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Taller y oficio de la Historia Últimos libros publicados dentro de la Colección Taller y oficio de la Historia

Ciencias útiles y planes de estudio en la Nueva Granada. Método racional y canon wolffiano en la filosofía escolar neogranadina (1762-1826) Juan Manuel Dávila Dávila

Mirando solo a la tierra Cine y sociedad espectadora en Medellín (1900-1930)

Imagen de cubierta: Pobladores de Medellín mirando el eclipse de sol del 3 de febrero de 1916. Fotografía de Benjamín de la Calle. Archivo Fotográfico, Biblioteca Pública Piloto, Medellín.

Germán Franco Díez

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Mirando solo a la tierra

A pesar de que los manuales de conducta y los tratados de los moralistas de la época marcaban un comportamiento “arreglado” por parte de las esposas, que les exigía sujeción y obediencia a su marido, en el tránsito del siglo XVIII al XIX en la Nueva Granada llegaron a los tribunales varios casos de mujeres que, cansadas de los maltratos de su cónyuge o en medio de triángulos amorosos, decidieron acabar con la vida de sus compañeros. Este libro rescata las voces de “las conyugicidas” y ahonda en sus motivos, mientras presenta las coacciones y autocoacciones que motivaron el tránsito de víctima a criminal. La investigación se adelantó desde 2004 a partir de expedientes de juicios y asuntos criminales elevados ante segundas instancias y que reposan en el Archivo General de la Nación. Dialoga con historias similares ocurridas en España y que se convirtieron en causas célebres llevadas a la literatura.

Facultad de Ciencias Sociales

Departamento de Historia y Geografía

Las conyugicidas de la Nueva Granada. Trasgresión de un viejo ideal de mujer (1780-1830)

COLECCIÓN TALLER Y OFICIO DE LA HISTORIA La colección Taller y oficio de la Historia de la Maestría en Historia de la Pontificia Universidad Javeriana busca socializar, ante la comunidad académica y el público en general, las tesis de grado meritorias y laureadas por los jurados. Esta Maestría ha podido ofrecerle a una amplia gama de profesionales, a través de sus cursos y del proceso de investigación histórica, una caja de herramientas con la cual ejercitar, en un taller, el oficio de historiador. Además esta serie de publicaciones evidencia el enorme esfuerzo de inter y transdisciplinariedad que hoy por hoy está en la base de la historiografía colombiana, latinoamericana y universal, y muestra cómo este posgrado se ha ido consolidando en un escenario valioso para indagar el pasado a través de la escritura de la historia.

Mabel Paola López Jerez

Cine y sociedad espectadora en Medellín (1900-1930) Germán Franco Díez

Mabel Paola López Jerez es magíster en Historia de la Pontificia Universidad Javeriana (2005) y máster en Edición de la Universidad Autónoma de Madrid y Edelvives, España (2009). Su formación básica es en Comunicación SocialPeriodismo, carrera que cursó en INPAHU (1999) y en la Universidad Central (2001).

Taller y oficio de la Historia

Las conyugicidas de la Nueva Granada

Trasgresión de un viejo ideal de mujer (1780-1830)

Desde 2004 ha abordado la historia del delito femenino y de la violencia contra la mujer en la Nueva Granada para los siglos XVIII y XIX. Su tesis de maestría en Historia, “Las conyugicidas de la Nueva Granada. Trasgresión de un viejo ideal de mujer, 17801830”, fue galardonada con calificación meritoria en 2005. A lo largo de su carrera la autora se ha desempeñado como periodista y editora de textos de divulgación científica. Actualmente es la responsable de publicaciones del Instituto Colombiano de Antropología e Historia (ICANH).

Mabel Paola López Jerez

Ilustración de cubierta: Torres Méndez, Ramón, Reyerta de aguadores. Leipzig, litografía coloreada, 23 x 29,1 cm. Ed. Victor Sperling, 1910. En Ramón Torres Méndez y Edward Walhouse Marck. Una confrontación de miradas. Bogotá: Banco de la República, 1990.

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Las conyugicidas de la Nueva Granada

Transgresión de un viejo ideal de mujer (1780-1830) Mabel Paola López Jerez

ISBN 978-958-716-672-9

9 789587 166729

Marietta Mejía de Mesa

los teatros. El libro, que constituye un aporte novedoso al debate sobre la incidencia de los medios de comunicación en la cultura, también contribuye a la historia cultural del cine y a las teorías de la comunicación, por lo que se dirige tanto a expertos como a lectores interesados en los relatos urbanos y el cine. La historia del país ha explorado con relativo éxito el impacto que las transformaciones económicas, políticas y sociales han tenido en la sociedad, pero apenas estamos explorando la incidencia de fenómenos mediáticos sobre la cultura. Mirando solo a la tierra narra, entonces, la búsqueda de lo que somos gracias al cine que hemos visto.

El profesor Germán Franco ha dedicado su vida profesional y académica al estudio del sentido de lo público en Comunicación. Formado en la escuela de realización de Cine y Televisión de la Universidad Nacional de Colombia, ha diseñado, dirigido y producido reconocidas series de televisión en su país. Sus principales temas de interés como profesor universitario han sido la historia cultural, la relación de la comunicación con la cultura, los géneros y formatos televisivos, las narrativas audiovisuales, las culturas juveniles, la responsabilidad social y la convivencia. Es ponente en eventos académicos nacionales e internacionales desde hace varios años. Ha ocupado cargos directivos en distintas universidades y entidades de los sectores público y privado. Actualmente es subdirector del Centro Ático de la Pontificia Universidad Javeriana, institución donde además obtuvo el Magíster en Historia con distinción Magna Cum Laude.

En febrero de 1942 se fundó en la Universidad Javeriana de Bogotá la primera facultad de medicina privada del país, simultáneamente con el Hospital San Ignacio, como lugar de prácticas asistenciales, académicas e investigativas de los médicos javerianos. Considerado emblema católico nacional, el hospital impulsó la fe de muchos pequeños y pocos grandes benefactores. Por un empréstito para obtener los predios donde se edificaría, la Compañía de Jesús dejó en garantía su patrimonio, un tesoro del arte colonial y todos los bienes de la provincia colombiana. Construida ya su sede, vivió las crisis hospitalarias de los setenta y tuvo que rediseñar estatutos, cerrar servicios, vender su edificio. Escrito en un lenguaje sencillo, este libro permite entender la complejidad hospitalaria en Bogotá y el país a lo largo del siglo XX. Va dirigido a todos aquellos que conocen los problemas de la salud en Colombia, y a quienes ignoran la vida misma de un hospital. El libro aborda la influencia extranjera en la medicina colombiana, las trabas de la Ley 67 de 1935 sobre la profesión médica, y narra la historia de un hospital universitario que, entre dificultades económicas y en el contexto de la guerra europea, tardó dos décadas en construirse.

Entre la mutua dependencia y la mutua independencia

Mabel Paola López Jerez

Germán Franco Díez

Mirando solo a la tierra. Cine y sociedad espectadora en Medellín (1900-1930)

Conyugicidas de la Nueva Granada. Trasgresión de un viejo ideal de mujer (1780-1830)

Una parte de aquello que somos se la debemos al cine. El cine es más que un medio, es un espacio de encuentro, un acto de magia y un mito que marcó a los pobladores de nuestras ciudades en la primera mitad del siglo XX. Esta investigación narra el interesante y divertido proceso cultural de cómo el cine y otros espectáculos fueron vistos por los pobladores de Medellín entre 1900 y 1930. Pero también cuenta cómo los medellinenses usaron el cine: un sastre que atraía clientela con el proyector; un proyeccionista que hacía sonar cadenas al paso de los esclavos en la pantalla; unas prostitutas que aprovechaban la oscuridad de la proyección para trabajar, y especialmente unos pobladores que construyeron para sí una noción del mundo al relacionarse en

Germán Franco Díez

Taller y oficio de la Historia Últimos libros publicados dentro de la Colección Taller y oficio de la Historia

Marietta Mejía de Mesa

Entre la mutua dependencia y la mutua independencia

Estudió Historia en la Universidad Javeriana de Bogotá. Es coautora con Santiago Díaz Piedrahíta del libro Una etapa en el desarrollo de la Química en Colombia, Bogotá, 2010. También es investigadora principal del Semillero de Investigación 2009 – 2011: Hospital San Ignacio. Una Historia, por convenio entre el Hospital San Ignacio y la Facultad de Ciencias Sociales. En 2012 recibió el título de Magíster en Historia en la Universidad Javeriana, con grado summa cum laude y Mención Honorífica. Es profesora de cátedra de la misma universidad.

El Hospital San Ignacio y la Facultad de Medicina de la Universidad Javeriana, 1942-1990

Imagen de cubierta: Fachada del Hospital San Ignacio en 1970, aproximadamente.

Marietta Mejía de Mesa

Archivo Histórico Javeriano Juan Manuel Pacheco, S. J.


Entre la mutua dependencia y la mutua independencia El Hospital San Ignacio y la Facultad de Medicina de la Universidad Javeriana, 1942-1990

Taller y oficio de la Historia


Entre la mutua dependencia y la mutua independencia El Hospital San Ignacio y la Facultad de Medicina de la Universidad Javeriana, 1942-1990

Marietta MejĂ­a de Mesa


Taller y oficio de la Historia

Reservados todos los derechos © Pontificia Universidad Javeriana © Marietta Mejía de Mesa

Corrección de estilo Favio Andrés Flórez Carranza

Primera edición Bogotá, D.C., diciembre del 2013

Diagramación Sonia Rodríguez

isbn 978-958-716-672-9 978-958-716-517-3

Montaje de cubierta Sonia Rodríguez

Número de ejemplares: 300 200 (100)

Impresión Javegraf

Diseño de colección Margarita Isabel Sandoval

Impreso y hecho en Colombia Printed and made in Colombia

Editorial Pontificia Universidad Javeriana Carrera 7a N.° 37-25, oficina 1301 Teléfono: 3208320 ext. 4752 Edificio Lutaima www.javeriana.edu.co Bogotá, D. C.

MIEMBRO DE LA

ASOCIACIÓN DE UNIVERSIDADES CONFIADAS A LA COMPAÑIA DE JESÚS EN AMÉRICA LATINA

RED DE EDITORIALES UNIVERSITARIAS DE AUSJAL www.ausjal.org

Mejía de Mesa, Marietta, 1954 Entre la mutua dependencia y la mutua independencia : el Hospital San Ignacio y la Facultad de Medicina de la Universidad Javeriana, 1942-1990 / Marietta Mejía de Mesa. -- 1a ed. -- Bogotá : Editorial Pontificia Universidad Javeriana, 2013. -- (Taller y oficio de la historia). 342 p. : ilustraciones ; 24 cm. Incluye referencias bibliográficas (p. 323-336). ISBN: 978-958-716-672-9 1. HOSPITAL UNIVERSITARIO SAN IGNACIO (BOGOTÁ, COLOMBIA) – HISTORIA - 1942-1990. 2. PONTIFICIA UNIVERSIDAD JAVERIANA, FACULTAD DE MEDICINA – HISTORIA - 1942-1990. 3. HOSPITALES - HISTORIA - COLOMBIA. 4. ESCUELAS DE MEDICINA – HISTORIA - COLOMBIA. I. Pontificia Universidad Javeriana, Facultad de Ciencias Sociales, Departamento de Historia y Geografía. CDD

362.1109 ed. 21

Catalogación en la publicación - Pontificia Universidad Javeriana. Biblioteca Alfonso Borrero Cabal, S.J. dff.

Diciembre 03 / 2013


Contenido Introducción

9

PARTE I CONTEXTOS

33

capítulo primero

Los jesuitas de regreso

33

Restauración de la Provincia en Colombia

34

Reapertura de la Universidad Javeriana

35

capítulo segundo

La formación médica en Colombia

41

Influencia de la escuela francesa en la educación médica colombiana

44

Influencia de la escuela estadounidense en la educación médica colombiana

48

Factores que contribuyeron a cimentar la medicina estadounidense en Colombia

49

Las Conferencias Sanitarias Internacionales

51

Influencia del Informe Flexner

55

Presencia de la Fundación Rockefeller

56

La Misión Médica Unitaria Humphreys

57

La Misión Médica Lapham de Tulane

60

Influencia de las asociaciones médicas y hospitalarias de Estados Unidos

63

Esquemas y conceptos esgrimidos desde las políticas estadounidenses

64

La educación médica en Colombia de acuerdo con las leyes

65

La Facultad de Medicina de la Universidad Nacional como paradigma educativo

69

El Hospital como sitio obligatorio en la formación médica

76

capítulo tercero

Los hospitales en Colombia a principios del siglo

xx

81

Los hospitales desde la mirada de los médicos

82

Los hospitales vistos por los arquitectos

86

El papel del Estado y la legislación hospitalaria

92


El concepto de hospital moderno en los años cuarenta y el papel de los estudiantes La Asociación Colombiana de Hospitales y Clínicas

PARTE II LAS FUNDACIONES

97 102

115

capítulo cuarto

Fundación de la Facultad de Medicina de la Universidad Javeriana 115 Fundación formal de la Facultad de Medicina de la Universidad Javeriana

115

El primer plan de estudios médicos

119

Problemas legales

130

El proceso de aprobación

139

Dificultades con las prácticas

144

Las primeras prácticas

152

La buena Samaritana

162

capítulo quinto

Fundación del Hospital de San Ignacio

167

Los primeros estatutos del Hospital San Ignacio

167

Fundación canónica y jurídica

171

La ley en torno al Hospital San Ignacio

172

La búsqueda de un lugar para el hospital

175

La adquisición de los predios de La Soledad

181

PARTE III LA FACULTAD Y EL HOSPITAL

191

capítulo sexto

Propuestas hospitalarias, 1942-1959

191

Periodo de Proyectos Hospitalarios

192

La influencia de los médicos

201

La influencia de las religiosas francesas

203

La presencia de la Iglesia en el Hospital San Ignacio

207


capítulo séptimo

Realizaciones hospitalarias, 1959-1970

213

Las realizaciones hospitalarias en el Hospital San Ignacio

213

La revolución arquitectónica

214

La creación del Departamento de Ginecología y Obstetricia

219

La creación del Departamento de Pediatría

221

Cambios en los paradigmas educativos

222

Cambios en Enfermería

225

La creación de los Departamentos de Cirugía y Medicina Interna

229

Época de donaciones

233

Una revolución hospitalaria y académica dentro de la Javeriana

235

Cambios locativos y metodológicos. La importancia de las ciencias básicas

238

Cambios en la Facultad de Medicina y el Hospital San Ignacio

241

El papel de la medicina preventiva y social

245

Intento de independencia entre lazos de dependencia

248

capítulo octavo

Periodo de crisis hospitalarias y soluciones

251

La crisis económica de 1965

254

Separación administrativa del hospital y la universidad

258

Decisiones estatales en la década de 1970

261

Crisis en el Hospital San Ignacio a principios de la década de 1970

262

El Sistema Nacional de Salud

263

El Plan Nacional de Salud

265

El Sistema Nacional de Salud en Bogotá

267

El Contrato 057 del 11 de abril de 1975

268

El Paro de las batas blancas

271

Conflictos entre la Facultad de Medicina y el Hospital San Ignacio. El papel del rector

279

La reforma estatutaria

281

Nuevo servicio de urgencias

284

Diagnóstico y reestructuración económica del hospital

285


El replanteamiento del hospital

290

En busca de soluciones

294

La reestructuración interna del Hospital San Ignacio en 1988

298

El destino de los dineros recibidos por la venta del edificio

299

La Ley de los 500 millones y la reorganización del hospital

300

Remodelaciones en los laboratorios

301

Comienzo de la planeación estratégica

304

Plan de adecuación y remodelación de la planta física

307

El Hospital San Ignacio se convierte en Entidad Prestadora de Servicios (eps)

309

Reconocimientos y distinciones en el Hospital San Ignacio

312

Conclusiones

319

Bibliografía Libros

323

Artículos de revistas

327

Artículos recuperados de Internet

332

Artículos de p rensa

333

Fuentes primarias

333

Documentos de archivo

334

Archivo Histórico Javeriano Juan Manuel Pacheco, S. J. (ahjjmp)

334

Archivo Academia Nacional de Medicina (aanm)

335

Entrevistas

336

Anexos Anexo 1. ¿Por qué permanece abierto el Hospital Universitario de San Ignacio, vinculado a la Pontificia Universidad Javeriana, y por qué continúa prestando servicios? P. Alfonso Borrero, S. J., 1976

337

Anexo 2. Reelaboración del organigrama del Hospital San Ignacio, 1987

341


Introducción

E

n el contexto de la sociedad médica, la noción de hospital universitario implica en forma simultánea la presencia de dos complejas organizaciones dentro de una sola institución: el hospital y la universidad. El hospital universitario así concebido se convierte en un escenario en el cual se relacionan —en forma compleja— tres tipos de dinámicas: académicas, investigativas y asistenciales; es allí donde se realizan las prácticas de las materias clínicas indispensables para la formación de los médicos1. La idea de fundar el Hospital de San Ignacio de Bogotá —como se llamó en sus orígenes— nació como respuesta a la crisis educativa presentada en la Universidad Nacional en 1942. De esa manera, se instauraron, en forma casi simultánea, la primera facultad de medicina privada del país y el Hospital de San Ignacio de Bogotá para ejercer la caridad cristiana a través de la atención médica a los pobres y servir como campo de estudio, práctica e investigación para estudiantes y profesores de la Universidad Javeriana, al tiempo que se estarían estableciendo los dos pilares de carácter académico y asistencial sobre los cuales se establecería la formación de los futuros médicos javerianos. Debido a sus orígenes comunes, y por su misma naturaleza, estas dos instituciones debieron compartir, definir y modificar los criterios conceptuales, metodológicos, tecnológicos, científicos y económicos que resultarían decisivos para el hospital: Hubo criterios conceptuales en común, porque al fundarse la nueva escuela médica era necesario que ese centro educativo contara con un hospital como campo de estudio, práctica e investigación de estudiantes y profesores de la Universidad Javeriana. Con su creación, el Hospital San Ignacio, además de compartir esas mismas responsabilidades, tendría como

1

Juan Carlos Eslava, “Hospital universitario y crisis hospitalaria en Colombia”, Gerencia y Políticas de Salud núm. 2 (2002): 41-48.

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Entre la mutua dependencia y la mutua independencia

finalidad el ejercicio de la caridad cristiana mediante la atención médica a los pobres como parte de la misma misión apostólica jesuítica. Adicionalmente, para darle aplicación práctica a los conceptos médicos desde la docencia y la asistencia, tanto la Facultad de Medicina como el Hospital San Ignacio tuvieron que emplear criterios metodológicos conjuntos y acordes con el tipo de medicina predominante que se iba estableciendo en el país y en el mundo. Del mismo modo, a partir de unos principios científicos específicos comunes, en el hospital se establecieron los espacios y las divisiones administrativas y asistenciales; los servicios y el tipo de tecnología que se querían implementar. También compartieron criterios económicos, porque a la fundación oficial de la Facultad de Medicina de la Javeriana en febrero de 1942 la sucedió la formalización del Hospital San Ignacio el primero de abril de ese año, cuando el Arzobispo Primado de Colombia le concedió su personería jurídica, y el 7 de mayo de 1942 el Consejo Directivo de la Facultad de Medicina aprobó sus primeros estatutos. Debe destacarse que por entonces la Universidad Javeriana aún no contaba con sede propia, así es que durante varios años dependió de espacios restringidos que debió compartir con el Colegio de San Bartolomé en la Carrera 7ª con Calle 10ª. Conscientes de los costos que implicaría la construcción del hospital, desde mayo de 1943 los jesuitas se propusieron fundar la Junta Central de Beneficencia Católica de San Ignacio, con la cual se comenzaron a promover diversas actividades y eventos tendientes a conseguir dinero para construir la sede hospitalaria con su Escuela de Enfermeras. Así mismo, la Iglesia católica emitió una autorización a través del Arzobispo de Bogotá, quien también era el Arzobispo Primado de Colombia y patrono de la universidad, para que por algún tiempo la colecta de un domingo del año en iglesias y capillas de la arquidiócesis y de todo el país se destinara para la Universidad Pontificia, cuyo principal objetivo se centraría en la institución hospitalaria. Además de estas múltiples y heterogéneas formas de caridad y ayudas solidarias procedentes de diferentes regiones del país con las que se empezó a construir la sede física del hospital, desde mediados de la década de 1950 llegaron ayudas de grandes benefactores que, como entes estatales y privados, con carácter nacional e internacional y en forma individual o colectiva, complementaron la obra emprendida por la universidad en torno al Hospital San Ignacio. Con las marcadas limitaciones económicas, locativas, de personal docente y tecnológicas, durante varios años la labor administrativa de ambas

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Introducción

instituciones le fue encomendada al decano de la facultad, quien por entonces también estuvo a cargo de la Dirección del Hospital San Ignacio. Este hecho contribuyó a que los asuntos relacionados con la escuela médica y el hospital estuvieran completamente integrados. No obstante, mientras la labor docente de la escuela médica fue avanzando para sortear toda clase de desafíos, la idea inicial y siempre latente del hospital se fue aplazando en forma indefinida durante casi dos décadas. Como resultado de ello, la Facultad de Medicina como entidad docente fue adquiriendo cierto protagonismo respecto al hospital, que bajo esas mismas circunstancias se había convertido en el blanco permanente de críticas y burlas dentro de una cerrada campaña de desprestigio, la cual muchas veces llegó a ser dirigida en contra de la facultad, los jesuitas y la misma universidad. El Hospital San Ignacio comenzó a ser visto como una institución asistencial inexistente o inconclusa que evidenciaba la obstinación de los miembros de la Compañía de Jesús y reflejaba los sueños frustrados de muchos profesores y estudiantes, situación que le otorgaba el apelativo “lugar de fracasados”2. Cuando los alumnos de las primeras promociones de medicina necesitaron contar con un hospital para sus prácticas clínicas, la universidad se vio en la obligación de establecer convenios con hospitales e instituciones de la ciudad para que trataran de suplirlo, pero algunas veces esas experiencias resultaron muy desfavorables para los javerianos. Al descartar a principios de 1943 la edificación del Hospital San Ignacio en un lote de los que tenía el padre Campoamor, S. J.3, se pensó que podría ser construido al lado del Anfiteatro con otras dependencias de 2

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El término se encuentra textualmente como “refugio para fracasados”, cuando tras la fundación de la Facultad de Medicina de la Universidad Javeriana, el padre rector Félix Restrepo, S. J. dijo: “Se estableció que no sería la nueva facultad un refugio para fracasados”. Archivo Histórico Javeriano Juan Manuel Pacheco. Rectoría, Sección: Rectores. Subsección: P. Félix Restrepo, S. J., C2, D27, ff 50 - 51. A su vez, cuando la Universidad Javeriana decidió abrir las Facultades Femeninas y Masculinas de Derecho en enero de 1942, un mes antes de que se abriera la Facultad de Medicina, un estudiante de la Universidad Nacional que se identificaba como el “Secretario del Comité encargado de velar porque las facultades particulares de Derecho se sometan a las condiciones de admisión impuestas por la Universidad Nacional” envió una carta al Colegio de San Bartolomé para protestar por lo que hacían en la Universidad Javeriana. En esa oportunidad, el remitente decía en forma textual: “Los estudiantes de la Universidad Nacional están dispuestos a no permitir que por más tiempo las facultades particulares continúen siendo el refugio de todos los fracasados y de los que no se atreven a presentar el examen oficial”. Archivo Histórico Javeriano Juan Manuel Pacheco, Rectoría, Sección: Rectores. Subsección: P. Félix Restrepo, S. J., C 2, D 6, ff 11. A partir de ahora, los documentos consignados en el Archivo Histórico Javeriano serán identificados con las siglas ahjjmp. En esos terrenos, con cerca de catorce fanegadas, se construiría luego el Barrio Villa Javier. Rocío Londoño Botero y Alberto Saldarriaga Roa, La ciudad de Dios en Bogotá. Barrio Villa Javier (Bogotá: Fundación Social, 1994), 79.

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Entre la mutua dependencia y la mutua independencia

la Facultad de Medicina en el sector de la Avenida Primero de Mayo. Aunque en agosto de 1943 el anteproyecto arquitectónico había sido aprobado, pronto se evidenció que el terreno adquirido no cumplía con ciertos requisitos de saneamiento ambiental para un hospital. A principios de 1944 ya se había decidido que se le buscaría un nuevo lugar. Se consideró así la posibilidad de escoger entre un lote localizado en la Calle 63 con Carrera 30, y otro del sector del futuro barrio La Soledad. En julio de 1944, el provincial de la Compañía de Jesús en Colombia y además vice gran canciller de la Universidad Javeriana negoció un empréstito “urgente” con la Santa Sede a través de su representante en Colombia, el Nuncio Apostólico de Su Santidad, para adquirir unos terrenos en el barrio La Soledad, donde se pensaba construir una Ciudad Universitaria Javeriana —semejante a la Ciudad Blanca de la Universidad Nacional— que incluiría sus facultades, un templo, y la biblioteca junto con el Hospital San Ignacio. En esta negociación, la Compañía de Jesús dejó como garantía el patrimonio de la Universidad Javeriana y los bienes de la Provincia Colombiana, incluyendo la preciosa custodia popularmente conocida como “La Lechuga”, emblema del arte colonial y propiedad de la iglesia de San Ignacio de Bogotá. Pronto se evidenció que la construcción del hospital en el sector de La Soledad resultaría más demorada de lo previsto, debido a razones técnicas, legales y de valorización, dentro de un largo y dispendioso proceso de urbanización. Entonces, se presentó la contingencia de adquirir otro lote de terreno en las vecindades del Parque Nacional, ubicado en la Carrera 7ª entre las calles 40 y 41, cuya primera compra se formalizó en septiembre de 19454. El 19 de marzo de 1946 se bendijo la primera piedra donde se construiría el Hospital San Ignacio, y a finales del mismo año ese anteproyecto era aprobado por el Municipio de Bogotá y el Ministerio de Higiene. Al comenzar el segundo semestre de 1947, en vista de que aún no había un lugar para las prácticas de los estudiantes de medicina de la primera promoción para cubrir las clínicas de Maternidad, Pediatría y Radiología, la universidad alquiló la vieja casa identificada con la nomenclatura

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Ese primer lote comprado por el Hospital San Ignacio se formalizó con la Escritura Pública N.° 4137 de la Notaría Cuarta de Bogotá el 19 de septiembre de 1945. Después, el Hospital San Ignacio compró parte de la finca El Paraíso y otros terrenos de la quinta Cataluña. Estos predios se anexarían más adelante al que ya la universidad le había comprado a la empresa La Constancia, ubicado en la Carrera 7ª entre calles 43 y 44, destinado para el hogar, los laboratorios y las dependencias de la Javeriana Femenina. Así se establecerían definitivamente los predios donde se construirían la Facultad de Medicina, el Hospital San Ignacio y la sede de la Universidad Javeriana.


Introducción

Calle 1ª # 24-62 que había sido sede del Hospital Los Alisos (antigua ambulancia de la viruela), donde instaló el Hospital de La Providencia en coordinación con las religiosas Dominicas de la Presentación de Tours. Las limitaciones económicas obligaron a seguir aplazando la finalización de la obra arquitectónica que había sido iniciada en forma vertiginosa en 1950 en los predios cercanos al Parque Nacional. Con grandes esfuerzos, entre 1954 y 1955 se habilitó el primer piso de la edificación hospitalaria, todavía inconclusa, para montar la consulta externa con varias especialidades médicas y quirúrgicas, y solo hasta el 8 de octubre de 1959 se realizó el traslado de las instalaciones y servicios que antes eran prestados en el Hospital de La Providencia. A principios de la década de 1960, con la llegada de grandes donaciones nacionales y extranjeras, ya fue posible crear los servicios, departamentos, unidades y dependencias administrativas que conformarían el futuro Hospital San Ignacio. En 1963 se fundó el Departamento de Pediatría, y en 1965 el Departamento de Cirugía y el Departamento de Medicina Interna, cada uno de ellos con sus respectivas dependencias y subespecialidades. Durante esa década y la primera mitad de la siguiente, el hospital fue llenando en sentido ascendente y gradual los espacios vacíos de su estructura arquitectónica todavía inconclusa para poner en funcionamiento nuevos servicios, al tiempo que los dotaba con tecnología moderna y se iba convirtiendo en uno de los hospitales más importantes de la ciudad. A medida que el hospital creció, también adquirió cierto protagonismo e independencia respecto a la facultad, con la que modificaron los anteriores vínculos fraternales entre ambos. Desde 1966, las dificultades económicas obligaron a que se estudiara la posibilidad de retirar el hospital de la Universidad en sus aspectos administrativos y financieros, proyecto que se cristalizó a partir del primero de enero de 1970, cuando adquirió el nombre de Hospital Universitario de San Ignacio. Con esta separación administrativa y presupuestal, las autoridades académicas vieron el riesgo que tendría el distanciar la teoría de la práctica —decisión que también representaba una amenaza para la educación de los médicos javerianos—. El hospital quedó así convertido en una persona jurídica independiente de la universidad en lo referente a la administración de sus bienes, pero incorporado a la institución docente en su administración científica y funcionamiento5. 5

Hospital Universitario de San Ignacio, “Centro Médico Universitario”, en Hospital de San Ignacio (Bogotá: Oficina de Desarrollo, Pontificia Universidad Javeriana, s. f.), 7.

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Entre la mutua dependencia y la mutua independencia

Esta síntesis refleja el propósito de este trabajo histórico que estudia el difícil proceso vivido por el hoy llamado Hospital Universitario San Ignacio desde su fundación en 19426 hasta la década de 1990. A pesar de haber sido sometido a sucesivos cambios de nombre7, será mencionado en lo sucesivo como Hospital San Ignacio salvo cuando las condiciones lo ameriten. La recapitulación de la presente investigación está apoyada en una historia institucional del Hospital San Ignacio que comienza con su fundación en 1942 y concluye a principios de la década de 1990, cuando la institución fue sometida a grandes reformas como resultado de la Ley 100 de 1993. El texto, a su vez, se ha basado en otra historia institucional que está por finalizar (encomendada por la Dirección del Hospital Universitario San Ignacio desde febrero de 2009). De ese modo, se busca conocer la trascendencia del papel asistencial del Hospital San Ignacio en la formación de los médicos dentro del contexto de la educación médica bogotana y colombiana del siglo xx a partir de sus funciones docentes, investigativas y asistenciales. Para ese efecto, se ha buscado explorar un sistema de relaciones a varios niveles entre el hospital y la Facultad de Medicina de la Javeriana, con la cual debería desempeñar funciones comunes desde su fundación, y se han considerado las relaciones entre el hospital y la Iglesia católica, en cabeza del rector de la universidad, la Compañía de Jesús y otras jerarquías eclesiásticas, así como las relaciones del hospital con diversos organismos del Estado Colombiano. La investigación se sustentó en fuentes primarias proporcionadas por la Dirección del Hospital San Ignacio, documentos del Archivo Histórico Javeriano Juan Manuel Pacheco, S. J., fuentes del Archivo Histórico Privado de la Casa Provincial de Bogotá de las Hermanas de la Caridad Dominicas de la Presentación de la Santísima Virgen de Tours, documentos pertenecientes a la Academia Nacional de Medicina, así como averiguaciones obtenidas mediante entrevistas; también con la investigación 6

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El Artículo 1 del Decreto N.° 22 expedido el 1° de abril de 1942 por el Arzobispo Primado ordenó la creación del “Hospital de San Ignacio en Bogotá”. Arquidiócesis de Bogotá, “Decreto 22 del 1° de abril de 1942”, en Memoria institucional Facultad de Medicina, Donación de Documentos Dr. Uladislao González (Bogotá: ahjjmp, 1942). Fundado con el nombre de Hospital de San Ignacio en Bogotá, obtuvo su personería jurídica el 4 de agosto de 1942 mediante la Resolución N.° 81 del Ministerio de Gobierno y la Resolución N.° 437 del 11 de octubre de 1945 del mismo Ministerio. La entidad comenzó a llamarse Hospital San Ignacio de Bogotá para conservar dicha personería jurídica en calidad de institución de utilidad común de origen canónico sin ánimo de lucro. El 1° de enero de 1970 volvió a cambiar de nombre por Hospital Universitario de San Ignacio. En 1978, al vincularse al Sistema Nacional de Salud, modificó sus estatutos para llamarse Hospital Universitario San Ignacio. Breve Historia Hospital Universitario San Ignacio [documento privado] (Bogotá: s.e. 1992-1994), 53.


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de fuentes primarias y secundarias consultadas en su mayoría en las bibliotecas de la Universidad Javeriana8. Además de estudiar información relacionada con la historia de los hospitales y su proceso de agremiación en el país, se indagó sobre otros temas asociados con la educación médica en Bogotá y Colombia durante el periodo analizado. Aquí se argumenta que la transformación lograda en el tiempo por el Hospital San Ignacio no hubiera sido posible si desde sus inicios comunes con la Facultad de Medicina de la Javeriana no se hubieran tejido unas finas, a veces imperceptibles, pero siempre estrechas redes de relaciones. Al principio, esos lazos fueron tan sólidos que las dos instituciones dependieron de una sola autoridad en cabeza del decano. Este hecho se evidencia durante la investigación cuando se hace difícil diferenciar si lo que se proyectaba o lograba iba referido a la entidad docente, si dependía de la institución asistencial, o se ideaba y realizaba con el propósito de involucrar a ambas. Así mismo, en este trabajo se demuestra que tanto la Facultad de Medicina como el Hospital San Ignacio sufrieron a lo largo del periodo analizado un proceso de transformación que comenzó en 1942, cuando los conceptos teóricos de la medicina docente y asistencial estaban muy arraigados en la escuela médica europea de tradición francesa, y desde la década de 1960 ambas entidades comenzaron a aceptar criterios pertenecientes a la corriente médica moderna de Estados Unidos para tratar de hacer del Hospital San Ignacio un hospital moderno, inspirado en los grandes centros hospitalarios de ese país. Se argumenta que el Hospital San Ignacio como institución asistencial, investigativa y docente ha tenido que vivir en sus peores instantes de crisis solo momentáneos acontecimientos coyunturales que a modo de episodios periódicos han determinado ciclos dentro de una historia de ondas cortas, debajo de la cual se inserta, con inclinaciones apenas perceptibles, otra historia que es lenta para deformarse, constituida por periodos más largos que muchas veces pasan desapercibidos para la observación9. La combinación simultánea de ambos fenómenos, a su vez, advierten y revelan las “debilidades” y “fortalezas” de las estructuras históricas jesuíticas10. 8

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En la Biblioteca General Alfonso Borrero Cabal, S. J.; en la de Filosofía y Teología Mario Valenzuela, S. J. y en la del Centro de Documentos de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales. Fernand Braudel, La historia y las ciencias sociales, Cuarta Edición (Madrid: Alianza Editorial, 1979), 53. Así como los “momentos de crisis” revelan “flaquezas” políticas o económicas con circunstancias adversas, también salen a relucir “fortalezas” ideológicas, espirituales y sociales, tal como le

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Por eso, desde un lenguaje imperfecto, este tipo de historia nos permite ver lo que le ha sucedido al Hospital San Ignacio en sus momentos de crisis, así como aquello que es posible apreciar en él desde sus logros; a partir de fracturas estructurales, también se registran otros elementos nosológicos previos capaces de desencadenar y revelar fenómenos agudos e instantáneos hoy visibles. Con un lenguaje metafórico y médico clínico coloquial, esto significaría que las “lesiones” en el hospital actual nos permiten ver “fortalezas” y “debilidades” previas de la institución, del mismo modo que los signos críticos pueden conducirnos a problemas somáticos y estructurales. Con el propósito de definir mejor el objeto de estudio de esta investigación institucional de carácter histórico, se ha partido de conceptos teóricos básicos de la historia, así como de algunos provenientes de otras disciplinas de las ciencias sociales como la sociología y la antropología. En general, se estima que los mundos construidos por los hombres tienden a buscar, por medio de impulsos especializados y en forma permanente, nuevos espacios más específicos de acuerdo con sus motivaciones y necesidades. Es así como los seres humanos construyen mundos que responden a sus actividades para darle origen a una cultura, con la cual se establecen unas estructuras que pueden ser firmes o precarias e inestables debido a que dependen en gran medida del mundo natural, pero además porque son el resultado de las ideas y los proyectos siempre cambiantes de los hombres. En ese contexto, la sociedad es considerada como parte de la cultura no material, al ser el aspecto que estructura las relaciones permanentes de los hombres con sus semejantes. Como la sociedad siempre es producto de una actividad humana, se construye, se conserva y deja de tener sentido por fuera de esa actividad; sus normas son relativas al tiempo y al espacio, pero además no puede explicarse por medio de la naturaleza humana. La sociedad es también una formación privilegiada de la cultura, porque la naturaleza social del hombre lo conduce a construir y vivir en mundos que son empresas colectivas. En comunidad, los hombres crean herramientas, lenguajes, instituciones y nuevos mundos en forma permanente. La cultura requiere de la organización específica de la sociedad para construirse y conservarse, porque es ocurrió a la Compañía de Jesús. Los primeros jesuitas tuvieron que enfrentarse a críticos ideológicos y políticos, pero crecieron como institución en medios austeros, destacándose en misiones diplomáticas ante la Santa Sede, la asesoría teológica en el Concilio de Trento, consejerías espirituales, la administración de colegios, universidades y misiones extranjeras, cuyas funciones les permitió realizar importantes apostolados en nombre de la Iglesia católica. William V. Bangert, S. J., Historia de la Compañía de Jesús (Santander: Sal Terrae, 1981) 9-40.

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finalmente ella la encargada de coordinar y distribuir las actividades que solo perduran dentro de la misma sociedad11. Las instituciones pueden ser consideradas como “las reglas de juego de la sociedad” o en términos más formales “las coacciones humanamente diseñadas para estructurar la coacción humana”; ellas están compuestas de reglas formales12 o coacciones informales13 y la obligatoriedad característica de ambas14. El concepto de institución social parte de una tesis fundamental: “toda actividad humana está sujeta a la habituación, y todo acto que se repite con frecuencia crea una pauta que luego puede reproducirse con economía de esfuerzos y que ipso facto es aprehendida como pauta por el que la ejecuta”. Este principio significa que la actividad realizada es susceptible de someterse a procesos de adaptación, los cuales, a su vez, permiten su repetición futura, inclusive en condiciones diferentes a las iniciales. Aunque estos métodos de habituación no son instituciones, siempre las preceden; tienen la ventaja psicológica de restringir las opciones, y en consecuencia pueden comprenderse como una cuestión humana, presupuesto para crear órdenes sociales15. Dentro de la disciplina sociológica, la institución social es una estructura cultural perdurable que satisface las necesidades básicas de una sociedad y abastece un control social. Las instituciones están sustentadas en el principio de que han de ser perdurables durante un periodo considerable, casi siempre mayor que la vida de un individuo. Para algunos autores, cuando se hace alusión a las instituciones sociales, esa denominación también implica instituciones culturales básicas o fundamentales porque comprometen una colección compleja de valores, normas y roles que afectan a cada miembro de la sociedad, pero además porque deben vivir esencialmente de una sociedad; al encontrarse con necesidades fundamentales, ayudan a establecer un control social dentro de la misma sociedad. Las instituciones sociales no cuentan con una estructura física y en consecuencia no son visibles. Sin embargo, a partir de ellas se genera una protección sobre los valores, las normas y los roles de las personas, lo que significa que pueden regular en la vía mediante la cual los individuos, al trabajar en forma separada o en grupos, encuentran sus necesidades básicas; dependiendo de la forma como cada sociedad las satisfaga, las insti11 12 13 14 15

Peter Berger y Thomas Luckmann, La construcción social de la realidad (Buenos Aires: Amorrortu, 1968), 16-19. Como pueden ser las leyes estatutarias, las costumbres, las regulaciones, etcétera. Como las convenciones, las normas de conducta, o los códigos de conducta autoimpuestos. Douglas C. North, Structure and Change in Economic History (New York: Norton, 1981). Peter Berger y Thomas Luckmann, La construcción social de la realidad, 73-75.

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tuciones pueden ser simples o complejas. Por esa razón, puede decirse que las instituciones sociales controlan el comportamiento humano dentro de la sociedad, sin que las personas sean necesariamente conscientes de ello. La asociación es una organización social con un propósito especial; tiene un nombre, una localización, unas reglas y unas regulaciones, y está conformada por pequeños grupos con ciertos roles16. De acuerdo con este concepto, un hospital universitario como el Hospital San Ignacio es una asociación identificada por su nombre, ubicada dentro de una universidad, que trabaja por la docencia, la investigación y la asistencia médica a nivel social; se somete a unas normas establecidas y consta de grupos de personas que cumplen determinadas funciones, mientras que la educación o la salud en sí mismas son formas de instituciones, porque tanto la salud como la educación son estructuras culturales que buscan encontrar soluciones para las necesidades básicas de la sociedad. En este trabajo, sin embargo, algunas figuras literarias suelen referirse al Hospital San Ignacio como institución, al hacerse permanente la relación entre la parte y el todo. De igual manera, para comprender ciertos rechazos provenientes del gremio médico de la capital —así como en los niveles nacional e internacional— en contra de iniciativas docentes, investigativas y asistenciales, tanto en la escuela médica javeriana como en el Hospital San Ignacio, se han tenido en cuenta los análisis sociológicos de la ciencia a partir de lo que Pierre Bordieu ha denominado campo científico, como elemento fundamental en la conformación de los capitales simbólicos con los cuales se establecen las llamadas revoluciones científicas17. A su vez, la comunidad científica ha sido interpretada como una asociación de personas con objetivos, proyectos y prácticas colectivas que se proponen plantear teorías, métodos, experiencias y la difusión de temas de interés común, sustentados en principios científicos acordes con la época y el lugar en el cual se inscriben. Por su parte, también la ciencia ha sido entendida como una disciplina a partir del pensamiento racional riguroso, el empleo de una metodología experimental y una tecnología que le permitan la elaboración de leyes para buscar conocimientos claros en la comprensión de su objetivo general que consiste en mejorar la calidad de vida de los seres humanos al tratar de responder y solucionar las dificultades cotidianas18. 16 17 18

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Thomas LaVerne y Robert J. Anderson, Sociology: The study of Human Relationships, Tercera edición (Nueva York: Harcourt Brace Jovanovich, 1982). Pierre Bourdieu, El oficio de científico. Ciencia de la ciencia y reflexividad. Curso del College de France 2000 – 2001, trad. Joaquín Jordá (Barcelona: Anagrama, 2003). Ernst Cassirer, Filosofía de La Ilustración (México: Fondo de Cultura Económica, 1976), 224-234.


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Aunque en todas las sociedades se llevan a cabo intercambios19 a modo de comercio entre los individuos, en general se considera que esos “trueques” no se realizan mediante un comercio individual, sino en nombre de las colectividades que se encuentran comprometidas. Es así como se establecen contratos en los que intervienen personas morales de cierta jerarquía que representan a toda la comunidad 20. El pacto de esos acuerdos se realiza a modo de prestaciones y contraprestaciones que tienen algo de voluntario, aunque muchas veces impliquen cierto grado de obligación, a costa de que se desencadenen conflictos privados o públicos para constituir lo que los etnólogos han denominado sistemas de prestaciones totales21. Gran parte de las vidas de los hombres y las sociedades transcurren en una atmósfera donde se mezclan la obligación, el don y la libertad, lo que significa que no todo debe verse en términos de compra y venta. Ese fenómeno descrito por etnólogos y sociólogos explica la teoría de la limosna, la generosidad, la liberalidad, la obligación y la razón para que se establezcan acuerdos con entidades o personas, los que a su vez remiten a dos nociones: por un lado, la de una moral sobre los bienes, la fortuna y el don, y por el otro a la noción del sacrificio. Cuando se recibe un don, se crea la necesidad de retribuir más de lo recibido, y si el don no es devuelto tiende a poner en condición de inferioridad a su receptor, particularmente cuando ha sido donado sin espíritu de devolución. De este modo, la caridad puede herir a quienes la aceptan, y la moral intenta suprimir el patronazgo inconsciente que ese obsequio suministra 22. Las relaciones establecidas con estos intercambios y contratos entre los hombres reflejan una tendencia natural que permite dar cierta claridad sobre la teoría del sacrificio, porque quienes realizan esos rituales contractuales y económicos lo hacen también en nombre de los espíritus, debido a que en esos pactos no solo están comprometidos los hombres y las cosas, sino principalmente los seres sagrados asociados con ellos. Uno de los primeros grupos de seres con los cuales las sociedades debieron contraer convenios fueron los espíritus de los muertos y los dioses, 19 20

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Estos intercambios pueden ser variados: bienes, riquezas, productos, cortesías, ritos, colaboración, fiestas, etcétera. Estas personas morales pueden ser familias, tribus o clanes que deben cumplir sus funciones de acuerdo con los del otro grupo social, a través de sus jefes o mediante delegatarios, mediante el uso de palabras y comentarios “diplomáticos”. En síntesis, son las colectividades —más que los individuos— las que se comprometen entre sí. Marcel Mauss, Lo sagrado y lo profano. Breve Biblioteca de Reforma, Obras I. (Barcelona: Barral Editores, 1970), 74-75. Marcel Mauss, Lo sagrado y lo profano, 229-230.

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considerados dueños de las cosas y de los bienes del mundo. Fue entonces necesario realizar pactos con ellos, e inclusive podía ser peligroso no hacerlo. A su vez, eran ellos con quienes resultaba más fácil y seguro establecer los intercambios con la esperanza de que el sacrificio ofrecido a los espíritus y dioses los comprometiera a retribuírselo a los hombres con dones, riquezas o bendiciones23. Estos hechos relacionados con el don tienen un principio heurístico debido a que se trata de hechos sociales generales o totales que involucran a toda la sociedad —o al menos a gran parte de ella— con sus instituciones. Esos fenómenos relacionados con el don y su retribución son a la vez jurídicos, económicos, religiosos, estéticos, morfológicos, etcétera, pero además tienen la ventaja de ser reales porque permiten ver los hechos sociales como realidades, tal como son. A partir de ese tipo de estudios se pueden vislumbrar, medir y sopesar tanto los móviles que los originaron, como los diversos factores materiales y demográficos cuyo conjunto conforma la sociedad, para constituir una vida en común cuya dirección como arte supremo es la política24. En países como Colombia, diversos tipos de actividades humanas, dones o valores como el altruismo, la beneficencia, la filantropía, el Estado de Bienestar o la Seguridad Social tienden a ser explicados a partir de la pobreza, que casi siempre aparece como su primera motivación. Sin embargo, la pobreza tiende a presentar confusiones dentro del ámbito de las ciencias sociales, porque aunque ha sido analizada desde diferentes enfoques teóricos, ellos terminan conduciendo a concepciones opuestas, particularmente cuando se han intentado explicar sus causas. Aunque en América Latina algunos estudiosos trataron de determinarla y medirla, pronto se concluyó que se trataba de un término relativo, que remitía más a posiciones empíricas que teóricas debido a que la mayoría de las veces se pensaba en la pobreza en relación con una concepción evolucionista de la historia y de la sociedad que evocaba los principios del crecimiento económico, los cuales conciben que la sociedad pasa de un estado inferior hacia otros superiores en forma vertical o zigzagueante, y a medida que se culminan etapas a lo largo de su recorrido25. En estudios sobre la pobreza latinoamericana, los teóricos se han encontrado con que también en estos países ha habido una rápida evolución del 23 24 25

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Marcel Mauss, Ensayo sobre el don. Forma y función del intercambio en las sociedades arcaicas (Buenos Aires: Katz, 2009), 98-100. Este término de política se ha cimentado sobre el principio socrático de la palabra. Marcel Mauss, Ensayo sobre el don. Forma y función del intercambio en las sociedades arcaicas, 251-258. Fernando Mirés, El Discurso de la miseria o la crisis de la sociología en América Latina (Caracas: Nueva Sociedad, 1993).


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concepto de la pobreza que ha pasado por etapas sucesivas, a partir de un primer enfoque dualista de la sociedad como un elemento centralizado, privilegiado y avanzado respecto a otro marginal, periférico o atrasado. En esa construcción ideológica, la marginalidad suele ser vista como una etapa de transición entre la tradición y la modernidad, y para integrar a los marginales dentro del modelo ideal de la sociedad se considera que debería expandirse la modernidad a fin de encausarse e institucionalizarse con la ayuda del Estado. Dentro de un enfoque evolucionista, otros han planteado el problema —no tanto en la periferia como en el centro— para abordar el tema desde la informalidad y la desintegración26. Por lo referido, en la historia del Hospital San Ignacio han tenido especial importancia todos sus benefactores. Contrario a lo que suele interpretarse por ese término, en el caso de esta institución los benefactores no han sido solo personas acaudaladas; los fondos que se han recolectado para este hospital han procedido muchas veces de bazares populares, limosnas parroquiales y otros aportes que han involucrado amplios sectores de la sociedad; muchos de esos donantes por infinidad de circunstancias han permanecido en el anonimato, tanto por su propia iniciativa como por razones ajenas a ellos. Quienes han revisado las prácticas filantrópicas en Colombia se han encontrado con que hay varias maneras de dar y diversas motivaciones por parte de los donantes, y con esos actos de generosidad también se han detectado unas nuevas relaciones con las personas que reciben la ayuda. En esos trabajos se ha evidenciado que la práctica filantrópica genera otros nuevos sentidos que aparecen entre los individuos o los grupos humanos comprometidos en ella, a partir de los cuales cada comunidad termina elaborando su propio sistema general de representaciones para un periodo determinado. Aunque la donación genera casi siempre un reconocimiento social, se ha evidenciado que una de las principales razones que motivaba las donaciones en Colombia entre 1860 y 1970 era la idea de caridad, relacionada con la idea cristiana de la muerte y su destino después de la muerte física. También, la idea de dar estaba ligada a los propósitos de amar a Dios y al prójimo para salvar el alma, al tiempo que con ello se le estaría ayudando a la Iglesia y a los pobres27.

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Alberto Alvarado y José Alejandro Vivas, Pobreza. Una propuesta de análisis sistémico (Bogotá: Fundación Konrad Adenauer, Pontificia Universidad Javeriana, Instituto de Políticas de Desarrollo, 2004), 48-49. Beatriz Castro, “Prácticas filantrópicas en Colombia, 1870 – 1960”, Historia y Sociedad núm. 17 (2009): 37-68.

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En Occidente, aunque desde el siglo xiv algunos testamentos ya destinaban bienes y riquezas para iglesias, hospitales y fundaciones de caridad a fin de asegurar la salvación de las almas y la asistencia 28, ese argumento se reafirmó aún más desde el siglo xvii con la nueva idea de que esa devolución voluntaria era necesaria para lograr un buen acuerdo: paz, amistad y concordia entre los hijos, deudos y supervivientes, a modo de un simple deber de conciencia. Desde el siglo xviii, en la época de la nueva pastoral de la Contrarreforma, se concibió la necesidad de dejar los bienes para hospitales y obras pías, con lo que además se asegura la “salvación personal”; el testamento se convierte entonces en un acto religioso, así no sea de carácter sacramental, porque de su realización depende la salvación eterna. A mediados del siglo xviii las limosnas y fundaciones de misas dejaron de ser el objetivo piadoso del testamento, así algunas veces se mantuvieran presentes. La obligación de testar, que antes comprometía solo a los ricos, ya involucró a los pobres y humildes, quienes aparte de destinar sus pocos bienes para familiares y amigos incluyeron igualmente las obras de la Iglesia. El testamento, que originalmente había sido un acto de carácter religioso, comenzó a incluir un arte de tipo poético que ya llevaba consigo el reflejo de la propia imagen ante la vida recorrida, así como una confesión personal del hombre frente a la incertidumbre de la muerte, al mismo tiempo que la muerte se convirtió en un instrumento único y particular29. Al analizar el fondo cultural de algunas manifestaciones altruistas expresadas por la sociedad en torno a la pobreza, se ha encontrado que en ocasiones subyacen elementos comunes asociados a la religión, los cuales son capaces de motivar sentimientos y actitudes sensibles. Sin embargo, en sociedades donde prevalecen otras tendencias o ideologías religiosas, no es la religión sino la caridad el punto de encuentro capaz de despertar la solidaridad ante el dolor ajeno, cuyas respuestas individuales y colectivas establecen políticas de atención para ayudar a los más pobres, organizadas generalmente en instituciones de carácter urbano30.

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Aunque las fundaciones podían ser escolares, la mayoría de las veces eran hospitalarias. Philippe Ariés, El hombre ante la muerte (Madrid: Taurus Ediciones, 1984), 232. Entre los siglos xiii y xvii, las masas urbanas reprodujeron de los monjes carolingios las plegarias por los muertos para situarse en las fundaciones y misas perpetuas que fueron modelo o prefiguración a las cofradías. Philippe Ariés, El hombre ante la muerte, 155-172. Referido por Beatriz Castro, El tratamiento de la pobreza urbana en Colombia 1869-1922 (Cali: Universidad del Valle, 1998), 7, acceso 11 de marzo, 2008, http://chasqui.univalle. edu.co/cidse/documentos/download/pdf/Eltratamientodela...pdf


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En una sociedad de predominio católico como la colombiana, la caridad pasó a convertirse en un deber religioso y en un compromiso moral, al tiempo que se volvió una forma de solucionar muchos de los conflictos generados dentro de la sociedad. Era una noción flexible, de amplia interiorización social, capaz de permear diversas estructuras sociales y culturales, mientras remitía al universo de los valores compartidos para despertar y motivar reacciones caritativas por parte de benefactores. Desde el siglo xv, la caridad se convirtió en un instrumento de perfeccionamiento espiritual asociado a las políticas sociales planteadas desde la Iglesia. Con la difusión del pensamiento ilustrado a finales del siglo xviii en Europa, en el siglo xix se comenzó a plantear el papel del Estado, en torno al cual se llevarían a cabo significativos debates relacionados con la caridad pública y privada, y sobre la caridad y la beneficencia 31. No obstante, la presencia estatal en torno a la salud de los pobres enfermos ha tenido manifestaciones tardías y muy limitadas en nuestro medio, de modo que solo a partir de la década de los años treinta del siglo xx se generarían temas de controversia que siguen siendo de actualidad hasta nuestros días. El hospital fue sufriendo transformaciones graduales a través del tiempo hasta convertirse, a finales del siglo xix y principios del xx, en una entidad dedicada exclusivamente a la atención y el tratamiento de los enfermos, con relativos niveles de docencia e investigación, de acuerdo con el alcance que iban teniendo los principios científicos y tecnológicos para cada lugar y época. En Colombia, desde la segunda mitad del siglo xix, la dinámica de ciertos centros urbanos como Bogotá permitió que algunos establecimientos se transformaran para establecer una ayuda institucional hacia los más necesitados, tal como sucedió con el Hospicio General y el hospital. Dentro de ese proceso de cambio a las funciones de asistencia médica originales, también se fueron incorporando la educación médica y en menor grado la investigación32. Fue así como desde finales del siglo xix se tuvo un primer punto de partida y referencia, con el que más tarde se llegaría al concepto de hospital universitario que hoy conocemos. De esta manera, y para este caso particular, el hospital es considerado como un lugar de asistencia, tratamiento y docencia, pero también allí se cuenta con un campo experimental que es además lugar de discur31 32

Beatriz Castro, El tratamiento de la pobreza urbana en Colombia 1869-1922, 7. Beatriz Castro, Caridad y beneficencia. El tratamiento de la pobreza en Colombia 1870-1930 (Bogotá: Universidad Externado de Colombia, 2007), 98-99.

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sos científicos, donde la palabra se encuentra consigo misma para efectuar críticas sobre el conocimiento mientras busca su propia verdad en forma ilimitada, en tanto que el enfermo queda sometido al análisis y la descripción del médico, con el alto riesgo de perder su propia identidad, a costa de adquirir una denominación nosológica importante33. Conviene precisarse que, de acuerdo con los Estatutos de la Asociación Colombiana de Hospitales en 1942, se entendía por hospital “toda institución oficial o privada que está en el deber de proveer todo lo necesario para el mantenimiento y restauración de la salud”34. Aquí el concepto de salud puede ser interpretado como adaptación y equilibrio al medio35. A su vez, la posición del médico como semiólogo clínico de la medicina hace que, en lugar de ser un conocedor de enfermedades, se convierta en un intérprete de los signos y síntomas de cada cuerpo estudiado, sin olvidar que dentro del proceso del conocimiento la razón también realiza un reordenamiento de conceptos para hacer una epistemología o estudio crítico de los datos científicos abstractos encontrados, con los cuales podrá llegar a sus propias conclusiones. De este modo, la salud tiende a ser identificada con una forma de homeostasis o equilibrio, dentro de una condición de bienestar que no implica necesariamente autoconocimiento del desequilibrio corporal, sino más bien una carencia consciente de signos y síntomas. También el poder puede tener efectos sobre ciertas verdades, cuando existen estrechos lazos entre la metodología científica, las formas cotidianas que buscan la verdad y la investigación jurídica; de allí el importante papel que como representante de la verdad y la autoridad tiene el médico frente a la sociedad, frente a las crisis generadas por la enfermedad. La enfermedad —a su vez— puede ser considerada como una construcción cultural inherente a la humanidad que ha sido combatida y 33 34 35

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Michel Foucault, El nacimiento de la clínica. Una arqueología de la mirada médica (Buenos Aires: Siglo xxi Editores, 2004), 16-41. “Estatutos de la Asociación Colombiana de Hospitales”, en Revista de Higiene Año xxiii, núms. 2 y 3 (1942): 66. Con la posición epistemológica propuesta por Canguilhem, debe dársele el carácter de problema a los conceptos dados por la Organización Mundial de la Salud (oms) y la definición enunciada por la viii Conferencia Nacional de la Salud Brasileña en 1986. El concepto de salud queda al alcance de todos y deja de hacer parte del medio científico, para generar divagaciones sobre la vida, la muerte, la enfermedad y otras entidades similares. Como la salud no depende de un mecanismo, se inclina a llevarnos al “cuerpo subjetivo”. Sandra Caponi, “Georges Canguilhem y el estatuto epistemológico del concepto de salud’, História, Ciências, Saúde-Manguinhos vol. 4 núm. 2 (1997): 287-307, acceso 8 de febrero, 2012, www.scielo.br/pdf/hcsm/v4n2/v4n2a05.pdf


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compartida por sistemas simbólicos tales como la religión, la magia, la medicina o la combinación de ellos, de acuerdo a la interpretación que tienen del mundo las sociedades. Como el concepto de salud, el concepto de enfermedad es atravesado por una lógica que gobierna la relación causa-efecto y a la vez determina que las diversas formas de interpretar la enfermedad, su etiología, su producción y su sintomatología sean responsables de definir el proceso curativo. La posibilidad de combatir la enfermedad se convierte en herramienta política por acción u omisión, tanto de entidades científicas como por parte del Estado, frente a la sociedad que requiere y busca de la salud una condición ideal y permanente. Desde la perspectiva de la medicina científica, la enfermedad debe ser vista como el resultado de ambientes nocivos sobre un organismo, lo que implica que a los problemas orgánicos se les han sumado aspectos mentales, sociales y ecológicos que rompen los equilibrios de adaptación para producir la muerte en forma gradual o violenta. La medicina puede ser considerada como un sistema simbólico que se propone buscar la curación al tratar de recuperar un orden perdido. Ella trabaja mediante actividades preventivas, curativas y de rehabilitación, con alcances individuales y sociales. Como concepto sociocultural, la medicina está orientada a combatir la enfermedad a partir de una visión epistemológica definida que depende de la interiorización de diversos conceptos, valores, componentes físicos, religiosos y psicológicos, los que a su vez establecen prioridades entre unos y otros. De acuerdo con el tipo de medicina empleada, se establecen vínculos individuales y colectivos entre quien determina el tratamiento y quien lo recibe. La medicina científica en Occidente se ha logrado con el cambio de ciertos elementos como el objeto, el método y el empleo de la tecnología. Una vez la práctica médica ha sido identificada con una ética social, el Estado permite su institucionalización política. Así, comienza a ser reconocida por autoridades científicas que determinan y reglamentan el lenguaje con el cual se definen conceptos, se clasifican las enfermedades y se les da acceso a los programas de docencia en escuelas, hospitales y universidades; el liderazgo alcanzado por sus miembros puede permitir el control de tarifas tanto en los servicios profesionales como en la reglamentación de los servicios farmacéuticos una vez se constate una experiencia profesional exitosa que los vincule científicamente con escuelas nacionales e internacionales, de las cuales pueden recibir información y que, con su respaldo, también es posible difundir sus logros a modo de publicidad para inspirarles confianza a los pacientes y a la sociedad. Sin embargo, la medicina científica no está

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desligada de otras alternativas médicas de carácter popular que, por medio de saberes mágicos, culturales y creencias pueden llegar a constituir la llamada medicina tradicional o mágica36. También a partir del principio del Socialismo del Estado, se ha creado la legislación de la Seguridad Social, inspirada en el concepto mismo de que el trabajador que por años ha dado su vida y su trabajo para la colectividad deberá tener una retribución frente a la enfermedad, incapacidad, vejez o muerte, porque quienes se han beneficiado de sus servicios no han saldado completamente la deuda adquirida. Es entonces el Estado, como representante de la comunidad, el que debe ofrecerle, junto con sus patrones y su propia participación, cierto tipo de seguridad en la vida contra infortunios como el desempleo, la enfermedad, la invalidez, la vejez, y en caso de muerte esos beneficios deberán llegarle a sus familiares más débiles y desprotegidos37. Una vez que la enfermedad es vista como un mal que impide el adecuado desarrollo de las sociedades humanas, la Seguridad Social se convierte en una respuesta del Estado y las sociedades para establecer medidas de lucha. La función organizativa estatal se compromete a dar asistencia y apoyo a las necesidades y riesgos sociales respecto a la salud pública, tanto en periodos de prosperidad como de crisis. La Seguridad Social puede ser concedida a manera de prestaciones gratuitas o adquiridas por la Constitución y las leyes, a partir del derecho de igualdad y amparo que adquieren los individuos y sus colectividades38. La historia que hace alusión a los hospitales en Colombia, particularmente a los de la capital, se ha narrado por lo general como una expresión de lo anecdótico desde visiones muy descriptivas por parte de personas vinculadas a ellos a través de su trabajo, las cuales, a manera de celebración, buscan exaltar los hitos de estas instituciones desde momentos fundacionales, o para destacar los logros científicos, tecnológicos y humanos, más que para ser escritos con un rigor histórico que comprometa los contextos económicos, sociales, religiosos, culturales y políticos de cada época. Entre los primeros, se encuentran: el breve texto alusivo al primer hospital fundado en el territorio del Nuevo Reino de Granada, en Santa 36

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Hacen parte de los saberes mágicos que constituyen la medicina alternativa: el chamanismo, el curanderismo, la brujería, la hechicería y la yerbatería. Diana Luz Ceballos, “Enfermedad, magia y medicina en el Antiguo Régimen”, en Higienizar, medicar, gobernar: historia, medicina y sociedad en Colombia (Medellín: Universidad Nacional de Colombia, 2004), 41-52. Marcel Mauss, Ensayo sobre el don. Forma y función del intercambio en las sociedades arcaicas, 230-233. Joaquín Aparicio, La seguridad social y la protección de la salud (Madrid: Cívitas, 1989), 21-31.


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María la Antigua del Darién39, el libro de Laurentino Muñoz sobre el Hospital de San José40, así como el libro que escribió Jorge Cavelier Gaviria sobre la Clínica de Marly, el de Efraím Otero sobre el Instituto Nacional de Radium41, y —ya desde otra perspectiva— el voluminoso libro en cinco tomos dedicado y escrito por Benjamín Agudelo sobre el Hospital San Juan de Dios42 , además de muchos textos cortos sobre la misma institución43. Entre las publicaciones que se aproximan al tema de los hospitales desde las agremiaciones hospitalarias, debe tenerse en cuenta El hospital en Colombia, un libro de José Antonio Jácome Valderrama sobre el Primer Congreso Hospitalario de Bucaramanga en 1942 que permite visualizar el contexto hospitalario para la época44. Adicionalmente, y para referirse a muchos de los hospitales colombianos durante diferentes periodos, se tiene la Revista Hospitalaria que es editada en forma periódica por la Asociación Colombiana de Hospitales y Clínicas. Algunos autores escriben desde las ciencias sociales acerca de los hospitales en medio de sus crisis, como sucede con la tesis de María Fernanda Durán sobre la crisis hospitalaria durante la epidemia de la gripe española en Bogotá en 191845, y el libro Recuerdos del olvido. Memorias del Hospital San Carlos, de Martha Luz Ospina y Mario Hernández46. También están los artículos de varios autores publicados en la revista Gerencia y Políticas de Salud, entre los cuales se destaca la contribución de Juan Carlos Eslava “Hospital universitario y crisis hospitalaria en Colombia”, alusiva al hospi39 40 41 42 43

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Juan Jacobo Muñoz, El primer hospital de América y otros relatos médicos (Bogotá: Instituto Caro y Cuervo, 1995), 34-35. Laurentino Muñoz, Historia del Hospital de San José 1902-1956 (Bogotá: Imprenta del Banco de La República, 1958). Efraím Otero Ruíz, Setenta años del cáncer en Colombia. Historia del Instituto Nacional de Cancerología 1934-1999 (Bogotá: I/M Editores, 1999). Benjamín Agudelo, Los hijos de San Juan de Dios en Nueva Granada de Colombia, Tomos III y V (Cali: Talleres Carvajal, 1983). Entre estos textos cortos sobre el Hospital San Juan de Dios, deben mencionarse: el de Adolfo De Francisco, “El Hospital de San Juan de Dios de Bogotá”, Academia Nacional de Medicina (1998), acceso 17 de febrero, 2008, http://www.anmdecolombia.org/x-07hospi. htm, y el artículo de Hernando Forero Caballero, “Síntesis de la evolución histórica del Hospital San Juan de Dios”, en Medicina, Órgano Informativo de la Academia Nacional de Medicina de Colombia, núm. 12 (1985): 49-52. José Antonio Jácome, El Hospital en Colombia, compilación de las labores del Primer Congreso Hospitalario de Colombia (Bucaramanga: Imprenta del Departamento, 1942). María Fernanda Durán, La Gripe Española en Bogotá. La epidemia de 1918 (Bogotá: Secretaría General, Alcaldía Mayor de Bogotá, 2006). Martha Luz Ospina y Mario Hernández, Recuerdos del olvido. Memorias del Hospital San Carlos (Bogotá: Fundación Hospital San Carlos, 1966).

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Entre la mutua dependencia y la mutua independencia

tal universitario con motivo de la crisis en el San Juan de Dios47, y el libro Hospital universitario: desde el San Juan de Dios hasta la construcción de un nuevo proyecto, de Bocchetti, Arteaga y Palacios, sobre el cierre del mismo hospital en 197548. Entre los libros que se han escrito sobre los hospitales, pero desde la historia de la educación médica en Colombia, se tienen: La institucionalización de la medicina en Colombia de Néstor Miranda, Emilio Quevedo y Mario Hernández49, Escuela de medicina de Juan Carlos Eslava 50, además de varios artículos del primer autor51; el artículo “Evolución de la educación médica en Colombia” del médico Ernesto Andrade Valderrama 52, el libro Evolución histórica de la medicina en Santafé de Bogotá de Hernando Forero Caballero53, y la compilación de varios autores en El arte de curar 54. Aunque en diversas ocasiones se ha intentado elaborar una historia del Hospital San Ignacio, solo se tienen algunas versiones cortas escritas la mayoría de las veces por médicos y directivos, como es el caso del pequeño libro del padre Jaime Salazar, S. J., El Hospital San Ignacio. Una experiencia humana55, el folleto de carácter propagandístico e institucional titulado Hospital San Ignacio. Institución de servicio a los pobres y a la ciencia del padre

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Juan Carlos Eslava, “Hospital universitario y crisis hospitalaria en Colombia”, 41-48. Carla Bocchetti, Juan Manuel Arteaga y Marco Palacios, Hospital universitario: desde el San Juan de Dios hasta la construcción de un nuevo proyecto (Bogotá: Universidad Nacional de Colombia, 2005). Este libro contiene una primera parte escrita por Néstor Miranda “La Medicina Colombiana de 1867 a 1946”, y la segunda parte es escrita por Néstor Miranda, Emilio Quevedo y Mario Hernández: “Ciencias Médicas, Estado y Salud en Colombia: 1886-1957”, en Néstor Miranda, Emilio Quevedo y Mario Hernández, eds., La institucionalización de la medicina en Colombia. Tomo viii (Bogotá: Colciencias, 1993). Juan Carlos Eslava, “La Escuela de Medicina de la Universidad Nacional: El surgimiento de una escuela anatomoclínica ‘1868’”, en Estela Restrepo Zea, comp. Escuela de medicina (Bogotá: Universidad Nacional de Colombia, Facultad de Ciencias Humanas, 2004). Néstor Miranda, “La Medicina Colombiana de la Regeneración a los años de la Segunda Guerra Mundial”, en NHC, Nueva Historia de Colombia, Tomo IV (Bogotá: Editorial Planeta Colombia, 1989.; Néstor Miranda, “La medicina en Colombia, de la influencia francesa a la norteamericana”, Revista Credencial Historia 29 (1992): 4- 5, acceso 10 de julio, 2008, http://www.lablaa.org/blaavirtual/revistas/credencial/mayo1992/mayo1.htm . Ernesto Andrade Valderrama, “Evolución de la educación médica en Colombia”, Cirugía vol. 1 núm. 3 (1986): 165-169. Hernando Forero Caballero, Evolución histórica de la medicina en Santafé de Bogotá (Bogotá: Biblioteca de Autores Cundinamarqueses, 1983). Efraím Otero y Mauricio Pérez, eds., El arte de curar Un viaje de la enfermedad en Colombia 1898-1998 (Bogotá: AFIDRO, I/M Editores, 1998). Jaime Salazar Londoño, S. J., El Hospital San Ignacio. Una experiencia humana (Bogotá: ANC Editores, 1995).


Introducción

Jorge Uribe, S. J.56 ; Rumbo al 2000, y Lo Nuestro, dos folletos con ediciones periódicas editados por el mismo hospital, además de algunos artículos de revistas y textos anecdóticos breves escritos por médicos, sacerdotes y funcionarios del hospital, generalmente con ocasión de conmemoraciones. Como ya se ha anotado, el hospital ha suministrado varios textos inéditos e institucionales, como la Breve Historia Hospital Universitario San Ignacio (1992-1994), y Hospital Universitario de San Ignacio. Historia, un documento que además de presentar varios artículos cortos incluye “La situación del Hospital de San Ignacio entre 1985-1989”, del padre Gerardo Arango, S. J., y el Dr. Eduardo Villar57, con información alusiva a las épocas de las grandes crisis económicas. La estrecha relación entre la Facultad de Medicina y el Hospital San Ignacio también permite que muchas de las publicaciones de aquella y de la universidad incluyan información del hospital, como sucede con el Boletín de la Facultad de Medicina 1966-1967 y 196858, la compilación sobre el Primer Congreso Universitario de 195059, así como las publicaciones periódicas Universitas Médica , Revista Javeriana, Repertorio de Medicina y Cirugía60, Cirugía, Hoy en la Javeriana o Unión Javeriana, además del libro Historia de la Facultad de Medicina, editado por el Dr. Jorge Segura Vargas61. Esta historia institucional se propone conocer el proceso histórico vivido por el Hospital San Ignacio desde su fundación en forma simultánea con la Facultad de Medicina de la Universidad Javeriana en 1942, saber qué tipo de relaciones han existido entre ambas entidades, así como los tipos de influencia médica que determinaron su funcionamiento, para encontrar cuál ha sido su papel en la formación de médicos dentro del contexto de la educación médica colombiana.

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Jorge Uribe R., S. J., Hospital San Ignacio. Institución de servicio a los pobres y a la ciencia (Bogotá: Hospital Universitario San Ignacio, Programa Amigos de San Ignacio, Oficina de Prensa de la Universidad Javeriana, 1980). Gerardo Arango y Eduardo Villar, “La situación del Hospital de San Ignacio 1985-1989”, en Hospital Universitario San Ignacio. Historia (Bogotá: Hospital Universitario de San Ignacio, 1989). Facultad de Medicina, Boletín 1966-1967 y 1968 (Bogotá: Pontificia Universidad Javeriana, 1968). Primer Congreso Universitario Javeriano, Bogotá, Mayo 25-27 de 1950. Antecedentes – Realizaciones – Acuerdos. Volumen III (Bogotá: Publicaciones del Fondo Rotatorio de la Pontificia Universidad Católica Javeriana, Editorial CAHUR, 1950). “Misión Médica Unitaria a Colombia Octubre 15 – Noviembre 10 – 1948”, Repertorio de Medicina y Cirugía 3ª Época vol. 5 núm. 3 (s. f.). Jorge Segura, ed., Historia de la Facultad de Medicina. Sus inicios y desarrollo en la Pontificia Universidad Javeriana (Bogotá: Editorial Javeriana, 2010).

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Entre la mutua dependencia y la mutua independencia

Este libro se divide en tres partes. La primera se denomina “Contextos” y comprende el periodo previo a 1942, año en el que se fundó el Hospital de San Ignacio en forma casi simultánea con la Facultad de Medicina. Mientras la escuela médica logró avanzar entre muchas dificultades con sus primeras promociones, el Hospital San Ignacio dependió en forma íntegra de aquélla, y si bien en muchos aspectos la presencia del hospital se hizo evidente en la capital y en el país por los trámites y las exigencias que le eran impuestas por entidades privadas y estatales, la simultánea imposibilidad de concretarlo generaba hondos sentimientos de afectos y rechazos. Durante esos años, los lazos con la Iglesia Católica fueron decisivos respecto a la Facultad de Medicina y el futuro del hospital, así en términos físicos el Hospital San Ignacio no fuera más que un proyecto idealizado, o en algún momento una obra física inconclusa que muchos interpretaron como un “refugio de fracasados”. La segunda parte es denominada “Las Fundaciones” debido a que en ella se llevó a cabo la consolidación física y administrativa de la institución. Este periodo, que sucede desde 1942 hasta finales de esa década, se caracterizó por el gran surgimiento hospitalario en aspectos administrativos, científicos y tecnológicos en medio de grandes dificultades económicas62. Entonces se conformaron muchos de los servicios, departamentos y unidades administrativas, docentes, investigativas y asistenciales del Hospital San Ignacio. La tercera parte, denominada “La Facultad y el Hospital”, inicia en 1942 y concluye a comienzos de la época de 1990. Aquí se presentan tres periodos principales: primero, entre 1942 y 1959, las influencias nacionales y extranjeras en torno a los ideales de lo que deberían ser la escuela médica y el centro asistencial, que durante este tiempo funcionaba en el Hospital de La Providencia, de carácter provisional y antecesor del futuro Hospital San Ignacio. Luego se expone el periodo entre 1959 y 1970, cuando se construyó el edificio emblemático del Hospital San Ignacio y se conformaron muchos de sus servicios, departamentos y unidades administrativas, docentes, investigativas y asistenciales. Si bien, los vínculos con la Iglesia persistieron, muchas veces pasaron inadvertidos. Esta etapa concluye con el retiro administrativo del hospital de la Universidad Javeriana a partir del 1° de enero de 1970, al tiempo que tomó el nombre oficial de Hospital Universitario de San Ignacio. Finalmente se describe un último periodo que va desde 1965 hasta 1990, en el que el hospital se vio enfrentado a enormes responsabilidades

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Breve Historia Hospital Universitario San Ignacio (1992-1994), 7.


Introducción

asistenciales por parte de las entidades estatales que, además de revelar el tipo de relaciones existentes entre el hospital y el Estado, pronto lo llevaron a una gran crisis que amenazó con su posible cierre. En esta época, que también coincidió con unos años de gran inestabilidad en la vida de muchos de los hospitales colombianos (entre 1975 y 1989), presentó sus mayores dificultades el Hospital San Ignacio. Ante la “realidad diagnóstica”, en 1984 se tuvieron que tomar decisiones drásticas en varios niveles, entre las que se dieron el cierre del Departamento de Pediatría, para comenzar en 1987 un periodo de “reestructuración del sistema organizacional”. Solo así fue posible superar las dificultades preexistentes a costa de grandes sacrificios económicos que incluyeron la venta del edificio hospitalario, pero al mismo tiempo se pudo preparar la institución hospitalaria para los desafíos que llegarían con la Ley 100 de 1993 del Congreso de la República de Colombia. En esa etapa, se reveló una vez más la importancia que tendría para el hospital el mantener estrechas relaciones con la Universidad Javeriana, la Compañía de Jesús y las altas jerarquías de la Iglesia Católica.

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parte i contextos capítulo primero

Los jesuitas de regreso

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esde su primer ingreso al territorio del Nuevo Reino de Granada, los miembros de la Compañía de Jesús tuvieron que enfrentarse a tempestades físicas e ideológicas que, aunque originalmente retrasaron sus proyectos, los fortaleció para futuros desafíos. Los tres primeros jesuitas que fondearon en Cartagena de Indias el 8 de mayo de 1589, y tardaron un año completo en llegar a Santafé por las crecientes del río Magdalena, tampoco tenían la misión de establecerse porque solo hacían parte de una excursión apostólica. Las mismas presiones que recibieron por parte de la Real Audiencia desde su arribo hicieron que el presidente los solicitara ante el rey con el propósito de que se fundara un colegio donde enseñaran letras, ciencias, teología y lenguas indígenas, a cuyo estudio se habían dedicado desde su llegada1. Expulsados por la Pragmática Sanción de Carlos III en 1767, regresaron a la Nueva Granada en 1844, justo cuando se estaban consolidando las instituciones civiles de la futura nación, pero serían otra vez desterrados mediante un decreto del presidente José Hilario López el 18 de mayo de 1850 para volver con la ayuda de Mariano Ospina Rodríguez entre 1857 y 1861. El 26 de julio de 1861 un nuevo Decreto del General Mosquera los despidió del país. Dos miembros de la Compañía llegaron en 1872 al Estado de Panamá, Colombia, y desde 1880 el gobierno de

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Manuel Briceño S. J., “La Universidad Javeriana de ayer a hoy. Reseña Histórica” En: Theologica Xaveriana, vol. 30, núm. 3 (1980), 323.

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Entre la mutua dependencia y la mutua independencia

Rafael Núñez y su propuesta política de La Regeneración les permitió regresar al país para fundar colegios y confiárseles en 1887 el Colegio de San Bartolomé2. Es así como su presencia difícil e intermitente en el territorio colombiano desde épocas coloniales marcaría un carácter definido en sus miembros y un sello particular en las obras que emprendieran a su paso.

Restauración de la Provincia en Colombia En 1903, la Compañía de Jesús estaba sufriendo en Colombia las consecuencias generales de la Guerra de los Mil Días, además de los efectos del sectarismo antirreligioso del siglo xix. La Misión Colombiana tenía seis casas y estaba constituida por 145 religiosos, la mayoría de los cuales eran españoles y centroamericanos, y en su noviciado solo había un seminarista y un escolar3. El 9 de septiembre de 1924, día de San Pedro Claver, el General de la Compañía de Jesús, P. Wlodimir Ledóchowski, S. J., firmó en la sede del Colegio Máximo de la Provincia de Castilla en Oña el Decreto con el cual se restauraba la Provincia de Jesús en Colombia. Sustentado en los éxitos obtenidos por los jesuitas desde 1610, el alto jerarca le hacía un reconocimiento a todas las obras realizadas por la orden, con las que en medio de grandes desafíos religiosos y políticos se había alcanzado una vida jurídica para la Compañía, y se le había dado una gran ayuda al país. El 8 de diciembre de ese año, día de La Inmaculada, fue el llamado para que el General de la Compañía erigiera de nuevo la Provincia colombiana. Se determinó que el primer provincial de la nueva etapa que empezaba sería el padre Jesús María Fernández, S. J., quien se venía desempeñando como superior de la Misión desde septiembre de 1920 4. Aunque esta ceremonia tuvo un carácter doméstico, se acompañó de 2

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Se trataba de José Telésforo Paúl, de nacionalidad colombiana, y Roberto del Pozo, ecuatoriano. Jorge Enrique Salcedo, S. J., “Las vicisitudes de los jesuitas en Colombia durante el siglo xix ”, Theologica Xaveriana núm. 152 (2004): 682-690. Por entonces se tenían en Bogotá el Colegio de San Bartolomé y el Noviciado de Chapinero con una casa de estudios, los colegios de San Ignacio en Medellín y San Pedro Claver en Bucaramanga, y las residencias de Cartagena y Panamá. El único seminarista era Félix Restrepo Mejía, quien ingresó como escolar del Colegio de San Ignacio de Medellín. Jesús Sanín Echeverri, S. J., “Ayer y Hoy: Homenaje al R. P. Félix Restrepo, S. J.”, Revista Javeriana vol. 60 núm. 296 (1963): 87-89. Alberto Gutiérrez, S. J., “La Compañía de Jesús en la Pontificia Universidad Javeriana”, En 80 años Pontificia Universidad Javeriana. Restablecimiento 1930-2010 (Bogotá: Pontificia Universidad Javeriana, 2010), 25.


Los jesuitas de regreso

celebraciones religiosas durante los días 8, 9 y 10 de diciembre, a cuyos festejos acudieron personas destacadas de la ciudad 5. Estas fiestas se llevaron a cabo en el antiguo Colegio de San Bartolomé, designado como sede de la Nueva Provincia que renacía en Colombia, desde donde se dirigirían varias casas jesuíticas con diversas funciones6, muchas de las cuales estuvieron dedicadas a las labores educativas7. Como muchos de los miembros de la Provincia colombiana se encontraban por esos años en proceso de formación en Europa, también se dispuso que varios de ellos regresaran al país para que le aportaran nuevas ideas e iniciativas a este nuevo ciclo que comenzaba8.

Reapertura de la Universidad Javeriana Después de haber gobernado al país durante un poco más de cuatro décadas, a comienzos de la década de 1930 el Partido Conservador le cedió el poder al Partido Liberal, que eligió a Enrique Olaya Herrera con un programa denominado Concentración Nacional. Esta iniciativa se proponía eliminar la violencia que había tenido su mayor expresión con los hechos sangrientos de las bananeras en la zona del Magdalena. El Partido Socialista, que por entonces estaba dividido en dos sectores al igual que el Partido Conservador, prefirió esperar los rumbos del nuevo régimen y muchos de sus seguidores terminaron por ubicarse en la oposición. 5

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Estuvieron invitados a esta celebración el Arzobispo de Bogotá, Monseñor Bernardo Herrera Restrepo, y el presidente de la república, Pedro Nel Ospina, además de clérigos, jesuitas y amigos de la Compañía de Jesús. Las casas de la Compañía en Colombia eran: el Seminario Menor o Escuela Apostólica de Madrid, Cundinamarca; el Colegio y la Casa de Probación de la Inmaculada Concepción de la Santísima Virgen María (noviciado y juniorado); el Seminario de La Merced (filosofado) y la Estación en Santa Rosa de Viterbo, también conocida como el Colegio del Sagrado Corazón de Jesús, donde se esperaba construir el Colegio Máximo (filosofado y teologado). Estaban los colegios de San José de Barranquilla, San Bartolomé en Bogotá, San Pedro Claver de Bucaramanga, San Ignacio de Loyola de Medellín, José Eusebio Caro de Ocaña y San Francisco Javier de Pasto, y algunas labores pastorales en las Residencias San Pedro Claver en Cartagena y la Residencia de Manizales. La Provincia se organizó con el padre Uldarico Urrutia, S. J. como colaborador del P. provincial y el Hermano Arpidio Zuluaga, S. J., en calidad de coadjutor. Fueron consultores los padres Urrutia, S. J.; Miguel Montoya, S. J., vicerrector del Seminario de La Merced; Rafael Toro, S. J., rector del Colegio de San Bartolomé; Luis Francoz, S. J., rector del Colegio de María Inmaculada y Marco Antonio Restrepo, S. J. fue nombrado procurador de la Provincia. Alberto Gutiérrez, S. J., “La Compañía de Jesús en la Pontificia Universidad Javeriana”, 32-38.

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Entre la mutua dependencia y la mutua independencia

En el plano educativo, el gobierno de Olaya propuso más libertad y menos intervención estatal, particularmente a nivel de la enseñanza universitaria. En lo que se refiere a los temas eclesiásticos, tanto el clero de Medellín como las autoridades de Bogotá consideraron que los jesuitas eran los más inclinados a favorecer la iniciativa privada que contribuyera a la libertad de enseñanza9. Así se maduró la idea de fundar una universidad privada y católica en Colombia, la cual permitió el nacimiento de la Universidad Javeriana en 1930, y la Bolivariana en 1935 (véase figura 1). El provincial de la Compañía de Jesús en Colombia confiaba en que se podría volver a abrir la universidad jesuítica, porque la Ley 56 de 1927 parecía permitir y reconocer a las universidades no oficiales. Al declararse la autonomía de ese establecimiento histórico por medio de la Ley 44 de 1928, se interpretaba que los legisladores también le estaban concediendo un reconocimiento a sus facultades, títulos y certificados, con efectos equiparables a los de la Universidad Nacional. Con la intención de reiniciar los estudios universitarios, el 1 de octubre de 1930 se reunieron en la sala rectoral del Colegio de San Bartolomé los consultores de la Provincia, convocados por el padre provincial, Jesús María Fernández, S. J., para tratar el tema de “la deliberación sobre la fundación de estudios universitarios en la Provincia”, cuya iniciativa ya estaba progresando10. En esa Consulta de Provincia, el P. Fernández dispuso que bajo la dirección del P. Félix Restrepo, S. J., y en coordinación con su hermano el P. José Salvador Restrepo, S. J., en calidad de rector, se evaluara todo lo que fuera necesario para que los estudios universitarios en la Compañía de Jesús comenzaran en 1931, y se decidió que el nombre de la institución sería el de Universidad Javeriana, como la antigua Academia fundada en 1622. La Universidad estaría dirigida por la Compañía de Jesús de acuerdo con las leyes de la república, y el representante legal de la universidad sería el mismo rector, nombrado según las constituciones y leyes de la Compañía de Jesús y según sus propios elementos. El rector quedaría encargado de dar y modificar los estatutos y reglamentos de la institución universitaria para elegir en forma libre a los profesores, con lo que podía delegar parte de sus atribuciones a las diferentes juntas de gobierno conforme a los 9 10

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Tanto el Arzobispo de Medellín, Monseñor Manuel José Caycedo, como el Arzobispo de Bogotá, Ismael Perdomo, se manifestaron a favor de la Compañía de Jesús. Eran Consultores de la Provincia los sacerdotes Félix Restrepo, S. J.; José Salvador Restrepo, S. J.; Gabriel Lizardi, S. J. y Ricardo Calderón, S. J. En nombre del Colegio de San Bartolomé estaban además los padres Santiago Sádaba, S. J.; Elías Botero, S. J. y Luis R. David, S. J.


Los jesuitas de regreso

reglamentos, porque los consejos y juntas directivas de la universidad solo tendrían un carácter consultivo. En esa ocasión se dieron todos los pasos necesarios para que la universidad llegara a ser reconocida por la Santa Sede como católica, pero advirtiendo que aunque esto se lograra, permanecería neutral en cuestiones políticas. Entonces, se decidió que ni profesores ni alumnos podrían tener actividades políticas dentro del recinto de la universidad; tampoco en nombre de ella. Originalmente se abrió la Facultad de Ciencias Económicas y Jurídicas con la idea de complementar la educación del derecho con estudios de economía social para resolver los problemas sociales y económicos de Colombia11. Se recurrió nuevamente al método pedagógico jesuítico contenido en la llamada Ratio Studiorum S. J.12, que conformaría el proyecto ignaciano proyectado hacia el siglo xx. De ese modo, se reconocía y recuperaba la tradición de la Javeriana del periodo colonial que con sus cátedras universitarias le había dado esplendor al Colegio de San Bartolomé, al tiempo que se creaba un paradigma para la docencia, la investigación y los servicios prestados a la sociedad en torno a la Provincia colombiana, el cual se volvería un modelo para la Compañía en toda Latinoamérica13. Entre las agitadas convulsiones de la década de los treinta, que obedecían a nuevas formas de desarrollo económico nacional y eran agravadas con las crisis mundiales, también las ideas tendieron a polarizarse; si algunos negaban el viejo orden para ingresar a todo lo que proponían los tiempos modernos, otros preferían frenar las transformaciones sociales por aferrarse a lo antiguo. Entonces los jesuitas prefirieron adaptarse a los vientos modernos pero sustentados en principios tradicionales sólidos que ofrecieran condiciones más dignas y humanas a los nuevos sectores de la sociedad, porque consideraban que sería necesario que las clases dirigentes se comenzaran a involucrar con el destino de la nación14, y la reapertura 11 12

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Referido por Alberto Gutiérrez, S. J., “La Compañía de Jesús en la Pontificia Universidad Javeriana”, 51. La experiencia académica y espiritual alcanzada por Ignacio de Loyola y los primeros jesuitas hacia 1599 les permitió ordenar los métodos pedagógicos y didácticos de la Compañía de Jesús en lo que se conoce como la Ratio studiorum, como un gran aporte a la fe, la cultura y la ciencia, dentro de una formación educativa particular de carácter integral. Édgar Ramírez, “Implementación de la Ratio studiorum en el Colegio de San Bartolomé (1604-1767)”, Theologica Xaveriana núm. 152 (2004): 651- 655. Alberto Gutiérrez, S. J., “La Compañía de Jesús en la Pontificia Universidad Javeriana”, 58. Germán Mejía Pavony, “Pontificia Universidad Javeriana. Una historia 1924-1978”, en 80 años Pontificia Universidad Javeriana. Restablecimiento 1930- 2010 (Bogotá: Pontificia Universidad Javeriana, 2010), 67-68.

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Entre la mutua dependencia y la mutua independencia

de la Javeriana también se debería aportar en la defensa de los principios católicos en medio de los cambios que vivía el país. De acuerdo con las sugerencias del rector del Colegio de San Bartolomé, José Salvador Restrepo, S. J., quedaron encargados de organizar todo lo concerniente a la apertura de clases a partir de 1931 los padres Jesús María Fernández, S. J., y Félix Restrepo, S. J.15 Estas decisiones se mantuvieron en reserva por un tiempo, porque todos los jesuitas eran conscientes de que “el asunto de la creación de universidades privadas y católicas no encontraba la total aceptación debido a la euforia de los comienzos de un régimen liberal”. En octubre de 1932, el padre Wlodimir Ledóchowski, S. J., General de la Compañía de Jesús, nombró como rector del Colegio de San Bartolomé al padre Jesús María Fernández, S. J., quien se desempeñaba como Decano de la Facultad de Ciencias Económicas y Jurídicas de la nueva Universidad Javeriana, y en ese puesto fue nombrado el padre Félix Restrepo, S. J., que hasta ese momento se había encargado de la Rectoría del Colegio de Santa Rosa de Viterbo. Para octubre de 1933, ya no se hablaría de la presencia de la facultad dentro del Colegio, sino de la Universidad Javeriana dentro del Colegio de San Bartolomé16. Con la firma del Acta de Restablecimiento y la posterior Resolución N.° 33 de 1933, mediante la cual la Universidad Javeriana adquiría personería jurídica17, se le dio inicio a lo que se conoce como la segunda etapa de la Universidad Javeriana. A principios de 1934, la Facultad de Ciencias Económicas y Jurídicas ya tenía su personería jurídica, y para el mes de agosto de 1935 se emplearía el término de “Universidad Javeriana, Facultad de Ciencias Económicas y Jurídicas”, al que luego se le añadiría el título de “Católica” y más adelante el de “Pontificia”18. El 31 de julio de 1937, y por iniciativa del Episcopado Colombiano y del General de la Compañía (el P. Lédochowski, S. J.), fue emitido el Decreto Canónico mediante el cual el Santo Padre erigía la Universidad como “Universidad Católica Pontificia”, a la que el 4 de marzo de 1938, se le agregaría la Facultad de Teología19. 15 ahjjmp. Rectoría, Sección: Rectores. Subsección: P. José Salvador Restrepo, S. J., C. 1, Serie:

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Correspondencia. Expediente: 1. Años: 1930-10-01 y 1930-12-31. Folio: 1-A-1. Código: Co-PUJ-Rector. Cod. 15. Contenido: Acta. Referido por Alberto Gutiérrez, S. J., “La Compañía de Jesús en la Pontificia Universidad Javeriana”, 48-50. Carta del Padre Emilio Arango, S. J., Bogotá, 3 de marzo de 1950. Referido por Alberto Gutiérrez, S. J., “La Compañía de Jesús en la Pontificia Universidad Javeriana”, 53. Referido por Alberto Gutiérrez, S. J., “La Compañía de Jesús en la Pontificia Universidad Javeriana”, 54.


Los jesuitas de regreso

figura 1. Patio

interior del Claustro de San Bartolomé, la primera sede de la Universidad Javeriana y la Facultad de Medicina en 1942. Archivo Histórico Javeriano Juan Manuel Pacheco, S. J.

No obstante, en 1934 comenzaron a darse fuertes debates desde el Concejo de Bogotá, secundados por un movimiento de izquierda estudiantil que tenía algunos elementos dentro de la Javeriana, y estaba afiliado a la Alianza Nacional Estudiantil Anticonservadora (anea). Estos manifestantes se expresaron en contra de la Compañía de Jesús y su posesión del edificio del Colegio de San Bartolomé, al tiempo que criticaron la presencia clerical dentro de las instituciones educativas. Se libró entonces una ardua polémica parlamentaria que terminó por decretar la Ley 110 de 1937, que ordenaba que a partir del 25 de noviembre de 1940 los jesuitas debieran abandonar el claustro de San Bartolomé para que el Gobierno nacional dirigiera el Colegio, convertido en el Colegio Nacional de San Bartolomé desde el siglo xix20. Así nació la urgente necesidad de desalojar el Colegio y conseguir un lugar propio para trasladar la Universidad Javeriana con el propósito de que pudiera desarrollarse en forma autónoma dentro de su propio campus. Los 20

Noticias núm. 163 (1951): 10.

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Entre la mutua dependencia y la mutua independencia

jesuitas del Colegio de San Bartolomé se trasladaron a la nueva sede de La Merced, y se fundó la Residencia de San Ignacio, donde funcionaron las revistas: Javeriana, El Mensajero del Corazón de Jesús y El Cruzado. Habría que esperar hasta el 19 de noviembre de 1952 a la firma de un acuerdo entre varios ministros del Gobierno de Roberto Urdaneta 21, con el padre Ramón Aristizábal, S. J. como provincial, por medio del cual se le devolvía la dirección del edificio del Colegio de San Bartolomé a la Compañía de Jesús “con la expresa condición de no cambiar la destinación dada por el Fundador al patrimonio esa fundación”22.

