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Número 11. Diciembre 2010

Dirección Elisabet Equipo de redacción Boris Rudeiko, Elisabet, Esther, Gabi, pepsi Diseño e imagen

. Se a bu e n A l b a ñ il

. En t r e v i s ta s del Foro . B. Miosi

P ubl ic id ad y comu n ic ac ión

. Hu mor

Entrev istas B. Miosi y Elisabet

.

Elisabet

pepsi y Plásido

Esther

Colaboradores prosófagos

Secciones

Gr á f ico

.

Nelo_

. Compa ñ ero s de Ru ta .

jose luis jaime cortes Colaboradores externos José Manuel Solana, José María Lafuente Agradecimientos Miguel Russo, Franciso Javier Illán Vivas, Raquel Roberti, Rosa Gil, Agustín Capeletto

Boris Rudeiko

La Redacción no se hace responsable de las opiniones expresadas por los colaboradores.

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© Prosófagos, 2010-2011


ditorial En plena polémica sobre los certámenes literarios, controversia que ha aparecido en las páginas de nuestra revista y también ha suscitado hilos animadísimos en nuestro foro, no se nos ha ocurrido otra cosa que… ¡organizar un concurso de relatos!

Por supuesto, un certamen literario organizado desde un foro no puede compararse con los célebres galardones que otorga el mundo editorial. Se aproxima mucho más a esa multitud de pequeños concursos locales, de alcance diverso, donde, podemos asegurarlo, lo que prima es la participación y donde el jurado sí vuelca su tiempo, su esfuerzo y las ganas para leer y valorar justamente todas las obras presentadas. Sabemos que quien ama escribir no necesita medallas ni reconocimientos para entregarse a las letras. Pero todo premio, independientemente del resultado, acaba siendo un gran impulso. ¡Cuántos autores incipientes o noveles han visto en un premio el aliciente necesario para lanzarse a escribir, o para seguir haciéndolo! Esta ha sido, en buena parte, la motivación del Concurso Prosófagos. Fieles a la finalidad del foro —potenciar la mejora en la calidad literaria de sus miembros—, hemos creído que un concurso podía contribuir a espolear la creatividad, tanto de los veteranos como de los recién llegados. Participar ya es una recompensa. Y ver los propios relatos publicados más aún. Pero en este número, además, contaremos con un mecenas que ya patrocinó nuestros cuatro primeros números de Prosofagia, en versión impresa. Muchos de vosotros podréis tener en vuestras manos este número 11 de la revista, cuya portada abraza los dos continentes desde los que se ha gestado. Gracias a José María Lafuente y a Ediciones La Bahía por creer en este proyecto.

L a R ed a cc ió n


Publicaciones de nuestros colaboradores

(Pág. 6)

Índice de imágenes

(Pág. 106)

Anaquel de revistas

(Pág. 110)

Fin de año

(Pág. 124)

Secciones

(Pág. 10)

E n t r e v i s t a s d e l Fo r o Barcelona - Buenos Aires - Madrid - Santander

(Pág. 12)

por Elisabet, Esther, Boris Rudeiko y pepsi

Humor gráfico De concursos literarios y otras hierbas por Nelo_ (Manuel Pérez Recio)

(Pág. 18)

Sea buen albañil Cómo se genera el discurso humano por Elisabet

(Pág. 20)

Compañeros de ruta Introducción al letrismo por José María Lafuente

Revista Literaria prosofagia - número 11 - diciembre 2010

(Pág. 26)


Cuentos Prosófag os

P r i me r C o n c u r s o L i t e r a r i o

(Pág. 32)

Cuentos premiados Donde más lejos se puede

(Pág. 36)

Alín

(Pág. 40)

III Premio

Como las antiguas ciudades bíblicas

(Pág. 44)

Mención de Honor

La procesión

(Pág. 48)

Mención de Honor

Motel Paradise

(Pág. 52)

Mención de Honor

El último amor

(Pág. 56)

Mención de Honor

Pérdidas

(Pág. 62)

La rata

(Pág. 66)

No cantes a la rosa

(Pág. 70)

I Premio

por ñam

II Premio

por Pepe Lillo

Mención de Honor Mención de Honor

por gloriaeche

por angel of musik por Nelo_

por panchito por Randal por clarinete

por Historias

Entrevistas al Jurado

(Pág. 74)

por Elisabet y Esther

Miguel Russo

(Pág. 76)

Francisco Javier Illán Vivas

(Pág. 82)

Raquel Roberti

(Pág. 88)

Rosa Gil

(Pág. 94)

Agustín Capeletto

(Pág. 100)

Revista Literaria prosofagia - número 11 - diciembre 2010


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Revista Literaria prosofagia - nĂşmero 11 --diciembre 2010 nĂşmero 11 - DICIEMBRE 2010 Prosofagia 7


Revista Literaria PROSOFAGIA

H

emos pedido, a los compañeros que han colaborado con Prosofagia, que nos acerquen reseñas de sus novelas publicadas. Los dejamos con ellas.

El legado, la hija de Hitler de Blanca Miosi

El legado, la hija de Hitler, de Blanca Miosi, es una novela que impone su propio ritmo. Desde el comienzo, la acción aparece ante los ojos del lector de un modo casi cinematográfico; el narrador es transparente, una voz que susurra en nuestra imaginación, creando en ella escenas tan vívidas como si las estuviésemos viendo en la realidad. Las descripciones son las precisas; ni faltan los detalles necesarios ni se extienden en aspectos superfluos que nos distraigan del hilo. Pero, además, la narración deja paso constantemente a escenas dialogadas, donde los personajes hablan y se mueven por sí mismos, sin intermediarios, mostrando toda su autenticidad. La historia se centra en un personaje real, Erik Hanussen, reconocido esoterista ubicado en Centroeuropa poco antes de la segunda confrontación mundial. Este ‘mago’ fue colaborador de Adolf Hitler, a quien ayudó a llegar al poder. En los primeros capítulos Blanca Miosi nos muestra los inicios de Hanussen y el nacimiento de ese poder, con elementos esotéricos y mágicos, como la aparición del Señor de Welldone —una especie de Saint Germain— con sus profecías y enseñanzas pero también, y sobre todo, con elementos científicos como la hipnosis y la psicología aplicada a las masas. Adolf Hitler fue quizá el primer embaucador que utilizó métodos propagandísticos para llegar al poder y adueñarse de la voluntad del pueblo, y eso fue gracias a Hanussen. Las escenas entre ambos protagonistas son de lo mejor de la novela y de lo mejor que se haya escrito nunca sobre Hitler, lejos de tópicos y estereotipos. El Führer pudo quizá ser un monstruo de crueldad sin límite, pero nunca el hombrecillo ridículo que nos presentan habitualmente. Sería pueril creerlo. La muerte del mago nunca fue completamente acreditada, algunos sospecharon que sobrevivió, hipótesis que aprovecha la autora para desarrollar el resto de la trama. Oculto en un refugio inexpugnable, Hanussen ve cómo las profecías de Welldone se van cumpliendo una a una, llevándolo a la desesperación, pues su sangre se mezcló con la de la bestia (su propia hija quedó embarazada por Hitler) y ello habría de traer con el tiempo desgracias aún mayores, que él lucha por evitar. La historia nos lleva a través de cuatro generaciones, con un relato lleno de acontecimientos inesperados hasta conducirnos a un final sorprendente. Estoy seguro de que leer algo bien escrito produce placer por sí mismo, independientemente del contenido de la historia que se lee, una especie de estado alfa, de perfecta comunión entre dos mentes en sintonía. Creo que éste es el secreto de los libros de éxito. El legado es una de esas pocas novelas que nos mantienen en estado alfa de principio a fin y que nos dejan un sabor nostálgico, casi triste, al terminarlas; adictiva como una droga, sus cuatrocientas once páginas me han sabido a poco. Mi felicitación, apreciada Blanca. Fernando Hidalgo (Panchito)

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PUBLICACIONES DE NUESTROS COLABORADORES

Cuyabeno, la sangre de la Tierra

de Manuel Pérez Recio (Nelo_)

¡Nelo, ya me lo leí! Qué quieres que te diga: es fabuloso. Me has hecho sufrir, temblar, reír y soñar con la selva, y también con la protagonista, gracias a tus magníficas descripciones. Un libro que recomiendo a todo el mundo. Tengo otro libro desde hace años, Manaos, una novela de aventuras en la selva. Es muy buena, pero no me hizo vibrar ni sentir tantas emociones como esta novela tuya. Un abrazo, amigo. Juan Pan (17/06/2009) Blog: http://ellugardejuan.blogspot.com/

*****

Qué decirte: me gustó sobre todo el final, abierto y liberador al tiempo, entre la realidad y la ilusión. No puedo comentar mucho de tu estilo, porque está ahí, presente, es tu sello: descriptivo, calculador, frío, trascendental y muy, muy yoico. Al estar escrito en primera persona, se adivina en gran parte autobiográfico. Fue como leer tus pensamientos, compartir tu forma de ser, de actuar... Me reí mucho con los diálogos, tan reales… Compartí, en cierto modo, desde una posición de observadora privilegiada, un nuevo tiempo con vos... Lo que sentí en la primera parte de la novela fue un tiempo lento, pausado, que se va acelerando conforme avanzas en la lectura, hasta que llega un punto en que todo sucede rápidamente, casi sin dar tiempo a respirar, como procede según los hechos. A mí me gustó mucho el libro, es divertido, apasionado y su lectura engancha, pero como te conozco no fue una novedad el sentir del personaje principal. Sí me parece muy interesante tu mirada frente al nuevo mundo, del que te sentí mucho más atraído de la generosa naturaleza que del aspecto cultural... Bueno, ya te cuento más en otro momento. ¡Hasta siempre, viejito! Gisela Yammal (21-03-2009) Proyecto Basura x Arte Blog: http://basuraxarte.blogspot.com/

***** Cuyabeno es una aventura adictiva. Está llena de múltiples y apasionantes descripciones que me han enganchado con ese vocabulario tan intenso, mezcla de emociones y poesía. El escritor ha sido capaz de describir cada personaje, cada evento, cada lugar y situación de forma original y muy fluida. Mª Yolanda Tarín

*****

La mayoría de las novelas se pueden encasillar en dos estereotipos para definirlas: Qué y Cómo. En las novelas “Qué” es más importante el contenido que la forma, mientras que en las novelas “Cómo” se da más importancia a la forma de narrar que a la propia historia de fondo; sin embargo, en Cuyabeno se conjugan ambas fórmulas, Qué y Cómo, y además aparecen dos nuevos participantes que son esenciales y hacen más atractiva la lectura, que son “Quién” y “Dónde”. Todos estos pilares se juntan en Cuyabeno para dar forma a un relato en el que las palabras se van encadenando con armonía, como en una partitura, para ir creando un misterio que crece en interés durante todo el libro y que finalmente se desmenuza sin dejar cabos sueltos. Por ello animo a seguir escribiendo a Nelo, y espero sinceramente que termine pronto su nueva novela para poderla degustar. Carlos PR número 11 - DICIEMBRE 2010 - Prosofagia 9


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Revista Literaria prosofagia - nĂşmero 11 -- diciembre 2010 nĂşmero 11 - DICIEMBRE 2010 Prosofagia 11


Revista Literaria PROSOFAGIA

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por Elisabet, Esther, Boris Rudeiko y pepsi

«E

s un vuelo que cada dos meses da la vuelta al mundo». Podría responder así si me preguntaran por Prosofagia, pero ¿qué piensan mis compañeros?, ¿quiénes son? querrá saber el lector. Por eso, usted es hoy nuestro entrevistador.

entrevistas del foro

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Barcelona - Buenos Aires - Madrid - Santander

Elisabet, inmersa siempre en un crisol de culturas, en la ciudad española europea por excelencia: Barcelona; Esther porque nació, vive y respira en Argentina, para América y el mundo entero, desde Buenos Aires; Boris Rudeiko, le gustan los cafelitos del Café Gijón y pasear por la Sierra en otoño, en la capital de España, pongamos que hablo de Madrid; pepsi (servidora) vive donde la montaña, el mar y el viento arbolan: Santander, España. Y a los cuatro nos gusta escribir. Somos parte del equipo de Prosofagia desde su inicio en el mes de abril del año 2009. «Sentíamos esa necesidad. El foro Prosófagos nos trajo hasta aquí», es la respuesta a su pregunta: «¿Cómo comenzó este viaje?». Queríamos hacer algo para todos, nuestra comunidad es global. Disponer de un lenguaje intercontinental es un privilegio y apasionarnos por este idioma una bendición dentro de la —tantas veces denostada— “globalización”. Lejos de la masificación, el gusto número 11 - DICIEMBRE 2010 - Prosofagia 13


