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Esta serie de libros digitales es el resultado del proyecto

La poesía de Caracas: Rescate historiográfico de Jesús Sanoja Hernández


Índice Otra ciudad (1964) 8 De cómo regreso de mi estancia 13 Nadie quiere descansar 18 Siete y cincuenta y cinco 22 Última luz 26 Balada de los ojos inolvidables 34 En mi clausura 44 Nombres 47 El castigo del Ávila 50 Caracas 2000 65 Caracas-Río 78 Circunvalación 82 Costas 89 Touring - Club 92 Week-end 95 Calle K L 100 Cuidad aniquilada 102 Ciudades 105 Las montañas 111 A una artista 116 Las obreritas 119 Noche buena 123 Égloga vespertina 125 Margarita salida del teléfono 128 4


La vida vulgar El Trompa Caimán y toro Rodolfo Gaona Mister Lopp (fragmento) Fenómeno en puerta (fragmento) Juan Belmonte (fragmento) Toreros exóticos (fragmento) Fenómeno sísmico (fragmento) El lío de los Bocamanes Fenómeno del día Batazos y pelotazos Saludo a Linbergh El Calvario Mariano en verso Poema a la juventud dolida y urbana (fragmentos) 13 de diciembre Desde Caño Amarillo hasta Zamuro Salutación a Lindbergh El romance de la abeja Joya negra Las alas inútiles La visión La crucifixión Octava a la muerte del I.S.O. Francisco Ibarra, Arzobispo de Caracas

131 134 135 136 137 138 139 140 141 142 143 144 149 152 153 155 166 169 172 178 181 184 186 194 199 199


Momentos 201 Idilio de mañana 205 Tristezas y deseos 208 Blazón sincero 211 Breve referencia 214 Poema XI 217 Caracas 2000 219 Parasuicidio 220 Niebla 221 Poema XXXVIII 222 Canto a Caracas 225 A José Antonio Calcaño 236 Mi ofrenda 245 Caracas 253 Átomos 255 El alma mater después 259 La octava voz del coro es la de la ciudad 262 La Rotunda 269


Ángel Eduardo Acevedo

Otra ciudad (1964) Que no sea la prisión, que no sea el exilio. Que no sea laberinto, que no sea desierto de millones de habitantes. Que no sea la opulencia y su flor el crimen. Que no sea la mueca de Manhattan. Que sea respirable Que seduzca. Que no obligue a los ojos a huir a la montaña como en la celda. Que no tenga casas de cartón ni superbloques ni calles ciegas. Que no tenga niños mendigos 8


ni adultos mendigos Que por sus ríos corra agua y no mierda. Que no haya tortura en su amor ni juego fatídico en sus noches. Que no amanezcan niños muertos en los hombrillos de las avenidas. Que la policía deje besarse: que no exista más la policía. Que se erradique el robo (Léase el Hipódromo) Que las casas de citas, El Country Club, sean rehabilitados. Que Miraflores sea rehabilitado. Que sea nuestro como otro bosque (que expulse a Rockefeller y el gas carbónico) que los avisos hablen del hombre. Que sea la libertad, que sea mi casa. Que no sea el vértigo y el olvido, el suicidio al pie de los edificios. 9


Que renazcan los árboles Que abran grietas en el hormigón.

HAA (Revista Literaria Trimestral N° 3) Caracas: Ediciones de la Universidad Central de Venezuela, 1964. 44-46 10


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Edmundo Aray

De cómo regreso de mi estancia En este pequeño cuarto donde las calles entran por la ventana o se quedan difusas en las cerraduras de las puertas. En este pequeño cuarto donde los sueños tiemblan por los bordes de la alfombra y los hombres viven en la indolencia de las aldabas mi corazón mueve sus fuentes como una solicitud en el espacio. El día se queda allí en los vidrios y el viento se devuelve agitado, pero en la noche las estrellas, las luces dispersan la ansiedad y queda tibio el objeto de recuerdo, la llamarada en desazón que va turbando mis manos. Levántarme. Caminar las calles con torbellinos de insec tos. 13


Cansar mis ojos. Iniciar las palabras. He allí la espera. y después, ¡Ah! no lo pienses, me iré deshabitando como una magnitud. Ahora estoy solo y siento la nostalgia de no ser como una hoja en el árbol, como una piedra en la noche de las selvas. Las mujeres cantan y sus canciones ondulan con el viento, se secan como las ropas al borde de las cuerdas y los niños juegan y alguien conjura los deseos. Heme aquí definitivo en mi sangre, dilatado en el silencio, mirando el sol a través de las cortinas, preciso en el recuerdo de mujeres amadas, vigilando el nacimiento de un nuevo perfil bajo la sombra secreta del tiempo Y Livia, ¡ah! Livia estará despierta, recogiendo sus cabellos como a un niño. En este pequeño cuarto el viento se devuelve agitado, y tienen miedo de mis vellos y es asombro el recuerdo de Livia 14


Y la tristeza de los hombres. No hablaré de injurias. Debo levantarme. El tiempo espera. Y dejad, amigos míos, dejad vivir a los árboles en el corazón de los pájaros.

Nadie quiere descansar. Caracas: Editorial Arte, 1961. 55 15


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Nadie quiere descansar He aquí la casa. Habitaciones en sobresalto paredes donde aguarda la violencia sillas y sillas de inusitado color largos envases como piedras el televisor para las comedias de todos los días con los mismos personajes apenas como un poco más de hastío. Asimismo las palabras fatigantes prácticas de amor y la muchacha de bellos ojos ceñida a los zapatos y a la blusa Y el recuento de clases –Las aventuras de los mercaderes de Francfort las magníficas extensiones de un príncipe feudal el derecho al trabajo y el derecho al salario los frutos del Brasil los álamos los navíos del norte al lado de los veleros mercantes el navío para la guerra 18


las coordenadas los vientos alisios el mar – la muchacha de bellos ojos precipitando los gestos suspendida a veces más cerca del ruido insoportable. Y la mesa con manteles de vivos colores la mesa donde alguien junto al olor de la pimienta. se sienta escribir. Acaso entra el viento acaso golpea ventanas el viento digo las memorias de noches y noches, de alegrías quizás de esperanzas acaso las lluvias los sueños los campos abiertos para el sol el viento. acaso el viento. Nadie respira. Nadie habita la casa de las paredes Las calles entran los autos las bocinas. Y nadie sale a recibirlos. Estás allí. Perfectamente instalados. Cada quien escogió el mejor sitio. Pero Nadie quiere descansar. Ibídem. 59-60 19


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Siete y cincuenta y cinco Estoy a punto de salir. Tomo café y llamo mi mujer –hombre de impecables hábitos– y me abotono el paltó. Ascensor. Sexto piso. Llega para bajar. Elena está enferma y la grande mère no ha salido a recibir sol. Baja con cuidado. Bajemos. Espera que la máquina caliente. En L. En ele. Siete y cuarenta y cinco, ¡apura! La oficina –Señores, por favor– las consultas, las clases que dictar, los libros y el Ministro o el director Livia La secretaria –competente y eficaz– Es necesario andar y andar, golpeando, sosteniendo, golpeando, andar analizando, señores, silencio, por favor, de la Planta han salido, es la Planta han declarado, 22


gritos, pancartas, manifestaciones, ¡Livia! cárcel y andar, golpeando, hambre, sosteniendo golpeando, ¡hambre! ¡hambre! ¿hambre? ¡hombre! ¡ham! bre Andar Sosteniendo golpeando andar Vendrá un día mejor. Con la corbata haré un nudo alrededor de tu cuello. Un año mejor Algún hecho profundo. ¡Un grito! Siete y cincuenta y cinco, puertas doradas, porteros y bedeles, noticia y lotería por favor, un lujoso auto, magníficas flores y bellas coronas, tarjetas tarjetas un lujoso auto para los funerales de este pequeño burgués.

Ibíd., 75-76 23


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Pedro Arismendi Brito

Última luz I En la falda del Avila gigante Del Anauco pausado a los rumores, Su corola una flor abre fragante Mal escondida entre las otras flores. Oscura, sin historia, en la pureza Su vanidad cifrando y su contento, En vano el sol denuncia su belleza Y el aire se embalsama con su aliento. Flor de los cielos Quién la vista encanta, Espiando cómo en la penumbra asoma, Siente hecho el corazón una arca santa Que guarda sus colores y su aroma. 26


La vi pasar, pura inocente Esquivándome en vano su faz bella, Porque íbanse hechizados tiernamente Mis ojos y mi alma tras de ella. Otro día, en el templo, ruborosa, Medio oculta entre lazos y entre cintas La vi y la amé, como amaría a una rosa, Por extasiar los ojos en sus tintas. Por perseguir su aroma en el ambiente, Y en la memoria atesorar constante De su corola el cerco sonriente, Visto, amado, y perdido en un instante II Y ¿cómo no amarla, cómo, Cuando su cándida frente Dice todo lo inocente Que es su virgen corazón? ¿Cuando la luz de sus ojos Germinar hace en el alma Algo así como la calma 27


Que surge de la oración? ¿Cuando son sus dos mejillas, De leve carmín bañadas, Dos rosas aún no tocadas Que guarda inquieto el pudor? ¿Cuándo en sus purpúreos labios, Que la austera virtud sella, Se cree ver casi la huella, De un ósculo del creador? ¿Cuando lento y compasado Ondea su casto seno A los reclamos ajenos De la alegre juventud? Sí, ¿cómo no amarla, cómo, Cundo entorno a su figura Respírase la más pura Aura de amor y virtud? III Oh!

Fantasmas de amor soñado un día 28


Y en mi triste orfandad pedido al cielo, ¿Por qué burlaste la esperanza mía? ¿Por qué tan tarde descender al suelo? Cuántas veces, perdido caminante, Al oír en la choza no lejana El ladrido del perro vigilante, Casando, esperé verte como Diana. Cuántas, dormido del nativo río Y su ribera en la esmaltada alfombra, Tendí los brazos y estreché el vacío, Corriendo, al despertar, tras de tu sombra! Cuántas mirando las nevadas blondas Que prende al amar la brisa resonante, Espié tu aparición de entre las ondas Cándida, bella, de pudor temblante! Y cuantas, en la noche, al ver la estrella Cruzar el cielo en descendente lampo, Llegué á creer que bajarías en ella Y á mi lado, en mi silla te abrí campo! Hoy,

el prestigio juvenil desecho, 29


De nieve se corona mi cabeza; Y no hay amor bastante dentro el pecho Para galardonar tanta belleza. Sólo el aroma del incienso queda En el templo sin Dios, si esplendores; Y en ruinas está el ara sin que pueda Nadie ofrendar ni víctimas ni flores. Huye visión hermosa; ¿quién tu frente Podría besar, sino llevando amante De una donosa juventud riente La corona de hechizos, centelleante? Huye: mi pecho á su pesar sereno, Ve que aviva tu rostro peregrino, Con un ansia final de amor terreno, La dulce presunción de otro divino. Y no sabe si te ama o si te adora, O si te pida amor, o bien sencillo Oré a tus plantas de ángel, cual se era Ante un cuadro de Dolce o de Murillo. Qué,

cuando incierto el ánimo así yerra, 30


Te cree la virgen, en su vago anhelo, De la postrera pasión de aquí en la tierra Y del primer amor allá en el cielo.

Versos, apenas verso. Caracas: Tipografía Americana, 1911. 95 31


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Alfredo Arvelo Larriva

Balada de los ojos inolvidables Fue en mil novecientos veintiuno y a fines del año. Yo entonces estaba recién salido de alguna mansión poco grata y de cuyo nombre no me acordaré. Era de mañana. Caracas tenía un encanto nuevo para mi avidez de hombre que respira con amplios pulmones aire libre, el aire de que tuvo sed en los tres mil días que pasó murado por los cuatro muros de su padecer, de hombre que descubre, de pronto, la vida cual si la mirara por primera vez. Iba por la calle, sin rumbo ni objeto: por andar, tan sólo. ¡Qué sumo placer el sentirse andando para quien no anduvo en los tres mil días de su lobreguez! 34


Sin rumbo ni objeto, por andar, tan sólo. Más la suerte dióme lo que yo soñé. ¡Bendito el benévolo azar! Yo subía casi en su promedio, la calle Sur 3, y por mi derecha se abrió la ventana donde vi los ojos de aquella mujer… Ojos inquietantes, ambiguos, complejos, llenos de “¡quién sabe!”, llenos de “¡tal vez!”, ojos que sugieren, en su gracia honda, leyendas rituales, la bíblica ley: porque la Paloma les dio su dulzura, porque la Serpiente les dio su doblez ¿La gracia es en ellos fiel rama de oliva, o en ellos es poma falaz del Edén? Ojos misteriosos, ojos inefables, de luz y de sombra, de duda y de fe, de sutil arcángel, de sutil demonio, de santa y de bruja, de Mal y Bien. Ojos que yo digo los inolvidables cuando rememoro –cotidiana prez de un íntimo culto que guardo en secreto– los ojos magníficos de Laura Isabel.