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En estas negociaciones participaron Lucio Pabón Núñez, Jorge Leyva y José Gabriel de la Vega, del Gobierno del presidente encargado Roberto Urdaneta Arbeláez. Referido por Alberto Gutiérrez, S. J., “La Compañía de Jesús en la Pontificia Universidad Javeriana”, 58.


capítulo segundo

La formación médica en Colombia

H

asta finales del siglo xix, la docencia médica en Colombia había dependido más de la importación de profesores extranjeros y el entrenamiento de colombianos que se educaban en el exterior para regresar al país como docentes, que de escuelas médicas propias sólidas y estables. A mediados del siglo, José Hilario López había decretado con la Ley del 15 de mayo de 1850 la libertad en la enseñanza y el ejercicio profesional, con la esperanza de que el saber y sus aplicaciones estuvieran al alcance de toda la sociedad. Sin embargo, esas medidas estimularon la competencia de médicos universitarios poco preparados que pasaban en forma fácil a la práctica quirúrgica y médica de hospitales lo que representaba un enorme peligro para los pacientes1. Para compensar esas fallas, el liberalismo radical fundó la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional en 1868, con la cual comenzó una nueva época para la docencia médica en Colombia. Con el gobierno de La Regeneración de Rafael Núñez en 1886, se dictaron las primeras disposiciones sobre higiene, facilitando la vinculación formal de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional con la educación médica del país2. A finales del siglo xix y hasta la primera mitad del xx, la mayoría de los médicos y docentes en Colombia se habían graduado de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional,

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Emilio Quevedo et al., “De la medicina ilustrada a la medicina anatomoclínica (17821865)”, en Historia de la Medicina en Colombia, Tomo II (Santander de Quilichao: Grupo Editorial Norma, 2008), 228-235. Por entonces se crearon otras Facultades de Medicina de corta duración, como el Colegio Académico de Buga, que se fundó en 1866 y solo duró cinco años; en Santa Marta hubo otra escuela médica en 1868 que duró muy poco. En 1872, el gobierno de Berrío fundó la escuela médica del Colegio Zea, a partir de la escuela de Martínez Pardo, creada en Santa Fe de Antioquia en 1837, y el Colegio de Antioquia en 1851. Ernesto Andrade Valderrama, “Evolución de la Educación Médica en Colombia”, 166.

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algunos de los cuales iniciaron la docencia y la academia en otras regiones como Cauca y Antioquia, así todavía algunos colombianos siguieran estudiando medicina en universidades extranjeras3 para regresar al país en calidad de docentes4. En síntesis, el panorama asistencial y educativo tampoco había cambiado mucho, porque las dificultades sanitarias y médicas, que adquirían grandes dimensiones con las guerras, seguían dependiendo en gran medida de la difusión y aceptación de la medicina internacional. En 1904, después de superarse los efectos de la Guerra de los Mil Días, se volvieron a reabrir los estudios en las tres escuelas médicas del país: la Facultad de Medicina de la Universidad de Antioquia, la Facultad de Medicina de la Universidad de Cartagena, y la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional de Colombia en Bogotá. En cada una de ellas se crearon cátedras con nombramiento de profesores dedicados por tiempo completo a su labor docente, los cuales estuvieron apoyados en la escuela médica francesa, la que a su vez se había inspirado en la medicina vienesa, de donde se había difundido por varias universidades y ciudades europeas y norteamericanas5. Pese a los estragos de la guerra, se afianzaron los conocimientos en la clínica y prosperaron las técnicas de la cirugía que fortalecieron la práctica médica quirúrgica6. Sin embargo, la medicina colombiana todavía estaba rezagada en relación con la europea, y las grandes transformaciones quirúrgicas solo llegarían al país después de la Primera Guerra Mundial. Por entonces, la anestesia, la antisepsia y la hemostasia, que habían sido considerados como los tres grandes descubrimientos revolucionarios de la cirugía durante la segunda mitad del siglo xix, no eran aplicados en Colombia, así muchos de los médicos conocieran de sus efectos y ventajas, en tanto que desde 1870 ya eran empleados en forma rutinaria en Europa7. Aunque en Colombia algunos médicos tenían suficiente información sobre los avances de la microbiología, en la práctica se desconocían los 3

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Los países más frecuentados para el estudio de la medicina por parte de los colombianos a finales del siglo xix y principios del siglo xx, eran Francia, Inglaterra, Alemania y Estados Unidos. Ernesto Andrade Valderrama, “Evolución de la educación médica en Colombia”, 166. La antigua escuela fundada en 1365, y vinculada a la Universidad de Viena, realizó cambios en la educación médica después de 1740, en relación con la anatomía, la cirugía y la clínica médica desde la cabecera del enfermo. Juan Mendoza Vega, Lecciones de historia de la medicina (Bogotá: Centro Editorial Rosarista, 2003), 140-141. Ernesto Andrade Valderrama, “Evolución de la educación médica en Colombia”, 167. A principios del siglo xx no se hacía la desinfección rutinaria de la sala y el material quirúrgico; cirujanos y estudiantes ingresaban a las salas de cirugía con ropa de calle y sin lavarse las manos a palpar los órganos de los pacientes. Referido por Néstor Miranda, “La medicina colombiana de 1867 a 1946”, 87.


La formación médica en Colombia

agentes de muchas enfermedades transmisibles, sus vectores y formas de difusión; tampoco la comprensión fisiológica de los procesos morbosos había sido incluida dentro de las actividades cotidianas de los médicos; la farmacología no era entendida como una herramienta de los tratamientos, y la cirugía dependía más del instinto y el ejercicio empírico y espontáneo de algunos, que de la formación académica universitaria. Cuando las grandes transformaciones quirúrgicas llegaron al país después de la Primera Guerra Mundial, también necesitaron de instalaciones especiales y costosas que, de existir, no solían reunir unas mínimas exigencias físicas e higiénicas, como se evidenció en 1907 cuando se tuvo que construir una nueva sala de cirugía en el Hospital San Juan de Dios de Bogotá: Ha llegado a este asilo de dolor, en momentos en que ya era un peligro penetrar en lo que llevaba el nombre de sala de operaciones, pues derruidas las vigas del pavimento por acción de los siglos y por el agua que penetraba en los intersticios de un teclado (sic) de rotos ladrillos, se habían desplomado y unas amenazaban desplomarse otras. Por otra parte, la sala estaba dispuesta, como todo este Hospital, a la usanza del siglo xvi.8

Algunos médicos colombianos que estudiaron en Estados Unidos y habían recibido la influencia del Informe Flexner9 criticaron con vigor esas viejas costumbres. Aunque durante las dos primeras décadas del siglo se propusieron nuevos métodos de enseñanza para realizar cambios fundamentales en las prácticas de los estudiantes a nivel de los hospitales, solo a partir de 1930 la educación médica colombiana tendría un proceso de modernización, que además de aportar considerables cambios pedagógicos y tecnológicos, conseguiría un incremento alarmante en el número de estudiantes y egresados de las Facultades de Medicina. Al comenzar los años cuarenta, la asistencia médica en el país seguía siendo muy limitada, y la docencia de corte científico aún dependía de las mismas tres escuelas médicas de principios de siglo. Todas las limitaciones en las estructuras económicas, sociales y estatales colombianas, además de la condición periférica de Colombia respecto a los saberes médicos, facilitaron la influencia de escuelas médicas foráneas. A pesar del gran ingenio y la creatividad de muchos colombianos, la educación 8 9

Referido por Néstor Miranda, “La medicina colombiana de 1867 a 1946”, 83. Abraham Flexner creó una revolución educativa para la medicina estadounidense mediante el llamado “Informe Flexner de 1910”. José Félix Patiño, “Abraham Flexner y el flexnerismo. Fundamento imperecedero de la educación médica moderna”, Encolombia.com (1997), acceso 22 de junio, 2011, http://www.encolombia.com/medicina/academedicina/flexner.htm

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médica recibió el aporte de tendencias procedentes de varios países, entre las que predominaron las escuelas médicas de Francia y Estados Unidos, al tiempo que obedecieron y se afianzaron en torno a unas relaciones económicas, culturales y políticas con esos países. Entre las influencias extranjeras que más afectaron los criterios médicos, deben considerarse tres mentalidades médicas modernas: la anatomoclínica, la fisiopatológica y la etiopatológica10. Con los traumáticos procesos sociales y económicos vividos en el país durante las dos primeras décadas del siglo xx11, se cruzaron dos generaciones de hombres que fijaron tendencias pragmáticas y costumbristas, o propusieron ideas modernistas de corte republicano que incidirían en todas las facetas cotidianas, incluyendo la medicina. Si bien en Colombia los planteamientos fisiopatológicos y etiopatológicos tuvieron eco a medida que iban surgiendo en Europa, ello no significa que las nuevas propuestas tuvieran fácil acogida; incluso, se puede afirmar que en general existió una tendencia marcada de resistencia a realizar los cambios12. Una vez fueron superadas las crisis económicas y sociales de las dos primeras décadas, al comenzar la década de 1930 empezaron a registrarse cambios de diversa intensidad que contribuyeron a consolidar las estructuras capitalistas que a su vez terminarían incidiendo sobre la vida cultural, política, económica y social tras el proceso sistemático de industrialización13.

Influencia de la escuela francesa en la educación médica colombiana Como también había sucedido en otros países, en Colombia la medicina local se enriqueció con la influencia de la escuela francesa a lo largo del siglo xix, a partir de sus tres tendencias: la anatomopatológica, la fisiopatológica y la etiopatológica. La medicina francesa había llegado a Colombia por medio 10 11

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Néstor Miranda, “La medicina colombiana de 1867 a 1946”, 51. La Guerra de Los Mil Días antecedió a la pérdida de Panamá, con muy graves efectos económicos, políticos y sociales para el país, a los cuales les sucedería más adelante un proceso de gradual industrialización. La etiopatología, la fisiopatología y la llamada medicina de laboratorio encontraron algunos adeptos, pero también muchas resistencias. Néstor Miranda, “La medicina colombiana de 1867 a 1946”, 89-95. La industrialización en el país deberá entenderse como un proceso que inicia nuevos renglones productivos de importancia económica. Jesús Antonio Bejarano, “La Economía”, en Manual de Historia de Colombia (Bogotá: Colcultura, 1980), 49, Referido por Néstor Miranda, “La medicina colombiana de 1867 a 1946”, 121.


La formación médica en Colombia

de las revistas especializadas y con las experiencias transmitidas por quienes regresaban después de estudiar en Europa a enseñar y poner en práctica las innovaciones de la clínica francesa. A su vez, con los métodos de esta prosperó una medicina hospitalaria de mentalidad anatomoclínica que, cimentada en la semiología y la anatomía patológica, terminaría reafirmándola14. La mentalidad médica anatomopatológica enseñó una nueva forma de ver, palpar, escuchar e interpretar la enfermedad; con su marcada sensibilidad epistemológica, también desarrolló la llamada clínica médica, perfeccionada desde la cama misma del enfermo15. En Colombia, esta escuela tuvo uno de sus mayores exponentes en la figura de Antonio Vargas Reyes, quien después de educarse en París regresó a Bogotá durante la segunda mitad del siglo xix para enseñar la clínica al lado de sus pacientes, apoyándose en las exploraciones anatómicas de los anfiteatros, donde ensayó técnicas quirúrgicas que después les transmitía a sus discípulos16 : Allí a la cabecera de los enfermos hacía exámenes clínicos muy completos y explicaba a los estudiantes toda la Patología. Los estudiantes podían aplicar en la práctica los conocimientos que habían adquirido en los cursos teóricos. Pero no solamente esto, sino que también aprovechándose de su ya larga experiencia como disector anatómico, realizaba personalmente las autopsias, de los pacientes fallecidos en su servicio, y de esta manera observaba la confirmación del diagnóstico, o los errores cometidos… En las autopsias verificaba los diagnósticos clínicos y muchas veces realizaba intervenciones quirúrgicas en los cadáveres, que luego practicaría en los enfermos.17

Como se evidencia en lo anterior, la clínica de los pacientes era corroborada con la anatomía patológica de las autopsias cuando morían, y, a su 14

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La semiología médica permite entrenar y perfeccionar la observación, el interrogatorio y los procedimientos que identifiquen la lesión o enfermedad en forma directa, o con métodos indirectos como la auscultación, la percusión, etcétera. La anatomía patológica busca encontrar lesiones en los órganos mediante la observación macroscópica o microscópica de tejidos, órganos o elementos que puedan ser examinados a partir de biopsias o autopsias. Néstor Miranda, “La medicina en Colombia, de la influencia francesa a la norteamericana”, 4-5. Michel Foucault, El nacimiento de la clínica una arqueología de la mirada médica. Antonio Vargas Reyes estableció en 1847 las tendencias más ortodoxas de la medicina hospitalaria francesa, y fundó en 1865 la Escuela Privada de Medicina, en torno a la cual nacería la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional en 1868. Esta medicina hospitalaria novedosa para su época se sustentó en la anatomía patológica que, mediante la observación sistemática de vivos y muertos, identificaría e interpretaría el proceso de la enfermedad. Roberto de Zubiría, Antonio Vargas Reyes y la medicina del siglo xix en Colombia, Segunda Edición (Bogotá: Academia Nacional de Medicina, 2002), 92-93.

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vez, esos resultados ayudaban a evitar futuros errores. La escuela o mentalidad anatomoclínica, que concibe la enfermedad a partir de la alteración en la forma, tamaño, consistencia y estructura de los órganos, tejidos o células, tuvo su origen en los hospitales franceses —particularmente en los parisinos— con las reformas a las que fueron sometidos después de la Revolución Francesa de 1789. Esta tendencia que percibía las lesiones del paciente a través de los sentidos del médico18 marcó la educación médica colombiana en forma tan evidente, que hasta avanzado el siglo xx todavía se referían muchos de los signos, síntomas, enfermedades y lesiones con nombres franceses. La tendencia natural de los colombianos a resistirse a los cambios hizo que la medicina fisiopatológica y la experimental llegaran tarde a Colombia respecto a la medicina anatomoclínica, que en cambio había tenido gran prestigio durante la segunda mitad del siglo xix. Sin embargo, no todas las universidades y regiones del país realizaron sus cambios en forma simultánea. La mentalidad fisiopatológica, que ya exigía pasar de esa observación aguda característica de la mentalidad anatomoclínica para elaborar hipótesis que necesitaban ser demostradas o descartadas en un laboratorio mediante un riguroso ejercicio de experimentación, tuvo muchas limitaciones en nuestro medio, porque la fisiología solo se entendía en teoría, su metodología y programas fueron lentos en aceptarse, y solamente se sugería que tendría importancia “algún día”19. Con los trabajos de Koch y Pasteur en la segunda mitad del siglo xix, se originó también otra medicina científica o medicina de laboratorio que por razones políticas y económicas solo pudo llegar al país tardíamente para contrarrestar las considerables limitaciones tecnológicas20. Al comenzar el siglo xx, la medicina francesa tenía plena vigencia en Bogotá y Colombia, y su presencia se evidenció en el modelo arquitectónico caracterizado por pabellones extendidos en forma horizontal que determinaron un tipo de medicina también acorde con esos espacios, además de establecer términos, métodos de trabajo y patrones de comportamiento que persistieron durante mucho tiempo en los hospitales y entre los médicos. Esta escuela también instauró una medicina hospitalaria que influyó en las relaciones

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El clínico “ve” las lesiones y alteraciones causadas por la enfermedad en el paciente; “escucha” los sonidos provocados por la enfermedad en forma directa, o recurriendo a técnicas como el fonendoscopio; “huele” las secreciones y a partir de su propia experiencia intuye lo que pasa dentro del organismo del enfermo; “palpa” los tejidos, y por la consistencia y localización de masas o depresiones puede deducir una impresión diagnóstica. Néstor Miranda, “La medicina colombiana de 1867 a 1946”, 4-5; 68-70; 93-95. Arturo Romero Beltrán, Historia de la medicina colombiana Siglo xix (Medellín: Colciencias, Universidad de Antioquia, 1996), 141.


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entre el médico y sus pacientes, para inspirar el emblema del médico clínico, caracterizado por su calidad humana, un buen nivel académico y su don de gentes, el cual predominó en Colombia desde el gobierno de Rafael Reyes21. El 24 de junio de 1931 llegó al país la Misión Francesa conformada por André Latarget y Louis Tavernier de la Facultad de Medicina de Lyon, y Paul Durand, subdirector del Instituto Pasteur de Túnez, para evaluar la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional. Después de hacerle un examen crítico a la estructura, la organización y el funcionamiento de la escuela médica, la Misión sugirió conceptualmente que una Facultad de Medicina moderna debería ser un centro de cultura profesional, un centro de enseñanza superior y un centro de investigación. El informe de la Misión Francesa indicó que la facultad debería dar tres clases de enseñanza: la puramente teórica, la teórica y técnica en forma combinada con prácticas en laboratorios para complementar la teoría, y la clínica, que debería tomarse en el hospital. La Misión defendió la aplicación de ciencias biológicas para la mejor comprensión de los fenómenos morbosos; le dio gran importancia al contacto precoz del estudiante con el paciente, con el fin de que se familiarizara con la observación clínica, y además recomendó el trabajo en el laboratorio, porque estimó que de esa manera se promovería el espíritu de la investigación. Con el informe de la Misión Médica Francesa, y durante la primera mitad del siglo xx, se siguió enseñando una concepción organicista de la enfermedad que estuvo apoyada en una integración de las tres mentalidades médicas europeas, y complementada con algunos aportes del modelo sanitario estadounidense. La influencia francesa sería determinante también en la fundación de instituciones hospitalarias, como se evidenciaría con la creación del Instituto Nacional de Radium en 1934, cuya propuesta ya había sido expuesta desde el 15 de noviembre de 1928 en una visita realizada a Colombia por el director del Instituto Nacional de Radium de París22. 21

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En el país, la medicina francesa determinó las técnicas y los nombres de los equipos, además de la indumentaria de los médicos que preferían vestir sacoleva, camisa de seda, sombrero de copa, y algunos hasta se dejaron crecer la barba al estilo de los médicos franceses. Néstor Miranda, “La medicina colombiana de 1867 a 1946”, 131. Claudius Regaud, el director del Instituto Nacional de Radium de París, fue invitado a Colombia en 1928. Después de visitar varias instituciones y dictar algunas charlas, dejó algunas inquietudes que llevaron a fundar una institución similar a la que él mismo presidía en París. Claudius Regaud, “Conferencia del Profesor Regaud, dictada en El Teatro Colón el día 15 de noviembre de 1928”, en Cómo organizar la lucha contra el cáncer (Bogotá: Universidad Nacional de Colombia, Instituto de Radium, Editorial ABC, 1945).

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En 1939, con la reforma educativa propiciada por Jorge E. Cavelier, se desencadenó una polémica abierta dentro de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional, entre los “afrancesados” y los “norteamericanizados”. No obstante, con la siguiente visita de la Misión Médica Estadounidense la educación médica colombiana tendría un viraje definitivo para seguir en la misma órbita de la economía de Estados Unidos. Entonces, el modelo de predominio francés comenzaría a decaer para ser sustituido por las tendencias médicas vigentes en Estados Unidos. Durante ese periodo, la escuela médica de la Universidad Nacional se encontró con una incoherencia entre los desarrollos de una salud pública —un poco socializada y de tipo estatal— que todavía conservaba para la mayoría de los médicos una práctica privada dirigida hacia la medicina curativa 23.

Influencia de la escuela estadounidense en la educación médica colombiana En Estados Unidos se llevó a cabo un fenómeno renovador a partir del Informe Flexner de 1910, que cursó en forma simultánea con el ascenso de ese país en el panorama internacional. Aunque en Colombia muchos sugirieron seguir sus pautas, solo a partir de las reformas políticas y económicas vividas durante el gobierno de Pedro Nel Ospina se facilitó su apertura. La medicina estadounidense, que había recibido influencias de las principales escuelas médicas de Europa durante el siglo xix, también se había fortalecido con postulados de la medicina experimental propuesta por Claude Bernard, pues fomentaba el estudio de ciencias básicas como la química, la física y la fisiología para promover el trabajo de una medicina de laboratorio. Al país también habían llegado por esa época las ideas de la medicina experimental de Bernard, con las cuales estaban comenzando a cambiar algunos conceptos fisiopatológicos de la enfermedad que la convertirían más adelante en una rama dominante del saber médico y su práctica. Aunque el proceso de definiciones y filiaciones por estos tipos de medicina fueron más complejos, en términos generales puede decirse que en Colombia la presencia de la educación médica estadounidense reforzó la medicina experimental que serviría de apoyo para empezar la apertura hacia un nuevo reacomodamiento conceptual dentro de la medicina in23

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Néstor Miranda, Emilio Quevedo y Mario Hernández, “Ciencias médicas, Estado y salud en Colombia: 1886-1957”, 244-247; 257-284.


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ternacional. A su vez, la medicina estadounidense desplazó la mentalidad anatomoclínica francesa en su forma característica de conceptualizar la enfermedad desde la lesión misma, para situarse en un trabajo clínico sustentado en la semiología tradicional y el ojo clínico, pero concibiendo la figura y el papel humanista del médico dentro de su profesión liberal. Como la tradicional medicina anatomopatológica desconocía el mecanismo de desarrollo de las enfermedades y el comportamiento de ciertos órganos, también era necesario que se trabajara en animales mediante la inducción de enfermedades para comprender mejor el proceso fisiopatológico de la enfermedad y su etiología 24. A pesar de tener muchas interpretaciones unilaterales, además de grandes dificultades conceptuales y la falta de equipos adecuados, tanto la etiopatología como la fisiopatología terminaron por abrirse paso en forma definitiva dentro de la medicina nacional.

Factores que contribuyeron a cimentar la medicina estadounidense en Colombia La escuela médica estadounidense ya venía haciendo su aparición en el país desde el siglo xix, así es que no impuso su influencia sobre la medicina colombiana de repente y en forma aislada. Al igual que otras disciplinas, los elementos científicos —como los de la economía— se sustentaron en herramientas políticas para convencer a docentes de la medicina y la salud, dirigentes y políticos hasta conseguir desplazar en forma lenta y sutil los últimos vestigios de los fundamentos de la escuela médica francesa en la formación médica y la vida de los hospitales colombianos. Estas herramientas estratégicas, regidas por principios diplomáticos, conseguirían su objetivo en forma gradual hasta imponer sus exigencias y condiciones. A comienzos de la década de los años cuarenta, la política del presidente estadounidense Franklin D. Roosevelt conocida como la Política del buen vecino permitió que se creara una actitud colaboracionista con los demás países del continente para buscarles soluciones comunes a los problemas económicos y sociales de la región. Con ese propósito, se creó el Instituto de Asuntos Interamericanos (Institute of Inter-American Affairs), que se encargaría de coordinar los mecanismos de colaboración de acuerdo con las 24

A Estados Unidos llegaron las tradiciones médicas inglesa y alemana, las que a su vez conocían de las medicinas francesa y vienesa. Néstor Miranda, “La medicina colombiana de 1867 a 1946”, 93-98; 101-102; 123.

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necesidades de cada país. En forma adicional, la Tercera Conferencia de ministros de Relaciones Exteriores de las Repúblicas Americanas, llevada a cabo en Río de Janeiro en enero de 1942, formalizó la Política del buen vecino al establecer con su 30ª Resolución el programa cooperativo entre el Instituto de Asuntos Interamericanos y las naciones de América en temas puntuales relacionados con la salud pública. Al respecto precisaba: Las medidas adecuadas para proteger la salud y mejorar las condiciones de salubridad pública constituyen una contribución esencial en la preservación, por parte de las gentes de América, del poder para defenderse y resistir la agresión.25

Como se aprecia en lo anterior, la 30ª Resolución de Río le confería a los problemas de salubridad pública un manejo léxico comparable a las estrategias militares entre las naciones, justo en una época en la cual se vivían tensas relaciones entre los países con motivo de la Segunda Guerra Mundial. Sin duda, se puede interpretar que de no seguir las recomendaciones planteadas por Estados Unidos sobre la salubridad pública, el país en cuestión podría ser considerado como un “mal vecino”, que ya tendría en su contra una gran potencia, en franca alianza con otros vecinos continentales. En ese mismo año de 1942, Colombia optó por seguir las recomendaciones de la Conferencia de Ministros de Río al ingresar al programa de cooperación en cuestiones de salud para las Américas. Como respuesta a esa decisión, el 24 de septiembre llegó a Bogotá el señor Nelson Rockefeller, en representación de la Oficina del Coordinador de Relaciones Interamericanas, para estudiar un acuerdo con el ministro de Trabajo, Higiene y Previsión Social, Arcesio Londoño Palacio. En un memorando elaborado por el funcionario colombiano, se planteaban los principales problemas colombianos por solucionar, cuyo orden de importancia era: 1) nutrición, 2) paludismo, 3) rickettsiosis, 4) bartonelosis y 5) saneamiento de puertos. Esta propuesta se convertiría en el primer plan de trabajo del Servicio Cooperativo Interamericano de Salud Pública (scisp). En octubre de 1942 llegó al país el Sr. Brigadier General Dr. George C. Dunham, director de la División de Salubridad y Saneamiento del Instituto de Relaciones Interamericanas, quien propuso que en el ministerio de Trabajo, Higiene y Previsión Social se estableciera un servicio técnico especial, el cual se conocería como el Servicio Cooperativo Interamericano de Salud Pública, 25

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Referido Néstor Miranda, Emilio Quevedo y Mario Hernández, “Ciencias médicas, Estado y salud en Colombia: 1886-1957”, 234.


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a modo de intermediario entre el Instituto y el Gobierno colombiano, y con funcionamiento independiente del Ministerio. Dunham recomendó la creación de centros de higiene, preparación de personal en temas relacionados con ingeniería sanitaria y enfermería, además de sugerir nuevas formas de administrar los hospitales26. Así, la década de los cuarenta se convirtió en un espacio legítimo de organización sanitaria, en la cual se incluyeron diversas concepciones epidemiológicas estadounidenses. Después de una agitada discusión en el legislativo, en 1945 se estableció la seguridad social a partir de dos instituciones: el Instituto Colombiano de los Seguros Sociales (icss) y la Caja Nacional de Previsión Social (cajanal). En diciembre de 1946 se fundó el Ministerio de Higiene27. Entre los múltiples factores de cooperación que contribuyeron a que se cimentara la medicina de Estados Unidos en Colombia, deben mencionarse: las Conferencias Sanitarias Internacionales, el Informe Flexner, la Fundación Rockefeller, las Misiones Médicas Unitarias Humphreys de 1948 y Lapham de 1953, además de las Asociaciones Médicas y Hospitalarias de Estados Unidos.

Las Conferencias Sanitarias Internacionales Desde la Colonia y por tradición, las soluciones estatales frente a los problemas de la salud de los colombianos solo se daban en medio de emergencias sanitarias causadas por las epidemias, o con motivo de las guerras civiles. En 1887 se organizó un esquema jerárquico en torno a la higiene, a partir de una Junta Central de Higiene y sus respectivas Juntas Departamentales, para establecer leyes que regularan aspectos higiénicos como la limpieza de las ciudades, el suministro del agua potable, el manejo de desperdicios y la recolección de basuras. Con el desarrollo de la infraestructura urbana y la participación de médicos en algunas decisiones municipales relacionadas con la salud pública, comenzó a tener vigencia la legislación sobre higiene28 como respuesta a un proceso modernizador, pero también en el contexto de exigencias 26 27 28

Referido por Néstor Miranda, Emilio Quevedo y Mario Hernández, “Ciencias médicas, Estado y salud en Colombia: 1886-1957”, 234-236. Néstor Miranda, Emilio Quevedo y Mario Hernández, “Ciencias médicas, Estado y salud en Colombia: 1886-1957”, 236-243. Beatriz Castro, Caridad y beneficencia. El tratamiento de la pobreza en Colombia 1870-1930, 38-39.

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foráneas tras la búsqueda de intereses económicos, políticos y comerciales en la región, cuyas herramientas de control se sustentaron en las llamadas Conferencias Sanitarias Internacionales. A principios del siglo xx, ante muchas limitaciones y un aparente desinterés estatal por resolver los problemas sanitarios y sociales en Colombia, comenzaron a crearse sociedades privadas, religiosas y mixtas para dar ayuda a los más pobres, y adicionalmente se cambiaron criterios y políticas en la salud colombiana a partir de las mismas conferencias. Los conceptos básicos restrictivos de la salud internacional que habían surgido como una necesidad para detener el avance de las epidemias desde el siglo xvi en Europa comenzaron a volverse más sistemáticos al fomentarse el comercio marítimo entre las potencias durante el siglo xix. Sus normas restrictivas, que antes se traducían en cordones sanitarios y cuarentenas, empezaron a generar reuniones y acuerdos con un carácter más universal en torno a dos organismos europeos que se volverían rectores de la salud: la Oficina Internacional de Higiene Pública, sustentada en la Convención Sanitaria de París, también conocida como La Oficina de París, y la Sección de Higiene de la Liga, fundada en 1918 y apoyada en la Liga de Las Naciones con sede en Ginebra. Estas dos entidades tuvieron a su cargo el control de aspectos relacionados con la transmisión de enfermedades, hasta la Segunda Guerra Mundial 29. Estas Convenciones o Conferencias Sanitarias fueron presididas por un comité internacional de higienistas o funcionarios acreditados que buscaban establecer una autoridad sanitaria unánime en todos los Estados socios de los acuerdos, con el objeto de atender consultas sobre asuntos epidemiológicos y cuarentenas, constituir comisiones que se especializaran en conocer sobre las enfermedades más temidas, y suministrar información científica mediante boletines, los cuales llegaron a ser más eficaces que los medios diplomáticos convencionales. Para promover la medicina social, la higiene industrial y la nutrición, la Sección de Higiene de la Liga compitió con su homóloga francesa otorgando becas y promoviendo intercambios universitarios.

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Las Conferencias Sanitarias Internacionales coordinaron y unificaron conceptos sobre los orígenes, la transmisión y las medidas por adoptar en torno a ciertas enfermedades. Promovidas por países europeos, se celebraron en varias ciudades: París (1851-1859), Constantinopla (1866), Viena (1874), Roma (1885), Venecia (1892) y Dresde (1893). La Quinta Conferencia de Washington (1881) estuvo asociada con una epidemia de fiebre amarilla que atacó a Brasil en los setenta y a los Estados Unidos en 1878. Mario Hernández et al., La Organización Panamericana de la Salud y el Estado Colombiano. Cien años de historia. 1902-2002 (Bogotá: ops /oms Colombia, 2002), 20.


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Con la Quinta Conferencia Sanitaria Internacional llevada a cabo en Washington en 1881 se creó una nueva y pragmática noción de conveniencia para todos los países que hicieran parte de esos organismos internacionales encargados de institucionalizar nociones e intereses sanitarios, al tiempo que se les planteaban facilidades para que sus socios ingresaran al comercio internacional30. Así, los gobiernos asociados se comprometieron a seguir las recomendaciones dictadas por las Convenciones Sanitarias, prometieron depender de las resoluciones acordadas en las Conferencias Internacionales de Estados Americanos de México entre 1901 y 1902, y aportaron cinco mil dólares para afiliarse a la Oficina Sanitaria Internacional (osi)31. Los esquemas de conducta ceñidos a patrones militares dirigidos desde los Estados Unidos tendieron a incrementarse después de la toma del Canal de Panamá y sus posteriores efectos comerciales en la región. Entonces, las Conferencias se volvieron puentes de enlace entre el miedo —como consejero higiénico— y la razón científica con la ciencia y la solidaridad32. Tras estas prioridades, se creó una “cruzada”33 continental en contra de algunas enfermedades específicas y los países que las portaban, al ser considerados una amenaza contra los demás miembros en caso de llegarse a realizar intercambios comerciales. Con el ascenso sostenido de Estados Unidos como potencia mundial a partir de 1890, las Conferencias Internacionales de los Estados Americanos buscaron promover la cooperación entre sus miembros para reducir al máximo el contagio de enfermedades, mientras se aseguraba el libre comercio entre los países socios. Los cambios en la sanidad interamericana y el comercio marítimo de principios del siglo xx —que también llegaron a Colombia— coincidieron con un periodo de consolidación de grupos oligárquicos de economías latifundistas, comerciales y exportadoras que profesaban ideologías liberales moderadas, cuyos estilos de vida aristocrática buscaron modernizar y centralizar al país desde patrones tradicionales europeos, pero conservando siempre las jerarquías y el orden social establecido, al tiempo que buscaron mejorar las condiciones de sanidad y comercio. 30

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Cada país miembro estableció una oficina central de información sanitaria que compartía datos epidemiológicos con los demás afiliados. Marcos Cueto, El valor de la salud. Historia de la Organización Panamericana de la Salud (Washington: ops /oms, 2004), 12-14. Referido por Mario Hernández et al., La Organización Panamericana de la Salud y el Estado Colombiano. Cien años de historia. 1902-2002, 20. Marcos Cueto, El valor de la salud. Historia de la Organización Panamericana de la Salud, 50-52. En 1902, David J. Hill, de la Secretaría de Estado de ee. uu., se refirió a la enfermedad como un enemigo que debería ser tratado con inteligencia, en torno del cual se debería establecer una “cruzada”.

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La consolidación del mercado y la hegemonía de Estados Unidos en el continente también dependieron de la presencia de entidades estadounidenses de carácter privado como la Fundación Rockefeller, que les suministró ayuda técnica y financiera a los países vinculados para tejer una estrecha red de relaciones y asesorías con mecanismos económicos, financieros, políticos y técnicos en asuntos relacionados con la salud. Desde la segunda década del siglo xx se plantearon los objetivos sanitarios y políticos del Panamericanismo, que redefinirían las relaciones entre los Estados Unidos y los países de América Latina. Con la Política del buen vecino que regiría durante el periodo comprendido entre las dos Guerras Mundiales, Estados Unidos concedió becas y donaciones en beneficio de la formación de jóvenes talentos latinoamericanos; mientras se afianzó la autoridad de ese país en la región, se debilitó el influjo de universidades y escuelas de medicina de otras naciones34. Estas políticas de cooperación dotaron con servicios de agua potable, alcantarillado y recolección de basuras a las principales ciudades de América Latina, con las que se disminuyeron las tasas de mortalidad infantil ocasionadas por gastroenteritis35; se incrementó la inversión en salud pública al crearse hospitales municipales, privados y nacionales; se hicieron campañas preventivas para ayudar a los grupos más vulnerables, y se promovió la formación universitaria y técnica de los médicos36. Hacia 1920, la noción de Salud Pública ya se había impuesto en la mayoría de los países de América Latina, la cual se sustentó en la Oficina Sanitaria Panamericana, para ser reforzada por los principios de la

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La fiebre amarilla, la malaria, la uncinariasis, la lepra, el cólera, la peste bubónica y las enfermedades infecciosas en general definirían los controles comerciales. Entidades y reuniones como las Conferencias de Estados Americanos, la Oficina Internacional de las Repúblicas Americanas y la Unión Panamericana, posterior Organización de Estados Americanos (oea), la Oficina Sanitaria Internacional (osi), después llamada Organización Sanitaria Panamericana (ospa) —a partir de 1958 es llamada Organización Panamericana de la Salud (ops)—, definirían el panamericanismo debido a su connotación regional, pero además como oposición al aislacionismo que había caracterizado a la política exterior de los Estados Unidos con los países ubicados al sur del Río Grande. Marcos Cueto, El valor de la salud. Historia de la Organización Panamericana de la Salud, 11-34; 57-58. Con la llegada del agua potable a los servicios domiciliarios cambiaron las tradiciones en el aseo personal y la limpieza doméstica. Esto implicó el aseo de cocinas, pisos y prendas de vestir, así como otros conceptos modernos en torno al sanitario, el lavamanos, el baño con tina y posteriormente la ducha del baño, que hicieron más exigente el estilo de vida de las élites, y terminarían por prescindir del servicio de las aguateras y lavanderas. Beatriz Castro, Caridad y beneficencia. El tratamiento de la pobreza en Colombia 1870-1930, 33-34.


La formación médica en Colombia

Convención Sanitaria u Oficina de París37. Los esfuerzos en salud pública por parte de los gobiernos latinoamericanos se concentraron en torno a la higiene y la sanidad de las principales ciudades. Para la década de los años cuarenta, su influencia ya habría logrado entronizarse como parte de las políticas gubernamentales de los gobiernos centrales38.

Influencia del Informe Flexner Con la iniciativa del educador Abraham Flexner, desde 1910 se empezó a realizar una gran reforma en la educación de médica de Estados Unidos. Esta reforma propuesta por el Informe Flexner llegó a ser comparada por algunos con la Ratio Studiorum de los jesuitas, al plantear que la educación médica era un sistema pedagógico, y la Facultad de Medicina una comunidad moral. Así, el flexnerismo ha sido interpretado como “el establecimiento de una comunidad de intereses entre las ciencias biológicas básicas, la medicina profesional organizada y la educación universitaria”. Para Flexner, la medicina era un sistema educativo, pero la calidad de la educación médica dependía de una responsabilidad social; de allí que insistiera en que el profesorado debería tener una dedicación de tiempo completo para prestar servicios docentes de investigación, a la vez que estaría prestando otros servicios asistenciales a la comunidad39. La medicina estadounidense también propuso un movimiento renovador para la educación médica latinoamericana mediante el Informe Flexner, que intentó hacer más pragmática la enseñanza de la medicina. Con estas iniciativas se buscó una medicina más especializada, menos especulativa y más curativa, al acercar entre sí las ciencias básicas y las clínicas. Aunque ese informe se difundió en el país de origen y por el mundo con relativa facilidad, sus efectos solo se lograrían en Colombia a mediados del siglo, porque cada vez que los colombianos egresados de universidades de ese país sugerían realizar ese tipo de cambios, se 37 38 39

Marcos Cueto, El valor de la salud. Historia de la Organización Panamericana de la Salud, 42-48; 60. Referido por Beatriz Castro, Caridad y beneficencia. El tratamiento de la pobreza en Colombia 1870-1930, 37. Egresado de Johns Hopkins University en 1886, Flexner vivió de cerca los efectos del legado que permitirían la fundación del hospital en esa universidad. Más adelante, al criticar el sistema educativo de su país en The American College: A Criticism, sería llamado a sugerir cambios en la educación médica de Estados Unidos y Canadá. José Félix Patiño, “Abraham Flexner y el flexnerismo. Fundamento imperecedero de la educación médica moderna”.

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exaltaban las reacciones adversas por parte del gremio médico que todavía seguía aferrado a la medicina francesa. Sustentados en el Informe Flexner, se iniciaron tratamientos desde la farmacopea americana, que indicaba medicamentos a partir de principios farmacológicos y etiológicos, recomendaba el manejo de líquidos, electrolitos y transfusiones durante el acto quirúrgico, y sugería el uso de la anestesia en circuito cerrado. Empezó a primar el diagnóstico etiológico sustentado en informes de laboratorio que se ceñían a procedimientos bacteriológicos, bioquímicos e inmunológicos, los cuales requirieron de una tecnología apoyada en la ingeniería y unos principios de electrónica cada vez más exactos; se hizo énfasis en la definición y clasificación de las lesiones y enfermedades desde un diagnóstico histopatológico. A partir de esos cambios se estimularon la medicina preventiva y la seguridad ambiental, y además se impusieron nuevos métodos estadísticos para la epidemiología, el diagnóstico y el tratamiento40. Flexner dejó sentada una impronta al recomendar que en la educación médica se incluyera la presencia de un hospital universitario que tuviera un vínculo administrativo con la Facultad de Medicina, insistió en buscar la excelencia en la selección del profesorado, y además abogó para que se incentivaran programas de investigación como elementos esenciales dentro de la formación de la escuela médica41. Las reformas propuestas por Flexner consiguieron el avance de la tecnología, al apoyarse en una fuerte investigación en ciencias básicas, y estimularon el desarrollo de la medicina de laboratorio, sustentada en principios fisiopatológicos y etiopatológicos. A medida que se fueron imponiendo estas corrientes en la medicina colombiana, fue decreciendo en forma gradual el efecto de las tendencias francesas42. El modelo planteado con el Informe Flexner llegaría a tener efecto en el Hospital San Juan de Dios solo después de las visitas de las Misiones Médicas de 1948 y 1953 a esa institución, como se verá más adelante.

Presencia de la Fundación Rockefeller El primer gobierno de Alfonso López Pumarejo estuvo interesado en solucionar problemas relacionados con la salud y la educación. Por esa época, 40 41 42

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Efraím Otero Ruíz, Setenta años del cáncer en Colombia. Historia del Instituto Nacional de Cancerología 1934-1999, 108. “Revista de Cirugía”, Encolombia.com, acceso 26 de noviembre, 2011, http://www. encolombia.com/medicina/cirugia/Ciru20405-conferencia2.htm Néstor Miranda, “La medicina en Colombia, de la influencia francesa a la norteamericana”, 6.


La formación médica en Colombia

se estrecharon vínculos con algunas organizaciones estadounidenses, como la Fundación Rockefeller, que colaboró cual empresa científica y social, y en forma independiente del gobierno de los Estados Unidos, para trabajar en la erradicación de enfermedades tropicales producidas por la fiebre amarilla y la uncinariasis en zonas cafeteras. Con un saneamiento sistemático del suelo, su campaña atacó simultáneamente problemas de parasitismo intestinal, varios tipos de anemia y la desnutrición de campesinos43. La campaña frenó ciertas enfermedades que anualmente ocasionaban enormes costos para la economía del país. Además, con su influencia se enseñaron entre las comunidades campesinas algunos principios básicos relacionados con la higiene y se establecieron conceptos con los cuales la salud llegaría a ser incluida más tarde como un derecho social. Aunque la presencia de la Rockefeller no alcanzó a imponerse en Colombia como un modelo organizativo, ni generó políticas de salubridad, actuó a modo de una ayuda filantrópica que incidió en forma indirecta para que en 1947 se promoviera la creación del Ministerio de Salud e Higiene44.

La Misión Médica Unitaria Humphreys A mediados del siglo xx, y ya superados los efectos de la Segunda Guerra Mundial, llegaron a Colombia dos Misiones médicas de Estados Unidos que, al igual que las Misiones científicas y Médicas francesas del pasado, se convertirían en órganos de divulgación de la escuela médica de ese país, mientras se solidificaban las relaciones políticas, militares y económicas entre los dos países. La Misión Médica Unitaria Humphreys que visitó a Colombia en 1948 y su homóloga de 1953 dirigida por Maxwell Lapham45 serían decisivas en la educación médica nacional. La visita de la Misión Médica Unitaria Humphreys, que buscaba promover un intercambio de información de carácter médico entre los países visitados y sus visitantes para fomentar el entendimiento internacional y la buena voluntad entre los países, había sido programada para abril de 1948, pero como por esos días estaba por celebrarse en Bogotá la Novena Conferencia Internacional de las Naciones Americanas, fue organizada 43 44 45

Néstor Miranda, “La medicina colombiana de 1867 a 1946”, 133-137. Marco Palacios y Frank Safford, Colombia país fragmentado, sociedad dividida: su historia (Bogotá: Grupo Editorial Norma, 2005), 525-526. Ernesto Andrade Valderrama, “Evolución de la educación médica en Colombia”, 167.

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entre el 15 de octubre y el 10 de noviembre de 194846. Estuvo presidida por el cirujano George H. Humphreys II (véase figura 2).

El padre Félix Restrepo con miembros de la delegación médica estadounidense dirigida por George H. Humphreys II, durante su visita a la Facultad de Medicina de la Universidad Javeriana. Octubre de 1948. Archivo Histórico Javeriano Juan Manuel Pacheco, S. J.

figura 2.

Esta comisión estuvo constituida por ocho médicos y un psicólogo que visitaron clínicas, hospitales e instituciones médicas de Cartagena, Barranquilla, Medellín y Bogotá. En cada uno de esos sitios se hizo un análisis pormenorizado de las instalaciones, se revisaron equipos, se explicaron las ventajas y dificultades sobre su manejo, hubo orientación sobre el empleo más eficaz de ciertos aparatos, se ilustraron nuevas técnicas de uso y se enseñaron procedimientos para su eventual reparación. La Comisión realizó una inspección cuidadosa en las Escuelas Médicas de varias universidades, y recomendó hacer algunos cambios con el objeto

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La reunión de la Misión Médica Unitaria Humphreys se pospuso por iniciativa de Manuel Antonio Rueda Vargas, el decano de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional de Colombia.


La formación médica en Colombia

de explotar las ventajas existentes y potencializar las tecnologías de la época con unos costos mínimos. Al establecer una comparación entre los métodos de enseñanza vigentes en Colombia y los patrones educativos que por entonces se imponían en Estados Unidos, la Misión Médica de 1948 sugirió hacerle más énfasis a las ciencias preclínicas. Sus miembros recomendaron disminuir el número de estudiantes que ingresaban a las Facultades de Medicina, a costa del aumento en el número de profesores que debieran trabajar en horarios más estrictos y en jornada continua, para garantizar una mejor supervisión sobre los alumnos y obtener óptimos niveles académicos entre los jóvenes que salieran de las Facultades de Medicina47. Con la Misión Médica de 1948 se reafirmó el modelo de la medicina estadounidense que ofreció otra forma de abordar y conocer la enfermedad, al cambiar las mentes de los médicos y lograr más ventajas para la sociedad: Su correlato es el auge de un modelo de Estado de Bienestar que se impone en el mundo junto a una particular política regional fundada en la idea del desarrollo social y económico para nuestros países, donde la infraestructura era un punto importante.48

Si bien la influencia del Informe Flexner y la ayuda prestada por la Fundación Rockefeller habían abonado un terreno entre las corrientes médicas durante la primera mitad del siglo xx, con la Misión Humphreys de 1948 la nueva mentalidad médica estadounidense se consolidó definitivamente en Colombia. Sus efectos se hicieron evidentes en la Universidad Nacional de Colombia, cuando a partir de ese año comenzaron a realizarse remodelaciones físicas que se tradujeron en transformaciones administrativas, con sensibles cambios en concepciones básicas que cambiarían los métodos educativos y la dinámica del Hospital San Juan de Dios. Ese mismo año se inició la construcción del nuevo edificio inspirado en el modelo del hospital moderno. El edificio tipo monoblock para el nuevo San Juan de Dios expresó la presencia del hospital moderno en Colombia, al organizarse de acuerdo con las especialidades médicas para integrarse en forma innovadora al circuito científico del mundo. Su diseño vertical de nueve pisos contrastó con el estilo hospitalario francés, cuya distribución arquitectónica 47

48

George H. Humphreys II era profesor de Cirugía de Columbian University College of Phisicians and Surgeons, y director general de la Misión Médica Unitaria a Colombia (usc Medical Mision to Colombia). “Misión Médica Unitaria a Colombia. Octubre 15-Noviembre 10, 1948”, 3-7. Carla Bocchetti, Juan Manuel Arteaga y Marco Palacios, Hospital Universitario: desde San Juan de Dios hasta la construcción de un nuevo proyecto, 47.

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también haría evocar algunos hospitales estadounidenses rodeados de viejos pabellones, a la usanza de la medicina francesa. Este edificio albergó más de 800 camas y estuvo dotado con salas de humanidades, salas de conferencias, biblioteca literaria y equipo musical49, donde se prestaron servicios hasta ese momento desconocidos en ese tipo de instituciones en el país50. En 1951 se trasladó la Facultad de Medicina del edificio de la Plaza de Los Mártires hacia unas modernas instalaciones localizadas en la Ciudad Universitaria, cuyos planos fueron realizados por una firma de ingenieros colombianos que estuvieron asesorados por firmas de arquitectos y organizaciones médicas de Estados Unidos. En esta nueva sede, la escuela médica de la Universidad Nacional albergó oficinas, salones de clase, laboratorios, una biblioteca, jardines y anfiteatros que ocuparon 4018 m 2 en un edificio de cuatro pisos, con una superficie total de 10256 m 2. Estos cambios lograron establecer un estrecho vínculo de colaboración entre la facultad y el Hospital San Juan de Dios, que conjuntamente manejaron las labores administrativas y docentes51.

La Misión Médica Lapham de Tulane Por iniciativa de la Universidad Nacional, y luego de haber sido seleccionada por la División de salud, bienestar y vivienda (Division of Health, Welfare and Housing) del Instituto de Asuntos Interamericanos, llegó a Colombia la Misión Médica de la Universidad de Tulane en 1953, promotora de importantes reformas52. La Misión Médica Lapham 53 estimó que la educación médica en Colombia tenía un retraso de cuarenta 49

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“El modelo flexneriano en la Facultad de Medicina”, Universidad Nacional de Colombia, acceso 12 de febrero, 2010, http://www.unal.edu.co/medicina/gestioncalidad/historia/10_ Mod_flexneriano.pdf En 1949 se fundó el primer servicio de neurología; en 1951 se establecieron la cátedra y el servicio de cirugía plástica, con un pabellón para pacientes quemados; en 1952 comenzó a publicarse la revista de divulgación del Hospital San Juan de Dios y en 1954 se consolidó el servicio de cardiología, en el cual se realizarían los primeros cateterismos cardíacos en el país. Por entonces, se configuraron los departamentos de oftalmología y otorrinolaringología. Para algunos autores, el Hospital de La Hortúa llegó a tener 890 camas. Carla Bocchetti, Juan Manuel Arteaga y Marco Palacios, Hospital Universitario: desde San Juan de Dios hasta la construcción de un nuevo proyecto, 47. “El modelo flexneriano en la Facultad de Medicina”. Néstor Miranda, “La medicina colombiana de 1867 a 1946”, 142. La Misión Médica de Tulane visitó a Colombia por dos meses y contó con Maxwell Lapham, Charles M. Goss y Robert C. Berson. Néstor Miranda, “La medicina colombiana de 1867 a 1946”, 142.


La formación médica en Colombia

o cincuenta años respecto a Estados Unidos y algunos países europeos; recomendó cambios administrativos en las Facultades de Medicina del país; enfatizó la importancia de estrechar relaciones entre las escuelas médicas, las clínicas de los hospitales y los servicios de enfermería, y sugirió cambios a nivel de actividades cotidianas. Además de analizar varios temas, su informe entregado en 1954 estableció los cinco lineamientos básicos para una escuela de medicina: 1.

El objetivo final de toda escuela de medicina es el mejoramiento de la salud pública, lo cual exige la formación de médicos competentes.

2.

La obligación inmediata de una escuela es la preparación de jóvenes médicos que se dedicarán a la enseñanza o se especializarán.

3.

Es objetivo de toda escuela contribuir al desarrollo de la ciencia mediante la investigación.

4.

Le compete a la Facultad de Medicina cuidar a los pacientes en el hospital correspondiente.

5.

Debe, igualmente, educar a la comunidad en salud pública y demás aspectos médicos54.

En forma crítica declaró que “solo un pequeño porcentaje de los estudiantes de las escuelas médicas de Colombia podrían ser considerados como bien preparados por un observador imparcial; ellos son las excepciones”. Además, analizó la problemática de la educación médica desde la Universidad Nacional, donde recomendó la formación de equipos académicos estables nombrados por la misma Universidad, que en lo posible estuvieran ajenos a las interferencias políticas. También sugirió la creación de nuevos departamentos y la consolidación de los preexistentes, con el objeto de coordinar de la mejor forma posible la interacción de los especialistas en torno a un equipo mancomunado de trabajo. La Misión Médica de Tulane criticó la falta de relaciones entre las facultades de medicina y los hospitales, debido a que estos dependían muchas veces de las beneficencias. En vista de que no existía entendimiento entre las facultades de medicina y las juntas de beneficencia, la educación clínica tendía a presentarse muy complicada, con programas de internado deficientes y sin ningún tipo de residencias. La misión afirmó la necesidad de 54

Néstor Miranda, “La medicina colombiana de 1867 a 1946”, 142.

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reformar el registro y la licenciatura de los médicos, con su respectiva distribución dentro de la geografía nacional. Así mismo, aconsejó la conformación de agremiaciones entre las universidades y las escuelas médicas, entre las que deberían realizarse reuniones periódicas, de cuyas iniciativas más tarde nacieron la Asociación Colombiana de Universidades (ascun) y la Asociación Colombiana de Facultades de Medicina (ascofame)55. Mediante la promoción de las reuniones periódicas entre los gremios universitarios, la Misión Lapham logró que se convocara a un seminario en Cali en 1955 y otro en Medellín en 1957, con los cuales se acabarían de definir e implantar las reformas educativas sugeridas desde la medicina estadounidense56. Con el informe de la Misión de Tulane, tanto los sectores universitarios como el cuerpo médico colombiano se sintieron seriamente afectados, y a partir del mismo se desató una aguda polémica que se prolongaría durante toda la década de los años sesenta. Sin embargo, con la intervención de Ascofame, y la idea de que la educación médica hacía parte de la constituyente de los proyectos de desarrollo económico de los países atrasados como parte del plan de La alianza para el progreso, se terminaron por calmar los ánimos. A pesar de esto, la polémica de la intervención de ee. uu. en Colombia siguió mostrando defensores y detractores por mucho tiempo57. Con esas propuestas se dieron muchos cambios en la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional desde 1956: Modificación de la enseñanza de algunas materias básicas como Anatomía, e introducción a otras como Química General o Estadística. 1. Se incrementó la docencia en patología, y se dictaron bases

sobre materias como sociología y psicología. 2. En el área de las clínicas se implantó el sistema de bloques,

consistente en desempeños intensivos a nivel hospitalario con 8 horas diarias y 10 semanas de duración. comenzó su labor en 1959 y se encargó de la acreditación de hospitales y la certificación de los especialistas en ejercicio en una primera instancia, para convertirse en el organismo con máximo control sobre el funcionamiento de las facultades de medicina del país. Desde los sesenta coordinó los programas de especialización en los hospitales en conjunto con los programas de posgrado de las facultades de medicina, con el objeto de formar especialistas idóneos en diversas áreas de las especialidades médicas. Néstor Miranda, “La medicina colombiana de 1867 a 1946”, 141-144. Ernesto Andrade Valderrama, “Evolución de la educación médica en Colombia”, 167-168. Néstor Miranda, “La medicina colombiana de 1867 a 1946”, 144-147.

55 ascofame

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La formación médica en Colombia

3. Se aprobó el internado rotatorio en el último año, y se legisló

sobre los internados hospitalarios y de servicio, que serían un primer paso para crear los sistemas de residencias o especializaciones de posgrado más tarde. 4. Como resultado de estas exigencias, apareció la docencia de

tiempo completo con dedicación exclusiva, situación que no siempre fue bien recibida por todos los médicos, quienes a veces se escudaron en la tradición de la escuela francesa.58

Con esas reformas, comenzó también a conformarse el concepto del hospital universitario.

Influencia de las asociaciones médicas y hospitalarias de Estados Unidos En el Primer Congreso Latinoamericano de Hospitales realizado en Santiago de Chile en 1940, el gremio hospitalario latinoamericano planteó la necesidad de seguir el modelo de hospital moderno estadounidense, además de promover un Plan Hospitalario Nacional para Colombia que sería creado por el Ministerio de Trabajo, Higiene y Previsión Social. Este plan tuvo su primera manifestación concreta con el Primer Congreso Hospitalario de Colombia realizado en la ciudad de Bucaramanga en 1942; sin embargo, nunca se pudo sancionar como ley59. Ese ideal se mantuvo por más de diez años, y solo en un evento realizado entre el 11 y el 16 de julio de 1955 en el Capitolio Nacional esta iniciativa consiguió formalizarse al elegirse a Colombia como sede del Primer Seminario Interamericano de Hospitales, organizado por la Asociación Norteamericana de Hospitales y el Programa Latinoamericano del Gobierno de los Estados Unidos, que contó con la colaboración de la Universidad Nacional, Sanidad Militar, el Ministerio Educación Nacional y el Ministerio de Salud Pública de Colombia60.

58 59 60

Ernesto Andrade Valderrama, “Evolución de la educación médica en Colombia”, 168. Carla Bocchetti, Juan Manuel Arteaga y Marco Palacios, Hospital universitario: desde San Juan de Dios hasta la construcción de un nuevo proyecto, 5-45. Ayde Cristancho, “Asociación Colombiana de Hospitales y Clínicas: 50 años de un gremio”, Hospitalaria vol. 7 núm. 46 (2006): 9-11.

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Entre la mutua dependencia y la mutua independencia

Esquemas y conceptos esgrimidos desde las políticas estadounidenses Desde finales de la Segunda Guerra Mundial y hasta la década de 1970, en Colombia se creó una cultura —con esquemas trazados desde el Banco Mundial— que relacionó los conceptos de pobreza y salud para los más necesitados con los bajos ingresos y las ideas predominantes del llamado subdesarrollo. De acuerdo con esos planteamientos, en el llamado Tercer Mundo se comenzaron a establecer programas y políticas que buscaron reducir la pobreza con nuevos ingresos, al tiempo que se estimularon las inversiones en forma de capital. Estas capitalizaciones se manifestaron en la introducción de tecnología, maquinaria e insumos mediante donaciones para la construcción de infraestructura física y social, que además promovió la fundación de universidades y hospitales, al tiempo que se prestó asesoría en asistencia pública, con la cual los colombianos siempre esperaron conseguir el anhelado desarrollo económico para el país61. Con la apertura pragmática generalizada que se vivió en el país después de 1930, también los servicios de salud prestados en los hospitales colombianos se vieron afectados para alterar las políticas formuladas. Por esos años, se trató de comprometer cada vez más al Estado con las responsabilidades sociales mediante la Enmienda Constitucional de 1936, que ya exigió mayor seguridad e higiene en los sitios de trabajo62. Pero mientras el café se consolidaba como eje de la economía colombiana, se hablaba de una ayuda estatal a la industrialización, en tanto que los trabajadores incrementaron más sus diferencias políticas, para ganar terreno ante el legislativo. En medio de este reacomodamiento económico y social, los higienistas buscaron apoyarse en su propio aparato técnico, lejos del conflicto de lo social, para realizar un proceso modernizador que contó con la ayuda del Servicio Cooperativo Interamericano de Salud Pública (establecido por la política del buen vecino de Estados Unidos), con el que se promovió la creación del Ministerio de Higiene mediante la Ley 27 de 1946. Los médicos, a su vez, insistieron en incorporar el modelo de hospital moderno, sustentado en alguna forma de financiación que no fuera a limitar la práctica privada63, 61 62

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Román Vega Romero y María Inés Jara Navarro,”Década de los noventa: discurso de la focalización de subsidios en salud”, Gerencia y Políticas de Salud núm. 2 (2002): 86. Abel Christopher, Ensayos de historia de la salud en Colombia 1920-1990 (Bogotá: Instituto de Estudios Políticos y Relaciones Internacionales de la Universidad Nacional, cerec, 1996), 14. Asociación Colombiana de Hospitales, “Estatutos de la Asociación Colombiana de Hospitales”, Revista de Higiene vol. 23 núm. 2-3 (1942): 66-68.


La formación médica en Colombia

mientras se oponían en forma sistemática a cualquier estrategia que intentara socializar la salud, particularmente en torno al seguro social universal64. Aunque ya existía en Colombia una noción del hospital moderno inspirado en paradigmas estadounidenses, esas ideas necesitarían ser presentadas como una necesidad —de un modo más pragmático— que ayudara a realizar los cambios en forma gradual, y contando con la orientación de agremiaciones y directrices científicas y políticas dirigidas desde Estados Unidos. Si bien este proceso se hizo más claro al terminar la Segunda Guerra Mundial, los efectos de esos cambios a nivel de los hospitales solo se evidenciarían después de 1955 al formalizarse la Asociación Colombiana de Hospitales, que pronto se comprometería a demostrar sus bondades gremiales.

La educación médica en Colombia de acuerdo con las leyes La Ley 66 de septiembre de 1867 que organizó la Universidad Nacional de los Estados Unidos de Colombia venía inspirada en las ideas radicales de corte liberal, deseosas de llevar la ilustración y la ciencia por igual a toda la población. Al ofrecer una educación gratuita para quienes lo solicitaran, el gobierno de Manuel María de los Santos Acosta también había intentado enmendar los errores cometidos por las reformas radicales de mitad del siglo que, por establecer una enseñanza libre de controles, obviaron los títulos académicos. Sus repercusiones se darían en el gran deterioro de la educación oficial y el estímulo de intereses utilitaristas que impedían mejorar académicamente la educación privada y el ejercicio profesional de los médicos. La ley que le dio vía libre a la Universidad Nacional organizó las escuelas primarias en torno a una misma administración con el propósito de renovar y mejorar la educación científica, y al incorporar varias dependencias también incluyó parte del Hospital San Juan de Dios65. De ese modo, en ese centro educativo se crearía la libre enseñanza científica con un carácter nacional.

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Mario Hernández, “La fractura originaria en la organización de los servicios de salud en Colombia”, Anuario Colombiano de Historia Social y de la Cultura núm. 27 (2000): 22. La Universidad Nacional incluyó parte del Hospital San Juan de Dios, el Instituto de Ciencias y Artes, la Escuela Privada de Medicina de Antonio Vargas Reyes y el Colegio de San Bartolomé (que había sido tomado por el Estado). Diana Obregón, Sociedades científicas en Colombia. La invención de una tradición, 1859-1936 (Santafé de Bogotá: Banco de La República, Historia Colombiana, 1992), 274.

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Con la Ley 30 de 1886 se fundó la Junta Central de Higiene, entidad que se encargaría de ejercer una primera intervención estatal sobre las decisiones relacionadas con la salud de los habitantes. Dependiente del Ministerio de Instrucción Pública, esta junta central estuvo conformada por tres médicos y un secretario que se encargaron de las respectivas juntas departamentales de higiene66, y a su cargo quedó la reglamentación de los asuntos sanitarios y de higiene67. En 1931 se creó el Departamento Nacional de Higiene y Asistencia Pública, ente encargado de atender los principales problemas sanitarios del país pero, aunque fue administrativamente autónomo, no tuvo la independencia económica esperada68. Durante La Regeneración, y particularmente con motivo de la firma del Concordato en 1887, se había propuesto la presencia de tendencias confesionales dentro de la universidad69. La polémica desatada con esta iniciativa siguió por algún tiempo porque mientras algunos se declaraban acérrimos defensores de la enseñanza laica, otros se radicalizaron a favor de la presencia de religiosos en la educación colombiana. En 1930 se modificó la educación médica en Colombia a partir de las reformas educativas propuestas por algunos docentes70. Sin embargo, cuando en 1935 y 1939 se volvió a intentar una reforma que permitiera el acercamiento hacia la tradición estadounidense, se presentó una gran resistencia71, debido a que todavía estaban muy arraigados los preceptos sugeridos por la misión médica francesa que había visitado al país en 1931. La Ley 68 del 7 de diciembre de 1935 que buscaba reglamentar la educación en Colombia, fue conocida también como la Ley Orgánica 66

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Sus miembros dependieron de la selección que hiciera el Ejecutivo sobre ternas presentadas por la Sociedad de Medicina y Ciencias Naturales y la Junta Central de Higiene al Presidente de la República. Con esta estructura sanitaria se reglamentaron asuntos relacionados con el agua potable, el control de las epidemias, la vacunación, la nutrición, la medicina social, la higiene y la asistencia pública. Néstor Miranda, “La medicina colombiana de 1867 a 1946”, 80. Emilio Quevedo, Mario Hernández y Néstor Miranda, “Ciencias médicas, Estado y salud en Colombia, 1886-1957”, 227-228. Los profesores de la Facultad de Medicina fueron notificados en 1902 para hacer su profesión de fe y así no perder sus cargos. Hernando Forero Caballero, Evolución histórica de la medicina en Santafé de Bogotá, 63. Estas reformas educativas contaron con el apoyo de algunos docentes, como el ministro de Educación Luis López de Mesa, Calixto Torres, desde su condición de rector de la Nacional, y del profesor decano Jorge Cavelier. En la Facultad de Medicina de la Universidad de Antioquia, profesores como Gil J. Gil y Juan B. Montoya y Flórez contribuyeron a que la educación médica se preparara para recibir importantes cambios, los cuales solo llegarían después de 1945. Ernesto Andrade Valderrama, “Evolución de la educación médica en Colombia”, 167.


La formación médica en Colombia

de la Universidad Nacional de Colombia (donde se promulgó la creación de la Ciudad Blanca), y a partir de ella se intentó establecer la llamada Plataforma de 1935 del Partido Liberal. Con esta intervención de carácter político se trató de alcanzar la educación laica que se venía persiguiendo por años para ese centro educativo, cual si se tratara de un programa docente de alcance nacional centralizado, “como hecho económico y social”, que buscó capacitar ciudadanos entrenados para cumplir funciones al servicio de la sociedad. Por su parte, la Facultad de Medicina quedó incorporada al organismo de la universidad, de acuerdo con los consejos directivo y académico, y la rectoría, cuyos reglamentos internos dependerían de las disposiciones de un profesor decano y el consejo de la facultad72. Además de las leyes que organizaban la escuela médica de la Universidad Nacional, se promulgó la Ley 0067 del 4 de diciembre de 1935 que reglamentó el ejercicio de la profesión de médicos y cirujanos en el país, como una función social: Artículo 1º El ejercicio de la profesión de médico, abogado, ingeniero y sus semejantes, constituye una función social. Los profesionales serán responsables civil y penalmente, no solo por sus actos sino también por sus omisiones en el ejercicio profesional. Artículo 2º A partir de la vigencia de la presente Ley, solo podrán ejercer la medicina y la cirugía generales en Colombia, los médicos graduados, entendiéndose por tales, para los efectos de la presente Ley, los que a continuación se expresan: Los médicos colombianos o extranjeros que hayan hecho estudios y obtenido el título de doctor en medicina y cirugía en la Facultad Nacional o en una de las Facultades oficiales seccionales del país…”.73 72

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La Ley 68 modernizó las estructuras jurídica, administrativa, locativa y académica de ese centro educativo. Aunque llegaran otros recursos del Estado, la Universidad Nacional pudo recibir legados y herencias a título gratuito, y sus bienes fueron exentos de gravámenes. Esa ley autorizó la compra de terrenos para construir la Ciudad Universitaria, legisló sobre el gobierno interno constituido por dos profesores y dos alumnos elegidos democráticamente, y reglamentó el nombramiento del rector por parte del consejo directivo de la universidad, a partir de una terna presentada por el Presidente de la República. Néstor Miranda, “La medicina colombiana de 1867 a 1946”, 122. Congreso de Colombia, “Ley 0067 de 1935, por la cual se reglamenta el ejercicio de la profesión de medicina y cirugía”, Diario Oficial, año LXXI-230066 (1935), acceso, mayo 23, 2011, http://www.mineducacion.gov.co/1621/articles-103010_archivo_pdf.pdf

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Entre la mutua dependencia y la mutua independencia

Con la Reforma Constitucional de 1936, el gobierno de López Pumarejo quiso darle más presencia al Estado en asuntos relacionados con la salud y la educación. No obstante, muchas de sus iniciativas necesitaron de más tiempo para consolidarse74. Las leyes relacionadas con la creación del Departamento de Asistencia Social ejercieron un control administrativo y financiero sobre los establecimientos de beneficencia y las entidades encargadas de la asistencia pública, entre los que estuvieron incluidos los hospitales. Sobre los principios promulgados por la Reforma de 1936, en 1938 se crearía el Ministerio de Trabajo, Higiene y Previsión Social75. Sus leyes educativas —probablemente más audaces— legitimaron la docencia y el ejercicio profesional de quienes se graduaban de las escuelas de medicina estatales, en especial de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional. Con estas normas se hablaría de asistencia pública como “la obligación del Estado frente a los indigentes, más allá de la beneficencia, pero todavía en el ámbito de la caridad”76. Estos cambios constitucionales pronto encontraron limitaciones porque no pasaron de enunciar las bases de un Estado interventor restringido; aunque esas iniciativas se iniciaron legalmente, solo llegaron a ser posibles con la Reforma de 196877. En virtud del Decreto Ejecutivo N.° 1858 de 1938, se creó el Departamento de Asistencia Social como una dependencia del Ministerio de Trabajo, Higiene y Previsión Social. Esa entidad sería “el órgano del Poder Ejecutivo, encargado de la importante labor de supervigilar las instituciones de utilidad común y de ejercer la dirección suprema de la beneficencia”. La inspección y la vigilancia de la asistencia social encomendada al cuidado de ese departamento se ejercería mediante dos mecanismos: el control fiscal y la vigilancia técnica78. 74

75 76 77 78

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Con la Reforma Constitucional de 1936, el Estado adquirió deberes sociales y asumió funciones mediadoras en los conflictos entre el trabajo y el capital. El trabajo fue considerado como una obligación social que debería ser protegida por el Estado; se creó la fiscalización estatal en el manejo de donaciones de interés social; comenzaron a interpretarse las obligaciones sociales de la propiedad y se definió la asistencia pública a partir de tres elementos: la carencia de medios de subsistencia, la falta de derecho para exigirlo de otros y en los casos de incapacidad laboral. Emilio Quevedo, Mario Hernández y Néstor Miranda, “Ciencias médicas, Estado y salud en Colombia: 1886-1957”, 225-227. Referido por Mario Hernández, “La fractura originaria en la organización de los servicios de salud en Colombia”, 18-19. Emilio Quevedo, Mario Hernández y Néstor Miranda, “Ciencias médicas, Estado y salud en Colombia: 1886-1957”, 225-227. Luis Enrique Benavides, “Exposición del jefe del Departamento de Asistencia Social, Doctor Luis Enrique Benavides, del Ministerio de Trabajo, Higiene y Previsión Social, en el Primer Congreso Hospitalario de Colombia”, Revista de Higiene vol. 23, núm. 2- 3 (1942), 17-20.


La formación médica en Colombia

La Facultad de Medicina de la Universidad Nacional como paradigma educativo Durante el periodo federal de mediados del siglo xix, al incorporarse Bogotá al Estado de Cundinamarca el 11 de mayo de 1864, el antiguo Hospital San Juan de Dios fue considerado como negocio de la ciudad79. Si bien Bogotá comenzó a administrar los establecimientos de caridad y beneficencia, pronto las partidas suministradas por las autoridades del Estado se suspendieron, y los recursos hospitalarios quedaron confiscados durante tres años por sus antiguos administradores. Tras una severa crisis económica, el hospital pasó a ser otra vez gobernado por el Estado, y en 1865 nació la Escuela Privada de Medicina de Antonio Vargas Reyes80, que tuvo por órgano de difusión La Gaceta Médica81. La Escuela fue anexada al Colegio Independencia que, al no tener apoyo oficial, atrajo a muchos médicos que lo consideraron ajeno a los fortines políticos de la época82. Este plantel firmó pronto un contrato que lo vinculó con el Hospital San Juan de Dios. En 1867, el Decano le solicitó al Poder Ejecutivo la anexión de la Escuela Privada de Medicina al Instituto Nacional de Ciencia y Artes para darle un carácter oficial. Entonces se le dieron las salas del Hospital Militar al catedrático de Clínica. El 16 de diciembre de ese mismo año se firmó un contrato a veinte años entre el oficial mayor Felipe Lora González, encargado de la Secretaría de Gobierno del Estado de Cundinamarca, y el médico Antonio Vargas Vega, quien en calidad de “institutor particular” cumpliría las labores de administrador y rector-tesorero del Colegio de San Bartolomé, para que se responsabilizara de la educación médica en ese establecimiento 79

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Estela Restrepo Zea, “El Hospital San Juan de Dios 1635-1900”, Recetas del espíritu para enfermos del cuerpo, vol. 1 (Bogotá: Universidad Nacional de Colombia, Programa de Apoyo al Desarrollo de Archivos Iberoamericanos, 2006), 12.; “La perdutta gente: sombríos, taciturnos y pesarosos 1860 – 1885”, en El Hospital San Juan de Dios 1635 – 1895 (Bogotá: Universidad Nacional de Colombia, Facultad de Ciencias Humanas, Centro de Estudios Sociales, 2011), 467-468. Conformaron esta Escuela: Antonio Ospina, Antonio Vargas Reyes, Andrés María Pardo, Antonio Vargas Vega, Francisco Bayón, Bernardino Medina, Joaquín Maldonado, Ignacio Antorveza, Joaquín Sarmiento, Liborio Zerda, Jorge Vargas, Rafael Rocha C., Manuel A. Ángel, y L. Dudley. Roberto de Zubiría, Antonio Vargas Reyes y la Medicina del Siglo xix en Colombia, 182. La Gaceta Médica (a cargo de Antonio Vargas Reyes, Antonio Vargas Vega, Nicolás Osorio, Rafael Rocha y Liborio Zerda) circuló tres años y reemplazó a La Gaceta Médica de Colombia, que había sucedido a La Lanceta. Pedro M. Ibáñez, Memorias para la historia de la medicina en Santa Fe, Segunda edición (Bogotá: Universidad Nacional de Colombia, Facultad de Medicina, 1968), 99. Después se vincularían Pedro P. Cervantes, Leoncio Barreto, Ezequiel Uricoechea y Demetrio Paredes.

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Entre la mutua dependencia y la mutua independencia

educativo83. Vino entonces una protesta masiva que disolvió la sociedad de profesores y suspendió la enseñanza84. El Gobierno nacional optó por cerrar la Escuela Privada mientras buscaba acuerdos y, como resultado de ellos, nombró a Antonio Vargas Reyes como el primer rector (decano) de la Facultad de Medicina de la recién creada Universidad Nacional85. La Gobernación del Estado de Cundinamarca le entregó en forma oficial el Hospital San Juan de Dios a la Escuela de Medicina de la Universidad Nacional el 31 de diciembre de 1867. Entre el 30 y 31 de diciembre de 1867 se llevó a cabo otro convenio mediante el cual Carlos Martín, el Secretario del Interior y Relaciones Exteriores del Gobierno de la Unión, el médico Antonio Vargas Vega, en calidad de “Inspector del Hospital de Caridad”, y Daniel Aldana, el Gobernador del Estado Soberano de Cundinamarca, le hacían la entrega de una parte del Hospital de Caridad a la Universidad Nacional de los Estados Unidos de Colombia por un tiempo de diez años86. El Decreto Orgánico del 13 de enero de 1868 definió el programa educativo con el que se dispuso que se comenzarían a dictar tres clases de Clínicas en el San Juan de Dios87. En 1873 se fundó la Sociedad de Medicina y Ciencias Naturales de Bogotá, que en 1891 se convertiría en la Academia Nacional de Medicina88, encargada de identificar y rastrear enfermedades nacionales89, la cual llegaría a ser la entidad idónea para asesorar los gobiernos en asuntos de higiene, medicina, hospitales y salud. Con la entrega del Hospital San Juan de Dios a la Facultad de Medicina concluyó la tarea del hospital general para comenzar una etapa dedicada a la labor científica y docente, sustentada en la escuela de patología 83

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70

“Contrato con el doctor Antonio Vargas Vega para la enseñanza en el Colegio de San Bartolomé”, en Anales de la Universidad Nacional de los Estados Unidos de Colombia. Repertorio de Instrucción Pública, Literatura, Filosofía, Ciencias Matemáticas, Físicas, Médicas y Legales. Periódico oficial de la Universidad, destinado al fomento y cultivo de las ciencias, la literatura y la instrucción pública en los Estados Unidos de Colombia. Tomo I correspondiente al primer semestre del año fiscal del 1° de setiembre de 1868 a 1° de setiembre de 1869 (Bogotá: Imprenta Echeverría Hermanos, 1868), 10-14. Pedro M. Ibáñez, Memorias para la historia de la medicina en Santa Fe, 99-101. Néstor Miranda Canal, “La medicina colombiana de 1867 a 1946”, 71-72. “Convenio sobre cesión de una parte del hospital de caridad de esta ciudad, para la Universidad Nacional”, en Anales de la Universidad Nacional de los Estados Unidos de Colombia, 15-16. Referido por Carla Bocchetti, Juan Manuel Arteaga y Marco Palacios, Hospital universitario: desde San Juan de Dios hasta la construcción de un nuevo proyecto, 30. Diana Obregón, Sociedades científicas en Colombia. La invención de una tradición, 1859-1936, 274. Fundación Ginebrina para la Formación y la Investigación Médica, “Primeros Esbozos de una Medicina Epidemiológica”, La medicina en Colombia. Una reseña histórica - Medicina Epidemiológica, acceso 15 de mayo, 2011, http://www.gfmer.ch/Colombia_Pilar/HistoriaEpidemiologia.htm.


La formación médica en Colombia

de la medicina hospitalaria, mientras se procuraba que se involucrara cada vez más con los pobres de la sociedad. El hospital quedó dirigido por un servicio científico que dependía de la coordinación de tres escuelas médicas: anatomoclínica, fisiopatológica y etiopatológica90. En el primer plan de estudios de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional predominó una amplia base anatómica (Cuadro 1):

Cuadro 1. Primer plan de estudios en la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional Anatomía General e Histología (catedrático: Andrés María Pardo).

Primer año

Clase primera de Anatomía Especial (catedrático: Andrés María Pardo). Fisiología (catedrático: Antonio Vargas Vega). Clase segunda de Anatomía Especial (catedrático: Rafael Rocha Castilla).

Segundo año

Patología General y Pequeña Cirugía (catedrático: Antonio Vargas Vega). Patología Interna (catedrático: José María Buendía). Anatomía Patológica (catedrático: Rafael Rocha Castilla). Farmacia (catedrático: Bernardino Medina). Materia Médica y Terapéutica (catedrático: Nicolás Osorio).

Tercer año

Patología Externa (catedrático: Antonio Vargas Reyes). Anatomía Topográfica y Medicina Operatoria (catedrático, Manuel Plata Azuero).

(Contínúa en la próxima página)

90

Estela Restrepo Zea, “El hospital: escuela de patología práctica 1868-1895”, en El Hospital San Juan de Dios 1635-1895 (Bogotá, Universidad Nacional de Colombia, Facultad de Ciencias Humanas, Centro de Estudios Sociales, 2011), 339.

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Entre la mutua dependencia y la mutua independencia

Obstetricia y Patología Especial de las Mujeres y de los Niños (catedrático: Libardo Rivas).

Cuarto año

Higiene Pública General y Especial del País e Higiene Privada (catedrático: Antonio Ospina).

Fuente: Néstor

Miranda, “La medicina colombiana de 1867 a 1946”, 72-73.

Por esa época, la Fisiología apenas se consideraba como un curso teórico desligado de la labor médica, porque era concebida como ciencia experimental que no siempre se comprendía como herramienta del trabajo médico. En 1881 se agregaron las clases de Semiología y Anatomía Patológica Especial al pénsum, con el objeto de afianzar aun más la medicina hospitalaria. Durante las últimas décadas del siglo xix, la enseñanza médica colombiana, que dependió mucho de la clínica francesa, se convirtió en un medio de socialización de la profesión médica, pero además en un instrumento de institucionalización91 fuertemente sustentado en el trabajo hospitalario. Ese mecanismo se logró sobre tres elementos: 1) Las Escuelas o Facultades de Medicina, llamadas a ser lugares donde se guardaban y prosperaban los conocimientos, así como los valores profesionales y éticos que deberían ser transmitidos de generación en generación entre los médicos. 2) Los hospitales, sanatorios o casas de la salud, considerados como sitios destinados al cuidado, la atención y la recuperación de aquéllos enfermos que muchas veces se habían llegado a convertir en elementos de investigación y enseñanza. 3) Las asociaciones científicas o gremiales de los profesionales de la medicina, entre los que también se encontraban químicos, físicos, botánicos, naturalistas y miembros de profesiones afines. Al velar por la higiene y la salud privada y pública, sus miembros muchas veces terminarían asesorando los gobiernos centrales92. Como se señaló, la década de 1930 se caracterizó por presentar varias reformas educativas a nivel de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional93, pero mientras unos propugnaban por la necesidad de cambios, otros seguían los principios de la medicina francesa. La reforma propuesta 91 92 93

72

Néstor Miranda, “La medicina colombiana de 1867 a 1946”, 71-73. Néstor Miranda, “La medicina colombiana de 1867 a 1946”, 49. Por entonces se legisló sobre los cargos y categorías de los profesores y los requisitos para merecer cada uno tras un primer propósito por reglamentar la docencia, la que después definiría una tendencia hacia las especializaciones.


La formación médica en Colombia

en 1935 planteó un viraje hacia la medicina estadounidense, que ofrecía más tecnología y trataría de acercar a los estudiantes al laboratorio para incentivar “su espíritu científico e investigador”94. En 1939 se desató una aguda polémica entre los defensores de la medicina francesa y los que proponían la estadounidense y, aunque se realizaron algunos cambios con un nuevo plan de estudios, continuó la educación teórico práctica regida por las sugerencias de la Misión Francesa de 193195, que había querido conformar el primer centro médico docente del país con una Facultad de Medicina Moderna: Tomamos de la Misión el concepto sobre lo que debe ser una Facultad de Medicina moderna, “Un centro de cultura profesional. Un centro de enseñanza superior. Un centro de investigaciones. Para realizar este triple objeto es necesario planear por una parte, una excelente organización técnica (clínica y Laboratorios) y por otra formar un personal científico que tenga a la vez una cultura médica general y una competencia indiscutible en las distintas especialidades cuyo conjunto importa para los estudios médicos”.96

Sin renunciar del todo a las sugerencias de la misión francesa, la escuela médica buscó a principios de los años cuarenta combinar los métodos modernos y prácticos propuestos por la escuela americana para estudiar y aplicar ambas tendencias. Se diseñó entonces un nuevo plan de estudios que quiso estimular la observación y acercar a los estudiantes a los laboratorios, la experimentación y la clínica. En 1941, la Facultad de Medicina ya tenía 1029 alumnos, había realizado ajustes en sus planes de estudios, y con su tecnología de avanzada era presentada como emblemática frente a nacionales y extranjeros. Recibió aportes significativos de la Universidad Nacional y de la Junta General de la Beneficencia de Cundinamarca en 1941 para dotar varios laboratorios que tenían su sede en el Hospital San Juan de Dios. La facultad contaba con un laboratorio de anatomía patológica, otro de bacteriología, el de fisiología, otro para histología, un laboratorio de farmacología y terapéutica, otro de

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96

Néstor Miranda, “La medicina colombiana de 1867 a 1946”, 123-127. La Misión Francesa recomendó el uso de manuales y literatura médica para el aprendizaje de los estudiantes, con los que se sustituyera la presencia de profesores teóricos, y exhortó a realizar estudios prácticos, morfológicos y experimentales de laboratorio. Jorge E. Cavelier, “Informe del decano de la Facultad de Medicina al rector de la Universidad Nacional”, Revista de la Facultad de Medicina, vol. 10, núm. 6 (1941), 455. Jorge E. Cavelier, “Informe del decano de la Facultad de Medicina al rector de la Universidad Nacional”, 454-455.

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Entre la mutua dependencia y la mutua independencia

física médica, y en agosto de 1941 se inauguró el laboratorio de parasitología llamado “Daniel Carrión”. Estas instalaciones de investigación eran dirigidas por jefes de trabajos y profesores encargados de las cátedras respectivas. A su vez, el Laboratorio “Santiago Samper”, de excelente dotación, recibió en 1941 una importante donación de la Institución Rockefeller para vincularse a la obra humanitaria mundial de esa entidad. A pesar de las contribuciones, la Facultad de Medicina tenía dificultades económicas, “salvables únicamente con el apoyo del Gobierno en un mayor aumento del presupuesto, aumento que de acuerdo con el estudio realizado alcanza la suma de $50 000”97. Este déficit se explicaba porque al aumentar el número de estudiantes, había que adoptar más tecnologías y métodos científicos que exigían más costos para el mantenimiento de aparatos, reactivos y entrenamientos: No obstante el crecido número de alumnos y la dificultad existente en algunas asignaturas como Anatomías, Histología, Farmacología, etc., tienen más de 200 alumnos cada una —lo cual forzosamente obliga a un grande esfuerzo, tanto por parte del Profesor como del alumno, para rendir un trabajo efectivo— puede asegurarse que la intensificación en la enseñanza es cada día mayor valorizada por los nuevos métodos, la mejor dotación de aparatos modernos, la constante cooperación del profesorado, el afán adquisitivo de nuevos conocimientos por parte del alumno y la racional distribución en el número de horas fijadas en el plan de estudios a cada una de las asignaturas.98

En 1941, la Facultad de Medicina de la Nacional tenía cinco departamentos: Biológico, de Medicina, de Medicina Interna Tropical, de Cirugía y de Obstetricia; desde 1940 había abierto cursos de especialización en Higiene y Tisiología con el Ministerio de Trabajo, Higiene y Previsión Social, para vincularse a las campañas sanitarias del Gobierno Central. Con el auspicio del Ministerio, en 1941 se iniciaron los cursos de Anatomía Patológica y de Anestesia, a los que habían sido invitados los estadounidenses William German y Henry Beecher del Departamento de Estado. La facultad contaba con un Centro de Patología especializado en 97 98

74

Jorge E. Cavelier, “Informe del decano de la Facultad de Medicina al rector de la Universidad Nacional”, 453. Jorge E. Cavelier, “Informe del decano de la Facultad de Medicina al rector de la Universidad Nacional”, 456.


La formación médica en Colombia

enfermedades tropicales, para el cual se habían creado los laboratorios de parasitología y de clínica tropical, dedicados al estudio de enfermedades endémicas en el país. La escuela médica de la Nacional también dictaba cursos de formación para enfermeras y técnicos de laboratorio clínico. En el primer caso, desde 1937 se había conformado una Escuela de Enfermeras con sede en el Hospital San José, donde un grupo selecto de profesores se encargaba de la formación científica, y en la Universidad Nacional y el Hospital se ocupaban de organizar las prácticas y contribuir con los gastos de ese tipo de entrenamiento. El personal del laboratorio clínico era preparado durante tres años de estudios teóricos y otro de práctica. Desde 1940, se había establecido un examen de aptitud y conocimientos para evaluar el ingreso, según las recomendaciones exigidas por el Ministerio de Educación Nacional. El Departamento de Anatomía ofrecía muchas ventajas porque tenía amplios locales y oficinas remodeladas que —además de disponer de “magníficos anfiteatros, dotados con mesas de disección suficientes, amplias refrigeradoras para cadáveres, instrumental adecuado a sus necesidades”— tenía un museo de piezas anatómicas para la enseñanza, y otro museo de reproducciones plásticas con “una valiosa colección de moldes en cera, de vívida demostración plástica, de lesiones de varias enfermedades comunes”, a cargo del profesor de Dermatología. Además de la Biblioteca Central de la Universidad Nacional (dotada con 10 862 volúmenes y un buen número de revistas), estaba disponible una biblioteca seccional en el Laboratorio Samper para profesores y alumnos. Cada mes se publicaba una revista de la facultad con los artículos y trabajos científicos de profesores y alumnos, previa revisión de la dirección y los jefes de redacción, y se intercambiaban revistas y series científicas destacadas a nivel mundial99. Con la urgente necesidad de médicos para Colombia, entre 1942 y 1952 se fundaron cuatro Facultades de Medicina: la de la Javeriana, en 1942; en 1950 se reabrió la de Popayán; en 1951 comenzaron los estudios médicos en la de la Universidad del Valle, y en 1952 inició labores la de la Universidad de Caldas. En la década siguiente, y como resultado de las reformas obtenidas con las misiones médicas estadounidenses, también 99

El examen de aptitud evaluaba las condiciones intelectuales con pruebas psicotécnicas y revisaba los conocimientos de cultura general en relación con las ciencias naturales e idiomas, necesarios para la medicina. Jorge E. Cavelier, “Informe del Decano de la Facultad de Medicina al rector de la Universidad Nacional”, 452-459.

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Entre la mutua dependencia y la mutua independencia

se fundarían otras dos Facultades de Medicina en el país: la de la Universidad del Rosario en 1966, en estrecho vínculo con la Sociedad de Cirugía de Bogotá, y la de la Universidad Industrial de Bucaramanga en 1967100.

El Hospital como sitio obligatorio en la formación médica La idea del hospital fue siempre muy amplia: de haber sido un sitio de descanso para viajeros y menesterosos que no tenían dónde dormir, pasó a acoger también a huérfanos y ancianos. Más tarde, al ser administrados por comunidades religiosas, los hospitales se convirtieron en lugares de atención y cuidado para los enfermos pobres que encontraban apoyo espiritual y consuelo. Con el tiempo, estas instituciones delimitaron mejor sus funciones para dedicarse por completo a recibir a personas enfermas101. En algunas ciudades europeas se tuvo una larga tradición hospitalaria desde la Edad Media, que comenzó cuando se tuvieron establecimientos dedicados a la hospitalización y la cura de los enfermos. Estas instituciones fueron administradas por la Iglesia, el Municipio o las órdenes religiosas, cuyo nivel médico asistencial variaba de acuerdo con el tipo de medicina empleada. Al buscar unas mejores condiciones higiénicas y sanitarias, los nosocomios generalmente se construían sobre grandes superficies de terreno, con zonas dedicadas a la agricultura, localizados en sectores dispersos con escasa población, pero con abundancia de espacios abiertos y, ante todo, agua y aire puros, elementos indispensables para la curación de los enfermos102. Desde el Renacimiento había comenzado un proceso de secularización en estos establecimientos que varió de acuerdo con el tipo de conocimiento médico y la eficiencia terapéutica, así muchos siguieran siendo lugares donde los pobres solo llegaban a bien morir. La escuela médica de Viena inspiró a la que sería llamada medicina francesa, que condujo a la medicalización de los hospitales103 con la práctica de una medicina hospitalaria. Se hicieron nuevas adaptaciones para buscar espacios acordes con las exigencias de la medicina anatomopatológica y las tendencias médicas 100 Ernesto

Andrade Valderrama, “Evolución de la educación médica en Colombia”, 168.

101 Beatriz Castro, Caridad y beneficencia. El tratamiento de la pobreza en Colombia 1870-1930, 97-98. 102 María

Teresa Serraclara Plá y Montse Martí Ayxelá, Hospital de la Santa Cruz y San Pablo. Historia, arquitectura, arte, Segunda Edición (Litocián, Zaragoza: Fundación Privada Hospital san Pablo de La Santa Cruz y San Pablo, 2009), 11. 103 Referido por Juan Carlos Eslava, “Hospital universitario y crisis hospitalaria en Colombia”, 44.

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La formación médica en Colombia

vigentes; en los diseños arquitectónicos antiguos cambiaron la disposición de las salas de observación y la clasificación de los enfermos de acuerdo con el tipo de enfermedad para organizar los servicios de asistencia de acuerdo con clasificaciones socioculturales. Entre el siglo xix y principios del xx los hospitales sufrieron grandes transformaciones debido a nuevos conceptos, el empleo de otros métodos relacionados con la anatomía patológica, la antisepsia y la asepsia, la anestesia, la bacteriología, la fisiología, la investigación y la aplicación de novedosas técnicas quirúrgicas que también llevaron a realizar cambios en el personal que hicieron más eficiente la terapéutica médica a nivel de la labor asistencial, docente y de enfermería. Al cambiar la imagen institucional, también se modificaron las actitudes de las personas integradas a la vida hospitalaria; el hospital dejó de ser el sitio de muerte de los pobres para convertirse en el lugar indicado para realizar tratamientos quirúrgicos y desarrollar tecnologías acordes con esos tratamientos, donde los enfermos ya iban a curarse. El hospital del siglo xx se constituyó en una colosal institución científica y técnica, pero además se transformó en un escenario especializado, en el que se desarrollaría la acción terapéutica de la ciencia moderna. En ese proceso modernizador también se dieron cambios en la formación de los profesionales de la medicina, que no solo se prepararon para ejercer la práctica privada, sino para desempeñarse en el ejercicio de una medicina hospitalaria. El médico moderno quiso ser más pragmático en su labor para ir más acorde con la tecnología del momento y trató de desempeñarse al mismo ritmo de la sociedad industrial. Como resultado, y a la vez como causa de esos cambios, se fueron definiendo las diversas especialidades médicas, que a su vez serían responsables de grandes transformaciones en la vida hospitalaria. Con el Informe Flexner, en las escuelas de medicina de Estados Unidos se estableció un paradigma de organización que se terminaría por imponer en algunos países europeos, y más tardíamente en América Latina, después de la Segunda Guerra Mundial. La lógica del proceso de formación del médico sufrió un gran cambio al conjugar la ciencia, el humanismo y el método científico dentro del proceso formativo, pero ante todo con un hondo sentido de responsabilidad social y la excelencia académica. Flexner había recomendado la dedicación de tiempo completo para ejercer la docencia, el servicio y la investigación104 con el objeto de conseguir un vínculo 104 José

Félix Patiño, “Abraham Flexner y el flexnerismo. Fundamento imperecedero de la educación médica moderna”.

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Entre la mutua dependencia y la mutua independencia

más estrecho entre la escuela médica y el hospital. La medicina comenzó a tener entonces un referente esencial y central para su labor práctica en el hospital, tanto en los aspectos terapéuticos como en los investigativos y educativos. Por esa razón, durante el siglo xx ya no se volvería a concebir la enseñanza de la medicina sin disponer de un hospital donde pudiera llevarse a cabo la formación idónea del profesional médico. Así, se presentó en el hospital un nuevo escenario que centralizaba gran parte del conocimiento sobre el paciente; allí se obtendría la información básica del proceso de la enfermedad. Además, se empezó a asociar la información teórica de los libros con la patología evidente y tangible de los pacientes para facilitar las competencias del ejercicio de la clínica. En ese recinto ya sería posible realizar juicios relacionados con diagnósticos, tratamientos, ejercicios terapéuticos y pronósticos para poner a prueba la habilidad individual y colectiva al emplear la tecnología en beneficio de los enfermos. A su vez, el hospital también permitió aproximar a directivos, equipo tecnológico, personal docente, médicos, enfermeras, y funcionarios administrativos y hospitalarios en general para construir una interacción social dinámica en forma permanente105. La universidad, que había sido en el pasado una escuela cultural encargada de formar a la clase dominante, se convirtió a partir del siglo xx en una institución dedicada a producir conocimientos para difundir y aplicar tecnologías, pero donde ya se educarían todas las clases sociales y se podrían recrear las prácticas profesionales. No obstante, la universidad y el hospital debieron cambiar considerablemente a lo largo del siglo xx, para adquirir cada uno de ellos un alto grado de complejidad, cuyos esquemas de organización —diseñados para articular las dos instituciones a partir del modelo flexneriano de educación médica— han llegado a ser insuficientes. Bajo el esquema sugerido por Flexner para una Facultad de Medicina, ya resulta imprescindible un sistema hospitalario que abarque los diversos niveles de complejidad y diversificación médica, pero con los que también sea posible conseguir un compromiso estrecho, mutuo y permanente en torno a la universidad. El hospital universitario, así constituido, está llamado a adoptar un carácter particular frente a las demás instituciones asistenciales, deberá caracterizarse por sus funciones de docencia, investigación y servicios asistenciales, y necesitará estar programado para responder a las grandes responsabilidades sociales:

105 Juan

78

Carlos Eslava, “Hospital universitario y crisis hospitalaria en Colombia”, 42-44.


