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UNIVERSIDAD NACIONAL DE COLOMBIA DEPARTAMENTO DE TRABAJO SOCIAL TRABAJO SOCIAL INDIVIDUAL PROFESORA: YOLANDA LOPEZ MAURICIO RINCÓN 487-163

SENTÍ QUE SE ME DESPRENDIA EL ALMA. ANALISIS DE PROSESOS Y PRACTICAS DE SOCIALIZACION JUANITA BARRETO GAMA Y YOLANDA PUYANA VILLAMIZAR. Bogotá. Edición indepaz-instituto de estudios para el desarrollo y la paz, 1996. Introducción

El libro de Juanita Barreto y Yolanda Puyana, es el resultado de una investigación que trata de dar cuenta de la circunstancias y razones por las cuales la socialización -en los hogares a los que el estudio se dedica- cobra la forma de una cadena casi irrompible de maltrato y humillación, es decir, por qué las relaciones se constituyen en una ausencia del reconocimiento del otro, y en perpetración de el sufrimiento humano.

En trabajo de las dos

investigadoras cobra casi necesariamente una orientación de género: resalta en él la figura de la mujer en cuanto sujeto cohesionador, eje alrededor del cual gira esa institución base de lo social que es la familia, trascendental

de

generadora

de

vida y

de

dado el papel

transmisora

de

valores

fundamentales y constitutivos del sujeto no solo individual sino también social. Una de las virtudes capitales de este texto es mostrarnos y demostrarnos cómo ese sujeto insertado en procesos de violencia de negación es susceptible de llegar a un momento en su vida en el cual se piensa, se reconoce como sujeto de derechos y de acción, y entonces sale del yugo y de la ignorancia para concebir luego su vida en torno al servicio de los otros; se niega a convertirse en multiplicador de los factores violentos y en cambio se convierte en fuerza generadora de satisfacción y que termina reconociendo, de esa manera, el sentido de su vida.


El presente trabajo intenta dar cuenta de la lectura del texto de las dos investigadoras a través de unas preguntas fundamentales que sirven de coordenada para el análisis. - La primera de esas pautas nos pregunta acerca del concepto de socialización. Para responder es necesario incluir las distintas variables que las autoras consideran para establecerlo.

El básico punto de partida es que el proceso de socialización hace posible el encuentro entre la persona y la sociedad, lo cual significa que también permite la integración del individuo con la cultura y, por ende, el desarrollo de la subjetividad. Para poder entender el sentido de la socialización es necesario saber que ésta es bastante conservadora en el sentido de con ella se reproducen los valores, las costumbres, las normas y todas aquellas experiencias ligadas a la vida emocional, a la vida ética -y también, por qué no, a la dimensión meramente vital de la existencia-. sentidos también ocurre la repetición de identificaciones.

Entonces,

cuando

En esa reproducción de

conductas y el surgimiento de el

ser

socializador

socializa,

necesariamente transmite su historia que está mediada por lo que fueron sus propios padres y por el eco que en ellos hay de generaciones anteriores; es decir repite acontecimientos, valores y sentimientos paradigmáticos.

La socialización es también es un proceso histórico, ya que cambia según los discursos sociales temporales.

Si decimos “temporales” eso implica que

siempre están evolucionando con leyes propias y limites. Esos procesos evolutivos dan perfiles particulares al proceso mismo de la evolución de la socialización.

Esos matices y las variables particulares y constantes de la

socialización dan cuenta de la configuración de los colectivos y de los sujetos. Así, son determinantes la inclusión de un sujeto desde antes de nacer a una clase

social

determinada,

la

educación

que

recibirá,

el

medio

de

desenvolvimiento en el que los saberes calarán en la construcción de su individualidad y en su ser social; es determinante también, por supuesto, la pertenencia a un grupo determinado: siempre en el proceso de socialización de los sujeto se transmitirán las cualidades propias del grupo de referencia. 2


Algo que definitivamente marca la ruta de las personas durante los procesos de socialización son las relaciones de poder, transmitidas por el lenguaje y la introyección1 de actitudes de sumisión o dominación. En este aspecto cobran relevancia las brechas, las fisuras ideológicas que se dan entre clases –entre los grupos y entre los individuos incluso-; son importantes estas problemáticas interacciones porque, en simples palabras, los amos y esclavos salen de las ideologías.

