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CRISTALES

María Elena Ponce


Primera Edición Maracaibo, mayo 2003.

 María Elena Ponce, 2003 HECHO EL DEPOSITO DE LEY. ISBN 980-313-019-6

EDPEX Ediciones Proyecto Expresiones Diseño Gráfico H&E Corporation C.A Impresión Ars Gráfica C.A Impreso en Venezuela


A mi madre, quien me dio la luz del mundo, asĂ­ como la sensibilidad para escribir y dejar volar en el viento mis letras.


Sé que mis poemas pueden mover los pensamientos cual plumas livianas en el aire. Sé que puedo hacer centellear el ébano del firmamento y cambiar el rumbo de los astros. Porque mi corazón viaja como una hoja a la deriva de la corriente del agua, porque he dado toda las nostalgias de mis tardes y las alegrías de mis radiantes mañanas a la inquietud lejana del viento. Porque he sufrido en el hondo sufrir que cubre al mundo. Porque recuerdo tantas batallas, unas ganadas y otras perdidas. Porque vienen a mi mente las imágenes de tantas rosas sobre el frío mármol. Porque el bosque es mi hábitat y en él, oigo el llanto inconsolable de mi alma y la tuya, fragmentos de un cristal roto. Letras escritas con polvo del camino y agua de mares y ríos, en el que se enhebra el dolor, la alegría, la ilusión, el cuento y el espejismo, para apagar la sed, la aguda espina que abre heridas en el tiempo, ahora un abismo. Son mis versos ese sol sin grano ni saliva que salta del recuerdo de uno mismo con un color a veces azul, rojo y otros con tonalidades de sombra y de neblina. María Elena Ponce Deseo expresar mí agradecimiento a: José Rafael Hernández amigo, escritor y poeta Director de Proyecto Expresiones, por su apoyo y constante estímulo para sacar a la luz este libro. A todo el equipo que conforma el Proyecto Expresiones. A mis amigos del Foro La Aldea (www.galeon.com/ proyectoexpresiones.com) Juan Carlos Cirigliano (Chelín) Jesús Moreno Gómez (Alexan), Daniel Gianatti y Patricia Carina A mis compañeros escritores y al Staff de www. predicado.com, por haberme brindado un espacio para compartir, establecer sinceros lazos de amistad, dar a conocer y enriquecer mis letras. 7


Prologo La poesía nace del alma y son las vivencias las que la transforman en sentimientos, la que la lleva a ser un habitante indispensable en la vida. Las imágenes, el lenguaje y el uso del vocabulario le dan el arte que le identifican y nada mas significativo que todo esto para darle un lugar a Cristales, una obra que consigue la independencia de ser un legado de pensamientos, experiencias, sueños, y realidades. Maria Elena Ponce, es una mujer inquieta, capaz de incursionar en el plano profesional y artístico con una facilidad que resulta sorprendente, capaz de internarse en lo profundo de la poesía sin perecer ahogada por falta de implementos. El arte parece haber nacido mimetizado con sus genes y a medida que el tiempo ha transcurrido ha ido creando su propio estilo, que bascula entre la rima clásica propia de los romances en la edad de oro y el desenfado vanguardista que ha ido rompiendo los moldes y dado libertad a la literatura para hacerla mas accesible a todos. En Cristales, los temas son tomados de caminos cotidianos, son expresiones de una experiencia donde el lector se siente reflejado. Donde podemos ir desgranando un universo de preguntas y posibilidades que toman vida y se nos materializan como recordándonos un paralelismo intrínseco dentro de las metáforas que sirven de vehículo para crear las figuras que nos llegan en forma de letras. A través de cada poema las sensaciones confluyen con emociones diferentes, podemos ir explorando un mundo misterioso pero muy conocido, donde hemos ido siendo protagonistas. Donde nos dibujamos como el pintor que crea en el lienzo su autorretrato. Maria Elena logra hacernos participes de ese mundo interior que brota a través del verso. 9


Consigue transmitirnos sus ansiedades, sus quimeras, sus sentimientos que, como mariposas en una telaraña, quedan atrapados formando composiciones poéticas, en ocasiones intolerantes, pero impregnadas de esa magia que logra encantarnos. Su carrera literaria apenas comienza, aunque las formaciones monolíticas de su obra pareciera determinar lo contrario. Sin dudas la inspiración de su musa se abre caminos vertiginosamente. Posee el don, vive las experiencias, toma del entorno lo necesario y sobre todo deja las limitaciones para absorber el néctar mas preciado de todos, el conocimiento. Cristales no es solo un libro de poemas, un conglomerado de versos, sino un edificio donde cada habitación, representada por las composiciones, tienen un alma, un sentido, una razón y una historia diferente.

José Rafael Hernández

Nota: El autor del prologo es poeta y escritor vocacional, fundador y director del Proyecto Cultural Expresiones. Reconocido y premiado en varias oportunidades, ha publicado 4 libros de poesías e inéditas posee mas de veinte obras en diversos géneros de la literatura. Nació en 1956 y reside actualmente en la ciudad de Maracaibo, su tierra natal. 10


Mí canto inútil Lentamente se disuelve el mundo cual migaja de pan humedecida en lágrimas. Un manto de ansiedades cubre las esperanzas de sombras, negándole a las pupilas la luz de la mañana. El instinto eclipsa la razón bajo el yugo de las tinieblas; está la tierra yerma de ideales, y mientras el hombre cómodo vegeta, son yemas en latencia el respeto, la verdad, el amor y la decencia. Una riada pútrida, mal oliente con partículas de mezquindad, odios y envidias, como un pegajoso lodo sacan al río de su cauce, mientras en la corriente flotan sueños de hojas secas, troncos de sabiduría hechos leñas así como tensos cadáveres. Crecen y se entretejen las bajezas, afianzándose como las raíces de la cizaña y la mala hierba ahogando los corazones. ¡Si tuviera un hacha! yo salvajemente las cortaba, para liberar tantos luceros desmayados y tejer con ellos una corona. ¡Denme estrellas su cegador brillo! puntos de luces lejanos, para alegrar este cielo plomizo.

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¿Qué busco en esta jungla negra? ¿Qué hago como una viruta de madera entre tanta llama consumiendo al mundo? Por más que en mis versos suplico, y tienda infinitas veces estas manos, soy un quejido en los oídos dormidos, y una súplica que no recibe respuesta porque nadie sin interés de por medio da a cambio con desprendimiento nada. Es mi voz un mar de llanto, un grito ahogado por la voz del soberbio, que viaja en un cielo ébano donde no existen los límites ni el eco. Almas tibias, corazones duros cual piedras, a quienes no llega este canto inútil.

