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DOMESTIC

UNA EXPOSICIÓN DE FOTOGRAFÍA INTERNACIONAL reflexiva, sugerente, sensible y rigurosa sobre el espacio que habitamos. Tan nuestro y a veces tan desconocido


DOMESTIC DESDE LA FUNDACIÓN QUEREMOS AGRADECER ESPECIALMENTE EL APOYO, INSPIRACIÓN Y COMPLICIDAD DE LAS SIGUIENTES PERSONAS:

CATÁLOGO DE LA EXPOSICIÓN DOMESTIC INAUGURADA EN EL ESPAI CULTURAL CAJA MADRID DE BARCELONA EL 28 DE ABRIL DE 2010. LA EXPOSICIÓN HA SIDO PRODUCIDA POR OBRA SOCIAL CAJA MADRID.

Leopoldo Blume Javier Creus Carme Cruañas

IDEA ORIGINAL I DIRECCIÓN EDITORIAL Fundación Photographic Social Vision COMISARIADO Y EDICIÓN FOTOGRÁFICA Arianna Rinaldo Silvia Omedes GUIÓN EXPOSITIVO Y COORDINACIÓN CATÁLOGO Roger Canals PRÓLOGO, TEXTOS I ARTÍCULOS (por orden de aparición) Carmen Contreras, Silvia Omedes, Arianna Rinaldo, Roger Canals, Elisenda Ardèvol, Eva Pinyol, Luis Pizarro, Sandra Ezquerra DIRECCIÓN DE ARTE Y DISEÑO GRÁFICO Inés Casals TRADUCCIÓN Roger Canals CORRECCIÓN Susanna Cros Bahí Mariona Masgrau Juanola WEB Enfusion IMPRESIÓN The Private Space www.photographicsocialvision.org/domestic

FOTO PORTADA © Frédéric Nauczyciel Íntima morada. Falsas apariencias, 2005


CARMEN CONTRERAS GÓMEZ

Directora Gerente de Obra Social Caja Madrid

Obra Social Caja Madrid presenta en el Espai Cultural de Barcelona la exposición de fotografía DOMESTIC, basada en un proyecto original de la Fundación Photographic Social Vision. Esta muestra es fruto de una rigurosa investigación que ha reunido a antropólogos, psicólogos, sociólogos e historiadores con el fin de cuestionar el ámbito doméstico, un espacio complejo, problemático y en plena transformación que, quizás por ser privado y cotidiano, no ha recibido, desde la sociedad, la atención que merece. Esto es lo que nos anima a analizar qué se esconde detrás de ese universo cotidiano y familiar en el que convivimos diariamente. En el ámbito doméstico, en lo más cercano, es donde está toda nuestra esencia, en clara relación con nuestro comportamiento a nivel comunitario. Algunas de las cuestiones que se exploran en DOMESTIC son: ¿Qué relaciones establecemos con las personas con las que convivimos? ¿Qué relación existe entre lo público, lo privado y lo íntimo? ¿Qué papel juegan las nuevas tecnologías en los hogares de hoy en día? ¿Cómo influyen los modelos culturales y económicos dominantes en la relación que mantenemos con nuestro hogar? Esta exposición ha sido posible gracias al trabajo de investigación de la fundación Photographic Social Vision, cuya labor de apoyo a la elaboración y difusión de nuevas propuestas visuales tiene como objetivo permitir al espectador reflexionar sobre el mundo contemporáneo de manera independiente. Queremos agradecer de manera muy especial la labor curatorial de Arianna Rinaldo y Silvia Omedes en el desarrollo de este proyecto.


DOMESTIC o si las paredes hablasen... SILVIA OMEDES

Comisaria Presidenta de la Fundación Photographic Social Vision

DOMESTIC es un proyecto expositivo que nace en el seno de la fundación Photographic Social Vision al darnos cuenta, a través de nuestra labor diaria como plataforma de apoyo al fotoperiodismo y como gestores de fotografía documental, que son más bien escasos los ensayos fotográficos que tratan el ámbito privado como tema esencial de análisis de nuestra sociedad. Desde su creación en Barcelona en el año 2001, la fundación ha estado en contacto con muchos autores que, desde el género del reportaje social, han priorizado contar historias sobre lugares lejanos, conflictos ajenos e historias de vida vinculadas a países en vías de desarrollo. Todas ellas son fruto de trabajos documentales necesarios por su capacidad de acercarnos a visiones alternativas sobre realidades desconocidas y apuestan por fortalecer la función vital del fotoperiodismo en la creación de conciencia social y opinión pública. Sin embargo, ha sido poco habitual hallar publicados o expuestos reportajes que tuvieran como objetivo convertir la práctica de la fotografía documental en una herramienta para conocer nuestra propia realidad. Una realidad, la doméstica y privada, que nos afecta a todos y que desde la fundación hoy consideramos importante analizar: el ámbito doméstico en las ciudades del bienestar, urbano, occidental y contemporáneo. Un espacio habitado por nosotros mismos, el grupo social que históricamente más oportunidades y poder ha tenido para orientar y decidir el rumbo del mundo y que ha dictaminado en gran medida cómo han sido y son las relaciones entre todos los habitantes y países de nuestro planeta. El ámbito doméstico –tradicionalmente privado, invisible y muy protegido de la mirada ajena– es tratado en esta


exposición como el caldo de cultivo de nuestra cultura y como el escenario donde aprendemos las reglas del juego de la vida. El espacio donde germina nuestra personalidad y con ella nuestras fortalezas, nuestros miedos e inseguridades, o sea, nuestras capacidades y límites relacionales desde la infancia. DOMESTIC es una muestra de carácter documental, artístico y científico que, gracias a una convocatoria internacional a fotógrafos profesionales, une la mirada de más de ochenta autores. A través de más de trescientas fotografías y vídeos, DOMESTIC ofrece al espectador la posibilidad de revisitarse a si mismo y da claves para identificar algunas dinámicas sociales que codifican y perpetúan esta manera tan nuestra y tan común, no siempre sana, de relacionarnos con los demás, sean éstos familiares, vecinos, desconocidos, comunidades o países. El riguroso trabajo de un equipo compuesto por personas procedentes de distintas disciplinas culturales y científicas ha hecho posible un guión expositivo que facilita la autoreflexión sobre nuestra vida, valores y sobre las relaciones que desde la cuna han influenciado nuestra identidad. Las obras expuestas en esta muestra y catálogo están impregnadas de inquietud antropológica y actúan como un murmuro para nuestros oídos, o como mirillas para nuestros ojos. Si las paredes hablasen… ¿cuántas otras verdades descubriríamos? DOMESTIC quiere dar voz simbólica a las paredes que nos rodean, y como a ellas, hacernos cómplices y testigos de variadas experiencias dentro del ámbito doméstico.

Desde que los medios de comunicación de prensa escrita han dejado de ser la tradicional ventana desde la cual el mundo se acerca y se autoexplica a la sociedad, esta exposición es para Photographic Social Vision, gracias al apoyo de Obra Social Caja Madrid, un nuevo intento de acercar de manera sugerente y alterantiva el arte de la fotografía documental a la sociedad.


DOMESTIC Toc toc. ¿Quién es? Eres tú ARIANNA RINALDO Comisaria Directora de OjodePez Consultora fotografica para D Magazine (La Repubblica) Abrir las puertas de nuestra casa y dejar pasar a la gente.1 Descorrer las cortinas y dejar que los desconocidos echen un vistazo. Dirigir nuestra mirada al interior de la casa en lugar de al exterior. En nuestra búsqueda inicial de proyectos fotográficos relacionados con el ámbito doméstico, dirigimos nuestra atención hacia el mundo, pero luego estrechamos nuestro enfoque a nuestro barrio: la sociedad urbana occidental. No hace falta ir demasiado lejos –o al otro lado del mundo– para investigar el intrincado y fascinante proceso de construir una casa, crear un ambiente familiar, formar una comunidad, experimentar emociones, desarrollar nuestra identidad, marcar nuestros límites, crecer y criar, defender nuestros derechos, disfrutar de nuestros rituales de cada día, luchar para conseguir atención, compartir las penas, buscar aprobación, intercambiar papeles y buscar el amor. De hecho, puede ser más interesante mirarnos a nosotros mismos y a nuestro propio ámbito doméstico. Y aunque puede ser más difícil y hacernos sentir incómodos, al final, nos brindará un conocimiento aún más profundo de nosotros mismos. El material visual recibido sobre el tema de lo doméstico –mayormente fotografías, aunque también vídeos– fue muy amplio, diverso y complejo. El proceso de selección fue largo y arduo y, después de mucha reflexión, al final decidimos reducir el número de trabajos por autor para poder incluir el mayor número de autores posibles. Demasiadas cosas que decir, y ver.


Mientras paseaban por el ámbito doméstico, fotógrafos de diferentes partes del mundo han mirado las mismas cosas, pero con ojos distintos. En primer lugar, la mirada se dirige hacia nosotros mismos y las paredes que nos rodean, encerrándonos y, a veces, asfixiándonos: se evoca la soledad, la identidad, el orden, la fuerza y la curiosidad. Después, volvemos nuestra mirada hacia los que nos rodean y cogen protagonismo –en forma de simples relaciones o rituales de interacción– el amor, la distancia, la necesidad, el juego de roles, el abuso y la dependencia. Estos rituales actúan, en ocasiones, para mantenernos juntos, aunque sea de forma artificial: crean formas y maneras, gestos y normas que, las más de las veces, dan sentido a nuestras vidas. Nuestras paredes y ventanas nos protegen del mundo exterior, pero también ofrecen una visión limitada de quiénes somos. Mirar a través del ojo de la cerradura no nos permite ver el cuadro completo. Miremos más allá. Llegará el momento en que tendremos que salir de las cuatro paredes de nuestra casa: ¿una liberación?, ¿una vía de escape?, ¿un viaje que nos provoca terror? En cualquier caso, tenemos que prepararnos para este rito de paso, nos guste o no. Y si no salimos, nuestra alma se morirá, se marchitará. Pero tenemos que ir con cuidado, si bien el mundo de allá fuera puede ser estimulante e inspirador, también puede ser terriblemente manipulador. Sin embargo, a veces es el mundo el que entra a nuestro hogar en forma de visitantes, amigos, ayudantes, trabajadores. Entonces, nos vemos obligados a acercarnos a él, adaptar nuestros hábitos, revisar nuestras ideas y abrirnos.

En última instancia, nuestro hogar forma parte de un sistema de hogares, de un escenario social que nos pide que juguemos un determinado papel, de un plan político que determina nuestros derechos y razonamientos. Podemos adaptarnos o podemos rebelarnos, mientras que de alguna manera, consigamos recrear en algún lugar aquellas cuatro paredes que nos rodean. Las necesitamos. Si el mundo es una ostra, el hogar es la perla. Es precioso, delicado y sumamente valioso. Vale la pena tomarse tiempo para conocerlo mejor. ¡Míralo! No pretendemos ser exhaustivos ni ofrecer respuestas. Estaríamos contentos simplemente con suscitar algunas preguntas y dejar que las imágenes provoquen una reacción personal. La puerta está abierta: ¡bienvenido! 1 Texto escrito originalmente en inglés.


El regreso a casa ROGER CANALS Responsable del guión expositivo y coordinador del catálogo Doctor en antropología. Miembro del grupo de investigación CINAF de la Universidad de Barcelona y consultor en la UOC.

A mediados del 2009, la Fundación Photographic Social Vision me contactó para que realizara el guión expositivo de la exposición DOMESTIC, un proyecto de fotografía artística y documental cuyo objetivo era cuestionar el espacio doméstico contemporáneo en la sociedad occidental1. Desde la dirección de la fundación, se quería que esta muestra tuviera un tono marcadamente antropológico, es decir, que incidiera en las relaciones humanas que se dan en el espacio doméstico así como en la vinculación entre el espacio privado y el espacio público. Con el fin de evitar tópicos y de ofrecer una visión lo más completa posible, organizamos unas mesas de trabajo con representantes de otras áreas de las ciencias sociales –como la historia, la sociología o la psicología– todos ellos especialistas en cuestiones relacionadas con la vida dentro del hogar. Paralelamente, iniciamos una intensa investigación bibliográfica y fotográfica sobre el tema del espacio doméstico que nos permitió hacernos una idea general sobre cómo se había interpretado y representado hasta hoy. Nuestra intención era mostrar la esfera doméstica de una manera a la vez inédita y rigurosa, brindando a los espectadores la oportunidad de reflexionar, a través de imágenes de fotógrafos profesionales y amateurs, sobre sus propios hogares, de hacerles redescubrir todo lo que acaece en sus vidas una vez han cruzado el umbral de la puerta de su casa. La concepción de este guión expositivo planteaba varios retos teóricos, de los que quisiera destacar dos. El primer reto era llegar a transmitir la complejidad del espacio doméstico. Existe una idea muy extendida según la cual este espacio es un ámbito de reposo y de reclusión, de inmutabilidad y de privacidad, que se opone a lo público –la esfera del trabajo, de las relaciones sociales y de la construcción del individuo. Nuestro objetivo era problematizar esa creencia, mostrando el carácter dinámico y cambiante del espacio doméstico y


definiéndolo como un ámbito de negociación, de formación del yo, de creación de tejido social. En resumen, queríamos poner en evidencia la dimensión histórica y relacional del espacio doméstico. El segundo reto, estrechamente ligado al primero, consistía en ser capaces de transmitir esa complejidad del espacio doméstico mediante las imágenes. En efecto, no queríamos hacer una exposición discursiva, con largos textos en las paredes, sino una muestra donde el acento recayera sobre las fotografías mismas. El problema era que, en algunos casos, ciertos aspectos que, desde un punto de vista teórico nos podían parecer relevantes, no aparecían representados en las fotografías que recibíamos; y, a la inversa, algunas de las imágenes que nos llegaban no hacían más que perpetuar los tópicos que precisamente pretendíamos poner en cuestión. Ante esta dificultad decidimos, por un lado, encargar reportajes fotográficos sobre los temas de los que no teníamos suficiente material y, por otro, introducir en la muestra fotografías amateurs encontradas en Internet donde los usuarios de las redes sociales virtuales mostraban el interior de sus casas. Este último recurso ofrecía, además, la ventaja de proporcionarnos un material complementario al del fotógrafo profesional. Por ejemplo, revisando las fotografías que nos llegaban por parte de fotógrafos de distintos lugares, detectamos que la mayoría de estas imágenes se basaban en una puesta en escena más o menos explícita donde, más que ver un momento de la vida cotidiana de los actores sociales, veíamos la materialización del imaginario del propio artista. Se pueden avanzar algunas hipótesis para explicar la dificultad de obtener instantáneas del espacio doméstico. Una de ellas es que, en este ámbito físicamente limitado donde los actores sociales tienen un alto grado de conocimiento

mutuo, la fotografía instantánea –basada en la captación espontánea de la realidad– sólo es posible después de un largo trabajo de inserción, gracias al cual el fotógrafo se convierte en un miembro más de la comunidad. Este procedimiento exige mucho tiempo y constituye algo raro en el ámbito de la fotografía profesional. Otro problema relacionado con la posibilidad de obtener fotografías instantáneas del espacio doméstico es la naturaleza de las actividades que allí se desarrollan. Estas actividades son en general de carácter privado o íntimo y, en consecuencia, solamente se ofrecen a la mirada de los más próximos o, en algunos casos, ni tan siquiera de éstos –pensemos, por ejemplo, en nuestros hábitos higiénicos cuando estamos solos en el cuarto de baño. Fotografiar y exponer una escena íntima tiene algo de contradictorio, por el hecho de que la transformamos en una imagen pública. En cambio, las acciones que hacemos en el espacio público –como pasear por la calle o coger el autobús– son potencialmente visibles por todo el mundo. Fotografiarlas y presentarlas al público no constituye ninguna alteración de su naturaleza originaria, sino únicamente una prolongación. Esta tensión entre privacidad y publicidad que resulta de la muestra pública de momentos privados o íntimos es uno de los ejes esenciales del artículo de Elisenda Ardèvol y Eva Pinyol, “La domesticación de Internet”, en el que se analizan fotografías del espacio privado que los propios actores sociales cuelgan en Internet. La antropología y el hogar La constitución del hogar y el funcionamiento y simbolización del espacio doméstico son cuestiones que han interesado a la antropología desde sus inicios. Gracias al trabajo de antropólogos y antropólogas sabemos que existen diferentes formas de concebir la casa, tanto desde el punto de vista


espacial como desde el punto de vista simbólico. El estudio del hogar no es patrimonio exclusivo de la antropología: disciplinas como la historia (vean, por ejemplo, el artículo de Luis Pizarro “La evolución del espacio doméstico en la Europa contemporánea”), la psicología y, evidentemente, la arquitectura, han analizado, desde una perspectiva sincrónica o diacrónica, la construcción del espacio doméstico y la relación de éste con el individuo y la sociedad. Asimismo, la casa es un tema central de la literatura y de toda la ficción en general, del teatro hasta el cine, pasando por la música o la poesía. Desde un punto de vista antropológico, el estudio del espacio doméstico resulta especialmente atrayente y revelador puesto que remite a algunas de las problemáticas esenciales y definitorias de la antropología misma. Por un lado, en la unidad doméstica encontramos, de forma concentrada, un gran número de manifestaciones culturales claves para entender la vida del ser humano en sociedad, como la familia, el ritual, la diferenciación de tareas entre el hombre y la mujer o los hábitos culinarios, entre otras. La casa es pues una especie de microcosmos donde podemos detectar, dentro de un espacio limitado, algunos de los rasgos característicos de cualquier comunidad humana. Por otro lado, si adoptamos una perspectiva más amplia, podemos afirmar que el tema del hogar –y, en consecuencia, la cuestión de la separación entre un espacio privado y un espacio público– evoca la temática fundamental de la antropología: la relación de alteridad que se instituye entre nosotros y los otros, entre aquellos que reconocemos que forman parte de nuestra unidad social y aquellos que quedan fuera. Cabe precisar que el concepto de “espacio doméstico” remite, en esta segunda acepción, a algo más genérico que la vida que se desarrolla dentro de los muros de una casa o de un piso. En efecto, el ámbito doméstico se puede entender aquí como el espacio físico y simbólico que una comunidad determinada reconoce como propio, un espacio regido por unas normas sociales particulares, y que se define por la oposición, más o menos inclusiva, de otros que constituirían una comunidad diferente. El artículo final de Sandra Ezquerra “Dentro y fuera. De lo doméstico. De lo público” es, en este sentido, de lo más esclarecedor. En este texto, la autora sostiene que la situación del extranjero cuando llega al

