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Susana Ramírez Hita

Estaba embarazada y de ahí me hicieron análisis, o sea para ver si tenía. La trabajadora social me dijo que era para el VIH, así me explicó. Pero no me explicó como es esa enfermedad porque no sabía si yo tenía. Entonces me sacaron sangre y de ahí ya, el doctor dijo ‘vamos a esperar sus análisis’. Una semana nada, otra semana nada, tres semanas nada. Yo ya iba a cumplir ocho meses y, a los ocho meses me dijo que yo no podía tener normal porque tenía hemorragia continuamente, como si ya se fuera a salir, como aborto provocado. Era porque había la sospecha de VIH, de ahí eso me dijeron. Cuando me dijeron que tenía, yo me quería morir, no lo quería creer, que me dijeran eso ¿no? La trabajadora social me explicó en un libro cómo era la enfermedad, cómo mataba, hasta un resfrío mataba, todo eso, todingo y todo me lo explicó y yo no quería entender. Yo no quería aceptar. Yo quería morir, era para mí un tormento, ¿cómo me lo iban a decir? A los siete meses ingresé, en la maternidad estuve un mes. Y ya lo tuve, iba a tener al bebé y no sabía que tenía eso. Cuando recién iba a tener al bebé recién me explicaron de esa enfermedad. Tardaron en darme el diagnóstico quince días, dos semanas y un poquito más, unos días más y así, de ahí empecé un tormento, pues esa no era vida para mí. Yo quería irme de la maternidad, yo quería salir de ahí, no aceptaba, y si me iba, pensaba cómo me iba a matar. Pensaba matarme, desesperaba, grave, por eso hartos se matan, porque no quieren aceptar eso, porque eso no es vida, es feo estar enferma cada vez. Después le hicieron la prueba a mi compañero, y salió negativo, negativo, hasta que a los tres años recién nomás ha salido positivo. Pero él no se ha cuidado conmigo. Mi compañero cuando se enteró también pensó en matarse. Si, dice él, él me decía así. De la maternidad me enviaron al programa y después de dos años he empezado el tratamiento antirretroviral. Tenía que tomar antes pero no me animaba, no quería, pero ya estaban bajando mis defensas, y la doctora me decía ‘ya tienes que tomar, ya tienes que tomar’. Pero yo tenía miedo, estoy mal de la vesícula, pensaba me va a hacer mal, todo lo que coma, me va a atacar, ¡uuy!, yo tenía miedo por eso, y las tabletas son muy fuertes, hay que tomar muchas, son seis. Tomo seis a diario, y eso ataca a todo, da mareos, quiero vomitar, viene dolores de estómago, de cabeza, eso era mi miedo para no empezar. Ahora llevo seis meses tomando la medicación. He estado tres veces ingresada en el hospital. Me ingresaron en Comunidad Encuentro porque tenía anemia, tres grados. Yo nomás me fui pues, porque yo ya me sentía mal, ya estaba sorda, ciega. No veía nada, yo veía así cerquita nomás, todo eran nubes para mí, no veía nada ya. Ya tenía dos añitos mi hija, iba a tener dos añitos. Fui ese día a Redvihda y ellos me hicieron la gestión en un ratingo y me pagaron taxi y en taxi me llevaron.

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