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Espacios

Habitables Espacios de Diรกlogo...

Proyectos: Arte, Sociedad...Muerte.


E

spacios Habitables muestra los lugares cotidianos del Cementerio Central de Bogotá, tomados en tiempos distintos. Pretende mostrar la paz del espacio, la soledad y la tranquilidad que cualquier ser humano puede encontrar aquí. El Cementerio Central de Bogotá ubicado en el centro de la ciudad es un lugar lleno de historia memoria además de ser patriminial lugar pedagógico que en cada mausoleo o tumba posee la historia de un país en política, religión, arte, literatura. La Alameda Central es el punto de mayor importancia del cementerio pues alberga expresidentes, politicos, militares, religiosos y gente con diversos estratos sociales. Es un espacio con manifestaciones cotidianas relacionadas con la vida de ciudad, son varias las personas que visitan el lugar y rinden culto a los muertos de diversas formas, manifiestan rituales de acuerdo con las creencias que han desarrollado con su cultura.

Espacios Habitables muestra un lugar lleno de privilegios, complejo, como unidad funeraria protegida en si misma por la atmósfera de la muerte, es una casa que brinda un tiempo, un espacio, un caos y un orden dando este modo un valor a la realidad que ahí se percibe; es un espacio para habitar desde el pensamiento en su esencia, en su intimidad. Ofrece fenómenos que fluctúan entre la felicidad y la tristeza es decir permite que se manifieste la risa y el llanto dando como resultado una mezcla de paz y angustia que solo en la muerte se puede sentir. Es un mundo para vivir un intersticio en la ciudad que permite ser visitado con mayor afluencia de público los días lunes cuando se rinde culto a los muertos que en el reposan .


Como sitio de evocación permite ver en la distancia a esos seres que están ausentes, son muchas las imágenes que el cementerio nos da cada día; una y otra se funde en cada muro de este lugar relatando una historia de sueños y de mundo que quizá se quieran vivir o a los que se les teme. Cada imagen que se percibe en el espacio es percibe en la soledad y mas aún en una soledad deseada; muchas de las personas que habitan el cementerio buscan estar en el para pensar, para evocar y Al revivir el pensamiento llenar su espíritu de mundos posibles,desde su interior se comunican y reciben respuesta, la que con el tiempo agradecen al llevar las flores al lugar. Por tanto el Cementerio es un Espacio Habitable, un camino que libera la tristeza en medio del dolor. Un espacio del pasado que contiene la intimidad del ser... Solo este lugar me deja sostener en el mundo, antes de unirme al cosmos...Un sitio donde percibir la sensibilidad del alma, es la casa donde todos seremos familia...Pero quién nos determina el tiempo para habitar ese lugar? Cementerio Central Bogotá Colombia, Cementerio Británico del Callao, Cementerio San Bernardo Cundinamarca.


Agradecimientos A MI MADRE POR SU ENTEREZA EN LA HORA DE SU MUERTE... Proyectos Sociedad: Proyecto: Arte, Sociedad...Muerte... con el apoyo de: Alcaldía Mayor de Bogotá, Uaesp, Galería de Arte Cementerio Central, Red Iberoamericana de Valoración y Gestión de Cementerios Patrimoniales, Administración Cementerio Central de Bogotá Colombia,Secretaria de Habitat, Artes Pimar, Montesacro. Directora: Eddy Cabrera Paz.


Eddy Cabrera Paz Directora: Proyectos Sociedad. Artista Plástica. Academia Superior de Artes de Bogotá José Cabrera. Psicólogo Universidad Nacional de Colombia Subdirector Gestor Jaroth Steve Díaz M. Diseñador Universidad Jorge Tadeo Lozano Bogotá


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Habitables Espacios de Diรกlogo...

Artista Eddy Cabrera


“Sólo la Muerte”


Hay cementerios solos, tumbas llenas de huesos sin sonido, el corazón pasando un túnel  oscuro, oscuro, oscuro, como un naufragio hacia adentro nos morimos, como ahogarnos en el corazón,  como irnos cayendo desde la piel al alma. Hay cadáveres, hay pies de pegajosa losa fría, hay la muerte en los huesos, como un sonido puro como un ladrido sin perro, saliendo de ciertas campanas, de ciertas tumbas, creciendo en la humedad como el llanto o la lluvia. Yo veo solo, a veces, ataúdes a vela, zarpar con difuntos pálidos, con mujeres de trenzas muertas, con panaderos blancos como ángeles, con niñas pensativas casadas con notarios, ataúdes subiendo el río vertical de los muertos, el río morado, hacia arriba, con las velas hinchadas por el sonido de la muerte, hinchadas por el sonido silencioso de la muerte. A lo sonoro llega la muerte como un zapato sin pie, como un traje sin hombre,  llega a golpear con un anillo sin piedra y sin dedo, llega a gritar sin boca, sin lengua, sin garganta. Sin embargo sus vasos suenan y su vestido suena, callado, como un árbol. Yo no sé, yo conozco poco, yo apenas veo, pero creo que su canto tiene color de violetas húmedas,