país de acogida es análoga a la del forastero que penetra un hogar ajeno. En ambos casos, el “extranjero” es reconocido como un otro y tiene que aprender unos nuevos códigos de conducta con el fin de poder ser aceptado dentro de la nueva comunidad. Cada estado-nación se puede entender así como un “espacio doméstico” que se define por su oposición a otros estados. Las afinidades de la exposición de fotografía DOMESTIC con los planteamientos básicos de la antropología no terminan, sin embargo, aquí. De hecho, la voluntad inicial de esta muestra se inspiraba en lo que ha sido históricamente el objetivo de la investigación etnográfica: acercar lo lejano y alejar lo más próximo. En efecto, desde los inicios de la disciplina, la voluntad de descripción e interpretación por parte de los antropólogos de las sociedades más remotas o desconocidas no respondía a un simple deseo de exotismo, sino a la voluntad de ver lo que todos los seres humanos tienen en común a pesar de sus aparentes diferencias. Es cierto que algunas escuelas antropológicas han puesto el acento en las discontinuidades culturales –como el culturalismo– mientras que otras –como el estructuralismo– se han centrado en mostrar las continuidades. A pesar de eso, una misma inquietud cruza la historia de la antropología: estudiar las diferencias entre los hombres para entender mejor las similitudes. Esta determinación en acercar lo lejano se ha vista complementada, desde hace unos años, por una escuela antropológica que ha dirigido sus intereses en “exotizar” lo más cercano. “Exotizar” significa, en este caso, problematizar, cuestionar, someter a análisis. Así, los antropólogos han abierto nuevos campos de estudio haciendo investigaciones etnográficas sobre el metro, los videojuegos o la vida dentro de las empresas. Este cambio de orientación ha implicado una revolución profunda desde el punto de vista metodológico. Si en el caso del estudio de sociedades remotas el antropólogo tenía que hacer un esfuerzo de inserción en el nuevo ámbito de estudio –aprendiendo el idioma, las normas y las costumbres–, en este segundo caso la dificultad reside en conseguir un distanciamiento en relación a lo que, a primera vista, aparece como normal y cotidiano. Es esta distancia analítica la que tiene que hacer posible una mirada crítica, susceptible de captar e interpretar las reglas sociales que operan en estos nuevos ámbitos de estudio.


Desde el inicio, declinamos la posibilidad de introducir en la exposición fotografías referentes al espacio doméstico de otros contextos culturales. Queríamos centrarnos en el ámbito occidental, de donde proviene, en principio, el público asistente a la muestra. Siguiendo esta línea antropológica basada en la “exotización de lo cotidiano”, nuestra intención ha sido problematizar lo más cercano, incitar al espectador a hacer una reflexión crítica sobre su propio espacio doméstico. Un recorrido por DOMESTIC La exposición DOMESTIC se estructura en dos grandes partes: “Cada casa es un mundo” y “La casa en el mundo y el mundo en casa”. La metáfora de la casa y el mundo remite a la voluntad que siempre ha tenido la antropología de relacionar lo universal y lo particular. “Cada casa es un mundo” evoca lo singular y único que tiene cada espacio doméstico –o cada comunidad de iguales, si entendemos el espacio doméstico en el sentido más genérico y, en cierta medida, metafórico, que le hemos dado anteriormente. “El mundo en casa y la casa en el mundo” hace referencia, en cambio, a la relación de alteridad que se establece entre la unidad doméstica y todo lo que queda fuera de ella. Jugando con los términos de la “casa” y del “mundo”, pretendíamos, además, vincular la exposición a la antropología de la globalización, una de las líneas de pensamiento más fructíferas de la antropología contemporánea. La antropología de la globalización estudia cómo lo global y lo local se articulan en la era de la mundialización. Con investigaciones etnográficas concretas, esta disciplina nos ha mostrado, desmintiendo una opinión bastante generalizada, cómo fenómenos culturales de carácter transnacional y los dispositivos técnicos que los hacen posibles, como Internet o la televisión, no han comportado una simple homogeneización de las costumbres ni de las formas de concebir el mundo, sino también, en algunos casos, un aumento de las diferencias. Así, por ejemplo, la misma serie de televisión puede exhibirse en Francia y en India, pero el sentido que el público de ambos países dará a la trama y a los personajes será notablemente distinto. De forma análoga, mediante la investigación sobre el espacio doméstico y las nuevas tecnologías, hemos podido consta-

tar cómo la introducción de Internet en el espacio doméstico no ha comportado un desvanecimiento de las fronteras entre el espacio privado y el espacio público, sino más bien una redefinición de estos ámbitos que, en algunos casos, ha suscitado una agudización de su diferencia. Los distintos bloques de la exposición están ordenados a partir de la idea de la apertura de lo doméstico. Empezamos la muestra por fotografías donde se presenta el espacio doméstico como un ámbito de reclusión y aislamiento (bloque 1) para, poco a poco, ir abriendo “puertas y ventanas” hasta mostrar lo doméstico como un espacio relativamente abierto y globalizado (bloque 8). En los siguientes apartados explicaremos con más detalles los contenidos de este itinerario. Cada casa es un mundo En este refrán popular el concepto de “mundo” admite dos interpretaciones distintas pero sin embargo complementarias. La primera es la de la singularidad de cada espacio doméstico. “Cada casa es un mundo” significa, en efecto, que cada casa constituye un ámbito diferenciado y autónomo, regido por unos códigos simbólicos y unas normas sociales específicas. De acuerdo con esta interpretación, se puede añadir que cada casa-mundo se constituye de un conjunto de submundos, es decir, de un conjunto de espacios con sus características propias. Así, por ejemplo, el jardín es un espacio doméstico pero relativamente abierto, que contrasta con el dormitorio –de carácter privado– o con el cuarto de baño, refugio de la intimidad. Esta pluralidad de mundos dentro de cada casa-mundo nos conduce a la segunda interpretación del refrán, por la cual la noción de “mundo” evocaría la complejidad del espacio doméstico. “Cada casa es un mundo” se puede entender así como que cada casa es un todo inseparable e incomprensible. Es en este sentido que, en catalán, algunos hablantes completan este refrán diciendo que “cada casa es un mundo y ésta son dos”. Singularidad y complejidad son pues dos conceptos básicos que se destilan de esta sentencia y, en consecuencia, son los ejes que articulan la primera parte de la exposición, formada por cuatro grandes bloques temáticos.


El primer bloque de la exposición –“El espacio cerrado”– muestra el ámbito doméstico como un espacio privado, aislado y fijo, separado del mundo exterior. En tanto que ámbito de reclusión individual, lo doméstico se presenta como una esfera altamente “subjetivizada” –es decir, tiene la huella del sujeto que lo habita– y a la vez, como un espacio “subjetivizante”, contribuye a construir y a actualizar la identidad del que en él reside. El espacio doméstico adquiere aquí una doble vertiente. Por un lado, se vuelve un espacio de realización del deseo, de imaginación y de libertad, entendiendo esta última como el sentimiento de ser libre de la mirada de los otros. Por otro lado, sin embargo, la reclusión en el espacio doméstico puede adquirir la forma de un encarcelamiento, de una soledad indeseada en que el aislamiento físico no es más que un sinónimo del aislamiento social. Sea como fuere, lo que se quiere transmitir en este primer bloque es la importancia de lo doméstico como ámbito de construcción y reafirmación de la identidad individual. En este proceso de construcción del yo juegan un papel determinante los objetos íntimos con los que nos rodeamos en casa y que remiten, o bien a personas y momentos de nuestra vida, o bien a personajes y símbolos con los que nos identificamos. Estos objetos identitarios, fuertemente subjetivizados, adquieren un valor transcendente al relacionar presente y pasado, individualidad y comunidad, realidad y ficción. Entre esos objetos, destacamos las fotografías de familia o amigos, que raramente faltan en las habitaciones o en los salones. Estas imágenes visualizan las raíces genéticas y culturales del individuo; su sentido y su función van más allá del simple recuerdo para convertirse en una visualización del entramado de redes sociales y familiares dentro de las que el sujeto se sitúa. Si en el primer bloque se muestra lo doméstico como un ámbito de soledad (deseada o forzada), el segundo bloque, titulado “El espacio de interacción”, da un paso más allá en la idea de la apertura de lo doméstico en constatar que este ámbito, en la mayoría de los casos, es compartido, es un espacio donde se dan un conjunto de relaciones sociales. Hay distintas formas de habitar conjuntamente lo doméstico: con familia, amigos, compañeros de piso o incluso animales –es aquí donde aparece la categoría, muy reveladora, de “animal doméstico”. Sea como fuere, vivir conjuntamente

en el espacio doméstico implica tener que negociar un espacio por definición limitado, estableciendo esferas de individuación y esferas pensadas para el encuentro. Dicho de otra forma, la interacción en el espacio doméstico es codificada por una serie de normas más o menos explícitas que responden a parámetros históricos y culturales, y que están relacionadas con el poder y la jerarquía de cada miembro dentro de la comunidad doméstica. La interacción entre los distintos miembros que comparten el espacio doméstico puede resultar problemática. Frente a la necesidad de mantener, reforzar o replantear los códigos de negociación aparece el ritual, base del tercer bloque de la exposición: “El ritual doméstico”. El ritual se puede entender así como la estrategia que toda comunidad se da a sí misma para establecer o restablecer los lazos sociales que la mantienen unida. El ritual tiene, en este sentido, un componente claramente político: creando un evento que a la vez se opone y complementa a la cotidianidad, ofrece un espacio para el debate, la discusión, el reajuste de las relaciones sociales. Una de las tesis del antropólogo francés Marc Augé es que la violencia surge cuando falla el ritual, es decir, cuando un colectivo humano (desde unos compañeros de piso hasta los ciudadanos de un Estado) no es capaz de dotarse a sí mismo de un ámbito para una negociación pacífica –es decir, codificada– de sus propias relaciones sociales. En consecuencia, el ritual doméstico es necesario –en el hogar y en cualquier otra comunidad humana– para mantener el orden y a la vez para dar las reglas de juego necesarias para alterarlo en el caso de que éste haya empezado a rasgarse. El ritual tiene un interés especial para la antropología porque es el momento en que la comunidad se autoescenifica o se autorepresenta –pensemos, por ejemplo, en las fiestas de cumpleaños, en que la familia se reencuentra, poniendo en evidencia el lugar que cada miembro ocupa en la estructura familiar. El cuarto apartado de la exposición –“La mirada hacia fuera”– constituye un punto de inflexión desde el punto de vista conceptual y un paso más allá en la línea de la apertura de la esfera doméstica. El bloque se centra en espacios, objetos y actitudes fronterizas o liminares. El objetivo de este punto es analizar los códigos que trazan la línea entre lo privado y


lo público, así como las estrategias y rituales que regulan el paso de uno al otro. Dentro del capítulo de espacios fronterizos encontramos los balcones, las terrazas, las galerías o incluso la apertura que delimita el marco de las ventanas. Los objetos liminares –entre los que cabe subrayar los timbres, las alfombras, las puertas o las mirillas– tienen la función de ordenar y controlar la relación entre el dentro y el afuera. Su valor, pero, no es estrictamente utilitario, sino que adquieren una dimensión simbólica. Por ejemplo, son muy conocidos los felpudos situados en el rellano de la escalera con inscripciones de bienvenida, mostrando la actitud de los habitantes del hogar en relación con los visitantes. Contrariamente, una casa con un número desmesurado de cerrojos pone en evidencia no solamente el temor excesivo hacia el mundo exterior, sino también una falta de voluntad de entrar en contacto con él. Finalmente, el paso entre el ámbito doméstico y el ámbito público sigue un conjunto de códigos de conducta altamente ritualizados. Antes de salir de casa para dirigirnos al espacio público, por ejemplo, tenemos la costumbre de mirarnos al espejo para anticipar la imagen que los otros verán de nosotros mismos. Este tipo de rituales también se da en el momento de recibir miembros externos a la unidad doméstica. Así, cuando tenemos invitados en casa, uno de los primeros gestos que hacemos será mostrarles el hogar. Como mostrar el interior de la casa implica mostrar algo íntimo de uno mismo (bloque 1), este recorrido por los espacios privados se interpretará como una prueba de confianza, es decir, como un signo de una voluntad de amistad. Este ritual adquiere, pues, un marcado carácter relacional por el hecho de que pretende reforzar el lazo social existente entre anfitriones e invitados.

es decir, a cómo los habitantes del hogar hacen pública su intimidad. Aquí juegan un papel fundamental las nuevas tecnologías y, especialmente, las redes sociales de Internet. “El mundo en casa”, por el contrario, hace referencia a todas las dinámicas económicas, culturales o sociales que sobrepasan el espacio doméstico y por las que este último está indisolublemente condicionado. Este es el caso, por ejemplo, de la industria de la decoración, del mercado inmobiliario o del ámbito laboral. Los cuatro bloques de esta segunda parte de la muestra ponen en evidencia que, si bien cada casa es un mundo, estas casas-mundos están íntimamente religadas entre sí y se encuentran, además, sometidas a un conjunto de procesos que amenazan permanentemente su libertad y autonomía. “¿Cuestión de gustos?” es un bloque que responde al primer apartado de la exposición –“El espacio cerrado”. Si éste mostraba el espacio doméstico como un ámbito único y personal, aquí se presenta como un espacio articulado a partir de unos modelos estéticos y culturales compartidos y, en cierta medida, impuestos, transmitidos por la industria del interiorismo o de la decoración. Abrimos un poco más el espacio doméstico al mostrar que el interior de las casas, máximo exponente del gusto personal y, en principio, plasmación de la identidad individual, sigue unos patrones sociales que nos llegan diariamente a través de los medios de comunicación. Ahora bien, como ya veíamos en el primer bloque, muchos de los objetos con los que nos rodeamos en el espacio doméstico poseen una cierta aura, una relativa transcendencia, una subjetividad depositada. Establecemos lazos afectivos con bienes producidos en serie, individualizándolos, reinventándolos, dándoles un sentido y unas funciones inéditas.

La casa en el mundo y el mundo en casa Cada casa es un mundo evocaba la complejidad y la especificidad de cada unidad doméstica. La segunda parte de la muestra lleva el título “La casa en el mundo y el mundo en casa” y tiene como objetivo poner en cuestión la relación entre el espacio doméstico y el espacio público. El título de esta segunda parte indica un doble movimiento en la relación entre el mundo y la casa. “La casa en el mundo” remite a cómo el espacio doméstico se presenta al exterior,

El bloque “El trabajo doméstico” aborda las relaciones entre el ámbito privado y el ámbito laboral. El mundo del trabajo se ha relacionado históricamente con lo público. Tanto es así que, en el lenguaje corriente, nos referimos al hecho de ir a trabajar como “salir a trabajar”. Esta división entre el ámbito público (esfera del trabajo) y el ámbito doméstico (esfera del ocio) ha comportado tradicionalmente una división de género: las tareas del hogar eran cosa de mujeres; el trabajo en el espacio público era cosa de hombres. Ahora


bien, la relación entre el trabajo y el ámbito doméstico está cambiando. Eso se debe, a lo menos en parte, a la incorporación (incompleta) de la mujer en el mundo del trabajo, a la introducción de las nuevas tecnologías en la casa y a las transformaciones del ámbito laboral. Gracias a Internet, por ejemplo, ahora es posible para muchos empleados trabajar “desde casa”. Esta superposición entre espacio doméstico y ámbito laboral puede generar algunos problemas al trabajador, que, acostumbrado a salir de casa para ir al trabajo, puede llegar a preguntarse si lo que hace es trabajar en casa o, en cambio, vivir en su sitio de trabajo. Por otro lado, cada vez más gente trabaja en casa de otros. Es el caso, por ejemplo, de las trabajadoras domésticas (vean, en este sentido, el artículo de Sandra Ezquerra “Dentro y fuera. De lo doméstico. De lo público”). A través del análisis de tres sectores sociales concretos –los autónomos que trabajan en casa, las amas de casa y las trabajadoras domésticas– este bloque explora cómo las relaciones sociales actuales entre el ámbito doméstico y el ámbito laboral ponen en cuestión algunas de las categorías clásicas del trabajo. “La lucha por el espacio doméstico” es un bloque donde se aborda el espacio doméstico en tanto que mercancía. Este apartado contribuye a la idea de la apertura de lo doméstico en el sentido que muestra en qué medida la casa está sujeta a unos procesos económicos que la sobrepasan. Las contradicciones en este ámbito son muy conocidas. La vivienda es, al menos en el Estado español, un derecho reconocido constitucionalmente. Ahora bien, los precios que han alcanzado los pisos de compra o de alquiler hacen que el ejercicio de este derecho sea, para muchos ciudadanos y ciudadanas, inalcanzable. La imposibilidad de ejercer este derecho, o el simple rechazo a la noción de “casa-mercancía”, cuyos beneficios siempre van a parar a manos privadas, ha suscitado que emerjan formas de vivir al margen –o en contra– de este sistema. A todo eso hay que añadir que sólo es reconocido como ciudadano con todos los derechos el que puede demostrar vivir legalmente en una vivienda. Disponer de un espacio doméstico no es pues únicamente una necesidad física, sino también una exigencia para gozar de los derechos políticos más elementales.

