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UNA “CONSTRUCCIÓN” ALTERNATIVA DEL FENÓMENO DE LA VIOLENCIA CONTRA LA PAREJA: REFLEXIÓN TEÓRICA

Ana M. Aranda Rufas Psicóloga y Psicoterapeuta

Col. A-1279

2008


Una “construcción” alternativa del fenómeno de la violencia contra la pareja

Quisiera

agradecer

a

todos/as

los/as

profesores/as del Máster en Violencia de Género y Malos Tratos de la Fundación U.N.E.D. por su inestimable trabajo para que los/as profesionales que dedicamos nuestro día a día a la violencia de género podamos ampliar conocimientos y mejorar en nuestro trabajo.

Un

especial

agradecimiento

a

Antonio

Escudero Naf que tan pacientemente ha dirigido y acompañado este trabajo y que ha hecho posible su realización.

Por último, pero no menos importante, al Dr. Lluís Botella de la Facultad de Psicología, Ciencias de la Educación y del Deporte Blanquerna de la Universidad Ramón Llull por su apoyo y colaboración en la evolución de mis reflexiones.

A todas aquellas mujeres que en algún momento acudieron a mí en busca de apoyo, a las que consiguieron salir y a las que espero que algún día superen su particular tortura.

Ana M. Aranda Rufas Psicóloga y Psicoterapéuta Col. A-1279

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Reflexión teórica

0.- ÍNDICE

1.- INTRODUCCIÓN _____________________________________________ p.

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2.- VIOLENCIA CONTRA LA PAREJA _______________________________ p.

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2.1.- DEFINICIÓN DE VIOLENCIA CONTRA LA PAREJA ____________ p.

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2.2.- TIPOS DE VIOLENCIA CONTRA LA PAREJA _________________ p. 17 2.2.1.- Violencia física ____________________________________ p. 20 2.2.2.- Violencia sexual ___________________________________ p. 22 2.2.3.- Violencia psicológica _______________________________ p. 23 2.3.- MITOS SOBRE LA VIOLENCIA CONTRA LA PAREJA ___________ p. 38 2.4.- FUNCIONAMIENTO DE LA VIOLENCIA CONTRA LA PAREJA ____ p. 44 2.4.1.- Instauración y/o escalada de la violencia ________________ p. 44 2.4.2.- Estructura cíclica de la violencia _______________________ p. 47 2.5.- EL MALTRATADOR ______________________________________ p. 50 2.6.- LA VÍCTIMA ____________________________________________ p. 54 2.6.1.- Lesiones físicas ___________________________________ p. 57 2.6.2.- Alteraciones psicológicas ____________________________ p. 58 2.7.- TEORÍAS EXPLICATIVAS SOBRE EL FENÓMENO DE LA VCP ___ p. 64 2.7.1.- La teoría feminista _________________________________ p. 65 2.7.2.- Modelo interactivo de la violencia doméstica ____________ p. 66 2.7.3.- Modelo de los factores psicológicos de la violencia en el hogar ______________________________________ p. 69 2.7.4.- La persuasión coercitiva como modelo explicativo del mantenimiento de las mujeres en una situación de violencia de género ________________________________ p. 73

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3.- UNA “CONSTRUCCIÓN” ALTERNATIVA DEL FENÓMENO DE LA VIOLENCIA CONTRA LA PAREJA ______________________________ p. 75 3.1.- CONSTRUCTIVISMO ____________________________________ p. 75 3.2.- LA PSICOLOGÍA DE LOS CONSTRUCTOS PERSONALES ______ p. 82 3.2.1.- Postulados y corolarios de la PCP _____________________ p. 82 3.2.2.- Otros términos relacionados con la PCP ________________ p. 90 3.2.3.- Constructos relacionados con la transición ______________ p. 94 3.2.4.- Las emociones en la PCP ___________________________ p. 100 3.2.5.- El ciclo de experiencia y la violencia contra la pareja _______ p. 102 3.3.- EVALUACIÓN CONSTRUCTIVISTA _________________________ p. 105 3.3.1.- Métodos estructurales ______________________________ p. 106 3.3.2.- Métodos orientados al proceso ________________________ p. 114 3.4.- CONSTRUCCIONISMO SOCIAL ____________________________ p. 125 3.4.1.- La autonarración ___________________________________ p. 131 3.5.- CONSTRUCTIVISMO RELACIONAL _________________________ p. 133 3.5.1.- Revisión del ciclo de la violencia ______________________ p. 139 3.5.2.- Discursos legitimadores de la violencia contra la pareja ____ p. 143 3.5.3.- Consecuencias relacionales de la violencia contra la pareja _ p. 148 4.- REFLEXIÓN TEÓRICA ________________________________________ p. 154 4.1.- LEGETIMIZACIÓN DE LA VIOLENCIA _______________________ p. 154 4.2.- ESTABLECIMIENTO Y MANTENIMIENTO DE LA VIOLENCIA ____ p. 156 4.3.- LAS CONSECUENCIAS ___________________________________ p. 159 4.4.- OTRAS CONSECUENCIAS PARA LAS VÍCTIMAS _____________ p. 160 5.- CONCLUSIONES ____________________________________________ p. 164 6.- REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS ______________________________ p. 166

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Reflexión teórica

1.- INTRODUCCIÓN

Este trabajo pretende mostrar una reflexión teórica desde una epistemología constructivista del fenómeno conocido como violencia contra la pareja. Sería deseable que sirviera como punto de partida para posteriores investigaciones, ya que, aunque la literatura sobre el tema es extensa, desde el constructivismo se han desarrollado escasas incursiones en el mismo. Para dar sentido a este trabajo, he considerado importante realizar una revisión inicial de conceptos básicos sobre la cuestión a tratar: definición del término, tipos de violencia, mitos y funcionamiento del fenómeno, la figura del maltratador, la víctima y las consecuencias que sufre y para terminar un extracto de teorías explicativas sobre el funcionamiento y mantenimiento de la violencia contra la pareja. Posteriormente se enmarca el objetivo de este trabajo en donde expongo los principios básicos de las tres teorías con las que enlaza la reflexión teórica: constructivismo, construccionismo social y constructivismo relacional. Todo ello enfocado a proporcionar una base a la reflexión teórica sobre el fenómeno de la violencia contra la pareja, realizando una interpretación constructivista del ciclo de experiencia (para la víctima y para el agresor) y sobre las dificultades que soporta en estas situaciones el sistema de constructos de la víctima. En último término se lanzan unas ideas generales que apuntan, a grandes rasgos, de qué forma esta visión constructivista puede ayudar a los

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profesionales que trabajan con las víctimas y/o los agresores para realizar intervenciones más efectivas.

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2.- VIOLENCIA CONTRA LA PAREJA

La historia del ser humano está repleta de actos agresivos, de violencia… Como bien explica Echeburúa (2003) existe diferencia entre la agresividad y la violencia. La agresividad es la capacidad de respuesta del organismo para defenderse de los peligros potenciales procedentes del exterior, por tanto, es una respuesta adaptativa que forma parte de las estrategias de afrontamiento del ser humano. Está profundamente arraigada a la estructura psicobiológica del organismo y entroncada con la evolución filogenético de la especie. La violencia, aunque se apoya en los mecanismos neurobiológicos de la respuesta agresiva, es de carácter destructivo, se dirige hacia las personas y los objetos y, supone una disfunción social. Todas las personas son agresivas, pero no tienen por qué ser necesariamente violentas. La violencia puede desencadenarse de forma impulsiva, ante diferentes circunstancias (abuso de sustancias, por contagio emocional de un grupo, por fanatismo, una discusión, presencia de armas…) o, de forma fría, planificada, sin escrúpulos (violencia psicópata). La presente investigación se desarrolla dentro de un tipo muy concreto de violencia, la violencia contra la pareja. En la actualidad conviven muchos términos (violencia doméstica, violencia de género, violencia familiar, violencia en la pareja...), que se utilizan como sinónimos, para definir un mismo problema, la violencia del hombre

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contra la mujer en una relación de pareja. Pero no siempre es correcta esta utilización. Por este motivo, se considera importante hacer un repaso de las diferentes acepciones y su definición, además de permitir definir mejor la problemática en la que se centra esta investigación. Una vez delimitado el problema, se describirán diferentes aspectos de la misma: los mitos existentes, el funcionamiento de la violencia en la pareja, la sintomatología que presentan las víctimas, las teorías explicativas sobre este fenómeno…. Durante siglos, la violencia doméstica, sobre todo la violencia contra la pareja, se ha considerado una cuestión privada. En España, aunque ya existían inquietudes hacia esta problemática (movimiento feminista, asociaciones de mujeres, etc…); no se torna de carácter social hasta que se produce un impacto en nuestra sociedad a partir de un hecho mediático, el asesinato de Ana Orantes a manos de su marido en 1997, 13 días después de haber aparecido en un programa de televisión (“De tarde en tarde” de Canal Sur1) explicando su experiencia de malos tratos. En 1998, la OMS, en el escrito Violencia contra la mujer, reconoce el problema de la violencia contra la mujer como un problema de salud. Expone que este tipo de violencia en el hogar tiene un mayor alcance del que se suponía, que tiene consecuencias directas para su propio bienestar, el de sus

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El

País.

(1997).

Entrevista

a

Ana

Orantes.

Recuperado

el

5

de

abril

de

2008,

de

http://www.gobiernodecanarias.org/educación/usr/pasillo/12/ pagina_n2.htm Informativos Telecinco.com. La muerte de Ana Orantes marcó un antes y un después. Recuperado el 5 de abril de 2008, de http://www.informativos.telecinco.es/violencia_domestica/ana_orantes/asesinada/dn_36966.htm

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familias

y

sus

comunidades,

que

puede

tener

repercusiones

intergeneracionales.

2.1.- DEFINICIÓN DE VIOLENCIA CONTRA LA PAREJA

Desde que en 1941 se constituyeran las Naciones Unidas, éstas han ido adquiriendo progresivamente un fuerte compromiso con la violencia contra las mujeres. En 1946 el Consejo Económico y Social de las Naciones Unidas estableció la Comisión de Derechos Humanos y la Comisión de la Condición Jurídica y Social de la Mujer. También se creó en el mismo año la División para el Adelanto de la Mujer (DAW) como la Sección sobre la Condición de la Mujer, perteneciente a la División de Derechos Humanos del Departamento de Asuntos Sociales. En 1948, la Asamblea General de las Naciones Unidas, realizó la Declaración Universal de los Derechos Humanos, 30 artículos que aunque no tienen obligatoriedad jurídica, sí tienen autoridad moral (al menos para todos aquellos estados que se adscriben a ellos). «Artículo 1: Todos los seres Humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros. Artículo 2: Toda persona tiene todos los derechos y libertades proclamados en esta Declaración, sin distinción alguna de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o de cualquier otra índole, origen nacionalidad o social posición económica, nacimiento o cualquier otra condición»

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Pero no fue hasta 1993, cuando las Naciones Unidas, en Viena, reconocieron los derechos de las mujeres como derechos humanos, declarando que la violencia contra las mujeres era una violación de los mismos. Se defines como violencia contra las mujeres: «cualquier acto que suponga el uso de la fuerza o la coacción con intención de promover o perpetuar relaciones de poder y de sumisión entre hombres y mujeres.»

En 1967, la Asamblea General de las Naciones Unidas, en su Declaración sobre la eliminación de la discriminación contra la mujer [resolución 2263 (XXII)], en el artículo 1 proclama: «La discriminación contra la mujer, por cuanto niega y limita su igualdad de derechos con el hombre, es fundamentalmente injusta y constituye una ofensa a la dignidad humana.».

En 1994, publicó la Declaración sobre la eliminación de la violencia contra la mujer (resolución 48/104), definiéndola en el artículo 1: «A los efectos de la presente Declaración, por “violencia contra la mujer” se entiende todo acto de violencia basado en la pertenencia al sexo femenino que tenga o pueda tener como resultado un daño o sufrimiento físico, sexual o sicológico para la mujer, así como las amenazas de tales actos, la coacción o la privación arbitraria de la libertad, tanto si se producen en la vida pública como en la privada»

Uno de los compromisos más firmes en cuanto a la violencia contra la mujer, se estableció en la Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer, realizada por las Naciones Unidas en Beijing (China) en 1995. Es a partir de este momento que la violencia de género se reconoce como un problema social y

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adquiere una definición clara en el contexto de los derechos humanos y de la igualdad entre hombres y mujeres (Alberdi, 2005)2. Las Naciones Unidas tratan el problema de una forma global, por lo que hablan de violencia contra la mujer o violencia de género (toda aquella violencia que va dirigida a la mujer por el hecho de ser mujer); dentro de este tipo de violencia incluye la violencia doméstica, violencia dentro de la pareja, como si la única cusa posible de sufrir esta violencia fuese el hecho de ser mujer, cuestión algo comprometida cuando se sale fuera del discurso feminista. En el Informe Mundial sobre la Violencia y la Salud realizado en 2002 por la OMS, dice: «Reconociendo que la OMS, como principal organismo encargado de coordinar la labor internacional de salud pública, tiene la responsabilidad de desempeñar una función de liderazgo y orientación para con los Estados Miembros en el desarrollo de programas de salud pública encaminados a prevenir la violencia ejercida tanto contra uno mismo como contra los demás, 1. DECLARA que la violencia es un importante problema de salud pública en todo el mundo; 2. INSTA todos los Estados Miembros a que evalúen el problema de la violencia en sus territorios y comuniquen a la OMS la información de que dispongan sobre ese problema y su manera de afrontarlo; 3. PIDE al Director General que, en la medida en que lo permitan los recursos disponibles, emprenda actividades de salud pública para abordar el problema de la violencia, con objeto de […] 4. PIDE ASIMISMO al Director General que presente un Informe al Consejo Ejecutivo en su 99ª reunión en el que se describan los progresos realizados hasta el momento, así como un plan de acción para avanzar

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“Violencia: Tolerancia Cero”. Fundación “la Caixa”: Obra Social.

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hacia la adopción de un enfoque científico de salud pública en materia de prevención de la violencia.»

En este mismo informe explica que una de las razones por las que la violencia prácticamente no se ha considerado como una cuestión de salud pública es la ausencia de una definición clara del problema. Por otro lado, la violencia es un fenómeno difuso y complejo cuya definición no puede tener exactitud científica. Lo que se considera aceptable o inaceptable, o de lo que constituye un daño, está influido por la cultura y en continua revisión según los valores y las normas sociales evolucionan. A la hora de definir la violencia, la OMS tiene en cuenta tanto la violencia interpersonal como la que va dirigida contra la persona misma y los conflictos armados. Por tanto, define la violencia como: «El uso deliberado de la fuerza física o el poder, ya sea en grado de amenaza o efectivo, contra uno mismo, otra persona o un grupo o comunidad, que cause o tenga muchas probabilidades de causar lesiones, muerte, daños psicológicos, trastornos del desarrollo o privaciones.»

En el informe de la OMS se trata el tema de la violencia de una forma global, quedando la violencia en la pareja contra la mujer como una de las múltiples formas de violencia conocidas. Así mismo, informa de que además del sufrimiento humano que produce la violencia, supone una carga enorme para las economías nacionales. Y, expone que: «…a lo largo de su vida las víctimas de violencia doméstica o sexual padecen más problemas de salud, generan costos de atención sanitaria significativamente más elevados y acuden con mayor frecuencia a los servicios hospitalarios de urgencia que las personas que no sufren maltrato.»

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En la Ley Orgánica 1/2004, de 28 de diciembre, de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género (BOE Nº 313, 42166-42167), se define ésta como: «…la violencia que, como manifestación de la discriminación, la situación de desigualdad y las relaciones de poder de los hombres sobre las mujeres, se ejerce sobre éstas por parte de quienes sean o hayan sido sus cónyuges o de quienes estén o hayan estado ligados a ellas por relaciones similares de afectividad, aun sin convivencia.» [Punto 1, del Artículo 1, del Título Preliminar].

En este caso, vemos como la definición de violencia de género se equipara a la definición de violencia en la pareja, lo que comporta un error conceptual. En este caso, se está definiendo la violencia en la pareja, pero no de cualquier tipo de pareja, sino de las heterosexuales, ya que es del hombre contra la mujer. No hace referencia a la violencia ejercida contra las mujeres ya que la centra en un único caso de violencia contra ellas, cuando ésta es ejercida por su pareja, pero no a todas las de violencia que existen contra las mujeres. La novedad de esta ley, es que acepta una definición de pareja algo más amplia, ya que contempla la posibilidad de que no haya existido convivencia. En el 2007, el gobierno de Aragón promulgó la Ley 4/2007, de 22 de marzo, de Prevención y Protección Integral a las Mujeres Víctimas de Violencia en Aragón, en la que define la violencia de género en el Capítulo 1, artículo 1, en el punto 2, y dice: «…se entiende por violencia ejercida sobre las mujeres todo acto u agresión contra las mismas, motivado por la pertenencia a dicho sexo de las víctimas, que tenga o pueda tener como consecuencia un daño físico o psicológico, así como las agresiones a su libertad, e indemnidad sexuales, incluida la

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amenaza a tales actos, la coacción o la privación arbitraria de libertad, que se realicen al amparo de una situación de debilidad, dependencia o proximidad física, psicológica, familiar, laboral o económica de la víctima frente al agresor.»

Aquí se describe lo que es la violencia contra las mujeres en general. La violencia doméstica la define, en el apartado a) del artículo 3 del mismo capítulo, de la siguiente forma: «Situaciones de violencia doméstica: son las que se operan por quienes sostienen o han sostenido un vínculo afectivo, conyugal, de pareja, paternofilial o semejante con la víctima. Se incluyen en este ámbito los supuestos de violencia ejercida sobre la mujer por parte de quienes sean o hayan sido sus cónyuges o de quienes estén o hayan estado ligados a ellas por relaciones similares de afectividad, aun sin convivencia, y a la violencia ejercida sobre las descendientes, ascendientes o hermanas por naturaleza, adopción o afinidad, propias o del cónyuge o conviviente, o sobre las menores o incapaces que con él convivan o que se hallen sujetas a autoridad familiar, potestad, tutela, curatela, acogimiento o guarda de hecho del cónyuge conviviente.»

La definición abarca diferentes tipos de violencia doméstica centrándola en las mujeres, ya que la ley va dirigida a “mujeres víctimas de violencia”. La novedad de ésta es que recoge lo expuesto por la Unión Europea en el Dictamen del Comité Económico y Social Europeo sobre el tema «La violencia doméstica contra las mujeres»: «2.3.4.

La violencia no sólo afecta a la propia víctima, sino a otros

miembros de la familia, en particular a los niños. Los niños que se convierten en testigos de la violencia doméstica siempre son a su vez víctimas de la violencia física. Con mayor frecuencia que otros niños, sueles

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ser también víctimas de la violencia física. No obstante, la violencia doméstica no es una forma directa contra los niños.»

Esta declaración reconoce a la descendencia de la mujer víctima de violencia por parte de su pareja como víctimas de la misma al ser testigos de ella. La Ley 4/2007 lo refleja en los siguientes puntos: «Las situaciones de violencia sobre las mujeres afectan también a los menores que se encuentran dentro de su entorno familiar, víctimas directas o indirectas de esta violencia…»[Preámbulo, IV] «Las mujeres víctimas de violencia, así como sus hijas e hijos, tendrán derecho, desde el ámbito social, a la asistencia psicológica gratuita, que comprenderá la atención inicial y el seguimiento hasta que concluya el proceso terapéutico de recuperación» [Capítulo IV, Sección 2ª, artículo 27, apartado 1]

El grupo de trabajo en Violencia y Familia de la Asociación Americana de Psicología, define el maltrato doméstico como (Walker, 1999): «…un patrón de conductas abusivas que incluye un amplio rango de maltrato físico, sexual y psicológico, usado por una persona en una relación íntima contra otra, para ganar poder o para mantener un abuso de poder, control y autoridad sobre esa persona.»

Hasta ahora hemos visto los conceptos de violencia, violencia contra la mujer, violencia de género, violencia doméstica y violencia en la pareja contra la mujer. Pero existen muchas otras acepciones: violencia machista, terrorismo machista, violencia familiar, violencia de pareja… El hecho de que existan tantas formas de denominar a un “mismo problema”, la violencia ejercida por el hombre sobre la mujer, no es un simple problema de semántica, implica

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diversas ideologías, perspectivas, teorías y metodologías propias del estudio de la violencia (Winstock, 2007). Andrés, López y Álvarez (2008) explican que el fenómeno de la violencia contra la pareja se ha ido delimitando con el tiempo en dos contextos: el ejercicio profesional dedicado a atender a las víctimas de violencia por parte de su pareja y la investigación sobre este fenómeno. La violencia doméstica o familiar incluye cuatro categorías fundamentales: violencia contra los hijos, contra los padres, contra la pareja y contra los ancianos, incluyendo a todos los miembros que forman la familia extensa. La Violencia de género, también denominada violencia contra la mujer, agrupa todas las violencias que se ejercen por parte del hombre sobre la mujer obedeciendo a su rol de género: acoso laboral, violencia sexual, violencia contra la pareja, explotación sexual, tráfico de mujeres, mutilación genital...; independientemente del tipo de relación interpersonal que mantengan la víctima y el agresor, que puede ser de diferente índole, yendo desde una relación muy estrecha (sentimental, familiar), más ocasional (vecindario), o puede que sea inexistente. Cuando la víctima es la mujer y el agresor es el hombre, estamos ante el tipo de violencia más representativo, la violencia contra la pareja y, combina elementos propios de la violencia de género y de la doméstica, pero también tiene otros elementos específicos debidos a la particular relación que tiene o ha tenido la pareja, se trata de una relación sentimental e íntima (Campbell, 1995).

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Figura 2.1.:

Extraído de Andrés, López y Álvarez (2008)

Tras todo lo expuesto, en este estudio se ha tomado el concepto de violencia contra la pareja (Stuart, 2005) ; bajo la etiqueta de este fenómeno se reúnen los asesinatos de pareja, la violencia física y sexual, el acoso, las formas graves y crónicas de violencia psicológica, así como una variada combinación de malos tratos y abusos emocionales de, aparentemente, menor gravedad (pero con consecuencias igualmente dramáticas) del hombre hacia la mujer dentro de una relación de pareja, existente en la actualidad o en el pasado. En este estudio se está adoptando una definición que se ajusta al discurso cotidiano, a un modelo de familia tradicional, organizada en torno al binomio mamá-papá, al modelo de pareja “normal”, es decir, heterosexual,

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cuyas relaciones se rigen por el código de género, y en las que sólo se conciben las figuras del agresor y de la agredida. Pero no podemos olvidar que existen otros tipos de parejas, como las de carácter homosexual (gay o lésbico) en las que también se pueden dan situaciones de violencia dentro de la pareja, pero no se rigen por el género; o incluso otras direcciones dentro de la violencia, como la que se da de mujer a hombre, a pesar de que sea menos numérica (Cantera, 2004). La variable género constituye una referencia clave a la hora de explicar la violencia que se da en numerosas parejas heterosexuales en la relación hombre

mujer. Además, desarrolla una función fundamental a la hora de

desenmascarar, criticar y desarticular un substrato cultual de mitos, prejuicios y estereotipos que funcionan como fuentes de legitimación ideológica, social y moral de múltiples situaciones de opresión a la mujer. Sin olvidar que contribuye a la sensibilización social con respecto al maltrato y a inspirar estrategias encaminadas a prevenirla (Cantera, 2004)

2.2.- TIPOS DE VIOLENCIA CONTRA LA PAREJA

Según el Consejo de Europa (http://www.malostratos.org/cindoc/020%20 cindoc%20viol%2002%20definiciones.htm) los tipos de violencia son: Violencia psicológica: Bajo este concepto se agrupan múltiples modalidades de agresión intelectual o moral (amenazas, aislamiento, desprecio, intimidación, insultos en público, etc…).

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Violencia física: Todo tipo de agresiones corporales (empujones, golpes, ataques

con

armas,

mordeduras,

quemaduras,

estrangulamientos,

mutilaciones, etc…). Violencia sexual: Se refiere a cualquier actividad sexual no consentida3 (visionado o participación forzada en pornografía, relaciones sexuales obligadas, etc…). Violencia económica: Entendida como desigualdad en el acceso a los recursos compartidos (negar el acceso al dinero, impedir el acceso a un puesto de trabajo, a la educación, etc…). Violencia estructural: Aquellas barreras invisibles e intangibles contra la realización de las opciones potenciales de los derechos básicos de las personas. Está relacionado con la violencia económica. Se sustenta en la existencia de obstáculos firmemente arraigados y que se producen diariamente en el tejido social (como por ejemplo las relaciones de poder que generan y legitiman la desigualdad). Violencia espiritual: (2002) Se refiere a aquellas conductas dirigidas a obligar a otra persona a aceptar un sistema de creencias cultural o religioso determinado, o dirigidas a erosionar o destruir las creencias del otro a través del castigo o del ridículo. Esta clasificación está propuesta por el Consejo de Europa para la violencia de género, por ello es la misma que se aplica a la violencia contra la pareja.

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No se hace explícito el acoso sexual (insinuaciones, provocaciones…), pero su inclusión es ampliamente aceptado

por toda la comunidad científica y legislativa.

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Existen muchas formas de establecer los tipos de violencia habituales que podemos encontrar en este tipo de violencia. Todos los autores hacen referencia a tres tipos de violencia: física, sexual y psicológica. En los inicios del estudio sobre la violencia contra la pareja, el mayor énfasis se ponía en la violencia física. Se empezaba a dirigir la atención hacia un grave problema, y lo más visible y urgente eran las secuelas físicas que se producían en las mujeres, pero aunque el énfasis se pusiera en la vertiente física, ya se hablaba de la violencia psicológica y de la sexual, diferenciando ésta última de la física por sus características y connotaciones especiales. A medida que se ha ido avanzando, y la violencia contra la pareja se ha admitido como un problema social y no privado, se ha ido profundizando más en otros aspectos del fenómeno. En la actualidad, cuando una mujer acude a interponer una denuncia contra su pareja por violencia, se tiene en cuenta la violencia psicológica, algo totalmente inaceptable años atrás. A través de numerosos estudios se ha podido comprobar, que la violencia psíquica es la que deja mayores secuelas en sus víctimas, ya que es la que afecta a las estructuras psicológicas de la persona, atenta contra el “yo”. Todo acto violento que tiene como objetivo la dominación del otro, tiene su inicio a nivel psicológico, en la destrucción psicológica del otro para dejarlo paralizado, sumiso, sin capacidad de respuesta. En numerosas ocasiones, el maltrato físico, sexual y psicológico, suelen darse de forma combinada. Por ese motivo, hay autores que consideran necesario buscar alternativas para su clasificación y entendimiento.