Barcelona - Buenos Aires - Madrid - Santander por la escritura puede suponer, dentro de la Red, enriquecimiento, consenso, digresión también, aprendizaje, comunicación, «y una manera excelente de encontrar buenos amigos», agrego yo. «Internet brinda, como colectividad, herramientas gratuitas de todo tipo —y con esto aprovecho para contestarle, de seguido, por qué se han trazado en colores los nombres de mis compañeros y el mio—». Prosofagia es una puesta en común de Prosófagos, quien también ofrece sus herramientas a la comunidad en forma de foro abierto a la expresión del lenguaje escrito en español. No somos informáticos, no somos especialistas en comunicación, no somos diseñadores, así que nuestro trabajo como editores virtuales se inició de la manera más sencilla: los colores. Cada uno de nosotros es responsable de un grupo de artículos o entrevistas, y tiene asignado un color: Azul Elisabet, Rojo Esther, Verde Boris Rudeiko, y Violeta pepsi. Igual que cuatro cavernícolas en el amanecer de los tiempos pintando en la cueva. Elisabet descubrió una arcilla azul, no uno cualquiera: azul Gaudí, (y de paso, Elisabet inventó la tiza para los tacos del billar); Esther encontró el rojo en las brasas del asadito (desde ese momento sus manos fueron incluidas en aquello de «todo bicho que camina va a parar al asador»). ¡Pobres guanacos!, en realidad prefiero pensar que embadurnó sus manos en una veta de mineral de hierro; Boris, el madrileño amante del otoño, delineando con helechos sobre la dura piedra; y pepsi —haciendo honor a la dedicación principal de los primeros cántabros: el pillaje— robó un poquito a sus vecinos y lo mezcló todo todo y todo. Con esos colores escribimos nuestras sugerencias y correcciones a los textos que compartimos en Google Docs. Luego cada responsable pone en común las sugerencias a sus documentos y los deja listo para pasarlos a PDF y maquetar. A partir de esta rudimentaria organización del trabajo por colores —un trabajo en la distancia, sin oficina ni mesa en la que reunirse, sin horarios y con husos, y usos, tan dispares— se complicó todo hasta lo que hoy usted lee en la pantalla, quizá también en papel en sus manos. Entiendo que ahora, estimado entrevistador, si desea abordar este vuelo sentirá la necesidad de saber un poquito de cada uno de nosotros por separado, y preguntarnos. Tenga paciencia, alguien es tímido, y todos humildes. Es hora de embarcar, le dejo en Barcelona con la directora de Prosofagia, Elisabet.

M

i color es el azul. Azul mar, azul cielo, azul horizonte… El color que siempre amé desde mi infancia, el color de ese mar junto al que vivo.

Yo era feliz con mi vida, con mi trabajo y con mis ocupaciones. Pero ya sabéis que el ser humano es un abismo y, al final, siempre acaba insatisfecho, buscando algo más. Un buen día una cuerda oculta vibró dentro de mí. Una nota, dos, tres… Una cascada de música interna brotó de mi imaginación y tuve que sentarme a escribirla. Me embarqué en la aventura de las letras y toda aventura, si uno se entrega a ella, te acaba llevando por caminos inesperados. Así fue como, después de escribir para mi único deleite, alguien me abrió las puertas a compartir todo eso. Inicié la búsqueda de editorial para publicar mis novelas primerizas y, durante ese tiempo, navegando por la Red, di con los foros literarios. En toda aventura, también, acabas encontrando compañeros de camino. En busca de mi Ítaca, parafraseando a Llach, he atracado en puertos desconocidos

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Barcelona - Buenos Aires - Madrid - Santander

¿Ambiciosa? Sí. ¿Loca? También. No hay aventurero sin ambiciones y sin un poco o un mucho de locura. Pasajero de Prosofagia, hemos cruzado dulcemente un océano. Esther nos espera para darnos la bienvenida, estamos en Buenos Aires.

Q

ue sí, que sigo siendo «La dama misteriosa» (como me bautizó Blanca Miosi, ¿te acordás?), no te esfuerces, no te contaré sobre mi vida, obras y milagros. Ah, esa pregunta sí puedo respondértela: a los siete años ya estaba leyendo literatura, y seguí haciéndolo en forma obsesiva. De mi infancia me quedó el amor por los folletines de capa y espada y las aventuras de Julio Verne; detrás llegó Bécquer, cómo no, luego Cortázar, Wilde, Nalé Roxlo, Borges, García Márquez, Benedetti, Le Guin, Eco, Asimov, Kafka, y una lista tan extensa que no vale la pena el intentar continuarla. Claro que las lecturas me han influenciado a la hora de escribir… ¿Cómo no? Querría alcanzar un estilo propio que sea algo así como una mezcla de Cortázar, Baricco y Calvino, pero ya ves, la luna está tan lejos y es tan difícil bajarla para que tome agua en el charquito… ¿Que cómo llegué a los foros literarios? Puro azar. No sabía siquiera que existían cuando me caí de bruces en uno de ellos. Por supuesto que he encontrado mucho de bueno en participar de foros, ¡por eso sigo! Aprendí sobre cómo escribir y sobre cómo leer literatura. Después vinieron las entrevistas, Prosofagia, concursos… Desafíos, nuevas experiencias, correr el horizonte un poco más allá, aprender más. Lo mejor de todo es que no se trata de un proceso individual, cerrado a uno mismo y nada más. Prosofagia ha significado una aventura increíble. ¿Ya estamos en el número 11? ¿Ya veintidós meses? Es cierto, parece que tengo alguna formación en letras, o por lo menos en corrección de estilo, pero nada más alejado de la realidad. Vengo de las ciencias naturales, pero no te creas, una fuerte formación científica es excelente para encarar la literatura; también vengo del campo educativo, como muchos otros compañeros de foros; y, a decir verdad, Prosófagos me dio herramientas útiles para el trabajo docente. La palabra escrita es un nexo poderoso: la capacidad de abstracción se inscribe en ella, siempre, se trate del Dialogo sopra i due massimi sistemi del mondo tolemaico e copernicano, de Galileo, o Cien años de soledad. ¡Está bien! Tranquilo, ¡no hablaré de física! Suficiente con literatura…

entrevistas del foro

y he fondeado en islas que mis ojos jamás soñaron ver. Mi equipaje se ha ido llenando de nombres, conocimientos, afectos… y relatos. También he aprendido a desear que este viaje sea largo, muy largo, y que Ítaca sea, más que una meta, un norte. Ese norte que es belleza azul y luminosa, violenta a rachas, serena en lo profundo, contradictoria en su lucha interna, ansiosa de armonía; la belleza del mar, de la tierra, de la luz palpitante que deseo, tal vez de forma muy tosca, pero empecinadamente, verter en mis letras.

Como verá, querido viajero, de nuevo hemos saltado “el charco”. Parecieran trayectos distintos. Y la levedad es porque las letras van ligeras de equipaje. Boris Rudeiko, puntual, le aguarda en Madrid al vuelo de la siguiente página.

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Barcelona - Buenos Aires - Madrid - Santander

A

Boris Rudeiko, además del otoño, la montaña y el café, le gusta la música, especialmente la ópera, el cine y la literatura. También otras cosas, claro, pero con el tiempo las ha ido dejando por el camino para centrarse principalmente en la tarea de aprender a escribir. Y como para eso hace falta leer mucho, pues dedica algunas horas al día, siempre que puede, a esa actividad. Le gustaría parecerse, escribiendo, a Juan José Millás, a Saramago, a Vargas Llosa, a Roberto Bolaño, a Raymond Carver, entre otros, pero lo que de verdad quisiera es llegar a tener un estilo propio. ¿Que por qué participa en un foro literario? Porque piensa que es una buena opción para aprender a escribir, y también a leer. ¿Y por qué en Prosófagos, precisamente? Porque se sintió y aún se siente a gusto en el foro, aunque últimamente dedica poco tiempo a él y mucho a la revista Prosofagia.

No, no tengo inconveniente. Sesenta y dos. Y una esposa, tres hijos y una nieta.

No estudié ninguna carrera de letras, aunque me hubiera gustado. Hice una ingeniería. Siempre me gustó leer, aunque de niño solo leía los típicos tebeos y más tarde el Quijote y novelas del Oeste americano, de un tal Zane Grey, que cambiaba en un kiosco, una vez leídas, por unos céntimos de peseta. Bueno, el seudónimo... El caso es que estuve casi un año trabajando en San Petersburgo. Entre 2002 y 2003. Como allí el clima era duro, el invierno largo y estaba solo, dediqué buena parte de mi tiempo libre a escribir un diario y algunos cuentos que no me atreví a firmar con mi verdadero nombre, así que busqué un seudónimo, Boris Rudeiko, un nombre ruso que no figurara en Internet. Y voilá. Fue en esta época cuando me aficioné a escribir. ¿Ahora?, pues algún cuento de vez en cuando, nada de particular, y un libro (no sé si puedo llamarlo novela), que no tengo la menor idea de si conseguiré acabar algún día, pero sí muchas dudas sobre su calidad literaria.

No. No he publicado ningún libro aún.

El sol luce despejado en Barajas, la temperatura es agradable, velocidad de crucero durante todo el camino... Abróchese el cinturón, vamos a entrar en una zona de turbulencias: pepsi en Santander. Tranquilo, solo es aire.

C

ierto que bebo Pepsi, también Coca-Cola, cerveza San Miguel 0.0, sidra El Gaitero y cuando puedo y me dejan, champagne rosé —y aprovecho para elaborar lo que llaman “burbuja pepsiana”, la iré señalando— como el que jamás tomó Lana Turner en An affair to remember, porque soy incapaz de invocar a Deborah Kerr para tal menester. Cuestión de arcos ciliares. El nick que utilizo en Internet viene de un entrañable recuerdo de la niñez. Mis abuelos maternos y yo teníamos un saludo-diálogo-cantinela que repetíamos siempre:

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—¡Hola!, ¡hola!, ¡hola! —yo, a saltos.

prosofagia - número 11 - DICIEMBRE 2010


Barcelona - Buenos Aires - Madrid - Santander —¡Hola, pepsicola! —abuelito.

—¡Hola, pajarito sin cola! —abuelita.

—¡Soy una pepsicola sin cola! —yo.

Si Pepsi-Cola recortó también su nombre no creo que fuera por mí, la verdad. Hay otras coincidencias más con la imitadora. Yo imito. No tengo formación, imito a cocinar, a escribir, a maquetar, a dibujar —retomando la burbuja— una Imitación a la vida (aunque reconozco que me gusta más Claudette Colbert en este papel que Lana Turner, y es, otra vez, porque identifico las cejas con las pasiones y los sentimientos). Se cocina por amor, es la respuesta que le dará cualquier cocinero (incluso alguno, como Arguiñano, cantando), o la cocinera negra que tanto de amor sabe, de la Imitación a la vida de la Colbert. Hago mías sus tortitas, me conducen, locamente, a enamorarme de la ortotipografía que paladeo, no domino. «No me conformo» —ahora meto el Manifiesto prosófago en la receta— con poner la ortografía a voleo. Quiero discernir dónde y cuándo, cómo lo piden las palabras y su textura. Igual que sabemos que la sal no se debe añadir nunca en el huevo batido directamente porque apelmaza y que hay que cerner la harina. Yo estoy en el punto de cascar los huevos, y cerner, cierno, pero discernir, digamos que estoy en ciernes (fin de la burbuja). Es en el foro y en la revista donde he encontrado las ganas de aprender y que no desaparecen, porque me siento muy querida y arropada. La disparatada idea de ponerme a escribir surge de una queja que redacté sobre la degradación de los alimentos preparados para los animales (se nos olvida que es también cocinar, corrían los tiempos del mal llamado «mal de las vacas locas»), en vez de una denuncia me salió un cuentecillo. En realidad, siempre escribo “defensas”. Hacia quienes siento desamparados como los animales o los monstruos de ficción. Los primeros me inspiran ternura, y dolor. De los monstruos, creo que, como irrealidad, son blanco de la hipocresía. La compasión parece solo una obligación de, por y para nuestra conciencia. Si todos fuéramos monstruos, lo dejaríamos de ser al instante, simplemente “personificaríamos” nuestra monstruosidad y escribiríamos para el hombre los más horribles fines y finales, vetándole al amor y a toda redención que no pasara por la pérdida de su humanidad, en el gesto tan real como falto de remordimiento de imaginarle sobre un papel y convertir todo lo que salvamos en nosotros mismos. Me resulta cruel, como morir. Por eso me atraen y aterran tanto los relatos sobre zombies, y pienso que estos son los monstruos sobre los que más queda por explorar y decir.

entrevistas del foro

La tripulación de Prosofagia le desea una feliz estancia en la revista y se mantiene en el deseo de que siga volando en nuestra compañía.

Elisabet, Esther, Boris Rudeiko y pepsi número 11 - DICIEMBRE 2010 - Prosofagia 17


humor gráfico

—¿ERES CATÓLICO, VERDAD?

