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LA SINCERIDAD NO TIENE NADA QUE VER CON LA DIRECCIONALIDAD DEL DISPARO Juan Fou

Proyecto Editorial Itinerante / Editorial Mar Adentro C.oleccion La Isla de la Fantasía


La sinceridad no tiene nada que ver con la direccionalidad del disparo Juan Fou 2° Edición / Digital. Proyecto Editorial Itinerante / Editorial Mar Adentro Mendoza, 2016

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ACÁ, LA HOJA en donde escribe, la pantalla con sus ventanas y sus redes por donde el mundo despliega su entramado de conexiones… Acá, las manos que escriben sedientas a mover las teclas y la piel insolada por el sol cuyano de la tarde. Acá, cae la noche, aminoran los ruidos en el pueblo y la familia comienza a acomodarse para la cena. ¿Por qué debería sentirse acompañado el que escribe cuando conoce de la virtualidad y las traiciones? Acá, la familia funciona y esto da miedo, todo dolor aglomerado en las relaciones que constituye ese cuerpo que se acerca alrededor de la mesa. Acá, se levanta una gran muralla echa de modales conjugados por imperativos brutalidades del televisor. Acá, el desplegado espectáculo cotidiano oculto tras la puerta privada de cada hogar infiltrado por luces eléctricas satélites que controlan. Acá, la paranoia creciente, el otro que busca cómplices de su fascismo encarnado en la panza de sesenta kilos y una pistola con la que amenaza a los animales y vecinos.


Acå, los recuerdos fluctuando entre silencios un pasado que el propio aguantadero de emociones sabe proteger como avaros ojos que se ciernen al ladrido de los perros y se imaginan otro mundo que no comparten‌


Los usufructos del porvenir

En la víspera de una fuga, el tempo late y el espacio se paraliza como ojo que no. No es heroísmo lo que motoriza mis manos, Es la crispada emoción de un niño para quien el mundo es un exceso constante. Prendo un cigarrillo con uno de los últimos fósforos y ordeno los libros y las drogas antes de irme, como también me deshago de viejos escritos y viejas marañas que me tuvieron atado. Si no mal recuerdo, todo comenzó una noche cuando abrí la ventana y floreció del cielo naranja una conversación con alguien que ya no estaba. No hablamos del futuro ni de recuerdos como suponían los gatos cómplices de otras charlas con mis fantasmas. Termino el cigarrillo y me doy cuenta que nada comenzó que mis cosas, aún naciendo contienen esa paradójica relación entre dos infinitos,


vida y muerte. Y mĂĄs allĂĄ del infortunio de sentir el agotamiento en la escritura del espĂ­ritu puedo acoplarme a una birome antes de quedar dormido y escribir los primeros usufructos del porvenir.


La poesía, las cosas, y yo

La poesía La poesía no es un orden de palabras, no está rendida: su búsqueda es libertad perenne de río. Las cosas Las cosas en el mundo, lentas como cuerpos acalorados de ciudad. Las cosas son presas de mi voz que las envuelve. El tedio de algunas horas, acá, tan cerca de tu puerta real, y yo, mudo. Y yo Soy una isla flotante. La polifuncionalidad del espacio:


Entre los mares, los archipiĂŠlagos conglomeran algo mĂĄs que tierra firme.


Para mí

No son para mí las plantas, las sillas de plástico apiladas al borde de las chapas, los jazmines sin florero pudriéndose, No es para mí cuerpo, el semblante del vacío, ni voz, ni forma. Para mí no es la luz en mi rincón, ni la llama del ritual. No son rostros mis almohadas, sí mis ventanas derruidas, sus restos en el balcón. No son puentes de libertad, los atardeceres de ciudad. No son realmente sueños mis versos, no son para mí ilusiones, los libros blancos llenos de nada, ni las playas desérticas del atlántico; No son para mí, los días turbios, las puertas que hacen ruido, la cotidiana mujer que se sube a un taxi y huye de miedo; No es para mí el descifrar de la música, la codificación del mundo, sus premoniciones; No son para mí los destellos de tu cuarto,


los agujeros negros de tus decisiones, o mejor dicho, de tus indecisiones. Advertencia: este poema no es plausible para el que sonríe, ni cobijo para el doliente. Pues no son para mí, el cargar con sentido tu mundo, el darte una respuesta, el aliviar tu atascada respiración citadina, el purificar tus pulmones cargados de cigarros; no es para mí lo mesiánico, ni lo divino, ni las raíces, ni las heladeras cargadas de alcohol; no son para mí los escenarios cómplices del suicidio, ni el sabor de la pantalla. Para mí, la falta ortográfica al contar la historia de mi infancia, el desconcierto al conjugar todos los verbos, la injuria al arquetipo del amor. No es para mí, el estar quieto, el cocinar a escondidas del mundo el postre de la última cena. No es para mí el muestrario mísero siendo transformado en mercancía, el acantilado minúsculo de las calles, pero sí las inundaciones de las mismas. De las piernas cansadas, para mí no es el maletín, ni su corbata, ni su peinado, pero sí la calle del microcentro a fuego ardiente, la mano del vendedor ambulante; la desdichosa suerte del explorador que se pierde al tomar un giro equivocado en el desierto sin nombre. No es para mí, ni siquiera la firma que me nombre, no es mi pulso; No son para mí los tímpanos del murciélago, el olfato del canino, la