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Martín-Iglesias (1989) señaló que, sobre la base de la clase de comportamientos que genera la violencia se pueden diferenciar los siguientes tipos de maltrato: a.- Violencia

representativa:

se

ejercería

prohibiendo

la

libertad

de

movimientos, dificultando el trabajo asalariado o impidiendo el ejercicio de las libertades de expresión. b.- Violencia

privativa:

se

ejercería

incumpliendo

los

compromisos

económicos vitales, no cubriendo las necesidades biológicas, sexuales, afectivas o de comunicación, dificultando el acceso a la formación o a la cultura, o aislando del contacto con los otros. c.- Violencia alienativa: se ejercería mediante la rutina o cargando a las mujeres en exclusiva con los trabajos monótonos como el cuidado de la casa o las personas dependientes Cualquiera de estos comportamientos lleva implícita una carga de violencia psíquica, y puede ir acompañado de violencia física y/o sexual (Martín Serrano, 1999).

2.2.1.- Violencia física La mayoría de las veces, la violencia física aparece cuando la mujer se resiste a la violencia psicológica. El hombre no ha conseguido controlar lo suficiente a una compañera demasiado independiente y para seguir intentando controlarla pasa a acciones más contundentes.

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Las agresiones físicas no son cotidianas. Pueden ocurrir ser algo puntual o bien repetirse. Cuando se repiten en el tiempo, se va produciendo una escalada de frecuencia y de intensidad. En otras ocasiones, basta con evocar la primera agresión, ya sea mediante amenazas o gestos, para que el incidente se reactive en la memoria de la víctima y ésta vuelva a someterse de nuevo (Hirigoyen, 2006). La violencia física incluye un amplio repertorio de agresiones que pueden ir desde un simple empujón hasta el uxoricidio (muerte de la mujer a manos de su marido). Dentro de este continuo podemos encontrar: pellizcos, bofetadas, tirones de pelo, puñetazos, patadas, estrangulamientos, mordiscos, quemaduras, torceduras de brazos, secuestro, golpes en el vientre (sobre todo durante el embarazo), secuestro… Generalmente, los golpes se pueden disimular con maquillaje, los estrangulamientos con un cuello alto o un pañuelo anudado al cuello; otros no dejan marcas visibles, como los empujones, tirones de pelo, utilización de objetos, armas o sustancias químicas (con el fin de causar una lesión), privación de cuidados médicos durante una enfermedad o lesión, no avisar intencionadamente de situaciones con evidente riesgo físico… Pero hay ocasiones en que la mujer recibe demasiados golpes, y/o son demasiado fuertes y requieren atención médica. El maltrato físico se podría definir como cualquier conducta que implique la utilización de algún instrumento o procedimiento para afectar el organismo de otra persona, de modo que encierre riesgo de lesión física, enfermedad, daño o dolor, con independencia de los resultados de dicha conducta. Puede ejercerse a través de conductas activas -cuando el agresor realiza una

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conducta dirigida a causar lesiones-, o bien de conductas pasivas -cuando el agresor no hace nada para evitar posibles lesiones- (Labrador, Rincón, de Luis y Fernández-Velasco, 2005). Cuando este tipo de violencia no parece intencionada, la mujer no siempre la reconoce como tal, por tanto, no la denunciará. En otras ocasiones será el miedo a que se cumplan sus amenazas, lo que hará que la mujer deje de denunciar a su pareja. Hay mujeres, que deciden interponer una denuncia contra su pareja por malos tratos. Llegadas a este punto, eran muchas las que retiraban la denuncia, por miedo a su agresor, por miedo a ser incapaces de salir a delante por ellas mismas (dificultades económicas, educación de la descendencia…), o bien porque se producía una reconciliación. En la actualidad, en nuestro país, con la reciente Ley de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género (Ley Orgánica 1/2004), la mujer no puede retirar la denuncia o dicho de otro modo, si la mujer intenta retirar la denuncia, ésta sigue adelante de oficio. Los estudios nos muestran que el mayor riesgo de muerte de la víctima se produce dentro de la fase de preparación del abandono del hogar o inmediatamente después de realizarlo (Walker, 1989; APA, 1996).

2.2.2.- Violencia sexual

Aunque este tipo de violencia es en realidad un tipo de maltrato físico, se suele considerar de forma diferenciada por tener connotaciones muy

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particulares. En primer lugar, por la mayor intimidad para este tipo de comportamientos; en segundo lugar, el hecho de que con frecuencia se considera que este tipo de comportamientos con la pareja son un deber u obligación. Muchas mujeres creen que no pueden negarse a realizar este tipo de conductas con su pareja, aunque no lo deseen, e incluso aunque sean exigidas de forma violenta. Es infrecuente que las mujeres consideren que han sufrido violencia sexual por su pareja, lo consideran que forma parte de un “deber conyugal”. Se entiende por maltrato sexual cualquier intimidad sexual forzada por parte de la pareja, ya sea con amenazas, intimidación, coacción o por llevarse a cabo en estado de inconsciencia o indefensión de la mujer. Incluye todo tipo de conducta de carácter sexual, no limitándose a la penetración vaginal o anal (Labrador, Rincón, de Luis y Fernández-Velasco, 2005). Este tipo de violencia, a pesar de no ser reconocido, está presente en numerosas ocasiones; es ante todo, un medio para dominar al otro. No tiene que ver con el deseo, es una forma de decir “me perteneces” (Hirigoyen, 2006). La violencia sexual puede proseguir incluso después de la separación a través de amenazas y del acoso.

2.2.3.- Violencia psicológica

Se define como maltrato psicológico cualquier conducta física o verbal, activa o pasiva, que trata de producir en las víctimas intimidación,

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Reflexión teórica

desvalorización,

sentimiento

de

culpa

o

sufrimiento.

Humillaciones,

descalificaciones o ridiculizaciones, tanto en público como en privado, aislamiento social y económico, amenazas de maltrato, daño físico o tortura a la mujer o a sus seres queridos, destrucción o daño a propiedades valoradas por la víctima (objetos o animales), amenazas repetidas de divorcio o abandono… La negación del maltrato, o la culpabilización y atribución de responsabilidad absoluta a la víctima en los episodios de maltrato también forman parte de este tipo de violencia (Labrador, Rincón, de Luis y FernándezVelasco, 2005). La violencia psicológica es la más difícil de identificar, especialmente si la víctima la disfraza de “atención” o “preocupación, o el agresor a conseguido hacerle creer que ella es la responsable. Quizás esta sea la causa de que este tipo de violencia sea minimizado desde el discurso social. Dentro del maltrato psicológico, podemos distinguir diferentes tipos. En ocasiones se los nombra de forma independiente, quizás por su relevancia, o porque atacan diferentes áreas personales de la víctima, pero se incluyen dentro de la violencia psicológica porque apuntan al control de la mujer a través de la creación de un fuerte sentimiento de desvalorización o indefensión, como el maltrato social y el maltrato financiero o económico. En la Tabla 2.2.3.[1] se describen diferentes formas de maltratos psicológicos. La violencia espiritual4 es, así mismo, otro tipo de violencia psicológica. Se puede considerar otra forma de dominación de la persona, destruyendo sus

4

CINDOC. Comisión para la Investigación de Malos Tratos a Mujeres. Definiciones de Violencia de Género. Recuperado

el

11

de

abril

de

2008,

de

http://www.malostratos.org/cindoc/020%20cindoc%20viol%2002%20definiciones.htm

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Una “construcción” alternativa del fenómeno de la violencia contra la pareja

creencias u obligándola a aceptar otro sistema de creencias, ya sea éste cultural o religioso.

Tabla 2.2.3.[1]:

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Reflexión teórica

Para Hirigoyen (2006) la violencia física y la psicológica están vinculadas, No se producen agresiones físicas sin que anteriormente se hayan producido agresiones psicológicas, un hombre no pega a su mujer de un día para otro sin motivo aparente. No obstante, la violencia psicológica de forma aislada, como es el caso de la violencia perversa, puede causar grandes desajustes en la persona. En este tipo de violencia el agresor adopta una serie de actitudes y palabras destinadas a denigrar o negar la manera de ser de su víctima y tienen por objeto desestabilizar o herir a la misma. Es una forma de relacionarse, es negar al otro y considerarlo como un objeto. Esta forma de proceder está destinada a someter al otro, a controlarlo y a mantener el poder. Las agresiones psicológicas presentan dificultades para detectarlas debido a que el límite es impreciso. Según Hirigoyen (1999, 2006) se trata de actos que pueden adoptar significados distintos según el contexto donde se inscriban, por lo que un mismo comportamiento será percibido como abusivo por unos y no por otros. A pesar de ello, esas palabras o gestos se enmarcan en un proceso muy destructivo para la autoestima de la persona. La repetición y el carácter humillante de estas situaciones provocan un verdadero desgaste mental, pudiendo inducir a la persona al suicidio. La violencia psicológica es negada por el agresor y por los testigos (que no ven nada), lo que hace que la víctima dude sobre sus sentimientos. Hirigoyen (2006) articula la violencia psicológica contra la pareja en varios ejes de comportamientos o actitudes que constituyen microviolencias difíciles de detectar:

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Una “construcción” alternativa del fenómeno de la violencia contra la pareja

El control. Lo sitúa el primero en el registro de la posesión. Consiste en vigilar a alguien de un modo malévolo, con la idea de dominarlo y manejarlo. Se quiere controlar todo para imponer el modo en que deben hacerse las cosas. El aislamiento. Es preciso para que la violencia pueda perpetuarse. Consiste en ir aislando progresivamente a la mujer de su familia, sus amigos, impedir que trabaje, que tenga vida social. El hombre procura que la vida de su mujer se centre únicamente en él, necesita que ella se ocupe de él, que sólo piense en él, que no sea demasiado independiente para que no escape a su control. Con el paso del tiempo, puede ser que sea la mujer quien se aísle para estar tranquila para no tener que soportar la presión que ejerce su marido en sus relaciones sociales. Todo esto conduce a un aislamiento social, incluso puede llevar a una desinserción. Los celos patológicos. El control puede ejercerse a través de un comportamiento celoso. El hombre no soporta la alteridad de la mujer, quiere poseerla totalmente y le exige una presencia continua y exclusiva. Los celos patológicos no se basan en ningún elemento de la realidad, provienen de una tensión interna que trata de aplacar de esta manera: sospechas constantes, atribución de una intención sin fundamento… Los celos se producen a partir de un sentimiento de desvalorización por parte del hombre que explica su frustración a través de la supuesta infidelidad de su pareja antes de ponerse en tela de juicio a sí mismo,. El acoso. Se trata de repetir hasta la saciedad un mensaje a alguien de forma que se saturan la capacidad crítica de la otra persona y su juicio, logrando

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Reflexión teórica

que acepte cualquier cosa. O bien vigilar a la otra persona, seguirla por la calle, acosarla por teléfono, esperarla a la salida del trabajo… Esta forma de acoso es más frecuente tras la separación. La denigración. Consiste en atacar la autoestima de la otra persona, demostrarle que no tiene ningún valor, que no vale nada. Puede manifestarse desvalorizando al otro en lo que hace, en sus capacidades intelectuales, en lo que es, expresar dudas sobres su salud mental, criticando su capacidad de ser buena ama de casa, su físico, su capacidad para educar a sus hijos… Las humillaciones. El otro es alguien en quien volcar la rabia que uno lleva dentro, no tiene existencia propia, no se le respeta, se le humilla, rebaja, ridiculiza (pedorretas, escupir a la cara…). En ocasiones, estas humillaciones tienen un contenido sexual. Propician el sentimiento de vergüenza. La denigración sistemática provoca una ruptura de la identidad, u desmoronamiento interior. El objetivo es minar la autoestima de la persona, acabará asimilando el desprecio y se sentirá indigna de ser amada. Los actos de intimidación: Se trata de violencia indirecta, por lo que la otra persona puede interpretarlo como una forma de violencia controlada. Los actos de intimidación están constituidos por la amenaza y la hostilidad: dar portazos, romper objetos, juguetear con un cuchillo o con un arma de fuego… El objetivo es generar miedo. La indiferencia ante las demandas afectivas: Otra forma de violencia moral es el rechazo al afecto de la otra persona, mostrar desatención o

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Una “construcción” alternativa del fenómeno de la violencia contra la pareja

insensibilidad ante el otro y hacer alarde del desprecio. Se ignoran las necesidades y los sentimientos de la pareja, o se genera una situación de carencia y frustración para mantener a la otra persona en la inseguridad: no querer hablar, salir con la pareja, acompañarla al hospital, acudir a las celebraciones familiares, no tener en cuenta el estado físico o psicológico del otro… Las amenazas: Las amenazas, desde una vista parcial, podrían ser consideradas como una disputa entre la pareja; pero la repetición, la duración en el tiempo y la asimetría en los intercambios es lo que las convierten en violencia. Las amenazas pueden ser de muchos tipos: amenazar con llevarse a los niños, quitar el dinero, pegar, suicidarse, sugerir represalias con las personas allegadas si ella no hace lo que él quiere, levantar la mano… Cuando la violencia contra la pareja se manifiesta única o principalmente a través de las agresiones psicológicas constantes, Hirigoyen (1999) lo denomina violencia perversa. Este tipo de dominio lo establece una persona narcisista, impone su dominio para retener al otro, pero también teme que el otro se aproxime demasiado y lo invada. La agresión perversa intenta desquiciar a la otra persona, hacerla dudar de sus propios pensamientos y afectos. La víctima pierde la noción de su propia identidad; el objetivo es negar su persona y paralizarla para que no pueda surgir un conflicto; se la tiene que poder atacar sin perderla, debe permanecer a disposición del perverso. El establecimiento de una relación perversa se desarrolla en dos procesos: la seducción perversa y la violencia perversa (o manifiesta).

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Reflexión teórica

La seducción perversa es una fase que puede desarrollarse durante años. Se instaura gradualmente en los inicios de la relación a través de un proceso de seducción para lograr que se deje influir y llegar a dominarla, privándola de toda parcela de libertad; la víctima se desestabiliza y pierde progresivamente la confianza en sí misma. La seducción consiste en atraer irresistiblemente, el seductor falsea la realidad, y opera por sorpresa, no ataca nunca frontalmente, sino de modo indirecto a fin de captar el deseo del otro, que lo admira y que le devuelve una buena imagen de sí mismo, utiliza el instinto protector del otro; confunde, borra los límites de lo propio y de lo ajeno. No se trata de una alienación, como ocurriría en la idealización amorosa, en la que, para mantener la pasión la persona se niega a ver los defectos o debilidades del otro; se trata de una incorporación que tiene la finalidad de destruir. La seducción vive la presencia del otro como una amenaza, y no como una complementariedad. El seductor intenta debilitar para transferir sus ideas, hace que la víctima se mantenga en la relación de dominación de una manera dependiente, mostrando su consentimiento. El dominio se establece en el ámbito de las relaciones, es de tipo intelectual o moral. La víctima no llega a darse cuenta de que está siendo obligada, se encuentra atrapada psicológicamente y a merced de quien le domina, ha quedado cosificada. Este dominio puede descomponerse en tres grandes aspectos: Una acción de apropiación mediante el desposeimiento del otro.

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Una “construcción” alternativa del fenómeno de la violencia contra la pareja

Una acción de dominación que mantiene al otro en un estado de sumisión y dependencia. Una acción de discriminación que pretende marcar al otro. Meloy y Gothard (1995) definen el acoso como un patrón de comportamiento prolongado o anormal de amenaza u hostigamiento derivado de un individuo específico. Garrido (2001) define al acosador como alguien que pretende “que yo haga lo que no quiero hacer”.

Los elementos que Meloy considera que se dan en el acoso5 son: 1) un patrón de comportamiento intrusivo y no deseado en la vida de la víctima; 2) una amenaza implícita o explícita, puesta de manifiesto por esos actos; y 3) la persona amenazada ha de experimentar un miedo razonable. El acoso es una agresión psicológica, y como tal puede convertirse en agresión física. Los acosadores evolucionan con el tiempo y van perfeccionando su técnica. Los comportamientos de persecución obsesiva más habituales son los que aparecen en la Tabla 2.2.3.[2]. Esta descripción hecha por Garrido (2001), incluye algunas conductas que corresponden a la violencia física, no psicológica, como el punto 12 (empujar, golpear) o el 15 (agresión / abuso sexual)

5

También de Meloy en “The psychology of stalking”. Otra consulta puede hacerse en R.L. Snow (1998), Stoping a

stalker, Nueva York: Plenum Press.

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31


Reflexi贸n te贸rica

Tabla 2.2.3.[2]:

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Una “construcción” alternativa del fenómeno de la violencia contra la pareja

El dominio

se establece a partir de procesos

aparentemente

comunicativos, pero que conducen a la desunión en vez de a la unión. La comunicación se deforma para utilizar al otro. Crear confusión sobre las informaciones reales es imprescindible para conseguir que la víctima quede impotente. La violencia transpira a través de las insinuaciones, las reticencias y lo que se silencia. Las estrategias que se utilizan son (Hirigoyen, 1999): Rechazar la comunicación directa: El acosador elude la comunicación, imponiendo una imagen de grandeza o sabiduría. La comunicación verbal es

escasa,

tan

sólo

llama

la

atención

con

pequeños

toques

desestabilizadores. El perverso no nombra nada, pero lo insinúa todo. El agresor niega la existencia del reproche y del conflicto, dejando paralizada a la víctima. Deformar el lenguaje: El perverso suele adoptar una voz fría, insulsa, monocorde, sin tonalidad afectiva. Las palabras más anodinas dejan entrever el desprecio y la burla. Las palabras no tienen ninguna importancia, sólo importa el tono. No suele alzar la voz, deja que el otro se irrite solo, lo que lo desestabiliza. Mentir: En lugar de mentir directamente, el perverso prefiere utilizar las insinuaciones y los silencios con la finalidad de crear malos entendidos que explotará en beneficio propio. Los mensajes incompletos y paradójicos son una prueba del miedo a la reacción del otro. Las cosas se dicen sin decirlas. Utilizar el sarcasmo, la burla y el desprecio: El desprecio es el arma del débil, protege contra los sentimientos indeseables. El perverso se

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Reflexión teórica

esconde detrás de la máscara del irónico o del bromista. El escarnio consiste en burlarse de todo y de todo el mundo. La persistencia de esta actitud vence la desconfianza, pero crea una atmósfera desagradable y hace que la comunicación no sea sincera. Utilizar la paradoja: El discurso paradójico se compone de un mensaje explícito y otro implícito (sobreentendido). El agresor niega la existencia del segundo, lo que desestabiliza al otro, lo lleva a la perplejidad. Una doble coacción lo permite: a nivel verbal se expresa una cosa, y a nivel no verbal se expresa lo contrario. Otras formas de lenguaje paradójico es sembrar la duda sobre algún hecho más o menos importante de la vida cotidiana o, decir algo y rectificar inmediatamente o, hacer notar la tensión y la hostilidad sin que se diga nada en contra de la misma… Generalmente la paradoja se da en la distancia que separa lo que se dice y el tono en que se dice. Descalificar: Consiste en privar a alguien de todas sus cualidades. Hay que decir y repetir al otro que no vale nada hasta que se lo crea. Al principio esto se hace de un modo soterrado, a través de la comunicación no verbal. El perverso destina todas sus estrategias a hundir al otro, y así, se revaloriza a sí mismo. Divide y vencerás: Es la estrategia en la que el perverso destaca. Consiste en enfrentar a unas personas con otras, provocar rivalidades y celos; mediante alusiones que siembran la duda, la revelación de lo que otra persona ha dicho o, a través de mentiras que colocan a las personas en posiciones enfrentadas.

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Una “construcción” alternativa del fenómeno de la violencia contra la pareja

Imponer autoridad: La toma de poder se lleva a cabo mediante la palabra. Consiste en dar la impresión de conocer las cosas, de detentar “la verdad”. Utiliza un discurso totalizador que enuncia proposiciones que parecen universales. El perverso “sabe”, tiene razón, e intenta que el otro acepte su discurso con el objetivo de arrastrarlo a su terreno. Cuando la víctima se enfrenta al dominio se arriesga a ser odiada, la estrategia perversa se revela con toda claridad. En el momento que el perverso descubre que su víctima se le está escapando, tiene una sensación de pánico y furor, y se desata, el odio se muestra. Cuando la víctima es capaz de expresar lo que siente, hay que hacerla callar. En ese momento se produce una fase de odio en estado puro. Esto se revela con “golpes bajos”, ofensas, palabras humillantes, todo se convierte en una burla. Esta armadura de sarcasmo protege al perverso de lo que más teme: la comunicación. No se trata de transformar el amor en odio, sino de una envidia que se convierte en odio. En primer lugar, existe una falta de amor que se oculta tras la máscara del deseo, pero no de un deseo de la persona en sí misma, sino de lo que tiene de más y que el perverso querría hacer suyo. En segundo lugar, hay un odio oculto, ligado a la frustración que siente el perverso cuando no puede obtener del otro lo que tanto desearía. Cuando tiene que justificar su odio, el perverso lo hace depender de una persecución por parte de su víctima. Cuando la violencia actúa, ésta es fría, verbal, y se construye a partir de denigraciones, insinuaciones hostiles, de señales de condescendencia y de ofensas. Las amenazas son siempre indirectas, veladas. Cada nueva ofensa es

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Reflexión teórica

un eco de las precedentes e imposible de olvidar. La violencia casi nunca es física, y si lo es, se debe a una reacción demasiado fuerte por parte de la víctima. Una vez desencadenado, el proceso circular no puede detenerse solo, y el registro patológico de los protagonistas cada vez se agrava más: el perverso se vuelve cada vez más humillante y violento; y la víctima se siente cada vez más impotente y herida, pero no tiene ninguna prueba de la realidad que está padeciendo. El perverso intenta que su víctima actúe contra él para poder acusarla de “malvada”, para que aparezca como responsable de lo que ocurre. La víctima ya está atrapada, haga lo que haga, no puede salirse con la suya; si reacciona, aparece como la generadora del conflicto; si no reacciona, permite que continúe la destrucción. La

aproximación del agresor a la víctima acosada puede adoptar

diferentes modalidades (Soria, 2005): Forma sorpresiva: El agresor se acerca súbitamente y de forma sorprendente e inesperada para la víctima. Forma sumisa: El agresor se dispone en una actitud de sumisión o de promesa futura de sometimiento a la voluntad de la víctima. Forma impositiva: El agresor verbaliza obligaciones de sumisión hacia la víctima. Forma razonable: El agresor utiliza la argumentación y la lógica buscando la coherencia verbal sobre los actos cometidos previamente.

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Una “construcción” alternativa del fenómeno de la violencia contra la pareja

Meloy (1996)6, también estudió los 4 tipos de acosadores: el obsesivo simple, el amante obsesivo, el erotómano y el síndrome de falsa victimización. Los dos primeros, el obsesivo simple y el amante obsesivo, están relacionados con la violencia doméstica. El obsesivo simple asedia a la víctima para saber qué hace; éste es el más peligroso, desarrolla una campaña muy consistente de hostigamiento, intimidación y terrorismo mental y su objetivo básico es lograr que la víctima retorne a la relación previa. El amante obsesivo basa su acoso en los celos. Los resultados obtenidos por Soria (2005) en su estudio, eran concordantes con los hallazgos de otros autores. La aproximación a la víctima era mayoritariamente de tipo sorpresivo, el agresor intenta adoptar una actitud de dominio sobre la misma en un contexto interactivo que busca disponer a la víctima en una posición de vulnerabilidad y aceptación de sus deseos. El lugar de acoso se centra primordialmente sobre el domicilio de la víctima. Destaca el carácter obsesivo del acoso. Los homicidas suelen tender a un acoso del tipo amante obsesivo, mientras que los maltratadores tienden al tipo obsesivo simple. El maltratador intenta retornar a la vida en común con la víctima, mientras que el homicida planifica el acto como la última posibilidad para la víctima de demostrarle su cariño por él o en caso contrario infringirle la muerte. Por último, la intensidad del acoso es mucho mayor en los maltratadores no homicidas, ya que su objetivo es asegurarse la vida cotidiana de la víctima.

6

Meloy, J. R. (1996). Stalking (obsessional folloging): A review if some preliminary studes. Aggression and Violent

Behavior, 1, 147-162.

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Reflexión teórica

2.3.- MITOS SOBRE LA VIOLENCIA CONTRA LA PAREJA

Un mito no es más que una creencia, pero se halla formulada de tal forma que aparece como una verdad y se expresa de forma absoluta y poco flexible. Suele poseer una gran carga emotiva, concentra muchos sentimientos, y suele contribuir a crear y mantener la ideología del grupo. Los mitos son resistentes al cambio y al razonamiento (Bosch y Ferrer, 2002). Los mitos más frecuentes, en referencia al maltrato a la mujer, son los referidos a considerar a los maltratadores como enfermos, alcohólicos o víctimas de violencia en casa; considerar que en realidad son las mujeres quienes provocan la violencia, que los malos tratos son casos aislados; que sólo ocurren en ciertos estratos sociales; que a mayor nivel cultural, menor nivel de violencia; que son problemas propios de ciertos países; que sólo ocurren en las parejas de hecho; que la violencia dentro de la pareja es inevitable en las relaciones interpersonales. Todo esto es tan sólo un reflejo de las actitudes sociales aún dominantes sobre los malos tratos que llevan a un análisis inadecuado del problema y a una intervención ineficaz; tienden a culpar a la víctima y a excusar al agresor (Instituto de la Mujer, 1996; Lorente y Lorente, 1998) Ana M. Pérez del Campo (1995) expone que la naturaleza en evolución unifica y no discrimina; las discriminaciones son obra de la cultura. Es evidente que entre hombres y mujeres existen diferencias biológicas, así como psicológicas. La diferenciación entre la inteligencia, en la realidad social actual, del hombre que aparece como más “racional” y la de la mujer como más

38


Una “construcción” alternativa del fenómeno de la violencia contra la pareja

“intuitiva”, no es un capricho de la naturaleza, sino al vicio y al prejuicio cultural llevado a la práctica durante tantos siglos. Si la función crea al órgano, en el desarrollo intelectual del cerebro, el ejercicio de zonas determinadas de generación en generación, o bien por el desuso, conducirá a resultados diferentes según el “modo de vivir” de los individuos que lo practiquen de una forma “diferenciada” dentro de uno u otro género de la misma especie. La naturaleza y la herencia estructuran la configuración de los sexos dispares, pero la cultura reconduce y doblega en ellos su configuración natural. Mediante la cultura, el papel asignado a la mujer se ha convertido en un destino inferior “impuesto por la naturaleza”. Para ello hubo que exagerar como “exclusivos” los atributos y atribuciones que diferenciaban a la mujer de la normalidad del hombre; a saber: la sensibilidad, la ternura, la ductilidad y la seducción, frente al ardor, la pasión y el afán de conquista del hombre, resumiendo, debilidad frente a fortaleza. De esta forma el hombre trazó el destino de la mujer, a través de las “funciones específicas”. A cada conquista que realiza la mujer se sucede una reacción en sentido regresivo, tratando de invalidar aquello que tanto esfuerzo a costado a la mujer. Pérez del Campo cita a Susan Faludi7 para reflejar esta lucha cíclica: «La mujer está atrapada en una especie de espiral asintónica que gira sin cesar a lo largo de las generaciones, acercándose cada vez más a su destino pero in alcanzarlo jamás; cada revolución promete ser para la mujer la revolución que la liberará, pero cada vez la espiral hace que vuelvan atrás cuando está a punto de alcanzar la línea de meta» [p. 45].