—¿Y ESO A QUÉ VIENE AHORA?

—¿NO SERÁ PARA UN CONCURSO LITERARIO?...

—PUES SÍ, MIRA QUE GATO MÁS LISTO.

—LO SIENTO. ES QUE, DESDE LA VISITA DEL PAPA, NO HABÍA VISTO UNA MUESTRA DE FE TAN GRANDE.

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Manuel Pérez Recio (Nelo_) Escritor. O el sueño de un idiota con un lápiz en la mano. número 11 - DICIEMBRE 2010 - Prosofagia 19


Revista Literaria PROSOFAGIA

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Elisabet

E

n el anterior capítulo de nuestra serie hablábamos de la importancia para un literato de conocer las reglas de juego a fin de producir una obra formalmente correcta y artísticamente audaz. Repasamos la historia del estudio del lenguaje y la escritura desde los antiguos gramáticos y la lingüística tradicional hasta el estructuralismo y el último hito de la ciencia del lenguaje: la gramática generativa o transformacional.

Sea buen albañil

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Cómo se genera el discurso humano

Así como sus predecesoras se enfocaron en describir cómo es el lenguaje y de qué manera se estructura el discurso, la gramática generativa ambiciona descubrir qué leyes universales rigen la misma creación del lenguaje y la emisión de mensajes, ya sean orales o escritos.

Todos somos gramáticos Como toda ciencia, parte de los datos empíricos, pero no se queda ahí, sino que crea un modelo abstracto sobre el que fundamentar la teoría: el hablante ideal. Este hablante ideal posee unas capacidades innatas para generar lenguaje y para detectar cuándo una frase es o no correcta. La gran mayoría de las personas somos poco versadas en lingüística, pero todas sabemos hablar y podemos distinguir perfectamente cuándo una frase es correcta o no en nuestro idioma. Tenemos una noción de número 11 - DICIEMBRE 2010 - Prosofagia 21


Cómo se genera el discurso hunano gramaticalidad. Es decir, aunque no sepamos gramática, la estamos aplicando continuamente cada día: forma parte de nuestra competencia lingüística innata. Esta capacidad nos permite, por ejemplo, distinguir entre estas tres frases cuál es correcta y cuáles no: a. El caballo come hierba fresca. b. El caballo come libros de seda. c. Come fresca caballo el hierba. ¿Por qué la frase b es correcta formalmente, pero no es aceptable? ¿Por qué c no es correcta, si posee los mismos elementos que a? Y más aún, ¿sería posible admitir la frase b en un contexto peculiar?

Ambigüedades y profundidades Hay otra limitación en la gramática estructural que la generativa se propone resolver. Son las ambigüedades, que tantas veces encontramos en el lenguaje oral, y que a menudo nos suponen un pequeño escollo a la hora de escribir y corregir nuestros textos. Valga otro ejemplo:

Luis contempló a María llorando junto a la ventana.

Ante una oración como esta, cabe preguntarse: ¿quién llora?, ¿quién está junto a la ventana? Sin tener más información sobre el contexto de la frase, o sin cambiar el orden de sus elementos, ¿cómo averiguar su sentido exacto? Chomsky y los gramáticos generativos resuelven las ambigüedades distinguiendo dos niveles en la estructura de las oraciones: la superficial, meramente formal, y la profunda, que nos revelará, en este caso, si «llorando» depende del sujeto (Luis) o del objeto directo (María); y si «junto a la ventana» es un circunstancial asociado a María o a Luis. Por supuesto, si la frase es pronunciada oralmente, la entonación nos dará pistas.

Impredecible y libre Una de las grandes críticas al estructuralismo fue que adoptaba en buena medida la teoría conductista de Skinner. Es decir, explicaba el aprendizaje de un idioma como un mecanismo de acción, reacción. Una vez aprendido un modelo de frase, se aplicaba con sus variantes a todas las situaciones similares. De este modo, la producción de un discurso se convierte en un proceso automatizado, predecible y controlable. Las consecuencias sociales de esto son tremendas. Si un tipo de mensaje provoca una reacción determinada en los oyentes, basta conocer este mecanismo para manipular a voluntad sus respuestas. La publicidad y la retórica se sostienen en esta dimensión conductista del lenguaje. Pero no todo el discurso tiene una finalidad utilitaria, ni todas las respuestas son predecibles. Ante una frase como «Tengo hambre», el oyente no tiene por qué contestar ofreciendo comida a su interlocutor. Puede darle infinidad de respuestas, desde una pragmática «Pues ve a la nevera y toma algo», hasta una servicial «Te traeré un bocadillo», una propositiva «¿Por qué no vas a la cafetería y desayunas?» o una sarcástica «Pues aguanta, que así adelgazas». 22

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Cómo se genera el discurso humano

La creación poética Así, sabemos que todo ser humano, salvo accidente, nace con una capacidad innata para aprender y generar lenguaje, para descubrir las reglas del juego y no solo eso, sino aplicarlas creativamente. Es el dominio de estas reglas el que permite, en un momento dado, generar frases y discursos de valor poético, que en ocasiones rayan el límite de lo gramaticalmente correcto o “normal”. Pues el ser humano no se limita a usar una lengua, sino a reflexionar sobre ella y a jugar con ella. En la generación de una frase o discurso, la gramática estructural se basaba en dos principios: la selección y la combinación. El hablante selecciona los elementos que van a formar la frase, entre una amplia gama, como si se tratara de las piezas de un Lego; y luego los combina, siguiendo las reglas gramaticales, y forma su mosaico. Es un proceso lineal. Pero esta teoría es insuficiente y no alcanza a explicar las ambigüedades, ni por qué una frase como la del anterior ejemplo («El caballo come libros de seda») no es correcta. No basta dominar unas reglas de combinatoria para crear un texto o mensaje correcto y comprensible. La gramática generativa rechaza el modelo lineal de la selección y la combinación y propone que, previo al mensaje, existe un proyecto, una idea global, que determinará la forma y los elementos elegidos a la hora de generar el discurso.

Pondremos un ejemplo más.

La policía encontró el cadáver de Alonso López tras una larga búsqueda.

Tras una larga búsqueda, el cadáver de Alonso López fue encontrado por la policía.

Sea buen albañil

Esas respuestas impredecibles revelan que el lenguaje no está sujeto necesariamente a estímulos externos, tiene una autonomía. Y también sobrepasa el pragmatismo. El lenguaje permite el derroche, el exceso, la magnificencia. Antropológicamente hablando, es un lujo evolutivo. Chomsky afirma que el lenguaje «es libre para servir como instrumento del pensamiento y la autoexpresión libre». Y, al igual que el pensamiento, no tiene límites.

¿Qué diferencia hay entre ambos enunciados? Aparentemente, dicen lo mismo. Pero el cambio de orden en los elementos y el uso de la voz pasiva nos muestran que el enfoque del mensaje no es el mismo. La primera frase es aséptica, meramente informativa. Podría formar parte de una reseña periodística. La segunda comienza con un circunstancial: se recalca que hubo una larga y tal vez dificultosa búsqueda. El hecho de situarlo al inicio también confiere un aura de dramatismo a la frase. Se utiliza la voz pasiva para enfatizar el peso del cadáver: el personaje muerto es más importante que la policía que lo encontró. Más aún: el personaje es más importante que la noticia en sí. Y la incidencia en esa búsqueda prolongada recalca que esa muerte no se produjo en circunstancias muy normales. Esta idea: el plan preconcebido que determina la forma del mensaje, es perfectamente aplicable a la hora de estudiar un texto literario. El autor, la mayoría de las veces, ya ha pergeñado el relato en su interior: ha engendrado la idea y cómo quiere transmitirla. De ello dependerá su forma externa. No es lo mismo relatar un número 11 - DICIEMBRE 2010 - Prosofagia 23


Cómo se genera el discurso hunano acontecimiento en tercera persona, en un tono neutral y descriptivo —como una crónica o un reportaje— que emplear la primera persona, por ejemplo, o valerse del género epistolar, para contar la misma historia. En un caso, el autor estará ejerciendo como testigo y fiel transmisor; en el segundo, el autor se convierte en la voz de un personaje que da cauce a su expresión y a sus vivencias íntimas. Así, vemos cómo la gramática generativa no solo responde a la cuestión de cómo podemos hablar y escribir correctamente, sino que busca descifrar cómo logramos concebir obras creativas que superan la pura corrección y gramaticalidad.

Y esto, en literatura, nos interesa.

Bibliografía Trabajos de Chomsky, Noam: Estructuras sintácticas. México: Siglo XXI, 1974. El lenguaje y el entendimiento. Barcelona: Seix Barral, 1971. Reflexiones sobre el lenguaje. Barcelona, Ariel, 1979. Ensayos sobre forma e interpretación. Madrid: Cátedra, 1982. Proceso contra Skinner. Barcelona: Anagrama, 1974.

Tusón, Jesús: Teorías gramaticales y análisis sintáctico. Barcelona: Teide, 1980. Lingüística, una introducción al estudio del lenguaje. Barcelona: Barcanova, 1984.

Elisabet

Licenciada en Filología Inglesa. Escritora de ensayo y ficción. 24

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Cómo se genera el discurso humano

Sea buen albañil

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Revista Literaria PROSOFAGIA

Isidore Isou. Hipergrafía de DOUZE HYPERGRAPHIES. POLYLOGUE. 335 x 490 mm. ed. Michel Tapié: Torino, 1964. Col. particular. 26

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Introducción al letrismo

L etrism O José María Lafuente

El

movimiento conocido como letrismo parte de la inspiración de su fundador, Isidore Isou (Joan Isidore Goldstein), nacido en Botosani, Rumanía, en 1925. A la edad de veinte años se establece en París donde vivirá definitivamente hasta su fallecimiento en el año 2007.

Es curioso observar cómo dos rumanos judíos, Tristan Tzara, que casi treinta años antes había sido uno de los protagonistas más activos de la corriente dadaísta, y el propio Isou influirían poderosamente desde el campo de las letras en el desarrollo de lo que se ha venido llamando primera vanguardia y neovanguardia, separadas ambas por el lapso de tiempo que va desde el inicio de la Primera Guerra Mundial hasta el final de la Segunda. El uso de la palabra vanguardia, como concepto artístico, deriva de los primeros años del siglo pasado y tiene como principales impulsores a hombres de letras como Marinetti, Tzara o Breton. Posteriormente, es un término que ha sido aplicado, con mayor o menor fortuna, a aquello que se sale de la vía comúnmente establecida. Muchos de los enunciados de estos primeros grupos vanguardistas agrupados en torno al futurismo, dadaísmo y surrealismo fueron desarrollados plenamente por otros movimientos nacidos después del final de la Segunda Guerra Mundial, entre ellos el letrismo.

Compañeros de ruta

Introducción al

Isidore Isou. Introduction à une nouvelle poésie et à une nouvelle musique.

Gallimard: París, 1947. Col. particular

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Introducción al letrismo Isidore Isou publica en París, en 1947, su primer libro, Introduction à une nouvelle poésie et à une nouvelle musique. Esta primera obra, que contiene El manifiesto de la Poesía Letrista, había sido escrita, casi en su totalidad, entre 1942 y 1944, cuando su autor contaba con dieciocho años de edad.

Isidore Isou. L’Agrégation d’un nom et d’un messie Gallimard: París, 1947. Col. particular

El segundo libro de Isou, L’Agrégation d’un nom et d’un messie, París: Gallimard, 1947, y que traduciríamos como «La agregación de un nombre y de un Mesías», es una novela en la que Isou, con apenas veinte años de edad, hace de su vida la materia ejemplar de un destino. En esta novela de iniciación, él es el personaje emblemático, erigido en mito viviente. El letrismo es incomprensible sin referencia a este texto fundador. Al concluir, en esta novela, el periplo que le condujo de su Rumanía natal a la nueva Jerusalén que a sus ojos representa París, Isou está ya formado y edificado por unas obras y unas teorías (Marx, Lenin, el judaísmo, Proust, Joyce, Baudelaire, Rimbaud o el dadaísmo) que ya había reflejado en el frontispicio de su primer libro en el esquema en el que desarrolla su versión de «La evolución espiritual de la poesía», acto que va más allá de una delirante inmodestia para un escritor de solo veinte años y una sola publicación. Isidore Isou ha publicado más de setenta libros, el último en 1999, en su activa trayectoria artística y multitud de cursos y conferencias.