Tú y Yo... dos poetas sufridos

Dedicado a mí gran amigo y poeta Ricardo Trillos Aquí estamos…Tú y Yo, un par de poetas sufridos, y entre los dos se interpone una mesa, una botella de vino, y asidas a nuestras manos, una copa que aprieta nostalgias de mejores tiempos vividos. Y conversando descubrimos, que fuimos moldeados con arcilla y llanto, que somos hijos del dolor, la traición y el desamor. Que es la sombra de un espanto, el sonido de unas cadenas

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en la penumbra de la noche, condenados a morir en una quimera. Jamás nos preguntamos a quien dedicamos nuestros versos, porque aprendimos a leer entre líneas escondidos sentimientos camuflajeados de letras, o pacientes esperamos al viento para que nos narre vivencias. Sí… ¡dos poetas sufridos amigo!… que por voz tenemos un ahogado quejido para aullarle a la luna las penas, por pluma una astilla de nuestros huesos, porque de ellos no queda mucho, de tanto que construyeron las manos de la mentira castillos de sueños, y por tinta, extracto de nuestras viseras. Y ahora que estamos aquí poeta brindemos por nosotros, que somos como esas paredes de las casas viejas que se niegan a caer, que calladas en un pueblo perdido observan morir el tiempo con cada ocaso, y sufren los embates del abandono en silencio. Brindemos también por nuestros versos, dolor de fachadas agrietadas, gemir de andamios, que hablan de ti y también de mí. Brindemos poeta sufrido por esos versos que hablan de los buenos años vividos, y hacen honor al vino que endulza unos labios, que halagan el humo del cigarrillo que fumo, porque dibujan en el aire la figura del ser que amo. También por esos días donde agonizó inevitablemente bajo nuestra mirada impotente el sol en el horizonte.

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Esos poemas que hablan de primaveras, veranos fértiles en coplas viajeras, por los otoños de cartas viejas y esos inviernos de amores muertos. Cristales rotos afilados son nuestros poemas, que al tocarlos las pupilas se cortan, y los ojos desangran en lágrimas, mientras en cada línea se desnuda el alma, hecha añicos en hilachas de sabanas de seda blanca ante el lector morboso ávido de saber a quién le dedicamos nuestros versos, por eso amigo brindemos también por ellos.

Palabras de amor

Dedicado a Jesús Moreno Gómez (Alexan) Flotan como esporas, en el aire, buscando, una tierra prometedora donde poder quedarse. Vuelan majestuosa, como las golondrinas, y llegan emigrando desde tu boca a mis oídos, para hacer en mi corazón un acogedor nido. Vienen desde lejos sonando dulces, como musicales notas, sonata melodiosa, como un claro de luna, hermosas palabras de amor como las que tú me dices, más bellas que esas ninguna.

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Lo simple del verde No es tan simple el verde aunque así lo vea el ojo humano no educado, quien pinta y mancha coloridas paletas, sabe que es más complicado. Color secundario del círculo cromático, donde se funden azules y amarillos como los primeros amores de uno cuando es niño, netos, francos, sinceros y puros sin mácula de grises ni de claros y oscuros. Verde de la montaña que veo por mi ventana, el de la esperanza al levantarme con las primeras tonalidades del alba. El verde húmedo de los líquenes en la corteza de los árboles, secreta simbiosis amorosa entre un hongo y un alga, que dos formas de vida enlazan, simple ¿verdad?...Así parece, pero biológicamente complicada para mis ávidas pupilas. Sencillos matices verdes en la anchura de mi llano, donde en la aparente simpleza hay un amor complicado. Juega la brisa entre la hierba y despeina la crin del caballo,

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picotean las semillas los pájaros y revolotean buscando insectos, polen, hojas y néctar para alimentarse Orugas Verdes, Mariposas y Libélulas. Verde del agua de los ríos como tus lindos ojos del color también de los m íos, ese que se m ezcla con el azul del mar, color de la vida vegetal, molécula de clorofila que sintetiza del rayo de luz oxígeno para que la planta viva, como lo haces tú para que la sangre que corre por m is venas arda cuando me abrazas y me besas causa principal de m í deliciosa agonía. No es tan sim p le aunque parezca la sim p leza de un tono verde, como tampoco lo es el alma inocente ni el amor que te tengo. Ahora ¿Te das cuenta? Cuanta com p lejidad encierra lo que a tus ojos parece valga la redundancia tan sim p le.

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Oscuridad Oscuridad que no me dejas ver, que en la desesperación, mis pensamientos son ciegos dejando a la deriva la razón. Oscuridad que le robas las manos al fracaso, acariciándome, para querer hacerme sucumbir. Quiero la luz en mis ojos para poder con claridad ver. No quiero vivir en el mundo del claroscuro, en ese constante subir y bajar espiritual. Tampoco los matices grises, intermedios entre el blanco y el negro, porque prefiero ser blanco u oscuro, pero nunca de espíritu tibio. Oscuridad aléjate... sombra de la tristeza, eco del desasosiego y voz de la duda, disípate con el alba. No quiero el tétrico negro, me niego a la penumbra de saber que en sus palabras no existe la claridad de la verdad, porque cuando sus labios dulces pronuncian a mi oído un te amo se invade mi corazón de luz. Y márchate oscuridad a donde gobierna el odio, y la mentira es reina coronando rey al rencor...

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Preside mis territorios un nuevo sentimiento que es claridad de mi luna, y rayo de sol en mi ventana. Donde las sombras se disipan y cobardes huyen para no volver jamás, porque mi corazón, Oscuridad, hoy se iluminó con las luces de una nueva ilusión y habita en él una estrella que se llama amor. ¡Amor! Dulce fuego eterno, llama que alimenta, lluvia de verano menudita que humedece oportuna la delicada semilla de la cual germina el amor. Amor…Palabra pequeñita que sola, asombras. ¡Cuan grande y poderosa eres! y a la vez, humilde y sencilla. Un nada para un todo, gota de agua que no moja pero empapa, y jamás hombre alguno te pensó inmortal e infinita. Amor…Flama encendida que eres risas y alegría, pero también dolor. Rugir y calor de volcán, enredadera que trepa y se aferra al corazón.

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Luz que alumbras nuestros sueños, un nada que a la vez es el todo. Despertar de los sentidos, necesaria y extraña mezcla de tormenta y calma, con la que hombre alguno vivir sin ella no puede.

Azul Busqué un azul de amanecer en la pureza de una vida triste, y lo encontré, en la mirada ausente de tus hermosos y expresivos ojos, escondido estaba en las gotas de la lluvia dormida en tus pupilas. Busqué el mágico azul que acaricia nuestros sueños, y lo descubrí sin esperarlo, en un gajo de tú corazón donde habita y canta un azulejo. Color que predomina en el codiciado manjar de tus aguas remotas, un dulce ¡te quiero! en matices de azules tenues. Y aquí estoy a tu lado como un rayito de luz colgada de una ilusión, con las manos vacías, esperando que de estrellitas, corales y caballitos de mar con tus versos las llenes.