7

Faludi, S. (1993). Reacción. La guerra no declarada contra la mujer moderna. Barcelona: Anagrama.

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Reflexión teórica

Esperanza Bosch y Victoria A. Ferrer (2002) dividen los mitos más frecuentes sobre el ámbito de la violencia contra la mujer en varias categorías: 1/ Mitos sobre la marginalidad a) Los malos tratos sólo ocurren en los países subdesarrollados. El maltrato a las mujeres es universal, ocurre en países de todo el mundo, independientemente de su situación económica, social o religiosa. b) Los malos tratos sólo ocurren en familias con pocos recursos económicos, de bajo nivel cultural, problemáticas, de inmigrantes, en parejas de hecho…La violencia contra las mujeres en general, y la violencia contra la pareja en particular, se da en todos los grupos sociales y étnicos, y no está relacionada con la clases social, ni el nivel cultural, ni la etnia… 2/ Mitos sobre los maltratadores a) Las mujeres maltratan igual que los hombres y, por tanto, los hombres maltratados por las mujeres constituyen un problema tan grave como el de las mujeres maltratadas. La mayoría de las personas adultas maltratadas son mujeres, lo habitual es que las víctimas sean mujeres, debido a que el maltrato surge, fundamentalmente, como consecuencia de una relación asimétrica y en el contexto de la familia patriarcal. b) Los hombres que maltratan a las mujeres han sufrido, a su vez, maltrato por parte de sus padres, o han sido testigos de maltrato en la familia de origen. Haber sufrido o sido testigo de maltrato durante la infancia es un factor predisponente, pero no una causa necesaria, ni suficiente, para ser un maltratador.

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Una “construcción” alternativa del fenómeno de la violencia contra la pareja

c) Los hombres que maltratan a las mujeres son enfermos mentales en un porcentaje muy amplio de los casos. Desde un punto de vista clínico, el porcentaje de hombres violentos con sus parejas que han sido diagnosticados de alguna enfermedad mental es mínimo. Dentro de ese mínimo porcentaje, las enfermedades más frecuentes son los trastornos depresivos y de la personalidad. Es habitual que se piense en el maltratador como una “persona enferma”, pero los datos disponibles no corroboran esta idea. d) Los hombres que maltratan a las mujeres, en un porcentaje muy alto, son alcohólicos, o están bajo los efectos de otras drogas. El alcohol y las drogas no hacen que las personas que no son violentas de por sí se vuelvan

violentas.

Estas

sustancias

pueden

actuar

como

desencadenantes, pero no son la causa. Ni todos los violentos son alcohólicos, ni todos los alcohólicos son violentos. e) Los malos tratos ocurren debido a los celos. Los celos no son causa del maltrato, sino una más de las técnicas de los maltratadores para controlar el comportamiento de las mujeres y, más concretamente, para controlar sus relaciones sociales. Son indicativos del deseo de posesión. 3/ Mitos sobre la responsabilidad de las mujeres a) Las mujeres con unas ciertas características tienen más probabilidad de ser maltratadas. El maltrato puede ocurrirle a cualquier mujer. Tratar de establecer una tipología de las mujeres que pueden ser maltratadas no tiene sentido, pero además, puede ser entendido en sí mismo como una justificación del maltrato. Según los datos disponibles, sólo se puede

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Reflexión teórica

afirmar que un 10% de las mujeres maltratadas presenta el perfil de riesgo, con una probabilidad dos veces mayor de sufrir maltrato, marcado por los antecedentes de abuso en la infancia y sus consecuencias (Koss, 1985; Koss y Dinero, 1989). Los hombres inician la violencia independientemente de lo que hagan o dejen de hacer las mujeres. Leonor Walker (1999) al igual que otros autores, llegó a la conclusión de que el marcador de riesgo individual más potente para llegar a ser víctima de malos tratos es ser mujer. b) Si las mujeres maltratadas no abandonan la relación, será quizás porque les gusta (mito del masoquismo). Aunque hay mujeres que abandonan a sus parejas cuando se inicia el maltrato, otras muchas no abandonan la relación. Pero si la razón para permanecer en la relación fuera por masoquismo, porque les gusta que las maltraten, las mujeres maltratadas no sentirían miedo, ni tendrían sentimientos de indefensión, de vergüenza, ni se sentirían solas y desesperadas.

Existen muchos mitos y prejuicios sobre la violencia en general, violencia de género, y otros tantos sobre la violencia contra la pareja. En la Tabla 2.3. se pueden observan algunos de ellos8.

8

http://www.dor.org/psm/Images/MITOS%20COMUNES%20DE%20VIOLENCIA%20DOMESTICA.doc

http://fundacion-mavi.nireblog.com/post/2007/11/29/mitos-y-falsas-creencias-sobre-la-violencia-domestica-contra-lasmujeres http://www.terra.es/mujer/articulo/html/muj6133.htm http://tcwccsafe.org/tcwccsafe.org/s_mythfact.html

42


Una “construcción” alternativa del fenómeno de la violencia contra la pareja

Tabla 2.3.:

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Reflexión teórica

Estos son los mitos más comunes desde el paradigma del género, pero este paradigma genera en sí mismo otros prejuicios en referencia a la violencia contra la pareja (Cantera, 2004): La mujer es siempre “la víctima” El hombre es siempre “el agresor” La violencia va siempre en la dirección hombre

mujer

La violencia se da siempre en el arco de las parejas heterosexuales En las parejas homosexuales no se da la violencia contra la pareja Los hombres no son propiamente maltratados por las mujeres.

2.4.- FUNCIONAMIENTO DE LA VIOLENCIA CONTRA LA PAREJA

En cuanto al funcionamiento de la violencia hay que decir que, aunque tiene muchas variaciones en su procedimiento, sigue unos patrones más o menos estables. De todas formas no hay que olvidar que no siempre se cumplen y puede que en algunos casos no sean válidos.

2.4.1.- Instauración y/o escalada de la violencia La violencia contra la pareja no aparece de forma repentina es un proceso que va anidando de forma gradual e insidiosa. Se inicia casi siempre con la violencia psicológica para ir dando paso a los demás tipos de violencia si es necesario.

44


Una “construcción” alternativa del fenómeno de la violencia contra la pareja

Hay relaciones en las que la violencia es únicamente psicológica, aunque nunca se puede garantizar que no aparezca ningún otro tipo de violencia en algún momento; todo dependerá de cómo viva el agresor la situación. En otros casos, se va produciendo un avance paulatino, dependiendo de la “resistencia” que muestre la víctima a su agresor (Hirigoyen, 2006). Es complicado determinar el riesgo que corre la víctima. Siempre existe un riesgo, pero en las situaciones en que se da maltrato físico el riesgo es mayor. A la hora de valorar esta situación hay que tener en cuenta el concepto de “escalada de la violencia”; es decir, cuando los episodios de maltrato son cada vez más intensos y peligrosos: si la primera explosión de la violencia implicó una bofetada es posible que en el futuro la intensidad del golpe alcance niveles muy superiores, pudiendo incluso llevar a la muerte (Labrador, Rincón, de Luis y Fernández-Velasco, 2005). Figura 2.4.1.:

Extraída de Labrador, Rincón, de Luis y Fernández-Velasco, 2005

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45


Reflexión teórica

Como se puede observar en la figura 2.4.1., la escalada se inicia con la agresión verbal y psicológica (Tabla 2.4.1.). Este tipo de agresiones pueden ser incluso más dañinas y destructivas que la física. No es necesario que haya una agresión física o sexual para que la mujer viva en el terror y sufra graves secuelas psicológicas. La destrucción sistemática de su autoestima y poder, las amenazas y el control pueden llevarla a ver el suicidio como un descanso (Barea, 2006). De la tristeza pasa al miedo. Poco a poco, sin saber cómo, se va encontrando cada vez más angustiada, no duerme bien, está sobresaltada. Tabla 2.4.1.:

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Una “construcción” alternativa del fenómeno de la violencia contra la pareja

2.4.2.- Estructura cíclica de la violencia

Leonor Walker9 describió el ciclo de la violencia en 1979 en su libro “The battered woman”. Desde entonces numerosos autores han utilizado este ciclo para explicar cómo funciona y se mantiene la violencia.

Figura 2.4.2.:

En el comportamiento de los agresores se puede ver una tendencia cíclica que corresponde a tres fases: acumulación de tensiones, explosión o agresión y reconciliación o “luna de miel”. Fase de acumulación de tensiones: La tensión crece en el hombre por razones circunstanciales (problemas familiares, estrés en el trabajo o por el negativismo del propio pensamiento). Su conducta se va volviendo

9

Walker, L. (1979). The bettered woman. New York: Harper & Row Publishers.

Ana M. Aranda Rufas Psicóloga y Psicoterapéuta Col. A-1279

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Reflexión teórica

más agresiva a pesar de los esfuerzos de la víctima por satisfacerle y calmarle. Sigue aumentando progresivamente la tensión entre los miembros de la pareja. Se dan pequeños roces, aumenta la hostilidad, hay cambios repentinos en el estado de ánimo del maltratador que rápidamente empieza a agredir, ya sea sólo psicológicamente o con agresiones físicas “leves” como empujones o algún manotazo. Fase de explosión o agresión: La tensión latente previa da lugar a la descarga a través de la agresión física, sexual y/o psicológica grave. El hombre explota y castiga a su compañera. Ella acaba herida psicológica y/o físicamente y confusa. Él ha terminado mostrando su cólera como instrumento para conseguir poder y control. Ella sólo intentaba mostrarle cuánto lo quería y ahora está viviendo un dolor horrible; sin embargo, no muestra su enfado ni muestras represalias porque está paralizada. Todo el poder está en él, ella se siente impotente y débil. Fase de arrepentimiento o reconciliación (o de “luna de miel”): El maltratador muestra arrepentimiento por las agresiones cometidas y se compromete a no volver a ser violento. Parece un intento de negar u olvidar la gravedad de la situación vivida previamente. La víctima quiere creer que se trata de una “pérdida de control momentánea” por parte de su pareja y piensa que él, con la ayuda de ella, va a cambiar y nuca más se repetirá lo que han vivido. Se produce una manipulación afectiva, ya que este período puede que no sea tan bueno ya que él decide cuándo empieza y cuándo acaba. Él puede estar avergonzado o temer las consecuencias de sus actos ante una posible denuncia. Si la mujer lo ha

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Una “construcción” alternativa del fenómeno de la violencia contra la pareja

abandonado hará todo lo posible para que le acepte de nuevo y vuelva a la relación. Incluso puede comprometerse a acudir a terapia.

Inmersa en este círculo vicioso, la víctima va quedando, poco a poco, presa de esta situación. Cree al maltratador cuando éste pide perdón, cree incluso que ella pudo haber tenido parte de responsabilidad en la agresión, él así lo asegura. El agresor muestra su arrepentimiento y durante unos días cambia su comportamiento. Es fácil creerle, sobre todo si uno quiere hacerlo ya sea por los hijos, por la familia… Con el tiempo, las etapas del ciclo se suceden en espacios de tiempo más breves, llegando incluso a desaparecer la fase de arrepentimiento, quedando sólo las fases de acumulación de tensión y la de explosión, cronificándose así la situación de violencia. En todas las fases existe la negación. El hombre minimiza la agresión, culpa a la víctima de exagerar y de provocarle, racionaliza la situación. Se justifica a sí mismo explicándose los motivos por lo que “tuvo que hacerlo”. Es cierto que el ciclo de la violencia se da en numerosos casos de violencia contra la pareja, lo cierto es que también tiene sus limitaciones: El tiempo entre un episodio y el siguiente es irregular, puede variar días, semanas o meses. No todas las mujeres experimentan la violencia de esta forma, muchas nunca pasan por la fase de “luna de miel”. El modelo se centra en los incidentes violentos, pero no tiene en cuenta la conducta controladora que puede estar presente todo el tiempo.

Ana M. Aranda Rufas Psicóloga y Psicoterapéuta Col. A-1279

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Reflexión teórica

No considera otras formas de violencia contra la pareja como pueden ser la sexual y algunas formas de violencia psicológica (económica, social…) Encamina el tratamiento centrado en el manejo de la ira y el autocontrol, de forma que quedan encubiertas algunas actitudes sexistas y/o misógenas.

Esta teoría del ciclo cumple una función positiva de describir e informar sobre una determinada manera de vivir el proceso de violencia en la pareja. Pero generalizada como panacea descriptiva, distorsiona la percepción de otras formas de reaccionar ante el proceso de la violencia en la pareja e impide no tan sólo razonarlas sino incluso imaginarlas (Cantera, 2004).

2.5.- EL MALTRATADOR

En la violencia contra la pareja, el agresor es siempre alguien que mantiene o ha mantenido una relación afectiva de pareja con la víctima, este es el único elemento común de todo el grupo de hombres que maltrata a sus parejas, ya que no existe ningún estudio que pueda mostrar una tipología del hombre que maltrata. A pesar de ello, hay investigaciones que han destacado que el hecho de haber sido testigo o víctima de violencia por parte de los padres en la infancia o la adolescencia es un factor de riesgo importante. Las razones y motivaciones que utilizan los agresores son la necesidad de control o dominio de la mujer, sentimientos de poder frente a la mujer y la consideración de la independencia de la mujer como una pérdida de control del

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Una “construcción” alternativa del fenómeno de la violencia contra la pareja

hombre. Muchos hombres maltratan simplemente porque funciona como medio de obtener sus objetivos o como una salida segura para la frustración (provenga ésta del hogar o del exterior); por lo que el argumento emocional o situacional que escapa del agresor queda en entredicho. Establecer el control por medio de la violencia proporciona una gratificación, lo que puede reforzar la conducta. Ésta puede ser debida a: 1. Liberación de la rabia en respuesta a la percepción de un ataque a la posición de cabeza de familia o de déficit de poder. 2. Neutralización

temporal

de

los

intereses

sobre

dependencia

o

vulnerabilidad. 3. Mantenimiento de la dominación sobre la pareja o sobre la situación. 4. Alcanzar la posición social positiva que tal dominación permite. Ningún estudio ha conseguido establecer diferencias significativas en variables como la edad, nivel social, educación. Sí se ha hallado una mayor incidencia de conductas antisociales en estos hombres, pero no se ha podido determinar un patrón psicopatológico ni una característica clara en la personalidad de los agresores. La gran mayoría de los maltratadores son personas “normales”, pero existen una proporción mínima de casos en que el agresor puede sufrir algún tipo de trastorno o patología mental, es lo que se denomina “agresor patológico”. Las alteraciones que pueden suponer una agresividad más acentuada, y en la que se establecería una agresividad patológica, se encuentran en los siguientes grupos:

Ana M. Aranda Rufas Psicóloga y Psicoterapéuta Col. A-1279

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Reflexión teórica

Trastornos de personalidad: paranoide, antisocial, límite y pasivo-agresivo.

Enfermedades

mentales:

enfermedades

orgánicas

(traumatismos

craneoencefálicos, epilepsia, etc.) •

Psicosis funcionales: esquizofrenia, psicosis paranoide, psicosis maníacodepresiva10 Aquellos agresores que abusan del alcohol y de las sustancias tóxicas

suponen un grupo aparte de aquellos que se consideran patológicos. Este tipo de abusos aparece con una frecuencia muy alta. La mayoría de estas sustancias conducen a un estado de intoxicación en el que la heteroagresividad está aumentada, no sólo por la acción sobre la fisiología del organismo, sino también por los factores ambientales en los que se desenvuelven estos individuos. En general la agresividad viene condicionada por la desinhibición que producen estas sustancias, pero no podemos olvidar que no todas las personas que abusan de sustancias tóxicas son agresivas, ni todas las personas agresivas abusan de este tipo de sustancias. Es importante llegar a un diagnóstico del agresor adecuado desde el primer momento para iniciar las medidas oportunas y evitar nuevos episodios de agresión. Garrido (2001) habla de dos tipos de agresores, el psicópata y el dependiente. Según Garrido, el agresor psicópata es el más peligroso ya que es el más astuto y el que puede ser más peligroso. Alguna de sus

10

Hoy en día se conoce como trastorno bipolar y forma parte de los trastornos del estado de ánimo.

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Una “construcción” alternativa del fenómeno de la violencia contra la pareja

características más relevantes es que mienten de forma brillante y aparentan ser tipos encantadores. Son arrogantes y narcisistas, se sienten superiores, no tienen ninguna empatía. Tienen una incapacidad absoluta de sentir las emociones básicas humanas, como el sacrificio, la compasión, la piedad y el amor. Otros rasgos importantes son su crueldad y su ausencia de conciencia (no sienten ni remordimiento ni culpa). Este tipo de agresores, los psicópatas, tienen más probabilidades que cualquier otro de cometer otros actos antisociales (robos, estafas…) y de ser más violento con otras muchas personas. También tenderá a abusar del alcohol o las drogas en mayor medida, pero no tiene por qué ser un delincuente habitual. La mayoría son psicópatas integrados. El psicópata posesivo es el agresor más violento, el más insistente y el que más tiempo prolonga el sufrimiento. Si decide matar lo hará de una forma muy premeditada. El psicópata instrumental suele ser menos violento, aunque puede llegar a matar. Su deseo de control no se dirige a la posesión absoluta de su compañera, lo que pretende es que ésta le sirva, le haga la vida más fácil. Si encuentra una opción mejor la abandonará. Su fuerte es la agresión psicológica y la manipulación, sólo recurre a la violencia cuando “no tiene más remedio”. El agresor dependiente suele presentar: baja autoestima, profundo sentimiento de impotencia e incapacidad para hacer frente a la vida, dependencia emocional y desconfianza en su pareja que en ocasiones se acompaña de celos irracionales y un abuso frecuente de la bebida.

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Reflexión teórica

Su mayor rasgo característico es la dependencia emocional. Por una parte, niega que exista una necesidad tan intensa de vivir con su pareja. Por otra parte, reclamará su autoridad absoluta cuando perciba que ella intenta ganar su propio espacio personal. Su dependencia hace que cada vez tema más el abandono y la posibilidad de perder su poder, lo que le lleva a la violencia -utilizada en este caso como compensación a su incapacidad de vivir de una forma natural-. Suele ser celoso debido a su escaso éxito social y siente que los demás le pretenden avergonzar y humillar. Es frecuente que tengan miedo a la intimidad.

2.6.- LA VÍCTIMA

El hecho de ser víctima de la violencia contra la pareja conlleva múltiples lesiones, tanto a nivel físico como psicológico, pero tal y como nos recuerda Ana M. Pérez del Campo Noriega (1995), aunque acostumbramos a distinguir entre quebrantos físicos y dolencias psíquicas, en realidad, la integridad de cada persona no consiente tal dicotomía. Los aspectos físicos y psíquicos de una persona no están disociados, el hecho de que alguien soporte problemas de salud física o psíquica depende del área en la que la persona sufra mayor labilidad en la fragilidad de su organismo. De la misma manera nos recuerda que cuando una mujer es agredida físicamente o bien torturada mentalmente,

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Una “construcción” alternativa del fenómeno de la violencia contra la pareja

quien enferma es la persona cabal y adolezca toda ella, en su integridad, sea cual sea la agresión que haya sufrido. Por este motivo, desde una visión holística del problema, la clasificación de las secuelas en las víctimas en físicas o psíquicas deja de tener sentido, lo que cobra mayor relevancia es que las agresiones se han producido en una relación íntima, bajo un abuso de poder y legitimado por el sexismo de la masculinidad, o sea el machismo. Aún teniendo en cuenta lo anteriormente dicho, es de utilidad utilizar criterios taxonómicos, no para mesurar la violencia ejercida, sino para valorar los daños ocasionados en la víctima y así poderla ayudar de una forma más adecuada. Todas las víctimas sufren secuelas, pero no todas las sufren las mismas ni con la misma intensidad. Debemos tener en cuenta la resiliencia11 (o hardiness), como dice Michel Manciaux en su libro “La resiliencia: resistir y rehacerse” (2003):

"A pesar de traumas graves, incluso muy graves, o de desgracias más comunes, la resiliencia parece una realidad confirmada por muchísimas trayectorias existenciales e historias de vida exitosas. De hecho, por nuestros encuentros, contactos profesionales y lecturas, todos conocemos niños, adolescentes, familias y comunidades que "encajan" shocks, pruebas y rupturas, y las superan y siguen desenvolviéndose y viviendo -a menudo a un nivel superior- como si el trauma sufrido y asumido hubiera desarrollado en ellos, a veces revelado incluso, recursos latentes y aun insospechados". Fue a mediados del siglo pasado cuando las ciencias humanas empezaron a utilizar el término para referirse a las pautas que permiten a las 11

La resiliencia es la capacidad de una persona o grupo para seguir proyectándose en el futuro a pesar de

acontecimientos desestabilizadores, de condiciones de vida difíciles y de traumas a veces graves.

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Reflexión teórica

personas sobreponerse a las situaciones adversas y sacar provecho de ellas (Sánchez, 2003). No todas las mujeres que han sido víctimas de violencia contra la pareja necesitan terapia. Aunque en los estudios iniciales sobre las víctimas de violencia contra la pareja llegaron a la conclusión de que existían determinadas características que hacían que algunas mujeres tuvieran mayor probabilidad de ser maltratadas, las conclusiones eran erróneas, ya que partieron de la base de que la conducta es el reflejo de la interacción de la persona con una situación. Los estudios se basaron en mujeres que habían sido agredidas y que presentaban una serie de síntomas que fueron considerados como la causa de la violencia. Posteriormente se demostró que en estas investigaciones fallaba el análisis de la interacción entre las personas y la situación. Sí se encontró un “perfil de riesgo” en aquellas mujeres que tenían antecedentes de abuso sexual durante la infancia (y las consecuencias reflejadas como alteraciones de conducta) tenían un riesgo de ser maltratadas dos veces más elevado que el resto, pero sólo afectaba al 10% de las mujeres. Tampoco se han encontrado en las víctimas relaciones consistentes con los ingresos económicos, nivel de educación, ser o no ama de casa, pasividad, hostilidad, integración de la personalidad, autoestima, ingesta de alcohol o el uso de la violencia con los niños. El Síndrome de Maltrato a la Mujer (SIMAM) viene caracterizado por su estrecha relación con los condicionamientos socio-culturales, tanto en su origen como en su manifestación y consideración. No se puede comparar con otros

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Una “construcción” alternativa del fenómeno de la violencia contra la pareja

tipos de violencia familiar a pesar de tener algunos elementos en común. Una de las características que destaca de la violencia contra la pareja es que también se produce fuera del ámbito familiar, tanto durante la época de noviazgo como (y especialmente) una vez finalizada la relación familiar (separación o divorcio). Por tanto, se considera SIMAM al conjunto de lesiones físicas y psíquicas resultantes de las agresiones repetidas llevadas a cabo por el hombre sobre su mujer a la que estuviese o haya estado unido por análogas relaciones de afectividad (Lorente, 1998).

2.6.1.- Lesiones físicas

Las lesiones producidas en la violencia contra la pareja abarcan todo tipo de lesiones conocidas en la traumatología forense, desde simples contusiones y erosiones, hasta heridas por diversos tipos de armas. Pueden aparecer lesiones en cualquier parte del cuerpo y en cualquier estructura orgánica. El cuadro lesional más frecuente suele presentar excoriaciones, contusiones y heridas superficiales en la cabeza, cara, pechos y abdomen. Suelen ser típicas las lesiones de defensa e inexistentes las que indican extrema pasividad de la víctima. La mayor parte de las mismas o las más intensas, suelen localizarse en zonas no visibles a simple vista. El cuadro más habitual durante un reconocimiento suelen ser múltiples y diferentes tipos de lesiones con combinación de lesiones antiguas y recientes y

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Reflexión teórica

referencias vagas de molestias y dolores cuya naturaleza no se corresponde con lo referido por la mujer en el motivo de consulta. La repetición de los hechos y la unión a otras acciones dentro de un incidente, aumenta la capacidad lesiva, ya que conllevan un incremento del grado de violencia y hacen, además, que la víctima sea incapaz de protegerse de la siguiente agresión al encontrarse física y psicológicamente aturdida por la rapidez de los sucesos. Muchas víctimas no acuden al médico, incluso con lesiones importantes, debido a la vergüenza o a las amenazas de su agresor si busca cualquier tipo de ayuda o a que el médico remita al juzgado su parte de lesiones y este último tome medidas contra su familia. Aquellas que deciden acudir al médico por causa de sus lesiones, cada vez que vuelven lo hacen con lesiones más graves.

2.6.2.- Alteraciones psicológicas Desde el punto de vista psicológico, las lesiones (o alteraciones) pueden ser agudas -tras la agresión- o a largo plazo -como consecuencia del mantenimiento del maltrato-.