de violetas acostumbradas a la tierra, porque la cara de la muerte es verde, y la mirada de la muerte es verde, con la aguda humedad de una hoja de violeta y su grave color de invierno exasperado. Pero la muerte va también por el mundo vestida de escoba,  lame el suelo buscando difuntos, la muerte está en la escoba, es la lengua de la muerte buscando hilo. La muerte está en los catres, en los colchones lentos, en las frazadas negras vive tendida, y de repente sopla:  sopla un sonido oscuro que hincha sábanas, y hay camas navegando a un puerto en donde está esperando, vestida de almirante.


Inmortalidad... A la luz de la tarde moribunda recorro el olvidado cementerio  y una dulce piedad mi pecho inunda  al pensar de la muerte en el misterio. 

Y al oír el rumor en la maleza, mi mente inquiere, de la sombra esclava,  si es rumor de la vida que ya empieza,  o rumor de la vida que se acaba. 

Del occidente a las postreras luces mi errabunda mirada sólo advierte  los toscos leños de torcidas cruces,  despojos en la playa de la Muerte. 

“¿Muere todo?” me digo. En el instante alzarse veo de las verdes lomas,  para perderse en el azul radiante,  una blanca bandada de palomas. 

De madreselvas que el abril enflora, cercado humilde en torno se levanta,  donde vierte sus lágrimas la aurora,  y donde el ave, por las tardes, canta. 

Y del bardo sajón el hondo verso, verso consolador, mi oído hiere:  “no hay muerte porque es vida el universo;  los muertos no están muertos... ¡nada muere!”. 

Corre cerca un arroyo en hondo cauce que a trechos lama verdinegra viste,  y de la orilla se levanta un sauce,  cual de la muerte centinela triste. 

¡No hay muerte! ¡Todo es vida!... El sol que ahora,  por entre nubes de encendida grana  va llegando al ocaso, ya es aurora  para otros mundos, en región lejana. Ismael Enrique Arciniegas  (Colombiano)


Hay un Instante...


Hay un instante del crepúsculo en que las cosas brillan más, fugaz momento palpitante de una morosa intensidad. Se aterciopelan los ramajes, pulen las torres su perfil, burila un ave su silueta sobre el plafondo de zafir. Muda la tarde, se concentra para el olvido de la luz, y la penetra un don süave de melancólica quietud, como si el orbe recogiese todo su bien y su beldad, toda su fe, toda su gracia contra la sombra que vendrá... Mi ser florece en esa hora de misterioso florecer; llevo un crepúsculo en el alma, de ensoñadora placidez; en él revientan los renuevos de la ilusión primaveral, y en él me embriago con aromas de algún jardín que hay ¡más allá!... Guillermo León Valencia (Colombiano)


Hermano cuerpo estás cansado desde el cerebro a la misericordia  del paladar al valle del deseo  cuando me dices/ alma ayúdame  siento que me conmuevo hasta el agobio  que el mismísimo aire es vulnerable 

Desde el alma Vals

hermano cuerpo has trabajado a músculo y a estómago y a nervios  a riñones y a bronquios y a diafragma  cuando me dices/ alma ayúdame  sé que estás condenado/ eres materia  y la materia tiende a desfibrarse  hermano cuerpo te conozco  fui huésped y anfitrión de tus dolores  modesta rampa de tu sexo ávido  cuando me pides/ alma ayúdame  siento que el frío me envilece  que se me van la magia y la dulzura  hermano cuerpo eres fugaz  coyuntural efímero instantáneo  tras un jadeo acabarás inmóvil  y yo que normalmente soy la vida  me quedaré abrazada a tus huesitos  incapaz de ser alma sin tus vísceras


