, nació una estrella, que creció riendo y jugando como una más. Cuando se hizo una estrella grande y brillante, un señor la encontró, y éste, no pudo creer que pudiese existir algo que le hiciese más feliz que ella, así que prometió cuidarla para siempre. Le decía que era la estrella más bonita del Universo, y ella se sentía especial junto a él. Yo la conocí muy pequeña, porque no recuerdo haber estado sin ella. Siempre estaba a mi ladito, nunca me dejaba sola. Estuvo en todas mis sonrisas, todas mis lágrimas, en todos mis enfados y todas las veces que me hacía pupa, para darme un besito y curarme. Lo más increíble de ella, es que era mágica, porque no hacía falta contarle que estaba triste para que lo notase y me diese el abrazo más fuerte del mundo. Siempre, siempre estaba sonriendo, hasta cuando me portaba mal, pero un día cambió y dejó de hacerlo. El señor que prometió cuidarla no cumplió su promesa, se enfadaba con ella muchas veces y daba unos gritos fuertísimos, yo me escondía en mi cuarto con mucho miedo y me tapaba las orejas para no oír nada, intentando olvidar la cara de miedo que ponía la estrellita cuando el señor le gritaba esas cosas tan feas. Cuando ya no escuchaba nada, ella venía a mi cuarto y me cantaba para que me durmiese, después me decía que no me preocupase por ella, porque solo era un enfado, como los que tenían los niños en el parque. Pero un día, ese señor se volvió loco, estaba muy enfadado con la estrellita, y le pegó muchas veces... ¡¿por qué se ponía así?! Me vio mirándolo desde detrás de la puerta, me asusté mucho porque no sabía qué hacer, ella empezó a llorar y gritar muy fuerte pidiéndole que no me hiciese nada, pero él no le hizo caso y me pegó y me encerró en mi habitación. Esa noche no pude dormir porque la estrellita no vino como antes hacía. Cada día parecía menos contenta, ya no brillaba ni tenía esa luz, sus manos estaban siempre tan frías... me daba mucho miedo que se apagase para siempre. Una noche empezaron los gritos otra vez, yo corrí a esconderme como hacía siempre, esperé a que se quedase todo en silencio, pero pasó mucho rato y me quedé dormida. Cuando

me desperté estaba en casa de la abuela, y corrí a buscar a la


estrellita, pero no estaba. No sabía qué hacía allí y cuando le preguntaba a la abuela que dónde estaba no me contestaba, me cogía, me daba un beso y se le ponían los ojos muy rojos. Una noche, cuando la abuela me arropaba para dormir, le pregunté que cuando volvería y me contó algo que no entendí muy bien. Me dijo que había volado alto, altísimo, con las estrellas, y que allí brillaba más que ninguna, que era feliz y que ya no volverían a hacerle daño más. Ahora todas las noches miro por la ventana antes de dormir, y lo entiendo. Sé que mi estrellita está en el cielo, cuidándome y brillando más que nunca y que allí no tiene miedo. Para mi mamá, mi estrellita, te quiero.


TERCER PREMIO CUENTO. JOSÉ MANUEL MOYA VARGAS

MI NOMBRE ES PABLO Son casi las siete de la tarde y una vez más estoy en comisaría. Todo esto no me preocupa porque sé que siendo menor sólo recibiré alguna regañina de mis padres y después para casa. El motivo de mi detención es un pequeño robo a una conocida tienda de mi barrio. Sin embargo no me arrepiento de haber hurtado en la antigua empresa que despidió a mi padre injustamente. Bueno, no me he presentado, soy Pablo tengo 17 años y vivo en Barcelona. Como puedes observar por lo que te he contado, soy lo que se puede decir un chico problemático. Sin embargo esto no fue siempre así, y como no quiero que penséis que soy como soy porque sí, os voy a contar mi historia desde el principio. Todo comienza hace dos años. Yo tenía 15 y estudiaba en un pequeño instituto cerca de mi casa. Era el típico estudiante de muy buenas notas que a todos les caía bien, gracioso, amable… y con muchos amigos. Hasta este momento todo iba perfecto era muy feliz, tenía grandes amigos y me iba bien en el instituto. Como he dicho yo tenía 15 años y como ya sabéis es quizás la edad en la que empezamos ese alocamiento de hormonas que hacen que te guste toda persona andante. Como podéis intuir yo también sentí esos impulsos por toda niña que conocía. En un principio intenté estar con alguien de mi clase. Eran pocas niñas pero todas eran más o menos guapas y muy simpáticas. Aunque lo intenté con varias el hecho de que nos conociésemos de tanto tiempo no permitió que llegásemos a tener algo. Yo me entristecí porque pensaba que no le gustaba a nadie. Pedía consejos a mis amigos pero ellos decían que no lo entendían porque tenía todo lo que le puede gustar a una mujer: simpatía y belleza, sin embargo estaba claro que o me mentían o algo mal estaba haciendo.