Alteraciones psicológicas agudas Durante la agresión, incluso tras ésta, la victima puede ofrecer muy poca o ninguna resistencia para tratar de minimizar las consecuencias o para evitar que se vuelva a producir. La primera reacción suele ser de autoprotección e

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Una “construcción” alternativa del fenómeno de la violencia contra la pareja

intentar sobrevivir al suceso. En la mayoría de los casos aparecen reacciones de shock, negación, confusión abatimiento, aturdimiento y temor. Estas mujeres viven sabiendo que en cualquier momento se puede producir una nueva agresión, por lo que pueden desarrollar una ansiedad extrema que puede llegar al pánico. La mayoría se sienten incompetentes, no válidas, culpables, avergonzadas y temen perder el control. En la mayoría de los casos se acaba diagnosticando una depresión. La sintomatología va sufriendo modificaciones y como tras varios incidentes el componente de shock desciende de forma significativa, desarrollan a menudo habilidades de supervivientes más que de huída o de escape. Se centran en estrategias para mediar o para hacer desaparecer la situación de violencia. Existen dos condicionantes importantes en este tipo de lesiones: La repetición de los hechos, que da lugar a un mayor daño psíquico por los efectos acumulados y por la ansiedad sostenida entre cada ataque. La situación del agresor respecto a la víctima. El agresor es alguien a quien ella quiere, en quien debe creer y de quien, en cierto modo, depende. Todo lo anteriormente expuesto, repercute en la percepción y el análisis que la mujer hace para encontrar alternativas, de forma que analiza las posibilidades de una manera muy limitada y le resulta muy difícil tomar una decisión.

Alteraciones psicológicas a largo plazo Las alteraciones a largo plazo incluyen temor, ansiedad, fatiga, alteraciones del sueño y del apetito, pesadillas, reacciones intensas de susto y Ana M. Aranda Rufas Psicóloga y Psicoterapéuta Col. A-1279

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Reflexión teórica

quejas físicas (molestias y dolores inespecíficos). Se pueden tornar dependientes y sugestionables, por lo que la toma de decisiones o la planificación a largo plazo se les hace muy difícil. En un intento de evitar el abatimiento psíquico pueden adoptar expectativas irreales en relación a conseguir una adecuada recuperación, convenciéndose de que se puede reconstruir la relación de pareja y que todo volverá a ser “perfecto” como antes. Las mujeres agredidas por sus parejas aprender a sopesar todas las alternativas frente a la percepción de la conducta violenta de su agresor. En estos casos la percepción de vulnerabilidad, de estar perdida o de traición puede aparecer de forma muy marcada (Walker, 1979). Se puede destacar en las víctimas de este tipo de violencia los sentimientos de baja autoestima, depresión, reacciones de estrés intensas y sensación de desamparo e impotencia. Suelen referir incapacidad para controlar el comportamiento violento de su agresor, sin embargo, suelen presentar un elevado control interno, posiblemente porque están muy pendientes de manejar sus propias respuestas al trauma a la vez que tienen que seguir ocupándose de la familia y otras responsabilidades. Romero12 (1985) comparó las reacciones de las mujeres maltratadas con las de los prisioneros de guerra, encontrando similitudes: 1.- El abuso psicológico que se produce en un contexto de amenazas de violencia física conduce al temor y a la debilitación de las víctimas.

12

Romero, M. (1985). A comparasen between strategies use don prissioners of war and battered wives. Sex Roles, 13,

537-547.

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Una “construcción” alternativa del fenómeno de la violencia contra la pareja

2.- El aislamiento de las víctimas de sus fuentes de apoyo (amigos, familia…) y de actividades fuera del hogar conllevan una dependencia al agresor y la aceptación o validación de las acciones y puntos de vista del mismo. 3.- Existe un refuerzo positivo de forma intermitente ocasionado por el temor y la pérdida personal que refuerza la dependencia emocional de la víctima hacia el agresor.. Cuando acuden a la consulta de los especialistas en salud mental, la mayoría de las veces reciben un diagnóstico de depresión o de trastorno por estrés postraumático. Según el DSM_IV, los criterios diagnósticos son los siguientes:

Criterios para el diagnóstico de Trastorno depresivo mayor, A. Presencia de cinco (o más de los siguientes síntomas durante un período de dos semanas, que representan un cambio respecto a la actividad previa: uno de los síntomas debe ser (1) estado de ánimo depresivo o (2) pérdida de interés o de la capacidad para el placer. Nota. No incluir los síntomas que son claramente debidos a enfermedad médica o las ideas delirantes o alucinaciones no congruentes con el estado de ánimo.

(1)

estado de ánimo depresivo la mayor parte del día, casi cada día según lo indica el propio sujeto (p. ej., se siente triste o vacío) o la observación realizada por otros (p. ej., llanto). Nota: en los niños y adolescentes el estado de ánimo puede ser irritable

(2)

disminución acusada del interés o de la capacidad para el placer en todas o casi todas las actividades, la mayor parte del día, casi cada día (según refiere el propio sujeto u observan los demás)

(3)

pérdida importante de peso sin hacer régimen o aumento de peso (p. ej., un cambio de más del 5% del peso corporal en 1 mes), o pérdida o aumento del apetito casi cada día. Nota: En niños hay que valorar el fracaso en lograr los aumentos de peso esperables

(4)

insomnio o hipersomnia casi cada día

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Reflexión teórica

(5)

agitación o enlentecimiento psicomotores casi cada día (observable por los demás, no meras sensaciones de inquietud o de estar enlentecido)

(6)

fatiga o pérdida de energía casi cada día

(7)

sentimientos de inutilidad o de culpa excesivos o inapropiados (que pueden ser delirantes) casi cada día (no los simples autorreproches o culpabilidad por el hecho de estar enfermo)

(8)

disminución de la capacidad para pensar o concentrarse, o indecisión, casi cada día (ya sea una atribución subjetiva o una observación ajena)

(9)

pensamientos recurrentes de muerte (no sólo temor a la muerte), ideación suicida recurrente sin un plan específico o una tentativa de suicidio o un plan específico para suicidarse

B.

Los síntomas no cumplen los criterios para un episodio mixto.

C.

Los síntomas provocan malestar clínicamente significativo o deterioro social, laboral o de otras áreas importantes de la actividad del individuo.

D.

Lo síntomas no son debidos a los efectos fisiológicos directos de una sustancia (p. ej., una droga, un medicamento) o una enfermedad médica (p. ej., hipotiroidismo).

E.

Los síntomas no se explican mejor por la presencia de un duelo (p. ej., después de la pérdida de un ser querido), los síntomas persisten durante más de dos meses o se caracterizan por una acusada incapacidad funcional, preocupaciones mórbidas de inutilidad, ideación suicida, síntomas psicóticos o enlentecimiento psicomotor.

Criterios para el diagnóstico de Trastorno por estrés postraumático A. La persona ha esto expuesta a un acontecimiento traumático en el que ha existido (1) y (2):

B.

(1)

la persona ha experimentado, presenciado o le han explicado uno (o más) acontecimientos caracterizados por muertes o amenazas para su integridad física o la de los demás

(2)

la persona ha respondido con un temor, una desesperanza o un horror intensos. Nota: En los niños estas respuestas pueden expresarse en comportamientos desestructurados o agitados

El acontecimiento traumático es reexperimentado persistentemente a través de una (o más) de las siguientes formas: (1)

recuerdos del acontecimiento recurrentes e intrusos que provocan malestar y en los que se incluyen imágenes, pensamientos o

62


Una “construcción” alternativa del fenómeno de la violencia contra la pareja

percepciones. Nota: En los niños pequeños esto puede expresarse en juegos repetitivos donde aparecen temas o aspectos característicos del trauma

C.

D.

(2)

sueños de carácter recurrente sobre el acontecimiento, que producen malestar. Nota: En los niños puede haber sueños terroríficos de contenido irreconocible

(3)

el individuo actúa o tiene la sensación de que el acontecimiento traumático está ocurriendo (se incluye la sensación de estar reviviendo la experiencia, ilusiones, alucinaciones y episodios disociativos de flashback, incluso los que aparecen al despertarse o al intoxicarse). Nota: Los niños pequeños pueden reescenificar el acontecimiento traumático específico

(4)

malestar psicológico intenso al exponerse a estímulos internos o externos que simbolizan o recuerdan un aspecto del acontecimiento traumático

(5)

respuestas fisiológicas al exponerse a estímulos internos o externos que simbolizan o recuerdan un aspecto del acontecimiento traumático

Evitación persistente de estímulos asociados al trauma y embotamiento de la reactividad general del individuo (ausente antes del trauma), tal y como indican tres (o más) de los siguientes síntomas: (1)

esfuerzos para evitar pensamientos, sentimientos o conversaciones sobre el suceso traumático

(2)

esfuerzos para evitar actividades, lugares o personas que motivan recuerdos del trauma

(3)

incapacidad para recordar un aspecto importante del trauma

(4)

reducción acusada del interés o la participación en actividades significativas

(5)

sensación de desapego o enajenación frente a los demás

(6)

restricción de la vida afectiva (p. ej., incapacidad para tener sentimientos de amor)

(7)

sensación de un futuro limitado (p. ej., no espera obtener un empleo, casarse, formar una familia o, en definitiva, tener la esperanza de una vida normal)

Síntomas persistentes de aumento de la activación (arousal) (ausente antes del trauma), tal y como indican dos (o más) de los siguientes síntomas: (1)

dificultades para conciliar o mantener el sueño

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Reflexión teórica

(2)

irritabilidad o ataques de ira

(3)

dificultades para concentrarse

(4)

hipervigilancia

(5)

respuestas exageradas de sobresalto

E.

Estas alteraciones (síntomas de los Criterios B, C y D) se prolongan más de 1 mes.

F.

Estas alteraciones provocan malestar clínico significativo o deterioro social, laboral o de otras áreas importantes de la actividad del individuo.

2.7.- TEORÍAS EXPLICATIVAS SOBRE EL FENÓMENO DE LA VIOLENCIA CONTRA LA PAREJA

Existen numerosos modelos explicativos de la VCP, pero hasta hoy, ninguno de ellos da una respuesta totalmente satisfactoria al problema. Algunos de ellos son excesivamente simplistas para explicar el conjunto, pero por sí mismos explican alguna parcela del problema:

MODELO DEL APRENDIZAJE SOCIAL

MODELO DE LOS RECURSOS

MODELO DEL INTERCAMBIO

MODELO DEL ESTRÉS

TEORÍA DE LA INDEFENSIÓN APRENDIDA

TEORÍA DEL CICLO DE LA VIOLENCIA

TEORÍA DE LA UNIÓN TRAUMÁTICA

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Una “construcción” alternativa del fenómeno de la violencia contra la pareja

TEORÍA DE LA TRAMPA PSICOLÓGICA

TEORÍA DEL ANÁLISIS DE COSTES Y BENEFICIOS

Otros modelos intentan dar una visión más holística y teniendo en cuenta las diversas variables que están presentes en éste complejo fenómeno.

2.7.1.- La teoría feminista

En la actualidad es el discurso dominante, es en el que está inspirada la actual legislación contra la violencia. Según la teoría feminista, las causas del maltrato del hombre a su pareja radican en la desigualdad, subordinación o discriminación de la mujer. La violencia contra la mujer en las relaciones de pareja se da “por el hecho de ser mujer”. Esta desigualdad entre hombres y mujeres está generada por el mismo sistema de patriarcado en el que está inmersa nuestra cultura. Es en este patriarcado en el que se desarrollan las posturas machistas que consideran a la mujer como un objeto, una posesión que no tiene los mismos derechos que el hombre. El hombre se sitúa “por encima” de la mujer, él tiene derechos sobre ella. El hecho de que una mujer se revele contra esta “normalidad” justifica el uso de cualquier tipo de violencia.

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Reflexión teórica

2.7.2.- Modelo interactivo de la violencia doméstica

Stith y Rosen (1992) desarrollaron este modelo, según el cual se consideran diferentes factores: •

de vulnerabilidad de la familia y del individuo

de estrés situacional

recursos individuales, familiares y sociales para hacer frente a las vulnerabilidades y al estrés

contexto sociocultural

Plantea que los valores socioculturales relacionados con la violencia y con los roles sexuales, inciden sobre las vulnerabilidades, factores de estrés y recursos disponibles. Una vez que la violencia ha sido empleada para satisfacer necesidades, existe una tendencia a repetir su uso. Las variables que se tienen en cuenta son las siguientes:

CONTEXTO

SOCIOCULTURAL:

conjunto

de

valores

y

normas

compartidas por las familias de una misma comunidad y cultura. Aceptación de la violencia: la violencia es vista como una manera adecuada de castigar o resolver conflictos. Estatus subordinado de la mujer: valores de una cultura respecto a los roles de género.

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Una “construcción” alternativa del fenómeno de la violencia contra la pareja

FACTORES DE VULNERABILIDAD: Experiencias de socialización Características individuales Ser violento Sentir que no se tiene poder Actuar de manera posesiva y/o celosa Baja autoestima Carecer de mecanismos de afrontamiento Dependencia a alguna sustancia Características de la familia nuclear

FACTORES DE ESTRÉS: Estrés de tipo madurativo: cambios formativos en el ciclo de vida a los que se enfrentan las familias a lo largo del tiempo. Estrés impredecible Acontecimientos desencadenantes: Excusa que puede dar el agresor.

RECURSOS: Personales: 4 componentes básicos Bienestar económico Nivel educativo Estado de salud Recursos psicológicos o características de personalidad

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Reflexión teórica

Sistema familiar: La cohesión familiar, la adaptabilidad, la comunicación clara y abierta y el equilibrio de poder entre la pareja; son recursos que permiten manejar el estrés. Red social: importante para hacer frente a las dificultades.

Figura 2.7.2.:

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Una “construcción” alternativa del fenómeno de la violencia contra la pareja

2.7.3.- Modelo de los factores psicológicos de la violencia en el hogar

Este modelo fue desarrollado por Echeburúa y Fernández-Montalvo (1998). Intervienen los siguientes componentes: Actitudes de hostilidad Estado emocional de ira Repertorio pobre de conductas y trastornos de personalidad Factores precipitantes Percepción de vulnerabilidad de la víctima Reforzamiento de las conductas violentas previas

Puede dar lugar a dos tipos de conducta violenta: Violencia expresiva Violencia instrumental

Sus elementos son los siguientes: ACTITUD DE HOSTILIDAD La hostilidad se deriva de actitudes y sentimientos negativos desarrollados por una evaluación negativa de las conductas de la pareja, que generan el impulso a hacer daño. Puede ser el resultado de: Estereotipos sexuales machistas Percepción de indefensión de la víctima

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Reflexión teórica

Celos patológicos Creencia de que la violencia es una estrategia legítima para resolver conflictos

ESTADO EMOCIONAL DE IRA Facilitada por la actitud de hostilidad Facilitada

por

pensamientos

activadores

relacionados

con

recuerdos de situaciones negativas vividas en el pasado con la pareja Facilitada por estímulos ajenos a la pareja que provocan malestar Problemas laborales Problemas económicos Etc

REPERTORIO POBRE DE CONDUCTAS Y TRASTORNOS DE PERSONALIDAD Déficit de habilidades de comunicación y de solución de problemas que impiden la canalización de los conflictos de una forma adecuada Se agrava si, además, existen alteraciones de la personalidad Suspicacia Celos Baja autoestima Falta de empatía

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Una “construcción” alternativa del fenómeno de la violencia contra la pareja

Etc...

FACTORES PRECIPITANTES Consumo de alcohol o drogas

PERCEPCIÓN DE VULNERABILIDAD DE LA VÍCTIMA Se descarga la ira en quien se percibe como: Más vulnerable Sin capacidad de respuesta enérgica En un entorno que sea fácil ocultar lo ocurrido

REFORZAMIENTO DE LAS CONDUCTAS VIOLENTAS PREVIAS Cuando las conductas anteriores han servido para obtener determinados objetivos (sumisión, etc...)

El reforzamiento de las conductas violentas, junto con la dependencia emocional y económica, la presión social, temor a la soledad, etc..., explican el mantenimiento de la violencia.

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71


Reflexi贸n te贸rica

Figura 2.7.3.[1]:

Figura 2.7.3.[2]:

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Una “construcción” alternativa del fenómeno de la violencia contra la pareja

2.7.4.-

La

persuasión

coercitiva

como

modelo

explicativo

del

mantenimiento de las mujeres en una situación de violencia de género

Escudero Nafs (2005) y colaboradores publicaron un estudio en el que, tras estudiar las experiencias y los sistemas de creencias de mujeres víctimas de una situación de maltrato llegaron a las siguientes conclusiones: El mantenimiento o prolongación de la mujer en una mujer relación de violencia de género puede ser comprendida entendimiento esta violencia como una forma de persuasión coercitiva. Las distintas formas de violencia buscan el control constante de la víctima por parte del maltratador, cuya relación, bajo sus términos, él necesita. El aislamiento junto al control en el tiempo del ejercicio de los actos violentos modulan el proceso. Al igual que en los movimientos sectarios organizados que practican la coerción se añade alguna estrategia específica para conseguir su fin (como generar un sentimiento de felicidad por la pertenencia y reconocimiento por el resto del grupo y especialmente del líder), la violencia de género tiene también técnicas particulares adaptativas para mantener su fin (éste es el caso de la técnica de arrepentimiento del ciclo de la violencia). La violencia de género utiliza la persuasión coercitiva como único medio posible para conseguir que la víctima permanezca en la relación, pero la violencia de género es en sí un fenómeno aún mucho más complejo.

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Reflexión teórica

El modelo de la persuasión coercitiva permite integrar estrategias que actúan a distintos niveles (cognitivo, emocional y social) sobre las víctimas. Uno de los hallazgos que consideran más importante (y que ha sido escasamente desarrollado en otros modelos), es el papel que juegan las emociones como elementos que favorecen el mantenimiento del maltrato.

Figura 2.7.4.:

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Una “construcción” alternativa del fenómeno de la violencia contra la pareja

3.- UNA “CONSTRUCCIÓN” ALTERNATIVA DEL FENÓMENO DE LA VIOLENCIA CONTRA LA PAREJA

Generalmente, la visión que tenemos y con la que trabajamos la violencia contra la pareja parte de una visión enraizada en las escuelas tradicionales de la psicología, como son el psicoanálisis y la tradición cognitivoconductual. En los últimos años, se han empezado a introducir ideas y conceptos que enlazan con otras visiones y que parecen llevarnos a posturas más integradoras. En la base de los enfoques constructivistas, construccionistas y narrativos se encuentra la idea de que los sistemas humanos (individuos, parejas, familias, grupos…) se orientan proactivamente hacia la búsqueda del significado de su experiencia del mundo y de su lugar en él como forma de coordinación de su acción conjunta (Botella, 2006).

3.1.- EL CONSTRUCTIVISMO

La epistemología constructivista se basa en la afirmación de que los seres humanos crean activamente las realidades a las que responden (Neimeyer, 1996). Según las definiciones realizadas por diferentes autores (Botella, 1995; Feixas y Villegas, 1993; Mahoney, 1988a) se puede extraer una comunalidad general: el constructivismo parte de la premisa epistemológica fundamental de que tanto los individuos como los grupos de individuos

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Reflexión teórica

construyen proactivamente modelos de atribución de significado al mundo y a sí mismos, modelos que varían ampliamente de uno a otro y que evolucionan en función de la experiencia (Botella y Feixas, 1998). Estos modelos de atribución de significado no son únicamente “filtros” de la experiencia continua, también son creadores activos de nuevas experiencias que determinan lo que el individuo percibirá como “realidad” (Mahoney y Liddon, 1988). La alternativa epistemológica al constructivismo se ha denominado objetivismo (Feixas y Villegas, 1993) y se basa en premisas opuestas al mismo. En la Tabla 3.1. se presentan las diferencias fundamentales entre ambas epistemologías en cuatro ámbitos distintos aunque relacionados: visión del mundo, concepción del conocimiento, naturaleza de la justificación y visión del ser humano (Botella y Feixas, 1998). Tabla 3.1.:

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Una “construcción” alternativa del fenómeno de la violencia contra la pareja

Visión del mundo: El objetivismo se alinea con la cosmovisión mecanicista13 (Pepper, 1942), cuya metáfora raíz es la máquina. El mundo funciona como una gran máquina compleja, por lo que se aceptan las nociones de causalidad lineal, independencia y unidireccionalidad de las variables, análisis lógico y visión de la realidad como una colección de sistemas cerrados. Los eventos de la naturaleza se conciben como producto de la transmisión de fuerzas, lo que aplicado al ser humano da lugar a la necesidad de explicar por qué actúa, ya que se le considera esencialmente inerte. El pensamiento mecanicista busca explicaciones causales lineales para cualquier fenómeno, pues los considera producto de causas específicas o cadenas de ellas. El constructivismo adopta una cosmovisión contextualista u organicista. El contextualismo se basa en la metáfora raíz del conocimiento histórico. El organicismo ve el mundo como un gran organismo viviente. Para comprender cualquier fenómeno hay que considerar el proceso completo de su evolución. La comprensión del mundo se adquiere dialécticamente, es decir, mediante la resolución de contradicciones aparentes. Mediante este proceso las propias construcciones de la realidad evolucionan con el tiempo hacia niveles crecientes de diferenciación e integración. Concepción del conocimiento: El objetivismo se basa en el “fragmentalismo acumulativo”, el cual asume que las evidencias procedentes de diferentes orígenes se acumulan y combinan linealmente contribuyendo al crecimiento general del sistema de representación conceptual, lo que

13

Pepper, S. (1942). World hypotheses. Berkeley: University of California Press.

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Reflexión teórica

implica aceptar que el conocimiento proviene del descubrimiento objetivo y neutral de regularidades mediante la observación e inducción de leyes y principios. El constructivismo se basa en la noción de “alternativismo constructivo”, que concibe la evolución del conocimiento como un proceso de construcción y reconstrucción continua en el que las evidencias no se suman linealmente sino que pueden alterar todo el marco de referencia conceptual y conducir a un sistema de significado parcial o totalmente distinto. Naturaleza de la justificación: El objetivismo se basa en el valor de verdad de las proposiciones. Una proposición se acepta como cierta cuando se corresponde inequívocamente con la realidad. El conocimiento verdadero es universal y se corresponde linealmente con la realidad y la meta del conocimiento científico es revelar esta realidad. Cuando la realidad se desconoce o no es alcanzable, el discurso científico es vano y metafísico. Para el constructivismo, el valor de uso de las teorías personales puede incrementarse mediante una serie infinita de aproximaciones a la realidad. Lo que significa que cualquier interpretación del universo puede ser evaluada científicamente de forma gradual si persistimos y aprendemos de nuestros errores. El problema no radica en si las hipótesis son ciertas o falsas, sino en la cuestión pragmática de cual de ellas puede ser el eje de referencia más útil para trazar cursos de acción alternativa en términos de sus consecuencias anticipadas y para atribuir un significado al feedback procedente de la experiencia futura.

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Una “construcción” alternativa del fenómeno de la violencia contra la pareja

La visión del ser humano: La cosmovisión mecanicista del objetivismo se traduce en una concepción reactiva y pasiva del ser humano. El objetivismo asume que las circunstancias determinan la conducta y que la persona puede concebirse, idealmente, al margen de su entorno social. El constructivismo parte de una visión del ser humano como agente proactivo y propositivo, que se adapta a su entorno a la vez que lo modifica, e integrado en sistemas más amplios de relaciones sociales. La meta de la explicación constructivista no es reducir la conducta humana a cadenas causa-efecto, sino en entenderla como forma de experimentación por derecho propio. El interés recae en la comprensión de las personas y los sistemas sociales en sus propios términos, pues es en ese contexto en el que los procesos psicológicos de anticipación adquieren pleno significado. El pensamiento constructivista contemporáneo tiene su base en la tradición filosófica y psicológica que presta atención al papel activo de la mente humana a la hora de crear y organizar significado14. Estos orígenes filosóficos incluyen la nueva ciencia y el concepto de “universales imaginativos” de Vico15, el análisis de los límites del conocimiento derivado de Kant16 y la filosofía neokantiana del “como si” de Vaihinger17. Las primeras aportaciones al pensamiento constructivista en psicología incluyen la epistemología genética de Piaget18, el análisis constructivista de la memoria humana de Barlett19, el 14

Inventar, en sentido literal, más que descubrir la realidad.

15

Vico, G. (1725/1948). The new science. Ithaca, NY: Cornell University Press.

16

Kant, I. (1791/1969). Critique of pure reason. New York: St. Martin’s Press

17

Vaihinger, H. (1911/1924). The philosophy of «as if». New York: Routledge & Kegan Paul.

18

Piaget, J. (1926). The language and thought of the child. Londres: Kegan, Paul, French & Trubner.

19

Barlett, F. C. (1932). Remembering. Cambridge: Cambridge University Press.

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Reflexión teórica

tratado sobre la naturaleza constructiva del sistema nervioso humano de Hayek20, la psicología de los constructos personales de Kelly21 y la metateoría motriz de la mente de Weimer22 (Lyddon, 1998). El constructivismo es, esencialmente, una familia de teorías y terapias que enfatizan al menos tres principios interrelacionados de la experiencia humana: a) que los humanos son participantes proactivos (y no reactivos y pasivos) en su propia existencia, es decir, en toda percepción, memoria y conocimiento; b) que la vasta mayoría de los procesos de ordenamiento que organizan las vidas humanas operan a un nivel de conciencia tácito (inconsciente o subconsciente); y c) que la experiencia humana y el desarrollo psicológico personal reflejan la operación continua de autoorganización individualizada que tiende a favorecer el mantenimiento (por encima de la modificación) de los patrones experienciales. Aunque sólo individualmente, estos procesos organizadores reflejan e influyen siempre en los sistemas sociales (Mahoney, 1998). Según Mahoney (1988a, 1991) el rasgo más comúnmente asociado al constructivismo es la naturaleza proactiva de los procesos de construcción de significado. En palabras del propio Mahoney «el organismo es un participante en sus propias experiencias y en su aprendizaje» (1991, p. 100), citado por Botella y Feixas (1998). El constructivismo no considera la función anticipatoria o proactiva como un acto puramente “intelectual”, se implica todo el organismo, tanto en sus aspectos emocionales como en los cognitivos y conductuales. 20

Hayek, F. A. (1952). The sensory order. Chicago: University of Chicago Press.

21

Kelly, G.A. (1955/1991) The psychology of personal constructs (Vol. 1-2). London: Routledge.

22

Weimer, W. B. (1977). A conceptual framework for cognitive psychology: Motor theories of the mind. En R Shaw & J.