«La evolución espiritual de la poesía» 28

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Isou considera, en este manifiesto inicial publicado en su primer libro, que el empleo convencional de las palabras está ya desarrollado en la poesía y propone un elemento más puro y más profundo de versificación: la letra. Separada completamente de la palabra y de sus significados —tradicionales o no—, la letra debería de ser tomada de manera autónoma, materia de creación en sí misma, incluyendo el signo en tanto


Introducción al letrismo

que seudo-letra. A partir de aquí, y en años sucesivos, se irán sucediendo términos nuevos como hipergrafía, hipercreatismo, hipernovatismo, ciselante o «cincelante», arte infinitesimal, arte supratemporal y otros muchos. Es de señalar también el tratamiento del erotismo por parte de Isou. Ya desde su Je vous apprendrai l’Amour, París: La Terrain Vague, 1957, Isou describe el mundo de los gigolós profesionales y desvela sus métodos ultramodernos de seducción, así como sus medios para satisfacer a todas las amantes conquistadas. Esta novela, al relatar una aventura real, describe, por vez primera, el mundo de la literatura clandestina emparentada con el mundo de la droga y la prostitución clandestina. Los lectores encontrarán, en el curso de la narración, un resumen preciso de todos los sistemas esenciales del erotismo desde el Kama-Sutra hasta los surrealistas pasando por el Aretino y Sade, sistemas largamente sobrepasados por la «Erotología Matemática e Infinitesimal» de Isidore Isou, expuesta, por primera vez, en este libro. Continuará con este tema en sucesivos libros, en especial con Histoire de la Volupté, Argel, 1960, y sobre todo con Initiation à la haute volupté, París, 1960, novela que es al mismo tiempo un intento de renovación de todos los sectores del erotismo. La propia escritura de este libro representa una de las más importantes revoluciones del estilo novelesco. El Isidore Isou. autor introduce por primera vez en una narración com- Initiation á la Haute Volupte. pleta la Hipergrafía, es decir, el conjunto de los signos ed. Isidore Isou: París, 1960. Col. particular ideográficos, terminológicos, silábicos y alfabéticos.

Compañeros de ruta

Isidore Isou. Hipergrafía de DOUZE HYPERGRAPHIES. POLYLOGUE. 335 x 490 mm. ed. Michel Tapié: Torino, 1964. Col. particular.

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Introducción al letrismo

De

Initiation á la

Haute Volupte. ed. Isidore Isou: París, 1960. Col. particular

Paralelamente, en el orden plástico, el letrismo ha elaborado estructuras formales no figurativas partiendo de la letra o del signo en general, y paso a paso formula, como si fuera una nueva escuela filosófica, sus posiciones en torno a la ética, el cine, la lingüística, la lógica, las matemáticas, la sicología, la arquitectura... Esta voluntad pluridisciplinar del creador del letrismo sitúa este movimiento al lado y la vez al margen de las tendencias contemporáneas ya que provocan, por su propio origen multidisciplinar, la dificultad de ser comprendidos, conocidos y aceptados debido a lo unitario de sus conceptos. De ahí que finalmente, para satisfacer un deseo de simplificación, se ha usado comúnmente el término letrismo para designar el concepto derivado de la letra y el signo. Una aproximación inicial al letrismo estaría incompleta sin citar la figura de Maurice Lemaître. Letrista de primerísima hora, compañero de Isidore Isou desde 1949. Autor prolífico y polémico de más de cuarenta libros y de innumerables artículos y panfletos. Fundador de revistas históricas como Ur, Front de la Jeunesse, Lettrisme y tantas otras. Lemaître es hoy reconocido como el artista letrista más próximo a Isou, 30

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Introducción al letrismo

El letrismo no solo ambicionaba expresarse sobre términos y creaciones literarias y artísticas, sino que además pretendía influir como revulsivo político entre la juventud. Isou publica, en 1949, Le soulèvement de la jeunesse (La sublevación de la juventud), que será el germen inicial para que otros debates y contradicciones se produzcan en el mismo seno del grupo letrista. Guy Debord, inicialmente miembro del grupo letrista, rompe con este en 1952 para crear su propio grupo: el Letrismo Internacional, que junto con el grupo CoBrA (acrónimo de Copenhague, Bruselas y Amsterdam, de donde eran originarios sus miembros), fundarán, en 1957, el movimiento de posguerra más políticamente comprometido: la Internacional Situacionista, germen intelectual de lo que sería el movimiento de mayo de 1968 que, quizá sin pretenderlo, inaugurará una nueva etapa y una nueva época en las relaciones entre el arte y la sociedad.

Compañeros de ruta

creador del movimiento. El mérito de estas dos figuras históricas, que infatigable y tenazmente han creado obras durante cincuenta años, ha consistido en mantener vivo el espíritu letrista junto con importantes creadores incorporados durante estos años como Gabriel Pomerand, Roland Sabatier, Alain Satié o Jacques Spacagna entre otros.

Isidore Isou. Hipergrafía de DOUZE HYPERGRAPHIES. POLYLOGUE. 335 x 490 mm. ed. Michel Tapié: Torino, 1964. Col. particular.

José María Lafuente

Director de Ediciones La Bahía.

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prosofagia - nĂşmero 11 - DICIEMBRE 2010


En set iembre de 20 07 iniciamos Prosófagos, como u n foro literario dest inado a compart ir textos de sus integ rantes y con el interés de mejorar en la escrit u ra literaria. En estos t res años hemos andado cam inos que nos llevaron a organizar el Primer Concu rso Literario.

Fueron aceptados cuarenta y u n cuentos. Sus autores const r uyen, por sí m ismos, u na historia de estos t res años: alg u nos de ellos part icipan de Prosófagos desde su com ienzo, ot ros recién han arribado a estas costas. Si este, nuest ro primer Concurso, hoy nos promete ot ros a f ut uro, es ú nicamente por u na razón: la calidad, ent usiasmo y buena predisposición de concu rsantes y jurados. A todos: g racias.

Y… ¿Nos vemos en el próx imo certamen?

Los organizadores

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Revista Literaria PROSOFAGIA

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Donde más lejos se puede

¡M

ira quién viene por ahí! Mira el gigante, mira sus rodillas tocándose, mira sus brazos de camionero, su espalda de peón. Me encanta tirarme a su cuello y ver cómo sonríe. Le digo,   vamos a tomarnos una copa, Bruno, y me dice, no, vamos a la cancha. Yo estoy harta de ir a la cancha pero lo acompaño a ver a su hombre. Nos sentamos en la grada y mientras él se recrea la vista yo le cuento mi vida. Él me da su manopla y yo me siento escuchada; yo lo acompaño a la cancha y él se siente arropado. Somos la pareja perfecta. Cuando le digo, ay, niño, que está empezando a chispar, Bruno despliega sus tres metros de gabardina y guarece mi acomodable metro y medio bajo su ala. Bruno, le digo, Bruno... Él me mira. Pregunta ¿qué? Nada..., le contesto, y me aprieto contra él. Bruno está enamorado de Jaime Martel. No le importa que Jaime tenga dos niños y que ahora esté de novio con una tía repelente llamada María José. Bruno dice que la tía repelente no es tan repelente, un poquito sí pero no como yo la veo de repelente. Dice que salta a la vista que Jaime no está a gusto con ella, que a esa tía le gusta demasiado el dinero y que Jaime es de otra pasta. Y me señala la cancha como diciendo: «A hí lo tienes, perdiendo el tiempo en un equipo de fútbol de pueblo, con lo poco productivo que es eso». Más tarde, cuando nos estamos tomando la copa, hace recuento del día, reservando el espacio más importante del discurso para Jaime. Que un día baja y se lo dice, me dice, que la verdad es una fuerza desaprovechada

Primer premio - cuentos prosófagos

Donde más lejos se p u e d e

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Donde más lejos se puede en este mundo, que nadie se resiste ante un pecho abierto y que qué pienso sobre el tema. Y yo pienso en Jaime, en Jaime cuando se acaba el entrenamiento y se junta con su grupo de sudorosos y se abrazan y se pegan y todo es muy machote, y me imagino a mi pequeño con toda su gigante verdad plantándosele delante y diciéndole te quiero, no puedo evitarlo, desde que viniste a pintarme la casa no pienso en otra cosa que en tus labios. Y Jaime, con su peluda nuez en tensión, que se hace agua allí mismo pero que irremediablemente tiene que partirle la cara a mi niño. Y mi niño que se levanta con la nariz rota y sin entender nada. Me pienso a mí misma saltando sobre esa nuez y apretándola con todas mis fuerza (¡estúpido!, ¡cobarde hijo de perra!) y que alguien me coge y trata de tranquilizarme. Y ese alguien es mi niño, no puede ser otro, que con su corazón ahí boqueando aún rescata una porción y me la ofrece. Vámonos, Bruno, donde sea, le digo apurando la copa, y él inmediatamente paga la cuenta, conduce treinta kilómetros y me lleva a los muelles, a los pilones, donde más lejos se puede. A llí, frente al mar abierto, comiéndonos un paquete de pipas y planeando el futuro, siempre llega el momento en que Bruno se levanta y sale caminando sobre las aguas, rumbo al sol. ¡Nene! ¡Nene, espérame! ¡No puedo vivir sin tu manopla ni sin tu gabardina! ¡No puedo vivir sin saberte en el mundo, Bruno! Y Bruno, con sus ciento veintiocho kilos y su metro noventa, va tan liviano por el mar que ya no lo llamo más. Simplemente me acabo las pipas y espero a que vuelva.

ñam

ñ a m

( Na y r a

A lo n s o

Mo n z ó n)

Nac ida en L as Palmas d e Gr an C anar ia ha c e un mo ntó n d e añ os y mu er t a en la misma c iudad un par d e ve ces o más . Ha es c r i to c os as d e v i t al imp o r t an c ia par a la li ter atur a d e su tiemp o, cu entos llamados a provo c ar un nu evo Gr an C isma... S o lo qu e nadie lo s ab e.

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Donde más lejos se puede

Primer premio - cuentos prosófagos

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Revista Literaria PROSOFAGIA

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Alín

l

í

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S

u verdadero nombre era Pascual, aunque todos le llamábamos Alín. Era el más menudo de nosotros. Tenía la cara llena de pecas, el pelo rojizo. Por las tardes, a la salida del colegio, nos juntábamos en la plaza de la palmera. A llí jugábamos al gua, a policías y ladrones, al trompo, cuya madera pintábamos de colores vivos que se emborrachaban al girar. Pero por encima de todo jugábamos al fútbol. La palmera constituía uno de los postes. Sobre el bordillo de la acera, invisible, se alzaba el otro. Solo había una portería. Solo un portero: casi siempre yo. El resto de los críos formaban dos equipos y corrían al barullo detrás de la pelota, la mitad atacando, la otra defendiendo. Hasta que alguien metía gol y entonces cambiaban las tornas. Recuerdo que una vez me clavé una aguja de aquella palmera en un dedo, y el dedo se me hinchó como una morcilla y se me puso negro. Una morcilla dolorida y deforme. Estuve casi un mes viéndolos jugar desde mi bicicleta, sentado en el portaequipajes trasero, con los brazos apoyados en el sillín.

Como Alín era el más bajito, también era el más ágil. Él solo era capaz de regatear a todo el equipo contrario. Una especie de Maradona, pero más pequeño aún que el pelusa. Sin embargo, la principal facultad de Alín no tenía que ver con el fútbol, sino con su pelo. A veces, un tal Melquíades, se dejaba caer por la plaza para vernos jugar. Melquíades tenía cinco o seis años más que nosotros. Era alto y corpulento. Nos enseñaba jugadas secretas con las que dejar sentado a un defensa con un solo movimiento. Pero lo mejor era lo que llamaba «la noria». Alín se ponía firme, con los brazos muy pegados al cuerpo. Entonces Melquíades lo cogía del pelo, lo levantaba, y comenzaba a girar sobre sí mismo. Alín permanecía todo el tiempo con los ojos abiertos, serio, la mirada perdida en el cielo. Su pelo rojo era fortísimo y él nunca se quejaba. Fue el primero que comenzó a fumar. Ponía boca de pez y acribillaba el aire con anillos de humo, cada vez más grandes. También fue el primero en alejarse de nosotros. Hasta que supimos que se había metido en la banda del Mono.

segundo premio - cuentos prosófagos

A

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Alín La banda del Mono tenía una fama terrible entre los chicos del barrio. El Mono era un tipo peludo, encorvado, con la piel oscura. Un tipo que apenas hablaba. Decían que cazaba gatos y los colgaba del cuello para lanzarles dardos envenenados a través de una caña hueca. Los dardos los envenenaba con un cactus parecido al peyote. El gato entraba en una especie de alucinación antes de morir. Padecía convulsiones epilépticas. Contaban cómo una vez tiró una tortuga a un bidón lleno de agua. No recuerdo de dónde salió la tortuga. Cuando volcaron el bidón, el bicho tenía las patas y la cabeza tan hinchadas que casi se reventaban, la piel era blanca como la nata. También decían que si el Mono te atrapaba, te marcaba una eme mayúscula con un hierro candente: «Donde tú prefirieras, en la cara o en el culo». A todos se la habían marcado en el culo, claro. Y aunque nadie se atrevía a contarlo, había muchos chavales que llevaban esa eme del Mono debajo del calzoncillo.