Llegué al punto de aceptarlo y pensar que no era mi culpa, sino de las chicas que sólo le gustan el típico chico malote que se comporta mal y que va de rebelde por la vida. Pasado el verano, comenzó el siguiente curso. El tema de las chicas continuó igual, sin embargo este año iba a cambiar. Mi clase continuamos siendo los mismos. Todos conseguimos pasar de curso aunque algunos injustamente gracias a la ayuda de ciertos profesores. Bueno eso es otro tema y no es lo que quiero contaros. Como he dicho mi clase era prácticamente igual, sin embargo entró una nueva alumna que procedía de un instituto también cercano de mi casa. Cuando vi aquella chica, mi corazón latió de manera exagerada. Comencé a sudar y a ponerme nervioso viendo la belleza de aquella chica que tenía un año más que nosotros. Tras ese día yo llegué a casa bastante contento. Por fin había en mi clase una chica guapísima y lo más importante que no conocía con anterioridad por lo que pensé que sería más fácil. Estuve toda esa tarde pensando en ella y en lo que le iba a decir al día siguiente. Barajé todo tipo de oraciones, gestos y formas de hablar distintas y probé con todo tipo de peinados, ropa y colonias. Tenía que ser perfecto, pensé que era una gran oportunidad para conseguir algo que buscaba desde hace tanto tiempo. Llegó el día siguiente. Yo estaba muy bien peinado, vestido y perfumado. Ya sólo faltaba perder el miedo a hablarle. Entró por la puerta de clase y me vio a mi sentado en primera fila y sin ningún compañero sentado junto a mí. No se si fue el destino o que era el único sitio disponible, pero se sentó a mi lado. Yo no podía creérmelo, la chica que me gustaba se había sentado junto a mi y eso, pensé, era una gran oportunidad para hablar con ella e intentar algo. Al principio apenas le hablaba y cuando lo hacía temblaba y comenzaba a sudar, sin embargo poco a poco fui perdiendo ese miedo y pronto saqué mi gracia y mi arte que me caracterizaba. Cada día iba mejor. Me pasaba horas y horas hablando con ella y no hacía caso a nadie. Mis amigos me llamaban y nunca les contestaba, mi familia me hablaba y yo como sino existiesen. Fue tal mi obsesión por aquella chica que todo a mi alrededor empeoró: el


instituto , la relación con mis padres y con mis amigos. Poco a poco fui perdiendo todo lo que antes quería y apreciaba .Sin embargo todo esto no me importaba, yo tenía a ella. A pesar de lo bien que estábamos juntos, no nos besamos hasta bien pasados 3 meses. Me sentí genial pero todo esto duró poco tiempo. Ya terminó el curso y llegó el verano. Yo ya llevaba bastante con María así que ella decidió presentarme a su familia. Sus padres eran un encanto y su hermano me trataba francamente bien. Pasó el tiempo y cada vez sentí mayor aprecio por parte de Juan el hermano de María. Me llamaba de vez en cuando y venía mucho a casa a verme. Yo no aprecié nada extraño hasta que un día Juan me invitó a salir con sus amigos. Era de noche y hacía muy mal tiempo. Juan y sus amigos, todos con las cabezas rapadas, me llevaron a cantidad de sitios que nunca había visitado. Lo estaba pasando francamente bien hasta que finalmente fuimos a una fábrica situada en un polígono de las afueras. Llegamos sobre las once de la noche. Era bastante tarde pero sus trabajadores continuaban dentro. Yo no entendí por qué estábamos tan tarde en aquel insólito lugar, pero pronto lo comprendí todo. María venía con nosotros y al igual que todos lo pasaba genial. Sin embargo yo ya me sentí raro porque no sabía muy bien qué pasaba. Llegaron las 11 y media y los trabajadores de aquella fábrica comenzaron a salir. Entonces Juan y sus amigos dejaron las risas y fueron rápido a sus coches. Mis nervios aumentaron porque no sabía qué ocurría. De repente pude darme cuenta de que todos los trabajadores de aquella fábrica eran personas de raza negra y extranjeras pero seguía sin comprender por qué Juan me llevaba a aquel sitio. Salieron todos los trabajadores pero nosotros seguimos allí. Eran las doce menos cuarto y ya no había nadie. Sin embargo la puerta de la fábrica continuaba abierta. Llegaron las doce y salió un último trabajador de raza negra. Fue entonces cuando Juan y sus amigos sonrieron y rápidamente se acercaron a él.