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Y bajé la calle por tornar a verlos, y torné a subirla por afán de ver, obeso y poseso de su doble magia, los ojos que saben de Cristo y Luzbel. Y desde ese día volví por la calle, a diversas horas, una y otra vez, sólo por mirarlos, tal como si fueran dos gemelos ídolos, imán de mi ser. A poco, la usencia. Por tierras lejanas, rudas y bravías mi vida se fue tejiendo aventuras de audacia y peligro, de labor y ensueño, sola en su altivez; se fue como un río, rey fluvial que viola una selva virgen trenzando una red de aguas impetuosas corazón adentro de la selva virgen, que en su doncellez salvaje y enorme, ya núbil de siglos, trémula esperara –cual una mujer que intacta de amores espera a un amante – la irrupción del río violador y rey. Se alongó la ausencia. No vi más los ojos de luz y de sombra, de Mal y de Bien. Pero en el santuario del íntimo culto 36


a solas conmigo su imagen guardé y ante los dos ídolos ofrendo mi alma oro, incienso y mirra, cual Mago fiel. Corrieron los días, los meses, los años. A mi suspirada Caracas torné. Y otro azar benévolo, de súbito, un día diome a ver los ojos de Mal y de Bien. Con un grato amigo, es mozo y poeta y de entrambos modos tiene clara prez, pasaba una tarde por aquella esquina – ¡“Santa Rosalía”, sí recordé! – y en el mismo instante pasaban los ojos, los ojos magníficos de Laura Isabel. Sonrió la dama. Mi amigo el poeta, que es también su amigo, saludó cortés. Ella, gentilísima, le dijo una frase breve y donairosa que en el florecer de sus rojos labios –rosa de sonrisa– rosa de ironía floreció también. Era reclamándole algo prometido, el ir a contarle tal cosa, no sé… Los

ojos me vieron lo mismo que antes: 37


me ven impasibles si acaso me ven. Lo mismo que antes, lo mismo que siempre: si acaso me miran es como a cualquier transeúnte anónimo que pasa entre muchos, un hombre enlutado, no se sabe quién. Por eso, aunque pienso que a veces me han visto, sospecho que nunca me han llegado a ver. Pasaron. Mi espíritu se fue tras los ojos llenos de “¡quién sabe!”, llenos de “¡tal vez! ”... Corrieron los días. No vi más los ojos hasta que, de pronto, lo he visto ayer: los profundos ojos que más profundos la convalecencia con su languidez. Profundos lo mismo que lagos de cuento donde los suicidas se dejan caer. Lagos de leyenda, de fatal hechizo; lagos de los ojos de Laura Isabel: en su hondor se hunden mis sueños suicidas, en su hondor se hunden con divina sed… ¡Oh la sed divina de besar los ojos, los ojos magníficos de Laura Isabel! ENVIO 38


Perdón si el envío resulta indiscreto: como va de incógnito, quizá no lo es. Perdón si los versos parecen audaces: sólo dos lectores los van a leer, y los dos lectores guardarán silencio… ¿Verdad, ojos bíblicos de Laura Isabel?

Abril, 1925

Alas de murciélago. Caracas: Editorial Arte, 1966. 52-55 39


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En mi clausura El júbilo sonoro de las Carnestolendas llena toda la urbe con su febril tropel: carruajes, voces, músicas… y joviales contiendas… y trémulas y gráciles risas de cascabel… Y entre tanto mi espíritu divaga por las sendas de Las Mil y Una Noches, encantado vergel. Releo en mi clausura las árabes leyendas que a mi alma de niño fueron aroma y miel. Por mercedes gentiles de la que el verso nombra sonríe a mi tedio de soledad y sombra el dichoso Aladino y el marino Simbad: Con la maravillosa lámpara de Aladino, y con los siete viajes de Simbad el marino, 44


ilumino mi sombra, pueblo mi soledad‌

Domingo de Carnaval de 1912

IbĂ­dem, 31. 45


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Nombres No importa que la llamen parque de Carabobo la prensa y la retórica oficial: eso no pasará de ser un robo fútil, inútil, que no castiga el Código Penal. La gente dice Plaza de la Misericordia. No la gente: lo dice el corazón. Así enlaza con el lazo de concordia, grácil y frágil, sencillez, poesía y tradición. ¡Oh misericordia Plaza dulce al ensueño y a los amantes prónuba gentil: por la gracia de Amor, niño risueño, ágil y frágil, 47


triunfe en tus frondas inmortal Abril!

IbĂ­d., 33. 48


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Rufino Blanco Fombona

El castigo del Ávila (Cae la tarde. El sol bruñe las copas de los árboles, en el gigantesco y paternal monte Avila. El Poniente se tamiza a través de los follajes; y bajo la cúpula de los tamarindos las profuso pompa de los cotoperices y la esbeltez de los marías, el Bosque extiende sus galerías profundas donde flotan claridades o sombras verdes. Un hombre aparece en el Bosque, el traje en hilachas, las manos en crispatura, los ojos en pavor, el pelo en greñas. Aquel rostro meduseo tiene en la expresión algo bestial. Por el hocico trompudo, las anchas fosas nasales, los pequeños ojos inertes y la chatura animalesca de la frente, titubearía quien divisara la aparición, antes de decidirse a afirmar si aquella extraña figura es un hombre con cara de cerdo o un cerdo con cuerpo de hombre. Aquel monstruo, mitad bestia, mitad, bandido, que lo mejor que tiene es la figura, en Juan Vicente Gómez, el Traidor. Pálido, sudoroso, recuéstase de un árbol). 50


Juan Vicente, el Traidor -Desde la aurora corro, huyéndole a los hombres, por las breñas del Avila. Ya me postra el quebranto. Los pájaros me increpan con injuriosos nombres, y los torrentes ríen de mi angustia y mi llanto. Busqué asilo en los montes; y más que las ciudades el monte, que a las víboras da asilo, me es hostil; asumen voz los árboles a enrostrarme maldades; me oculta el agua el pozo; para el zapo soy vil. Piedad, Señor, procura que mi cuerpo repose; que a mis labios no niegue sus cristales el río; en mi cuerpo , hecho úlceras, que tu dedo se pose; y da paz a mi espíritu. Piedad, piedad, Dios mío. (El árbol sacude una rama y golpean en el rostro al Traidor).

El árbol ¡Piedad imploras¡ ¿La tuviste cuando hacías de victimario, y cada monte convertiste 51


en Calvario?

¡Piedad imploras¡ ¿La tenías con los presos que atormentaste en tus obscuras gemonías, y mataste? ¡Piedad imploras¡ ¿Por ventura la sintió tu alma de hierro , cuando echabas a sepultura o a destierro? (El árbol golpea de nuevo a Juan Vicente en el rostro y prosigue apostrofándolo). ¡Y quieres dicha! ¡Y quieres calma! Sal de aquí, malvado traidor, y sepan tu cuerpo y tu alma de dolor. (Juan Vicente echa a correr azotado por los arboles. Cada rama le cruza el rostro, o percude las espaldas del Traidor y deja allí un cardenal. Los arroyos, al ver la carrera desatentada de Juan Vicente, se precipitan de las cumbres desternillándose de risa. Los pájaros lo silban…) 52


El viento dice: –Corre, corre, Juan Vicente yo te enseñaré el camino… (y ante el pálido demente Se transforma en remolino). El musgo dice: –Reposa sobre mi espalda de tu zarabanda loca… (Y la grama de esmeralda se convierte en dura roca) El pozo dice: –Haz un vaso de una hoja y bebe mi linfa clara… (Y se trueca en sangre roja que mancha al traidor la cara). (Juan Vicente cae de rodillas, se pone a llorar, pide perdón a los seres y a las cosas; pero traidor y malvado como es, piensa inmediatamente en engañar a las cosas y a los seres con palabritas de miel para después echarles la zancadilla y exterminarlos. 53


Entretanto una banda de monos, desde las copas de yagrumos y araguaneyes, lo escarnece.) Los monos –En el palacio servías de lavapiés al magnate; si escupía era en tu rostro, si violaba era a tu madre; feliz de sus preferencias, tú reías, tú engordaste. El señor sintióse enfermo, corrió al médico , a la calle; y tú, cerrando la puerta, de señor te disfrazaste, pero la gente se burla del disfraz, ya va a zurrarte. Tu amigo duerme: aprovecha, corre el puñal a clavarle; oye aquel secreto: véndelo; mira aquel huérfano: engáñale. ¡Cómo en alma tan pequeña tanta sombra acumulaste¡ 54


¡Mata al cocuyo: ilumina! ¡El cedro en erguido: abátelo! ¡El arroyo canta y ríe, que no ría, que no cante! ¡Viva el topo! ¡Muera el águila! ¡Y para el trino, la cárcel! Arranca la flor de oro del araguaney y de jalde; escamotea las nubes de oro y plata de la tarde; ¿dónde viste plata y oro bandido, que no robases? Ahórcarte, Juan Vicente, en las ramas de los árboles; secunda, “en verde patíbulo” tántos y tántos cadáveres de tus víctimas, que péndulos se balancean al aire (Juan Vicente, cuyo corazón se comparte entre sentimientos de pavor y de maldad, tiembla de pavura, y pide piedad con lágrimas en los ojos y en la voz, para mover a compasión; pero en el fondo sueña con vengarse. El Traidor cree que los mo55


nos, a los que escuchas sin ver, son seres humanos: enemigo invisibles.)

Juan Vicente, el Traidor –El Odio sus lebreles me suza. El Nazareno no sufrió más injurias, ni apuró más veneno, ni vió en su blanca túnica más estrellas de cieno. Ya mitridatizado por tósigo de insultos, recibo, indiferente, del odio los singultos. Más tantos desafueros, ¿Se quedará inultos? ¿A mi lesivo lecho de sierpes me acomodo? ¿Respiraré con gusto la atmósfera de lodo como el nauta la ráfaga de salitre de yodo? No. Pero ya en mi ánima condené a los bandidos. Ya espectros me parecen de sus huacas salidos; y sus macabras burlas, cosas de tiempos idos. (el traidor regirá la vista en su entorno, contempla el Avila nemoroso y refunfuña): 56


-Y este brujo monte infame donde el samán me vapula y me silba el dios-te dé, y no hay piedra que con hombre injuriosos no me llame lo arrasaré! (Las Hamadriadas lo escuchan. Abandonan la corteza de los árboles donde habitan y maldicen al Traidor).

Las Hamadriadas: -¿De nuestros hermanos el agua y el viento y el musgo te quieres vengar? ¿Y nuestros palacios: samán corpulento y ceibas pretendes tumbar? Escucha: impotente, ladrado de perros, de todos malditos serás; y hambriento y errante por áridos cerros, los buitres por tumba tendrás. (Juan Vicente, el Traidor, olvida sus pujos de venganza, escucha aterrado la maldición de la Hamadriadas , pide perdón en vano y echa a correr de nuevo por entre el Bosque pero tropieza y rueda por tierra.)

Juan Vicente, el Traidor: 57


–Señor, el profético insulto silencia, silencia el tumulto de mi angustiado corazón; ya no más saliva en mi frente, ya no más crujidos de diente ya no más castigo. Perdón. Las Hamadriadas: -Que entre el fango, de noche, muera, acosado como una fiera, cubierto de moscas y horror; que la mísera ánima exhale como miasma pútrido sale de un pantano. Juan Vicente: -Piedad, Señor (La noche ha caído, Juan Vicente, bajo el desprecio universal, corre un poco más y se pierde, se pierde en la sombra.)