La formación médica en Colombia

Un hospital universitario debe concebirse como un escenario académico, científico–técnico, que tiene como funciones esenciales construir conocimiento sobre la enfermedad humana; generar un pensamiento crítico frente al saber técnico existente; brindar un escenario de formación práctica para profesionales del área de la salud (medicina, enfermería, terapias, odontología, entre otras); generar propuestas pedagógicas que ayuden en los procesos educativos del personal sanitario en cada una de sus especialidades; capacitar a los usuarios de los servicios tanto en el uso adecuado de los mismos como en pautas de educación sanitaria y en los derechos a la asistencia sanitaria y a la seguridad social y, por último, resolver los problemas patológicos que afectan a las personas que asisten al hospital, es decir, atender a las personas enfermas.106

Al hospital universitario, además de las responsabilidades asistenciales, se le exigen otras funciones esenciales de la universidad. Este requiere de una capacitación esmerada y actualizada en su personal, pero también de la colaboración mancomunada por parte de todas las personas que laboran en diferentes profesiones y oficios, para realizar proyectos multidisciplinarios de trabajo, con permanentes modificaciones en el vínculo docente asistencial. La iniciativa de construir, organizar y poner en funcionamiento un hospital universitario, sin embargo, genera costos elevados y esfuerzos permanentes que son a veces imprevisibles. Por su propia naturaleza, la institución debe asumir roles docentes, investigativos y asistenciales para conseguir la excelencia en sus funciones, las cuales lo han de convertir en una institución hospitalaria distinta a las demás entidades prestadoras de los servicios de salud. Los servicios asistenciales del hospital universitario deberán ser de mejor calidad que los que realizan otros hospitales, clínicas o centros de salud, y los procesos contables, las dinámicas financieras y la transparencia en el manejo de los recursos tendrán que mantenerse a la altura de las más sólidas y honestas empresas especializadas en tecnologías modernas107.

106 Juan 107 Juan

Carlos Eslava, “Hospital universitario y crisis hospitalaria en Colombia”, 45. Carlos Eslava, “Hospital universitario y crisis hospitalaria en Colombia”, 42-46.

79


capítulo tercero

Los hospitales en Colombia a principios del siglo

xx

D

esde los inicios del siglo xx, en algunos sectores del liberalismo se planteó la necesidad de sustentar tanto la asistencia pública como la función básica de los hospitales sobre un principio de obligación estatal, en lugar del antiguo y tradicional concepto de la caridad1. Con ese cambio conceptual, fue necesario modificar la denominación de beneficencia por la de asistencia para que las instituciones de beneficencia pasaran al control estatal por medio de una instancia centralizada que planificara y ordenara esas instituciones, como en otros países de la región2. Luego de concebirse como lugares de albergue o espacios donde los enfermos estaban confinados para evitar la proliferación de ciertas enfermedades, los hospitales colombianos del siglo xx también dejaron de depender de la caridad y la benevolencia de comunidades religiosas para comenzar a ser elementos centrales de la política sanitaria nacional e internacional. El mencionado Decreto Ejecutivo N.° 1858 de 1938, que creó el Departamento de Asistencia Social, le había conferido al Ejecutivo la misión de supervigilar las instituciones de utilidad común, al tiempo que debería ejercer una dirección suprema sobre los hospitales, antes asignada a la beneficencia. Así, al Estado se le comenzó a atribuir una obligación sobre los pobres, enfermos e indigentes “más allá de la beneficencia”, aunque fuera todavía dentro del ámbito de la caridad3. Las dos funciones asignadas al Departamento de Asistencia Social se realizaban mediante dos mecanismos: con la inspección y vigilancia 1 2 3

Mario Hernández, La salud fragmentada en Colombia, 1910-1946, Universidad Nacional de Colombia, Bogotá, 2002, p. 133. Emilio Quevedo, Mario Hernández y Néstor Miranda, “Ciencias médicas, Estado y salud en Colombia: 1886-1957”, 223-224. Mario Hernández, “La fractura originaria en la organización de los servicios de salud en Colombia”, 18-19.

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Entre la mutua dependencia y la mutua independencia

técnica de los hospitales, y además ejerciendo un riguroso control fiscal sobre ellos. Esta labor implicó conocer el estado financiero de esos establecimientos mediante los estudios de sus presupuestos anuales y su ejecución durante la vigencia señalada, así como revisar la situación económica de cada uno de los legados destinados para la asistencia pública, para que la administración y aplicación de las rentas se ciñeran en forma estricta a los fines perseguidos. Con ese mecanismo, la entidad estatal buscaba que el patrimonio de las instituciones fuera canalizado para los presupuestos proyectados en forma equitativa y ordenada, pero ante todo dándole prioridad a las necesidades más urgentes de los enfermos, para evitar que esos dineros se invirtieran en sueldos del personal administrativo, o para otros fines de segunda importancia4.

Los hospitales desde la mirada de los médicos En el marco del Primer Congreso Hospitalario de Colombia realizado en Bucaramanga en febrero de 1942, el jefe del Departamento de Asistencia Social explicaba los resultados de la “supervigilancia” de su función durante un poco más de dos años. Previa inspección y vigilancia de los hospitales colombianos, se había conseguido un aumento de casi un millón de pesos en activos, además de la instalación de más de 2000 camas para enfermos de caridad, con una mejor dotación de ropa, instrumental, medicamentos y una alimentación más apropiada para los pacientes. Esos logros fiscalizadores se explicaban porque hasta 1938 los recursos de esas instituciones habían dependido de juntas en las que siempre había primado el concepto de uno o dos miembros que no actuaban en concordancia con las necesidades de la institución. El informe estadístico sobre la situación hospitalaria a nivel nacional explicaba que en 1941 se tenían 221 hospitales distribuidos en todo el país, y sus recursos tenían estos orígenes (Cuadro 2):

Cuadro 2. Procedencia de recursos hospitalarios en 1941. Departamento de Asistencia Social

4

82

Tesoro y Fondos Nacionales

6.33%

Fondos Departamentales

8.38%

Luis Enrique Benavides, “Exposición del jefe del Departamento de Asistencia Social, Doctor Luis Enrique Benavides, del Ministerio de Trabajo, Higiene y Previsión Social, en el Primer Congreso Hospitalario de Colombia”, Revista de Higiene vol. 23 núm. 2-3 (1942), 18.


Los hospitales en Colombia a principios del siglo xx

Fondos Municipales

4.11%

Fondos provenientes de loterías

38.04%

Fondos provenientes de otros conceptos: participación en rentas, 43.14% arrendamientos, limosnas, donaciones, etc. Fuente: Luis Enrique Benavides, “Exposición del jefe del Departamento de Asistencia Social, Doctor Luis Enrique Benavides, del Ministerio de Trabajo, Higiene y Previsión Social, en el Primer Congreso Hospitalario de Colombia”, Revista de Higiene vol. 23 núm. 2-3 (1942), 22.

Sustentado en el censo de población de 1938, se calculaba que en Colombia se necesitarían por lo menos 9773 camas para el servicio hospitalario, que calculadas a razón de $250 cop cada una, tendrían un costo aproximado de $2 963 858. De un total de 16 322 camas existentes, unas 1732 (equivalentes al 10.5%) estaban habilitadas para pacientes pensionados. En todo el país se tenían 127 maternidades, y 270 de sus 1693 camas correspondían a enfermas sépticas5. (Cuadro 3)

Cuadro 3. Relación comparativa del incremento de camas entre 1937 y 1941 en Colombia Año Número de Camas Hospitalarias Camas de maternidad

1937

1941

Incremento

11 422

16 322

4900(42.2%)

1052

1693

641 (60.9%)

Fuente: Luis Enrique Benavides, “Exposición del jefe del Departamento de Asistencia Social, Doctor Luis Enrique Benavides, del Ministerio de Trabajo, Higiene y Previsión Social, en el Primer Congreso Hospitalario de Colombia”, 22-23.

5

Los recursos hospitalarios cubrían los sueldos del síndico, médicos, enfermeras, etc., el 20% se destinaba en construcciones, y una tercera parte para la dotación de remedios, alimentación, ropas, etc., que le dieran “el mejor confort de los menesterosos” de esos servicios. Las rentas hospitalarias procedían del Tesoro Público, loterías, impuestos, limosnas, bazares, etc. Se calculaba como mínimo 3 camas por cada 1000 habitantes. Luis Enrique Benavides, “Exposición del Jefe del Departamento de Asistencia Social, Doctor Luis Enrique Benavides, del Ministerio de Trabajo, Higiene y Previsión Social, en el Primer Congreso Hospitalario de Colombia”, 17-23.

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Entre la mutua dependencia y la mutua independencia

Como se aprecia en el anterior cuadro, entre 1937 y 1941 se había incrementado en forma considerable el número de camas a nivel nacional. Al mismo tiempo, se denunciaba que uno de los mayores problemas de los hospitales dependía de la falta de personal científico calificado: Uno de los problemas más graves que contempla la beneficencia es la carencia de personal científico al servicio de los hospitales. Varios establecimientos que llevan este pomposo nombre carecen de médico, enfermeras, farmacéuticos, laboratorios y ni siquiera de una farmacia medianamente surtida: la dirección científica y administrativa está en frecuentes casos a cargo de cualquier señora, quien se instala definitivamente como en su propio hogar y dispone a su acomodo de vidas y haciendas y ejerce sus maravillosas dotes de médica, cirujana, farmacéutica, directora y síndica, en tanto que en otros hay exceso de profesionales, especialmente en aquéllas ciudades en donde funcionan facultades de medicina y acuden médicos y estudiantes más que a la atención y alivio exclusivo del enfermo a las labores de enseñanza y experimentación.6

Se deduce de lo anterior que en muchos hospitales cualquier persona se hacía cargo de la dirección científica y administrativa de la institución para disponer “a su acomodo de vidas y haciendas”, en tanto que en ciudades con facultades de medicina los hospitales solían tener muchos médicos, que más que preocuparse por “la atención y el alivio del enfermo” se dedicaban a las labores docentes y de experimentación. Estos hechos exigían que se fijaran pautas para garantizar el adecuado funcionamiento de estos establecimientos asistenciales. En general, los hospitales no tenían el instrumental quirúrgico, drogas, ropas y los muebles indispensables para su adecuado funcionamiento, y debido al elevado costo de esos elementos, las dificultades en su adquisición y el desorden administrativo, cada vez era más difícil conseguirlos. Las juntas directivas de los hospitales eran las responsables de la deficiente labor asistencial de los mismos, debido a que la mayoría de las veces estaban conformadas por: 6

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Luis Enrique Benavides, “Exposición del Jefe del Departamento de Asistencia Social, Doctor Luis Enrique Benavides, del Ministerio de Trabajo, Higiene y Previsión Social, en el Primer Congreso Hospitalario de Colombia”, 24.


Los hospitales en Colombia a principios del siglo xx

[…] personas que si bien es cierto están adornadas de la más alta honorabilidad y benevolencia, no tienen muy desarrollado el sentido de la responsabilidad cuando se trata de estudio y solución de los problemas puestos a su cuidado; o pasa otro fenómeno, tal vez el más grave, y consiste en ejercitar para estos menesteres un criterio esencialmente político impuesto por la entidad legislativa que lo designó […].7

Las juntas directivas se constituían entonces de acuerdo con los méritos de honorabilidad y benevolencia de sus miembros, pero nada garantizaba que esas personas elegidas fueran las más idóneas para resolver los problemas hospitalarios a su cargo. En ocasiones, los miembros de las juntas solo iban en representación del grupo político al cual pertenecían. A su vez, esas juntas eran las encargadas de elegir los síndicos hospitalarios, quienes ordinariamente llevaban, por delegación de ellas, la personería del establecimiento. Estos funcionarios se encargaban de solucionar los problemas administrativos de la institución, así como las providencias de la junta o la dirección científica de la entidad hospitalaria8. Solo los hospitales con presupuesto holgado estaban en condiciones de adquirir síndicos competentes que dispusieran de suficiente tiempo y voluntad para el desempeño de sus funciones, así que en la mayoría de los casos —ante la falta de recursos— las instituciones hospitalarias optaban por nombrar sindicaturas ad honorem; otras veces escogían personas honorables pero de mucha edad, a individuos poco preparados, negligentes, rebeldes o incapaces de presentar informes presupuestales y estadísticos con una oportuna rendición de cuentas9. Se denunciaba también falta de solidaridad, entusiasmo y voluntad de emprendimiento por parte del gremio médico para que facilitara la organización hospitalaria en todo el país. Se esperaba que con la creación de la Asociación Colombiana de Hospitales se solucionaran muchos de esos problemas. No obstante, esto era lo que pensaban los directores de los hospitales sobre el sistema hospitalario colombiano: 7

8 9

Luis Enrique Benavides, “Exposición del Jefe del Departamento de Asistencia Social, Doctor Luis Enrique Benavides, del Ministerio de Trabajo, Higiene y Previsión Social, en el Primer Congreso Hospitalario de Colombia”, 24. Los Síndicos celebraban contratos, se encargaban del mantenimiento del hospital y vigilaban las construcciones. Luis Enrique Benavides, “Exposición del Jefe del Departamento de Asistencia Social, Doctor Luis Enrique Benavides, del Ministerio de Trabajo, Higiene y Previsión Social, en el Primer Congreso Hospitalario de Colombia”, 23-25.

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Hospitales sin servicios médicos y sin drogas no tienen razón de existir, porque sobre el indispensable binomio “médico-terapéutica” descansa la más elemental noción de asistencia para un enfermo o herido. Por lo general, en nuestros hospitales se cumple solamente una labor rutinaria que no llena ese cometido de “centro de salud” que debe animar toda política hospitalaria moderna.10

Médicos como José A. Jácome sabían que habría que hacer mucho por el campo hospitalario en Colombia, porque “al menos debe anhelarse un buen hospital para cada capital de departamento, de comisaría y de intendencia y luego establecer hospitales de distrito y puestos de socorro, en zonas escogidas por su patología, sus endemias, su población y sus vías de comunicación”.

Los hospitales vistos por los arquitectos A lo largo de la década de los años cuarenta, el problema hospitalario en Colombia no solo fue considerado de gran interés y actualidad; también las campañas sanitarias que adelantaba el Gobierno se encontraban de repente con dificultades que muchos explicaban desde una lógica política, económica y social, porque tanto la sanidad como la educación eran problemas básicos que requerían de campañas hospitalarias para convertir esas instituciones en hospitales modernos a la usanza estadounidense. Sin embargo, este tema aparentemente exclusivo de la órbita de los médicos también tenía comprometido al gremio de los arquitectos. Ante la Sociedad Colombiana de Arquitectos, también en 1944, Gustavo Serrano analizaba en forma esquemática el problema que a diario se les presentaba a los profesionales de ese gremio en torno a los servicios de higiene y los hospitales, al tiempo que proponía “despejar un poco la caótica situación en que se encuentran”. Mientras veía en la sociedad bogotana un “surco abonado para toda empresa de caridad y beneficencia”, los administradores de la “cosa” pública preferían invertir en obras vistosas antes que organizar los hospitales y centros de salud locales. Por tal razón, proponía que estos se hicieran de acuerdo con una zonificación racional del territorio, y prescindiendo de ciertas malsanas influencias: 10

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José A. Jácome Valderrama, “Informe del Doctor José A. Jácome Valderrama, M.D., director del Hospital de San Juan de Dios, de Bucaramanga. Bucaramanga, febrero 13 de 1942”, Revista de Higiene vol. 23 núm. 2-3 (1942): 37.


Los hospitales en Colombia a principios del siglo xx

Perjudicial desde el punto de vista de la obligación que tienen los administradores de la cosa pública por esta cuestión vital, porque ellos, confiados en el espíritu caritativo de la ciudad, se han interesado más en otras obras de vistosa propaganda, que en aquellas que mejoren la higiene y la salud del pueblo.11

Aunque reconocía que Bogotá merecía ser un centro médico de importancia, entre los cuales destacaba su Facultad de Medicina “ampliamente conocida en el continente”, se detenía a analizar en forma somera pero clara la situación de la higiene y los hospitales, “prescindiendo por ahora de su deficiencia en materia de edificios y equipos, para hacer un cómputo rápido de nuestras necesidades en cuanto se refiere solamente al número de camas”12 : Para hacer un cálculo de las urgencias hospitalarias de un centro de población, se acepta como un hecho experimental definitivo que un 2% de sus habitantes se encuentran en un estado de salud que requiere atención médica inmediata, mediante hospitalización. Según este principio, a la población actual de Bogotá, corresponden 10 000 camas para enfermos, distribuidas en sus diversas clínicas y en sus hospitales. Después de inquirir personalmente en los varios establecimientos que funcionan actualmente en la ciudad, incluyendo los particulares, obtuve el siguiente dato global, de una gravedad extrema: en Bogotá tenemos únicamente capacidad para 2764 camas. Siendo un poco elásticos agreguemos a esta suma los 1924 enfermos de los asilos de locos y obtendremos así en total 4688 camas. Estamos pues, con un déficit de hospitalización muy cercano a las 6000 camas, sin tener en cuenta por ahora el elevado número de población flotante enferma que viene en busca de asistencia médica y hospitalaria adecuada, a veces por poco tiempo y otras por mucho.13

11 12

13

Gustavo Serrano, “Por una campaña hospitalaria. Conferencia dictada por el arquitecto Dr. Gustavo Serrano”, 71. Serrano esgrimía en 1944 que Bogotá contaba con una población de medio millón de habitantes, “distribuida dentro de las más dispares condiciones de actividades”; la cual, como ciudad cosmopolita, era un gran centro estudiantil, y localizada “en el centro geográfico y casi matemático del territorio colombiano”. Gustavo Serrano, “Por una campaña hospitalaria. Conferencia dictada por el arquitecto Dr. Gustavo Serrano”, 71-72. Gustavo Serrano, “Por una campaña hospitalaria. Conferencia dictada por el arquitecto Dr. Gustavo Serrano”, 72.

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Entre la mutua dependencia y la mutua independencia

Serrano describía la distribución de la población de los hospitales en la ciudad y exponía la procedencia de los recursos para la misma, cuya mayor carga recaía en la Beneficencia de Cundinamarca, “entidad ejemplar que desde su fundación ha sido y continúa siendo el paño de lágrimas de nuestros desvalidos”. La beneficencia tenía a su cargo las instituciones de asistencia: • Cuatro asilos de protección infantil, con un total de 2500 recluidos; • Dos asilos para incapacitados mentales, con 1980 enfermos; • Dos colonias de mendigos y lisiados, que protegen a 1554 personas; • El Hospital de La Hortúa, denominado anteriormente como Hospital San Juan de Dios, con un promedio diario de 1100 enfermos, además de algunos auxilios en dinero con los cuales esa entidad contribuye al sostenimiento de algunos hospitales regionales a nivel departamental14. Al hacer los cálculos de las entradas de esa institución, Serrano revelaba datos que permitían ver otras realidades a nivel del Hospital de San Juan de Dios en el sector de La Hortúa: La participación de los gobiernos nacional y municipal es solo de $399 855 dentro de un total de $1 877 788 y este aporte de las entidades oficiales corresponde, casi en su totalidad, a la recaudación de los impuestos de pobres y de Lotería de Cundinamarca, y por lo tanto puede decirse que es contribución del público que paga gustosamente esos impuestos; el resto del aporte gubernamental proviene de impuestos sobre mercancía extranjera y registro, es decir, se trata de otra contribución caritativa de los bogotanos, y nada más. El auxilio del Gobierno al Hospital de La Hortúa, único de caridad que funciona en Bogotá, es desconsolador y ridículo, por decir lo menos.15

De acuerdo con este arquitecto, los aportes de los contribuyentes, los recursos de la Lotería de Cundinamarca y los dineros de bogotanos caritativos serían mucho más significativos para hospitales como el San Juan 14 15

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Gustavo Serrano, “Por una campaña hospitalaria. Conferencia dictada por el arquitecto Dr. Gustavo Serrano”, 73. Gustavo Serrano, “Por una campaña hospitalaria. Conferencia dictada por el arquitecto Dr. Gustavo Serrano”, 73.


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de Dios de la Hortúa que el aporte estatal, el cual era visto como “desconsolador y ridículo, por decir lo menos”. Así mismo, reconocía la presencia de “casas mixtas” de asistencia social, las cuales consistían en fundaciones particulares administradas por comunidades religiosas que recibían auxilios nacionales, y que sobrevivían en gran parte a “la economía y pulcritud con que han sido manejados y a las muchas limosnas y donaciones de los particulares”. De este modo, Serrano desvirtuaba la generosidad estatal para elogiar el papel de las limosnas y la gran ayuda de las elites de Bogotá en la salud capitalina16. Serrano también le reconocía un gran aporte a la Cruz Roja, que a diario ayudaba a la población desvalida por medio de sus Puestos de Socorro (seis años atrás había construido el primer dispensario antituberculoso y cedido luego el terreno para construir el Hospital de Santa Clara). En 1921 había fundado la primera Escuela de Enfermeras y en 1944 sostenía una institución en la que muchas jóvenes seguían estudios de enfermería para brindar auxilios sociales y asistenciales. Además, hacía una descripción sobre los servicios sociales en Bogotá: Ana e Isabel Sáenz iniciaron el servicio social para la atención del niño. Andrés Bermúdez, sabio educador y gran corazón, fundó las gotas de leche y sala-cunas, instituciones que han aliviado enormemente el problema de la alimentación sana del niño. Me alargaría demasiado quizás, al analizar la inmensa obra caritativa, social e higiénica que cumplen institutos como el Círculo de Obreros, el Padre Campoamor, los dormitorios para indigentes de la Madre Fonseca y el Cinerama, sostenidos en su mayor parte por la admirable caridad de los bogotanos.17

Después de reconocer el esfuerzo de los grandes benefactores de las obras que tenía la ciudad, Serrano pasaba a dar cifras de atención en los diferentes hospitales de Bogotá, ya que la hospitalización de los pacientes pensionados se repartía por entonces en diez clínicas particulares y el Hospital de San José para atender un total de 926 enfermos, de los cuales 455 eran de esta última institución hospitalaria. Ese recuento de entidades 16

17

Entre estas sociedades mixtas se encontraban los asilos y hospitales de San Rafael, La Misericordia, San Antonio, El Amparo de Niños, las obras de las Hermanitas de los Pobres, etc. Gustavo Serrano, “Por una campaña hospitalaria. Conferencia dictada por el arquitecto Dr. Gustavo Serrano”, 73. Gustavo Serrano, “Por una campaña hospitalaria. Conferencia dictada por el arquitecto Dr. Gustavo Serrano”, 74.

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privadas y mixtas caracterizadas por su número y alcance benéfico contrastaba “con lo que por ese mismo concepto debemos a nuestros gobernantes, amplios en promesas, predicadores de sensibilidad social, pero descuidados y acaso avaros en ejecutarlas”: Si exceptuamos el Instituto Nacional de Radium, los Laboratorios Nacionales y el Hospital Militar (este último de carácter privado), nada más tenemos de carácter oficial El Hospital Departamental de la Samaritana, con 73 camas, y el de Santa Clara con 250, es todo cuanto la Nación y el Departamento han dado a nuestra ciudad, que puede considerarse por lo tanto poco menos que olvidada.18

Serrano enfatizaba que la capital necesitaba con urgencia la construcción de clínicas y hospitales: Bogotá es una ciudad que por su elevadísimo porcentaje de población en la clase media está pidiendo a gritos la construcción de hospitales y clínicas, si no gratuitas, por lo menos de pensión moderada. El bogotano de la clase media no puede ser asistido en la Hortúa, ni permitirse el lujo de una clínica particular de alto estipendio. Yo he sido testigo como arquitecto del entusiasmo con que muchos grupos de médicos solicitan proyectos para clínicas privadas que vengan a solucionar, en parte al menos, esta gravísima cuestión: espíritus que, animados por un verdadero celo profesional, se resisten a continuar ejercitando su profesión en clínicas desprovistas hasta de los más elementales recursos mecánicos y en muchos casos higiénicos que la asepsia quirúrgica requiere, pero encallan siempre en el alto costo que la construcción de dichas clínicas demanda, y en ninguna ayuda que les prestan las autoridades. Es de justicia pedir al Gobierno nacional que se exima de los derechos de aduana a todo el material quirúrgico y de equipo mecánico para las nuevas clínicas privadas, y al Municipio que sean exentas del mal llamado impuesto de delineación.19

18 19

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Gustavo Serrano, “Por una campaña hospitalaria. Conferencia dictada por el arquitecto Dr. Gustavo Serrano”, 74. Gustavo Serrano, “Por una campaña hospitalaria. Conferencia dictada por el arquitecto Dr. Gustavo Serrano”, 75.


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Exceptuando la Clínica de Marly, que debido a sus recursos había podido poner al servicio un nuevo edificio, enfatizaba que le tocaba “al Gobierno, y exclusivamente a él, la preocupación de construir hospitales de pensión moderada, que constituyan un verdadero centro médico, como el que Bogotá no solamente pide, sino que tiene derecho a exigir”. Serrano invocaba por la creación de establecimientos dedicados a enfermedades cardíacas, infantiles y clínicas de maternidad: Bogotá necesita hospitales de niños, pues no podemos seguir viviendo las angustiosas horas que hemos tenido con las perspectivas de perder el único hospital de niños con que actualmente contamos, y que se ha salvado por un nuevo milagro de la caridad bogotana, siempre generosa, pero en la cual brillaron por su ausencia las entidades oficiales. Bogotá necesita clínicas de maternidad para las madres pobres. Si nos atenemos a los datos estadísticos del Hospital de La Hortúa, encontramos que el 42% de los nacimientos se verifica en aquélla institución y que la mayoría de las madres vienen de los barrios obreros, situados algunos de ellos a 17 kilómetros de distancia. ¿Injusticia? Yo la llamaría crueldad. Hay que tener compasión no solo de las futuras madres sino de sus familiares, pobres obreros carentes de todo recurso que les permita trasladarse fácilmente a la clínica, para acompañar en el duro trance a sus esposas. ¿Se ha pensado acaso que atenidos a las leyes sociales, de reciente estudio y promulgación, y cobijados por el auxilio de enfermedad obligatorio, los obreros van a exigir muy justamente una hospitalización en lugares diferentes a los hospitales de caridad y en que esto va a resultar absolutamente imposible por falta de hospitales adecuados?20

En la década de 1940, la mayoría de los hospitales colombianos eran instituciones de caridad que le daban atención a quienes no podían asumir los costos de una medicina privada. Por su parte, el Estado buscaba ofrecerle servicios de salud solo a la clase trabajadora 21 por medio de instituciones y sistemas como los que ofrecían la Caja Nacional de Previsión Social (cajanal) y el Instituto Colombiano de los Seguros Sociales (icss) 22. 20 21 22

Gustavo Serrano, “Por una campaña hospitalaria. Conferencia dictada por el arquitecto Dr. Gustavo Serrano”, 75-76. Helio Fabio Castiblanco, “Prólogo”, en Martha Luz Ospina y Mario Hernández, Recuerdos del olvido. Memorias del Hospital San Carlos, 5-7. cajanal atendía a los empleados del Estado, y el icss a los empleados privados. Con estos dos organismos se le daría inicio a la seguridad social en el país.

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En 1945, el Estado colombiano optaría por clasificar los hospitales en tres categorías de acuerdo con el número de pacientes y el presupuesto anual. Se determinó que la Nación aportaría el 70% de los recursos, y los Departamentos el 30% restante23. Aunque el país se había mantenido casi al margen de los conflictos bélicos durante la Segunda Guerra Mundial, en enero de 1946 el médico y político Jaime Jaramillo Arango hacía una descripción detallada sobre los problemas de higiene en Colombia, que en parte obedecían a la desidia de muchos políticos que pronto olvidaban sus programas de campaña electoral, y además se preguntaba dónde actuaba la labor médica: […] Nuestros partidos y hombres políticos demuestran una gran sensibilidad social en vísperas electorales, mientras escrutan los votos de nuestro crédulo y abandonado pueblo, sensibilidad que se les embota, casi instantáneamente, una vez que los resultados de las urnas son conocidos –y aún de parte del mismo gremio médico, para el cual, en general, la carrera constituye, primordialmente, un medio de ganarse la vida. Tal es el concepto que la familia y la Universidad le inculcan al joven profesional[…] Dónde están los resultados de la acción de los partidos o de la labor médica?[…] Come hoy el pueblo colombiano mejor de lo que comía hace unos años; tiene mejor casa; viste mejor; han mejorado realmente su entretenimiento, su salud y su educación? No deseo que se me citen estadísticas –las estadísticas, ha escrito alguien, sirven para todo, inclusive para demostrar la verdad– confrontamos los hechos materiales, lo que uno ve a diario.24

Jaramillo notaba los niveles de desnutrición de los colombianos comparables a los que por entonces vivían los europeos, que acababan de superar los estragos de la guerra.

El papel del Estado y la legislación hospitalaria Para 1941, se había evidenciado que el sistema hospitalario no alcanzaría a sostenerse con recursos del Estado. En Colombia no se había po23 24

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Mario Hernández, La salud fragmentada en Colombia, 1910-1946, 198. Jaime Jaramillo Arango, “Los problemas de la higiene en Colombia. Sobre la organización de los Lazaretos y Nutrición, habla Jaramillo Arango”, El Liberal núm. 2703 (1946): 5; 14.


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dido conseguir una contribución monetaria sostenida y suficiente a niveles locales, regionales o nacionales que fueran capaces de impulsar y mantener un sistema hospitalario proporcional a las necesidades de la población; los aportes de la Nación no alcanzaban a llegar al 7% del costo total del sostenimiento hospitalario del país, y la mayoría de los recursos de estas instituciones dependía de legados particulares, la participación de las loterías, y los pequeños auxilios departamentales y municipales25. El mismo Decreto Ejecutivo N.° 1858 de 1938 que había creado el Departamento de Asistencia Social disponía en su Artículo 4° que los hospitales estaban obligados a presentar sus estatutos y reglamentos a esa entidad estatal, para que tras un análisis fueran aprobados o improbados26. La Resolución N.° 78 del mismo decreto señalaba las normas que fijaban la confección estatutaria. Como ya se mencionó, en el Primer Congreso Hospitalario de Colombia se evidenció que en el país solo existía una asistencia hospitalaria incipiente, que padecía los efectos de no tener un plan concreto y unificado para ayudar a resolver los problemas cotidianos. Muchos profesionales se quejaban de tener graves perjuicios y de sentir que debían realizar una labor de asistencia médica que no les correspondía. Al no contar con unidades y comisiones sanitarias adecuadas nombradas por el Estado, los médicos se veían en la obligación de cubrir la asistencia médica por su cuenta —sin recibir más remuneración por ello— y debían sacrificar el tiempo dispuesto para atender a sus pacientes particulares. Frente a esta situación, muchos de ellos se vieron obligados a abandonar la higiene pública para dedicarse de lleno a la práctica privada, o viceversa. Como en este evento se puso en claro que la legislación hospitalaria vigente era “incompleta y fragmentaria”, se vio así la urgente necesidad de establecer otra que fuera uniforme para que contemplara los diversos aspectos relacionados con la problemática de la asistencia pública, pero que además constituyera una orientación práctica y científica para este tipo de establecimientos. Se esperaba que, de reglamentarse, la asistencia médica de los hospitales se haría más económica y eficaz, porque “se robustecerían notoriamente estos establecimientos y se podría llegar a una 25

26

Arturo Vergara Uribe, “Tema sobre legislación hospitalaria presentado al Primer Congreso Hospitalario de Colombia reunido en Bucaramanga”, Revista de Higiene vol. 23 núm. 2-3 (1942): 29-30. Luis Enrique Benavides, “Exposición del Jefe del Departamento de Asistencia Social, Doctor Luis Enrique Benavides, del Ministerio de Trabajo, Higiene y Previsión Social, en el Primer Congreso Hospitalario de Colombia”, 25.

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clasificación lo más rigurosa posible, con el fin de atender gratuitamente solo a los pobres”27. Entonces, se propuso un proyecto de ley ante el Congreso de la República con el objeto de recomendar a las Cámaras legislativas que definieran una orientación a partir de la cual se pudieran arbitrar tanto los recursos para el plan de construcciones hospitalarias, como la atención científica y administrativa de los hospitales28. El coordinador de ese evento, quien era además el presidente efectivo de la Asociación Interamericana de Hospitales, reconoció en el país un grave problema hospitalario; tanto en su organización, como por asuntos administrativos, debido a la falta de una legislación clara que facilitara la prestación de los servicios asistenciales: Entre nosotros se le ha dado poca y escasa importancia a la organización y al manejo de los hospitales, sin que haya la preocupación de preparar los individuos que han de estar en esos puestos de responsabilidad, y porque sobre ello no se han sentado normas de ninguna clase. Además, la legislación que poseemos al respecto es deficiente y en ocasiones obstruccionista y absurda, por lo que se hace urgente el estudio de una nueva y amplia legislación que contemple nuestras necesidades y las proyecciones modernas de un futuro próximo.29

Las leyes, de acuerdo con Jácome, tendían a ser obstruccionistas, deficientes y confusas. Arturo Vergara sintetizaba así la legislación hospitalaria disponible en Colombia para 1941: • Ley 99 de 1922: disponía someter al Departamento Nacional de Higiene la elección de sitio para construir los hospitales, y además ordenaba someter a esa misma entidad los reglamentos de los hospitales. • Ley 15 de 1925: ordenaba establecer servicios de maternidad en los hospitales que recibieran más de $500 cop procedentes del Tesoro Público.

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Arturo Vergara Uribe, “Tema sobre legislación hospitalaria presentado al Primer Congreso Hospitalario de Colombia reunido en Bucaramanga”, 29. Arturo Vergara Uribe, “Tema sobre legislación hospitalaria presentado al Primer Congreso Hospitalario de Colombia reunido en Bucaramanga”, 27-29. José A. Jácome Valderrama, “Informe del Doctor José A. Jácome Valderrama, M.D., director del Hospital de San Juan de Dios, de Bucaramanga. Bucaramanga, febrero 13 de 1942”, 37.


Los hospitales en Colombia a principios del siglo xx

• Ley 108 de 1936: a partir de su Artículo 1° y en adelante, los auxilios destinados para la asistencia pública a partir del presupuesto nacional, se distribuirían de acuerdo con el censo de población aprobado a nivel de cada departamento, a excepción de las intendencias y comisarías, que en cambio tendrían unas partidas destinadas, de acuerdo con sus necesidades. • Parágrafo: la distribución de las partidas globales que el Gobierno nacional le entregaría al respectivo gobernador, intendente o comisario estaría asesorada por funcionarios de la Junta Departamental de Higiene y Asistencia Pública, o por la primera autoridad sanitaria a nivel local, en caso de no existir la primera. • Artículo 2°: las instituciones de utilidad común que se dedicaran a la asistencia pública, o a campañas sanitarias y de higiene, y que recibieran auxilio del tesoro público, quedarían sometidas a las normas dictadas por el Gobierno nacional. • Decreto N.° 1425 de 1937: por medio del cual se ordenaba que los hospitales contaran con: »» personería jurídica; »» un médico graduado como responsable de los servicios científicos hospitalarios; »» un servicio de medicina interna funcionando en condiciones satisfactorias; »» un pequeño laboratorio; »» una junta directiva; »» un enfermero o enfermera; »» un servicio de consulta externa. En su Artículo 2°, este Decreto además exigía tener los servicios: »» Maternidad, cirugía, medicina infantil, tuberculosis, y contar con una botica. En otros artículos, este Decreto disponía: »» Someter al Departamento Nacional de Higiene tarifas de pensiones y otros servicios prestados.

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»» Exigía disponer de un 80% de las camas de cada hospital para servicio gratuito. Llevar un libro de registro, para realizar el movimiento diario de los enfermos, etcétera. »» Albergar leprosos en calidad de tránsito. • Resolución N.° 397 de 1937: detallaba los equipos médico-quirúrgicos y los requisitos básicos para las salas de tuberculosos y equipos de laboratorio. • Decreto N.° 2326 de 1938: determinaba el número de camas para pacientes con tuberculosis que debería disponer cada hospital en relación con la cuantía del auxilio que recibieran.30 Para los hospitales era difícil reglamentar el destino de los recursos, pero las normas vigentes permitían que los dineros estatales tuvieran una mala canalización y terminaran subsidiando los tratamientos de quienes tenían modo de pagar sus tratamientos, mientras las personas más desfavorecidas cada vez quedaban más propensas a recibir una mala atención. La legislación vigente permitía que el auxilio ordinario anual de la Nación hacia los hospitales se distribuyera en cada departamento por el gobernador respectivo, muchas veces con miras políticas, sin tener en cuenta las necesidades de cada hospital y los servicios prestados. En 1941, se tenían 16 141 camas hospitalarias en todo el país, y a juzgar por la construcción de nuevos edificios hospitalarios, se estimaba que se llegarían a tener unas 18 000 camas en poco tiempo. Se esperaba que una nueva legislación definiera la localización de futuras construcciones hospitalarias, con el objeto de completar unas 30 000 camas hospitalarias a nivel nacional que fueran más acordes con el número de habitantes, las condiciones de morbilidad, las vías de comunicación y factores locales. Sin embargo, en caso de aspirar a tener “el modesto número de tres camas por cada mil habitantes”, se necesitarían unos recursos mínimos para sostenerlas no solo con el empleo de los dineros vigentes, sino procurando la creación de nuevas fuentes provenientes de las contribuciones de las diferentes clases sociales, mediante seguros de enfermedad al establecer convenios con los

30

96

Arturo Vergara Uribe, “Tema sobre legislación hospitalaria presentado al Primer Congreso Hospitalario de Colombia reunido en Bucaramanga”, 27-28.


Los hospitales en Colombia a principios del siglo xx

pensionados, por ejemplo31. Aunque se tuviera una población pobre, de todos modos ella debería ayudar a pagar: Sus servicios hospitalarios, para hacerle comprender cómo son de valiosos e indispensables. Bien que se le dé al pobre un servicio gratuito, porque la caridad jamás podrá dejarse, pero que se establezcan escalas de servicios para los que pueden dar un poco de su salario. 32

También se propuso que se fijara una escala de costos en los servicios, proporcional a los ingresos, porque al pagar los pacientes valorarían el tipo de atención prestada. Además, se esperaban definir unas zonas hospitalarias en los territorios nacionales y departamentales colombianos, con los que sería posible establecer un proceso centralizador que permitiera lograr mejores servicios. Para lograrlo, sería necesario imponer un plan de construcciones hospitalarias, cuyo tamaño estuviera de acuerdo con las necesidades de cada zona o región. Se denunciaba que los hospitales estaban generalmente distribuidos en forma caprichosa, y su capacidad no guardaba relación con los recursos disponibles, ni con las cifras de población por cubrir. Adicionalmente, al fundarse los hospitales, los recursos parlamentarios no respondían a un criterio racional de la necesidad, sino que buscaban más bien halagar a los electores33.

El concepto de hospital moderno en los años cuarenta y el papel de los estudiantes Con las críticas hechas a la realidad hospitalaria del país, los médicos colombianos estaban obligados a mirar hacia el hospital moderno estadounidense. Se reconocía que Estados Unidos era rico, en contraste 31

32 33

Esa información sugería que debería iniciarse la construcción de hospitales para suplir las 12 000 camas restantes que necesitaría Colombia, y así reunir las 30 000 requeridas, con las cuales conseguir “una aceptable asistencia hospitalaria”. También sería indispensable que la legislación fuera apropiada para garantizar “una fuente segura de recursos para ejecutarlo dentro de un término lo más corto posible, de acuerdo con las posibilidades”. Arturo Vergara Uribe, “Tema sobre legislación hospitalaria presentado al Primer Congreso Hospitalario de Colombia reunido en Bucaramanga”, 30. José A. Jácome Valderrama, “Informe del Doctor José A. Jácome Valderrama, M.D., director del Hospital de San Juan de Dios, de Bucaramanga. Bucaramanga, febrero 13 de 1942”, 40. Arturo Vergara Uribe, “Tema sobre legislación hospitalaria presentado al Primer Congreso Hospitalario de Colombia reunido en Bucaramanga”, 29.

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con Colombia, y gracias a sus riquezas se habían podido realizar grandes labores en todas las actividades humanas; pero más que la riqueza, era el modo de emplearla: Es cierto que Norte América es un país rico, donde gracias a esa misma riqueza se han podido realizar grandes labores en todos los campos de la actividad humana. Pero yo creo encontrar más bien en esa capacidad económica de nuestros buenos vecinos del Norte el medio que les ha permitido estudiar las mejores normas de organización, administración y técnica, y es en esto último donde debemos hallar nosotros rutas para seguir. Su experiencia puede acomodarse a nuestro justo medio, pues no es la riqueza, sino la manera de emplearla, o lo que es lo mismo, la economía, donde se justiprecian los valores en sí.34

Al llegar en calidad de delegado oficial del Gobierno de Colombia a la Convención Americana de Hospitales entre el 15 y el 20 de septiembre de 194135, José Antonio Jácome pudo visitar los principales hospitales de Washington, Nueva York, Chicago, Boston y Long Island, y además se asesoró de instituciones como la Asociación Americana de Hospitales, la Asociación Médica Americana, el Colegio Americano de Cirujanos y el Colegio Americano de Administradores de Hospitales, para formarse un concepto claro de lo que era el moderno hospital americano. Los hospitales estadounidenses eran instituciones que cumplían a cabalidad con su función vigilante por la salud del pueblo. Considerados como los mejores del mundo, Jácome encontraba que: La gran experiencia norteamericana está en la organización, la técnica y el equipo, y para los hospitales estas cualidades son indispensables. Debemos hacer nuestra esa experiencia, traduciéndola en leyes justas que reglamenten eficazmente los hospitales, que establezcan las categorías hospitalarias y delimiten las zonas donde deben localizarse.36

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José A. Jácome Valderrama, “Informe del Doctor José A. Jácome Valderrama, M.D., director del Hospital de San Juan de Dios, de Bucaramanga. Bucaramanga, febrero 13 de 1942”, 38. Organizado por la American Hospital Association, se reunieron 2861 hospitales, 5105 socios y 19 Delegaciones con socios de Canadá, Estados Unidos, Argentina, México, Santo Domingo, Puerto Rico, Haití, Ecuador, y Brasil. José A. Jácome Valderrama, “Informe del Doctor José A. Jácome Valderrama, M.D., director del Hospital de San Juan de Dios, de Bucaramanga. Bucaramanga, febrero 13 de 1942”, 40.


Los hospitales en Colombia a principios del siglo xx

Mientras la organización hospitalaria en Colombia era complicada, alambicada y múltiple, la estadounidense se veía sencilla, bien engranada y no ofrecía mayores tropiezos ni problemas. En ese país, la marcha y el mecanismo del hospital dependían enteramente del director del hospital. Además, en esos hospitales modernos funcionaba un director único, asesorado por una junta directiva, en contraste con la triplicidad del síndico, médico y jefe que todavía se conservaba en Colombia como una costumbre “estorbosa y quizá inútil”37. Al director del hospital moderno le concernía enterarse de los asuntos médicos y científicos relacionados en forma directa con la atención de los enfermos a través de médicos, cirujanos, personal de enfermeras, técnicos y religiosas. Además, el director debía encargarse de la administración —propiamente dicha—, que correspondía a las finanzas de esa gran casa, con sus dependencias de lavandería, planta de hielo y vapor, cocina, luz eléctrica, agua, ropería, etcétera, y contaba con la ayuda de un administrador o secretario que dependía directamente de él. Con este organigrama, era posible que individuos suficientemente preparados llegaran a la infinidad de los detalles de un hospital para darle a todo su merecida atención. De acuerdo con Jácome Valderrama, “en ese equilibrio está el éxito, pues nunca hay disparidad de apreciaciones ni dualidad de pareceres, y si siempre se tiene una sola inteligencia y una sola voluntad enteramente dedicadas a la preservación y el cuidado de la salud” 38. Esta organización implicaba contar con reglamentos estrictos que permitieran cumplir con una alegría convencida, que se estaría realizando una función de humanitarismo y además un deber vocacional. En Colombia faltaba crear esa conciencia, porque todo reglamento se tendía a aceptar creyéndolo a su vez como una limitación a la libertad. “Por eso es tan difícil dar normas a los profesionales y tan necesaria una diplomacia exquisita en toda innovación”39. En ese país la técnica hospitalaria se encontraba en todas las dependencias de la institución: Cada persona que trabaja allí está entrenada en tal forma, que cualquier labor por desarrollar será desempeñada en la forma

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José A. Jácome Valderrama, “Informe del Doctor José A. Jácome Valderrama, M.D., director del Hospital de San Juan de Dios, de Bucaramanga. Bucaramanga, febrero 13 de 1942”, 38. José A. Jácome Valderrama, “Informe del Doctor José A. Jácome Valderrama, M.D., director del Hospital de San Juan de Dios, de Bucaramanga. Bucaramanga, febrero 13 de 1942”, 39. José A. Jácome Valderrama, “Informe del Doctor José A. Jácome Valderrama, M.D., director del Hospital de San Juan de Dios, de Bucaramanga. Bucaramanga, febrero 13 de 1942”, 39.

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más sencilla, con una técnica que permita el maximum de eficacia, economía y rapidez. Actos tan delicados como la transfusión sanguínea se convierten en asuntos simples y sencillos. Hay técnica en los cirujanos y en los médicos, técnica en el personal de enfermeras, técnica en la administración.40

Con estas técnicas, el enfermo tendría que encontrar mayores posibilidades de recuperación, porque después de tener su diagnóstico, y una vez se definiera el tratamiento que se debía seguir, también “se establecía una dieta sanamente ordenada que servirá mejor a su organismo delicado, y en el empleo de la diatermia, la radioterapia y aún en la aplicación de las curaciones e inyecciones se seguirá una técnica perfecta, disciplinada y organizada41”. El concepto de hospital moderno era mucho más que un diseño arquitectónico, porque incluiría buena planeación, comodidades, seguridad, coordinación de un equipo humano que trabajaría unido por un mismo ideal: La palabra equipo no se refiere solamente a los edificios y a los elementos indispensables que se emplean en la dotación de los buenos hospitales, aunque por sí solos tienen tan grande importancia. Un edificio bien planeado y construido, que dé comodidades y seguridad, hoy es tan indispensable como los elementos que van a emplearse en sus servicios. El equipo de un hospital no se reduce a eso solamente. Equipo es también el personal humano que trabaja coordinadamente, que coopera, que labora agrupado alrededor de un mismo ideal. Equipo es la unión en el trabajo, es la amistad en la lucha, es el dejar el egoísmo por el altruismo, el olvidar las aspiraciones individualistas por las del grupo.42

Como se aprecia en los comentarios de Jácome Valderrama, el equipo hospitalario incluía el capital humano que, unido a aspectos arquitectónicos y tecnológicos, debería dar comodidad y seguridad; opinaba que en Colombia sería indispensable formar al personal hospitalario con criterios de colaboracionismo para superar errores que venían perjudicando

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José A. Jácome Valderrama, “Informe del Doctor José A. Jácome Valderrama, M.D., director del Hospital de San Juan de Dios, de Bucaramanga. Bucaramanga, febrero 13 de 1942”, 39. José A. Jácome Valderrama, “Informe del Doctor José A. Jácome Valderrama, M.D., director del Hospital de San Juan de Dios, de Bucaramanga. Bucaramanga, febrero 13 de 1942”, 39. José A. Jácome Valderrama, “Informe del Doctor José A. Jácome Valderrama, M.D., director del Hospital de San Juan de Dios, de Bucaramanga. Bucaramanga, febrero 13 de 1942”, 40.


Los hospitales en Colombia a principios del siglo xx

los desempeños laborales. “Trabajar en equipo es aumentar rendimiento y eficacia; es dar mayores garantías”43. En 1940, la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional ofrecía sus clases teórico-prácticas, en la edificación situada en la Calle 10 # 13-89, mientras que la docencia clínica se efectuaba en los Hospitales San Juan de Dios, La Misericordia, La Samaritana, el Asilo de Locas y el Instituto Nacional de Cancerología. En el edificio que estaba frente al parque de Los Mártires se tenían las oficinas de la Facultad de Medicina, y estaban dispuestos dos anfiteatros para anatomía: uno con capacidad para 180 alumnos y otro para 30. Se contaba con otro anfiteatro para las prácticas de técnicas quirúrgicas con perros para 30 estudiantes, y además se tenían cinco salones para aulas de clase con capacidad para 150 alumnos. En el Hospital San Juan de Dios se tenían por entonces laboratorios de rayos X que pertenecían a la Facultad de Medicina, electroterapia, otro que estaba distribuido en cinco secciones (química, bacteriología, fotografía científica, parasitología y anatomía patológica), un anfiteatro para realizar las necropsias, y otro laboratorio destinado a la parasitología de enfermedades tropicales vinculado al servicio de clínica tropical. Debe señalarse que no todas las prácticas se realizaban en ese hospital: los estudiantes pasaban por la Clínica Infantil y el Hospital de La Misericordia, donde también se tenía un laboratorio clínico. Después de la visita de la Misión Médica de Tulane, se crearon nuevos y modernos anfiteatros y germinó la idea de trasladar la facultad a la Ciudad Universitaria. Durante tres años, la Misión envió como asesores a profesores de esa universidad, al tiempo que se preparó personal colombiano; con este intercambio, la educación médica cambió de un modo evidente44. En 1956, cuando se realizaron importantes cambios en la educación médica de la Universidad Nacional45, a nivel de las materias clínicas se implantó el sistema de bloques que ya implicó una dedicación de ocho horas diarias por 43 44

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José A. Jácome Valderrama, “Informe del Doctor José A. Jácome Valderrama, M.D., director del Hospital de San Juan de Dios, de Bucaramanga. Bucaramanga, febrero 13 de 1942”, 40. En la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional se tenían oficinas para el profesor decano, el consejo directivo, el secretario, la intendencia general, el despacho del oficial mayor, los profesores, un espacio para las reuniones del consejo estudiantil, el salón de actos, y un centro social para los estudiantes; también estaban las escuelas de Farmacia y Odontología, los laboratorios del Departamento Químico, y los servicios médicosociales. Hernando Forero Caballero, Evolución histórica de la medicina en Santafé de Bogotá, 70-71. En 1956 hubo un cambio en la enseñanza de algunas materias como la Anatomía, se comenzó a dictar Química General y Estadística, se incrementó la docencia en Patología y se dieron bases en Psicología y Sociología.

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parte de los estudiantes para diez semanas de duración, con su consecuente intensificación de la práctica hospitalaria46. Estas modificaciones se lograron en 1959, al hacerse semestral el plan de estudios; en 1965 se definieron tres etapas en el mismo, con un ciclo teórico básico, otro preclínico, y otro clínico, además de un año de internado rotatorio47 que ya evidenciaría el cambio conceptual a nivel docente del hospital antiguo, al hospital moderno.

La Asociación Colombiana de Hospitales y Clínicas En el Primer Congreso Hospitalario de Colombia, realizado en Bucaramanga en febrero de 1942, José Antonio Jácome aprovechó la experiencia vivida de su reciente viaje a Estados Unidos para rendir un informe comparativo claro y breve con el cual pudieran definirse las necesidades de los hospitales en el país, teniendo como referente el hospital moderno de Estados Unidos. Los delegados habían buscado una mejor comprensión y cooperación en torno a los problemas hospitalarios del continente. Para Jácome, “La realidad hospitalaria de la América Latina fue motivo de interés y de preocupación, al hallarla con organizaciones apenas incipientes”48. Como hecho trascendental de esa convención llevada a cabo en Atlantic City el 17 de septiembre de 1941, surgió la iniciativa de crear la Asociación Interamericana de Hospitales, con la cual: […] Todos los delegados creyeron hallar el vínculo indispensable que uniría a todos los hospitales del hemisferio occidental y la organización apropiada para promover campañas, congresos, reuniones, cursos, institutos, etc., que llenaran los vacíos y las fallas que hasta ahora vienen existiendo en las instituciones que se dedican al cuidado de los enfermos y heridos[…] 49

Ese día se constituyó esa asociación, al aprobarse en forma unánime los estatutos, y se eligieron sus dignatarios50. El 18 de septiembre la prensa 46 47 48 49 50

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Ernesto Andrade Valderrama, “Evolución de la educación médica en Colombia”, 168. Hernando Forero Caballero, Evolución histórica de la medicina en Santafé de Bogotá, 71. José A. Jácome Valderrama, “Informe del Doctor José A. Jácome Valderrama, M.D., director del Hospital de San Juan de Dios, de Bucaramanga. Bucaramanga, febrero 13 de 1942”, 33. José A. Jácome Valderrama, “Informe del Doctor José A. Jácome Valderrama, M.D., director del Hospital de San Juan de Dios, de Bucaramanga. Bucaramanga, febrero 13 de 1942”, 33. La Asociación Interamericana de Hospitales, constituida en septiembre de 1941, tuvo la siguiente junta directiva: presidente honorario: Dr. Malcolm T. MacEachern, M.D., director Asociado del Colegio Americano de Cirujanos; presidente efectivo: José A. Jácome


Los hospitales en Colombia a principios del siglo xx

destacaba en el Daily Bulletin of the American Hospital Association, además de describir los resultados del evento, que desde enero de 1941 Malcolm T. MacEachern, M.D. había escrito: Sería el ideal que las gentes vinculadas a los hospitales laboraran conjuntamente en una amplia escala mundial, pero siendo actualmente imposible, debemos coordinar nuestros esfuerzos dentro de los límites practicables. Las Américas nos ofrecen un campo suficiente para estos tiempos. Una América unida en sus aspiraciones y en sus ideales para el cuidado de los enfermos y heridos, esforzándose en el mejoramiento de esos mismos cuidados, sería lo eminentemente deseable en estos tiempos, cuando a los problemas de la preservación de la salud de la población civil se añaden aquéllos de la preparación médica para la defensa del hemisferio.51

Como se percibe en estos comentarios, en estas declaraciones se tejía una doble función, porque los hospitales y sus representantes cumplían con una labor que aspiraba a preservar la salud de la población, y a la vez se estaba creando una alineación militar y política en torno a las condiciones que pudieran presentarse en el contexto de la Segunda Guerra Mundial, donde también se veía la necesidad de que los médicos se sintieran con la obligación de defender el hemisferio. En el mes de noviembre, al referirse al evento de Atlantic City, The Modern Hospital declaraba: “se espera que esta asociación sea el sitio donde se estrechen y se fortalezcan los lazos de la cultura y la cordialidad”52. Para Jácome, sería fácil obtener un apoyo franco y decidido por parte de todos los gobiernos americanos, porque todos los delegados tenían la firmeza de que al establecerse la Asociación Interamericana de Hospitales podría impulsarse el naciente desarrollo de “la nueva conciencia hospitalaria”, que se ocupa en forma directa del bienestar de los pueblos53.

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Valderrama, M.D.; Director del Hospital San Juan de Dios de Bucaramanga, Colombia; Vicepresidente: Federico Gómez, M.D., Director del Hospital para Niños de Ciudad de México; Secretario-Tesorero, Félix Lamela, Secretario Ejecutivo de la Escuela de Medicina Tropical de San Juan, Puerto Rico. José A. Jácome Valderrama, “Informe del Doctor José A. Jácome Valderrama, M.D., director del Hospital de San Juan de Dios, de Bucaramanga, Bucaramanga, febrero 13 de 1942”, 33. José A. Jácome Valderrama, “Informe del Doctor José A. Jácome Valderrama, M.D., director del Hospital de San Juan de Dios, de Bucaramanga, Bucaramanga, febrero 13 de 1942”, 34. José A. Jácome Valderrama, “Informe del Doctor José A. Jácome Valderrama, M.D., director del Hospital de San Juan de Dios, de Bucaramanga. Bucaramanga, febrero 13 de 1942”, 35. José A. Jácome Valderrama, “Informe del Doctor José A. Jácome Valderrama, M.D., director del Hospital de San Juan de Dios, de Bucaramanga. Bucaramanga, febrero 13 de 1942”, 35.

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En las conclusiones aprobadas en forma unánime, esta nueva entidad se había propuesto: a. Buscar la unión y la colaboración de los hospitales del Sur,

del Centro y del Norte de América. b. Fomentar el mejor conocimiento de la técnica, la organiza-

ción y la administración de hospitales. c. Realizar periódicamente reuniones o congresos, con asis-

tencia de las delegaciones de los distintos países americanos, para analizar los problemas principales de los hospitales y presentar planes tendientes a conseguir la buena marcha de estas instituciones. d. Fomentar la creación cooperación y coordinación de las aso-

ciaciones hospitalarias de los países americanos. e. Establecer el intercambio ideológico sobre asuntos hospitala-

rios por medio de publicaciones, etc. f. Fomentar la creación de becas y viajes de estudio que permi-

tan un intercambio de directores, médicos y personal técnico, con el fin de mejorar los conocimientos y la técnica de la organización, la administración y el funcionamiento de los hospitales.54

De este modo, quedaron plasmados no solo el ideal panamericanista sino las bases prácticas que habrían de garantizar el progreso del medio hospitalario a nivel americano. A su vez, Jácome Valderrama interpretaba que: Colombia, como sede provisional de la asociación y porque uno de sus hijos ocupa el honroso cargo de presidente, tiene hoy un doble compromiso que debe llenarse en favor de la solidaridad continental. En paz o en guerra, el hospital cumple su misión noble y elevada y puede ser el simbolismo realizado de nuestros ideales inmaculados.55 54

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José A. Jácome Valderrama, “Informe del Doctor José A. Jácome Valderrama, M.D., director del Hospital de San Juan de Dios, de Bucaramanga, Bucaramanga, febrero 13 de 1942”, 34-35. José A. Jácome Valderrama, “Informe del Doctor José A. Jácome Valderrama, M.D., director del Hospital de San Juan de Dios, de Bucaramanga, Bucaramanga, febrero 13 de 1942”, 35.


Los hospitales en Colombia a principios del siglo xx

Jácome había presentado a consideración del Congreso de Hospitales la propuesta consistente en un proyecto de constitución para la Asociación Colombiana de Hospitales, el cual había sido acogido, discutido y aprobado. Una vez constituida esa entidad, solo se esperaba el apoyo amplio y generoso por parte del Gobierno nacional, “para robustecerla en su organización, y respaldarla en su autonomía y su prestigio con el fin de que la orientación que se dé a nuestros hospitales se conforme en todo con las normas de progreso indispensables en la verdadera asistencia social”56. Solo se esperaba que se le diera un estímulo a la junta directiva recién conformada “para que la nueva era hospitalaria sea de eficaz adelanto para la república”57. Al concluir el Primer Congreso Hospitalario de Colombia en Bucaramanga en febrero de 1942, Jácome Valderrama le dejaba al ministro de Trabajo, Higiene y Previsión Social unas claras conclusiones que esperaba pudieran beneficiar al pueblo: 1. Para proseguir el intercambio ideológico y práctico entre

los hospitales del continente y afianzar la solidaridad de las Américas por medio de estas instituciones, indispensables lo mismo en tiempos de paz que de guerra, se impone un apoyo formal del Gobierno de Colombia a la “Asociación Interamericana de Hospitales”, similar al que han prestado los gobiernos de Argentina y Estados Unidos. 2. La “Asociación Colombiana de Hospitales”, recientemente

constituida durante el Primer Congreso de Hospitales, debe merecer el apoyo nacional, como que debe ser la primera entidad para organizar y resolver los asuntos hospitalarios. Entre el Ministerio de Higiene, Trabajo y Previsión Social y la Asociación debe existir un continuo intercambio, ojalá a través de una sección especializada. 3. Es urgente necesidad la creación de un “Fondo de Hospitales”,

ya sea que funcione independientemente o como una rama del Fondo de Fomento Municipal. Este “Fondo de Hospitales” se dedicará a la construcción y modernización de hospitales y a la dotación de los equipos. 56 57

José A. Jácome Valderrama, “Informe del Doctor José A. Jácome Valderrama, M.D., director del Hospital de San Juan de Dios, de Bucaramanga. Bucaramanga, febrero 13 de 1942”, 36. José A. Jácome Valderrama, “Informe del Doctor José A. Jácome Valderrama, M.D., director del Hospital de San Juan de Dios, de Bucaramanga. Bucaramanga, febrero 13 de 1942”, 36.

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Entre la mutua dependencia y la mutua independencia

4. Una nueva legislación hospitalaria se hace necesaria. A la Asocia-

ción Colombiana de Hospitales se le debe encargar el estudio de la actual, para que presente el proyecto definitivo que compendie las nuevas ideas, de acuerdo con planes efectivos de progreso. 5. Establecidas las deficiencias hospitalarias actuales, es indis-

pensable clasificar los hospitales en tres categorías, para las cuales se aprobarán auxilios proporcionales, reglamentos y un “standard” o mínimun de requisitos para su buen funcionamiento. Estas tres categorías serán: I. Hospital Central, situado en la ciudad capital de Depar-

tamento, Comisaría o Intendencia. Será un hospital moderno, perfectamente dotado y acondicionado para poder dar el mejor servicio a cualquier clase de enfermos. II. Hospital Distrital, situado en la ciudad que sea el centro

o cabecera de cada uno de los distritos o zonas hospitalarias en que se haya dividido cada Departamento. Estará dotado y acondicionado para poder recibir y tratar a los enfermos comunes a la patología de la región. III. Centro de Socorro, situado en las distintas poblaciones. Ten-

drá los elementos de primera necesidad para el tratamiento de enfermos y heridos urgentes, y en donde sea posible, podrá tener diez a veinte camas para atender los enfermos que no necesiten indispensablemente ser trasladados a los otros hospitales y a los mismos, mientras son trasladados. 6. No existiendo entre nosotros ninguna preparación para el per-

sonal que trabaja en los hospitales, y basando en esto el éxito de la campaña hospitalaria, es urgente la creación de una cátedra de “Organización y Manejo de Hospitales” en las escuelas de Medicina, y también la promoción de cursos, conferencias y becas con este mismo fin. 7. Finalmente, pueden considerarse las organizaciones america-

nas hospitalarias como modelos, por su perfección y porque, guardando proporciones, son adaptables a nuestro medio.58 58

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José A. Jácome Valderrama, “Informe del Doctor José A. Jácome Valderrama, M.D., director del Hospital de San Juan de Dios, de Bucaramanga, Bucaramanga, febrero 13 de 1942”, 41-42.


Los hospitales en Colombia a principios del siglo xx

Era claro que para Jácome el reciente viaje a Estados Unidos le había ofrecido la posibilidad de conocer de cerca la Escuela Médica Estadounidense, cuyas directrices esperaba que pudieran ser aplicadas en las “incipientes organizaciones hospitalarias” que por entonces se tenían en el país; creía que la misión confiada no debería limitarse al compromiso de rendir un informe, porque había tomado el rol encomendado por el Gobierno de Colombia con un sentido más patriótico: Considero como deber de patriotismo, que la misión debe prolongarse indefinidamente, y por tanto, ofrezco atentamente al señor ministro toda mi cooperación y mi entusiasmo para todo aquello que se refiera al progreso de nuestros hospitales y centros de asistencia social[…] 59

Con la clausura del primer Congreso Hospitalario de Colombia en Bucaramanga, también se dejaron establecidos los estatutos que deberían regir a la Asociación Colombiana de Hospitales: 1. Artículo 1°. Nombre y objeto.

Esta Asociación llevará el nombre de Asociación Colombiana de Hospitales. Su objeto será promover el bienestar del pueblo, a través del desarrollo y perfeccionamiento de hospitales. Se entiende por hospital toda institución oficial o privada que está en el deber de proveer todo lo necesario para el mantenimiento y restauración de la salud. Están obligados a cumplir la primera, o todas, de las funciones siguientes: • Cuidado profesional de los enfermos o heridos, lo mismo que de la asistencia materna. • Educación de médicos, enfermeros y personal auxiliar. • Prevención de las enfermedades y conservación de la salud. • Investigación científica. Para lograr estos propósitos, la Asociación estimulará la educación profesional y la investigación científica, ayudará en 59

José A. Jácome Valderrama, “Informe del Doctor José A. Jácome Valderrama, M.D., director del Hospital de San Juan de Dios, de Bucaramanga, Bucaramanga, febrero 13 de 1942”, 42.

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la educación de la higiene pública, cooperará con todas las asociaciones nacionales y extranjeras, procurará mejorar la situación económica de los hospitales y hará cuanto sea posible para lograr los mejores servicios y eficiencia en ellos. 2. Artículo 2°. Miembros.

La Asociación estará constituida por los profesionales que trabajen en hospitales y tengan directa responsabilidad en el cuidado y el tratamiento de los enfermos, y por estas mismas instituciones que se hallen localizadas dentro del territorio de la República de Colombia. Los miembros estarán clasificados así: • Institucionales. Podrán ser los hospitales oficiales y privados que llenen los requisitos del tipo mínimo establecidos por la Asociación y que cumplan con los preceptos legales vigentes. • Personales. Podrán ser los directores de hospitales y los miembros del servicio científico activo de cada hospital. • Honorarios. Pueden ser las personas que se hayan distinguido por su labor en el desarrollo y mejoramiento de los hospitales conforme a la reglamentación que para el efecto se dicte. 3. Artículo 3°. Derechos.

Según la clase de miembros variarán los derechos, así: • 1° Para los miembros institucionales será el dos por mil anual de su presupuesto. • 2° Para los miembros personales serán $6 al año. • 3° Los miembros honorarios no pagarán derecho alguno. 4. Artículo 4°. Reuniones.

La Asociación tendrá una reunión cada año, en alguna de las ciudades colombianas. La fecha, el sitio y el programa deberán ser anunciados, por lo menos con cuatro meses de anticipación.

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En las reuniones se efectuarán: • Ponencias científicas sobre temas hospitalarios. • Estudio y modificación de los estatutos de la Asociación. 5. Artículo 5°. Asamblea.

La Asamblea estará constituida por los miembros de la Asociación, inscritos en las reuniones y presididos por la junta directiva. Parágrafo. Se considera como primera Asamblea de la Asociación Colombiana de Hospitales la reunión de médicos que queda comprobada por medio de las presentes actas. 6. Artículo 6°. Junta directiva.

La junta directiva estará constituida por siete miembros principales con sus respectivos suplentes personales, teniendo en cuenta que en ella tengan representación las diferentes secciones del país. Parágrafo. Esta Junta tendrá un presidente, un vicepresidente y un secretario tesorero, y durará un año en el ejercicio de sus funciones, pudiendo ser reelegido. Es entendido que será miembro nato de la junta directiva de la Asociación Colombiana de Hospitales, el jefe del Departamento de Asistencia Social del Ministerio de Trabajo, Higiene y Previsión Social. 7. Artículo 7°. Comités.

La Asociación deberá tener tantos comités como crea necesarios. Se insinuarán los siguientes: • De estatutos, reglamentos y obtención de la personería jurídica; • de relaciones oficiales; • de práctica profesional y administrativa; • de planes hospitalarios; • de educación pública;

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• de fomento de la Asociación, y • de la legislación hospitalaria y fomento. 8. Artículo 8°. Modificaciones.

Los estatutos de la Asociación podrán ser modificados mediante solicitud por escrito de no menos de diez socios, presentada a la junta directiva, la que está obligada a presentarla a discusión en la próxima Asamblea ordinaria. 9. Artículo 9°. Sede.

La sede de la Asociación será la capital de la República.60

Aunque gran parte de los hospitales tenían sus estatutos y reglamentos aprobados por el Departamento de Asistencia Social, el jefe de ese organismo aprovechó la participación de médicos, directores y personal administrativo de muchos de los hospitales del país para que revisaran en forma conjunta la Resolución N.° 78, encargada de señalar las normas a las cuales deberían sujetarse para elaborar los estatutos, y además les solicitaba que luego de su lectura hicieran los reparos y las críticas que les encontraran para proceder a corregirlos. Luis Enrique Benavides, como máxima autoridad del Departamento de Asistencia Social del Ministerio de Trabajo, Higiene y Previsión Social, reconocía que la organización hospitalaria atravesaba por “una complicada y difícil situación”61, así que esperaba contar con el aporte de las ideas, conocimientos y experiencias de las personas allí convocadas, para seguir la misma iniciativa planteada por José A. Jácome Valderrama, director del Hospital San Juan de Dios de Bucaramanga, y además anfitrión organizador del Primer Congreso Hospitalario de Colombia, de “poner al servicio de todos los menesterosos el acervo de su ilustración y patriotismo”62. Después de realizarse el Primer Congreso Hospitalario de Colombia, el Ministerio de Trabajo, Higiene y Previsión Social creó el Plan Hospitalario Nacional, cuyo propósito era recoger las recomendaciones dictadas por 60 61

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“Estatutos de la Asociación Colombiana de Hospitales”, 66-68. Luis Enrique Benavides, “Exposición del Jefe del Departamento de Asistencia Social, Doctor Luis Enrique Benavides, del Ministerio de Trabajo, Higiene y Previsión Social, en el Primer Congreso Hospitalario de Colombia”, 26. Luis Enrique Benavides, “Exposición del Jefe del Departamento de Asistencia Social, Doctor Luis Enrique Benavides, del Ministerio de Trabajo, Higiene y Previsión Social, en el Primer Congreso Hospitalario de Colombia”, 25-26.


Los hospitales en Colombia a principios del siglo xx

el Primer Congreso Latinoamericano de Hospitales realizado en Santiago de Chile en 1940, y a partir del cual el mismo gremio se proponía seguir el modelo de hospital moderno estadounidense. Aunque este Plan Hospitalario trajo consigo muchas iniciativas, no alcanzó a ser sancionado como ley63. En 1955, catorce años más tarde, en el marco del Primer Seminario Interamericano de Hospitales realizado por la Asociación Norteamericana de Hospitales en asocio con el Programa Latinoamericano del Gobierno de los Estados Unidos, el Estado colombiano optó por reunir —en torno a una iniciativa común— los Ministerios de Salud Pública y el de Educación, la Universidad Nacional y la Sanidad Militar con el propósito de que finalmente se convirtiera en realidad la anhelada Asociación Colombiana de Hospitales y Clínicas. En ese evento, al cual habían asistido directores de instituciones hospitalarias de todo el país, además de algunos representantes de entidades de Venezuela y Ecuador, ya se pudo formalizar la creación de la Asociación Colombiana de Hospitales: Los asistentes colombianos al primer Seminario Interamericano de Hospitales consideran que es necesario para un mayor beneficio social y mayor protección de la salud de la colectividad, la constitución de la Asociación Colombiana de Hospitales. En tal virtud manifiestan: • Que debe crearse la Asociación Colombiana de Hospitales en forma voluntaria, sin fines lucrativos, para colaborar con las instituciones especiales, semioficiales y privadas, con el fin de fomentar una mejor organización hospitalaria. • Recomendar la afiliación de todos los hospitales del país a esta Asociación mediante el pago de una cuota anual proporcional a su presupuesto para el sostenimiento de la misma. • En compensación a la afiliación, la Asociación Colombiana de Hospitales adquiere el compromiso de estudiar, aconsejar y orientar por los distintos medios a su alcance, las instituciones hospitalarias asociadas.

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Carla Bocchetti, Juan Manuel Arteaga y Marco Palacios, Hospital universitario: desde San Juan de Dios hasta la construcción de un nuevo proyecto, 5; 45.

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• Una vez establecidas las normas mínimas que considere adecuadas a nuestro medio, la Asociación Colombiana de Hospitales clasificará los hospitales en las categorías que les corresponda. • Para desarrollar las labores anunciadas, constitúyase una junta provisional de cinco miembros que elaboren los estatutos correspondientes para garantizar su autonomía y gestionar la personería jurídica.64

El 29 de mayo de 1956, el Ministerio de Justicia emitió la Resolución N.° 1258, por medio de la cual le fue concedida la personería jurídica a la Asociación Colombiana de Hospitales y Clínicas, para darle inicio a una organización de tipo gremial, constituida por las instituciones hospitalarias colombianas, cuya primera junta directiva había sido elegida en febrero de ese mismo año. Esta entidad estaría llamada a velar por la suerte de los hospitales, concibiendo la salud como un todo y viendo “en la salud de los colombianos su prioridad principal”65. Obtenida la personería jurídica, se emprendió la organización de los servicios hospitalarios en el país y se propuso la creación de un plan unificado de atención asistencial en todo el territorio nacional, a partir de unas pautas que fueron establecidas desde el Ministerio de Salud Pública66. Esta asociación que reunía finalmente el gremio hospitalario comenzó con la creación de alianzas estratégicas que deberían influir en el sector de la salud. Como resultado de ello, pronto se vinculó con la Federación Médica Colombiana, fmc ; con la Asociación Colombiana de Facultades de Medicina, ascofame ; con algunos representantes del Ministerio de Salud Pública y con la Facultad de Psicología de la Universidad Nacional, para diseñar y 64 65

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Ayde Cristancho, “Asociación Colombiana de Hospitales y Clínicas: 50 años de un gremio”, 9-11. En noviembre de 1955 se reunieron 52 directores y representantes de hospitales del país para nombrar una comisión que se hiciera cargo de preparar los estatutos y conseguir la personería jurídica de la Asociación Colombiana de Hospitales. En febrero de 1956 esa comisión congregó delegados de esas instituciones, para elegir la junta directiva provisional que gestionara los trámites legales, eligiéndose como presidente a Jorge Vergara Delgado, por entonces rector de la Universidad Nacional de Colombia. Juan Carlos Giraldo et al., “Medio siglo de trabajo”, Hospitalaria vol. 7, núm. 46 (2006): 4. La nueva Asociación Colombiana de Hospitales contó con algunas ayudas de la Asociación Norteamericana de Hospitales, cuyo primer aporte fue de $2000 cop ; y después recibió las contribuciones de instituciones hospitalarias del país, cuyas cuotas anuales equivalían al uno por mil del presupuesto ordinario de cada institución. Ayde Cristancho, “Asociación Colombiana de Hospitales y Clínicas: 50 años de un gremio”, 10-12.


Los hospitales en Colombia a principios del siglo xx

crear proyectos como el Primer Plan Hospitalario Nacional que reglamentó la construcción, dotación y operación de los hospitales durante los tres años siguientes. Una vez establecido, el gremio hospitalario comenzó a adquirir compromisos en torno a las prioridades del sector; buscó disminuir los costos en suministros básicos para algunas instituciones, y en 1964 le presentó un Proyecto Orgánico al Gobierno nacional, que contemplaba la distribución de los gastos hospitalarios entre la Nación, los departamentos, los municipios, las comunidades y las rentas de los mismos hospitales67. Conviene destacar que al depender de los modelos trazados por la Asociación Norteamericana de Hospitales, también los paradigmas estadounidenses de planeación y administración hospitalaria se fueron arraigando en forma gradual en las ideas y los conceptos científicos y tecnológicos de los colombianos. Desde el punto de vista arquitectónico y funcional, y hasta avanzado el siglo xx, muchos de los modelos de los hospitales colombianos conservaron el estilo de pabellones dispuestos a modo de construcciones horizontales, propio de la escuela francesa. Aunque la formación médica universitaria todavía incluía elementos característicos de una preparación humanística, y buscaba un alto nivel académico sustentado en el paradigma del médicoclínico francés, también se fue sometiendo a una transformación, porque a medida que la medicina de Estados Unidos comenzó a hacer presencia en el país, la arquitectura, el diseño interior y las funciones de la institución sufrieron cambios que se tratarían de adaptar a los ideales docentes y conceptuales del hospital moderno propuestos por Abraham Flexner.

67

El Primer Plan Hospitalario Nacional presentado en 1963 se convirtió en la Ley 39 de 1969. Al ingresar la Asociación Colombiana de Hospitales a la junta directiva de la Corporación Proveedora de Instituciones de Asistencia Social (Corpal) en 1963, disminuyó el costo de algunos insumos y se controlaron los gastos en artículos de bajo consumo que antes se almacenaban, a la vez que promovió la inversión en suministros necesarios de uso diario. Ayde Cristancho, “Asociación Colombiana de Hospitales y Clínicas: 50 años de un gremio”, 13-14.

113


parte ii las fundaciones capítulo cuarto

Fundación de la Facultad de Medicina de la Universidad Javeriana

E

n 1942 se fundaron dentro de la Universidad Javeriana, casi en forma simultánea, la primera Facultad de Medicina privada del país y el Hospital de San Ignacio de Bogotá, considerados dos pilares fundamentales de la formación de los futuros médicos javerianos.

Fundación formal de la Facultad de Medicina de la Universidad Javeriana El 25 de febrero de 1942, en el salón de grados de la universidad, se congregaron muchas personalidades presididas por el padre Ángel María Ocampo, S. J., provincial de la Compañía de Jesús en Colombia, y los jesuitas Juan María Restrepo Jaramillo, S. J., Arturo Montoya, S. J., y Félix Restrepo Mejía, S. J., rector de la universidad, con la junta organizadora de la Facultad de Medicina de la Universidad Javeriana, para convocar a médicos destacados con el objeto de exponerles el estado de una iniciativa relacionada con la fundación de una nueva Facultad de Medicina de carácter privado en la ciudad, tras el conflicto presentado en la Facultad Nacional de Medicina de Bogotá, que había rechazado a casi cien bachilleres aun después de que hubieran aprobado sus exámenes de ingreso a ese centro docente.

115


Entre la mutua dependencia y la mutua independencia

Esta iniciativa había nacido de un selecto grupo de médicos que eran profesores en la Facultad de Medicina de la Nacional, quienes “deseaban atender a esta necesidad y resolver este conflicto, fundando una facultad particular de medicina, y en ninguna parte pensaban que quedaría ella mejor que en la Pontificia Universidad Católica Javeriana”. Los jesuitas, por su parte, declararon que con esta nueva facultad que abrían trataban de ayudar a la juventud estudiosa, a la vez que se le estaría prestando un gran servicio a la Iglesia y a la Patria1. El rector Félix Restrepo, S. J. explicó que debido a las grandes dificultades que esta empresa traía consigo, había sido necesario consultar por varios días con el consejo directivo de la universidad y el R. P. provincial de la Compañía de Jesús en Colombia, para definir con claridad las condiciones con las cuales la Universidad Javeriana abría su Facultad de Medicina. En esa oportunidad se decidió que: 1. En esas aulas, más que tensiones políticas o animosidad en

contra de la Universidad Nacional, se fomentaría el más amplio espíritu de colaboración a favor de la cultura nacional, porque esta nueva facultad sería “sencilla y fervientemente católica, como lo es el pueblo colombiano”. 2. De esos claustros quedarían desterrados huelgas y carnavales

que disiparan a los estudiantes. 3. Se estableció que no sería la nueva facultad un refugio para fra-

casados. Los estudiantes serían recibidos al mostrar su diploma de bachiller; pero en caso de no aprobar el año, no podrían seguir estudiando en esta facultad, porque ese sería el mejor test para seleccionar académicamente a los futuros médicos. 4. Como la facultad necesitaría de clínicas apropiadas, los médicos

iniciadores de la idea prometieron procurar un convenio entre la Universidad Javeriana y la Sociedad de Cirugía, propietaria del Hospital de San José, para realizar un convenio favorable entre las dos partes; así la universidad contribuiría con recursos para el sostenimiento de las clínicas gratuitas de ese hospital, a cambio 1

116

Esta junta organizadora de la Facultad de Medicina de la Universidad Javeriana estaba integrada por Lisandro Leyva Pereira, Rubén García, Maximiliano Rueda, Carlos Tirado Macías, Manuel Antonio Luque Peña y Alfonso Tarazona. “Acta de Fundación de la Facultad de Medicina de la Pontificia Universidad Católica Javeriana”, ahjjmp, Rectoría, Sección: Rectores. Subsección: P. Félix Restrepo, S. J., C2, D27, ff 50-51, y C2, D55, ff 109


Fundación de la Facultad de Medicina de la Universidad Javeriana

de que los alumnos pudieran recibir lecciones y prácticas. Este pacto implicaría que la facultad no tendría permiso para nombrar a ningún profesor de clínica, sin tener la aprobación de la junta directiva de la sociedad, y en caso de rescindir este arreglo se debería avisar con dos años de antelación. 5. Como también se necesitarían altas sumas de dinero para

laboratorios, anfiteatros, etc., la universidad declaraba que aportaría a esta nueva empresa “su organización, su personal y sus locales, pero no capital alguno” del cual carecía. A su vez, la universidad confiaba “en la palabra seria de los organizadores y amigos” que habían prometido levantar un fondo inicial no menor a $10 000 cop para organizar las primeras instalaciones, y además se estableció un compromiso entre todos para contribuir a la fundación de becas. 6. Ante la necesidad de contar con un material de cadáveres para

las clases de anatomía y práctica operatoria, la junta organizadora dijo “tener ya resuelto a plena satisfacción este problema”. 7. Con la vigencia de la Ley 67 de 1935, se planteaba que el Go-

bierno solo reconocería los títulos de medicina expedidos por las universidades oficiales; sin embargo, quedaba constancia que tanto los médicos como los padres de familia que habían acogido esta iniciativa, también se habían comprometido, “sin distinción de colores políticos, a hacer valer todo su influjo a fin de obtener del Gobierno y del Congreso la modificación de dicha ley, para que la carrera de medicina quede reglamentada como lo está la de Derecho, con la libertad de enseñanza que nuestra Constitución reconoce y consagra”. 8. La universidad confiaba en que el cuerpo médico de la ciudad

y la república apoyarían esta iniciativa con su prestigio y su ciencia, para sacar adelante “esta empresa de vastas proporciones y de tanta importancia para la cultura nacional”.2

El padre Ángel María Ocampo, S. J., quien al estudiar medicina había sido condiscípulo de muchos profesionales destacados dentro del cuer-

2

ahjjmp.

Rectoría, Sección: Rectores. Subsección: P. Félix Restrepo, S. J., C2, D27, ff 50-51.

117


Entre la mutua dependencia y la mutua independencia

po médico de la ciudad y del país, ahora desde su condición de provincial de la Compañía de Jesús en Colombia, mostraba gran entusiasmo y apoyo a esta iniciativa, a la vez que reconocía que con ella se creaba un nuevo campo de apostolado espiritual, científico y social para la Universidad Javeriana y también para el país. El provincial le brindó una fervorosa acogida a la nueva Facultad de Medicina en nombre de la Compañía, y consideró que al abrir esta nueva escuela se les estaba haciendo un bien a los jóvenes, al tiempo que se les daría un gran apoyo a los padres que esperaban el bien para sus hijos. Además, destacó la variedad de familias allí representadas, y aprovechó para elogiar la presencia de una motivación cultural más que unos intereses políticos. Desde sus propios deseos y aspiraciones, el padre Ocampo esquematizó un plan claro por seguir, y definió los objetivos que se establecerían para la nueva institución; entonces se comprometió a velar por la escrupulosa formación moral de sus discípulos, al fomentar las sanas enseñanzas adquiridas tanto en los hogares como en los centros educativos donde los jóvenes habían aprendido sus primeras letras3. Después de las opiniones expresadas por el provincial, y algunos médicos que con su apoyo hicieron importantes observaciones y sugerencias, también el rector manifestó que después de encontrarse con “un ambiente favorable hasta lo inesperado” entre muchas personas versadas en el tema, ya contaba con suficientes argumentos como para acoger con entusiasmo la idea de organizar la Facultad de Medicina en esa universidad en el menor tiempo posible. Se planteó así la posibilidad de nombrar como primer decano de la facultad al reconocido médico José del Carmen Acosta, propuesta que obtuvo una acogida unánime de todos los asistentes, y como secretario y decano de disciplina se nombró al padre Arturo Montoya Pontón, S. J., quien en el pasado se había desempeñado como rector del Colegio de la Compañía de Jesús en Pasto. En esa asamblea se destacó la escasez de médicos en el país, que de acuerdo con el Anuario Estadístico de la Contraloría General, el 65% de quienes habían muerto durante 1941 no habían tenido ningún tipo de auxilio médico4. Ese mismo 25 de febrero, los asistentes a la asamblea firmaron el Acta de Fundación de la Facultad de Medicina de la Pontificia Universidad Católica Javeriana.

3 4

118

Revista Juventud Bartolina núm. 146, 49. ahjjmp, Rectoría, Sección: Rectores. Subsección: P. Félix Restrepo, S. J., C2, D27, ff 50-51.


Fundación de la Facultad de Medicina de la Universidad Javeriana

Una vez aceptó su nombramiento como decano, el Dr. José del Carmen Acosta se concentró en definir el programa educativo del primer año, del cual estimó que dependería el buen éxito de la carrera; el consejo directivo de la universidad comenzó por evaluar los factores económicos y operativos de esa gran empresa, al recibir del provincial el análisis y las decisiones tomadas por las autoridades eclesiásticas, los padres consultores y otros padres graves de la Compañía, que también habían dado su aprobación unánime5. Las autoridades universitarias decidieron nombrar una junta económica para la nueva facultad, que se encargaría de financiar la construcción de gabinetes, laboratorios y todo lo relacionado con clínicas y hospitales6. Como la facultad necesitaría dotarse gradualmente de laboratorios y gabinetes, pronto se anunció que se darían algunas becas para los estudiantes pobres, tras rigurosa selección mediante concursos. La nueva Facultad de Medicina de la Universidad Javeriana abrió sus matrículas el 1° de marzo de 1942, y después de hacer los nombramientos del decano y los profesores, el 15 de marzo comenzaron sus estudios 106 alumnos7, quienes tomaron sus primeras clases en algunas aulas del Colegio de San Bartolomé, ubicado en la Calle 10ª # 6-578.

El primer plan de estudios médicos Aunque originalmente se diseñó un plan de estudios inspirado en el que por entonces se dictaba en la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional (y ese programa seguía en marcha para los estudiantes de las primeras promociones), se daban grandes limitaciones físicas y económicas —en forma permanente— en torno a la planeación, la disposición de lugares y la dotación:

5 6

7

8

Breve historia del Hospital Universitario San Ignacio, 1-2. Esta junta económica fue integrada por el rector de la universidad, Félix Restrepo, S. J., Francisco de Paula Pérez, por entonces decano de la Universidad Javeriana, el decano de la nueva Facultad de Medicina, José del Carmen Acosta, además de Jesús María Marulanda y Benjamín Moreno, quienes recibirían asesoría por parte de algunos médicos entusiastas y encargados de esta iniciativa. Revista Juventud Bartolina, núm. 146, 52. De acuerdo con un mensaje telegráfico enviado por el rector de la Javeriana, el padre Félix Restrepo, S. J. al Santo Padre, la Facultad de Medicina de esa universidad se abrió el 15 de marzo de 1942 con 100 estudiantes. Sin embargo, la información encontrada en otros documentos reconocen que el 16 de marzo de 1942 habrían sido recibidos 106 alumnos. ahjjmp, C2, D 41 ff 82. ahjjmp, Rectoría, Sección: Rectores. Subsección: P. Félix Restrepo, S. J., C2, D41, ff 82.

119


Entre la mutua dependencia y la mutua independencia

No teníamos hospital; nuestros laboratorios casi no merecían el nombre de tales, la biblioteca de la universidad era muy deficiente en material médico; no teníamos sede propia y los demás recursos docentes casi no existían.9

Como la facultad había sido creada en las instalaciones del Colegio de San Bartolomé, los estudiantes de las primeras promociones tuvieron que padecer muchas incomodidades debido a que no contaban con locales adecuados para organizar sus clases teóricas y laboratorios, y algunas de las aulas disponibles debían ser adaptadas de acuerdo con las clases de la Facultad de Derecho, de tal manera que los horarios debían amoldarse para satisfacer ambas necesidades10. Las salas de clase y los laboratorios de Ciencias Básicas Médicas funcionaron por varios años en el Edificio Central de la Universidad, ubicado en la Calle 10, donde se tenían grandes limitaciones en lo referente al personal docente, la dotación y el espacio11. Para superar esas dificultades, el rector decidió habilitar en ciertos horarios un pequeño sitio en la biblioteca12. Los alumnos que ingresaron en 1942 tomaron las siguientes materias durante el primer año (Cuadro 4):

Cuadro 4. Materias y horas semanales de los estudiantes de medicina. Primer año, 1942 Materia Anatomía 1ª (Conferencia)

5

Anatomía 1ª (Práctica)

10

Dibujo Anatómico (Práctica)

1

Química Orgánica (Conferencia)

4

9 10 11 12

120

Horas a la semana

Jorge Segura Vargas, Historia de la Facultad de Medicina. Sus inicios y desarrollo en la Pontificia Universidad Javeriana, 24. ahjjmp, Rectoría, Sección: Rectores. Subsección: P. Félix Restrepo, S. J., C11, D55, ff 106. Facultad de Medicina. Boletín 1966-1967-1968. xxv Aniversario 1942-1967 (Bogotá, Pontificia Universidad Javeriana, Facultad de Medicina, s. f.), 1. Como no contaban con aulas para ciertas clases, el padre Félix Restrepo, S. J., habilitó la Biblioteca para que los alumnos pudieran tomar clases a las 7:00 p. m., y encomendó al joven Jorge Segura para que se responsabilizara de las llaves. Jorge Segura Vargas. Entrevista personal de Marietta Mejía, 11 de junio, 2009.


Fundación de la Facultad de Medicina de la Universidad Javeriana

Materia

Horas a la semana

Química Orgánica (Práctica)

2

Física Médica (Conferencia)

5

Física Médica (Práctica)

1

Biología General (Conferencia)

2

Biología General (Práctica)

1

Botánica (Conferencia)

2

Botánica (Práctica)

1

F uente : Elaboración propia con base en Germán Mejía Pavony, María Isabel Perdomo y Augusto Montenegro, “Capítulos II y III”, Manuscrito, ahjjmp, en Versión Final de la Primera Parte del Proyecto de Historia de la Javeriana de 1930- 1980 (Bogotá: Pontificia Universidad Javeriana, 1983), 443.

En forma paradójica, esas incomodidades del principio sirvieron de estímulo para que todos los días los estudiantes de la primera promoción de médicos de la Javeriana intentaran mejorar. Ese primer grupo que ingresó a la Facultad de Medicina en 1942 tomó clases de Física Médica con Kalman Mezey; Hernando García Barriga se hizo cargo de la Botánica, y la clase de Dibujo Anatómico corrió a cargo de Sergio Trujillo Magenat. Ante la carencia de sitios de práctica, la universidad realizó un convenio para que los alumnos tomaran sus clases de química bajo la dirección de José Vicente Azcuénaga Chacón en el laboratorio que tenían los Hermanos de La Salle13. Entre marzo y abril de 1942 se llevaron a cabo unas primeras negociaciones con el propósito de adquirir siete fanegadas “para el futuro hospital de la Escuela de Medicina de la Pontificia Universidad Católica Javeriana”14, en unos terrenos ubicados entre las Avenidas 13 y 19 con la Calle 22 Sur, en el sector de la Avenida Primero de Mayo. Una vez se cerró 13 14

Jorge Segura Vargas, Historia de la Facultad de Medicina. Sus inicios y desarrollo en la Pontificia Universidad Javeriana, 21. En unas cartas entre el padre Félix Restrepo y el abogado Carlos H. Pareja el 20 de marzo de 1942 se mencionaba la negociación de un terreno de siete fanegadas para el futuro hospital de la Escuela de Medicina de la Pontificia Universidad Javeriana, entre $2000 y $2400 cop por fanegada, el cual se calculaba tendría una capacidad de 71 420.07 varas cuadradas. Además de incluir el croquis del lote, se explicaba que el lote tenía una hipoteca por $8400 cop, sin intereses. ahjjmp, Rectoría, Sección: Rectores. Subsección: P. Félix Restrepo, S. J., C2, D43, ff 87-88; C2, D47, ff 95-96 y C2, D52, ff 103.

121


Entre la mutua dependencia y la mutua independencia

el negocio, se comenzaron a construir el anfiteatro y algunas instalaciones para el Departamento de Anatomía, el Departamento de Cirugía Experimental y Técnica Quirúrgica, además de los laboratorios de Química y Bioquímica15, que funcionaron en ese sitio entre 1943 y 1952. Mientras se terminaba de construir el primer anfiteatro en el sector del sur, la Javeriana había adaptado la casa ubicada en la carrera 6ª N.° 9-34, al lado del Colegio de la Presentación del centro, junto al Palacio de San Carlos, para que los estudiantes pudieran tomar Anatomía 1ª en un par de mesas de cemento dispuestas en el patio de la casa. Esta materia enseñaba algunas nociones de osteología, y daba unos primeros acercamientos a la sala de disección, materia que estuvo a cargo de Néstor Santacoloma. Desde esa época comenzaron a trabajar Candelaria, la aseadora, y Alcides Díaz, la persona encargada del embalsamamiento de los cadáveres16 :

figura 3. El

primer anfiteatro de la Facultad de Medicina de la Universidad Javeriana funcionó de 1942 a 1946 en esta casa del Centro de Bogotá. Archivo Histórico Javeriano Juan Manuel Pacheco, S. J.

Mi trabajo empezó el 16 de marzo de 1942 en la carrera 6 N.° 9-34 junto al Palacio Presidencial, luego pasamos a la 20 sur barrio San José hoy en día, donde se realizó la construcción para el anfiteatro de la Facultad de Medicina, la puerta de entrada era el Número

15 ahjjmp, Rectoría, Sección: Rectores. Subsección: P. Félix Restrepo, S. J., C2, D25, 16 Jorge Segura Vargas. Entrevista personal de Marietta Mejía. 11 de junio, 2009.

122

ff 64.


Fundación de la Facultad de Medicina de la Universidad Javeriana

14-19. La primera labor que me correspondió fue la consecución de un cadáver en el Hospital San Juan de Dios, junto con el certificado médico, diagnóstico clínico, muerte, tbc, etc., fue este primer cadáver con el que los estudiantes pudieron trabajar[…]”.17

En 1943, los estudiantes de la primera promoción de médicos javerianos tomarían la Anatomía Práctica en el anfiteatro, la cual fue dictada por los anatomistas Carlos Márquez Villegas, Rafael Barrientos y el mismo Néstor Santacoloma. La Histología estuvo a cargo de Luis Daniel Convers, la clase magistral de los Fenómenos Celulares de la Enfermedad fue dictada por Juan Pablo Llinás y la de Fisiología corrió a cargo de Hernando Ordóñez. Los alumnos que habían ingresado a la facultad en 1942 tomaron las siguientes materias durante el segundo año (Cuadro 5):

Cuadro 5. Materias y horas semanales de los estudiantes de medicina. Segundo Año, 1943 Materia

Horas a la semana

Anatomía 2ª (Conferencia)

5

Anatomía 2ª (Práctica)

10

Histología y Embriología (Conferencia)

3

Histología y Embriología (Práctica)

2

Fisiología (Conferencia)

5

Fisiología (Práctica)

2

Química Biológica (Conferencia)

5

Química Biológica (Práctica)

2

Fuente: Elaboración propia con base en Germán Mejía Pavony, María Isabel Perdomo y Augusto Montenegro, Versión final de la primera parte del proyecto de historia de la Javeriana de 1930-1980, 443. ahjjmp.

A comienzos del tercer año, la facultad presentó un nuevo plan de estudios diseñado para seis años de duración, en el cual se incluían los laboratorios 17

“Del formol y los cadáveres de la Nacional a la Javeriana”, Hoy en la Javeriana vol. 21 núm. 749 (1982): 4.