El bloque “Un espacio en red” constituye la culminación de la exposición al mostrar la apertura de lo doméstico hacia un marco que es a la vez local y global, real y virtual, cerrado y abierto, fijo y móvil. En este último apartado, se presenta el espacio doméstico como un espacio líquido, dinámico y cambiante, atravesado por representantes de culturas y ámbitos sociales distintos y sujeto a un conjunto de redes y dinámicas sociales que tienen una dimensión ya no solamente pública, sino planetaria. El ejemplo más claro de este hecho son las nuevas tecnologías y, más concretamente, Internet. La metáfora clásica para describir la presencia del televisor en los hogares era la de la “ventana al mundo”. Esta metáfora pone en evidencia cómo lo público penetra dentro del espacio privado a través del televisor. Ahora bien, con la introducción de Internet ya no es solamente el mundo quien entra en casa, sino también la casa que se presenta al mundo. En el caso del televisor, el individuo es un espectador; en el caso de Internet, es un usuario. Este usuario o navegante entra en la red desde su propia casa y, muy a menudo, pone a disposición del ojo público su hogar (ya sea a través de las fotografías de una cena familiar, de los espacios de la habitación que capta una cámara web o, como caso extremo, de los vídeos de las madres que filman el nacimiento de su hijo en casa y las cuelgan después en portales como YouTube). Esta dinámica, consistente en hacer de lo privado algo público, se complementa con un aumento potencial de la entrada de lo público en casa. Si antes con el televisor era posible ver siete, veinte o sesenta y ocho canales, ahora las páginas web a las que se puede acceder son casi infinitas. Todas estas dinámicas no implican, sin embargo, que la diferenciación entre un ámbito privado y un ámbito público ya no tenga sentido, pero sí obliga a repensar la relación entre ambos conceptos. No es el objetivo de la exposición sugerir que entre el primer apartado y el octavo existe algo así como una evolución histórica que ha provocado una “sustitución cultural” del sentido de lo doméstico. Dicho en otras palabras, no es que lo doméstico ya no sea un espacio de reclusión (bloque 1), es que es un espacio cerrado y abierto a la vez (bloque 8). Asimismo, el hecho de que la casa sea mercancía sometida a los cánones culturales e industriales de la sociedad


de consumo (bloques 5 y 7) no significa que a la vez no sea un espacio único y personal (bloque 1) ni una esfera para las relaciones sociales (bloques 2, 3 y 8). Todos los aspectos evocados a lo largo de la muestra son no solamente simultáneos, sino que se encuentran estrechamente relacionados. Para dar cuenta de esa interrelación, es decir, para poner en evidencia todas las dinámicas y contradicciones que definen el ámbito doméstico contemporáneo, se propone, en el octavo bloque de la exposición, un mural de fotografías obtenidas en la red y realizadas por los propios actores sociales que remiten a todos los aspectos evocados a lo largo de la exposición (del bloque 1 al bloque 8). DOMESTIC o el regreso a casa Este catálogo se ha concebido a la vez como una síntesis y como un complemento de la exposición DOMESTIC. Una síntesis porque en estas páginas el lector encontrará una selección de las fotografías que constituyen cada uno de los ocho bloques de la exposición, con los textos correspondientes que los introducen. Al mismo tiempo, este catálogo es un complemento de la exposición por el hecho de que presenta una serie de artículos inéditos que, como éste, tienen el objetivo de ayudar al lector a contextualizar la muestra y a hacer una lectura más profunda de la misma. El primero de estos artículos es el de Elisenda Ardèvol y Eva Pinyol. Es un texto centrado en las transformaciones que ha suscitado dentro del hogar la introducción de Internet, donde se reclama el papel activo del usuario de las redes sociales y virtuales y donde se avanza el concepto de “socialización” de los objetos para interpretar la ubicación del ordenador dentro del conjunto de elementos que constituyen el hogar. El segundo artículo, escrito por Luis Pizarro, es de carácter histórico, y hace un repaso de las concepciones de la familia y el hogar desde la Revolución Francesa hasta hoy, poniendo en relación diferentes disciplinas como el derecho, la política, la religión o el arte. El último texto que presentamos es el de la socióloga Sandra Ezquerra. Basado en una relectura de las tesis clásicas del feminismo, este trabajo analiza el papel de las trabajadoras domésticas en la sociedad occidental, poniendo el acento en los temas de in-

migración y dibujando un mapa general sobre las relaciones entre el ámbito laboral y el espacio doméstico. La antropología contemporánea nos ha enseñado que lo más cotidiano es, a la vez, lo que a menudo pasa más desapercibido. Ahora bien, para articular un análisis crítico de nuestra propia vida cotidiana, tenemos que ser capaces de tomar una cierta distancia en relación a la realidad que pretendemos interpretar. La fotografía es, en este sentido, una herramienta excepcional de que disponemos para realizar este vuelco reflexivo y crítico. DOMESTIC es, en definitiva, una invitación a regresar a nuestro propio espacio doméstico para contemplarlo de una forma inédita, contribuyendo así a la realización de uno de los objetivos que siempre ha perseguido la antropología: conocerse mejor a sí mismo a través de la mirada de los otros. 1 Artículo escrito originalmente en catalán.


CADA CASA ES UN MUNDO


EL ESPACIO CERRADO Nuestros objetos, nuestros recuerdos, nuestro espacio. El ámbito doméstico es este pequeño mundo que vamos construyendo con el paso del tiempo –un mundo separado del ámbito público: abierto, cambiante, ilimitado– en el cual nos sentimos libres de la mirada de los otros. Pero este refugio que es el hogar, ese espacio que nosotros hacemos y que a la vez nos hace, puede también convertirse en un lugar de soledad, de encarcelamiento, de aislamiento involuntario. La alegría de regresar a casa se contrapone en algunos casos con el drama de no poder salir de ella.


CELESTE ARROQUY DE LA SERIE COSAS IMPORTANTES PENDIENTES 2009 Hace dieciocho años, en 1991, Felicitas perdió a su marido. Ella tenía 60 años y se quedó sola en un piso de 270 metros cuadrados en Barcelona. Decidió que era el momento de reformar su hogar con sus propias manos y empezó una obra en la que sigue trabajando, tenaz, desde entonces. Felicitas es una Penélope de su propia casa: lo pinta y arregla todo cíclicamente, cambiando de opinión cada vez, sin acabar nunca. Vive en estado de precariedad permanente, pero su energía parece inagotable.

ROBIN SCHWARTZ DE LA SERIE EL MUNDO DE AMELIA 2007 “Mis fotografías están extraídas de viajes reales realizados con mi hija Amelia. Son la evidencia de los mundos inventados y de las fábulas que representamos juntas. La fotografía nos da la oportunidad de acceder a nuestros sueños, para descubrir lo extraordinario.”


ANDRZEJ KRAMARZ & WERONIKA LODZINSKA ENTUSIASTAS DE LA SERIE CASA 2004-2008 Interiores pertenecientes a personas cuyas pasiones extremas consisten en llenar su espacio doméstico; se encarnan en su propia casa. Al entrar en estos pisos, nos hallamos ante la historia personal de la gente o una narrativa global. Increíble y fascinante.


SEBASTIAN PFĂœTZE LINUS DE LA SERIE ADOLESCENTES 2009-2010 Retratos de adolescentes en lugares que son importantes para ellos, lugares en los que se recluyen, en que se sienten libres y no observados.


CARLA TRAMULLAS DE LA SERIE RASTRO 2009 Selección de fotografías pertenecientes al proyecto Rastro, en el que se documenta la vida cotidiana de Josep Maria, un hombre de 91 años. Su carácter, su intimidad y el paso del tiempo se muestran o intuyen a través de los detalles, sus gestos y su hogar.


LUCIE & SIMON DE LA SERIE ESCENAS DE VIDA 2006-2009 Los personajes de esta serie se han fotografiado desde el techo mientras desempeñan sus actividades familiares. El punto de vista inusual rompe la banalidad de la instantánea de una forma pictórica. Cortesía de Picturetank


SIBYLLE FENDT DE LA SERIE UNEINS Un proyecto fotogrĂĄfico sobre lo que se ha llamado desorden, gente que fracasa a la hora de crear un sentido de armonĂ­a entre ellos y su entorno, entre sus interiores y el mundo exterior.


JEN DAVIS FANTASY Nº 1. DE LA SERIE AUTORRETRATOS, 2005 “En este trabajo, trato con las inseguridades de la imagen de mi cuerpo y la correlación directa entre la percepción de uno mismo y la forma en que te perciben los demás. En mis fotografías intento hacer emerger temas sobre la belleza, el deseo, la imagen del cuerpo y la identidad a través de una observación focalizada en mi historia personal.”


EL ESPACIO DE INTERACCIÓN El espacio doméstico es también un espacio de interacción, un espacio compartido. La vida común en el espacio doméstico –ya sea en familia, con amigos e incluso con animales– se rige por un conjunto de normas o códigos de conducta de los cuales no siempre somos plenamente conscientes. Fruto del consenso, la imposición o la tradición; aceptadas por unos, rechazadas por otros, estas normas pretenden hacer posible la convivencia dentro de un espacio limitado. Compartir el hogar puede ser percibido, según los casos, o bien como un factor de goce y de realización personal, o bien como una condena opresiva e injusta, silenciada y a menudo invisible.


GUIA BESANA DE LA SERIE CONTROL REMOTO 2007 Familias de Los Ángeles juegan a juegos electrónicos. Son muchas lasnuevas tecnologías que sustituyen y resuelven procesos mentales y hábitos diarios, dejando el futuro de nuestra evolución como seres humanos cuestionable e impredecible.


GIORGO BARRERA UN INTÉRPRETE DE VIOLONCHELO Y CLAUDIO DE LA SERIE INSTRUCCIONES DE USO 1999-2000 Esta serie está dedicada al ritual íntimo del baño y al típico comportamiento moderno de moda inducido por la publicidad y enfocado a la estética. La contradicción entre el ritual único e íntimo del cuerpo y las instrucciones estandarizadas, serializadas que vienen con los productos comerciales que dictan el tiempo y las normas del cuidado personal es la esencia de este trabajo.


GIUSEPPE MOCCIA DE LA SERIE EL CHICO DEL MIÉRCOLES Christopher es un chico de 18 años con un caso leve de síndrome de Down que lucha por su identidad y por su inclusión social. Por un lado, puede comunicarse de forma efectiva tanto verbal como físicamente. Por el otro, le faltan algunas de las habilidades críticas y adaptativas como el cuidado de sí mismo, la vida doméstica y habilidades funcionales de la vida cotidiana. La de Christopher es una historia de incomprensión y vulnerabilidad.


OLIVIA FROUDKINE DE LA SERIE OH, HERMANO 2009 El proyecto videográfico, surgido de una serie de fotografías con el mismo título, comparte el sentido de copertenencia: una voluntad de “ser” una familia detrás de la individualidad de cada uno. Estas imágenes intentan mostrar el esfuerzo que realizamos para perder el parecido con nuestros familiares: es en la forma en que no queremos parecernos donde realmente más nos parecemos.


ED KASHI DE LA SERIE LA GENERACIÓN SÁNDWICH 2006 La Generación Sándwich, aquéllos que están atrapados entre los padres de edad avanzada y los hijos aún pequeños, está formada por unos 20 millones de americanos. Julie Winokur y su marido, el fotoperiodista Ed Kashi, desarraigaron a sus dos hijos y dejaron el trabajo para trasladarse 5.500 kilómetros campo a través hasta Nueva Jersey y cuidar del padre de Winokur, Herbie, que sufría demencia.


MARGARET BOLAND DE LA SERIE SUSTITUCIÓN 2005 Un proyecto conceptual de retratos que combina elementos de documental, pintura de género y narrativa en la representación de la sociedad irlandesa contemporánea, la situación de la asistencia infantil y las experiencias de la primera infancia.


FRANÇOIS SCHAER DE LA SERIE MIS PEQUEÑOS 2009 “Mis pequeños es un trabajo en proceso de elaboración. He fotografiado a mis hijos y a sus amigos durante los últimos tres años, he tomado imágenes de su mundo interior y me he planteado varios temas acerca de las relaciones dentro de la familia. Estas imágenes hacen hincapié, a través del lenguaje temporal, en la complejidad de estas relaciones.”

KEELY MCGUINNESS LAS EXPECTATIVAS DE MI MADRE 2009 “Una vez hice un listado de las expectativas de mi madre, todas juntas en una página, ello hizo que me diera cuenta del estrés constante al que las madres someten a sus hijos, haciéndoles sentir que, sea lo que sea lo que consigan, aún serían capaces de hacerlo mejor.”


EL RITUAL DOMÉSTICO El hogar es escenario de un número importante de rituales. Éstos pueden tener un carácter repetitivo –como los cumpleaños, las fiestas de Navidad o las mismas comidas diarias– u ocasionales como las cenas de familia o con amigos, o las celebraciones en motivo de la inauguración de una nueva vivienda o de un enlace matrimonial. El ritual puede ser vivido por los miembros participantes como un acto festivo o visto como la imposición de una convención, como el obligado acatamiento de un conjunto de protocolos transmitidos por la tradición. Así pues, las ceremonias domésticas pueden presentarse como un mecanismo que permite estrechar las relaciones sociales o como la puesta en escena de una harmonía ficticia detrás de la cual se esconde el rencor, la violencia, la posible destrucción de los lazos comunitarios.


FRANCESCA CATASTINI DE LA SERIE FELICIDAD 2009 “Las imágenes son todas fotografías preparadas, que me implican a mí y a miembros de mi familia. Posamos ante la cámara recreando momentos de nuestra vida real. Representan una especie de retrato de familia, y muestran toda la complejidad de una relación tan íntima.”


PRZEMYSLAW POKRYCKI DE LA SERIE RITOS DE PASO 2006-2007 Las im谩genes explican una historia sobre ceremonias a las que a menudo asistimos. Conocemos estos rituales por la tradici贸n y la mayor铆a de nosotros aceptamos el imperativo social de participar en ellos: el bautismo y la primera comuni贸n (en la imagen), bodas y funerales.


DONA SCHWARTZ DE LA SERIE EN EL NIDO 2006-2008 Estos retratos situados en los espacios preparados para la llegada de un nuevo ser humano exploran el momento profundo, de transici贸n, de transformaci贸n vital y buscan descubrir el abanico de gestos que los padres expectantes efect煤an en el acto de criar a una nueva generaci贸n.


FRÉDÉRIC NAUCZYCIEL DE LA SERIE ÍNTIMA MORADA 2005-2008 “La serie Íntima morada ha sido realizada a lo largo de “inmersiones” de dos días en casas de familias encontradas al azar en París, Estocolmo y Barcelona. Todas las escenas han sido recreadas para ser fotografiadas. Estas composiciones de lo íntimo no tienen propiamente un valor documental, exploran más bien los mitos y las ficciones que una familia construye para sí misma y para los demás.”


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PAOLA DE GRENET SUPERALEX Y BEATA DE LA SERIE SUEÑOS ROSAS 2008-2009


DE FUERA A DENTRO / DE DENTRO A FUERA Entrar en casa; salir de casa. Regulamos el paso entre el ámbito doméstico y el ámbito público a través de una serie de conductas, de rituales, de objetos y de espacios que podemos llamar fronterizos o liminares y que dibujan el umbral, a veces impreciso, entre el dentro y el afuera. Antes de salir de casa, por ejemplo, solemos cambiarnos de ropa y modificar nuestra apariencia física. Asimismo, cuando ponemos el pie en la calle, alteramos, a menudo inconscientemente, nuestro caminar y toda la gestualidad que lo acompaña. Algunos anfitriones instan a los visitantes a sacarse los zapatos antes de entrar en su hogar, y muchos son los que, temerosos, después de salir de casa verifican varias veces si han cerrado la puerta debidamente. La puerta se revela como el objeto paradigmático que ordena el acceso y la salida del hogar, pero no es el único: timbres, ventanas o porterías tienen la función de controlar el tránsito entre dos mundos opuestos pero permanentemente conectados entre sí. Así pues, cruzar el umbral de la puerta de casa implica sustituir nuestro “yo” privado por un “yo” público, representarse a sí mismo de otra manera para adaptarse a otros espacios, códigos y compañías.


GIORGIO BARRERA DE LA SERIE A TRAVÉS DE LAS VENTANAS 2002-2009


Esta ventana desempeña un papel fundamental en la forma en que la persona del otro lado, que es su receptor real, percibe la imagen: el espectador. La perspectiva del espectador, ahora análoga a la misma de una persona delante de una ventana, o bien opuesta o bien al otro lado de la calle –lo que es perfectamente plausible– adquiere mayor credibilidad. De hecho, es importante dejar al espectador con la sensación de que él mismo es quien mira con sus propios ojos, sin mediación; y esta impresión de gozar de una posición privilegiada, protegida, hace que se identifique con la situación.


MATTEO BALDUZZI DEL PROYECTO FORESTA NASCOSTA 2009-2011 Barrio de Serenella, San Giuliano Milanese. 13 de marzo de 2010 a las 14.30 h. Foresta Nascosta es un proyecto pĂşblico de Matteo Balduzzi, Daniele Cologna y Stefano Laffi en San Giuliano Milanese.


MARCO LACHI DE LA SERIE NATURALEZA-ARQUITECTURA-SEGURIDAD 2009 En Sudáfrica, el hogar representa la búsqueda de un equilibrio entre la necesidad de belleza y la obsesión por la seguridad. Centrándose en la apariencia externa del entorno doméstico, Lachi destaca el espacio en el que la naturaleza se ve “forzada” a crear una estética idealizada de la vida. Cortesía de Galleria Manzoni, Bérgamo - Italia


BONITACAMARA.COM & CHECKIN BY PUENTE AEREO DE PUERTAS A DENTRO 2010 Juego visual a partir de una video instalación que invita a descubrir qué hogar corresponde a cada persona.