París, Diciembre de 1910 Mazorcas de oro. Caracas: Impresores Unidos, 1943 58


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Andrés Eloy Blanco

Caracas 2000 Caracas: ciudad venezolana; un millón de cabezas veteadas de cruzamientos. Multitud irisada en cuatro resultantes del récipe inmigratorio sobre el criollo ajustado al punto de canela. Turbas de atletas adolescentes. Lentas barbas de vaho bajo las bocas licenciadas de los primeros sementales Prietas, blancas y ágiles mujeres; máquina de amor internacional con fuselaje criollo. Largo pueblo, aromado de jabón y de escuela. 65


Una voz de frutero que acerca las montañas. Casas llenándose de gritos de la calle, como goletas con vías de agua. Postigos mal cerrados, vaciándose de cantos. El transeúnte cata la mistela de vientre que le da una mujer asomada a un perfume. En la Plaza Bolívar –sin barandas, sin mosaicos, sin hombres a media ración– árbol, estanque, velas de balandros, juguetería, y lobos, nurses, bancos, niños y Bolívar, En la Plaza, cercada de mármoles, la Catedral, la Escuela, la Casa de Comunicaciones, la Casa de la Ley, el Palacio del Pueblo, con sus altoparlantes que dan la pulsación de la Casa Gremial. 66


En la plaza se cruzan las avenidas caudalosas, con sus taludes de frontis sacudidos de ofertas. Calles con columnatas entre casas de pocos pisos, calles sin rieles con almacenes puestos sobre las manos en la intriga del escaparate, como el anteojo de las mujeres miopes. El gallardete de una Mensajería anuncia la zarpada de los barcos del pueblo que van de Oriente, al Zulia, al Orinoco, al Mundo, sobre la mar de todos, ahora que la mar es de la tierra. La radio de los rotativos suelta voces de los cuatro puntos del Universo. –Llegan voces de África y voces del Polo, como grifos que dan agua fría o caliente– Del perímetro vienen los alaridos nuevos que hacia los barrios de Antímano y hacia los declives de Chacao 67


da la ciudad de veinte pisos. Al Sur, el barrio obrero tira al aire su gorra de jardines. Los ómnibus sirven mujeres cosechadas en las nobles arboledas del Paraíso, Al cruzarse dos aviones, una alondra se salva en un hilo de vuelo. Una pausa inaudita interviene en los rumbos cuando pasa una anciana que da la mano a un viejo. Sobre el cerro del Calvario, el Botánico y el Zoológico; los niños rodean al Panteón, bien lleno de pasado, bien exonerado de actuación, bien saludado de Porvenir. Sobre el Observatorio, una tertulia de planetas conversa en esperanto sideral. El sacacorchos del tren eléctrico, destapando al Avila por el túnel brinda al valle el champaña seco del Mar Caribe. 68


A la puerta del universidad los niños juegan frente al monumento de febrero, que es un grupo de mozos y mozas con boinas. Frente a la Casa de los Gremios se otorga a las mujeres el premio de Maternidad. Ya es hora de paseo y hemos de ir al Parque de los Mártires. Este es el Parque amado de los niños. De un lado, el auditórium, del otro lado , el Museo de la Infancia. Son dos circos gemelos hechos sobre los circos de las viejas Rotundas. Lo que fue Cárcel política es aula de conferencia; lo que fue ergástula es laboratorio experimental de venezolanos. En el viejo patio de la Cárcel, está el Parque de los Mártires;

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el monumento con su baranda hecha de grillos y cadenas y con su estela de mármol que tiene escritos los nombres de los patriotas muertos. Un niño Se ha dormido sobre una de las cuatro pirámides –hechas también con hierros de tortura– una golondrina ha rozado el metal mohoso de las barras y el frío ha subrayado los síncopes del mármol. Mil niños llenan el parque; al cruzarse dos jóvenes, dos pudores se salvan en un hilo de miedo y una pausa inaudita interviene en los rumbos cuando llega una anciana que da la mano a un viejo. Le rodean los niños. Es un viejo que se va y que tuvo veinte años para el año 18. Dijo a todos los niños del Parque de los Mártires: –Esta es mi novia:

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nos casamos el 28. Ya estaba a punto de sembrarla y le ofrecí una carga de hijos, era cogida en la sabana y cada vez que nos mirábamos nuestros ojos se retardaban en un cálculo de cosecha. Aquí me trajeron anoche, aquí me cargaron de fierros y me colgaron de una viga hasta sacarme las palabras, y al quedar en el suelo, miré que arriba estaba el terrón con que Dios hizo mi mundo, mi pedazo de varón ahorcado. La santa fibra del testículo goteaba en mi cabeza de buey que arrastra la labranza estéril de mi cuerpo. No sé ni cuántos hijos me mataron entonces. La novia quedo así, cerrada como piedra. Era tierra que daba diez hijos con buen riego. Pero al que más llorábamos fue al mayor de los hijos, el que casi le tuve a flor de vientre. Se hubiera llamando Juan y habría sido carpintero. – Fue un asombro universal 71


cuando avanzó un buen mozo de boina, subió las gradas del Monumento y en la estela que tiene la lista de los Mártires escribió: El Compañero Juan, Carpintero.

Baedeker 2000. Venezuela: Editorial Cordillera, 1938. 157 72


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Caracas-Río Cordillera hasta San Juan, –superproducción en 130 rollos en verde mayor parlante–. Luego, Uverito, Ortiz, El Rastro, Calabozo –tercera línea del frente sanitario: granjas, laboratorio, creche de becerros, escuela modelos del caballo–. La vía férrea no tiene curvas; va recta, como una vacación de frontera. Apure –segunda línea del frente sanitario–; dragas, petróleo, obras de regadío, seres maniáticos de Sur; 78


los ríos, domados, hondos, caseros. Los hombres, navegables. Después, Orinoco a Casiquiare, a Río Negro, a Amazonas y finalmente, Brasil: Olimpiada de la Geografía. Nota: Cuando el tren va por la tierra brasileira puede verse al viajero inglés coleccionista de selvas. Lleva el álbum repleto de selvas bajo el brazo y en la naíz, coleccionado, todo el perfume de la tierra. Ibídem, 44-45. 79


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Circunvalación Salimos para el viaje alrededor del mundo. Nuestro avión dejó atrás el valle de Caracas. Diez mil metros; hallamos el carril de una órbita. Emproamos al Este por aquella trocha abandonada. La tierra, el mar, el fondo, sumaron una sola entidad de ribera donde iba picoteando el ojo caedizo. Cordilleras, islas, ciudades, tierras de arar con cantos de tejedor de tierra y unas llanuras dignas de aterrizarles ciego. Un río lleva nubes 82


y el mar azul nos da un sentido de astro. El radio, el periódico, el bar logran por fin un aire residencial que calma. Una mosca de tierra, que se vino dormida, se va haciendo a su viaje alrededor del viaje. Ya tenemos pie aéreo y creemos en nosotros con seguridad de nube. Nos asombra pensar cómo estuvimos tan largo tiempo sin volar. La tierra va cobrando un interés interplanetario de buen tono, y al persuadirnos de la posesión de una órbita, acogemos la responsabilidad de girar con cierta convicción municipal de luna. Nuevas tierras detrás del mar; islas, continentes, altas montañas a las que alborotamos las plumas del copete. 83


La vida siguió así hasta que comenzaron a odiarse los viajeros. Al principio creíamos que era sed de subir y subimos hasta ver una noche la pista de los ángeles. Pero era anhelo de bajar Era el alma, señor, el alma cogida en su desmayo de gravitación. –¡Abajo! ¡Abajo! – clamábamos; y el piloto de ojos negrísimos, el piloto siniestros nos mostraba la hélice y sus ojos estaban azules como un viaje. El Océano Pacífico pasó como el mirar de una giganta rubia. Al encontrar la tierra clamamos otra vez: –¡Abajo! ¡Abajo! –¡A tierra! ¡A tierra! – El piloto de ojos negros nos miró. Su mirada salía de unos ojos divinamente azules 84


y dijo: –Hemos volado siempre mirando al Este; así pues, el Oeste no existe… –Y sonreía, definitivamente logrado de orientación. Quedemos en silencio, y al buscarle de nuevo, vimos a proa, azul, inmensamente azul, el valle de Caracas. Y el piloto nos dijo: –Hemos llegado–, pero, al fijar unos ojos en nosotros, se quedó transparente como el aire, temblando de mirar en nuestros ojos aquel azul que tienen los ojos de los viajes.

Ibíd., 69-72. 85


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Costas ¡Costas de Venezuela en el año 2.000! Costas sin sueño felices de cabotaje sudorosas de inmigración. Penínsulas empenachadas de faros. Bahía con humo. Agua de las dársenas, maduras de tajamares. Maceta de humo y velas, la ensenada tibia, como una cocina. 89


Costa de pie, con las manos siempre ocupadas de manos. Larga costa venezolana, a todo lo largo pintada de puertos. Costa del año 2.000 barda floreada con la flor del muelle. Costa venezolana, cabeza de Sur América, terminal de todos los caminos del mundo. Los marinos la buscan con la mirada de proa como si sus bahías hicieran dulce el agua. Hay tantos barcos que las olas hacen cola para entrar a los golfos.

Ibíd., 64 90


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Touring - Club Itinerarios

BOGOTÁ- CARACAS RAILES Un pañuelo desnatado de todas la nubes. Ventanillas Pespunteadas de paisajes. Un frío y un calor en un rincón del viaje sin viajero. Sobre los Andes el tren espanta la nidada de aviones Criollazas calentanas 92


resoban el hallazgo del frailejón recordadero. Voces, alemán, inglés, ruso Por las cien ventanillas, el tren va acribillando de idiomas a la tierra del Día Siguiente. Sobre el seno de la viajera oscura se vacía el atisbo azul del paramero. Al cruzar la frontera repica la fractura del un cristal inefable. Mediodía: el tren y el sol se cruzan y permutan sus tierras.

Ibíd., 43-44 93


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Week-end Para un jugoso week-end yo indicaría un sábado en los Chorros. En la mañana, después del tennis nos bañamos en la tercera cascada –es un baño que sabe a frutas–. Saltaremos entre la chorrera como una fiebre en un termómetro. Después del baño, escalaremos el Avila hasta donde veamos bajar los malabares. Iremos al Casino para bailar hasta el segundo baño; almorzaremos bajo los árboles. Dormirás en hamaca entre las trepadoras de la pérgola 95


A la tarde bailarás de nuevo o navegarás como una limpia vela por la verde ensenada del golf y al estar bien madura la frambuesa del crepúsculo la beberemos con pajillas en el pozo. Por la noche verás la nueva diablura que hemos hecho los del Cine- Club: al lado del gran chorrro hemos puesto la pantalla; todo a oscuras, y vemos danzar mujeres que funden el ecrán con la caída de agua, que a veces entra en ella y complementa la danza hasta integrar la dinámica del agua en la mujer. Allí se aprende ritmo histórico y se comenta el antropormofismo. Después, bailaremos de nuevo,

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solubles uno en otro, como el agua en el agua.

IbĂ­d., 157 97


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J.Pascual Buxo y G. Ferrer

Calle K L El proyecto la ciudad. Penetró por calles que se hacen cada vez interminables. Paso frente a la larga hilera de las casas y oculto mi cuerpo en un bolsillo para no sentirme asido por las horribles miradas de las vecindarias. Los que descifran la palabra amor conocen los mordiscos del asfalto en los zapatos y foetazos de la aurora en las mejillas. Ah, he visto decenas de veces cómo los sueños suelen descocerse en el ruido de las palabras y decolorar con los alfileres de la luz. Ahora doble la esquina con un temor fatigable. Entró en la calle KL donde pregunto por Hurí y regreso como ayer, herido de muerte. La nueva poesía en el Zulia (ant). Zulia: Editorial universitaria, Uni versidad del Zulia, Facultad de Humanidades, 1966. 6 100


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Cuidad aniquilada ¿Qué invisible desdén, qué boca o oculta, –pez profundo– deshova en estas márgenes del día la pesada descarga de la herrumbre? Crecerá Como sol en ascenso se irá tiñendo el aire de su hedor y sus frutos Caerá la ciudad podrida como el agua, ninguna piedra oculta ni un sólo cristal seco para tus labios leves como el polvo. 102


Con mis únicas manos haré dos lentas sábanas. ¿Recordarás mañana este lugar del mundo? Voy a cavar un lecho en las aguas espesas para tanto animal de carne y de murmullo. Quizá el barro devuelva la ciudad a su rastro o quizás entre los limos calientes de tu sangre la sal esté formando su espejo diminuto

Ibídem, 68 103


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Juan Calzadilla

Ciudades Yo fui de las montañas a las ciudades oscuras y amena zantes. Entonces canté o la vida nueva que florecía misteriosas campanas en un mundo de llamados. Y estuve en la ciudad llena de ruidos distintos, cuando me tendía su mono inexplorada el viaje de otra novedad. Mi corazón se tiñó de la maldad que lavaron luego las aguas del invierno con las puras alas de la infancia. ¡Oh clamor de las llo viznas! El augurio terrible que dentro de mi pecho anudaba sus redes victoriosas no era el antiguo jardín de los pájaros. “Veneno, huye de mi nido de ayeres, yo gritaba a los follajes ausentes, oh corazón mío dejado entre los árboles 105


ingenuos, sitio de savia, manantial que surtía las despe didas, regrésame a mi mismo, sembrado en la lluvia de mis ojos sorprendidos”. La sombra novedosa huyó grandiosamente y vine pues mi alma ja más olvidó su verde. ¡Las construcciones de los hombres no fueron nunca más, altas que las torres de los pájaros! No ví otra vez la música del cielo mezclarse con los ríos en profusión de abrazos: ¡oh música par de dedos de caricias! Mi corazón latió silencioso, como lleno de soledad, de una soledad más amarga que todo: Y fui a las ciudades levantadas so bre un horizonte de crueldad. Yo pensé -¡oh y cómo pensaba mi soledad silenciosa! –yo pensé entonces en los follajes alegres del invierno, en el desprendimien to de las hojas, caídas en mis manos donde un viento de retornos convi- daba a los pájaros anunciadores de los pronósticos. ¡Oh verdaderos días cambiados por la incertidumbre!

