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Comprender antes de castigar. La presencia policiaca en la devoción juvenil por san Judas Tadeo. Grupo de Investigación Social HABITUS1 En tiempos recientes, los grupos juveniles identificados coloquialmente como “reggetoneros”, “chakas” o “sanjuderos”, han sido los protagonistas de desórdenes en el espacio público y por ende, se han enfrentado a los cuerpos policiacos. Situaciones que han abonado en la, ya palpable, criminalización de estos grupos juveniles. No obstante, más allá de las medidas punitivas, en nuestras observaciones, poca ha sido la atención brindada a este sector de la juventud por parte del gobierno de la ciudad, es esta falta de conocimiento de las necesidades de sus jóvenes lo que impide comprender sus conductas sociales en el espacio público. Nos enfocamos en un proceso de comprensión, en el acercamiento de las autoridades a los jóvenes a través de sus prácticas, con ello develar un poco de las situaciones por la que nuestros jóvenes están pasando, en este caso, su devoción a san Judas Tadeo, misma que se efectúan en las inmediaciones del Templo de san Hipólito y san Casiano, en el Centro de la Ciudad. Muchas de las dinámicas juveniles que observamos durante nuestro ejercicio de investigación, están relacionadas con la criminalización de esta juventud, desde el estigma social a estos jóvenes, hasta la tensa relación que existe entre cuerpos policiacos y la juventud. De inicio, retomamos, los antecedentes histórico-sociales de la devoción por san Judas Tadeo, pues éstos nos permitirán comprender el sentir de los jóvenes devotos. La relación entre las propiedades que socialmente se le han adjudicado al santo, tienen un claro reflejo con las necesidades insatisfechas que presenta esta juventud, las cuales pueden ayudarnos a comprender las raíces de sus manifestaciones sociales en el espacio público. Necesidades que, presumimos, no son reconocidas por las autoridades quiénes ante sus actividades en el espacio público, legalmente sancionables, optan por acciones punitivas en vez de una acción comprensiva que ayude, más que a resarcir el daño a prevenirlo. Al buscar un ángulo comprensivo, de ninguna manera buscamos justificar las acciones que esta juventud ha desarrollado en el espacio público, lo que pretendemos es que al partir de la raíz comprensiva de sus conductas, se puedan construir otros mecanismos de acercamiento y prevención de los delitos, que antecedan a la intervención directa de los 1

Integrado por: Erick Serna Luna, Maestro en Estudios Urbanos por El Colegio de México, y José Luis Ávila Romero, egresado de la Licenciatura en Sociología por la FCPyS de la UNAM; hemos contado con la colaboración de: Grisel Robles, Nallely Cazaraes, Mauricio Cazares, egresados de la Licenciatura en Sociología, y de Vanessa Maldonado, Licenciada en Sociología.


efectivos policiacos. Con lo cual no sólo se evitan los enfrentamientos entre jóvenes y policías, que tanto han desgastado la imagen pública de los últimos, sino que también se podrían construir canales de resolución de algunas problemáticas de nuestra juventud. La devoción en el tiempo. Cuando san Judas Tadeo llegó a la Ciudad de Santiago de Chile en 1910, proveniente del Viejo Mundo, era venerado fervientemente por los mineros y las prostitutas de esa ciudad. Dos grupos sociales pertenecientes a los estratos más bajos, los trabajadores del subsuelo desempeñando una labor de alto riesgo, y las trabajadoras del sexo, siempre segregadas, mal vistas por los ojos de la moral. Santiago se conecta con el próximo destino del santo en América, la ciudad de Chicago, durante el año de 1929, el año de la “Gran Depresión” Norteamericana, el padre James Tort instaura la devoción a san Judas Tadeo, en un pequeño espacio de la Capilla de Nuestra Señora de Guadalupe. Los devotos de aquel entonces no eran los migrantes hispanos, gran parte de ellos mexicanos, quienes se asentaron en la segunda ciudad más importante de los Estados Unidos, con la esperanza de encontrar un trabajo que les permitiera labrar un mejor porvenir para sus familias. No obstante, con la caída de la bolsa de Wall Street, esta esperanza de bienestar se transformaría en su causa más difícil y desesperada de solucionar, el trabajo y el sustento familiar eran los principales motivos por los que los fieles elevaban sus súplicas a san Judas Tadeo. Una situación de desesperanza general que los llevaría a desbordar la devoción el 28 de octubre de 1929. Tort pertenecía a la orden de los “Misioneros Claretianos”, congregación que entre las Iglesias que, internacionalmente, tienen a su cargo, destaca el Templo de san Hipólito y san Casiano, ubicado en el cruce de avenida Hidalgo y calle Zarco, en el corazón de la Ciudad de México. San Judas Tadeo arribó en la década de los años cincuenta, poco a poco iría creciendo su devoción por casi tres décadas, hasta que en el año de 1982, el año de las crisis del neoliberalismo mexicano, la devoción desbordaría el recinto católico, posicionando a san Judas Tadeo como el santo principal del Templo. A partir de entonces, cuentan las autoridades clericales, que los episodios de efervescencia de la devoción se han presentado de manera continua, siendo el del 2008 el que más destaca, pues a partir de ese año, hasta la fecha, ha crecido la devoción sector juvenil. Lo cual ha despertado diversas reacciones en los grupos sociales que se encuentran involucrados: para el clero resulta importante que los jóvenes se acerquen a las instituciones eclesiásticas, no obstante, les causa un evidente malestar las conductas sociales que se asocian con la devoción juvenil; de azoro para la sociedad en general que por un lado discrimina y por el otro se sorprende de esta nueva expresión juvenil; sorpresa que también alcanza a las autoridades, pues la, supuesta, relación de estos jóvenes con actos delictivos y con un evidente consumo de drogas en el espacio público, los lleva a criminalizarlos y perseguirlos. No obstante, aunque los jóvenes devotos son evidentes ante la vista de todos, sostenemos que permanecen invisibles para los ojos de la política pública juvenil en la Ciudad de México. Antes de arribar a la situación particular de los jóvenes devotos en el Distrito Federal, es necesario cerrar el viaje en el tiempo, destacando que en diversos espacios y momentos, la


