Page 1

ACT_Nº 2 LA HUELLA DE LO OTRO

DIALOGOS Santiago de Chile

_ Octubre 2006

www.aparienciapublica.org

SOSTENIBILIDAD CORREGIDA _____________________________________________ Juan Herreros Arquitecto UPM. Phd.

Muchas gracias por esta presentación que me obliga a concentrarme en hacerlo un poco mejor todavía. Son muchos años y muchas las veces que he estado ya aquí. Este auditorio ha acompañado todas las cosas que en algún momento hemos sido capaces de proponer o rectificar, y ahora hablo también en nombre de Iñaki Ábalos, en nuestra carrera y en su triple vertiente docente, profesional e investigadora o teórica. Por eso, estar aquí otra vez es una especie de compresión del tiempo aunque uno empieza a ponerse un poco nervioso cuando recuerda cuantos años han pasado desde la primera que vinimos –digamos… 1987?-. Una barbaridad en todo caso pero es que lo mejor de la Escuela de Valencia es que siempre ocurre lo que se planea. Cada vez, comiendo o cenando después de las conferencias, se habla de las cosas por hacer y surgen intenciones como “vamos a organizar unas jornadas sobre sostenibilidad”. Y esto ocurría cuando todavía apenas nadie había intentado dar una trascendencia académica a este asunto. Y poco después estamos aquí gracias al esfuerzo de Amparo Tarín, Ignacio Bosch y tantos otros. A diferencia de las jornadas sobre sostenibilidad al uso, el programa de éstas parece convocar posiciones más conceptuales, más interesadas en explorar maneras de pensar que en exponer la versión más extendida de la sostenibilidad convertida en el mejor de los casos en poco menos que en un conocimiento aplicado con un destino elemental de reducir la factura de la luz y las emisiones de gases. Hago hincapié en esta cuestión del “pensar” porque a pesar de la actualidad del tema, apenas tenemos ejemplos de posiciones que hayan sido nacidas por el interés de obtener un beneficio arquitectónico de la inquietud sostenible; de construir un patrimonio intelectual derivado de las nuevas formas posibles de producir –proyectar y construir- arquitectura hoy. Así que esta conferencia podría titularse Por un Pensar Sostenible y, en sintonía con lo comentado por Francisco Jarauta, pretende ampliar los límites del destino de la


cultura medioambiental precisamente para que no se quede satisfecha o limitada al trazado eficiente de las ciudades o la edificación responsable que acumula el añadido protésico de recursos más o menos tecnológicos como paneles solares o vidrios especiales a la búsqueda de un nuevo funcionalismo de corte tan nostálgico como el exhibido por los modernos –antes clasificador, higienista y homogeneizador, hoy ecológico, autosuficiente y adaptado-. Pensar sostenible y ampliar los límites del campo de trabajo remiten a la construcción de un mundo nuevo que superpone todas las escalas y busca una implicación intensa entre ellas. Por ello, quizás partiendo del concepto tradicional de geografía –de la que dice el diccionario es la ciencia que describe la Tierra- y del de infraestructura - que ese mismo diccionario cita como lo que hace posible el funcionamiento de las cosas- podríamos inventar una ciencia que se llamara Geografía Infraestructural, y que tendría como objetivo la descripción del funcionamiento de la Tierra. (Imagen 1) Que la Tierra funcione significa que tenemos un objetivo preciso en nuestro trabajo intelectual y profesional destinado a establecer formas de equilibrio desconocidas en las que basar ese funcionamiento. Ese equilibrio se refiere muy precisamente a la construcción de una segunda naturaleza que ya no es aquella mítica del paraíso; tampoco la que se opone a la ciudad, a la que uno se escapa los fines de semana porque es buena y acogedora mientras la ciudad es agresiva e insatisfactoria; tampoco es la naturaleza cuya nostalgia exaspera y trufa precisamente todos los discursos nutridos de amenazas y mala conciencia por la destrucción del planeta. No, es una naturaleza que de entrada definiremos como artificial y de la cual la agricultura, las infraestructuras y las ciudades forman ya parte -la trascendencia que en el funcionamiento de la Tierra tienen los fenómenos naturales de gran envergadura es equivalente a la participación que en ese mismo proceso, de equilibrio o desequilibrio, nos da igual ahora, tienen las grandes ciudades-. Por lo tanto, diríamos que hay una naturaleza sobre la que trabajar o, más precisamente, una naturaleza que construir frente a la cual adoptar una posición que supere aquella que hace quince años, de manera avanzada y francamente propositiva, enunciaba el slogan Todo es Ciudad. Efectivamente, cuando entendimos que todo era territorio codificado, territorio conquistado y que la artificialización del soporte Tierra era un hecho evidente que borraba las diferencias entre las categorías tradicionales de lo natural y lo artificial, la siguiente afirmación pertinente sería Todo es Naturaleza -la ciudad no solo forma ya parte de la naturaleza sino que es naturaleza en sí misma-. (Imagen 2) Por lo tanto tenemos un proceso de artificialización de la naturaleza que lo hemos entendido muy bien pero que debería contraponerse con otro de naturalización de la ciudad, que es el que nos trae aquí precisamente y que es la base del gran proyecto intelectual del momento y que como ha señalado Bruno Latour (Imagen 3), todo arquitecto interesado está obligado a considerar. Y si necesitamos una definición para esa una nueva naturaleza por construir, sería del tipo conjunto de las leyes, procesos y sistemas capaces de describir y construir el equilibrio entre los mundos artificiales y naturales que constituyen la tierra. Describir y construir al mismo tiempo una misma cosa parece una tarea compleja pero no lo será tanto si identificamos las materias primas básicas que la conforman. Así, al menos para el tema que nos ocupa, habría tres materias primas que me gustaría citar: una sería el cambio, la idea de que la arquitectura hoy en día encuentra su destino precisamente en su capacidad (Imagen 4), cuando la tiene o cuando la inventa, para encaramarse en el cambio, en ese cambio que posiblemente ocurrirá de todas formas, en ese cambio que nos rodea en una