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Mi rostro era la ingenuidad compartida en silencio por mi corazón y sonreí. A la esperanza ignorante de los puñales intranquilos que escondía a ras el horizonte funesto a la mirada pero yo no lo supe sino en la hora de mi vuelta. ¡Oh adios a tantas partidas! ¡Lodo de adioses! ¡Lago del ayer irreconciliable con mi primitiva ausencia! iQué sumergida perspectiva la de un sol hermoso y fra gante levantándose sobre los prados de una amargura indes criptible! Fuí amigo de los hombres y a toda cosa amé con mi rayo de amor acostumbrado. Quise ser alegre y la ilusión nació en mis ojos como una verdad de grandes proyecciones. Fui alegre, mas mi alegría era otra cruz sobre mis brazos. ¡Qué párpado maligno el de aquella noche de insidias! ¿Qué pálpito en mi cuerpo, corno un niño dormido, es peraba el retorno? ¡Oh ciudades de suspendidos oyes de concreto, marchita estructura del odio en vilo y desdén en cruz de muerte para el rostro 107


de la vida! Cuando quise alcanzar el sueño, que como un fruto de nervios maduró mi desvelo, sólo palpé el silencio edificado. Muy pronto las torres se transformaron en cuervos espantosos que anunciaban sus victorias de fuego sobre les redes tristes de mi cárcel humana. ¡Y luego volver a esa antigua prisión de los pechos alti vos! ¡Oh melodía inaudita de las montañas, me alargas tre pando las distancias, hacia el amanecer de esas tierras encendidas en su entu siasmo!

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Las montañas ¡Y ahora estáis aquí montañas para siempre! Una ternura adviene de la lágrima para contemplar el esplendor de tu proximidad radiante. Al borde de las ciudades que hemos visto, las montañas, a la orilla de los cielos y del agua, en la humedad del alma que erige la esbeltez de su grito emocionado, ¡oh siem pre las montañas! Oh savia omnipotente de la tierra. Allí caen to das las caídas finalmente. Sus torres de pájaros descuelgan campanas frescas con torrentes de una alegría comenzada La montaña que hace sonar su péndulo de acapro sobre el metal transparente de las cigarras, ¡oh plegaria de las campanas al aire matinal Una voz del río ahogada en piedras, es el llanto de Todos los arroyos que procura la nove dad del mundo, 111


la embriaguez de los campos apasionados. iOh alegrías amadas por el corazón, y mi alma que no cesa de amar! Amo lo que se puede dividir y perdura como el pon más sencillo, lo que a sí mismo se da, indistintamente a todos, como un ríque suena lnrnortclmente y prosigue su viaje incansable hacia el mar maravilloso, que de todos es, como una mujer hecha de cielo de estrellas y de tierra de hombres, lo que perdura como una madre de mano en mano naciendo, como un Cristo de voz en voz naciendo Siempre vosotros mis hermanos y los animales y los ár boles, mis hermanos y todavía las cosas que amo con fulgor humano (ya que a todo alcanza el resplandor de mi entusiasmo) siempre vosotros, oh todos mis hermanos, rodeados de vida como la cabellera de lo sangre. El mundo hizo entonces su realidad en el sueño y fui un nido de constante imaginación. ¡Oh ala lIévame a la altura magistral!

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Mi abrazo primero cercó al mundo, y no hubo astro don de mis ojos no descubrieran la entraña increíble de un sueño. Después me fui a conocer la verdadera sustancia de las cosas de un mundo pequeño y lleno de ocultas significaciones, y canté en tonces junto a todas ellas, a veces en el corazón de ellas mismas: no hay voz a donde mi voz no haya entrado, no hay alma que mi alma no haya penetrado (¡cuando quise cantar he aquí que la palabra no es igual a la voz!), pues mi corozón se hizo de todo. Y fue la voluntad del sueño que hizo esta realidad sin crepúsculos ni ojos acabables. Viajé tanto que aun mis manos lloran las despedidas.¡Oh mis ojos que llenaron los azules! Oh corazón sin puertos!, ¿A dón de llega este confín abierto en mi pecho? ¡Azul destruye mis caminos!: de San Miguel a San Fernando, orituco

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y Arauca ORINOCO y Apure (y hubiera podido ir todavía hasta el Quinto Infierno) Yo quise abrazarle todo de una sola mirada (Yo veía la muerte en cada uno de los instantes.) Quizá yo viaje más por esa misma agua fluyente ¡Oh la vida y los ríos pasan una sola vez su misma agua tangible y deseosa

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Andrés Bello

A una artista Nunca más bella iluminó la aurora de los montes el ápice eminente, ni el aura suspiró más blandamente, ni más rica esmaltó los campos Flora. Cuanta riqueza y galas atesora hoy la Naturaleza hace patente tributando homenaje reverente a la deidad que el corazón adora. ¿Quién no escucha la célica armonía que con alegre estrépito resuena del abrasador sur al frío norte? Oh Juana! gritan todos a porfía; jamás la Parca triste, de ira llena, 116


de tu preciosa vida el hilo corte.

-Lo público Arístides Rojas (Rojas Hermanos, 1881). De ahí derivan las ediciones posteriores. -la fecha atribuida es la de 1806-1808. Arístides Rojas (loc. cit) lo comenta en esta forma: “Este soneto fue una improvisación de bello en Teatro de Caracas, delante del artista señora Juana Facompré, cantactriz de la primera compañía de ópera que visitó Caracas por los años 1806-1808). 117


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Ildemaro Urdaneta

Las obreritas ¿Quiénes son aquellas de lánguidos talles, grupos de doncellas humildes y bellas que animan las calles al amanecer? Son las obreritas qué van al taller… ¡Las pobres obreras! Tras las modistillas y las costureras, grupos de chiquillas pasan en cuadrillas a las cigarreras casas del país; 119


Rubias sin herencia, morenas formales, van –bajo los chales limpia su conciencia– tristes o joviales al telar fabril; Niñas de ojos tiernos y senos tempranos, así en los inviernos como en los veranos miden con sus manos la honrada labor, en los nacionales bancos comerciales 1 2 3

Comparar con los argentinos, Portugal o. Con Ruiz Pineda, Gonzalo Carnevali, etc. Con Emiliana Hernández 1918

–El feminismo nacional avanza a paso lento. La obrera caraqueña es tan sobria como le inglesa, Virginia Pereira Alvarez triunfa en el Norte y Elena Piñera en Bellas Artes. “A la hora del alba, nerviosas por la sensación del frío matutino pasan, al taller de modas, a la fábrica, al almacén, a la librería; pasa menudas, ágiles, con la inquietud de la puntualidad …” El retorno, que un cronista estilo Pérez Escrich llamaría “dulces abe jas que regresan a la colmena de los afectos íntimos” 120


o tras los cristales de algún mostrador

–Es mov. que no obedece a la moda. Pero nuestras mujeres nos son cowboys como las yanquis. Ni aviadores, ni apóstoles de teosofía, ni aspiran a un puesto que en la Municipalidad o al Congreso. –Ver artículo 1934. Campanas que vibran. Caracas: Lit. y Tip. Vargas, 1925. 117 121


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Juan Santaella

Noche buena Nochebuena. Corre los autos llenos de amor y de alegría; y gozan los mendigos cautos la democracia del tranvía1. Hiede la calle muchedumbre; las cortesanas son más tiernas2 para la urbana pesadumbre que se suicida en las tabernas. Vulgaridades de Castilla que no ha olvidado nuestra villa y que las quiere el corazón… Esto el poeta y yo dijimos 1 2

El tranvía, su democracia Las cortesanas ¿en Puente Hierro? 123


cuando, por ver el cielo, vimos triste la musa en un balc贸n.

Romanzas de ayer. M茅xico: [s/n], 1951. 174 124


Égloga vespertina Los caminos se enjoyan de alegría. Un romántico sol de cinco y media te encinta de oro, y la rojez asedia de tu boca, fragancia y ambrosía. Yo voy pensando en que la poesía, que tantas desventuras nos remedia, sabe mejor en besos que en comedia mentirosa de simple fantasía. Ruedan por el azul nubes lejanas sus decentes armiños. Con galanas manos rindes mis ansias perentorias. Y no he sabido, por mirar tus frescos labios, cuándo a los valles pintorescos 125


bajaron estas luces ilusorias.

Es tĂ­pico paisaje atmosfĂŠrico Valle de Caracas a las 5 y media El Cojo Ilustrado, 1910 126


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Rojas Guardia

Margarita salida del teléfono Ciñéndote los deseos con dedos de silencio. Insensible dirás “no voy” –“me siento mal” – “después”. Y volverás a mirarme saliendo del teléfono como en aquella noche de luna degollada en que sangraron hasta la madera de las sillas esperando el mensaje de tu frágil desnudez. Venus moderna de mares ciudadanos emergiste empapada de ruidos, noche, luna y luceros por los alambres cómplices del amor. (...) Le cortaré a los astros su gajo más brillante a la ciudad sus redes de teléfonos, a las revistas sus figuras satánicas, a los templos sus columnas discretas, a los amigos sus viajes soñados. 128


Entonces sin peros y sin cuandos podré volver a ver mojada en luna moviendo aquel pañuelo de tu instituto en la azotea de mis 20 años.

Revista Élite, año VII, N° 342 129


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Ángel Miguel Queremel

La vida vulgar Carne alegre, boca divina para besar y mentir, amor de “al voltear la esquina” del revuelto ir y venir. Yo contaba unos años menos, ella era un poco mayor. Yo amaba su boca, sus senos; fruta, primavera, flor… Nos conocimos en un “cine” un sábado, mes de abril; ella convino y yo convine en la película pueril…

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vivía en el Urapal, Se llamaba Carmen Teresa, tenía la boca muy gruesa, muy encendida, sensual. --Le encantaba lo modernista en la moda y en el amor; ella soñaba en ser artista de “Café”, en el exterior

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El temple se parece al Leoncio Martínez El cine, ¿de cuándo el gel cuento de González Eiris? Abril ¿existió? Lo rudimentario de la versificación Intrusión de la moda

Ideales: En la postguerra empieza a acentuarse lo deportivo, que en los inicios del siglo había entrado con los caballos, el béisbol, el tenis y un poco con la nueva música. El cine, igualmente. Es un elemento de figuración a partir del 18. Billiken. Año I Mes 2, N° 4. 6 de enero de 1919 132


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Francisco Pimentel

El Trompa Viendo a El Trompa en la 煤ltima corrida que el fen贸meno dio, y en la cual sufri贸 una sola cogida, pensando estaba yo, en que a veces es grave inconveniente el deseo que siente, todo el que se dedica a una carrera, de hacer hoy m谩s de lo que ayer hiciera.

Obras completas. [s/n], 422 134


Caimán y toro Hubo el viernes pasado un suceso que fue muy comentado, más que el último empuje austro-alemán el combate anunciado entre un toro de lidia y un caimán.

Cuando mucho – el caraqueño – habrá visto el par de caimancitos de El Calvario. Ibídem., 422 135


Rodolfo Gaona Después que terminó Doña María en el Municipal su temporada, otra atención Caracas no tenía ni se pensaba en nada más que en ver a Gaona, el As de Oros, (conste que la metáfora no es mía) en asunto de toros. Así las cosas, llega el Carnaval, y el lunes en la tarde, cuando la villa en regocijo arde, hace entrada triunfal en automóvil, por la calle real, con Rodolfo Gaona, el mismo, sí, señores, en persona. Eso fue el lunes y el martes se llegó a La Guaira a bordo del vapor Manuel Calvo. ¿por culpa de una mujer? Era mexicano Ibíd., 423 136


Mister Lopp (fragmento) “El señor Lopp se ha britanizado: se llama Mister Lopp”

En el Circo Metropolitano “el que se entierra vivo”. Es Lópes, ­v enezolano, pero como nadie es profeta en su tierra... Ibíd., 424 137


Fenómeno en puerta (fragmento) “Ya un gran poeta, cuyo nombre omito, dice, añorando de la España de antes que allá les interesa hoy el “Gallito” mucho más que Cervantes”

Anuncio de toreo de Belmonte. Que cobrará 30 mil pesetas. Ibíd., 423 138


Juan Belmonte (fragmento) “Quizá este dato de interés mayúsculo para nuestros anales, lo dará a la luz mañana en un opúsculo Landaeta Rosales”.