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Déjame arroparte de ternura con infinitos matices azules, permite que con mis poemas te bese, luz delicada de ese azul con que se viste la montaña desde la mágica lejanía, verde-azul del mar, olas con encajes de espuma, son mis manos deseosas de acariciarte con dulzura.

Mi dolor No sufro este raro dolor como quien realmente soy, porque hoy no me duelo yo como el ser de carne y hueso, la artista o la sencilla mujer. Simplemente siento… sé que algo muy grande me duele, y aun sin ser yo, seguiría sintiendo este infierno. Extraño sufrim iento… Porque no viene de m í, y no es dolor de carne ni taladrar de huesos. M i dolor se ha aferrado de tal manera, que me envuelve como una piel, cual sudario que cubre un cuerpo muerto. Y aunque el Dios Perseo m e cortara la cabeza, y con su espada me mutilara, nunca sería tan doloroso como este lacerante sentir.

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Hoy el día para mí es color ébano, un mar gris plomizo llevo por abrigo y me pregunto una y otra vez ¿Por qué? ¿A que se debe? ¿De donde viene este dolor? Entonces descubro… Que mí dolor es un dolor ajeno, no es mío pero me lo apropié, porque viene flotando en el viento, porque sufro desde afuera hacia adentro, desde más arriba de mí ser. Hoy, tan sencillo como eso, simplemente estoy sufriendo. Y pensar que para mis adentros solo existía el dolor de padres e hijos, pero caigo en cuenta que lo que siento es dolor a causa del mundo... ajeno. ¿Por qué entonces me duele tanto? ¡Ay mi dolor que me lastimas! Que como una llama quemas y es mi alma una ampolla que supura lágrimas ajenas. Dolor con vientos de guerra, que da a mi boca sabor a sangre y aroma de pólvora en mi piel. Hay luto en mi corazón que no es mío, a causa de aquellos seres que mueren sin llegar a nacer. Dolor de pueblos humillados, rostros de hambre y malestar de estragos que no me permiten pasar ni una migaja de pan, e inconscientemente caigo en ayuno.

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Es tan grande este mi dolor, que me quedo corta de espacio para guardar en el alma tanto oscurecer y me sobra tanto para un amanecer. Tan profunda es la pena, que si la coloco en la sombra no da luz y si la pongo en la luz no proyecta sombra. ¡Todo es culpa de la ambición! de las ansias de poder, con disfrazado estandarte de libertad cuando su nombre real es guerra. Hoy descubro que mi dolor es el hondo sufrir del mundo, llanto de madre inconsolable, lágrimas de niño que tiene hambre porque le negaron los senos maternos y sus labios tienen sed de leche. Trae a mis sentidos la brisa olor a carne descompuesta, quejidos de heridas abiertas, tremor de miedo, de espanto, ojos húmedos con súplicas al cielo, pupilas dilatadas de horror, risas convertidas en muecas, por culpa de un rayo cegador que anuncia vientos de guerra. Y lloro por este mi dolor, que no es mío sino ajeno de tantos cuerpos mutilados, esparcidos como semillas regando de sangre la tierra seca.

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Nocturno II Cuando muere el día como un débil suspiro, agonía del último rayo de luz, en esas horas de sosiego, bajo el abrigo del manto oscuro bordado de hilos dorados de estrella, poso mi cabeza pensativa sobre el regazo de la noche. Lentamente me sumerjo en el éter de una corta y dulce muerte, cuyas cálidas manos me acarician. El sueño me envuelve con su vaporoso velo, flota en el ambiente polvo de luceros, y en esas ondas íntimas de lo onírico, tu adorada imagen emerge. Ha dejado mí alma su crisálida para desandar en sueños con tú alma. Venus en su cenit nos observa incrustada en el ébano del cielo, cual trémulo y hermoso jazmín. Cómplice la diosa me ha dado alas para que pueda volar hacia ti. Una historia de amor secreta donde cristalizo una ilusión, el ansiado encuentro contigo. Intercambio de amorosas miradas, ojos tiernos y húmedos. Mi boca sedienta de tú boca deseosa de sentir el fuego de tus labios, y esos dedos suaves como rosas explorando los relieves de mí cuerpo.

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En un indescriptible éxtasis sideral, donde las nostalgias amargas como el humo de un cigarro se desvanecen, entonces consumamos la entrega. Y sin dejar de amarnos un momento, inmolados en el fuego divino del deseo, se funden nuestras pieles en una sola bajo la mirada aprobatoria de Venus. Sobre la cima de la media noche, Tú y Yo somos dos estrellas encendidas, cual pétalos de llamas que titilan. Un halo nos cubre de ansias infinitas, besos, palabras de amor, gemidos y risas, somos la inspiración profunda de dos almas demandantes que se aman hasta que nuevamente sonría la aurora. Despunta el sol por el Este, y abre su reja el nuevo día rompiendo la magia del sueño de mis perdídas pupilas en el etérico mundo de lo onírico, donde un impertinente rayo de luz se cuela por mi ventana para darme un beso en la frente. Entonces… ya despierta, clavo mis ojos en el techo y levanto del cálido regazo de la recién nacida mañana mi cabeza evocadora y pensativa, cargada de los recuerdos de un sueño.

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Una Musa de carne y hueso Eco divino de mis pensamientos, Musa hecha hombre que fragua versos del que amo sus suaves cabellos. La luz en el cielo de una gran estrella quien me ilumina si agobia la pena y siembra en esta boca con besos, cual un jardinero de sueños mil sonrisas que abren como flores en mis labios haciendo eterna la primavera. En sus brazos soy una frágil ave, el reposo al viento de una rama, y es su voz melodiosa nana de arrullo, con la cual me duermo sobre su pecho. Mirada hechicera colmada de magia, manos que acarician mi cuerpo, cuyos dedos tejen lirios cuando soy presa del delirio y me quema el deseo. Soy una ola que lo ama y admira, quién acaricia su piel cual blanca arena, para morir de amor en la calidez de sus orillas. Sirena que lo encanta con el efecto de mis rimas, al tañir de su lira la tinta para expresarle mis añoranzas. Por ello le escribo poemas con letras llenas de vida, para arrancarle risas a la muerte. ¡Y que protesten no me importa! Cegadas por la envidia y los celos las rosas, los pájaros, el mar y el cielo, porque la mejor Musa que yo tengo es un hombre de carne y huesos.