FOTOGRAFÍAS DEL ESPACIO >

HELENA VÉLEZ OLABARRÍA


ELENA PRIETO DE LA SERIE EN LA SOLEDAD DEL PORTAL 2009 Aún estando fuera de las paredes del hogar, el portal se convierte en una extensión de la vida familiar a la vez que es el paso obligado a la vida social. Los portales son así un híbrido entre ambas cosas. Los porteros, porteras y conserjes, rodeados de mitos, son piezas clave que, aunque tienden a desaparecer, siguen todavía muy presentes en la cotidianidad de muchos de nosotros.


LA CASA EN EL MUNDO Y EL MUNDO EN CASA


¿CUESTIÓN DE GUSTOS? ¿Quién podría vivir en un espacio blanco, neutro, sin ninguna huella de nosotros mismos? Para personalizar el espacio doméstico, para adecuarlo a nuestra identidad, lo disponemos en función de nuestro gusto. Pero los gustos individuales no son plenamente libres, sino que vienen parcialmente determinados por unos modelos culturales compartidos -y, en cierta medida, impuestos- que nos llegan constantemente a través de medios gráficos y audiovisuales. El interiorismo responde precisamente a la necesidad de definir estéticamente el espacio doméstico. Así, el gusto ha terminado convirtiéndose en objeto de una gran industria que ha propiciado, a su vez, una uniformización del hogar. Los objetos y gustos personales son, también, comunes: nuestra casa es siempre, en algún detalle, como la casa de los otros. Sin embargo, la relación íntima que cada uno establece con su espacio doméstico y con todo aquello que lo configura es única e irrepetible: personalizamos objetos comunes, individualizamos bienes producidos en serie.


LIZ STEKETEE

MEMORIAS RECONSTRUIDAS 2004-2010 Libro de autor

SCHI-PHI

WELCOME HOME 2010 Audiovisual

< PAOLA PAGANO

DE LA SERIE HOGARES 2008

HASSEL Y GRETEL 2010 Fotografía mural

ROMÁN YÑÁN

DEL BLOG www.diariosfotograficos.com

FOTOGRAFÍAS DEL ESPACIO >

HELENA VÉLEZ OLABARRÍA


EL TRABAJO Y EL HOGAR Salir de casa para ir al trabajo: esta acción tan cotidiana remite a una oposición entre el ámbito doméstico y el ámbito público según la cual el primero se define como espacio de ocio y el segundo como un espacio laboral. Esta oposición se ha vinculado históricamente a otra división, de género, en este caso: el hogar era el espacio de la mujer; la calle, el del hombre. Sin embargo, la situación ha cambiado: por un lado, la mujer se ha incorporado plenamente al mundo del trabajo, aunque sin gozar todavía de las mismas condiciones que los hombres y teniendo que asumir, en horario no laboral, gran parte de las tareas del hogar; y, por otro, cada vez son más las personas que optan por trabajar en casa. Pero cuando hablamos del trabajo y del hogar, hay que prestar especial atención a las llamadas “trabajadoras domésticas”, un colectivo de mujeres mayoritariamente inmigrantes dedicado a una forma de trabajo a menudo no regularizado que no disfruta, por consiguiente, de los derechos que le correspondería. Entre el espacio doméstico y el mundo del trabajo ya no existe una frontera claramente definida, sino un solapamiento creciente que puede dar lugar a nuevas formas de organización laboral, a una redefinición de las funciones del hogar, así como al mantenimiento de viejas prácticas de explotación laboral.


CARLOS RODRÍGUEZ DEPARES DE LA SERIE TÚ Y YO 2009 “Mis abuelos. Llevan más de media vida juntos. Cada uno asume una parte de la vida doméstica con sus aficiones y manías. En esta relación no hay espacio para roles, el poder cuidar el uno del otro es su mayor satisfacción. Siguen queriéndose cómo el primer día y estar juntos resulta la rutina que al mismo tiempo rompe el tedio de los días más grises.”


DAVID RODRÍGUEZ

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MONTSE CAMPINS

DE LA SERIE MADRES 2008

DE LA SERIE SEÑORAS 2009

La serie fotográfica Madres sugiere una reflexión sobre el significado de ser madre en nuestra sociedad en un momento de aparente redefinición del mismo rol, fruto de la evolución social y los cambios culturales.

Señoras es un proyecto fotográfico en curso que investiga y recrea las relaciones, prejuicios y connotaciones asociadas a la figura eufemísticamente llamada “la chica de la limpieza” con la “señora” en el ámbito doméstico, confrontando a ambas figuras en un juego de intercambio de roles.


RAPHAËL DALLAPORTA

DEL PROYECTO ESCLAVITUD DOMÉSTICA 2006 Este proyecto se realizó con la colaboración de un trabajador social y un abogado del Comité contra la Esclavitud Moderna. Ofrece visiones neutrales de exteriores de edificios anodinos de París y sus alrededores. En los documentos adjuntos, se exponen las historias escritas por Online Millot acerca de lo que sucedió dentro. El contraste entre las imágenes y la descripción textual de los malos tratos infligidos a inmigrantes cautivos crea una tensión paradójicamente atractiva.


LA LUCHA POR EL ESPACIO DOMÉSTICO Jurídicamente, la vivienda es un derecho; económicamente, una mercancía; políticamente, un elemento indispensable para poder vivir legalmente en un país. En el sistema capitalista, la confluencia de estas tres dimensiones del espacio doméstico conduce a un conflicto que se está haciendo cada vez más evidente. Así, para poner un ejemplo, en España disponer de un hogar es un derecho social reconocido constitucionalmente (Artículo 47 de la Constitución Española*). Ahora bien, el encarecimiento de la vivienda, ya sea de compra o de alquiler, ha provocado que el ejercicio de este derecho tenga, para la mayor parte de ciudadanos y ciudadanas, un coste altísimo, a menudo inasequible. Gran parte de nuestros ingresos y, en consecuencia, de nuestro tiempo de trabajo, se dedica a poder hacer frente al coste de la vivienda. Esta lógica funesta beneficia a unos pocos e hipoteca literalmente la vida de muchos. No hay que extrañarse, pues, que en respuesta a esta situación, hayan estallado protestas y hayan surgido formas alternativas de vivir y definir el espacio doméstico al margen -o en contra- del sistema capitalista. *Todos los españoles tienen derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada. Los poderes públicos promoverán las condiciones necesarias y establecerán las normas pertinentes para hacer efectivo este derecho, regulando la utilización del suelo de acuerdo con el interés general para impedir la especulación.


ALEXA BRUNET

ANDRZEJ KRAMARZ & WERONIKA LODZINSKA

DE LA SERIE HABITANTES INUSUALES 2006-2007

CASA DE 1,62 m2. DE LA SERIE CASA 2004-2008

Cortesía de Transit/Picturetank

Según la estación del año, entre 100 y 300 personas sin techo viven en el albergue más grande de Polonia, situado en el distrito de Cracovia Nowa Huta. El residente más joven tiene 24 años y el más viejo, 79. Casi todos tienen un problema con el vodka; el 80% han sido sentenciados por no pagar una pensión alimenticia o por violencia doméstica.


ALBERTO DEDÈ DE LA SERIE NO MADE [NÓMADA/NO HECHO] 2008


ALESSANDRO IMBRIACO DE LA SERIE REGINA ELENA 2007-2008 De hospital a casa ocupada, de departamento de radiología a edificio de pisos. Este es el extraño caso de Regina Elena, que fue uno de los mayores hospitales de Roma y que, gracias a ACTION, el movimiento político que lucha por el derecho a la vivienda, acoge a 180 familias (600 personas). La gente vive su vida, rodeada de aparatos de rayos X, escáneres de resonancia magnética, pero cada uno intenta sentirse como en casa. El 1 de septiembre de 2009 el ayuntamiento vació el local.


MASSIMO SIRAGUSA DE LA SERIE VIVIENDAS DE PALERMO 2009 Viviendas de Palermo habla de las condiciones contradictorias de vivienda de una ciudad que acoge a familias pobres, gente conectada con la mafia e inmigrantes en situaciones crĂ­ticas. Nos encontramos ambientes domĂŠsticos ricos y kitsch y edificios degradados y ocupados, separados por pocos metros de distancia entre el casco antiguo y el vecindario Zen.


XAVIER CERVERA DE LA SERIE PAISAJE BURBUJA 2008 La burbuja inmobiliaria en España ha dejado tras de sí un paisaje desolado de grúas paradas, máquinas abandonadas, casas a medio terminar y urbanizaciones fantasma. El autor ha recorrido la ruta de los lugares más afectados por la crisis, para dar testimonio de cómo se han arrasado paisajes y se ha construido desaforadamente, en ocasiones gracias a la corrupción y connivencia entre políticos y constructores. José Martí Gómez


UN ESPACIO EN RED Es cierto: cada casa es un mundo, pero a ese viejo refrán habría que añadir que esos mundos que son nuestros hogares no son ni inmutables ni totalmente independientes, sino cambiantes y constantemente conectados con el exterior. En este sentido, las nuevas tecnologías, y especialmente Internet, han subvertido profundamente la dinámica del espacio doméstico. Podemos navegar desde casa por un océano interminable de portales, acceder a todo tipo de contenidos y entrar en contacto con personas de todo el mundo. De la misma manera que el mundo entra en casa a través de la red, la casa también aprovecha este dispositivo digital para presentarse al mundo: las cámaras web (situadas habitualmente dentro de las habitaciones) hacen públicas, por ejemplo, imágenes de los espacios más íntimos. Paralelamente a todo eso, el hogar se ha convertido, sobre todo en las grandes ciudades, en un ámbito cada vez más abierto, poroso y dinámico, espacio de paso y de encuentro entre individuos procedentes de diferentes ámbitos culturales y geográficos. Así pues, el espacio doméstico participa plenamente de la era digital y de los procesos de migración y transnacionalización propios de nuestros tiempos, convirtiéndose así en un espacio cambiante y relacional, es decir, en un espacio en red.


La domesticación de Internet ELISENDA ARDÈVOL Doctora en antropología, profesora del Departamento de Artes y Humanidades de la UOC y directora del grupo de investigación Mediacciones de la UOC.

EVA PINYOL Fotógrafa, antropóloga y miembro del grupo de investigación Mediacciones de la UOC.

Nuestros hogares están cada vez más llenos de tecnología doméstica, de aparatos eléctricos que nos ayudan en las tareas cotidianas, como la lavadora, la plancha, la cocina, la nevera, el despertador o la cafetera1. Pero, entre todo, destaca de forma diferenciada la tecnología o los aparatos diseñados para la comunicación. El teléfono, el televisor o Internet son parte de esa tecnología que interconecta nuestros hogares y los relacionan con el mundo. ¿Cuál es la naturaleza de la relación entre el espacio doméstico y el espacio público y qué papel juegan las tecnologías digitales en la configuración de esa relación? Las tecnologías de la comunicación son, a la vez, objetos y medios que nos permiten producir y recibir diferentes tipos de productos textuales y audiovisuales para diferentes propósitos y actividades. Las tecnologías son objetos que compramos por su funcionalidad de relacionarnos con el exterior sin salir de casa, pero también las valoramos por su estética y por su valor simbólico o de estatus social. Como ha señalado Bourdieu (1979), los objetos tienen un valor de distinción social y muchas veces nos decidimos a incorporar un nuevo objeto en casa precisamente por ese valor –el prestigio social que supone, por ejemplo, tener una pantalla plana en vez de una pantalla catódica, a pesar de que ambas ejerzan la misma función perfectamente. Las tecnologías de la información y de la comunicación son productos de consumo y, en tanto que productos de consumo, tienen un valor simbólico en el circuito de la cultura, pues están mezclados con prácticas significativas de representación y de reproducción de las identidades sociales (Hall, 1997). En este sentido, el consumo de tecnologías digitales forma parte de un proceso de apropiación de bienes de consumo que no termina con su adquisición sino que continúa en la forma cómo la 1 Artículo escrito originalmente en catalán.


gente se los apropia e incorpora en la vida cotidiana (de Certeau, 1984). ¿Cómo nos apropiamos de las tecnologías digitales? ¿Cómo pasan a formar parte de nuestra esfera doméstica? ¿Cómo contribuyen a la construcción del espacio y el tiempo domésticos? ¿Cómo intervienen en las relaciones familiares? ¿Cómo se negocia entre los diferentes miembros del espacio doméstico su ubicación y su uso? Los objetos tienen sus biografías, como las personas, y no se trata sólo de un objeto que cambia de manos, sino que en cada nueva transacción adquiere diferentes significados (Kopytoff, 1986). No es lo mismo un móvil en manos de un joven adolescente que en la cartera de un agente de bolsa, utilizado como dispositivo para activar una bomba o recuperado de un contenedor para una exposición de arte. Los objetos nos hablan de la sociedad donde vivimos: las tecnologías de la información y de la comunicación no sólo nos hablan de diálogos, sino también de conflictos. Según Marylin Strathern, la domesticación de los objetos tiene mucho que ver con los nuevos conceptos productivos del consumo. Ésta no es vista como el final de la cadena productiva, sino que podemos hablar de un consumo activo, entendido como un acto de apropiación creativa del objeto, en el modo como la gente convierte las cosas en finalidades (Strathern, 2003). Los objetos –las tecnologías– son domesticados cuando dejan de ser un bien de consumo para convertirse en la posesión de alguien y pasan a formar parte de su entorno, a ser parte constitutiva de su espacio doméstico. Es mediante la apropiación que los artefactos dejan de ser una mercancía y se convierten en “auténticos”, entran a formar parte de la vida de la gente y adquieren nuevos significados (Silverstone, Hirsh y Morley

2003: 21). Los objetos son domesticados cuando pasan a formar parte de nuestra vida, cuando participan activamente o son parte constitutiva de nuestras relaciones sociales, sentimiento de pertenencia o identidad personal; dicho de otro modo, cuando contribuyen a hacer del espacio doméstico nuestro hogar. La apropiación también está relacionada con la objetificación, es decir, con el proceso de determinar dónde y cómo se sitúa el objeto en el espacio de la casa, cuál es su lugar apropiado y cómo contribuye a dar significado a ese espacio. Por ejemplo, el televisor en muchos hogares se sitúa en un lugar central del salón, y ver la televisión ocupa una parte de la velada familiar, que constituye el eje de la vida en comunidad. Sin embargo, Morley (1986) ya detecta en los años ochenta un cambio en los hogares ingleses con la introducción de más aparatos televisivos en el espacio doméstico, que pasan a estar en las habitaciones de los hijos y en la cocina, fragmentando el uso de la televisión del espacio común de la casa según el sexo y la edad de sus miembros: ver la televisión se convierte en una actividad individual. La domesticación del ordenador supone la introducción de una nueva pantalla que tiene que hacerse un hueco, compitiendo, desplazando o sumándose o los objetos preexistentes. La reconfiguración del espacio y la decoración de las casas con la introducción de nuevos artefactos o tecnologías es un componente central del proceso de objetificación que nos permite comprender cómo funciona la economía moral de la unidad doméstica. Conjuntamente con la objetificación, podemos hablar también de la incorporación del objeto al hogar en el sentido de cómo se determina y se organiza su uso, cómo se incorpora al tempo y ritmos de la casa o cómo crea nuevas rutinas domésticas.


