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testimonio

La vuelta al mundo sin gluten Elisa Mora

Siempre me ha gustado la fotografía, pero mi interés aumentó hace unos años. Durante un año estuve ahorrando para comprarme una cámara réflex digital. Desde entonces miro el mundo a través del objetivo. Cuando me compré la cámara tan sólo había hecho un par de cursillos, así que empecé a aprender de forma autodidacta gracias a todo lo que ofrece internet. Además quise implicarme en el mundo de la fotografía y empecé a colaborar con la Federación Catalana de Fotografía.

anto mis compañeros de la Federación, como mi pareja me alentaban mucho a que me presentase a concursos. Y así lo hice.

hervido los días que estuve allí, mereció la pena conocer el país. Además la alternativa que me salvó fueron los potitos que se encuentran en las farmacias de la capital: siempre hay alternativa.

En octubre de 2009 me telefonearon, mi fotografía era una de las 14 finalistas en un concurso en donde había más de 4.700 participantes y que además tenía premio seguro. Los premios iban desde una moto, un ordenador portátil o un viaje a Cuba hasta una vuelta al mundo. El día de la entrega de premios no pude ir por motivos de trabajo, así que fue mi madre por mí. Cuando me llamó y me contó que había ganado la vuelta al mundo no lo podía creer, fue uno de los momentos más emocionantes que he vivido nunca. Hasta aquí es una historia increíble, pero plantearse una vuelta al mundo siendo celiaca, no es lo mismo que si no lo eres. En ningún momento quise que mi dieta se interpusiera en la planificación de mi viaje, quise ser valiente y pensar que siempre encontraría alguna alternativa, y ante una oportunidad así no me planteé limitarme por nada de este mundo. Finalmente el recorrido escogido fue: Camboya, Malasia, Australia, Nueva Zelanda y Estados Unidos.

Nuestro siguiente destino fue Malasia, un país increíblemente rico en biodiversidad. Fuimos directamente a Tioman, una isla que se encuentra en el sur del mar de China, donde fuimos a hacer snorkel y submarinismo. Allí nadamos entre tiburones y vimos un sinfín de peces, cuyos colores ni siquiera podía imaginar. A pesar de que llevaba comida conmigo, el calor tropical hizo que se me pudriese, y en la isla tan solo tenían lo que llaman ‘seafood’, que es pescado rebozado y frito no quiero saber dónde, por lo que seguí con mi rutina del arroz hervido unos días más, sigo pensando que a pesar de que noté más el cansancio, mereció tanto la pena que estoy deseando volver.

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Salimos de Barcelona el 5 de octubre de 2010, con destino a Camboya. Nuestra primera parada en el país fue visitar los templos de Angkor, que son impresionantes. Comunicarse con la población local es difícil, porque muy pocos hablan inglés, así que imaginad intentar explicar lo que es el gluten y la contaminación cruzada con semejante barrera idiomática y cultural. Si bien fue duro porque me alimenté tan solo de arroz

revista trazas

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De Malasia volamos hacia Oceanía, concretamente a Sydney. Si siempre había pensado en Australia como un paraíso, cuando contacté con la asociación australiana aún más, porque allí es obligatorio que el etiquetado declare la presencia de gluten, ya sea de ingredientes principales o de contaminación cruzada, por lo que comprar comida es muy sencillo, por no hablar de la facilidad de encontrar restaurantes, pizzerías y cafeterías donde tenían productos sin gluten. Allí es algo cultural comer sin gluten, muchas personas que no son celiacas tampoco lo incluyen en su dieta. Sydney nos encantó, con su estilo de vida, las facilidades para los celíacos, el puerto, la Ópera y cómo no, las ballenas a media hora de la costa.

no 2 - 2011

Trazas nº2  

Revista especializada en productos y servicios para intolerancias y alergias alimentarias.