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El sol se oculta en el horizonte, cantan los lirios y callan los sabios, lloran miel y cera las abejas, y lágrimas de rocío perfumadas ruedan por los pétalos de las rosas, porque les envuelve un manto de ira al saber que solo a mí me pertenece su cuerpo, esos carnosos labios, y ese par de bellos ojos que reflejan las luz del rayo y del deseo. Porque es esa Musa de carne y hueso con dulce rostro de hombre, la hoguera de amor donde yo la poeta al fundirme con su piel en el lecho, entre sábanas de seda con placer en el fuego de su cuerpo me inmolo para entregarme a él yo mujer con rostro de verso.

¡Barro! Barro noble te trabajo con estas manos, y moldeo a mi antojo. Barro que en mi piel siento, y contigo vuela la imaginación ¡cuantas cosas creo! Barro húmedo te transformo en lo que quiero. Barro seco el producto de lo que horneo.

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Barro que enloda con la lengua difamatoria el producto de lo que queda en un amor que hoy es historia. ¡Barro! si se pudiera moldear el amor con tu gentileza, con la nobleza que yo artista en el corazón del hombre incansablemente busco.

Delirio contradictorio He sentido la ausencia del sol, ¿Acaso me escondieron el día? Miré por mí ventana buscando el mar, y noté que le robaron las olas. Hoy tampoco he experimentado estragos del hambre de vacío, porque de él tengo el alma llena, y mientras como gotas de lluvia caen sobre mis manos la rubia cabellera, me siento como un rayo de luz que no tiene más allá ni periferia. Muere el afán de las eternas ferias, se ha roto mi sólida armadura, y al verme frente al espejo he descubierto que soy ahora un sueño carente de conquistas y sin materia. Me acaricia el rostro con ternura el arrullo de un dormir eterno… ¡Viene a mí esta terrible contradicción! y flotan como plumas blancas tantos recuerdos como pensamientos.

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¡Que extrañas imágenes veo! la orilla de la gota de rocío, la piel sutil de un vuelo, aquel mito del azul cielo y ese riego abismal de semillas que no podré ver germinar. Un escarpelo corta hondo hiere incompasivo con mano firme, destajando el alma con pulso certero. Contradictorio sentimiento que se alimenta del delirio de la fiebre, de querer seguir siendo cauce a pesar del auge de la riada pero que a la vez me encausa. ¡Ay eterno trajín incompatible, entre la vida y la muerte!… Entonces no hallo la pausa en el silencio de lo imposible, y el telúrico afán de seguir viviendo o dejarme morir abandonando el estandarte de todas mis causas. Cargada de horizontes transito, vida fugaz la mía pero nada simple donde me encuentro ahora atrapada. ¿Por qué me empeño envolverme en azul? ¿Por qué quiero tantos cielos sin motivo? quizás deliro por la fiebre quien me abraza cálida y pertinente. Y con los ojos llenos de luces del alma, navego en un mar inquieto de ansias, miro hacia fuera y también adentro, tan solo veo un corazón que ya no es de hoy, que le pertenece a un ayer, navegando sobre un océano de superlativos, que nunca llego a alcanzar nada, no consiguió el tan buscado puerto.

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Hoy soy la ola sin agua, una flor producto de un extraño injerto, una realidad suspendida en la nada con la boca seca…sedienta producto del propio fuego que genero, para prepararme ya con madurez al eterno vuelo de lo imaginario.

¡A ti Poeta! Alza su tirso de rosas la musa y manda ecos de inspiración que vuelan en la brisa hasta el oído del poeta, en cuyas venas no corre sangre, sino excelso icor de Dioses. Titán de alma sensible con armadura de montaña, es tú pluma ágil aguja que teje cadenetas de versos, con hilos de rosas blancas. Con tus ojos perdidos en la nada, y la piel impregnada de horizontes, surcando los cielos más allá de las nubes, vuela la inspiración como un corcel libre. Entonces, el verbo se convierte en verso con el vibrar del estruendo del trueno, y la luz cegadora del rayo, relampagueando las estrofas que hieren de muerte las sombras. Versos cual flama que quema, dardos algunos que desgarran corazones, plasmando en el níveo papel lo que quiere decir su inspirada boca.

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Cada poema es de tú alma un trozo de cristal roto, o sedosas alas blancas, grácil colorido de mariposas, como una caricia sutil al viento. Y en las pupilas del lector, las líneas escritas son entonces, blancas palomas mensajeras que llevan palabras de amor a los tristes y ardientes soñadores. Entonces, tú amigo bardo, muestras el escondido tesoro, un bello arrullo de pájaro que tan celoso guardó el alma entre las paredes majestuosas de un palacio de auroras. Por ello dedico a ti poeta este verso para halagar tus letras, gotas de miel, húmedo rocío, lluvia de azahares, sol encendido, pétalos de lirio viajando en el viento.

Eres.... Eres mi aurora encendida, cuyas luces doradas tímidas se cuelan por mi ventana para besar mi frente. El viento que arrastra rumores, ecos de risas, palabras de amor, melodías nunca oídas por hombre alguno en el mundo, ¡Tu voz viajera desde grandes distancias! que acarician en el silencio mis oídos.

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Eres el motivo de mi inspiración profunda, quien sacia mi piel de ansias infinitas, Alma con sonido de lira, que da alas a mi pluma. Eres la cima conquistada colmada de tantos anhelados sueños, montaña que en la noche bajo sábanas vaporosas de seda, me muestra estrellas encendidas. Eres besos cual tizones que crepitan, tú el de mis sueños locos, quien calma la furia del trueno, silencias la voz de Eolo y hablas en nombre de Eros, sosiego de mis noches pensativas. Tú y Yo los dos juntos, sin nadie, los dos solos abrigados en el lecho entre almohadas de plumas mullidas, carne deseosa de gozar caricias. Eres ese abrazo infinito, llamas de deseo agitándose en tus ojos, y en mis pupilas lenguas de oro. Eres unos labios cual copa de hirviente vino que deseo beber para que queme mi boca. Eres en la alcoba lámpara opalina, donde rompo el silencio para compartir contigo, ecos, gemidos, susurros y frases, música triunfante de mis rimas, amor que abrasa y funde pieles haciendo cálidas las noches frías.

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Mí quimera Abrazar el aire, besar las estrellas, y conversar con la luna. Sentirme suspendida en suaves nubes… como infinitas gotas de agua, condensadas, que precipitan para besarte en forma de cristalina lluvia. ¡Tu amor es así, una quimera! Hacerle el amor con ardorosa pasión al cálido y abrasador sol, quedar preñada de una abeja, tener un hijo de una flor, creerme una libélula encantada, acudir a pedir un deseo, en el reino de las Hadas. Pensar que me quieres, cuando sé que te amo sin saber si me amas. ¿Quién dijo que no? ¡Soy una soñadora! que vuela con doradas alas tejidas en hilos de ilusión, frecuentando oníricos mundos de vaporosos y etéreos tules, evocación de matices azules. Me lleno de férrea voluntad, negarme la posibilidad que mí añorada quimera se haga realidad ¡Jamás!