123


Entre la mutua dependencia y la mutua independencia

de Química General, Biología, Fisiología, Física, Bacteriología, Histología y Parasitología. Por esa época, los estudiantes todavía tomaban clases en el Colegio de San Bartolomé, y se comenzaron a organizar las prácticas de laboratorio en un ambiente casi doméstico en la casa de la Carrera 6ª, donde Hernando Groot dictaba la Patología y la Parasitología; Pedro José Almánzar daba las clases de Bacteriología, Ernesto Osorno la Entomología, Kalman Mezey enseñaba la Farmacología, y las prácticas de laboratorio estaban bajo la dirección de Eduardo Caballero18. El Plan de Estudios incluía (Cuadro 6):

Cuadro 6. Materias y horas semanales de los estudiantes de medicina. Tercer Año,1944 Materia Microbiología (Conferencia)

Horas a la semana 2

Microbiología (Práctica)

2.5

Micología (Conferencia)

2

Micología (Práctica)

2.5

Protozoología y Helmintología (Conferencia)

2

Protozoología y Helmintología (Práctica)

2

Entomología (Conferencia)

2

Entomología (Práctica)

2

Materia Médica (Conferencia)

3

Materia Médica (Práctica)

2

Farmacología (Conferencia)

5

Farmacología (Práctica)

2

Patología General (Conferencia)

4

Patología General (Práctica)

2

Elaboración propia con base en Pavony, Perdomo y Montenegro, Versión final de la primera parte del proyecto de historia de la Javeriana de 19301980, 443. ahjjmp

Fuente:

18

124

Jorge Segura Vargas, “Recuerdos de la historia de la Facultad de Medicina Pontificia Universidad Javeriana. Cincuentenario”, Universitas Medica, vol. 34, núm. 1 (2006):7-8.


Fundación de la Facultad de Medicina de la Universidad Javeriana

Con el propósito de reducir los costos de la matrícula de algunos estudiantes necesitados que se habían destacado académicamente, se estableció también un sistema de auxilios consistente en becas y matrículas de honor19, y se acordó que mientras se construía el Hospital de San Ignacio, se realizarían convenios con hospitales y hospicios de la ciudad que garantizaran las prácticas de los estudiantes20. Cuando concluyó la construcción del anfiteatro en el Barrio Olaya Herrera, en ese sector se empezaron a dar también las clases Técnica Quirúrgica 21, Química y Anatomía 22. También en ese departamento se tenía un museo anatómico, en el que se conservaban y exhibían piezas disecadas, a modo de ilustración para complementar la docencia 23. Se dispuso además de un laboratorio bien dotado para las Químicas Orgánica y Biológica 24 ; la Física Médica se tomaba en el Gabinete de Física de las Facultades Eclesiásticas de la universidad, edificio identificado con la nomenclatura: Carrera 10 # 65-4325. Los demás laboratorios estaban en la Calle 10 # 6-57 (Histología y Embriología, Anatomía Patológica, Bacteriología, Parasitología y Entomología, Fisiología, y el de Farmacología, Farmacodinamia y Materia Médica) 26. Los alumnos que habían ingresado a la facultad en 19 20

21

22

23 24

25

26

Germán Mejía Pavony, María Isabel Perdomo y Augusto Montenegro, “Capítulos II y III”, Manuscrito, ahjjmp, 443. Los estudiantes rotaron por sitios privados y públicos: el Hospital San José, el Hospital de La Samaritana, el Instituto Federico Lleras Acosta, en el antiguo Hospital de Los Alisos, llamado Hospital de La Providencia, el Instituto de Mujeres Indígenas, además de los Asilos de Locas, el de Indigentes y el de Ancianos. Jorge Segura Vargas, “Recuerdos de la historia de la Facultad de Medicina Pontificia Universidad Javeriana. Cincuentenario”, 7-8. La Técnica Quirúrgica contaba con una sala de experimentos con seis mesas de cirugía para perros, y diez para trabajar en cadáveres; estaba provista de instrumental de cirugía, bisturí eléctrico, dos autoclaves de gas, gasógeno, horno de gas, esterilizadores, aparatos de anestesia, sala de curaciones con mesas e instrumental, además de un departamento de mantenimiento y el cuidado de animales para experimentación. ahjjmp, Rectoría, Sección: Rectores. Subsección: P. Félix Restrepo, S. J., C14, D25, ff 63. Las Anatomías 1ª y 2ª tenían “dos salas de disección, con 20 mesas fijas y 5 móviles, sala de refrigeración, neveras de conservación, servicio de inyectaduría de cadáveres, vehículos para transportarlos, etc.” ahjjmp, Rectoría, Sección: Rectores. Subsección: P. Félix Restrepo, S. J., C14, D25, ff 64. El laboratorio tenía puestos de experimentación dotados en forma individual, con mecheros, aparatos de sedimentación de Westergreen, cristalizadores, desecadores, reactores, tubos, vajillas de ensayo, y un gasómetro. ahjjmp, Rectoría, Sección: Rectores. Subsección: P. Félix Restrepo, S. J., C14, D25, ff 63. En el gabinete se tenían “aparatos de Rayos X, proyectores diascópicos y epidiascópicos, banco óptico con su juego de lentes”, “espejos y prismas, fotómetros, medidores de corrientes, aparatos para corrientes de alta tensión, calorímetros, termómetros, termómetros diferenciales, instrumental de acústica, oscilógrafo de rayos catódicos, aparatos de mecánica, etc.”. ahjjmp, Rectoría, Sección: Rectores. Subsección: P. Félix Restrepo, S. J., C14, D25, ff 64. ahjjmp, Rectoría, Sección: Rectores. Subsección: P. Félix Restrepo, S. J., C14, D25, ff 64-65.

125


Entre la mutua dependencia y la mutua independencia

1942 y que hacían parte de la primera promoción, tomaron las siguientes materias durante el cuarto y quinto (Cuadro 7):

Cuadro 7. Materias y horas semanales de los estudiantes de medicina. Cuarto y Quinto Año, 1945 y 1946 Cuarto año

Quinto año

Patología médica y patología tropical

Patología quirúrgica

Terapéutica y farmacodinámica

Técnica quirúrgica

Anatomía patológica

Obstetricia y Teratología

Clínica semiológica

Higiene

Clínica dermatológica y sifiligráfica

Clínica médica y clínica de enfermedades tropicales

Clínica neurológica y siquiátrica

Clínica urológica

Fuente: Pavony,

Perdomo y Montenegro, Versión final de la primera parte del proyecto de historia de la Javeriana de 1930-1980, 443. ahjjmp.

En el sexto año, los estudiantes de la primera promoción tomaron las siguientes materias (Cuadro 8):

Cuadro 8. Materias y horas semanales de los estudiantes de medicina. Sexto Año, 1947 Sexto año Medicina Legal

Clínica obstétrica y ginecológica

Clínica quirúrgica y radiodiagnóstico

Clínica de otorrinolaringología y oftalmológica

Clínica de ortopedia y traumatología Clínica pediátrica Fuente: Pavony,

Perdomo y Montenegro, Versión final de la primera parte del proyecto de historia de la Javeriana de 1930-1980, 443. ahjjmp.

126


Fundación de la Facultad de Medicina de la Universidad Javeriana

El 18 de marzo de 1949 se le envió al ministro de Educación un nuevo plan de estudios que contenía el pénsum, la nómina de profesores, el reglamento de las Facultades Civiles de la Javeriana, y el de la Facultad de Medicina, para solicitarle la aprobación oficial en torno al reconocimiento y la validez de los títulos que se otorgaran a los estudiantes de medicina que hubieran aprobado en forma satisfactoria los estudios médicos en la Javeriana. Ese plan de estudios se había inspirado en el de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional (Cuadro 9):

Cuadro 9. Pénsum de Medicina de la Universidad Javeriana, 1949 pénsum.

Comprende seis años de estudios y uno de práctica de Internado en Hospitales. Los tres primeros años de estudio abarcan las materias del periodo Biológico o Pre-clínico; en los tres últimos están las asignaturas del periodo Clínico. Año por año, el pénsum comprende las siguientes materias, con la intensidad indicada al pie:

Asignaturas

Horas semanales de trabajo Teoría

Práctica

Consultorio

Anatomía Humana 1ª

5

10

Biología General

2

Botánica Médica

2

Dibujo Anatómico

1

Física Médica

2

1

Química Orgánica

4

2

Anatomía Humana 2ª

5

10

Fisiología Humana

5

1

Histología y Embriología

4

2

Química Biológica

3

2

Primer año

Segundo año

127


Entre la mutua dependencia y la mutua independencia

Asignaturas

Teoría

Práctica

Consultorio

Anatomía Patológica

3

2

Bacteriología e Inmunología

3

2

Farmacología y Materia Médica

6

2

Parasitología y Entomología

4

3

Patología General

5

Cuarto año

Clínica Dermatológica y Sifilográfica

3

10

1

Clínica Neurológica y Siquiátrica

2

3

1

Clínica Semiológica

3

5

2

Patología Interna/de Enfermedades Tropicales

5

1

Terapéutica y Farmacodinamia

5

1

Quinto año

Clínica Médica y de Enfermedades Tropicales, y Clínica Terapéutica

3

7

2

Clínica de Oftalmología y Otorrinolaringología

2

4

2

Clínica Urológica

1

5

1

Obstetricia

5

Patología Quirúrgica

5

Técnica Quirúrgica

2

Clínica Ginecológica

1

5

1

Clínica Obstétrica (El alumno hace 2 turnos anuales de 1 semana interno)

1

5

Clínica Quirúrgica

1

5

2

Tercer año

Sexto año

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Horas semanales de trabajo


Fundación de la Facultad de Medicina de la Universidad Javeriana

Asignaturas

Horas semanales de trabajo Teoría

Práctica

Consultorio

Sexto año (continuación)

Clínica de Ortopedia y Traumatología

1

5

1

Clínica Pediátrica

1

5

1

Higiene Pública

4

Medicina Legal

2

2

Radiología y Radiodiagnóstico

1

3

Todas las materias del pénsum tienen clase y trabajos durante todo el año escolar. De acuerdo con las disposiciones del Reglamento de la Universidad, en los cuatro primeros años los alumnos reciben una conferencia semanal sobre Cultura Superior Religiosa. En los últimos dos años es también materia obligatoria la Deontología Médica (Moral Profesional) Fuente: ahjjmp,

Rectoría, Sección: Rectores. Subsección: P. Félix Restrepo, S. J., C14, D25, ff 63.

En la década de los setenta, el programa académico se desarrollaba en doce semestres académicos, y una vez aprobados con los exámenes preparatorios reglamentarios, la universidad le confería al estudiante su grado de “Doctor en Medicina y Cirugía”. Después, los planes de estudios se dividieron en once, y más adelante en diez semestres académicos, además de dos semestres de Internado, uno de los cuales debería llevarse a cabo en alguno de los hospitales del área regional, con periodos docentes prácticos, programados y supervisados por la facultad. Desde el aspecto curricular, en la Facultad de Medicina se establecieron tres niveles: el de las ciencias básicas, el de la preparación para las clínicas, y el de las materias clínicas más el Internado, que debería reunir, revisar y consolidar los conocimientos teóricos y prácticos de los semestres anteriores. Los semestres académicos se programaron de acuerdo con las necesidades y niveles ascendentes de estudios médicos y clínicos, de tal forma que se estableció una secuencia interrelacionada y dependiente conforme a las asignaturas27.

27

Facultad de Medicina. Boletín 1966-1967-1968. xxv Aniversario 1942-1967, 12-13.

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Entre la mutua dependencia y la mutua independencia

Problemas legales Tan pronto como se fundó la Facultad de Medicina de la Javeriana, la rectoría había comenzado a indagar a los ministros de educación acerca de la interpretación que cada uno le daba a la Ley 67 de 1935, la cual en su Artículo 2° precisaba que “solo podrán ejercer la medicina en Colombia los médicos graduados en una Universidad Oficial”. Para el rector era inconcebible que los médicos colombianos graduados en universidades extranjeras no tuvieran problemas para ejercer en el país, en tanto que no lo podrían hacer los médicos que se graduaran de la Universidad Javeriana. El 22 de octubre de 1942, el padre Félix Restrepo, S. J. le escribió al ministro Fernández de Soto para plantearle los mismos argumentos que a principios del año le había esgrimido a su antecesor Germán Arciniegas, y además aprovechaba para solicitarle al Gobierno que intercediera a favor de la nueva escuela médica de la Universidad Javeriana. Ya el proyecto para modificar la Ley 67 había superado tres debates en el Senado de la República, y por esos días estaba en consideración de la Cámara de Representantes. El 11 de diciembre el ministro Absalón Fernández de Soto le respondió al rector: […] Es claro el derecho de las universidades privadas a que los títulos que expiden sean reconocidos por el gobierno para los efectos legales, si sus condiciones de admisión, el pénsum y dotación de elementos de enseñanza teórica y práctica corresponden a la organización, planes y programas mínimos a que están sometidos los estudiantes que ingresan a la Universidad Nacional. Toca al gobierno establecer la forma como ha de cumplir el deber de inspección, cuya falta es notoria, respecto de los estudios universitarios, a fin de comprobar que los establecimientos respectivos se han colocado en igualdad de condiciones docentes para que los títulos profesionales que expiden puedan gozar de idénticas garantías por parte del gobierno. El Ministerio se ocupa actualmente en el estudio de la reglamentación respectiva, en desarrollo del Decreto número 260 de 1936 (febrero 12) y está seguro de que el fiel cumplimiento de las disposiciones que al efecto se dicten dará mayor prestigio a las universidades y traerá positivos beneficios a los estudiantes y a la sociedad en general[…]28

Como se aprecia en la respuesta del ministro de Educación, para él también resultaba ilógico que los egresados de universidades privadas 28 ahjjmp,

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Rectoría, Sección: Rectores. Subsección: P. Félix Restrepo, S. J., C2, D121, ff 261-262.


Fundación de la Facultad de Medicina de la Universidad Javeriana

no tuvieran las mismas garantías de quienes ingresaban a la Universidad Nacional, cuando “sus condiciones de admisión, el pénsum y dotación de elementos de enseñanza teórica y práctica” iban acordes con la “organización, planes y programas mínimos” a los cuales estaban sometidos los estudiantes de la Universidad Nacional; además, el funcionario reconocía que se tenía un gran vacío en torno a la inspección que debiera hacerse, y aceptaba que sería el Gobierno el encargado de realizar el estudio necesario para darle cumplimiento al Decreto 260 de 1936, que buscaba reglamentar los títulos profesionales. El ministro estaba confiado en que una vez esos trámites se realizaran, se les daría “mayor prestigio a las universidades”, a la vez que “beneficios a los estudiantes y a la sociedad”. De igual manera, Fernández de Soto admitía que después de la visita realizada a las instalaciones de la nueva facultad, había corroborado que el plan de organización en la Javeriana era análogo al de su homóloga de la Nacional.

Figura 4. De izquierda a derecha: José del Carmen Acosta, Gerardo Molina, Félix Restrepo, S. J. y Darío Cadena, durante la visita de la delegación de la Universidad Nacional a la Facultad de Medicina de la Pontificia Universidad Javeriana. Archivo Histórico Javeriano Juan Manuel Pacheco, S. J.

[…] En la visita que hice a la nueva facultad en asocio de usted y su Decano, Dr. José del Carmen Acosta, tuve oportunidad de informarme de que el plan de organización es análogo al de la facultad de Medicina de la Universidad Nacional y que lo está

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Entre la mutua dependencia y la mutua independencia

realizando de modo satisfactorio, contando para ello con las aulas necesarias a los estudios teóricos y con laboratorios y anfiteatro para los estudios prácticos. El anfiteatro, recientemente construido, tiene capacidad suficiente para los trabajos experimentales del centenar de estudiantes matriculados y está siendo dotado con todos los elementos científicos indispensables a su objeto. Dentro del criterio que dejo expuesto, estimo que militan razones de justicia en favor de la modificación de la Ley 67 de 1935 a fin de que los médicos graduados de la Universidad Católica Javeriana gocen de los mismos derechos reconocidos a los titulados en las universidades oficiales. La solicitud de usted es tanto más razonable cuanto que la ley reconoce la validez de los títulos expedidos a los médicos colombianos que se gradúan en universidades extranjeras cuyo pénsum no sea inferior al de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional[…] 29

figura 5. Visita

de la delegación de la Universidad Nacional al anfiteatro de la Universidad Javeriana. Archivo Histórico Javeriano Juan Manuel Pacheco, S. J.

Como se evidencia en la carta, el ministro estimaba que se tenían razones justas para modificar la Ley 67 de 1935, que permitiera que los

29 ahjjmp,

Rectoría, Sección: Rectores. Subsección: P. Félix Restrepo, S. J., C2, D121, ff 261-262.

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médicos de la Universidad Católica Javeriana gozaran de iguales derechos que quienes eran titulados en universidades oficiales, y coincidía con el rector Restrepo, en que la solicitud de los jesuitas era más que razonable, debido a que esa misma ley le permitía ejercer a los médicos colombianos egresados de universidades foráneas. En diciembre de ese año, el rector le volvió a escribir al ministro de Educación, para tratar el tema de modificar la Ley 67 de 1935, “en el sentido de que los médicos graduados en nuestra Facultad de Medicina puedan ejercer su profesión en el país con el reconocimiento oficial de sus títulos”. Manifestaba las críticas permanentes a las que se exponía la Javeriana: […] Nada valen, muy estimado señor ministro, los ataques más o menos velados de algunos espíritus estrechos e incomprensivos ante el apoyo que para esta tal difícil obra nos prestan S.S. y el Gobierno. Es un verdadero estímulo que nos sostiene en el camino emprendido con tantas dificultades y que nos da la seguridad del triunfo[…] 30

Había sido tan importante esta comunicación que, al día siguiente de ser enviada, el proyecto había sido aprobado en segundo debate de la Cámara de Representantes, después de haber permanecido más de dos meses archivado en la secretaría: “Bastó que la prensa publicara esa carta y que dijera yo una palabra a la mesa directiva de la honorable Cámara para que lo pusieran en el orden del día y para que fuera aprobado sin dificultad ninguna”31. Como se aprecia en los comentarios del padre Félix Restrepo, S. J., en el ambiente político también se estaban presentando hechos que permitían vislumbrar unos “ataques más o menos velados” en contra de la Facultad de Medicina y el Hospital de San Ignacio de la Universidad Javeriana. Algunos parlamentarios habían querido retrasar esa reforma a la Ley 67 de 1935, y esto fue tan evidente que un año más tarde, en noviembre de 1943, el rector volvía a sacar a colación el tema con el nuevo ministro de Educación, Antonio Rocha. En esta, además de hacer un recuento minucioso sobre las opiniones de los ministros anteriores32, muchos de los cuales habían prometido presentar informes favorables ante la Comisión de Higiene de la Cámara, la situación continuaba “empantanada” en el Congreso. 30 ahjjmp, 31 ahjjmp, 32

Rectoría, Sección: Rectores. Subsección: P. Félix Restrepo, S. J., C2, D122, ff 263. Rectoría, Sección: Rectores. Subsección: P. Félix Restrepo, S. J., C2, D122, ff 263. El padre Félix Restrepo, S. J., durante algo más de un año, se había dirigido a los ministros de Educación Germán Arciniegas, Absalón Fernández de Soto, y Carlos Lozano Lozano, sin conseguir respuestas concretas.

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Entre la mutua dependencia y la mutua independencia

El padre Félix Restrepo S. J. explicaba que al ponerse en discusión la propuesta, algunos representantes antioqueños, con justa razón, se habían opuesto a la fórmula planteada, porque no debería ser la Universidad Nacional —sino el Gobierno— el ente que garantizara que las universidades departamentales y privadas pudieran alcanzar el nivel académico exigido. En consecuencia, se había hecho una modificación similar a la propuesta del ministro Lozano y Lozano, pero donde este mencionaba a la “Universidad Nacional”, los antioqueños incluían al “Gobierno”: En lo sucesivo el Gobierno reconocerá los títulos profesionales expedidos por facultades universitarias que tengan personería jurídica se sujeten a los programas mínimos de enseñanza que adopte el Gobierno para la formación profesional y dispongan de los elementos de experimentación e investigación científicos y del personal docente idóneo que sean necesarios, según lo establezcan las disposiciones que dicte el Gobierno al respecto. Además de cumplir las condiciones anteriores, las facultades médicas de las universidades deberán, para que los títulos que expidan sean legalmente reconocidos, proporcionar a sus alumnos hospitales y anfiteatros anatómicos, de manera que las clínicas y los cursos de anatomía puedan enseñarse en forma práctica; cumplir las disposiciones que, en materia de su incumbencia, dicten para las universidades del país el Ministerio del Trabajo, Higiene y Previsión Social, como la Comisión Nacional de Educación Física, y observar las disposiciones vigentes sobre enseñanza secundaria en lo que a ellas atañe. No podrá exigirse a las universidades privadas calidades y condiciones que no se exijan, igualmente, a las universidades oficiales.33

Después de superar los tres debates reglamentarios en el Senado de la República, había pasado a consideración de la Cámara, y a juzgar por los Anales de la Cámara de la víspera, el lunes siguiente a las 6 de la tarde sería el señalado para continuar la discusión en presencia del ministro de Educación Nacional. El rector le ofrecía al ministro Rocha toda la información que necesitara, y además lo invitaba a que visitara las instalaciones de la Facultad de Medicina, en la cual ya se habían hecho considerables inversiones hasta el momento. Le incluía el prospecto de la facultad para

33 ahjjmp,

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Rectoría, Sección: Rectores. Subsección: P. Félix Restrepo, S. J., C3, D140, ff 241-250.


Fundación de la Facultad de Medicina de la Universidad Javeriana

1944, donde se evidenciaba que el pénsum estaba acorde con el de la Universidad Nacional, y le daba un informe sobre el ingreso al primer año de la escuela médica: […] El primer año de nuestra Facultad de Medicina, el año pasado, tuvo 100 alumnos, que quedaron reducidos a 68 para el segundo curso, y se matricularon en primero en este año otros 103 alumnos, que probablemente quedarán reducidos también a unos 60 para el año entrante. Es, pues, un grupo apreciable de estudiantes el que, no encontrando sitio en la Universidad Nacional, se ha acogido a estos claustros para poder hacer la carrera a que se sienten inclinados, sin que esto suponga para el Estado erogación ninguna[…] 34

El rector finalizaba su extensa carta pidiéndole al ministro que intercediera por la modificación de la Ley 67, con la cual los títulos médicos de la Javeriana pudieran llegar a ser reconocidos: […]Me permito suplicar a S.S. que se interese para que con esta o con cualquiera otra fórmula equivalente quedara este año modificada la Ley 67 y quedara garantizado el reconocimiento de los títulos de nuestra Facultad de Medicina siempre que ella se conserve en el nivel debido a juicio del Gobierno. Estamos haciendo un gran esfuerzo para dotar a la república de una nueva Facultad de Medicina, que le hace falta, puesto que no caben en la Universidad Nacional todos los aspirantes a esta carrera. Las familias de nuestros estudiantes hacen también un gran esfuerzo para sostenerlos, pues la matrícula en esta facultad nuestra de medicina es de $400 al año. Los médicos y profesores que nos acompañan en esta empresa son todos de primera línea; pero nos es indispensable, para poder continuar en esta patriótica labor, el reconocimiento oficial de los títulos que nuestra universidad confiera[…] 35

Aunque los trámites —aparentemente— iban superando las revisiones reglamentarias en las comisiones parlamentarias, de imprevisto aparecían obstáculos que impedían que estas reformas siguieran su curso normal. El 20 de junio de 1945, cuando todavía el problema seguía sin resolverse para la Javeriana, le llegó al rector una carta firmada por el ministro de 34 ahjjmp, 35 ahjjmp,

Rectoría, Sección: Rectores. Subsección: P. Félix Restrepo, S. J., C3, D140, ff 241-250. Rectoría, Sección: Rectores. Subsección: P. Félix Restrepo, S. J., C3, D140, ff 241-250.

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Entre la mutua dependencia y la mutua independencia

Educación Nacional Antonio Rocha, y el secretario general de ese mismo Ministerio, con copia de la Resolución N.° 819 de esa fecha, que ordenaba una inspección de la Facultad de Medicina y Cirugía de la Javeriana: • Resolución 819 del 20 de junio de 1945: “De acuerdo con el canon constitucional de que la enseñanza universitaria, lo mismo que los demás grados de la enseñanza, es libre, las universidades de los departamentos y las privadas que se rijan por las disposiciones legales vigentes o por los mismos estatutos de la Universidad Nacional, o por estatutos aprobados por el Ministerio de Educación Nacional y que se sometan a la inspección del Estado, tendrán derecho a que sus títulos y certificados sean del mismo valor y efecto que los de la Universidad Nacional”: • Artículo 7° de la Ley 12 de 1934: “El Gobierno retirará el permiso concedido a las universidades y demás institutos de educación superior para expedir título, cuando no se sometan al programa mínimo de estudios fijados por el ejecutivo. Retirado ese permiso, los títulos que se expidan quedarán fuera de la Ley”. • Que en parte los anteriores preceptos constitucionales y legales fueron reglamentados por el Señor Presidente de la República y el ministro de Educación Nacional en los términos que se transcriben, mediante el Decreto N.° 260 de 1936, a saber: “Artículo 1°. – En lo sucesivo, las facultades universitarias, oficiales y privadas que aspiren al reconocimiento por parte del Gobierno de los títulos que expidan, deberán sujetarse a los programas y planes de enseñanza mínimos de la Universidad Nacional; contar con la dotación material, científica y pedagógica que posea la Universidad Nacional; someterse a los reglamentos que dicten al respecto el Departamento Nacional de Higiene y la Comisión Nacional de Educación Física; cumplir las disposiciones legales vigentes sobre segunda enseñanza en lo que a ella atañe; sujetarse a los reglamentos que sobre el particular acuerde el Ministerio de Educación y aceptar la inspección oficial indispensable para vigilar el cumplimiento de lo ordenado por el presente Decreto”.

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“Artículo 2°. – El Ministerio de Educación Nacional reglamentará por medio de Resoluciones lo dispuesto en el artículo precedente”. “Artículo 3°. – Queda terminantemente prohibido el uso de las denominaciones “universidad” y “facultad” a las instituciones docentes oficiales y privadas en las que no se hagan estudios encaminados a conferir títulos académicos”. Segundo. – Que la Facultad de Medicina y Cirugía dependiente de la Universidad Pontificia Javeriana de Bogotá no ha sido inspeccionada por el Ministerio de Educación Nacional para los fines previstos en las disposiciones constitucionales y legales referidas. Tercero. – Que la Academia Nacional de Medicina, según la Ley 86 de 1928, es un cuerpo auxiliar y consultivo del Gobierno nacional y, por su alta posición científica, la institución más adecuada para prestarle en este caso al Gobierno nacional una colaboración competente e imparcial. resuelve :

Artículo único. – Practíquese a la Facultad de Medicina y Cirugía de la Universidad Javeriana una inspección tendiente a determinar si dicha facultad llena los requisitos previstos en el Artículo 1° del Decreto Ejecutivo N.° 260 de 1936 y para los fines legales que allí se contemplan. Dicha inspección se llevará a cabo por conducto de la Academia Nacional de Medicina, por conducto de su presidente. El Ministerio de Educación Nacional reconocerá a la academia, previo acuerdo con ésta, el valor de los honorarios para la prestación del servicio que de ella se requiere[…] 36

Como se expresa en esta carta, el ministro advertía que el Gobierno se había atribuido el derecho de retirar el permiso concedido a la Javeriana en caso de que no quisiera someterse “al programa mínimo de estudios fijados por el ejecutivo”, que no era otro que el de la Universidad Nacional. A la vez precisaba que de llegarse a dar una desautorización sobre el particular, los títulos que otorgara la Javeriana quedarían por fuera de la ley; así mismo, la Facultad de Medicina debería someterse a los reglamentos establecidos por el Departamento Nacional de Higiene, la Comisión 36 ahjjmp,

Rectoría, Sección: Rectores. Subsección: P. Félix Restrepo, S. J., C6, D106, ff 21-213.

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Entre la mutua dependencia y la mutua independencia

Nacional de Educación Física y, en consecuencia, aceptar la inspección oficial ordenada. El ministro precisaba que de llegar a reprobar la escuela médica esa inspección oficial, a la Universidad Javeriana le quedaría “terminantemente prohibido el uso de las denominaciones “universidad” y “facultad”, y debido a que la Facultad de Medicina y Cirugía dependiente de la Universidad Pontificia Javeriana de Bogotá no había sido inspeccionada por el Ministerio de Educación Nacional para los fines previstos en las disposiciones constitucionales y legales referidas, se había dispuesto que fuera la Academia Nacional de Medicina, la cual era reconocida “por su alta posición científica, la institución más adecuada” para prestarle una colaboración “competente e imparcial” al Gobierno nacional. El padre Félix Restrepo, S. J., le respondió el 22 de junio de 1945 a Antonio Rocha, el ministro de Educación Nacional, para referirse a la anterior y expresarle que confiaba en “el espíritu de la equidad y justicia” que animaba a ese Ministerio y al Gobierno en general, como lo había podido constatar en varias oportunidades cuando había tenido pruebas de buena voluntad. A su vez, le manifestaba que como creía en el respeto y la admiración que el mismo ministro profesaba por los claustros pontificios, tampoco dudaba que de encontrarse alguna deficiencia por parte de la comisión inspectora en la Facultad de Medicina: […] no será ello motivo para truncar su carrera a los jóvenes que en ellos la han empezado, sino para que el Gobierno nos ayude eficazmente a remediarla, pues creemos estar prestando al país un gran servicio, ya que para sus futuras campañas higiénicas serán pocos todos los médicos que ahora se forman o puedan formarse en las distintas facultades de la república. Con todo respeto me permito manifestar a S. S. que el doctor Absalón Fernández de Soto, siendo ministro de Educación Nacional, se dignó practicar personalmente una visita en esta Facultad de Medicina y como resultado de ella nos escribió la siguiente carta, de la cual debe haber copia en el archivo de ese Ministerio: “Ministerio de Educación Nacional, N.° 34854”[…] 37

37 ahjjmp,

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Rectoría, Sección: Rectores. Subsección: P. Félix Restrepo, S. J., C6, D112, ff 223-224.


Fundación de la Facultad de Medicina de la Universidad Javeriana

Resultaba necesario que los funcionarios del Gobierno también reconocieran el gran servicio que la Javeriana le estaba prestando al país, pero el rector además aprovechaba para aclarar que la Facultad de Medicina sí había sido visitada personalmente por el ministro anterior, Absalón Fernández de Soto, tal como constaba con la carta identificada con el N.° 34854 de esa dependencia. Aunque la carta finalizaba confirmándole al ministro Rocha que el decano de la facultad, José del Carmen Acosta, estaba dispuesto a recibir a la comisión inspectora cuando se presentara, es muy probable que la orden hubiera quedado aplazada en forma indefinida, porque no se encuentran más comentarios sobre ella. Sin embargo, la falta de reconocimiento oficial para los títulos de los nuevos médicos de la Javeriana continuaba siendo uno de los mayores problemas, así el rector realizara una labor persistente ante el Gobierno para modificar la norma establecida con la Ley 67 de 1935, que solo le daba idoneidad a quienes egresaran de las universidades oficiales, estableciendo un monopolio de los títulos médicos a favor de la Universidad Nacional.

El proceso de aprobación De nuevo en noviembre de 1945, un grupo de representantes presentó un proyecto de ley que buscaba que les fueran reconocidos los derechos a los médicos que salieran de la Javeriana38 ; y aunque el trámite fue aprobado en la Comisión Quinta, al pasar a la plenaria sufrió severas críticas. El 10 de diciembre, Miguel Jiménez López rebatió todos los ataques que el representante Juan de J. Peláez esgrimía en contra de la Javeriana, pero la situación tampoco se modificó39. En 1946 todavía se seguían discutiendo en el Congreso dos proyectos de ley que buscaban reglamentar el ejercicio de la farmacia y la profesión de la enfermería, y además se dictaban otras disposiciones. Como el padre Félix Restrepo, S. J., no desperdiciaba las oportunidades para acercarse a los parlamentarios amigos y explicarles la importancia de modificar la Ley 67 de 1935, ya en la Cámara de Representantes estaba por Santander 38

39

Entre los representantes que proponían este cambio, se encontraban Fernando Urdaneta Laverde, Pedro Claver Gómez, Álvaro Gómez Hurtado, Augusto Ramírez Moreno, Abelardo Forero Benavides, Benjamín Burgos, Jorge Leyva y Rafael Maya. Antonio Cacua Prada, Félix Restrepo, S. J. (Bogotá, Instituto Caro y Cuervo, 1997), 168. “Desbaratados los cargos de un liberal contra la Javeriana”, El Siglo (1945). Referido por Antonio Cacua Prada, Félix Restrepo, S. J., 169.

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el abogado javeriano liberal José Chalela, que introdujo el proyecto de ley “por el cual se reglamenta el ejercicio de la farmacia y se dictan otras disposiciones”, a través del pequeño artículo 7° que decía: No podrá exigirse a las facultades universitarias profesionales seccionales o privadas requisitos distintos a los señalados para la Universidad Nacional, y los títulos que éstas expidan tendrán la misma validez. En los términos anteriores quedan modificadas las leyes contrarias a la presente.40

El martes 3 diciembre de 1946, en una de las sesiones finales de la legislatura, y cuando usualmente los parlamentarios acosados por sacar adelante los proyectos regionales terminaban por aprobar las iniciativas “a pupitrazo limpio”, los representantes José Chalela y Antonio León Rey con sumo cuidado introdujeron como artículo N.° 7 del proyecto reglamentario del ejercicio de la farmacia los dos párrafos que previamente habían sido redactados en forma deliberada41. El miércoles 4 de diciembre de 1946, ante la sesión de la Cámara presidida por Julio César Turbay Ayala, y Lucio Pabón Núñez en calidad de vicepresidente, se votaron 29 proyectos en segundo debate, entre los cuales se incluía el reglamentario para el ejercicio de la farmacia, que ya contenía el párrafo redactado por los representantes Chalela y León. Al pasar al Senado fue aprobado el 14 de diciembre de 1946, para ser remitido de nuevo a la Cámara, y desde allí salió definitivamente para la sanción presidencial con el Oficio N.° 796 del 20 de diciembre de 1946. A su vez, fue devuelto por el presidente de la república Mariano Ospina Pérez a la Honorable Cámara de Representantes el 26 de diciembre de 1946, con el Oficio N.° 105, dándole origen a la Ley 84 del 26 de diciembre de 1946, “por la cual se reglamenta el ejercicio de la farmacia y se dictan otras disposiciones”42. Después de utilizar toda clase de argu-

40 ahjjmp, 41 42

140

“Donación de Documentos Dr. Uladislao González”, Memoria Institucional Facultad de Medicina. “El Congreso”, El Tiempo, año 36, núm. 12 662 (1946), 17. Firmaron la norma Ricardo Bonilla Gutiérrez, presidente del Senado; Julio César Turbay Ayala, presidente de la Cámara de Representantes, Arturo Salazar Grillo, Secretario del Senado; Andrés Chaustre, Secretario de la Cámara de Representantes, Mariano Ospina Pérez, presidente de la república; Blas Herrera Anzoátegui, ministro de Trabajo Higiene y Previsión Social, y Mario Carvajal, ministro de Educación Nacional. La Ley a su vez fue


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mentos, los títulos de medicina en la Javeriana habían sido aprobados con la ayuda de “un mico”. Aunque este triunfo despejara un poco el panorama, todavía quedaba pendiente un grave problema relacionado con el Hospital, como lo anotó el padre Ángel María Ocampo, S. J.: […] Supe muy tarde la aprobación de la Facultad de Medicina por el Congreso[…] Gracias a Dios que ya por lo menos por ese lado no estarán los alumnos nerviosos y V. R. preocupado. Dios quiera que el grave problema del Hospital quede solucionado con el contrato de La Samaritana[…] 43

El 14 de enero de 1947, cuando aún se vivía la euforia, el padre Félix Restrepo, S. J. le respondía la anterior carta al padre Ángel María Ocampo, S. J. contándole los hechos vividos en el Parlamento: […] Acabo de recibir la atenta carta de S. E. con su felicitación por haberse resuelto el problema de los títulos de la medicina. Los señores de la mayoría liberal, después del brote de sectarismo que en el mes de noviembre les dio, tuvieron una reunión para ver qué proyectos aprobaban y cuáles negaban, y el nuestro quedó entre los de la izquierda, para ser negado. Esos señores cerraron la puerta, pero se les cayó la cerca entera, porque el proyecto ponía muchas condiciones para que pudiera ser aprobada una facultad y en cambio el mico que resultó aprobado, en la Ley 84 por la cual se reglamenta el ejercicio de la farmacia y se dictan otras disposiciones[…]”.44

Tampoco los problemas en la Facultad de Medicina terminaron al promulgarse la Ley 84. El 6 de noviembre de 1947 Eduardo Zuleta Ángel, por entonces ministro de Educación Nacional, fue citado por la Comisión Quinta del Senado de acuerdo con el orden del día, para tratar una discusión relacionada con el proyecto de ley “por la cual se reconoce la obra cultural de la Universidad Pontificia Católica Javeriana, y se fomenta dicha universidad”. Esta cita se debía a que muchos parlamentarios seguían fomentando las dudas en torno a la dotación y calidad de la enseñanza

43 44

publicada en el Diario Oficial N.° 26317 del 30 de diciembre de 1946. Antonio Cacua Prada, Félix Restrepo, S. J., 172. ahjjmp, Rectoría, Sección: Rectores. Subsección: P. Félix Restrepo, S. J., C10, D7, ff 21. ahjjmp, “Donación de Documentos Dr. Uladislao González”, y Rectoría, Sección: Rectores. Subsección: P. Félix Restrepo, S. J., C10, D7, ff 20.

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Entre la mutua dependencia y la mutua independencia

jesuítica universitaria, pero muy particularmente a nivel de su Facultad de Medicina. Al preguntársele al ministro su opinión personal respecto a la Facultad de Medicina de la Universidad Javeriana, dijo no estar enterado de su marcha, al tiempo que prometió visitarla personalmente, para después poder opinar “con conocimiento de causa”. Después de realizar una visita el 6 de noviembre de 1947, rindió unas declaraciones ante la Comisión Quinta del Senado: El señor ministro, que ya conocía los rumores de la calle sobre las deficiencias presentidas de la Facultad de Medicina de la Universidad Javeriana, las tuvo presentes en la visita para ver si eran ciertas o falsas, habiendo concluido que son totalmente falsas. Después de haber visitado, detenidamente, la Universidad Javeriana, el señor ministro se declara con autoridad para conceptuar sobre ella. Con la anterior premisa el señor ministro entra a comprobar que en la Javeriana se da una enseñanza seria y eficiente y que, por lo tanto, merece el auxilio que se ha votado para otras universidades privadas. Y apoya el auxilio a la Javeriana, no por interés partidista (puesto que en la Comisión Quinta de la Cámara auxilios a universidades distintas, no habiendo dado en esa ocasión, apoyo a la Javeriana, por no conocer en concreto su marcha), sino porque lo considera conveniente para el país. La Nación debe apoyar las universidades privadas y las universidades departamentales. A la Facultad de Medicina de la Javeriana se le hacen los siguientes cargos: deficiencia en la enseñanza en Anatomía, por mala instalación del anfiteatro y por carencia de cadáveres; estudios clínicos deficientes por no tener hospitales en donde practicar; falta de laboratorios. En su visita el señor ministro pudo comprobar lo siguiente: que la facultad logró montar un anfiteatro magnífico, con neveras y las demás dotaciones requeridas; que tiene suficientes cadáveres, por arreglo que hizo con el Municipio de Bogotá para adquirir los cadáveres que al tiempo de ir a enterrar en el cementerio de la ciudad no sean reclamados por ningún deudo. Por lo tanto, la Anatomía se estudia correctamente. Por contrato hecho con el Hospital de la Samaritana, los estudiantes realizan

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Fundación de la Facultad de Medicina de la Universidad Javeriana

sus prácticas clínicas en él, exceptuando las de Obstetricia y Maternidad, para cuya práctica la facultad estableció por su propia cuenta una clínica, que costó cincuenta mil pesos ($50 000), y que no deja nada que desear. Por lo tanto, los estudios clínicos se hacen correctamente. En cuanto a laboratorios, la facultad los tiene excelentes principalmente en Fisiología. Termina el señor ministro por asegurar que las versiones callejeras sobre probables fallas de la Facultad de Medicina de la Javeriana son irrazonables. Mayormente cuando la Javeriana tiene un espléndido cuerpo de profesores a la cabeza de los cuales está el rector, José del Carmen Acosta, médico muy eminente.45

El ministro quiso constatar personalmente lo que podía haber de cierto sobre las deficiencias que se rumoraban acerca de la Facultad de Medicina de la Javeriana, para luego “comprobar que en la Javeriana se da una enseñanza seria y eficiente y que, por lo tanto, merece el auxilio que se ha votado para otras universidades privadas”. A su vez, rebatió los ataques que frecuentemente se le hacían a la escuela médica, al declarar que en su visita había podido comprobar la excelente dotación del anfiteatro, y concluir que la Anatomía se estudiaba en forma correcta. Además, puntualizó que los estudiantes estaban realizando sus prácticas en el Hospital de La Samaritana, a excepción de las clínicas de “Obstetricia y Maternidad” que se llevaban a cabo en una clínica establecida por cuenta de la misma universidad. Después de dar buena cuenta de laboratorios adecuados, también el ministro de Educación exaltó el “espléndido cuerpo de profesores”. Aunque estas declaraciones fueran favorables para la Facultad de Medicina de la Javeriana, el 5 de octubre de 1948 el Secretario de la Comisión Quinta del Senado de la República le enviaba al rector Félix Restrepo, S. J. la proposición N.° 75 aprobada ese día: Proposición N.° 75 Para la discusión del artículo 7° del proyecto de ley “Por la cual se reglamenta el ejercicio de la profesión de Medicina y Cirugía en el país”, cítese al señor rector de la Universidad Nacional, al señor rector de la Universidad Javeriana, al decano de la Facultad

45 ahjjmp,

Rectoría, Sección: Rectores. Subsección: P. Félix Restrepo, S. J., C11, D123, ff 312.

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Entre la mutua dependencia y la mutua independencia

de Medicina de la Universidad Nacional, al Decano de la Facultad de Medicina de la Universidad Javeriana, al señor presidente de la Academia Nacional de Medicina, al señor presidente de la Federación Médica Colombiana y a sendos representantes del estudiantado de las Facultades de Medicina de Bogotá –Nacional y Javeriana– a fin de que expresen sus opiniones en la sesión de mañana, jueves 7 de octubre.46

Esta citación coincidió con una época en la cual estaba de visita en Colombia la Misión Médica presidida por George H. Humphreys II, pero en la Comisión Quinta del Senado se estaba deliberando sobre el proyecto de ley que reglamentaba el ejercicio de la profesión médica, al exigir que ninguna Facultad de Medicina podría otorgar diplomas de médico y cirujano a quienes no hubieran ejercido la medicina en zonas rurales durante un periodo inferior a un año47. Como respuesta a esta iniciativa, en su sesión del 23 de septiembre de 1948 la Presidencia de la Academia de Medicina designó una comisión integrada por tres médicos “para que rindan un informe sobre la organización y marcha de la Pontificia Universidad Católica Javeriana y en esta forma se pueda resolver clara y precisamente la consulta formulada por la junta en mención”48. Aunque es probable que no hubiera tenido gran trascendencia esta citación para la Javeriana, llama la atención que su escuela médica siguiera siendo el blanco de las quejas y dudas.

Dificultades con las prácticas Abrir una nueva escuela médica y un hospital en Bogotá iba siendo mucho más difícil de lo que en un principio los jesuitas hubieran imaginado. El 26 de febrero de 1942, el mismo padre Félix Restrepo, S. J. había reconocido que se estaba emprendiendo una obra de difícil realización, que además necesitaba del apoyo de todos los que se interesaban por la “juventud estu-

46 ahjjmp, Rectoría, Sección: Rectores. 47 “Acta N.° 13 de 1948, Sesión del día 48

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Subsección: P. Félix Restrepo, S. J., C13, D15, ff 28. 5 de noviembre de 1948”, Actas de la Academia Nacional

de Medicina (1948), 102-108. Para esa misión, habían sido nombrados los Académicos Manuel José Silva, Gonzalo Reyes García y Andrés Soriano Lleras. “Informe que rinde el Académico Secretario Profesor Juan Pablo Llinás en la Sesión Solemne de la Academia Nacional de Medicina, el 23 de septiembre de 1948”, Actas de la Academia Nacional de Medicina (1948), 80.


Fundación de la Facultad de Medicina de la Universidad Javeriana

diosa y por la difusión y esplendor de la ciencia médica en Colombia”49. Un problema que llegó en forma adicional con esta iniciativa provino de algunos sectores de la Universidad Nacional, al despertase intrigas y tensiones que pronto tendrían serias repercusiones en contra de la Javeriana. El 13 de enero de 1942, un mes antes de que se abriera la Facultad de Medicina de la Javeriana, había llegado una carta a la rectoría del Colegio de San Bartolomé, procedente del “Secretario del Comité encargado de velar porque las facultades particulares de derecho se sometan a las condiciones de admisión impuestas por la Universidad Nacional”. Este comité integrado por profesores y alumnos de la Facultad Nacional se había enterado por el diario El Espectador del día 12 de enero que la Universidad Javeriana iba a recibir en sus Facultades Femeninas y Masculinas de Derecho a estudiantes con solo presentar sus diplomas de Bachiller. Este señor puntualizaba que el Decreto 260 de 1936 del Ministerio de Educación disponía que todas las facultades privadas debieran someterse a las mismas exigencias de admisión y pénsum que la Universidad Nacional, o correrían el riesgo de que no les refrendaran los títulos: Por lo tanto, es claro que la Javeriana no puede funcionar en la forma en que lo ha hecho e intenta seguir haciéndolo. Los estudiantes de la Universidad Nacional están dispuestos a no permitir que por más tiempo las facultades particulares continúen siendo el refugio de todos los fracasados y de los que no se atreven a presentar el examen oficial. Esta irregularidad es la causa del proletariado intelectual que tantos males está causando entre nosotros[…] Ante esta realidad es inconcebible que la misma Javeriana se empeñe en continuar con dos facultades de derecho, una de hombres y otra de mujeres. Este proceder ha llenado de indignación al estudiantado de la Universidad Nacional[…] En Colombia, donde hay miles de niños sin escuela, donde es vergonzoso el analfabetismo, donde hay centenares de familias muriéndose de hambre y la situación se agrava por momentos, no es patriótico ni cristiano que haya entidades encargadas de formar doctores y doctoras con pensiones de cien y doscientos pesos y mediante un notorio contrabando a la universidad que según la ley, está encargada de señalar los programas y condiciones de admisión. También debe tenerse en cuenta que el centro de la mujer es el hogar y no la universidad ni 49 ahjjmp,

Rectoría, Sección: Rectores. Subsección: P. Félix Restrepo, S. J., C2, D31, ff 59-60.

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el foro. Quien no atiende a esto atenta contra las relaciones más sagradas de la familia y contra el fundamento de la patria. Quizá esta sea la doctrina católica, al menos así nos la enseñaron. Es muy distinto que una que otra mujer asista a la universidad, pero de aquí a establecer una facultad de esta índole solamente para señoritas es un contrasentido[…] es del todo conveniente poner en conocimiento de su reverencia que la Universidad Nacional, según acuerdo de profesores y alumnos, no permitirá en forma alguna que en el presente año se suceda lo de los años anteriores, la farsa ya de todos conocida, consistente en que al que no puede seguir otra carrera va a las facultades privadas de derecho.50

Como se aprecia por el tono de la carta, para las personas vinculadas a la Universidad Nacional no tendría por qué ser fácil aceptar que la Javeriana abriera una nueva Facultad de Medicina. En una época tan marcada por sectarismos políticos, situaciones como estas resultaron propicias para que algunos sectores de la prensa se expresaran en contra de estas iniciativas, tal como sucedió con el diario El Liberal de Bogotá, al publicar caricaturas y artículos dedicados a criticar todo lo que tuviera que ver con la nueva escuela médica, el padre Félix Restrepo, S. J., los profesores de la Facultad de Medicina, e inclusive el futuro Hospital de San Ignacio. El 16 de julio de 1942, en una sección de ese periódico llamada “Página Universitaria”, salió una caricatura que obligó a que el día 17 de julio, el diario El Siglo sacara una nota en la sección “Cosas del Régimen”, denominado “Dibujo infamante”51. El 5 de septiembre de 1942, el Dr. José del Carmen Acosta, decano de la nueva Facultad de Medicina de la Javeriana, y quien todavía era miembro del consejo de la Facultad de Medicina y además Profesor de Clínica Obstétrica en la Universidad Nacional, se vio obligado a renunciar a estos cargos, debido a las presiones ejercidas por un grupo de personas que hacían parte del Consejo Estudiantil de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional. De acuerdo con la carta enviada por el mismo Dr. Acosta dos días más tarde 50 ahjjmp, Rectoría, Sección: Rectores. Subsección: P. Félix Restrepo, S. J., C2, D6, ff 11. 51 Se refería que en El Liberal del día anterior había aparecido “una especie de caricatura contra la

Facultad de Medicina de la Universidad Javeriana”, con un fraile gordo con sotana “cortísima y cara de idiota”. En esa oportunidad, a su vez, El Siglo denunciaba “la falacia y el oportunismo” que inspiraba las campañas de aquél diario, al tiempo que concluía su artículo defendiendo la nueva escuela médica de la capital, y puntualizando que “Solamente se atreven a hacer mofa de ella los que buscan la destrucción y el aniquilamiento de la catolicidad”. “Dibujo infamante”, El Siglo (1942, 17 de julio).

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al decano de esa escuela médica, se deduce que algunos comentarios de El Liberal también pudieron influir en sus decisiones: […] Como en el periódico “El Liberal” de hoy aparece una información, sobre los asuntos relativos a mi presencia en el Consejo de la facultad, la que termina con una afirmación mentirosa al decir que me he resistido a presentar la renuncia que se me ha pedido; exijo que el Consejo, en guarda de la verdad y de la hidalguía que supongo no hayan desaparecido de la facultad, se sirva hacer la rectificación que esto requiere, en forma clara y absolutamente perentoria, como creo que debe aparecer en el acta correspondiente. No está por demás advertir que lo que dio origen a tan miserable afirmación, como la que hace el periódico mencionado, se debe a que la proposición N.° 15, de fecha 5 del presente, aprobada por el Consejo, no expresó la totalidad de las ideas que expuse en la última sesión a que concurrí; pues a la vez que pedí una explicación clara sobre las razones por las cuales fuera inconveniente mi presencia en la facultad, para desvanecer o desmentir los cargos que se me hicieran, exigí que en la comunicación que, sobre este asunto se pasara al Consejo Estudiantil, se advirtiera claramente que, cualquiera que fuera la explicación dada, yo no continuaría desempeñando cargo ninguno en esa facultad; y que si no envié mi nota de renuncia el mismo día en que se presentó la comunicación del Consejo Estudiantil, se debió a la insistente solicitud que me hicieron los miembros del Consejo de la Facultad para que no la enviara, hasta que no hubiera recibido una copia de la nota que pasaría al Consejo Estudiantil.52

El 8 de septiembre de 1942, el vicerrector de la Universidad Javeriana, padre Juan María Restrepo Jaramillo, S. J., quien por algunos días estaba reemplazando al padre Félix Restrepo, S. J., en la rectoría, se dirigió al Dr. Julio Carrizosa Valenzuela, rector de la Universidad Nacional, para rectificar un cargo que ese importante funcionario había hecho en contra de la Javeriana, “basado seguramente en informaciones infundadas”, porque además consideraba que “faltaría a un deber sagrado si callara ante tan gravísima acusación,

52 ahjjmp,

Rectoría, Sección: Rectores. Subsección: P. Félix Restrepo, S. J., C2, D91, ff 211-212.

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respaldada por todo el prestigio de su cargo”. De acuerdo con un reportaje concedido por el rector de la Universidad Nacional al diario El Liberal, publicado el 7 de septiembre y reproducido en El Espectador del mismo día, se decía: En el caso de la Javeriana, la Universidad Nacional tiene, no obstante, un reparo que hacer a la propaganda que está haciendo aquélla institución, no directamente, sino por tercera persona, las más de las veces desde el púlpito, y con el propósito de desacreditar nuestra Facultad de Medicina, dando a entender que los médicos allí preparados carecen de educación moral para afrontar las graves responsabilidades de su profesión. Esta sí no sería competencia por lo alto.53

Para el padre Juan María Restrepo, S. J., esta afirmación contenía una acusación muy grave en contra de la Javeriana, al plantear que ella era “autora de una propaganda hipócrita y baja contra la formación de los alumnos de la Facultad Nacional de Medicina”. El sacerdote destacaba las cualidades humanas del rector de la Nacional, y dada su honradez, solo entendía que él hubiera podido hacer una afirmación de esa naturaleza debido a una información errónea, dado que “ningún miembro de la dirección de nuestra institución ha hecho o promovido por sí o por tercera persona, tan baja e hipócrita propaganda”; encontraba que si eso hubiera ocurrido, solo habría sido posible sin la aprobación de la Compañía de Jesús, y en contra de su voluntad. “Si nosotros queremos hacer alguna propaganda, no nos valemos de tercera persona, sino que la lanzamos personalmente a la luz del día, ya que nada tenemos que ocultar”. También lamentaba que se estuviera distorsionando el espíritu de colaboración que había nacido desde la Javeriana para ayudarle a la Nacional a resolver un problema educativo de carácter nacional; por esa razón, desautorizaba cualquier tipo de propaganda que se opusiera a tal propósito: Más todavía. La Universidad Javeriana, no solo no pretende desacreditar a la Nacional, sino que desea cooperar con ella en la educación de la juventud colombiana, ya que campo hay para las dos. Esta idea la ha proclamado nuestra universidad en diversas ocasiones, la última de las cuales fue en las conferencias por radio dadas por los profesores de la javeriana. En ellas, esos voceros oficiales nuestros afirmaron nuestra voluntad de coope53 ahjjmp,

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Rectoría, Sección: Rectores. Subsección: P. Félix Restrepo, S. J., C2, D91, ff 210.


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ración. La Universidad Javeriana, por consiguiente, desautoriza toda propaganda oculta opuesta a ese propósito decidido.54

El 15 de octubre de 1942, a su regreso de Estados Unidos, también el padre Félix Restrepo, S. J. se encargó personalmente del asunto, al escribirle en tono conciliador una nueva carta al rector de la Universidad Nacional. El rector hacía alusión al “pequeño conflicto” entre la benemérita Universidad Nacional y nuestra incipiente Universidad Pontificia Javeriana”, posiblemente debido a la espontánea inclinación que muchas personas tenían de “interpretar las cosas de la peor manera posible”, y aprovechaba para explicar que el origen de todo ese malentendido tal vez se había originado de “una mala inteligencia o una mala información”, con motivo de una homilía presentada por el distinguido orador sagrado Dr. Juan Jaramillo Arango “en quien nadie puede suponer la más pequeña falta de caballerosidad”, cuando había elogiado a la Universidad Javeriana desde el púlpito del templo de Chapinero, a raíz de la colecta que la Conferencia Episcopal había ordenado para que un día del año en todas las iglesias de Colombia se recogieran los dineros para ayudar al sostenimiento de la Universidad Pontificia. Para el padre Félix Restrepo, S. J., tal vez alguien había pensado “que si el orador decía que de la Facultad Javeriana de Medicina iban a salir médicos bien formados, portadores del noble espíritu de la moral cristiana, esto quería decir que de la Universidad Nacional hasta ahora no habían salido tales médicos”. […] ¿A quién se le puede ocurrir semejante despropósito cuando el cuerpo médico de Bogotá y de Colombia, formado casi en su totalidad en nuestra Universidad Nacional, es de lo más respetable del mundo? ¿Cuando los cien médicos que firmaron el acta de fundación de la facultad javeriana son todos hijos y alumnos de la Facultad Nacional de Medicina. Y cuando el sacerdote que hablaba es próximo pariente de Jaime Jaramillo Arango rector por tantos años de la misma? Como los ánimos juveniles, tan nobles y generosos por otra parte, son propensos al alboroto y a la exageración, Ud. ve, mi estimado doctor, a qué excesos verbales se ha llegado por parte de algunos estudiantes.

54 ahjjmp,

Rectoría, Sección: Rectores. Subsección: P. Félix Restrepo, S. J., C2, D91, ff 210.

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Pero yo creo que ha llegado ya la hora de que le pongamos a este pequeño incidente punto final y calmemos los ánimos de los estudiantes para que ellos se acostumbren a tratarse con cordialidad y mucha estima. Le ruego pues que tenga la bondad de hacer conocer a los miembros del Consejo Directivo de la Universidad y del Consejo Directivo de la Facultad de Medicina la inquebrantable voluntad que anima a los directores de la Universidad Javeriana de cultivar las más respetuosas y amistosas relaciones con la Universidad Nacional, alma máter de la cultura colombiana. Nuestra república está creciendo muy rápidamente. Una sola universidad en la capital no alcanza a recoger toda la juventud estudiosa. Podemos con buena armonía ir juntos al mismo fin que es abrir horizontes a la juventud y preparar en las nuevas generaciones el engrandecimiento de la patria. Acabo de ver una vez más en los Estados Unidos cómo en todas las ciudades importantes funcionan dos, tres y más universidades, sin que entre ellas haya nunca hostilidad, sino el más vivo espíritu de colaboración, sin exclusivismo ninguno. Por mi parte no descansaré hasta conseguir que nuestra Universidad Pontificia Javeriana conserve siempre el respeto, el aprecio y la valiosa amistad de los profesores y directores de la Universidad Nacional[…]55

Como este tipo de actitudes comenzaron a generalizarse, ocasionando graves perjuicios a las personas vinculadas a la nueva escuela médica y al hospital, el 15 de julio de 1943, al cabo de un año de burlas y críticas permanentes en esa columna, el padre Félix Restrepo, S. J. se vio el en la necesidad de escribirle una carta en términos enérgicos a Alberto Galindo, director de El Liberal, para denunciar la irresponsabilidad de los jóvenes que allí intervenían: No les hemos hecho caso hasta ahora, pero ya han tomado las cosas un giro intolerable, con agresiones personales y viles calumnias. Uno de esos jóvenes le dijo al doctor Santacoloma que para el próximo lunes publicaría, con motivo del retiro de un profesor 55 ahjjmp, Rectoría, Sección: Rectores. Subsección: P. Félix Restrepo, S. J., C2, D99, ff 224-225.

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suplente de nuestra Facultad de Medicina, unas cartas para hacer ver que dicho retiro dizque obedece a que el rector levantaba las notas bajas que él ponía en los exámenes, esto para mostrar que aquí no hay seriedad en los estudios. Por demás está decirle, señor director, que todo ello es enteramente falso. Si estas agresiones se publicaran en un órgano estudiantil, no les haría yo ningún caso. Harto sabe la gente que de estudiantes no pesan en la balanza; pero respaldadas esas calumnias por un periódico serio como “El Liberal”, no puedo dejarlas pasar más en silencio. Ni se diga que esa es una página en que el director de “El Liberal” no interviene, porque nadie puede prestar una pieza de su casa para que en ella, públicamente, se cometan inmoralidades, ni facilitar una hoja de su periódico para que en ella se insulte y denigre a personas honorables, fuera de que esta labor de odio tiende a enconar los ánimos de los estudiantes unos contra otros. Espero de su caballerosidad, estimado don Alberto, que pondrá remedio a esta situación y, agradeciéndoselo de antemano, quedo de Ud. muy atento seguro servidor y amigo, Félix Restrepo, S. J.56

Ese mismo día, el señor Galindo le escribió al rector de la Universidad Javeriana disculpándose: Muy estimado Padre Restrepo: Tiene Ud. completa razón en su reclamo de hoy, y me estoy ocupando de impedir que la cosa se repita. Es bien difícil, por extremadas que sean las precauciones habituales en la dirección de un diario, evitar que cosas como estas acontezcan. Procuraré que en adelante, si algún reclamo hay contra los profesores en la página universitaria, esté concebido en otros términos. Ahora, como siempre, me es muy grato cooperar con Ud. para contribuir al progreso del esfuerzo admirable que la Universidad

56 ahjjmp,

Rectoría, Sección: Rectores. Subsección: P. Félix Restrepo, S. J., C3, D72, ff 132.

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Javeriana viene cumpliendo en favor de la cultura nacional. De Ud. Respetuosamente, Alberto Galindo.57

Como se aprecia por este cruce de cartas, el mismo director de El Liberal reconocía los excesos de los estudiantes que escribían en su diario, al tiempo que sabía lo difícil que sería evitarlas.

Las primeras prácticas Aunque cada día se superaran muchas dificultades, todavía se necesitaba de grandes esfuerzos porque la mayor y permanente preocupación de las directivas universitarias seguía centrada en la construcción del Hospital de San Ignacio para las prácticas de los estudiantes58. Como se recordará, el numeral 4º del Acta de Fundación ya comprometía a los médicos fundadores a llevar a cabo un convenio favorable con la Sociedad de Cirugía de Bogotá, para que desde su condición de propietaria del Hospital de San José, se les permitiera hacer las prácticas a los estudiantes de Medicina de la Javeriana, mientras la universidad les ayudaba a pagar las clínicas gratuitas59; por más que existiera la posibilidad de que los alumnos hicieran sus prácticas en el San José, esa institución le exigía a la universidad el pago de $400 cop por esos derechos60. A medida que los estudiantes de las primeras promociones avanzaron en sus programas académicos, fue necesario establecer convenios con otras instituciones, al menos mientras se conseguía una sede hospitalaria propia. Desde 1943, tanto la Patología como las asignaturas clínicas dependieron de convenios entre la Javeriana y algunos hospitales, asilos y sanatorios de Bogotá, donde gradualmente los alumnos pudieron tener acceso a los pacientes, y aprender de los casos cotidianos que se iban presentando en cada una de esas instituciones. Con la colaboración de Jorge Cavelier Jiménez, los alumnos de la primera promoción tuvieron acceso al Hospital de La Samaritana, donde recibieron las clases magistrales de Alfonso Uribe Uribe, y las de cirugía con Hernando Anzola Cubides y Pablo Gómez Martínez. También pasaron por 57 ahjjmp, Rectoría, Sección: Rectores. Subsección: P. Félix Restrepo, S. J., C3, 58 Facultad de Medicina. Boletín 1966-1967-1968. xxv Aniversario 1942-1967, 2. 59

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D72, ff 133.

En el mismo numeral 4° del Acta de Fundación de la escuela médica javeriana se decía que la Facultad de Medicina no podría nombrar a un profesor de la clínica sin contar antes con el beneplácito de la junta directiva de esa sociedad, y en caso de rescindir ese contrato, debería dársele a la contraparte un plazo mínimo de dos años de anticipación. ahjjmp, Rectoría, Sección: Rectores. Subsección: P. Félix Restrepo, S. J., C2, D 27, ff 51. Jorge Segura Vargas. Entrevista personal de Marietta Mejía. 24 de junio, 2009.


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el Instituto Federico Lleras Acosta para recibir enseñanzas de José Ignacio Chala; rotaron por el viejo Hospital Militar de San Cristóbal, donde conocieron asuntos sobre trauma y ortopedia con Enrique Botero Marulanda61. Como muchas veces no tenían dónde recibir sus clases, iban al Asilo de Indigentes, al Asilo de Ancianos en la Carrera 14 con Calle 1ª, o al Asilo de Locas ubicado en la Calle 5a, cuyo director era Edmundo Rico; allí también recibían sus clases del Sistema Nervioso con Miguel Jiménez López62. Pero esas negociaciones no siempre fueron fáciles. A principios de septiembre de 1944, el Dr. José del Carmen Acosta, Decano de la Facultad de Medicina de la Javeriana se había puesto en comunicación con la Sociedad de Cirugía de Bogotá, para concretar un acuerdo de colaboración y prestación de servicios entre la escuela médica que él representaba y esa entidad. Casualmente, desde el 13 de marzo de ese año, la Escuela Médica de la Universidad Nacional venía haciendo trámites para vincularse también al Hospital San José63. El 16 de septiembre, Darío Cadena, decano de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional, hizo una solicitud formal con iguales propósitos para conseguir un nuevo espacio de prácticas para esa escuela. En respuesta, el decano Cadena fue invitado a la sesión ordinaria del 22 de septiembre, y allí expuso ante la junta directiva las necesidades de la escuela médica de la Nacional, y además solicitó una colaboración para que sus estudiantes de medicina fueran recibidos en los servicios de hospitalización gratuita del Hospital de San José, “que por ser muy numerosos, no pueden tener cabida en el Hospital de San Juan de Dios”. A los pocos días, la comisión encargada se reunió con los decanos de las dos escuelas médicas, y se precisaron algunos puntos, aunque en esa reunión la junta directiva de la sociedad solo decidió posponer sus decisiones. Cuando el Arzobispo de Bogotá intercedió para que la Javeriana fuera tenida en cuenta por medio de una carta dirigida a Roberto Franco, presidente de la Sociedad de Cirugía de Bogotá, el Dr. Franco le respondió que le sería “muy satisfactorio presentar a la consideración de la Asamblea General de la Sociedad, en su próxima reunión la solicitud que nos dirige Su Señoría Ilustrísima en la carta que hoy contesto y estoy seguro que será atendida con el respeto y consideración que nos merece el Ilustre Prelado Jefe de la Iglesia católica colombiana[...]”64. 61 62 63 64

Jorge Segura Vargas, Historia de la Facultad de Medicina. Sus inicios y desarrollo en la Pontificia Universidad Javeriana, 24. Jorge Segura Vargas. Entrevista personal de Marietta Mejía. 24 de junio, 2009. Laurentino Muñoz, Historia del Hospital de San José 1902-1956, 375. ahjjmp, Rectoría, Sección: Rectores. Subsección: P. Félix Restrepo, S. J., C5, D73, ff 139.

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El 6 de noviembre de 1944, en la Asamblea General de la Sociedad de Cirugía de Bogotá, rindieron sus informes tres miembros seleccionados previamente por el presidente. Establecida la probidad, la junta analizó y decidió si le daban las prácticas de Cirugía del Hospital a la Universidad Nacional o a la Javeriana65. Los miembros reconocían que al fundarse la Facultad de Medicina de la Javeriana se habían despertado el antagonismo y el interés entre ambas instituciones, pero en principio todos hubieran querido “unir el cuerpo médico colombiano”66. El 13 de noviembre de 1944, el Dr. Laurentino Muñoz, por entonces secretario de la Sociedad de Cirugía de Bogotá, en una carta dirigida al decano de Medicina de la Javeriana, le informaba sobre las conclusiones tomadas por la Asamblea General de la Sociedad de Cirugía, que reiteraba el anhelo de mutua colaboración con la Universidad Nacional, a la vez que prometía “ofrecer también su cooperación a la Pontificia Universidad Católica Javeriana y a todas las facultades médicas de la república”67. Aunque la Sociedad de Cirugía de Bogotá y el Hospital de San José parecían estar dispuestos a recibir a los estudiantes de la Javeriana para que tomaran su docencia en Cirugía, el cupo y la disponibilidad dependerían de la presencia de los alumnos de la Facultad de Medicina de la Nacional que habían hecho su solicitud “primero”, y la Javeriana “después”. Desde principios de 194468, cuando las divisiones políticas en Colombia parecían fortalecerse en torno a los dos partidos tradicionales69, algunos 65 66 67 68

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Esta junta estuvo integrada por el mismo presidente, Roberto Franco; el vicepresidente, Joaquín Grillo, y el director del Hospital de San José, Nicolás Torres Barreto. ahjjmp, Rectoría, Sección: Rectores. Subsección: P. Félix Restrepo, S. J., C5, D83, ff 186-203. ahjjmp, Rectoría, Sección: Rectores. Subsección: P. Félix Restrepo, S. J., C5, D88, ff 211. En la postguerra, el dirigente conservador Laureano Gómez, su ala derecha y la Iglesia se vieron afectados por los sucesos ocurridos en Europa, porque habían sido admiradores de la Falange Española y el Partido Nazi alemán. Por generalización, algunos conservadores siguieron identificados con Laureano, a quien veían como virtual golpista de López, y la prensa destacó varios intentos de complot militar durante la administración de Santos. También se vio involucrado un exboxeador llamado Francisco A. Pérez, conocido como “Mamatoco”, el cual fue acusado de un complot en la Guardia Presidencial, cuyo homicidio en julio de 1943, sería un escándalo para el gobierno de López. “El hijo de Laureano Gómez ofrece dar muerte al candidato liberal”, El Liberal (2 de enero, 1942), 1.; Thomas J. Williford, “Los actos anticlericales impulsivos del 9 de abril: retórica y realidad”, en César Augusto Ayala, Óscar Javier Casallas y Henry Alberto Cruz (Eds.), Mataron a Gaitán: 60 Años (Bogotá, Universidad Nacional de Colombia, Sede Bogotá, Dirección Académica Facultad de Ciencias Humanas, Departamento de Historia, 2009), 174-175; 185-187. En julio de 1944, unos oficiales del Ejército se involucraron en la retención del presidente López en Pasto, pero los conservadores no se pronunciaron. Al demostrarse el fracaso del intento golpista, Laureano Gómez buscó exilio en el Ecuador, y su periódico fue cerrado


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políticos liberales arreciaron sus armas retóricas anticlericales, mientras sacerdotes muy reaccionarios se defendían y enviaban ataques en contra de los liberales desde sus púlpitos. La prensa liberal entró a defender a sus copartidarios al culpar a los sacerdotes de inspirar y dirigir la violencia contra el gobierno liberal70. Desde el gobierno de López en 193471 se habían fomentado los debates sobre “la cuestión religiosa”, con la cual se buscaba reformar o derogar el Concordato de 1887, y muchos se habían inspirado en la expropiación de bienes hecha a los jesuitas por parte del gobierno republicano español que había llegado al poder en 1931, para promover otra expulsión de la Compañía de Jesús del país. Tanto el modelo de la república española como la reacción de los franquistas ante la Guerra Civil en ese país terminarían por convertirse en modelos para los partidos tradicionales colombianos que argumentaban y estimulaban la unión entre religiosos y conservadores, en contra de los francmasones y liberales, hasta conseguir una marcada polarización retórica que encontraría eco y solidaridad en la prensa, capaz de desencadenar fuertes tensiones políticas y sociales durante esa década de los años cuarenta72. También en el contexto de la Guerra Fría, las convicciones doctrinales de la Iglesia católica serían utilizadas para exaltar las marcadas diferencias entre algunos miembros de la Iglesia católica y los liberales desde el siglo xix. El liberalismo, más que ser hostil a las creencias y a la religión, había tenido diferencias con las instituciones eclesiásticas en torno a algunos privilegios que habían ostentado los religiosos desde épocas coloniales, entre los que además se encontraban asuntos tributarios; y mientras los liberales se

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durante varias semanas. “Vida nacional: tentativa sediciosa”, Revista Javeriana (1944, agosto), 66; 68.; “Regresa el presidente”, Revista Javeriana (1940, agosto), 70.; “Posición del conservatismo”, Revista Javeriana, (1944, agosto), 70; 72.; Thomas J. Williford, “Los actos anticlericales impulsivos del 9 de abril: retórica y realidad”, 188-192. Francisco Mora Díaz, El Cruzado: artículos apologéticos y polémicos (Bogotá, Tipografía Tony, 1934), 64-68; 76-79; 121-126; 188-191., referido por Thomas J. Williford, “Los actos anticlericales impulsivos del 9 de abril: retórica y realidad”, 174-175. Los colegios de los jesuitas fueron el centro de ataques desde 1935, cuando algunas administraciones municipales y departamentales liberales no volvieron a renovar los contratos con las comunidades religiosas que habían sido encargadas de educar en edificios estatales, con el pretexto de convertirlos en colegios del Estado, tal como sucedió con los colegios de Ocaña, Bucaramanga, Medellín y el Colegio de San Bartolomé, en el centro de Bogotá. Con la expropiación de este último, los jesuitas tuvieron que construir la nueva sede en La Merced. Referido por Thomas J. Williford, “Los actos anticlericales impulsivos del 9 de abril: retórica y realidad”, 181. Thomas J. Williford, “Los actos anticlericales impulsivos del 9 de abril: retórica y realidad”, 175-176; 178-185.

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habían propuesto mantener al clero alejado de la política, los conservadores habían fomentado su amistad para conseguir algunas veces su propio beneficio73. Durante el año lectivo de 1945, la Facultad de Medicina de la Javeriana había enviado estudiantes al Hospital San José para hacer algunos cursos en clínicas que cubrieran el pénsum. A principios de marzo de 1945, en forma intempestiva presentaron su renuncia a la facultad tres alumnos que eran hijos de tres médicos fundadores, para trasladarse a la Nacional. También los estudiantes de la Universidad Nacional habían ayudado a enrarecer los ánimos, al escribir comentarios hirientes en las páginas del diario El Liberal, que desencadenaron “una guerra de nervios” en contra de la Javeriana, cuando al referirse a la nueva Facultad de Medicina hablaban de un proyecto que “estaba fracasado”. En una carta fechada el 5 de marzo de 1945 y dirigida al padre Ángel María Ocampo, S. J., el padre Félix Restrepo le confesaba: […] Le tengo hoy una muy mala noticia, no tanto por lo que ella es en sí, sino por el factor sentimental. Acaban de retirarse de nuestra Facultad de Medicina los hijos de los médicos fundadores Germán Huertas, Jaime Leyva y Carlos García. Creo que la razón es que hubo algunas dificultades para ultimar el contrato con el Hospital de San José, y como los señores de la Nacional desataron una guerra de nervios terrible contra nosotros haciendo creer a todo el mundo que eso estaba fracasado, los hijos de los médicos se apresuraron a ponerse en salvo, y en la Nacional les dieron toda clase de facilidades para recibirlos, hasta el punto de no exigirles siquiera certificado. S. E. apreciará lo que ese golpe inesperado significa para nosotros. Sin embargo, está bien cimentado el prestigio de la universidad y no creo que vaya a sufrir nada por eso. Si puede S. E. conseguirse allá “El Liberal” de hoy, verá en él los comentarios que se hacen sobre este particular. Le ruego a S. E. nos encomiende al Señor para que se acaben de resolver todos estos problemas tan graves. Se S.E. afectísimo hijo en Cto. q.b.s.a.p. Félix Restrepo, S. J.74

Aunque diversas razones personales parecían explicar su retiro75, 73

74 75

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Andrés Mauricio Escobar, “Bogotazo, ateísmo y anticomunismo. Civilización cristiana y barbarie comunista en la Interpretación del 9 de abril”, en César Augusto Ayala, Óscar Javier Casallas y Henry Alberto Cruz (Eds.), Mataron a Gaitán: 60 Años, 155-169. ahjjmp, Rectoría, Sección: Rectores. Subsección: P. Félix Restrepo, S. J., C6, D45, ff 96. Un estudiante que había tenido problemas con algunas personas, logró que los amigos de su padre lo recibieran en la U. Nacional. ahjjmp, Rectoría, Sección: Rectores. Subsección:


Fundación de la Facultad de Medicina de la Universidad Javeriana

también debe señalarse que desde el año inmediatamente anterior, algunos médicos de la ciudad que seguían muy vinculados a la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional venían haciendo severas críticas sobre la “falta de orientación moderna y eficaz” en la nueva facultad, sin que sus múltiples “consejos de palabra o escritos” fueran “tenidos en cuenta y mucho menos se trató de analizarlos siquiera”76. Por esos meses se hicieron fuertes críticas en periódicos liberales de la ciudad contra el padre Félix Restrepo S. J., la Facultad de Medicina de la Universidad Javeriana y el idealizado proyecto del Hospital de San Ignacio, que seguía sin arrancar, y ya de antemano, era visto como un fracaso. Pero como cualquier pretexto era explotado por los periodistas para incrementar los odios y las predisposiciones, hasta los problemas de orden público servían para atacar la Universidad Javeriana y a los jesuitas, como ocurrió en marzo de 1945, cuando se encontraron unos explosivos que terminaron por involucrar a un estudiante de esa institución educativa77. Pero ante este tipo de presunciones tan graves dadas por hechos, el rector se vio en la obligación de pedirle a Juan Lozano y Lozano una aclaración: Bogotá, marzo 15 de 1945 Señor doctor: D. Juan Lozano y Lozano Director de “La Razón” La Ciudad. Muy estimado señor Director: Echar la culpa de todo lo malo que en el mundo ocurre a la Compañía de Jesús es maña de cierta casta de anticlericales que por fortuna va desapareciendo de la tierra. Pero quedan rezagos, y entre ellos algunos cronistas de prensa que, cada vez que se descubre una conspiración, hacen lo posible por complicar en ella a los jesuitas y sus instituciones. Hoy es un cronista de su P. Félix Restrepo, S. J., C6, D47, ff 101.

76 ahjjmp, Rectoría, Sección: Rectores. Subsección: P. Félix Restrepo, S. J., C6, D47, ff 101. 77 “Bombas en el coro de la Catedral”, El Liberal (1945, 11 de marzo): 1; 12.; “Ciento sesenta

bombas tenía un alumno de la Javeriana”, El Liberal (1945, 12 de marzo): 1.; “Vida nacional: la conspiración”, Revista Javeriana (1945, abril): 114; 116; 118.; El Siglo (1945, 11 de marzo): 1., referido por Thomas J. Williford, “Los actos anticlericales impulsivos del 9 de abril: retórica y realidad”, 192-193.

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Entre la mutua dependencia y la mutua independencia

estimable diario el que dice lo siguiente con referencia a los explosivos hallados en la habitación de un estudiante: “La responsabilidad como depositario de las bombas, Figueroa la comparte con Rafael María Velásquez, otro estudiante javeriano que se encuentra detenido”. Y en el título destacado en la primera página se anuncia: “Dos estudiantes javerianos comparten la responsabilidad en lo del depósito de explosivos”. Apoyándome en la ley de prensa quiero que Ud., Sr. Director, rectifique esa noticia y haga constar en primera página que el Sr. Rafael Mª Velásquez no es ni ha sido nunca estudiante javeriano. Por lo que hace al estudiante Figueroa, que sí es javeriano, ya he hecho conocer a las autoridades y del público que si en realidad resulta culpable en este criminal intento terrorista, la universidad le aplicará las sanciones correspondientes. Del Sr. Director atento seguro servidor, el rector

Félix Restrepo, S. J.78

Pero la universidad seguía recibiendo amenazas y advertencias, como ocurrió con una carta fechada el 1 de mayo de 1945, donde Álvaro Rozo Sanmiguel, el Subsecretario del consejo de aquélla universidad, en representación del consejo estudiantil de ese plantel, le recomendaba al rector de la Javeriana, que tratara de “evitar incidentes entre grupos estudiantiles de ambas facultades”, a la vez que aseguraba que “Es acto de rebeldía y vanidad tratar de iniciar labores universitarias en el Hospital de San José”, para argumentar que debían respetarse sus enfermos: Por un sentimiento de caridad cristiana y por el respeto que todo enfermo merece, solicito muy respetuosamente en nombre de este Consejo que los estudiantes de su instituto se abstengan

78 ahjjmp,

158

Rectoría, Sección: Rectores. Subsección: P. Félix Restrepo, S. J., C6, D57, ff 125.


Fundación de la Facultad de Medicina de la Universidad Javeriana

de concurrir a los servicios del Hospital de San José, mientras las autoridades conceptúan sobre el particular, ya que nuestros estudiantes no concurrirán, porque en nuestra facultad hemos aprendido a respetar la angustia del enfermo y la organización civil de la república.79

A los pocos días, se presentó un grupo de manifestantes de la Universidad Nacional ante el Ministerio de Educación Nacional a gritar: “Queremos enseñanza seria y responsable. Queremos que se cierre el hospital de S. José a la Universidad Javeriana. Abajo los teguas de la Javeriana”. Como respuesta a esas solicitudes, el ministro de Educación Antonio Rocha les contestó: “Pueden estar seguros de que el actual gobierno sabrá velar por la seriedad y responsabilidad en la enseñanza así como porque se respete el principio de la libertad de enseñanza. Todo instituto serio y responsable será sagrado para el gobierno”80. Al padre Félix Restrepo le llegaron también cartas de estudiantes de la Facultad de Medicina, que expresaban su inconformismo ante “el proceder y peticiones de muchos estudiantes de la Universidad Nacional” que habían hecho este tipo de manifestaciones sucesivas en contra de las prácticas de los estudiantes javerianos en el Hospital de San José durante varios días. Un estudiante que prefirió mantener su nombre en reserva le explicó al rector de la Javeriana que “muchos otros universitarios de la Nacional también lo reconocen, el derecho que le asiste a la Universidad Javeriana para emplear el Hospital de San José como campo de estudio ya que sus directores lo permiten (y aunque no lo quiera aceptar el Gobierno nacional)”. Este estudiante terminaba su carta diciéndole que “quería que supiera que dentro de la Universidad Nacional hay muchos estudiantes que no compartimos las tendencias social-democráticas y sinrazón de nuestro rector, Gerardo Molina”81. Frente a los ánimos tan agitados, el padre Félix Restrepo, S. J., planteó su posición y la de la Javeriana a través de La Voz de Colombia, obteniendo como respuesta varias cartas firmadas por los estudiantes de medicina, en las cuales le daban su irrestricto y fervoroso apoyo, a la vez que aseguraban estar “resueltos a defender el prestigio y el buen nombre de nuestra universidad en cualquier plano de lucha que esta se sitúe”82. Pero mientras en la 79 ahjjmp, 80 ahjjmp, 81 82

Rectoría, Sección: Rectores. Subsección: P. Félix Restrepo, S. J., C6, D82, ff 174. Rectoría, Sección: Rectores. Subsección: P. Félix Restrepo, S. J., C6, D89, ff 184. ahjjmp, Rectoría, Sección: Rectores. Subsección: P. Félix Restrepo, S. J., C6, D92, ff 188. ahjjmp, Rectoría, Sección: Rectores. Subsección: P. Félix Restrepo, S. J., C6, D94, ff 190-192.

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Entre la mutua dependencia y la mutua independencia

Nacional hacían una convocatoria para realizar protestas los primeros días de junio de 1945, las directivas de la Javeriana se mantenían firmes en sus decisiones, y por el contrario emitían comunicados que invitaban a que todos los alumnos asistieran cumplidamente a sus clases: importante

La Secretaria General de la Universidad Avisa a todos los estudiantes que mañana habrá clases durante todo el día. Junio 7 de 1945.83

A su vez, el día señalado para la manifestación estudiantil, la Universidad Javeriana emitió la Resolución del rectorado, identificada con el N.° SG – 46 / 45, en la cual, sometiéndose a los llamados del alcalde de la ciudad y a las recomendaciones del director de la Policía Nacional, el consejo ejecutivo de la universidad “Resuelve: exhortar a los estudiantes a permanecer tranquilos y asistir a sus clases en el día de hoy 8 de junio”84. Con la actitud del rector de la Javeriana, la Alcaldía de Bogotá emitió un decreto que prohibía la realización de manifestaciones públicas85, al tiempo que se solidarizaba con las decisiones tomadas por el padre Félix Restrepo, S. J. Las directivas de la Javeriana seguían estimulando en sus estudiantes la asistencia a clases, y además les pedían “guardar la más completa tranquilidad en todas sus actuaciones fuera de la Universidad”86. En vista del carácter que había adoptado el conflicto entre las dos Facultades de Medicina de la ciudad, el rector de la Javeriana decidió emitir la Resolución N.° 9: resolución n.°

9. (Junio 12 de 1945)

el rector de la pontificia universidad católica javeriana considerando :

1º.- Que el problema que ha dado origen a las últimas manifestaciones es exclusivamente de la Universidad Nacional. 2º.- Que ninguna Universidad debe mezclarse en los asuntos internos de otras. 83 ahjjmp, 84 ahjjmp, 85

86

160

Rectoría, Sección: Rectores. Subsección: P. Félix Restrepo, S. J., C6, D99, ff 201. Rectoría, Sección: Rectores. Subsección: P. Félix Restrepo, S. J., C6, D110, ff 220. ahjjmp, Rectoría, Sección: Rectores. Subsección: P. Félix Restrepo, S. J., C6, D103, ff 207. ahjjmp, Rectoría, Sección: Rectores. Subsección: P. Félix Restrepo, S. J., C6, D104, ff 208.


Fundación de la Facultad de Medicina de la Universidad Javeriana

3º.- Que se nota en cierta prensa la propensión a echar la culpa a la Universidad Javeriana de todos los desórdenes que en la ciudad ocurran, de acuerdo con el Consejo Ejecutivo de la Universidad, resuelve :

1º.- Las clases continuarán en la Universidad Javeriana sin interrupción ninguna. 2º.- Se encarece a los alumnos la prudencia que deben observar en todas sus actuaciones fuera de la universidad. 3º.- Se prohíbe terminantemente a los alumnos formar parte de ningún comité directivo de organizaciones estudiantiles. Dado en Bogotá a los doce días del mes de junio de mil novecientos cuarenta y cinco (1945). el rector

Félix Restrepo, S. J. 87

Frente a esta comunicación de la rectoría, ese mismo día un grupo de treinta y dos estudiantes de la Javeriana le hicieron llegar al padre Félix Restrepo, S. J., una carta en la que declaraban su adhesión irrestricta a la actitud asumida por el rector frente a los sucesos estudiantiles de los últimos días, y le reconocían respeto a las autoridades legítimamente constituidas88. Después de muchos episodios conflictivos en torno a la Sociedad de Cirugía de Bogotá y la Javeriana, los estudiantes tuvieron la posibilidad de hacer algunas prácticas irregulares en el Hospital de San José, no del todo satisfactorias. Pero el 2 de abril de 1946, Ricardo Vargas Iriarte, secretario de la junta directiva de esa sociedad, le escribía al rector de la Javeriana, para contarle que la propuesta hecha por su universidad había sido puesta en consideración de la Asamblea General de la Sociedad de Cirugía durante su última sesión, la cual había concluido que no convenía celebrar contratos relacionados con la labor docente; y en consecuencia, se había abstenido de 87 ahjjmp, Rectoría, Sección: Rectores. Subsección: 88 ahjjmp, Rectoría, Sección: Rectores. Subsección: P.

P. Félix Restrepo, S. J., C6, D105, ff 209. Félix Restrepo, S. J., C6, D113, ff 226-227.

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Entre la mutua dependencia y la mutua independencia

considerar su propuesta. A la vez informaba que esa Asamblea había decidido autorizar a la junta directiva para que iniciara los cursos en 1946 en las mejores condiciones posibles, procurando perfeccionar la labor docente hacia el futuro89.

La buena Samaritana Desde mediados de 1945, cuando todavía la Javeriana trataba de resolver un conflicto de contratación con la Sociedad de Cirugía de Bogotá, se había presentado una posibilidad para que los estudiantes de medicina fueran recibidos en el Hospital de La Samaritana. Como ya fue sugerido, a finales de 1945 y también a través del director de esa institución, se supo que existía la posibilidad de tomar en arriendo la vieja casa de los Alisos, que entre septiembre de 1947 y octubre de 1959 se convertiría en el pequeño Hospital de La Providencia (véanse figuras 6, 7, 8 y 9).

Figura 6. Fachada Hospital de la Providencia, Bogotá, 1947. Archivo Histó-

rico Javeriano Juan Manuel Pacheco, S. J.

89 ahjjmp,

162

Rectoría, Sección: Rectores. Subsección: P. Félix Restrepo, S. J., C8, D48, ff 87.


Fundaciรณn de la Facultad de Medicina de la Universidad Javeriana

figura 7. Patio interior del Hospital de la Providencia en 1947. Archivo Histรณrico Javeriano Juan Manuel Pacheco, S. J.

figura 8. Sala

de examen del Hospital de la Providencia en 1947. Archivo Histรณrico Javeriano Juan Manuel Pacheco, S. J.

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Entre la mutua dependencia y la mutua independencia

figura 9. Habitación múltiple del Hospital de la Providencia en 1947. Archi-

vo Histórico Javeriano Juan Manuel Pacheco, S. J.

Todavía el 6 de abril de 1946, el rector le escribía a Manuel José Luque, presidente de la Sociedad de Cirugía de Bogotá, para expresarle que sentía mucho que la Sociedad no hubiera aceptado la generosa oferta propuesta por la Javeriana para los próximos cinco años, y esperaba que no se volvieran a presentar dificultades relacionadas con la docencia en esa institución. El 10 de agosto de ese mismo año, el padre Félix Restrepo, S. J. le escribía al Dr. Enrique Torres Herrera, nombrado presidente de la Sociedad de Cirugía, para expresarle que a pesar de la buena voluntad de algunos de los miembros de esa organización, “no ha sido posible dar estabilidad ni organización completa a las enseñanzas de clínica para nuestros alumnos de medicina en el hospital de San José de esa benemérita Sociedad de Cirugía”. Puede deducirse que, si bien la Universidad Javeriana había logrado con muchos esfuerzos un convenio con la Sociedad de Cirugía de Bogotá para que los estudiantes de medicina pudieran realizar sus prácticas en el Hospital de San José, las condiciones eran inestables y la educación depen-

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Fundación de la Facultad de Medicina de la Universidad Javeriana

día más de cada uno de los docentes que del compromiso de la institución anfitriona90. En esas condiciones, la Universidad Javeriana se sentía cada vez más apurada para contar con su propia sede de San Ignacio, pero tendrían que pasar todavía muchos años para que se construyera el edificio, y otros más para que la institución hospitalaria pudiera ofrecer servicios a la comunidad, además de entrenamiento en clínicas a los estudiantes. A pesar de todas estas dificultades en torno a las prácticas en el Hospital de San José, desde 1945 el rector pudo realizar un convenio con el Dr. Jorge Cavelier, director del Hospital de La Samaritana, para que los alumnos de medicina pudieran tomar sus prácticas clínicas en esa institución. Debe señalarse que desde febrero de 1946, la Hermana Ana Gertrudis, la hermana menor del padre Félix Restrepo, S. J., había logrado que ese mismo Hospital aceptara a las alumnas del Curso de Enfermería de las Facultades Femeninas de la Javeriana91. Para septiembre de 1946, el rector ya contaba con que el Hospital de La Samaritana organizaría la enseñanza práctica de los estudiantes de quinto año de la carrera de medicina, que incluía la Clínica Médica de Enfermedades Tropicales, la Clínica Ginecológica y la Clínica de Órganos de los Sentidos; y para el año de 1947, cuando los estudiantes de la primera promoción estuvieran en sexto año, las clínicas Quirúrgica y Urológica92. Si bien los estudiantes ya habían encontrado la docencia en ese centro hospitalario, el contrato para asegurarla en forma definitiva requirió de mucho más tiempo porque, al tratarse de una entidad estatal, necesitaba de un régimen administrativo en el ramo departamental, al estar adscrito por la Constitución y el Código Político y Municipal, de acuerdo con la Ley 4ª de 1913 (entidades que por sus atribuciones tenían la administración de los bienes del Departamento de Cundinamarca, según el numeral 9° del Artículo 97 del Código citado).

90 ahjjmp, 91 ahjjmp, 92

Rectoría, Sección: Rectores. Subsección: P. Félix Restrepo, S. J., C 8, D119, ff 222. Rectoría, Sección: Rectores. Subsección: P. Félix Restrepo, S. J., C 8, D31, ff 46-47. ahjjmp, Rectoría, Sección: Rectores. Subsección: P. Félix Restrepo, S. J., C 8, D148, ff 283.

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capítulo quinto

Fundación del Hospital de San Ignacio

D

ebido al carácter Pontificio de la Universidad, el 1° de abril de 1942 el Arzobispo de Bogotá, Monseñor Ismael Perdomo, emitió el Decreto N.° 22 de Jerarquía Eclesiástica, con el que le confirió al “Hospital de San Ignacio de Bogotá” los estatutos por medio de los cuales se establecieron los derechos y deberes de esta nueva institución hospitalaria. Además, el arzobispo puntualizó que el hospital sería un complemento indispensable de la nueva Facultad, para que en él se permitieran el estudio, la investigación y las prácticas de profesores y alumnos1. Con esas características precisas, y por su misma naturaleza, desde su fundación el hospital y la facultad fueron considerados dos partes complementarias de un todo investigativo, académico y asistencial, llamadas a conformar una sola unidad epistémica anclada en el corazón de la Pontificia Universidad Católica Javeriana, regida por la Compañía de Jesús.

Los primeros estatutos del Hospital San Ignacio En su sesión del 7 de mayo de 1942, y a partir del Decreto de Fundación Arzobispal del 1 de abril de 1942, el Consejo Directivo de la Facultad de Medicina de la Javeriana definió en forma efectiva y con sentido práctico los Estatutos del Hospital San Ignacio de Bogotá, sustentándose en cuatro elementos fundamentales del mismo: el Fin, el Patrimonio, el Gobierno y la Administración, con los cuales también se establecieron los primeros cargos y funciones. Se aclaraba que el hospital consistía en una asociación de carácter religioso, cuyo Fin era “practicar la caridad cristiana, dando a los pobres 1

“Hospital de San Ignacio”, en Programa de Desarrollo 350 Aniversario (Bogotá, 1973), 3.

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Entre la mutua dependencia y la mutua independencia

que de toda la república acuden a la capital asistencia médica gratuita, y servir de campo de estudio, práctica e investigación a los profesores y estudiantes de la Pontificia Universidad Católica Javeriana 2”. Eventualmente, se consideraba que pudiera tener pabellones para pacientes pensionados, con cuyos ingresos se contribuiría al sostenimiento de las salas gratuitas destinadas a los enfermos pobres, y además se establecía que se destinarían apartamentos especiales, donde serían atendidos sacerdotes, religiosos y religiosas. Definía que el Patrimonio del hospital quedaría conformado por bienes muebles e inmuebles, además de “legados, auxilios, subvenciones, etc.”, con los que tanto fieles como entidades pudieran contribuir a su construcción, dotación y sostenimiento. En cuanto a su Gobierno, se establecía que debido a la condición Pontificia de la Universidad, el Arzobispo Primado de Colombia sería su patrono, quien debería velar para que se cumplieran en todo momento los fines para los cuales había sido fundada esta institución hospitalaria. Así mismo, se determinaba que el representante judicial y extrajudicial del hospital sería el rector de la Pontificia Universidad Católica Javeriana, en tanto que el decano de la Facultad de Medicina se encargaría de su dirección. Los reglamentos internos de todas las dependencias hospitalarias serían dictados por el Consejo Directivo de la Facultad de Medicina de la Universidad Javeriana. Al encomendar el Régimen Interno del hospital a las Hermanas de la Presentación de Tours, se le estaba otorgando la máxima jerarquía en ese asunto a la superiora de las hermanas, quien buscaría que las hermanas jefes de servicio fueran enfermeras tituladas, para que se encargaran de vigilar y ordenar el buen desempeño de enfermeras auxiliares, enfermeros y demás empleados subalternos de enfermería y de todas aquellas personas que trabajaran en cargos administrativos. El secretario del hospital quedaría nombrado por el rector, y en representación de este actuaría como órgano mediador de comunicación entre las jerarquías académicas de la facultad y la universidad por un lado, y los diversos rangos y funciones de las religiosas encargadas del régimen interno, por otro. Llevaría y cuidaría el archivo de la correspondencia, y velaría para que se cumplieran órdenes, disposiciones directivas, estatu2

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“Estatutos del Hospital de San Ignacio de Bogotá”, Archivo Casa Central de la Congregacion Hermanas Dominicas de la Presentación de Tours, Casa Provincial de Bogotá. A partir de ahora, esos documentos serán identificados con las siglas ACHP, Fotografías (P1000833 o P 1000834, P 1000835 o P 1000836, y P 1000837 o P 1000838).


