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Cuando la enfermedad se silencia

confianza a ella y después le conté que estaba embarazada pero no le conté que tenía el VIH. Ella me apoyó así emocionalmente, moralmente me brindó su ayuda, ella así más que todo moral. Me visitaba. Hasta que yo me sentí más aliviada, más tranquila. Había días que yo me levantaba o sea tranquila, feliz, y así no estaba tan agobiada y así fueron pasando los días, ya me tocó que me operen. Ya me han operado. Tampoco me animaba a decirle a la pastora que tenía VIH. Después que mi hija nació a los 20 días, al mes le llamo y le digo ‘pastora necesito hablar con usted’. Era como una segunda mamá ha sido para mí y así conversamos como familia. Hasta que un día se fue a mi cuarto, se fueron a leer la Biblia, así que desde ese día yo sentí un cambio bien diferente, como si hubiera vuelto a nacer. Sentí como si todo lo que me había pasado era un sueño y a veces lo siento así. Empezaron a visitarme a mi cuarto. Y un día en el mes de febrero, marzo o abril, en abril fueron ellos y yo sentí diferente como haya sido otra persona, sabe. Yo creo que el señor ha sanado enfermos, ha hecho caminar a los cojos, ha devuelto la vista a los ciegos. Me leyeron un versículo de la Biblia… si tan solo tuvieres fe como un grano de mostaza…, no me acuerdo muy bien, esta parte decía ‘si tan solo creyeres que Jesús es tu único salvador será salvo’. Yo sentí en mi corazón tantas cosas, que ha cambiado tanto mi vida que yo digo que el señor me ha sanado del VIH. O sea yo puedo a veces sentir que no tengo el VIH, y también mi bebé, puedo sentir a Dios dentro. Me he hecho análisis cuando me iban a operar, me hice ya un examen y tenía no sé cuánto de carga viral allí. Antes de tener la wawa me hicieron una carga viral y cuando me volví hacer ya está disminuyendo de carga viral y después me volví a hacer. Estaba tomando en ese tiempo los medicamentos pero dejé de tomar, porque yo tomé hasta que me había operado en ese tiempo, me habían sacado la carga viral, el CD4 desde entonces pasó como siete meses y, no he tomado medicamento durante ese tiempo y ya ha disminuido la carga viral.

Silvia Silvia tiene 43 años, vive en la ciudad y nació en la zona rural. Tiene cuatro hijos de su primera pareja y una niña de su compañero actual. Padece mal de Chagas, como la mayoría de los miembros de su familia. Su pareja trabaja de albañil y convive con el mal de Chagas, además de con el VIH. A Silvia le diagnosticaron VIH positivo en 2007, cuando fue internada en el hospital materno por una hemorragia. Desde que le detectaron el virus ha ingresado tres veces en el hospital Comunidad Encuentro. Silvia trabajó muchos años en una fábrica de muebles y actualmente trabaja en un colegio.

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