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Errores a lo absurdo Desde que recuerdo, mi vida ha sido siempre un error a lo absurdo. Pedí al Creador nacer como alma, cuando todos eran cuerpo, hablaba con el corazón y solo escuchaban las piedras. Y así sigo caminando con esta pesada cruz a cuesta. ¡Siempre a destiempo! pisando en una tierra que para mí es ajena. Aunque errar es de humanos y de sabios rectificar, ¡definitivamente yo no aprendo! porque siempre me traiciona esta tonta inocencia. Hoy soy un pensamiento preñado de grandes sueños, los acordes de mi guitarra que no llegan a los oídos de nadie porque no sopla el viento. Es que definitivamente ¡Soy un error a lo absurdo! porque hasta para amar al elegir me equivoqué, teniendo por celosa rival la muerte. Y me aferro a ser ilusión en un mundo de realidad, tratando de renacer en el amor, pero soy hoy una rosa en un erial,

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teniendo por compañía arañas, serpientes y escorpiones que se empeñan en abonarme dándome a tomar veneno, cuando lo que quiero es beber miel. A pesar de todo, en silencio te amo, pero envuelta en las alas del fracaso, porque por ti fui La Luna para cobijarte en su luz, pero el cielo que me construí era de un frágil cristal, y con una piedra sin tu saberlo lo volviste añico… lo quebraste. En mis versos me transformé en mar, para llegar a tus arenas, ansiosa de acariciarte, pero te alejaste de la orilla temiendo que tus pies se humedecieran. Tallé entonces tú nombre como un escultor y una promesa de amor en un bloque de hielo, para que el calor lo derrita y lo absorba la tierra y allí enterrado estará sin que lo sepas. Y soy para ti el amor que se quedó dormido, guindando en uno de tus bostezos, una cálida sonrisa de verano convertida en lluvia de invierno, hermosas palabras colmadas de sentimiento que a diario vistes de ocaso. Seguiré siendo un error a lo absurdo hasta que la muerte quiera, porque nunca quise ser lágrima y me convertiste en llanto, nunca quise ser una espina, y me convertiste en herida, nunca quise ser en tu vida un hasta luego, y me convertiste en un eterno adiós.

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A un Pintor Dedicado a mí amigo Víctor Manuel Goncalves Parpadeo ajeno al ojo cual largo rito inaudito, como quien se oculta tras la cresta combatiente de esos tan anhelados sueños. Hoy después de un vuelo en el naranja del crepúsculo, con caminar quijotesco, al final, sin mar ni parentesco, te vi envuelto en matices grises. De soplo en soplo… errante por la orilla de la playa, ibas dejando huellas de lágrimas al pisar sobre la arena blanca. Mí querido pintor… ¡Cuánto en el pasado compartimos! plasmando en nuestros cuadros, matices de alegrías y melancolías. ¡Cuantas teorías de dolor hemos pintado tú y yo! En este hermoso atardecer nos volvemos a encontrar, y escudriñando tú alma, en ella para mí cristalina pude ver esa mirada ensombrecida. Ojos de mirar tímido, una paleta de colores que como un arcón esconde a quienes te son extraños, la cegadora luz de tus pupilas.

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Recuerdos dolorosos… tonalidades sombrías, lúgubres atardeceres de nuestra historia de amor. Crepúsculo de un hombre y una mujer, que como el sol de verano se oculta en el horizonte. Hoy al tropezarme nuevamente contigo conversamos como ayer, desnudando nuestras almas, y sin reservas nos confesamos entre aromas de salitre y algas, descubriendo que aún vive y tiene suficiente luz el día de un sol poniente, que quema la última ilusión. Pintor de melancolías, volvamos nuevamente a ser lo que fuimos una vez. Fundámonos entre olores de óleos y trementina, saquemos de nuevo los pinceles y salgamos juntos a cazar colores. Pintemos como tantas veces hicimos en el lienzo de nuestras pieles, el verde esperanza del bosque, los degradé del rojo de tantas pasiones, con las que teñimos de amor las flores. Porque al encontrarnos hoy en esta playa con sabor de ayer, trajo sutil la brisa marina rumores de caricias y besos, cual gracia divina… de aquel amor la ambrosía.

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Líneas paralelas Así vamos los dos, coexistiendo juntos, pero sin estar revueltos, queriéndonos en el silencio, pero a la vez que ironía sin interceptarnos en punto alguno del tiempo y el espacio. Somos tan afines, más, sin embargo, la vida nos condenó a compartir las mismas cosas pero sentenciados a no sentirnos, torturados por un deseo ahogado, donde no podemos fundirnos, ser una sola piel y amarnos. Tan parecidos nacimos que incluso dejamos los pasos en el polvo del mismo camino, luchando juntos iguales ideales, compartiendo la risa llorando el mismo llanto. Y nos empuja siempre el viento como dos veleros en alta mar a la deriva de nuestra tormenta, donde las corrientes nos arrastran hacia el mismo rumbo. Terrible infierno vivimos, extraño sino nos dio Dios de ser hasta la muerte tú y yo dos líneas paralelas…

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La Musa infiel Enmudece la boca, los ojos se humedecen, la mirada se nubla, brotan lágrimas, que al caer en el papel, se convierten en prosas, en versos con sabor amargo escritos usando como tinta el sabor que deja la hiel. Unas manos trémulas, zigzagueantes como serpientes, y el lápiz se una espada, el alma está envenenada, le han clavado en el corazón, al poeta enamorado una daga. Sin saber porque y con quien, se ha ido la inspiración. No hay verbo, de luto se viste el verso, se han muerto las palabras de amor, por culpa de una Musa infiel

Muere otra tarde Muere otra tarde en los brazos débiles de una luz agonizante. Herido por el ocaso derrama el cielo sangre, y bajo los matices de esta muerte, cambian su ropaje blanco las nubes por el color rojizos de los arreboles.

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Mientras lento desaparece el sol en el horizonte, vislumbra su elegante traje el sosiego de la noche. Y yo con el 煤ltimo rayo de luz prendado a mis pupilas, perdida en la nada entre el alfa y el omega, con la mirada en el infinito hundida, te traigo a mis pensamientos. Entonces grito tu nombre con la voz prestada del silencio, y mi boca siente de la tuya sed. Ay amor que para amarte y colmarte de tantas caricias, debo pedirle sus manos al viento. Negada tengo la gracia de tu cuerpo, y al no poder tocarte, cierro los ojos, entonces, evoco tu presencia para llenarme de tu imagen, y como una felina agazapada entre verdores y aromas de las hierbas, te observo con todo detalle en una foto o desde lejos. Sin llegar a estar pr贸xima a ti rozo tus labios y con el alma te beso, degustando de tu boca el dulce sabor de su miel. Nuevamente me sorprende el sol con la mirada extraviada en la nada, y esa t铆pica expresi贸n enajenada.