Fundación del Hospital de San Ignacio

tos y reglamentos, pero también podría sugerir nuevas iniciativas ante la Rectoría y la Facultad de Medicina. Para llevar a cabo su Administración, el hospital contaría con un síndico nombrado por el vice-gran canciller de la universidad. Ese funcionario podría enajenar, invertir o grabar los bienes de la institución, pero solo con previa autorización del rector. El síndico tendría el deber de “Conservar y cuidar el archivo de las posesiones, de la administración y de la contabilidad del hospital”, que se mantendría “en la forma más clara, completa y detallada”; además debería proteger e incrementar los bienes de la institución hospitalaria cuando se tuviera la autorización de las respectivas autoridades eclesiásticas, mediante la organización de colectas y festivales a beneficio del hospital, para todo el territorio de la república. Se encargaría de autorizar todos los proyectos extraordinarios y presupuestos que tuvieran que ser presentados para la aprobación definitiva del rector. Al síndico le correspondería nombrar una Junta Asesora de Caballeros, integrada por uno o dos representantes de la capital y un representante por cada uno de los departamentos de la república, con el fin de conseguir y adjudicar las camas para los enfermos; y en forma simultánea, nombraría una Junta de Señoras Protectoras del Hospital. En estas disposiciones se precisaba que de llegar a desaparecer el Hospital de San Ignacio, sus bienes pasarían a la Pontificia Universidad Católica Javeriana, y mientras se decidiera la posible organización de un nuevo hospital, el Arzobispo de Bogotá en calidad de Patrono quedaría con la obligación de conservarlos y emplear sus rentas en obras de beneficencia católica3. Lo que el Consejo Directivo de la Facultad de Medicina de la Javeriana había aprobado al establecer los Primeros Estatutos del Hospital de San Ignacio de Bogotá el 7 de mayo de 1942, era una ratificación del mismo Decreto Arzobispal del 1 de abril del mismo año, con el cual había sido creada esta institución, de tal manera que los fines para los cuales se fundaba se cimentaron en el principio de ejercitar la caridad cristiana mediante la atención médica gratuita de los pobres, así que el mismo hospital se definía como un campo de estudio, práctica e investigación para los estudiantes y profesores de la Universidad Javeriana. Al depender de la disposición arzobispal, sería el Arzobispo Primado de Colombia y también patrono de la universidad la persona encargada de su gobierno, porque a él le correspondería velar por el cumplimiento de 3

ACHP, Fotografías (P1000833 o P 1000834, P 1000835 o P 1000836, y P 1000837 o P 1000838).

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Entre la mutua dependencia y la mutua independencia

los fines trazados, mientras al rector le quedaría la representación legal del hospital, al tiempo que el decano de la Facultad de Medicina coordinaría los temas investigativos, académicos y asistenciales de común competencia a la escuela médica y al San Ignacio, al encargarse simultáneamente de la Decanatura de la Facultad y de la Dirección del Hospital. Esta característica doble y peculiar, que en un principio recayó en cabeza del Dr. José del Carmen Acosta, nos permite detectar una entidad única y estrecha que luego explicaría la importancia de unas relaciones dinámicas y permanentes entre la asociación docente y la asistencial. El Consejo Directivo de la Facultad de Medicina quedó designado como el órgano responsable de dictar los reglamentos del hospital, mientras que de la colaboración y concertación entre el secretario y las Hermanas de la Presentación se estableció el régimen interno de la institución hospitalaria. El vice-gran canciller de la universidad quedó encargado de nombrar al síndico, quien debería proceder en todo de acuerdo con lo que se dispusiera desde la Rectoría. Como el primer síndico del hospital fue el padre Antonio Granados, S. J., esta circunstancia en particular remite a la estrecha relación que desde sus inicios se estableció entre la institución hospitalaria y la estructura jerárquica de la Compañía de Jesús en Colombia4. En una carta del 12 de marzo de 1942, el padre Félix Restrepo, S. J. le agradecía al Dr. José del Carmen Acosta la aceptación de su nombramiento como decano de la nueva Facultad de Medicina de la Javeriana, al tiempo que reconocía que con esa decisión ya se estaba asegurando el éxito de la empresa, porque su presencia había conquistado las simpatías y el apoyo del gobierno, del cuerpo médico de la ciudad y de la sociedad en general. Aunque el rector aceptaba que todavía habría que superar muchas dificultades, también le afirmaba al decano que la universidad le ofrecería a la nueva escuela médica su sello de Católica y Pontificia, con el que garantizaba la simpatía del episcopado, el clero y de todos los católicos de Colombia, para poner a disposición su organización, sus edificios y sus influencias; también le precisaba que la responsabilidad sobre la enseñanza y la sólida formación de la juventud que llegaría a los claustros javerianos dependería del profesorado, pero muy particularmente de él, desde su condición de decano de la Facultad de Medicina. Como le advertía que el nuevo cargo al cual había sido llamado lo obligaría sin duda a restringir su propio ejercicio profesional, y esa nueva posición

4

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Breve historia del Hospital Universitario San Ignacio, 2-3.


Fundación del Hospital de San Ignacio

le estaría exigiendo cada vez mayor dedicación con sus responsabilidades docentes y asistenciales, el mismo consejo económico de la Universidad había decidido compensarlo frente a los posibles perjuicios que pudiera ocasionarle su nueva condición de decano, reajustándole su salario inicial5.

Fundación canónica y jurídica En marzo de 1942, cuando ya se consideró como una realidad la idea de establecer el Hospital de San Ignacio, también se creó la necesidad de conseguir que contara con su propia personería jurídica, para que la entidad pudiera hacer todo tipo de negocios relacionados con compra, venta y permuta de predios, así como firmar contratos con entes privados y públicos. Al emitir el Arzobispo Primado de Colombia el Decreto N.° 22 del 1° de abril de 1942, con el cual el Hospital de San Ignacio se creaba como una asociación de carácter religioso, la institución adoptó una condición fraterna y estrecha con la Facultad de Medicina de la Pontificia Universidad Católica Javeriana, al mismo tiempo que se le definían unos estrechos vínculos filiales de dependencia con la Compañía de Jesús, el Arzobispado de Bogotá, y a través de varias instancias jerárquicas eclesiales se le reconocía una condición especial de subordinación y respeto al papa. Así, casi al mismo tiempo que al hospital se le otorgaba la personería jurídica de carácter religioso6, también se le concedía la persona canónica privada7, que solo tendría vigencia con la expedición de la Resolución N.° 437 del Ministerio de Gobierno, con la cual el hospital llenaría los requisitos necesarios para firmar contratos con organismos privados y oficiales8. 5

6 7

8

El rector le proponía al decano un incremento gradual de $50 cop anuales sobre su salario actual, de tal forma que a los $150 cop al mes que ganaría inicialmente, después de los seis años que tardaría en conformarse la nueva Facultad de Medicina, el decano podría recibir $400 cop mensuales, para una dedicación de medio día completo en las actividades de su despacho. ahjjmp, Rectoría, Sección: Rectores. Subsección: P. Félix Restrepo, S. J., C2, D39, ff 79-80. Esto fue posible con el Decreto N.° 22 del 22 de abril de 1942 expedido por el Arzobispo de Bogotá Monseñor Ismael Perdomo, Breve historia del Hospital Universitario San Ignacio, 9. Este concepto podría interpretarse como persona con un reconocimiento eclesiástico, circunscrito por las normas eclesiales propias de las órdenes religiosas, y regido por las normas de la Iglesia. Gerardo Arango y Eduardo Villar, husi. Historia. La situación del Hospital de San Ignacio entre 1985-1989. Apuntes para una Historia bases para unas decisiones (Bogotá, Hospital Universitario de San Ignacio, 1989), 47. Con el Decreto N.° 22 del 1 de Abril de 1942, el Arzobispo Primado de Colombia, Monseñor Ismael Perdomo, otorgó la personería jurídica de carácter religioso al Hospital San Ignacio, Breve historia del Hospital Universitario San Ignacio, 9.; ahjjmp, Rectoría, Sección: Rectores.

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Entre la mutua dependencia y la mutua independencia

La ley en torno al Hospital San Ignacio Cuando el Hospital de San Ignacio se concibió como idea, también en la Javeriana se iniciaron los trámites tendientes a conseguir la aprobación de los primeros planos para construir el edificio hospitalario. El 23 de abril de 1942, el padre Félix Restrepo, S. J. le comunicó al alcalde de Bogotá que la Universidad Javeriana ya contaba con un terreno de siete fanegadas con frente sobre la Avenida Primero de Mayo, donde la Facultad de Medicina iba a comenzar en un mes su “Hospital de San Ignacio”, el cual se esperaba que llegaría a atender “gratuitamente a los pobres de todo el país que viven en la capital y que servirá también de campo de estudio, práctica e investigación para los profesores y alumnos de nuestra universidad”9. El Alcalde Pardo Dávila le contestó al rector que debería ponerse en contacto con la Secretaría de Obras Públicas, “tanto para lo relacionado con la localización del edificio, como para su construcción, de conformidad con las disposiciones legales sobre la materia”10. Aunque la Rectoría ya le había escrito al Secretario de Obras Públicas Municipales con el objeto de seguir los trámites pertinentes11, el 28 de abril de 1942 el padre Félix Restrepo, S. J., fue notificado por el Alcalde de la ciudad, de un aviso emitido por el Ministerio de Trabajo, Higiene y Previsión Social, en el cual se le informaba que la Universidad Javeriana no había cumplido con las disposiciones del Decreto Ejecutivo N.° 1858 de 1938 y reglamentario de la Ley 93 de ese mismo año sobre instituciones de interés común; esto indicaba que les estaría prohibido organizar donativos y colectas con el propósito de reunir fondos para el hospital, así la prensa hablada y escrita ya se hubiera encargado de promover eventos para ese fin. El alcalde además advertía que de acuerdo con esa información, la oficina que tenía a su cargo debería imponer las sanciones previstas en los Artículos 6°, 7° y 8° de dicho Decreto12. El padre Félix Restrepo, S. J., volvió a dirigirse al Alcalde el 7 de mayo, apoyándose en el Artículo 4º de la Ley 93 de 1938 que definía la condición del Hospital San Ignacio en los siguientes términos: “Las comunidades o asociaciones de carácter religioso que tengan origen en un

9 10 11 12

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Subsección: P. Félix Restrepo, S. J., C2, D50, ff 100-101. A su vez, con la Resolución N.° 81 del 4 de agosto de 1942, el Ministerio de Gobierno le confirió la personería jurídica civil a la entidad denominada Hospital de San Ignacio, en Bogotá. “Resolucion Ejecutiva N.° 81 de 1942 (Agosto 4)”, Diario Oficial Año 78 núm. 25 031 (1942, 14 de agosto): 507. ahjjmp, Rectoría, Sección: Rectores. Subsección: P. Félix Restrepo, S. J., C2, D59, ff 131. ahjjmp, Rectoría, Sección: Rectores. Subsección: P. Félix Restrepo, S. J., C2, D59, ff 132. ahjjmp, Rectoría, Sección: Rectores. Subsección: P. Félix Restrepo, S. J., C2, D59, ff 133. ahjjmp, Rectoría, Sección: Rectores. Subsección: P. Félix Restrepo, S. J., C2, D59, ff 134.


Fundación del Hospital de San Ignacio

decreto canónico, no quedan sujetas a las disposiciones de la presente Ley, a menos que reciban auxilios del tesoro público”13. Con estas precisiones, puede deducirse que el futuro hospital tendría una condición de institución canónica, particular y privada, ajena a la intervención del Estado. No obstante, el 18 de mayo el mandatario local le volvía a escribir al rector, a modo de respuesta, para informarle que debería presentarse a las oficinas del Departamento de Asistencia Social del Ministerio de Trabajo, Higiene y Previsión Social, donde tendría que definir la situación real del Hospital San Ignacio. Adicionalmente, Pardo Dávila le transcribía el Oficio N.° 131-88 que había recibido del Departamento de Asistencia Social del Ministerio de Trabajo, con fecha de 15 de mayo del mismo año, en el cual el Dr. Luis Enrique Benavides, el médico jefe, precisaba: Si bien es cierto que el Art. 4º de la Ley 93 de 1938 indica que las comunidades y asociaciones de carácter religioso que tengan origen en un decreto canónico, no quedan sometidas a las disposiciones de dicha ley a menos que reciban auxilio del tesoro público, también lo es que las entidades que se encuentren en tales condiciones están sujetas al control y vigilancia del gobierno mientras no sean eximidas por este despacho según lo dispone el artículo 6º del decreto 224 de 1939 que dice: Artículo 6º. - Corresponde también al Departamento de Asistencia Social del Ministerio de Trabajo decidir a petición del representante legal respectivo qué comunidades o asociaciones de carácter religioso no están sometidas al control y vigilancia del gobierno por tener origen en un decreto canónico, para lo cual aquél representante presentará la prueba de haberse originado la institución en esta forma canónica. Las comunidades o asociaciones religiosas que no hayan obtenido oportunamente que el Departamento de Asistencia social las declara comprendidas en la excepción del artículo citado, continuarán sometidas a la inspección y vigilancia del gobierno sobre las Instituciones de Utilidad Común establecidas en la Ley 93 y sus decretos reglamentarios.14

Ya con esta información del alcalde de la ciudad, el 19 de mayo de 1942 el padre Félix Restrepo, S. J. se dirigió al Dr. Luis Enrique Benavides, para 13 ahjjmp, Rectoría, Sección: Rectores. Subsección: P. Félix Restrepo, S. J., C2, D59, ff 135. 14 ahjjmp, Rectoría, Sección: Rectores. Subsección: P. Félix Restrepo, S. J., C2, D67, ff 155-156.

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referirse directamente al tema relacionado con el Artículo 6° del Decreto N.° 224 de 1939, en el cual se precisaba que le correspondería a la oficina a su cargo decidir, tras la petición del representante legal de las comunidades o asociaciones de carácter religioso, cuáles deberían estar sometidas al control y vigilancia del Gobierno, por tener origen en un Decreto Canónico, lo que a su vez implicaría demostrar el origen de la institución en forma canónica. Con este mensaje, el rector de la U. Javeriana también le enviaba al funcionario del Ministerio de Trabajo una copia del Decreto No 22 del 1° de abril de 1942, por medio del cual el Arzobispo Primado de Colombia había creado el Hospital de San Ignacio como una asociación de carácter religioso. Allí le precisaba que de llegarse a confirmar esa condición, como efectivamente esperaba, no debería estar sujeto a las disposiciones de la Ley 93 de 1938, conforme al Artículo 4° de la misma, y además le decía que de llegar a ser respondida en forma negativa su solicitud, le pedía el favor de que lo autorizara para solicitar donativos o recibir legados con destino a las obras del hospital, en los términos que el Artículo 6° del Decreto 224 de 1939 establecía15. El 20 de mayo de 1942, el Dr. Benavides le contestó al rector de la Javeriana una carta de la víspera, en la cual se incluía una copia del Decreto N.° 22 del 1° de abril de ese año. Como respuesta a la solicitud del padre Restrepo, el funcionario le informaba que hasta que ese departamento que estaba a su cargo no declarara eximido del control y vigilancia del Gobierno al Hospital de San Ignacio, la entidad seguiría sometida a la supervisión gubernamental, de acuerdo con la última parte del Artículo 6°del Decreto 224 de 1939. En esas condiciones, de querer solicitar esa condición, le recomendaba al rector que lo dejara aclarado por escrito, para explicar que el hospital no recibía auxilios del Tesoro Público; y adjuntando las certificaciones correspondientes, que declararan que la institución quedaba por fuera del control oficial16. Ese mismo día, el padre Restrepo se dirigió al alcalde de Bogotá para informarle que los planos para la construcción del anfiteatro de la Facultad de Medicina elaborados por el Ministerio de Trabajo, Higiene y Previsión Social ya habían sido presentados ante la Secretaría de Obras Públicas del Municipio. Por otra parte, le contaba que, de acuerdo con esos planos, tanto el anfiteatro como el futuro Hospital de San Ignacio se iban a construir en una zona todavía sin urbanizar, cuya condición necesitaría de un 15 ahjjmp, 16 ahjjmp,

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Rectoría, Sección: Rectores. Subsección: P. Félix Restrepo, S. J., C2, D68, ff 158. Rectoría, Sección: Rectores. Subsección: P. Félix Restrepo, S. J., C2, D68, ff 159.


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permiso del señor alcalde. De este modo, el rector le solicitaba al máximo funcionario municipal que autorizara a la Javeriana para construir en ese lugar, debido a que se trataba de una “obra de utilidad social”17. Como el Acuerdo N.° 15 de 1940 del Concejo de Bogotá prohibía construir en una zona considerada como “no urbanizable”, salvo que se tratara de una obra de “utilidad pública”, el padre Félix Restrepo, S. J. también le había escrito al ministro de Educación Nacional desde el 3 de junio de 1942 para consultarle cuál creía que fuera la condición de la futura obra javeriana18. Como respuesta a la anterior, el ministro Arciniegas le contestó al rector de la Javeriana el 16 de junio, para certificar que tanto las dependencias referidas de la Facultad de Medicina, como el Hospital de San Ignacio sí eran consideradas como “obras de utilidad pública”19. Con el concepto de esta alta instancia jerárquica, la Universidad Javeriana ya quedó autorizada para construir el anfiteatro, las dependencias de la Facultad de Medicina y el Hospital de San Ignacio en esa zona no urbanizable de la Avenida Primero de Mayo. Una vez se tuvo a disposición el anfiteatro, la Javeriana se encontró con que la Alcaldía frenaba los trámites regulares al no otorgarle a la nueva facultad la licencia para obtener los cadáveres. El mismo rector de la Javeriana decidió visitar al Alcalde Pardo, pero solo consiguió trabas; y cuando ya el rector se disponía a salir de su despacho le dijo: - “Alcalde: ojalá las personas más cercanas a sus afectos no se vean perjudicadas por falta de atención, al no tener una facultad[...]”. A los pocos días, la Javeriana había conseguido su licencia 20.

La búsqueda de un lugar para el hospital A los problemas anotados, cada día se agregaban otros relacionados con la escogencia de los terrenos para la construcción de las primeras instalaciones de la Facultad de Medicina y el Hospital de San Ignacio. Si bien, en un principio se había pensado aprovechar parte de los terrenos del Círculo de Obreros del P. Campoamor en el barrio de San Cristóbal 21, se optó por la compra de un lote en el cual se realizaría un primer proyecto arquitectónico 17 ahjjmp, 18 ahjjmp, 19

20 21

Rectoría, Sección: Rectores. Subsección: P. Félix Restrepo, S. J., C2, D67, ff 157. Rectoría, Sección: Rectores. Subsección: P. Félix Restrepo, S. J., C2, D73, ff 171. ahjjmp, Rectoría, Sección: Rectores. Subsección: P. Félix Restrepo, S. J., C2, D73, ff 171. Jorge Segura Vargas. Entrevista personal de Marietta Mejía. 24 de junio, 2009. ahjjmp, Rectoría, Sección: Rectores. Subsección: P. Félix Restrepo, S. J., C2, D47, ff 95.

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entre las Avenidas 13 y 19 Sur y sobre la Avenida Primero de Mayo en el Barrio Olaya Herrera. Aunque en marzo de 1942 no se contaba con un sistema de servicios de alcantarillado ni acueducto en ese sector, el consejo de administración de la universidad y el propio rector veían con urgencia la necesidad de escoger entre varias ofertas que se tenían pendientes para decidir dónde se edificaría el hospital. Como llegaba la Semana Santa, el tiempo era limitado para darle inicio a la construcción del anfiteatro; en palabras del padre Félix Restrepo, S. J., “No podemos demorarnos más, porque la construcción del anfiteatro es de urgencia inaplazable[…]” 22. Para finales de marzo, el rector de la Javeriana ya estaba recibiendo un anteproyecto elaborado por el Departamento de Ingeniería Sanitaria del Ministerio de Trabajo, Higiene y Previsión Social, en el cual se incluían los diseños del anfiteatro, además de algunos anexos para la escuela de medicina. Este estudio preliminar debió ser estudiado por profesores y directivos con el objeto de determinar si estaría respondiendo a las necesidades requeridas, y si además iría de acuerdo con lo que las autoridades exigían para este tipo de establecimientos23. Entre marzo y abril de 1942 se llevaron a cabo intensos trámites tendientes a definir estas obras, pero en abril el ingeniero jefe de la Oficina de Ingeniería Sanitaria del Ministerio anunció que solo se podría hacer cargo de los anteproyectos para el anfiteatro y los anexos de la nueva Facultad de Medicina de la universidad, porque tenía mucho trabajo pendiente, y le resultaba imposible realizar los planos completos y definitivos de ese proyecto24. Como la urgencia en ese momento estaba en conseguir para julio un lugar apropiado para las prácticas de Anatomía y Técnica Quirúrgica, “ya que de otra manera los alumnos no podrían estudiar la anatomía, que es la materia principal en el primer año de medicina”25, los objetivos se centraron primero en estas construcciones, con la idea de dedicarle después todo el empeño al edificio hospitalario. En la primera reunión del consejo de administración de la universidad, celebrada el 7 de mayo de 1942, sus miembros tuvieron la oportunidad de estudiar dos anteproyectos que tenían los planos para construir el anfiteatro, los cuales ya habían obtenido la aprobación unánime de los profesores y el 22 ahjjmp, 23 ahjjmp, 24 25

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Rectoría, Sección: Rectores. Subsección: P. Félix Restrepo, S. J., C2, D47, ff 95. Rectoría, Sección: Rectores. Subsección: P. Félix Restrepo, S. J., C2, D48, ff 97. ahjjmp, Rectoría, Sección: Rectores. Subsección: P. Félix Restrepo, S. J., C2, D48, ff 97-98; C2, D60, ff 136-139. ahjjmp, Rectoría, Sección: Rectores. Subsección: P. Félix Restrepo, S. J., C2, D60, ff 13.


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decano de medicina. Allí, el consejo decidió escoger una de las dos propuestas26, y los miembros del mismo aprovecharon para sugerir que al diseño preliminar le agregaran un taller para la preparación de los esqueletos, el ensanche del museo anatómico, y otras correcciones relacionadas con el aparato de rayos X del anfiteatro27. Una vez se tomaron estas decisiones, se dio la orden para iniciar los trabajos acordados cuanto antes28. El 9 de junio de 1943, el rector le escribía un memorial al secretario de Obras Públicas Municipales para quejarse por muchos inconvenientes que se estaban presentando con las obras que se estaban adelantando para la Facultad de Medicina en el Barrio Olaya Herrera: 1º. – Que debido a las aguas que corren de la parte superior de la Avenida 1º de Mayo, que da acceso al anfiteatro de nuestra Facultad de Medicina, es casi imposible para profesores y alumnos el transitar por esa parte para hacer los estudios y prácticas necesarias. 2º. – De esto se han seguido serios perjuicios para la universidad, pues los profesores no pueden acudir con regularidad, siendo esto causa de desorganización en la disciplina que tenemos en los estudios. 3º. – Verbalmente hemos reclamado en varias ocasiones a los señores ingenieros Castañeda y Esteban, y solo hemos obtenido promesas de arreglo que no se han cumplido. 4º. – Las rr. hh. de la Sabiduría, que también están sufriendo perjuicios por estas aguas, en días pasados elevaron ante esa oficina un memorial solicitando un arreglo de la avenida, el cual aún no ha sido resuelto. 5º. – Pido a Ud. por consiguiente, se sirva dar las órdenes del caso para que, lo más pronto que sea posible, se encaucen las aguas y se tapen los hoyos que estas han dejado en la avenida. 29 26

27

28 29

En esa oportunidad se analizaron los anteproyectos ejecutados por los ingenieros Santiago Valderrama y Gustavo Noguera, aceptándose el segundo, que había sido elaborado por el Ingeniero Jefe de la Oficina de Ingeniería Sanitaria del Ministerio de Trabajo, Higiene y Previsión Social. A esa reunión asistieron el padre Félix Restrepo, S. J., en condición de rector; el padre Juan Francisco Rozo, S. J., en calidad de prefecto, el decano, y los Dres. Leyva Pereira y Santacoloma. ahjjmp, Rectoría, Sección: Rectores. Subsección: P. Félix Restrepo, S. J., C14, D58, ff 58-59. ahjjmp, Rectoría, Sección: Rectores. Subsección: P. Félix Restrepo, S. J., C2, D60, ff 139. ahjjmp, Rectoría, Sección: Rectores. Subsección: P. Félix Restrepo, S. J., C2, D56, ff 108.

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El secretario de Obras Públicas, también funcionario a cargo del Departamento de Control del Municipio, le respondió al padre Félix Restrepo, S. J. que ya se estaba pavimentando la calle afectada, y además le explicó que la sección de alcantarillado también estaba dispuesta a hacerle una limpieza rigurosa a la acequia, para profundizar más el cauce de las aguas en los sitios donde se presentara mayor amenaza de un posible desbordamiento30. Sin embargo, aconsejaba que antes de someter a la aprobación de su despacho el proyecto definitivo, deberían dársele cumplimiento a las exigencias dispuestas por las normas municipales, así como a las órdenes emanadas de la Dirección Nacional de Higiene, que exigían el saneamiento del terreno, y la cesión con escritura pública de todas las áreas destinadas para las vías públicas, calzadas y andenes a manera de obras de ornato. El funcionario precisaba que los constructores deberían presentar un plano completo del terreno de propiedad de la Compañía, pero referido a las coordenadas del plano de la ciudad, para que el Departamento de Urbanismo determinara los sitios de las vías, acordes con el proyecto de desarrollo urbano, que luego serían cedidas mediante escritura pública al Municipio de Bogotá. Recomendaba la necesidad de construir un alcantarillado provisional con especificaciones y planos muy precisos del predio, que más tarde deberían ser aprobados por el mismo funcionario. En forma adicional, sugería construir o garantizar mediante un contrato celebrado y respaldado con un depósito de dinero o por medio de una fianza a satisfacción de la Personería Municipal, las obras del alcantarillado definitivo, los andenes, los sardineles, los prados, la calzada sur, y toda la arborización de la Avenida 1º de Mayo, frente al sitio del futuro hospital. Estas obras, contando con un frente de 265 metros sobre la Avenida 1º de Mayo, estaban presupuestadas de la siguiente manera (Tabla 1):

Tabla 1. Presupuesto de adecuación. Primer proyecto arquitectónico. Avenida 1° de mayo Trabajo

Cantidad

C/u

Total

Pavimento de la calzada

1855 m

$3.20

$5936

Andenes

265 m

$5

$1325

30 ahjjmp,

178

Rectoría, Sección: Rectores. Subsección: P. Félix Restrepo, S. J., C3, D62, ff 119.


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Trabajo

Cantidad

C/u

Total

Sardinel del prado central de la avenida

265 m

$2

$530

Alcantarilla

265 m

$8

$2120

Total

$9911

En el anterior presupuesto, la cuota provisional de alcantarillado es independiente de la obligación de construir el desagüe provisional del que se habló atrás, cuyo costo está incluido. Fuente: ahjjmp,

Rectoría, Sección: Rectores. Subsección: P. Félix Restrepo, S. J., C3, D80, ff 141. Todos los valores monetarios están expresados en pesos colombianos (cop).

El Secretario de Obras Públicas Municipales precisaba además que cuando se reunieran los requisitos exigidos, a la solicitud de aprobación de los planos tendrían que adjuntarle un certificado emitido por el Acueducto Municipal, en el que la entidad garantizara que las instalaciones hechas sí resultaran acordes con las necesidades del nuevo edificio31. Con el financiamiento de la Compañía de Jesús, la contribución de varios donantes y parte de los dineros de las matrículas de los estudiantes de la Facultad de Medicina, en el sector del Barrio Olaya Herrera al sur de la ciudad se alcanzaron a construir algunas dependencias de la Facultad de Medicina que serían fundamentales para la docencia médica, además del anfiteatro, el cual iría a hacer parte del Hospital de San Ignacio32. Aunque se alcanzaron a poner en funcionamiento esas instalaciones33, algunos factores económicos y de planeación generaron otros problemas que impidieron levantar el Hospital en el sector de la Avenida Primero de Mayo. A medida que esas dificultades en la zona sur de la ciudad se incrementaron, tanto el rector como sus consejeros contemplaron la posibilidad de buscar otro lugar más apropiado para ubicar la sede de la universidad. Entre 1943 y 1944 también se comenzó a evidenciar que la universidad estaba teniendo un crecimiento muy acelerado, el cual obligó a que el consejo de la administración y los padres consultores de la Provincia Colombiana pensaran en adquirir un lote más amplio y mejor ubicado para las dependencias

31 ahjjmp,

32

33

Rectoría, Sección: Rectores. Subsección: P. Félix Restrepo, S. J., C3, D80, ff 141. Breve historia del Hospital Universitario San Ignacio, 16. Germán Mejía Pavony, María Isabel Perdomo y Augusto Montenegro, “Capítulos II y III”, Manuscrito, ahjjmp, 451.

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de la Ciudad Universitaria Javeriana y el Hospital de San Ignacio. Entonces se consideró la posibilidad de escoger entre un predio en la Carrera 30 con Calle 6334, u otro lote que parecía más adecuado en el sector de La Soledad. El 28 de julio de 1944 el padre José María Posada, S. J., provincial de la Compañía de Jesús y vice-gran canciller de la Javeriana, le solicitó al P. Carlos Serena, Nuncio Apostólico de su Santidad, una autorización para realizar un empréstito relacionado con una negociación urgente, que podría definir el porvenir de la universidad. Si bien el terreno que se deseaba adquirir no era barato, ya se tenía una oferta muy favorable para que la universidad consiguiera dieciocho fanegadas a través de un crédito. Como se trataba de una buena adquisición, también se contemplaba la posibilidad de vender más adelante parte de ese lote para ayudar a cubrir parte del empréstito, y así aprovechar su valorización, mientras se definían las respectivas manzanas y las vías de la zona. De acuerdo con los peritos, se esperaba que tan pronto como el barrio de La Soledad finalizara su delimitación, cada manzana urbanizada podría generar una utilidad estimada en $50 000 cop35. Este empréstito contaba con el patrimonio de la Universidad Pontificia y los bienes de la Provincia Colombiana de la Compañía de Jesús, entre los que se incluía la preciosa custodia de la Iglesia de San Ignacio de Bogotá36. Inicialmente se compraron siete fanegadas, a las que más adelante se les agregarían otras cinco, para construir la sede de la Universidad Javeriana37. Por esa época ya se contaba con algunos donativos y legados, 34 35

36

37

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El terreno de la Calle 63 con Carrera 30 fue un negocio que no se concretó debido a la falta de saneamiento de los títulos. Breve historia del Hospital Universitario San Ignacio, 18. Los jesuitas pensaban adquirir 18 fanegadas a $25 cop, para una inversión de $450 000 cop ; dinero que implicaba tomar el crédito de la universidad. Los consejeros proponían solicitar un préstamo de $500 000 cop, dado que la universidad venía haciendo inversiones de $20 cop anuales en fincas y valores; también se estudió la posibilidad de cubrir el empréstito con una emisión de bonos de la Universidad Pontificia al 7% de interés, a 20 años de plazo, para una cuota anual a 20 años de $46 640 cop. Como la erogación no excedería la capacidad de la Javeriana porque la Conferencia del Episcopado había decretado el día de la Universidad Javeriana en todo el país, se estaba generando mucho optimismo. Además, el padre José María Posada, S. J., admitía a su favor la depreciación de la moneda, frente a una valorización rápida y progresiva en finca raíz, ya que con la guerra sería imposible obtener recursos de Roma. ahjjmp, Rectoría, Sección: Rectores. Subsección: P. Félix Restrepo, S. J., C4, D177, ff 340-343. Después de la aprobación del 10 de septiembre de 1944 por parte de la Casa Generalicia de la Compañía de Jesús, el 12 de septiembre del mismo año el Nuncio Apostólico Carlos Serena dio su aprobación para que la Compañía tomara un crédito por quinientos mil pesos, que sería invertido en el predio ubicado entre las calles 34 y 35, la carrera 19 y la vía del ferrocarril para los nuevos edificios de la universidad. ahjjmp, Rectoría, Sección: Rectores. Subsección: P. Félix Restrepo, S. J., C4, D28, ff 6. Breve historia del Hospital Universitario San Ignacio, 17-18.


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y solo faltaban ciertos trámites de registro, avalúo y partición; además, estaban muy activas las colectas nacionales promovidas por los jerarcas de la Iglesia en todo el país, así que se esperaba que con la ayuda de ellos resultara posible crear y sostener la Universidad Pontificia, cuyo hospital representaba un emblema de la solidaridad del pueblo católico colombiano. A medida que se incrementaban los cursos y las actividades en la Facultad de Medicina, iba siendo más necesario contar con el hospital: La más preocupante situación para el rector de la Pontificia Universidad Católica Javeriana era su planta física. Las facultades y los cursos crecían y se multiplicaban año por año. La nueva facultad de medicina requería de un hospital propio y de otras instalaciones. El Padre Félix, fervoroso providencialista, acompañado por el síndico de la universidad doctor Félix Padilla, visitó a los gerentes de los bancos, golpeó en las residencias de personas pudientes, hizo planes, adelantó averiguaciones y realizó uno que otro negocio en busca de financiar la compra de terrenos donde levantar la Villa Universitaria Pontificia.38

En esos terrenos de La Soledad se esperaba construir otra Ciudad Universitaria como la que programaba tener el Estado colombiano con La Ciudad Blanca de la Universidad Nacional, para organizar todas las facultades, una Biblioteca, la Javeriana Femenina, las residencias universitarias, los campos deportivos, su propio templo y el Hospital de San Ignacio.

La adquisición de los predios de La Soledad Los predios de La Soledad habían tomado su nombre de la señorita Soledad Malo Carrizosa, quien había fallecido el 1 de noviembre de 1942 en París, a los dieciséis meses de haber muerto su madre en la misma ciudad. Como al poco tiempo de morir doña Julia Carrizosa de Malo39 los alemanes habían ordenado clausurar varios consulados en Europa y no habían quedado herederos forzosos de esa fortuna al faltar la hija, durante dos años se generó en Colombia una gran incertidumbre respecto a esos predios de la capital, porque no se sabía si Soledad Malo habría alcanzado a testar al morir doña Julia, entre julio de 1941 y noviembre de 1942. 38

Antonio Cacua Prada, Félix Restrepo, S. J., 167. Rectoría, Sección: Rectores. Subsección: P. Félix Restrepo, S. J., C5, D16, ff 27.

39 ahjjmp,

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En mayo de 1944, a raíz de las declaraciones de una señora que había sido secretaria de la Representación Diplomática de Colombia en París, se consideró la posibilidad de que doña Soledad hubiera dejado un testamento en la caja fuerte de la antigua Legación de Colombia en esa ciudad a la muerte de su madre, cuyas llaves le habrían sido confiadas a Álvaro Holguín y Caro, quien era el Cónsul General de Colombia40, el cual había tenido que salir en forma intempestiva de París el 31 de agosto de 194141 al llegar las tropas alemanas a esa ciudad42. Por esa época, otras personas allegadas a doña Soledad43 habían declarado que aunque Soledad Malo había pensado muchas veces en testar, sus condiciones precarias de salud y el marcado estado de aflicción en que se encontraba al morir doña Julia se lo habían impedido44. En septiembre de 1944 se puso en riesgo el juicio de sucesión que se adelantaba ante el Juzgado Primero Civil del Circuito de Bogotá45 de valiosísimos intereses y calculado entre dos y cinco millones de pesos46, porque a las anteriores se sumaron otras nuevas versiones suministradas ante el Consulado Suizo en París por Felisa Imar, una camarera y empleada del hotel donde vivían la madre y la hija47, cuyas afirmaciones dadas el 24 de marzo de 1944 alcanzaron a llegar el 18 de abril de ese año hasta la legación de Suiza en Berlín48. Después de conocerse y difundirse varias declaraciones con explicaciones muy contradictorias en las delegaciones de Suiza en Berlín49 y París, el ministro de Relaciones Exteriores de Bogotá consiguió establecer contactos con los representantes colombianos en Liverpool50, Berna51 y Lisboa52 para averiguar sobre la posible existencia de un testamento de doña Soledad Malo Carrizosa. Mientras se investigaba la verdad sobre el presunto testamento de la madre y la hija, en Bogotá la Universidad Javeriana decidió comprar dos

40 ahjjmp, 41 ahjjmp, 42

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Rectoría, Sección: Rectores. Subsección: P. Félix Restrepo, S. J., C5, D48, ff 88-89. Rectoría, Sección: Rectores. Subsección: P. Félix Restrepo, S. J., C5, D52, ff 94.. ahjjmp, Rectoría, Sección: Rectores. Subsección: P. Félix Restrepo, S. J., C5, D16, ff 27. Entre estas personas allegadas a doña Soledad Malo y a doña Julia Carrizosa de Malo, se encontraban una criada española, una señorita colombiana y un sacerdote que había sido su confesor. ahjjmp, Rectoría, Sección: Rectores. Subsección: P. Félix Restrepo, S. J., C5, D54, ff 98-99. ahjjmp, Rectoría, Sección: Rectores. Subsección: P. Félix Restrepo, S. J., C5, D 51, ff 93. ahjjmp, Rectoría, Sección: Rectores. Subsección: P. Félix Restrepo, S. J., C5, D54, ff 98-99. ahjjmp, Rectoría, Sección: Rectores. Subsección: P. Félix Restrepo, S. J., C5, D52, ff 94-96. ahjjmp, Rectoría, Sección: Rectores. Subsección: P. Félix Restrepo, S. J., C5, D52, ff 95. ahjjmp, Rectoría, Sección: Rectores. Subsección: P. Félix Restrepo, S. J., C5, D52, ff 96. ahjjmp, Rectoría, Sección: Rectores. Subsección: P. Félix Restrepo, S. J., C5, D 50, ff 92. ahjjmp, Rectoría, Sección: Rectores. Subsección: P. Félix Restrepo, S. J., C5, D 51, ff 93. ahjjmp, Rectoría, Sección: Rectores. Subsección: P. Félix Restrepo, S. J., C5, D 139, ff 372.


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derechos en la sucesión de la señorita Soledad Malo Carrizosa, hecho que explica el gran interés que tenía el rector por mantenerse informado, con el objeto de saber cuándo se llevaría a término ese largo y dispendioso proceso. El 29 de septiembre de 1944 finalmente llegó al Ministerio de Relaciones una declaración cablegráfica de Liverpool, en la que Álvaro Holguín y Caro precisaba: “Tengo seguridad Soledad Malo Carrizosa no otorgó testamento mientras Consulado estuvo a mi cargo”53. El 2 de Octubre de 1944, el padre Félix Restrepo le dirigía una carta oficial a Darío Echandía, el ministro de Relaciones Exteriores, para solicitarle que hiciera transcribir una copia auténtica de los cables del Cónsul General en Liverpool, Álvaro Holguín y Caro, los cuales estaban relacionados con un posible testamento otorgado por parte de la Srta. Soledad Malo Carrizosa 54. El ministro y la secretaría general del Ministerio autorizaron para que el Departamento Consular transcribiera los cables del Cónsul General en Liverpool en los siguientes términos: “ bb42 Liverpool 41 29 nlt Ministerio Exteriores Bogotá – Llave Caja Consulado París entreguela Fernández Desoto Vichy bajo recibo stop Supongo señora Tripoteaux refiérese testamento Julia Carrizosa de Malo pues tengo seguridad Soledad Malo Carrizosa no otorgó testamento mientras Consulado estuvo a mi cargo. (Fdo). alvaro holguín caro. ” - - “bb28 Liverpool 15 30 58ª lc Exteriores Bogotá – Adiciono cable ayer agregando creo fundamentalmente no había testado anteriormente. (Fdo.) alvaro holguín.” – Bogotá, octubre 3 de 194455.

El 4 de septiembre de 1941, Soledad Malo le había escrito una carta a don Andrés Pombo para solicitarle que se encargara de adelantar el juicio de sucesión de doña Julia, a quien no le atribuía testamento alguno, dado que ella se declaraba hija única, y en consecuencia su única heredera. Esto significaba que la funcionaria había confundido el poder general otorgado por doña Soledad Malo Carrizosa a don Andrés Pombo el 7 de septiembre de 1941 para que se abriera el juicio de sucesión de la señora Julia Carrizosa de Malo con un testamento. Pero como para esa época las autoridades consulares colombianas ya habían salido de París, los trámites tuvieron 53 ahjjmp, 54 ahjjmp, 55

Rectoría, Sección: Rectores. Subsección: P. Félix Restrepo, S. J., C5, D52, ff 96. Rectoría, Sección: Rectores. Subsección: P. Félix Restrepo, S. J., C5, D57, ff 108; 108-110. ahjjmp, Rectoría, Sección: Rectores. Subsección: P. Félix Restrepo, S. J., C5, D57, ff 108; 108-110.

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que adelantarse ante un notario francés en esa ciudad56. El diplomático colombiano en Liverpool precisó que doña Soledad no tuvo la posibilidad de testar después de morir su madre, debido a las dificultades políticas que se vivían, al tiempo que aclaró las dudas relacionadas con los documentos guardados en la caja fuerte del Consulado General de Colombia en París. Mientras todos esos hechos se esclarecían, las negociaciones de esos predios en Bogotá también se retrasaban, porque además sería necesario someterlos a un proceso de urbanización57. Con el permiso otorgado por la Santa Sede, la jerarquía eclesiástica autorizó en forma sucesiva la entrega del lote que los jesuitas habían comprado con el crédito de los quinientos mil pesos a mediados de septiembre de 194458 a los expertos en la señalización y división urbanística, con el propósito de adelantar la construcción de la Villa Universitaria Pontificia en el sector de La Soledad. Como se mencionó, el lote total adquirido por la Javeriana en La Soledad se había conseguido en dos etapas: inicialmente el padre Félix Restrepo, S. J., le había comprado un terreno de siete fanegadas a doña Soledad Malo Carrizosa59, y después se habían obtenido dos derechos de la sucesión de la misma señora, los cuales equivalían a otras cinco fanegadas60. Al protocolizarse la partición material de esos predios de La Soledad mediante Escritura Pública N.° 3074 del 16 de julio de 1945, otorgada en la Notaría Cuarta de Bogotá61, se identificó el lote comprendido entre las Calles 39 a y 40 a, donde el 3 de octubre de 1945 la Universidad Javeriana definió los linderos de la Manzana 37, con una área de 10 518 varas cuadradas aproximadamente, para construir la sede de la Javeriana Femenina y, 56

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Esta información descartaba que la señora Tripoteaux hubiera confundido los nombres de Julia y Soledad, e indirectamente excluía la posibilidad de que hubiera existido algún testamento mutuo entre madre e hija. El 19 de junio de 1941, Holguín, el Cónsul de Colombia en París, había actuado como notario para autorizar la venta de 30 fanegadas del sector de “La Soledad” por parte de las dos señoras, en forma proporcional a sus respectivos derechos. A su vez, este hecho pudo ser constatado cuando se encontró su original en el Libro de Protocolos del Consulado. ahjjmp, Rectoría, Sección: Rectores. Subsección: P. Félix Restrepo, S. J., C5, D54, ff 99.; C5, D52, f 94. Sería necesario localizar sobre el terreno las futuras calles, avenidas y manzanas de la que más adelante sería la Urbanización “La Soledad”. Inicialmente, para hacer la urbanización del lote de la Compañía, el rector se puso en contacto con la firma de ingenieros Wiesner & Co. Ltda., la cual cobraba unos honorarios de $700 cop. Pero cuando llegó la cotización, ya la junta de los interesados en el proceso urbanizador había designado a Saulo Vicente Medina, en coordinación con la firma Ospinas y Cía. ahjjmp, Rectoría, Sección: Rectores. Subsección: P. Félix Restrepo, S. J., C5, D46, ff 86.; C5, D53, ff 97. ahjjmp, Rectoría, Sección: Rectores. Subsección: P. Félix Restrepo, S. J., C5, D28, f 6. . Antonio Cacua Prada, Félix Restrepo, S. J., 167. Breve historia del Hospital Universitario San Ignacio, 18. ahjjmp, Rectoría, Sección: Rectores. Subsección: P. Félix Restrepo, S. J., C5, D38, f 102.


Fundación del Hospital de San Ignacio

en forma simultánea, programó la construcción del Hospital San Ignacio, con planos elaborados por la firma Herrera Carrizosa Hermanos62. Sin embargo, pronto se descartaron esos proyectos, y se decidió reservar ese lote para construir más adelante la Casa de la Curia Provincial, la Residencia de San Pedro Canisio y la Casa de Escritores63. En octubre de 1947, el rector se dirigía al gerente y los miembros de la junta directiva del Instituto de Crédito Territorial para ofrecerles en nombre de la universidad la venta de un lote de diez fanegadas situado entre las Calles 38 y 40 y las Carreras 20 y 28, a razón de $12 cop la vara cuadrada, o en su defecto conseguir con ellos un dinero prestado para afrontar algunos compromisos de vencimiento inmediato, mientras se normalizaba la economía en la Javeriana64. Con el dinero de la venta de los demás predios de La Soledad, la Javeriana se compró la finca Villa Blanca en Sasaima, como sitio de recreo de la Universidad65. Como se puede ver en todo lo anterior, los trámites de La Soledad dependieron de muchos factores ajenos a la voluntad de los jesuitas, entre los cuales estuvieron las negociaciones relacionadas con la sucesión de la señorita Malo. De igual manera, los avalúos y las diligencias de adquisición y compraventa también contribuyeron a que durante algún tiempo hubiera una total incertidumbre respecto a los precios con que quedarían los lotes del sector después de que se terminara el proceso de urbanización y, por efecto de todas esas circunstancias, los proyectos relacionados con la obra del hospital fueron quedando igualmente aplazados. Sin embargo, por esa época el hospital comenzó a recibir grandes contribuciones procedentes de benefactores ricos y pobres con las que se esperaba que pudiera lograrse muy pronto la construcción del edificio66. Así lo reconocería más adelante el mismo padre Restrepo, al referirse a 62 ahjjmp, Rectoría, Sección: Rectores. Subsección: P. Félix Restrepo, S. J., C3, D169, 63 Esta edificación solo se lograría después de 1951. Fortunato Herrera Molina,

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ff 352-353. S. J., Hitos en la Historia de la Compañía de Jesús en Colombia 400 años (1604-2004); ahjjmp, Bogotá, febrero de 2011, 232. Ya el mismo padre Félix Restrepo, S. J. había sido recibido en esas dependencias por el doctor Miguel Ángel Muñoz, quien había manifestado que el Instituto no contaba con la posibilidad de hacer ese tipo de inversiones; pero el rector de la Javeriana aprovechaba para someter a consideración de esos altos funcionarios un “préstamo hasta por la suma de cien mil pesos ($100 000 cop), con plazo de cuatro meses y con garantía de ciento veinte mil pesos ($120 000 cop) en acciones de primera clase”, de manera que la Universidad estaría en condiciones de pagar “por anticipado, un interés del ocho por cien (8%) anual”. ahjjmp, Rectoría, Sección: Rectores. Subsección: P. Félix Restrepo, S. J., C11, D109, ff 282 Antonio Cacua Prada, Félix Restrepo, S. J., 167-168. ahjjmp, Rectoría, Sección: Rectores. Subsección: P. Félix Restrepo, S. J., C3, D169, ff 352-353.

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los dineros que hicieron posible la adquisición de los terrenos definitivos para el Hospital San Ignacio, al tiempo que facilitaron su construcción y posterior dotación: Los terrenos del hospital se consiguieron por donativos de gentes muy generosas. De los bienhechores no puedo olvidar dos nombres: Ernesto Castellanos y la señora Alejandrina Gutiérrez viuda de Cuervo. También don Julio Ramírez Jonh´s es un gran bienhechor del Hospital de San Ignacio, pero su donativo, su fundación, está representada en un capital que servirá como renta para sostener los servicios de esta obra.67

Todas esas personas habían sido especialmente generosas con la causa del Hospital San Ignacio. Entre tanto, se presentó la posibilidad de comprar otro gran lote de terreno en la Carrera 7ª entre las Calles 40 y 41, en las vecindades del Parque Nacional, propiedad de unas señoras de apellido Ferré. Las negociaciones en el barrio de La Soledad habían sido tan exitosas que con las ganancias obtenidas con la valorización del sector fue posible financiar los nuevos predios al oriente de la ciudad, para construir la ciudadela universitaria de la Javeriana, incluyendo la sede hospitalaria, y como esta entidad ya contaba con su propia personería jurídica, representada por el padre Félix Restrepo, S. J., el comprador de ese primer lote fue el Hospital San Ignacio68. Una vez que el rector de la universidad negoció los terrenos de la Carrera 7ª, entre las Calles 40 y 41, de las hermanas Ferré, comenzó a adquirir otros lotes vecinos, con los cuales se iría conformando el campus de la Universidad Javeriana. Muchos años después, al referirse a los predios de la Javeriana y del Hospital San Ignacio, el mismo padre Félix Restrepo, S. J., reconocería que el negocio de La Soledad, que había sido planeado en 1944, había resultado crucial tanto para la universidad como para la institución hospitalaria: Yo siempre he sido providencialista. Siempre he estado pendiente de la mano de Dios en mis obras, y vi palpablemente su mano

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Félix Restrepo, S. J., “La masonería se opuso a la fundacion de la Facultad de Medicina”, La Patria, (1961, 28 de mayo): 1; 12. Con la Escritura N.° 4137 del 19 de septiembre de 1945 de la Notaría Séptima del Circuito de Bogotá, se llevó a cabo la venta de los predios de Josefina Ferré de Catalá y otros, al Hospital San Ignacio de Bogotá. Copia de la Escritura Pública original, proporcionada por la Oficina Jurídica del Hospital Universitario San Ignacio.


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en la manera como nos sacó de las primeras dificultades y nos ha traído a una situación de relativa holgura. Dos causas señalaría como principales. La primera, algunas inversiones felices hechas a buen tiempo. Es claro que nosotros no podíamos ponernos a negociar, pero se presentó la ocasión de comprar en circunstancias muy ventajosas una buena parte de lo que hoy en día es la urbanización de La Soledad. La intención era construir allí la universidad, pero después subieron tanto los precios de esos terrenos que nos pareció que era mejor venderlos y construir la universidad donde está ahora. De manera que con el producido de ellos se costearon no solo los lotes sino la construcción que hay ahora en la carrera séptima con calle cuarenta. Eso por lo que hace a la universidad propiamente dicha[…] La segunda causa de que se valió La Providencia fue la acción tan inteligente y constante de la Junta Económica de la Universidad.69

Una vez conseguido el lote de las hermanas Ferré, se decidió que el 19 de marzo de 1946 sería el día escogido para que el Nuncio Apostólico José Beltrami bendijera la primera piedra del futuro Hospital San Ignacio, en ceremonia a la cual fueron invitadas importantes personalidades70. Debido a las limitaciones económicas, desde la época de su inicial planeación, muchos de los materiales y diseños del Hospital San Ignacio tuvieron que ser modificados: la primera estructura proyectada en acero tuvo que ser sustituida por otra en cemento armado; al área original de 32 000 m 2, donde se esperaban instalar 500 camas para pacientes pobres y otras 500 para pensionados, sufrió una drástica reducción, y los trabajos de construcción, que ya habían sido pensados para la Avenida Primero de Mayo y después para el sector de La Soledad —y los cuales habían contado con planos de la firma Herrera Carrizosa Hermanos—, posteriormente debieron sustituirse por los de la firma Cuéllar Serrano Gómez y Cia., así solo pudieran iniciarse en 1949, para habilitarse por pisos gradualmente a lo largo de varios años, como se verá más adelante.

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Félix Restrepo, S. J., “La masonería se opuso a la fundacion de la Facultad de Medicina”, La Patria (1961, 28 de mayo): 1; 12. A esa celebración, además del Nuncio Apostólico, asistieron el Arzobispo Ismael Perdomo, el presidente de la república Alberto Lleras Camargo, el rector Félix Restrepo, S. J., y otros invitados achp Fotografías (P 1000811 o P 1000825); Fortunato Herrera Molina, S. J., Hitos en la historia de la Compañía de Jesús en Colombia. 400 años (1604-2004), 227; Antonio Cacua Prada, Félix Restrepo, S. J., 169.

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figura 10. El Nuncio Apostólico, Monseñor José Beltrami, bendice la primera piedra del futuro Hospital. 19 de marzo de 1946. Archivo Histórico Javeriano Juan Manuel Pacheco, S. J.

figura 11. Alfonso

Lleras Camargo ofrece un discurso durante la colocación de la primera piedra del Hospital. 19 de marzo de 1946. Archivo Histórico Javeriano Juan Manuel Pacheco, S. J.

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La falta de dinero también obligó a que el Hospital de La Providencia, que había sido pensado para ser lugar de prácticas de Obstetricia durante un periodo corto, tuviera que estar por más de diez años al servicio de los médicos de la Javeriana, mientras los convenios con otros centros hospitalarios tendían a perpetuarse para garantizar la docencia de los estudiantes ante la carencia de la sede hospitalaria propia. Si bien, desde 1958 se había empezado a habilitar el primer piso de la edificación que por mucho tiempo había permanecido en obra negra para adaptar consultorios, apenas en abril de 1959 entró en servicio la consulta externa para obstetricia71, y el 8 de octubre de 1959 el Hospital San Ignacio agregó otras dependencias. Sin embargo, por entonces eran tantas las deficiencias que la sede de la Calle 40 más parecía una extensión de la maternidad del Hospital de La Providencia, al que se le habrían agregado los servicios de consulta externa para varias especialidades. Pese a todos esos avances, el hospital solo se constituiría como tal al fundar el departamento de pediatría el 31 de julio de 1963, y los departamentos de cirugía y medicina interna en 196572. El 20 de abril de 1965 se inauguraron los servicios de cirugía y medicina interna en sus respectivos “pabellones”, correspondientes a los pisos cuarto y quito del hospital respectivamente, donde se pondrían en servicio 100 camas en total para pacientes indigentes y de clase media73.

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Facultad de Medicina. Boletín 1966-1967-1968. xxv Aniversario 1942-1967, 2. Breve historia del Hospital Universitario San Ignacio, 7. “Inauguracion”, Hoy en la Javeriana vol. 5 núm. 12 (1965).

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parte iii la facultad y el hospital capítulo sexto

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ebido a las circunstancias expuestas —y como ya se anotó— desde la fundación de la Facultad de Medicina y el Hospital San Ignacio a principios de 1942 se conformaron entre las dos instituciones unas relaciones fraternales tan fuertes que al estar ambas presididas por José del Carmen Acosta (en calidad de decano de la escuela médica y director del hospital), alguna información de esos primeros años no permite muchas veces diferenciar si los proyectos, las decisiones y los logros estaban relacionados en forma exclusiva con la Facultad de Medicina, con la entidad asistencial, o con ambas. En esas condiciones, para realizar una historia “completa” del Hospital San Ignacio, lo ideal sería que con la historia hospitalaria se incluyera otra de la facultad, pero como las limitaciones de tiempo impiden que este trabajo alcance a abarcar una historia de tal magnitud, ese factor obliga a su vez que en esta historia se mencione en forma permanente la escuela médica, así el objeto de estudio sea exclusivamente el hospital. De igual manera, al revisar retrospectivamente el proceso histórico del Hospital San Ignacio se detecta que, a medida que cada una de estas dos instituciones se fue definiendo mejor respecto a la otra, los lazos fraternos se hicieron un poco más elásticos, hasta permitir que cada una de esas dos entidades lograra cierto grado de autonomía. Con el objeto de facilitar la comprensión histórica del hospital, en el presente trabajo se ha aprovechado esa circunstancia peculiar en torno a esas relaciones cambiantes entre la escuela médica y el hospital

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para separarlos y a la vez unirlos de un modo selectivo y en forma permanente, con el propósito de detectar el grado de cohesión entre sus relaciones interinstitucionales, además de localizar otro esquema de relaciones entre la Facultad de Medicina y el Hospital San Ignacio con la Iglesia católica1 y con el Estado colombiano. Este mecanismo permite visualizar los grados de dependencia e independencia mutua entre ambas instituciones, a la vez que debe ayudar a detectar cambios históricos que a veces podrían pasar desapercibidos o que no siempre son fáciles de explicar, los cuales pueden resultar definitivos para entender las épocas de proyectos, crisis y realizaciones hospitalarias.

Periodo de Proyectos Hospitalarios Como se mencionó previamente, en 1942, a raíz del rechazo que estaban recibiendo muchos estudiantes que querían estudiar medicina en la Universidad Nacional por falta de cupo, varios padres de familia y médicos acudieron donde el padre Félix Restrepo, S. J., para solicitarle que abriera una Facultad de Medicina en la Universidad Javeriana. Pero el rector no hubiera podido tomar solo esta gran responsabilidad. Él tuvo que plantear esta propuesta ante la Consulta de Provincia de la Compañía de Jesús, donde solo “un Consultor dijo que habría que esperar un año, para prevenir las cosas; los demás fueron de la opinión que se tendría nueva junta con los médicos, para saber las bases, etc.”2. Después de previos acuerdos, la Universidad Javeriana aprobó la decisión de abrir la primera Facultad de Medicina privada del país y, como se mencionó, el 1° de abril de ese año el mismo Arzobispo Primado de Colombia emitió el Decreto N.° 22, que le confería la personería jurídica al futuro Hospital de San Ignacio, “indispensable” para “el estudio, la práctica e investigaciones de profesores y estudiantes de esa facultad, y además porque en su Arquidiócesis y en la capital de la república no se tenían los suficientes hospitales para “recibir a los enfermos pobres que acuden a ellos”. Con el Concordato de 1887 vigente, la Iglesia católica había adquirido la facultad de “adquirir por justos títulos, de poseer y administrar bienes muebles 1

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En estas relaciones con la Iglesia católica se incluyen los principales dirigentes de la Javeriana, la Compañía de Jesús y los miembros de la jerarquía eclesiástica católica, entre los cuales se incluyen el Arzobispo Primado de Colombia, quien también era Patrono de la Universidad Javeriana, el Nuncio Apostólico de Su Santidad, y el Papa. “Consulta del 22 de enero de 1942, Libro de Actas de la Consulta de Provincia”, Memoria Institucional Facultad de Medicina, 1-2. ahjjmp.


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e inmuebles en la forma establecida por el derecho común, y sus propiedades y fundaciones serán no menos inviolables que las de los ciudadanos de la república”. Para el arzobispo, como una de las virtudes características de la Iglesia de Cristo y todas las asociaciones religiosas era la caridad, con este documento decretaba que el fin para el cual se fundaría el Hospital San Ignacio debería ser el ejercicio de la caridad cristiana al prestarle “atención médica gratuita a los pobres de todos los departamentos del país que acuden a la capital”, al tiempo que le encomendaba al rector de la Javeriana para que fuera el representante “judicial y extrajudicial” del hospital, y se advertía que a partir de esa disposición el Hospital San Ignacio adquiría las características de “persona moral y asociación de carácter religioso”3. Ese precepto determinaba que los “edificios y demás bienes propios, y todo donativo, auxilio, subvención, legado, etc., que entidades o personas generosas” dedicaran para ese noble fin, conformarían el patrimonio del Hospital de San Ignacio. A partir de ese Decreto, la Universidad Javeriana investigó la forma más adecuada para formalizar ese tipo de ayudas en bien de la institución hospitalaria. El 18 de abril de 1942, en la Consulta de Provincia, el provincial de la Compañía de Jesús expresó la necesidad de que se hiciera un estudio acucioso para conocer la manera más acertada para recibir legados para “el proyectado ‘Hospital de San Ignacio’ de la Facultad de Medicina de la Javeriana”: […]Se comisionó al R.P. Félix Restrepo, rector de la Javeriana, para que haga el estudio y vea si el Excelentísimo Sr. Arzobispo, como Patrono de la Universidad, puede dar un Decreto por el que se funda el Hospital y quede fuera de las instituciones de utilidad común (pública), controladas por el gobierno. A todos los consultores pareció bien. Indicó luego el R.P. provincial, cómo ya se había comprado el terreno para el futuro Hospital (7 hectáreas), en el sector sur de la ciudad, no lejos de la “Clínica San Rafael” de los Hermanos de San Juan de Dios, y se preguntó la manera de financiar la obra, si vendiendo una casa del área, o consultando al P. Juan María Restrepo, para destinar su herencia a esta obra con la que se podría atraer a toda su familia para el mismo fin[…]4. 3 4

“Decreto N.° 22 Sobre personería jurídica del Hospital de San Ignacio”, Provincia Colombiana S. J., ahjjmp, “Donación de Documentos Dr. Uladislao González” ahjjmp, “Donación de Documentos Dr. Uladislao González”.

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Como se aprecia en estos comentarios, la misión que ahora se le encomendaba al padre Félix Restrepo, S. J., consistiría en buscar la manera más conveniente para que los dineros que se obtuvieran por diversos medios en beneficio del hospital pudieran quedar exentos del control gubernamental. A su vez, se evidencia que los jesuitas de la Provincia estuvieron muy comprometidos con el Hospital San Ignacio desde sus inicios, hasta el punto de involucrar los legados familiares de algunos de ellos, como fue el caso del padre Juan María Restrepo, S. J., familiar cercano del padre Félix Restrepo, S. J.5 Una vez quedaron definidas las razones caritativas por las cuales se necesitaba construir el hospital, el 19 de mayo de 1942 la Asamblea de Cundinamarca emitió un Proyecto de Ordenanza por medio del cual se le concedía una ayuda económica al Hospital San Ignacio. Al referirse a la “Exposición de motivos”, decía el documento: […] Uno de los principales deberes de la autoridad civil es el de apoyar toda iniciativa de origen privado que tenga por fin el mejoramiento intelectual, moral y material de nuestro pueblo. En ese orden de ideas la Universidad Javeriana, accediendo a la petición de 89 médicos de la capital y de muchos otros del resto del país, sin distinción de colores políticos, resolvió establecer su propia facultad de medicina con el objeto de dar mayor impulso a esta ciencia en nuestra patria. Condición indispensable para el normal funcionamiento de dicha facultad era la de construir en Bogotá un moderno hospital que permitiese el amplio desarrollo de la nueva facultad. 5

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Entre el 5 de julio de 1947 y el 19 de diciembre de 1947, el padre Félix Restrepo también tendría una nutrida correspondencia con su hermana Margarita Restrepo, residente en Medellín (ahjjmp, Rectoría, Sección: Rectores. Subsección: P. Félix Restrepo, S. J., C11, D5, ff 6; C11, D131, ff 325r, ff 325v; C11, D138, ff 337; C11, D145, ff 349; C11, D149, ff 362-363, C11, D155, ff 382r-382v; y C11, D158, ff 387), y entre enero y febrero de 1948 con Juan Mejía Uribe, su representante legal en el juicio de sucesión de Sofía Posada (ahjjmp, Rectoría, Sección: Rectores. Subsección: P. Félix Restrepo, S. J., (C12, D26, ff 50; C12, D30, ff 56; y C12, D41, ff 78). Con esa sucesión, al padre Félix Restrepo, S. J., le quedaron unas acciones que inmediatamente puso en venta para conseguir recursos para el Hospital San Ignacio, como se evidencia en una de estas cartas de Margarita Restrepo, fechada el 11 de diciembre de 1947, en la cual le dice: “Hoy te envío un giro por $1155, para repartirlo así: para el Hospital San Ignacio $500. Para misas por el alma de Sofía $500. Para misas por Daniel Posada y la señora María Josefa Fonnegra de Posada, $100; para pagarle a Elvira las vacaciones (Elvira Velásquez la enfermera), $55”. ahjjmp, Rectoría, Sección: Rectores. Subsección: P. Félix Restrepo, S. J., C11, D149, ff 362r.


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De otro lado, el nuevo hospital vendrá a resolver en buena parte el difícil problema de la falta de camas para los enfermos que de todas las poblaciones del país llegan a Bogotá en busca de alivio a las necesidades físicas.6

Como se aprecia en la redacción del Proyecto de Ordenanza, la Asamblea Departamental no solo le daba un auxilio de veinte mil pesos al Hospital San Ignacio; también reconocía que como “Uno de los principales deberes de la autoridad civil es el de apoyar toda iniciativa de origen privado que tenga por fin el mejoramiento intelectual, moral y material de nuestro pueblo”, se esperaba que el Hospital San Ignacio ofreciera una gran ayuda para aliviar las necesidades físicas de enfermos de todas las poblaciones del país que llegaban a la capital en busca de alivio para sus necesidades físicas. A su vez, el documento concluía refiriendo los alarmantes datos estadísticos que el mismo jefe del Departamento de Asistencia Social del Ministerio de Trabajo había presentado en el Primer Congreso Hospitalario de Colombia en Bucaramanga en febrero de 19427. Una vez se dieron las disposiciones del Decreto 22, mediante el cual se le otorgaba la personería jurídica al Hospital de San Ignacio en la ciudad de Bogotá, el mismo Arzobispo Primado de Colombia, y además Patrono de la Universidad Católica Javeriana, les envió el 25 de mayo de 1942 a los párrocos y rectores de iglesias y capillas de la Arquidiócesis una circular, en la cual les comunicaba que “en vista de la urgente necesidad de aumentar el número de médicos católicos que, con verdadero espíritu cristiano se preocupen por el mejoramiento tanto espiritual como corporal de nuestro pueblo, hemos aprobado y apoyado, en nuestra calidad de Patrono, la fundación de la Facultad de Medicina de la Pontificia Universidad Javeriana”, al tiempo que: […] Cuando dimos este paso, de incalculable trascendencia para el porvenir de Colombia, bien sabíamos que tendríamos que hacer frente a dificultades de todo género y gastar grandes sumas de dinero, a fin de proveer a la naciente facultad de todo lo necesario, como laboratorios, anfiteatro, hospital, etc. Sin éstos, la facultad nunca podría llegar a ser lo que todos los colombianos queremos que sea, esto es, un centro de cultura no inferior a los mejores del mundo. Pero confiados en el auxilio de Dios, que 6 7

“Proyecto de Ordenanza”, Anales de la Asamblea de Cundinamarca núm. 4 (1942, 19 de mayo): 20. “Proyecto de Ordenanza”, Anales de la Asamblea de Cundinamarca, 20.

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todo lo puede, y en la cooperación constante y generosa de todos los católicos de Colombia, esperamos salir triunfantes de la ardua empresa que hemos comenzado. Para dotar lo más pronto posible a la facultad de un gran hospital, que llevará el nombre de San Ignacio, nos dirigimos a todos los párrocos y rectores de la iglesia de nuestra arquidiócesis, en primer lugar para avisarles que la colecta anual en favor de la universidad, que este año deberá hacerse en todas las iglesias y capillas públicas, el último domingo de agosto, y no el 15 del mismo mes como se anuncia en la gallofa, se empleará íntegramente en comenzar la construcción del hospital; y en segundo lugar para exhortarlos a que por medio de la predicación animen a los fieles a ser generosos para con esta obra tan importante. También los exhortamos a que formen, de entre las personas más influyentes de cada parroquia, un comité en favor del hospital de San Ignacio, para que por medio de bazares, rifas, etc., contribuyan eficazmente al feliz resultado de la colecta. Sería conveniente recordar a los fieles que el hospital no redundará únicamente en beneficio de los bogotanos, sino que a él podrán enviar los párrocos a tantos pobres campesinos que necesitan de la asistencia médica. En él habrá apartamentos especiales para sacerdotes, religiosos y religiosas, en los que serán tratados con toda consideración y cariño de que son acreedores por los profesionales javerianos. También hay que recordarles que el hospital es absolutamente necesario para la buena formación científica de nuestros futuros médicos[…] 8

Al comprometerse el Arzobispo Primado de Colombia con la ardua y doble empresa de la escuela médica javeriana y el Hospital de San Ignacio, era consciente de los enormes gastos que demandaría, a la vez que reconocía que se trataba de una obra de “incalculable trascendencia para el porvenir de Colombia”. Esa facultad que estaba proyectada debería llegar 8

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ahjjmp,

“Donación de Documentos Dr. Uladislao González”.


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a ser “un centro de cultura no inferior a los mejores del mundo”, al tiempo que reiteraba que el hospital sería “absolutamente necesario” para la buena formación científica de los futuros médicos. Entonces, ponía toda su esperanza en Dios y confiaba en “la cooperación constante y generosa de todos los católicos de Colombia”9. Como había sucedido apenas una semana antes con el Proyecto de Ordenanza de la Asamblea Departamental de Cundinamarca, el arzobispo reconocía que la obra del Hospital San Ignacio tendría como fin el “ejercitar la caridad cristiana”, al ofrecerles asistencia médica a todos los campesinos pobres de la ciudad o de diversas poblaciones del país que llegaran a la capital buscando ayuda. Estos estrechos y simultáneos orígenes, respaldados por el Arzobispo Primado de Colombia, explican cómo desde un principio se conformó una sola unidad administrativa entre la Facultad de Medicina y el hospital. En octubre de 1948, cuando llegó a Colombia la Misión Médica de 1948, George H. Humphreys II destacaba que el decano de la Facultad de Medicina de la Javeriana, al igual que la mayoría de los demás profesores de la misma, se desempeñaba en forma simultánea en las dos escuelas médicas de la ciudad. Como se recordará, por esa época aún no se tenía hospital para las clínicas, y durante varios años se venían recolectando dineros “en muchas iglesias de todo el país” para edificarlo en el sector del Barrio Olaya Herrera, sobre la Avenida Primero de Mayo: La universidad no tiene hospital de enseñanza. Desde su fundación, hace cerca de diez años, se han recolectado fondos en muchas iglesias de todo el país para edificar un hospital en un sitio cercano al distrito residencial del sur. La enseñanza clínica es dictada ahora por los mismos profesores y en los mismos hospitales donde lo hace la Universidad Nacional. No es claro aún si el nuevo hospital preparará su propio profesorado, pero parece remoto porque sería extremadamente difícil para la Javeriana retener un cuerpo de profesores clínicos bien preparados en competencia con la Universidad Nacional, y el arreglo, al presente, parece ser mutuamente satisfactorio. Las normas educacionales en Colombia están basadas en el sistema europeo continental, especialmente el sistema francés[…] La enseñanza es casi enteramente dictada y sacada de libros de texto siendo usados muchos textos franceses[…] El arte de hacer historias 9

ahjjmp,

“Donación de Documentos Dr. Uladislao González”.

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es desconocido; un informe de todos los records de los hospitales visitados confirma esto.10

En 1948 no se hizo tan evidente la tensión que por entonces existía entre las dos escuelas médicas, porque “No es claro aún si el nuevo hospital preparará su propio profesorado, pero parece remoto porque sería extremadamente difícil para la Javeriana retener un cuerpo de profesores clínicos bien preparados en competencia con la Universidad Nacional, y el arreglo, al presente, parece ser mutuamente satisfactorio”. El médico estadounidense destacaba que en Colombia las normas educativas estaban basadas en “el sistema europeo continental, especialmente el sistema francés”, hecho que explicaba que muchos de los textos empleados fueran todavía franceses. Además, criticaba la ausencia de historias clínicas, tal como lo había podido constatar en los hospitales que había visitado. Debido a su particular origen, tanto el Hospital San Ignacio como la Facultad de Medicina de la Javeriana, como unidades docente y asistencial de la Universidad Católica y Pontificia, comenzaron a hacer parte de un gran legado religioso que muchos en el mundo académico de la Universidad Nacional no entendieron, y más bien llegaron a interpretar como de carácter político. En la medida en que esos lazos con la Iglesia católica se fortalecían para la escuela médica y el hospital, las relaciones de estas dos entidades javerianas con aquélla institución educativa estatal comenzaron a presentar grandes tensiones, así la Ley 67 de 1935 solo reconociera los títulos médicos expedidos por las universidades oficiales. Ese monopolio en beneficio de la antigua escuela médica de la capital respecto a la nueva se demostró claramente a través de las exigencias académicas que se le imponían a diario a los estudiantes javerianos, también mediante las antipatías y rechazos a los que eran sometidos en otros centros hospitalarios, y además por parte de las mismas autoridades educativas y sanitarias nacionales y municipales, que muchas veces les exigían más de lo que se les pedía a aquellos. En el informe elaborado por Humphreys en 1948, también se le hacía un análisis a la escuela médica javeriana, a la cual se refirió en los siguientes términos:

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Breve Reporte Suministrado por George H. Humphreys II. M.D., Profesor de Cirugía. Columbia University College of Phisicians and Surgeons: Chairman of the USC Medical Mision to Colombia, “Mision Médica Unitaria a Colombia. Octubre 15-Noviembre 10, 1948”, Comité del Servicio Unitario, Inc. 9 Park Street, Boston 8, Mass. 31 Union Square West, New York 3, N.Y., Repertorio de Medicina y Cirugía 3ª Época vol. 5 núm. 3 (s. f.): 10-11.


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La Javeriana, es una universidad que pertenece a los jesuitas, es dirigida por ellos con el Padre Félix Restrepo como rector. El Dr. Acosta es el decano de la Facultad de Medicina, y él, como la mayoría de los miembros clínicos de la facultad tiene también una cátedra en la Universidad Nacional. La Javeriana ocupa una manzana de viejos edificios en la parte antigua de la ciudad. La Escuela es financiada privadamente y una considerable pensión es impuesta a los alumnos.11

Humphreys, en calidad de observador crítico, explicaba que la nueva escuela médica de la capital dependía y era manejada por los jesuitas en cabeza de su rector; mencionaba que la mayoría de los profesores de materias clínicas lo eran también en forma simultánea de la Universidad Nacional, pero además destacaba que “la Escuela es financiada privadamente y una considerable pensión es impuesta a los alumnos”. Como se mencionó previamente, desde cuando se fundó la facultad, la Javeriana se propuso contribuir a la fundación de becas12, pero como también esa escuela médica necesitó dotar sus laboratorios, gabinetes y en forma adicional construir su hospital, se ofrecieron ayudas económicas para estudiantes sobresalientes y pobres, cuya selección se haría en forma rigurosa por medio de concursos. Como se explicó, a medida que la Facultad de Medicina avanzaba con sus primeras promociones de estudiantes, cada vez se fue haciendo más difícil la realización física del Hospital San Ignacio. La escuela médica javeriana fue cobrando de ese modo un marcado protagonismo sobre la institución asistencial, así continuaran llegando dineros procedentes de católicos generosos de apartados sitios del país para ayudarlo. Aunque la propaganda religiosa casi siempre recaía en beneficio del hospital, el Hospital San Ignacio por muchos años no llegó a ser más que una idea. Ante la imposibilidad de que esta institución entrara en funcionamiento durante diecisiete años, fue inevitable que el hospital fuera visto como una entidad complementaria y subordinada a la Facultad de Medicina, que para muchos, no era más que un “proyecto iluso”. Por esa razón, los planes y decisiones relacionados con el Hospital San Ignacio estuvieron más vinculados por esa época a la docencia médica, que a las actividades asistenciales propias de todo hospital.

11

Breve Reporte Suministrado por George H. Humphreys II. M.D., 10. Rectoría, Sección: Rectores. Subsección: P. Félix Restrepo, S. J., C2, D27, ff 50-51.

12 ahjjmp,

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Como se recordará, las mismas razones legales y las exigencias políticas obligaron a que la Facultad de Medicina de la Universidad Javeriana quedara comprometida a imitar el paradigma académico de la Universidad Nacional, exigencia que en forma indirecta también obligaba a que la futura institución hospitalaria jesuítica tuviera que seguir los parámetros establecidos por su homólogo universitario, el Hospital San Juan de Dios. Como resultado de estos requerimientos, durante algún tiempo la recién fundada escuela de medicina y el futuro Hospital de San Ignacio de la Javeriana quedaron comprometidos a seguir los modelos establecidos por la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional, en calidad de elemento docente, y su homólogo asistencial, el Hospital San Juan de Dios de Bogotá, como hospital universitario. A diferencia de esas instituciones vinculadas a la Universidad Nacional, en la Javeriana se tenían dos elementos particulares que los diferenciaban de aquellos: en primer lugar, en la universidad jesuítica se estaba fundando la primera Facultad de Medicina de carácter privado del país y, adicionalmente, el futuro hospital no sería una readaptación de un viejo centro hospitalario de la ciudad como había ocurrido con el San Juan de Dios, porque en la Javeriana se estaba pensando crear una institución diferente, que de acuerdo con el rector “desde que fundamos la Facultad de Medicina empezamos la fundación de un nuevo Hospital grandioso, que se llamará el Hospital de San Ignacio[…]13”. Justo por tratarse de esa “grandiosa empresa”, su realización sería mucho más lenta y difícil que la readaptación de una institución hospitalaria, como había sucedido en el pasado con el San Juan y la Facultad de Medicina de la Nacional a partir del 31 de diciembre de 186714. En esa entidad hospitalaria marcada por la pobreza de sus pacientes y la escasez de recursos a nivel administrativo, también identificada como el “Hospital de Caridad” de la ciudad, durante la primera mitad del siglo xx se practicaba una medicina curativa15, así profesores y alumnos intentaran a 13 achp, 14 15

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Fotografías (P1000820 o P1000821, y P1000822 o P1000823, y P1000825 P1000831, P1000832). Estela Restrepo Zea, “El Hospital San Juan de Dios 1635-1900”, 1-2. En el trabajo de Alfonso Esguerra Gómez, Cáncer de Cuello Uterino de 1920, y el de Gonzalo Buenahora Delgado Algunos Aspectos y Observaciones relacionados con el Cáncer en Colombia, Tesis para el doctorado en medicina y cirugía de 1936, se evidencia el tipo de medicina curativa que se practicaba en el Hospital San Juan de Dios de Bogotá por esos años. Se hacían tratamientos paliativos con procedimientos quirúrgicos, incipientes tratamientos con rayos X, y algunas investigaciones farmacológicas limitadas, contando con la experiencia de Claudius Regaud, director de la Fundación Curie, y del Instituto Nacional de Radium de París. Originalmente, en el Instituto Nacional de Radium de Bogotá no hubo salas de hospitalización para pacientes de bajos ingresos y esa tarea se le delegó al Hospital General de San Juan de Dios, donde


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veces innovar con otros conceptos, o introducir nuevas técnicas sugeridas por la medicina francesa, o desde otras escuelas médicas modernas como la estadounidense16. La persistencia de una medicina francesa en el Hospital San Juan de Dios entre 1930 y 1950 se debió en parte a las visitas especializadas de importantes personalidades de esa escuela médica, como Louis Tavernier17, Paul Durand18, André Latarget19 y Claudius Regaud20, así también influyeran los criterios de médicos y enfermeras que allí laboraban, como se verá a continuación.

La influencia de los médicos Como lo había mencionado George H. Humphreys II en 1948, tanto la educación médica de la Facultad de Medicina de la Javeriana, como el tipo de medicina asistencial e investigativa que se planeó organizar en el Hospital de San Ignacio durante sus primeros años, tuvieron —al igual que la medicina teórica y clínica de entonces en Colombia— un marcado predominio de la escuela médica francesa, que por entonces también impregnaba la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional y las prácticas asistenciales desarrolladas en el Hospital San Juan de Dios.

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se adaptó parte del pabellón de maternidad para las pacientes con cáncer; y aunque por algún tiempo se planeó la construcción de un “pabellón de pobres” en esa institución, solo se inauguró después de quince años. Referido por Marietta Mejía, El cáncer de cuello uterino en el Hospital San Juan de Dios de Bogotá: 1920-1936. (Bogotá, 2008). Aunque entre 1920 y 1936 los médicos de la Nacional vivieran actualizados sobre adelantos en otras escuelas médicas del mundo, en el Hospital San Juan de Dios los tratamientos de los pacientes con cáncer dependían de los limitados recursos tecnológicos, materiales y económicos, así se tuvieran ayudas científicas para innovar en la medicina experimental de laboratorio, tal como lo demostró Gonzalo Buenahora al ensayar métodos bacteriológicos con vacunas como el bacteriófago, un método precursor de los antibióticos. Marietta Mejía, El cáncer de cuello uterino en el Hospital San Juan de Dios de Bogotá: 1920-1936. Louis Tavernier trabajaba en Lyon, e hizo parte de la Misión Médica Francesa de 1931. Paul Durand, el subdirector del Instituto Pasteur de Túnez, llegó al país en 1931 con la Misión Médica Francesa. André Latarget coordinó la Misión Médica Francesa que visitó a Colombia en 1931. Como ya se explicó, en junio de 1931 había llegado a Bogotá la Misión Médica Francesa dirigida por André Latarget y Louis Tavernier de la Facultad de Medicina de Lyon, y Paul Durand, subdirector del Instituto Louis Pasteur de Túnez, para evaluar la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional. Claudius Regaud había visitado al país en 1928, y a partir de una charla que dictó en el Teatro Colón se gestó la idea de fundar el Instituto Nacional de Radium en Bogotá. Néstor Miranda, “La medicina colombiana de 1867 a 1946”, 131.; Regaud, “Conferencia del profesor Regaud, dictada en El Teatro Colon el día 15 de noviembre de 1928”.

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Esa tendencia, como se recordará, había empezado en Colombia desde mediados del siglo xix, cuando, al establecerse el libre ejercicio de las profesiones con la Ley de Enseñanza de 1850, algunos jóvenes viajaron a Francia a repetir sus estudios médicos, cuyo destino la mayoría de las veces era París21. Los médicos egresados de las universidades extranjeras, como Antonio Vargas Reyes, comenzaron a adquirir un gran prestigio frente a los médicos empíricos que se formaban en las escuelas del país, y conformaron a finales del siglo xix una elite médica poderosa que se reforzó al crear un “cuerpo médico” que le daría también origen a la Sociedad de Medicina y Ciencias Naturales en 1873, de la cual más tarde nacería la Academia Nacional de Medicina. Las sociedades científicas a su vez eran una herencia de la medicina francesa anterior a la época de la Revolución Francesa. Fundada en 1887, la Academia Nacional de Medicina sustituyó a su antecesora. Sus publicaciones tradujeron, comentaron y difundieron ediciones especializadas de ese país, con las cuales se ratificaría una vez más la importancia de la escuela médica francesa. Otro factor que reforzaría esa tendencia estaría asociado con las visitas que realizaban importantes personalidades médicas de Francia al país, tal como sucedió en 1928 y 1931. Y como ya se mencionó, si bien a veces algunos seguidores de la medicina estadounidense como Jorge E. Cavelier, se propusieron llevar a cabo reformas educativas como la de 1939, finalmente terminaban por imponerse los “afrancesados”22. Debe destacarse que la medicina francesa le daba especial atención a la ubicación de los hospitales en lugares provistos de agua y aire puro. Como se recordará, también esa exigencia se había insinuado cuando el Secretario de Obras Públicas Municipales le recomendó al padre Félix Restrepo, S. J., que para construir el Hospital San Ignacio en la Avenida Primero de Mayo, debería antes obedecer las órdenes de la Dirección Nacional de Higiene, que exigían antes “el saneamiento del terreno”, pero además preparar los alrededores como “obras de ornato”.

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Néstor Miranda Canal, “La medicina en Colombia, de la influencia francesa a la norteamericana”, 3. El concepto de “cuerpo médico”, también debió implicar una organización colegial de tipo gremial, pero no burocrática; esta organización dependió de publicaciones médicas, la Escuela de Medicina de la Universidad Nacional, personas destacadas, como fue el caso de Antonio Vargas Reyes, y adicionalmente la participación en la Sociedad de Medicina y Ciencias Naturales, luego Academia de Medicina. Arturo Romero Beltrán, Historia de la medicina colombiana Siglo xix, 135; 222.


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La tendencia a preferir ese tipo de medicina se evidenció además en las dos escuelas médicas de la capital con la importancia que se le daba a la Anatomía dentro del programa académico general durante la década de 1940. En el caso particular de la Javeriana, ese factor explica en parte la preocupación que demostró el padre Félix Restrepo, S. J., durante el tiempo en el que estaba por definirse el lugar para construir el Hospital de San Ignacio, en cuyo terreno debía comenzar por edificarse el anfiteatro; porque como se recordará, esa materia era considerada como “la materia principal en el primer año de medicina”23.

La influencia de las religiosas francesas Otro factor que debió influir para que en el Hospital de La Providencia, y durante un tiempo en el Hospital San Ignacio, se tuvieran elementos de la medicina francesa, tiene que ver con la presencia de las Hermanas de la Presentación Dominicas de Tours. Estas religiosas que habían sido solicitadas en 1871 a Francia por el síndico del Hospital San Juan de Dios para que fueran “las enfermeras directoras” de esa institución, demostraron habilidades en el cuidado de los enfermos24, así como idoneidad en la administración y experiencia en el entrenamiento del personal hospitalario, cualidades que pronto las hizo fundamentales en la organización y administración del “régimen interno” y de enfermería de varios hospitales de la ciudad25 y del país, tal como ocurrió con las dos instituciones jesuíticas entre 1947 y 197726.

23 ahjjmp, Rectoría, Sección: Rectores. Subsección: P. Félix 24 Carta de Pedro Navas Azuero a Manuel Vélez, referido

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Restrepo, S. J., C2, D60, ff 13. por La Presentación en Colombia. Recuerdos 1873-1874-1875 (Bogotá, 1973), 24- 34; Héctor Pedraza, La enfermería en Colombia. Reseña histórica sobre su desarrollo. Legislación (Bogotá, Editorial Minerva, 1954), 11. En Bogotá, las Hermanas de La Presentación trabajaron desde finales del siglo xix en varios hospitales: San Juan de Dios, en el Hospital de San José, en el de La Samaritana, La Misericordia, San Carlos, La Providencia, San Ignacio, la Clínica de Marly y la Clínica Palermo. Como ya se ha explicado, en septiembre de 1947 las Religiosas Dominicas de La Presentación de Tours se hicieron cargo del “régimen interno” del Hospital de La Providencia, y a partir de 1959 serían trasladadas a la sede del Hospital San Ignacio, donde estarían hasta 1977. Desde el principio se hicieron cargo de actividades relacionadas con el manejo y la docencia de jóvenes que se desempeñarían más adelante en “servicios generales” y en calidad de Auxiliares de Enfermería, pero también participaron en campañas sociales de apostolado y asuntos relacionados con el culto. En San Ignacio demostraron conocimientos más especializados, de tal manera que algunas alcanzaron a estar al frente de departamentos, servicios y secciones, como fue el caso de la Hermana Rosa, quien por muchos años se hizo cargo del Laboratorio Clínico del Hospital San Ignacio, en calidad de Bacterióloga.

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Tanto las Hermanas de La Presentación que llegaron a Colombia como sus siguientes generaciones enseñaron técnicas de la enfermería francesa, y aprendieron a resolver los problemas cotidianos con métodos empíricos. Así, se adaptaron a las grandes limitaciones de recursos materiales, técnicos y científicos inherentes a los hospitales colombianos, y sus alumnas despertaron el ingenio y la inventiva para manejar muchas de las emergencias cotidianas27. En el contrato por prestación de servicios que se firmó entre las religiosas y la universidad para la casa de La Providencia, igualmente se precisaba que las religiosas se encargarían de “vigilar la moralidad y el orden en ese establecimiento” 28. En esa vieja casa de Los Alisos, destinada desde el siglo xix para atender a los enfermos de viruela y coordinar las campañas de vacunación, también habían vivido tres religiosas de la comunidad en la década de 188029, y en 1914 había sido denunciada por el presidente del Consejo Superior de Sanidad por carecer “del personal médico y de enfermeros suficientes para atender a los enfermos allí aislados, de agua potable, de salas y cuartos capaces y bien ventilados para el alojamiento de los enfermos; de aparatos de desinfección para las ropas, camas y utensilios y demás objetos contaminados; de baños, de medicamentos y materiales de curación para los enfermos”30. Cuando en 1947 fue encontrada en gran abandono, las religiosas de La Presentación se encontraron con su “arquitectura antigua e incómoda”, y como “los recursos hospitalarios eran mínimos”, tuvieron que iniciar las 27

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Las Hermanas de La Presentación entrenaban jóvenes campesinas y de orfelinatos de la capital para atender la cocina, lavar ropa, encargarse del aseo, y para el manejo básico de los pacientes. Aunque las religiosas tenían a su cargo las mayores responsabilidades de la enfermería, algunas jóvenes de “servicios generales” a veces se convertían en “auxiliares de enfermería”, demostrando su pericia e ingenio, para llegar a defenderse en medios muy precarios: para tratar un neumotórax o un hidrotórax, construían un “equipo casero” a partir de una botella con agua y una manguera. “No éramos auxiliares; nadie era auxiliar; ¡todas éramos ayudantes![...]”. y una de ellas, al referirse a sus primeros años en el San Ignacio, decía que “en esa época, ¡qué camilleros ni que nada![...] ¡“camillar” nos tocaba era a nosotras![...] Aura Cecilia Martín de Olaya. Entrevista personal de Marietta Mejía. 10 de octubre, 2009. Contrato de las Hermanas de La Presentación en el Hospital La Providencia de la Universidad Javeriana, Bogotá, 25 de marzo de 1948. achp, Fotografía (P1000721). En una descripción de las religiosas de La Presentación, además de suministrar detalles sobre el origen de la sede, la distribución de la casa, su arquitectura y las grandes limitaciones a las cuales debieron enfrentarse desde sus inicios, ellas explicaban de los grandes riesgos sanitarios que tuvieron que afrontar en La Casa de Los Alisos, donde habían trabajado tres hermanas de la comunidad. achp Fotografías (P1000825 y P1000826). Pablo García Medina, presidente del Consejo Superior de Sanidad, y Julio Aparicio, secretario. “Resolución N.° 1 (del 5 de febrero de 1914) sobre algunas medidas urgentes de higiene de la capital de la república, Bogotá, febrero 5 de 1914”, Revista de Higiene (1914): 83-84.


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actividades de la casa de salud u hospital para “los cursos de maternidad” de la Facultad de Medicina con “una campaña” de limpieza, porque —así como en 1914— la casa se encontraba “en una situación deplorable”. Sin embargo, cada logro que se conseguía era para jesuitas, profesores, estudiantes y religiosas el producto de La Providencia, y la convicción de ese hecho definió el nombre del primer Hospital precursor del de San Ignacio. Las religiosas vivían “sostenidas por La Providencia y en ‘La Providencia’”31. Como sucedía en casi todos los establecimientos colombianos de asistencia para la época, además de imprimir una forma de vida y un lenguaje casi monásticos a los hospitales, las religiosas desempeñaban papeles muy activos en torno a la clínica, en contraste con el papel a veces pasivo de los estudiantes. Sobre este tema, el informe de la Misión Médica de 1948 decía: […] En su sexto año, el estudiante de medicina hace internado en uno de los hospitales de enseñanza y al mismo tiempo prepara su tesis que debe entregar antes de graduarse. Este internado varía en las diferentes partes de Colombia y en los distintos hospitales. En Bogotá, el estudiante rara vez permanece más de dos horas de la mañana en el hospital y recibe muy poca supervisión e instrucción. En algunos casos él solo puede estar una o dos horas, y como la mayoría de los internados pagan un pequeño sueldo, el estudiante puede tomar más de una hora para aumentar sus entradas. En otros casos el interno empieza a ver pacientes privados durante este año, aunque técnicamente su licencia no le es otorgada hasta cuando recibe su grado.32

Para Humphreys, la educación y la práctica de las clínicas era muy reducida en comparación con el modelo académico de su país, y el papel de las religiosas era más activo que el de los internos: Encontré muy poca evidencia de verdadera enseñanza al lado del enfermo por parte de los estudiantes internos. Las visitas médicas a los pabellones y las conferencias del profesorado, como nosotros las conocemos, no existen, y la mayor parte del cuidado del enfermo es hecho por las monjas, con el director del servicio o profesor, quienes aparecen solamente para ver casos a petición del “jefe de clínica”. La probabilidad de que los estudiantes res-

31 achp, 32 Breve

Fotografías (P1000841 o P1000842, P1000843 o P1000844). Reporte Suministrado por George H. Humphreys II. M.D., 11.

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pondieran a un programa de enseñanza mejor organizado en un año de internado está indicada por el hecho de que en las pocas instituciones donde miembros jóvenes con entrenamiento en los Estados Unidos estuvieron ensayando la organización de un programa de enseñanza fueron recompensados con algún éxito.33

Este informe destacaba que ante la falta de instrumentos y personal calificado en las salas de cirugía, las religiosas suplían simultáneamente los oficios de enfermeras e instrumentadoras: Pronto vino a ser aparente que aunque instrumentos adicionales y equipo eran deseables en algunos lugares, el uso competente y adecuado de lo presente permitiría buena cirugía. La grande y obvia falta es la de personal entrenado. La mayoría del trabajo en los hospitales es aún hecho por monjas quienes en su mayoría no han tenido entrenamiento especial para enfermeras. Son fieles y conscientes y muchas de ellas evidentemente muy competentes, pero tienen poco entendimiento para cualquier problema complicado y tienden a ser rígidas en sus tratamientos. Hay muy pocas enfermeras graduadas entre ellas y la habilidad de aquellas disponibles varía enormemente. Por lo demás, la asistencia de enfermería en las salas operatorias fue adecuada, considerando la barrera del lenguaje y la poca familiaridad con los procedimientos que yo estaba llevando a cabo, y en algunos casos fue excelente. La técnica de esterilización fue mantenida con alguna incertidumbre y estaba constantemente en peligro por causa del gran número de visitantes. En algunos hospitales, las monjas, quienes actúan como enfermeras circulantes, son también aptas para romper las técnicas.34

Aunque las religiosas en general no tenían preparación académica como enfermeras, todas demostraban ser habilidosas y “muy competentes”. Si bien eran “fieles y conscientes”, su falta de conocimientos académicos explicaba que no estuvieran bien preparadas para resolver los problemas complicados, con lo que tendían a ser “rígidas en sus tratamientos” y propensas a “romper las técnicas” convencionales.

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Breve Reporte Suministrado por George H. Humphreys II. M.D., 11. Breve Reporte Suministrado por George H. Humphreys II. M.D., 13-14.