Bransford, Perceiving acting and knowing, (p. 267-311). Hillsdale, NJ: Erlbaum.

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Una “construcción” alternativa del fenómeno de la violencia contra la pareja

Mahoney (1988a) afirma que los sistemas humanos se organizan morfogenéticamente alrededor de una serie de procesos supraordenados nucleares (estructura nuclear morfogenética) que dictan y constriñen a los que se

manifiestan

en

niveles

subordinados

(organización

jerárquica

del

significado). Como tercer rasgo definitorio a las teorías constructivistas, Mahoney (1988a) expone la premisa de que los sistemas humanos «se organizan para proteger y perpetuar su integridad, y se desarrolla vía diferenciaciones estructurales seleccionadas a partir de sus variaciones ensayo-error» (p. 9), es decir, tienen un sistema autoorganizado y ubicuidad al cambio. Después de mitad del siglo XX se empezaron a elaborar las expresiones de las perspectivas constructivistas; se inició una nueva ola de escritos sobre la construcción social de la vida diaria y sobre los procesos sociales en la ciencia; mientras se establecieron los principios de la epistemología evolutiva, el estudio del desarrollo de los sistemas de conocimiento (Mahoney, 1998). El constructivismo intenta dar respuesta a la relación entre conocimiento y realidad, alejándose tanto de la postura idealista como de la realista. En consecuencia, se enmarca en el ámbito filosófico de la epistemología23 (Botella y Feixas, 1998). La premisa del idealismo es la de que no existe una realidad externa, por tanto, el conocimiento es siempre una invención del sujeto y la relación conocimiento/realidad es de simple coincidencia (Chiari y Nuzzo, 1993). La respuesta realista afirma la existencia de una realidad externa, cognoscible e

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Definida como el estudio del conocimiento humano y del proceso de conocer.

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Reflexión teórica

independiente del observador, el conocimiento es un reflejo de la realidad y la relación entre ambos es de correspondencia. El constructivismo, como postura alternativa a las dos anteriores, parte de la premisa de que, exista o no una realidad externa al observador, el significado de ésta es sólo accesible mediante la construcción de dimensiones de interpretación; el conocimiento se concibe como construcción, y la relación entre éste y la realidad es de adaptación entendida como viabilidad (Botella y Feixas, 1998).

3.2.- LA PSICOLOGÍA DE LOS CONSTRUCTOS PERSONALES (PCP)

George Kelly (1955/1991) presenta su teoría de los constructos personales con un postulado fundamental seguido de once corolarios que desarrollan diferentes aspectos del mismo. Feixas y Villegas (1993) y Botella y Feixas (1998), hacen una síntesis de la PCP en la que presentan todos los aspectos fundamentales de la teoría de Kelly.

3.2.1.- Postulado y Corolarios de la PCP

Postulado fundamental Los procesos de una persona se canalizan psicológicamente por las formas en que anticipa los acontecimientos. (Kelly, 1955/1991, p.32).

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Una “construcción” alternativa del fenómeno de la violencia contra la pareja

El postulado se acepta como válido por definición y no puede refutarse más que desde otro sistema teórico diferente. Es consecuente con el alternativismo constructivo y su uso del lenguaje en modo invitacional, no se afirma su valor de verdad, se propone como suposición a mantener en la medida en que exploremos sus implicaciones. Kelly asume que el ser humano es en sí mismo una forma de movimiento, comprensible sólo desde una dimensión temporal. Para la PCP la actividad forma parte de la propia existencia de la persona.

Corolarios 1/ Corolario de construcción: La persona anticipa los acontecimientos construyendo sus réplicas. (Kelly, 1955/1991, p. 35). La anticipación de los acontecimientos se produce por la superposición de dimensiones de interpretación al flujo de la experiencia. Esas dimensiones corresponden a los constructos personales y son de naturaleza abstracta, se originan en la capacidad de la persona para advertir similitudes y diferencias en los acontecimientos. Una dimensión sirve simultáneamente para diferenciar e integrar la experiencia, ya que aísla un hecho concreto de otros y, a la vez, lo equipara a un tercer grupo. El acto de la construcción consiste en el establecimiento de una discriminación, y una discriminación no es siempre verbal. Por tanto, el proceso de construcción puede ir acompañado, o no, de la adjudicación de una etiqueta verbal a las dimensiones de significado.

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Reflexión teórica

La

construcción

de

dimensiones

de

discriminación

implica

la

determinación de los límites temporales de la experiencia, la división del flujo de la experiencia en fragmentos manejables. La persona construye réplicas de los acontecimientos a base de dividirlos y trascender sus aspectos obvios para llegar a una abstracción.

2/ Corolario de Individualidad: Las personas difieren entre sí respecto a su construcción de los acontecimientos. (Kelly, 1955/1991, p. 38). Es imposible que dos personas se encuentren ante la misma situación, ya que cada una de ellas tiene un referente diferente al de la otra persona, la persona en sí misma. La red de dimensiones de significado de cada persona se ha ido configurando con experiencias previas, por tanto, cada persona utilizará vías de movimiento presuntamente diferentes que le llevarán en direcciones diferentes.

3/ Corolario de Organización: Cada persona desarrolla característicamente, para su conveniencia en la anticipación de los acontecimientos, un sistema de construcción que implica relaciones ordinales entre constructos. (Kelly, 1955/1991, p. 39). La idea central de este corolario es que los constructos no tienen valor por sí mismos sino que se insertan en una red semántica amplia (de significado) y generalmente compleja, cuya característica más definitoria es que es jerárquica.

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Una “construcción” alternativa del fenómeno de la violencia contra la pareja

Figura 3.2.1.[1]:

4/ Corolario de Dicotomía: El sistema de construcción de una persona se compone de un número finito de constructos dicotómicos. (Kelly, 1955/1991, p. 41). Si aceptamos que las personas anticipan los acontecimientos advirtiendo los aspectos replicativos de estos, este mismo aspecto los diferencia de un tercero. De esta manera se crea un constructo, por ej.: «liso vs. rugoso». Para Kelly, un constructo es un eje de referencia, no una categoría. Al concebirse como un eje, los elementos proyectados sobre él pueden asumir valores intermedios entre ambos polos del constructo. Por tanto, los constructos son dicotómicos pero los procesos psicológicos humanos no responden a una construcción polarizada.

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Reflexión teórica

Al ser los constructos un eje de referencia, esto determina por una parte su bidimensionalidad y por otra su relevancia. Cada dimensión de significado concreta es aplicable a una serie de elementos, pero no a otros. De la misma forma, una serie de elementos pueden ser aplicables a un polo del constructo, pero no al otro. La aplicabilidad nos dará la relevancia del constructo para determinados elementos. Toda afirmación es también una negación implícita, por tanto, no es posible determinar su ámbito de relevancia hasta no conocer su polo opuesto.

Figura 3.2.1.[2]:

5/ Corolario de Elección: La persona escoge para sí misma aquella alternativa de un constructo dicotómico mediante la que anticipa una mayor posibilidad de extensión y definición de un sistema. (Kelly, 1955/1991, p. 48). Las réplicas de los constructos se abstraen mediante la construcción de dimensiones dicotómicas, la persona tendrá que elegir entre uno u otro de sus polos. Para la elección del polo, el sujeto adjudicará un valor de

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Una “construcción” alternativa del fenómeno de la violencia contra la pareja

deseabilidad o indeseabilidad a cada polo del constructo en cuestión. Si equiparamos la motivación esencial de la persona a la anticipación de los acontecimientos, la elección será la del polo que mejor satisfaga esta necesidad de predicción.

6/ Corolario de Ámbito: Un constructo sólo es conveniente para la anticipación de un ámbito finito de acontecimientos. (Kelly, 1955/1991, p. 48). Un constructo permite anticipar únicamente un número finito de acontecimientos, dado que la dimensión de abstracción que lo constituye sólo se aplica a determinados elementos y no a otros que resultan irrelevantes. Cada constructo se caracteriza por un ámbito de conveniencia -el conjunto de elementos a los que puede llegar a aplicarse- y un foco de conveniencia -el conjunto de elementos a los que se aplica con máximo poder predictivo-. Dado que el significado de un constructo depende de su uso personal, dos personas pueden atribuir focos y ámbitos de conveniencia diferentes a una dimensión con la misma etiqueta verbal.

7/ Corolario de Experiencia: El sistema de construcción de una persona varía a medida que construye las réplicas de los acontecimientos. (Kelly, 1955/1991, p. 50). Considerando la experiencia como un proceso de contraste de predicciones, seguido de su validación o invalidación, el sistema de

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Reflexión teórica

constructos personales cambia a medida que se construyen nuevas experiencias. La teoría personal que conforma el sistema de constructos se va refinando progresivamente en cuanto a extensión y definición, haciéndose cada vez más predictiva e internamente consistente. Este es el concepto de funcionamiento humano óptimo según la PCP. La reconstrucción de la experiencia y el refinamiento de la teoría personal es sinónimo de aprendizaje, no depende de las condiciones de refuerzo o de la naturaleza de los propios estímulos, sino de la propia esencia del ser humano.

8/ Corolario de Modulación: La variación del sistema de construcción de una persona está limitada por la permeabilidad de los constructos en cuyo ámbito de conveniencia se encuentran las variantes. (Kelly, 1955/1991), p.54). La permeabilidad de un constructo depende de su capacidad para admitir en su ámbito de conveniencia nuevos elementos. Kelly mide la capacidad de alterar un constructo determinado en la permeabilidad de los constructos supraordenados a él. Es previsible que las personas que organizan sus sistema de constructos a partir de unas pocas dimensiones supraordenadas

sumamente

impermeables

tengan

dificultades

para

reorganizar el sistema, incluso ante la invalidación.

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Una “construcción” alternativa del fenómeno de la violencia contra la pareja

9/ Corolario de Fragmentación: Una persona puede emplear sucesivamente varios subsistemas de construcción inferencialmente incompatibles entre sí. (Kelly, 1955/1991, P. 58). La única condición que limita la elaboración de un sistema de constructos personales es la necesidad de que los cambios en un subsistema de constructos sean acomodables a un sistema supraordenado, por tanto, dos constructos que pertenecen a un mismo nivel ordinal no tienen por qué ser inferencialmente compatibles entre sí. La ausencia de un constructo supraordenado que integre a otros dos de orden inferior puede provocar un sentido de inconsistencia personal al pasar de uno a otro subsistema.

10/ Corolario de Comunalidad: Los procesos psicológicos de dos personas serán muy similares en la medida en que una emplee una construcción de la experiencia similar a la de otra. (Kelly, 1955/1991, p. 63). Este corolario es la cruz de la moneda en la que la cara es la individualidad. Si los procesos psicológicos de dos personas serán diferentes en la medida en que construyan su experiencia de forma diferente, también serán similares en la medida en que sus construcciones de la experiencia sean similares. Con este corolario se explica las similitudes observables en los procesos de construcción de la experiencia de personas pertenecientes a un mismo grupo. Esto no implica que la cultura se conciba como un conjunto de

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Reflexión teórica

estímulos a los que la persona está sujeta, sino como la similitud en lo que las personas perciben que se espera de ellas.

11/ Corolario de Socialidad: Una persona puede jugar un rol en un proceso social que implica a otra en la medida en que construya los procesos de construcción de aquella. (Kelly, 1955/1991, p. 66). La construcción similar de una misma experiencia no garantiza por sí sola la capacidad de mantener una relación social -relación de rol en términos de Kelly-. La capacidad de desarrollar un rol en un proceso social no implica únicamente una construcción compartida de la experiencia, sino la construcción de los procesos de construcción de los demás. Sólo cuando podemos predecir con cierta seguridad lo que harán los demás podemos ajustarnos a su conducta.

3.2.2.- Otros términos propios de la PCP

Botella y Feixas (1998) realizaron una revisión de términos propios de la PCP para su comprensión haciendo una adaptación de Bannister y Fransella24 (1986, p. 171).

24

Bannister, D. & Fransella, F. (1986). Inquiring man: The psychology of personal constructs. (3rd ed.). London: Croom

Helm.

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Aspectos formales de los constructos Definición de constructo personal: Dimensión evaluativa bipolar, simbolizada o no por una etiqueta verbal, que discrimina entre elementos en función del atributo específico que abstrae. Por ejemplo: «constructivista vs. objetivista», «bueno vs. malo»… Rango de conveniencia: El rango de conveniencia de un constructo comprende todos aquellos elementos a los que la persona encuentra útil aplicarlo. Foco de conveniencia: El foco de conveniencia de un constructo comprende aquellos elementos a los que la persona encuentra máximamente útil aplicarlo. Son los elementos respecto a los que es probable que se haya formado originalmente el constructo. Elementos: Objetos, personas o acontecimientos abstraídos mediante el uso de un constructo. Polo: Cada constructo discrimina entre dos polos, uno en cada extremo de su dicotomía. Los elementos abstraídos son similares en cada uno de los polos y diferentes de los del otro polo. Contraste: Relación entre los dos polos de un constructo. Polo de similitud: Polo del constructo respecto al que dos elementos son similares. Polo de contraste: Polo del constructo respecto al que un elemento es diferente del otro. Permeabilidad: Un constructo es permeable si admite nuevos elementos en su contexto. Es impermeable si no lo admite.

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Clasificación de los constructos según su control sobre los elementos Constructo apropiativo: Constructo que determina la pertenencia exclusiva de sus elementos a su ámbito. Es un constructo del tipo “única y exclusivamente” y determina un tipo de pensamiento simplista y rígido. Constructo constelatorio: Constructo que fija el ámbito de pertenencia de sus elementos en otros constructos. Determina un tipo de pensamiento estereotipado y nominalista. Constructo proposicional: Constructo que no acarrea implicaciones en cuanto a la pertenencia de sus elementos a otros constructos. Determina un tipo de construcción incontaminada.

Constructos de diagnóstico general Constructos preverbales: Un constructo preverbal es aquel que se utiliza a pesar de no disponer de símbolo verbal. Polo sumergido: El polo sumergido de un constructo es el menos disponible para ser aplicado a los acontecimientos. Suspensión: Un elemento suspendido es aquel que se omite del contexto de un constructo como resultado de una revisión en el sistema de construcción de la persona. Nivel de conciencia cognitiva: Un constructo de alto nivel de conciencia se expresa en símbolos socialmente efectivos, presenta alternativas accesibles, pertenece al ámbito de conveniencia de los constructos fundamentales de la persona y no se encuentra suspendido en otros supraordenados.

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Una “construcción” alternativa del fenómeno de la violencia contra la pareja

Dilatación: Se produce cuando la persona amplía su campo fenoménico para reorganizarlo a un nivel más comprensivo. Constricción: Se produce cuando la persona reduce su campo fenoménico para minimizar incompatibilidades aparentes. Constructo comprensivo: Es aquel que se aplica a una gran variedad de acontecimientos. Constructo incidental: Es aquel que se aplica a una variedad limitada de acontecimientos. Constructo supraordenado: Un constructo es supraordenado respecto a otro si lo incluye como elemento Constructo subordinado: Un constructo es subordinado respecto a otro si se incluye en el contexto de éste como elemento. Constructo nuclear: Es aquel que gobierna los procesos de mantenimiento de la persona. Constructo periférico: Es aquel que se puede alterar sin modificaciones graves de la estructura nuclear. Constructo rígido: Es aquel que conduce a predicciones invariables. Constructo laxo: Es aquel que conduce a predicciones variables pero mantiene su identidad.

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3.2.3.- Constructos relacionados con la transición

Los constructos relacionados con la transición es lo que Kelly denomina ciclos de transición, se trata de aspectos del proceso que tienen lugar durante el cambio y el aprendizaje. En cierto modo, toda la teoría de la PCP es una teoría sobre el cambio, ya que considera a la persona como un ser cambiante. Al hablar de los constructos de la transición nos estamos refiriendo a los ciclos y emociones propuestos por Kelly.

Ciclo de Circunspección-Apropiación-Control (C-A-C) Es la secuencia de construcción que implica sucesivamente la circunspección (o apertura), la apropiación y el control, que conduce a la persona a una elección (Figura 3.2.3.[1]). Según Kelly la circunspección es el hecho de tratar los aspectos que hacen referencia a un problema determinado de forma proposicional. Esto significa estar abierto a hipótesis alternativas. El ciclo se inicia cuando la persona considera -aunque no siempre de forma consciente- las diferentes posibilidades

que existen, contemplan el problema desde diferentes

perspectivas. La apropiación supone que una alternativa es tomada como definición del problema que se está considerando para llegar al control (o elección). La persona puede escoger libremente aquel polo de un constructo que le permita una mejor anticipación del mantenimiento de su sistema de constructos personales y la consecuente predicción de los acontecimientos que el sistema

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Una “construcción” alternativa del fenómeno de la violencia contra la pareja

hace posible (corolario de elección). Una vez que se ha determinado la elección, se establece el control en el sentido experimental de “poner a prueba”. La persona está implicada en un proceso que la llevará a una acción concreta de entre la diversidad construida; la conducta está determinada. Este ciclo es el que juega el papel más fundamental en la toma de decisiones.

Figura 3.2.3.[1]:

Ciclo de Creatividad Es el segundo ciclo de construcción relacionado con el cambio. La sucesión de acontecimientos pasa por el aflojamiento-rigidificación de los constructos (Figura 3.2.3.[2]). El ciclo se inicia con el aflojamiento del constructo y termina con su rigidificación y validación. A través de este ciclo permitimos que nuestros constructos sean laxos y que luego se concreten,

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Reflexión teórica

jugamos con ellos, nos los probamos para ver si nos favorecen. En este ciclo no hay un compromiso personal apreciable, si bien es cierto que cuando se construye algo nuevo, dicha construcción suele ir seguida de una acción.

Figura 3.2.3.[2]:

Ciclo de la experiencia Es el más importante de los tres ciclos. Los ciclos C-A-C y de Creatividad tienen una relación más directa con el proceso de cambio. El ciclo de Experiencia es el proceso de vivir, de experimentar; puede conducir al cambio o a la consolidación. Representa la elaboración del corolario de experiencia modulado por el postulado fundamental (Figura 3.2.3.[3]). El correcto funcionamiento de este ciclo se corresponde con los procesos psicológicos óptimos, lo que es equivalente al concepto de salud mental.

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Una “construcción” alternativa del fenómeno de la violencia contra la pareja

Figura 3.2.3.[3]:

La noción de funcionamiento óptimo forma parte del “núcleo duro” de premisas metafísicas que informa toda teoría y que engloban la visión del ser humano, de la realidad y de su conocimiento. Según Kelly los constructos nucleares son aquellos que gobiernan los procesos de mantenimiento personales, entendiendo dichos procesos como los implicados en la construcción de la identidad y existencia propias. Los constructos nucleares determinan la permanencia de los demás subordinados a ellos (corolario de modulación) y limitan su posible variación. La anticipación es la primera fase del ciclo y viene determinada por el sistema de constructos personales. Implica la derivación de una hipótesis personal sobre el curso probable de un acontecimiento basada en aspectos supraordenado de la teoría personal.

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Reflexión teórica

La fase de implicación en el resultado es equiparable a una apuesta. Kelly no concibe el contraste de las hipótesis como un acto frío, distanciado y puramente racional. De acuerdo con la PCP, esta implicación no representa una pérdida de objetividad -qué objetividad puede haber cuando el conocimiento se concibe como una construcción personal de la experiencia-, sino una forma genuina de aprendizaje significativo. Las consecuencias del ciclo serán más profundas cuanto mayor sea la implicación de la persona. El encuentro con el acontecimiento implica la disposición a operativizar la hipótesis y contrastarla con la realidad en cuanto a su valor predictivo. El resultado de este contraste es la validación o invalidación de la anticipación (hipótesis). La validación se da cuando el resultado es compatible con la predicción. La invalidación se da cuando el resultado no es compatible con la misma. Existen tres formas de invalidación: Invalidación cierto/falso: No se confirma la anticipación y como consecuencia se valida la hipótesis alternativa. Invalidación de conexión: Se produce cuando se revisa la implicación entre constructos, dando lugar a implicaciones auxiliares. Esta forma de invalidación conduce a un genuino desarrollo del conocimiento, pues deriva en un sistema de constructos personales más diferenciado e integrado. Invalidación de no aplicabilidad: Cuando la persona se da cuenta de que no puede aplicar el constructo en cuestión. Promueve el desarrollo de algún constructo de orden superior al invalidado, bajo uno de cuyos polos queda subsimido el invalidado como caso particular, de forma que la aplicabilidad

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Una “construcción” alternativa del fenómeno de la violencia contra la pareja

del subsistema subordinado al constructo

invalidado

se mantiene

relativamente intacta. La revisión del sistema de constructos tiene una especial relevancia en el caso de que la anticipación se desconfirme, pues se hace necesario reflexionar sobre el contexto de generación de hipótesis en que se originó. Es probable que tengan que revisarse algunos constructos supraordenados a los invalidados. Cuando esta revisión se produce en el contexto terapéutico, Kelly propone ocho variedades de reconstrucción: a) Inversión de la posición del cliente respecto a un eje de referencia. b) Selección de otro constructo del repertorio del cliente para aplicarlo a la situación. c) Explicitación de constructos preverbales. d) Elaboración del sistema para comprobar su consistencia interna. e) Contraste de la validez predictiva de los constructos. f) Alteración del significado de ciertos constructos. g) Construcción de nuevos ejes de referencia. El ciclo se cierra sobre sí mismo al incorporarse los resultados de la revisión constructiva del sistema a las hipótesis o anticipaciones futuras. La persona construye una y otra vez su experiencia, haciendo su sistema cada vez más predictivo, internamente contrastable y comunicable. Si la sucesión de los ciclos puede considerarse como el funcionamiento óptimo desde la PCP, su bloqueo se puede considerar como indicio de trastorno psicológico.

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99


Reflexión teórica

3.2.4. Las emociones en la PCP Kelly (1955/1991) equiparó las emociones a la conciencia de las transiciones del sistema de constructos (validaciones / invalidaciones), una vez que se realiza la confirmación o desconfirmación de la hipótesis personal se siguen las emociones. Definió cuatro emociones relevantes en términos de dicho proceso: amenaza, miedo, culpabilidad y ansiedad. McCoy25 (1977) extendió lo expuesto por Kelly a trece emociones más según las siguientes dimensiones: (a) Cambio en la estructura nuclear. (b) Cambio en la estructura no nuclear. (c) Validación de la estructura nuclear. (d) Validación de la estructura no nuclear. (e) Invalidación de las implicaciones de la estructura nuclear. (f) Adecuación del self a la estructura nuclear. (g) Adecuación entre la propia estructura nuclear y la del otro. (h) Reconocimiento de la funcionalidad del sistema de constructos. La Tabla 3.2.4. muestra las definiciones constructivistas de todas las emociones, las cuatro descritas por Kelly y las trece propuestas por McCoy.

25

McCoy, M. M. (1977). A reconstruction of emotion. In D. Bannister (Ed.), New perspectives in personal construct

theory, (93-124). London: Academic Press.

100


Una “construcción” alternativa del fenómeno de la violencia contra la pareja

Tabla 3.2.4.:

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Reflexión teórica

3.2.5.- El ciclo de la experiencia y la violencia contra la pareja

Una de las preguntas más frecuentes que se realizan los profesionales que trabajan directamente con la violencia contra la pareja es por qué la mujer permanece en una relación tan destructiva y que le ocasiona tanto dolor y sufrimiento. Existen muchos ciclos aplicables al comportamiento humano. Uno de ellos es el ciclo de la experiencia desarrollado por Kelly, entre otros, dentro de los constructos relacionados con la transición. Revisando

la

Teoría

de

los

Constructos

Personales

de

Kelly

(1955/1991), encontramos el ciclo de la experiencia, a través del cual se va creando y revisando nuestro sistema de constructos. En él entra en juego la visión del ser humano de la realidad y de su conocimiento. Ante cualquier situación, la persona realiza una anticipación de lo que va a ocurrir, basándose en su teoría particular realiza una hipótesis personal sobre el probable curso de los acontecimientos. Se establece el grado de implicación personal en cuanto a la validación de esta hipótesis. Posteriormente esta hipótesis pasa a ser contrastada con la realidad, de lo que resulta una validación o invalidación de la misma y en consecuencia una revisión del sistema de constructos de la persona. Esta revisión será más significativa cuando se produzca una invalidación ya que cuando se da una validación lo que ocurre es que nuestra hipótesis personal va cogiendo más fuerza, más consistencia.

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Una “construcción” alternativa del fenómeno de la violencia contra la pareja

En la consulta se escucha a muchas mujeres expresar ideas, creencias, constructos como: “pero le quiero”, “qué haría él sin mí”, “necesita de mi ayuda”, “soy yo quien provoco la situación”, “seguro que cambiará”, “cuando acabe su mala racha volverá a ser el mismo”, “es el padre de mis hijos, no los puedo separar, ellos necesitan un padre”… Repasando el ciclo de la experiencia se podría decir que en las primeras fases de instauración de la violencia, se puede partir de un sistema de constructos en el que la violencia sea algo que por la experiencia previa queda admitido como “normal”, bien porque han sido testigos, víctimas, de esta violencia en su infancia viendo como su madre era maltratada por su padre (y se han construido a sí mismas como víctimas), o bien por que ya han sido víctimas de violencia con una(s) anterior(es) pareja(s). Pero también puede pasar que se parta de un sistema de constructos en el que la violencia contra la pareja no está experimentada y por tanto no está integrada en el mismo; aunque no debemos olvidar que las mujeres, por el hecho de ser mujeres en algún momento de su vida han experimentado algún tipo de violencia contra ellas (desigualdad sexista), por lo que, aunque sea desde otra perspectiva, sí han generado algún tipo de construcción al respecto. En el primer caso, la mujer únicamente sigue aplicando el ciclo de experiencia ya instaurado de forma repetitiva, sin conseguir realizar invalidaciones que salgan del tipo cierto/falso; por lo que se sigue sintiendo responsable de todo lo que acontece y le acaece, además de anticipar lo que puede suceder en cualquier momento.