Así escribieron: ¡Ay, que larga es esta vida! ¡Qué duros estos destierros, esta cárcel y estos hierros en que está el alma metida! Sólo esperar la salida me causa un dolor tan fiero, que muero por que no muero Acaba ya de dejarme vida, no me seas molesta; porque muriendo, ¿qué resta, sino vivir y gozarme? No dejes de consolarme, muerte, que ansí te requiero: que muero porque no muero. Santa Teresa de Jesús Cómo de entre mis manos te resbalas! Oh, cómo te deslizas, edad mía! Qué mudos pasos traes, oh muerte fría, pues con callado pie todo lo igualas! Feroz, de tierra el débil muro escalas, en quien lozana juventud se fía; mas ya mi corazón del postrer día atiende el vuelo, sin mirar las alas. Francisco de Quevedo


Espíritus de la Noche Tu alma, en la tumba de piedra gris estará a solas con sus tristes pensamientos. Ningún ser humano te espiará a la hora de tu secreto. ¡Permanece callado en esa soledad! No estás completamente abandonado: los espíritus de la muerte, en la vida, te buscan y, en la muerte, te rodean. Te cubrirán de sombras: ¡Permanece callado! La noche, tan clara, se oscurecerá y las estrellas no mirarán la tierra, desde sus altísimos tronos en el cielo, con su luz de esperanza para los mortales. Pero sus globos rojos apagados, en tu hastío, tendrán la forma de un incendio y de un fiebre que te poseerán para siempre. De tu espíritu no podrás desechar las visiones, que ahora no serán rocío sobre la hierba. La brisa - el aliento de Dios - es silenciosa, y la niebla sobre la colina, oscura, muy oscura, pero inmaculada, es un símbolo y una señal. ¡Como se extiende sobre los árboles el misterio de los misterios. [Poema: Texto completo.] Edgar Allan Poe


Muerte Siento irrumpir la idea de la muerte, y, más que repudiarla, la bendigo; tiene el efecto en mí del fiel amigo que no amenaza, sino sólo advierte. ¿Es quizá arco triunfal que nos convierte la salida en entrada? ¿O es castigo? ¿O tal vez paradójico postigo  que en ciega, oscura, vacuidad nos vierte? Tiempo vendrá en que lo descubriremos; por el momento, lo único que vemos es que da a nuestra vida intensidad. Estoy más vivo porque sé que un día no lo estaré, y hoy toda mi energía se descarga en mi ardiente realidad.  Soneto Nº 1518  Los Angeles, 23 de julio de 2006


Diecinueve años La muerte lo alcanzó en la zona oscura del secuestro y el robo, sobre un charco polvoriento de sangre coagulada, y eran tan sólo diecinueve años. La muerte era un fastasma indiferente, de ojos vacíos, hielo en el abrazo, él, primavera de color en llamas, y eran tan sólo diecinueve años. Lo cercaron miradas tenebrosas,  lo hirieron voces de sabor amargo, lo mordió el alacrán de la rapiña, y eran tan sólo diecinueve años. No tuvieron razones para el odio,  conciencias de metal, mentes de barro,  pero lo silenciaron para siempre,  y eran tan sólo diecinueve años. Quebrado su camino casi al albor de los primeros pasos,  le apagaron los sueños, y eran tan sólo diecinueve años. Eran tan sólo diecinueve años, eran tan sólo diecinueve años, eran tan sólo diecinueve años… Autor Francisco Alvarez Hidalgo


La Calavera En el derruído muro de la huerta del convento,  en un agujero oscuro  donde, al pasar, silba el viento,  y, como una dolorida  queja a las piedras arranca,  hay, en el fondo, escondida  una calavera blanca.  De algún fraile soñador  de vida ejemplar y bella  y dedicada al Señor,  en el mundo única huella.  Abre los ojos, sin fondo,  como a visiones extrañas,  y del vacío en lo hondo  forjan telas las arañas.  Húmedo musgo grisoso  recubre la antigua grieta,  donde, en supremo reposo,  descansa ignorada y quieta.  Pero hasta aquella escondida  mansión la brisa ligera  lleva murmullos de vida  y olores de primavera.  Golondrinas, que en sus marchas  dejaron el patrio río,  huyendo de las escarchas,  de las brumas y del frío,  cuando la luz del Poniente  filtra por el hondo hueco  y hace parecer viviente  el cráneo rígido y seco,  desde las negras ruïnas,  alzan sosegado vuelo,  en sus vueltas peregrinas  tocan las ramas y el suelo,  como buscando en el prado,  ya por la tarde, sombrío,  el espíritu elevado  que habitó el cráneo vacío.  José Asunción Silva...


con el apoyo de:

UAESP

Unidad Administrativa Especial de Servicios Públicos

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