sensibilidad de la enredadera, para mí no, la clasificación insomne de lo enfermo, lo hueco, lo yoico. Lo tuerto para mí, lo impotente, lo disfuncional, lo desarraigado en su lado maléfico de civilización y progreso, una flor dulce envuelta en un papelillo para mí, por el hueso y la piel y sus transpiraciones, y todos los pelos que no tengo, para mí, una atrocidad inentendible y por eso, injusta.


Ala oscuridad

El cuerpo encerrado en la habitación se desviste como semilla en su intimidad con la tierra y abre su piel al contacto del vejamen deseo que lo trajo en el fuero interno de la sustancia nocturna que lo aloja. En ese yacimiento inerte que comparte con las cosas no ver es no sentir que adentro algo se mueve y hasta bulle, como si los órganos hablasen sólo cuando el silencio entra en complicidad con la luz y permiten la pausa. Afuera, la noche tiene la luna nueva de un alma perdida y se acobija acá, bajo el ala de la oscuridad porque jamás lo dejará despierto la alucinación, el amoral mundo de los sueños que pululan como brotes. ¿Qué son estos frutos que no necesitan luz para vivir, ni agua, ni el trabajo de un arado, o el empuje del oxígeno? Acaso le queda hundirse, ahogarse una vez más en la misma indiferencia de la liquidez bermeja, hasta el fin de sus días y convertirse como tantos otros en pluma, donde otro dormirá.


Enervado con la melosidad

Enervado con las palabras llanas de su propia melosidad ya no puede describir las cosas sino con tinte desgarrado como usufructo de su propio encierro, es llaga y es herida de las atrocidades que a su espejo le repugnan y lo quiebran. ¿Sino es la sustancia del espejo tan eterno hasta en las aguas quién puede soportar esta característica en su alma sin caer al lecho con la intranquilidad de quien no duerme sabiendo que está caminando sonámbulo por su vigilia?


Confesiones

La sinceridad no tiene nada que ver con la direccionalidad del disparo la verdad se trenza en el aire en los puntos de encuentros indeterminados entre el trayecto del billete enrolado y sucio sin memoria con alusiones a un retorno que no llega y un fantasma que acecha. Imaginarme con las pantuflas de un sonámbulo al borde de una escalera encaminado a un ático donde reposo con una caja llena de fotografías carcomidas por polillas famélicas. Podemos preferir rumiar un cigarrillo en el momento en que creamos a nuestros lectores con la literatura y su yugo de amor. Enunciados falsos de ergo muerte: La presa se esconde entre los yuyos turbios de su verdor… Sacrificar mi nombre, tu nombre y rebautizarnos.


Ser salvaje, entre los nubarrones del temporal, dejarse caer al signo gramatical que pincha, a la gota más allá de las condiciones meteorológicas desconectarse. El agradecimiento a quienes se dejaron escuchar, al inmenso sonido del mar golpeando sin cansancio, al viento zonda en su mejor cauce, a los instrumentos musicales de los amigos, a los métodos que construimos para sobrevivir. Cuando agonicen un día maniatado y lánguido de invierno ¿quién recogerá sus ruinas? Cuando se desmorone la telaraña de la que está hecho el mundo ¿quién barrerá las migas de nuestras confesiones?


JUAN FOU nació en la ciudad de Buenos Aires en 1988. Su encuentro con la poesía es en “El Asador”, un taller y laboratorio literario que funcionó en la Asamblea de Villa Urquiza hasta principios del 2014. Sus publicaciones fueron a través de fanzines y medios cibernéticos.


LA SINCERIDAD NO TIENE NADA QUE VER CON LA DIRECCIONALIDAD DEL DISPARO fue editado y diseñado por Proyecto Editorial Itinerante / Editorial Mar Adentro en Diciembre de 2014. Para su composición se utilizó la fuente Garamond. Se manipularon papel bookcell 80 grs. y papel Inkjet Rojo Escarlata de 120 grs. para los interiores y papel Madera de 200 grs. para la portada. La impresión y encuadernación de los 24 ejemplares se realizó en Pájaros Librería Independiente, Mendoza. Esta es su edición digital. Todos los derechos son de lxs Autores


La sinceridad no tiene nada que ver con la direccionalidad del disparo / Juan Fou  
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