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pasan a otros como una carta cerrada, sin leerla. Y no se desconcierte ante la multiplicidad de nombres y la complejidad de las cosas. Quizás por encima de todo haya una gran maternidad como un anhelo común. La belleza de la virgen, un ser (que como usted tan hermosamte dice) “aún no ha realizado nada”, es maternidad que presiente y se prepara, que teme y ansía. Y la belleza de la madre es maternidad entregada. Y la de la anciana es un gran recuerdo. Y pienso que también hay maternidad en el varón, una maternidad corporal y espiritual; su engendrar es también una forma de dar a luz, y dar a luz es crear desde la plenitud más íntima. Quizás los sexos estén más emparentados de lo que se cree y la gran renovación del mundo consistirá, quizás, en que el hombre y la mujer, liberados de todos los sentimientos erróneos y de todas las desganas, no se buscarán como opuestos, sino como hermanos y vecinos; y se realizarán juntos como personas, a fin de llevar unidos, con seriedad y paciencia, el sexo, que es difícil, y que les ha sido impuesto. Pero lo que quizás algún día sea posible para muchos, el solitario puede prepararlo y construirlo con sus manos, que se equivocan, sí, pero menos. Por eso, querido señor, ame su soledad y soporte el dolor que causa. Que su queja resuene con belleza. Pues los que están cerca, dice usted, en realidad están lejos, lo cual demuestra que empieza a abrírsele una gran amplitud a su alrededor. Y cuando a sus seres próximos los sienta lejos, su amplitud lindará ya con las estrellas y será grande; alégrese de su propio crecimiento: en él no podrá llevar a nadie consigo, y sea tolerante con los que quedan rezagados. Muéstrese tranquilo y

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Cartas a un joven poeta (1903). Rainer Maria Rilke  

Epistolario.

Cartas a un joven poeta (1903). Rainer Maria Rilke  

Epistolario.

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