El caso es que se corrió la voz de que Alín se había metido en esa banda.

Un día la madre de Vicente se puso enferma y le encargó a Vicente ir a la lechería. Como se entretuvo más de la cuenta jugando al fútbol, se le hizo tardísimo. Ramón dijo que él conocía un atajo. Los tres saltamos una alambrada y atravesamos unos campos de trigo. Cuando salimos de entre las mieses —que nos sobrepasaban en altura— nos dimos de bruces con la mismísima banda del Mono. Nos quedamos sin sangre. Alín nos miró y dijo: «La habéis jodido». El Mono fumaba sentado sobre una piedra. «¿Los conoces?», dijo. Alín sonrió: «Sí, los conozco». «Son tuyos pues», concluyó el Mono sin moverse de la piedra. «Tendríamos que marcarles la eme», dijo Alín con la sonrisa cada vez más exagerada. Yo enseguida tuve claro que mi única posibilidad era enfrentarme directamente con él; que los demás miembros de la banda vieran aquello como algo personal y que nos dejaran resolverlo a nosotros dos sin necesidad de intervenir. «Nos conocemos desde pequeños», dije. «Bueno, desde hace tiempo, porque pequeño sigues siendo», dije. Y aquello pareció funcionar… Primero se echaron a reír. Después permanecieron expectantes mientras Alín se iba acercando a mí. Todos habíamos crecido desde la última vez que nos vimos. Todos menos él. Cuando Alín comprendió que los demás habían decidido ser meros espectadores, se quedó plantado a cierta distancia y comenzó a insultarme. Entonces se escucharon los perros. Eran al menos tres, y el dueño del trigal venía con ellos. Rompimos a correr en desbandada. Saltamos los alambres de espino y seguimos corriendo. Aquella tarde la madre de Vicente se quedó sin leche, y Vicente estuvo tres días sin salir de casa. Cuando volvió a la plaza de la palmera ya todos lo sabían. Le felicitaron con palmaditas en el hombro, tal y como habían hecho antes con nosotros; los tres habíamos salvado la vida de puro milagro.

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Alín

Pepe Lillo

Pepe Lillo ( José V icente A racil Lillo) Nací en el año 61, en un pueblo sin mar pero en el que todo huele a Mediterráneo. Un pueblo de la provincia de Alicante. Crecí jugando solo en un patio que era un desier to, o una selva, o el oeste americano.Hace mil años comencé a trabajar en una farmacia, en la que aún sigo. Por su culpa lo ordeno todo alfabéticamente; no solo los medicamentos, sino los libros, la ropa de los armarios, los amigos. Estudié psicología, pero nunca ejercí. Descubrí a Millás (Juan José) a través de la radio, en un espacio de literatura, y fue él quien me recordó —lo había olvidado—, que desde niño, yo siempre había querido jugar a inventar historias. Y en eso andamos.

segundo premio - cuentos prosófagos

La historia de Alín me cayó encima ayer por la tarde, en un taller en el que había dejado mi furgón para que lo repararan. Hacía años que no sabía nada de él. Mientras el jefe de taller me explicaba un problema de bielas y se lucía con detalles técnicos que yo no acababa de entender, al fondo de la nave, con un mono azul, barriga enorme, el pelo entre rojizo y canoso, entradas prominentes y tan bajito como siempre, se hallaba Alín. Cuando un día antes fui a dejar el furgón no lo había visto. A hora no podía quitarle los ojos de encima. Tenía una llave inglesa en la mano y buceaba dentro de las tripas de un viejo Volkswagen. De pronto el jefe de taller se quedó callado, y yo entendí que había terminado con sus explicaciones. En ningún momento Alín me miró. Tampoco yo me acerqué a saludarle. Pagué y me fui de allí. Regresé a nuestra antigua plaza, ahora llena de edificios nuevos y sin palmera. Di unas cuantas vueltas por unas calles que ya no eran aquellas en las que jugábamos y volví a casa. A mi mujer le dije que había visto a un amigo de infancia, le conté que lo levantaban en el aire cogiéndolo del pelo y le costó creérselo. Le dije que con los años había cambiado mucho. «Supongo que todos hemos cambiado mucho», dije. Mi mujer sonrió, me dio un beso y se fue a preparar la cena. Yo salí a la terraza a fumar. Encendí un cigarrillo, tragué humo, miré hacia la calle, y entonces vi aquella eme mayúscula debajo de la farola. Era enorme, estaba pintada con tinta roja y ocupaba todo el techo de mi furgón color vainilla.

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Como las antiguas ciudades bíblicas

l u d c

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A

sí que era verdad lo del túnel y la luz. Acá voy, como patinando despacio por un hueco. Y si es verdad todo eso, también voy a ver como diapositivas de mi vida ahora, como cuando era chico y le mentía a la vieja, que sí, que había ido a catecismo, y en vez me había ido a jugar a la pelota. Igual, yo era el mejor en catecismo, me sabía todo lo de David y Goliat posta. Yo era muy religioso, no de ir a misa y todo eso, yo tengo una religión a mi manera. Me voy a ver cuando ya era más grande, antes de dejar la secundaria, que salía con esa minita del Hare K rishna, y fui a algunas reuniones, un poco para llevarle la contra a mi vieja, otro poco porque estaba de moda ser distinto. Cuando me empezó a aburrir eso de los mantras, la energía, y sobre todo que quería que me pusiera a comer pura verdura y me pelara, cuando todos los vagos andaban con los pelos largos, me fui. Qué me van a enseñar a mí de religión, si en la época en que no quería laburar, jugaba al futbol con los pentecostales, me llevaron a la carpa y escuché algunas reuniones. Ahí la conocí a Mary, y me elevó mucho, porque tenía plata, me llevaba a comer a lugares caros, y me compró ropa buena, era más grande ella, y la tenía que acompañar a las reuniones de los pastores. A mí la que me gustaba era la hermana, y ahí se pudrió todo, cuando

tercer premio - cuentos prosófagos

C o m o a n t i g c i u d a b í b l i

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Como las antiguas ciudades bíblicas Mary nos encontró juntos, me acuerdo como si fuera hoy. Ahí aprendí un poco más de religión, porque Mary se sabía todo, y me gritó que yo vivía en un mundo como las antiguas ciudades bíblicas de Sogoma y Domorra, que los tipos no respetaban, qué digo a la mujer del prójimo, ni al establo del prójimo respetaban, y que Dios dijo que si encontraba un hombre justo no iba a quemar las ciudades, y que ni uno encontró, que así me iba a ir a mí, decía Mary, un libro abierto era esa mina, que quedó peleada con la hermana años, no entraba el perdón en el paquete pentecostal para ella. También me acuerdo que cuando entré a trabajar en la casa de telas, el Turco era el dueño, y me quiso convencer de que ser musulmán era lo mejor, el único Dios es Alá, decía, y Maroma su profeta. No llegué a aprender mucho, me rajó, dijo que le afanaba. ¡Todos le afanaban al boludo! El túnel sigue, pero no veo luz en el fondo, vendrá después. Habrá alguna bifurcación con carteles, católicos para allá, testigos de Jehová para allá, yoguistas para allá... Me acuerdo que mi vieja me decía que iba a terminar mal cuando se palpitó que había sido yo que le había sacado las cosas de oro de la abuela, cuando me ofrecía para quedarme a la noche con ella. Y últimamente me hice muy devoto del Gauchito Gil, nos protegió mucho este último tiempo. También, fuimos a Corrientes como tres veces, yo le rezo mucho, es muy milagroso, no me agarraron ni cuando fue lo del banco, ni lo de la casa del country. Le llevé una pulsera y un anillo la última vez que fui al Santuario, le había prometido. A hora no sé qué le pasó, no le habrá parecido suficiente, me afané un auto para un laburo, me estaba siguiendo la policía, y me vi venir el paredón de la autopista, no tuve tiempo a nada, un golpe, un f lasheo, y este túnel, que se va acabando, estoy tomando mucha más velocidad, me da miedo, me hace pensar en que quiero vivir mejor, quiero estar tranquilo, hacerle caso a la vieja, si el Gauchito me salva esta vez, me corto el pelo y se lo llevo, me están golpeando acá, me duele el pecho, no puedo respirar, algo me inf la y me desinf la, voces, el desfibrilador otra vez, pide alguien, y ya no veo el túnel, abro los ojos y veo cuatro o cinco luces fuertes de una sala del hospital que me iluminan, máscaras blancas y guardapolvos. Le voy a cumplir al Gauchito, me tendré que cortar el pelo, aunque no sé, me costó mucho hacerlo crecer, y a las minas de la bailanta les gusta así.

Veo un policía ahí afuera de la sala. Me mira.

Gauchito, maestro, si zafo de esta, te juro que me corto el pelo, posta.

gloriaeche

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Como las antiguas ciudades bíblicas

E s ar gentina, nac ió en 19 49. Ganó el primer premio Municipalidad de Lanús; primer premio del Concurso Cartas de Amor Antonio Villalba, Escuela de Escritores: Madrid, España; primer premio del Concurso Hispanoamericano Roberto Fontanarrosa, Río Tercero, Córdoba. Segundo premio de poesía en el Concurso de Literatura Breve de la Librería Mediática, Venezuela. En 2010: Primer premio en el XI Concurso del Bicentenario, SADE Lanús, Buenos Aires. Segundo premio en Relatos Medievales HdH, España. Tercer premio en el ICP (Instituto de Cultura de Perú), Miami. Segundo premio en el programa de radio La Matera, Neuquén, Argentina. Además, cuenta con 16 menciones y sus cuentos figuran en 12 antologías.

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tercer premio - cuentos prosófagos

gloriaeche (Gloria Viv iana Echevarría)

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Revista Literaria PROSOFAGIA

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La procesión

E

s el último día de las fiestas y se acerca el momento que todos esperan emocionados: la procesión. Solo hay alguien que en este momento la maldice con toda su alma y ese alguien es el santo.

Él nunca había pretendido ser patrón de nada; de hecho, ya le cogió por sorpresa la santificación porque, lejos de ser un hombre verdaderamente entregado al fervor religioso, lo que había sido era un fóbico social declarado que se había auto desterrado a una ermita abandonada. Pasaba el tiempo tan a gusto, soñando despierto recostado bajo los árboles, rodeado de naturaleza salvaje. Hordas de pajaritos se acercaban a él y se posaban en sus hombros no por su aura benévola sino porque todos los días tiraba las migas del mantel por la ventana y los animalitos se habían entregado a la creencia de que lo mismo entre sus ropas también había migas ocultas esperando ser encontradas. Fueron las beatísimas vecinas del pueblo las que, por alguna razón insondable, interpretaron tal conducta como inefable muestra de santidad. Aparte de intentar entrometerse todo lo posible en la vida del pobre hombre a base de hacerle visitas intempestivas en las que insistían en hablar con el infeliz sobre Dios, la Santísima Trinidad y los sermones del padre Lucas, que él ni atendía ni le importaban lo más mínimo, instauraron una especie de competición privada en la que cada una intentaba aventajar a las demás contando supuestos milagros y sucesos insólitos en torno a la figura del eremita. Para cuando el pobre hombre murió víctima de un enfriamiento ya le habían adjudicado poderes tales como hablar con los animales, caminar por las aguas, invocar a los elementos a su antojo y, en general, disponer de línea directa con los cielos. Se pidió su canonización pero eran aquellos asuntos delicados que requerían montones de papeleo y molestias clericales, de modo que nunca se concretó nada y el aspirante a santo ermitaño pasó a ser santo solo por tradición oral. número 11 - DICIEMBRE 2010 - Prosofagia 49