actividad permanente y que se despliega a una velocidad vertiginosa. Es precisamente la participación de ese cambio lo que la arquitectura debe, iba a decir “recuperar” pero lo dejaré en “lograr”, porque hay un extraño efecto centrífugo según el cual la arquitectura, abandonado el sueño de construir las ciudades y participar en la búsqueda de la utopía, se sale del tiovivo y pierde el control sobre el cambio, pierde el control sobre las transformaciones que afectan realmente a la ciudad, pierde el control sobre los grandes fenómenos que alteran el paisaje y el territorio, como lo son el turismo, el boom inmobiliario y las infraestructuras, episodios todos ellos que adquieren una dimensión y una complejidad que abordan mejor otras disciplinas más flexibles y contingentes junto a las cuales hay que trabajar abandonando la posición clásica preponderante de la arquitectura sobre las especialidades integradas u orquestadas por ella. Este papel hegemónico ya solo puede mantenerse cuando se trata de construir edificios uno a uno, algo que, aunque nada desdeñable en su capacidad para alterar centros de gravedad y fabricar eventos colectivos, resulta insuficiente a todas luces si hablamos de los temas que afectan realmente al desarrollo de nuestra sociedad. (Imagen 5) El cambio sería por tanto aquél fenómeno en el que la arquitectura se encarama apropiándose de la energía disipada y ésta es la segunda materia prima de la que me gustaría hablar. Esa energía está lista para ser movilizada, se invertirá y en muchos casos se perderá o se malgastará, y es la arquitectura quien debe recogerla y trabajar con ella, operando una alteración en el sentido y la dirección del cambio, en su campo magnético, para convertirlo en un motor de fabricación de ese futuro que estamos obligados a pensar que podría ser mejor. La energía es materia prima omnipresente hoy en día y tiene estricta relación con la sostenibilidad cuando se refiere a la propia condición de ingrediente combustible o transformable pero nos interesa más como concepto –la capacidad para efectuar un trabajo- y sobre todo como proceso -producción, almacenaje, transporte, distribución, consumo y reciclado-. El recorrido entre producción y reciclado y vuelta a empezar es lo que con seguridad teñirá, si no lo está haciendo ya de una manera muy evidente la arquitectura venidera, que dejará de ya ser una práctica obsesionada por rematar lo mejor posible los edificios cuyo deterioro comienza al día siguiente de finalizar su construcción para introducir un factor de prolongación del proceso en el tiempo futuro, inestable y de duración variable bajo condiciones muchas veces imprevisibles. Precisamente la idea de la sostenibilidad y la inclusión en ella de ingredientes como sistema, equilibrio, ciclos y leyes, invita a que el concepto “vida del edificio” forme parte del proyecto. El proyecto de arquitectura se convierte por lo tanto no en un ejercicio de resolución o planteamiento de un asunto local y específico que se construye y abandona sino que hunde sus raíces en el devenir de la sociedad que los habita y los medios de producción que los alimentan, incluye la compresión del tiempo que incorpora su vida futura y asume plenamente que pertenece a un contexto técnico, cultural y económico cambiante e impredecible. Formar parte de ese mundo es lo que puede propiciar la participación de la arquitectura en su construcción más allá de la contribución a su mero agiornamento. (Imagen 6) La tercera materia prima a la que querría referirme es la información. La información es hoy en día un material de proyecto, incluso de construcción, de primera magnitud –¿no era ésta la materia prima esencial de la cuarta revolución industrial llamada precisamente “de la información”?-. La arquitectura ha sido desde siempre una