devoción por san Judas Tadeo se ha desbordado en las coyunturas de crisis económicosociales en que se resquebrajan las instituciones modernas. Del mismo modo, esta devoción ha guardado una estrecha afinidad con los sectores más desfavorecidos de la sociedad, con ello no decimos que sean los únicos, las situaciones difíciles y desesperadas permean a la sociedad durante los periodos de crisis, sin embargo, los sectores populares son quienes más las padecen: los mineros y prostitutas de Santiago, los migrantes hispanos de Chicago, los cientos de mexicanos que vieron derrumbarse la economía del país en 1982, y hoy día millones de jóvenes. La desesperación de la juventud en “La Ciudad de la Esperanza”. En nuestras primeras investigaciones, auspiciadas por el Premio del concurso “Creación joven 2010”, realizamos, en la inmediaciones de san Hipólito, una encuesta exploratoria a 182 jóvenes. Al preguntarle a los jóvenes sobre los principales “favores o milagros” que le iban a pedir ese mes a san Judas Tadeo, un 33% iban a implorar por mejorar o encontrar un empleo; 26 % le iban a pedir salud, entre ellos salir de las adicciones; y un 13 % iban a por su educación, sea para pasar un examen o para acceder al nivel medio superior. Cifras que, aunque a escala, se relacionan con otras mediciones que, informalmente, han levantado las mismas autoridades de san Hipólito, las cuales posicionan como primer causa desesperada de los jóvenes la salud, seguida del empleo y la educación. Por su parte, en la opinión pública, se ha relacionado a los jóvenes devotos con el estigma del “NINI”. En contraposición a esta idea, 51% de los jóvenes que cuestionamos estudian, 27% trabajan, 12% realizan ambas actividades, y sólo un 10% no estudian ni trabajan, aunque cabe decir que de ellos, una buena parte fueron a san Hipólito para pedir un empleo o un lugar donde estudiar. Quisiéramos destacar el rubro laboral, pues a partir de la inserción al mercado laboral formal, se proveen otros derechos y garantías, tales como el acceso al sistema de salud, de vivienda, de educación, de becas, entre otros. Sin embargo, sólo el 31% de los jóvenes que laboran, lo hacen como obreros de alguna industria, el resto se emplea en la informalidad, sea como ayudantes oficios, como comerciantes o incluso como limpiaparabrisas. Lo importante aquí es que al emplearse en la informalidad, carecen del goce de buena parte de los derechos y garantías, o gozan de sistemas de bienestar de segundo o incluso de tercer orden. Ahondando más en ello, es justo mencionar que para este tipo de población que vive en y del empleo informal, no existen políticas que, directamente, abonen en favor de su bienestar. En este sentido, en materia de política juvenil en el Distrito Federal, tomando como referencia algunos de los programas del IMJUVE (Instituto Mexicano de la Juventud), éste se enfoca en el desarrollo de jóvenes de manera selectiva, es decir, aquellos jóvenes que han logrado acceder a la educación media superior, a los que presentan aptitudes para el auto empleo de corte empresarial, y en el fomento de talleres culturales. Prácticas que si bien ayudan a un buen sector de la juventud, excluyen a otra parte, que por sus condiciones laborales, parecieran ser invisibles tanto para la política social y en específico, para la política juvenil. Es quizá por esta gran omisión que prefieren acercarse a los brazos del santo de los “desesperados” para resolver sus problemas mundanos. Como lo evidencian los números, las “causas desesperadas” de los jóvenes no son más que cuestiones que socialmente deberían de estar garantizadas con base en los Derechos