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La presencia de la Iglesia en el Hospital San Ignacio La presencia de las religiosas de la Presentación en el Hospital de La Providencia y durante los primeros años del Hospital San Ignacio también contribuyó a fortalecer en la vida doméstica la presencia de la Iglesia, que desde 1887 tenía una relación concordataria con el Estado Colombiano. A su vez, los católicos del país respondieron en forma activa a las fervorosas campañas promovidas por los jerarcas de la Iglesia mediante generosos aportes en beneficio del hospital javeriano35. De ese modo, el Hospital San Ignacio, más que la nueva Facultad de Medicina, se convirtió en un emblema del catolicismo en Colombia, con el que cada día se comprometían donantes de todos los estratos sociales y tendencias políticas. Las estrechas relaciones con la Iglesia católica permitieron a su vez fomentar la caridad cristiana entre los colombianos, para generar una “importante pequeña mayoría” de benefactores, tal como lo demuestran los comerciales y anuncios de prensa que invitaban a eventos, rifas, bazares y espectáculos con los que se promovía la recolección de fondos que estarían destinados para la construcción del hospital. En la década de 1940, mientras el proyecto hospitalario del Hospital San Ignacio era visto por muchos como una idea imposible de realizar, también el empeño y el respaldo mancomunado de todas las jerarquías eclesiásticas y de los católicos de Colombia se fueron convirtiendo en un estímulo para que ese proyecto se convirtiera en realidad. Al recibir aportes de todos los rincones de Colombia, el hospital no solo demostró que buscaba propósitos necesarios para ayudar a todos los pobres del país; igualmente fue identificado con un sentimiento de carácter nacional. En julio de 1943, se llevó a cabo el Primer Festival de San Ignacio36. Como la nueva carrera médica que se había iniciado en la Javeriana también era muy diferente a las demás disciplinas que se enseñaban en la universidad, pronto los jesuitas comprendieron que organizar la escuela médica con el Hospital San Ignacio sería un gran desafío para ellos. A las grandes exigencias económicas que por su naturaleza traería este, se agregaban las restricciones legales que dejaban en desventaja a los médicos 35

36

En el Libro de Oro de la Universidad Javeriana es posible revisar en forma sistemática las campañas realizadas desde diversos lugares del país, las cuales fueron promovidas con el permiso directo del papa a través de las altas jerarquías de la Iglesia católica, para que durante un domingo del año las limosnas que se recogieran en las iglesias y parroquias fueran destinadas para el Hospital de los jesuitas en Colombia. ahjjmp. Breve historia del Hospital Universitario San Ignacio, 17.

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javerianos respecto a los que egresaban de la Universidad Nacional, así los requisitos académicos fueran idénticos para ambas facultades. Aunque los problemas económicos tuvieran un alivio con las contribuciones de los católicos de todo el país, pronto se demostró que lejos de ser una ayuda, el manejo contable de esos recaudos terminaría por convertir esas donaciones en un factor adverso para la Compañía37. Entre las caricaturas y críticas dirigidas a diario en contra de los jesuitas, la Universidad Javeriana, la nueva Facultad de Medicina y el mismo Hospital San Ignacio, algunos estudiantes de la Universidad Nacional en su Página Universitaria de los lunes en el diario El Liberal (véase figura 12) expresaban: “Así la vida es un soplo. – ¡Pobre la Universidad Nacional, que para allegar fondos no puede tomarse el pretexto de un hospital y escoger una de las estrellas del santoral para bautizarlo![...]”. Como aquí se demuestra, aunque todos los profesores de la Facultad de Medicina de la Javeriana fueran egresados de la Universidad Nacional, ese no era un factor que alcanzara para demostrar idoneidad ante los gremios médicos de la ciudad. Cada día, muchos de esos profesionales daban manifestaciones de resistencia en contra de la nueva escuela médica desde otros espacios académicos y el ejercicio profesional, tal como se evidenció con las reacciones en contra de los médicos javerianos desde la Academia de Medicina, la Sociedad de Cirugía de Bogotá con el incidente del Hospital San José, o mediante las críticas que a diario aparecían en la prensa local. Como se mencionó, el mayor ataque en ese sentido se dio en el Congreso de la República, cuando se presentó el proyecto de ley que buscaba el reconocimiento de los derechos a los médicos javerianos, para que les fuera reconocido su ejercicio profesional, tal como se les permitía a quienes se educaban en las universidades extranjeras o en la Universidad Nacional. Si bien se logró sacar adelante la Ley 84, no libró de citaciones y críticas a la escuela médica y al hospital javerianos, que al no disponer de dinero, necesitaban promover todo tipo de eventos que ayudaran a recolectar fondos para el proyectado Hospital San Ignacio, tal como ocurrió con la corrida de toros organizada en 1946 con ese claro propósito (vease figura 13). 37

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La adquisición de esos recursos por parte de los católicos de todo el país se volvió un factor adverso, con el cual algunos sectores de la Universidad Nacional aprovecharon para criticar ese tipo de ayudas; y a nivel contable, pronto los jesuitas entendieron que era mucho más difícil hacer inventarios y contabilidades de los dineros recibidos, que luego implicaban cartas a párrocos, sacerdotes y rectores de todo el país, para confirmar y agradecer las contribuciones recogidas. Jaime Bernal, S. J. Entrevista personal de Marietta Mejía. 28 de abril, 2009.


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Figura 12. Caricatura satírica contra el Hospital San Ignacio. Fotografía tomada de la columna Serrucho, “Página Universitaria”, El Liberal, Año 8, núm. 2843 (1946, 3 de junio): 11.

También en 1962, con motivo del iv Centenario de la muerte de San Ignacio de Loyola (1556-1956), se hizo un homenaje nacional al Hospital San Ignacio. En esa ocasión, la Sindicatura del hospital timbró papelería en la cual aparecía la efigie del Santo en el margen izquierdo superior, con la leyenda: “Plan trienal de $6 000 000 para inaugurar el hospital en 1956. El Gobierno nacional contribuye con $3 000 000. Esperamos que los católicos caritativos nos ayuden hasta completar la obra”. Como se evidencia con estos avisos publicitarios, el Hospital San Ignacio dejó de ser un elemento de pertenencia de los jesuitas y su Universidad Javeriana, para convertirse cada vez más en un propósito nacional que reunía en torno suyo a todos “los católicos caritativos” dispuestos a hacer parte de esa meritoria obra, a la cual también se sumaron personas que incluían en su testamento determinadas sumas para contribuir a la construcción del hospital38. Como se recordará, ese estrecho vínculo entre la Iglesia católica y el hospital ya se había evidenciado en septiembre de 194439, cuando el provincial consiguió el empréstito por quinientos mil pesos con la Santa Sede y a través del Nuncio Apostólico para comprar los predios en el sector de 38 ahjjmp, 39

Rectoría, Sección: Rectores. Subsección: P. Félix Restrepo, S. J., C8, D50, ff 89; C8, D51, ff 90; C8, D53, ff 92. ahjjmp, Rectoría, Sección: Rectores. Subsección: P. Félix Restrepo, S. J., C5, D28, ff 6.

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La Soledad, donde se pensaban construir la Villa Universitaria Pontificia40 y el Hospital San Ignacio, con planos elaborados por la firma Herrera Carrizosa Hermanos41.

Propaganda periodística a beneficio del Hospital San Ignacio. Fotografía tomada del diario El Liberal, Año 8, núm. 2793 (1946, 22 de febrero): 3.

Figura 13.

Debe anotarse que, a medida que el hospital contaba con más apoyo de la Iglesia, también se acentuaban las críticas de sus opositores. Ese rechazo se evidenció cuando el Dr. José del Carmen Acosta se vio obligado a pasar su carta de renuncia ante el Consejo Directivo de la Universidad Nacional, así no existiera contra él ninguna clase de motivos, salvo el defender en forma incondicional la ambiciosa empresa emprendida desde la Javeriana. Como se recordará, el decano de Medicina de la Javeriana, que hasta ese momento había sido miembro del Consejo de la Facultad de Medicina y Profesor de Clínica Obstétrica en la Universidad Nacional, se vio forzado a renunciar debido a las presiones ejercidas por algunos miembros del Consejo Estudiantil de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional, en cuyas decisiones también debieron influir comentarios desafortunados que habían sido publicados en el diario El Liberal42. La emblemática personalidad, y la reconocida experiencia del decano Acosta como obstetra, asociados a la disciplina casi monástica del lugar, con40

Antonio Cacua Prada, Félix Restrepo, S. J., 167.

41 ahjjmp, Rectoría, Sección: Rectores. Subsección: P. Félix Restrepo, S.J., C 10, D4, ff 12-13. 42 ahjjmp, Rectoría, Sección: Rectores. Subsección: P. Félix Restrepo, S. J., C2, D91, ff 211-212.

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siguieron darle a la Javeriana unas características particulares que fortalecieron, aún sin disponer de recursos, una sección especializada en maternidad con la cual los estudiantes de medicina aprendieron con gran habilidad manual, y a defenderse de situaciones adversas en la práctica de la obstetricia. En ese ambiente adverso, los dirigentes del hospital pronto comprendieron que dejar de ser el blanco de las críticas dentro del gremio médico de la capital se lograría haciendo de esa futura institución una entidad “competitiva”, pero no en relación con el Hospital San Juan de Dios, sino imitando las virtudes de los modelos de otros centros hospitalarios reconocidos a nivel mundial, para que el Hospital San Ignacio pudiera ofrecer un aporte considerable para la medicina capitalina y colombiana.

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capítulo séptimo

Realizaciones hospitalarias, 1959-1970

C

on unos propósitos más definidos en torno a lo que debía esperarse de la institución hospitalaria javeriana, desde mediados de la década de 1950 el Hospital San Ignacio ya tenía una imagen emblemática de centro asistencial católico y de pertenencia nacional, dado el múltiple y heterogéneo origen de sus recursos. A las antiguas contribuciones provenientes de miles de personas de diferentes rincones del territorio colombiano se les fueron agregando otras donaciones procedentes de pocos y grandes benefactores. Dadas estas condiciones económicas excepcionales, ya fue posible comenzar a concretar las ideas que venían aplazadas durante casi dos décadas, para definir mejor lo que habría de ser la institución docente, asistencial e investigativa que los jesuitas habían soñado.

Las realizaciones hospitalarias en el Hospital San Ignacio Con las contribuciones de una “Importante Pequeña Mayoría” de benefactores entre 1942 y 1959, se dieron los primeros pasos para llevar a cabo el traslado del Hospital de La Providencia de la Calle 1ª a la nueva sede de la Carrera 7ª con Calle 40. A una primera etapa de adaptación en torno a la consulta externa en el primer piso del futuro hospital (entre 1954 y 1955) le siguió la habilitación de un segundo piso en el que ya se instaló la residencia de las religiosas de La Presentación. A continuación, se organizaron también en el tercer piso los servicios que se venían prestando en el Hospital de La Providencia; es decir, la maternidad y las salas de partos, a cuyo lado se destinaría otro importante espacio para los recién nacidos.

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Los orígenes de esos fondos provenientes de una “importante pequeña mayoría” eran variados y numerosos en cuanto a grupos sociales y procedencias, al comprometer personas muy disímiles que contribuían con limosnas desde las iglesias y parroquias, al participar en rifas, bazares y eventos, o cuando daban sus aportes espontáneos, y que por decisión personal o involuntaria no eran reconocidos como otros pocos “grandes benefactores”. A partir de la década de 1960, caracterizada por ajustes e incesantes adaptaciones, el Hospital San Ignacio comenzó también a recibir la trascendental colaboración de una “importante gran minoría” de benefactores1. Con los dineros suministrados por esas contribuciones, se alzarían los futuros “pabellones” que llevarían los nombres de esos grandes benefactores. A medida que el hospital comenzó a volverse una realidad, obtuvo parte del protagonismo que hasta ese momento tenía la Facultad de Medicina. Sin embargo, la orientación, distribución y proyectos investigativos relacionados con el Hospital San Ignacio siguieron dependiendo por algún tiempo de compromisos docentes emanados desde la escuela médica.

La revolución arquitectónica Como ya se anotó, después de 1930 en Colombia había comenzado a imponerse un nuevo diseño arquitectónico hospitalario de modelos verticales tipo monoblock, que buscaba proyectar e integrar científica y tecnológicamente las diversas especialidades de la medicina moderna, mientras los modelos hospitalarios caracterizados por la presencia de “pabellones” horizontales de la escuela francesa tendían a desaparecer, así en el léxico cotidiano se siguieran utilizando2. 1

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Durante el Gobierno de Gustavo Rojas Pinilla se obtuvo una importante suma de dinero del Estado que no se había podido conseguir durante los gobiernos anteriores, y que hicieron que durante el interregno de Rafael Urdaneta Arbeláez este presidente le respondiera al padre Emilio Arango, S. J., y al provincial de los jesuitas, que lo que ellos se proponían realizar con la nueva escuela médica de la Javeriana, al no estar provistos de una sede hospitalaria a su disposición, equivalía a “tener una escuela militar sin fusiles”. Fortunato Herrera, S. J. Entrevista telefónica de Marietta Mejía. 11 febrero de 2010. No obstante, mientras Urdaneta remitió a los jesuitas a hablar del tema con Laureano Gómez, el ministro de Educación, con el dinero donado por Rojas Pinilla, entró en funcionamiento el primer piso para instalar la consulta externa del Hospital de San Ignacio. Como se notará, esa expresión solía emplearse con regularidad para la época, tal como lo hizo el Arzobispo Primado de Colombia al elaborar el Decreto 22 que le había dado creación oficial al Hospital de San Ignacio, al decir en su: “Artículo 3°. Podrá haber también en el hospital de San Ignacio pabellones para pensionados, y las ganancias se destinarán


Realizaciones hospitalarias, 1959-1970

La arquitectura hospitalaria también cambió después de 1935 en Bogotá, para que sus nuevos diseños proporcionaran más eficiencia y comodidades, así como mejores servicios técnicos en este tipo de instituciones. Prosperaron algunas firmas de arquitectos, a las que se les sumó una selección de equipos y dotaciones por parte de empresas comerciales especializadas3. En instituciones privadas y oficiales se promovieron la ampliación, el traslado y la renovación de viejas instalaciones, a la vez que en la ciudad se estimuló la construcción de clínicas y hospitales. Esas iniciativas entre 1935 y 1950, asociadas a las donaciones de ciertos benefactores, lograron para la capital toda una revolución arquitectónica que buscó darle mejores servicios a la comunidad. En 1950 ya habían concluido algunas construcciones entre las que todavía persistían elementos franceses, al tiempo que se empezaron a destacar edificios inspirados en los hospitales estadounidenses4, cuyos proyectos muchas veces contaron con la asesoría técnica de arquitectos especializados en edificios hospitalarios de ese país5. El hospital moderno que ya se estaba haciendo presente en varios lugares de la capital no solo buscaba cambiar la fisonomía hospitalaria; también sus estructuras, diseños y espacios deberían ser pensados para la adaptación de nuevos equipos, con el objeto de integrar entre sí las especializaciones y dependencias hospitalarias, ya inherentes a la competencia de la escuela médica estadounidense, de tal manera que en ese lugar ya se

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para ayudar a sostener las salas gratuitas”. De igual manera, al redactar los Estatutos del Hospital, el Consejo Directivo de la Facultad de Medicina de la Universidad Javeriana había establecido como fin: “Podrá tener también el Hospital de San Ignacio pabellones de pensionados, cuyas ganancias se destinarán para ayudar a sostener las salas gratuitas”. achp, Fotografías (P1000833 o P1000834, P1000835 o P1000836, y P1000837 o P1000838). Al inaugurarse los pisos 4° y 5° para los servicios de cirugía y medicina interna del Hospital San Ignacio, también se denominarían “pabellones”, a la usanza tradicional francesa. Por entonces surgió la empresa de A. Alfonso & Cía. para dotar con equipos hospitalarios. “Las construcciones hospitalarias en Bogotá”, PROA. Urbanismo. Arquitectura. Industrias núm. 39 (1950, septiembre), 1. En esos años se hicieron los edificios del Instituto Nacional de Radium, el del Hospital de La Samaritana, el Hospital San Carlos, algunos asilos destinados a la atención de huérfanos, alienados y ancianos, y simultáneamente comenzaban la construcción del edificio del Hospital de San Ignacio, el nuevo edificio del Hospital San Juan Dios, y la Clínica de Maternidad David Restrepo. “Las construcciones hospitalarias en Bogotá”, 1. El Hospital San Carlos buscó la asesoría técnica de Esmond R. Long, el director del Centro de Investigaciones Henry Phipps Institute de Estados Unidos. En la construcción del Hospital Infantil Lorencita Villegas de Santos, así como en la Clínica Marly, participó el arquitecto estadounidense Garden, que trabajaba en Chicago para la reconocida empresa Schmidt, Erickson & Garden, especializada en construcciones hospitalarias. Martha Luz Ospina y Mario Hernández Álvarez, Recuerdos del olvido. Memorias del Hospital San Carlos, 27-29.

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estaría “permutando ventajosamente su carácter de antro de dolor por el de agradable lugar a donde se va en busca de salud”6. La Misión Médica de 1948 había implantado el modelo de la medicina estadounidense en la ciudad y en el país, al revelar una nueva forma de aproximarse a la enfermedad, con la cual se despertó un inusitado interés por parte de médicos y dirigentes, también dispuestos a aplicar sus recomendaciones. Esta nueva mentalidad médica, inspirada en el Informe Flexner de 1910, plantearía una propuesta del hospital moderno cual novedosa forma de expresión que encontraría su paradigma en el edificio tipo monoblock con el cual los arquitectos de Cuéllar Serrano Gómez & Cía. harían el edificio de La Hortúa y el del Hospital San Ignacio.

figura 14. Boceto de la Fachada del Hospital San Ignacio de acuerdo con la propuesta de la firma Herrera-Carrizosa, hermanos. Imagen tomada del Libro de Oro 1946-1948. Archivo Histórico Javeriano Juan Manuel Pacheco S. J.

Los anteproyectos del Hospital San Ignacio recibieron muchos cambios ; la estructura original que había sido diseñada entre 1942 y 1943 para el sector de la Avenida Primero de Mayo tuvo que modificarse en 1944 7

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“Las construcciones hospitalarias en Bogotá”, 1. Después de planearse el hospital en un área de 32 000 m 2, con una capacidad de 500 o más camas para enfermos pobres, y otras 500 para pacientes pensionados, el Hospital San Ignacio debió ser sometido a una severa reducción de espacios a partir del proyecto original. Breve historia del Hospital Universitario San Ignacio, 18.


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para adaptarse a los predios de La Soledad. A su vez, el anteproyecto para el hospital en el sector de La Soledad, que había sido encomendado al arquitecto Hernando Herrera Carrizosa8 a partir de una estructura metálica9, fue sometido a demoras y cambios. Mientras se tomaban esas grandes decisiones, también se llegó a considerar la posibilidad de comprarles a las Hermanas de La Presentación su clínica10. Sin embargo, en 1949 quedaron descartados esos proyectos anteriores, cuando la universidad decidió contratar a la firma Cuéllar, Serrano Gómez & Cía. para que hiciera el edificio hospitalario en la Carrera 7ª entre Calles 40 y 4111 sobre una estructura en concreto armada con entrepisos ejecutados mediante elementos premoldeados en un sistema reticular celulado12.

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Hernando Herrera Carrizosa, arquitecto y miembro de la firma Herrera Carrizosa Hermanos, había sido encargado de hacer los planos y el diseño para el edificio en el sector de La Soledad, hacia 1944. La estructura metálica para el Hospital San Ignacio fue negociada por el padre Félix Restrepo, S. J., entre el 16 de enero de 1947 y el 22 de septiembre de 1948 con la firma “United States Steel Export Company, New York” por medio de su representante Manuel Toro & Cía. ahjjmp, Rectoría, Sección: Rectores. Subsección: P. Félix Restrepo, S. J., C10, D4, ff 12-13. ahjjmp, Rectoría, Sección: Rectores. Subsección: P. Félix Restrepo, S. J., C12, D118, ff 215. En 1945 comenzaron las gestiones para la construcción del Hospital, en la Carrera 7ª entre calles 40 y 41; sin embargo, esa iniciativa solo se concretaría después de 1949, al hacerse cargo del proyecto la firma Cuéllar, Serrano Gómez y Cía. En mayo de 1950, la edificación tomó un gran empuje, pero todavía en 1973 había dificultades para obtener los recursos con que finalizara la obra. Breve historia del Hospital Universitario San Ignacio, 3; 18-19. “Hospital San Ignacio Bogotá, Estudio del Conjunto. Arquitectos Cuéllar, Serrano, Gómez y Cía.”, PROA. Urbanismo. Arquitectura. Industrias núm. 39 (1950, septiembre).

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Discurso del Doctor José del Carmen Acosta, decano de la Facultad de Medicina, fotografía de la construcción y bendición de las obras por parte de Monseñor Emilio de Brigard durante la inauguración del I Congreso Javeriano en mayo de 1950. Archivo Histórico Javeriano Juan Manuel Pacheco, S. J.

Figuras 14, 15 y 16.

Ante la falta de presupuesto, el hospital solo pudo prestar sus servicios de consulta externa en el primer piso de la edificación después de 1955; los de obstetricia apenas llegaron a San Ignacio en 1959, y a medida que pudieron habilitarse otros espacios, también en forma gradual se fueron instalando

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nuevas funciones y servicios, con los cuales después nacerían los futuros departamentos y secciones administrativas de las diversas especialidades médicas, tanto en lo relacionado con la docencia, como en lo concerniente a la atención de los pacientes. Este tipo de limitaciones explican por qué los servicios de los pisos altos debieron tardar mucho más para entrar en funcionamiento que los dispuestos en las plantas bajas, si se tiene en cuenta que el edificio del hospital no dispuso de ascensores hasta septiembre de 1966, época en la cual se bendijeron y comenzaron a operar los dos primeros ascensores, obtenidos con una donación de la Fundación de Julio Ramírez Johns13. Ese mismo benefactor, quien desde 1951 venía contribuyendo para el sostenimiento del dispensario de la Fundación Julio Ramírez Johns que funcionaba en la Escuela de Bacteriología de la Javeriana Femenina, dio otra importante donación en 1964 para mejorar las instalaciones que por entonces se tenían en el laboratorio clínico y el servicio de rayos X del Hospital San Ignacio14. Esas mejoras volverían a ser remodeladas en forma periódica, porque el Hospital San Ignacio, al depender de muchos pequeños y pocos grandes donantes, solo se haría en forma gradual, de acuerdo con un orden de prioridades y los recursos disponibles en cada momento15.

La creación del Departamento de Ginecología y Obstetricia Así como había sucedido con otros elementos vinculados a la nueva escuela médica y al hospital, el primer programa de Maternidad y Ginecología de la Facultad de Medicina de la Javeriana también estuvo ceñido al modelo francés que establecía independencia entre ambas cátedras16. 13

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La Fundación de Julio Ramírez Johns entregó $100 000 cop. en septiembre de 1966 para los dos primeros ascensores, mientras los tres restantes fueron contratados con la casa Schindler de Suiza. A finales de ese mes, el padre Jesús Emilio Ramírez, S. J, bendijo los dos primeros, ya acondicionados para el transporte de enfermos. Esa Fundación dio otro aporte de $2000 cop para ayuda de estudiantes que más tarde serían profesores. “$100  0 00 cop donó la Fundación ‘Julio Ramírez Johns’ para el Hospital”, Hoy en la Javeriana vol. 6, núm. 8 (1966, 18 de marzo).; “Bendicion de ascensores”, Hoy en la Javeriana vol. 6 núm. 44 (1966, 20 de septiembre). achp, Fotografía (P1000770 o P1000771). achp, Fotografía (P1000772). La cátedra de Ginecología se organizó para los estudiantes de 5º año, con clases teóricas en varias instituciones de la ciudad, mientras se daban las prácticas en el Hospital de La Samaritana. La Obstetricia, de clara influencia francesa, originalmente incluyó un curso teórico dictado en el Claustro de la Calle 10, complementado en 6° año con la clínica obstétrica

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Aunque entre 1955 y 1956 había comenzado a funcionar un servicio de consulta externa para varias especializaciones médicas en el primer piso de la inconclusa edificación del Hospital San Ignacio17, entre las cuales también hubo una para pacientes de ginecología, la obstetricia o maternidad solo se integró a aquella el 8 de octubre de 195918, al darse la fusión entre el Hospital de La Providencia y la nueva sede hospitalaria de la Calle 40. Con estos cambios, que serían trascendentales en la vida hospitala19 ria , se creó también el Departamento de Obstetricia y Ginecología 20, el cual sería —por algún tiempo— el primer y único departamento clínico del Hospital San Ignacio. Sin embargo, debe señalarse que entre 1959 y 1962 una parte de los estudiantes hizo sus clínicas obstétricas en el Hospital San Ignacio, mientras el resto de ellos tomaba sus prácticas en el Hospital San José; y aunque únicamente en 1963 se reagrupó la docencia de todos los alumnos de esa cátedra con su clínica obstétrica en torno a la nueva sede del Hospital San Ignacio, la reunión de ambas disciplinas en función de una sola materia de Ginecología y Obstetricia solo se conseguiría años más tarde, con la influencia de la escuela estadounidense en los programas docentes, como se verá más adelante21.

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dictada por el Dr. José del Carmen Acosta, y Hernando Caicedo como jefe de clínica, en el Hospital de La Providencia de la Calle 1ª con Carrera 24, donde a pesar de no contar con banco de sangre ni servicio telefónico, se alcanzaron a hacer varias cesáreas y cirugías mayores, contando con las Hermanas de La Presentación como enfermeras, instrumentadoras y encargadas de la anestesia. Por primera vez se les exigió a los estudiantes hacer turnos hospitalarios con funciones asistenciales, y el manejo supervisado en la atención de partos. Víctor Rodríguez, “Historia del Departamento de Ginecología y Obstetricia”, Universitas Médica vol. 33 núm. 2 (1992), 97. En octubre de 1955, el presidente Rojas Pinilla prometió una ayuda para el Hospital San Ignacio, para que entrara en funcionamiento un servicio médico más estructurado, y se le diera utilidad a la edificación inconclusa. Así, en menos de un mes, y con una misa solemne, se inauguraron en el primer piso los consultorios de consulta externa. Hasta 1959, año de la fusión definitiva de las dos instituciones, los partos y casos quirúrgicos de obstetricia se siguieron atendiendo en el Hospital de La Providencia. Germán Palomares, “Los primeros años de la Facultad de Medicina de la Pontificia Universidad Javeriana y el comienzo del Hospital Universitario San Ignacio”. Universitas Médica vol. 48 núm. 4 (2007), 75-76. achp, Fotografía (P1000772). achp, Fotografía (P1000772). En las consultas se atendían casos de maternidad, endocrinología, medicina interna, cardiología, órganos de los sentidos, urología, cirugía plástica, neurología, dermatología y cirugía general. En octubre, cuando concluyó el segundo piso de la edificación, se pudo trasladar el Hospital de La Providencia para continuar prestando los servicios de ginecología, obstetricia y prematuros. achp, Fotografía (P1000814 o P1000827 o P1000828). Hernando Caicedo, organizó aspectos administrativos, asistenciales y docentes en calidad de director. Sin embargo, la integración de obstetricia y ginecología todavía fue difícil y requirió de algún tiempo. Víctor Rodríguez, “Historia del Departamento de Ginecología y Obstetricia”, 97-98.


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También, con la fusión de la obstetricia de los dos hospitales jesuíticos concluyeron la autonomía y la autoridad que hasta ese momento habían tenido la consulta externa y la Facultad de Medicina sobre el hospital, para empezar a darle una especial importancia y manejo directivo a la institución hospitalaria desde su propia dirección. Con ese propósito, se nombró a Carlos Dávila como director del Hospital San Ignacio, en reemplazo del Dr. José del Carmen Acosta 22.

La creación del Departamento de Pediatría Los profesores de Pediatría, que desde 1946 habían comenzado sus clases en torno al Hospital La Misericordia 23, pronto se encontraron con serias limitaciones locativas que los obligaron a buscar otro espacio en torno al Hospital de La Providencia, donde durante algún tiempo se dispuso de un consultorio pediátrico que atendía a niños pobres24, y además se inició un primer servicio para recién nacidos25. Entre 1958 y 1963, la universidad consiguió llevar a cabo un convenio con el Hospital Infantil Lorencita Villegas de Santos para que los estudiantes javerianos realizaran sus prácticas pediátricas en ese centro hospitalario26. Sin embargo, al cancelarse en forma intempestiva el convenio docente asistencial en esa institución a finales de 1962, el rector padre Jesús Emilio Ramírez, S. J., Bernardo Moreno Mejía, decano de la Facultad de Medicina, y Carlos Dávila, director del Hospital San Ignacio, decidieron que sería necesario acondicionar uno de los inconclusos pisos de la estructura hospitalaria para poner a funcionar el Departamento de Pediatría. Debe precisarse que por entonces “No había nada tangible, solo mística e ideas”27. 22 23

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Germán Palomares, “Los primeros años de la Facultad de Medicina de la Pontificia Universidad Javeriana y el comienzo del Hospital Universitario San Ignacio”, 77. Desde 1946 se había adaptado en el Hospital de La Misericordia la docencia de Pediatría para estudiantes de pregrado de medicina, con Eduardo Iriarte Borja a la cabeza. Guillermo Lesmes, “Historia del Departamento de Pediatría”, Universitas Médica vol. 33 núm. 2 (1992), 109. De acuerdo con las memorias de las religiosas de La Presentación, en el Hospital de La Providencia se dispuso un consultorio donde se hacía consulta tres veces en la semana para los niños pobres. achp, Fotografía (P1000813 o P1000814 o P1000827 o P1000828). Augusto Buendía Ferro, “Hospital Universitario San Ignacio e instituciones afiliadas”, Facultad de Medicina, Boletín 1966-1967-1968, xxv Aniversario, 1942-1967, 108. Guillermo Lesmes, “Historia del Departamento de Pediatría”, 109. A Eduardo Borda Camacho le habían encomendado esa misión. Yolanda Jaramillo de Orozco, “Departamento de Pediatría, Facultad de Medicina de la Pontificia Universidad Javeriana. Reseña Historica”, Universitas Medica vol. 44 núm. 2 (2003), 101.

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Como se mencionó, desde cuando funcionaba el Hospital de La Providencia se les prestaba una asistencia médica hospitalaria a los niños recién nacidos y prematuros, y con el traslado de la obstetricia a la sede de San Ignacio se dispuso de un espacio para esos niños, con el objeto de llevar a cabo una atención y asistencia conjunta materno infantil 28. Al considerarse como posibilidad la creación de un servicio de pediatría, se pensó que convendría integrarlo a la sección de aquéllos niños más pequeños29. Fue así como, contando con la ayuda de uno de sus grandes benefactores, el 1° de agosto de 1963 se inauguró con varias camas y cunas30 el Pabellón Ernesto Castellanos de Pediatría en el ala sur del tercer piso31, el cual marcaría el comienzo de un gran avance en el Hospital San Ignacio32. Este nuevo departamento, que pronto se dispondría en subespecialidades, también se organizaría en forma coordinada con otras dependencias interhospitalarias33.

Cambios en los paradigmas educativos En términos generales, se ha estimado que el paso de la medicina francesa hacia el paradigma del modelo hospitalario estadounidense en el 28 29

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Carlos Dávila y Eduardo Borda, “El servicio de pediatría en el Hospital Universitario de San Ignacio de Bogotá”, Universitas Médica vol. 5, núm. 9 (1963), 236. Estos servicios pediátricos incluían secciones de lactantes, medicina preescolar y escolar, enfermedades infectocontagiosas, cirugía con sus especialidades quirúrgicas, central de enfermería, el lactario, una oficina para los profesores, la dirección del departamento, y el área administrativa. Yolanda Jaramillo de Orozco, “Departamento de Pediatría, Facultad de Medicina de la Pontificia Universidad Javeriana. Reseña histórica”, 101-102. La versión de las Religiosas de la Presentación Dominicas admitía 28 cunas y 40 camas para este servicio, pero otras fuentes admiten 45 cunas iniciales, con 68 camas adicionales. achp Fotografía (P1000814 o P1000815 o P1000827 o P1000828); “Pabellón Ernesto Castellanos”, Hoy en la Javeriana Año 3 núm. 341 (1963, 30 de julio).; “Inauguración imponente”, Hoy en la Javeriana Año 3 núm. 35 (1963, 2 de agosto). En marzo de 1962, con ayuda de la Universidad, se construyó la Fundación Ernesto Castellanos, cuyo benefactor homónimo buscó fines muy precisos: 1) construcción y sostenimiento de un centro médico investigativo, 2) estimular la juventud universitaria con la creación de becas y premios, 3) formación de un profesorado religioso y laico, 4) eyudar a la formación del clero y 5) fomentar la beneficencia y el desarrollo universitarios en general. “Fundacion Ernesto Castellanos”, Hoy en la Javeriana Año 2, núm. 6 (1962, 6 de marzo). “Reseña histórica general”, Facultad de Medicina, Boletín 1966-1967-1968, xxv Aniversario, 1942-1967, 32. Se requería una sección de pediatría en el servicio de urgencias para pacientes en observación; tres consultorios para pacientes ambulatorios y cambios en el laboratorio clínico y radiología. Además, se establecieron jerarquías en enfermería para el adecuado manejo de los pacientes. Yolanda Jaramillo de Orozco, “Departamento de Pediatría, Facultad de Medicina de la Pontificia Universidad Javeriana. Reseña histórica”, 102.


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país pudo darse en forma más clara entre 1948 y 1957, al tratar de favorecer el manejo de la salud pública de los colombianos, cuyo proceso de cambio se iría imponiendo en forma gradual34. Sin embargo, al revisar la experiencia particular en el Hospital San Ignacio, podría pensarse que ese proceso tendería a ser más lento, gradual y tardío; inclusive, esas transformaciones pudieron ser casi imperceptibles a veces, para sugerir diversas formas de sincretismos. Si bien, a principios de la década de 1960 todavía persistían en el Hospital San Ignacio muchas de las tradiciones y términos vinculados a la medicina francesa, a medida que el hospital se fue afianzando como institución asistencial trató de acercarse cada vez más a la imagen ideal de los hospitales modernos estadounidenses. Desde 1942, en muchos documentos relacionados con el Hospital San Ignacio ya se mencionaba que esa institución llegaría a ser un hospital moderno35. Es posible que cuando los jesuitas idearon la posibilidad de fundar un “nuevo hospital grandioso, que se llamará el Hospital de San Ignacio36” ya tuvieran como referente los grandes centros hospitalarios de Estados Unidos. Como se recordará, cuando el 15 de octubre de 1942 se presentó un incidente con la Universidad Nacional, el padre Félix Restrepo, S. J. se vio en la obligación de dirigirse al rector de ese centro docente para reiterarle su interés de colaboración, y además aprovechaba la reciente experiencia de su viaje por los Estados Unidos para ratificarle que en Colombia y en la ciudad habría “campo para las dos”. Entonces, se detenía a referirle a su homólogo de la Nacional que “en todas las ciudades importantes funcionan dos, tres y más universidades, sin que entre ellas haya nunca hostilidad, sino el más vivo espíritu de colaboración, sin exclusivismo ninguno”37. Entre marzo y mayo de 1944 había viajado a Estados Unidos el padre Antonio Granados, S. J., por entonces síndico del Hospital San Ignacio, con unos claros propósitos que, si bien no alcanzaron a cristalizarse en forma rápida, al 34

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Entre 1948 y 1957, desde el Banco Mundial se impusieron conceptos de pobreza y salud para los más necesitados, en relación con factores de desarrollo y subdesarrollo. Así, en el Tercer Mundo se crearon políticas que estimularon ingresos a partir de inversiones de capital que prometían tecnología, maquinaria e insumos, y proponían ayudas internacionales para construir infraestructura física y social con la fundación de universidades y hospitales. El 19 de mayo de 1942, en el Proyecto de Ordenanza, al presentar la “Exposición de Motivos”, la Asamblea Departamental declaraba como “Condición indispensable para el normal funcionamiento de dicha facultad era la de construir en Bogotá un moderno hospital que permitiese el amplio desarrollo de la nueva facultad”. achp, Fotografías (P1000820 o P1000821, P1000822 o P1000823, P1000825-P1000831, y P1000832). ahjjmp, Rectoría, Sección: Rectores. Subsección: P. Félix Restrepo, S. J., C2, D99, ff 224-225.

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menos dan cuenta de proyectos que los jesuitas ya tenían para esa institución desde entonces. Durante esa permanencia de casi tres meses38, el síndico de San Ignacio consiguió la aprobación de los anteproyectos arquitectónicos que habían sido elaborados previamente por la firma Herrera Carrizosa Hermanos para el edificio hospitalario que por entonces se proyectaba construir en el sector de La Soledad. Esos trabajos fueron revisados por técnicos del Gobierno Federal y constructores expertos en edificios hospitalarios39. También, el padre Granados se puso en contacto con funcionarios del Servicio de Salud Pública de los Estados Unidos en Washington, D. C., y se relacionó con las universidades dirigidas por jesuitas en ese país, hasta lograr conseguir veinte becas para cinco de esas “grandes universidades”, con las que más adelante esperaban realizar intercambios, con el propósito de que las enfermeras estadounidenses que llegaran al país se hicieran cargo de la atención de los pacientes, al tiempo que se garantizaría la docencia de las enfermeras javerianas. Sin embargo, y dadas las limitaciones económicas, por esa época no se contó con el dinero para financiar los viajes de las jóvenes colombianas que quisieran entrenarse en ese país. Tanto los hospitales universitarios de Estados Unidos como la docencia médica, y algunas disciplinas como la enfermería, se convertirían para los jesuitas en paradigmas necesarios de imitar, porque ellos demostraban que con esos elementos propuestos por Flexner también se estaría garantizando una calidad académica, docente e investigativa de excelencia. Pronto, los antiguos referentes para imitar desde la Javeriana dejaron de ser el viejo Hospital de San Juan de Dios y la Universidad Nacional, y la construcción del nuevo edificio en el sector de la Hortúa se encargaría de confirmar esa idea. La Compañía de Jesús sabía que ya no sería suficiente con hacer las cosas bien; era además necesario hacerlas prácticas, eficientes y mejores que los patrones colombianos que se tenían como referencia. El síndico del Hospital San Ignacio también vinculó al Hospital San Ignacio dentro de la Asociación de Hospitales Católicos, porque al hacer parte de esa agremiación se obtenían importantes descuentos en materiales para la construcción. Aunque desde 1944 el padre Granados estaba preparando el terreno para que el Hospital San Ignacio fuera un hospital moderno, muchos planes quedaron aplazados hasta que el hospital se materializara.

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Álvaro Ortiz Lozano, “Reportaje al padre Granados (fragmento)”, en Datos sobre la Universidad Javeriana para uso de los directores de propaganda (Bogotá: Pontificia Universidad Católica Javeriana, Editorial Pax,1944), 99-101. ahjjmp, Rectoría, Sección: Rectores. Subsección: P. Félix Restrepo, S. J., C3, D169, ff 252-253.


Realizaciones hospitalarias, 1959-1970

También en 1963 se cambiaron los planes de estudios en la Facultad de Medicina al implantar el sistema de “ciclos” para los estudiantes de cuarto y quinto año que tomaban las Clínicas de Cirugía y Medicina Interna, además porque con ellos se implantó el llamado Internado Rotatorio, con el que se les comenzó a exigir mayor tiempo y dedicación a los estudiantes de séptimo año40.

Cambios en Enfermería Con las gestiones adelantadas por el padre Granados en 1944, pronto salió un grupo de jóvenes colombianas a estudiar en Chicago y St. Louis, con la idea de vincularse laboralmente a la Javeriana tras su regreso al país41, bien como profesoras de la futura Escuela de Enfermeras, o en forma directa con el Hospital San Ignacio42. Algunas de ellas fueron más tarde las iniciadoras de nuevas subespecialidades y disciplinas que por entonces no se ejercían en Colombia43. Estos hechos nos explican que la presencia de las religiosas de la Comunidad de las Hermanas Franciscanas de la Virgen de Lourdes de Rochester en el Hospital San Ignacio hacia mediados de la década de 1960 no se estaba dando tampoco de un modo accidental; se trataba de un plan preestablecido y era el resultado de la visita del padre Granados a los Estados Unidos en 1944. Como se recordará, al establecerse el Hospital de La Providencia, a las Hermanas de La Presentación se les había asignado la labor de enfermería. Con los nuevos cambios conceptuales en torno a la nueva sede hospitalaria, también el servicio de enfermería viviría su propio proceso gradual de consolidación. En marzo de 1963, se empezó a organizar un primer Departamento de Enfermería, que en 1964 sería reestructurado como consecuencia de un convenio entre la universidad y las religiosas estadounidenses de la Comunidad Franciscana de la Virgen de Lourdes 40 41 42 43

“Modificaciones en el plan de estudios de medicina”, Hoy en la Javeriana Año 3 núm. 11 (1963, marzo 29). Breve historia del Hospital Universitario San Ignacio, 5-6. Estas becas se seleccionarían entre algunas “jóvenes distinguidas”, y poseedoras de “una buena cultura general”. Álvaro Ortiz Lozano, “Reportaje al Padre Granados (fragmento)”, 100-101. Celmira Acevedo V., que hizo parte de la primera promoción de enfermeras en la Escuela Nacional Superior de Enfermería, y obtuvo una beca de la Unitarian Medical Misión, trabajó en el Hospital San Ignacio, donde inició la carrera de Instrumentación. Jorge Segura Vargas. Entrevista personal de Marietta Mejía. 11 de junio, 2009.

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de Rochester, de Minnesota. De acuerdo con la visión de las religiosas de La Presentación: El 1º de marzo de 1963 se inició el Departamento de Enfermería bajo la dirección de la Señorita Lucía Villamizar, y el 1º de agosto del mismo año se inauguró el Pabellón de Pediatría, con 28 cunas y 40 camas; en un principio fue administrado por señoritas hasta el 6 de agosto, cuando llegó una hermana para prestar allí sus servicios. Por este tiempo se establecieron en el Hospital San Ignacio tres religiosas norteamericanas de la Comunidad de las Hermanas Franciscanas de la Virgen de Lourdes de Rochester (Minesota,(sic), EE.UU.). Su venida a Colombia se efectuó gracias a la intervención del Señor Cardenal Concha Córdoba. Sister Maive asumió la dirección del Departamento de Enfermería; Sister Lea la de la Escuela de Enfermería y Sister Scheimans trabajaba como enfermera especialmente en la sección de pediatría. Fue admirable la armonía que reinó entre las dos comunidades. Hacia 1964 el Hospital contaba con 110 camas y treinta y cinco cunas e incubadoras; dos salas de cirugía, 10 consultorios, laboratorio clínico y servicios propios de radiología, farmacia y lavandería.44

Para poder recibir a las Hermanas de Rochester, se habilitó un espacio en el 9º piso, donde se construyeron las residencias de estas y otras religiosas que habían llegado al Hospital. El 22 de abril de 1964, el padre Eduardo Briceño S. J., vice-gran canciller de la universidad, bendijo las residencias del 9º piso, dotado con diecinueve habitaciones, comedores, cocina y una capilla que estaba aún sin acabarse de construir. Las tres Comunidades estadounidenses que se vincularon al San Ignacio en 1964 eran: 1. Las Hermanas Franciscanas de Rochester, Minnesota, que

como se recordará, estaban encargadas del departamento de Enfermería del Hospital San Ignacio, y la Escuela de Enfermería de la Universidad Javeriana.

44 achp,

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Fotografías (P1000814 o P1000815 o P1000827 o P1000828).


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2. Hermanas de Notre Dame de Mequon, Wisconsin. 3. Hermanas de La Caridad de la Virgen María (BVM), de

Dubuque, Iowa.45

La Escuela de Enfermería organizó una mesa redonda el 14 de mayo de 1964, bajo la dirección de la Hna. Mary Lea, a la cual asistieron en calidad de invitadas las profesoras de Enfermería de la Javeriana, la decana y el personal docente de la Escuela de Enfermería de la Universidad Nacional. El foro buscó integrar opiniones sobre el nuevo programa de estudios, el cual fue analizado por parte de las asistentes. Algunos observadores dirían de ese evento que “Esta es la primera vez que en la historia universitaria de Colombia en que dos Escuelas de Enfermería se unen para comentar y estudiar sus programas de estudio, en beneficio del adelanto y progreso de sus estudiantes”46. Con el aporte de la Organización del Episcopado Alemán “Misereor”, el 29 de septiembre de 1964 se descubrió y bendijo la “primera piedra” para el nuevo edificio de la Facultad de Enfermería47. El 14 de julio de 1965, el Comité Administrativo de la Asociación Colombiana de Universidades, ascun, y el Fondo Universitario Nacional, mediante el Acuerdo N.° 54 del 6 de noviembre de 1964, le dieron aprobación al plan de estudios de la Facultad de Enfermería de la Universidad Javeriana. Este acuerdo fue aprobado a su vez mediante la Resolución N.° 0027 del 22 de enero de 1965 del Ministerio de Educación Nacional. Las nuevas religiosas de Rochester se encargaron de hacer un nuevo tipo de entrenamiento entre las enfermeras de la Javeriana, el cual seguía la tradición y concepción de la medicina moderna estadounidense. A partir de ese momento, también a nivel docente se planteó la posibilidad de que la universidad, tras previos requisitos y prácticas hospitalarias, llegara a otorgar el título de “Licenciada en Enfermería”48. Para las enfermeras, que hasta ese momento habían sido dirigidas 45

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A las religiosas de La Presentación que habían trabajado en el Hospital de La Providencia y en el San Ignacio desde 1947, se les sumarían esas otras comunidades religiosas femeninas que llegarían al Hospital San Ignacio en 1964. “Se inaugura el noveno piso del hospital”, Hoy en la Javeriana Año 4 núm. 14 (1964, 21 de abril). “Escuela de Enfermería”, Hoy en la Javeriana Año 4 núm. 23 (1964, 29 de mayo). “Hoy se bendice la primera piedra”, Hoy en la Javeriana Año 4 núm. 47 (1964, 29 de septiembre). Martha Cecilia López, “Enfermería: 65 años al servicio del país”, Union Javeriana vol. 15 núm. 1 (2006): 8-9.

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por las religiosas de La Presentación, con estos cambios administrativos se vivirían también serias transformaciones a nivel doméstico dentro del Hospital San Ignacio: las auxiliares debían tener su cabello recogido, una presentación impecable, y ante todo ser muy estrictas con sus horarios y responsabilidades. A medida que dejó de ser tan importante la improvisación y el ingenio propios de la enfermería empírica con la cual se resolvían muchos problemas, con las nuevas profesoras de Rochester las enfermeras también fueron adquiriendo cierto grado de profesionalismo49. Otro elemento que contribuyó a facilitar los cambios a nivel de la enfermería tiene que ver con la promoción de agremiaciones y conferencias mediante las cuales se exponían procedimientos, se planteaban recomendaciones y se generaba la difusión de nuevos métodos tecnológicos y prácticos. Estos aires de cambio se hicieron evidentes en el Hospital San Ignacio a partir de 1962. A principios de ese año, en un Seminario de Enfermería convocado por la Agencia de Ayuda Internacional (aid), y al cual habían asistido algunas enfermeras de la Facultad de Enfermería de la Universidad Católica de Washington50, se reformó el programa académico de las enfermeras javerianas. En septiembre de 1962, las enfermeras del Hospital San Ignacio participaron en un evento realizado en Medellín51, y en noviembre de 1962 llegó a Colombia y a la Escuela de Enfermería de la Javeriana otra delegación de Enfermeras de la Facultad de Enfermería de la Universidad Católica de Washington52, para darle cumplimiento al programa de ayuda educacional a las escuelas universitarias de enfermería colombianas. En esa ocasión, en una mesa redonda llevada a cabo en la Rectoría de la Universidad, y frente a las 49 50

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Aura Cecilia Martín de Olaya. Entrevista personal de Marietta Mejía. 10 de octubre, 2009. En esa ocasión, presidió los eventos Miss Julia Randall, Enfermera de la Facultad de Enfermería de la Universidad Católica de Washington, quien visitó al país en calidad de consultora de enfermería para Colombia, en compañía de Teresa Murillo, jefe del Departamento de Enfermería del Ministerio de Salud Pública. “Cordial visita a la Escuela de Enfermería”, Hoy en la Javeriana Año 2 núm. 61 (1962, 9 noviembre). En septiembre de 1962, varias religiosas y enfermeras del Hospital San Ignacio presentaron sus trabajos en el II Congreso Nacional de Enfermeras Religiosas en Medellín. Ese mismo mes, la Escuela de Enfermería, la Escuela de Dietética, y los médicos internos del Hospital de San Ignacio dictaron un ciclo de conferencias para 40 pacientes de la Consulta Externa de Obstetricia, con participación de estudiantes de Dietética. “II Congreso Nacional de Enfermeras”, Hoy en la Javeriana Año 2 núm. 48 (1962, 18 de septiembre); “Ciclo de educación prenatal en el Hospital San Ignacio”, Hoy en la Javeriana Año 2 núm. 49 (1962, 21 de septiembre). En noviembre de 1962, llegaron Sister Charles Marie Frank, decana de la Facultad de Enfermería de la Universidad Católica de Washington, y Edna Treasure, profesora de esa misma universidad.


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directivas de la Facultad de Medicina y los Departamentos de Morfología y Bioquímica, la Hermana Charles Marie explicó los objetivos del Plan de Ayuda Educacional en las Escuelas de Enfermería, que se proponía elevar el nivel académico de la disciplina en el país53. Con el nuevo enfoque, las enfermeras estadounidenses buscaron reformar esta disciplina en el Hospital San Ignacio, y con claros objetivos buscaron homogenizar la enfermería a nivel nacional.

La creación de los Departamentos de Cirugía y Medicina Interna Como sucedía en forma periódica, la Universidad Javeriana se veía en la necesidad de negociar cada año con la Sociedad de Cirugía de Bogotá el valor del contrato para que los estudiantes de medicina pudieran realizar sus prácticas quirúrgicas en el Hospital San José, pero en 1964 las directivas confirmaron que la cifra por pagar en 1965 sería tan elevada que convendría mucho más invertir ese dinero en la obra inconclusa del Hospital San Ignacio. En noviembre de 1964 llegó una nueva donación de la Fundación Ernesto Castellanos con la cual se inauguró el equipo completo de una sala de cirugía general en un nuevo pabellón del Hospital San Ignacio54, y durante el primer semestre de 1965 se estaría además habilitando otra sala de cirugía que, como la de Ernesto Castellanos, también exaltaría a Alejandro Gutt, en cuyo nombre se había hecho la donación55. Por entonces, el Hospital ya contaba con el equipo indispensable para abrir otras tres salas de cirugía en el costado sur del cuarto piso56. Con esas importantes adquisiciones, se decidió contratar de tiempo completo a Alberto Escallón A. para que se hiciera cargo del futuro Departamento de Cirugía, el cual comenzaría a funcionar en el Hospital San Ignacio a partir de 1965. Este dato remite a una nueva mentalidad médica, tal como lo constata el mismo Dr. Escallón: El concepto de tiempo completo en la docencia de la medicina y en los cargos administrativos de los hospitales era, en ese tiempo, una cosa

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“Mesa redonda”, Hoy en la Javeriana Año 2 núm. 61 (1962, 9 de noviembre). “Inauguración”, Hoy en la Javeriana Año 4 núm. 56 (1964, 13 de noviembre). Esta donación fue hecha por Moris Gutt, en homenaje a su hijo Alejandro Gutt, muerto muy joven. “Gran éxito, la inauguración hospitalaria”, Hoy en la Javeriana Año 5 núm. 15 (1965, 23 de abril). “Inauguración”, Hoy en la Javeriana Año 4 núm. 56 (1964, 13 de noviembre).

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absolutamente nueva entre nosotros y algo que no existía en ninguna Facultad de Medicina, ni en ningún hospital de Bogotá y casi que en ningún cargo médico del país, con excepción de la Universidad del Valle, donde estaba de moda el tiempo completo y la dedicación exclusiva, en los cargos docentes de la Facultad de Medicina, de muy reciente creación, y con el patrocinio de la Fundación Rockefeller.57

Hasta ese momento no era común entre los colombianos que los cargos docentes y administrativos de los hospitales fueran “de tiempo completo”; y cuando eso sucedía, como era el caso de la Universidad del Valle, esa “dedicación exclusiva” también estaría expresando la presencia de nuevas exigencias académicas, asistenciales e investigativas que reflejaban las propuestas de Abraham Flexner58. En el caso de la Facultad de Medicina de Cali, era claro que esta nueva tendencia obedecía al “patrocinio de la Fundación Rockefeller”, la cual estaría adaptando la medicina caleña a la estadounidense. Estos cambios que ahora se introducían en forma paulatina en la vida hospitalaria del Hospital San Ignacio implicarían igualmente cambios conceptuales, desde la mentalidad médica francesa hacia una nueva dimensión de la medicina estadounidense. El 20 de mayo de 1965, en una ceremonia solemne presidida por el Cardenal Luis Concha Córdoba, Cardenal Primado de Colombia, Arzobispo Primado de Colombia, de Bogotá59, y además Patrono de la Universidad Javeriana60, se bendijeron e inauguraron los nuevos “pabellones” de cirugía del cuarto piso, y el de medicina interna en el quinto piso. Así, con las ayudas de muchos benefactores entrarían en servicio un total de 100 camas61 para pacientes indigentes y de clase media62.

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Alberto Escallón Azcuénaga, “Historia del Departamento de Cirugía de la Facultad de Medicina de la Universidad Javeriana y del Hospital Universitario San Ignacio”, Universitas Medica vol. 33 núm. 2 y 3 (1992), 69. José Félix Patiño, “Abraham Flexner y el flexnerismo. Fundamento imperecedero de la educación médica moderna”. Asistieron a ese evento el presidente de la república Guillermo León Valencia, su ministro de Salud Pública, el provincial de la Compañía de Jesús, el padre Jesús Emilio Ramírez, S. J., rector de la universidad, el expresidente Alberto Lleras Camargo e importantes personalidades. achp, Fotografías (P1000724 o P1000725, P1000764). “Gran éxito, la inauguración hospitalaria”, Hoy en la Javeriana Año 5 núm. 15 (1965, 23 de abril). De las 100 camas, 50 eran de cirugía y 50 de medicina interna. Además, se habilitarían 10 consultorios, 4 salas de cirugía, una central de esterilización y un laboratorio de patología. Así, se esperaba que se ampliaran casi al doble los servicios del hospital, con 190 los pacientes hospitalizados, 30 admisiones, 15 cirugías, 30 radiografías, 5 electroencefalogramas y 200 exámenes de laboratorio por día. El hospital llevaba invertidos en el lote y la construcción $6 708 853 cop ; y en dotación y equipo, $676 192 cop. achp, Fotografía (P1000772). “Inauguración”, Hoy en la Javeriana Año 4 núm. 56 (1964, 13 de noviembre).


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Para evocar y hacerles un homenaje a esos importantes benefactores, una área del tercer piso que sería destinada para los servicios de cirugía, se dedicó a la memoria de la señora Alejandrina Gutiérrez viuda de Cuervo; el cuarto piso estaría dedicado a la memoria de la señora Mercedes Sierra de Pérez, que a su vez estaría dividido en varias secciones para las subespecialidades quirúrgicas: cirugía general, urología, oftalmología y otorrinolaringología, neurocirugía, cirugía plástica, ortopedia y traumatología, y además proctología. El quinto piso, destinado para los servicios de medicina interna, también contaría con varias secciones, de acuerdo con las diferentes subespecialidades de medicina interna: cardiología, neurología, hematología, gastroenterología y neumología63. En esa inauguración y por esos días estaba encargado de esa institución el padre Félix Restrepo, S. J., el cual todavía era considerado el propulsor de la obra del Hospital San Ignacio64, y quien en el discurso de inauguración reconoció las dificultades vividas por la Universidad Javeriana durante dos décadas en torno al nacimiento y desarrollo del Hospital, que en ese momento se veía como una realidad, al contar con el apoyo de las religiosas de dos comunidades que habían hecho posibles muchos de los logros conseguidos hasta entonces: Además de las Hermanas de La Presentación cuyos desvelos por el hospital hace poco recordábamos, está en él establecida la Comunidad de Hermanas Franciscanas de la Virgen de Lourdes de Rochester, cuya venida a Colombia en gran parte se debe a la intervención del eminentísimo señor cardenal aquí presente.65

Al inaugurarse estos dos servicios con sus respectivos Departamentos de Cirugía y Medicina Interna en los pisos cuarto y quinto del edificio respectivamente, se estaban realizando en forma gradual otros cambios trascendentales 63

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El cuarto piso de cirugía llevaría una placa para recordar a Alejandrina Gutiérrez V. de Cuervo, bienhechora del hospital, y al doctor José del Carmen Acosta, fundador y primer decano de la Facultad de Medicina. Los dos Pabellones que se inauguraban recibieron los nombres de dos benefactoras: Sor Juan Magdalena Muñoz V. de Carrizosa, y Mercedes Sierra de Pérez. Una sala de cirugía se llamó Alejandro Gutt; la otra, Ernesto Castellanos. En otras placas se apuntaron los nombres de benefactores como Julio Ramírez Johns, Sophy Pizano de Ortiz, Rafael Salazar y Leonor Gutiérrez de Salazar, Emilia Rasch de la Torre, Hilaria Clementina Rojas Ávila, Martín de Germán Ribón y otros. achp, Fotografías (P1000724 o P1000725, P1000764). achp, Fotografías (P1000828 y P1000829). “Gran éxito, la inauguración hospitalaria”, Hoy en la Javeriana Año 5 núm. 15 (1965, 23 de abril). “El Hospital San Ignacio inaugura nuevos servicios”, Hoy en la Javeriana Año 5 núm. 14 (1965, 9 de abril). achp, Fotografía (P1000772 o P1000773).

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en la concepción médica con que se atenderían los pacientes en San Ignacio, porque al régimen interno tradicional regido por las Hermanas de La Presentación, ahora se le sumaba la presencia de las Hermanas Franciscanas de Rochester de Estados Unidos; y adicionalmente, el mismo padre Félix Restrepo, S. J., estaba reconociendo la presencia de la Iglesia católica en el hospital. En el Informe Histórico del año 1965, las religiosas de La Presentación destacaban que ese año se habían inaugurado los servicios de quirúrgica y medicina interna en los pisos 4º y 5º del Hospital San Ignacio respectivamente, y al presentar una relación de su trabajo explicaban que la única hermana que se encargaba del servicio de maternidad había sido retirada el 2 de octubre, para ser reemplazada por una religiosa de la comunidad franciscana, de nacionalidad estadounidense66. Aunque las Hermanas de La Presentación habían sido fundamentales para la institución hospitalaria, con los recientes cambios se estaban modificando las pautas francesas, para seguir más de cerca las estadounidenses. Durante 1965, luego de haber entrado en funcionamiento el Departamento de Cirugía con sus subespecialidades en el cuarto piso, y el Departamento de Medicina con las suyas en el quinto, se adelantaron obras como la ampliación progresiva de la planta física y los servicios generales, que permitieron completar en forma gradual los servicios de consulta externa, laboratorio clínico, rayos X, patología, electroencefalografía y electromiografía, cuyas reformas también le permitieron al Hospital alcanzar una capacidad total para 240 pacientes67. A medida que el Hospital incrementaba sus servicios, también se exponía a sortear otro tipo de dificultades. Ya desde el 11 de febrero de 1965, la Madre María San Pedro, superiora provincial de la Comunidad de La Presentación se había dirigido al padre Jesús Emilio Ramírez, S. J. y al Doctor Carlos Dávila para comunicarles que se veía en la obligación irrevocable de retirar en forma definitiva a las Hermanas de su Comunidad del Hospital San Ignacio a partir del miércoles 31 de marzo. En forma adicional, le solicitaba al Dr. Dávila, que nombrara al personal que debería reemplazar a las hermanas, con el objeto de hacer el empalme y el inventario de los elementos que habían estado a cargo de las religiosas, el cual ya había sido elaborado por ellas68. Sin embargo, las religiosas de La Presentación se quedaron en el Hospital San Ignacio hasta 1977. 66 achp, Fotografía (P1000877 67 Facultad de Medicina, Boletín 68

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o P1000878 o P1000879). 1966-1967-1968, xxv Aniversario, 1942-1967, 2. achp, Fotografías (P1000723-P1000724, P1000780 o P1000781, P1000782 o P1000783).


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El año de 1965 demostró que el Hospital San Ignacio se estaba preparando para seguir creciendo a un nuevo ritmo; con la programación metódica de construcción y dotación, ese año también se calculaba que, cuando concluyera el hospital, se podrían llegar a tener unas 500 camas en total, a la vez que se esperaba que las instalaciones próximas a construirse resultarían cada vez más adecuadas para las actividades docentes del país. Ese plan de construcción diseñado para 1965 también contemplaba la construcción y dotación de seis salas de cirugía, la construcción y dotación de una central de esterilización, el montaje de cocinas generales, y la instalación de tres de los cinco ascensores que habían sido diseñados originalmente69. Un inventario de 1965 reveló que el hospital había logrado aumentar al doble sus servicios durante ese año70. De acuerdo con esos ambiciosos proyectos, también se anunció que de llegarse a reunir los recursos económicos necesarios para terminar el edificio, se consideraba que la institución podría conseguir un mecanismo de autofinanciación con los servicios de pensionados para costear los servicios de caridad; y de lograrse esos objetivos, la función social hospitalaria podría adquirir grandes proporciones71. Con la ayuda de la Fundación Julio Ramírez Johns, que había sido creada desde 1951, se le venía proporcionando atención médica a mucha gente pobre72. De acuerdo con los pronósticos de ese momento, se calculaba que al Hospital San Ignacio le estaría faltando la suma de $28 600 000 cop para cubrir todas sus necesidades73.

Época de donaciones Las estadísticas hospitalarias de 1965 precisaban que del tipo de atención prestada en los servicios médicos y quirúrgicos, el 100% correspondía a pacientes de escasos recursos económicos, procedentes de varios lugares de la ciudad74. En general, esos pacientes pagaban unas tarifas demasiado 69 70 71 72

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Hospital de San Ignacio, Oficina de Desarrollo (s. f.), 8. “Hospital San Ignacio”, Hoy en la Javeriana Año 5 núm. 28 (1965, 8 de junio). Hospital de San Ignacio, Oficina de Desarrollo, 9 - 10. En 1961 se atendieron 10 265 pacientes del Dispensario Julio Ramírez Johns, y se habían hecho 19 263 análisis de laboratorio, en tanto que se calculaba que para 1965 se llegaran a hacer 278 000 exámenes de laboratorio, que de haberse tenido que contratar con otras instituciones, habrían implicado unos gastos estimados en $2 780 000 cop. Hospital de San Ignacio, Oficina de Desarrollo, 17. El 55% de los pacientes procedían de los barrios populares del noroeste de Bogotá, un 40% de los barrios del centro, oriente y sur de la ciudad, y un 5% pertenecía a personas de

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bajas, con las cuales no se habrían alcanzado a cubrir siquiera los gastos de los servicios recibidos. Este hecho explica por qué razón el Hospital San Ignacio necesitaba de donaciones cotidianas suministradas por sus grandes benefactores, tal como era ya tradicional con las Fundaciones Julio Ramírez Johns y Ernesto Castellanos R., que en forma permanente contribuían con ayudas para los servicios de hospitalización y consulta externa del hospital. En julio de 1965 llegó al Hospital San Ignacio una visita procedente de la Compañía General Electric de Colombia75 para hacer una entrega de $10 000 cop en efectivo a nombre de la Compañía, y otros $10 000 cop en muebles y enseres para dotar el Departamento de Pediatría76. También en el mes de agosto de 1965 llegó otra donación proveniente de la Fundación Kellogg, por valor de $44 900 usd, los cuales se destinarían para financiar los nuevos programas de la Facultad de Enfermería de la Javeriana durante tres años. De ese modo, se pudieron subvencionar equipos de enfermeras profesionales, salarios de profesores, libros y material de enseñanza, becas, entre otros. Para entonces, ya la Facultad de Enfermería estaba a cargo de la Hermana M. Lea, en cooperación con las otras dos Hermanas de la Congregación de Nuestra Señora de Lourdes de Rochester, quienes también trabajaban para el Hospital San Ignacio. En forma complementaria, esa misma Fundación estadounidense financió becas para profesores que quisieran estudiar y mejorar sus conocimientos en Estados Unidos77. Debe puntualizarse que por esos años, en los cuales se realizaron grandes innovaciones hospitalarias y educativas, las facultades de la Javeriana y el Hospital San Ignacio recibieron frecuentes donaciones de organizaciones internacionales78. En 1966 se puso en funcionamiento el servicio de urgencias, y ese mismo año se inició la construcción del servicio de hospitalización para pacientes privados en el ala norte del 9° piso, cuya inauguración se proyectó para la celebración de las Bodas de Plata de la Facultad de Medicina, entre el 2 y el

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poblaciones vecinas a la capital. En esa oportunidad, representaron a la Compañía los señores William V. Gough, su gerente general; además del gerente de finanzas, Edmund Hickey, y el jefe de relaciones públicas de la misma, el señor Guillermo Parra. “Donación de la General Electric”, Hoy en la Javeriana Año 5 núm. 34, (1965, 27 de julio). “Donación de la General Electric”, Hoy en la Javeriana Año 5 núm. 34, (1965, 27 de julio). “La Fundación Kellogg auxilia a la Facultad de Enfermería”, Hoy en la Javeriana Año 5 núm. 36, (1965, 3 de agosto). La Fundación Rockefeller donó 15  000 dólares para enseñanza e investigación de Microbiología de la Facultad de Medicina. “Donación”, Hoy en la Javeriana Año 4 núm. 49 (1964, 6 de octubre).


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5 de agosto de 1967. Adicionalmente, se planeó por la misma época la construcción de Consultorios Médicos en el 7° piso, destinados al ejercicio privado de los médicos que conformaban el personal de planta en el hospital79.

Una revolución hospitalaria y académica dentro de la Javeriana Para que pudiera conseguirse un hospital moderno de carácter universitario como el diseñado por Abraham Flexner, y recomendado por las Misiones Médicas Estadounidenses de 1948 y 1953, además de estrechar vínculos administrativos entre la Facultad de Medicina y el hospital universitario, también sería necesario realizar una “revolución” en conceptos que trascendiera en la educación médica y de las demás disciplinas relacionadas con los temas de la salud. Para que las ciencias de la salud estuvieran en condiciones de construir “desde adentro” un hospital moderno, había que empezar por fortalecer los conocimientos de ciencias básicas que permitieran emplear nuevos criterios científicos y programas de investigación, que a su vez llegaran al empleo de tecnología de avanzada, con el fin de promover la medicina de laboratorio, sustentada en principios fisiopatológicos y etiopatológicos. No en vano Flexner había insistido en la gran importancia de contar con un profesorado de excelencia, y además incluir la disciplina investigativa dentro de la formación médica80. Pero no sería suficiente con mantenerse informado sobre los principios propuestos por Flexner; para realizar esos cambios también sería necesario ir involucrando en forma gradual a los profesionales de las disciplinas médicas y relacionadas con el tema de la salud, y una forma de inducirlos en nuevos procedimientos tecnológicos y avances científicos sería promoviendo reuniones periódicas mediante congresos, seminarios y convenciones. Ante todo, se buscaba estimular la conformación de gremios y asociaciones que a su vez difundieran, publicaran y publicitaran los criterios y recomendaciones de la medicina estadounidense para que en forma gradual se fuera incorporando a las tradiciones médicas colombianas preexistentes. Como se recordará, con el Primer Congreso Hospitalario de Colombia realizado en la ciudad de Bucaramanga en 1942, y después de las propues79 80

Facultad de Medicina, Boletín 1966-1967-1968, xxv Aniversario, 1942-1967, 32. “Revista de cirugía”, Encolombia.com.

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tas y reformas planteadas por las Misiones Médicas Estadounidenses de 1948 y 1953, se venía imponiendo la tendencia de buscar agremiaciones entre los hospitales, así como entre las universidades y las facultades de medicina, con el fin de mejorar aspectos docentes, investigativos y asistenciales, de cuyas iniciativas nacieron los Seminarios de Cali en 1955, y el de Medellín en 1957, donde se discutieron y afianzaron las reformas educativas por seguir81. Un recuento cronológico simplificado de estos eventos evidencia que al Primer Congreso Latinoamericano de Hospitales realizado en Santiago de Chile en 1940 lo seguiría la Convención Americana de Hospitales de septiembre de 1941 en Atlantic City, que se encargó de afianzar las ideas propuestas por Abraham Flexner de 1910. Luego vino el Primer Congreso Médico Colombiano llevado a cabo en 1941 en Bucaramanga, asociado con el Primer Congreso Hospitalario de Colombia realizado en esa misma ciudad en febrero de 1942, y a los seis años llegaría al país la Misión Médica Humphreys. A esa primera Misión Médica procedente de Estados Unidos, y conocida como la Misión Médica Unitaria Humphreys de 1948, la seguiría la Misión Médica Lapham, también conocida como la Misión Médica de Tulane de 1953, a partir de las cuales se habría organizado el Seminario de Educación Médica de Cali de 1955. Este fue seguido por la creación de la Asociación Colombiana de Hospitales y Clínicas en 1956, y esta a su vez fue sucedida por el Seminario de Educación Médica de Medellín de 1957. Para afianzar las recomendaciones dejadas por los congresos, convenciones, seminarios y las dos Misiones Médicas, se conformaron importantes agremiaciones como la auscun y la ascofame82, encargadas de grandes transformaciones académicas. En 1959, cuando se creó en forma oficial la ascofame, la Facultad de Medicina de la Javeriana hizo parte de la lista de los miembros fundadores83. A la ascofame le correspondería la revisión de asuntos académicos relacionados con el pregrado, pero muy particularmente la aprobación y coordinación de los programas de postgrado, especializaciones o “residencias” en los hospitales, también en forma concertada con los programas de posgrado que se dictarían desde las facultades de medicina84. De este modo, ascofame se 81 82

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Ernesto Andrade Valderrama, “Evolución de la educación médica en Colombia”, 167-168. Como se recordará, la Misión Médica de Lapham había recomendado reuniones entre las escuelas médicas; así se crearon auscun y ascofame. Néstor Miranda, La Institucionalización de la Medicina en Colombia, 143. Facultad de Medicina, Boletín 1966-1967-1968, xxv Aniversario, 1942-1967, 2; 32. Ernesto Andrade Valderrama, “Evolución de la educación médica en Colombia”, 168.


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convertiría en la autoridad competente capaz de certificar las especializaciones médicas y conferir la acreditación de los hospitales a nivel nacional. Sus efectos se comenzarían a percibir a lo largo de la década de 1960 en todo el país, cuyas medidas permitieron el establecimiento de nuevas políticas educativas que incentivarían las ciencias sociales y del comportamiento, al mismo tiempo que se impulsaban el Departamento de Medicina Preventiva y Social. A partir de esa época se estableció un vínculo entre las asignaturas del pénsum de la Carrera de Medicina y ese departamento con el fin de crear la conciencia de una medicina preventiva que estuviera en función de la sociedad durante todos los semestres académicos. De ese modo se extendió un plan docente que vinculaba al Hospital San Ignacio con hospitales regionales y locales de los departamentos de Meta, Cundinamarca, Boyacá y Santander85. Una de las más importantes reformas promovidas por la Misión Médica Lapham de la Universidad de Tulane, que había visitado el país en 1953, consistía en acentuar los vínculos entre las escuelas médicas y clínicas de los hospitales, así como llevar a cabo una gran transformación a nivel de sus actividades cotidianas, las cuales afectarían horarios, disciplinas y costumbres a nivel de los servicios médicos y de enfermería, como ya se estaba comenzando a implantar en el Hospital San Ignacio, de acuerdo con lo expresado por Alberto Escallón A. Como ya se ha señalado, los programas docentes iniciales en la Facultad de Medicina de la Javeriana y sus prácticas complementarias se habían inspirado originalmente en los de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional, debido a que los profesores y modelos educativos eran los mismos, pero además porque una de las exigencias que se le hacía a la nueva escuela médica javeriana era que debería tener unas condiciones académicas semejantes a las de aquella. A su vez, y como se ha mencionado, los jesuitas también se habían inspirado desde la década de 1940 para proyectar la Facultad de Medicina y el Hospital San Ignacio hacia paradigmas estadounidenses. Sin embargo, para que esos proyectos se realizaran, fue necesario que se dieran otros hechos particulares que contribuyeran a precipitar esos cambios, como se verá más adelante en torno a los Seminarios de Educación Médica celebrados en Cali en 1955, y en 1957 en Medellín. Estos dos eventos definirían nuevos rumbos en la enseñanza, la organización y el servicio de la escuela médica y la institución asistencial86. 85 86

Facultad de Medicina, Boletín 1966-1967-1968, xxv Aniversario, 1942-1967, 3. Facultad de Medicina, Boletín 1966-1967-1968, xxv Aniversario, 1942-1967, 32.

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Cambios locativos y metodológicos. La importancia de las ciencias básicas Cuando llegó en 1948 la Misión Médica de Humphreys, al referirse a las posibilidades de hacer investigación en las escuelas médicas en Colombia explicaba que: Las oportunidades para el trabajo investigativo son deficientes. Algunos trabajos son hechos por estudiantes durante su sexto año, al preparar su tesis de grado, y esto generalmente toma la forma de modificaciones experimentales de técnicas operatorias en el laboratorio de perros, las cuales pueden después ser llevadas a los pabellones. Hay poco incentivo para continuar las investigaciones hasta un nivel más fundamental y probablemente sería difícil llevarlas a cabo aun cuando la inclinación fuera ésta.87

Lo anterior indica que no había verdaderas investigaciones entre los estudiantes de medicina en 1948, porque en general lo que presentaban en sus tesis de grado no pasaban de ser “modificaciones experimentales de técnicas operatorias en el laboratorio de perros”; que si bien eran llevadas después a los pabellones hospitalarios, tampoco garantizaban un trabajo metódico. Esta reflexión parecía reconocer que “probablemente sería difícil” llevar a cabo las investigaciones, debido a la falta de incentivos para realizarlas. Aunque este comentario podría referirse a los estímulos monetarios, también es probable que se refiriera a los vacíos académicos de los estudiantes, que no estaban todavía muy familiarizados con las ciencias básicas. A su vez, este visitante era crítico respecto a la preferencia que en 1948 había sobre la práctica privada de los médicos, cuando decía: Después del internado y del grado la mayoría de los doctores entran en la práctica privada. Ellos tienden a permanecer en las ciudades, donde la vida es agradable y las recompensas son prontas, con el resultado de que la proporción de médicos para la población en las ciudades es asombrosamente alta, mientras que las comunidades más pequeñas están prácticamente sin cuidados médicos.88

En general, a los médicos colombianos no los motivaba mucho el atender pacientes de escasos recursos porque la práctica privada era más 87 88

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Breve Reporte Suministrado por George H. Humphreys II. M.D., 12. Breve Reporte Suministrado por George H. Humphreys II. M.D., 12.


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rentable, fenómeno que además incidía para que hubiera gran concentración de ellos en las ciudades, mientras eran casi inexistentes en el campo. A su vez, los mejores equipos y tecnología solían estar en las clínicas privadas, “mientras que las comunidades más pequeñas están prácticamente sin cuidados médicos”. En forma adicional, se reconocía un marcado individualismo a nivel hospitalario: Cada hospital tiene sus problemas especiales y cada uno funciona como una unidad separada, aunque existen algunos intercambios de personal. No hay fusión de intereses para recursos: cada hospital trata de adquirir facilidades para cada cosa. En general, muchos de los mejores y más completos equipos se encuentran en los hospitales privados, donde no están a la disposición para pacientes de caridad o para la enseñanza, y en esos hospitales los profesores de la Universidad pasan la mayor parte de su tiempo. 89

Los médicos pasaban la mayor parte del tiempo entre pacientes particulares, pero la docencia y la atención de los pobres tendía a quedar abandonada. Este hecho revela a su vez un cambio en el modelo sugerido para el ejercicio de la medicina con la fundación del Hospital San Ignacio, si se tiene en cuenta que desde sus mismos objetivos, se había programado que en este centro asistencial, además de la docencia y la investigación, se atenderían personas de escasos recursos de la capital y de otras regiones del país. Hasta 1952 funcionó la escuela médica de la Javeriana en el edificio del antiguo Claustro de San Bartolomé, cuando se realizó el traslado de la Facultad de Medicina con la Secretaría y el Departamento de Anatomía90, además de los laboratorios de química, bioquímica y cirugía experimental91 a sus nuevas dependencias de la facultad, en la Carrera 7ª92. Aunque el nuevo anfiteatro se inauguró el 30 de abril de ese año, todavía habría que esperar dos años para que el hospital entrara en funcionamiento con sus servicios de consulta externa93. 89 90 91

92 93

Breve Reporte Suministrado por George H. Humphreys II. M.D., 15. Germán Mejía Pavony, María Isabel Perdomo y Augusto Montenegro, “Capítulos II y III”, Manuscrito, ahjjmp, 451. Como ya se mencionó, el anfiteatro y estos laboratorios funcionaron desde 1943 en el edificio de la Avenida Primero de Mayo. Facultad de Medicina, Boletín 1966-1967-1968, xxv Aniversario, 1942-1967, 31. Germán Mejía Pavony, María Isabel Perdomo y Augusto Montenegro, “Capítulos II y III”, Manuscrito, ahjjmp, 451. Germán Mejía Pavony, María Isabel Perdomo y Augusto Montenegro, “Capítulos II y III”, Manuscrito, ahjjmp, 573.

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Durante algún tiempo, los laboratorios de ciencias básicas médicas y las aulas de clase funcionaron en el Edificio Central, donde tuvieron que sortear muchas limitaciones de espacio, dotación y personal docente. Con una cooperación económica de la Fundación Rockefeller destinada para la formación de profesorado y la adquisición de equipos, estas dependencias lograron trasladarse en 1962 a otro lugar más apropiado. En 1965, con un gran esfuerzo económico de la universidad, y además apoyados en el valioso aporte de la Fundación Ford, se creó la División de Ciencias Básicas de la universidad, la cual contaría con los Departamentos de Física, Química, Matemáticas y Biología; a su vez, a este último se incorporó el Departamento de Microbiología, con la adecuación de instalaciones, dotación y personal docente capacitado para proveer servicios a todas las unidades docentes de la universidad y adelantar programas de investigación. Estos cambios, además de obedecer a unos principios dictados desde la medicina estadounidense moderna, serían fundamentales para fortalecer la formación y capacitación técnica de médicos y profesionales de otras disciplinas relacionadas con la medicina y las áreas de la salud94, quienes más adelante serían esenciales en la dinámica hospitalaria del Hospital San Ignacio. También en 1966 se inauguró en el primer piso del edificio del anfiteatro el laboratorio de bioquímica, el cual estuvo dotado desde un principio para ejercer la docencia y la investigación95. Abraham Flexner había insistido en fortalecer los conocimientos en Ciencias Básicas dentro de la formación de los médicos, para que con nuevos conceptos pudieran entender y explicar el fenómeno de la enfermedad en la fisiología de los organismos; además, para que esos mismos conceptos les permitieran explicar los procesos etiopatológicos, y para que con esos principios también se involucraran en una medicina experimental (o de laboratorio) con la que lograran comprender y ensayar nuevos efectos farmacológicos y terapéuticos en general. Solo de ese modo sería posible realizar el tercer objetivo trazado para el Hospital San Ignacio desde su fundación; porque además de ser lugar de docencia y prácticas asistenciales, al ser un complemento de la escuela médica javeriana, 94

95

240

En general, las disciplinas que muchos han denominado “paramédicas”, más bien deben ser denominadas como propias de los profesionales relacionados con la medicina y los temas de la salud, las cuales también se multiplicaron a lo largo del siglo xx. Entre estos gremios se incluyen: enfermeras, instrumentadores quirúrgicos, bacteriólogos, biólogos, microbiólogos, nutricionistas, terapistas y otro tipo de técnicos de radiología. Facultad de Medicina, Boletín 1966-1967-1968, xxv Aniversario, 1942-1967, 31.


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el hospital debería también ser un escenario donde fuera posible facilitar la investigación96. Los miembros de la Misión Médica Humphreys de octubre de 1948 habían reconocido que “uno de los aspectos más importantes de la Misión, fue la influencia en la organización de las universidades colombianas, los métodos de enseñanza y los estándares académicos del país”. Luego de haber realizado reuniones con funcionarios de las universidades de Bogotá, Medellín y Cartagena, los delegados hicieron “énfasis mayor en las ciencias preclínicas, una reducción en el número de estudiantes que ingresen; un aumento en el número de profesores de jornada continua y una supervisión más concienzuda del trabajo clínico de los estudiantes”97.

Cambios en la Facultad de Medicina y el Hospital San Ignacio En enero de 1958, había llegado a la Decanatura de la Facultad de Medicina de la Universidad Javeriana José Antonio Jácome Valderrama98, quien —como se recordará— era el director del Hospital de San Juan de Dios de Bucaramanga en 1941, época en la cual también había sido nombrado delegado oficial por Colombia a la Convención Americana de Hospitales de Atlantic City, entre el 15 y 20 de septiembre de 1941. A su vez, Jácome Valderrama había tenido un protagónico desempeño en torno a las actividades llevadas a cabo en Bucaramanga, al celebrarse en esa ciudad el Primer Congreso Médico Colombiano a finales de 1941, y el Primer Congreso Hospitalario de Colombia en 1942. En la dirección del Hospital de San Juan de Dios de esa ciudad igualmente se distinguió porque “trazó la reforma hospitalaria moderna”99. Este médico nacido en Bucaramanga en 1915 había estudiado con los jesuitas en el Colegio de San Pedro Claver de esa ciudad, donde había obtenido el título de Bachiller en 1932. El 12 de julio de 1940, la Universidad Nacional de Colombia en Bogotá le confirió un grado laurea-

96 97 98

99

“Hospital de San Ignacio”, Programa de Desarrollo. 350 Aniversario, 3. Breve Reporte Suministrado por George H. Humphreys II. M.D., 7. El Dr. José Antonio Jácome Valderrama se venía desempeñando como profesor de Patología Quirúrgica desde 1948, y desde 1952 fue ascendido a profesor titular. “Reseña Historica General”, 35. “Oración fúnebre del presidente de la Federación Médica Colombiana, Bogotá, septiembre 5 de 1966”; “Homenaje al Doctor José Antonio Jácome Valderrama”, Tribuna Médica núm. 259 (1966, 17 de octubre): 6.

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do como Doctor en Medicina y Cirugía, y posteriormente había hecho su especialización quirúrgica en Nueva York, para distinguirse siempre por su liderazgo personal, académico, administrativo y asistencial100. Jácome V. sería recordado por sus condiscípulos porque siempre “constituyó el emblema científico, ético y académico del grupo”, pero además porque “su presencia era un desiderátum en la orientación del cambio en la docencia médica y propugnó una norma de centro, sin inclinación extrema hacia la escuela europea o a la norteamericana”101. Al celebrarse en Medellín el ii Seminario de Educación Médica, Jácome se convertiría en uno de los grandes promotores de la transformación profunda de la organización docente en la Facultad de Medicina de la Javeriana. Aunque se tuvo que retirar de la Decanatura “en uso de licencia” entre el 6 de abril de 1959 y el 22 de junio de 1960 al ser nombrado ministro de Salud Pública, en esta última fecha se vio obligado a presentar su renuncia definitiva de aquél cargo, así continuara colaborando en la orientación de la facultad como miembro del consejo directivo de la misma hasta 1965102. Además de haberse desempeñado en importantes cargos en varios hospitales, congresos y cargos administrativos103, Jácome Valderrama tuvo también la capacidad de adoptar posiciones críticas en contra de tendencias que no compartía, como sucedió cuando en 1961, frente a una crisis de profesores, denunció el riesgo que se estaba corriendo en la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional en lo ideológico y en lo académico. Jácome tuvo su primer acercamiento con la Facultad de Medicina de la Javeriana apenas se enteró de su fundación. El 27 de febrero de 1942, apenas dos días después de ese acontecimiento, el director del Hospital de San Juan de Dios de Bucaramanga le escribió una carta al padre Ángel María Ocampo, S. J., provincial de la Compañía de Jesús en Colombia,

100 José

Antonio Jácome se autodefinía como un “católico integral”. En los periodos 1939-1942 y 1945-1946, fue Jefe de Clínica Quirúrgica y profesor agregado de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional. Entre 1943 y 1944 se especializó en cirugía general, y se vinculó a importantes instituciones médicas de Nueva York. Desde 1948, fue profesor de Patología Quirúrgica en la Facultad de Medicina de la Universidad Javeriana, y desde 1952, titular. 101 “Oración fúnebre del presidente de la Federación Médica Colombiana, Bogotá, septiembre 5 de 1966”; “Homenaje al Doctor José Antonio Jácome Valderrama”, Tribuna Médica núm. 259 (1966, 17 de octubre): 6. 102 Facultad de Medicina, Boletín 1966-1967-1968, xxv Aniversario, 1942-1967, 35. 103 Jácome tuvo importantes cargos en los hospitales de La Samaritana (1948) y en el de la Policía Nacional (1949-1951), fue director del Instituto Nacional de Radium (hoy Cancerología) entre 1951 y 1955, laboró en la Secretaría de Salud del Distrito Especial de Bogotá (19571958), fue ministro de Salud Pública (1959-1960), y fue el creador del Comité Nacional de Lucha contra el Cáncer. Miembro de varias sociedades científicas nacionales, europeas y americanas. Facultad de Medicina, Boletín 1966-1967-1968, xxv Aniversario, 1942-1967, 35.

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para felicitarlo y reiterarle su incondicional apoyo de adhesión, ante tan “oportuna y brillante iniciativa”: […] No puede ser más oportuna ni brillante esta iniciativa, cuando nuestras juventudes crecen y cuando se hacen necesarios otros centros de estudio y de investigación. El país ya necesitaba otra facultad médica prestigiosa, sin negarle méritos ni sucesos a la Nacional, donde se da y se ha dado una magnífica educación a los jóvenes colombianos. Faltaba sí, crear una nueva conciencia de catolicismo dentro de los profesionales y si ya se estaba haciendo entre los abogados, que ahora se empiece entre los médicos, ¡donde en realidad tiene tan grande importancia!.104

Además de dar muestras de solidaridad con sus profesores y amigos, como católico declarado, demostraba sus “apegos a las ideas ignacianas que me inculcaron los jesuitas en el bachillerato, cuando fui Claveriano y Bartolino”105. Debe destacarse que con el crítico informe presentado por la Misión Médica auspiciada por el Unitarian Medical Service de los Estados Unidos sobre la enseñanza de la medicina en Colombia, todas las escuelas médicas del país empezaron a buscar soluciones que las sacaran del atraso en que se encontraban. La primera facultad que comenzó a realizar los cambios sugeridos en las bases de trabajo para llevar una orientación eminentemente estadounidense en la futura docencia médica fue la de la Universidad del Valle, la cual, además de demostrar que era necesario buscar nuevas técnicas y métodos de enseñanza, sería también la sede del Primer Seminario de Educación Médica en Colombia en 1955106. Al Segundo Seminario de Educación Médica celebrado en Medellín en 1957, acudió en representación de la Javeriana el decano académico José Antonio Jácome Valderrama, quien recibió muchas críticas porque algunas materias en la escuela médica javeriana se veían “de manera muy incompleta”, como sucedía en forma particular con Patología. Pero si algunas de esas críticas “eran reales, no todas fueron justas ni proporcionadas”, debido 104 ahjjmp,

Rectoría, Sección: Rectores. Subsección: P. Félix Restrepo, S. J., C2, D34, ff 65. Rectoría, Sección: Rectores. Subsección: P. Félix Restrepo, S. J., C2, D34, ff 65. 106 Gabriel Ortega Lafaurie, “Historia del Departamento de Patología”, Universitas Medica vol. 33 núm. 2 y 3 (1992):134. 105 ahjjmp,

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a que esas fallas que se le atribuían a la escuela médica jesuítica, también eran comunes a otras facultades de las allí presentes. Desde el mismo regreso del evento, el decano Jácome inició los primeros cambios en la Facultad de Medicina, con repercusiones también en el Hospital San Ignacio: reforzó los nexos de la escuela médica con hospitales afiliados como La Samaritana, San José y el Infantil Lorencita Villegas de Santos, al tiempo que invitó a muchos de sus jóvenes docentes para que se vincularan a la educación de la Javeriana. Una de las más importantes respuestas se obtuvo en el Hospital de San José, donde el Patólogo Guillermo Fergusson Manrique, recién egresado de una universidad estadounidense, empezó a dirigir el Departamento de Patología de la Facultad de Medicina de la Universidad Javeriana y del Hospital de San José, para constituir el primer departamento en esa materia de la Javeriana, cuyo director se convertiría en el primer docente con dedicación exclusiva y de tiempo completo. Pronto, ese departamento recibió al primer residente en entrenamiento procedente de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional. Con estas decisiones, la Patología comenzó a dictarse con criterios más modernos. En 1964, cuando se retiró Fergusson de la Dirección de Patología, se rompió el acuerdo entre la Facultad de Medicina de la Javeriana y el Hospital San José, debido a diferencias de criterio en cuestiones económicas entre el decano de la facultad y el director del hospital. Entonces el Departamento de Patología dejó de ser parte del Hospital San José, para trasladarse “a una muy reducida e incómoda ubicación en predios del Hospital San Ignacio”, donde permanecería gracias a los esfuerzos mancomunados por parte de la escuela médica javeriana y el Hospital San Ignacio hasta 1991107, aunque para esa época ya la Facultad de Medicina y el Hospital San Ignacio habían logrado cierto grado de independencia. Durante toda la década de los años sesenta, tanto la Facultad de Medicina como el Hospital San Ignacio se convirtieron en el centro de atención de visitantes estadounidenses, que con su presencia y recomendaciones lograrían un acercamiento mayor a la medicina de ese país. En 1964, llegó al país el Dr. Robert Person, el presidente de la Asociación de Escuelas de Medicina Estadounidenses en calidad de visitante oficial, cuyo objetivo primordial era 107 La

Patología comenzó a dictarse en dos cursos: Patología General y Patología Sistémica. A las clases diarias se les sumaban exámenes post mórtem, y se impuso con rigurosidad el estudio de los especímenes quirúrgicos por parte de los patólogos. Gabriel Ortega Lafaurie, “Historia del Departamento de Patología”, 135-136.

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ver y estudiar las posibilidades de ayuda para la educación médica en Colombia por parte de la Alianza para el Progreso. También por ese tiempo llegó a dictar unas conferencias el Dr. Nathan Smith, Jefe del Departamento de Pediatría de la Universidad de Wisconsin, ee. uu., quien visitó “el Pabellón de Pediatría de la Facultad de Medicina del Hospital de San Ignacio de la universidad”108. Con este respaldo, las directivas de esa especialidad médica iniciaron ciclos de conferencias en colaboración con profesores de otras disciplinas de la escuela médica de la Universidad109.

El papel de la medicina preventiva y social Un elemento que marcaría el cambio de la medicina en el Hospital San Ignacio hacia la corriente moderna estadounidense estaría determinado por el criterio de conseguir para los médicos y en beneficio de la institución hospitalaria una “preparación integral”, que se propusiera racionalizar y ampliar la enseñanza en todas las áreas de la medicina preventiva y social110. La racionalización de programas educativos se fue ajustando a nuevas cátedras, también acordes con las necesidades preventivas asistenciales del medio, con el objetivo de obtener un mayor rendimiento a nivel docente. Para desarrollar en forma adecuada esta labor a nivel de la medicina preventiva y social, sería necesario que —sin excepción— todos los departamentos de la Facultad de Medicina y del Hospital Universitario San Ignacio se sumaran a la iniciativa de vincular todos sus programas al de medicina preventiva y social111. Si bien la medicina en el Hospital San Ignacio siguió siendo curativa, también recibió la influencia de la medicina preventiva y social. Para desarrollar el Programa de Medicina Preventiva y Social se fijaron unos objetivos específicos:

108 “Altas

personalidades visitaron la Facultad de Medicina”, Hoy en la Javeriana Año 4 núm. 38 (1964, de agosto). 109 Entre el 7 y 11 de septiembre de 1964, el Departamento de Pediatría dictó un curso sobre Endocrinología. “Actividades en pediatría”, Hoy en la Javeriana Año 4 núm. 40 (1964, de septiembre). 110 En 1965, después de una encuesta entre los estudiantes de 4º, 5º, y 6º de medicina, se creó el Departamento de Medicina Preventiva, que integraría las labores docentes. El programa quedó listo en noviembre de 1966. 111 Jaime Baquero Ángel, “Enseñanza de medicina preventiva y social en la Facultad de Medicina de la Universidad Javeriana”, Universitas Médica (1968): 73-74.

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Que en el plan regular de estudios médicos de la facultad, al menos el 10% de la enseñanza, cubriera temas relacionados con Medicina Preventiva y Salud Pública. Conseguir que para esa materia en particular, al menos el 60% de las asignaturas estuvieran dirigidas hacia las labores prácticas. Extender todas las participaciones docentes, prácticas y asistenciales a todos los Departamentos Clínicos del Hospital Universitario “San Ignacio”. Procurar repartir las asignaturas teóricas y prácticas del Departamento de Medicina Preventiva de la Javeriana en forma proporcional a todas las materias del Plan de Estudios, de tal manera que fueran más acordes con las necesidades y el nivel de los estudios, con el objeto de evitar el recargo de las áreas relacionadas con esta materia en solo uno o dos años de la carrera médica, como venía dándose hasta entonces. Promover con la ayuda de los estudiantes, sistemas y técnicas de investigación dentro de la comunidad comprometida (a nivel de la consulta externa, los barrios periféricos a la universidad, etc.). Llevar a cabo cada semestre una evaluación de los rendimientos de cada programa, que midiera el alcance educacional, como su repercusión en las actividades asistenciales relacionadas. Incluir profesionales de otras disciplinas médicas y de otras facultades de la Universidad —en particular aquéllos que estuvieran relacionados con las escuelas o facultades que enseñaran ciencias de la salud— dentro del proyecto educativo y asistencial relacionado con la Medicina Preventiva. Procurar para la facultad un “centro piloto” que permitiera demostrar las ventajas de la enseñanza y las prácticas interdisciplinarias, en particular respecto a aquéllas profesiones que tuvieran que ver con el bienestar. Promover la aplicación de servicios asistenciales de la facultad o sus dependencias (entre los cuales se incluiría el Hospital San Ignacio), con normas técnicas y programas recomendados para todo el país, sobre la atención médica.