fábrica, un sistema de codificación, interpretación, emisión, y difusión de información. Pero la novedad está en la trascendencia que la información tiene hoy en el establecimiento del sistema de redes que teje el mundo. No hay nada que pueda aspirar hoy a tener presencia si no pertenece a una red, a una red infraestructural, a una red de transporte, a una red de conocimiento o a la gran red que es Internet o a las redes que por ejemplo ahora se están diseñando para conseguir la absoluta gratuidad en las telecomunicaciones de todo el planeta –y pensemos lo que eso puede significar por ejemplo en el tercer mundo-. Pero para operar con las materias primas necesitaremos técnicas adecuadas – consultamos de nuevo el diccionario: Técnica, conjunto de procedimientos y métodos de una disciplina o arte-. En nuestro caso serán Técnicas de Proyecto y en este sentido me gustaría referirme a las tres que parece obligatorio enunciar para que el discurso no se quede solo en buenas palabras y que entiendo por otro lado que son fácilmente identificables en el trabajo y los proyectos de nuestro estudio. La primera sería relativa a lo superfluo como aquella parte que exige una reflexión importante, y digo importante porque la eliminación de lo superfluo sería un buen slogan si pudiéramos delimitar donde empieza y termina, si pudiéramos entender por ejemplo, cuál es el lugar que estamos dispuestos a otorgarle hoy en día a la decoración, al decoro entendido quizá como un factor añadido más allá del estricto cumplimiento de un destino funcional. (Imagen 7). Luego no es tan fácil saber dónde empieza lo superfluo pero desde luego, su delimitación en cada caso es una exigencia y una responsabilidad del arquitecto y lo sitúo junto a la necesaria lucha por la simplicidad, entendiendo que hay una contradicción hoy en día que cuanto más pequeñas, simples, concisas y ligeras son las cosas y los objetos, resulta que más sofisticada, compleja e inútil en cierto modo se está volviendo la arquitectura. Y que por tanto, la renuncia a lo superfluo podría ser en sí misma un extraordinario programa arquitectónico de este momento. Quizá, lo que conocemos como técnica híbrida o mestiza podría darnos algunas pistas para alejarnos de esa aceleración del caos y buscar el establecimiento de sistemas con los que tomar decisiones. En muchos de nuestros proyectos el trabajo más importante ha sido precisamente la elaboración, la puesta a punto de ese sistema que elimina los detalles, que elimina las cosas particulares porque atiende precisamente al establecimiento de las reglas del juego. (Imagen 8) La segunda propuesta se refiere al proyecto como investigación pues no creo que el uso que se está haciendo –y pienso de nuevo en las aulas de las escuelas de todo el mundo- de los recursos gráficos, ni de las nuevas geometrías derivadas del desarrollo informático, ni de la oportunidad que supone la evolución en la comprensión, medición y representación de los fenómenos complejos sea el que corresponde a la nueva instrumentación posible del proyecto arquitectónico, de sus procesos y rutinas. La tercera propuesta se refiere a la necesidad de exigir a la arquitectura un compromiso contra la indiferencia. Un pensar sostenible implica también ciertas responsabilidades y la técnica es hoy un patrimonio desigualmente repartido en el mundo, y si la arquitectura tiene mucho de servicio, nuestro empeño en la simplificación y el establecimiento de sistemas universales tiene por objeto precisamente asumir una postura responsable con la que, en la medida de lo posible, evitar la imposición del fuerte sobre el débil o de lo global sobre lo local o de lo grande sobre lo pequeño, porque es precisamente en la eliminación de esa situación cuando se puede fomentar el diálogo, hablar del descubrimiento del otro, hablar de esa


