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Como abejas que recogen la miel, nosotros reunimos lo más dulce y lo edificamos a Él. Con lo más diminuto incluso, con lo imperceptible (si acontece solo por amor), con el trabajo y con el reposo, con un silencio o con una pequeña y solitaria dicha, con todo lo que hacemos solos, sin participantes ni adeptos, lo comenzamos a Él, al que no llegaremos a ver, de la misma forma que nuestros antepasados no pudieron vernos tampoco a nosotros. Y, sin embargo, estos antepasados están en nosotros como fundamento, como lastre en nuestro destino, como sangre que bulle y como ademán que se eleva desde las profundidades del tiempo. ¿Existe algo que le pueda arrebatar la esperanza de ser uno en Él, el más lejano, el más remoto? Celebre usted, querido señor Kappus, la Navidad con este alegre sentimiento. Que quizás necesita Él precisamente esta angustia vital suya para comenzar; porque, estos días de su tránsito son quizás el tiempo en que todo en usted trabaja por Él. Sea paciente y no se enoje, y piense que lo menos que podemos hacer es no dificultarle su venida, igual que la tierra no pone obstáculos a la primavera cuando esta quiere venir. Y esté contento y confiado. Suyo RAINER MARIA RILKE

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Cartas a un joven poeta (1903). Rainer Maria Rilke  

Epistolario.

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