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L a procesión


La procesión Pasaron los años; el pueblo fue prosperando y prosperando hasta convertirse en una pequeña ciudad que de repente dejó de prosperar y se convirtió en gran ciudad. Y hete aquí que un día el alcalde tuvo a bien querer edificar en las pocas afueras de la ciudad que quedaban, justo en el lugar donde aún se levantaban un par de piedras de la vieja ermita, desaparecida tiempo atrás a causa de la edad, el descuido y de un rayo que decidió caer justo en su tejado incinerándola hasta los cimientos. A lgunos de los concejales conocían las leyendas de la ermita y el milagrero que en ella vivía y expresaron al alcalde sus dudas sobre si edificar en ese terreno no sería un poco herejía. Pero el alcalde también recordaba aquellas historias de cuando era niño y había comenzado los trámites para santificar al milagrero, nombrándole patrón de la ciudad en concepto de indemnización y así todos contentos. No es posible explicar la congoja que sintió el pobre alma del solitario cuando se vio arrastrada de su pacífica nada a un incomodísimo cuerpo de madera pintada. No supo explicarse cómo había acabado allí ni por qué tanta gente se arrodillaba ante él encendiéndole velas mientras le solicitaban toda clase de cosas. Pasó meses de desconcierto hasta que un día un san Pascual que tenía al lado le explicó los deberes y obligaciones de un santo así como su teoría sobre la fe y los poderes de invocación de espíritus que la acompañaban. El nuevo santo comprendió, aterrado, que estaba allí porque toda aquella gente desconocida creía vaya usted a saber por qué en la santidad de su alma, identificándola y pretendiendo glorificarla a través de aquella estatua en la que ahora se encontraba prisionero. No quiso ni pensar en las implicaciones que esto podía tener respecto a la figura del Cristo que tenía a su derecha, ni sobre la de la Virgen de los Siete Puñales; se dedicó con ahínco a recordar aquellos días de ensoñación y calma que pasó en su ermita y en lo a gusto que se encontraba en aquellas tierras que se extendían más allá de la vida. Así consiguió un mínimo de paz mental que más o menos le hacía soportable aquella situación salvo puntual ataque de ansiedad. Hasta que llegó el día de la procesión. Había logrado quedarse amodorrado cuando unas violentas sacudidas le hicieron despertar con sobresalto. Mozos vestidos de forma extrañísima le bajaban de su pedestal mientras discutían el mejor procedimiento para transportarle hasta las parihuelas. Como el eremita no había presenciado una procesión en su vida no supo muy bien qué significaban aquellos preparativos y pensó que lo mismo le habían colocado en aquella plataforma para limpiar a fondo la hornacina en la que normalmente estaba. Por eso se alarmó bastante cuando los mozos, gruñendo de esfuerzo, levantaron la plataforma con él encima y echaron a andar hacia las puertas del templo. «Quizás me lleven a mi ermita», pensaba el santo, empezando a ilusionarse con el paseo. Entonces se abrieron las puertas de la iglesia y se encontró ante una rugiente multitud que le aclamaba tratando de superar el volumen con el que la banda municipal interpretaba su “Marcha procesional”. 50

prosofagia - número 11 - DICIEMBRE 2010


La procesión

¡Qué fiestas fueron aquellas! Todo el mundo acabó contentísimo y orgulloso y contaba a los cuatro vientos que su santo, aquel milagrero encantador que hablaba con los animales, caminaba por los ríos y mataba demonios con un parpadeo ¡había llorado! Sí, todos lo habían visto, grandes lágrimas cayendo por el rostro de la estatua. A nte tamaño portento se decidió que se harían dos procesiones al año: una el día del Santo Patrón, establecido el 5 de septiembre para dar la impresión de que las vacaciones no habían concluido del todo, y otra en Semana Santa, en la cual el santo desfilaría con todo honor detrás del Nazareno. Así se instauró la tradición, condenando al pobre santo a atravesar dos graves crisis de angustia al año en sendas procesiones y a soportar ser repintado cada vez porque los parroquianos insisten en que la pintura se aja muy deprisa, el santo parece muy pálido cada vez que le sacan de la iglesia. Es el último día de las fiestas y la procesión ya avanza por la calle principal. La gente canta, grita y se enjuga las lágrimas de emoción. ¡El santo vuelve a llorar!

angel of musik

angel of musik Mi ordenador, como la máquina de escribir de Orson Welles, no me aplaude cuando termino un relato. Tampoco me anima a escribirlos, ni me consuela cuando uno me sale mal. Se limita a indicarme que mi gramática es incorrecta y mi or tografía muy dudosa, pese a haberla repasado. También s e cu el ga c ada vez qu e intento es cu c har a B o b D y lan en el W indows Media Player, ah o r a qu e c ai go... Pero no l e guardo renc o r; ¿s o b re qu é iba a es c r ibir yo si las c os as, la v ida misma, s e c o mp o r t as en c o mo es d ebi d o? número 11 - DICIEMBRE 2010 - Prosofagia 51

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El santo creyó morir de nuevo de pura angustia al verse transportado hacia aquella multitud de desconocidos que se cerraba a su alrededor cual nube de mosquitos, todos zumbando oraciones por lo bajo mientras la banda seguía con aquel tatachín que el santo encontraba espantoso y fúnebre y que con su estruendo le impedía refugiarse en la burbuja de sus sueños y recuerdos. El vaivén de los porteadores le mareaba y tenía la sensación de ahogarse, de descomponerse, como si todas esas personas estuviesen intentando arrebatarle un trocito de su ser para quedárselo ellas. Intentó gritar, explicar, rogar incluso, pero la procesión siguió inexorable. Dos horas después, cuando vio que regresaban a la iglesia y que con ello presumiblemente concluiría la estremecedora excursión, el santo se echó a llorar de alivio y agotamiento nervioso.


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Motel Paradise

L

legué a las tres y media de la madrugada, Mariela dormía profundamente sobre la enorme cama de agua en la que, horas antes, habíamos retozado como Adán y Eva debieron hacerlo en su primera noche bajo el manzano. No quería despertarla, así que dejé la chaqueta y las llaves sobre la cómoda, por ese orden. Recordaba perfectamente haber pedido al conserje una percha para colgar la ropa, pero el muy cretino se había vuelto a olvidar, como con la botella de vino. Suerte que el bar de la gasolinera todavía estaba abierto; al menos había podido echar un trago. Apenas había dado un paso, tuve la inquietante sensación de que una fría ola de mar se abalanzaría súbitamente sobre mí, y retrocedí para cerrar la ventana. Ella y su manía de dejarla siempre entreabierta… Después separé unos centímetros la cortina para que entrara un poco de aquella luz violeta que irradiaba el destartalado cartel del motel. De pronto, un velo de falsa intimidad cubrió la pared de enfrente. Tras desentumecer el cuello con un ligero movimiento de la cabeza, caminé sigiloso hacia mi lado de la cama. No pude evitar tropezar con algo grande, pesado, a los pies de esta; sonó a caja de cristales rotos. A pesar del punzante dolor en el pie izquierdo, mantuve la boca cerrada. Percibí un ligero movimiento entre las sábanas, nada más. Al inclinarme comprobé que se trataba del televisor, el tubo de imagen estaba hecho añicos: algunos fragmentos se colaban por debajo de la cama, otros llegaban desperdigados por la moqueta hasta el baño. Antes de barajar cualquier hipótesis descabellada, comencé a retirar los trozos más grandes. Junto con algunos cristales, recogí un sujetador de encaje y un minúsculo tanga. El mero hecho de saber que ella dormía completamente desnuda, despertó de nuevo mi líbido, pero el alcohol, el cansancio…, no eran ingredientes para un buen cóctel, y descarté iniciar una batalla de antemano perdida. Coloqué suavemente ambas prendas sobre la mesilla de plástico donde debía descansar el televisor, y aparté este a un lado.

¿Qué demonios habría sucedido?... número 11 - DICIEMBRE 2010 - Prosofagia 53

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M o t e l P a r a d i s e


Motel Paradise Me senté muy despacio sobre el inoportuno colchón de agua dispuesto a desnudarme. «Seguro que no encontró el mando a distancia y usó un zapato para cambiar de canal», deduje, esbozando una estúpida sonrisa de reprobación. Mariela era todo un carácter. No sé cuántas respuestas sin sentido llegué a concebir en pocos segundos, supongo que fue divertido. Ya en cueros, salvo por los calzoncillos y la cartuchera (solo en la ducha me separaba de la pistola), estiré el brazo para dejar en la mesita de noche el anillo y el reloj de pulsera. Y nuevamente topé con algo que no debía estar allí. Coloqué los calcetines sobre la lamparita y la encendí. Era un bote de cerveza importada, medio vacío, con restos de ceniza en la levita. Miré al suelo, buscando alguna otra rara evidencia, y encontré unas botas camperas, al menos de la talla cuarenta y dos, junto a unos pantalones vaqueros y una camisa a cuadros. Retiré con premura los calcetines de la lamparita y arrastré la vista atrás… Efectivamente, había un hombre junto a ella, pegado como una lapa a su voluptuoso trasero. Me incorporé con brusquedad y palpé impaciente en la penumbra, hasta dar con la cadenilla que encendía la lámpara del techo. La mísera bombilla de sesenta vatios parpadeó unos instantes antes de derramar su luz enfermiza y vaporosa sobre la cama. «¿Qué mierda hace ese aquí!», grité enfurecido. En un acto ref lejo, desenfundé la pistola y apunté a su cabeza. Tras la convulsión inicial y un grito agudo, intenso de pánico, Mariela cubrió su rostro con la sábana de raso, como si con ello pudiera evitar que el proyectil la alcanzara. Apenas pude apreciar durante un segundo la expresión de terror en la mirada del hombre que la acompañaba, pues salió disparado, tropezando con todo objeto que halló en su camino, en dirección a la puerta del apartamento, de la que casi arranca los goznes, para perderse entre los tráilers del parking con la desesperación de una rata perseguida por un felino hambriento. «¿Con ese cobarde?», le pregunté, dolido, reteniendo en mi garganta un eructo cargado de bilis. Podía haber acabado con él con un ligero movimiento del dedo índice, pero no borrar de mi memoria la esencia de la verdadera traición, la falaz promesa de felicidad que me unía a ella. Y centré toda la atención en mi mujer, mi vida, mi razón de ser. A hora parecía tan distinta… El pelo teñido de rubio platino, las uñas postizas, el olor a sudor y perfume barato; tenía el aspecto de una furcia de carretera. Aquella no era la mujer con la que me comprometí, ni siquiera el esbozo. Me sentía estafado, humillado... Aunque cabía una última posibilidad. Mis manos comenzaron a temblar, mi rostro a sudar. «¿Mariela?», inquirí angustiado, sintiendo de pronto sobre mi cabeza el peso desmesurado de tres mil seiscientos cincuenta días sin noche, sin luna…, sin ella. «¡Por favor, no dispare!», exclamó, mostrando por primera vez su mirada acuosa y gris, sus párpados azul cobalto, sus labios hinchados de botox.

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prosofagia - número 11 - DICIEMBRE 2010


Motel Paradise

La extraña mujer comenzó a sollozar, a suplicar no sé qué cosas. Desvié la mirada hacia el parking: ni rastro de aquel tipo. Un reloj digital gigante, apostado sobre el techo de la luminaria de la gasolinera, marcaba en rojo las cuatro menos cuarto de la madrugada. En otro panel más pequeño, situado justo debajo, la fecha y la temperatura: veinticinco de abril de dos mil diez, trece grados. Mi corazón dejó de latir, mis pulmones de respirar. O así lo sentí. Caí al suelo de rodillas, abatido por la impotencia. Habían pasado ya diez años desde que nos alojamos en aquel motel, mi mujer y yo, para celebrar nuestro décimo aniversario, como dos malditos enamorados que buscan renovar sus votos a pesar del fango que anega sus vidas, cuando surgió aquella discusión sin sentido, casi sin palabras. Todavía con su olor corporal en mis manos, marché a tomar un par de copas y fumar un pitillo… Cuando regresé, ya casi de madrugada, el parpadeo de las luces azules y ambarinas iluminaba las paredes desconchadas del viejo edificio. Tras el cordón policial alrededor de la puerta 309, huellas de sangre, ropa íntima desgarrada. Ya era demasiado tarde para pedir perdón, para buscar una excusa. Abandoné la pistola en el suelo del porche, junto a un par de colillas aplastadas y el envase vacío de un preservativo, me incorporé y bajé con extrema pesadez los cuatro peldaños de la escalera, dispuesto a rendir cuentas con el Diablo. A lo lejos, ruido de sirenas, luces parpadeantes en el cielo. Aún hoy me pregunto por qué Adán y Eva fueron obligados a abandonar el Paraíso. Todo sería tan distinto…

Nelo_

Nelo_ (Manuel Pérez Recio) Nací en Valencia, en 1970. Desde muy joven pretendí dedicarme al dibujo creativo. Años más tarde, ya culminados los treinta, se me ocurrió vivir del cuento. Y aunque mi sustento lo debo a una multinacional del sector energético, nunca dejé de dibujar, escribir, crear otros mundos al fin y al cabo sin los que me resultaría muy difícil encontrar un camino lo suficientemente atractivo para perderme. Premios: Primer premio en el Concurso Nacional de Cómic EPLA, 1989. Finalista en el certamen literario Más cuento que Calleja, 2007, con el relato El tranvía de la luna. Publicaciones: Cuyabeno, la sangre de la Tierra, novela. Bohodón Ediciones, 2008 Nunca en las cenizas del olvido, relatos (coautor). Novaltea Ediciones, 2008 Tarta de manzana, relatos (prologista y coautor). Bohodón Ediciones, 2009 Cuentos para sonreír, microrrelatos (coautor). Editorial Hipálage, 2009 número 11 - DICIEMBRE 2010 - Prosofagia 55

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Bajé el arma al compás de mi respiración, cada latido un puñal en el corazón. Luego regresé al porche. Efectivamente, aquella era la habitación 309, nuestra habitación. ¿Dónde estaba entonces el error?