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Facilitar en forma progresiva que todo el personal del departamento tuviera una mayor dedicación horaria y disponibilidad de recursos docentes asistenciales.112

Esta nueva iniciativa buscaba agrupar en “forma integral” la docencia médica, al tiempo que se estaba invitando a “todas las participaciones docentes, prácticas y asistenciales, y a todos los departamentos clínicos del Hospital Universitario San Ignacio” para que se sumaran a la iniciativa de incorporarse al programa. De este modo, la medicina preventiva y social comenzó a hacer presencia en todos los semestres académicos de la escuela médica mediante varias materias113. Esta cátedra definía el concepto de enfermedad como el resultado de varios factores; por esa razón, comenzaba por valorar la importancia del medio ambiente en ella como efecto causal, debido a que, además de los elementos propios de la predisposición personal, deberían tenerse en cuenta elementos educativos y sanitarios que jugarían un papel fundamental dentro de comunidades de escasos recursos, los cuales serían responsables y capaces de desencadenar enfermedades y epidemias. La medicina preventiva partía del principio teórico de que la mayoría de las enfermedades podrían ser menos agresivas, menos frecuentes e inclusive muchas de ellas predecibles y evitables, cuando el médico y la comunidad hospitalaria ejercían su función didáctica, en una forma integral, por medio de la medicina preventiva y social. Al estar presentes en todos los semestres académicos, y al incluirse en forma directa dentro de las comunidades114, el Departamento de Medicina Preventiva y Social se convirtió en un elemento constante de docencia, que además definiría con su teoría un cambio sustancial en el tipo de medicina que se pretendía 112 Jaime

Baquero Ángel, “Enseñanza de medicina preventiva y social en la Facultad de Medicina de la Universidad Javeriana”, 74-75. 113 En 1968, los estudiantes comenzaron a ver Medicina Preventiva y Social mediante la “Orientación Médica”; el segundo año tomaron “Metodología Científica” y “Bioestadística”, para adquirir una mentalidad científica, y posteriormente la “Epidemiología” se dictaba en tres niveles: en el tercer año la “Epidemiología Básica”, integrada a la Microbiología; en cuarto año la “Epidemiología Clínica”, asociada con Medicina Interna, y en quinto año la “Epidemiología Aplicada”, como parte de un bloque de Medicina Preventiva. Jaime Baquero Ángel, “Enseñanza de medicina preventiva y social en la Facultad de Medicina de la Universidad Javeriana”, 76. 114 Para el año académico 1967-1968, de un total de 7 219 horas de los seis años de Medicina, 1 049 horas (el 14.5%), correspondían a la Medicina Preventiva y Social. Los dos primeros años, el 10% de las materias, se dedicaban a ella; en el tercero, el 5.9%; en cuarto y quinto, de las 1 404 y 1 482 horas docentes se incluían un 15.8% en cuarto y el 35% en quinto, y en sexto, el 2.6% de las asignaturas estaban relacionadas con esa materia. Jaime Baquero Ángel, “Enseñanza de medicina preventiva y social en la Facultad de Medicina de la Universidad Javeriana”, 75.

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aplicar. Más que orientar hacia una medicina curativa como en el pasado, esta escuela preventiva destacaba el alcance de los costos que representaba la medicina curativa dentro de la sociedad, en contraste con la orientación directa de los médicos a las comunidades abogando por la prevención, antes que la curación. Durante la segunda mitad de la década de 1960, las políticas educativas de la Facultad de Medicina de la Javeriana y del Hospital San Ignacio se orientaron hacia la enseñanza en áreas relacionadas con las ciencias sociales y temas asociados con el comportamiento, al tiempo que se impulsaba la medicina preventiva y social, para extender la docencia a todo lo largo del plan de estudios, y proyectar la medicina hacia la comunidad por medio del Hospital Universitario San Ignacio, desde donde se coordinarían áreas de demostración en programas extramurales. Al celebrarse el vigesimoquinto aniversario de la creación de las dos instituciones javerianas, se reconocía que los logros alcanzados tanto en la Facultad de Medicina como en el Hospital Universitario San Ignacio eran debidos a muchos actores: al interés y apoyo permanente de las directivas de la universidad; al esfuerzo conjunto de esas mismas directivas, el profesorado y los alumnos de la escuela médica; al trabajo incansable del personal auxiliar y administrativo; al soporte moral, y al apoyo económico de donaciones de personas y entidades particulares, además de las grandes ayudas de fundaciones nacionales y extranjeras115. Tras una evaluación realizada a finales de 1968, se constató que el programa aplicado durante tres años en la medicina preventiva y social había logrado sus objetivos iniciales, al tiempo que ofreció otra perspectiva dentro del currículo de la facultad, y constató los cambios de criterio en profesores y alumnos respecto al tipo de medicina integral116.

Intento de independencia entre lazos de dependencia A partir de septiembre de 1964, y con el propósito de buscar unos servicios integrales en protección contra accidentes personales, comenzó a incluirse en el valor de las matrículas de todos los estudiantes de la universidad un seguro colectivo de tiempo completo para el año lectivo comprendido entre febrero y noviembre de 1965. Esta forma colectiva de de Medicina, Boletín 1966-1967-1968, xxv Aniversario, 1942-1967, 32. Baquero Ángel, “Enseñanza de medicina preventiva y social en la Facultad de Medicina de la Universidad Javeriana”, 75.

115 Facultad 116 Jaime

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bienestar estudiantil originó una tendencia novedosa para su época en las universidades colombianas117. Aunque aparentemente este seguro no comprometió directamente la vida del Hospital San Ignacio, la respuesta que se obtuvo de ese seguro sí permitió que para 1970 se pensara establecer un vínculo más estrecho entre la universidad y el hospital, cuando se le dio inicio al Servicio Médico Universitario del Hospital San Ignacio, también conocido como Servicio Médico Estudiantil de la Universidad Javeriana, el cual funcionaría en el hospital por varios años, con el objeto de garantizar la atención médica de todos los estudiantes de la universidad en casos de enfermedad y accidentes118. Al comprometerse la institución con este Servicio Médico Universitario adoptó la condición de hospital universitario, cuyo esquema también necesitó de la creación de consultorios médicos y de unos servicios adicionales para pensionados.

Fachada del Hospital San Ignacio en 1970, aproximadamente. Archivo Histórico Javeriano Juan Manuel Pacheco, S. J.

figura 17.

Aún cuando el periodo entre 1959 y 1966 para algunos se pudo denominar “periodo de realizaciones hospitalarias”, también los años com117 “Se

trata de asegurar a todo javeriano en 1965”, Hoy en la Javeriana Año 4 núm. 41 (1964, 8 de septiembre). 118 Tomado de Hoy en la Javeriana, Referido por Universitas Medica (1974), 47-48.

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prendidos entre 1966 y 1984 se verían acompañados de grandes cambios tecnológicos, científicos y administrativos, que a su vez coincidieron con severas dificultades económicas119. Mientras el Hospital San Ignacio se vinculaba cada vez más a la Universidad Javeriana al hacerse cargo del seguro médico estudiantil, esta nueva condición no alcanzaría a solucionarle su previa crisis económica120, como se verá más adelante. Muy pronto en el hospital se vio la necesidad de nombrar una junta directiva propia121, y la Dirección Hospitalaria pasó de Carlos Dávila122 a Jaime Baquero con carácter temporal, para luego ser otorgada en forma definitiva a Augusto Buendía Ferro123.

historia del Hospital Universitario San Ignacio, 7. Universitario San Ignacio. Ciencia y Tecnología con proyección social. 121 Esta junta estuvo constituida por los padres Jesús Emilio Ramírez, S. J., Hernán Posada, S. J., Jesús Sanín, S. J., César Jaramillo, S. J., el arquitecto Aníbal Moreno y los médicos Humberto Janer Ruíz y Augusto Buendía Ferro. 122 Carlos Dávila renunció a la Dirección del Hospital San Ignacio, y pasó a la Organización Mundial de la Salud en Washington. El Dr. Buendía había egresado en 1953, se había especializado en Salud Pública y Medicina Preventiva en Harvard, trabajó en el Instituto Nacional de Cancerología, fue secretario de la Facultad de Medicina de la Javeriana, y entre 1958 y 1966 fue profesor auxiliar de Medicina Interna en la Facultad de Medicina. “Nuevo director del Hospital San Ignacio”, Hoy en la Javeriana Año 6 núm. 22 (1966, 17 de mayo). 123 Breve historia del Hospital Universitario San Ignacio, 7-8.

119 Breve

120 Hospital

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capítulo octavo

Periodo de crisis hospitalarias y soluciones

D

esde sus inicios en 1942, y a lo largo de sus primeros cincuenta años, el Hospital San Ignacio mantuvo serios problemas económicos que podrían considerarse como “endémicos”. Sin embargo, al analizar en detalle esa condición aparentemente constante e inmodificable, también se perciben ciclos económicos sobrepuestos a ese estado de permanencia, que con alguna periodicidad le fueron dando origen a varios periodos intermitentes de crisis1. Si bien esas crisis algunas veces traían consigo elementos comunes, de igual forma obedecieron a varias causas que, al ser analizadas, nos permiten detectar dos efectos resultantes: unas reacciones administrativas y financieras desde las directivas del hospital, que luego eran respaldadas por la universidad y la Compañía de Jesús, con diferentes resultados y eficiencia. En forma adicional, con las crisis casi siempre llegaba la reactivación de donaciones por parte de los grandes benefactores del hospital, cuyos dineros, además de redimir parte del problema económico de base, también ayudaban a distorsionar el diagnóstico de las crisis porque, justo en medio de ellas, la institución tendía a realizar arreglos y remodelaciones locativas, así como inauguraciones de algunos de sus servicios, departamentos y secciones2.

1

2

Entre los métodos que los economistas le han aportado a la historia para definir cambios económicos, se incluyen los ciclos, interciclos y movimientos periódicos en fases de cinco, diez, veinte, treinta, y hasta cincuenta años. Fernand Braudel, La Historia y las Ciencias Sociales, Cuarta Edición (Madrid, Alianza Editorial, 1979), 53. Las dificultades económicas se debían por entonces a problemas de iliquidez, y no permitían ampliaciones, dotación de suministros, ni adquisición e instalación de equipos, limitando a veces los pagos de la nómina, tal como sucedió a mediados de la década de 1980, cuando la caja del hospital llegó a requerir de $30 000 000 cop para su nómina. Un día, el padre Jorge Hoyos, S. J., llamó al Dr. Eduardo Villar Borrero, director administrativo y financiero del Hospital San Ignacio, para recomendarle que comprara un billete de la lotería con números muy precisos. A pesar de tener poco dinero, el Dr. Villar

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Aunque a lo largo de sus primeros treinta años el Hospital San Ignacio dependió de muchas decisiones tomadas desde el poder Ejecutivo Nacional3, y de algunas instancias gubernamentales a nivel Municipal4, desde la década de 1970 las relaciones entre el hospital y el Estado colombiano cambiaron, porque por esa época los gobiernos centrales comenzaron a elaborar proyectos y leyes relacionados con el manejo de los sistemas de beneficencia, la seguridad social y la asistencia pública, que le ocasionarían sucesivas reformas al Sistema General de la Seguridad Social en Salud, con trascendentales efectos en los hospitales colombianos. Ya en 1963, el Estado Colombiano había presentado su Primer Plan Hospitalario Nacional, el cual había resultado insuficiente y mal planeado, porque la misma ley se había encargado de obstaculizar la construcción política de hospitales al limitarse a fomentar el incremento de las camas hospitalarias. Como resultado de esos y otros problemas acumulados, desde 1964 empezaron a manifestarse paros laborales y cierres de hospitales en todo el país, cuyo descontento se hizo cada vez más generalizado. Entonces, “la palabra crisis comenzó a aparecer en el vocabulario hospitalario”5. Desde ese año, la situación hospitalaria a nivel nacional se empezó a detectar en estado crítico, debido al acentuado déficit fiscal6, salarios atra-

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le ordenó a Amira Barbosa, la encargada de la caja, que hiciera la compra; y luego supieron de que el Hospital se había ganado $32 000 000 cop que solo alcanzaron para cubrir el déficit de la nómina de empleados ese mes. Eduardo Villar Borrero. Entrevista personal de Marietta Mejía. 4 de septiembre, 2009. El Hospital San Ignacio realizó trámites con el Departamento de Asistencia Social del Ministerio de Trabajo, Higiene y Previsión Social, cuando se pensó construir en el sector de la Avenida Primero de Mayo. Más tarde, dependió del Ministerio de Salud, del Ministerio de la Protección Social, y de los Ministerios de Gobierno, Educación y Relaciones Exteriores, cuyas decisiones tuvieron importantes efectos en la vida del hospital. Como se mencionó, también en la construcción del hospital en la Avenida Primero de Mayo estuvieron presentes las decisiones del Alcalde de Bogotá y la Secretaría de Obras Públicas del Municipio. El 11de abril de 1975 se firmó el Contrato N.° 057 con el Servicio Seccional de Salud de Bogotá, desde 1984 el Ministerio de Salud y la Secretaría de Salud de Bogotá enviaron representantes a la junta directiva del Hospital San Ignacio, y en la década de 1990, la Secretaría Distrital de Salud permitiría realizar los trámites de la renovación de la personería jurídica. En 1964 el Hospital Universitario San Vicente de Paúl de Medellín se vio afectado por la crisis, y ante la insuficiencia de recursos tuvo que cerrar parte de sus servicios. Carla Bocchetti, Juan Manuel Arteaga y Marco Palacios, Hospital Universitario: desde San Juan de Dios hasta la construcción de un nuevo proyecto, 11; 53. En 1963 se dieron alarmantes signos que denunciaban una crisis en la economía nacional; la limitada inversión pública por parte del Estado contribuyó a un empobrecimiento progresivo de los campesinos que migraban a los centros urbanos, y prosperaron las huelgas tras la exigencia de salarios, atrasados, entre las que también se pronunciaron los gremios de la salud. Gabriel Silva Luján, “Lleras Camargo y Valencia: entre el reformismo y la


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sados y la falta de organización e integración en los servicios asistenciales. Esos hechos, a su vez, revelaban serias dificultades financieras o de infraestructura, y como hasta ese momento la construcción de hospitales en el país había obedecido al esfuerzo aislado y particular de algunos sectores más que a programas coordinados desde las autoridades estatales, comenzó a hacerse más notorio el desequilibrio entre la calidad y la distribución de los servicios asistenciales entre las zonas rurales y urbanas colombianas7. Entre las décadas de 1960 y 1970, a las posibles causas ya descritas como factores responsables del déficit económico, habría que añadir las exigencias de los sindicatos vinculados al Hospital San Ignacio. Desde los años setenta, se presentaron en este centro asistencial las crisis más fuertes, porque a su previa fragilidad financiera y a la falta permanente de un capital de trabajo, el hospital se enfrentaba a diario a una inminente crisis económica, para la cual solo se tenían soluciones temporales. Por entonces, la arquitectura financiera del Hospital San Ignacio contaba con unos pacientes pensionados que pagaban una tarifa plena, la cual —en teoría— debería dejar algunas ganancias para ayudar a sostener los pacientes hospitalarios que pagaban estrictamente los costos de su atención. Pero al efectuarse los balances, no quedaban los excedentes esperados que permitieran pensar en la compra de equipos y la remodelación del edificio, entre otros. En 1971 entró en ejecución un contrato entre el Hospital San Ignacio y el Instituto Colombiano de Seguros Sociales, icss. Este convenio implicaba que el hospital debería darle prioridad a los pacientes afiliados a esa entidad, a costa de no ocupar las camas destinadas para ellos, inclusive en los casos de extrema urgencia en que se necesitaran para los pacientes de la institución. El Instituto enviaba pacientes que cubrían los costos en algunos casos, pero muchas veces quedaba un déficit porque se aplicaba el sistema de “glosas”, mediante el cual el paciente debía ser atendido incondicionalmente en el Hospital San Ignacio, pero a la hora de pagar por los servicios prestados, los funcionarios de esa entidad elaboraban un listado de exclusiones, que terminaban por convertir parte de la cuenta inicial en una cartera de impo-

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represión”, en Álvaro Tirado Mejía, Nueva historia de Colombia, Tomo II (Bogotá, Editorial Planeta, 1998), 226. En el sector de la salud faltaban medios de financiación, y existía una anarquía administrativa con mala calidad en los servicios. Senado de la República, “Informe para primer debate sobre el Proyecto de Ley N.° 6 de 1963, por el cual se ordena al gobierno la elaboración del Plan Hospitalario Nacional y se dictan otras disposiciones”, En Anales del Congreso, referido por Carla Bocchetti, Juan Manuel Arteaga y Marco Palacios, Hospital Universitario: desde San Juan de Dios hasta la construcción de un nuevo proyecto, 49-50.

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sible recuperación, debido a que nadie se encargaba de pagarle al hospital por esos servicios restantes. Como resultado de estos manejos, la situación económica del hospital durante esa década se hizo cada vez más difícil, llevándolo en forma gradual a una sensación de inminente quiebra8. Esta clase de hechos obligan a darle una mirada a las relaciones del Hospital San Ignacio con el Estado, que a través de normas y la implantación de mecanismos complicados de integración de los servicios de salud, tras un propósito nacional y regionalizado de coordinación de los servicios asistenciales, tras la búsqueda de la modernización del sector, terminaría por afectar en forma directa el sistema hospitalario nacional. Además, con el protagonismo del icss en la vida hospitalaria aparecía “una de las únicas instituciones destinadas a racionalizar el manejo de la cuestión hospitalaria en el país durante el siglo xx”9, con implicaciones severas en la vida de la institución hospitalaria. Estos hechos de gran importancia en la economía de la institución, a su vez, obligan a revisar las relaciones del Hospital San Ignacio con la facultad, la universidad, la Compañía de Jesús y las jerarquías de la Iglesia, pues permiten entender mejor las crisis y las medidas adoptadas en busca de posibles soluciones. Conviene señalar que durante las décadas de 1970 y 1980, además de las relaciones filiales un poco más independientes entre el Hospital San Ignacio y la Facultad de Medicina de la Javeriana, también existieron dos tipos de vínculos de gran importancia para el hospital: por una parte, su tradicional sujeción con la universidad, la Compañía de Jesús y la jerarquía de la Iglesia católica, y por otra parte, unos lazos que establecieron unas fuertes ligaduras —no siempre provechosas para la institución— a partir de sus relaciones con el Estado y el icss, como se verá a continuación. En el caso particular del Hospital San Ignacio, todas estas formas de relación con la facultad, la universidad y el Estado serían decisivas tanto en el origen de las crisis económicas, como en sus soluciones.

La crisis económica de 1965 En 1965, cuando el Hospital San Ignacio se preparaba para inaugurar los servicios de cirugía y medicina interna, las directivas comenzaron 8 9

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Gerardo Arango S. J. Entrevista personal de Marietta Mejía. 15 de junio, 2009. Carla Bocchetti, Juan Manuel Arteaga y Marco Palacios, Hospital Universitario: desde San Juan de Dios hasta la construcción de un nuevo proyecto, 52.


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a manifestar preocupación ante las dificultades económicas que se vivían. Mientras unos aconsejaron cerrar algunos servicios, otros sugirieron la separación administrativa del hospital respecto a la universidad10. Si bien su personería jurídica era diferente a la de la Javeriana, y había una oficina de contabilidad dentro del hospital, tanto su manejo económico como administrativo corrían a cargo de la Dirección Financiera de la universidad. Por más que estuviera acostumbrado a financiarse a partir de ayudas y dineros de donantes, no era común que al San Ignacio le fuera devuelto un cheque por falta de fondos11. Ante el incremento de las dificultades económicas entre 1967 y 1968, se decidió contratar a un consultor especializado para que le buscara soluciones definitivas al problema de base, y además replanteara el futuro inmediato de la institución sobre la universidad y el Hospital San Ignacio12. Después de confirmar el déficit sistemático que ya amenazaba con el cierre de algunos servicios, este asesor recomendó el nombramiento de un director financiero para el hospital, que estableciera nuevas políticas que prepararan a la institución ante una futura independencia administrativa y financiera de la universidad13. Esa crisis de la segunda mitad de la década de 1960 fue interpretada como el resultado de una “sobreinversión”, acompañada de un fenómeno de “iliquidez”, debido a la falta de una adecuada planeación financiera. Este fenómeno se había dado porque, durante el periodo inmediatamente anterior, la Javeriana había realizado una gran inversión en la compra de inmuebles en el sector de “Cataluña” y lotes del Barrio “El Paraíso”, para conformar los predios donde se establecería finalmente la universidad con todas sus dependencias, además del Hospital San Ignacio14. Para facilitar el manejo administrativo, el hospital quedó dividido en departamentos y secciones, los que a su vez se agruparon en dos 10 11 12

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Breve historia del Hospital Universitario San Ignacio, 22-23. Álvaro Dávila Ladrón de Guevara. Entrevista personal de Marietta Mejía. 31 de agosto, 2009. En esa oportunidad el Hospital San Ignacio contrató al abogado y economista Dr. Jaime García Parra, quien quedó encargado para hacer un estudio sobre la universidad y el Hospital San Ignacio. Álvaro Dávila Ladrón de Guevara. Entrevista personal de Marietta Mejía. 31 de agosto, 2009. Breve historia del Hospital Universitario San Ignacio, 10-11. De acuerdo con don Guillermo Castro, durante la Rectoría del padre Jesús Emilio Ramírez, S. J. (anterior a la del padre Fernando Barón, S. J.), la Javeriana había necesitado definir su propio espacio universitario y hospitalario, pero la inversión en muchos inmuebles en forma simultánea fue la responsable de que se diera más adelante este fenómeno de “sobreinversión”. Álvaro Dávila Ladrón de Guevara. Entrevista personal de Marietta Mejía. 31 de agosto, 2009.

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grandes divisiones: servicios profesionales y servicios generales. Conscientes de que las construcciones y los logros físicos realizados en el edificio del hospital desde 1945 habían sido posibles con las donaciones de sus benefactores, tanto los dirigentes de la Facultad de Medicina como los de la Universidad Javeriana compartieron la inquietud por buscar los medios necesarios para concluir la obra física de la institución hospitalaria, que todavía seguía inconclusa. Con ese propósito, las autoridades comenzaron a revisar el programa de construcción del hospital, y elaboraron un proyecto de financiación. Se revisaron todos los posibles aspectos con los cuales el hospital pudiera contribuir a la formación integral del medio colombiano, al tratar de suplir el gran déficit hospitalario de la capital, haciendo del Hospital San Ignacio un centro de investigación para la disciplina médica, como elemento de cooperación para los programas de salud pública. De ese modo también sería viable una integración directa entre los futuros médicos y la comunidad a la cual le dedicarían su trabajo15. Los altos dirigentes de la facultad y la universidad sabían que aunque la situación económica no era la mejor para la institución hospitalaria, tampoco descartaban la posibilidad de que una vez que el Hospital San Ignacio contara con un servicio de pensionados, sus aportes podrían contribuir a sostener los demás servicios para pacientes de escasos recursos16. Así se comprendió que el primero y primordial objetivo del hospital sería el de servir de unidad clínica para la educación de la medicina integral, al contar con el respaldo de todos los servicios del hospital17, a partir de tres fases progresivas: una fase pre-graduada, dirigida a la docencia clínica de los estudiantes de la Facultad de Medicina de la Javeriana; otra segunda, llamada fase graduada, además de la tercera, llamada fase postgraduada. Las dos últimas incluirían programas dirigidos a la educación de todo el cuerpo médico colombiano18. Los programas docentes para estas tres etapas de la educación médica serían elaborados por el Consejo Académico de la Facultad de 15 16

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Hospital de San Ignacio, Oficina de Desarrollo, 3; 7-8. En 1966 se nombró en la Decanatura de la Facultad de Medicina a Humberto Janer Ruíz, y en la Dirección del Hospital a Augusto Buendía Ferro. A partir de esos cambios, se facilitó el programa de Medicina Preventiva y Social. Breve historia del Hospital Universitario San Ignacio, 19-20. Como se recordará, el programa de Medicina Preventiva y Social había comenzado a aplicarse desde principios de 1966. Jaime Baquero Ángel, “Enseñanza de medicina preventiva y social en la Facultad de Medicina de la Universidad Javeriana”, 73-74. Hospital de San Ignacio, Oficina de Desarrollo, 4.


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Medicina de la Universidad Javeriana de acuerdo con la filosofía y normas de la Pontificia Universidad Javeriana, pero en coordinación directa con ascofame19. Adicionalmente, se insistió en que otro de los principales propósitos de la institución hospitalaria sería prestar más servicios asistenciales médicos y quirúrgicos a la comunidad, pero con los máximos niveles de la excelencia. El hospital debería promover y organizar programas de investigación clínica en estrecha coordinación con la Facultad de Medicina para todos los campos de las especialidades médicas y quirúrgicas, y tendría el deber de fomentar y desarrollar programas de medicina preventiva no solo dentro del hospital, sino también en planes extramurales de carácter regional o nacional, en concordancia con la misma facultad, y entidades oficiales y privadas. Así el hospital buscaría servir de unidad básica para la docencia y el adiestramiento de “profesiones paramédicas” que estuvieran vigentes, y también las que fueran programadas por la Javeriana en el futuro20. A pesar de la crisis, en 1965 se fundó la Unidad de Oftalmología 21; en 1967 se establecieron el Departamento de Rayos X y el servicio de urgencias22, el 1 de octubre de ese año se inauguró el servicio de pensionados en el noveno piso, y por la misma época se iniciaron los proyectos tendientes a construir el octavo piso, otras dependencias para los pacientes pensionados, además de veintidós consultorios médicos, los cuales solo serían una realidad a partir de 1970. Al fundarse el Servicio de Pensionados, también se fijaron criterios básicos relacionados con la asignación y el cobro de honorarios para los pacientes particulares. Se determinó que la Caja cobraría cada cuenta para retribuirle el 80% al médico, y retener el 20% para el fondo del departamento respectivo, mientras quedarían exentos de estas participaciones el Laboratorio Clínico, el Departamento de Rayos X, el Departamento de Patología, los Servicios de Procedimientos Diagnósticos y los pensionados de los Departamentos de Ginecología y Obstetricia 23. 19

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En el Hospital San Ignacio se nombró una junta directiva en 1966, conformada por los padres Jesús Emilio Ramírez, S. J., Hernán Posada, S. J., Jesús Sanín, S. J., César Jaramillo, S. J., Humberto Janer Ruíz, Aníbal Moreno y Augusto Buendía. Breve historia del Hospital Universitario San Ignacio, 19. Hospital de San Ignacio, Oficina de Desarrollo, 4. Alberto Escallón Azcuénaga, “Historia del Departamento de Cirugía de la Facultad de Medicina de la Universidad Javeriana y del Hospital Universitario San Ignacio”, 73. Gerardo Arango S. J. y Eduardo Villar, La Situación del Hospital de San Ignacio 1985-1989, 1. Los consultorios les fueron asignados a profesores e instructores de la Facultad de Medicina con contrato de tiempo completo y medio tiempo, con el propósito de estimular labores

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En forma adicional llegaron unas ayudas de la Fundación Ernesto Castellanos y la Organización Católica “Misereor”24, que con algunos recursos permitieron iniciar un riguroso examen de autoevaluación en colaboración con el decano de la Facultad de Medicina y los directores de los departamentos, para ampliar la planta física, complementar la nómina, y dotar al hospital con nuevos equipos. Como se necesitaba construir un nuevo servicio de urgencias, y se quería organizar un Servicio Médico Estudiantil, estas decisiones pasaron a revisión de una junta económica constituida por el rector de la universidad, el padre Fernando Barón, S. J., Fernando Medina Arroyo, el síndico del Hospital San Ignacio y dos representantes del provincial 25. Entre 1968 y 1969 el Estado volvió a insistir en la creación de un Segundo Plan Nacional Hospitalario que propuso la construcción, dotación y operación de 54 hospitales entre los 91 considerados como prioritarios a nivel nacional, para interconectar entre sí los diferentes niveles de atención establecidos por el Ministerio de Salud Pública. Este plan fracasó porque no logró proyección ni continuidad a largo plazo26.

Separación administrativa del hospital y la universidad El 1° de enero de 1970, finalmente se declaró en forma oficial la separación administrativa y financiera del Hospital San Ignacio respecto a la Javeriana. Con estas transformaciones, el hospital quedó convertido en una

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asistenciales y docentes, y para que emplearan sus horas libres en la práctica privada. Además se definieron los cobros para pacientes particulares y semi-pensionados de los departamentos de Ginecología, Obstetricia, Medicina Interna, Pediatría y Cirugía. Breve historia del Hospital Universitario San Ignacio, 20-21. La Organización Católica del Episcopado Alemán “Misereor” venía comprometida desde el 29 de septiembre de 1964 con la construcción del nuevo edificio de la Facultad de Enfermería de la Javeriana. “Hoy se bendice la primera piedra”, Hoy en la Javeriana Año 4 núm. 47 (1964, 29 de septiembre). Con estas ayudas, se elaboró un Proyecto de Desarrollo para el Hospital San Ignacio con el cual se ampliaron cocinas, se organizó el laboratorio clínico, se dotó la oficina de estadística, se mejoró la lavandería, se compró una planta eléctrica, y se realizaron otros cambios en personal que incluyeron la contratación de un cajero nocturno, un administrador para el servicio de pensionados, así como la vinculación de técnicos para radiología, y secretarias. Breve historia del Hospital Universitario San Ignacio, 21-22. Proyecto de Ley N.° 82 “por medio del cual se establece el Plan Hospitalario Nacional de construcción, dotación y operación de hospitales para el trienio 1970-1972 y se dictan otras disposiciones”, 26 de noviembre de 1969. Ponencia para primer debate en la Cámara, leyes autógrafas, 1969, Folio 358, p. 2, referido por Carla Bocchetti, Juan Manuel Arteaga y Marco Palacios, Hospital Universitario: desde San Juan de Dios hasta la construcción de un nuevo proyecto, 51.


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persona jurídica independiente de la universidad en lo referente a la administración de sus bienes, pero siguió incorporado a la institución docente en cuanto a su administración científica y funcionamiento27. De ese modo, se iniciaría una nueva etapa que obligaría a que el centro hospitalario cambiara su nombre por el de “Hospital Universitario de San Ignacio”28. A su vez, estos cambios tendrían otros efectos: El hospital empezaría a tener su propio presupuesto. La entidad hospitalaria iniciaría su propia contabilidad. El director quedó autorizado para adquirir en nombre de la institución créditos y sobregiros bancarios, con los cuales podría realizar gastos hasta por valor de $5000. Se estableció un comité de compras, que podría consentir gastos hasta llegar a un tope de $100 000. Se realizó una separación patronal con la cual tanto la carga salarial como prestacional dejaron de ser de la universidad, para pasar al hospital. 29

Con la independencia administrativa y financiera, la separación patronal generó una pesada carga salarial y prestacional para el hospital, con graves consecuencias en sus estados financieros. Debido a esas transformaciones, se desencadenó una difícil situación económica latente, la cual obligó a realizar un recorte de gastos, mientras se pensaba en buscar auxilios en sectores oficiales. Se cuestionaron entonces las participaciones de los médicos en la institución, con el criterio de que la situación que vivía el hospital obligaba a que se hicieran grandes sacrificios. No obstante, estas reflexiones también coincidieron con las reclamaciones que hacían los mismos médicos sobre sus honorarios atrasados. A pesar de la crisis inminente, se inauguraron la Unidad de Cuidado Intensivo Coronario30, el 7º Piso sur para el servicio médico universitario, y el 8º Piso para pensionados, y se empezó a prestar el novedoso servicio del Seguro Médico Universitario en el ala sur del 7º piso31, con el que se 27 28 29 30 31

Hospital de San Ignacio, Oficina de Desarrollo, 7. Hospital Universitario San Ignacio. Ciencia y Tecnología con proyección social. Breve historia del Hospital Universitario San Ignacio, 22. Breve historia del Hospital Universitario San Ignacio, 10-11; 22-23. El Servicio Médico Estudiantil Universitario o Seguro médico universitario estaba coordinado por Bienestar Estudiantil, desde 1971 del medio universitario, y luego dependió de la Vicerrectoría del Medio Universitario.

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establecerían lazos imbricados entre la universidad y el hospital. El servicio del Seguro Médico Estudiantil era posible porque el hospital seguía siendo propiedad de la universidad. Sin embargo, debe anotarse que esto generaría más adelante unas relaciones complicadas entre la universidad y el hospital cuando se tenían que realizar cobros e inventarios por esos conceptos, así como algunos conflictos generados por la falta de espacios32. Por esa época, el Ministerio de Salud aprobó los programas médicos arquitectónicos y los Planes de desarrollo para el Hospital, pero seguía considerándose prioritaria la construcción de un servicio de urgencias que el hospital no estaba todavía en condiciones de realizar33. Los pisos quinto y sexto quedaron inconclusos por mucho tiempo debido a que no se contaba con el dinero necesario para sostener siquiera el servicio de urgencias34. En marzo de 1971, y una vez quedaron superados los problemas ocasionados por el paro de estudiantes de los Departamentos de Sociología y Trabajo Social de la Javeriana, el padre Alfonso Borrero, S. J., se dirigió a la comunidad universitaria mediante un informe extraordinario en el cual reconocía los cambios ocurridos durante el año académico inmediatamente anterior, al tiempo que exaltaba el comienzo de una nueva etapa de integración, la cual esperaba se dedicara a la investigación científica, en asocio con estudios profundos a nivel de todas las dependencias y facultades de la institución educativa. El rector de la Javeriana informaba que el Hospital San Ignacio había firmado un contrato con la Fundación Ford y ascofame en torno al Departamento de Ginecoobstetricia y su clínica familiar del hospital, para educar a la comunidad sobre la fisiología de la reproducción y enseñar aspectos relacionados con la planificación familiar por medio del método de ritmo y anovulatorios postparto. El padre Borrero destacaba la firma de varios contratos entre el Hospital San Ignacio y el icss, que esperaba permitieran realizar investigaciones a nivel de los departamentos de medicina interna, ginecoobstetricia y cirugía del hospital35. 32 33

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Álvaro Dávila Ladrón de Guevara. Entrevista personal de Marietta Mejía. 31 de agosto, 2009. El rector Alfonso Borrero, S. J., posesionado desde julio de 1970, argumentaba que “por el cumplimiento de los objetivos no puede sacrificarse la obra”. Breve historia del Hospital Universitario San Ignacio, 23. Álvaro Dávila Ladrón de Guevara. Entrevista personal de Marietta Mejía. 31 de agosto, 2009. El Hospital San Ignacio firmó varios contratos de investigación con el icss : uno de medicina interna, averiguó mecanismos de adaptación cardiovascular en pacientes con anemia crónica; otro, suscrito por la Universidad Javeriana con la Fundación Shaio, evaluó la fisiología en pacientes con incapacidad respiratoria debido al Cor Pulmonale; el departamento de cirugía firmó otro contrato de prestación de servicios con el Instituto Colombiano de Seguros


Periodo de crisis hospitalarias y soluciones

El problema laboral comenzó a complicarse a finales de 1971, a raíz del otorgamiento de la personería jurídica al Sindicato de Trabajadores del Hospital San Ignacio (Base), el cual estaba constituido por camilleros, conserjes, empleados de mantenimiento, telefonistas, ayudantes de patología y radiología, secretarias y ayudantes de estadística con salarios hasta de $1000 cop a la fecha. El 10 de diciembre de ese año se firmó la primera convención. Este Sindicato se unió con el antiguo Sindicato conformado por la Asociación Colombiana de Enfermeras que amparaba a estas profesionales, además de las auxiliares de enfermería, con las cuales el hospital ya venía realizando negociaciones desde hacía algunos años. Todos estos elementos, sumados a 440 empleados, obligaron a que se abriera una oficina de personal para que se encargara de manejar las relaciones laborales que anteriormente habían sido coordinadas desde la universidad 36.

Decisiones estatales en la década de 1970 En la década de 1970, el Estado Colombiano buscó regular las instituciones asistenciales y organizar los servicios de salud mediante el llamado Sistema Nacional de Salud que resultaría débil para integrar los sistemas de salud y la inestabilidad previa de los sistemas hospitalarios del país. Entonces las crisis de la salud que antes se presentaban en forma ocasional, durante las décadas de 1970 y 1980, fueron perdiendo su significado tradicional y ocasional para volverse permanentes, habituales, y urgentes en el tiempo. Un factor que afectaría también la situación de los hospitales desde 1975 se debió a la reforma tributaria de 1974, que eliminó la exención de impuestos para los filántropos que hacían donaciones y aportes para estas instituciones. Dentro del Plan de Desarrollo del gobierno de Misael Pastrana, se buscó reestructurar el Sistema Nacional de Salud al tratar de integrar los servicios asistenciales de todo el país, al tiempo que se crearía y organizaría un servicio de salud único con carácter nacional; pero como este proyecto solo sería aprobado en 1974, llegaría con nuevos decretos propuestos por el

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Sociales, icss, y dispuso de 20 camas para la atención médicoquirúrgica de pacientes de esa entidad, y el Departamento de Ginecoobstetricia instaló otras 5 camas para la atención de pacientes afiliadas al Seguro Social. “Facultad de Medicina”, Hoy en la Javeriana Año 10 núm.434 (1971, 3 de marzo): 2-3. Breve historia del Hospital Universitario San Ignacio, 24.

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gobierno de Alfonso López Michelsen, que terminarían por transformar el proyecto original37. En 1972, el Servicio Seccional de Salud de Bogotá, que ya estaba ejecutando el segundo Plan Hospitalario Nacional mediante la firma de convenios con instituciones asistenciales, estableció una vinculación con el Hospital Universitario de San Ignacio, permitiéndole recibir auxilios, pero con la condición de mantener en la junta directiva la presencia de un representante de ese servicio. Para concretar esos acuerdos, el Ministerio de Salud también exigió la revisión de los estatutos38.

Crisis en el Hospital San Ignacio a principios de la década de 1970 Con la crisis que se comenzó a vivir en el Hospital San Ignacio durante la primera mitad de la década de 1970, volvió a hacerse otra investigación rigurosa del hospital al tiempo que pudieron señalarse unas metas claras, porque todavía era necesario optimizar la planta física, incrementar las camas de pensionado y revisar las políticas de atención de los pacientes con fines docentes para suprimir todos los llamados “casos de cortesía”, así como realizar un estudio de los contratos que se tenían con el Servicio de Salud de Bogotá. Estos contratos se veían seriamente comprometidos en las finanzas de la entidad, que en 1972 ya presentaban pérdidas cercanas a los $3 000 000 cop. Al indagar sobre los motivos por los cuales los pacientes pensionados no querían ser atendidos en el Hospital San Ignacio, se encontraron varias causas, tales como carencias en la dotación y el mantenimiento de las habitaciones, la falta de agua caliente en el 9º piso, deficiencia en el servicio de los ascensores, además de algunas incomodidades en los servicios de admisión, programación de cirugías y caja. A partir de esas fallas, comenzaron a considerarse varias opciones para refinanciar el hospital, tales como un 37

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Este proyecto de ley intentó reordenar el Ministerio de Salud Pública, al tiempo de integrar los servicios asistenciales al régimen jurídico de las entidades de asistencia pública e interés social y los equipos de dotación en salud, así como los productos farmacéuticos, pero además cambiaría la condición salarial de los trabajadores del sector. Carla Bocchetti, Juan Manuel Arteaga y Marco Palacios, Hospital Universitario: desde San Juan de Dios hasta la construcción de un nuevo proyecto, 52-53; 57; 70. Aunque originalmente no se modificaron los estatutos, en 1974 fue nombrado Alfonso Latiff Conde en calidad de representante del Servicio Seccional de Salud de Bogotá, dentro de la junta directiva del hospital. Breve historia del Hospital Universitario San Ignacio, 24.


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posible arrendamiento de ciertas áreas, o la venta del ala oriental del edificio hospitalario a la universidad39. En 1974, después de contratar una asesoría con la Facultad de Administración de Empresas de la misma universidad, tendiente a lograr una reestructuración administrativa del hospital, se hicieron varios nombramientos: como subdirector científico, se nombró a Jorge Colmenares, y como subdirector administrativo y financiero a Armando Hauzeur, quien se venía desempeñando previamente como asesor económico de la institución40. Adicionalmente, para realizar la reestructuración administrativa del hospital, se nombró como primer auditor externo a la firma Deloitte, Haskins y Sells. Dentro de ese proceso de reestructuración administrativa y recuperación económica, también los auditores recomendaron llevar a cabo una urgente modificación en el sistema contable y en el control de ingresos y egresos; este cargo les fue conferido también a ellos, complementándose con la colaboración de un contador público para el hospital. En 1974 el hospital logró hacer un gran esfuerzo para ponerse al día con proveedores, al pagar cuentas vencidas tres años atrás. Se remodelaron Cardiología y el Laboratorio Clínico, y el hospital instaló un ascensor de servicios, caldera, maquinaria nueva para lavandería, y además una planta eléctrica de emergencia41.

El Sistema Nacional de Salud Con el Decreto Ley N.° 056 de 1975, se estableció en Colombia el llamado Sistema Nacional de Salud, que buscó coordinar todas las instituciones prestadoras de servicios de salud a la comunidad, entre las que se incluían el subsector oficial, las entidades de seguridad y previsión social, y además coordinaba en forma funcional el subsector privado. Este instrumento, a partir de varios elementos y mecanismos capaces de organizar los recursos humanos y la capacidad instalada, tenía como principal objetivo incrementar y mejorar los servicios asistenciales para las personas, mientras promovía el cuidado del medio ambiente. 39 40

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Breve historia del Hospital Universitario San Ignacio, 30-31. El economista Armando Hauzeur Piñeros había hecho su tesis de grado sobre el Laboratorio Clínico del Hospital San Ignacio; originalmente fue llamado como asesor económico del hospital, y después se nombró subdirector administrativo y financiero de la institución (cargo que facilitaría las labores relacionadas con el manejo de cuentas bancarias, cheques, el manejo de personal,etcétera). Hauzeur se hizo cargo de esa Subdirección hasta 1980, cuando fue reemplazado por Fernando Londoño Benveniste. Álvaro Dávila Ladrón de Guevara. Entrevista personal de Marietta Mejía. 31 de agosto, 2009. Breve historia del Hospital Universitario San Ignacio, 31.

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Entre la mutua dependencia y la mutua independencia

La dirección del Sistema Nacional de Salud se estructuró administrativamente teniendo en cuenta tres niveles piramidales de acuerdo con la regionalización, cobertura y complejidad de las enfermedades a tratar: en un primer nivel administrativo de carácter “Nacional”, se ubicaba el Ministerio de Salud, con funciones políticas y normativas de planificación, control, coordinación y evaluación; en un segundo nivel “Seccional”, se incluían los Servicios Seccionales de Salud con funciones de adecuación de políticas y normas, programación de vigilancia, control y evaluación, y un tercer nivel “Regional”, constituido por unidades u hospitales regionales, que como sedes de su región, tendrían funciones de programación, ejecución, vigilancia y control. Debe destacarse que en este último nivel, las instituciones de salud, además de poner a disposición sus instalaciones, el personal humano y la experiencia técnica, adquirían la responsabilidad de tener bajo su dependencia todos los organismos locales de salud que funcionaran en el área de su jurisdicción regional. En consecuencia, también en el Sistema Nacional de Salud se establecían jerarquías funcionales y regionales, con designación sobre determinadas áreas geográficas, además de sus respectivas instituciones y agencias locales con propósitos específicos de programación, ejecución y administración. En cada una de estas regiones, la prestación de los servicios asistenciales se planteaba de acuerdo con los niveles operativos o de complejidad: “local”, correspondiente al subnivel rural; “regional”, a nivel de los hospitales generales, con prestación de servicios de algún grado de complejidad, y en un “universitario” o “tercer nivel”, la prestación de servicios mucho más complejos y especializados. La dotación de recursos humanos, físicos y financieros se iría incrementando desde el nivel rural, que tendría como unidad básica un Promotor de salud, hasta llegar al nivel universitario, donde tanto el personal como los recursos altamente especializados estarían a disposición para cubrir las necesidades más complejas de la población. Con esta estrategia se buscaba una utilización más eficiente de los recursos humanos y técnicos, la ampliación de la cobertura en el sistema de salud mediante la oportuna atención y remisión de los pacientes al nivel de atención que fuera necesario, de acuerdo con el estado de salud y el grado de complejidad de la lesión de cada paciente. Para la ejecución planificada de las actividades de regionalización, también se habían puesto en marcha cinco programas. A su vez, a nivel administrativo, el Sistema

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Periodo de crisis hospitalarias y soluciones

Nacional de Salud garantizaría su eficiencia y operación a partir de unos componentes fundamentales llamados “subsistemas”42.

El Plan Nacional de Salud En el marco del Sistema Nacional de Salud, el Estado colombiano en cabeza del Ministerio de Salud, organizó también una planificación integral por niveles, con el objeto de darle prioridad a la atención médica a pacientes de áreas rurales y urbanas marginadas, pero siempre en coordinación con los niveles regionales y universitarios del plan. Así, mientras a nivel rural los servicios ofrecidos podrían variar entre servicios domiciliarios mediante promotores voluntarios, atención en los Puestos de Salud y ayudantes de Enfermería, además de los hospitales locales, a nivel urbano el Plan Nacional de Salud no solo incluiría servicios individuales y colectivos de mínima a máxima complejidad, sino además políticas precisas para facilitar el acceso de todos los habitantes a los Servicios de Salud, “fortaleciendo el concepto de hospital como unidad básica de cada nivel regional y local para brindar servicios igualitarios, permanentes y oportunos”, donde se les daría “prioridad a los grupos de población con mayor proporción de menores de 15 años, al núcleo materno-infantil, y al núcleo laboral”. Se puede deducir que el Plan Nacional de Salud tenía como propósito mejorar la atención de la salud de los colombianos en las ciudades, al aplicar el Sistema de Regionalización basado en los niveles de atención, y al establecer niveles intermedios entre los grandes hospitales y los puestos y centros de salud o unidades similares. A su vez, este fenómeno de regionalización tendría diferentes mecanismos de aplicación entre sectores urbanos y rurales, dadas las características particulares entre unos y otros. El Plan Nacional de Salud tenía como principales objetivos: 1. Ampliar la cobertura de los servicios preexistentes. 2. Descongestionar los servicios a nivel de los grandes hospitales.

42

Para planear las actividades de regionalización del Sistema Nacional de Salud, se definieron cinco programas: de Organización, de Administración de Personal, de Administración de Suministros, de Comunicaciones y de Capacitación en Gestión Administrativa. Los subsistemas, cual componentes fundamentales del Sistema Nacional de Salud, eran seis: Planeación, Información, Suministros, Inversiones, Investigaciones y Personal. José Armando Porras, “Situación de salud en Colombia. Estrategias de solución. Síntesis informativa”, Universitas Medica vol. 19 núm. 3 (1977): 158-160.

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Entre la mutua dependencia y la mutua independencia

3. Incrementar las facilidades de acceso para esos servicios. 4. Establecer un sistema escalonado de atención en salud. 5. Suministrar atención médica suficiente, oportuna, perma-

nente, integral y de bajo costo.43

Para alcanzar el propósito y los objetivos trazados, también el Plan Nacional de Salud incluiría varias estrategias: 1. Regionalizar la atención en salud a nivel de las grandes ciu-

dades, en un marco que exigiría por un lado la centralización político-administrativa, pero por otro, una descentralización administrativa, con la desconcentración operativa, que permitiera la atención médica en niveles de complejidad desde la periferia y hacia el centro. 2. Tomar como base o sede un hospital regional, alrededor del

cual funcionarían varias unidades intermedias de salud, y a su vez; alrededor de cada una de ellas, operarían varios puestos de salud. 3. Determinar las zonas de influencia para cada una de las unida-

des intermedias con una cobertura sobre una población comprendida entre 100 000 y 200 000 habitantes. Al designar esas zonas de influencia, deberían tenerse en cuenta varios criterios que garantizaran la eficiencia de la atención44, a partir del ordenamiento físico y administrativo de cada ciudad, que a su vez facilitara el aumento en la atención extramural. 4. Construir y remodelar instituciones con carácter de unida-

des intermedias de salud que prestaran servicios de pediatría, ginecología y obstetricia, medicina interna, urgencias y cirugía menor, laboratorio de rayos X, laboratorio clínico, tanto para pacientes de consulta externa, como hospitalizaciones de corta duración.

43 44

266

José Armando Porras, “Situación de salud en Colombia. Estrategias de solución. Síntesis informativa”, 161-162. Se tendrían en cuenta características geográficas, comunicaciones y vías de transporte que permitieran mayores facilidades para el acceso, y bajos costos para la población que accediera a esos sitios de atención.


Periodo de crisis hospitalarias y soluciones

5. Replanteamiento de las funciones del recurso humano a nivel

de las ciudades, al conformar equipos de trabajo constituidos por médicos y enfermeras generales, ayudados por personal auxiliar, para poner en marcha los conceptos de delegación de funciones que buscara la optimización del trabajo.45

De igual manera, entre las estrategias trazadas por el Plan Nacional de Salud se incluiría la relación de todos los elementos de estos organigramas, con otros programas de gran importancia y cobertura a niveles intersectorial, e intrasectorial, con aplicación en el ámbito nacional, tales como el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (icbf), el Plan de Inversiones en Acueductos y Alcantarillados 1975-1978, y el Plan Nacional de Alimentación y Nutrición (pan), que a su vez incluiría el llamado Programa de Desarrollo Rural Integrado (dri) 46.

El Sistema Nacional de Salud en Bogotá En 1975 también empezaron a aplicarse los principios del Sistema Nacional de Salud en Bogotá, en coordinación con todos los niveles de atención médica, incluyendo los hospitales universitarios. Se determinaron así tres sedes universitarias, de acuerdo con los tres hospitales universitarios de la ciudad: el Hospital Universitario San Juan de Dios, vinculado a la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional, y Sede Regional N.° 2; el Hospital Universitario San José, vinculado a la Facultad de Medicina de la Universidad del Rosario, y Sede Regional N.° 3, además del Hospital Universitario de San Ignacio, vinculado a la Facultad de Medicina de la Universidad Javeriana, y Sede Regional N.° 1. En forma adicional, ese año la capital tenía diez hospitales especializados, nueve policlínicas y 63 centros de salud, además de algunas instituciones de carácter privado47. La Unidad Regional de Salud N.° 1 de San Ignacio quedó entonces a cargo de 23 Centros de Salud, con cobertura sobre 1 344 846 habitantes 45 46 47

José Armando Porras, “Situación de salud en Colombia. Estrategias de solución. Síntesis informativa”, 161-163. José Armando Porras, “Situación de salud en Colombia. Estrategias de solución. Síntesis informativa”, 163-165. Bogotá tenía diez hospitales especializados: la Clínica Shaio, el Instituto Neurológico de Colombia, el Hospital San Rafael, La Samaritana, el Lorencita Villegas de Santos, el Instituto Nacional de Cancerología, el Santa Clara, el Roosevelt, el de La Misericordia, el San Carlos. Carla Bocchetti, Juan Manuel Arteaga y Marco Palacios, Hospital Universitario: desde San Juan de Dios hasta la construcción de un nuevo proyecto, 59.

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Entre la mutua dependencia y la mutua independencia

de la ciudad capital48. Para darle respuesta a las normas establecidas por los Decretos 056 y 350 de 1975, y dentro de las exigencias establecidas por el Sistema Nacional de Salud, tanto el Servicio de Salud de Bogotá como el Ministerio de Salud determinaron más adelante cuatro y no tres Unidades Regionales de Salud, al incluir el Hospital Infantil Lorencita Villegas de Santos, con responsabilidades en el área de su influencia. La Unidad Regional de Salud San Ignacio, identificada como Unidad N.° 1, cuya cabeza de mando sería el mismo Hospital Universitario de San Ignacio, adquirió varias responsabilidades: Formular los planes y programas regionales, de acuerdo con la política nacional de salud. Supervisar y coordinar las actividades de los organismos locales de salud. Realizar las actividades que le delegara el Servicio Seccional de Salud. Aplicar a los organismos locales de salud el régimen de adscripción o vinculación que estableciera la ley.49

Como se aprecia en el esquema trazado desde el Ministerio de Salud, el hospital estaría situado en una posición de liderazgo respecto a otros organismos locales de salud, a la vez que debería quedar sometido a unas jerarquías políticas y administrativas.

El Contrato 057 del 11 de abril de 1975 Con el objeto de seguir en forma rigurosa las disposiciones trazadas por el Estado a niveles nacional y distrital, el 11 de abril de 1975 el padre Jorge Hoyos Vásquez, S. J., rector de la Universidad Javeriana, firmó el Contrato 057 con el Servicio Seccional de Salud de Bogotá50. Este contrato tenía vigencia de un año, durante el cual el Hospital San Ignacio quedaba obligado a disponer de “ciento cuarenta y nueve (149) camas para no pensionados, 48

Breve historia del Hospital Universitario San Ignacio, 25-26.

49 ahjjmp, Rectoría, Sección: Rectores. Subsección: P. Félix Restrepo, S. J., C 186, F183, ff 184. 50 ahjjmp, Rectoría, Sección: Rectores. Subsección: P. Félix Restrepo, S. J., C 186, ff 179-182.

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Periodo de crisis hospitalarias y soluciones

hasta completar cuatro mil (4000) egresos hospitalarios, con un promedio de 7.3 días de estancia, lo cual dará 29 200 días pacientes”; a su vez, en cada uno de esos casos, habría que elaborar notas remisorias de ingreso y egreso. El contrato además estipulaba unos periodos temporales de estancia, con el objeto de buscar la mayor eficiencia en el menor tiempo posible. El Servicio de Salud del Distrito quedaba con plena autoridad y posibilidad para supervisar, evaluar y “darle asesoría técnica” al Hospital Universitario de San Ignacio “en aspectos de atención médica, nutrición y dietética, epidemiología, enfermería, saneamiento ambiental, arquitectura hospitalaria y administración, que facilitaran el cumplimiento de las normas técnico administrativas del Sistema Nacional de Salud”, lo que también le proporcionaría la posibilidad de intervenir en “presupuesto, plan de cargos y asignaciones, así como sus estatutos y reglamento interno”. Esto significaba que el Hospital San Ignacio perdería parte de su privacidad inicial, para adquirir algunas características de los hospitales estatales. A su vez, el Servicio de Salud le pagaría al hospital cinco días después de presentada la relación de gastos, a excepción de la llamada “cuota de recuperación”, que “El hospital podría cobrarle al paciente remitido en forma proporcional a su capacidad económica”, hecho que además exigía llevar un registro minucioso de ingresos. Y “con el propósito de mejorar y unificar la calidad del componente de enfermería de los servicios de salud”, cuyo objetivo era “hacer cumplir las normas emanadas del nivel central para reglamentar el sistema de regionalización”, también se les establecían tres tipos de funciones a las enfermeras encargadas del nivel regional: supervisión, educación y administración, adicionales a las demás funciones asignadas51. Estas recomendaciones sugieren otras muchas y muy laboriosas responsabilidades previas, para vincular al hospital con la Oficina de Coordinación de la Unidad Regional: 1. Recibir las llamadas telefónicas de los centros de salud, para

establecer la correspondiente coordinación con las oficinas de estadística, hospitalización y citas del hospital, para facilitar las citas médicas de interconsulta en la propia área de residencia de cada paciente. 2. Establecer el sistema de recolección de historias clínicas des-

de los centros hacia el hospital y desde éste a los centros,

51 ahjjmp,

Rectoría, Sección: Rectores. Subsección: P. Félix Restrepo, S. J., C 186, ff 185-186.

269


Entre la mutua dependencia y la mutua independencia

efectuando un recorrido diario y ejerciendo un control de planilla de documentos. 3. Coordinar con el Departamento de Estadística de los hospitales

de la unidad regional la apertura de historias clínicas, y preparar la documentación para la consulta externa respectiva. 4. Llevar el registro de las consultas coordinadas, e instruir al

Servicio de Estadística del Hospital, para la consecución de las historias clínicas necesarias para la consulta del día siguiente. 5. Revisar y registrar la documentación que se envíe desde los

Centros de Salud, para constatar que la remisión está debidamente hecha. 6. Recibir del Servicio de Estadística del Hospital las historias clí-

nicas de los pacientes de la Región egresados del hospital, para extractar de ellas la información correspondiente y enviarla diariamente al Centro de Salud de procedencia del paciente. 7. La oficina debe registrar las citas no cumplidas por los pa-

cientes y las no atendidas por los servicios del hospital. 8. Revisar las hojas de remisión del hospital hacia los centros de

salud y establecer con el Jefe de Consulta Externa la coordinación necesaria para complementarla cuando sea necesario. 9. Informar a los centros de salud acerca de los pacientes de su

Área que han sido hospitalizados. 10. Mantener comunicación diaria con los jefes y directores de cen-

tros de salud, para asegurar la coordinación del Programa.52

Este contrato se convertiría en una exigencia muy laboriosa y costosa para los hospitales, pero además con muy pocas retribuciones. Aparte de las múltiples y minuciosas exigencias a nivel del personal de enfermería y de docencia, al contrato se le agregó un gran vacío jurídico que definía y organizaba las funciones de algunas instituciones, al declararlas inscritas como entidades de derecho privado sin ánimo de lucro, que dependían en buena forma de las donaciones y ayudas filantrópicas, pero a su vez con

52 ahjjmp,

270

Rectoría, Sección: Rectores. Subsección: P. Félix Restrepo, S. J., C 186, ff 187.


Periodo de crisis hospitalarias y soluciones

vínculos con el Estado, para enfrentarlos a la incertidumbre de saberse adscritos o vinculados al Sistema Nacional de Salud53. Es importante señalar que en esa oportunidad El Hospital San Ignacio había quedado vinculado al sistema en calidad de persona de derecho privado54. Como se aprecia por el calificativo, el Hospital San Ignacio perdería así su antigua independencia respecto al Estado. Desde el punto de vista económico, la actuación del Estado pronto se mostró reducida, inconstante y limitada a la entrega de algunas cantidades de recursos que no alcanzarían a significar ganancias para las instituciones. Además de las funciones docentes y asistenciales, se recomendó incluir a los hospitales en un “régimen de excepción” para que cada institución adquiriera más flexibilidad, y con la cual obtuviera cierta autonomía; pero esta posibilidad generalmente terminaba por hacer más difíciles las interpretaciones establecidas en el contrato. Durante 1975, por ejemplo, los hospitales de San Ignacio y San Juan de Dios recibieron igual cantidad de aportes estatales, fenómeno que explicaría unas serias contradicciones administrativas a nivel oficial. Estas irregularidades, sumadas a la falta de recursos, y agravadas por medidas que habían sido adoptadas desde el gobierno central, desencadenaron una crisis en el área de la salud a mediados de la década de 1970, de grandes repercusiones a nivel nacional.

El Paro de las batas blancas Durante el primer semestre de 1975 se generó un conflicto en la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional, que terminaría afectando los servicios del Hospital San Juan de Dios, el cual hasta ese momento era dirigido por la beneficencia. Entonces comenzó a circular la versión de una posible entrega de la administración hospitalaria a la universidad. Aunque esos trámites solo se llegarían a cristalizar en 1976, esa condición a su vez evidenció la crítica situación en que se encontraban los hospitales del Distrito, al mismo tiempo que sirvió de estímulo para que se tomaran ciertas decisiones administrativas desde la dirección de ese hospital, que abrían la discusión de la razón de ser de ese centro asistencial en el marco del Sistema Nacional de Salud, y sobre las relaciones del San Juan de Dios con la beneficencia, el Distrito y la universidad. 53 54

Los hospitales privados quedaban vinculados al Sistema Nacional de Salud, y los públicos, adscritos al mismo. Breve historia del Hospital Universitario San Ignacio, 25.

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Entre la mutua dependencia y la mutua independencia

En el fondo, lo que se estaba demostrando con el caso particular del San Juan de Dios era “la dificultad de acompasar los desarrollos de una institución fundada en la lógica de la caridad, y un Sistema Nacional de Salud” que pretendía “organizar el quehacer del sector bajo la racionalidad propia de la teoría de los sistemas”. Así, en ese primer semestre de 1975 se desató un conflicto entre la escuela médica de la Nacional y el Hospital San Juan de Dios, debido a que se les había negado a un grupo de internos, la promoción al curso final de la especialidad, en forma “amañada”. En respuesta a esa decisión, se generó un paro en el que intervinieron 115 residentes y 40 internos dispuestos a levantarlo solo cuando se suprimieran las sanciones en contra de los estudiantes, profesores y la promoción de internos objeto del problema. Después de varias discusiones y tomas simbólicas del centro hospitalario, comenzaron también a aflorar otras denuncias y discusiones que ponían en evidencia serios problemas entre la facultad y el hospital. El 30 de abril, el presidente de la Asociación de Médicos Residentes e Internos anunció un paro por parte de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional, como muestra de apoyo al decano, Guillermo Fergusson Manrique, quien denunciaba la intervención y el entorpecimiento por parte de algunos profesores opositores, al tiempo que el sector estudiantil argumentaba estar listo “a defender la política de moralización de la facultad”. Con estos hechos, también se revelaba la cerrada oposición que algunos sectores le hacían a la postura de izquierda y a la agudeza crítica de Fergusson, en contra de la medicina tradicional. Administrativamente, el Hospital San Juan de Dios dependía de la beneficencia, a nivel científico de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional, y el sostenimiento económico obedecía a las decisiones de la beneficencia y el Distrito Especial. Aunque se planteaba el traspaso de la institución asistencial a la Universidad Nacional, algunos críticos argumentaban que de realizarse esa transferencia, se podrían generar problemas de carácter financiero y legal. El decano a su vez aseveraba que uno de los mayores problemas que por entonces padecía el hospital, era la dualidad e interferencia entre la Beneficencia de Cundinamarca y la Universidad Nacional. A medida que no se tomaba ninguna determinación sobre el particular, comenzaron a aflorar otras denuncias que lejos de solucionar el problema, terminaron por agravarlo. Si bien, muchos sectores no necesariamente compartían las tendencias ideológicas de Fergusson, sí respaldaban su férrea posición política, y la movilización generalizada que estaba logrando, tal como se demostró

272


Periodo de crisis hospitalarias y soluciones

con la intervención del ex decano de la escuela médica de la Nacional, el médico Rafael Casas Morales, quien además de apoyar la posición de Fergusson, denunció la desidia que el Estado mostraba desde el Ministerio de Salud Pública, para solo contribuir al grado de pobreza y desorganización en que se encontraba el San Juan de Dios. Aunque fuera considerado como un hospital de carácter “nacional”, el San Juan no estaba en capacidad de prestar servicios en las “condiciones que regulan el ejercicio ético de la medicina”, y en cambio requería de una conciliación mancomunada entre el Gobierno, la universidad, la beneficencia y la ciudad, que lograran un esfuerzo conjunto capaz de rescatar la institución55. En la mañana del 26 de mayo de 1975 se presentó una toma del Hospital San Juan de Dios por parte de médicos docentes, internos, residentes y universitarios, para presionar en pos de una decisión que favoreciera el futuro del centro asistencial por parte del gobierno; pero ante la amenaza de una toma de la institución por parte de la fuerza pública, los manifestantes advirtieron que abandonarían el hospital, pero “dejarían en manos de la policía la atención de los pacientes hospitalizados”. En el San Juan de Dios dejaron de atenderse los pacientes de consulta externa y urgencias, pero se siguió atendiendo el 70% de los pacientes hospitalizados; y con la suspensión de los servicios de urgencias en el Hospital de La Hortúa, también dejó de atenderse el 90% de los mismos a lo largo del Distrito. Entonces, la Beneficencia habilitó todos los centros asistenciales y puestos de salud de su circunscripción, al tiempo que el Ministerio autorizó la atención de urgencias en la Clínica San Pedro Claver del Seguro Social56. El 30 de mayo de 1975, en medio de un clamor generalizado por parte de los médicos residentes de la Nacional que convocaban por un paro a la solidaridad, la Fuerza Pública provocó el desalojo del hospital, y el decano de la Facultad de Medicina Guillermo Fergusson Manrique fue detenido en las instalaciones del das. Como respuesta a esa decisión, la Universidad Nacional 55

56

Se hablaba de limitaciones presupuestales, irregularidades y prebendas para los profesores del área clínica respecto a los de Ciencias Básicas. Los estudiantes reclamaban el paso del hospital a la universidad, y sostenían un paro organizado en asambleas permanentes, desde las facultades. Carla Bocchetti, Juan Manuel Arteaga y Marco Palacios, Hospital Universitario: desde San Juan de Dios hasta la construcción de un nuevo proyecto, 61-64. Por entonces, se daban frecuentes reuniones entre Luis Carlos Pérez, el rector de la Universidad Nacional, Hernando Zuleta, el gobernador del Departamento de Cundinamarca, consejos de ministros, entrevistas entre el decano Fergusson y el coronel Peña de la Policía Nacional, en las que el decano intentaba demostrar el carácter pacífico de la toma, pero también se evidenciaba la grave situación de la facultad, que revelaba el gran trauma generado por el cierre de ese hospital para la ciudad. Carla Bocchetti, Juan Manuel Arteaga y Marco Palacios, Hospital Universitario: desde San Juan de Dios hasta la construcción de un nuevo proyecto, 56-66.

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Entre la mutua dependencia y la mutua independencia

en pleno entró en una parálisis de actividades, y en forma gradual comenzaron a manifestarse respaldos por parte de los estudiantes de medicina de las Universidades del Rosario y Javeriana de Bogotá57. Todos ellos declararon el cese a modo de protesta por las medidas impopulares que amenazaban con la estabilidad de internos y residentes, las cuales además ponían en riesgo las actividades de los hospitales, y también como un gesto de adhesión en contra de la detención arbitraria del decano de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional, quien, como ya se mencionó, había sido profesor y además el primer director de patología de la Universidad Javeriana, en estrecha vinculación con el Hospital de San José entre 1957 y 196458. De las diferencias generadas entre la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional y el Hospital San Juan de Dios entre 1975 y 1976, se conformó un grupo de médicos disidentes que fundó la Escuela Colombiana de Medicina, conocida como Universidad El Bosque. Este grupo se propuso permanecer ajeno a ciertos intereses políticos para defender las funciones sagradas de lo que debería ser un hospital, y propugnó por la responsabilidad y la ética de los médicos. Con los incidentes del primer semestre de 1975 en el Hospital San Juan de Dios, se empezó a cuestionar seriamente la situación de los hospitales de Bogotá y algunos del país. A finales de 1975, ya el tema de la crisis en todos ellos se había vuelto recurrente, tomando protagonismo en los debates de opinión pública. Se revelaron problemas como la falta de dinero para atender los servicios existentes, el débil e irregular aporte estatal, el mal manejo administrativo en muchos centros de salud, y la difícil situación de algunos de ellos, debido a los contratos adquiridos con el Instituto de los Seguros Sociales, fenómenos que además explicaban las limitaciones cualitativas y cuantitativas de los servicios en la mayoría de los hospitales de la capital59. Si la crisis hospitalaria tenía en el Hospital San Juan de Dios un caso emblemático, también su manifestación facilitaba la denuncia de muchas anomalías en el suministro de los dineros que el Estado les debía dar a los hospitales, mientras algunas de esas instituciones sub-utilizaban sus ca-

57 58 59

274

Se trataba del primer paro en la Facultad de Medicina de la Javeriana y su Hospital Universitario de San Ignacio. Gabriel Ortega Lafaurie, “Historia del Departamento de Patología”, 135-136. En 1975, un 20% de la población total del país no tenía acceso a los servicios de salud, y los médicos estaban concentrados en las grandes ciudades. En Bogotá, casi el 52% de la población no tenía atención médica, y se tenían las mismas 3016 camas de 1950 para pacientes no pensionados (a excepción de la construcción y dotación de la Clínica San Pedro Claver del Instituto Colombiano de los Seguros Sociales, que empleaba entre el 60% y el 80%).


Periodo de crisis hospitalarias y soluciones

mas y retrasaban sus pagos por falta de recursos o malas administraciones, exigencias costosas, o debido a convenios leoninos con el Instituto de los Seguros Sociales60. Por su parte, el Ministerio de Salud y la Secretaría de Salud visualizaban las estadísticas económicas en forma mucho más optimista de como las padecían estas instituciones. En los casos en los cuales los hospitales que les prestaban sus servicios a personas de escasos recursos y en forma adicional tenían un servicio para pensionados, dejaban de recibir cierta cantidad de dinero del Estado, con el pretexto de que el servicio de pensionados ayudaría en gran medida a sostener el hospital. Esa distorsión estadística entre capacidad, obligaciones, prestación de servicios y reembolso estatal o de origen particular, se convertía para los funcionarios estatales en excusa con la cual solían presentar una situación mucho más próspera de la que se vivía realmente en la salud pública. De acuerdo con un artículo de la época, la ocupación de las camas en relación con el tipo de servicio prestado, es bastante significativo: Así, aunque el promedio de estancia en los hospitales con camas no pensionadas es de 10.65 días (lo que significa tres o cuatro días por encima de lo normal), este dato es muy rebajado por el hecho de contabilizarse allí hospitales como el San Ignacio o el Militar Central que primordialmente atienden el servicio pensionado.61

Para algunos, el disponer de un servicio para pensionados era sinónimo de riqueza. Además, mediante el Decreto N.° 056 los Centros de Salud de la capital estaban vinculados al Sistema Nacional de Salud, pero los aportes del Estado eran variables, irregulares, y distribuidos en una forma arbitraria. Con el Sistema Nacional de Salud vigente, los hospitales universitarios tenían toda la responsabilidad sobre la salud pública de la 60

61

En el Hospital San Carlos, el Seguro Social presionó para que los servicios se dotaran física, técnica y jurídicamente, con el pretexto de que se garantizaran unos buenos servicios médicos asistenciales. No obstante, la dinámica renovadora no fue al ritmo de la estructura administrativa del hospital, y esa respuesta acelerada y casi ingenua por parte de la entidad hospitalaria no permitió determinar a tiempo la rentabilidad de los servicios. Pronto se demostró que esa negociación obligaba a las secciones hospitalarias a trabajar a pérdida, porque el Hospital San Carlos subsidiaba al Seguro Social. Los contratos entre los hospitales y esa entidad se volvieron irregulares e incumplidos en los pagos de los servicios prestados, al agravarse con malas administraciones hospitalarias. Martha Luz Ospina Bossi y Mario Hernández Álvarez, Recuerdos del olvido. Memorias del Hospital San Carlos, 147-150. Nueva Frontera, Bogotá, agosto de 1975, referido por Carla Bocchetti, Juan Manuel Arteaga y Marco Palacios, Hospital Universitario: desde San Juan de Dios hasta la construcción de un nuevo proyecto, 66-67.

275


Entre la mutua dependencia y la mutua independencia

ciudad, así los pagos fueran llegando cada vez más tarde. A las iniciales limitaciones en los recursos, las siguieron los retrasos en el pago de empleados y proveedores, hechos que fueron conduciendo a que la red hospitalaria marchara rápidamente hacia una nefasta crisis económica. Los recursos hospitalarios proporcionados desde el Estado demostraban la falta de políticas claras en la asignación de auxilios dentro del sector hospitalario. Más que contabilizar el número de personas atendidas o la calidad y complejidad de los servicios prestados, las tarifas dependieron en muchos casos de posibles cuotas que se irían incrementando para todos los hospitales cada año, tal como se aprecia por la comparación realizada entre tres hospitales de la capital, entre los cuales también se encontraba el Universitario de San Ignacio: Tres hospitales evidenciaban esta situación con claridad. Mientras el Hospital San Juan de Dios había recibido para la vigencia de 1975 un presupuesto de $100 937 248 del sector oficial (Beneficencia de Cundinamarca, Distrito y Nación), el Lorencita Villegas solo recibió $17 500 por diversos aportes oficiales. Aunque esta situación de inequidad podría explicarse por el diferencial en la carga asistencial entre las dos entidades, al comparar estos presupuestos con el de San Ignacio, hospital que atendía un reducido número de camas no pensionadas; se hacían evidentes las diferencias. Este último había recibido $17 258 000 para el mismo año.62

Es importante aclarar que no es cierto que el Hospital San Ignacio tuviera una mayoría de camas para pensionados; como se recordará, y de acuerdo con las estadísticas hospitalarias de 1965, el 100% de sus instalaciones correspondían a pacientes de escasos recursos económicos; y aunque el 1º de octubre de 1967 se había inaugurado el Servicio de Pensionados del noveno piso, y durante el primer semestre de 1970 se había puesto en funcionamiento el servicio para pensionados del octavo piso, que también estaba asignado para el Servicio Médico Estudiantil Universitario, todavía el resto del hospital seguía atendiendo a pacientes pobres, además de los afiliados al Instituto de Seguros Sociales. Las estadísticas de 1974 los distribuían así (Cuadro 10):

62

276

Carla Bocchetti, Juan Manuel Arteaga y Marco Palacios, Hospital Universitario: desde San Juan de Dios hasta la construcción de un nuevo proyecto, 66-68.


Periodo de crisis hospitalarias y soluciones

Cuadro 10. Estadística Hospital San Ignacio (septiembre, 1974) Servicios

Inscripciones Reinscripciones Total

%

Maternidad

125

3

128

17.6

Ginecología

33

14

47

Medicina Interna

261

48

309

42.6

Pediatría

125

6

131

18.0

Pensionados

111

-

111

15.3

655

71

726

Total

6.5

100.0%

Fuente: “Estadística Hospital San Ignacio (Septiembre 1974)”, Hoy en la Javeriana Año 13 núm. 552 (1974, 13 de noviembre): 2.

En 1977, los recursos presupuestales del Hospital San Ignacio tenían los siguientes orígenes (Cuadro 11):

Cuadro 11. Informe estadístico anual del Hospital San Ignacio. 1976 Tipo de pacientes Clasificación General* Servicio Salud de Bogotá** ICSS Particulares Total

Servicios Obstetricia Ginecología Medi­c ina Pediatría Pensionado

Total

%

873

319

3013

1442

5647

40.6%

2189

267

1533

2223

6212

44.6%

77

69

590

28

103

867

6.2%

-

-

-

-

1175

1175

8.6%

3139

655

5136

3693

1278

13 901

100%

* Pacientes de clasificación socioeconómica baja. ** Pacientes remitidos por el Servicio de Salud de Bogotá. Elaboración propia a partir de “Hospital Universitario San Ignacio. Inscripciones y reinscripciones según tipo de paciente”, Hoy en la Javeriana 611 (1977, 8 de febrero): 3. “Informe Estadístico Anual del Hospital San Ignacio (1976)”, Hoy en la Javeriana 618 (1977, 19 de abril): 2. Fuentes:

277


Entre la mutua dependencia y la mutua independencia

Como se aprecia en el cuadro anterior, todavía en 1976 el 40.6% de los pacientes atendidos en ese centro asistencial eran de clasificación socioeconómica baja, el 44.6% procedían del Servicio de Salud de Bogotá, el 6.2% eran remitidos por el Instituto Colombiano de Seguros Sociales, ICSS, y apenas el 8.6% eran pacientes particulares63. En la crisis del sector de la salud estaban comprometidas varias entidades estatales: el Ministerio de Salud, la Asamblea Departamental, el Departamento de Cundinamarca, la Secretaría de Salud del Distrito, la Beneficencia de Cundinamarca, y en menor medida las universidades. El déficit presupuestal en Bogotá para 1975 fue de 85 millones de pesos, factor que presionó para que algunos hospitales no volvieran a recibir pacientes. Frente a las denuncias simultáneas de hospitales como el Lorencita Villegas, el San Juan de Dios, La Misericordia, el Materno Infantil, La Samaritana, San Carlos y Santa Clara, la única entidad del Estado que salió de su letargo fue el Fondo Nacional Hospitalario. Algunos hospitales, como los tres últimos, habían dejado de ser hospitales especializados, para convertirse en hospitales generales. La Samaritana, que antes había sido un instituto descentralizado de carácter departamental, se estaba convirtiendo en un hospital universitario con personería jurídica, presupuesto independiente y autónomo, adscrito al Servicio de Salud de Cundinamarca. Con retrasos de meses para el pago de dineros provenientes del departamento y del Instituto de los Seguros Sociales, el déficit acumulado de muchas instituciones se comenzó a notar en una atención de inferior calidad, mayores dificultades para conseguir los medicamentos, y el aplazamiento por semanas, meses, y a veces en forma indefinida, de procedimientos quirúrgicos y tratamientos. Con el deterioro progresivo de los servicios asistenciales en los hospitales capitalinos y universitarios, muchos temieron por la calidad de los médicos que estaban en formación, justo cuando esas instituciones habían llegado a ser la esperanza de los avances tecnológicos y médicos tanto de la capital como del país64.

63

64

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“Hospital Universitario San Ignacio. Inscripciones y reinscripciones según tipo de paciente”, Hoy en la Javeriana 611 (1977, 8 de febrero): 3. “Informe estadístico anual del Hospital San Ignacio (1976)”, Hoy en la Javeriana 618 (1977, 19 de abril): 2). Carla Bocchetti, Juan Manuel Arteaga y Marco Palacios, Hospital Universitario: desde San Juan de Dios hasta la construcción de un nuevo proyecto, 68-72.


Periodo de crisis hospitalarias y soluciones

Conflictos entre la Facultad de Medicina y el Hospital San Ignacio. El papel del rector Por algún tiempo persistió un malestar generalizado entre las escuelas de medicina, los gremios médicos y de la salud, debido a todo lo que seguía ocurriendo en el Hospital San Juan de Dios de Bogotá. Cuando residentes, internos y estudiantes de medicina amenazaron con ir a un paro nacional que pondría en mayor riesgo la salud en el país, se decidió que el Hospital San Ignacio incrementaría la atención de pacientes que no encontraban espacio en otras instituciones en medio de la crisis. En una actitud sin precedentes, frente a una condición que ya revelaba cierto grado de independencia entre la escuela médica javeriana y el Hospital Universitario de San Ignacio, el rector de la Javeriana, en asocio con el director del hospital, determinaron que el Hospital Universitario de San Ignacio debería “continuar abierto para todos los pacientes que, con mano debilitada por las dolencias, toquen a las puertas de nuestro hospital”, bien como afiliados al Seguro Social, o simplemente desde su condición de enfermos desprotegidos y desamparados que necesitaran atención médica; pero que en los momentos aciagos que vivía el país, no hubieran encontrado espacio en otro hospital de la ciudad o del país (véase Anexo 1) 65. El rector enfatizaba que los principios consagrados tanto en la Declaración Internacional de los Derechos del Hombre, como en la Constitución Política de Colombia, defendían los derechos fundamentales a la salud y a la vida antes que el de la libre asociación, porque “¡Se asocian los seres vivientes, no los muertos!”. También los Estatutos de la Universidad y los del Hospital de San Ignacio determinaban como objetivo fundamental “el servicio al país”, el cual estaría por encima “de acuerdos o desacuerdos individuales” establecidos por los gobiernos temporales colombianos. De esta manera se estarían evocando los mismos principios sobre los cuales se había fundado el Hospital de San Ignacio en 1942. En la Javeriana se precisaba que la misión de los médicos, como los demás profesionales de las ciencias de la salud no era “promover agremiaciones aunque de ellas justamente se beneficien”, porque antes que decidir por ello, estaría “el deber que deriva de la vocación que Dios les dio y de la profesión que escogieron: defender la vida del hombre, conservar su salud”; y estos cuatro principios fundamentales “se apoyan tanto en la ética natural como en la moral cristiana”. Por sus mismos principios, en esa ocasión el Hospital San Ignacio

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“Por qué permanece abierto el Hospital Universitario de San Ignacio, vinculado a la Pontificia Universidad Javeriana, y por qué continúa prestando servicios?”, Hoy en la Javeriana Año 15 núm. 603 (1976, 10 de septiembre): 1-3.

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se identificaba más cercano a la universidad que a la Facultad de Medicina; porque si en esta se promovía un paro de actividades, en aquélla se respetaría una ética fundamental que en esos momentos de crisis volvía a recordar los mismos principios jesuíticos cristianos que les había dado origen a cada una de esas instituciones, así hubiera que adoptar medidas de emergencia. La invitación que el rector le hacía al director del Hospital Universitario de San Ignacio para que firmara una declaración de esta naturaleza, al tiempo que excluía de la misma al decano de la Facultad de Medicina, indirectamente revelaba una relativa independencia alcanzada por la institución hospitalaria respecto a la Universidad, que la escuela médica no tenía. Además, con ese gesto del padre Borrero, S. J., se estaba también desvirtuando la creencia de que el Hospital San Ignacio era “una dependencia más” de la Facultad de Medicina de la Javeriana. El rector establecía la diferencia entre “la responsabilidad” y “la culpabilidad” que los profesionales de la medicina pudieran tener sobre la situación que se vivía en la capital en esos momentos. Era diferente un concepto del otro, porque si bien muchos médicos con su trabajo podrían ser “responsables de aciertos o desaciertos”, no necesariamente tendrían que ser “culpables”, a menos que actuaran conscientemente, en forma deshonesta”. Pero ni la Javeriana ni el Hospital Universitario de San Ignacio actuarían en ese momento como jueces. Así los javerianos estuvieran en condiciones de reconocer el legítimo derecho de asociación, la universidad y el Hospital San Ignacio no asumirían el papel de jueces, porque no era el momento de “terciar en el desacuerdo manifiesto de las Centrales Obreras” reconocidas en Colombia. Sin embargo, al mismo tiempo el rector y el director del hospital aclaraban que el hecho de seguir trabajando no debería confundirse tampoco con un apoyo irrestricto al Gobierno nacional. De este modo, el comunicado establecía ante todo unos principios sustentados en unos deberes emanados de Dios, que coincidían con las leyes que regían la Compañía de Jesús, y las nociones básicas que le habían dado origen a la Declaración de los Derechos del Hombre y la Constitución Política de Colombia. A partir de esos principios, también se proponía ayudar a los médicos y profesionales de la salud a discernir con sano juicio, al recordarles que su lealtad en esos momentos debería ser para los pacientes, antes que con los manifestantes, y “en consecuencia, las directivas del Hospital Universitario San Ignacio y de la Pontificia Universidad Javeriana pretenden, con su actitud presente, continuar viviendo y actuando para servicio del país, a la luz de los principios que guían sus actos cotidianos”.

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Así, el rector Borrero, al representar a la Javeriana, involucraba por derecho propio a la Facultad de Medicina de esa universidad, y se expresaba además en nombre del Hospital Universitario de San Ignacio para informar que se habían tomado “medidas de emergencia” en la sede hospitalaria; y que de llegar a ser necesario, en las mismas aulas de la universidad, cual si se tratara de “hospitales de emergencia”. A su vez, sus autoridades convocaban a “profesionales de las ciencias de la salud” para prestar “voluntariamente sus servicios en favor de los pacientes desprotegidos”, así se hubieran suspendido temporalmente los casos que necesitaran espera, para dedicar toda su atención, activos humanos y técnicos al cuidado de urgencias y emergencias”. Entre el 8 y 10 de septiembre de 1975, en una reunión convocada por el Ministerio de Salud Pública, se llevó a cabo una discusión sobre las relaciones entre las universidades, los hospitales universitarios y las seccionales de salud, en el marco del Sistema Nacional de Salud. Contando con la asistencia de todos los decanos de las facultades de medicina del país —a excepción del decano de la Universidad Nacional de Bogotá— se hicieron allí presentes los directores de los hospitales universitarios, los jefes de seccionales de salud de aquéllos departamentos que por entonces contaban con facultad de medicina, y altos funcionarios del Ministerio de Salud Pública, además del ministro. En esa oportunidad se definieron las responsabilidades de las universidades con relación a los hospitales universitarios y la Seccional de Salud, así como los deberes de esta respecto a las universidades y los hospitales universitarios. Se obtuvo un modelo general de contrato para el funcionamiento del Sistema Nacional de Salud, y especialmente de las unidades regionales, de las cuales los hospitales universitarios eran su cabeza.66. Mientras los problemas en algunos hospitales del país seguían avanzando para no encontrar fácil solución, en 1977 el padre Borrero, S. J., fue reemplazado en la Rectoría de la Javeriana por el padre Roberto Caro, S. J. Pero aunque se seguían afrontando los problemas económicos en el Hospital San Ignacio, la junta directiva de la universidad solo sesionó en dos ocasiones durante 1978, para dejar las decisiones ordinarias del hospital a cargo del Consejo Hospitalario.

La reforma estatutaria Con la vinculación del Hospital Universitario de San Ignacio al Sistema Nacional de Salud, fue necesario realizar una reforma de los estatutos, 66

“Congresos”, Hoy en la Javeriana Año 14 núm. 578 (1975, 17 de septiembre).

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para que fueran acordes con el Decreto N.° 056 de 1975. Esto implicó no solo una reorganización jurídica para responder a las exigencias estatales, sino también para ir acorde con los sistemas de gobierno, con los procedimientos administrativos internos, en la gestión patrimonial, y en todo lo que estuviera relacionado con la administración de ingresos y gastos. Fue así como el Proyecto de los Estatutos, elaborado por el padre Liborio Restrepo, S. J., y el Dr. Roberto Suárez, se aprobó en enero de 1978. A su vez, mediante el Decreto N.° 1210 de 1978, el Hospital Universitario de San Ignacio estableció convenios docentes asistenciales con otras entidades de la universidad, para ampliar sus funciones y convertirse en campo de práctica e investigación de otras universidades y entidades conformadas por profesionales dedicados a las áreas de la salud. Los estatutos reformados en 1978 reafirmaban que el hospital era una entidad creada por la Compañía de Jesús, mediante un Decreto emanado de la Arquidiócesis de Bogotá, con personería jurídica eclesiástica reconocida en términos civiles por el Ministerio de Gobierno con la Resolución N.° 81 de 1942. Al ser persona de derecho eclesiástico, era también una institución moral de carácter religioso, sin ánimo de lucro, que estaba bajo la orientación y coordinación de la Universidad Javeriana. El Hospital Universitario de San Ignacio definía sus fines a partir de dos principios: el “ejercitar la caridad cristiana”, pero ya no con la atención gratuita a los pobres, sino dando, de acuerdo con sus recursos y posibilidades, “una atención médica completa”, y además “servir de campo de estudio, práctica e investigación a profesores y estudiantes de la Universidad Javeriana”. La dirección y administración del hospital dependerían de una junta directiva constituida por el rector de la universidad, un representante del padre provincial, los vicerrectores administrativo y académico de la Javeriana, el decano Académico de la Facultad de Medicina, dos decanos de áreas vinculadas al área de la salud de la Universidad, los representantes del Gobierno, y el director del hospital67. Los nuevos estatutos del hospital proponían que el “Hospital Universitario de San Ignacio” cambiaría su nombre por el de “Hospital Universitario San Ignacio”. En 1978, después de contar con la aprobación del padre Gerardo Arango Puerta, S. J., como provincial de la Compañía de Jesús, pasaron a ser sometidos al análisis del padre Roberto Caro, S. J., en calidad de rector de la universidad; y luego fueron enviados al cardenal

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Breve historia del Hospital Universitario San Ignacio, 26-28.


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Aníbal Muñoz Duque para que les diera su aprobación. Sin embargo, por alguna razón, el cardenal no tomó ninguna decisión sobre el particular, hecho que obligó a que el padre Caro, S. J. tuviera que enviarle otra nueva propuesta en mayo de 198168. La nueva propuesta con los estatutos del hospital fue a su vez estudiada y aprobada por el padre Álvaro Restrepo, S. J., en calidad de provincial de la Compañía, para serle remitida al arzobispo primado de Colombia, quien mediante un comunicado de agosto de 1983, respondió que “nada tiene que objetar sino aplaudir el proyecto de elaborar nuevos Estatutos del Hospital San Ignacio”, para que sean sometidos a la aprobación de la Santa Sede, “dado el carácter pontificio de que goza la universidad a la que pertenece”, y a su vez autorizó para que la persona moral canónica fuera “concredita Societati Iesu”69. Como el marco estatutario de 1942 ya se consideraba obsoleto, y la respuesta del arzobispo podía ser interpretada como una aceptación de la nueva propuesta, el mismo provincial Álvaro Restrepo, S. J., decidió que fueran aplicados en calidad de estatutos ad experimentum, mientras se concedía un plazo para que se cumplieran la totalidad de los trámites canónicos y legales. 68

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Por ese tiempo el Dr. Buendía fue reemplazado en la dirección por Reinaldo Grueso, y se contrató al Dr. Gabriel Rosas Vega, como asesor económico del Hospital de San Ignacio, para que hiciera el diagnóstico de la realidad financiera. Los convenios con el Estado también obligarían por una reforma estatutaria. Breve historia del Hospital Universitario San Ignacio, 31-32. Los Estatutos Provisionales ratificaron que el Hospital San Ignacio era un “ente fundado por la Compañía de Jesús” y creado mediante Decreto Canónico de la Arquidiócesis de Bogotá, con personería jurídica eclesiástica aprobada civilmente por el Ministerio de Gobierno, cual “institución de carácter religioso y sin ánimo de lucro”. El objeto del hospital sería el prestarle un servicio a la comunidad, “inspirado en los principios de fraternidad cristiana, proporcionando en la medida de sus recursos y posibilidades, atención integral en salud y sirviendo de campo de estudio, práctica e investigación a profesores y estudiantes de la Pontificia Universidad Javeriana[…]”. La dirección, representación y administración del Hospital San Ignacio quedarían a cargo de una junta directiva integrada por el rector, un representante del provincial de la Compañía de Jesús en Colombia, el vicerrector académico y el vicerrector administrativo de la universidad, el decano académico de la Facultad de Medicina, dos decanos del área de la salud designados por el rector, los representantes del Gobierno nacional, y el director del hospital. El representante legal del hospital sería el rector de la universidad, conformarían el Consejo Hospitalario: el rector, los vicerrectores académico y administrativo de la universidad, el director del hospital, los subdirectores del mismo, el decano académico de medicina y dos decanos del área de la salud, designados por el rector de la Javeriana. El director general del hospital sería nombrado por el padre provincial, y se preveía el nombramiento de un revisor fiscal, por parte de la junta directiva. “Comunicación N.° A 7829/83 del Arzobispo Primado de Colombia”, 27 de agosto de 1983, referido por Breve historia del Hospital Universitario San Ignacio, 28-30.

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Estos estatutos establecieron la junta directiva del hospital como máxima autoridad, y además crearon el Consejo Hospitalario que dependería de la junta, para encargarse de cuestiones operativas; de ese modo, las decisiones más urgentes relacionadas con la problemática del hospital se llevaron a cabo en el seno del consejo, en tanto que las sesiones de la junta, que a veces eran poco frecuentes, revisaban lo que ya había sido analizado por el otro organismo70.

Nuevo servicio de urgencias Desde 1980 se trabajaba en la programación de un nuevo Pabellón de Urgencias que comenzó a construirse en los predios del Hospital, con aportes conjuntos del Fondo Hospitalario Nacional, la Secretaría de Salud del Distrito, dineros suministrados por el Ministerio de Salud, y con fondos del hospital y la universidad; el proyecto y realización arquitectónica quedaron a cargo de la Oficina Asesora de Desarrollo Físico de la universidad. Al ser considerado como “piloto en su género”, también estaría comprometido con los pacientes de la Regional N.° 1 de Bogotá, para trabajar en forma coordinada con los demás centros asistenciales y hospitales universitarios de la ciudad, donde los servicios se atenderían las 24 horas del día bajo el cuidado y dedicación de médicos profesores de la Facultad de Medicina vinculados al Hospital San Ignacio71. El 6 de agosto de 1981 se inauguró el Servicio de Urgencias del Hospital San Ignacio72 ; esta sección quedaba con un área total de 920 m 2. En él se instalaron cinco consultorios, dos salas de pequeña cirugía, y dos salas de observación: una para adultos, y otra para niños. Además se dotó con 70 71

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Gerardo Arango S. J. y Eduardo Villar, husi. Historia. La situación del Hospital de San Ignacio entre 1985-1989. Apuntes para una historia, bases para unas decisiones, 30. La Oficina Asesora de Desarrollo Físico era dirigida por Álvaro Rivera. Rosario Fernández, Azucena Martínez, María Eugenia Martínez y Bernardo Daste, con la coordinación general de Gilma Girón y Gonzalo Panesso, “Hospital San Ignacio”, Hoy en la Javeriana Año 19 núm. 714 (1980, 26 de septiembre): 47; 53-54; 58-59. Se inauguró y bendijo el nuevo Servicio de Urgencias del Hospital Universitario San Ignacio con la presencia del presidente de la república, Julio César Turbay Ayala, Alfonso Jaramillo Salazar, ministro de Salud Pública, el viceministro de Salud Pública, el secretario de Salud de Bogotá, Hernando Durán Dussán, alcalde de Bogotá, el padre Roberto Caro, S. J., rector magnífico de la Universidad Javeriana, Reinaldo Gruesso, el director del Hospital San Ignacio, y personalidades vinculadas al área de la salud. “Inaugurado nuevo servicio de urgencias del Hospital Universitario San Ignacio”, Hoy en la Javeriana Año 20 núm. 739 (1981, 10 de agosto).


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instrumental quirúrgico, equipos de monitoreo para signos vitales, centro de esterilización, incubadoras, etcétera.73. Con el fin de conseguir un mejor funcionamiento, el Servicio fue dotado con un sistema de radio coordinado por la Secretaría de Salud del Distrito. Adicionalmente, este servicio se organizó con servicios de caja, farmacia y ambulancia durante las 24 horas, con el propósito de responder de inmediato a las necesidades de los pacientes74. Para finales de 1981, el Hospital habría subsidiado cerca de $50 000 000 cop en atención de personas de escasos recursos.

Diagnóstico y reestructuración económica del hospital Desde 1979 se incrementaron las actividades en el Hospital San Ignacio: más pacientes atendidos en urgencias, con un aumento en el porcentaje de ocupación, especialmente a nivel del pensionado; también el departamento de dietética daba cuenta de un incremento en el número de raciones / día tanto para pacientes, como para el personal y los empleados de la institución75. En el periodo comprendido entre los años setenta y ochenta, se vivió otro factor adicional a nivel económico, porque la presencia del Instituto de los Seguros Sociales en el hospital exigió determinadas condiciones. Como resultado de ello se necesitaron más médicos, enfermeras, empleados y funcionarios administrativos, quienes a su vez requirieron ganar más dinero. Con estos ajustes, se presentó un crecimiento desmesurado de la deuda del hospital76. Entonces, se decidió contratar al Dr. Gabriel Rosas Vega en calidad de asesor económico del hospital para que hiciera un diagnóstico de la situación financiera que ya agobiaba a la institución77. Comenzó así una etapa en la cual se llevó a cabo la reestructuración del sistema organizacional del hospital para tratar de cumplir de la mejor 73

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El Servicio de Urgencias tuvo un médico jefe, 6 residentes, 4 internos, 2 médicos rurales, 4 enfermeras jefes, 30 auxiliares de enfermería, 15 estudiantes y 2 instructores, un equipo de camilleros, y el personal administrativo. “El Señor Presidente de la República, Doctor Julio César Turbay, inaugura nuevo servicio de urgencias del Hospital Universitario San Ignacio”, Hoy en la Javeriana Año 20 núm. 738 (1981, 3 de agosto): 1. “Inaugurado nuevo servicio de urgencias del Hospital Universitario San Ignacio”, Hoy en la Javeriana Año 20 núm. 739 (1981, 10 de agosto). Rosario Fernández, Azucena Martínez, María Eugenia Martínez y Bernardo Daste “Plan de Desarrollo Físico de la Universidad Javeriana 1980-1985”, Hoy en la Javeriana Año 19 núm. 707 (1980, 26 de junio): 45-49; 53-54; 58-59. Gerardo Arango S. J. Entrevista personal de Marietta Mejía. 15 de junio, 2009. Breve historia del Hospital Universitario San Ignacio, 31.