Desde que llegó Belmonte la población de Caracas ha subido en un 3% Ibíd., 426 139


Toreros exóticos (fragmento) Ahora: “pero que un yanqui haya salido” “Sydney Franklin se llama, y en su corta carrera ha conquistado merecida fama, pues si no es un Chicuelo ni un Barrera, dista mucho de ser un saltimbanqui, estilo Llapisera, y sobre todo, es yanqui”

México, Perú y Venezuela, escuelas y aficiones taurinas. Ibíd., 428 140


Fenómeno sísmico (fragmento) “Vicente Hong, el chino que se metió a profesional ­taurino”.

Ibíd., 430 141


Jesús Sanoja Hernández

El lío de los Bocamanes El melenudo que divierte a Caracas, el indiscutible “que nació en el fantástico Indistán”, no es, porque El Grande, el Verdadero, según el cronista murió en Buenos Aires en septiembre del 29. Este es impostura. Este puede resultar catire, criollo y se llama Capriles.

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Francisco Pimentel

Fenómeno del día

En efecto, en materia de deporte, el béisbol fue ayer único norte, y lo mismo el señor que el limpiabotas, en estos predios nuestros, eran unos maestros en asuntos de bates y pelotas. En la casa, en la calle, en la oficina, en el tranvía y en el autobús, se nos daba a toda hora “Cocaína” hasta decir ¡Jesús! Pero la sangre hispana ha hervido de la noche a la mañana, y el grande y el chiquito ya no hablan de “Caribes” y “Concordia”, hasta hacernos pedir misericordia

Obras completas. [s/n], 431

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Batazos y pelotazos Actualmente el base-ball está adquiriendo el auge más tremendo; no hay plaza, ni solar, ni campo llano, que no invada el deporte americano; y los que en esta cosa somos legos tenemos que apurar nuestra paciencia, pues ya no se habla más que de los juegos de “Los Samanes” o el “Independencia”. Es el tema obligado que al conflicto europeo ha derrotado; zeppelines, cruceros, generales, son hoy asuntos de los más banales; más nos importa un juego de pelota que un éxito francés, o una derrota de los austro-alemanes; no vale el Zar de Rusia lo que un guante 144


y Hidenburg es menos importante que cualquier cazador de “Los Samanes” Tan arraigado este deporte está, que lo practican, indistintamente, el chiquillo de boles en la frente y el señor de levita y de pumpá. Él no lo comprende mucho y “Bueno el base-ball será cuando se juega en Nueva York, en Londres, en Noruega, y en otros climas iguales; pero en estas regiones tropicales es cosa que no pega. Demos mejor empleo a nuestros días, y dediquemos esas energías que el deporte consume a nuestras costas, a otras cosas de auténtica eficacia: a sembrar caraotas, verbigracia o exterminar langostas.”

Ibídem, 435 145


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Manuel Ochoa

Saludo a Linbergh De New York a París, por sobre el puente móvil, bajo el sereno azul el Espíritu de San Luis el teje, como una alondra, un vaporoso tul Sobre nuestra Venezia la misma águila audaz, como sobre el encanto celeste de Lutecia, teje un velo de paz. Dichoso tú que tienes alas y primavera, que por el ancho espacio, de la montaña al mar, de horizonte a horizonte, pones a tremolar tu nombre y tu bandera…! Has llegado a la tierra de Bolívar, el Grande, Y Miranda, el Magnífico, 149


¡Héroe: los dos tienden la mano desde el Andes y tú, desde el pacífico!

1 Está precedido de “Once pinceladas biográficas”, por Laurencio Luciferal, a su hijo 2 Tiene un poema dedicado a su hijo, el luceferino, satánico, 1927 3 Otra, prosado, a la muerte de Ismael Urdaneta. 4 Y algunos, breves, vanguardistas, a lugares de éxodo París, Willemstad, Panamá, Valparaíso Estatua de rimas. Habana: Editorial Guerrero, 1949. 136 150


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Aquiles Nazoa

El Calvario Al Colón del El Calvario

Canta la estatua de Colón en el Calvario, olvidada como el paso donde se levanta, y a la que en ocasión del Día de la Raza de uno de los años de las década del 40 las academias y el Concejo Municipal no incluyeron en los homenajes al descubridor de América. En contraste hubo una en la estatua de los Caobos.

El transeúnte sonreído. Caracas: Editorial Grafolito, 1945 152


Mariano Picón Salas

Mariano en verso El milagro en la plaza del mercado: Aldino Nazoa. “Tan ocurrente” Sombrero de metáforas bullente en el que vive un mago capturado

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Juan Liscano

Poema a la juventud dolida y urbana (fragmentos) 7. Penumbra Cuerpos mudos y acuclillados gimen sordamente entre floraciones mortecinas de ojos sin pupilas y de labios exangües sedientos de oscuras axilas húmedas. Cuerpo suplicantes de amordazados gruñen roncamente en la penumbra de vuelos lentos de grandes aves negras con picos enlunados y a las de terciopelo morado. Pechos oprimidos con suspiros tibios y solitarios se duermen soñando rojas lluvias de claveles y de dalias en la penumbra sórdida y melancólica de atardeceres de cemento y de alcobas envenenadas. 155


Barcos de luces rutilantes bajo las estrellas echan el ancla de ensenadas turbias mordidas por serpientes de ojos fosforescentes y escamas amarillas. Inmensas figuras retorcidas y aullantes de greñas encendidas y labios corrompidos rondan las camas donde los jóvenes dulces sueñan canciones marinas 8 Inmensas figuras vestidas de lamentos y palidez de nocturna sábana manchada de ojeras se acuestan lentamente a lo largo de cuerpos dolidos y hurgan en la boca dura la raíz de la sangre hasta que el amanecer neblinoso empieza a llorar por las calles. Largas ramas de árboles crujen y se parten en la tarde ceniza y caen sobre los colchones de hojas podridas y amarillas. Largas ramas quebradas y rugosas con pálidos brillos de 156


flores descarnadas flotan en las aguas negras de espesas ciénagas burbujeante de larvas. Paisaje calcinado y desnudo recorrido por los clamores de los cuerpos jóvenes diluidos en la penumbra. Luz incierta La juventud busca un camino de luces y de árboles para su primavera. La juventud busca un río de cantos y de paz para su cuerpo. Frente a los espejos poblados de reminiscencias trágicas los jóvenes están sonriendo dulcemente, buscando un reflejo escondido, mirando un alba de palomas y de nardos puros. Para los edificios cúbicos y los puentes, los cuartos tibios como frutas podridas, los salones de los cines envenenados de fugas cobardes, las calles desoladas con cabeza aplasta de lombriz, 157


los muros inhumanos con puños y con clavos hirientes se cierran ante los pasos y ante las grandes voces juveniles Y ante los cuerpos ansiosos de recobrar el canto de la sangre Huecos grietas, puertas, señales, Se roban la energía de su caminar decidido. Largos animales reptantes se enroscan en los tobillos silbando viejas tonadas románticas. Manos afiladas como una rosa blanca entre los dedos cortan la fuerza de los tendones. Seres frágiles e incoloros –juncos crecidos a la orilla de los pantanos – se ciñen a los jóvenes con ternura de crimen y les chupan las arterias con largos estremecimientos sensuales, y les saborean pedazos humeantes de piel brillante que saborean Con tristes palabras sentimentales y aleteos los de párpados de terciopelo Péndulos. Carreras borrachas de turbias aguas inmundas. 158


Palabras babosas y tentaculares pero circunspectas como académicos. Perspectivas acuchilladas te gritos enemigos. Carne herida. Carne sola, gimiendo en a luz incierta que palpita entre los pendones gloriosos y las cortinas, los telones, las ventanas, las hojas de papel, las banderas heroicas, las chimeneas. Luz incierta agonizando frente a los bastidores desvestidos chillando y riendo con dientes de esqueletos, abiertos impúdicamente a la pureza y a la ilusión. Brújulas lobas. Brújulas adúlteras Rombos rondando hacia oscuros abismos submarinos. Campanas tañendo en las profundidades glaucas donde pasan los ojos y inmóviles de los peces translúcidos y las formas gelatinosas y succionantes las masas amorfas, sin voz, sin gestos, sin dolor, Naufragios nocturnos. Naufragios de claros barcos torpedeados Naufragio de la vida sobre rocas lamidas por pulpos fofos. Ventosas de aletas violáceas latiendo entre el musgo. 159


Dolor, dolor. Dolor. En los ojos de los jóvenes, de los jóvenes hermanos, hombres, mujeres, dulces como grandes vasijas llenas de miel y vino, parpadea, herida por el crimen y por la tristeza macilenta, la luz, la luz incierta, La luz de las primaveras exaltadas en un largo sueño tendido hacia la aurora. Grato Hay mensajes latiendo en la hora triste. Hay mensajes de amor que han recogido labios viriles. Hay mensajes de amor subiendo como estrellas nuevas en el cielo de América. Y el cielo de América está iluminado por una enorme esperanza ardiente como un sol. Y el cielo de América es distinto porque mira rostros hermosos de hombres morenos o negros, blancos por dentro como 160


palomas de paz. Y el cielo de Américas es nuevo porque llora, canta y ríe sobre cuerpos ocréaceos, broncíneos, oscuros, con un sexo vivo y con un alma que busca la voz para cantar una alegre canción de renacimiento. Cuerpos completos que la metralla no ha desgarrado. Cuerpos completos que los cañones y las bayonetas, y el barro de las trincheras y las ratas no han despedazado, enlodado, roído. Cuerpos completos que no han quedado prendidos de los alambrados ni han sido separados de la hembra y de la madre, Cuerpos completos que ven hacia afuera las flores y los animales, la tormenta y el dolor, la risa que sube como un árbol de pájaros. Cuerpos completos bajo el cielo de América dicen la vida y la aventura. Juventud detenida en las urbes podridas de ansias y de fórmula falsas, juventud sacrificada por los gobiernos estúpidos, gordos, 161


caníbales, juventud defraudada, engañada, torturada, asesinada cada día de nuevo por los asquerosos fabricantes de moldes y de naciones esclavas; en la América cabe esperanza más grande que estas ruinas solo las cuales lloramos (y así sucesivamente)

8 poemas. Caracas: Impresores Unidos, 1939. 162


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J.C. Silva

13 de diciembre Oh, fecha redentora!.. Parecía rendida a la barbarie Venezuela, y que siempre cerrada aquella escuela de civiles protestas, yacería. El pueblo, en tumultuosa algarabía, con su dicterio al déspota flagela… como también su indignación revela contra el cantor de la hosca tiranía… Se estremecen los cínicos histriones que forman coro al periodista insano… En los números anteriores sobre la Semana Magna. El mismo día publicaron el discurso de Nemesio Arturo López El 26 publican recitación de Rafael Bruzual, López en entierro de Marcano, 14 de diciembre de 1919 166


y al acechar los nobles corazones que encarnan el honor venezolano cae el vocero de inmundas ambiciones, quemado por la sangre de Marcano

En Sancho Panza. Director: Manuel Flores Cabrera. 24 de Diciembre 167


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Alarico Gómez

Desde Caño Amarillo hasta Zamuro Desde Caño Amarillo hasta Zamuro hago la cotidiana carretera, con un dolor de estatuas en la hombrera y una manga de amor por el cielo puro. Calle: raíz: aliento de carburo. Si el aire es girasol, coraza palmera, la oficina es un disco de madera girando hacia la boca del perjuro. Cristal de Italia y sed de Barlovento hacen de Coro un coro con el viento, y corre de los Teques agua fría… Caracas es así: ron sonajero Soneto: tono vallejiano -la Caracas del centro. Caño Amarillo del año 169


para un ex -habitante de Bolero que sueĂąa con un viaje a NormandĂ­a

Obras completas.Caracas: Imprenta nacional, 1963. 170


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Jacinto Fombona Pachano

Salutación a Lindbergh Así se vuela, Lindbergh!1 hurra, muchacho¡, futbolista con alas, corredor de nubes, pelotero de astros! A pesar de los rascacielos y los elevados, hasta cuándo la tierra, hasta cuándo los pies de barro y la conquista fácil a dólares y a puñetazos¡ Así se tienen puños, boxeador que de un sólo asalto, con un pie en Yanquilandia y otro en Lutecia, 1

Comentar la llegada de Lindbergh a Caracas, 1928 y su impacto. 172


tumbaste al Viento y al Atlántico¡ Así se ganan tiempos y voluntades, y en las 33 horas de espectáculo se tuerce así la angustia del mundo en una hélice! Bravo, muchacho! Puedes volar bajo mis cielos y sobre mis montañas, mis ríos y mis llanos, que saludarán todos a tus proezas, ya que no con asombro, con entusiasmo, con el entusiasmo sereno de los que están acostumbrados, porque aquí antes que tú, Carlos Lindbergh, voló el Cóndor y saltó el centauro!… Aquí sabemos de eso… Pregúntalo, si quieres, a los abastos, Y cuando te respondan toma mi canto. La muchedumbre de Boston Y la de Nueva York y Chicago, al fin ya tiene su doctor en nubes, ya tiene su nefelibata. 173


Nefelibata de motor y acero, águila con esencia, tal fue el milagro… Mas la esencia es espíritu En el nombre del santo: San Luis, no hay que olvidarlo, rey latino, conquistador también de cielos los altos. Así se borran fronteras, Coronel del Espacio, ciudadano del mundo¡… Bravo, muchacho¡ que a espalda del maestro rompes la geografía¡ Yo también, las fronteras, las he borrado. De otro modo, pensando en Nicaragua, no sería posible mi canto2, Carlos Lindbergh, ciudadano del mundo, más que de ninguna patria, humano, universal y de todas. sin convencionalismo geográfico ni zarzuela de cancillerías ni decoración de tratados… Alusión a Sandino, tacita y predicción del “devuelve un mi canto” Sentido cosmopolita de la aviación y del héroe; espíritu abierto de la época. Caracas en abanico. Lenguaje a veces prosaico 2

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Así se borran fronteras¡… si no es así, devuelven mi canto.