Mientras que la objetificación y la incorporación son conceptos que nos permiten analizar la relación de los objetos con la estructura interna de la unidad doméstica –con su organización espacial y temporal– cuando hablamos de “conversión” hacemos referencia a cómo el objeto participa en la relación entre el espacio doméstico y el espacio público. La tarea de apropiarse de un objeto conlleva una tarea de conversión que deriva de su significación social. Los videojuegos, por ejemplo, no son únicamente un entretenimiento para después del colegio, sino que constituyen un aspecto importante en la socialización de los niños en la escuela –no tener un determinado juego puede ser más aislante socialmente que los peligros de aislamiento social que se asocian a la práctica de los videojuegos–; forman parte de la “cultura juvenil”. La conversión también tiene que ver con el uso social de las tecnologías de la información y de la comunicación: no sólo nos permiten “socializar” hablando de la última serie de éxito, también nos permiten mantener la proximidad, hablar con los nuestros cuando están lejos, integrarlos en el espacio doméstico telemáticamente. De la misma forma, participan en vincular y articular el espacio público con el privado. Se dice de la televisión que es una ventana al mundo. Decimos de Internet que también permite que el espacio privado se introduzca en el espacio público. “Apropiación”, “objetificación”, “incorporación” y “conversión” son conceptos propuestos por Silverstone, Hirsch y Morley que nos permiten analizar el papel de las tecnologías digitales en el espacio doméstico, y explicar los procesos de domesticación de esas tecnologías en el contexto cultural más amplio y los procesos de transformación social que conllevan. Sin embargo, esta visión de la domesticación tiene como puntos de referencia la economía de mercado y los medios de comunicación de masas, y cómo éstos articulan el espacio doméstico –privado– y el espacio público –el mundo– a través del consumo de los productos audiovisuales que proporcionan; o, en todo caso, a través de la comunicación audiovisual que permiten, en tanto que extensión del teléfono –por ejemplo en las videoconferencias a través de Skype u otras tecnologías similares de mensajería instantánea. Sin embargo, echamos en falta a otro término importante que

haga referencia a los procesos de interrelación entre los objetos de la casa y los procesos productivos que las nuevas tecnologías digitales proporcionan. Como señala Bakardjieva (2006: 67), la conexión a Internet desde casa tiene más que ver con un medio de producción que con un bien de consumo. Según esta autora, aunque se hable de los consumidores de Internet como prosumers o consumidores productivos, la insistencia en entender la domesticación de Internet sólo como una forma de consumo casera de una tecnología de comunicación empobrece su análisis y no nos permite explicar precisamente aquello que está caracterizando más Internet: la capacidad productiva de los usuarios, el libre intercambio y el hundimiento de las barreras entre lo público y lo privado (Bakardjieva, 2006: 71). Esta carencia está relacionada con la ausencia de un concepto que nos permita analizar cómo se integra Internet no solamente en relación al espacio y tiempo domésticos, sino en relación con otros artefactos, especialmente con otras tecnologías digitales, como las cámaras fotográficas o de vídeo y los teléfonos móviles. Podríamos llamarlo proceso de “socialización” y podría ser aplicable también a otros objetos que se relacionan entre sí, como la nevera y las fiambreras, o la cocina y los cubiertos. El uso de las tecnologías digitales, entendidas como un “ecosistema” a partir del cual hemos dado nombre a los procesos de “socialización” entre ellas, impregna a todos los ámbitos de nuestra vida doméstica: desde ir a comprar hasta vigilar los niños o pasar el rato, a la vez que nos permite “traernos” a casa actividades como los encuentros con amigos o las tareas laborales. En el caso de las tecnologías digitales, su socialización es fundamental, pues transforma tanto la economía doméstica y sus rutinas como su producción simbólica en tanto que espacio vivido. En los términos antropológicos de Marc Augé (1992), el espacio doméstico es un espacio antropológico, un “espacio vivido”, en contraposición a los espacios de tránsito o “no-lugares”, como las grandes superficies. Se caracteriza por unas relaciones sociales intensas y por ser un lugar de memoria colectiva. Richard Chalfen (1976) ya estudió, en el desarrollo de la “cultura Kodak”, el papel importante de


la fotografía como objeto de memoria familiar. La fotografía de los rituales domésticos, por ejemplo, forma parte constitutiva de los propios rituales domésticos contemporáneos –¿quién puede imaginarse un cumpleaños sin la cámara de fotos que lo inmortalice?. Las fotografías de los miembros de la unidad doméstica también configuran una parte importante del paisaje doméstico y su proceso de objetificación no ha sido ignorado por teóricos de la domesticación de las tecnologías. Sin embrago, no ha pasado lo mismo con sus procesos de incorporación y de conversión. Al no ser directamente bienes de consumo –la cámara lo sería, pero no las fotos familiares– ni estar aparentemente vinculadas a una práctica mediática sino de consumo estrictamente familiar, las fotografías no se han tenido en cuenta en los análisis de medios. Lo que sucede, sin embargo, es que esas fotografías familiares pasan a ser, con Internet, altamente convertibles, es decir, pasan a ser moneda de cambio en las transacciones sociales –se intercambian a través de Internet– y productos mediáticos –son consumidas en otros hogares desconocidos, como si fueran fotografías del star system de Hollywood. Esta transformación solamente se puede explicar si tenemos en cuenta, en primer lugar, la socialización de los objetos con otros objetos dentro del hogar –la digitalización de la fotografía y la interconectividad entre cámaras y ordenadores– y, en segundo lugar, los procesos productivos del hogar, y no solamente los de consumo. Esta socialización de las tecnologías digitales entre ellas en el espacio doméstico también ha supuesto la apropiación creativa de los medios de producción, así como la transformación de las formas de incorporación de los medios de comunicación de bienes de consumo a medios de producción. Esta apropiación creativa supone también cambios en las formas de objetificación pero especialmente en las rutinas domésticas, ampliando el abanico de lo que es fotografiable, de los objetos y momentos rituales en el paso del tiempo de la vida doméstica –el cumpleaños y el pastel–, a los momentos cotidianos, antes no significativos por no ser objetos de memoria colectiva y de constitución de la identidad familiar. Los objetos y momentos cotidianos pasan a ser parte de lo fotografiable y a ser compartidos a través de Internet con el mundo. Lo que era privado y cerrado se convierte en público y diseminado, a la vez que posibilita

nuevas formas de control social y del mercado mediante el seguimiento de los rastros de los usuarios y de posibles amenazas a la privacidad del hogar. Desde casa al mundo Para entender cómo Internet se ha convertido en una apertura de la casa al mundo, no sólo tenemos que fijarnos en las actividades de búsqueda de información en Internet dentro del espacio doméstico, pues esta función de “ventana al mundo” ya la encontrábamos en la televisión. Lo que queremos destacar aquí es otro tipo de actividad que tiene como núcleo central las prácticas de difundir en abierto lo que sucede en casa. La fotografía y el vídeo digital convergen –“socializan”– en el ordenador de casa y las redes de ordenadores, impresoras, programas de edición, mensajería electrónica, etc. transformando la propia práctica de la fotografía y el vídeo doméstico (Larsen, 2008). Las fotografías familiares ya no se guardan en un cajón de casa, sino que una práctica cada vez más frecuente es intercambiarlas con los amigos u otros miembros de la familia a través de Internet, crear álbumes fotográficos on line para compartir o incluso crear páginas web familiares donde se va dando información puntual sobre lo que sucede en nuestra casa. Pauwels (2008) nos muestra cómo estas webs familiares no solamente están disponibles en abierto, sino que están diseñadas y pensadas por sus autores para ser mostradas al mundo, para cualquier persona que quiera visitarlas. Richard Chalfen fue uno de los primeros en estudiar la fotografía y el vídeo domésticos como parte de los rituales familiares norteamericanos (1987) –al igual que Bourdieu lo hizo en Europa–, destacando su importancia no solamente como memoria familiar, sino como ritual en sí mismo, al actuar como elemento integrador y de cohesión social de la unidad doméstica. Richard Chalfen estableció un modo de producción doméstico para la fotografía, diferente del amateur o del profesional, con unos momentos, estilos y temáticas propios que denominó la “cultura Kodak”, por la popularización de esta marca fotográfica. Okabe y Ito (2006), en un estudio reciente sobre las cámaras en los teléfonos


móviles, nos hacen percatar que sus usos han elevado a la categoría de “fotografiables” objetos y momentos mundanos, rompiendo con la tradición de la “cultura Kodak” de fotografiar momentos memorables. Las imágenes ya no sirven únicamente para narrar una historia familiar, sino que pasan a formar parte de la propia vida cotidiana. Según Miller y Edwards (2007), frente a la “cultura Kodak” aparece una nueva forma de entender la creación y la exhibición de las imágenes: la cultura snapr, basada en la producción y pensada para el intercambio. Así pues, no podemos entender Internet únicamente como un objeto de consumo, sino que tenemos que contemplarlo también, desde su perspectiva, como herramienta de producción y de difusión de objetos digitales –fotografías, vídeos, textos, música, voz, sonido– que salen hacia el mundo desde casa en forma de objetos consumibles, como pueden ser las películas o las noticias; es decir, como si cada casa con un ordenador conectado a la red fuera un emisor de productos culturales, además teóricamente igualados en su forma de distribución por Internet con cualquiera de estos productos comerciales. Por ejemplo, una búsqueda de vídeos en YouTube nos da como resultado, a la vez, vídeos caseros, series de televisión o tráilers de películas de ficción comerciales. Las televisiones públicas o privadas compiten en Internet prácticamente con canales individuales, hasta tal punto que José van Dijk (2007) habla de “homecasting” como una alternativa al “broadcasting”: “desde casa hacia cualquier casa del mundo” (from the home and to anybody’s home). En este contexto, no sólo se retransmite desde casa al mundo, sino que cualquier objeto o rincón de casa se convierte en fotografiable. La portabilidad doméstica Internet no es solamente un objeto de consumo que se tiene en casa y un medio de comunicación de masas que nos permite abrirnos al mundo, es también un medio de comunicación interpersonal y un espacio de sociabilidad. El teléfono es, en este sentido, el precedente y el complemento de Internet. Es una de las tecnologías de la comunicación

que permite ampliar y deslocalizar el espacio doméstico. La socialización de las tecnologías digitales permite también estar siempre conectado con casa. El teléfono móvil –con la videoconferencia por Internet o la interconexión entre dos ordenadores– dilata el espacio doméstico y conecta en un mismo espacio comunicativo dos o más unidades domésticas que pueden estar separadas geográficamente por miles de kilómetros. Se trata de comunicaciones que se mantienen en la esfera privada, en el ámbito doméstico, y que permiten, por ejemplo, compartir un mismo momento social, estar presente, aunque en pantalla, en el cumpleaños de la hija pequeña o por la noche en casa para leer un cuento al hijo antes de ir a la cama. Maria Bakardjieva habla de cómo ella mantiene la unidad familiar en dos espacios domésticos diferentes –por el hecho de tener que hacer estancias largas en otro país– a partir de la conexión a Internet. Con la cámara web puede mantener una co-presencia casi física –audio y vídeo– no solamente entre los miembros de la familia, sino también entre los dos espacios, de tal forma que, experiencialmente, se constituyen en uno sólo, que ella define como “mi casa virtual” (Bakardjieva, 2006: 62). David Morley (2006) también nos habla de una dinámica contradictoria entre la “domesticación” de las tecnologías y la dislocación de la domesticidad. Si el teléfono móvil y el ordenador deslocalizan la unidad doméstica y la transportan o la amplían donde se encuentra un miembro de la familia o del hogar, también sirven para “salir” del entorno doméstico sin cerrar la puerta de casa. La conexión a través de la videoconferencia, la mensajería instantánea y las redes sociales permite a los adolescentes “salir” de casa, “teletransportarse”, virtualmente, a su ambiente, con sus amigos. De hecho, podríamos decir también que su espacio doméstico se amplía desde su habitación hasta su Faceboook o Fotolog, donde interactúan con sus compañeros y compañeras y donde lleva a cabo una incansable vida social. Como afirman Burset y Sánchez (2009) “para el adolescente el fotoblog no es solamente un medio, sino también un ambiente en el cual puede crear signos de identidad mediante las conversaciones virtuales que establece con sus iguales en un entorno lúdico y desinhibido, donde juega con la imagen


en un proceso de socialización”. El nuevo contexto comunicativo que se crea a través de las nuevas tecnologías supone, en este caso un punto de fuga del espacio doméstico. El acceso a las nuevas tecnologías es cosa de jóvenes y son a menudo los jóvenes los que abren el espacio doméstico al mundo a partir de las fotografías o los vídeos caseros. Según Penny Tinkler (2008: 258), es alrededor de los años noventa del siglo pasado cuando los jóvenes de todas las clases sociales del mundo occidentalizado utilizan los videojuegos como una forma de ocio, acceden a una cámara de fotografías o de vídeo propia y poseen un teléfono móvil con cámara incorporada. Langford (1980) apunta como dato significativo y de contraste que alrededor de los años sesenta del siglo XX solamente un 48% de los hogares británicos tenían cámara de fotos, cuyo propietario era, generalmente, el cabeza de familia. Los estudios realizados sobre el uso de las cámaras de los móviles revelan la aparición de una nueva temática visual relacionada con la vida cotidiana y el espacio doméstico, y sugieren que ese hecho es debido a la expansión de las tecnologías digitales, que animan a los jóvenes a transgredir las normas tradicionales sobre lo que es conveniente fotografiar (Tinkler, 2008: 260): prácticas relacionadas con la expresión de los propios sentimientos, búsqueda de identidad y socialización entre iguales. Gracias a Internet, los adolescentes no necesitan salir de casa para estar en su mundo: desde su habitación acceden a sus redes sociales y a su universo compartido. Según Carles Feixa (2005), lo que es relevante no es únicamente que los jóvenes sean el grupo de edad con mayor acceso y tiempo para dedicar a las nuevas tecnologías de una forma lúdica y personal, sino la transformación cultural que implican esas nuevas prácticas en la configuración de su visión del mundo y en la construcción de su propia experiencia de vida (Feixa, 2005: 6). El actual espacio doméstico funciona como un equilibrio entre el acceso instantáneo al mundo exterior a través de las tecnologías y la seguridad y tranquilidad personales del espacio íntimo (Morley, 2008: 144). Sin embargo, este “espacio privado” es exhibido en Internet y difundido a través de Internet, desvaneciendo las fronteras entre espacio público y espacio privado, y haciendo que el espacio doméstico pueda ser transportable y “alargable”, deslocalizando

el sentimiento de lo que significa el hogar. De esta forma, nuestra intimidad sobrepasa el espacio doméstico –donde tradicionalmente la vivimos– para convertirse en una intimidad transportable, en la medida en que hacemos uso de ella independientemente del lugar donde estemos. Asimismo, las nuevas tecnologías nos permiten huir del hogar sin movernos de casa, crear espacios alternativos atomizando el núcleo doméstico. Las formas cómo se incorporan las tecnologías digitales de la información y de la comunicación dependen de la composición de cada unidad doméstica, pero es evidente que han desplazado la centralidad del televisor y han generado nuevas rutinas de uso y nuevas regulaciones sobre su acceso en las relaciones familiares y domésticas –a menudo son los jóvenes los que más las utilizan y lo hacen, además, fuera de la mirada de los adultos. La domesticación de Internet implica cambios en el espacio, tiempo y relaciones domésticas, a la vez que trasforma de múltiples maneras la relación del espacio doméstico con la esfera pública, la economía de mercado, el control social y la configuración de los medios y formas de entretenimiento. Fotos para una exposición o la representación del espacio doméstico Las fotografías que se exponen en el bloque “Un espacio en red”, se han encontrado a partir de un trabajo de campo virtual realizado durante seis meses. La investigación se ha llevado a cabo utilizando diferentes entradas, definidas por nosotros, y seleccionando las imágenes que hemos considerado significativas en relación al uso de las TIC (Tecnologías de la Información y de la Comunicación) en el espacio doméstico. Las principales páginas utilizadas han sido Flickr, YouTube y Vimeo, todas ellas dedicadas a la fotografía o al audiovisual, pues es donde se muestra de forma más evidente la irrupción del espacio doméstico en los medios de comunicación social y cómo ese espacio es representado por los diferentes usuarios. Aproximadamente el 80% de las imágenes y contactos agregados han sido encontrados en Flickr, la página que nos ha parecido más interesante por su funcionamiento así como por los autores y autoras, la mayoría ama-


teurs pero con trabajos de calidad considerable. Además, Flickr nos ha permitido entrar en contacto con los autores y crear nuestra propia cuenta y galerías para organizar las fotografías siguiendo el orden de la exposición que este catálogo acompaña. En Flickr y YouTube hemos convocado a nuestros amigos y contactos para participar expresamente en los apartados, creando una dirección asociada a nuestra cuenta. Las fotografías y audiovisuales que hemos seleccionado han sido realizados por los propios protagonistas. Más de un centenar de personas nos han permitido entrar en su espacio privado mostrándonos sus habitaciones, espacios de trabajo en casa, balcones, celebraciones y algunos momentos de intimidad doméstica que posiblemente ningún fotógrafo profesional hubiera podido fotografiar. Mostramos abiertamente a un público anónimo y numeroso momentos y espacios íntimos que no dejaríamos gravar a forastero alguno. Algunas de las imágenes que se pueden ver en nuestra selección son de espacios físicos domésticos y del uso que de ellos se hace. Han sido especialmente interesantes para nuestra investigación los espacios relacionados con el uso de Internet. Hemos encontrado imágenes de habitaciones llenas de ordenadores, pantallas y otros aparatos electrónicos tituladas “mi búnker” o “mi ventana al mundo”, que refuerzan la vinculación de Internet con la habitación como el espacio privado del adolescente dentro del espacio doméstico y cómo ese espacio se transforma en un espacio abierto al mundo, en una forma de escapar del hogar. En muchas de esas fotografías está presente la pantalla del ordenador, lo cual nos permite analizar cómo se ha objetificado el ordenador dentro del espacio doméstico, en las habitaciones de adolescentes, en el comedor de casa, en el estudio, compitiendo con el televisor. Pero hay otras donde los ordenadores son solamente un vehículo de expresión. Estas fotografías nos permiten acceder a las diferentes formas de incorporación de Internet en la experiencia cotidiana de la vida doméstica. Sus autores han querido compartir en Internet un momento importante de su vida –como el nacimiento de su hija– o estados de ánimo personales, preocu-

paciones, sentimientos y sensaciones cotidianas de manera creativa. Internet, como espacio de creación y de expresión, se vincula al espacio doméstico de forma productiva y no solamente como un objeto de consumo. El hogar, entendido por la economía de mercado como la esfera privada dedicada a la reproducción social y al consumo, se convierte también en un espacio de producción y de creación, en un espacio desde donde compartir con los otros el sentido de nuestras vidas.


Bibliografía Augé, Marc (2002) Los no lugares. Espacios del anonimato. Barcelona: Gedisa Editorial Bakardjieva, Maria (2006) “Domestication running wild. From the moral economy of the household to the mores of a culture”. Berker, Thomas; Hartmann, Maren; Punie, Yves; Ward, Katie J. (eds.) Domestication of media and technology. Glasgow: Open University Press Berker, Thomas; Hartmann, Maren; Punie, Yves; Ward, Katie J. (eds.) (2006) Domestication of media and technology. Glasgow: Open University Press Bourdieu, Pierre (1976) La distinción. México DF: Siglo XXI Burset, Sílvia; Sánchez, Lydia (2009) “Adolescents y fotoblogs: la construcció de la identitat per mitjà del joc”. UOC: Digithum 11 [Fecha de consulta: 21/03/2010]. Chalfen, R. (1987) Snapshot Versions of Life. Bowling Green, OH: Bowling Green State University Popular Press De Certeau, Michel (1984) The Practice of Everyday Life. Berkeley: University of California Du Gay, Paul (1997) Production Culture/Cultures of Production. Londres: Sage Feixa, Carles (2005) “La habitación de los adolescentes”. Papeles del CEIC 16 Hall, S. (1997) Representation: Cultural Representations and Signifying Practices. Londres: Sage Hirsch, M. (1997) Family Frames: Photography, Narrative, and Postmemory. Cambridge, MA: Harvard University Press Kopytoff, Igor (1986) “The cultural biography of things: commoditization as process”. Appadurai, Arjun (ed.) The social life of things. Cambridge, MA: Cambridge University Press Langford, M. (1980) The story of photography. Londres: Focal Press Larsen, J. (2008) “Practices and Flows of Digital Photography: An Ethnographic Framework”. Mobilities 3(1) Miller, A. D.; Edwards, W. K. (2007) “Give and take: a study of consumer photo-sharing culture and practice”. CHI ‘07: Proceedings, April 28-May 3 Morley, David (2008) Medios, modernidad y tecnología. Barcelona: Gedisa Morley, David (2006) “What’s ‘home’ got to do with it? Contradictory dynamics in the domestication of technology and the dislocation of domesticity”.

