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INTRODUCCIÓN Juan Ramón Jiménez nació en el

en la provincia de

Moguer es un

andaluz de Moguer, que está

.

de

blancas y gente sencilla, un

situado entre el

Allí el

.

siempre está azul. En los alrededores de Moguer

hay,

Más allá, en las

y junto al

,

viven los

grandes

, árboles

……

, redondos y verdes.


Las

del

recién

Allí vivió

sacado del horno.

varios años.

obtuvo el Premio famosa

son estrechas, de fachadas limpias, con olor a

: PLATERO Y YO

es el gran protagonista de este libro.

de Literatura en el año 1956 por su obra más


CAPITULO 1: PLATERO

Platero es un

pequeño, peludo, suave; tan blando que se diría todo de

que no lleva

.

Sólo los espejos de

de sus

son duros cual dos

de cristal negro. Lo dejo suelto, y se va al

tibiamente con su hocico , rozándolas apenas, las

,

, y acaricia

y

.

Lo llamo dulcemente : “¿Platero?” , y viene a mí con un trotecillo alegre que parece que se ríe, en no sé qué cascabeleo ideal….

Come cuanto le doy. Le gustan las

todas de ámbar, los

Es tierno y

mandarinas, las

morados, con su cristalina gotita de miel …

mimosos pero fuerte igual

fuerte y seco como de

moscateles,

.

que un

, que una

….

pero


CAPÍTULO 2: ALEGRÍA

Platero juega con Diana, la bella

creciente, con la vieja

gris , con los

Los tres animales viven en una

el

….

, comen

y beben felices

fresca.

Salta la

sonando su leve

Y

blanca que se parece a la

Diana, ágil y elegante, delante del

, y hace como que le muerde los hocicos.

, poniendo las

blandamente y la hace rodar sobre la

en

punta, la embiste

en

.


La

tirando con los

Con una

va al lado de

, rozĂĄndose a sus

,

de la punta de las espadaĂąas de la carga.

o con una

se pone frente a ĂŠl y brinca luego , y bala alegremente.

en la

,


CAPITULO

3: EL LOCO

Vestido de luto, con mi

nazarena y mi breve

un extraño aspecto cabalgando en la blandura gris de

Cuando, yendo a las

, cruzo las últimas

negro, debo cobrar

.

, blancas de cal con

, los gitanos, aceitosos y peludos, fuera de los harapos verdes, rojos y amarillos las tensas barrigas tostadas, corren detrás de nosotros, chillando largamente: --¡El loco! ¡El loco! ¡El loco!…

Delante está el

, ya verde. Frente al

de un incendiado añil, mis

inmenso y puro,

--¡tan lejos de mis

! - se abren

noblemente recibiendo en su calma esa placidez sin nombre, esa serenidad armoniosa y divina que vive en el sin fin del horizonte….

Mientras tanto

se revuelca feliz en la

.


CAPITULO 4: LA ESPINA Entrando en el

,

ha comenzado a cojear. Me he echado al suelo….

--Pero, hombre, ¿qué te pasa?.

ha dejado la

derecha un poco levantada, mostrando la herida,

sin fuerza y sin peso, sin tocar casi con el casco la

ardiente del

Con una solicitud mayor, sin duda, que la del viejo Darbón, su

.

, le he doblado la

y le he mirado la herida.

Una espina larga y verde de

sano, está clavada en ella como un redondo

puñalillo de esmeralda. Estremecido del dolor de

he llevado al pobre al

que el

, he tirado de la espina; y me lo

de los

amarillos para

corriente le lama, con su larga

Después, hemos seguido hacia la

pura, la heridilla.

blanca, yo delante, él detrás, cojeando

todavía y dándome suaves topadas en la espalda…


CAPÍTULO 5: LOCURAS

Entre los

,

es de juguete. ¡Con qué paciencia sufre

sus locuras! ¡Cómo va despacito, deteniéndose, haciéndose el tonto, para que ellos no se caigan! ¡Cómo los asusta, iniciando, de pronto, un trote falso!

A Platero le quería todo el mundo. Tenía muchos

.

Anilla “La Manteca”, la “Niña Chica”, Rociillo, Adela, Darbón…

En

, iban al

al trote de

, cargados de

de una

La

de los chopos, y

mimosa:¡ rebuznaba loco.

amarillas , mojados por la

pasajera.

chica era la gloria de

las

. En cuanto la veía venir hacia él, entre

, con su vestidillo blanco y su

, Platerillo! , el

volvían

de arroz , llamándolo

saltaba igual que un

y


Capítulo 6: Los Fuegos Para septiembre, en las

de velada, nos

, a sentir el

poníamos

en la parte trasera de la casa del

en fiesta, desde aquella paz fragante que emanaban las

.

del

Ya tarde, quemaban los . Primero, eran sordos estampidos enanos: luego cohetes sin cola, que se abrían arriba, en un suspiro, cual un ojo estrellado que viese, un instante, rojo, morado, azul el campo; y

que gotease

otros cuyo resplandor caía como un

¡ Oh qué

encendidos, qué macizos aéreos de las

, que

de

! .