Hasta reventar. Zulia: Editorial Universitaria, Universidad del Zulia. Facultad de Humanidades, 1966. 37-38 175


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Gonzalo Carnevali

El romance de la abeja Flor de mi barrio, obrerita que para vivir trabajas; abeja de una colmena donde se agestan tus alas, y donde la miel que forjas en otros labios se escancia y la cera que fabricas nunca te dará su llama --Sustituyes un monótono rumor de telas que pasan, y un ir y venir de aguja y un lento girar de máquina… --Los bolívares que ganas por mucho que los estimes, convéncete, no te alcanzan. 178


Hay que trabajar de noche y prolongar las veladas bordando para las otras los trajes que a ti te faltan.

(Menciona el cine, la tela de zaraza, la honradez, etc.) 1 En 1927 el tema obrero recae mayormente sobre la obreras, ­sector en que puede disimularse con caritativismo y conmiseración el planteamiento – difícil para entonces y demasiado novedoso para la poesía – proletario. Aludir a los obreros, en 1927, habría ­significado en un poeta progresista rebeldía. Ni la censura lo permitía, ni los daríos lo habrían publicado. 2 Incluso, parece preferible hablar de “obrerita” antes que de o­ brera. Esto le da al tema un carácter más terlicniano, de comunidad ­animal, en que las simpatías van hacia la abejita explotada frente a la ­abeja madre – sin duda la clase social poderosa – estereotipada en las “otras” que se ponen los trajes confeccionados por la “obrerita” en el proceso de creación de bienes de la sociedad mercantil. 3 Un elemento de rudeza expresiva, prosaico en su mensaje, los ­bolívares, dan noción del trabajo asalariado. El Heraldo. Año V, Mes VII, N° 1441. 26 de enero de 1927 179


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Olga Capriles

Joya negra

(Cuento de A. Fernández García)

Mientras el sol moría en el ocaso, el campanero repicaba paso; y desde la alta torre contemplaba la ciudad que ocultaba a medias la neblina de la tarde, como una gasa fina. (Luego sigue: las mujeres, la araña) ... El campanero contempló la araña, viéndola en una fantasía extraña qué le prestaban los brillantes ojos del sol que muere, a los destellos rojos; 1 (Ojo: trece años tienen 1910) 2 Comparar con el cuento En Alma venezolana. Año L N°11. 10 de agosto de 1910 181


y de Caracas el paisaje hermoso medio oculto por un velo brumoso.

Directores: A. FernĂĄndez GarcĂ­a L.M. Urbaneja Achelpohl Incluye Varios: Joya Negra La tarde El camello rosa 182


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Rufino Blanco Fombona

Las alas inútiles Ya no soy el que era. Desapareció el arranque de generosa irreflexión; al chorro de la gárgola, el sueño del estanque suceder, la calma a la acción …. Mi corazón se muere en la cruz. Tengo cien años ¡Qué pronto! Ya soy aquel.

Es el clasificado como 13, pertenece a la parte tercera “La crucifixión” Sentimiento de envejecimiento. Comparar con sus “arranques” posteriores 184


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La visión Olor de rosas y batir de alas me despertaron en la celda umbría. Me despertaron no; que no dormía Pésima noche entre mis noches malas. Quién eres, di, le pregunté, que exhalas tal fragancia y frescor, Epifanía? Tomo en sus manos la cabeza mía de pelo en greñas y de barbas ralas. Giró la vista en torno al calabozo; creí escuchar mi intimo sollozo, y nada… La visión desaparecía. Algo llevóse y algo me dejaba No incorporé sobre el jergón ¿Soñaba? 186


Era … la que era. ¡Y no la conocía! Segunda parte El madrigal de las lágrimas ¡Qué días tan largos! ¡Qué noche tán lentas! El tiempo no corre ¡y dicen que vuela! Sábanas mordidas, violáceas ojeras, lapicero roto cales de la celda pedid a los pájaros de antiguas leyendas, la voz encantada, las alas de flecha. … que sin sus amores 187


y en cárcel, comprenda ¡cuántas penas caben en tan chica celda! La hallaréis, si es de día, regando macetas, ó al piano, ó que borda petunias de seda; Si la prima noche, junto a la canela, en torno á la madre, la vista al poema. … No quiero que el llanto moje su poema, ó la partitura, ó la flor de seda. Aunque preso, triste, sus lágrimas fueran, bálsamo a mis úlceras, 188


y a mi noche, estrellas. Antes de la prisión y el destierro Bastaría un terno

Bécquer, Heine, Verlaine, vuestros pesares cupieron en minúsculas canciones: amargos , negros y profundos mares. Palomita mensajera Sobre un arco en la prisión, cayó un copito de nieve: es una paloma breve, blanca como una ilusión Viene del cielo turquí, abre su pico de rosa y me dice, cariñosa: -Está bueno, y piensen ti

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Tercera parte La crucifixión El vuelo de psiquis

A Alfredo Arteaga

Me abruma el calabozo. Cruzan mi alma inquieta pensamientos oscuros; y rómpense, al abrirse, mis alas de poetas, contra los cuatro muros En sepulcro ¡viviente! Son eternos los días! y las noches eternas! Las Penas me acompañan. En mi torno hay espías y grillos en mis piernas. Pero al cerrar los ojos: (luz, campo, cielo) miro romperse las cadenas; y al brazo de mi novia en el jardín respiro magnolias y verbenas Gozo el aire, las nubes, y el chorro del estanque, frescor como mi amada … ¿FRESCOS? Alguna cosa es bueno que el Déspota no arranque ni ten190


ga encadenada.

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Buscar en Planchart y Semprum la versificación de RFB Encaminar el Vuelo de Psiquis y lo de Déspota. El Notar que Némesis son dos. 191


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La crucifixión En la celda: blancor y calma en cuadro de dos y medio metros hay algo en sombra y pena: el alma del mártir y sus ojos tetros Alas inútiles

Caído en la nasa devoro sin tasa amargura, Mi alma ¿qué pasa? Alumbra tu casa, oscura Me privan de cielo. Me espían. Recelo. Y en tanto… ¡Sentir este anhelo de vuelo, de vuelo,

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de canto! Némesis

A Celestina Peraza

Verdugos blancos, negros, bicolores me injurian preso y en quebranto, roen mi alma, escupen mis dolores, y beben, gozosos, mi llanto. ¡No importa!El mal de tregua. Acaso un día el odio vengará mis penas. … Ese día será el diente por diente y ojo por ojo talionario Jesús fue Dios. Recordaré inclemente Calle de Amargura y Calvario Diálogo sin más ni menos

–Señor Alcaide, un lápiz, una pluma. –¿Para escribir a quién? –A nadie: versos, prosa, nada en suma, le respondo tocándome la sien –Escribir no se puede. 195


–Bien, el físico, me consume un dolor intercostal. No como. Si estoy tísico. –Aprehensiones de Usted, dirá el doctor avise en casa, a ver…en? –Y si por sulfonal viene estricnina y un proceso me a va a comprometer! –Enceldados, sin libros, mustio, enfermo, me muero de aflicción –Haga usted lo que yo que como y duermo… Adiós. Ya sabe: á su disposición.

Viene luego la cuarta parte: Sursum Corda. Alas inútiles y Némesis reaparecen. Destacas la brevedad. Examinar en el diálogo cierto tono vallejaiano y a la vez de prosismo crudo. 196


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Andrés Bello

Octava a la muerte del I.S.O. Francisco Ibarra, Arzobispo de Caracas Cambio Sión la pompa de alegría por el cilicio y el oscuro velo, sólo una voz profunda noche y día rompe el mustio silencio de su duelo. Murió mi padre, mi Pastor, mi guía! Dice las manos levantando el cielo. Llore Sion, ¿qué extremo habrá que cuadre a su justo dolor? Es hija y madre

Se publicó en crónica Eclesiástica de Venezuela (Año II, Semestre 4, N° 90. Caracas 26 de noviembre de 1856), gracias a la devoción del prelado Mariano de Talavera y Garcés, gran admirador de Bello. El Dr. Dn. Francisco de Ibarra fue el primer Arzobispo de Caracas. Falleció el 19 de septiembre de 1806. Hay que datar este poema poco después de tal fecha. (Comisión Editora. Caracas) Poesías. Caracas: [s/n], 1952. 27 199


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Eduardo Arroyo Lameda

Momentos Introducción Amigos, son momentos, nada más que momentos… No imaginéis un trazo de alma definitiva: Emociones fugaces, rápidos pensamientos, breves palpitaciones sobre la carne viva. La efigie de mi alma? Pues un alma cualquiera… Yo querría que fuese menos triste y vulgar; que inmortal ondease como una bandera el triunfo en tierra firme y otra vez en el mar. ... Con frecuencia me exhibo taciturno y apático, Y aburro con mi modo de ser: un displicente. Soy un hombre callado; soy un hombre que siente; 201


en fin, amigos míos, soy un hombre antipático. El soy un hombre antipático, si no es en los momentos en que el remanso pierde su fastidiosa calma, y a las guijas que arrojan sutiles sentimientos, tiembla la superficie de cristal de mi alma. Ímpetus sufro a veces triunfo de un poeta de kábila e ímpetus de ternura mansa como el romero; ¡una vez que de pronto vi la gloria del Avila me avasalló el impulso de lanzarle el sombrero! A ratos me sorprende, cual dulce panorama de luna en la onerosa travesía de un monte, cierta melancolía que mi espíritu ama como si definiese mi único horizonte. Me exultan las mollares huertas del misticismo, y di en la flor un día de imitar a Tolstoy; diez y siete años eran mi lote; soy el mismo, pero ya por senderos más ordinarios voy. Amo, como los viejos infantes españoles, del campo las dulzuras… pero cosas más raras! nunca he gustado estarme ni un mes a sus resoles, 202


en el cobijo rústico, junto a las fuentes claras.

Sigue: Es un autorretrato de “sabroso egoísmo”. Inexplicable excepcionalidad en la poesía del 14 El empalme tolstoyano: 1905 1911. Sus sonetos, el de Arvelo. La pureza y sencillez del lenguaje El carácter: soledad, aislamiento. No habla de “neurosis” neurastenia, etc. 203


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Pedro Arismendi Brito

Idilio de mañana

(Cerca de Puente de Hierro)

Esfúmanse en la altura los albores Que tras las negras sombras lanza el día Y ruborosa apunta la alegría De la aurora con todos sus primores. Al lento parpadear de los fulgores Que las estrellas dan en su agonía Pausadísima, eolia melodía Bendice el himeneo de las flores. Lleva en tus ondas y acaricia el Guaire La ardiente imagen de las nubes rojas Con que medio horizonte se ha prendido; Y las aves estrechan en el aire, Es un amanecer. ¿el puente de Hierro castrista: mabiles , juegas? 205


Y sonriendo feliz entre las hojas Con sus ternuras aparece el nido.