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Reflexión teórica

En el segundo caso, la mujer espera que no se vuelva a repetir, cree en las promesas de su pareja (ver ciclo de la violencia) pero la conducta agresiva reaparece, por lo que la mujer acaba creyendo que es ella quien provoca (de alguna manera) esa conducta (invalidación cierto/falso) tal y como repite sin cesar su pareja, que si no la quisiera él no se pondría así con ella, es el padre de sus hijos…, anticipa lo que “ya ha aprendido” que puede suceder. En este punto, la mujer intenta cambiar una y otra vez su comportamiento para evitar que las agresiones se produzcan, pero lo único que consigue es una invalidación de todas y cada una de sus hipótesis sobre su conducta y una validación de que, como ella no hace las cosas como las tiene que hacer al final su pareja acaba agrediéndola. Aparecen las emociones: miedo, culpabilidad, ansiedad, tristeza y vergüenza, todas ellas producidas por la conciencia de una invalidación, un cambio del sistema nuclear de constructos y/o un desplazamiento del self. Figura 3.2.5.:

104


Una “construcción” alternativa del fenómeno de la violencia contra la pareja

Mientras las invalidaciones de la mujer se produzcan en la variante “cierto/falso” no se producirá ningún cambio en su sistema de constructos que la lleve a la finalización de la violencia; esto sólo ocurrirá cuando la invalidación sea de “conexión” (haga lo que yo haga el comportamiento de él va a ser el mismo, querer a alguien no pasa por maltratarle, un buen padre se relacionaría de otra manera con sus hijos…) o bien de “no aplicabilidad” (mi comportamiento y las reacciones de él pertenecen a planos diferentes, por lo que no son válidos los criterios que estoy aplicando). Desde este punto de vista, en terapia, hay que ayudar a la mujer a que sus invalidaciones no se queden estancadas en una validación de “cierto/falso” sino que explore otras conexiones y valore la aplicabilidad de su sistema de constructos para esta situación concreta; es decir, que se produzca una revisión más efectiva del sistema de constructos.

3.3.- EVALUACIÓN CONSTRUCTIVISTA

Uno de los rasgos característicos de la metateoría constructivista es su doble énfasis en la estructura y en el proceso del conocimiento humano y las implicaciones que ambos tienen para la psicoterapia (Neimeyer, 1996). Los constructivistas conciben la experiencia humana como inherentemente “proactiva” y “autoorganizadora”, en tanto que nosotros cocreamos las realidades “externas” a las que respondemos y nos desarrollamos en

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Reflexión teórica

direcciones que mantienen la integridad de nuestra organización “interna” (Mahoney, 1988a, 1988b). Desde un punto de vista práctico, puede ser útil distinguir entre métodos de evaluación que intentan explicitar la estructura u organización implícita del sistema de creencias del/ de la cliente y aquellos que se centran en el proceso, fluir y cambio de dichas construcciones a través del tiempo. Esta distinción es además

compatible

con

la

perspectiva

constructivista

prototípica

en

psicoterapia, la psicología de los constructos personales de Kelly (1955/1991), cuyos corolarios se pueden agrupar en aquellos que tienen que ver con: a) la estructura del conocimiento personal, b) el proceso de construir y c) la implicación social de nuestra epistemología personal (Neimeyer, 1987), tal y como se puede ver en la Tabla 3.3.

3.3.1.- Métodos estructurales Robert Neimeyer (1996) realiza una exposición de los métodos estructurales de la evaluación constructivista: Escalamiento Escalamiento dialéctico Flecha descendiente Técnica de rejilla

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Una “construcción” alternativa del fenómeno de la violencia contra la pareja

Tabla 3.3.1.:

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Reflexión teórica

Escalamiento El proceso de escalamiento fue introducido por Hinkle26 (1965), un alumno de George Kelly). Consiste en una simple entrevista estructurada cuyo objetivo es examinar las implicaciones supraordenadas o de orden superior de algunos constructos personales importantes que el sujeto usa para construir el mundo. A partir de un constructo se va construyendo una “escalera” de constructos ascendientes con sus opuestos hasta que deja de escoger los polos que van ascendiendo paralelamente y escoge el otro polo, de forma que queda patente la discrepancia del polo que ha elegido y lo que le gustaría. Hinkle propone una serie de preguntas facilitadoras útiles para procesar con ellas el significado de las respuestas de los clientes y proporcionar un punto de entrada en las estrategias de cambio terapéutico: 1. ¿Cuáles son los valores supraordenados en lo más alto de tu escalera? 2. ¿Cómo se expresan esos valores en conductas, rasgos o roles en la parte más baja de la escalera? 3. ¿Qué elecciones o alternativas implican los polos de tus constructos personales? 4. ¿Alguna vez dudas al asignar la preferencia a un polo sobre el otro?, ¿por qué?, ¿puedes imaginar la manera de integrar ambos polos en dichos casos? 5. ¿Qué estilo de vida puede tener alguien que elige los polos de contraste? 6. ¿Qué podría ser una connotación positiva para los polos no preferidos? 26

Hinkle, D. (1965). The change of personal constructs from the viewpoint of aa theory of construct implications, tesis

doctoral no publicada, Ohio State University, Columbus.

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Una “construcción” alternativa del fenómeno de la violencia contra la pareja

7. ¿Qué gente en tu vida podría criticar tus preferencias de polos?, ¿qué gente los apoyaría? 8. ¿Cómo podría alguien 10-20 años mayor que tú sobrevivir a esas preferencias? Esta técnica se utiliza cuando el/la cliente proporciona uno o varios constructos a investigar. Veamos en la figura 3.3.1.[1] un ejemplo:

Figura 3.3.1.[1]:

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Reflexión teórica

En el ejemplo podemos ver como la usuaria quiere “ser una mujer como debe ser”, pero aún siendo lo que ella quiere se siente mal. Su matrimonio no está bien, la relación con su marido es tensa, ella intenta hacer las cosas lo mejor posible, pero nunca lo consigue y su marido la recrimina por ello. Se realiza un escalamiento para ver dónde está el problema, así que vamos elicitando constructos a partir del que ella verbaliza. Para ella lo contrario de “ser una mujer como debe ser” es “una mujer solitaria”. Ante la pregunta ¿qué preferiría ser? eligió “ser una mujer como debe ser”. Se continuó realizando la escalera de constructos preguntándole cuál era la ventaja de “ser una mujer como debes ser”, a lo que contestó “saber cuidar de la familia”, siendo lo contrario “saber cuidar de una misma” y eligiendo el constructo “saber cuidar de la familia”. Se fue avanzado y siempre elegía el constructo que se situaba en la escalera perteneciente a “ser una mujer como debe ser”, pero al llegar a la séptima elección apareció el primer signo de conflicto, prefería el polo “recompensa por hacerlo”. Cuando la usuaria observaba el escalamiento comentó que ella era como le habían enseñado a ser, y que creía que si ella era “una mujer como debía ser” sería recompensada, pero por más que lo intentaba su marido nunca consideraba que hiciera las cosas bien, por lo que ella intentaba ser “mejor mujer” cada día, pero nunca llegaba la “recompensa”, él nunca estaba contento y por eso tenían problemas.

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Una “construcción” alternativa del fenómeno de la violencia contra la pareja

Escalamiento dialéctico Existen ocasiones en las que la sensación de conflicto de un individuo sobre una elección básica en la vida es tan generalizada que un escalamiento se hace impracticable. Neimeyer (1996) propone una alternativa, el escalamiento dialéctico, una escalera cuyos polos antitéticos se reconcilian en una integración o síntesis de orden superior. En este caso, el cambio cognitivo refleja lo que McWilliams (1988) describió como la evolución de un nuevo «constructo comprehensivo» que integra varios acontecimientos y los organiza en términos de un principio de orden más alto; el desarrollo de tales constructos globales ayuda a “resolver las aparentes inconsistencias o la falta de coherencia en el contexto de una estructura más supraordenada” (1988, p.220). Veamos un ejemplo (figura 3.3.1.[2]).

Figura 3.3.1.[2a]:

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Reflexión teórica

En este caso la usuaria no conseguía tomar una decisión firme sobre su vida, ya que cualquiera de las dos alternativas le parecía igual de mala, por lo que se mantenía en su situación debido a la imposibilidad de tomar una decisión, no sabía si continuar tal y como estaba, lo que implicaba no separarse de su marido a pesar de que su relación estaba muy deteriorada, o hacer su vida, lo que implicaba separarse, pero ninguna de las dos opciones le parecía una buena alternativa. Llegados a este punto se decidió realizar un escalamiento dialéctico, es decir, crear una nueva alternativa integradora (constructo comprehensivo).

Figura 3.3.1.[2b]:

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Una “construcción” alternativa del fenómeno de la violencia contra la pareja

La nueva opción que tenía delante sí le parecía buena, de forma que empezó a marcarse objetivos para llevar a cabo esta opción.

Técnica de rejilla Es la técnica más utilizada por los psicólogos constructivistas. Fue ideada por George Kelly en 1995. Tiene innumerables usos, tanto para la investigación como para la práctica clínica. La técnica de rejilla es una manera de elicitar construcciones del sujeto que responde a algún dominio de la experiencia.

Figura 3.3.1.[3]:

Se compone de elementos que al compararlos entre sí va elicitando los constructos. Una vez completada tiene que puntuar cada elemento para cada

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Reflexión teórica

constructo en una escala de Liker que va del 1 al 7, siendo el 4 el punto medio, el resto de puntuaciones se reparten para cada uno de los polos del constructo, de forma que 1 (mucho), 2 (bastante) y 3 (un poco) son para un polo y, 5 (un poco), 6 (bastante) y 7 (mucho) para el otro polo del constructo. Para puntuar cada elemento la persona tendrá que sopesar hacia qué polo del constructo puntuará y luego decidir la puntuación que le corresponda según el polo elegido. Dependiendo del ámbito de constructos que deseemos explorar se utilizarán unos elementos u otros. La rejilla para la construcción de personas tiene como elementos personas significativas para el sujeto, incluyendo al propio sujeto (yo), una persona non-grata y el yo-ideal. La rejilla para explorar el sistema de constructos que aplica la persona para las relaciones contendrá como elementos sus relaciones más significativas, para explorar el sistema de constructos que aplica la persona al mundo profesional tendrá como elementos diferentes profesiones, etc… La evaluación de los resultados de la rejilla puede interpretarse a dos niveles básicos, centrándose en el contenido y en la estructura de las construcciones del/de la cliente.

3.3.2.- Métodos orientados al proceso Los métodos orientados al proceso sirven para examinar el proceso de construir a lo largo del tiempo, analizando el material oral y escrito, de carácter más abierto, que proporcionan los/las clientes/as en respuesta a varios tipos de

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Una “construcción” alternativa del fenómeno de la violencia contra la pareja

tareas o invitaciones terapéuticas. Estas técnicas tienen una afinidad fundamental con el modelo narrativo. Como afirmaron White y Epston (1990), un modelo narrativo de práctica clínica permite al terapeuta “formarse un concepto de la evolución de las vidas y las relaciones en términos de lectura y escritura de textos, en tanto que cada nueva lectura de un texto es una nueva interpretación del mismo y, por consiguiente, una escritura diferente”. Por este motivo, animando a los/as usuarios/as a formular y analizar explícitamente la “historia que cuentan” sobre sus vidas, se les puede ayudar a “reescribirlas” o a revisar los argumentos fundamentales que ellos/as mismos/as se ven representando diariamente.

Autocaracterización La autocaracterización es un medio narrativo con fines terapéuticos, al igual que la terapia de rol fijo. En el desarrollo de estas técnicas, los estudiantes de Kelly llevaron a cabo una investigación basada en el supuesto de que “una personalidad se puede desarrollar mediante el lenguaje” (Edwards27, 1943/1982) y reconstruirse a través de la experimentación con un nuevo rol que se escribía cuidadosamente para “satisfacer las necesidades más profundas del caso, no sólo modificar su conducta externa” (Robinson28, 1943/1982). Como técnica de evaluación, la autocaracterización supone pedir al cliente:

27

Edwards, E.D. (1943/1982). Observations of the use and efficacy of changing a patient’s concept of his role. Fort

Hays Studies, 3, 1-49. 28

Robinson, A.J. (1943/1982). A further validation of role therapy. Fort Hays Studies, 3, 51-90,

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Reflexión teórica

«Escribe una caracterización de … [nombre del cliente], como si él fuera el protagonista de una obra de teatro. Escríbelo como podría escribirlo un amigo que lo conociera íntimamente y con mucha comprensión, quizá mejor que ninguna otra persona. Asegúrate de escribirlo en tercera persona. Por ejemplo, comienza diciendo “[nombre] es…”» (Kelly, 1955/1991). Cada término de esta instrucción fue elegida muy cuidadosamente para minimizar la amenaza asociada con un “autoanálisis”, para animar al/a la cliente a presentarse en términos verosímiles, para promover una perspectiva nueva sobre la identidad de la persona y para elicitar los temas únicos organizadores que el cliente atribuye a su vida. Como Kelly (1955/1991) observó “el objeto de este tipo de indagación es ver cómo estructura el diente un mundo en relación al cual debe mantenerse en cierto tipo de rol”. Las pautas para el análisis de la autocaracterización se pueden usar para descubrir esta estructura única, proporcionando una base para analizar con el/la cliente y ayudar en los objetivos de la psicoterapia. Existen múltiples pautas que podemos utilizar en el análisis de una autocaracterización: 1. Empezar con un enfoque crédulo. Hay que intentar responder a la pregunta, ¿cómo se ve el mundo a través de los ojos de esta persona?, en vez de buscar los mecanismos de defensa, las distorsiones cognitivas o las contingencias externas. 2. Observar la frecuencia y la transición. Interpretar la caracterización como un todo que fluye, asumiendo que las fisuras aparentes son elaboraciones inesperadas de contenido similar o de contraste.

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Una “construcción” alternativa del fenómeno de la violencia contra la pareja

3. Observar la organización, asumiendo que la primera frase de cada párrafo tiene la mayor generalidad. 4. Contrastar cada frase con el contexto de toda la caracterización. ¿Los términos clave tienen significados algo diferentes en diferentes contextos? 5. Buscar términos repetidos con contenidos similares, pueden significar un constructo importante que no está simbolizado adecuadamente. 6. Trasladar el énfasis a diferentes partes de la frase, puede sugerir “lecturas” alternativas de su significado. 7. Volver a exponer el tema esencial con palabras propias para comprender el mensaje básico. 8. Asumir que el/la escritor/a está trabajando en el “borde creciente” de su autocomprensión. Las áreas que la persona elige comentar deberían contener suficiente falta de certeza para hacer la exploración interesante y una estructura suficiente para hacerla significativa. 9. Examinar el estilo atribucional del sujeto, ¿qué constructos causa-efecto utiliza? 10.¿Cuáles son las dimensiones principales implicadas en la caracterización?, ¿cuáles son sus polos implícitos?, estos pueden sugerir alternativas conductuales, emocionales o existenciales tal y como las ve el/la cliente. 11.¿cómo se caracteriza el/la cliente en esos constructos?, ¿cambia esto? 12.¿Cuáles son los significados idiosincrásicos que le asigna a los términos? 13.¿Cuáles son los agentes validadores de la persona, si los hay?, ¿quién invalida a la persona en varios roles?

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Reflexión teórica

14.¿Qué evidencia usa la persona para apoyar su posición en los constructos dados?, ¿cuál de ellos parece más dispuesto a cambiar?

Veamos la autocaracterización de una usuaria. Berta tiene 38 años, está casada desde hace 10 años y tiene una hija de 6 años. Desde hace unos meses se siente muy mal. Ya hace tiempo que perdió aquella alegría que la caracterizaba, pero desde que su hija empezó a hacerle ciertas preguntas, ante las que ella no sabía qué contestar… Es la menor de tres hermanos, con su hermano mayor se lleva 10 años y con su hermana 6; están casados. Su hermano tiene 2 hijos (25 y 23 años) y vive en una gran ciudad, su hermana tiene 3 hijos (las gemelas de 20 años y un chico de 14) y vive en una ciudad cercana. Berta se casó con el novio de toda la vida, empezaron a salir cuando ella tenía 16 años, por aquel entonces él tenía 20. Su relación fue algo discontinua a lo largo del tiempo. Al inicio, como ella no podía salir por las noches todo iba bien, aunque a él no le hizo mucha gracia cuando se fue a estudiar a la ciudad. Él trabajaba por aquel entonces en el negocio familiar del que ahora se ha hecho cargo. Jano estudió la FP administrativa para que le ayudara en el negocio, y le parecía absurdo que Berta quisiera ir a la universidad. Estudió enfermería, y como no estaba muy lejos del pueblo iba casi todos los fines de semana hasta que Jano quiso que dejaran la relación por que no estaba dispuesto a esperarla. Hizo nuevos amigos en la universidad y empezó a ser más independiente. Cuando terminó se quedó en la ciudad que había estudiado porque consiguió empezar a hacer suplencias en hospitales. Un día salió la posibilidad de una plaza más estable en su lugar

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Una “construcción” alternativa del fenómeno de la violencia contra la pareja

de origen y volvió. Por aquel entonces Jano salía con otra chica, pero al poco tiempo empezó a rondarla de nuevo. Al final volvieron juntos y se casaron. Su hija a veces le pregunta por qué papá la trata mal. Ella siempre ha pensado que Jano tiene un carácter muy fuerte y que se enfada con facilidad, pero que en realidad la quiere, “su único problema es el genio”. Sus hermanos nunca han entendido que volviera a retomar la relación con él y se casaran, siempre han dicho que Jano no es “trigo limpio”, que es “un niño malcriado que coge todo aquello que se le antoja”, que es un “impertinente”… y no les gusta cómo habla a Berta en muchas ocasiones. Pero Berta siempre lo justifica, tiene muchas responsabilidades y muchos problemas en el trabajo, me quiere, adora a su hija, cuando está tranquilo es maravilloso, sabe disculparse…. Su demanda era saber por qué se sentía tan mal últimamente, por qué siempre había estado convencida cuando defendía a Jano de las acusaciones de los demás y ante su hija le costaba tanto… Estaba siempre triste, lloraba con mucha frecuencia, cuando su marido le hablaba de malas maneras le dolía muchísimo, había dejado de salir con las amigas, las pocas veces que lo hacía era porque tenía que salir al parque con Alba, hacía lo justo e imprescindible, pero en cuanto podía se “tiraba” en el sofá y no quería que nadie la molestase… Se le pide una autocaracterización para su siguiente visita:

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1

Berta es una mujer triste, solitaria. Ha perdido la alegría de vivir, es como si se tratara de otra persona. Antes, Berta era una persona alegre, a la que le encantaba estar en contacto con los demás. Era una persona muy activa, parecía que le daba tiempo de todo, de hacer cualquier cosa que se propusiese. Encaraba las dificultades siempre

2

con buen ánimo, a veces daba la sensación de que se ponía el mundo por montera, pero nunca se derrumbaba a pesar de las dificultades o de los contratiempos. Decía que las cosas eran como eran y mejor no darle muchas vueltas, sino las mareas. Pero desde hace unos meses, Berta parece otra persona, de repente ha empezado a darle vueltas a todo y se siente mareada (hay veces que incluso tiene ganas de vomitar). Es como si todo lo que antes le parecía normal ahora haya dejado de serlo. Ya no disfruta de la compañía de los demás. Lo que más

3

le molesta es cuando critican a su marido, pero ahora, en su interior ya no lo defiende, sino que se pregunta por qué es así, por qué no puede controlar ese mal genio, por qué arremete únicamente contra ella o contra las personas que ella más quiere. Ahora la que se enfada con todos es ella. No quiere escuchar a nadie, pero a su hija no puede evitarla, y cuando le pregunta por qué no sabe qué decirle y se echa a llorar. Berta nunca hace pagar sus problemas a los demás, de hecho ni siquiera los

4

airea para no desagradar, ¿qué sentido tiene quejarse si al final soy yo quien los tiene que solucionar?. Últimamente le gustaría gritar en más de una ocasión, a veces por que siente cómo los demás “violan” su intimidad; otras por que

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4

querría gritar lo mal que se siente, pero ¿para qué?. Todo el mundo la había avisado, ahora ya no hay vuelta atrás. Berta siempre está ahí para los demás, ayuda en todo lo que puede, le gusta que su entorno la aprecie y la tenga en buena estima. Pero aunque intenta seguir siendo así, ahora le molesta y eso la hace sentirse muy mal, ¿qué le han hecho los demás para que le moleste?. Con su marido es con quien peor lo pasa, pero… él sigue siendo el mismo, ¿qué ha cambiado en ella?. Su niña, eso es lo

5

que ha cambiado, no soporta verla sufrir; ella sabe lo que es eso, ver como papá y mamá discuten por todo, ver cómo papá siempre se lleva la razón aunque no la tenga… Cuántas veces se preguntó por qué mamá seguía allí, cuántas veces soñó que mamá, sus hermanos y ella se iban de vacaciones y ya nunca más volvían… ¿Está ella repitiendo los errores de su madre?.

6

Alguna vez ha pensado en marcharse muy lejos, pero ¿qué derecho tiene ella a privar a su hija de su padre?.

¿Cómo se ve el mundo a los ojos de Berta? Antes el mundo era un lugar “fácil”, ahora se ha convertido en un lugar hostil, tormentoso. Secuencia y transición Se marca un antes y un después. Hay un cambio aparentemente brusco, como si de repente no se reconociera. Antes “no daba vueltas a las cosas”, ahora “le da vueltas a todo”. Es como si el hecho de “darse cuenta” la hubiera transformado. El punto de inflexión lo sitúa en su hija, en sus

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preguntas… es lo único que no puede evitar y parece que hayan despertado “viejos fantasmas”. Organización La autocaracterización de Berta se organiza en cinco párrafos. El primero describe a Berta en la actualidad. En el segundo rememora la Berta de antes. En el tercero y cuarto describe qué cosas han cambiado. En el quinto analiza la situación y en el sexto se enjuicia. Contraste de términos con toda la caracterización “Mejor no darle vueltas” tiene dos dimensiones significativas, aceptar las cosas tal y como son y no analizar, o no querer ver, aquello que no funciona bien. Términos repetidos con contenido relacionado “triste”, “solitaria”, “perder la alegría de vivir”, “violan su intimidad”: todo está relacionado con lo que está viendo y quiere seguir sin ver. Análisis dimensional Del texto se pueden extraer los constructos que se exponen a continuación. Los que van entre paréntesis son polos de contraste que se pueden inferir. A la izquierda se sitúan los polos en los que Berta se posiciona. triste

vs.

alegre

solitaria

vs.

estar en contacto con los demás

sin alegría de vivir

vs.

[con alegría de vivir]

ser otra persona

vs.

[ser una misma]

[pasiva]

vs.

activa

darle vueltas a todo

vs.

no dar vueltas a las cosas

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no defiende

vs.

[defender]

enfadarse

vs.

[paciente]

no querer escuchar

vs.

[escuchar a los demás]

violar la intimidad

vs.

[respetar la intimidad]

Flujo de conciencia Esta técnica fue desarrollada por Mahoney (1991), y la consideró “un ejercicio en el que se invita al cliente a prestar atención, y a informar lo mejor que se pueda de los pensamientos continuos, sensaciones, imágenes, recuerdos y sentimientos” (p. 295). Su objetivo es refinar la comprensión de la experiencia tal y como la siente la persona a la que estamos atendiendo. Está relacionada con la meditación con sentido (mindfulness meditation) que Kenny y Delmonte29 (1986) conceptualizaron como un método valioso para “aflojar” construcciones demasiado rígidas y para promover una mayor autoconciencia. El “fluir” está estrechamente relacionado con la cadena de asociaciones de Kelly (Neimeyer, R., 1980)30, así como con el método de la asociación libre de Freud. Al igual que el método psicoanalítico, el flujo de conciencia facilita el acceso, al terapeuta y al cliente, a experiencias, asociaciones y significados que raramente se articulan o comparten públicamente. Sin embargo, estos dos métodos difieren en dos aspectos fundamentales. En primer lugar, el flujo de conciencia muestra un gran respeto por la privacidad del cliente y le permite “omitir” experiencias al ser compartidas con el terapeuta y, al mismo tiempo, 29

Kenny, V. & Delmonte, M. (1986). Meditation as viewed through personal construct theory. Journal of Cotemporary

Psychotherapy, 16, 4-22. 30

Neimeyer, R.A. (1980). George Kelly as therapist: A review of this tapes. En A.W. Landfield & LM. Leitner (Comp.),

Personal construct psychology, (pp. 74-101). New York: John Wiley.

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tomar nota mentalmente de material importante para una reflexión posterior. Esta forma diferente de abordar las experiencias, viene de la conceptualización de las “defensas” como maniobras “autoprotectoras” en vez de “autoengaños” (Neimeyer y Harter, 1988)31. En segundo lugar, el flujo de conciencia pone mucho menos énfasis en las interpretaciones por parte del terapeuta; lo que se debe a una profunda convicción de los constructivistas de que los significados son personales y que el cliente ocupa una perspectiva privilegiada para entender los significados completamente.

«Nudos» sistémicos Ésta es una técnica inherentemente sistémica. Los constructivistas han ido progresando en la reconceptualización de la evaluación y de la terapia familiar para centrarse en los significados compartidos o conflictivos con los que son coherentes los patrones de interacción dolorosos o insatisfactorios. Los trabajos de Procter (1981, 1987) y de Feixas (1990a, 1990b, 1992) exploran la extensa integración de la terapia de los constructos personales y la sistémica familiar, ofreciendo una variedad de técnicas de evaluación e intervención novedosas. Entre estas técnicas está el nudo, una herramienta conceptual para clarificar la posición de cada miembro relevante de un sistema. Definido como la postura integrada que cada persona toma a nivel de construcción y de acción. Una posición individual a nivel de construcción incluye su propia construcción de sí mismo y del pensamiento de, al menos, otro miembro de la 31

Neimeyer, R. A. & Harter, S. (1988).Facilitating individual change in personal construct therapy. En G. Dunnett

(Comp.), Working with people, (pp. 174-185). Londres: Routledge.

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familia, complementado con varias metaperspectivas potenciales (por ej. lo que pienso que tú piensas de mí). La posición individual a nivel de acción consiste en conductas que son coherentes con esas construcciones y que proporcionan métodos para comprobar las hipótesis implícitas de la persona. Al mismo tiempo,

como

todos

los

miembros

de

la

familia

tienen

posiciones

correspondientes, sus conductas proporcionan evidencia validadora para las construcciones del otro como son percibidas subjetivamente por cada uno de los miembros de la familia. La retroalimentación resultante asegura la función de mantener ciclos de interacción disfuncionales que se convierten en el foco de la terapia.