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El último amor

A mi querida amiga Blanca Miosi.

C

uando mi mujer cayó enferma yo tenía setenta y seis años. Ella, unos pocos menos; no sabía yo exactamente cuántos porque desde que nos conocimos Elisa siguió la costumbre, propia de aquella época, de quitarse algunos y su edad siempre tuvo un halo de misterio para mí. Poco después de iniciarse su enfermedad, casualmente supe, por unos documentos que tuve que recoger en el hospital, que tiene dos años más que yo. A mí eso siempre me ha traído sin cuidado pero para ella, admitir que era mayor que su esposo habría resultado humillante, de modo que no comenté nada. Digo que cayó enferma porque fue exactamente así. Íbamos paseando una tarde, camino de un cine, cuando ella se desplomó. Quise levantarla, pensando que habría tropezado, pero estaba inconsciente, babeando y su respiración era un estertor que nunca podré olvidar. Por fortuna eso sucedió en una zona céntrica; inmediatamente se produjo un alboroto en torno a nosotros, alguien llamó a una ambulancia y en pocos minutos entrábamos en urgencias. Seis semanas después Elisa volvió a casa. Con medio cuerpo paralizado, sin control de esfínteres, perdida parte de la visión y dependiendo de los demás hasta para lo más simple, pero conservando intactas sus facultades mentales. número 11 - DICIEMBRE 2010 - Prosofagia 57

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El último a m o r


El último amor Lo pasamos mal los dos. Ella sufría por verse inútil; yo, por verla así. Y ambos por tener que adaptarnos a un nuevo tipo de vida que nos costó asumir. Las primeras semanas fueron las peores; después pasaron los meses, los años, y la silla de ruedas, los pañales, la cuña, el elevador y otros veinte artefactos más se hicieron habituales. Nos acostumbramos a las nuevas rutinas hasta considerarlas normales. Parecía que habíamos conseguido estabilizar la situación pero los dos sabíamos que no era así. El tiempo jugaba en contra. Elisa se fue consumiendo lentamente, cada vez podía hacer menos cosas por sí misma y dependía más de mí. Yo también acusaba el paso de los años y, aunque siempre he sido fuerte y he tenido buena salud, llegó el momento en el que no podía moverla ni ayudarla como ella necesitaba. La situación se fue deteriorando hasta que ambos comprendimos que habíamos llegado al límite. La solución fue buscar una residencia para ancianos. Nos la encontró la asistente social del barrio, después de venir a casa y ver nuestro estado. El precio, subvencionado, era asequible y además contábamos con el valor de nuestra vivienda, si hubiese sido necesario. La asistente dijo que, de momento, era mejor conservarla ya que yo podría seguir ocupándola algunos años más y había que pensar también en mis propias necesidades para más adelante. Sorprendentemente, no tener hijos facilitó los trámites. Todo quedó arreglado para que al lunes siguiente a las diez de la mañana una ambulancia llevase a Elisa al que sería su nuevo hogar. Faltaban tres días; los tres días más tristes de mi vida. La noche del domingo no pude dormir. Sentía una tristeza tan honda que se me entrecortaba la respiración. Sin darme cuenta me encontré llorando sobre la almohada, en silencio, cuidando de que Elisa no me oyese desde su cama. De pronto oí su voz ronca:

—Juan, ¿duermes?

—No, ¿quieres algo, nena? —Así solía yo llamarla desde que éramos novios.

—Vendrás a verme, ¿verdad?

—Todos los días. No tendré otra cosa que hacer... —Intenté mostrarme jovial para darle ánimo.

— ¡Cómo hemos acabado, Juan! —se lamentó, dando un suspiro.

—A llí estarás muy bien, mujer, ya lo verás.

—Esta es nuestra última noche aquí juntos, después de tantos años…

Se hizo un largo silencio, solo roto por las cuatro campanadas que llegaron desde el viejo reloj de pared del comedor. Cuando acallaron, ella siguió hablando. 58

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El último amor

—Vale. ¿Qué quieres saber? —dije en tono condescendiente.

—Aquella compañera tuya, cuando estabas en la fábrica de motores... Manuela creo que se llamaba. ¿Tú y ella...? Siempre sospeché que tuvisteis un lío. ¿Tú te acostaste con ella? No me vayas a engañar, que lo has jurado. —¡Pero bueno! ¡Por dónde me sales ahora…! —exclamé, sorprendido. No me esperaba esa pregunta—. Ni con ella ni con ninguna, puedes estar segura. No te engaño, a estas alturas no iría a mentirte.

—Bien —contestó escuetamente, y ya no dijo más.

Quedé pensativo. Mi memoria retrocedió en el tiempo. A nuestra boda, a los primeros años de casados, al hijo que no llegó a nacer, a la fábrica de motores… y a Manuela. Ya apenas me acordaba de ella. ¿Cuánto haría?, ¿treinta y cinco, cuarenta años? Una mujer de temperamento, muy echada para delante. Tiempo después se casó con uno de los mecánicos. Menos mal que las puertas del taller eran altas, si no el pobre muchacho no hubiese podido pasar. Eso sí, ¡menuda hembra!, ¡qué pechos, qué piernas! Y en la cama, un torbellino. Mucha mujer para un hombre sólo. Me alejé de ella en cuanto vi que iba a por todas. Después, lo de Milagros fue distinto; había menos fuegos artificiales pero ella respetaba los límites. Otra campanada volvió a romper el silencio y me sacó de mis pensamientos. Elisa se agitó en su cama, debía de estar tan despierta como yo. Me levanté y me acerqué sin hacer ruido a su costado izquierdo, el que no estaba paralizado. A l verme, me tendió su mano y yo la estreché entre las mías. Bajo la escasa luz que se filtraba por los visillos desde las farolas de la calle sus ojos brillaron, llenos de emociones.

—¿De verdad te importa tanto? —pregunté en un susurro.

—Me importas tú, Juan, me importas tú. A hora te vas a quedar solo... —Su voz ref lejaba una profunda tristeza. —No creerás que hay muchas manuelas esperando a que te vayas... —bromeé.

—No seas bobo. Me preocupa que estés solo —insistió, con un mohín.

—Yo también quiero saber una cosa, Elisa. Y has de decirme la verdad, no te haré jurar pero no quiero que me engañes. —Noté tensión en sus facciones—. Dime de una vez los años que tienes.

número 11 - DICIEMBRE 2010 - Prosofagia 59

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—Ya faltan solo seis horas... Juan, dime una cosa. Pero júrame que me dirás la verdad, ya poco importa y quiero saberlo. ¿Lo prometes?


El último amor

Di en el blanco. Por unos momentos volvió a ser la Elisa de antes:

—¡A nda, la tontería con que vienes ahora! ¿Pues no lo sabes? A ver... Tú naciste en el veintisiete, o sea que tienes ochenta y… tres, y yo en el treinta, así que… ochenta he cumplido en marzo. ¿Es que no te acuerdas? —No estaba seguro, lo había olvidado. Vamos a intentar dormir un poco, que mañana será un día de mucho ajetreo.

—Tráeme antes la cuña, anda, que no quiero que se moje el pañal.

La besé en la frente, la miré a los ojos, intenté reconfortarla con lo que trataba de ser una sonrisa y me dirigí al cuarto de baño en busca de la cuña.

panchito

pa nch ito ( Fer na ndo H ida lgo Cut i l la s) Nac ido en B ar celo na en 1953, es a c tualmente médi c o d e f amilia en es a c iudad. Au to r, c o mo mero af i c i o nad o, d e al gunas f ábulas y relatos c o r tos, s e d ef ine c o mo l e c to r y su interés, c asi o bs esi vo, es la inter ac c ió n entre l en guaje y p ens amiento.

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El último amor

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Pérdidas

N

o sé por qué, pero fue lo primero que vino a mi mente ante la pregunta. Si los juguetes no tienen orden de prioridades (al menos es lo que pienso ahora) qué los puso en la cima. Hay un grupo predilecto en el recuerdo, pero no uno preferido, ni siquiera un top five. Aunque. ¿Quién dijo que se refería a juguetes? La consigna de la profesora fue clara y no se habló de juguetes, se habló de algo importante. Aunque. No se mencionó exactamente algo importante, sino lo que queríamos recuperar.

—Agarrá algo para jugar que nos vamos en cinco minutos.

—No quiero ir.

—En cinco minutos salimos.

—Pero no quiero ir. ¿Me puedo quedar en casa? —El nene no tuvo respuesta.

Instintivamente me vinieron ellos a la cabeza. Escuché un conjunto variado de objetos añorados por los compañeros de clase: Anillos, un disfraz, un colgante, un auto, unos guantes, una cámara de fotos, unos lápices. ¿Qué llevó su mente a esos objetos? ¿Qué llevó la mía a mi elección? Me gustaban. Voy a ser sincero: me gustan. El fin de semana pasado hubo un asado con los históricos. La familia del corazón. Las ausencias fueron las obvias, las inevitables. Juan Pablo ya tiene canas y una nena hermosa. Yo también tengo canas, pero las mías las veo todos los días, viví el proceso. Las de Juampi estaban erradas, eran repentinas. ¿Cómo mi amigo de la infancia va a tener canas? Miré para otro lado y las ignoré. Me contó que fue a comprarle un juguete a la hija por lo valiente ante la intimidante triple vacuna. En la juguetería quedó fascinado por la actualidad de los Playmobiles. «Pensé en vos», se apuró a decir. «No sabés qué buenos están». Estaba al tanto. Hablamos largo del tema.

—¿En qué calle vivimos?

—Á ngel Gallardo.

—¿En qué barrio?

—A lmagro.

—¿A qué calle vamos? número 11 - DICIEMBRE 2010 - Prosofagia 63

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P é r d i d a s


Pérdidas

—Avenida Perón.

—¿En qué barrio?

—San Justo.

—¿Vamos a lo de la Abuela?

—Sabés que no.

— Quiero ir a lo de la Abuela.

—Hoy no.

—No quiero ir al Hospital.

—Fin de la conversación. A hí viene el colectivo. —El nene no quedó conforme, pero resignado subió al colectivo. En la mano llevaba la bolsa con sus juguetes. «Si entrara una persona por esa puerta y les dijera que les puede devolver un objeto perdido, solo uno. ¿Cuál elegirían?». La consigna fue clara. No puedo dejar de pensar en las historias que habrá detrás de cada elección. Un señor habló apasionado de un autito naranja y de las sospechas por su pérdida hacia su mejor amigo. Una señora mencionó unos guantes, alguno habrá pensado si era poco, pero: ¿Quién se los regaló? ¿Qué eslabón perdido representaban los guantes? Una chica contó el no registro fotográfico de un disfraz infantil. ¿Solo el disfraz o el no registro de los que estaban ese día? El desfile de objetos seguía y yo no podía dejar de divagar en las historias detrás de ellos. Escuché mucha culpa en algunas pérdidas y mucha nostalgia en otras. En definitiva eran pérdidas. ¿Qué pretendía escuchar?

—¿Cuándo va a venir el Abuelo a comer a casa?

— Cuando se ponga bien.

—¿Cuándo se va a poner bien?

—Esperemos que pronto.

—¿Y por qué estás tan triste?

—…

—Después del Hospital podemos ir todos a comer ñoquis caseros a lo de la Abuela. Ella los amasa, yo les paso el tenedor y el Abuelo hace la salsa. ¿Vamos hoy después del Hospital?

—Hoy no creo que podamos.

—¿Cuándo?

—Pronto.

—La salsa del Abuelo es la mejor del mundo —se dijo a sí mismo y apoyó la cabeza contra la ventanilla. Cerró los ojos. 64

prosofagia - número 11 - DICIEMBRE 2010


Pérdidas

—Despertate que estamos por llegar.

—Mmmm…

—¡Dale!

— Cinco minutitos más.

—¿Qué cinco minutos? Bajamos en la próxima parada.

Recuerdo cómo ese día me quedé impotente viendo al colectivo llevarse mis mejores Playmobiles. Quedaron en el piso, bajo mi asiento. Muchos años fantaseé con que los encontraba. Con que alguien me los devolvía. Imaginé a un chico encontrándolo en algún lugar. Un lugar lejano e inexplicable. Lo extraño. Teníamos mucho para seguir jugando juntos.