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La evolución del espacio doméstico en la Europa contemporánea LUIS PIZARRO CARRASCO Luis Pizarro es historiador y miembro del Departamento de Historia Contemporánea de la Universidad de Barcelona. Un nuevo instrumento para el orden social A mediados del siglo XVI, las monarquías de Europa Occidental apuntan al primer momento de una moderna concepción de la familia. El catolicismo del Concilio de Trento (1545-63) y el reformismo luterano comprenden la necesidad de regular el matrimonio, pese a las divergencias, ya que para el primero es jurisdicción eclesiástica y para el segundo se convierte en jurisdicción civil. Ambos ponen como base la libre voluntad de los contrayentes y la prohibición de la imposición paterna. De este modo se hace un esfuerzo para desvincular los matrimonios de los intereses de los linajes: controlar los matrimonios instituidos en el reino será el nuevo método. El matrimonio se definirá desde el Estado como un instrumento para garantizar el orden social (Gaudemet, 1993: 360-363). El tipo de monarquía de que hablamos, predominante en Europa y que madura entre los siglos XVI y XVII, es la “monarquía autoritaria” (Anderson, 1999: 110-112), que acaba sublimada al final del período en lo que llamamos “monarquía absoluta de derecho divino”. John Locke y Algernon Sidney dan el contrapunto a la legitimidad del absolutismo con una acerada crítica a toda autoridad omnímoda. Locke inaugura un nuevo pensamiento: la estructura, función y objetivos de la familia no tienen relación con el Estado absoluto, con la autoridad absoluta ni con la política, sin embargo la familia sí tiene una función en la sociedad política, gracias a la “ley natural”: crea la civilidad, las virtudes del ciudadano. La tarea central del Estado es proteger la propiedad privada del ciudadano, por eso la de la familia es educar a los hijos, darles habilidades útiles en la gestión de dicha propiedad1. El pensador consolida otra idea que arraigará: la conducta


moral del individuo proviene de sus hábitos personales, hay una relación directa entre la moralidad y la vida material. Jean Jacques Rousseau adopta los principios pedagógicos de Locke, dotándolos de otro carácter. También recoge la nueva percepción de que la familia es un “ente moral” del Estado. Su obra tiene fuerte impacto en el pensamiento político y la pedagogía. Una de sus propuestas de más irradiación es la importancia de la lactancia materna y la maternidad. Rousseau concede a la figura de la madre una nueva dimensión, donde a la vez que frena sus expectativas políticas, le da un lugar en la familia que controla ella exclusivamente: por primera vez será la única responsable en la crianza y educación de los hijos2. Intervencionismo en la familia: teorías para un siglo y medio La Revolución Francesa derriba el absolutismo, el discurso del poder unívoco centrado en la figura del padre y la familia, unido al poder personal del monarca, un poder parcial y soberano. El nuevo poder ciudadano de Rousseau será el de la colectividad, la “soberanía popular o nacional” servidora de la voluntad general, fundada en un “contrato social” entre todos los ciudadanos, o sea, un poder imparcial al fin que concede a toda la población masculina –al menos así será en un principio– el poder de decisión política.

1 Pfeffer, Jacqueline L. “The Family in John Locke’s political thought. Critical Essay”. Polity 23, no.4 (2001): 593-618. Mirar también: Locke, John. Segundo tratado sobre el gobierno civil. Madrid: Tecnos, 2006, pp. 61-66 y Locke, John. Pensaments sobre l’educació. Barcelona: Eumo, 1991. 2 Hunt Botting, Eileen. Family feuds: Wollstonecraft, Burke and Rousseau on the transformation of the family. Nueva York: State University of New York Press, 2006, pp. 1-6. Mirar también: Rousseau, Jean Jacques. Emilio, o De la educación. Madrid: Alianza, 2006.

El “intervencionismo en la familia”, y por ende en el espacio doméstico, empieza con la Revolución Francesa. La familia ahora es el cauce de formación del ciudadano, de sus derechos y deberes, por tanto de su patriotismo; pero también de la libertad individual frente al poder político (Hunt, 1992: 89-90). En la Convención (1792), el acto matrimonial es secularizado: se sustituye el párroco por un cargo municipal que legaliza la unión. El párroco se convierte únicamente en testigo de la libre voluntad de los novios. El control del Estado aumenta, aparta a la Iglesia como autoridad en cuestiones de familia y enseñanza, acota el absoluto poder del padre y marido y protege los derechos individuales. Como sucedió en el reformismo, una vez convertido el matrimonio en contrato civil, se instituye el divorcio, se regula el proceso de adopción y, con la perspectiva de limitar el poder del padre, se idean los tribunales de familia y se edifica la primera educación nacional (Hunt, 1991: 36-39). Tras la Revolución, el liberalismo cuestiona la soberanía popular y el contrato social rousseauniano. Los liberalistas creen que el largo alcance de las reformas que afectan a la mujer y a los derechos políticos del pueblo, el “individualismo disipador” revolucionario (Rosanvallon, 1985:75-83), llevará a un nuevo conflicto. En 1796 ya se habían suprimido los tribunales familiares. El Código Civil de Napoleón Bonaparte (marzo de 1804) devuelve una parte del poder de los tribunales al padre, mientras la otra pasa a los tribunales estatales, y disminuye el poder de la mujer en la familia. El divorcio queda reducido a causas de fuerza mayor. El divorcio es abolido en 1816, bajo el gobierno moderado de Luis XVIII (Hunt, 1991: 39). Durante buena parte del siglo XIX, el liberalismo europeo legisla sus derechos civiles con el Código Civil napoleónico como única referencia. Desde Napoleón hasta los años


treinta del XIX, no hay un liberalismo que proponga un nuevo paradigma de intervención en la familia, sólo el liberalismo doctrinario, desde las ideas de François Guizot, Victor Cousin, Royer-Collard y Jouffroy. El doctrinarismo legisla el sufragio restringido y siembra el recorte duradero de las libertades femeninas. En 1833 François Guizot publica su plan de enseñanza pública universal. La novedad que más nos interesa es el concepto de “libertad de enseñanza”. Nace contra la “administración de las inteligencias” del gobierno revolucionario y del napoleónico, que, según Tocqueville y Royer-Collard (Rosanvallon, 1985: 231-240), conducirá al despotismo. Aunar libertad y orden: para conseguirlo los gobiernos preservan logros de la Revolución, sobre todo derechos civiles; la libertad individual, la libertad de prensa y el mercado libre; pero además recuperan elementos de la tradición política nacional, de la “constitución histórica”. La experiencia revolucionaria empuja a crear “espacios de libertad” de conciencia, dependientes del gobierno y con su ideario, pero totalmente autónomos en la gestión (Rosanvallon, 1985: 223-240). La Revolución y el primer liberalismo anularon las corporaciones profesionales y gremios. El liberalismo doctrinario recupera algunas corporaciones, pero cambiando la fórmula: gestión autónoma y normativa estatal. Les interesa para construir una sociedad civil que permita organizar la sociabilidad de cada comunidad y evitar el “individualismo revolucionario”, a la misma vez que para respaldar al ciudadano frente a un eventual despotismo estatal. Siempre evitando a toda costa subvertir los derechos individuales y el libre mercado, durante mucho tiempo el Estado intervendrá en la familia bajo el mismo principio. Otra de las razones de la “libertad de enseñanza” es la libertad del padre de familia para escoger la educación de sus hijos. Antonio Gil de Zárate afirma que en el año 1855 “el Estado, aún más que las familias, es el que recoge el fruto de la educación, el que está principalmente interesado en ella” (Gil de Zárate, 1995: 150-161). Aconsejado por el temor a nuevas revoluciones, Guizot quiere dar una “educación moral” al pueblo, y por eso huye de la educación

cívico-política de los anteriores planes de enseñanza. Guizot nombra a la escuela sustituta de la educación familiar, porque cree que la familia popular no da esta educación moral, por múltiples elementos que la coartan: hay que alejar al niño de este ambiente. La escuela toma la teoría pedagógica de Johann Pestalozzi. Para él, en la familia nace naturalmente la moralidad del individuo: los “sentimientos naturales” o “amor filial”. El amor maternal crea las primeras nociones sobre deberes y derechos, lo que llamamos “autonomía moral” del individuo. En la escuela, el niño aprendería autocontrol, laboriosidad, las virtudes del “amor filial” hacia sus padres3, respeto a la autoridad social y a asimilar la permanencia en la propia clase social. Se buscaba que la conducta del niño influyera en la de los padres, especialmente en hábitos higiénicos y jerarquía social, “amor al trabajo” y ahorro4. A los niños se les pedía matrículas elevadísimas para entrar a la enseñanza secundaria. Para el liberalismo doctrinario la familia es un espacio simbólico de permanencia y arraigo en la sociedad, de estabilidad y de moralidad. Es lo que G. W. F. Hegel, en la Filosofía del derecho y la Fenomenología del espíritu llama “la raíz ética del Estado”. Complejizando las ideas de Locke, considera que “la familia tiene su real existencia en la propiedad (Eigentum), y es sólo cuando esta propiedad toma la forma de capital (Vermögen) que llega a ser la encarnación de la personalidad sustancial de la familia” (Landes, 1982: 125-144). Hegel aporta reflexiones sustanciales al derecho civil y la futura política familiar. En su crítica al contrato social no entiende el carácter contractual del Estado y la familia. 3 Influidos poderosamente por la pedagogía rousseauniana, I. Kant en su Antropología Práctica y otros libros de filosofía moral, y el mismo J. Pestalozzi, afirman que el “amor filial” introduce en el niño varias virtudes u obligaciones, que están formuladas así: “amor, gratitud y obediencia”. 4 Pizarro Carrasco, Luis. “Creadora de las virtudes públicas, base de la moralidad de los Estados. La familia en la construcción de la enseñanza pública en España, 1834-1845”. Comunicación del congreso Familia y organización social en Europa y América, siglos XV-XX. Universidad de Murcia, diciembre de 2007 (pendiente publicación actas del Congreso). Mirar también: Pizarro Carrasco, Luis. Familia y construcción de la enseñanza pública en España, 1834-1845 (trabajo DEA inédito). Barcelona: Departamento de Historia Contemporánea de la Universidad de Barcelona, 2007, pp. 39-40. .


Para él la familia es algo distinto –la raíz ética del Estado–, cuya estabilidad urge proteger ante las mutaciones generadas por la industrialización y el individualismo, la familia es tanto refugio moral como arma purificadora de la sociedad civil. El papel subordinado de la esposa no es patriarcal en el sentido del Estado absoluto –como ya reformulan Locke y Rousseau, no supone que el padre tenga potestad para decidir la vida y poseer los bienes de mujer e hijos–, pero significa una crítica al “individualismo revolucionario” feminista de Olympe de Gouges o Mary Wolstonecraft. En Hegel, esta subordinación es la única garantía de oponerse a la hostilidad de la sociedad industrial, pero también de controlar la propiedad privada y su transmisión. Edmund Burke tiene ideas similares a los doctrinarios y a Hegel. En sus Reflexiones sobre la Revolución en Francia dice: “la familia es la pequeña sección (little platton) de la sociedad donde nacen las afecciones naturales” (Hunt, 1992:69-75). A principios del XIX los Estados evalúan las instituciones de beneficencia social del Antiguo Régimen: hospitales de huérfanos, de niños expósitos, de madres solteras, de pobres, ya no se pueden sostener con fondos públicos. Esta beneficencia intentaba canalizar enormes índices de conyugabilidad ilegítima, abandono de niños u orfandad en las clases populares. Para economistas políticos como Thomas Malthus, Joseph Droz y Léonard S. Sismondi, y para la medicina higienista, esta asistencia social –basada en la caridad, gestionada por los municipios pero mucho más por la Iglesia– no conduce a que los niños salgan de su situación, no genera hábitos de trabajo, moralidad o jerarquía social ni en ellos ni en sus padres. Estos pensadores dan el primer paso para que la asistencia social se secularice y la vayan gestionando sociedades filantrópicas privadas, escuelas industriales y fundaciones empresariales, que van a aplicar los principios educativos analizados (Donzelot, 1998: 25-27). Paralelamente al doctrinarismo nacen las propuestas socialistas de Robert Owen y Charles Fourier. Owen crea colonias fundadas en el cooperativismo de producción y distribución. Charles Fourier crea los falanstères: espacios autogestionados desde el cooperativismo de producción y de consumo, la libre asociación de familias, una economía comunitaria planificada y cajas de seguros. Un edificio

común, donde se aplican las enseñanzas higienistas y con los servicios colectivizados: cocinas, almacenes de comida o cuidado de los niños. Fourier cree en la igualdad entre hombre y mujer y denosta la familia nuclear, la monogamia y la moral sexual de la familia en difusión. En la segunda mitad del siglo XIX, la medicina higienista divulga la idea de “ángel del hogar”. La mujer sólo existe para la reproducción y el cuidado de la casa y los hijos, posee una sensibilidad especial, una moralidad superior, una naturaleza sensible que la hace diferente y determina su destino profesional y vital: la familia; ella debe regentar el “sagrado templo del hogar”. Ahora, la necesidad de sostener estas “virtudes” es asumida no sólo por la Iglesia y el Estado, sino por el sistema sanitario, lo que será determinante en el siglo XX. En 1833 Guizot legisló una educación femenina diferenciada de la masculina, que añadía asignaturas de labores del hogar e higiene doméstica. Pero construir colegios de niñas no era obligatorio y ellas sólo podían estudiar la enseñanza primaria elemental. Aparece la vivienda social y la colonia industrial, proporcionadas por la empresa y ubicadas al lado de la fábrica con la idea de fijar al trabajador en la empresa y asegurar su regularidad. Las viviendas son más cómodas: disponen de agua corriente, alcantarillado, ventilación e iluminación suficiente. Los barrios de vivienda social de Noisiel, Le Creusot, la Cité Napoleon o los Model Houses for Families en Inglaterra –donde la vivienda obrera era creada por sociedades filantrópicas– son asesoradas por médicos higienistas, con la idea de evitar epidemias como el cólera y la tuberculosis, muy frecuentes. Se asegura la vigilancia de los niños por los padres mediante la disposición separada de habitaciones en la casa y la vigilancia de las familias, fomentando la delación. Los hijos son educados en el colegio de la empresa y contratados luego allí. La vida cultural y educativa de las colonias transmite hábitos de laboriosidad y orden, moral sexual, limpieza, ahorro y división sexual del trabajo (Burguière, 1988: 405-408). Muchas de las casas poseen huerto, que proporciona un complemento al presupuesto familiar. El huerto fija aún más al hombre en el lugar y en la empresa, pero además le recuerda su pasado rural.