3.4.- CONSTRUCCIONISMO SOCIAL

Como bien describen Botella y Figueras (2006), el construccionismo social se centra explícitamente en el rol de los procesos sociales en la construcción de significado. Implica una orientación concreta hacia el conocimiento, un modelo epistemológico que sostiene que lo que conocemos y los discursos sobre ello y sobre lo que desconocemos son construcciones derivadas de un proceso de diálogo público y social. En un sentido más estricto, el construccionismo social se ocupa específicamente de los procesos psicológicos particulares mediante los que describimos, explicamos o damos cuenta de nuestro mundo y de nosotros mismos como forma de acción conjunta.

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Reflexión teórica

El

construccionismo

social

rechaza

tanto

las

epistemologías

endogénicas (aquellas que enfatizan el rol de la mente individual en la construcción de significado) como la exogénicas (aquellas que enfatizan el rol de la realidad externa). El construccionismo social ubica el conocimiento entre las personas, no dentro ni fuera de las mentes individuales, el conocimiento se genera en la interacción y negociación colectiva de significados compartidos. Comparte con el constructivismo la visión del conocimiento como construcción, pero en este caso, una construcción social. Los teóricos del construccionismo social han ido evolucionando en su planteamiento de cómo elegir entre afirmaciones teóricas. Gergen (1992) tres criterios al respecto: La contribución al desarrollo tecnológico, que incluye predicciones seguras y habilidades personales en diferentes entornos prácticos. Se ve como el criterio menos significativo. La contribución a la crítica cultural, que enfatiza el papel del conocimiento como liberación de los efectos paralizantes de las formas de comprensión cultural cosificadas. Es un criterio político y axiológico. Teoría generativa, es decir, una teoría diseñada para cuestionar el pensamiento convencional y para abrir nuevas alternativas al pensamiento y a la acción. Los tres criterios pueden verse como tres ejemplos del uso social y político del conocimiento y rechazan, junto constructivismo, el justificacionismo. En 1997, Gergen propone como funciones de la crítica construccionista:

126


Una “construcción” alternativa del fenómeno de la violencia contra la pareja

a.- Desnaturalización, reflexión y democratización. Se trata de contribuir al desenmascaramiento ideológico de las formas en que la propia psicología describe la acción humana. Fundamentalmente, es una estrategia de deconstrucción de los recursos literarios y retóricos que permiten hacer aparecer las afirmaciones de la psicología como hechos. b.- Revitalización y enriquecimiento. Se trata de ampliar los límites de la interpretación para explorar nuevas formas de inteligibilidad emergentes, pero aún no articuladas. Con ello se espera que se puedan fomentar nuevas formas de vida más prometedoras y satisfactorias que las que actualmente damos por incuestionables. En este punto ya no preocupa la descripción científica de los hechos, sino la contribución a modificarlos. La observación deja paso al activismo. c.- La reconstrucción social de la mente. Se trata de abrir camino a lo social frente a lo individual. Se presta una atención especial a fenómenos como el lenguaje,

el

diálogo,

la

negociación,

las

prácticas

sociales,

el

posicionamiento conversacional, los rituales, las prácticas culturales y la distribución del poder. El construccionismo social busca explicar cómo las personas llegan a describir, explicar o dar cuenta del mundo donde viven. Gergen (1996) expone cinco supuestos esenciales para dar cuenta del conocimiento característico del construccionismo:

1. Los términos con los que damos cuenta del mundo y de nosotros mismos no están dictados por los objetos estipulados de este tipo de exposiciones.

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Reflexión teórica

No hay nada que exija una forma cualquiera de sonido, marca o movimiento del tipo utilizado por las personas en los actos de representación o comunicación. Para los construccionistas, las descripciones y las explicaciones ni se derivan del mundo tal y como es, ni son el resultado inexorable y final propensiones genéticas o estructurales internas al individuo.

2. Los términos y las formas por medio de las que conseguimos la comprensión del mundo y de nosotros mismos son artefactos sociales, productos de intercambio situados histórica y culturalmente y que se dan entre personas. Para los construccionistas, las descripciones y las explicaciones son el resultado de la coordinación humana de la acción; las palabras adquieren su significado sólo en el contexto de las relaciones vigentes. En términos de Shotter (1984)32, son el resultado de la acción conjunta, no de la acción y la reacción individual. Desde la visión de Bakhtin (1981)33, las palabras son inherentemente «interindividuales». Por tanto, alcanzar una inteligibilidad es participar en una pauta reiterativa de relación, o, de ser lo suficientemente amplia, en una tradición. Sólo sosteniendo cierta forma de relación con el pasado podemos encontrarle sentido al mundo.. Así, las diferentes explicaciones inteligibles del mundo y del yo están en todas partes y en todo momento limitadas.

32

Shotter, J. (1984). Social Accountability and Selfhood. Oxford: Blackwell.

33

Bakhtin, M. (1981). The dialogic imagination. Austin: University of Texas Press.

128


Una “construcción” alternativa del fenómeno de la violencia contra la pareja

3. El grado en el que un dar cuenta del mundo o del yo se sostiene a través del tiempo no depende de la validez objetiva de la exposición sino de las vicisitudes del proceso social. Esto equivale a decir que las exposiciones del mundo y del yo pueden sostenerse con independencia de las perturbaciones del mundo que están destinadas a describir o explicar. De la misma manera, puede que sean abandonadas sin tener en cuenta aquello que consideramos que son los rasgos perdurables del mundo. Los lenguajes de la descripción y de la explicación pueden cambiar sin hacer referencia a lo que denominamos fenómenos, que a su vez son libres de cambiar sin que ello comporte consecuencias necesarias para las exposiciones de orden teórico.

4. La significación del lenguaje en los asuntos humanos se deriva del modo como funciona dentro de pautas de relación. Para Wittgenstein (1953)34 las palabras adquieren su significado dentro de lo que metafóricamente denomina “juegos del lenguaje”, es decir, a través de los sentidos con que se usan en las pautas de intercambio existente. Los términos adquieren su significado gracias a su función en el seno de un conjunto de reglas circunscritas. También es apropiado el concepto wittgensteiano de forma de vida, una pauta más amplia de actividad cultural en la que se incrustan juegos específicos de lenguaje. El significado dentro del juego depende del uso del juego en el seno de pautas culturales más amplias.

34

Wittgenstein, L. (1953). Philosophical investigations. New York: Macmillan.

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Reflexión teórica

Este enfoque del significado como algo que deriva de intercambios microsociales incrustados en el seno de amplias pautas de la vida cultural presta al construccionismo social unas dimensiones críticas y pragmáticas pronunciadas. Presta atención al modo en que los lenguajes se utilizan en la cultura. Para el construccionista, las muestras de lenguaje son integrantes de pautas de relación. No son mapas o espejos de otros dominios, sino muestras de modos de vida específicos, rituales de intercambio, relaciones de control y de dominación, y demás.

5. Estimar las formas existentes de discurso consiste en evaluar las pautas de vida cultural; tal evaluación se hace eco de otros enclaves culturales. En una comunidad de inteligibilidad dada, en la que palabras y acciones se relacionan de manera fiable, es posible estimar lo que damos en llamar la «validez empírica»

de

una

aserción. Esta forma

de

evaluación es

esencialmente de carácter irreflexivo y no ofrece ningún tipo de medio a través del cual evaluar la propia evaluación, sus propias construcciones del mundo y la relación que éstas tienen con formas de vida cultural más amplia y más difundidas.

130


Una “construcción” alternativa del fenómeno de la violencia contra la pareja

3.4.1.- La autonarración

Uno de los puntos de partida más atrayentes, a causa de su afinidad con la metateoría construccionista, surge de la teoría relacional, el intento de dar cuenta de la acción humana en términos de un proceso relacional. Pretende moverse más allá del individuo singular para reconocer la realidad de la relación, considera la autoconcepción no como una estructura cognitiva privada y personal del individuo sino como un discurso acerca del yo: la representación de los lenguajes disponibles en la esfera pública. La mayoría de nosotros iniciamos nuestros encuentros con los relatos de la infancia. A través de los cuentos de hadas, los cuentos populares y los relatos de familia recibimos las primeras exposiciones organizadas de la acción humana. Los relatos sirven también como medios críticos a través de los cuales nos hacemos inteligibles en el seno del mundo social. Utilizamos la forma de relato para identificarnos con otros y a nosotros mismos. El proceso del relato es tan predominante en la cultura occidental que Bruner (1986)35 sugiere una propensión genética a la comprensión narrativa. Estemos o no biológicamente preparados, no podemos menospreciar la importancia de los relatos en nuestras vidas y la medida en la que sirven de herramientas que nos permiten hacernos inteligibles. No sólo contamos nuestras vidas como relatos, existe también un sentido importante en el que nuestras relaciones con otros se viven de una forma narrativa. Para White y Epston (1990), «las personas conceden significado a

35

Bruner, J. (1986). Actual minds, possible worlds. Cambridge: Harvard University Press.

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Reflexión teórica

sus vidas y relaciones relatando su experiencia» (p. 13). Las exposiciones narrativas están incrustadas en la acción social; hacen que los acontecimientos sean socialmente visibles y establecen característicamente expectativas para acontecimientos futuros. Las narraciones del yo no son posesiones fundamentalmente del individuo sino de las relaciones: son productos del intercambio social. Ser un yo con un pasado y un futuro potencial no es ser un agente independiente, único y autónomo, sino estar inmerso en la interdependencia. Una comprensión de la acción humana difícilmente puede proceder de otras cosas que no sean razones narrativas. El término «autonarrativa» se refiere a la explicación que presenta un individuo de la relación entre acontecimientos autorrelevantes a través del tiempo. Al desarrollar una autonarrativa establecemos unas relaciones coherentes entre acontecimientos vitales (Cohler36, 1982; Kohli37, 1981), en lugar de ver nuestra vida como simplemente “una cosa detrás de otra”, formulamos un relato en el que los acontecimientos de la vida son referidos sistemáticamente, y hechos inteligibles por el lugar que ocupan en una secuencia o “proceso en desarrollo”. Nuestra identidad presente es el resultado sensible de un relato vital, no algo repentino y misterioso. Las narraciones crean el sentido de “lo que es verdad”.

36

Cohler, B.J. (1982). Personal narrative and the life-course. En P. Battles & O.G. Brim (Edic a cardo de), Life-span

developmente and behavior. New York: Academis Press. 37

Kohli, M. (1981). Biography: Account, text and method. En D. Bertaux (Edc. A cargo de), Biography and society.

Beberly Hills, Calif: Sage.

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Una “construcción” alternativa del fenómeno de la violencia contra la pareja

3.5.- CONSTRUCTIVISMO RELACIONAL

El constructivismo relacional surge del diálogo entre el constructivismo y el construccionismo social (Botella, 1995, Botella, 2006). El constructivismo relacional está fuertemente influenciado por las teorías constructivistas contemporáneas y autores y trabajos literarios y filosóficos de Ludwig Wittgenstein y Mikhail Bakhtin que tradicionalmente se asocian a posiciones más construccionistas (Botella, 2006) A continuación se muestra un resumen de los diez principios del constructivismo relacional (Botella y Herrero, 2000, Botella, 2006): 1. Ser humano implica construir significados. Los seres humanos están proactivamente orientados hacia la búsqueda del significado de su experiencia del mundo en el cual viven y del lugar que ocupan en él como forma de coordinación de su acción conjunta. Ser humano conlleva un esfuerzo activo por interpretar su experiencia, una búsqueda de propósito y sentido en los acontecimientos que nos rodean (Neimeyer y Neimeyer38, 1993). 2. El significado es un logro interpretativo y lingüístico. Existen numerosas tradiciones culturales cuya finalidad es la búsqueda de significado, lo que evidencia que éste no se os revela en la “realidad” en sí misma. Aunque también existen discursos basados en formas de legitimización totalizantes basados en al “inequívoca realidad”. La emergencia de la condición posmoderna actúa como antídoto contra tales discursos al hacernos 38

Neimeyer, G.J. & Neimeyer, R.A. (1993). Defining the boundaries of constructivist assessment. En G.J. Neimeyer

(Ed.), Constructivist assessment: A casebook. (pp.1-30). Londres: Sage.

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Reflexión teórica

conscientes de que atribuir significado a la experiencia comporta un proceso de construcción, es decir, que debe construirse mediante el lenguaje haciéndola inteligible para uno mismo y para los demás (Botella y Figueras, 2006). Las experiencias en sí mismas no dictan su significado. Se necesitan pautas, encontrar similitudes y contrastes entre los acontecimientos para que el significado de los eventos de la vida sean más o menos predecibles, y localizar estos dentro de un marco de inteligibilidad emergente, es decir, para interpretarlos. Tal interpretación es un logro lingüístico, dado que el lenguaje es la forma intrínseca humana de pautar la experiencia. El significado depende del lenguaje, entendiendo a éste como el origen mismo del proceso de establecer distinciones que dan lugar al mundo. 3. El lenguaje y las interpretaciones son logros relacionales. Los actos de interpretación de la experiencia son logros dependientes de la participación en prácticas discursivas conversacionales constituidas a partir de sistemas de construcción que operan como marcos de inteligibilidad. El término práctica discursiva se refiere a las formas en que la gente produce activa y conjuntamente redes sociales y psicológicas (Davies y Harre, 1990)39. Ludwig Wittgenstein40 (1953) decía que el lenguaje no es una propiedad privada de los procesos cognitivos individuales, sino una forma de juego a la que jugamos juntos, es decir, un producto relacional de prácticas discursivas compartidas y acciones comunes. La interpretación de la experiencia está pautada e incluida en el contexto de compartir formas de

39

Davies, B. Y Harre, R. (1990). Positioning: The discursive production of selves. Journal for the theory of Social

Behaviour, 20, 43-63. 40

Wittgenstein, L. (1953). Philosophical investigations. New York: Macmillan.

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Una “construcción” alternativa del fenómeno de la violencia contra la pareja

inteligibilidad. El proceso de socialización implica aprender a dar sentido a los acontecimientos vitales, de forma que no quedemos reducidos a una situación de aislamiento relacional. Desarrollarse como ser humano significa aprender de nuestros padres, pares, profesores, amigos, parejas, colegas, conocimientos y modelos de rol, cómo sentirse, pensar y actuar en situaciones particulares con el fin de ser validados como miembro de nuestras redes relacionales. En este sentido, la unidad de análisis mínima de la psicología deja de ser la persona para pasar a ser la “persona en relación”. 4. Las relaciones humanas se articulan en conversaciones. Wortham41 (1999) habla del concepto de cognición heterogéneamente distribuida, señalando que la estructura cognitiva que explica la acción basada en el conocimiento emerge de un sistema de estructuras parciales interconectadas a diferentes niveles. En los sistemas humanos, como sistemas lingüísticos que son (Anderson y Goolishian, 1988)42, los procesos de organización se articulan en conversaciones de modo que el conocimiento, y todo lo que denominamos procesos psicológicos, se constituye y distribuye entre todas las conversaciones que sustentan las relaciones entre los miembros del sistema del que se trate. En el contexto de una conversación, el significado no es una responsabilidad exclusivamente individual. El significado de las propias palabras o acciones siempre está abierto al proceso de suplementación (Gergen, 1996, 2006); así, el significado atribuido a las

41 42

Wortham, S. (1999. The heterogeneously distributed self. Journal of Constructivist Psychology, 12, 153-171. Anderson, H. & Goolishian, H. (1988). Los sistemas humanos como sistemas lingüísticos: Implicaciones para la

teoría clínica y la terapia familiar. Revista de Psicoterapia, 2, 41-72.

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Reflexión teórica

propias palabras o acciones nunca está acabado y, potencialmente, se puede interpretar de otras formas: siempre se puede reconstruir, redefinir, transvalorar. Cada nueva interpretación abre un espacio para una nueva versión de los hechos, a la vez que reduce las competidoras a lo “aún no dicho”. 5. Las conversaciones constituyen posiciones subjetivas. El self se constituye en relaciones y conversaciones, y la fuerza constitutiva de tales conversaciones deriva de la provisión de posiciones subjetivas. El significado de las palabras y de las acciones no depende exclusivamente de nosotros

mismos,

sino

de

un

proceso

de

suplementación,

las

conversaciones crean posiciones subjetivas que resultan contingentes a las propias conversaciones en que se generan. Uno puede posicionarse de forma diferente según la conversación en que tome parte. Toda esta amalgama de posiciones subjetivas constituye el self concebido como el resultado de internalizar conversaciones significativas, en contraposición a concebirlo como un proceso enteramente privado. 6. Las posiciones subjetivas son expresadas a modo de voces. Cuando la posición del sujeto se expresa discursivamente, se convierte en una voz. Las voces son la expresión discursiva de las diferentes posiciones subjetivas constituidas en conversaciones. Mikhail Bakhtin43 (1986) explica que es probable que las diferentes voces de un autor no sean totalmente coherentes, sino que mantengan una relación dialógica entre ellas, siendo algunas de ellas más dominantes que otras. El diálogo interno y las

43

Bakhtin, M. (1986). Speech genres and other late essays. Austin, TX: University of Texas Press.

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Una “construcción” alternativa del fenómeno de la violencia contra la pareja

conversaciones externalizadas asumen la forma de intercambio dialéctico, en el sentido de que las palabras que uno emite no se dirigen solamente al objeto propio del discurso, sino también a todo posible discurso en competencia con él. 7. Las voces expresadas a lo largo de una dimensión temporal constituyen narrativas. Dado que la esencia de la narrativa es el tiempo, la expresión de una voz a lo largo de una dimensión temporal asume la forma de una narrativa. Las narrativas de identidad implican establecer una relación temporal entre acontecimientos relevantes. Así, los acontecimientos narrados se hacen inteligibles gracias a la posición que ocupan en una secuencia o proceso continuo. Considerando la naturaleza dialógica de las posiciones subjetivas y de las voces narrativas, siempre hay más de una forma de explicar la propia historia, más de una voz por escuchar, más de un argumento al que dar voz. En este potencial reconstructivo reside la esencia del cambio humano en general y de la psicoterapia en particular. Según Gergen y Gergen44 (1984), la función de las narrativas del self es esencialmente la construcción de significado. 8. La identidad es tanto el producto como el proceso de la construcción de las narrativas del self. La forma de una persona de seleccionar los eventos para ser incluidos (o excluidos) en su narrativa, los temas entorno a los que se organiza, los personajes que considera relevantes y secundarios, las voces que privilegia o silencia…, todo ello es tan constitutivo de la identidad como

44

Gergen, M.M. & Gergen, K.J. (1984). The social construction of narrative accounts. En K.J. Gergen & M.M. Gergen

(Eds.), Historical social psychology, (p. 173-189). Cambridge MA: Harvard University Press.

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Reflexión teórica

el contenido de la narrativa. Visto de esta forma, identidad se vuelve sinónimo de autoría. 9. Los problemas objeto de la psicoterapia son consecuencia de los procesos de construcción de las narrativas de identidad. Aquello que denominamos “problemas o trastornos psicológicos” constituye un conglomerado laxo y no siempre bien definido de formas humanas de pertenecer al mundo y de relacionarse con él. Todas esas formas de vida parecen tener en común la experiencia subjetiva de ininteligibilidad y pérdida de iniciativa personal que introducen en las narrativas de identidad. Bajo un amplio abanico de expresiones discursivas diferentes, las personas que formulan demandas debido a su sufrimiento psicológico refieren espontáneamente a uno o ambos de los bloqueos narrativos antes nombrados: no sé lo que le pasa a mi vida, las cosas ya no tienen sentido, no entiendo qué me pasa, mi vida se ha vuelto impredecible, he perdido el control de las circunstancias, ya no soy quien era, no puedo controlar mis sentimientos… Es como si de alguna forma nuestra posición relativa a nuestra narrativa de identidad hubiese sido empujada a un estado de impotencia autorial. 10. La psicoterapia se puede equiparar a un diálogo colaborativo destinado a transformar las narrativas de identidad de los/as clientes. La psicoterapia tiene lugar en el lenguaje y deriva su potencial trasformador de ser una forma especializada de conversación en que se da voz a nuevas posiciones subjetivas, se narran nuevas historias, emergen nuevas formas de inteligibilidad y lo aún no dicho encuentra un lugar para ser oído consciente y reflexivamente. La tensión dialéctica entre continuidad y discontinuidad

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Una “construcción” alternativa del fenómeno de la violencia contra la pareja

juega un papel crucial en la recuperación de un sentido de inteligibilidad y transformación respecto a la propia narrativa de identidad.

3.5.1.- Revisión del ciclo de la violencia

Botella y Velázquez (2005), hacen una revisión del ciclo de la violencia, propuesto por Walker en 1979, desde el constructivismo relacional y para ello repasan inicialmente algunas premisas básicas del constructivismo relacional, en cuanto a los procesos relacionales que sustentan la identidad del self. 1. El self se constituye en el contexto de las posiciones subjetivas contingentes a las relaciones en las que cada uno participa. Las prácticas discursivas en las que participamos constituyen un elemento fundamental en el proceso de construcción de la identidad; son el contexto relacional en el que cada persona ocupa una posición y a la vez es posicionada en función del tipo de relación que establece. El desarrollo de un sentido de identidad, como afirma Hymes (1972), es equiparable a la consecución de un sentido de competencia comunicativa o cultural, implica: (a) Aprender a atribuir significado, en términos de las formas de inteligibilidad que caracterizan las prácticas discursivas de la comunidad de interlocutores de la que se forma parte. (b) Posicionarse (o ser posicionado) en el contexto de tales discursos.

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Reflexión teórica

2. Cada contexto relacional facilita un conjunto de posiciones subjetivas a la vez que dificulta o imposibilita otras. La

posición

que

ocupamos

en

las

diferentes

relaciones

que

establecemos no sólo está pautada por la manera en que deseamos pertenecer al mundo, sino por la validación o invalidación de las dimensiones en las que se basa dicha pertenencia, que proviene de los demás participantes en el proceso relacional en que se generan y llevan a la práctica. Mantenemos nuestra identidad mediante un proceso de posicionamiento constante que implica siempre un componente de indeterminación, y dicho proceso de posicionamiento se caracteriza por unas prácticas discursivas que definen la posición de cada uno de los miembros de la relación.

3. El conjunto de posiciones subjetivas cobra sentido en el seno de una serie de prácticas discursivas, es decir, formas socialmente compartidas de dar sentido a la experiencia. El significado que cada uno de nosotros otorga a la experiencia no es un producto exclusivamente individual. También es el resultado de unas prácticas comunicativas compartidas en mayor o menor medida por los diferentes miembros de una comunidad. Tanto el significado de lo que se dice como el modo de decirlo están pautados por las relaciones sociales. Por tanto, la discursividad que baña todas nuestras prácticas sociales es también la que legitima o deslegitima.

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Una “construcción” alternativa del fenómeno de la violencia contra la pareja

Teniendo en cuenta estos principios básicos, el ciclo de la violencia, que se manifiesta en el seno de las relaciones familiares, se puede interpretar de la siguiente forma:

Fase 1 – Acumulación de tensiones: Durante las primeras fases de una relación, el juego relacional se caracteriza por la inseguridad del vínculo y el consiguiente deseo de contribuir a mantenerlo y/o reforzarlo. Las posiciones subjetivas son de seducción, entendida como el deseo de cada miembro de la pareja de mostrar su mejor faceta. Es precisamente por este motivo que es poco probable que aparezcan episodios de agresión. A medida que la relación continúa y el vínculo se consolida, será inevitable que la pareja se enfrente a situaciones de estrés y a las dificultades cotidianas. Llegados a este punto, uno de los dos -o ambospuede empezar a mostrar signos de comportamiento agresivo como producto de la intolerancia o la frustración y de la incapacidad de enfrentarse a las dificultades normales de la vida cotidiana de forma adaptativa. Con toda probabilidad, tal tendencia proviene de patrones adquiridos en posicionamientos en relaciones anteriores (por ejemplo relaciones paterno-filiales), si bien no se puede establecer una causalidad directa entre ambos aspectos al estar también presente la capacidad de contención que facilita la propia conciencia reflexiva de los patrones de conducta y atribución de significado.

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Reflexión teórica

Fase 2 – Episodio agudo de violencia: La agresión se vuelve contra uno o más de los miembros de un sistema. La víctima se encuentra en posición de ser responsabilizada por el agresor como origen de la “provocación” que conduce a la agresión, incluso es probable que acabe internalizando

tal

discurso.

La

víctima

intenta

modificar

su

comportamiento a fin de evitar la violencia. A pesar de ello, el maltrato físico y/o verbal continúa e incluso aumenta, de forma que las demandas del agresor son cada vez mayores, más rígidas, irracionales e imprevisibles. Él se posiciona cada vez más como respondiendo a supuestas provocaciones, a la vez que posiciona a la víctima como origen de las mismas. El maltratador puede intentar aislar a la víctima de contactos con familiares, amigos o profesionales. El círculo vicioso en el que se desarrolla la relación da lugar a que los episodios de violencia sean cada vez más frecuentes, premeditados y regulares, y que se produzcan en un contexto de maltrato físico y verbal generalizado. Las pautas relacionales características del juego establecido se hacen cada vez más rígidas.

Fase 3 – Etapa de calma, arrepentimiento o “luna de miel”: Tras los episodios agudos de violencia se da un período de aparente calma e incluso de muestras (a veces exageradas) de arrepentimiento por parte del agresor. Como parte del ritual, el agresor puede incluso posicionarse como víctima de impulsos incontrolables, de estar enfermo… y dar a la víctima esperanzas de buscar ayuda o de cambiar por sí mismo. A

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Una “construcción” alternativa del fenómeno de la violencia contra la pareja

menos que algo cambie radicalmente en la relación. Esta fase suele ser transitoria y da lugar al reinicio del ciclo.

3.5.2.- Discursos legitimadores de la violencia contra la pareja

La violencia contra la pareja conlleva implicaciones tanto en el aspecto individual como social. Cómo hemos ido viendo a lo largo de este trabajo, las prácticas discursivas son formas socialmente compartidas de dar significado a la experiencia (Davies y Harre, 1990), legitimando determinadas creencias y deslegitimando otras. En la medida en que dejamos de ser conscientes de la naturaleza construida de dichas creencias, se convierten en “lo real” y organizan infinidad de prácticas e intercambios sociales.