Âżun Guaire que refleja nubes? Versos, apenas verso. Caracas: TipografĂ­a Americana, 1911. 94 206


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José A. Carrillo Nava

Tristezas y deseos ... Así como las aves Prueba el aire de nuestra ardiente zona, Innumerables naves, desplegada la lona, surcan aquí las ondas del Garona; Más el Guaire prefiero Que entre guijarros y menuda arcilla, Como el tiempo, ligero, Lleva su onda sencilla De cañas y de sauces a la orilla; ... A las patrias riberas Vuela entusiasta el pensamiento mío,

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... Canto ese altivo monte, Ese Avila, magnífica atalaya Que mira el horizonte, Omnipotente raya Que el mar en vano quebrantar ensaya ---¡Quién el poder me diera De cruzar en el raudo torbellino La terrenal esfera O con el Sol divino Hacer del diurno y perennal camino… El atrevido vuelo Detener en los campos de esmeralda De mi nativo vuelo, Del Avila en la falda Qué tiñe el sol de púrpura y de gualda 1 1834-1891. En “Rojas Bibliotecas”, léase la siguiente escueta nota: “Díez años hace que reside en Europa, ocupando la profesión del comercio, y sus compatriotas, aunque se alegran de su bienestar, lamentan su ausencia” (v.p. 746). Fue Cónsul en Burdeos y en Hamburgo. En París fundó la “Biblioteca Bolívar” que hoy forma parte de la Biblioteca “Mazarino” del Instituto de Francia. 2 Comentar la en poesía de emigrados: [ilegible], Pachano, Hera clio 209


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[s/n]

Blazón sincero

A la F. E. V. en el momento actual, por sus destacadas jornadas cívicas, en el inolvidable “14 de Febrero” y en las grandiosas jornadas de Junio. Al pegar el grito de, nuestra República recupera sus derechos autónomos o nuestra ­sangre servirá de alfombra a los tiranos,

Salve noble adalid yo te saludo y veo que tu paso de gigante únese con tu alma y con tu escudo la tierra prometida, no distante. El cetro has empuñado en la conquista con denuedo y valor, siempre oportuno tus órdenes serán ley imprevista que la mole derriba uno por uno. Tu blanco pedestal con energía la promesa será del continente 211


que en gira gigantesca se prepara. Tu nobleza será brillante guía sin que falle su rumbo hasta Occidente cuál si fuese un Colón del pueblo Mara.

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Luis Alberto Crespo

Breve referencia Desde que fui a lanzado a la ciudad mi madre me había prohibido rebelarme Por entonces fumaba. El café oscureció mi mirada largo tiempo (he visto fantasmas enriquecerse con los extraños minerales de mi ojos) Como en los patíbulos atravesé una puerta vacía Esperé que la ciudad regresara del desierto Después la encuentro detrás de la lámpara tomo sus labios soy torpe y ella entra en los prostíbulos Viví de otros senos Contaba con pocos libros para viajar en primera a Alejandría Luego comenzaron los disparos Mis amigos me dijeron debes colaborar 214


Yo venía de un pueblo sin aves en franca anarquía con el fuego Y grité y escribí sobre los muros cartas acerca de la desesperación Desgasté los bordes de la ciudad los mismos soles de siempre. Utilizo mi corbata aún frente al mar para ocultarme del enemigo No por eso dejo de asesinar a mis hijos en los lavados del prostíbulo Sueño con lascivia en la rebelión en el arlequín de ordenada tristeza que se lanza por el tragaluz del fusil y enrojece la colina Decidme dónde encontrar la yesca para acabar con mis máscaras mis ademanes de bufón frente al espejo… Dispongo de pocas sonrisas Ella en cambio reduce el papel de su boca, a incluir el viento en su corazón (un solo disparo junto a la lámpara y su cuello de Guerrero) Es junio. HAA (Revista Literaria Trimestral) Caracas: Ediciones de la Univer sidad Central de Venezuela, 1964. 49 215


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Juan MartĂ­n EcheverrĂ­a

Poema XI En casa de mis padres viven un hombre y una mujer En la oficina trabajan 257 personas y media El dĂ­a de la independencia 100.000 ilusos corean el himno nacional En la esquina un mendigo estira la palma Mientras cuenta mentalmente sus viruelas. En mi escritorio una sombra jadeante suelta de vez en cuando un alarido Y en alguna parte un valiente retrocede Al mismo tiempo Un hombre y una mujer 257 personas y media 100.000 ilusos y un mendigo 217


Sobreviven En casa de mis padres.

Lírica hispana n° 293. Caracas: Editorial Sucre, 1967. 23 218


Caracas 2000 mamĂĄ si quieres pan descuelga la ametralladora

IbĂ­dem, 31 219


Parasuicidio Walter 38 Un dedo sobre el gatillo Y un disparo abandonado El espejo salta en mil pedazos.

IbĂ­d., 36 220


Niebla Campanadas -9 menos 20Cuarenta centímetros borrosos de madera Una rodilla un abdomen dos ojos y otros etcéteras. –resumen de cada guerra collar de angustia hecatombe– Como todas las mañanas –a las mismas campanadasEn el parque un cojo se pasea Hace niebla

Ibíd., 30 221


Poema XXXVIII una hoja muerte un recuerdo vacío cigarrillos y juan martín dame un pan una rosa media sonrisa algo

Ibíd., 50 222


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Guillermo Ferrer

Canto a Caracas Caracas, no ha doblado para ti las campanas anunciando tu muerte. Caracas, la que llevo en mi boca, la que llevo en los ojos, la que me duele toda como si fuera siempre luz de mi propia carne, ¿Agonizas? ¿Pereces? Aquí estoy yo apostado sobre tu itinerario. Aquí estoy, tierra de hombres, adobe sobre adobe pagado con mis lágrimas. No te busco, te llevo como un cauce que limpio corre al delta a dónde están tus campanas. No quiero, en vano, decir que eres jardín del Avila, o una doncella triste dormida para siempre entre los chaguaramos. Ya no eres la ciudad de los techos rojos. Eres pueblo, corola humana, vida recorriendo las calles en busca de la miel de tus colme225


nas. Eres la sangre que lucha entre las balas. La trinchera que se alza a los ojos de los tiranos. El abecedario de la libertad de las mañanas. La que saluda con el corazón de todo el continente. La que siempre se levanta cuando a palos la humillan. La que saca el fusil cuando está preso en hijo. La que sonríe siempre cuando le hunden las vísceras. La que escribe en las cárceles poemas a los vientos. La que bendice heróica el plomo de la tinta. Yo no quiero que te llamen libélula del valle. No quiero que en nombre de tus héroes depositen ofrendas en lugares de por sí consagrados al oro de los siglos. Quiero verte marchar, a pie, con el pueblo en tus hombros, desterrando la sangre de los estudiantes fusilados, triturando las puertas de las cárceles y sentir por la tarde tu aliento victorioso en los labios. Así, así quiero sentirte, tal cual y como eres: madre, maestra, soldado y estudiante a la vez. Apenas hasta hoy te han cantado en tu esencia. Sólo ha encantado al ornamento de una ciudad qué mueve sus brazos prodigiosos hasta tocar las nubes. 226


se han conformado con decir: “ nuestra doncella se entra temblando por la espesura”… “ Largo pueblo, aromado de jabón y escuelas”… ¿Pero es que acaso vives de remedios de espuma? Allá el que quiere hacer de su canto un jolgorio. Yo en cambio veo tus pies acorralados, tu linfa purpurina, sus balcones en que cruces. No estoy soñando, cielo, por favor, Dios me libre de estar soñando ilusorias verdades. No, me imagino tu autonomía universitaria pisoteada, no imagino los rehenes, por el solo delito de que quieras ser libre de nuevo, ciertamente hay excusas, sermones, oficios, condecoraciones “ para todo el que quiera estar bien con la patria”. Pero a ti no te engañan, Caracas, no han doblado para ti las campanas anunciando tu muerte. Vives, vives, combates en la escuela, en las calles, en la pluma brillante de los poetas jóvenes. Eres el corazón de Venezuela. Por algo eres la cuna de Bolívar.

Ver la relación AEB con Guillermo Ferrer Canto a Venezuela. Maracaibo: [s/n], 1967. 41 227


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[s/n] Acudiendo a tu seno, presurosos cuerpos ventrudos togados de miseria. La escuela, que se había detenido en los hospitales de su tiempo, se puso a dialogar en su traslado e idealizó su anhelo. Por la trayectoria de tus venas navegaron los sueños y el brazo del obrero construyó los cimientos. Se estaban realizando los deseos para verte construída Fuiste horizontal, para el futuro 230


como las dimensiones de tu pueblo y el fruto en la adultez te creció vertical, para la savia de tus sufrimientos Junto a los corredores que bebían la angustia del lamento, el patio fué un refugio para el llorar del eco. Tu crecer fué como el anuncio de un resurgir sediento, junto al surco mismo del suceso que anunció la llegada, como las naves del descubrimiento. Todos hemos vivido tus desvelos y los galenos que iniciaran y los que perecieron vivieron tu perenne arquitectura preñada de silencios. En tu matriz se han embrionado miles de pobladores de mi tierra, 231


misioneros de hoy en la aventura que pregonan tu esfuerzo. Obreros y estudiantes, profesionales de todos los matices de tu pueblo; cosecha que venera tu manantial materno. Te ofreciste como polen vital madre, nodriza, incubando lamentos hacia llanos y cerros y el dolor de todas las mujeres te germinó por dentro. Sobre los cuatro vientos que circulan tu cielo, se elevó tu estructura’ , y sigues señorial como tu origen, junto al cauce desierto. II Se te fué agigantando el universo y uniste tu dolor al de tu pueblo, Maternidad venezolana, semillero de sol para tu suelo, 232


lanza tu grito airoso vegetal de milenios, para que las generaciones se idealicen en tu vientre.

N. del ed.: No se registran datos bibliogrรกficos 233


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Heraclio Martín De La Guardia

A José Antonio Calcaño Maestro, amigo, hermano, no ilusoria Es la noble ambición quiere genios inspira; Es inmortal la vida de la gloria, Es inmortal el canto de la lira! Descansa del empeño generoso Sin que ya por tu nombre te desveles; El patrio amor vigila tu reposo, Y esto lecho de rosas y laureles. Duerme así en paz, obrero de la idea, Que con la tarde la fatiga abruma; Y fué muy bella y larga tu tarea É irradió mucha luz y amor tu pluma. Mas, al verte dormir, mi pensamiento Desandan de la vida la carrera, 236


Y me vuelve otra vez á aquel momento En que nos vimos por la vez primera. Aún niñas nuestras almas se encontraron El nido protector dejando ufanas, Y al verse, con placer se saludaron Como antiguas amigas, como hermanas. Juntas las dos al aire alegremente Tendieron luégo las inquietas alas, Cómo va el ave rápida, impaciente Cantando dichas luciendo galas. La tuya, más feliz, rauda subía, Celebrando la vida y sus encantos, Y siguiendo su estela iba la mía Enamorara de sus dulces cantos. A ambas soñaban encontrar más lejos Un nuevo sol, que más hermoso fuera, Envuelto del amor en los reflejos, Que aquel alegre sol de primavera. ¡Cuántas veces en las dos, de oído á oído, 237


Extrañas confidencias se dijeron, De un sueño á una mirada concebido, Y desesperanzas que al soñar nacieron! Ir desde entonces aprendió tu lira Los secretos coloquios de las flores, El querellar que la torcaz suspira, Y del aura y la fuente los rumores. Y el verde soto y las tupidas frondas Del blando Choroní te oyeron luego, Al compás de los vientos y las ondas, Trovar suspiros, preludiando el ruego. Y después viste acompañar tu canto, Cual aves del reclamo al atractivo; A Abigail1 con música de llanto, A Terepaima2 con cantar festivo. Y unidos todos, del tranquilo Guaire O del agreste Anauco en los alcores; Los ecos iban conmoviendo el aire, 1 2

Abigail Lozano Juan Vicente Camacho 238


Al repetir las cántigas de amores. Más, los estrechos lazos se rompieron, Y cada uno por diversa senda, Con suerte inestable, por la mar salieron En otros campos á plantar su tienda. Tú allá de Albión bajo el plomizo cielo Fija siempre tuviste la mirada, Con un eterno y cariñoso anhelo, En esta hermosa tierra tan amada: Y vistieron tus cantos inmortales El cambiante matiz nuestra flora, El lujo de las noches tropicales, Colores de la tarde y de la aurora. Y tornaste por fin, soñando acaso Hallar lo que dejaste á la partida, Y tumbas encontrando á cada paso Lloró tu alma al desengaño herida. Hoy tornas á partir: ¿A dónde? –Ignoto 239


Es el mar silencioso รก que te entregas; Y todo lazo con la tierra roto, Solo en la oscura inmensidad navegas.