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Otro amanecer más sobre mis hombros y mis ojos nuevamente se iluminan con la luz de otra mañana, pero insatisfechos nuevamente de ti. Y con la imaginación alimentada de deseo te toco, porque mis manos fueron condenadas al infierno de no poder sentir tu piel.

Nada es eterno Todo en esta vida tiene un principio, lamentablemente también un final, nada es eterno o perdurable, y ante la palabra eternidad las cosas mortales son efímeras. Perecedero como la rosa aquella que ayer abrió ante tus ojos y hoy la ves morir en tú jardín. La huella sobre la arena que la borró una ola o la pisó otra huella. Hasta las lágrimas se secan y los ojos dejan de llorar, cuando la pena se va como una hoja en el viento, o tú crees que se ha ido y descubres que aún está. Pero que el daño está hecho y a lo hecho pecho corazón porque no hay vuelta atrás. Y guindada en los recuerdos permanecer no quiero, la vida continúa, hay que evolucionar.

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Por ello me colgaré a una nube para viajas suspendida en el aire sin que mis pies toquen tierra, para vivir como una ilusión en el mundo donde los sueños son eternos y duran hasta que yo quiera. Entonces hoy como las golondrinas huyendo del frío implacable del invierno, abandonaré el viejo campanario, extenderé mis alas y volveré a volar a una tierra nueva de esperanzas donde reine otra primavera que yo sé tampoco será eterna. Porque nada es duradero y muchas cosas hermosas culminan cuando a penas comienzan.

Ternura Me has preguntado… ¿que es la ternura? Para mí es sentir algo extraño aquí tan adentro cuando tus poemas leo y te contemplo desde muy cerca o como la montaña que se viste de azul a lo lejos. Y te respondo lo que creo es este sentimiento, sin saber si en estos labios tengo la verdad o me equivoco y sin quererlo miento. Son sentidas palabras de amor que quiero decir, porque experimento la presión que ejercen por querer de mi alma salir, como los brotes nuevos de un árbol, que valiente ante la inclemencia de un inesperado frío de invierno se niega a morir. Frases colmadas con la dulzura de la miel, sinceras promesas de nuevas hojas verdes sustituyendo las secas que se llevó muy lejos el viento.

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Las caricias de mis dedos enredados en tu cabello, cual ráfaga juguetona de brisa entre las flores del jardín. El roce delicado de mis labios sobre tu piel, sutil como el mágico vuelo de un colibrí. ¡Tocarte con estas manos!... Sentirte en ellas, disfrutar la calidez y suavidad de la blanca arena en las costas de tu varonil cuerpo… estremecerme por la emoción de abrazarte y envolverte en este mar profundo de amor, para experimentar juntos el tremor de mis olas. Saber que después de amarte, dejaré en tu playa el rastro imborrable de mis huellas, oírte pedirme que no me vaya…que me quede o que como el oleaje en la costa siempre a ti regrese. Escudriñar cada rincón de la geografía en tu alma, como un briso corcel recorre llanos, lagunas y montañas; querer alcanzar hasta sus más abismales rincones, descubrir tu mundo interior para conocerte, y así, poder saber que y cuanto quieres para complacerte. Convertirme en lluvia y humedecer tu boca para saciar en ella la sed, derretirme como el hielo sobre la tierra cálida en cada poro de tu piel, anunciar el comienzo de una eterna primavera y como el cerezo, para ti con cada beso que me des, reventar en gajos de flores, desplazando para siempre de tu vida otoños tristes y fríos inviernos. Ser bajo el sosiego de tus noches la más radiante luna, para velar tus sueños y arroparte bajo el abrigo de mi luz. No sé si a través de mis versos me he expresado con la verdad, o si me equivoco y sin quererlo, al describirlo de este modo miento, tan solo se, que todo esto es para mí “La Ternura”

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Vibra Cuatro Dedicado a mí amigo y poeta Rubén Darío (Amoroso) ¡Vibra cuatro! al compás del charrasqueo de mi alegre mano. Que floten y viajen en el peregrino viento, la letra y música de mi canto hasta mí querido llano, díganle melodiosas al oído a ese hombre llanero ¡Cuánto lo amo! ¡Vibra cuatro! con ritmo y sentimiento, mientras sobre el lomo de mi caballo rojizo como el ripio, recorro emocionada las infinitas y verdes sabanas, impregnando mi cuerpo de fragancias a lirio sabanero y olor a mastranto. ¡Vibra cuatro! con el canto del Turpial, que la palma llanera al son de tus cuerdas, elegante y esbelta quiere bailar, mientras hacen contrapunteo el carpintero y el garrapatero en el arroyito del morichal. ¡Vibra cuatro! al compás de los latidos de mi emocionado corazón, mientras en mis brazos

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te sostengo, y con mis manos cargadas de ternura, acaricio tus cuerdas sentada en la verde hierba entre la algarabía del garcero, para dedicarle una canción al hombre que yo más quiero.

Sin ti estoy imcompleta ¿Por qué haces esto? Me has dejado con un profundo deseo, he quedado suspendida en el aire, como una minúscula partícula de polvo que vaga errante al capricho del viento, y con la impotencia de no poder seguir saboreándote. Soy como ese reloj viejo que no marca el tiempo, porque alguien le arrancó el minutero. Y así incompleta me siento… Una campana abandonada en el viejo campanario de una ruinosa iglesia. Te busco… más no te encuentro, hoy soy un perro de raza que abandonó el dueño, muerto de frío, sin rumbo en las calles y de tú amor hambriento. Convertida estoy en un lamento, como ese verso sin terminar, inconcluso, porque lo dejó sin culminar el poeta y las musas se encuentran de luto. Si…sin ti estoy incompleta, la vela que se consumió hasta la mitad, se apagó inesperadamente su flama con una ráfaga fría de brisa, y ahora, no hay quien la encienda.

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Soy sin ti una canción sin letra… una barca a punto de encallar en el mar bravío de mi soledad, bajo el embate de tu silencio… llanto que brota de estos ojos convertido en infinita tempestad. Sin ti estoy incompleta…. y siento que hoy mi vida es como un rompe cabeza quien en su indolencia, sin importarle mi sufrimiento desechó en algún rincón oscuro del baúl del olvido algunas de sus piezas, quedando sobre una meza abandonada y a medio armar.

Gota infinita Me he transformado en una gota infinita salada que de mi mirada brota... Y se convierte en lluvia para acariciar tu ventana, rodando con ternura por el cristal de tú alma. Gota que de estos ojos emana, que acaricia la tierra seca y la humedece para calmar su sed. Gota convertida en lágrima, la que rueda por mis mejillas como el rocío y el sol evapora, y en forma de gas sube al cielo, para ser una nube en tus sueños.