constitucionales. Al someterse estos derechos a ser objetos de la “milagrosa intervención de una figura supra-terrenal”, nos encontramos en presencia de un fallo del sistema, pues existe una porción de su población que, pese a gozar por derecho de esas garantías, en la práctica no son participes de ellas. La política de la represión. Finalmente, las prácticas sociales de algunos de estos jóvenes en el espacio público, han provocado un gran malestar en la sociedad, tanto a nivel moral, eclesial y gubernamental, Además de la festividad eclesiástica realizada cada 28 de mes, algunos grupos de jóvenes solían reunirse en la Plaza Zarco y la Plaza de la Información, con el propósito de convivir, bailar, escuchar música, beber, fumar tabaco y, en algunos casos, marihuana y consumir sustancias tóxicas, las famosas monas. Prácticas que son penadas en el artículo 24, fracción cuarta, y en el artículo 25, fracciones segunda y quinta de la Ley de Cultura Cívica del Distrito Federal. Conductas, que el mismo órgano jurídico, infracciona con 11 a 20 días de salario mínimo o de 13 a 14 horas de arresto. Al respecto, es cierto que los jóvenes infringían el libre uso del espacio público, al realizar sus actividades y consumir drogas, tanto licitas como ilícitas. Como también podrían ser sancionados por la estridencia de sus convivencias musicales, sin dejar de mencionar que por la explicita carga sexual del baile conocido como “perreo”, también podrían ser un atentado contra la moral y las costumbres de la sociedad. Del mismo modo, este ambiente de festividad juvenil, algunas veces propiciaba grescas y episodios de violencia física entre los mismos jóvenes; conductas que también son sancionadas por las autoridades del espacio público. Tal vez, con base en estas infracciones, el gobierno delegacional decidió emprender una serie de acciones policiacas con el propósito de frenar estas conductas juveniles en el espacio público. Inicialmente, a partir de marzo del 2011, comenzaron a vigilar con un mayor número de elementos a los jóvenes que participaban de estas prácticas. Posteriormente, comenzaron a decomisar las botellas con thinner y las estopas o papel empapados con esta sustancia; retirando de las Plazas, especialmente de Zarco, e incluso deteniendo, a los jóvenes, solos, que se encontraban en un alto estado alterado por el consumo de lo inhalantes. Tanto la presencia policiaca como las acciones que emprendían para sancionar las conductas juveniles, fueron motivo de enfrentamientos verbales entre los dos grupos, a través de los cuales, los jóvenes agredían y se mofaban de las acciones policiacas; los efectivos trataban de evitar las provocaciones, aunque en algunos casos, solían responder, verbalmente, a ellas. Esta dinámica provocaba un ambiente de tensión y latente confrontación entre ambos grupos. Fue hasta el 28 de septiembre del 2011 que se registró un enfrentamiento físico entre los cuerpos policiacos y los jóvenes que convivían en Plaza Zarco. Después de este suceso, la siguiente estrategia fue el, paulatino, acordamiento de la Plaza Zarco, hasta su cierre total a todo uso social, incluyendo la movilidad, el 28 de abril del 2012. Al respecto, si bien hemos reconocido el carácter ilegal de las prácticas que los jóvenes mantenían en el espacio público, nos gustaría señalar que no consideramos que las acciones