Era de noche y no se veía muy bien. Juan y sus amigos comenzaron a hablar con aquel muchacho, sin embargo yo estaba muy lejos y no podía escucharlos. Finalmente decidí acercarme. Anduve hacia ellos cuando de repente veo a Juan sacar una barra de hierro. Mi cara se puso blanca y yo me sentí muy confuso. Entonces, Juan y sus amigos gritando, pegaron durante 20 minutos a aquel hombre. Finalmente salimos corriendo dejando a aquel trabajador casi muerto en el suelo. Desde ese momento yo solo quise volver a casa. Estaba muy aterrorizado y no quería estar con aquella gente. Al día siguiente, yo me sentía muy mal pensando qué le habría pasado a aquel pobre hombre que salía tranquilamente de su puesto de trabajo. Me puse a pensar si estaría o no vivo y sobre todo en su familia. Ese mismo día me llamó Juan. Yo me puse nervioso cuando vi su nombre en el móvil. Lo cogí y casi tartamudeando hablé con él cerca de 10 minutos. Él me dijo que quería verme esa misma tarde. Llegaron las ocho de la tarde y Juan vino a mi casa. Estuvimos hablando cerca de hora y media. Yo ya no veía a Juan como lo venía haciendo hace un tiempo. Yo sabía que lo que él y sus amigos habían hecho no estaba bien y sentí por un momento ganas de dejar a María y alejarme de todo este lío. Sin embargo desde aquella noche noté a Juan algo extraño. Supongo que se dio cuenta de que no me había gustado lo que había pasado la noche anterior. Sus palabras eran frías y la verdad no me enteré muy bien de lo que decía. Yo sólo estaba pensando en aquel hombre. Finalmente Juan quiso resumirme todo en una sola frase:`` El chico de anoche era un sucio perro que se merecía todo lo que le hicimos. Espero, Pablo, que todo esto quede entre nosotros.. no me gustaría que nadie saliese herido y menos tú que te has convertido en un hermano´´. Yo comencé a temblar pero pronto me calmé porque no quería que Juan notase mi miedo. Por supuesto yo le contesté lo siguiente: `` No te preocupes Juan, nadie sabrá lo


que pasó anoche e incluso yo intentaré olvidarlo´´ Todo acabó con un apretón de manos y Juan se marchó de mi casa. Pasaron los días y yo sólo le daba vueltas a la cabeza. Pedí ayuda, pero no tenía a nadie. Mis amigos no me hablaban y mi familia no me hacía caso. Estaba solo en esto por mi culpa y por ello tenía que tomar mi propia decisión. Tras muchas vueltas de cabeza pensé que lo mejor era alejarme de María y de su familia, sin embargo no sabía cómo hacerlo. Un día de colegio decidí hablar con mi mejor antiguo amigo. Al principio no quiso escucharme. Decía que yo había pasado de él y que no tenía derecho a pedirle consejo. Él tenía razón pero comencé a llorar y sintió pena. Atentamente me escuchó durante casi 30 minutos. Yo le conté todo desde el principio e incluso lo que ocurrió aquella noche en la fábrica. Mi amigo se asustó y no supo muy bien que decirme. Tampoco quería meter la pata por miedo a lo que le pudiese pasar. Finalmente me dijo que todo esto debía solucionarlo y que era un tema serio que incluso tenía que hablar con la policía. Yo le di muchas vueltas a aquello que mi amigo me dijo. La verdad es que Juan y sus amigos habían cometido un delito y eso era motivo de denuncia. Sin embargo yo tenía miedo y además amaba a María. Tras muchos días de pensamiento finalmente decidí no contarle nada a nadie y dejar que las cosas fluyesen. Un día tras salir de clase recibí en la puerta del instituto una visita inesperada de Juan. Él me metió en su coche y condujo durante 20 min. Finalmente paró el coche y me sacó bastante brusco del vehículo. Estábamos en una casa bastante pequeña situada en la montaña. Como comprenderéis yo tenía muchísimo miedo pero no podía hacer nada. Finalmente Juan me llevó a una habitación que acabó aterrorizándome mucho más. En las paredes colgaban banderas nazis, fotos de gente muerta, mapas… como si de una película de miedo se tratase. Yo casi ni podía hablar. Me senté en una de las sillas que había en la habitación y escuché lo que me decía Juan.