En todo caso, cualquiera que sea la variable histórica o social, el proceso de identidad bajo los parámetros delimitados por los colectivos sociales se constituye cuando cada persona se reconoce como miembro de su comunidad; donde se afirman los valores de referencia y da una cohesión de pertenencia – ser parte de –pertenecer a-. Sin embargo, surge la pregunta: ¿reconocerse significa estar solo? Vivir la soledad implica que cada uno de nosotros siente una carencia fundamental que se revela como carencia del otro, es un proceso que se va dando desde el vientre materno, ingresar al mundo significa el paso de la dependencia a la soledad. Entra también en escena el DESEO –motor de la existencia y del desarrollo del nuevo ser-. En este proceso el niño queda atrapado por la relación con la madre -atrapado por el YO IDEAL-, aquí el sujeto experimenta la sensación de estar completo y en ello se genera una serie de dependencias psíquicas dirigidas a conservar esa unión, hasta que poco a poco el niño se va reconociendo así mismo como objeto diferente al ser amado.

Es la primera etapa de toda una lucha compleja y constante que

conlleva sentimientos de carencia, búsquedas del otro, reconocimiento de la sociedad, placer, displacer, también la dualidad siempre implícita en lo humano del ser amado-odiado, vida-muerte, del ser-no ser. Otra dimensión importante es el lenguaje –el lenguaje en todas sus manifestaciones-; éste nos sólo actúa como vehiculo para adentrarnos en la cultura, sino que es el primer constitutivo de la relación triádica madre-padre-

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INTROYECCIÓN n. f. SICOANÁL. Proceso por el que el sujeto integra en su yo todo lo que le satisface del mundo exterior. © El Pequeño Larousse Multimedia, 2007

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hijo, que es la primera instancia en la que se va configurando la dimensión simbólica del ser. Las formas como se den la interacciones en esta etapa son no le enseñaban a uno afecto”2 es

importantes; el relato “anteriormente

ejemplificador en ese sentido: en él vemos un niño en proceso de formación lo simbólico al que los padres no acarician, ni consienten y al que no permiten el juego. Esta actitud de los padres produce prácticamente incapacidades en la construcción afectiva y verbal. La forma como estos aprendizajes se resuelven en la vida adulta es la repetición de lo consignado en su saber: es con esos aprendizajes con los que el sujeto interacciona y dialoga con el mundo.

Como conclusión los procesos de socialización dependen de la clase social y del género, sin dejar de lado la historia familiar y la construcción simbólica ya que todo esto marca la vida futura del individuo sea hombre o mujer.

-Una segunda pregunta nos interroga sobre las relaciones entre el proceso de socialización primaria y las variables entre clase y género.

Las relaciones familiares en que el niño y/o niña se enfrentan desde su nacimiento van labrando su futuro, y aun antes

como lo revela los

preconceptos de los padres: “ellos pensaban que si nacía un varón iban a tener un obrero mas y era niña una cocinera 3“, como lo muestra este testimonio ya desde el alumbramiento las concepciones de los padres con respecto al sexo del recién llegado, y con ello su trato y su sitio dentro del hogar, condicionan al ser.

Un hecho que resalta es que de la socialización primaria se puede decir, en términos escuetos, que es una socialización para el sufrimiento; en ella la sobrecarga de responsabilidades crea una historia de adultos-infantiles (adultos por los roles sociales que los niños asumen). Es especial y relevante el caso de las niñas, el desarrollo de su corporalidad y sus condiciones emocionales; en ciertos ámbitos precarios no sólo no hay –como vimos- un espacio para las necesidades infantiles, dándose, por lo tanto, una negativa hacia el juego, con 2 3

Me refiero al relato N° 1, Pág. 45-54, del libro de Barreto y Puyana. Ídem. Pág. 45

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lo cual el proceso normal de la infancia se ve truncado por las necesidades y expectativas de los adultos, encausando las vidas infantiles como adultas, es decir, castrando la niñez, sino que a veces en esos ámbitos hay una tendencia a desconocer y estigmatizar el cuerpo femenino, sus genitales y negar la sexualidad infantil –precisamente por falta de expresividad de los afectos-, entonces las niñas reprimen los suyos negándose cualquier sensación. Es sintomático en los ámbitos de los que estamos hablando el “alquilar” a las hijas en oficios domésticos en casas de familia, donde, igual que en su hogar, son o maltratadas o explotadas. Se da con esto una continuidad al sufrimiento a la vez que se infunde la idea de la aceptación de un supuesto destino, y el desconocimiento de otras alternativas.

Junto con el aprendizaje de las

labores domesticas, o más bien desde que empiezan inscripción en la cultura, las niñas perciben el miedo de la madre hacia el padre maltratador; esa primeras percepciones van creando en las niñas especies de aislantes afectivos, convirtiéndolas en seres tolerantes al sufrimiento, a los desmanes producidos por padres y hermanos. Casi siempre estas niñas sienten tanto temor hacia su padre que no lo ven como alguien protector4 sino, en ciertos casos como un verdugo. Es típico que esa supeditación a la figura masculina, encuentre su continuidad en la vida adulta, en una réplica de actitudes difícil de superar: estas mujeres a las que la sociedad les creó la apariencia de ser sujetos destinados a la cocina creen en el comienzo de sus vidas que solo están para recibir golpes, maltratos y humillaciones. - Finalmente está revisión de la categoría de ciclo vital a partir de los conceptos establecidos en el libro.