policiacas hayan sido las mejores medidas, no sólo para recuperar los espacios públicos, sino, más importante aún, para atender a estos jóvenes, quiénes evidentemente presentan ciertos problemas que no pueden ser solucionados mediante la política punitiva. Es cierto que el consumo de enervantes y demás drogas en el espacio público, está penado, sin embargo, nunca se les brindo a estos jóvenes la asistencia de otras dependencias gubernamentales encargadas de la atención de las adicciones. Por otro lado, si bien lo bailes pudieran tener un alto contenido sexual, tampoco se registró la presencia de las entidades encargadas de prevenir los embarazos adolescentes o la transmisión de enfermedades sexuales. Como tampoco se presentaron brigadas de promoción o inclusión del IMJUVE máxima institución gubernamental encargada de la atención juvenil. Todo ello, siendo que tanto los jóvenes, como los problemas que presentaban ya habían sido detectados, tan lo fueron que, fueron reprimidos y criminalizados. Es justo decir que, si bien ya no se han repetido las apropiaciones juveniles desde julio del 2012, que se levantó el cerco de Plaza Zarco, aunque también es justo decir que los jóvenes siguen consumiendo drogas en las inmediaciones del Templo, siguen reuniéndose, aunque en menor número, en los linderos de las Plazas. Al respecto, nos gustaría señalar que nunca se preguntaron las autoridades sobre el por qué de estas conductas, algunas de las cuales respondían no sólo a problemas de drogadicción, sino también a hogares disfuncionales, a falta de oportunidades laborales, a falta de espacios de expresión, a entornos violentos de convivencia y a la falta general de posibilidades de construir alternativas que les permitieran salir de estas dinámicas. Propuestas para una seguridad comprensiva. Lo que hemos mostrado a través del caso de las prácticas juveniles de los jóvenes devotos a san Judas Tadeo, es una muestra de la forma en la que es conceptualizada y “atendida” cierta porción de la juventud citadina, a la cual se le criminaliza y castiga, antes de comprender cuáles son los móviles de sus conductas urbanas. En este sentido, repetimos, no buscamos justificar las conductas delictivas que ellos pudieran presentar en el espacio citadino, pero si nos gustaría reflexionar en torno a otro tipo de prácticas que pudieran ayudar a conservar el orden público, sin llegar al uso de la fuerza pública. Primeramente, apegándonos una vez más a la Ley de Cultura Cívica del DF, es responsabilidad de la administración pública del DF, la promoción de una cultura cívica, así como de respeto a la pluralidad de identidades que conviven en la ciudad. Con base en ello, consideramos que, antes de la petición de intervención de la fuerza pública, las autoridades bien podrían emprender campañas de acercamiento con los jóvenes, de conocimiento de sus necesidades y expresiones culturales; medidas que incluso, podrían abonar en la recuperación y reutilización de los espacios públicos, como lo son Plaza Zarco y Plaza de la Información, inmuebles que hoy día se encuentran en deplorables condiciones. Con esta idea, se podrían identificar las necesidades insatisfechas de los jóvenes, las cuales, como hemos recalcado, son derechos y garantías ciudadanas insatisfechas, se podría intentar rescatar a los jóvenes de las garras de la drogadicción, y se podría aprovechar la creatividad que los jóvenes despliegan en sus actividades culturales, sea en materia de baile, como en las manifestaciones que expresan su particular devoción, elementos, que se quiera o no, conforman la identidad de esta juventud y, de la misma manera, cómo se les


brinda un espacio a otros grupos de jóvenes para sus dinámicas propias, les brinden un espacio a estos jóvenes. Como mencionamos, nuestras propuestas son preventivas al ejercicio de la fuerza física, sin embargo, sobre el trato de los cuerpos policiacos hacia la juventud, debe ser la de servidor público, en el amplio sentido de la palabra. En este sentido, exponemos algunas propuestas, devenidas de nuestras observaciones, sobre su ejercicio en las inmediaciones del templo de san Hipólito. Preparación policiaca -Es necesaria una preparación en cuanto a derechos humanos para el trato de la policía hacia los jóvenes. -Sobre el manejo de sus emociones o un ejercicio profesional de su labor, ya que observamos que algunos policías ante el mínimo tono de voz, ofensa o malentendido ejercían la fuerza física. -Una campaña de salud para la policía, por algún problema de adicción que pudieran presentar. En cuanto a las detenciones: -Es necesaria una explicación sobre la falta en la que se está incurriendo. Ya sea como preventiva y negociación para dejar de cometer el delito, en este caso faltas administrativas en las cuales, consideramos, no existe la necesidad del uso de la violencia. -proponemos, en caso de una detención, se mencione lo que el detenido tiene derecho, como se hace en otros países. -En el caso de detenciones por el consumo de algún tipo de droga, antes que llevar a los jóvenes a un ministerio público, crear un organismo en el cual pudieran atender sus problemas de adicciones. Cómo estas breves observaciones, existen muchos puntos en los que el servicio policiaco y gubernamental pudiese mejorar. En conclusión, es necesario realizar intervenciones pre-policiacas, así evitar el uso de la fuerza pública, que desgasta relaciones entre el efectivo del orden público y los jóvenes. En donde, cabe señalar que los policías cumplen con su labor, que es la preservación del orden público, para lo cual, en ocasiones se deben de emplear algunas medidas, mesuradas, de fuerza física; las cuales al ser dirigidas contra los jóvenes, provocan confrontaciones que debilitan, no sólo, los lazos de relación social entre ambos grupos, sino que también merman la imagen pública del policía.


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