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Gota de agua, llanto infinito, que se condensa...se enfría, para regresar nuevamente a ti. La que alimenta el cauce de tu caudaloso río... Esa que forma parte de tú mar, Sí, lágrima eterna, omnipresente, porque de mis ojos nunca se va. Lágrima de cristal, gota de lluvia gota de rocío... gota salada de tú mar... La que desde la tierra sube al cielo y siempre vuelve a bajar. ¡Un llanto de amor por ti infinito!

¿Paciencia me pides Bardo ante una Guerra? Paciencia dice el bardo ante los vientos de una guerra, cuyo estandarte es la ambición. ¿Le diríamos eso a una madre? Tened paciencia y esperad la divina justicia de Dios... No se lo he dicho... y ya siento en mi mejilla su bofetada arder... Paciencia niño... no llores de hambre, espera que la muerte te traiga tu tetero de sangre.

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Paciencia cuerpo mutilado, que algún buen samaritano recogerá los trozos de carne esparcidos como semillas sobre la tierra y te los pondrá en la mano. ¿Paciencia? imposible tenerla, no es ese el remedio que calmará este clamor de mi dolor ajeno por culpa de una mezquina guerra.

Brota lágrima Brota, no temas lágrima, ¡No te cohíbas te lo pido! tienes la libertad dolorosa gota, para que ruedes por mi mejilla. Si solo asomas en mis húmedos ojos y no sales, entonces me lastimas, ¿sabes por que?, yo te lo explicaré, ¡porque te clavas en mi alma! hiriéndome profundamente como lo hacen del rosal las espinas. ¡Lágrima cristalina ve a escena! ya se levantó de la obra el telón, no hay vuelta atrás, no te detengas. Se que cuando de mis ojos llorosos tú atravieses el umbral, serás suicida, pero te lo imploro, has tu triunfal aparición, y al público presente trocito de vidrio, a ese, yo te digo gotita salada que quema, no le temas, exhíbete dignamente hoy ¿Que importa que otros me vean llorar?

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Quiero decirte Quiero decirte que los pensamientos son como las gotas de agua, se evaporan desde los ríos y el mar, y al elevarse hacia el cielo, se convierten en nubes cargadas de sentimientos. Estas, regresan a nosotros en forma de lluvia para regar la fértil tierra en forma de versos. Humedecido entonces el suelo, vendrá de nuevo la primavera y el amor volverá a florecer, porque no hay otoños ni inviernos eternos. Retornarán al jardín las coloridas mariposas y las aves en él volverán a cantar espantando de nuestros corazones los lamentos.

Un día una semilla… Un día en mí, una tierra fértil, un ave dejó caer una semilla. La lluvia generosa nos humedeció, y yo con ternura le di calor alimentándola dentro de mi corazón. Sin darme cuenta una mañana rompió su cubierta y germinó. Creció una plántula y se hizo grande, luciendo en el ápice una bella flor. Investigué taxonómicamente su nombre. y asombrada descubrí que era el amor.

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Un pajarito pecho amarillo

Dedicado a Juan Carlos Cirigliano (Apolo)

¡Cuanta gratitud hacia ti!

porque aunque de cal y algunas otras de arena, en el delirio de un momento febril teniendo por nana la guadaña, desandó mi prisionera alma hacia tus tierras lejanas, liberándose momentáneamente de la cárcel de mi propia carne. En mi estado de inconciencia, ahogados gritos te clamaban, y en mis amordazados pensamientos prisioneros de esta guerra, dentro de una cárcel de huesos con forma de calavera solo pronunciaba tu nombre. Entonces me vi volando con la forma de un pájaro, cuyo pecho amarillo simulaba una flama. Vencí infinitos horizonte, cansada, golpeada por la enfermedad, débil de tanto volar, sedienta y abatida como un tímido haz de luz agonizante, no sé como lo hice pero llegué casi sin vida a tu jardín. Una veces conciente y otras al margen de la realidad, pude ver tu dulce imagen, y yo un ave pecho amarillo frágil como un cristal, sentí la suavidad de tus manos.

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En mí alma de pájaro con peto encendido atrapada en la pertinaz fiebre, la ternura y el amor del poeta sentí. No sé si fue delirio, espejismo, sueño o una hermosa ilusión. ¡Como no agradecer el calor ofrecido! la tibieza del abrigo de tu piel, las caricias de tus dedos en mi cabeza, y unos besos que calmaban mi sed. ¡Cuantas palabras hermosas! granitos dulces de azúcar que eliminaron de mis labios sabor a sal, manantial de ternuras que brotó de tu boca para sanar mi corazón débil casi sin latidos, herido por agudas espinas de vidrio, cristales rotos de tiempo y abismo. Yo un cuerpo sin cuerpo, un ave temerosa de lo desconocido, un espíritu con tremor de frío. Y fue una barita mágica ese amor, que convirtió una pena ahogada en mi garganta en un trino de ruiseñor. Mientras en mi lecho, sentí en el nómada viento abrirse una puerta y vi la muerte partir. Abrió en mi corazón una espiga dorada, y volví a ser nuevamente fuerte para desplegar las alas. Y yo, él ave de pecho amarillo, remontó el vuelo en el azul de tu cielo. Redes de sueños queridos, vaporosas gasas blancas, yo te prometo que volveré nuevamente a tú jardín y amable ventana, para cantarte mi agradecimiento

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entre los árboles y las rosas, nuevamente separada de esta piel vestida para ti con el pecho del color de los dorados del alba. Encendida flama cofre de lo místico, de lo inexplicable y lo divino, haber sido yo aquel pajarito con el pecho amarillo, que Dios colocó en tus manos para que a través de él con tu amor me salvaras de la muerte.

Encuentro con el amor en Predicado Dedicada a mis compañeros de www.predicado.com En el florido jardín de predicado donde nacen y crecen cual bellas flores las letras, hundidos en un mar de éter, se liberaron las almas de los bardos del cautiverio oscuro de sus cuerpos. Rienda suelta le dieron a la inspiración con rondas de rimas servidas en copas de oro, envidia de los Dioses ante tan magnífico néctar... De las diosas greco romanas en la celada, cómplices fueron los organizadores, y alcahuetes los anfitriones. Clandestinamente infiltradas entraron al encuentro de los participantes Euterpe, Talía, Erado, Polímula y Calíope, quienes bebiendo incontrolablemente alzaron sus tirsos hechos de lauros.