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manera con sus objetivos académico y asistencial. La revisión financiera demostró que entre las causas de la crisis que por entonces se atravesaba estaban las tarifas de los contratos celebrados entre el hospital y el Instituto de los Seguros Sociales, por una parte, y entre el hospital y el Servicio de Salud de Bogotá, por otra. En ambos casos, los costos de los servicios prestados no guardaban relación con las cifras canceladas, y además los considerables retrasos incrementaban la cartera por concepto de esas cuentas, lo que recargaba aún más los presupuestos financieros. El Hospital San Ignacio venía presentando desde hacía algún tiempo un comportamiento deficitario estructural, al realizar gastos superiores al valor de sus ingresos. Por varios años, la institución se había financiado con las reservas que poseía en activos fijos, y a partir de dineros líquidos que le llegaban como donaciones. Sin embargo, también estas comenzaron a agotarse a principios de la década de 1980. Una de las primeras gestiones realizadas por Rosas como asesor económico, y luego como director general del Hospital San Ignacio, consistió en proveer a la institución con algunos recursos de capital de trabajo. Además, consiguió en 1983 un crédito cercano a los 100 millones de pesos, de los cuales una buena parte fue conferida a largo plazo, con el propósito de ganar tiempo y permitir que el hospital pudiera seguir funcionando mientras se llevaban a cabo las reformas a nivel del hospital y la facultad, las cuales resultarían difíciles y lentas. En febrero de 1984, se integró en propiedad el equipo de dirección que había permanecido con carácter de internidad. Entre enero y febrero de 1985 se hicieron ajustes en los estados financieros, al tiempo que se castigaron partidas importantes de activos que no eran recuperables, con el objeto de poder presentar ante los organismos directivos los datos que revelaban el desequilibrio estructural de las finanzas hospitalarias. A nivel de la organización administrativa, se hicieron reformas para evitar pérdidas en los procesos de facturación, recaudos y manejo de inventarios; se incrementaron nuevos sistemas de información, con los cuales pudieran tomarse decisiones y ejercer un mayor control78. Sin embargo, a principios 78

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Se obtuvo un crédito a largo plazo mediante la hipoteca de un lote del sector del Paraíso, con una corporación de ahorro y vivienda. Se nombró a Gabriel Rosas como director general, a Francisco Pardo como director científico, y a Eduardo Villar como director administrativo y financiero. A mediados de 1984, quedó conformada la junta directiva por el padre Jorge Hoyos, S. J., rector de la Javeriana; con el padre Jaime Salazar, S. J., el representante del provincial, Agustín Lombana, vicerrector académico; Álvaro Dávila, el vicerrector administrativo; Alberto Escallón A., decano académico de la Facultad de Medicina; Alfonso Latiff y Jorge Segura en representación del Gobierno, y Gabriel Rosas como director del hospital. A estas reuniones asistían además los directores científico y financiero. Ese periodo de interinidad


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de 1985, la situación financiera aún revelaba un franco deterioro. Entonces se encontraron tres causas fundamentales: • El defectuoso sistema de contratación con el Instituto de Seguros Sociales. • La reciente apertura de tres hospitales en la capital: Simón Bolívar, El Guavio y Kennedy. • La baja utilización de la capacidad instalada, particularmente en pensionados.79

Se vio así la necesidad de redefinir el hospital en términos de tamaño para disminuir personal, reducir gastos y adecuarse a las circunstancias, pero sin perder de vista sus objetivos sobre las labores asistencial y académica, que a su vez deberían enfrentarse a otras realidades tales como: • La competencia. • La crisis en el sector de la salud. • Los elevados costos en los suministros. • Nuevos requerimientos tecnológicos. • Problemas de contratación.80

Mientras se tomaban decisiones de fondo, se optó por recortar las diferencias entre ingresos y egresos, y tratar de conseguir nuevos recursos, siempre obedeciendo a las rigurosas políticas presupuestales determinadas por la junta directiva y el Consejo Hospitalario. Como se daban limitaciones crediticias en el sector bancario, se aprobó una negociación con garantía real, que permitió atender las obligaciones laborales y financieras a corto plazo81. Tanto en el Consejo Hospitalario como en el consejo de la universidad, se planteó la necesidad de realizar cambios profundos en la Facultad de

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había comenzado en abril de 1983, y al retiro de Armando Hauzeur y Reinaldo Grueso, en noviembre del mismo año, fue nombrado como director encargado el médico Tomás Wilde, con la asesoría económica de Gabriel Rosas. Consejo, Acta 025 de enero /85; Junta, Acta 164, de febrero /85; Anexos 3, 4 y 5. Gerardo Arango S. J. y Eduardo Villar, husi. Historia. La situación del Hospital de San Ignacio entre 1985-1989. Apuntes para una historia, bases para unas decisiones, 31-34. Breve historia del Hospital Universitario San Ignacio, 34. Breve historia del Hospital Universitario San Ignacio, 34. Breve historia del Hospital Universitario San Ignacio, 34-35.

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Medicina, como una condición indispensable para superar las dificultades del hospital; porque si bien el Hospital San Ignacio tenía una personería jurídica independiente y un manejo administrativo y financiero propios, aún seguía condicionado a la producción y venta de sus servicios, a los costos de operación, y a la orientación de las líneas de actividad, cuyas decisiones eran tomadas en su totalidad desde la facultad82. Entonces se decidió que habría que mejorar la coordinación entre la Facultad de Medicina y el hospital, pero sin ignorar que del grado de compromiso que demostrara el personal docente en lo académico y en lo asistencial, también dependería el éxito o el fracaso de las metas de recuperación83. Se estudió la eventualidad de adquirir para el hospital un carácter de persona autónoma, como entidad dueña y responsable de su propio destino, pero que al ser campo de docencia en el área de la salud, siguiera conservando sus actividades en forma coordinada con la universidad. Con el severo deterioro patrimonial del hospital, y frente a la evidente iliquidez causada por las pérdidas acumuladas y la estructura financiera deficitaria, se vio la urgencia de conseguir recursos frescos de “costo cero”, que permitieran continuar con la operación de recuperación. Aunque entre 1985 y 1986 se consiguieron $120 000 000 cop con aportes oficiales extraordinarios, esos dineros solo sirvieron para “oxigenar” la tesorería, mientras se lograban dos claros propósitos: 1. Recursos frescos de “costo cero” mediante recapitalización. 2. Reformas internas a nivel de la Facultad de Medicina y de la

estructura de los servicios, con los cuales fuera posible modificar el esquema financiero deficitario.84

El 21 de octubre de 1986, como ya se estaba superando la dificultad presupuestal a corto plazo, con la cual se esperaba que se pudieran resolver las necesidades inmediatas a nivel de caja, se contrató un estudio conjunto con la dirección administrativa y financiera del hospital y la dirección de finanzas de la universidad. Esa investigación propuso que se 82

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Acta 29 del Consejo, de diciembre /85, N.° 2, Anexo 5. Gerardo Arango S. J. y Eduardo Villar, husi. Historia. La situación del Hospital de San Ignacio entre 1985-1989. Apuntes para una historia, bases para unas decisiones, 32. Breve historia del Hospital Universitario San Ignacio, 33-34. Junta, Acta 165, de julio /85, N.° 3; Acta 166, septiembre /86, N.° 3, Anexos 6 y 7. Gerardo Arango S. J. y Eduardo Villar, husi. Historia. La situación del Hospital de San Ignacio entre 1985-1989. Apuntes para una historia, bases para unas decisiones, 32-34.


Periodo de crisis hospitalarias y soluciones

realizara un replanteamiento de fondo, con el cual ya se pudiera trabajar por una solución definitiva. Fue así como también en forma conjunta el Dr. Eduardo Villar, director financiero del Hospital San Ignacio, de común acuerdo con Dr. Ernesto Wilson, el director financiero de la universidad, optaron por hacer un estudio que cuantificara las necesidades totales de los fondos, y estudiar las posibles consecuencias de seguir aplazando la solución. Esta investigación reveló: 1. Que se ha avanzado mucho en la corrección del déficit

operativo. 2. Que no obstante lo anterior, “lo que complica la situación…

es la operación financiera”. Sería necesario refinanciar pérdidas; pero si se hiciera por vía crédito, eso implicaría costo y supondría generar recursos que ayudaran para abonarle al capital; “como estos no se generan porque hay pérdidas, se deben pedir más préstamos, que cuesten más y demandan más amortización de capital, y así sucesivamente se forma una “bola de nieve” que con su crecimiento lleva a la catástrofe, porque hay un punto en el que las cifras crecen hasta valores inverosímiles y porque en esas circunstancias nadie puede seguir prestando” y se afirma que aún continuando con la tendencia de recuperación operativa registrada en los dos últimos años, y obteniendo utilidades por la venta de servicios desde 1993, el lastre de las pérdidas pasadas haría que el déficit de la caja “si utópicamente pudiera financiarse con bancos hasta entonces, valdría en 1996 $15 550 millones; cifra dos veces inferior a la que se tendría con la situación de 1984 ($37 796 millones), pero como ella absurda de inmanejable”. 3. Que sin considerar ningún desembolso por inversión o re-

posición, la necesidad de fondos externos subsidiados “que el propio Hospital no puede obtener”, llegaría a unos $1040 millones, a valor presente de 1987. 4. Que de esa suma solo podrían obtenerse por ventas de activos

unos $370 millones. Se consideró la enajenación de los lotes del Garcés Navas y El Paraíso y una parte (4 pisos) del edificio sede, considerando que el hospital debería permanecer en ellos o trasladarse y “permutarlos” con la universidad por otra ubicación.

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5. Que “si no se considera posible la financiación total, aconsejamos

más bien que se formule desde ya el plan de desmonte…porque de lo contrario la crisis final va a venir con consecuencias imprevisibles para la universidad y la misma Compañía de Jesús”.85

En contraste con las dificultades económicas tan severas que por entonces atravesaba esa institución, el 21 de junio de 1985, en la unidad de cirugía del Hospital San Ignacio se llevó a cabo el primer trasplante de hueso realizado en Latinoamérica86. Las proyecciones para 1987 percibían una tendencia deficitaria, al no poder aumentar las tarifas hospitalarias en la misma proporción que los costos, por el temor de salirse de los parámetros impuestos por el mercado87. En un momento en el cual ya la crisis sugería que deberían revisarse a fondo los estatutos ad experimentum de 1981, cuyos trámites habían sido interrumpidos, también dejó de reunirse el Consejo Hospitalario. Frente a la compleja problemática que vivía la institución, pronto se concluyó que sería indispensable la colaboración conjunta del hospital, la universidad y la Compañía de Jesús. Con el fin de coordinar las relaciones entre esas tres entidades, en noviembre de 1986 la Compañía de Jesús nombró al padre Gerardo Arango, S. J. como director del medio hospitalario. Si bien este cargo ya aparecía en el organigrama del hospital desde 1981, con la nueva crisis también surgió la necesidad de habilitarlo.

El replanteamiento del hospital Para responder a su cometido, el padre Gerardo Arango, S. J. promovió la reunión entre las tres instituciones, con unos propósitos muy definidos: 85 86

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Anexo 8, Gerardo Arango S. J. y Eduardo Villar, husi. Historia. La situación del Hospital de San Ignacio entre 1985-1989. Apuntes para una historia, bases para unas decisiones, 35-37. En esta cirugía intervinieron los ortopedistas Eusebio Cadena, jefe del servicio de ortopedia; José Navas, director de educación continuada y profesor de la Facultad de Medicina, y Diego Soto, jefe de ortopedia del Hospital de La Samaritana, vinculado al servicio de ortopedia del Instituto Nacional de Cancerología, además de Mario Mejía, en condición de anestesiólogo, asistidos por el Dr. Theodore Mallini, director del Banco de Tejidos del Jackson Memorial Hospital de Miami. La enfermera jefe de la sala era Martha Consuelo Torres, y actuaron como instrumentadoras: Patricia León y Claudia Gutiérrez. “En el Hospital San Ignacio, primer trasplante integral de hueso en Latinoamérica”, Hoy en la Javeriana Año 24 núm. 887, (1985, 2 de julio): 4.; Martha Lucía Díaz Rivera, “En el Hospital de San Ignacio se realizó el primer trasplante de hueso en Latinoamérica”, Hoy en la Javeriana Año 24 número extraordinario (1985, 1 de octubre). Breve historia del Hospital Universitario San Ignacio, 35.


Periodo de crisis hospitalarias y soluciones

1. “Que las entidades fundadoras del Hospital de San Ignacio

unifiquen y expresen claramente sus criterios sobre el futuro del hospital”. 2. “Que expresen su disponibilidad de compromiso con el hos-

pital y en qué niveles la asumen (moral; financiero, etc.)”. 3. “Que esta voluntad de las entidades fundadoras pueda ser

conocida por las personas que trabajan en el hospital[…]”.88

Esa esperada reunión se llevó a cabo en dos etapas. El 21 de febrero de 1987 fueron invitados con carácter informativo: el padre Jorge Hoyos, S. J., por entonces rector de la universidad; en representación del padre provincial Gerardo Remolina, S. J., asistió el padre Jaime Salazar, S. J., y además estuvieron el Dr. Agustín Lombana, el Dr. Fernando Leal, el Dr. Arturo Morillo, el padre Humberto Peláez, S. J., el Dr. Gabriel Rosas, el padre Gerardo Arango S. J., y el Dr. Eduardo Villar. El día 22 de febrero trabajaron el padre provincial, y los padres Arango, Hoyos y Salazar. Como resultado de las decisiones tomadas, pueden resumirse los siguientes puntos: El hospital debe continuar existiendo para reorganizarse a niveles administrativo, técnico, científico y financiero, porque deberá adecuarse para acceder a la tecnología de la salud “a las personas de menos recursos”, y “con una mentalidad profundamente cristiana”. Tanto la universidad como la Compañía de Jesús dan respaldo institucional, científico, moral, y apostólico al hospital. Expresan que procurarán allegar en unión del mismo hospital los medios financieros “para iniciar una nueva etapa que asegure su autofinanciación”, y proponen estimular el desarrollo científico y empresarial. Las directivas del hospital deberán definir el tipo de hospital que pueda “al mismo tiempo autofinanciarse y cumplir las finalidades “requeridas en la parte “a” sugieren un tamaño y una mezcla de pacientes pensionados, semi-pensionados, e institucionales. Debe estudiarse la dotación técnica, para que “sin pretender una competencia instrumental” se evite “que sus servicios se vean disminuidos por falta de tecnificación”.

88

Gerardo Arango S. J. y Eduardo Villar, husi. Historia. La situación del Hospital de San Ignacio entre 1985-1989. Apuntes para una historia, bases para unas decisiones, 38.

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Entre la mutua dependencia y la mutua independencia

El hospital deberá reformar sus estatutos, para poder actuar como una persona “Sui iuris”, con capacidad de tomar sus propias decisiones, obligada a dar cuenta del cumplimiento de sus objetivos a la universidad y la Compañía de Jesús, mediante sus representantes en la junta directiva. El hospital debe “concebirse con criterio empresarial que garantice su autofinanciación”.89

Ese mismo día se hizo un acuerdo entre importantes representantes, entre los cuales participaron: el Dr. Gabriel Rosas, director general del hospital; el Dr. Eduardo Villar, director administrativo y financiero del mismo; el padre Gerardo Remolina, S. J., provincial de los jesuitas, y el padre Jorge Hoyos, S. J., el rector de la Universidad Javeriana. En forma conjunta, todos ellos reafirmaron el apoyo institucional de la universidad y de la Compañía de Jesús para buscar los recursos frescos que fueran necesarios para que el hospital pudiera resolver su problema financiero traído del pasado, y además adecuarse al ideal señalado90. A su vez, el provincial y el rector de la Javeriana se dirigieron a los directores general y del medio hospitalario del Hospital San Ignacio, y además a los dos decanos de la Facultad de Medicina. Allí se puntualizaban las orientaciones que a partir de ese momento deberían guiar el futuro del hospital, y que “deben ser conocidas por todos quienes tienen responsabilidad en el asunto”91. Las decisiones adoptadas tras el estudio acucioso de estos sacerdotes, quedaron recopiladas en una carta fechada el 5 de marzo de 1987. El resumen de su contenido es el siguiente: 1. El hospital debe continuar existiendo para seguirle pres-

tando un servicio al país y a la Facultad de Medicina. Pero para lograrlo, requiere de un servicio científico de altura, y de una reorganización administrativa y financiera, que se adecúe para “hacer accesible la tecnología de la salud a las personas de menos recursos, con una mentalidad profundamente cristiana”. 89

90 91

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Convocatoria a la Reunión, Anexo 9; Las decisiones que se tomaron respecto al futuro del Hospital se encuentran consignadas en la carta del 5 de marzo (Anexo 10). Gerardo Arango S. J. y Eduardo Villar, husi. Historia. La situación del Hospital de San Ignacio entre 19851989. Apuntes para una historia, bases para unas decisiones, 30-31; 37-38. Gerardo Arango S. J. y Eduardo Villar, husi. Historia. La situación del Hospital de San Ignacio entre 1985-1989. Apuntes para una historia, bases para unas decisiones, 40. Comunicación de los padres Gerardo Remolina, S. J., y Jorge Hoyos, S. J., Marzo 5 de 1987. Breve historia del Hospital Universitario San Ignacio, 38.


Periodo de crisis hospitalarias y soluciones

2. La universidad y la Compañía de Jesús dan respaldo institucional,

científico, moral y apostólico al hospital; además manifiestan que procurarán allegar en unión del mismo hospital los medios financieros “para iniciar una nueva etapa que asegure su autofinanciación”, y ofrecen estimular el desarrollo científico y empresarial. 3. Las directivas del hospital definieron el tipo de hospital que

pueda “al mismo tiempo autofinanciarse y cumplir las finalidades propuestas a partir de sus propios fines. Se sugirieron entonces algunas indicaciones sobre el tamaño del hospital, la categoría de los pacientes a tratar, el tipo de medicina, y la naturaleza de su personería jurídica, que debería ser revisada. 4. El hospital debe reformar sus estatutos para empezar a actuar

como una persona “Sui iuris”, que pueda tomar sus propias decisiones, obligada a dar cuenta del cumplimiento de sus objetivos a la universidad y la Compañía de Jesús, a través de sus representantes en la junta directiva. 5. El hospital debe “concebirse con criterio empresarial que ga-

rantice su autofinanciación”.92

A partir de estas recomendaciones, se le dio inicio a una labor de salvamento que le delegaba mayores responsabilidades a la junta directiva, a la vez que convocaba al cuerpo médico y al personal que laboraba en el hospital, para que se consiguiera una concertación de esfuerzos. Con la reforma de los estatutos se aclararía la naturaleza jurídica de la institución hospitalaria respecto al fuero canónico, al establecer que el Hospital San Ignacio es una persona jurídica privada de derecho eclesiástico. A su vez, esta situación sería ratificada por el Arzobispo Primado de Colombia, mediante el Decreto N.° 330 del 4 de junio de 199093. Con los cambios estatutarios, también se determinó que la Compañía de Jesús tendría una función pastoral sobre el Hospital San Ignacio. Se conservaron los fines que habían sido instaurados en los Estatutos anteriores, pero se amplió la misión docente y asistencial del hospital, sobre un 92

93

Gerardo Arango S. J. y Eduardo Villar, “Anexo 10: Conclusiones del rector y del provincial”; “El replanteamiento ante las entidades que dieron origen al hospital y su respuesta”, en husi. Historia. La situación del Hospital de San Ignacio entre 1985-1989. Apuntes para una historia, bases para unas decisiones, 148; 37-40. Breve historia del Hospital Universitario San Ignacio, 36-38.

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campo de acción que no necesariamente comprometía en forma exclusiva a los miembros de la Universidad Javeriana. Se estableció que la dirección del hospital radicaría en su junta directiva y en el director general, para eliminar la presencia del Consejo Hospitalario, y la dependencia legal que antes se tenía del rector de la universidad. A su vez, con los nuevos estatutos se modificó la conformación de la junta directiva que, a partir de esta reforma, estaría en cabeza de dos representantes del padre provincial, tres representantes del rector de la Javeriana, y los del Gobierno nacional que exigieran las disposiciones legales. El director general asistiría acompañado de las personas designadas para cargos directivos, y podría expresar su voz, pero no tendría derecho a expresar su voto. Con la reforma se decidió que el director general sería el representante legal del hospital, y que su nombramiento dependería de la junta directiva, y no del padre provincial. Los nuevos estatutos también le definieron las funciones y atribuciones al Revisor Fiscal dentro de la institución hospitalaria. Con estos cambios, el hospital tuvo la posibilidad de organizarse como una entidad diferente de la Facultad de Medicina de la Universidad Javeriana, disposición que ya le permitiría tomar sus propias decisiones, sin el posible perjuicio de estar obligado a dar cuenta del cumplimiento de sus objetivos; de ese modo también se saneó la situación jurídica de la junta directiva, que igualmente contaría con las aprobaciones necesarias para entrar en vigencia94.

En busca de soluciones Como la universidad no encontró ninguna fórmula posible desde el punto de vista financiero que le permitiera realizar una ayuda económica a modo de donación en beneficio del hospital, el consejo directivo de la universidad solo vio como única solución, la provisión de recursos sin costo y no reembolsables, es decir de capital. Todo esto se daba porque con el gran deterioro patrimonial acumulado y la falta de generación de utilidades, cualquier operación de crédito era considerada en principio, como absurda. A lo anteriormente expuesto, se le agregaba que el mismo régimen legal que regía a la universidad, también le impedía entregar cualquier dinero a título gratuito. Para entonces, ya la Compañía de Jesús había comenza-

94

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Breve historia del Hospital Universitario San Ignacio, 38-40.


Periodo de crisis hospitalarias y soluciones

do a entregar fondos en calidad de prestamo a la universidad, y como la condición de iliquidez del hospital era crítica, fue necesario comenzar por explorar otras opciones. El 11 de junio de 1987, se constituyó un Comité de Enlace, aunque sus miembros se venían reuniendo como equipo de trabajo, en razón a los cargos de sus integrantes. Este comité estuvo conformado por los Dres. Agustín Lombana y Fernando Leal en representación de la universidad, y por el padre Gerardo Arango, S. J., y el Dr. Eduardo Villar, en nombre del hospital, para cumplir con las cuatro actividades básicas propuestas: 1. Coordinación de las relaciones entre la universidad y el

hospital. 2. Discusión y aclaración de los asuntos que habían generado

algún tipo de confusión, después de las deliberaciones de los Consejos, entre abril y junio de 1987. 3. Búsqueda de soluciones para hacerle entrega de dineros al

hospital. 4. Preparación de una propuesta para la reunión del Consejo

Directivo, prevista para el 15 de septiembre de 1987.95

En agosto de 1987, el padre Gerardo Arango, S. J., que venía desempeñándose como director del medio hospitalario, fue nombrado director general del hospital96. En la reunión del consejo directivo de la universidad, llevada a cabo el 15 de septiembre de 1987, el padre Arango, S. J., y el Dr. Eduardo Villar presentaron un informe sobre los cambios conseguidos en el hospital entre abril y septiembre de ese año. En esa oportunidad, Se analizaron aspectos jurídicos relacionados con el manejo de personal respecto a la universidad, y además se plantearon algunos aspectos financieros. De igual manera, se hizo 95 96

Gerardo Arango S. J. y Eduardo Villar, husi. Historia. La situación del Hospital de San Ignacio entre 1985-1989. Apuntes para una historia, bases para unas decisiones, 49-50. Para el momento de su nombramiento como director general del Hospital San Ignacio, el padre Gerardo Arango Puerta, S.J., de 52 años, había sido provincial de la Compañía de Jesús en Colombia, vice-gran canciller de la Universidad Javeriana, rector del Colegio Internacional de Gesú en Roma, presidente del Consejo Social de la Fundación Social, y director del Medio, del Hospital San Ignacio. A su vez, el Dr. Gabriel Rosas fue nombrado decano académico de la Facultad de Ciencias Económicas y Administrativas de la Universidad Javeriana. Breve historia del Hospital Universitario San Ignacio, 37.; “Nuevo director del Hospital San Ignacio”, Hoy en la Javeriana Año 6 núm. 22 (1966, 17 de mayo): 2.

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un análisis profundo sobre la historia económica del hospital, se revelaron los balances y estados de resultados obtenidos durante los últimos años, para responder de esa manera a algunas inquietudes del consejo, que había solicitado mayor información. Adicionalmente, los cuatro miembros del Comité de Enlace expusieron su conclusión sobre el único camino que encontraban viable para que la universidad pudiera entregarle dineros al hospital: mediante la venta del edificio sede. Del plan financiero declarado, se destacaron varios puntos: Se sugería la venta del edificio del hospital por $940 millones, de acuerdo con un avalúo comercial. Con su producto, en primer lugar se contemplaba la cancelación de las deudas contraídas con la universidad, y en segundo lugar, con el dinero excedente, se proponía el abono de los pasivos bancarios. Se analizó la evolución financiera que se presentaría en los siguientes cuatro años, de llegar a cumplirse los planes de reestructuración interna, que conducirían a la eliminación de pérdidas para 1991. Se insistió en que ante la imposibilidad manifestada por parte de la universidad de contribuir a la capitalización, se recomendaba entonces la venta del edificio del hospital, pero a la vez se advertía que por ese medio tampoco se garantizaría la obtención de todos los fondos. En esas condiciones, el dinero faltante quedaría dependiendo de posibles ayudas internacionales97. El balance proyectado para 1991, conciliaba esta propuesta con la primera presentada al Consejo Directivo el 2 de abril de 1987: “previendo el aumento que debe financiarse en los activos corrientes —por efecto precio— y una inversión de 500 millones en equipos; considerando el pasivo de operación que sanamente puede mantener el hospital; y aplicando la venta del edificio, se requieren todavía $833 millones adicionales, que por algún medio se deben conseguir: de lo contrario en 1991 se tendría otra

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“Pérdidas y ganancias 1981-1986”, 219; Carta del Dr. Villar al padre Jaime Bernal, S. J., con comentarios alusivos al Acta del Consejo Directivo, núm. 3.5, 4.1 y 4.2, “Resumen de la exposición del Doctor Eduardo Villar al Secretario General de la Universidad Javeriana”, 237.; y “opinión del director administrativo y financiero del Hospital sobre los negocios de hipoteca y/o venta del edificio de la Carrera 7ª # 40-62 de Bogotá”, en Gerardo Arango S. J. y Eduardo Villar, husi. Historia. La situación del Hospital de San Ignacio entre 1985-1989. Apuntes para una historia, bases para unas decisiones, 51-52.


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vez una situación como la que se pretende solucionar. Además queda por resolver lo relativo a la sede del Hospital, que ya no sería de su propiedad”.98

El consejo directivo aprobó los planteamientos propuestos por el Comité de Enlace, autorizó la compra del edificio, y más adelante, la junta directiva del hospital facultó a su Administración para que realizara la venta de los inmuebles. Entre septiembre y octubre de 1987, el padre Gerardo Arango, S. J. viajó a Europa para explorar las posibilidades de conseguir una ayuda internacional para el hospital. Del informe presentado a su regreso, se destacan varios puntos: “Es difícil encontrar ayudas para el Hospital de San Ignacio”. Las razones son explicadas en detalle. “Sin embargo es posible presentar algunos proyectos y seguir los intentos que hemos comenzado con alguna posibilidad de éxito”. También se describe en detalle cada expectativa. Es preciso iniciar una serie de acciones concretas, para gestionar los proyectos.99

Ante la imposibilidad de pagar las deudas existentes en el corto plazo, se decidió que se le vendería a la universidad el edificio principal del Hospital San Ignacio, y además el edificio denominado “José del Cármen Acosta”, anexo a él y ubicado en el costado oriental de la sede hospitalaria, negociación que se llevaría a cabo a finales de 1987. De esa manera se obtendrían recursos sin costo financiero para cancelar las deudas contraídas con la universidad, y sería posible la renovación de equipos, la adecuación del área física, y además quedaría dinero para responder a las obligaciones laborales y cubrir los gastos de funcionamiento100. En marzo de 1988, cuando el Dr. Eduardo Villar consideró que ya había cumplido con el encargo encomendado desde 1984 por la Rectoría, presentó su renuncia101. Último cuadro de “Pérdidas y ganancias 1981-1986”, y Gráficos de “Pérdidas y ganancias 1981-1986”, en Gerardo Arango S. J. y Eduardo Villar, husi. Historia. La situación del Hospital de San Ignacio entre 1985-1989. Apuntes para una historia, bases para unas decisiones, 52-53; 219. 99 Acta N.° 172, del 16 de octubre de 1987, “Pérdidas y Ganancias 1981- 1986”; “Informe del padre Gerardo Arango S. J., sobre su viaje a Europa”; y “El viaje del Padre Arango a Europa”, en Gerardo Arango S. J. y Eduardo Villar, husi. Historia. La situación del Hospital de San Ignacio entre 1985-1989. Apuntes para una historia, bases para unas decisiones, 52-53; 219; 243; 250. 100 Breve historia del Hospital Universitario San Ignacio, 38. 101 Gerardo Arango S. J. y Eduardo Villar, husi. Historia. La situación del Hospital de San Ignacio entre 1985-1989. Apuntes para una historia, bases para unas decisiones, 53-54. 98

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La reestructuración interna del Hospital San Ignacio en 1988 Tras la búsqueda de soluciones, se había llegado a considerar el “redimensionamiento del hospital”, entendido como el cierre de cierto número de camas, para llegar a una ocupación cercana al 90% o 100%, de ser necesario. Sin embargo, se encontró con que la dirección del hospital siempre se había mostrado resistente a esta manera de concebir el redimensionamiento, aunque muchas veces admitía la necesidad de cerrar algunas camas, con el argumento de que esas medidas podrían apreciarse más desde la rentabilidad de los diferentes servicios, que cuantificando el número de las camas. En octubre de 1987 se llegó entonces a la convicción de que sería necesario cerrar el pabellón de pediatría, ubicado en el ala sur del 3er piso, debido a que su ocupación no alcanzaba el 30%, y en consecuencia originaba un gran déficit anual. Para tratar de compensar ese vacío, se previó la adaptación del ala sur del 9° piso para la hospitalización de niños, en habitaciones adaptadas especialmente para ellos. En forma adicional, durante 1988, y ante la crisis ocasionada por el contrato con el Instituto de los Seguros Sociales (iss), se cerraron varios cubículos de los pisos 3°, 4° y 5°. Gracias a esta medida se redujeron los costos de mantenimiento y personal en esos pisos para evitar una pérdida mayor. Para 1989, la visión del “redimensionamiento del hospital” se entendería tanto desde el aspecto económico, como en torno a la función docente. Con esa mirada, también fue posible ampliar un poco la Unidad de Nefrología y los Servicios Ambulatorios, aunque para entonces todavía continuaban cerrados algunos cubículos de los pisos 3° y 5°. Para poder llevar a cabo un estricto control en el rendimiento económico y de la factibilidad de los servicios, se realizó un estudio de costos de los servicios entre 1987 y finales de 1988. Para 1989, el estudio estaba todavía en proceso de actualización, pero se consideraba confiable y útil para fijar tarifas y establecer políticas. Cuando en 1988 la Asociación Colombiana de Hospitales inició un estudio comparativo sobre los costos en los diferentes hospitales del país, con miras a realizar la contratación con el iss, aprovechó para beneficio de otras instituciones el estudio de costos que se estaba elaborando en el Hospital San Ignacio, por considerarlo suficientemente confiable102. 102 Gerardo

Arango S. J. y Eduardo Villar, husi. Historia. La situación del Hospital de San Ignacio entre 1985-1989. Apuntes para una historia, bases para unas decisiones, 54-56.

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Además, con el propósito de conseguir una mayor eficiencia en el servicio, en 1987 se inició un proceso de reelaboración del organigrama institucional, que fue presentado a la junta directiva, y en el cual se apreciaban algunos elementos esenciales (véase Anexo 2) 103. El Hospital San Ignacio tuvo que ser sometido a un difícil y delicado, pero también decisivo proceso de reestructuración en 1988.

El destino de los dineros recibidos por la venta del edificio En vista de que en el momento de vender el edificio del Hospital San Ignacio a la universidad se fijó un precio total de $940 000 000 cop, con la deuda que venía acumulada entre las dos instituciones de $350 000 000 cop­ se decidió hacer un “cruce de cuentas”. De ese modo, el hospital recibió en efectivo la suma de $590 000 000 cop. En un documento del 7 de febrero de 1988, quedó constancia de la transacción realizada entre las dos entidades, y de su cumplimiento a cabalidad por ambas partes. Los fondos recibidos por el hospital constituyeron el capital de trabajo de la institución durante 1988 y 1989. Para su aplicación, además de lo señalado, también se siguieron algunas políticas puntuales: Se cancelaron todas las obligaciones que suponían un costo, tal como estaba previsto en el llamado “plan económico”. Solo se conservaron las que tenían un costo menor que el rendimiento de las inversiones. De acuerdo con la junta directiva, se invirtieron $215 000 000 en la adquisición de elementos y equipos indispensables para el funcionamiento del hospital, y en los equipos de los cuales se esperaba un rendimiento económico que permitiera la adquisición de otros adelantos nuevos, como sería el caso de la gammacámara, el tac, el ecocardiógrafo, etc. Para hacer más atractivo el aspecto físico del hospital, y poder vender el servicio a pacientes privados y a empresas, se remo103 “Pérdidas

y ganancias 1981-1986”; “Informe del padre Gerardo Arango S. J., sobre su viaje a Europa”, en Gerardo Arango S. J. y Eduardo Villar, husi. Historia. La situación del Hospital de San Ignacio entre 1985-1989. Apuntes para una historia, bases para unas decisiones, 56-60; 219; 250.

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delarían a finales de los años ochenta, las “vías de ingreso del hospital” (hall principal, consulta externa y urgencias), con una inversión de $172 033 000. Igualmente se reubicaron la Dirección del Hospital y parte del área financiera en el 8° piso, con una inversión de $12 000 000. El resto del dinero procedente de la venta del edificio, se manejó en inversiones con la mejor rentabilidad posible del mercado. Sus réditos ayudaron a “enjugar el déficit de operación” de los años 1988 y 1989.104

Durante ese último año, y aprovechando que la situación financiera lo había permitido, se continuó con la política trazada desde 1984, tendiente a sanear los estados financieros, de tal manera que ellos reflejarían la situación real del hospital. La junta directiva había sido por esos años la encargada de aprobar la depuración de la cartera de muy difícil cobro, y la que hizo posibles las provisiones para los diferentes rubros105.

La Ley de los 500 millones y la reorganización del hospital Entre 1986 y 1987, el padre rector y el Dr. Gabriel Rosas se propusieron conseguir una donación significativa por parte del Gobierno nacional, que le permitiera al hospital contar con un capital de trabajo. El rector obtuvo una Ley de Honores a nombre del padre Félix Restrepo, S. J., con la que el Gobierno proporcionaría quinientos millones de pesos. Después de su activa gestión a cargo del hospital, también el Dr. Rosas logró, por medio de algunos parlamentarios amigos, la promulgación de la Ley 003 de 1988 que votaba una cifra de $150 000 000 cop para la legislatura de 1988, y $100 000 000 cop en la de 1989, dineros que serían destinados para el Hospital San Ignacio, y además se incluyó en el segundo adicional al presupuesto nacional de 1988 la suma de 104 “Pérdidas

y ganancias 1981-1986”; “Informe del padre Gerardo Arango S. J., sobre su viaje a Europa”, en Gerardo Arango S. J. y Eduardo Villar, husi. Historia. La situación del Hospital de San Ignacio entre 1985-1989. Apuntes para una historia, bases para unas decisiones, 60-62; 219; 250. 105 “Pérdidas y ganancias 1981-1986”; “Informe del padre Gerardo Arango S. J., sobre su viaje a Europa”, en Gerardo Arango S. J. y Eduardo Villar, husi. Historia. La situación del Hospital de San Ignacio entre 1985-1989. Apuntes para una historia, bases para unas decisiones, 29-31; 219; 250.

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$40 000 000 cop. De acuerdo con los nuevos Estatutos del Hospital, el 10 de noviembre de 1988 se constituyó una nueva junta directiva106. Desde mediados de 1987, la Dirección General presentó un documento en el que se planeaban los objetivos generales que se perseguían conseguir para 1988, entre los que estaban la organización operativa del hospital, la elaboración del presupuesto por parte de los jefes de los departamentos y unidades de la institución, el cambio en la composición de los pacientes admitidos, sugerencias sobre reposición de equipos, la creación de una imagen corporativa, entre otros. A partir de estas propuestas, la junta directiva trabajó a lo largo del año, y todavía en 1989 continuó con un plan que tuvo como propósitos generales: 1. Mejorar la atención de los pacientes. 2. No presentar pérdidas operacionales. 3. Desarrollar las especialidades médicas. 4. Establecer correctivos que permitieran cumplir con las metas

trazadas, particularmente en lo relacionado con los gastos de nómina, alimentación y planta física.107

Por esa época, la junta directiva estuvo conformada por Jaime Salazar, S. J., y Jorge Marmoreck, como representantes del padre provincial; Agustín Lombana, Fernando Leal y Arturo Morillo, en representación del rector de la universidad, y Jorge Segura y Alfonso Latiff en nombre del Servicio Seccional de Salud de Bogotá. A estas reuniones asistían además el padre Gerardo Arango, S. J., en calidad de director general, y los Dres. Hernán Jiménez, Camilo Dávila y Luis Eduardo Moreno, desde sus cargos de subdirectores del hospital.

Remodelaciones en los laboratorios El 6 de junio de 1989 se reinauguró la nueva sede del laboratorio clínico, con su respectivo banco de sangre. De esta manera, se conformó una 106 Algunos

parlamentarios colaboraron con ese propósito, entre los que estuvieron Gabriel Rosas, Ancízar López, Álvaro Leyva, y otros. “Pérdidas y ganancias 1981-1986”; “Informe del padre Gerardo Arango S. J., sobre su viaje a Europa”, en Gerardo Arango S. J. y Eduardo Villar, husi. Historia. La situación del Hospital de San Ignacio entre 1985-1989. Apuntes para una historia, bases para unas decisiones, 31-32; 219; 250. 107 Breve historia del Hospital Universitario San Ignacio, 28-29.

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unidad completa de servicios, en el segundo piso del ala noroccidental del Hospital San Ignacio. Esta enorme inversión calculada en 57 millones de pesos, sobre un área aproximada de 800 m 2, se hizo posible con la colaboración de Raquel Dreszer de Haime, presidenta de la Fundación Amigos del Hospital San Ignacio, y la generosidad de varios de sus benefactores108. En este nuevo laboratorio también funcionarían en forma independiente: un laboratorio de hormonas, otro de genética, perteneciente a la unidad de genética, y la unidad de hematología especial. Dotado con la más moderna tecnología, el laboratorio clínico quedó organizado con una sala de espera, un espacio destinado para la toma, el recibo y la radicación de las muestras, la oficina del administrador y del jefe del laboratorio, el banco de sangre, y adicionalmente un área restringida para las unidades de bioquímica, hematología, inmunología y urgencias. El laboratorio quedó en condiciones de alcanzar a procesar cerca de 150 órdenes médicas por día, lo que significaba que podrían realizarse cerca de 450 procedimientos diarios, para tener un incremento de un 25% o 30% respecto al año inmediatamente anterior. Originalmente, el laboratorio clínico del Hospital San Ignacio había funcionado en el primer piso de la edificación, y más tarde había sido trasladado al costado noroccidental del segundo piso. Por esos años, la Escuela de Bacteriología de la universidad se entrenaba en ese lugar, las actividades se realizaban en forma manual, y se prestaba un servicio integral con el dispensario Julio Ramírez Johns, que en esa época funcionaba en la sede de Ciencias Básicas. Para 1989, el laboratorio clínico ya remodelado contaba con decisiete bacteriólogas, que tenían su apoyo en alumnas que realizaban sus prácticas, además de otras dieciséis personas con cargos administrativos109.

108 En

su inauguración estuvieron presentes su presidenta, la señora Raquel Dreszer de Haime, el Dr. Miguel Haime, el padre Jorge Hoyos, S. J., el Dr. Alfredo Escallón, y el padre Gerardo Arango, S. J. “La Fundación Amigos del Hospital San Ignacio aporta modernas instalaciones para Laboratorio Clínico”, Hoy en la Javeriana Año 28 núm. 995, (1989, 19 de junio): 1. 109 El laboratorio quedó dotado con aparatos modernos semiautomatizados y computarizados, y fue considerado como “el más moderno en su género”. Tenía un B. P. de Abbot para análisis de química sanguínea, se facilitaron los exámenes de hematología, y se contó con un equipo computarizado para pruebas inmunológicas que estuvo dirigido por el Dr. Alfredo Escallón Ángel; el laboratorio de hormonas quedó a cargo del Dr. Lázaro Jiménez; el de genética, por el Dr. Jaime Eduardo Bernal; y la unidad de hematología especial, a cargo del Dr. Gustavo Gartner. Tuvo un moderno sistema de fluorescencia donado por astra nacional delfia , con garantía para los casos de contaminación con muestras hormonales. Además, el laboratorio contó con un equipo de radioinmunoanálisis computarizado, dotado de un contador gama Wallog para medir las hormonas. Estos aparatos estaban unidos a la centrífuga refrigerada y al sistema delfia. “La Fundación Amigos del Hospital San Ignacio

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Periodo de crisis hospitalarias y soluciones

Pero aunque en 1989 se contaba con muy buenos equipos, también el banco de sangre padecía de frecuentes crisis debido a la falta de donantes. Por esa razón, la Vicerrectoría del Medio Universitario estudió la posibilidad de llevar a cabo jornadas de donación voluntaria entre los estudiantes de la universidad, con la colaboración de la Oficina de Relaciones Públicas de la misma. Una vez recogida la sangre, se sometía a estrictos controles bacteriológicos y de compatibilidad de grupos y subgrupos, para pasar por análisis serológicos, con los que se deberían descartar enfermedades como la sífilis, el sida y la hepatitis. El banco de sangre del Hospital San Ignacio, que básicamente consistía en una central de recibo y distribución de sangre, siempre había funcionado en forma simultánea con el laboratorio clínico, pero se esperaba que después de la remodelación pudiera llegar a ser autosuficiente, con el autoabastecimiento de las jornadas universitarias. Por esos años, se llevó a cabo una jornada por bimestre, en la que participaban entre 80 y 100 donantes. El laboratorio de hormonas había sido ideado desde 1984110, y a partir de 1989 dispondría de una sección dedicada únicamente para la investigación, donde trabajaron el director del mismo, acompañado de una bacterióloga especializada en radioinmunoanálisis. De acuerdo con las estadísticas institucionales del último periodo, el 50% de los pacientes beneficiados con los trabajos del laboratorio clínico del Hospital San Ignacio eran particulares, remitidos por médicos de otras instituciones o procedencias, en tanto que el 50% restante correspondía a pacientes de consulta externa, del servicio de urgencias, u hospitalizados. Durante el mes de mayo de 1989 se había atendido un total de 80 pacientes por mes en el Laboratorio de Hormonas, a diferencia del promedio del año anterior que había sido de 60 mensuales. Para ese mismo periodo, se habían realizado 300 mediciones especiales (toma de muestras de hormonas). El servicio de la unidad de genética del Hospital San Ignacio quedó ubicado desde junio de 1989 en el área de los laboratorios, en la segunda planta del centro asistencial. Esta dependencia estaba orientada tanto a realizar trabajos clínicos como de investigación a nivel de todas las áreas de la

aporta modernas instalaciones para Laboratorio Clínico”, Hoy en la Javeriana Año 28 núm. 995, (1989, 19 de junio): 1-3. 110 En 1984 se había ideado la creación del laboratorio de hormonas, entre el Dr. Darío Maldonado, el director de medicina interna del hospital, Alberto Escallón Azcuénaga, el decano Académico, y el Dr. Lázaro Jiménez, endocrinólogo encargado del laboratorio, quienes contaron con el apoyo de las directivas del Hospital San Ignacio y de la Universidad Javeriana. “La Fundación Amigos del Hospital San Ignacio aporta modernas instalaciones para Laboratorio Clínico”, Hoy en la Javeriana Año 28 núm. 995, (1989, 19 de junio): 2-3.

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genética humana. En 1989 también se contó con el apoyo económico de Colciencias para algunas investigaciones, entre las cuales se destacaron: • Estudio sobre la estructura genética de la población colombiana. • Proyecto para estudiar la genética del prurigo actínico. • Síndrome de usher en Colombia. • Enfermedades genéticas raras.111

Este laboratorio contaba con un sofisticado equipo, cuyo costo superaba los $350 000 000, el cual había sido financiado con el convenio de Colciencias. Para mejorar su calidad científica, en 1989 se llevó a cabo un Programa de Entrenamiento en Genética Médica, en coordinación con la Facultad de Ciencias, y seis médicos que estaban haciendo su especialización en esta disciplina científica. Además de haber demostrado la presencia de algunas enfermedades hereditarias que inicialmente no se asociaban con ese origen, o no se creían posibles en Colombia, en esta unidad ya se habían editado treinta libros y revistas especializados en el tema, muchos de ellos con el respaldo de editoriales extranjeras. Entre los casos más frecuentes estudiados en el laboratorio de hematología especial en 1989, se registraron anemias y leucemias. Al contar con la cercanía del banco de sangre, se convertía en una gran comodidad para facilitar las transfusiones y atenciones médicas correspondientes. En general, al servicio de hematología acudían pacientes de consulta externa, del servicio de urgencias y hospitalizados, pero también algunos eran remitidos de otros centros asistenciales.

Comienzo de la planeación estratégica Durante el segundo semestre de 1989, el hospital aprobó la propuesta hecha por la firma Arthur Andersen y Cía., para una asesoría en planeación estratégica. Así comenzó un proceso participativo con los jefes de los departamentos y unidades científicas y administrativas para identificar las fortalezas y debilidades del hospital, con el propósito de llegar a formular objetivos, metas y estrategias claras, de acuerdo con las necesidades de la 111 “Unidades

de Genética y Hematología”, Hoy en la Javeriana Año 28 núm. 995 (1989, 19 de junio): 4.

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institución. A fines de 1989, se le presentó el plan estratégico a la junta directiva, y esta lo aprobó para que comenzara su ejecución en los primeros meses de 1990. Esos cambios implicarían un gran compromiso tanto de la junta como de la administración del hospital. Mientras se estaba dando este proceso, el padre Gerardo Arango, S. J., fue nombrado como rector de la universidad; entonces la junta directiva eligió por unanimidad al padre Jaime Salazar, S. J., como nuevo director general del Hospital Universitario San Ignacio112, quien, como se recordará, ya en 1973 había tenido vínculos directos con la institución, al presidir la junta directiva del Hospital Universitario San Ignacio desde su condición de ecónomo de la Compañía de Jesús en Colombia. Al desempeñarse como director general, el padre Salazar además consiguió vincular la institución a la Asociación Colombiana de Hospitales y Clínicas113. El 1° de diciembre de 1989 tomó posesión de su cargo el nuevo director, quien desde su llegada estimó que en el Hospital no existían canales adecuados de información. Esto significaba que muchas de las decisiones y orientaciones de los organismos directivos del Hospital solo eran conocidas por unas pocas personas; y como resultado de ello, era frecuente que se distorsionara la información. Para evitar ese tipo de problemas, el padre Salazar se propuso formar una verdadera comunidad de trabajo dentro del Hospital San Ignacio a partir de un proceso de planeación estratégica que continuara a nivel de varios frentes, con el fin de avanzar en la información y sistematización integrada de la institución114. Bajo la nueva dirección, el hospital asumió la concepción de una institución dinámica en la cual se llevaban a cabo procesos operativos y científicos que terminaban comprometiendo de una u otra manera a todos los

historia del Hospital Universitario San Ignacio, 41-42. padre Jaime Salazar, S. J. fue presidente de la junta directiva de la Asociación Colombiana de Hospitales y Clínicas entre 1991-1995 y proyectó esa entidad internacionalmente. Después fue nombrado miembro del Consejo de Gobierno de la Federación Latinoamericana de Hospitales (flh), y de la Organización Iberoamericana de Prestadores Privados de Seguridad Social (oippss), gremio al cual representó durante dos años. “Personajes, Padre Jaime Salazar Londoño, S. J., presidente junta directiva 1991-1995”, Revista Hospitalaria, Edición Especial 50 años Asociación Colombiana de Hospitales y Clínicas, vol. 7 núm. 46 (2006): 40-41. 114 El padre Salazar S. J. interpretó que el hospital tenía un gran potencial a partir de sus elementos humanos, todavía desconocidos para muchos, los cuales incluían a hombres y mujeres: científicos, docentes, técnicos, empleados administrativos, enfermeras, oficinistas, además de personas a cargo de los servicios, así como las relacionadas con alimentos, aseo, lavandería, vigilancia, compras, etcétera. Jaime Salazar, “Desde la dirección. Hacia una integración de nuestra comunidad hospitalaria”, Rumbo al 2000. Ciencia con Excelencia núm. 1 (1990, 1 de noviembre): 2; 4. 112 Breve 113 El

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miembros de la comunidad. Para ilustrar esa afirmación, se enumeraba el proceso de clasificación e identificación de los principios y valores que deberían guiar, motivar e impulsar el medio hospitalario en forma paralela con el proceso de planeación estratégica que a su vez iba ejecutándose en múltiples frentes de trabajo, cuyo proceso de sistematización terminaría integrando entre sí todas las áreas hospitalarias. De ese modo, se crearon pautas y criterios claros, tanto en la selección del personal como en su remuneración, tendientes a generar políticas y escalas salariales claras115. Consecuente al plan estratégico que comenzó a funcionar desde principios de 1990, se adelantó un programa para adquirir equipos y mejorar la planta física, el cual también se propuso buscar el bienestar de los recursos humanos vinculados al hospital; y para lograrlo se inició un proceso tendiente a formular, promulgar e implementar los principios y valores que deberían regir las relaciones institucionales116. Al incrementar la tecnología con equipos más modernos, se adaptaron los espacios para ofrecer nuevos servicios —como el banco de huesos, que por esa época estaba próximo a inaugurarse— al tiempo que se buscó humanizar la atención de los pacientes. Así mismo, para integrar la comunidad hospitalaria, se diseñaron varios canales de comunicación, como afiches ubicados en lugares estratégicos; y aprovechando el centenario de San Ignacio de Loyola, a cuyo nombre está dedicado el hospital, se comenzó a editar un boletín mensual llamado Rumbo al 2000117. A partir de esas iniciativas, en 1990 se adelantaron cerca de 50 proyectos con el propósito de avanzar en los objetivos antes mencionados. Entre ellos estuvieron: • Crear nuevos servicios terciarios y la continuidad en el desarrollo de especialidades. • Desarrollo de la planta física, que ese año se centró en el Servicio de Urgencias, y los pisos 4º y 5º. • Reflexión sobre los principios y valores que animan y orientan la vida del hospital.

115 Se organizaron los criterios para la selección y contratación de nuevos colaboradores, a partir

de políticas y escalas salariales más coherentes. Jaime Salazar, “Desde la dirección. Hacia una integración de nuestra comunidad hospitalaria”, Rumbo al 2000. Ciencia con Excelencia núm. 1 (1990, 1 de noviembre): 2; 4. 116 Breve historia del Hospital Universitario San Ignacio, 42. 117 Jaime Salazar, “Desde la dirección. Hacia una integración de nuestra comunidad hospitalaria”, Rumbo al 2000. Ciencia con Excelencia núm. 1 (1990, 1 de noviembre): 2; 4.

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• Análisis de las funciones y valores de los cargos existentes con el fin de sustentar la definición de una política salarial a largo plazo. • Definición e implementación de un sistema integrado de información que permita la agilización de los procesos de atención y admisión de pacientes.118

Por entonces, el hospital tenía un enorme reto para hacer cumplir la misión encomendada, debido a que tenía en su contra múltiples restricciones y dificultades para los años siguientes. Por esa razón, se necesitaba tener una clara visión de dónde y cómo conseguir la conjunción de todos sus esfuerzos alrededor de los objetivos trazados119.

Plan de adecuación y remodelación de la planta física Con la planeación estratégica, el hospital también diseñó un plan de adecuación y remodelación de la planta física. En términos generales estos fueron los resultados: Obras realizadas: Primer piso: Remodelación del servicio de urgencias, que incluyó: • Ampliación y reubicación de la farmacia. • Ampliación de la subestación eléctrica. • Área administrativa de urgencias y consulta externa. • Estación de enfermería. sala de espera, caja, oficina de administración y consultorio para previa evaluación. • Adecuación del área de servicios para las salas de espera en urgencias y consulta externa, lavado de pacientes. Quinto piso: 1. Remodelación de los cubículos de hospitalización del costa-

do occidental. 118 “Planeación

Estratégica en el H.U.S.I.”, Rumbo al 2000. Ciencia con Excelencia núm. 1 (1990, 1 de noviembre): 5. 119 “Planeación Estratégica en el H.U.S.I.”, En, Rumbo al 2000. Ciencia con Excelencia, 5.

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figura 18. Arreglo del costado suroccidental del Hospital San Ignacio en 1990, aproximadamente. Archivo Histórico Javeriano Juan Manuel Pacheco, S. J.

• Ampliación de baños. • Área de trabajo para médicos en cada cubículo. • Dotación de equipo y oxígeno central para cada cama. • Área de trabajo para médicos en cada cubículo. 2. Dotación de muebles para la unidad de cuidados intensivos.

Séptimo piso: • Instalación de señalización para cada uno de los consultorios. Octavo piso: • Instalación de sistema de oficina y archivo del Departamento de Contabilidad. Noveno piso: • Remodelación de baños en las habitaciones de pensionados e instalación de oxígeno central para cada cama, incluyendo las de la cirugía ambulatoria.

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• Sala de espera para pacientes de cirugía ambulatoria. Señalización general en todo el hospital. Obras en proceso: En 1990 se estaba adelantando la remodelación del 4º Piso, donde se estaban realizando los siguientes arreglos: • Ampliación de baños y dotación de oxígeno central en cada cama, en los cubículos del lado occidental. • Construcción de cubículos nuevos para dos camas y cubículos para aislados con sus respectivos baños y oxígeno central en el costado occidental. • Ampliación de la central de enfermería con sus áreas anexas: preparación de droga, reserva de ropa limpia, depósito de ropa sucia y área de baños y lockers para enfermeras. Obras pendientes [por] realizar a mediano plazo: • Completar la remodelación de los pisos 4º y 5º. • Terminar la remodelación de los baños del piso 9º de pensionados, en el ala norte. • Adecuar un área para caja de pensionados en el 8º piso.120

Como se aprecia en las obras planeadas y realizadas durante 1990, el Hospital San Ignacio pudo demostrar que también se estaba preparando para tomar el Rumbo al 2000.

El Hospital San Ignacio se convierte en Entidad Prestadora de Servicios (eps) Durante 1990, se comenzó a sentir que la situación financiera estaba dando mejores resultados, pero al mismo tiempo se advirtió que muy probablemente esos efectos podían obedecer a la reciente venta del edificio 120 “Desarrollo

de la planta física”. Rumbo al 2000. Ciencia con Excelencia núm. 1 (1990, 1 de noviembre): 6.

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a la universidad. Para evitar errores de apreciación que más tarde pudieran incidir negativamente en el futuro del hospital, se formularon algunas ideas tendientes a buscar mejores ingresos para la institución, a partir de dos iniciativas básicas: 1. La conveniencia de participar en una compañía de medicina

prepagada. 2. La revisión del contrato con el Instituto de los Seguros So-

ciales, orientada al estudio de la minimización de sus efectos sobre los costos de operación.121

Ambas iniciativas fueron adoptadas: por un lado, el Hospital entró a participar como socio y además como Entidad Prestadora del Servicio de la firma Salud Colmena S.  A. Adicionalmente, dos de los comités hospitalarios: el financiero-administrativo, y el docente-asistencial, se dedicaron a revisar el contrato con el Instituto de los Seguros Sociales. Después de estudiar con cuidado estos contratos, se llegó de nuevo a la necesidad de sustituir pacientes; y como resultado de esos estudios se planteó la urgencia de comenzar por definir y diferenciar al paciente asistencial del institucional, para aclarar el tipo de vinculación entre el cuerpo médico y su grado de compromiso. Estos temas, a su vez, debieron ser tratados por el Comité de Tarifas Médicas, el cual se configuró desde 1991122 . En abril de 1990, la Asociación de Médicos Javerianos, que ya conformaba 3957 profesionales, quiso rendirle un homenaje de gratitud al padre Jorge Hoyos, S. J., por las gestiones realizadas desde su rectoría123. María Teresa Forero de Saade, quien además de ser médica egresada era también Ministra de Trabajo y Seguridad Social, destacó la trascendencia de la reglamentación de la Ley 10 de 1990, a través de la cual se estaba reorganizando el Sistema Nacional de Salud. historia del Hospital Universitario San Ignacio, 42. historia del Hospital Universitario San Ignacio, 30-31. 123 En este evento participaron varias personalidades, entre las cuales se distinguían, además del padre Jorge Hoyos, S. J., el presidente de la Asociación de Médicos Javerianos, Juan Manuel Zea, el rector entrante de la Universidad Javeriana, el padre Gerardo Arango, S. J., la ministra de Trabajo y Seguridad Social, María Teresa Forero de Saade, Alberto Escallón Azcuénaga, exdecano de la Facultad de Medicina, Alberto Hernández y Efraím Otero Ruíz, miembros de la Academia Nacional de Medicina, y Hermann Uribe, el secretario de Salud del Distrito Especial. “En el Homenaje al P. Jorge Hoyos, S. J. Llamado a los 3957 Médicos Javerianos”, Hoy en la Javeriana Año 29 núm. 1017 (1991, 23 de abril): 2.

121 Breve 122 Breve

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En esa oportunidad, la ministra precisó que por medio de esa norma el Gobierno podría aclarar la naturaleza jurídica y el régimen legal de gran parte de las instituciones del sector de la salud, que en su gran mayoría correspondían a entes privados, pero los cuales solían ser financiados mediante auxilios y apoyos del Estado. Destacó las bondades que podrían obtenerse cuantitativa y cualitativamente en los servicios de salud con esta nueva ley, e invitó a la Facultad de Medicina para que impulsara esta ambiciosa reglamentación. Así mismo, explicó que entre los asuntos más importantes que aún estaban pendientes de ser aprobados con la Ley 10 de 1990, estaban: 1. Mejoramiento de las relaciones para la contratación de ser-

vicios entre los organismos y entidades que forman la parte estatal del sistema, puestos de salud, hospitales regionales y locales, universitarios y especializados, etc. 2. Claridad en el manejo de las relaciones obrero-patronales

para las entidades que conformaban el Sistema a nombre del Estado y sus trabajadores. 3. Delimitación de las responsabilidades que deberían tener

los municipios en relación con los servidores de salud de su jurisdicción. 4. Mejoramiento de las relaciones entre los sectores privado y pú-

blico, en beneficio de la contratación de los servicios de salud. 5. Reordenamiento de sistemas, en las instituciones públicas

que conformen el sistema de salud.124

La Ley 10 del 10 de enero de 1990 hacía parte de las disposiciones transitorias que se convertirían en el principal instrumento para replantear a nivel normativo el esquema centralizador de la organización y gestión de los servicios de salud impuestos con el Sistema Nacional de Salud en 1973. Con esta ley, se esperaba que los hospitales, bajo un régimen de establecimientos públicos, adquirieran cierta autonomía, para que la gestión de sus compras y el manejo de su personal, así como el estímulo a la venta de sus servicios, entre otros aspectos, se tradujeran en beneficio de sus propias necesidades. También había confianza en que con las nuevas normas, las instituciones hospitalarias llegarían a fortalecerse, al tiempo que pudieran adqui124 “En

el Homenaje al P. Jorge Hoyos, S. J. Llamado a los 3957 Médicos Javerianos”, 2.

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rir más capacidad decisoria, que bajo el amparo del Sistema Nacional de Salud, el cual, como se recordará, había impuesto un manejo centralizado desde los servicios seccionales de salud, muchas veces ajenos a las realidades cotidianas de estas entidades, y obligarlas a resolver en forma directa los problemas de salud de la población125. Con la expedición de la Ley 10 de 1990, con la cual se esperaba reorganizar el Sistema Nacional de Salud, el Hospital San Ignacio reafirmó su participación e influencia respecto a otras entidades del sector. Esta institución no solo siguió liderando el gremio hospitalario desde la Asociación Colombiana de Hospitales, sino que además participó en forma activa en la reglamentación de la Ley 10 de 1990, en temas tan decisivos como la atención obligatoria de urgencias, y la determinación de tarifas a partir de los costos. Como resultado de esta ley, se realizó un cambio en el interior de las instituciones privadas desde la misma concepción de lo que deberían ser las relaciones con el Estado, porque a partir de su expedición, quedaron prohibidos los auxilios y aportes estatales que habían sido por tradición elementos políticos de financiación; como resultado de ello, se estableció que cualquier suma debería corresponder en el futuro a un contrato de prestación de servicios126.

Reconocimientos y distinciones en el Hospital San Ignacio A finales de julio de 1990, mediante la Resolución N.° 001 del 31 de julio de 1990, la Dirección General del Hospital Universitario San Ignacio creó y reglamentó la “Distinción Ignacio De Loyola” y el “Reconocimiento Hospitalario”127. El 27 de septiembre de 1990, con motivo del año jubilar conmemorativo al quingentésimo aniversario del nacimiento de Ignacio de Loyola, y de los 450 años de la fundación de la Compañía de Jesús, se creó la Distinción Ignacio de Loyola para exaltar compromiso, dedicación y competencia profesional entre los empleados que llevaran más de cinco años vinculados al Hospital San Ignacio. El reconocimiento hospitalario se daría entre el 125 Edgar González, El Laberinto Institucional Colombiano 1974-1994. Fundamentos de Administración

Pública (Bogotá, Universidad Nacional de Colombia, Escuela Superior de Administración Pública, 1997), 473-475. 126 Breve historia del Hospital Universitario San Ignacio, 31. 127 Rumbo al 2000. Ciencia con Excelencia núm. 1 (1990, 1 de noviembre): 6.

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personal que llevara 10, 15, 20, 25 o 30 años de servicio cumplidos a partir del 31 de julio de 1990. La fecha del 31 de julio se fijó como punto de referencia, debido a que el “reconocimiento” no podía hacerse en forma retroactiva. Por esa razón, los empleados que antes de esa fecha hubieran cumplido años de servicio podrían recibir sus premios en el futuro, cuando cumplieran alguno de los periodos de antigüedad establecidos para ese tipo de homenajes institucionales128. El 15 de diciembre de 1990, el padre Jaime Salazar Londoño, S. J., director general del hospital, otorgó los primeros escudos a empleados con más de diez años de servicio en la institución129. También en 1990, en el Hospital San Ignacio comenzó una primera fase de investigación tecnológica eminentemente colombiana que consistió en diseñar y construir un litotripsor130. Este aparato empleado para desintegrar los cálculos renales y evitar las cirugías con iguales fines se diseñó con la colaboración de un grupo de ingenieros colombianos, cuya innovación tecnológica tenía el propósito de construir un litotripsor de características muy similares a las que tenían los equipos extranjeros; pero como sus costos serían mucho más bajos, se esperaba que se tradujeran en tarifas reducidas para los pacientes131. Para diciembre de 1990, ya el Hospital San Ignacio contaba con cerca de 1000 personas que conformaban una “comunidad”; y al hacer un balance de fin de año, se podía reconocer el adelanto de algunos de los proyectos trazados en torno a la planeación estratégica del hospital: • Inicio del proceso de reflexión sobre principios y valores del hospital. • Iniciación del proceso de desarrollo del sistema integrado de información.

128 “Distinciones

hospitalarias”, Rumbo al 2000. Ciencia con Excelencia núm. 1 (1990, 1 de noviembre): 7. 129 Allí se hizo entrega de reconocimientos hospitalarios a empleados del Hospital San Ignacio que llevaban diez, quince, veinte y veinticinco años prestándole sus servicios a la institución. “Distinciones hospitalarias”, Rumbo al 2000. Ciencia con Excelencia núm. 1 (1990, 1 de noviembre): 6-7. 130 El litotripsor o litotriptor, era un aparato que mediante ondas de presión de agua buscaba fragmentar y pulverizar los cálculos del aparato urinario, evitando el empleo de cirugía en los cálculos renales. R. Tomás Wilde, “Adiós a los cálculos”, Rumbo al 2000. Ciencia con Excelencia núm. 1 (1990, 1 de noviembre): 3. 131 Este proyecto estuvo construido por un grupo de ingenieros presididos por Guillermo Pieschacón, y contaba con la colaboración de los ingenieros Jorge Lombana, Alejandro Huertas y Javier Barona. R. Tomás Wilde, “Adiós a los cálculos”, Rumbo al 2000. Ciencia con Excelencia núm. 1 (1990, 1 de noviembre): 1; 3-4.

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Entre la mutua dependencia y la mutua independencia

• Revisión de la estructura organizacional del hospital y desarrollo del Manual de Funciones y Manual de Valorización de Cargos. • Consolidación del servicio de fisiología respiratoria. • Desarrollo de la cirugía cardiovascular. • Desarrollo del Laboratorio de Fisiología Digestiva. • Implementación de una Unidad Metabólica. • Implementación de un litotriptor. • Reestructuración del servicio de urgencias. • Reestructuración del Departamento de Enfermería. • Adecuación y remodelación de la planta física, de acuerdo con el plan previsto. • Desarrollo del plan de mejoras del servicio hotelero.132

De igual manera, al concluir el año de 1990 se planeaban algunos cambios, debido a que se vislumbraba un complejo escenario caracterizado por el acelerado desarrollo de la medicina prepagada, debido a la reestructuración, consecuente a la reglamentación de la Ley 10 de 1990, por medio de la cual se organizaba el Sistema Nacional de Salud, pero además porque se presentaba la obligada exigencia de mantener bajo estricto control los costos de operación del hospital. Por esa razón, además de los planes que se venían realizando a lo largo de 1990 con el plan estratégico del hospital, se proyectaban nuevas actividades en el mediano plazo, tales como: • Desarrollo de alternativas de diversificación de los servicios de salud del hospital. • Definición de las relaciones con la Universidad Javeriana, especialmente en los aspectos laborales relacionados con el personal médico. • Desarrollo de la Unidad de Oftalmología.

132 “Planeación

Estratégica en el H.U.S.I.”, Rumbo al 2000. Ciencia con Excelencia núm. 1 (1990, 1 de noviembre): 5.

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Periodo de crisis hospitalarias y soluciones

• Implementación de la Unidad de Reumatología. • Desarrollo del Programa Materno Infantil. • Desarrollo de la Unidad de Oncología. • Creación de la Clínica del Dolor. • Desarrollo de la Clínica de la Sexualidad. • Creación del Servicio de Microscopía Electrónica133.

A comienzos de 1990, el Hospital había acogido el proyecto de microfilmación presentado por el departamento de estadística, mediante el cual se proponía microfilmar 55 000 historias clínicas pasivas, cuyo contenido se estimaba en 2 000 000 de documentos. Hacia finales de mayo, el hospital había adquirido los equipos básicos: una cámara microfilmadora planetaria, y un lector impresor. El 1º de junio se puso en marcha el programa, trabajando 24 horas diarias, y el 15 de diciembre ya se habían microfilmado 1 981 000 documentos (páginas), correspondientes a 53 000 historias y 65 000 hojas de urgencias. Estos documentos fueron recopilados en 750 películas que, una vez archivadas, se pudieron guardar en un espacio equivalente a una centésima parte de lo que ocupaban los documentos originales. Continuando con la política de tecnificación de archivos, la Subdirección Administrativa autorizó al departamento de estadística para ejecutar un plan de ordenamiento y recuperación de los archivos pasivos, los cuales se encontraban ubicados en el local del sexto piso. Para noviembre de 1990 se esperaba que el programa pudiera continuar durante el año siguiente134. En marzo de 1991, resurgieron los temas jurídicos relacionados con la atención y los servicios prestados a los pacientes. Por entonces, se analizaron y debatieron con cierta insistencia los problemas que eventualmente podrían presentarse con la atención asistencial cuando se daban fallas en la prestación de servicios médico-quirúrgicos y hospitalarios. Cada vez con mayor frecuencia, tanto pacientes como familiares estaban acudiendo a reclamaciones que buscaban subsanar en alguna forma los perjuicios que consideraban consecuentes a una atención negligente o inadecuada. En esos casos el Hospital San Ignacio, al igual que las demás instituciones 133 “Planeación

estratégica en el H.U.S.I.”, Rumbo al 2000. Ciencia con Excelencia núm. 1 (1990, 1 de noviembre): 5. 134 “Historias clínicas. Programa de microfilmación”, Rumbo al 2000. Ciencia con Excelencia núm. 1 (1990, 1 de noviembre): 6.

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Entre la mutua dependencia y la mutua independencia

hospitalarias, se enfrentaba a la contingencia de un proceso disciplinario instaurado ante el Tribunal de Ética Médica, o a demandas encaminadas a obtener resultados en las áreas civil y/o penal. Bajo cualquier circunstancia, el hospital se vería obligado a acudir a los medios que tuvieran la capacidad de desvirtuar las supuestas acusaciones de incumplimiento, para comprobar la prudencia, pericia, aplicaciones técnicas, nivel de especialización y competencia de quienes se hubieran responsabilizado de la atención. Con esos propósitos, podrían emplearse diferentes medios de prueba: el testimonio de terceros, el dictamen de peritos, la inspección judicial, etc., con el objeto de buscar, encontrar y confirmar el mayor valor probatorio posible. Así se llegaría necesariamente a la historia clínica, considerada como instrumento de invaluable eficacia probatoria, siempre y cuando ella se encontrara correctamente elaborada, dado que sus bondades desaparecerían, de llegar a presentarse inconsistencias, inexactitudes o contradicciones. Desde 1981 la Ley 23 de 1981, conocida como Código de Ética Médica, y su Decreto Reglamentario N.° 3380 de 1981, venían dando los primeros pasos tendientes a darle un manejo más riguroso a la historia clínica, con el objeto de convertirlo no solo en un referente obligado del control de los servicios y la atención prestada de cada paciente, sino además en un elemento probatorio que bien pudiera ir a favor o en contra del hospital y sus funcionarios. Para 1991, época determinada por grandes transformaciones legales a nivel de la salud colombiana, hasta las características básicas para la elaboración y el manejo de la historia clínica en los hospitales ya habrían cambiado135. Pese a las grandes reformas y desafíos que traerían las nuevas disposiciones emanadas desde el Estado durante la década de 1990, con las experiencias vividas en la década anterior, también el Hospital San Ignacio estaría preparado para afrontar nuevos retos. Como resultado del proceso de saneamiento emprendido por el Hospital San Ignacio desde 1987, la institución había realizado un gran esfuerzo económico y administrativo para ponerse al día en el pago de las cesantías, así como en las dotaciones y participaciones de los médicos. De estas metas trazadas, las dos primeras lograrían cumplirse para finales de 1991, en tanto que la tercera requirió de un proceso más lento. De igual forma, se contrató un estudio para que diera cuenta de la situación salarial, que concluyó con la elaboración de un Manual de Cargos y Funciones, con 135 María

Paulina Borda, “La historia clínica. Aspectos legales”, Rumbo al 2000. Ciencia con Excelencia núm. 1 (1990, 1 de noviembre): 7-8.

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Periodo de crisis hospitalarias y soluciones

la conformación de una escala salarial, la cual fue complementada con una nueva metodología para evaluar el desempeño laboral. Durante esos primeros años de la década de 1990 se llevaron a cabo importantes negociaciones con los sindicatos del hospital, con el propósito de crear un ambiente favorable de trabajo, que sería fundamental en el proceso de recuperación institucional. En lo referente al área científica, también se lograron nuevos avances, con la fundación de las unidades de cirugía cardiovascular, metabólica, oncología y hemato-oncología.136 Además de estos logros, se fueron consiguiendo nuevos equipos como el laparoscopio, se organizó el sistema endoscópico de videoinformación, el equipo de sistematización de química clínica, y el reemplazo del escanógrafo. Con todos estos nuevos recursos, el hospital no solo pudo continuar con su labor docente, sino que complementó y perfeccionó sus servicios. Como resultado de ello, se reorganizaron e incrementaron los contratos celebrados con pacientes pertenecientes a entidades estatales, además de pacientes del sector privado. El mejoramiento de la planta física seguiría dando sus resultados: durante los primeros años de la década de 1990 se remodelarían las habitaciones de los pisos 8° y 9° de pensionados, los cubículos de los pisos 4° y 5°, el departamento de enfermería, la tesorería, recursos humanos y nutrición, el comedor, las escaleras principales y la zona de los ascensores. Todas estas reparaciones locativas también le proporcionaron una nueva imagen al hospital, aunque lo más relevante es que se pudo mejorar la calidad de los servicios prestados, cuyo plan general se proyectó hacia el futuro. Para 1994, la mayoría de las metas propuestas con la planeación estratégica ya se habían cumplido, de suerte que sus iniciativas no solo habían conseguido unos propósitos urgentes y definidos, sino que, en coordinación con la Universidad Javeriana, cada día la institución hospitalaria estaría trazándose nuevas metas, al dirigir cada vez más proyectos hacia el futuro, bajo los supuestos de un proceso de modernización institucional, adoptados a partir de unas exigencias de calidad total lideradas desde la junta directiva y la dirección del hospital137.

136 Breve

137 Breve

historia del Hospital Universitario San Ignacio, 44. historia del Hospital Universitario San Ignacio, 31-32; 44-45.

317


conclusiones

E

n 1942, cuando se fundaron en forma casi simultánea la primera Facultad de Medicina de carácter privado del país y el Hospital San Ignacio en la Universidad Javeriana, solo había tres escuelas médicas de orden estatal en el país: la de Cartagena, la de Antioquia y la Universidad Nacional en Bogotá. Los parámetros que regían la educación y la asistencia médica en Colombia en esa época, estaban fundados en una medicina europea, inspirada en la escuela francesa. La tendencia médica francesa se había impuesto desde el siglo xix en el país, y dependía de diversos factores: de jóvenes que viajaban a estudiar medicina a Europa y luego regresaban para aplicar y enseñar sus conocimientos; de la difusión de textos especializados que eran leídos y traducidos por los médicos colombianos, estaba asociada con las costumbres conservadas por las enfermeras religiosas de procedencia francesa, y además se fortalecía con la presencia de algunas personalidades médicas que llegaban a transmitir tecnologías y tratamientos mediante visitas y conferencias, como ocurrió con la Misión Médica Francesa que visitó a Colombia en 1931. En vista de que desde sus inicios la Facultad de Medicina y el Hospital de San Ignacio tuvieron que sortear serias dificultades frente a la escasez de recursos, pronto los jesuitas entendieron la urgente necesidad de conseguir un financiamiento para construir la sede universitaria con las facultades y dependencias, además del Hospital San Ignacio. Fue así como en 1943 se fundó una organización encargada de promover colectas y festivales a beneficio del hospital, en coordinación con las altas jerarquías de la Iglesia católica, para todo el territorio de la república. Este hecho ocasionó que los dineros del Hospital San Ignacio se convirtieran en un medio de cohesión que identificaba entre sí a todos los colombianos católicos, para adquirir un carácter de proporciones nacionales. Adicionalmente, al tratarse de una institución fundada por la Compañía de Jesús, que estaba dispuesta a atender en forma gratuita a pacientes pobres de todo el país, el hospital cada vez fortaleció más su emblemática imagen caritativa de modelo religioso jesuítico.

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Entre la mutua dependencia y la mutua independencia

Aunque en el Primer Congreso Hospitalario de Colombia realizado en Bucaramanga en 1942 se había advertido que en el país solo existía una asistencia hospitalaria reducida e ineficiente, algunos médicos de la Universidad Nacional, conscientes de ese serio problema social, estuvieron durante varios años en franco desacuerdo con que en la Javeriana se abriera una nueva Facultad de Medicina con su hospital de carácter universitario. Estos profesionales y políticos presionaron a diferentes niveles para entorpecer el ejercicio profesional de los futuros médicos javerianos, y durante mucho tiempo impidieron cualquier iniciativa que contribuyera a la derogación de la Ley 67 de 1935, que solo reconocía los títulos de medicina expedidos por las universidades oficiales. Pese a las enconadas críticas desde esos foros académicos y políticos, agregadas a las grandes limitaciones de recursos, el hospital javeriano que por muchos años no fue más que una ilusión de muchos, y blanco de críticas para otros, se convirtió en una realidad apenas después de dos décadas, tras adaptarse inicialmente al Hospital de La Providencia, donde los estudiantes de medicina comenzaron las labores asistenciales en torno a las clínicas de maternidad, pediatría y radiología, mientras la universidad establecía convenios temporales con otras instituciones. Cuando la Misión Médica Humphreys de los Estados Unidos visitó al país en 1948, le hizo críticas severas a la medicina colombiana, y la interpretó como atrasada y fuertemente influenciada por la escuela francesa. Sin embargo, los cambios de la medicina francesa a la estadounidense no se lograron en forma fácil, y se hicieron más notorios en algunas materias como Anatomía, Patología, la fusión de Obstetricia y Ginecología, mediante la medicina preventiva y social, y en la tendencia a buscar las especialidades y subespecialidades en las áreas de Pediatría, Cirugía y Medicina Interna. Adicionalmente, esas transformaciones no hubieran sido posibles, sin la presencia y asesoría de entidades, médicos y Misiones Médicas estadounidenses que recomendaron aplicar los principios dados por el Informe de Abraham Flexner de 1910, el cual exigía nuevos conceptos y métodos tecnológicos a nivel de la docencia, al exigir un mayor énfasis en las ciencias básicas, horarios más estrictos en la asistencia hospitalaria, y un esmerado entrenamiento en los médicos, y el personal hospitalario en general, incluyendo los servicios de enfermería. A los benefactores del Hospital San Ignacio que habían conformado “una pequeña mayoría”, a partir de la década de 1960 se les agregaron otros grandes y menos numerosos que conformaron “una gran minoría”, cuyos aportes serían definitivos para inaugurar, dotar, ampliar y remodelar ser-

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Conclusiones

vicios, secciones, departamentos y equipos. De esta manera, a unas condiciones económicas siempre difíciles, les sucederían intermitentes llegadas de recursos procedentes de donaciones que si bien aliviaban y saneaban momentáneamente las finanzas hospitalarias, también distorsionaban el diagnóstico de algunas crisis que nunca alcanzaban a quedar superadas. Después de haber tenido por casi dos décadas a las Hermanas de la Caridad Dominicas de la Presentación de la Santísima Virgen de Tours a cargo de las enfermeras, en 1964 se estableció un convenio entre el Hospital San Ignacio y la Comunidad de las Hermanas Franciscanas de la Virgen de Lourdes de Rochester, quienes se encargarían de modificar conceptos y tradiciones a nivel del personal de enfermería, para darle un cambio significativo a la orientación hospitalaria, marcada por una medicina de corte estadounidense. En forma simultánea, mientras las nuevas jóvenes colombianas iban quedando en condiciones de capacitarse académicamente para alcanzar la “Licenciatura en Enfermería”1 con la orientación de las religiosas estadounidenses, la presencia de las Hermanas de la Presentación de origen francés también iría perdiendo progresivamente el protagonismo alcanzado durante las dos décadas anteriores. Después de que la Facultad de Medicina de la Universidad Javeriana contribuyera con otras del país a fundar la ascofame en 1959, no solo se dio un gran cambio en la docencia, al buscar un acercamiento con la medicina estadounidense, sino que el Hospital San Ignacio sufrió los efectos de esas decisiones, las cuales promovieron las especializaciones médicas en coordinación con la docencia de la escuela médica javeriana, bajo la tutela de esa misma agremiación. El cambio tendiente a recibir internos y residentes, además de establecer horarios de tiempo completo por parte de profesores y alumnos, hizo que a partir de ese momento la medicina que se enseñara y practicara en el Hospital San Ignacio y en la escuela médica javeriana estuvieran cada vez más cerca de la medicina estadounidense. Si bien la economía del hospital San Ignacio siempre dependió de las ayudas de sus benefactores, con el paso del tiempo ese déficit acumulado, agregado a unos contratos desfavorables para la institución a partir de la década de 1970, hizo que para los años ochenta el hospital se viera obligado a realizar grandes sacrificios en algunos de sus servicios, como ocurrió cuando debió cerrarse el Departamento de Pediatría en 1984 por falta de recursos y escasez de pacientes. 1

Marta Cecilia López, “Enfermería: 65 años al servicio del país”, Unión Javeriana vol. 15 núm. 1, (2006): 8- 9.

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En momentos muy difíciles del hospital, como sucedió con el episodio de las batas blancas de 1975, o durante la crisis de la década de 1980, afloraron ciertas características particulares en las relaciones entre la Compañía de Jesús, la Javeriana, la Facultad de Medicina y el Hospital San Ignacio, porque si bien esta institución asistencial había adquirido desde principios de la década anterior una relativa independencia administrativa de la universidad, aún seguía dependiendo económica y científicamente de otras instancias universitarias. En estos casos, el estrecho vínculo entre la Compañía de Jesús, la universidad y el hospital se fortaleció ante la adversidad, a partir de los mismos principios filosóficos con que había sido creada la institución asistencial en 1942, y aunque se corrieron grandes riesgos que amenazaban la estabilidad funcional y económica de esa entidad, se puede deducir que de no haber contado con el respaldo de los jesuitas, el Hospital San Ignacio habría tenido un destino semejante al que corrieron otros hospitales en Colombia por la misma época. Puede afirmarse que la crisis de los años ochenta fue el resultado de lo que podría denominarse un fenómeno de “iliquidez”, debido a las demoras y problemas en la contratación con entidades como la Secretaría de Salud de Bogotá, y con el icss, y agravado por otro fenómeno de “indefinición”2, debido a que la estructura legal del hospital hacía casi imposible la toma de decisiones. El Hospital San Ignacio llegó a quedarse si sede física propia, luego de haber tenido que vender a finales de la década de 1980 el edificio por el que había luchado durante más de dos décadas. Sin embargo, después de haber tenido que sortear muchas dificultades económicas, por primera vez en la historia se encuentra a comienzos del siglo xxi, en condiciones favorables que también lo preparan para construir, en un futuro no muy lejano, una nueva sede. No en vano, al referirse a su manejo laboral, Angelino Garzón diría del Hospital San Ignacio: “El Hospital San Ignacio, ha llegado a un acuerdo, y de 150 trabajadores de planta, que tenía, todos los contratistas los volvió de planta; y ha llegado a la conclusión, que le es mucho más rentable, económica y socialmente tener los trabajadores de planta, que tenerlos por contratos temporales”3.

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Documentos de archivo Archivo Histórico Javeriano Juan Manuel Pacheco, S. J. (AHJJMP) ahjjmp.

Rectoría, Sección: Rectores. Subsección: P. José Salvador Restrepo, S. J. Rectoría, Sección: Rectores. Subsección: P. Félix Restrepo, S. J. ahjjmp. Rectoría, Sección: Rectores. Subsección: P. Alfonso Borrero, S. J. ahjjmp.

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Entrevistas Arango, Gerardo, S. J. Entrevista personal de Marietta Mejía de Mesa. 15 de junio, 2009. Bernal, Jaime, S. J. Entrevista personal de Marietta Mejía de Mesa. 28 de abril, 2009. Dávila Ladrón de Guevara, Álvaro. Entrevista personal de Marietta Mejía de Mesa. 31 de agosto, 2009. Herrera, Fortunato, S. J. Entrevista telefónica de Marietta Mejía de Mesa.11 febrero de 2010. Martín de Olaya, Aura Cecilia. Entrevista personal de Marietta Mejía de Mesa. 10 de octubre, 2009. Segura Vargas, Jorge. Entrevista personal de Marietta Mejía de Mesa. 11 de junio, 2009. Segura Vargas, Jorge. Entrevista personal de Marietta Mejía de Mesa. 24 de junio, 2009. Villar Borrero, Eduardo. Entrevista personal de Marietta Mejía de Mesa. 4 de septiembre, 2009.

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ANEXOS

Anexo 1. ¿Por qué permanece abierto el Hospital Universitario de San Ignacio, vinculado a la Pontificia Universidad Javeriana, y por qué continúa prestando servicios? P. Alfonso Borrero, S. J. 19761

Principios:

L

a declaración internacional de los derechos del hombre consagra, como primario, el de la vida y la salud, derecho éste que a su vez se consigna en la Constitución Política de Colombia. En uno y otro documento se reconocen también otros derechos, como la libre asociación; mas sobre éste prima, indiscutiblemente, el de la salud y la vida. Se asocian los seres vivientes, no los muertos! Los Estatutos de la Pontificia Universidad Javeriana y del Hospital de San Ignacio les determinan la obligación de salvaguardar los derechos fundamentales de la humanidad, y citan la declaración internacional de los derechos del hombre, como también la constitución y las leyes. Por otra parte, los mismos estatutos de nuestras instituciones fijan como objetivo principal de sus vidas el servicio al país, al hombre colombiano. Distingamos entre el Estado que es permanente, que es Colombia, y los gobiernos que la dirigen en cada momento, por eso al Presidente de la República se le llama Jefe del Estado. Para nosotros servir al país es algo que está por sobre acuerdos o desacuerdos individuales, respecto a los actos de gobierno de quienes en cada momento dirigen al Estado. 1

Notificación de permanencia del Hospital San Ignacio ante la crisis de salud nacional. Hoy en la Javeriana 603 (1976, septiembre 10), 1-3.

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Cabe recordar otro principio fundamental de la Pontificia Universidad Javeriana: la vocación del médico o de cualquier otro profesional de las ciencias de la salud, cuya misión es ante todo la defensa de la vida humana, y la constante vigilancia de la salud del hombre. Conservan, sí, todos ellos, el derecho de libre asociación; mas su misión fundamental no es la de promover agremiaciones aunque de ellas justamente se beneficien; por sobre todo ello está el deber que deriva de la vocación que Dios les dio y de la profesión que escogieron: defender la vida del hombre, conservar su salud. Estos cuatro principios fundamentales sobre los cuales suscitamos en estos momentos las mientes de la opinión pública, se apoyan tanto en la ética natural como en la moral cristiana.

Consecuencias de estos principios 1.

Al recordarlos en este momento angustioso del país, la Pontificia Universidad Javeriana y el Hospital Universitario de San Ignacio aceptan con plenitud las consecuencias de haberlos adoptado, no en letra muerta sino como principio vital de sus funciones.

2.

De manera que las dos instituciones presididas por el rector de la Universidad Javeriana y el director del Hospital San Ignacio, hemos determinado que el Hospital Universitario debe continuar abierto para todos los pacientes que, con mano debilitada por las dolencias, toquen a las puertas de nuestro Hospital.

Remitidos de cualquier hospital de la ciudad o del país, que por otras razones suficientemente —como esperamos— por ellos meditadas, hayan clausurado los ámbitos en donde se recupera la salud y se salva la vida; tengan, o no, esos pacientes derechos adquiridos a los auxilios del Seguro Social, o simplemente sean pacientes desprotegidos y desamparados que requieran atención médica.

Explicación ante posibles falsas interpretaciones Al continuar abierto en el momento actual el Hospital de San Ignacio, pretende rehacer la injustamente deteriorada imagen del médico colombiano

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Anexos

y demás profesionales de las ciencias de la salud, o de otras profesiones que colaboran en la prestación de los servicios al paciente. Y sea el momento de recordar al país que no son los médicos, ni los profesionales de la salud, los únicos responsables de la situación que se vive. Decimos responsables, no culpables, porque no es el momento de emitir juicios de valor. Cuantos profesionales que trabajan, son responsables de aciertos o desaciertos; y culpables si deshonesta y conscientemente han obrado. Mas no es este el momento del juicio, ni la Universidad Javeriana y el Hospital San Ignacio son los jueces. No pretendemos, con nuestra decisión de mantener abierto el Hospital de San Ignacio, desconocer el legítimo derecho de asociación; no somos rompehuelgas. Ni nuestra actitud debe ser interpretada como juiciosa de las medidas adoptadas por el Gobierno nacional, por el ministro del ramo o los organismos de quienes depende la marcha normal del icss, o las agremiaciones médicas de Colombia. Lejos estamos de terciar en el desacuerdo manifiesto de las centrales obreras, reconocidas hoy en Colombia. Tampoco pretendemos juzgar los motivos que pueden tener los ciudadanos para conducir su opinión y actitudes personales ante la situación que aqueja al país en materia de salud. Solamente desea la Pontificia Universidad Javeriana y el Hospital Universitario San Ignacio ayudar a los profesionales de la salud a discernir en la coyuntura personal cuál ha de ser su lealtad primera en el posible conflicto de conciencia que explicablemente tienen: la lealtad a su vocación o la disciplina exigida por las asociaciones gremiales. En nuestra manera de pensar la lealtad primera está en favor del paciente, quien quiera sea. Otras lealtades deben ser tenidas en cuenta, pero en el momento actual exígese del profesional colombiano el respeto a la vida y salud del paciente. En consecuencia, las Directivas del Hospital Universitario San Ignacio y de la Pontificia Universidad Javeriana pretenden, con su actitud presente, continuar viviendo y actuando para servicio del país, a la luz de los principios que guían sus actos cotidianos.

Medidas de emergencia adoptadas Las dos instituciones que presidimos han determinado establecer unidades de emergencia ya en la sede misma del Hospital, o, si fuere necesario, con-

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vertir aulas de la Pontificia Universidad Javeriana en hospitales de emergencia. Por este comunicado y por otros medios, si fuere el caso, hacemos una convocatoria para que profesionales de las ciencias de la salud, médicos, odontólogos, enfermeras, bacteriólogas, etc., acudan al Hospital de San Ignacio a prestar voluntariamente sus servicios, en favor de los pacientes desprotegidos. El Hospital de San Ignacio ha suspendido, temporalmente, la atención de casos que padezcan espera, para dedicar sus activos humanos y técnicos al cuidado de urgencias y emergencias.

Conclusión A la luz de los principios recordados, de sus consecuencias, y de la explicación ante posibles falsas interpretaciones, las directivas del Hospital de San Ignacio y de la Pontificia Universidad Javeriana han determinado mantener vivos los servicios ordinarios del Hospital; y vigentes, hasta que la situación nacional se modifique, las medidas que se han adoptado en esta emergencia.

Alfonso Borrero, S. J. Rector de la Universidad Javeriana y presidente de la junta del Hospital Universitario de San Ignacio Augusto Buendía Ferro Director Hospital de San Ignacio

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Anexos

Anexo 2. Reelaboración del organigrama del Hospital San Ignacio, 1987

C

uando en medio de la crisis de 1987 se buscó una reestructuración que permitiera optimizar los servicios hospitalarios, con la cual también se consiguió un cambio sustancial en el organigrama, se establecieron tres subdirecciones: una científica, otra administrativa, y otra financiera, todas ellas dependientes de la Dirección General; la creación de varios comités, para asesorar la dirección (científica, de auditoría médica, de adquisición de equipos, de ética, etc.), y la reestructuración de cada una de las subdirecciones, pero evitando incrementar la nómina del hospital. También dependientes de la Dirección General, se crearon una Oficina Jurídica, y otra de Planeación Física para el Hospital. En la Subdirección Administrativa se creó una Oficina de Mantenimiento Técnico; se reorganizó la de mantenimiento físico, se le dio una nueva estructura a la cocina, y de la cafetería y la tienda se sacaron unas dependencias para arriendo, con las cuales el hospital pudiera adquirir otros ingresos. Para 1989, se estaría realizando un estudio tendiente a reorganizar la lavandería y la ropería, con el propósito de hacerlas más eficientes. La oficina de admisiones se construyó a partir de la reorganización de las de trabajo social, caja y estadística. De ese modo quedó una información general reorganizada, otra oficina de hospitalización de pensionados para los pisos 8° y 9°, y otra para hospitalización del iss y servicios generales, de pisos 3°, 4° y 5°. La Oficina de Personal asumió el manejo laboral de las auxiliares de enfermería, manejo que antes se coordinaba desde la Dirección del Departamento de Enfermería. Esta reorganización, similar a la que se hiciera en el Departamento de Nutrición y Dietética, les dio a esos dos departamentos la posibilidad de que se les dedicara más tiempo a las labores científicas. En la Subdirección Financiera se reorganizó la Oficina de Contabilidad, en la cual se le dio especial importancia al manejo de las cuentas con el Seguro Social, para evitar las glosas, que terminaban retrasando los pagos, con graves consecuencias financieras. Se reestructuró la caja central del hospital, la cual asumió parte de la labor que antes desempeñaba trabajo social, con el fin de atender todas las

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solicitudes de crédito en aquéllas personas con bajos ingresos, y en torno a las cuales se había desarrollado una sección de cobranzas. La Oficina de Compras y Suministros que comenzó a depender de la misma Subdirección Financiera, fue sistematizada para alcanzar mayor eficiencia. Para 1989, ya se habían reactivado el Comité de Compras y el de Farmacia, los cuales estaban integrados por personas de las tres subdirecciones. En la Subdirección Financiera comenzó a adquirir importancia el manejo de contratos con empresas, el que se esperaba que en el futuro, alcanzara a originar una Oficina de Mercadeo. La División de Sistemas para 1989 todavía continuaba dependiendo de la Subdirección Financiera, debido a que sus servicios se prestaban principalmente en esa área, pero se esperaba que en el futuro se convirtiera en un servicio más general para todo el hospital. En la Subdirección Científica se estaba trabajando en 1989 en tres líneas estructurales de gran importancia para el hospital: la dirección nocturna del hospital, la reorganización de la Unidad de Cuidados Intensivos, y la reorganización de urgencias. Adicionalmente se esperaba que pudieran redistribuirse los Consultorios del 7° piso, pero además se contaba con que algún día llegara a organizarse un Comité de Trasplantes. Desde el 4 de noviembre de 1988, se había contratado con la Peat Marwick and Mitchel, la revisoría fiscal del hospital, y en cambio se había suprimido la Contraloría Interna, después de la renuncia del Dr. Eduardo Villar, quien había sido reemplazado por el Dr. Luis Eduardo Moreno, antiguo Contralor Interno. Para asegurar la relación permanente con la Decanatura de Medicina, se establecieron y desarrollaron óptimas relaciones entre la Dirección General, la Subdirección Científica, y los decanos de Medicina. Para asegurar esos vínculos, se determinó que el decano académico pertenezca por derecho propio a los Comités Asesores de la Dirección General, y a su vez, que el director general haga parte del Consejo de la Facultad de Medicina. En el clima de estas excelentes relaciones, se convino que todo nombramiento o remoción de médicos debería llevarse a cabo de común acuerdo. De igual manera, se decidió que se harían todas las modificaciones importantes que pudieran tener implicaciones en la facultad o en la Dirección Médica del Hospital, para garantizar esa armonía.

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Este libro se terminĂł de imprimir en javegraf durante el mes de diciembre del aĂąo

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Entre la mutua dependencia y la mutua independencia  
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Autora: Marietta Mejía de Mesa El libro aborda la influencia extranjera en la medicina colombiana, las trabas de la Ley 67 de 1935 sobre pro...

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