conversación igualitaria y democrática permanentemente mantenida para intentar que las cosas avancen, para que puedan servir para todos los habitantes del planeta. Y esa es hoy la técnica contemporánea necesaria, ese es hoy el pensar sostenible necesario al menos en cuatro quintas partes del mundo y no la de katia, el famoso programa informático. (Imagen 9) Con todo lo dicho, llegamos al tema que realmente me gustaría dejar sobre la mesa y que se refiere a que si nuestra profesión debe asumir estas novedades en tanto que exigen nuevas Técnicas de Proyecto, podemos dedicarnos a inventarlas o ponerles nombre –ya lo hemos hecho con las tres primeras- pero sobre todo deberemos ser capaces de enseñarlas o, más propositivo aún, será la enseñanza en tiempo real, a la vez que ordenamos nuestras ideas, el campo experimental más adecuado para ponerlas a punto y por lo tanto, los cambios que deban suceder deberán ser precedidos por las transformaciones en la manera que enseñamos “Proyectos” en nuestras escuelas invirtiendo el proceso tradicional de enseñar lo que ya se sabe y transformando nuestras aulas en los laboratorios en los que fraguar la puesta a punto de una disciplina que navega inciertamente en un mar de autocomplacencia y elitismo. Tenemos nuestros Talleres y Unidades Docentes aún basados en el lastre que supone descreer en la posibilidad de enseñar a proyectar y pensar por el contrario que es algo que se aprende en solitario haciendo unos cuantos ejercicios de dificultad creciente hasta terminar en ese simulacro fantasma de la realidad profesional que es el Proyecto Fin de Carrera, reduciendo la actividad docente a la corrección de los dibujos intermedios. A proyectar se puede enseñar porque hay Técnicas de Proyecto que transmitir y pasos procedimentales que discutir más importantes que el resultado final y pueden ser los criterios para elegir un programa informático, las maneras de tomar decisiones, la selección de parámetros a través de los cuales operar, los recursos intelectuales y tecnológicos a incorporar o las referencias de las que nutrirse por no hablar de la propia posición estilística o conceptual frente a un asunto. Esa atención necesaria a los procesos a través de los cuales se producen las cosas es algo que en las discusiones recientes ha sido introducido bajo la gran campana de la posición pragmática y ha sentando los fundamentos de una forma ya presente de hacer arquitectura que basa en los procesos asociados al proyecto la parte más importante del trabajo del arquitecto. Ese momento en el cual alguien identifica un trabajo, trata de ponerle el acento sobre cuál es la auténtica oportunidad escondida detrás de ese concurso o encargo, elige a las personas, los expertos, y traza la estrategia de su desarrollo –nosotros lo hemos llamado Proyecto del Proyecto- nos recuerda que el arquitecto no lo sabe todo, no es un individuo aislado en la soledad que lucha contra la incomprensión del mundo, sino que está ahí, formando parte de esa discusión, formando parte de esa inquietud, de la red de redes que teje el mundo. (Imagen 10) Y es ahí donde entra la sostenibilidad de lleno, no solo como exigencia responsable, ni como aspecto o especialidad novedosa, sino como cultura, como plataforma para pensar nuestros métodos de trabajo, nuestras formas de construir y replantearnos tantas cosas sobre las que no estamos acostumbrados a hacer cuestión, como por ejemplo cuál es la complejidad adecuada o sostenible hoy cuando la arquitectura se ha convertido en algo francamente sofisticado, exageradamente caro a veces, incluso me atrevería a decir “dudosamente democrático” por su incapacidad de ser extendidos a cualquier lugar de la tierra –el acceso universal a la arquitectura podría ser una demanda tan absolutamente pertinente como la disponibilidad de agua