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Entonces ordenaron a las rimas viajar a las espesas y místicas selvas a recoger miel, flores y aromas y que de nuevo regresaran a la fiesta. Polímula Musa de la poesía lírica, en complot con Calíope Musa de la elocuencia, prepararon un brebaje para hechizar sin que lo detectaran a los poetas. Pasaron por las mesas la lírica y la elocuencia, invisibles para que no las vieran, pero tangibles para que sus almas su magia divina sintieran. Entonces y sin saber porqué, murió la timidez y se perdió la vergüenza, y mientras las otras musas disfrutaban, se soltó el moño el ingenio del poeta. Cantó entonces el bardo y recitó sus poemas, recordando en cada verso vivencias pasadas y nuevas. Halagó emocionado en sus rimas al amor, dedicó prosas al corazón, al alma y la sexualidad, e hizo alusión a las manos tersas, así como a los labios de rosa y las pieles de seda. Mientras que Milpómenes la Musa de la tragedia, rozó la sensibilidad para convertir lágrimas de emociones en nacaradas perlas.

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¿Donde están esas cosas simples? ¿Donde están esas cosas simples? Quizás es que estoy ciega ¡Cuanto quisiera tenerlas! Estas manos vacías que tu amor sincero las colme de estrella. Cosas simples son las más bellas… el roce de tus labios dándole miel a mis labios, Tu mano firme, segura, pero a la vez tierna que es continuación de mi mano. Mis huellas en la arena dejando rastros al lado de tus huellas ¡Cuantas cosas simples quiero! Las tuve alguna vez, pero las perdí en algún lugar y no se donde fue. Quiero la simpleza de la flor, la sencillez del perfume de la hierba fresca, sentir en mi cuerpo las caricias pertinaces de la brisa, o algo tan simple como oír tu sincero te quiero. Una palabra colmada de afecto, una sentida compañía, visible a mis ojos, tangible a mi tacto, un abrazo solidario, que me diga sin mediar una palabra,

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aquí estoy contigo... déjate proteger por mis brazos que en la adversidad ¡Nunca estarás sola! ¿Acaso es mucho pedirle a la vida? ¡Pero si es tan simple lo que propones! ¿Que pasa que en este momento tan difícil a mi lado no estás? ¿Por que la distancia se nos interpone?

!Te encarcelo Alma! Te encarcelo Alma, sí, te privo de tu libertad, y para que no vuelvas a recaer, te enclaustro entre barrotes aleados con estas manos encallecidas de soledad. Ataré un grillo a tus pies para que sea imposible un escape, evitando que errante por caminos ilusorios desandes. Amarraré tus intangibles manos con una cadena de amargura, donde cada eslabón será una lágrima, para que nunca más acaricies a nadie, así, jamás volverás a utilizar la pluma para escribir de amores poesía alguna. Con un cuchillo afilado de asperezas te destrozaré tajo a tajo las alas para que no puedas volar, mientras me deleito verte desangrar sin vendarte hasta tanto no pidas piedad, y me prometas no volverte a enamorar.

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Te amordazaré la boca con un pañuelo mojado de silencio, para que tú ¡Alma rea! no vuelvas a hablar, negándote todo derecho de expresar la palabra ¡Te quiero! Te torturaré conjugándote a los oídos cada segundo el verbo callar y olvidar. Hoy además encarcelada Alma, te envuelvo en gasas blancas, y te escondo en las entrañas de alguna abominable fiera o en los abismales paisajes del mar donde nada ni nadie llegue a ti para que el amor no te encuentre y nuevamente te hiera.

Mis poemas no son para el falso poeta Alma mía invisible ante el ojo vulgar, intangible en las manos de los que se creen reyes, verdugos y jueces. Y ni siendo cultos, eruditos, poetas y sabios imposible de llegar a tocar y ver la mía pueden. Alma pura que les habló iluminando con sus letras sus burdas y pedestres pupilas. donde esos ojos ciegos par de cuencas vacías jamás mis versos entenderán. Tú, papeleta de empeño, falso o falsa, como aquella prenda que en la vidriera de una joyería se vendió ante muchos como si fuera noble oro,

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y al colocarla en mi dedo de verde lo manchó. Profanadores de versos, y de hermosos sentimientos, inescrupulosos sepultureros, vulgares mercaderes de esqueletos a los que con sus calumnias les chupan antes de venderlos la médula de los huesos. Merecedores no son los falsos caballeros y damas de armadura de latón oxidada, y jamás aunque se empeñen lo serán, de tener el divino don para leerme con el alma de un niño, porque son seres de mente enferma, un espíritu oscuro y retorcido que se disfraza de gentil cuando lo que realmente hay tras de ellos es una jauría hambrienta de hienas escondida entre unas letras imitando poemas. Y pobre de aquel o aquella, que engañados con sus caras de ángeles, mal imitadores de la nobleza caigan en sus telarañas, porque no tardarán en acercarse como la viuda negra a la inocente presa, para encajarle sin escrúpulos, carentes de moral y ética su aguijón, e inyectarles el más mortal de los venenos… la mentira, enmascarada de falsa amistad que venden en la hiel de su traición.

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Como un Sudario Dedicado a mi difunto esposo Juan Brandín Otro amanecer más… y sobre los horizontes de mi mente, tú como el sol, despuntas nuevamente, hasta alcanzar el cenit de los pensamientos. Yo con este amor atesorado, cuya voz es el silencio, un sentimiento aferrado a mí cual musgo fresco sobre la piedra, enredadera frondosa aferrada a una pared. Como un sudario de níveo lienzo, siento que eres parte importante de mí y te has convertido en la piel que cubre todo mi cuerpo. Arrancarte por más que quiero no puedo porque sería exponer mi carne al rojo vivo, imposible despellejarme, dejar desnudos mis huesos. Tú te has quedado adherido de tal forma que aún tengo las huellas de tus caricias en mí piel y el sabor de la miel brindada en cada beso.

Llenos de luz

Dedicado a la Virgen de las Mercedes Llenos de luz cual dos soles, vivaces mis ojos los acaricia el rocío, una gran alegría en ellos manifiesta develada por dos lágrimas cual par de crisoles en este bello día.

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Vestida de luna, descienden radiantes sobre mi rogada cabeza, infinitos destellos cual escarcha de estrellas, una corona con luz de mágicas luciérnagas. Muero en la tierra, renazco en el río candoroso regocijo, se fue de mi alma el frío. Cierro la ventana, abro una puerta, inicio el nuevo camino. Llevo en mis manos como herramientas, acuñadas en plata dos pulseras, una serpiente, una campana y una paloma blanca.

Cae la noche ¡Cae la noche! y la oscuridad nos cubre con su velo, todos lentamente se van durmiendo: las letras, sílabas, Musas puntos, comas y rimas. Y el poeta agotado se acuesta, se arropa, cubre entonces su cuerpo con un manto de estrellas. Lo acuna en sus brazos Morfeo, y busca inspiración en sus sueños

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Cristales  

Libro de poesía

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