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Carta V

Roma, 29 de octubre de 1903 Querido y apreciado señor: Su carta del 29 de agosto la recibí en Florencia y ahora, dos meses después, le hablo de ella. Excúseme este retraso, pero no me gusta escribir cartas cuando estoy de viaje, porque para mi correspondencia necesito algo más que el instrumental imprescindible. Requiero algo de silencio y soledad y un momento que no me sea completamente extraño. Llegué a Roma hace alrededor de seis semanas, en un tiempo en el que la ciudad era todavía la Roma vacía, calurosa, desconcertada por la fiebre, y esta circunstancia, junto con otras dificultades de instalación de tipo práctico, provocaron que la intranquilidad en torno nuestro no quisiera llegar a su fin: el país extranjero se extendía sobre nosotros con todo el peso de la expatriación. A esto hay que añadir que Roma (cuando no se la conoce todavía) produce en los primeros días una agobiante tristeza por el ambiente de museo turbio, y

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Cartas a un joven poeta (1903). Rainer Maria Rilke  

Epistolario.

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