potable o el derecho a la educación-. Vivimos una extraordinaria libertad formal, geométrica y material pero el uso que hacemos de ella no solo apenas se aleja de nuestros cómodos entornos sino que impide ver las periferias de las ciudades francesas con los coches ardiendo, los territorios devorados por las catástrofes naturales o la pobreza y los movimientos migratorios que desbordan cualquier equilibrio. Pensar sostenible exige alejarse, entender nuestro trabajo incluido en contextos de extensión creciente, a veces a escala planetaria y es precisamente esa necesidad de tomar distancia –la geografía de nuevo- lo que puede abrir una colección nueva de exigencias que esa arquitectura sostenible tendría que ofrecer. Con esto lo que quiero decir es que la sostenibilidad es varias cosas a la vez; por un lado puede ser una sensibilidad práctica destinada a construir de una determinada forma –la que menos nos interesa porque tiene vida propia-; por otro una sensibilidad teórica destinada a describir el mundo como un conjunto integrado de sistemas –que ya nos interesa bastante más- y, por último, como una forma de pensar que abre la perspectiva más fructífera a través de la cual construir una agenda de la que transferir conceptos, protocolos y preocupaciones a nuestra práctica. Dicho de otra forma, la sostenibilidad es entendida aún como una ideología con su correspondiente carga de inquietud y demagogia, es también una industria surgida precisamente de esa inquietud -ese adjetivo “eco” puesto a todo lo que es un poquito más caro-, una preocupación subjetiva correspondida por una inocente predisposición de las personas a recibir su discurso y todo ello, a pesar de ser descrito aquí por mi de una manera un tanto irónica es suficiente para que la arquitectura deba interesarse por ella porque tantos factores construyen sin duda una nueva oportunidad, quizás la gran oportunidad para que la arquitectura se sitúe en la primera línea de la construcción del presente después de haber hecho oídos sordos al fenómeno del turismo, a la actividad comercial o tantos sectores que han transformado la geografía del mundo y respecto de los cuales nuestra disciplina ha mantenido, especialmente en Europa, una actitud displicente. Y sería también una oportunidad para destruir una colección de binomios que nos aprisionan. Me refiero a ese empeño tan importante en los últimos años de describir los fenómenos a través del enfrentamiento de conceptos antagónicos que ya no lo son: edificio/contexto, centro/periferia, ciudad/campo, arquitectura/paisaje. Y es que es precisamente el desdibujado de estas diferencias el primer paso para construir esa nueva naturaleza que la arquitectura no podrá hacer por sí sola ni muchísimo menos porque para ello deberá recuperar su contenido social, de servicio, de patrimonio colectivo a través del cual identificar nuevos ideales, sensibilidades pertinentes –Iñaki diría sin rubor la palabra belleza aquí- asociadas a este momento, a las cosas que realmente nos interesan. Diríamos que la capacidad que la arquitectura ha demostrado ya sobradamente para extraer contenido poético de las situaciones aparentemente más lamentables y banales, tiene hoy una extraordinaria oportunidad. (Imagen 11) Y hablando de esa naturaleza por venir, terminaré con un cuento que fue inventado en esta sala hace algunos años en una jornada de confrontación con Federico Soriano y Manuel Gausá y que creo que ahora sé contar mejor y que tiene que ver con la idea de que lo único que nos ha faltado estos años en la arquitectura es la confianza de que la naturaleza puede ser no sólo imaginada o soñada sino también proyectada y construida. (Imagen 12)


Este es el dibujo para la ciudad de los negocios de Buenos Aires que Le Corbusier trazó en público el día catorce de octubre de mil novecientos veintinueve en la penúltima conferencia de aquella famosa serie que remata su primer viaje a Sudamérica en la asociación Amigos de la Ciudad. Le Corbusier, quien apenas había tenido contactos con una naturaleza tan salvaje y poderosa como la descubierta en los primeros días del viaje, sabe ya que el plan propuesto para el arrasamiento del centro del plano y escasamente arbolado París –un territorio fácil de doblegar- tendría aquí una dimensión colosal por lo que el relato podría comenzar así: “Ésta es la ciudad que se levanta donde hubo otra ciudad que arrancó el asfalto, arrancó las aceras, se deshizo de los coches, concentró a las personas en unos edificios gigantes, que eran en sí mismos como pequeñas ciudades, conectados entre ellos por una red de infraestructuras y cuyo espacio intermedio ha sido invadido por la naturaleza que latía bajo los adoquines de aquella urbe que había condenado a la naturaleza por ahogamiento y esterilización a permanecer oculta hasta ser liberada… Pero Le Corbusier ha visto esas selvas en Brasil y sabe que pueden ser una preexistencia tanto o más poderosa que una ciudad obsoleta e insalubre y contemplando el dibujo en el que el bosque parece realmente más antiguo que los edificios podríamos pensar que el comienzo adecuado sería: “Hay un lugar en el que la selva es lo suficientemente tupida como para no intentar dominarla. En unos claros de esa selva construiremos unos edificios; esos edificios junto con la selva formarán la ciudad… Pero hay una tercera versión que el mismo Le Corbusier intuye en su viaje a Nueva York cuando dice “El Central Park es demasiado grande y los rascacielos de Nueva York demasiado pequeños” que asume plenamente que la naturaleza puede ser proyectada y construida y que comenzaría así: “Hay una ciudad que se puede construir, que se puede diseñar y que se puede proyectar de la nada en la que hay especies diversas, unas se llaman “rascacielos”, “edificios” o “infraestructuras”, y otras que se llaman: “árboles”, “caminos” o “arbustos”… Esa ciudad en la que todos los ingredientes forman parte de un mismo proyecto no podía ser imaginada, proyectada, ni construida fácilmente con los medios de aquel momento, tan próximos al esquematismo de todas las utopías urbanas de la historia -de hecho Brasilia quiso ser precisamente esa ciudad- pero hoy, al alejarnos de esa concepción moderna, de esa devoción hacia la técnica y hacia la artificialización absoluta de todas las cosas tan del Movimiento Moderno, es cuando podemos posicionarnos de una manera un poco más confortable con respecto de lo que nos rodea, observarlo, interpretarlo, describirlo y manipularlo. Y es precisamente esa manipulación la que podría dar lugar a esta otra ciudad naturalizada. Porque la ciudad que conocemos, hecha de ideales, ambiciones y contradicciones a veces vergonzantes es el material a reciclar hasta dotarle de la vitalidad en sentido literal posible con las técnicas contemporáneas y ese es el trabajo que se esconde detrás de la decisión de pensar sostenible hoy. (Imagen 13) Muchas Gracias JUAN HERREROS