El liberalismo y el primer socialismo, aunque con prismas distintos, nutren una idea más antigua: la geografía del espacio doméstico decide la vida del ciudadano, la organiza y lo educa moralmente. Para los liberales, si se quiere evitar el radicalismo político de la clase obrera –lo que para los teóricos políticos liberales es en definitiva inmoral– hay que “familiarizarla”. Pierre Bourdieu afirma que la burguesía, mediante su “poder simbólico”, usa la educación, la vivienda social, la codificación civil y otras herramientas para trasplantar sus valores familiares a la clase obrera y asimilarla (Bourdieu, 1989: 20-23). Pese al enorme valor del análisis de Bourdieu, hemos de advertir que la disciplina del cuerpo que caracteriza a la educación popular, la severa uniformidad –tan indelicadamente “pedagógica”– de la vivienda social y la insistencia en la escuela de asumir la jerarquía social, quedan lejos de los esquemas de la educación burguesa. Los inicios de las políticas familiares y de vivienda: un recorrido hasta la Segunda Guerra Mundial Poco antes de la Gran Guerra, los problemas de vivienda pasan a primera línea del debate político. Las dificultades ligadas a las condiciones de la vida obrera –lo que llamamos “la cuestión social”–, recrudecidas las últimas décadas, y el contexto de una nueva política de masas motivan la presión del socialismo –recién llegado al sistema parlamentario–, del krausismo –con influyentes enclaves en educación y filantropía–, del creciente asociacionismo republicano y católico y, evidentemente, del anarquismo. La chispa del debate son dos acontecimientos de 1891: el Congreso Médico de Berlín y la encíclica Rerum Novarum, carta de fundación de la nueva democracia cristiana, que reclama mejoras en la justicia social, un sindicalismo católico y, además, un “salario familiar” masculino íntegro y suficiente. La vivienda se solucionaba –sin cubrir nunca la mayoría de la población– con procedimientos ensayados desde mediados del XIX: el cooperativismo socialista y anarquista, la vivienda social o las colonias industriales y las asociaciones empresariales, con sus consorcios autorreguladores. En barrios obreros de Glasgow, por ejemplo, cerca de 1914 las familias de siete u ocho individuos ocupaban dos habitaciones, cada una con alcoba. En la cocina se comía

y dormía, mientras la otra habitación servía de salón, para mostrar y recibir a las visitas o a veces como espacio de dormitorio. Los hijos jóvenes dormían juntos, entre dos y seis en la misma cama, generalmente separados por sexos; los padres dormían juntos en la alcoba de la cocina, separados o en compañía de hijos. En 1918, el gobierno británico ve que empresa privada, filantropía y cooperativismo no son capaces de construir viviendas de calidad y encarga el Informe Tudor Walters (1918). A partir de entonces se definen las normativas de vivienda de clase media y obrera, regulando espacio, ventilación y luz. Las normas las dicta el Ministerio de Sanidad y las viviendas se construyen bajo la gestión de los ayuntamientos, son las council houses. Eran manzanas de cuatro o seis viviendas unifamiliares, inspiradas en el modelo de “ciudad jardín” de Ebenezer Howard. Las viviendas incluían un cuarto de baño interior combinado con un retrete y tenían un número mínimo de tres dormitorios para que los hijos de distinto sexo pudieran dormir separados. A principios del XX, la obra de Pasteur obliga al cuidado antimicrobiano de lactantes. Los médicos agudizan la presión sobre la crianza. La “buena ama de casa” deja de ser la madre limpia y administradora, pasando a ser la madre cuidadora de sus hijos. Este aspecto previene todavía más contra el trabajo femenino (Sohn, 1994: 109-112). La lucha por el “salario familiar” masculino íntegro se había ido afianzando en la lucha sindical a finales del XIX, como instrumento para que los hombres mantuvieran su fuerza negociadora con la patronal. Su estatus de trabajadores y de padres influirá en las políticas familiares. Pese a la propaganda oficial contraria al trabajo femenino, en Francia aumenta el número de mujeres trabajadoras entre 1906 (36% de la población activa) y 1946 (37%). Sin embargo, en los años veinte, la industria textil pierde trabajadoras y la tecnificación hace que desaparezcan oficios. Ese mismo factor –el trabajo en cadena– hace pasar las trabajadoras al sector mecánico, químico y alimentario. Son puestos peor remunerados. Las trabajadoras más formadas pueden acceder a un tercer sector que crece rápido, en el comrcio y correos (mecanógrafas, secretarias)


o como enfermeras y asistentes: en 1931 en Francia son el 22,6% de asalariadas. Estos cambios ayudan a que el servicio doméstico escasee, puesto que muchas mujeres se pasan al trabajo en cadena. Las mujeres de clase media de Francia e Inglaterra, muchas de ellas con formación secundaria, en los años veinte comenzarán a trabajar como mecanógrafas, contables, etc. La mujer, en estos años, pierde la incapacidad civil en Francia y en Inglaterra (1938). Ya puede firmar contratos o abrir cuentas. En 1907 en Francia y en 1882 en Inglaterra ya pueden disponer libremente del salario; pero el marido sigue teniendo las leyes a su favor. La Sex Disqualification Removal Act del 23 de diciembre de 1919 abre las profesiones liberales a las mujeres (Sohn, 1994: 123-135). La política familiar se inicia en Europa sobre la primera década del siglo XX. Hay motivos diferentes en cada Estado para activarla. En la Francia del período de entreguerras es una reacción derechista contra el individualismo liberal, además de una prevención contra la práctica del extendido control de natalidad. Son combinaciones de subsidios económicos para lograr equilibrio demográfico, desarrollo económico o durabilidad familiar, esta última fundada en la figura del padre proveedor. El movimiento feminista británico, más que ningún otro, logra incluir en el debate público la cuestión del valor económico del trabajo doméstico de la madre y los riesgos, para la madre y el niño, de la dependencia exclusiva del salario del hombre. No será fácil. Las feministas inglesas cuestionan la importancia del matrimonio y la maternidad como definitorios de lo femenino y reivindican la igualdad de oportunidades de acceso al trabajo y a la política. Las feministas francesas se centran más en la valorización del trabajo doméstico femenino, en la educación y en sufragar el “coste de los hijos” (Saraceno, 2002: 339-353). En Inglaterra, con el Plan Beveridge de 1942, el hombre cabeza de familia ya desempeña en la política familiar una función indiscutible de proveedor único de los ingresos familiares. Fue favorecido por medidas tomadas en los años treinta, tras la crisis de 1929. En 1932 Francia introduce un subsidio especial para las madres que se queden en casa. Esta innovación altera totalmente la neutralidad del Estado

francés hacia los modelos de familia relacionados con el “salario familiar” y el papel asignado al género. El control de natalidad gana fuerza en los años veinte. La British Society for the Study of Sex Psychology, fundada por socialistas y feministas, tiene motivos políticos y económicos: equilibrio familiar, prevención del aborto y concepción tradicional de la pareja. El movimiento de control de natalidad es apoyado por las mujeres del laborismo y por la Women’s Cooperated Guild, pero pronto, iniciada la década de los treinta, el Estado le retira los vetos. El aborto es perseguido, pero en 1938 todo cambia, pues se autoriza en caso de “grave daño físico o mental”. La tasa de natalidad en Inglaterra, que era todavía el 30 por 1000 en 1896, cae a 21 en 1921 y a 15 en 1933, lo que la sitúa al nivel de Francia. El porcentaje de obreros que practican el control de natalidad pasa del 18% en 1935 al 68% en 1939, del 5% al 54% en el caso de los obreros no cualificados. En una generación, el número de hijos por mujer pasa de cinco o seis a dos o tres (Saraceno, 2002: 353-355). Todos estos factores sobre la morfología de la familia, sobre todo la política familiar, tienen una indudable repercusión en la política de la vivienda. Estas políticas fijan para la disposición de espacios y el tamaño de la casa un modelo de familia nuclear de pocos hijos y con una madre responsable de la casa. Otra cosa: las pensiones de vejez hacen que, una vez jubilado, el trabajador no sea dependiente de los hijos y pueda vivir por su cuenta. La clase media crece en tamaño en el período de entreguerras, disfruta de más oportunidades laborales con la tecnificación y las nuevas industrias aparecidas, pero su riqueza relativa se reduce y el servicio doméstico va desapareciendo. La clase obrera tendrá sueldos mayores y más estabilidad, debido tanto a la nueva industria como a la fuerza de las reivindicaciones sindicales y de política social y familiar. El Domestic Science Movement, nacido en EEUU antes de 1914, realiza una campaña para valorizar las tareas domésticas, vistas como trabajo y susceptibles de una


gestión mecanizable y taylorizable. En Francia, el ingeniero Henry le Chatelier, traductor de Frederick W. Taylor, difunde sus propuestas. La escuela alemana Bauhaus (1919-1933), dirigida por el arquitecto Walter Gropius, quiere crear una nueva estética del objeto doméstico que facilite su producción industrial. En 1928, arquitectos europeos se citan en Suiza para fundar el CIAM (Congreso Internacional de Arquitectura Moderna), que lideran Walter Gropius y Le Corbusier. Quieren aplicar la innovación técnica del hormigón, los elementos constructivos prefabricados y la construcción con estructura de acero para que se puedan producir industrialmente edificios de más de cinco o seis plantas. En 1933 los miembros del CIAM promulgaron la Carta de Atenas, bosquejando la reforma de las ciudades industrializadas a través de prácticas de zonación y una única forma de vivienda: el bloque de pisos de gran altura rodeado de espacios abiertos. Tras la Segunda Guerra Mundial va a ser la norma de reconstrucción (Lawrence-Zúñiga, 2002: 49-113). Una de las mayores aportaciones de diseñadores influidos por la Bauhaus será en 1926 la Frankfurter Küche (“cocina de Frankfurt” o cocina-laboratorio), de la arquitecta Grete Schütte-Lihotzky, con suelo pequeño, superficies de trabajo continuas y planas para serializar la preparación de comida, con armarios encima y debajo de la encimera. El diseño pretende un ahorro de trabajo en las familias sin servicio doméstico, para elevar el papel doméstico de la mujer a rango de profesional, con una labor especializada y un trabajo racionalizado. La iluminación eléctrica aporta aún más al trabajo doméstico: lo reduce en varias horas por semana, al no tener que limpiar las lámparas de queroseno. El Institut d’Organisation Ménagère en Francia y la Electrical Association for Women en Inglaterra desempeñan un papel similar: el de desarrollar la electricidad y sus aplicaciones domésticas que, según ellos, deben ahorrar al trabajo doméstico más de quince horas semanales.

La época de la masificación de bloques de pisos La Segunda Guerra Mundial destruye en Europa occidental una cuarta parte de las viviendas. El conflicto aparcó proyectos, pero desarrolló procesos, como la tecnología del hormigón, la del acero y los módulos de vivienda prefabricados. Hay dos fases de edificación masiva de viviendas. La primera es desde fines de la década de l940 hasta fines de la de 1960, y está basada en la financiación pública. La segunda fase empieza a fines de la década de 1960 y sigue hoy. Se basa en el aumento de la financiación privada y el descenso de la participación estatal, aunque aparecen medidas gubernamentales que fomentan la compra. En la Segunda Guerra Mundial, Europa occidental agrupa las formas de protección social y familiar de los veinte años anteriores constituyendo la Seguridad Social, base del Estado del Bienestar. Hasta los años setenta la política familiar une el reconocimiento legal de la igualdad entre hombre y mujer al deber de la mujer de atender a la familia, la identificación del matrimonio como forma natural de sociedad y la figura de un cabeza de familia varón. La defensa de un modelo familiar concreto excluye ayudas destinadas a madres solteras y sus hijos, a la convivencia no matrimonial, a familias monoparentales y a personas solas. En Francia, concretamente, el fomento de la exclusión de la mujer del mercado laboral –consolidado por el sistema Beveridge mediante los subsidios a familias en que sólo uno de los miembros recibía ingresos– se mantuvo hasta 1972 (Saraceno, 2002: 353-355). El feminismo de los sesenta y setenta, refrendado por la obra de Simone de Beauvoir y Betty Friedan, genera un debate novedoso sobre la identidad femenina que va más allá del derecho a la educación, la capacidad civil, el voto y el control de la natalidad, en principio superados. Por primera vez el feminismo incidirá en las relaciones de la mujer, en su educación sexual y en lo que ocurre en el espacio doméstico con el marido y los hijos, como por ejemplo la distribución de tareas y la interacción. En los setenta el feminismo tensa las políticas familiares y sociales. Ya en los ochenta nacen servicios públicos


de planificación familiar y de información sexual: se institucionaliza el feminismo. El incremento de mujeres trabajadoras en los setenta pide reformular las leyes. La maternidad es considerada un fenómeno que reclama una cuota de derechos y deberes específica. El modelo de familia basado en el padre –antes considerado único responsable de los ingresos familiares y el único familiar con acceso a la Seguridad Social– se transforma, así como la disponibilidad y la distribución de las tareas de cuidado de los hijos. En consecuencia, un número creciente de mujeres accede a las prestaciones sociales, como la baja de maternidad remunerada. Durante la década de los ochenta se instaura el derecho legal de todo niño a obtener una plaza en una guardería estatal (Saraceno, 2002: 358). El modelo de pisos en la reconstrucción de posguerra son las series de bloques ordenados en filas, a distancias calculadas para permitir la entrada de aire y luz natural y evitar la pérdida de privacidad: la “supervisión” de unos pisos sobre otros. En los espacios abiertos intermedios se preveían parques, diseñados para ofrecer servicios de actividades sociales y recreativas, insistiendo en el concepto de comunidad y colectividad. Las viviendas más imitadas son las de la Unité d’Habitation (1947-1953) de Le Corbusier, construidas en Marsella. La mayor habitación del piso es el salón-comedor, lugar para reunión y comidas familiares cotidianas. Al lado, la cocinalaboratorio, diseñada como un cuarto pequeño. Los padres tienen una habitación propia. Pese al reducido tamaño, estas viviendas cumplen las normas aceptadas para la unión familiar y el desarrollo individual. Le Corbusier piensa que es necesaria una separación espacial entre la actividad de la cocina y el comedor para preservar el carácter sagrado del almuerzo y la cena. Inicialmente esperaban crear, con estos espacios, una sociedad sin clases, con una amplia vida comunitaria, sin segregación social por barrios y servicios colectivos. Esta estética fue adoptada con éxito por los fabricantes. El sociólogo francés Paul-Henry Chombart de Lauwe vio, en 1967, diferencias en el uso de los apartamentos de la Unité: las clases medias optaban por la sala de estar, espacio

previsto por los arquitectos, pero las familias obreras o los oficinistas preferían comer en la cocina. La clase obrera conservaba el deseo de una cocina-comedor, introduciendo casi a la fuerza una mesa en el espacio de la cocina y usando el salón para visitas y celebraciones. Para las familias obreras era más importante comer a diario en la minúscula cocina laboratorio “racional” que en la única habitación, en su pequeño piso, que podía reservarse para ocasiones especiales. Para ellos la “respetabilidad de clase”5 en la casa era simbolizada por el salón, generalmente decorado con profusión y muy limpio. La clase obrera expresaba su respetabilidad desde limitados recursos materiales, a través del ahorro y la sobriedad, la limpieza y el orden. Los residentes de clase media se trasladaban lo antes posible a hogares individuales. El Informe Parker Morris de 1961, del gobierno británico, aconseja a los constructores calefacción centralizada en las viviendas. El motivo es evitar que las familias se reúnan en torno a una fuente de calor para sus actividades domésticas, promoviendo que los individuos puedan dedicarse a tareas independientes. En la posguerra se quiere conceder privacidad a los jóvenes, con el fin de inculcarles valores de responsabilidad. Las familias de clase media –las primeras en proporcionar a los hijos mayores de cinco años habitaciones separadas– decidieron permitir que los adolescentes decoraran sus propias habitaciones como modo de desarrollar el carácter e identidad individual (Lawrence-Zúñiga, 2002: 49-113). De 1961 a 1975 aumenta la construcción de viviendas unifamiliares. Crece la propiedad privada de pisos y viviendas unifamiliares, favorecida por una mayor accesibilidad a préstamos. Asimismo, aparecen subvenciones del Estado para la propiedad dirigidas a la clase obrera, a familias monoparentales o a ancianos que viven solos. Muchas zonas antiguas del centro de Londres o París, con alta densidad de residentes pobres o ancianos y que iban a ser erradicadas en los setenta, se hacen atractivas para familias 5 Para ampliar información acerca de este concepto, mirar: Llona González, Miren. “La construcción de la identidad de clase obrera en el País Vasco: género y respetabilidad de clase, dos realidades inseparables”. Vasconia 35 (2006): 287-300.


de clase media en las décadas de 1980 y 1990, y serán rehabilitadas con subvenciones especiales. En los ochenta se construyen viviendas unifamiliares, esta vez con un salón que añade la función de sala de estar, un espacio multifuncional que deja de ser zona formal de visitas. Se eliminan las fronteras estrictas entre las zonas formales y las informales en toda la casa, otros espacios pierden especificidad funcional, como la nueva cocina-comedor. Para los hijos, sin embargo, los espacios de estudio y ocio se individualizan, se especializan. Para comprender todos estos cambios se necesitaría más investigación sobre los procesos históricos de este capítulo, de ahí que también falten elementos para ligarlos causalmente. No obstante, lo expuesto nos da para sintetizar y hacer modestas propuestas de análisis. El impacto de nuevos modelos de familia desde los setenta –con los cambios que hemos nombrado, tanto morfológicos como de redistribución de responsabilidades y tareas– debe ocupar un lugar privilegiado en el análisis. Estos nuevos modelos familiares actúan no sólo en el tamaño de la vivienda, sino en la función de cada espacio y en la creación de nuevos ámbitos individualizados. La dialéctica de acción y resistencia entre la política pública y las propias familias, sigue siendo aquí central. La ayuda estatal a la propiedad y la tendencia tan reciente en todas las clases sociales a tener la vivienda en propiedad permite aún más la personalización de espacios, el convertirlos en signos identitarios de los habitantes. Ahí debemos contemplar, claro, el fuerte crecimiento en los años ochenta de un mercado del ocio doméstico individual. Los imperativos internos del mercado de los objetos domésticos y de la vivienda, están llamados a interactuar con todas estas dinámicas.


