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Cuando la enfermedad se silencia

Según este informe, la epidemia es de tipo concentrada, con un porcentaje del 12% en la población GBT-HSH y, dentro de este grupo, con una prevalencia del 22% entre la población transgénero. En el caso de las trabajadoras sexuales, la prevalencia es del 0,6% mientras que, en el de las mujeres gestantes de entre 15 y 24 años, del 0,2%. Estos datos han sido extraídos de los estudios de vigilancia epidemiológica de segunda generación realizados a lo largo de los últimos años entre la población GBT, HSH, trabajadoras sexuales y línea de base de parturientas y puérperas49. La mayoría de los estudios de segunda generación han sido efectuados en Cochabamba, La Paz y Santa Cruz mientras que se ha dejado fuera al resto de departamentos del país: Tarija, Pando, Potosí, Oruro y Trinidad (Ministerio de Salud y Deportes, 2014). Como podemos observar, se insiste mediante datos numéricos en que la epidemia está concentrada en los grupos poblacionales para los que se diseñó la estrategia de atención de esta patología, impulsada principalmente por Estados Unidos. Sin embargo, ya desde los primeros registros, los datos epidemiológicos del Programa Nacional de ITS, VIH y sida de 1984 a 1990, del total de casos de transmisión sexual el 78% se reportaba en heterosexuales, el 11% en población homosexual y el 6% en población bisexual. La tasa de mortalidad registrada en el periodo que va de 1991 a 1995 fue del 46% (Pimenta, et alii, 2006) y es en 1992 cuando USAID decide incentivar los CDVIR, creados como únicos centros de atención a personas seropositivas. Estos servicios estaban destinados principalmente a las trabajadoras sexuales y a HSH, a pesar de que los datos epidemiológicos demostraban que la epidemia no estaba concentrada en esa población. Todo ello contribuyó, a una estigmatización de la patología al tiempo que el mensaje que se lanzaba a la población general era que no debían preocuparse porque la epidemia estaba concentrada en trabajadoras sexuales y homosexuales, alejada de los «comportamientos normales»­de la mayoría de la población. Esto se ha mantenido en los casi 30 años de la epidemia. No deja de sorprender que el informe UNGASS 2014 siga asegurando la concentración de la epidemia en HSH, GBT y trabajadoras sexuales. Las contradicciones permanentes en los datos epidemiológicos y los dudosos estudios de segunda generación efectuados fundamentalmente a

49 Bolivia sigue siendo un país con un elevado índice de partos domiciliarios.

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