por

de

, cada vez que sonaba un estampido, se estremecía, azul, morado, rojo, en el

súbito iluminarse de espacio, y en la claridad vacilante yo veía sus grandes

asustados.

de luz.

huía entre las

enloquecido, hacia los tranquilos

como alma que lleva el

en sombra.

negros, que miraban

rebuznando


CAPÍTULO 7: EL ALBA

En las lentas madrugadas de invierno, cuando los

del alba,

primeras

alertos ven las

harto de dormir, rebuzna largamente. ¡Cuán dulce su

lejano despertar, en la luz celeste que entra por las rendijas de la

también del día, pienso en el

desde mi lecho mullido. Y pienso en lo que habría sido

, si en vez de caer en mis

del pobre

en las de uno de esos carboneros que van, todavía de

solitarios, a robar los

de uno de esos gitanos

!Yo, deseoso

de poeta hubiese caído noche

por la dura escarcha de los

de los

astrosos que pintan los

, o en las

y les dan arsénico y

les ponen alfileres en las

para que no se les caigan. Yo le canto o le digo versos.

En silencio vemos caer el

y cómo el

mil colores. Y, en la

se viste de

, contemplamos la

escuchando el canto de los

y

.

las


Capítulo 8: La corona de perejil ¡ A ver quién llega antes!

El premio era un

de estampas, que yo había recibido la víspera, de Viena. ¡A ver quién llega antes a

las

…A la una …A las dos … ¡A las tres!

corriendo, en un alegre alboroto blanco y rosa al

Salieron las

Llegaban al primer

cuando

amarillo…

, que holgazaneaba por allí, contagiado del juego , se unió a

ellas en su vivo correr. La

Diana, animada por el alboroto se puso a corretear con todos, a

saltar y a revolcarse por el

.

Sí ,

llegó a las

Yo les gritaba: -- ¡Que gana

¡Que gana

.

antes que ninguna , y se quedó allí, revolcándose en el

.

Las

protestaron y yo les dije que aquella carrera la había ganado

y que como no podía regalarle el

Y cogiendo un poco de

Y se la puse en la

pues

del

le hice una

.

no sabía leer , le daría un premio .

a modo de emperador

.


CAPÍTULO 9: LA MUERTE

Encontré

a

echado

los

en

la

de paja, blandos

y tristes. Fui a él, lo acaricié, hablándole, y quise que

se levantara …. El pobre se removió todo

arrodillada …. No podía …. Entonces

bruscamente, y

le tendí su

nuevo con ternura , y mandé venir a su

dejó

una

en el suelo , lo acaricié de

.

El viejo Darbón, así que lo hubo visto , sumió la enorme

desdentada hasta

la nuca y meció sobre el pecho la cabeza congestionada, igual que un péndulo. --Nada bueno, ¿eh? No sé que contestó….Que el infeliz se iba…Nada…Que un dolor…Que no sé que raíz mala…La tierra, entre la hierba….

Con el

de mediodía,

estaba muerto.

La barriguilla de algodón se le había hinchado como el mundo, y sus

, rígidas y

descoloridas, se elevaban al cielo. Parecía su pelo rizoso ese pelo de estopa apolillada de las muñecas viejas, que se cae, al pasarle la mano, en una polvorienta tristeza…Por la

en silencio, encendiéndose cada vez que pasaba por el rayo de

ventanilla, revolaba una

Lo enterraron al pie del

de tres colores…

que está en el huerto de la Piña.

de la


Capitulo 10: Melancolía Esta tarde he ido con los en el

a visitar la sepultura de

de la Piña, al pie del

que está

redondo y paternal. En torno,

abril había adornado la tierra húmeda de grandes

amarillos. Cantaban

pintado los allá arriba, en el verde, con un todo pint ado de cenit azul, y su trino menudo florido y reidor, se iba en el aire de oro de la tarde tibia,como un claro Los

de amor nuevo.

, así que iban llegando, dejaban de gritar.

quietos y serios, sus

brillantes en mis

, me llenaban de

preguntas ansiosas. Y contestando a sus preguntas, una leve

revoloteaba insistentemente, igual que un alma, de

blanca, que antes no había visto,

en


Capitulo 11: A Platero en el cielo de Moguer amigo!amigo!- - le dije yo a la

-- si, como pienso, estás ahora en el

del

y llevas sobre tu

lomo peludo a los adolescentes, ¿Me habrás quizá olvidado? Dime: ¿te acuerdas aún de mí?

Dulce

trotón,

,

mío, que llevaste mi alma tantas veces por

aquellos hondos

de

y

; a ti este

que

habla de ti, ahora que puedes entenderlo. entenderlo. ………………………………………………………………………………………………………..

Si alguna vez vas al los

de Moguer y paseas por sus

, quizás puedas oír el alegre rebuzno de un

diciendo: diciendo: -¡Arre,

!

,cierra y la voz de


Libro de platero  
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