Botella y Velázquez (2005) analizan los cinco discursos, de los muchos disponibles, más evidentes que legitiman la violencia contra la violencia junto con los mitos que los sustentan. Tabla 3.5.2.:

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Reflexión teórica

El discurso patriarcal/sexista: «Con el padre no se juega» Los discursos legitimadores de la desigualdad entre hombres y mujeres además de legitimar la violencia de género, también lo hacen en muchas ocasiones la violencia contra la pareja. El uso del poder deviene un elemento característico del tipo de relación establecida y acaba derivando en abuso. La narrativa dominante del agresor se construye alrededor de la creencia de que “tiene el derecho de controlar a su pareja (e hijos) como mejor le plazca y por cualquier medio”. Este discurso permite sostener determinadas creencias que se corresponden más bien poco con la evidencia, como la creencia de que la violencia de género es un fenómeno cosustancial a las relaciones entre hombres y mujeres dado que siempre ha existido, y que en el fondo lo que sucede es que últimamente está muy exagerado. Este discurso convierte algo indeseable en algo inevitable, sin embargo pasa por alto los evidentes efectos letales de este tipo de violencia (incluida la que se ejerce contra la pareja) en infinidad de aspectos que van desde el más grave y evidente, la vida y la integridad física de las víctimas, hasta sus implicaciones sociales, sanitarias, educativas, laborales, etc.

El discurso del determinismo social: «Me han educado así» En el contexto cultural contemporáneo coexisten en un estado de tensión dialéctica dos discursos de raíces filosóficas diferentes. Por un lado la visión iluminista, y a veces ingenuamente optimista, basada en la idea de que

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Una “construcción” alternativa del fenómeno de la violencia contra la pareja

las posibilidades personales no tienen límite. Por otro, la del determinismo limitador a la que se refieren afirmaciones como «Me han educado así». Es muy probable que la respuesta esté en “el camino del medio”, como en la mayoría de las tensiones dialécticas. Pero el discurso del determinismo genera una parálisis social y personal que mantiene el fenómeno de la violencia contra la pareja. Algunas de las creencias que sostiene este discurso son por ejemplo que la violencia contra la pareja es un problema de clases sociales marginales, a pesar de que los datos (denuncias, estadísticas…) muestran que es un fenómeno que se produce en todos los estratos sociales.

El discurso de la provocación: «Se lo ha ganado a pulso» Existen varios estudios basados en metodología de análisis del discurso que destacan que muchos delincuentes violentos justifican sus acciones en la supuesta provocación de la víctima. Es como si así salvasen su propio sentido de autoestima y dignidad (incluso ante la invalidación que supone una condena judicial); invierten la causalidad de la acción y se presentan a sí mismos como víctimas de una provocación gratuita a la que no tenían más remedio que responder. Esta lógica que generalmente sólo es compartida por ellos, lleva a una espiral de violencia latente, ya que no hay condena judicial que consiga modificar la vivencia de la situación, lo más probable es que agrave la sensación de ser víctima de una situación ante la que es impotente. Algunas de las creencias que sustentan este discurso son, por ejemplo, la de que la mujer maltratada debe compensar de alguna manera el maltrato,

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Reflexión teórica

porque sino, o bien no provocaría a su agresor o bien lo abandonaría. Este tipo de creencias niega la vivencia de verdadero terror con la que conviven las víctimas de la violencia contra la pareja, no sólo cuando se produce el acto violento, sino ya en la anticipación de lo que puede suceder. Otros aspectos que legitiman este tipo de discurso, a la vez que mantienen la creencia, son los relacionados con la situación económica en la que queda la víctima, o las actitudes de rechazo que se generan socialmente cuando una mujer decide abandonar el núcleo familiar sostenidas por creencias como la de que el éxito del matrimonio es responsabilidad de la mujer y/o la de que las mujeres perjudican a sus hijos si los privan de su padre.

El discurso del impulso irrefrenable: «No puedo evitarlo» En este discurso aparece el eterno dilema entre determinismo y libre albedrío; en el primero de los polos nos encontramos con que el agresor se “justifica” con la idea de que una parte de él se escapa a su control y le obliga a hacer cosas que no quiere hacer. Es el mismo planteamiento de escisión del self que aparece en personas con problemas de adicción o de autocontrol en general. Una de las creencias que sustentan dicho discurso, y a las que han contribuido determinadas lecturas parciales de la psicología clínica y la psiquiatría médico-biológica, es la de que los hombres que maltratan a sus mujeres son enfermos mentales que no tienen responsabilidad sobre sus actos. Ante esta creencia, no deja de resultar curiosa la repetida experiencia de hombres que, de puertas para dentro maltratan a sus mujeres e hijos/as y de

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puertas para fuera es u excelente compañero de trabajo o un amigo jovial y divertido.

El discurso del hermetismo relacional: «Los trapos sucios se lavan en casa» El tipo de relación establecida entre los miembros de una pareja (o los de una familia) está definida por características referentes a aspectos como por ejemplo, los límites y las fronteras que definen la estructura de pareja (o familiar), las creencias que definen la posición ocupada por cada miembro según sea hombre o mujer, etc… En toda relación de intimidad, existen algunos aspectos de la convivencia que conciernen fundamentalmente a las personas que conviven, por tanto requieren un trato privado; pero los límites de la privacidad son una construcción social. Desde los aborígenes australianos, que ni siquiera conciben vivir entre cuatro paredes y con puertas que se cierren, hasta el prototipo de familia protestaste nórdica o anglosajona, existe una amplia gama de construcciones posibles sobre qué constituye el límite aceptable entre lo público y lo privado. Este argumento es una forma de mantener el orden de las cosas inalterado a la vez que una excelente legitimización. Pero, ¿por qué debería ser la violencia un asunto privado?, ¿puede la privacidad prevalecer sobre los derechos de las personas a ser respetadas y a defender su integridad física y moral?

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Reflexión teórica

La violencia contra la pareja tiene una naturaleza social, al igual que el alcoholismo, las adicciones, la delincuencia juvenil, etc… Tampoco podemos olvidar que la economía social se resiente por los costes médicos producidos por la violencia contra la pareja (al igual que con otras problemáticas) o las pérdidas económicas que generan el absentismo laboral y la baja productividad.

3.5.3.- Consecuencias relacionales de la violencia contra la pareja

Tabla 3.5.3:

Imperio del terror La experiencia de las víctimas de violencia contra la pareja se caracteriza por la presencia de emociones y sentimientos tales como el miedo, la ansiedad, indefensión, ira, vergüenza, etc. En toda vivencia en la que impera

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la violencia es característico la presencia de sufrimiento que, llegado al extremo, puede incluso conducir a la víctima a contemplar el suicidio como única solución posible. En situaciones de violencia contra la pareja, estas emociones se transforman en terror, sobre todo cuando las agresiones ya no se producen de forma puntual, sino que aparecen en cualquier situación sin ninguna causa aparente. Esta vivencia de terror colapsa el proceso de construcción de la experiencia de la víctima desde el momento en que es incapaz de anticipar qué sucederá en el instante siguiente; más aún cuando ya no tiene que recurrir a anticipaciones, sino que tiene la certeza de que, pase lo que pase y haga lo que haga, el resultado del encuentro con su agresor la someterá a un estado de indefensión absoluto.

Colapso del diálogo La presencia de la agresión impide el diálogo. Lo más cercano que se puede producir es “una pantomima” que en nada se asemeja a la comunicación genuina y sincera entre personas que expresan sus opiniones y construyen pautas de acción conjunta. Las bases de cualquier relación interpersonal satisfactoria desaparecen de aquellas que se caracterizan por el recurso a la violencia.

Colapso de la responsabilidad relacional Una vez producida la primera agresión -con el resultado consiguiente de acallar la voz del otro-, el recurso a la violencia queda instaurado como una

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alternativa relacional más. El resultado final es que el uso de la violencia como alternativa acaba convirtiéndose en la primera apuesta de la persona agresora para acabar cuanto antes con la “discusión” pero, sobre todo, para definir su posición de superioridad en cualquier momento y ante cualquier situación, sea ésta conflictiva o no. La posición subjetivada asumida de la víctima se define por haber incorporado la voz del otro, hasta el punto que la narrativa dominante desde la que da sentido a su experiencia se basa en su autodefinición como “provocadora” de la situación y la atribución de la responsabilidad a sí misma. Si además, las personas allegadas a la víctima, como familiares y amigos, mantienen discursos legitimadores de la violencia como que las mujeres deben tener “mano izquierda” con sus parejas (darles la razón, no llevarles la contraria, acceder a sus peticiones…) porque si no es “normal” que ellos respondan de “forma brusca”.

Fragmentación del sistema La estructura del sistema familiar se ve modificada ante el uso de la violencia como pauta relacional. Es posible que los hijos empiecen a tomar partido en la defensa de la persona agredida, lo que supone la redefinición de las posiciones que ocupa cada miembro de la familia, hasta el punto que se acostumbran a formar dos frentes. La forma más general de estos es: por un lado la víctima y el resto de miembros de la familia nuclear, y el otro ocupado por el agresor y, en algunos casos, por miembros de la familia extensa.

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La situación adquiere un significado social en el que las posiciones de cada una de las personas implicadas se construyen en función de la perspectiva desde la que sea percibida, y por supuesto de la información de la que se disponga, pero sobre todo desde las creencias a partir de las cuales se dé sentido a lo que sucede. El extremo de esta consecuencia relacional es el momento en el que la víctima tiene que abandonar el hogar por sentir que su vida está en peligro o en el momento en que la víctima fallece como consecuencia de una agresión.

Judicialización de la vida cotidiana En situaciones de violencia contra la pareja, es frecuente que se produzca antes la intervención de agentes judiciales, asistentes sociales, abogados, etc., que de familiares y amigos. La aparición de estas terceras personas se produce después de que la espiral de la génesis relacional de la violencia se haya instaurado como el único tipo de relación. Este hecho, además de suponer un componente de descompresión de la tensión con la que se vive (bien porque se han tomado medidas preventivas, bien por que el agresor tiene miedo a posibles represalias y temporalmente reprime su conducta), también conlleva que las personas implicadas vivan sus relaciones como “sin límites”, como si su vida privada y su identidad se hubieran diluido con la presencia de personas ajenas y tuvieran que construir su mundo a partir de los consejos y las opiniones que les llegan desde muchos frentes. La intervención de estas terceras personas es

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necesaria, pero no debemos olvidar que una excesiva socialización de una vida puede dar lugar a un sentimiento de pérdida de identidad.

Contaminación potencial de futuras relaciones Esta última consecuencia relacional posee una doble dimensión que afecta sobre todo a los que se identifica como “víctimas indirectas” de este tipo de violencia: los/as hijos/as. Vivir a diario situaciones de violencia repercute directamente en la construcción que los/as menores llevan a cabo de los roles y las posiciones que cada uno de sus progenitores ocupa dentro del sistema familiar. Como fuente de (in)validación a partir de la que dar sentido a sus experiencias, la descendencia acostumbra a realizar dos procesos de aprendizaje opuestos entre sí. Una posibilidad es que incorporen la violencia como mejor forma de relacionarse en un futuro con sus parejas, de tal modo que sus relaciones futuras queden delimitadas por el uso de la violencia como única vía de comunicación. A esto es a lo que se refieren algunos expertos cuando explican la causalidad de la violencia, definiéndola como el resultado de un proceso de aprendizaje en edades tempranas. Otra posibilidad es que los/as descendientes construyan de forma generalizada el papel que el padre o la madre desempeña dentro del núcleo familiar, experimentando un rechazo absoluto no sólo por la persona agresora sino, a menudo, por el género al que pertenece. Al igual que en el caso anterior, esta construcción determinará sus relaciones futuras.

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Sea cual sea el proceso que se lleve a cabo, seguro que esta experiencia delimita en exceso el repertorio de alternativas relacionales del que dispone la descendencia de una pareja en la que existe violencia. Aún así no debemos olvidar que los seres humanos, incluso cuando pasan por experiencias tan duras, disponen de una capacidad de contención que facilita la conciencia reflexiva de los patrones de conducta y de atribución de significado.

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4.- REFLEXIÓN TEÓRICA

A lo largo de este trabajo se ha mostrado, en su primera parte, una visión general, pero representativa de la teoría sobre la violencia contra la pareja más conocida y manejada por los profesionales y por la sociedad en general. En la segunda parte, se ha realizado un ejercicio por exponer, sobre todo, la teoría constructivista y la constructivista relacional para aplicarla a la violencia contra la pareja. En este último apartado se realiza un esfuerzo por presentar de una forma enlazada los conceptos sobre violencia contra la pareja introducidos en el capítulo anterior. El punto de partida es que los sistemas humanos (individuos, parejas, familias, grupos…) se orientan proactivamente hacia la búsqueda del significado de su experiencia del mundo y de su lugar en él como forma de coordinación de su acción conjunta (Botella, 2006).

4.1.- LEGITIMIZACIÓN DE LA VIOLENCIA El construccionismo social nos dice que el conocimiento es una construcción que surge de un proceso de diálogo público y social y el constructivismo relacional, que ser humano implica construir significados, los cuales, se construyen a través de las interpretaciones y del lenguaje que son el producto relacional de las prácticas discursivas y compartidas. En nuestra cultura existen múltiples discursos que legitiman la violencia, la violencia de género, la violencia contra la pareja, etc. El más extendido, y

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hoy día compartido por una amplia mayoría, es el discurso en el que se basa la teoría feminista para dar explicación al fenómeno de la violencia de género, aquel que se enmarca en una cultura patriarcal en el que las desigualdades entre hombres y mujeres se han convertido en “algo natural”. A través de este discurso el hombre se ha hecho con el “poder”, supeditando así al género femenino, convirtiéndolas en ciudadanas de segunda. Este discurso patriarcal, se ha ido forjando y asentando a lo largo de los siglos. Es el que ha establecido los parámetros válidos para el género femenino y el género masculino. Es el discurso que ha apoyado, en su mayor extremo, que se pueda ejercer violencia contra la mujer por parte del hombre cuando ésta no cumpla con su “rol femenino”. Es un discurso impuesto por unos y asumido por otras, tanto víctima como agresor se encuentran inmersos y construyen su realidad dentro del mismo. Es lógico, por tanto, que la víctima permanezca dentro de una relación de violencia si, a pesar de su sufrimiento, comparte la forma de construir su realidad, su yo y el mundo, con los mismos términos de desigualdad y de poder que su maltratador. La única forma de escapar a la tortura es conseguir cambiar el discurso, que cambie su construcción del yo y del mundo. Éste es el proceso que tiene que tener como objetivo el trabajo con mujeres víctimas de violencia contra la pareja (o de violencia de género). Si no se consigue este objetivo, que conlleva un proceso, la mujer volverá una y otra vez con su agresor, o bien, en su próxima relación “volverá a escoger” a otro maltratador. Algo que los

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profesionales están “acostumbrados” a ver,

pero

que no

consiguen

“comprender”, lo que puede producir un importante desgaste de los mismos. En el punto 3.5.2. se han desarrollado otros discursos, además del patriarcal sexista, bastante frecuentes en la justificación y legitimización de la violencia, que pueden llegar a complementarse entre ellos.

4.2.- ESTABLECIMIENTO Y MANTENIMIENTO DE LA VIOLENCIA

El hecho de establecer nuestras relaciones dentro de un mismo discurso es en sí mismo causa y efecto, ya que facilita la instauración de la violencia en un contexto justificado y ayuda a que se mantenga. Pero podemos ir más allá y buscar los mecanismos personales y relacionales que se desarrollan dentro de este macrodiscurso que está presente como nexo de unión. Si nos centramos en los mecanismos personales (sin olvidar que son el resultado que se produce en la persona de forma individual en un contexto relacional), lo que se producirá será un proceso de validaciones e invalidaciones de las anticipaciones que van a ir realizando las personas implicadas en este proceso. En el punto 3.2.5. ya se ha hecho una revisión de este proceso en la víctima. Partiendo de un discurso común, la mujer anticipa que será capaz de cumplir con su rol, con las expectativas de su pareja, por lo que el resultado que se espera es que no haya agresiones de ningún tipo, siendo muy alta la

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implicación al tratarse de una relación de intimidad. Pero en el encuentro, el resultado es que se produce la agresión, conllevando una invalidación (cierto/falso). En la revisión, la mujer busca en el discurso de partida “el fallo” de su anticipación y lo achaca a que es ella quien no ha cumplido con su rol, es decir no ha respondido con las expectativas de su pareja. Una vez instaurada la violencia y cronificada, la mujer ya sólo puede anticipar las agresiones que aparecen de forma casi invariable, validando así esta anticipación y por tanto afianzando la revisión que había hecho en el inicio de instauración. El agresor sigue el mismo proceso que la mujer, por tanto también está sujeto al ciclo de experiencia.

Figura 4.2.:

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El hombre anticipa que su pareja va a estar siempre sujeta a su “rol femenino”, que entre otras muchas funciones, tiene que saber lo que él quiere y espera en cada momento, ya que ella es la encargada de satisfacer todas sus necesidades. Quien sea él como hombre dependerá de que su mujer cumpla con su papel. Pero adivinar pensamientos es todavía hoy en día algo imposible, por lo que la mujer nunca cumple las expectativas de su pareja. Él se siente invalidado (cierto/falso) por lo que en su revisión llega a la conclusión de que tiene que hacer lo que sea necesario para que su pareja cumpla con su rol (y así él sentirse validado), incluso recurrir a la violencia si es imprescindible. Cuando el hombre utiliza la violencia se siente validado porque su pareja acaba siendo dócil y asumiendo su sol y/o porque ejerce su derecho como hombre, “ha hecho lo que tenía que hacer”. En este proceso compartido de (in)validaciones ambos siguen y se refuerzan en el discurso patriarcal/machista, de forma que se seguirá produciendo de forma invariable mientras no haya cambios. Si en algún momento la mujer intenta revelarse, el hombre, amparado por su experiencia, incrementará la violencia hasta que consiga de nuevo el “equilibrio”. Llegados a este punto, es “comprensible” que esta situación adquiera su máxima peligrosidad cuando la mujer decide abandonar al hombre, en este estado la invalidación es masiva de forma que él utiliza todos los medios necesarios para que esto no suceda. En el punto 3.5.1. se ha revisado el ciclo de la violencia de Walker desde un punto de vista relacional. En esta revisión se ha mostrado cómo en la fase

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de acumulación de tensiones juega un papel muy importante la consolidación y el mantenimiento del vínculo. Una vez que está consolidado, queda establecida la relación de desigualdad y por tanto es legítimo el uso de la violencia para mantener el estatus de poder. La etapa de calma o de “luna de miel” sólo tiene sentido cuando el vínculo está en consolidación o en peligro, en el momento que está consolidado, o no hay riesgo de ruptura del mismo, desapareciendo esta fase porque deja de tener utilidad.

4.3.- LAS CONSECUENCIAS

Las consecuencias relacionales que supone la violencia contra la pareja que se han expuesto en el apartado 3.5.3. es el factor que en última instancia colabora en el mantenimiento de esta violencia. El imperio del terror es el caldo de cultivo en el que se desarrollan todas las alteraciones psicológicas, y de cualquier otra índole, que desarrolla la víctima, dejándola totalmente colapsada y paralizada y queda absolutamente desprotegida a nivel psicológico y a plena meced de su torturador. Cualquier agresión es contraria al diálogo, porque se produce un colapso del mismo, por lo que se destruye la única vía para redefinir los significados y así conseguir un cambio, un nuevo contexto de inteligibilidad. La única forma de relacionarse es a través de la violencia, de la supeditación de la mujer al hombre. La única voz que existe, la única voz válida

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es la del agresor. Sólo se permite la “compañía” de aquellos que legitiman la violencia, los demás son excluidos (aislamiento social). Se produce una fragmentación del sistema, en la que la descendencia ocupa posiciones que no son propias de una relación familiar (sana). Generalmente acaban siendo quienes defienden a la víctima, por lo que serán vistos como “enemigos” y posiblemente acaben siendo víctimas directas de la misma violencia. En el caso de que se posicionen con el agresor acabarán siendo otro verdugo más, aunque lo que les lleve a esta situación sea una forma de autoprotección, “si estoy con el poder, minimizaré la consecuencias”. La judicialización de la vida de la víctima, aunque es necesaria, puede acabar de alterar psicológicamente a la mujer, que no está en posesión de una fortaleza necesaria para afrontar todo el proceso y las consecuencias del mismo a nivel personal. Por ello se hace tan costoso trabajar con ellas a estos niveles. En ocasiones, esta judicialización, las sumerge en un proceso de victimización secundaría, que en caso de darse, aún refuerza más la condición de víctima y el afianzamiento de los discursos legitimadores de la violencia.

4.4.- OTRAS CONSECUENCIAS PARA LAS VÍCTIMAS

El discurso del que participa la persona en cada uno de los ámbitos de su vida es la consecuencia de su posicionamiento, el cual viene mediado por múltiples factores que se pueden englobar en dos más generales: Los vínculos establecidos (en su infancia y a lo largo de su vida)

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Las experiencias vividas a lo largo de toda su existencia. A su vez, también podemos entender que, si los vínculos y la experiencia modulan el discurso de la persona, y es la experiencia (el ciclo de experiencia) quien va a permitir los cambios (o el estancamiento) en el sistema de constructos, el discurso también modulará el mismo. Se trata de una serie de elementos presentes en toda persona, que interactúan entre ellos.

Figura 4.4.:

El hecho de que una persona participe de un discurso legitimador de la violencia contra la pareja modulará su experiencia y por tanto su sistema de constructos tendrá, en este ámbito específico, una construcción concreta que se situará en unos polos concretos (y no en otros que no sostendrían ese

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discurso). Este discurso, sistema de constructos, quedará reflejado en su narrativa cuando trate, de forma directa o indirecta, el susodicho ámbito. Esta narrativa tendrá una coherencia y una continuidad en el tiempo. Pero cuando alguien es víctima directa de violencia por parte de su pareja, aún compartiendo el discurso que la legitima, el sufrimiento padecido en esa experiencia provocará una ruptura de su narrativa (no es lo mismo una creencia que una vivencia). Si la víctima no compartía este discurso lo acabará haciendo, lo que significará una ruptura en su narrativa provocada tanto por el cambio de discurso (cambio en el sistema de constructos) como por el sufrimiento experiencial. Esto quiere decir que, una mujer víctima de la violencia de su pareja, construirá las relaciones de una forma diferente a cualquier otra mujer que, aún compartiendo un discurso legitimador de esta violencia, no haya sufrido un maltrato. En todo lo que haga referencia a este ámbito específico su sistema de constructos quedará constreñido45, los constructos se volverán rígidos46 y el foco de conveniencia se verá reducido47. La

violencia

física

y/o

psicológica

sufrida

contribuirá

a

ello.

Especialmente la psicológica: la vivencia del miedo (terror) y el aislamiento social al que se verá obligada (de forma directa por el maltratador, o de forma indirecta por la imposibilidad de compartir aquello que le está pasando: vergüenza, culpabilidad, temor a las consecuencias…) principalmente. 45

Constricción: Se produce cuando la persona reduce su campo fenoménico para minimizar incompatibilidades aparentes.

46

Constructo rígido: Es aquel que conduce a predicciones invariables.

47

Foco de conveniencia: El foco de conveniencia de un constructo comprende aquellos elementos a los que la persona encuentra máximamente útil aplicarlo. Son los elementos respecto a los que es probable que se haya formado originalmente el constructo.

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Las consecuencias de esta modificación en su sistema de constructos serán todas aquellas que tan bien conocemos: ansiedad, ira, desolación, tristeza, dificultades en la toma de decisiones…

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5.- CONCLUSIONES

Podemos concluir que la violencia contra la pareja es un fenómeno social que se construye a través de significados otorgados por la interpretación y del lenguaje que son el producto relacional de lo discursivo. Para que la violencia se erradique de nuestra sociedad, de las relaciones de pareja, han de erradicarse todos los discursos que la legitiman. Sin violencia el diálogo se hace posible y por tanto las relaciones se pueden (re)definir a través de él. Si el diálogo es viable entre dos personas que ocupan la misma posición, se hace necesario el discurso de la igualdad en la erradicación de la violencia. La intervención de los profesionales es necesaria en los casos de violencia, pero hemos de tener en cuenta nuestro “discurso”, tanto como el de ellas, para entenderlas, ayudarlas y no revictimizarlas. Todas las intervenciones profesionales van dirigidas a que la mujer deje de sufrir la violencia de su pareja contra ella. Pero para que estas intervenciones sean más efectivas tienen que dotarse de otro objetivo, que la mujer deje de ser partícipe del discurso legitimador de la violencia y participe de otro en que la misma sea totalmente ilegítima, como es el discurso de la igualdad. Esta forma de entender el fenómeno de la violencia contra la pareja abre nuevos caminos de investigación en los que ya se está trabajando: análisis del discurso, construcción del yo y del mundo, etc. A medida que aumentemos este

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conocimiento, sabremos ayudar mejor a las mujeres, tanto trabajando con ellas como con los agresores. En cuanto a las víctimas, hemos de ser conscientes que no podemos avocarlas a tomar decisiones para las que no están preparadas. Antes de “destruir su mundo” hay que ayudarlas a que construyan otro nuevo y seguro, entonces estarán preparadas para sumir los cambios que sean necesarios. Si no tenemos en cuenta este factor, a pesar de todo, volverán una y otra vez a su “infierno particular”. Si derrumbamos una casa, no podremos volver a tener un techo hasta que no construyamos otra nueva, mientras tanto malviviremos a la intemperie. Es bien cierto, que el objetivo de toda intervención de cualquier profesional está dirigida a que la mujer deje de sufrir la violencia a la que la somete su pareja. ¿Pero esto nos da derecho a “obligarla” a tomar decisiones para las que no está preparada?. Ante esta pregunta, en aquellos casos en que el riesgo es elevado nadie tendríamos dudas, lo primero es su seguridad, pero existen otros ejemplos en los que la respuesta es mucho más complicada, la línea que separa lo que es justo de lo que es necesario. A todo/a psicólogo/a nos advierten de los riesgos que comporta “tomar decisiones” que el/la cliente no “puede” asumir. En este caso, los riesgos son mayores, ya que cuando una mujer vuelve con su maltratador la violencia aumenta para que “algo así no vuelva s suceder”. Quizás tendríamos que reflexionar sobre la posibilidad de que si el día que la mujer tome la decisión de abandonarlo de forma totalmente voluntaria no habría retornos o se minimizarían en gran número.

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