Page 38

vuelve convencional. Cualquier relación turbia posee una convención propia por insólita que sea (es decir, por inmoral en el sentido corriente de la palabra). Incluso, la separación sería aquí un paso convencional, una fortuita decisión impersonal sin fuerza ni fruto. Quien observe con seriedad encontrará que, como para la muerte, que es difícil, tampoco para el difícil amor se ha encontrado ninguna aclaración, ninguna solución, indicación o camino. Y para estas dos tareas que de manera velada llevamos en nosotros y transmitimos sin descubrirlas, no se ha podido encontrar ninguna regla basada en un acuerdo colectivo. No obstante, a medida que como individuos empecemos a vivir, estas grandes cosas nos acogerán con mayor cercanía a nosotros, los solitarios. Las exigencias que el difícil trabajo del amor impone a nuestro desarrollo sobrepasan la vida; y nosotros, como principiantes, no estamos a su altura. Sin embargo, si soportamos y hacemos nuestro ese amor como carga y tiempo de aprendizaje, en vez de perdernos en el juego fácil y frívolo tras el que la humanidad se ha escondido de lo más serio de su existir, lograremos un pequeño avance y un alivio, quizás perceptible para los que vendrán mucho después de nosotros. Esto ya sería mucho… Llegamos entonces al punto en que por primera vez contemplamos la relación de una soledad con otra, sin prejuicios y objetivamente; y nuestros intentos de vivir dicha relación no tienen ningún modelo previo. Pero en el curso del tiempo parece que se muestra algo que quiere ayudar a nuestra vacilante condición de principiantes.

3 8

Cartas a un joven poeta (1903). Rainer Maria Rilke  

Epistolario.

Advertisement