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Dentro y fuera. De lo doméstico. De lo público SANDRA EZQUERRA Sandra Ezquerra es socióloga y miembro del Comité Asesor de la revista Viento Sur. Una de las principales explicaciones del feminismo a la hora de abordar la opresión histórica de las mujeres ha sido la división sexual del trabajo. A diferencia de corrientes como la del feminismo radical, que explicó la subordinación de las mujeres como consecuencia del control ejercido por los hombres sobre su sexualidad, lo que se dio a conocer como el “feminismo socialista” centró su análisis y denuncia en las teorías de índole tanto neoliberal como marxista y en las implicaciones que una división del trabajo en función de los géneros tiene en la organización de la sociedad: los hombres encuentran su lugar en el ámbito público productivo mientras que las mujeres se ven recluidas al ámbito doméstico reproductivo. Dicha división no ha sido neutra ni accidental, ya que se ha traducido en una jerarquización de los espacios y de los roles de género, en la que el espacio público productivo, así como las actividades que los hombres realizan en éste, se perciben como relevantes, mientras que el espacio doméstico reproductivo, así como las tareas que en él llevan a cabo las mujeres, son percibidos como secundarios y meros apéndices de los primeros (Hartmann, 1981; Young, 1981; Ehrenreich, 1990; Eisenstein, 1990; Rubin, 1990). Si bien la atribución a las mujeres de su rol de reproductoras se ha llevado a cabo durante una buena parte de la historia, la división entre el espacio productivo/público y reproductivo/doméstico, así como la presencia supuestamente inherente de los hombres y las mujeres en cada uno de ellos, se consolidan con el auge del sistema capitalista. A pesar del rol fundamental que el trabajo doméstico y de cuidados en el hogar tiene en la reproducción de la “fuerza de trabajo productiva” y de la sociedad en general, diversas autoras han argüido que su marginalidad se debe a que no produce


valor de cambio y, de esta manera, se ha concebido como improductivo o como un fenómeno preindustrial (Benston, 1969; Dalla Costa and James, 1972). En el contexto del Estado español, esta división ideológica entre el espacio público/productivo y el privado o doméstico/reproductivo, y entre las distintas actividades realizadas en ellos, se ha visto reflejada de manera histórica en la definición legal de lo que constituye trabajo real o actividad laboral oficialmente reconocida. Así, por ejemplo, un breve recorrido por la regulación del trabajo doméstico durante el siglo XIX nos muestra que la Constitución de 1812 declaraba que “los derechos inherentes a la condición de ciudadano quedaban en suspenso por estado de servicio doméstico”. Por otro lado, en el Proyecto de Código Civil de 1821 y en el Código Civil de 1889 ya se establecía una diferenciación entre “los criados domésticos destinados al servicio personal de su amo” y “demás trabajadores asalariados”. En su repaso histórico de la literatura jurídica en el Estado español de finales del siglo XIX y del primer tercio del XX, el antropólogo Ubaldo Martínez Veiga (1995) expone la evolución del concepto de trabajador, y por ende de trabajo, durante este período. Curiosamente, las primeras normativas laborales aprobadas a inicios del siglo XX establecieron la noción de obrero u “operario” como “todo el que ejecuta habitualmente un trabajo manual fuera de su domicilio por cuenta ajena”. De esta manera, las normativas establecían que el trabajo, para ser trabajo “de verdad”, tenía que ser extradomiciliario. En este sentido, todo el trabajo realizado en el hogar propio, fuera éste el trabajo doméstico llevado a cabo por las mujeres de la familia o el trabajo remunerado conocido como servicio doméstico, quedaba excluido de la legislación laboral. Si se toma en consideración la pre-

eminente presencia femenina en estas dos actividades, se constata que, aunque las leyes no excluían directamente a las mujeres de sus protecciones laborales, en realidad excluían a muchas de ellas de facto al dejar fuera de la definición de “trabajo real” la esfera de lo doméstico y del hogar. Ya con posterioridad a 1900, la Real Orden de 31 de marzo de 1920 excluyó a todos los criados de la legislación social vigente en aquella época, y el Real Decreto Ley de 15 de agosto de 1927 sobre el descanso nocturno de la mujer trabajadora excluyó a las mujeres dedicadas al servicio doméstico del derecho de descanso mínimo y continuo de doce horas entre dos jornadas consecutivas. Habría que esperar a la Ley de Contrato de Trabajo de 1931 para que se incluyera a “los ocupados en el servicio doméstico” dentro del concepto de trabajadores. Resulta interesante destacar, aunque sea de forma breve, los motivos tras estas exclusiones legislativas, así como su impacto en las condiciones laborales de las trabajadoras domésticas de principios del siglo XX. Por un lado, nos encontramos a finales del siglo XIX en pleno apogeo de la noción del hogar como santuario o lugar sagrado. Entre las muchas connotaciones del hogar sagrado estaba la de su inviolabilidad y su impermeabilidad a cualquier cuerpo extraño que pretendiera inmiscuirse en él. Según Martínez Veiga: [El hogar] “se presenta como una especie de entidad abstracta, etérea, que se opone a las calamidades, ya sea de la industria ya sea de la taberna, como una especie de paraíso en el que es muy difícil ver el trabajo extenuante, la mugre y los problemas cotidianos-” (1995: 156) Esta construcción ideológica del hogar, que converge con la jurídica, no es en absoluto separable de su dimensión


material. Tal y como afirma Nancy Folbre, “la elevación moral de la casa estaba acompañada de la devaluación del trabajo que en ella se hacía” (1991:12). A pesar de que la economía política, desde sus inicios, muestra una tendencia a tratar el trabajo doméstico en términos morales más que económicos, es precisamente la dimensión moral de la definición del hogar como privado e inviolable lo que facilita la cristalización de las actividades que en él se realizan como no-trabajo, con las consecuencias reales que ello conlleva: mientras que por un lado ciertos habitantes del hogar disfrutarán de su privacidad y sacralidad, así como de la ausencia de injerencia por parte del Estado u otros agentes, las otras habitantes, las que trabajan y viven en él, no acceden al status de trabajadoras y, por lo tanto, no tienen derecho a ningún tipo de protección laboral. Es particularmente irónica, según Martínez Veiga, la exclusión de las mujeres dedicadas al trabajo doméstico del Decreto Ley de 15 de agosto de 1927 sobre el descanso nocturno de la mujer trabajadora. Ante una percepción generalizada de las trabajadoras domésticas como “perpetuamente disponibles” (1994: 213), la ley, en lugar de regular sus jornadas de trabajo para protegerlas de las expectativas sociales depositadas sobre ellas, refuerza y legitima dichas expectativas al excluirlas de sus protecciones. En este sentido, Martínez Veiga aporta datos de estudios sobre el trabajo doméstico en Estados Unidos a finales del siglo XIX que muestran que una sirvienta interna estaba disponible las veinticuatro horas del día (Berch, 1984: 114) y que la interminable jornada laboral era una de las principales quejas de las trabajadoras domésticas en aquella época. Estas jornadas también se daban en España: “Se suponía que las criadas tenían que levantarse antes que nadie en la casa, a las siete como muy tarde, para preparar el desayuno, y posteriormente que trabajasen todo el día y que fuesen las últimas en acostarse, ordinariamente después de la medianoche. También se suponía que tenían que estar disponibles para las emergencias e imprevistos nocturnos.” (Martínez Veiga 1995: 215) A partir de 1944, y durante el régimen franquista, se excluyó el servicio doméstico de la normativa laboral, y su regulación jurídica volvió a estar enmarcada en el Código Civil, con la

consiguiente desprotección que esto suponía. No fue hasta más de treinta años después, con la Ley de Relaciones Laborales de 8 de abril de 1976, cuando el trabajo doméstico dejó de ser una relación civil de arrendamiento y se constituyó como una “relación laboral especial” que vinculaba a los empleados del servicio del hogar con sus empleadores. La regulación específica de esta relación laboral especial apareció diez años después, con el Real Decreto 1424/1985 de 1 de agosto, el cual es el marco normativo que regula el trabajo doméstico remunerado en el Estado español en la actualidad (Castelló, 2007; López y Toscani, 2006; Parella, 2003). Si bien el RD 1424/1985 ha supuesto sin duda un avance al considerar el trabajo doméstico como una relación laboral, diversos autores lo han descrito como un ingreso a medias de esta actividad en el área titulada laboral, ya que en última instancia la acaba definiendo como una relación laboral especial que conserva buena parte de los rasgos civilistas “privados” originarios que ha supuesto la ausencia de una verdadera regulación laboral equiparable a la del resto de trabajadores (López y Toscani, 2006: 7). Tras las premisas de flexibilidad, buena fe y relación de confianza establecidas en su declaración de intenciones, el RD 1424/1985 legaliza cuestiones como la ausencia de contrato escrito o de derecho al subsidio del paro, la presunción de temporalidad, el despido libre barato y la incapacidad de los inspectores de trabajo de acceder a este ámbito de trabajo. Además, de manera similar a las interminables jornadas laborales de las trabajadoras domésticas de inicios del siglo XX descritas por Martínez Veiga, el RD 1424/1985 permite en la actualidad la existencia de jornadas de más de doce horas sin explicitar su remuneración total. En general, el RD 1424/1985 da lugar a una regulación desequilibrada que, sobre la base de las características especiales de la relación (relación personal, de confianza, trabajo llevado a cabo en el círculo de convivencia e intimidad de la familia) y tras el eufemismo de la “autonomía de las partes”, acaba dando prevalencia a la posición especial del empleador frente a los derechos de la trabajadora. De esta manera, el RD 1424/1985 supone en realidad la entrada del trabajo doméstico al ámbito laboral por la “puerta falsa” y “configura


a los empleados del hogar como trabajadores, pero sólo a medias” (ídem). Mientras que a principios del siglo XX nos encontramos ante un hermetismo legal y jurídico del espacio doméstico, a partir de la década de los ochenta, particularmente con la aprobación del RD 1424/1985, empezamos a presenciar cierta apertura de dicho espacio. No obstante, un breve recorrido por el Decreto muestra que dicha apertura es sólo parcial. Si bien se reconoce, en cierta medida, el carácter laboral de las actividades domésticas remuneradas, la necesidad de proteger la intimidad de los habitantes originarios del espacio doméstico, los empleadores, hace que los derechos civiles de éstos entren en conflicto con los derechos laborales de la trabajadora y sirvan de coartada para limitarlos. El espacio doméstico es, a la vez, santuario de intimidad (privado) y ámbito laboral (público), pero la construcción moral del primer aspecto acaba prevaleciendo sobre la dimensión contractual del segundo. Sin embargo, ni siquiera el RD 1424/1985 consigue mantener absolutamente intacto el hermetismo de espacio doméstico español, y su incipiente porosidad y (semi)apertura van más allá de su (infra)regulación en tanto que ámbito laboral. La aprobación del RD 1424/1985 se da en un contexto de nuevas necesidades sociales derivadas de la incorporación generalizada de la mujer española en el mercado laboral y de cambios demográficos como el envejecimiento de la población y el aumento de la esperanza de vida. Una novedad importante es que, mientras estas actividades solían ser realizadas en las ciudades españolas por mujeres jóvenes provenientes del medio rural, a partir de la década de los ochenta serán llevadas a cabo de forma creciente por mujeres inmigrantes de origen extracomunitario. Su trabajo remunerado en los hogares españoles se ha convertido en la principal vía que posibilita la conciliación de la vida familiar con la vida laboral de cientos de miles de mujeres autóctonas (Ezquerra, 2010). Ante este cambio de escenario, la teorización feminista clásica de la división entre espacio público y espacio doméstico para explicar las relaciones de género, así como la distribución de las tareas productivas y reproductivas, acaba resultando insuficiente. Si bien la idea de la división sexual del trabajo fue imprescindible en un primer momento, también

es cierto que no previó las diferentes maneras en que las dinámicas étnicas o raciales se combinan con el género y la clase social en la organización del trabajo doméstico remunerado. De hecho, tal y como expone Glenn (1985; 1992), el análisis de la división racial del trabajo reproductivo tuvo durante las últimas décadas del siglo XX escasa presencia tanto en la literatura feminista como en las teorías de la jerarquía racial (véase Anderson, 2000). Esta ausencia pasa por alto, por ejemplo, la realidad histórica de las mujeres afroamericanas y de diversos colectivos de color en Estados Unidos, las cuáles han estado tradicionalmente relegadas al sector del trabajo doméstico y del cuidado (véase Glenn, 1981; 2002), así como la importante presencia de trabajadoras domésticas y cuidadoras inmigrantes en cientos de miles de hogares españoles en la actualidad. En este sentido, Misra et al. (2006) han analizado el papel fundamental de la noción de origen nacional y de ciudadanía en la configuración global del trabajo doméstico, o lo que Romero ha llamado la “globalización del trabajo del hogar y del cuidado” (2003: 811). Tal y como diversas autoras han señalado utilizando términos como “cadena de nannies”, “cadena del amor”, “cadena global del cuidado” y “división internacional del trabajo reproductivo”, la reestructuración económica global de las últimas décadas ha incrementado la demanda de trabajadoras domésticas migrantes en Occidente (Oishi, 2005), incluyendo el Estado español. La demanda es cubierta por el éxodo de cientos de miles de estas mujeres de países del Sur Global1, resultado a su vez de la situación perenne de crisis económica que las obliga a emigrar para mantener a sus seres queridos (Ezquerra, 2008). Mientras que estas mujeres vienen a preparar nuestras cenas, limpiar nuestras casas, cuidar de nuestros hijos y acompañar a nuestros mayores, dejan atrás a sus hijos e hijas, que acaban siendo cuidados por sus maridos, sus hermanas, sus madres o sus vecinas (Parreñas, 2005). Una vez aquí, las nuevas “cuidadoras profanas” navegan entre mercados laborales hostiles y étnicamente segmentados y reciben los golpes de una Ley de Extranjería que las deja a 1 Se entiende por “Sur Global” el conjunto de los países subdesarrollados.


menudo en situaciones de enorme vulnerabilidad administrativa. Su llegada supone una incorporación social y laboral a unos nuevos espacios públicos y domésticos. Sin embargo, los vínculos con los ámbitos públicos y privados de origen se mantienen en forma de remesas que resultan claves tanto para la situación económica de sus países como para el sustento de sus familias, de comunicación continua mediante el uso de las nuevas tecnologías, de creación constante de redes sociales que facilitan la migración de nuevas personas del país de origen y de un eterno dilema entre el retorno al hogar y la diáspora indefinida. Además, si bien el nuevo espacio doméstico, los hogares donde trabajan, en realidad es para ellas público en tanto que ámbito laboral, la nueva arena pública, el Estado-Nación al que se incorporan, las deja fuera de sus límites legales, culturales y sociales, convirtiéndose así para ellas en el máximo exponente de lo privado, de lo inaccesible, de lo hermético (Bhattacharjee, 1997). De esta manera, no sólo se abre el hogar doméstico –el de aquí, el de ahora– a nuevas habitantes-trabajadoras que complejizan su configuración, sino que es precisamente la llegada de estas mujeres el vehículo fundamental de la incorporación de lo privado, lo doméstico y lo íntimo a lo internacional, lo transnacional, lo global. Es asimismo su llegada un recordatorio de que la división entre público y privado/ doméstico es relativa y contextual, así como un espejismo jerárquico y excluyente. Y que, lejos de darla por sentada e inamovible, deberíamos cuestionarla cada día para entender lo que pasa a nuestro alrededor y más allá. Dentro y fuera. De lo doméstico. De lo público.


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EXPOSICIÓN DOMESTIC IDEA ORIGINAL Y PROYECTO EXPOSITIVO Fundación Photographic Social Vision PRODUCE Obra Social Caja Madrid COMISARIADO Arianna Rinaldo y Silvia Omedes GUIÓN EXPOSITIVO Roger Canals ASESORES CIENTÍFICOS Cecilia Montero Mórtola (Antropología) Luis Pizarro Carrasco (Historia) Sandra Ezquerra Samper (Sociología) Chantal Doyagüez López (Psicología) DIRECCIÓN DE ARTE Inés Casals DISEÑO GRÁFICO Ana Varela García ARQUITECTO Miquel Macaya COORDINACIÓN Alice Monteil y Helena Velez Olabarria SOFTWARE Y REDES SOCIALES Barcelona Photobloggers, Fran Simó COMUNICACIÓN Mahala Comunicación y Tinkle MONTAJE AUDIOVISUAL Javier Rodero ASISTENTES DE EXPOSICIÓN Julia Winter y Clara Cano ASESORAMIENTO LEGAL Enric Enrich TRADUCCIÓN Mariona Masgrau Juanola Susanna Cros Bahí Eva Reyes de Uña MONTAJE EXPOSICIÓN Grop, exposicions i museografia


AUTORES PARTICIPANTES: EL ESPACIO CERRADO Mireia Bordonada, Núria Lopez orres, Román Yñán, Carla Tramullas, Salva López, Ana Cuba, Laura Cuch, Antonella Iovino, Robin Schwartz, Jen Davis, Beth Yarnelle Edwards, Antoine Passerat, Lucie & Simon, Sebastian Pfüetze, Anja Teske, Sibylle Fendt, Andrzej Kramarz y Weronika Lodzinska, Anne Sophie Costenoble, Celeste Arroquy, Lili Almog, Bostjan Pucelj, Davide Grossi, Alessandra Saccà, Gail Albert Halaban. EL ESPACIO DE INTEARACCIÓN Antonio Muñoz de Mesa, Marina Espriu, Lourdes Segade, Laia Abril, Cristina Nuñez, Ana Jiménez, Giorgio Barrera, Adriana López Sanfeliu, Giuseppe Moccia, Guia Besana, Susannah Slocum, Ed Ka-shi, Olivia Froudkine, Margaret Boland, Keely McGuiness, François Schaer, Cia de Foto. EL RITUAL DOMÉSTICO Montse Campins, Elena López Lamadrid, Paola de Grenet, Francesca Catastini, Mattia Insolera, Dona Schwartz, Frédéric Nauczyciel, Stéphanie Lacombe, Gerda Kochanska, Przemysław Pokrycki. DE FUERA A DENTRO / DE DENTRO A FUERA Elena Prieto, Napi Rivera, Oscar Alcaraz, Marco Lachi, Giorgio Barrera, Matteo Balduzzi, Frank Rothe. ¿CUESTIÓN DE GUSTOS? Paola Pagano, Román Yñán, Hassel y Gretel, Liz Steketee, Sci Phi. EL TRABAJO Y EL HOGAR Carlos Rodriguez Depares, David Rodriguez, Gail Albert Halaban, Justine Pluvinage, Morara & Tosatto, Montse Campins, Raphael Dallaporta. LA LUCHA POR EL ESPACIO DOMÉSTICO Hector Mediavilla, Xavier Cervera, Aleix Plademunt, Alejandro Cartagena, Andrzej Kramarz y Weronika Lodzinska, Bruno Ramos, Alberto Dede, Alexa Brunet, Alessandro Imbriaco, Massimo Siragusa, Mireia Bordonada, Brad Temkin, Martino Lombezi. UN ESPACIO EN RED Fotógrafos amateurs y profesionales en las redes sociales miembros del grupo flickr Domestic Social Vision, Barcelona Photobloggers y Friends of Photographic en Facebook. Colaboradores: Grupo de Investigación Mediacciones de la UOC y Fran Simó de Barcelona Photobloggers.

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