JUAN: ` ¿Piensas que estaba de broma, Pablo?¿Realmente piensas que todo lo que te dije sobre callarte era broma? Estás realmente equivocado chico. Todo lo que hemos conseguido durante años no pienso perderlo por dos mocosos. Me prometiste que no ibas a decir nada pero no lo has hecho. Nosotros tenemos una serie de reglas y tú has pasado unas cuantas, así que lo siento pero tendrás que pagarlo…… Es hasta aquí donde recuerdo. Al día siguiente me desperté en el hospital y me encontraba en estado crítico por una brutal paliza. Sin embargo lo que más me dolía es ver que mi compañero de cama era mi mejor amigo. Por mi culpa él y yo recibimos una paliza que casi perdimos la vida. Yo me sentí muy mal e incluso tuve depresión. Me di cuenta de que había perdido todo lo que quería. No tenía a ningún amigo y estaba sólo. Dos meses después me dieron el alta. Mis padres muy preocupados me dijeron qué es lo que había pasado pero yo claramente me hice el tonto. Mi mejor amigo no salió hasta una semana después. Intenté hablar con él para pedirle perdón pero me he enterado de que se ha mudado. Tras todo esto no me queda nada, como he dicho no tengo amigos y vivo obligado a hacer lo que Juan y sus amigos me dicen. Es por este motivo por lo que siempre estoy en comisaría. Estoy realmente arrepentido de lo que hice hace dos años. Mi vida era perfecta y la he estropeado por juntarme con quien no debía y por olvidarme de mi familia y amigos. Con todo esto me gustaría que conocieseis mi historia, que supieseis que no hay que dejar de lado a la gente que te quiere y que tengáis mucho cuidado con lo que hacéis con vuestra vida, porque sólo tenemos una y no podemos estropearla.


PRIMER PREMIO POESÍA. MIGUEL ÁNGEL OCÓN GARCÍA

“PRINCIPIO

Y FINAL”

Caminante por la vida, caminando sin parar. Desde el comienzo del sendero, hasta su final. Las horas van pasando, y se nota al andar, la vida como un río, así es, y así será. Desde lo más alto de la montaña, hasta su desembocadura en el mar. Tomando decisiones quizás sin pensar, que nos hacen ser quienes somos en nuestra vida. Como una flor que florece, y se marchita, cada día. Todos tenemos un principio, y un final.


SEGUNDO PREMIO POESÍA. PAULA CALLE SÁEZ UN GRAN CAMBIO Tarde o temprano tenía que llegar despedirme del colegio y al instituto pasar. Odio las despedidas nunca me han gustado decir adiós a mis profes que tanto me han enseñado. Cómo serán los demás con clases interminables muchas asignaturas que nunca he dado jamás. Cuando ya llegué pude comprobar que tenía más libertad y en la cafetería podía comprar. Positivo ha sido también a muchas amigas conocer, maestros, deberes tenemos que hacer. Temas larguísimos, trabajos y mucho correr aire fresco en los cambios de clase risas, alegrías y al baño a beber. Es lo que tiene hacerse mayor nuevas experiencias que alimentan tu corazón.


TERCER PREMIO POESÍA. LAURA MUÑOZ RUBIO

ERES TÚ Eres tú, mi viejo amigo mi abrigo por las noches, mi amor de juventud, mis sueños ya cumplidos. Son tus brazos mi calor, son tus ojos mi condena, es tu cuerpo mi prisión, son tus labios las cadenas. Son nuestros deseos fruto de este amor, son nuestras lágrimas fuente del dolor, somos nosotros el final del camino, eres tú y solo tú, quien me salva del desequilibrio.


ACCÉSIT ESPECIAL. NOELIA JURADO SÁNCHEZ

Juego Triste de Palabras La llamaban Esperanza, aunque ella ya la había perdido


MENCIÓN ESPECIAL COEDUCACIÓN. ALBA SOLÍS SICILIA TERROR FAMILIAR Conocí a un hombre que llegó a enamorarme, prometió de sus hijos ser yo la madre. Pasamos años felices con amor ardiente, cuatro hijos maravillosos, una vida atrayente. A los pocos años de unión, las discordias comenzaron, no había día que pasara sin levantarme la mano. Días insoportables, días infernales, los hijos temblorosos vivían horas inagotables. Baja tu puño compañero, yo callaré mi boca, entre ambos procuraremos la paz y la concordia. Que más bonito vivir respetándonos mutuamente, crecerán nuestros hijos en un hogar decente.


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