N. del ed.: No se registran datos bibliogrรกficos 240


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[s/n]

Mi ofrenda A la ilustre Universidad de Caracas

No el donaire gentil y muelle halago De la tierra torva que el amor sublima; No palabra ideal, sonido vago Que el brillo solo estima: No el estruendo y fragor y crudo estrago Del fiero Marte, en impetuosa rima Pide รก mi voz la majestad augusta Del recinto, el concurso y noble objeto Que el รกnimo suspende: Mi corazรณn enciende: Mรกs generosa llama Y el sacro fuego de la mente inflama. Quisiera yo seguirte en mi ardimiento Por los valles profanados En pos de aquel divino pensamiento Que presidiรณ los mundos! 245


Mas… jactancioso anhelo! Inútil el esfuerzo, que es en vano De la ciencia del cielo Decir la excelsitud acento humano. Corazón en que vela El ángel bienhechor de la conciencia, Fé que no duda y que la gracia inspira, Amor del bien que purifica el alma Y baña en amplia luz la inteligencia Pueden con mano pura Descorrer esos velos En qué de Dios y la majestad fulgura! Puedes oír sin susto Esa lengua de llamas Con que el sumo hacedor habla á su hechura De los misterios de su ser augusto! No es yo, pobre mortal, que me deslumbró Y ante él mi frente con respeto inclino! __ Quisiera contemplarla, Cuando va diligente Sobre risueños prados, Y cada planta y flor da su corriente Colores o perfumes 246


De los vulgares ocios ignorados, Cuando discurre luego Por los ocultos senos de la tierra Y al milagroso riego, Hasta el átomo leve Que en la profunda oscuridad se encierra Gloria a ostentarse de su Dios se atreve! __ Oh! ciencia! ¿Quién osara, Nuevo robusto Atlante Con atrevida idea, Cargar sobre sus hombros Ese mundo gigante Que á tu poder la inteligencia crea?... ¿Quién al amor de la virtud movido Pudiera sin tu apoyo soberano, Llegar al escondido Foco de luz, que concentrando ardiente, Cuanto hay en ti de grande y sobrehumano Con la aureola de Dios ciñe la frente?

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Alma predestinada que adivina Allá en la oscuridad un mundo extraño, Aristóteles fue la luz divina Qué te mostró á lo lejos, De una gloria más alta los reflejos; Y Sócrates, Platón desde esa cumbre Colosos del espíritu y la fama Los astros son á cuya clara lumbre El imperio del alma se proclama!

Leída en la Cátedra, en claustro pleno Premiada con una medalla Comparar con Estévez N. del ed.: No se registran datos bibliográficos 248


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Emiliano Hernández

Caracas Alma fugaz de actriz, frágil y fina, y panorama de esplendor romano. Veneno en como de oro de tu mano y clavas, entre rictus, una espina. Eres entre española y florentina; el ademán, patricio y cortesano, con firmeza de acero toledano y sonrisa jovial y bailarina. Llevas espada y pandereta al cinto; hay de araña y de cóndor en tu instinto; luces, con gesto igual, vidrio o diamante. Y en esta dualidad, ingrata y grata, tienes, como la más coqueta gata uña de fiera y suavidad de guante. Musa gitana. Maracaibo: Imprenta del Estado, 1964. 47 253


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Polita de Lima

Átomos La amistad una armonía, El dolor es un gemido, El amor la melodía, La pasión es el rugido, Y el corazón es el arpa De donde brota el sonido! ... La fiesta es un enjambre de colores, martes de carnaval, y un carnet de baile miré escrito un programa especial: “El valse es la cadencia de las almas, “ preludio del amor, “la danza es la armonía de una endecha “de amante trovador, “la polka, del compás es la locura, “la locura mayor, 255


“y la mazurca, nervios que se agitan “en febril conmoción “el cotillón, final que nos indica “termina la reunión” ... Y si el valse, la polka, la mazurca, la danza, han de pasar, á que ese afán?.... El cotillón no tarda la fiesta en terminar

La fuente bibliográfica está escrita a mano y no es claramente legible, pero se aprecian los siguientes datos: Curazao (ilegible) A. Bethen court , 1897. 256


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Arnoldo Molina

El alma mater después Los libros dispersos en la noche me señalaban el camino, de batas blancas colgadas en un mundo oscuro de ciencia. El Alma Mater lloraba y sus lágrimas, al caer iban limpiando rápidamente la gruesa nube de humo que dejaron los camiones militares. Los cascos y bayonetas, se habían marchado; dejando heridas el vientre y los senos de la madre noble, sola y triste quedó, en su lecho tinto de sangre. El frío me calaba hasta los huesos; y el viento tocaba su música trágica, haciendo sonar los montones de vidrio, papeles y máquinas arrumadas por doquier 259


Los espectros del mal la habían dejando exhausta; se fueron enarbolando falsas banderas de victoria; pabellones de sangre y dolor, banderolas de calor y miedo. Se fueron ELLOS , los que traicionaron el patrimonio noble de sus hijos, los que mancillaron la virginal estirpe del estudioso mancebo pueblerino. Entre sábanas y pupitres se pasearon, blandiendo la espada de la falsa verdad. ella está allí, soportándolo todo, calladamente como Cristo en la Cruz como Juana en la hoguera. Mientras…, yo seguí caminando entre papeles y lágrimas Recordando las voces juveniles del ayer, que hoy no se escuchaban. AMANECÍA

Lírica hispana Año XXIV, n° 292. 1967. Caracas. 37-38 260


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Miguel Otero Silva

La octava voz del coro es la de la ciudad Están secas, sin voz bajo el cemento, las quebradas de dulces nombres indios, sin vuelo ya los pájaros de jaspe y obsidiana, sin vida las lavanderas negras de cuyas manos nacía la­ espuma como una cabrita. Fueron abandonados los viejos camposantos de bóvedas gregarias, talados los cipreses que servían de puntal a las tardes de gasa y heliotropo, olvidadas las mujeres de luto que cortaban llorando siemprevivas para sus novios muertos. Cayeron derrumbados los umbrosos conventos olorosos a incienso y limoneros, retornaron a sus negras colmenas las abejas de cera que alumbraban la caída fluvial de la cabellera de la no 262


vicia, y se extinguieron los sollozos del órgano que enturbiaban la rosa del Veni Creator. Las manos del pueblo arrastraron una y otra vez los caballos metálicos de las estatuas ecuestres, y en la maraña zafía de los basureros, en el lodo imuro que la noche destila bajo los puentes, relucieron como monedas falsas las letras doradas de las lápidas conmemorativas. Huyeron como Casandras locas las epidemias que nunca fueron vencidas por las rogativas a Santa Rosalía de Palermo, acallaron su estruendo los fantasmas sumergidos que­ estremecían los muros encalados, sacudían las candorosas torres de las iglesias y hacían­ correr a vírgenes desnudas gritando misericordia. En la pequeña gruta temblorosa y ávida que dejó la raíz del samán, fue remachado no sembrado el frío mástil de piedra del obelisco

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y los motores de los aviones apagaron como una lucecita el rezongo campesino de las chicharras. El río sórdido fue sepultado vivo, ocultado a los ojos de la gente como un estigma, los gallos no pueden cantar en los tres metros cuadrados de los apartamentos, y los perros encuentran una muerte de mármol en el­ amanecer plomizo de las autopistas. Trepados a los altos andamios, aferrados a las riendas de acero, despeñados por el canal de gritos y metales, hombres entristecidos por recuerdos infantiles de oscuros pinares y muñecos de nieve, cruzados por invisibles cicatrices de acosamiento y éxodos, hablan lenguas extrañas, murmuran ritmos extraños, de­ espaldas a su misión de levadura y a sus propósitos de olvido. Todo ha cambiado menos el augusto perfil de la montaña y yo, mis estratos de historias y leyendas, mis aluviones de alegrías y llantos, que tampoco he cambiado,

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que soy el mismo patio provinciano donde se abrió su­ gracia como la flor del jazminero. Yo que siento latir bajo mis bucarales las hormigas que­ nacen de su corazón enamorado, yo que guardo sus huesos de poeta en el pliegue más tibio de mi sexo de tierra y habré de reintegrarlos a la luz de los cielos en el tenue milagro germinal de la hierba. Yo que quisiera despertarlo solamente un instante para contarle cómo los hombres de tierras extrañas que trepan a la ramazón de los andamios y empuñan las bridas de las máquinas han comenzado a enamorar a las mujeres con sus versos y a llorar con su llanto a las madres muertas.

Elegía Coral a Andrés Eloy Blanco. Caracas: Tipografía V ­ argas, S.A., 1958. 47 265


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La Rotunda I Escuchad las voces del hierro: el aullido de las puertas pesadas, el parloteo de las llaves, la queja larga de los grillos, el frito seco del remache. Escuchad! Escuchad! La vibración de un grito humano entre los sonidos metálicos. La corneta y el tambor sonando desbocados para ahogar el grito. Escuchad las voces del mando y cómo silba el látigo y cómo cae el látigo sobre la carne fresca. 269


El grito humano es alarido y luego murmullo y se torna alarido otra vez y después quejido y es llanto y es silencio al fin. Pero el látigo sigue cayendo y silbando isócrono cual si fuera el péndulo de un reloj dantesco. Y a sus fibras se adhieren piltrafas de la carne fresca. Y hay un hombre que cuenta los golpes y grita: Más fuerte! Y hay sangre en el patio. Escuchad cómo tocan a diana. Ciento veinte y cinco! ciento veinte y seis! Lentamente se apagan los gritos. En el corazón de Caracas están matando un hombre a latigazos. 270


2 Mirad, mirad ahora! Un poco más lejos han colgado a un hombre. Al desatarlo de la soga se desmorona desarticulado como si estuvieses vacío. Vedle la cara intensamente pálida. los ojos teñidos de muerte que se asomaron a la muerte misma. Las manos crispadas de horror Que buscaron apoyo en el vacío. Los pies alargados por la angustia de asirse a la tierra. Como el latigueado del patio ya tampoco grita. Ya no es un hombre. Es un guiñapo. La sangre corre por los muslos flácidos. Y lo abandonan en la tierra, para ver si lo acepta la muerte. Abrid los ojos totalmente!

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Mirad ese hombre que han colgado en el coraz贸n de Caracas. 3 Aceraos a la reja de aquel calabozo siniestro! Calabozo estrecho y tenebroso como la tumba misma. Calabozo que guarda un hombre exhausto sembrado por los grillos. Acercaos! Ese hombre agoniza de hambre y de sed. Sus labios resecos murmuran a煤n palabras recias de combate. Sus ojos se aferran tenaces a un recuerdo de agua clara y de pan blanco y tibio. Los grillos! Los grillos! Siente cual si tuviera el mundo amarrado a los pies. Se

muere. Lo matan. 272


Su vida se esfuma en silencio. Acercaos! Acercaos! En el corazón de Caracas no hay agua ni pan para un hombre que muere de hambre y de sed. 4 Son hombres! Son hombres! y son más que hombres porque ya conocen el dolor en todas sus fases tremendas. Y son más que hombres porque se lanzaron a romperse el pecho contra la muralla de horror y de muerte. Son hombres barbudos y desencajados sin más horizontes que cuatro barrotes de hierro y sin más caminos que sus cicatrices. Anclado el impulso a los grillos, enmohecidos los músculos, pálidos rostros in sol. Y a los recuerdos no desencadenan 273


aquel tropel de sensaciones tiernas: han recurrido tanto a los recuerdos que se han tornado inútiles como las fuentes secas. Y hasta el pensamiento se estropea las alas y en las cuatro paredes oscuras se pone a dar tumbos como un pájaro herido. Allí están compactados lo hombres esperando la muerte y mirando morir a los otros. En el corazón de Caracas… 5 Pero id más adentro que en un calabozo del fondo hay uno que habla y otros que escuchan. Y en la propia palabra del hombre que habla explicaos la tiniebla que visteis. Oíd

como dice 274


que cárceles torvas y torvos verdugos tienen un sentido de fusta negrera al caer sobre las espaldas esclavas para extraer más frutos, más metales, del amargo sudor de los vencidos. Oíd como anuncia que las manos rudas de los explotados han de hacer añicos cárceles, verdugos, grillos y torturas. Mirad su entusiasmo que lo torna ágil con los grillos puestos al hablar del glorioso estallido que hará crujir el cielo como una tempestad. Oíd como habla! Ved como lo escuchan los pálidos rostros! Y echaos a la calle a buscar un puesto donde combatir!

25 Poemas de Miguel Otero Silva. Caracas: Editorial Elite. Lit. y Tip. Vargas, 1942. 79-85 275


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Poemas I