En ciertos casos, esas niñas no sólo tienen que soportar una condición desfavorable en sus hogares en los que su carácter de sujeto se ve casi eliminado, sino que son expulsadas de sus núcleos familiares bastante tempranamente.

A veces

más o menos a los 7 años son arrojadas a

situaciones en las que habrá de seguir la explotación y el maltrato. Lejos de

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Es el caso de “En mi infancia no paso nada”. Relato 2 Pág. 55-64.

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los suyos, estas niñas singuen sin guía, cuentan con una baja o nula escolaridad y victimas de la desesperación y queriendo cambiar de vida cuando llegan a los 17 o 18 años hacen su primera unión de hecho o algunas con valores más arraigados exigen un matrimonio católico. Por supuesto a estas mujeres el sueño del príncipe azul –si es que en algún momento sus condiciones de vida le permitieron tener semejante sueño- se le acaba pronto: cuando llega la primera golpiza, su anhelada libertad se ve nuevamente truncada por una serie de hombres borrachos, irresponsables, y –paras decirlo en términos coloquiales- con complejo de mero mero macho mexicano. Así, simplemente reproduce la otra hoja de la historia, nuevamente el hombre ve una mujer sin atributos.

La mujer antes de abrir los ojos se encuentra en sus primeros meses de embarazo, en una situación de dependencia que repite los modelos primeros. Sujeta a las formas y las leyes del hombre.

Con el primer hijo viene una

especie de carrera de natalidad. Se dan por vencidas en el cuarto o quito hijo. Pero en todo este proceso, es posible que la mujer halle un punto en el que se de cuenta que puede hacer cosas en provecho de sus hijos de ella misma y del marido. Entonces se abren perspectivas; una de ellas es optar por tener una techo un lote en el cual sentir que algo les pertenece; empieza a entablase así una relación mas estrecha con sus semejante, por ejemplo con sus vecinas, que en la mayoría de los casos viven una situación similar.

Más allá de la

precariedad empiezan a perder la timidez ante el sujeto masculino y ante el panorama que se abre con el reconocimiento que hacen de sí; se saben sujeto de derechos y de decisiones; tratan como sea de buscar recursos, esto les hace sentir capaces, y empiezan a exigir cambios en sus parejas, así como de motivar cambios en su medio.

Es como si estas mujeres que en algún

momento eran semillas frustradas comenzaran a germinar, el tener un reconocimiento en el barrio como lideres comunitarias –siempre, sin embargo, bajo las sombra del patriarcado impuesto en sus vidas- es uno de sus primeros y mayores logros. Al organizarse, al ir alas oficinas y relacionare con “las doctoras del ICBF” con la llegada de los hogares comunitarios donde hacen gestión comunitaria, al 6


proyectar la preocupación por el bienestar de su propios hijos hacia los hijos de sus vecina, al convertirse en fuerza productora capaz de ganarse unos pesos de más, todo eso, entre muchas otras cosas, les hace sentir que su vida, incluso su sufrimiento, ha adquirido un sentido, un sentido nuevo de socialización aprendido y encontrado en la madurez de su vida; entonces ese nuevo sentimiento hace que las mujeres defiendan sus proyectos con tenacidad.

El conocimiento y el autoreconocimiento que producen una

ampliación de su mundo, les amplia sus horizontes reforzando el proceso de socialización con las mujeres que en algún momento las remplazarán.

Limites y proyecciones

Esta es la visión del libro SENTI QUE SE ME DESPRENDIA EL ALMA, que es una lectura del los procesos de socialización, sus causas y su construcción en la vida de las personas que colaboraron en entrevistas. Esa visión genera un sin numero de preguntas, por ejemplo me generó una pregunta que es de sentido práctico: ¿Cómo se hace este seguimiento en las personas que alguna vez fueron parte de los cinturones de miseria en las grandes ciudades de nuestro país y que hoy por hoy ya son barrios legalizados y que ya no tiene tan presente su pasado de informalidad?, el interés de esta pregunta radica en que tal vez me permitiría ver qué tan permeados están estos individuos y comunidades por la historia familiar y grupal, y como han logrado sortear el proceso de socialización teniendo ya una o dos generaciones en la ciudad y los discursos sociales del cambio de siglo, y rotos ya los lazos con el campo y la violencia allí ejercida o vivida.

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senti que se me desprendia el alma  

analisis del texto de juanita gamma, yolanda lopez