Las ilustraciones son de responsabilidad del equipo ACT plataforma colaborativa 1- Foto desde el QUEENSBORO BRIDGE a QUEENS. José Llano 2004 2- Imagen del texto AREAS DE IMPUNIDAD_ ABALOS & HERREROS, proyecto en el río GUADALHORCE pp. 225 3- Imagen de Bruno Latour. http://prelectur.stanford.edu/lecturers/latour/images/blportrait.jpg 4- Imagen del texto RECICLANDO MADRID, Iñaki Ábalos & Juan herreros _ muro vegetal PATRICK BLANCK 5Imagen desde ARCH'IT files_Sportcity, IaN+hipercatalunya, Barcelona 2003. http://architettura.supereva.com/files/20040730/index.htm 6- Imagen desde el texto RECICLANDO MADRID, Iñaki Ábalos & Juan Herreros _ ARCHITEKTURFORUM 7- Imagen desde el texto RECICLANDO MADRID, Iñaki Ábalos & Juan Herreros _SALAMUNICIPAL Y PLAZAMAYOR. colmanarejo 1999 8- Imagen desde el texto RECICLANDO MADRID, Iñaki Ábalos & Juan Herreros _ consulta poblenou BARCELONA 1999 9- Imagen desde el texto RECICLANDO MADRID, Iñaki Ábalos & Juan Herreros _ INSTALACIONES DE RESIDUOSURBANOS BARCELONA 1999 10- Foto de la exposición en el CENTER OF ARCHITECTURE. Proyecto de DILLER SCOFIDIO + RENFRO para la the high line, CHELSEA-view[3]. José Llano 11- Imagen collageda del laptop de NEGROPONTE con la imagen del MUNDO de MASSIVE CHANGES. José Llano 12- Imagen del proyecto SOCIOPOLIS del ARQ. GUILLART (www.architektur-online.com / http://www.guallart.com/01projects/sociopolismasterlan/default.htm ) 13- Imágenes del CENTRAL PARK desde www.nyc-architecture.com / www.paris-skyscrapers.com

Como citar este articulo: HERREROS, Juan. Sostenibilidad corregida En ACT plataforma colaborativa [online]. Num. 2, OCTUBRE 2006. Disponible en la World, URL: http://www.aparienciapublica.org/ACT0.2/ACT0.2.swf __________________________________________________________________________________ Juan Herreros (jherreros@abalos-herreros.com) is Doctor Arquitecto, Profesor Titular and Head of Teaching Unit Q at the School of Architecture of Madrid where he was also Construction tutor during the period of 1984-1988. He has held numerous lectures, classes and international seminars as well as research workshops (Hannover, Pavía, London, Santiago de Chile, Buenos Aires, Bogotá, Montevideo, Barcelona, Mallorca...). In 2000 he published the monograph ”Caducidad, Educacion y Energía” about PotteriesThinkbelt by Cedric Price (Fundacion COAM, Madrid) of which he had curated the exhibition for the Ministry of Infrastructure (Madrid, 1999). In 2004 he published two books: “Isla-Ciudad” (Actar), a collection of the experiences of the workshop “Arquitectura y Energia” (Mallorca, 2003) and “Palacios de Diversión” (Exit.LMI), a compendium of Teaching Unit Q during the course 2003-04 (ETSAM).

1 herreros, j sostenibilidad corregida (2006)  
Advertisement