Randal

Randal (Mariano Mandil) número 11 - DICIEMBRE 2010 - Prosofagia 65

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En mi caso no había culpa. Me quedé dormido y era chico. Era inevitable. Simplemente tengo la duda de saber por qué eso y no alguna de las miles de cosas que debo haber perdido en estos años. Recuerdo que también de chico le perdí a mi papá un libro. Se armó un lío grande. Hoy, a la distancia, creo que su reacción fue exagerada. Un libro se puede comprar en cualquier librería. Casi me mata. Insólitamente me lo olvidé en un avión, me quedé dormido y cuando aterrizamos me desperté, agarré mi campera y bajé obediente a ese paso corto y torpe que se arma en los pasillos de los aviones una vez aterrizados. «¿Y mi libro?», me preguntó en el hall de Aeroparque, mi cara no necesitó respuesta. ¡Plaff! Un correctivo clásico de mano pesada, más simbólica que agresiva. La mano pesada que me marcó los errores gruesos de chico. Pienso y sólo saco una conclusión: Soy un perdedor dormilón compulsivo. Sonrío mientras alguien habla de una estatuita perdida en un colegio casi reformatorio. Pérdidas. Una vez perdí el documento. Una semana antes de mis primeras elecciones. Ansiedad por el voto. Documento desaparecido. Denuncia. Trámites. Filas odiadas. Pérdida de tiempo. Burocracia. Nuevo documento con mi apellido mal escrito. Corrección descarada de gorda cansina municipal. Nombre incorrecto por los siguientes dieciséis años en todos los padrones. Hasta en la factura del teléfono. Viejo DNI apareciendo en el fondo de un cajón en mi primera mudanza sólo. El viejo correctivo ya no está, pero lo imaginé y reí armando las cajas para mi nueva casa.


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La rata

L

r a t a

a verdad. Clarificadora, odiada y deseada. En ocasiones surge de improviso y, cuando lo hace, al incrédulo lo convierte en creyente. Al ciego le devuelve la vista y al soberbio la prudencia.

Lo que voy a contar, aunque increíble, es mi verdad.

De camino a casa, después de varios meses de ausencia, sufrí el desfallecimiento de mi transporte. Mi coche, compañero de muchos años, acabó su vida en la cuneta de una carretera solitaria a altas horas de la noche, y cerca de un bosque para mí desconocido. La oscuridad me obligó a buscar una linterna. Su luz fue breve, pero antes de morir, quizás en solidaridad con mi viejo amigo, me mostró el camino hacia una maravillosa casa colonial que, sin saber cómo, descubrí rodeada por abedules, castaños y una gran variedad de árboles pináceos. Me dirigí hacia ella creyéndola la salvación a mi desgracia. A medida que me acercaba mi admiración iba en aumento. Unas lámparas de petróleo iluminaban su porche sostenido por cuatro fabulosas columnas. La puerta, de madera noble bien pulida, albergaba dos grandes aldabas que la embellecían. Al sonido seco y solemne del metal se respondió con la apertura de la entrada. Ni un alma salió a recibirme. Con prudencia entré dando voces para darme a conocer. Ninguna respuesta. Su interior, apenas iluminado, mostraba una mansión digna de un terrateniente. En el lado derecho distinguí una ancha y elegante escalera. A la izquierda una puerta de doble hoja, abierta de par en par, albergaba una biblioteca apenas iluminada por el resplandor de una gran chimenea.

—¿Hay alguien aquí?

Volví a gritar.

Observé junto a la escalera una mesita con un quinqué y un teléfono. Me acerqué, y levantando el auricular comprobé que tenía línea, e hice la

número 11 - DICIEMBRE 2010 - Prosofagia 67

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L a


La rata llamada para mi rescate. En una hoja de papel, pues no quise ser descortés, escribí mi disculpa y mi agradecimiento por el uso del teléfono. Pensé que el quinqué serviría para iluminarme el camino de vuelta. Avivé la llama y, al dirigirme a la salida, vi un gran marco en una de las paredes. A l acercarme levanté la lámpara. Una enorme rata peluda me miraba fijamente. La luz hacía brillar sus ojos de forma espeluznante. Abrió la boca, y presa del miedo salí corriendo sin reparar que dejaba las puertas de la casa abiertas. Corrí y corrí hasta que mis pulmones, necesitados de una buena bocanada de aire, me hicieron parar. Entonces pude comprobar que la infesta rata no me seguía. Miré dónde me encontraba y descubrí que me había perdido. Cogiendo como referencia la casa, que había abandonado precipitadamente, me orienté lo mejor posible dirigiéndome al lugar donde creía se encontraba mi fallecido transporte. No podía quitarme de la cabeza la horrible imagen de la rata mirándome fijamente a los ojos, amenazante, dispuesta a saltar sobre mí. Con el vello erizado por el recuerdo continué caminando hasta que vi mi coche. Cuando faltaban unos dos metros para llegar pude distinguir en el cristal del parabrisas la enorme rata. Quedé paralizado. Horrorizado solté la lámpara que, al precipitarse contra el suelo, desparramó el líquido de su interior. En pocos segundos se produjo un incendio que me rodeó. El fuego elevó sus tentáculos y pude verla con claridad. Su largo y puntiagudo hocico mostraba unos dientes enormes. Las uñas de sus garras, bien afiladas, estaban preparadas para rasgar la carne de su presa. Sus ojos se inundaron de sangre. Por su boca se deslizaba un débil hilo de saliva que, viscosa, tardaba en caer. El miedo me obligó a respirar profundamente el humo y me desmayé. Cuando desperté apenas pude distinguir figura alguna debido a las vendas que cubrían mi rostro. Intenté llevarme las manos a la cara pero la voz dulce de una enfermera, y el dolor de las quemaduras, me hicieron desistir. Se me informó que me iban a quitar las vendas de la cabeza. Con una gran excitación, que intentaba disimular, fui notando cómo desenrollaban, sin prisas, la fina tela. Cuando apenas quedaba una vuelta quise abrir los ojos, pero me reprimí. El médico me indicó que los abriera despacio.

—Hay mucha oscuridad —dije.

—No se preocupe, hemos dejado la habitación a oscuras. ¿Ve esta luz?

La luz de una linterna lápiz me buscaba un ojo y luego el otro.

—Sí, la veo.

—Bien —aseveró el doctor—, vamos a encender una lámpara que iluminará el fondo de la habitación donde hay un sillón, ¿puede decirme de qué color es? 68

prosofagia - número 11 - DICIEMBRE 2010


La rata

—Negro, es de color negro.

Ante la alegría manifestada por la enfermera giré la cabeza sonriendo. Cuando de repente todo se tornó negro y perdí el sentido. Cuando recobré el conocimiento pude comprobar que me encontraba en una habitación blanca, iluminada por el sol que entraba a través de una ventana, y vi el sillón negro. Observé que seguía cubierto de vendas por todo el cuerpo, incluidas mis manos. En la mesita que tenía al lado había un pequeño espejo. Con gran esfuerzo logré cogerlo y depositarlo sobre mi pecho. Con miedo por descubrir horribles cicatrices en mi cara fui levantándolo poco a poco. Un grito desgarrador salió de mi garganta inundando toda la planta del hospital. Me faltaba el aire, mi respiración profunda acompañaba a los fuertes latidos de mi corazón que, acelerados, luchaban por escapar. Mi pecho se convulsionaba, mi visión se nubló, y acto seguido sentí una gran paz como nunca había imaginado.

En la lejanía pude oír al doctor y a la enfermera decir:

—Hora de la muerte las diez y media.

—¡Pobrecita rata! ¡Lástima!

—Sí, señora comadreja —concluyó el doctor Panda—, lástima.

La verdad. Clarificadora. En ocasiones surge de improviso y, mostrándonos tal y como somos, nos arrebata lo que más queremos.

clarinete

clarinete ( Jesús García Lorenzo) Me llamo Jesús Gar c ía, y L o renzo p o r par te d e madre. Me atr ae lo d es c o no c id o e in c o mp rensib l e. Nac í en Val enc ia, E spaña, y es te he c h o c o nsi gui ó qu e me interes ar a p o r las ar tes, mu y ar r ai g adas en es t a tier r a, en esp e c ial p o r la músi c a. Fui premiado en el c o n cur s o d e relatos c o r tos d e El c olo quio d e los p erros c o n el relato ti tulad o La terroríf ic a llamada. Intento p o d er e xpres ar c o n el lápiz l o qu e mi ima gina c i ó n m e ha c e s entir, en c ada relato qu e es c r ib o. número 11 - DICIEMBRE 2010 - Prosofagia 69

mención de honor - cuentos prosófagos

Una luz muy suave iluminó la pared que tenía en frente, y apoyada en ella había, efectivamente, un sillón.


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No cantes a la rosa

L

a niña se lo esperaba de otro modo, tal vez un poco más sucio y asqueroso, y no como un estornudo que le subía por la garganta una vez al mes, hasta brotar de su boca convertido en un pétalo de color blanco. No se lo comentó a nadie. Ni siquiera a su madre. Pensó que era normal. Quién sabe. Quizá las primeras veces, y mientras sus compañeras de instituto se ponían sujetador, miraban a los chicos de otros cursos y elegían el biquini que estrenarían ese verano en la playa y que se quitarían dos o tres años después. Hasta que ocurrió en clase. El mismo estornudo que subió y el pupitre casi cubierto de pétalos blancos. Gran revuelo de profesores, el Jefe de Estudios con las manos en la cabeza, señorita a usted le ocurre algo y llamadas urgentes a los padres para que se la lleven a casa y, por favor, que no vuelva hasta que comprueben que no es contagioso. Le hacen pruebas, transfusiones, un exorcismo y le colocan varios cables en la cabeza, pero en la Seguridad Social no saben nada y en las privadas tampoco, si bien quizá en Amsterdam o en Chicago, aunque últimamente en Suecia, pero al final, Siberia sufre otro caso y encuentran el remedio: una pastilla efervescente con sabor a fresa que se disuelve en el agua. Pero a la chica sus compañeros la miran raro y ella, para defenderse, se viste de negro, escucha los Smashing Pumpkins y se enamora, cuando cierra los ojos, del rostro de Billy Corgan cantando. Tú siempre serás mi puta, porque eres la única a quien yo adoro. número 11 - DICIEMBRE 2010 - Prosofagia 71

Mención de honor - cuentos prosófagos

N o c a n t e s a l a r o s a


No cantes a la rosa Pero, a pesar de la pastilla y de los pétalos que ya no aparecen, todos la evitan, salvo algunos viejos que se arriman en el metro para tocarle el culo mientras fingen que leen el periódico. Cuando la chica va a la Universidad, elige Filosofía, porque allí nadie la conoce, y se deja enamorar de un poeta que le dedica versos cursis, y que, de reojo, también le mira las tetas. Por las noches, en la habitación de la chica, Billy Corgan se deprime en silencio. Pero a ella ya no le importa. Pronto olvida que fue su puta y va dejando el negro, se viste de colores y, muy pronto, después de un par de sesiones de cine y unos pocos cafés, las manos del poeta se sumergen en su escote. Los padres de ella, conocen al poeta durante una cena en familia y, poco después le dicen, niña, que nos vamos un fin de semana y te dejamos sola en casa, aunque saben que, quizá esa misma noche, deje ya de ser su niña. Les duele verla crecer, pero están convencidos de que ha llegado el momento, después de tanto pétalo caído. El poeta le quita la ropa y le dice que desnuda eres como una rosa, pero a la niña no le importa, se tumba boca arriba en la cama, abre las piernas y le pide y siente cómo si la larva de un gusano quisiera romper la crisálida. Se le eriza el pubis, se le afilan los pezones y el poeta que se aparta gritando, tan ensangrentado como si se hubiera arrojado a un espino. Tiene, al menos, cuatro docenas de picotazos. La chica abre los ojos, se mira y descubre sus espinas. Después siente náuseas, se aparta hacia el borde de la cama, ladea un poco la cabeza y el suelo se cubre de pétalos.

Historias

H i s t o r i a s

( X u a n

F o l g u e r a )

Nac ió en (Av il és) A s tur ias en 1974. C o n su libro d e relatos His torias d e la For tal eza g an ó el Premio A s tur ias Joven d e Nar r ati v a d el 20 0 9.

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No cantes a la rosa

número 11 - DICIEMBRE 2010 - Prosofagia 73

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Revista Literaria prosofagia - nĂşmero diciembre 2010 nĂşmero 11 - DICIEMBRE 201011 -- Prosofagia 75


Revista Literaria PROSOFAGIA

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Miguel Russo

Esta entrevista —salvo la última pregunta— es un extracto de la publicada en Prosofagia 8, junio 2010.

—Miguel, ¿los mismos autores que te marcaron como lector son los que te marcaron como escritor? —Sí. Empecé leyendo y escribiendo poesía, durante toda mi adolescencia. No quería ni podía escribir narrativa. Ellos me marcaron el camino: Neruda, Girondo, González Tuñón, Gelman, Tejada Gómez, uno de los mayores poetas que hubo en la Argentina. Después me fueron gustando otros autores. Pero pasaron muchos años para que me largara a escribir narrativa.

eNTREVISTAs al jurado

por Esther

—En términos profesionales, ¿qué fue primero: querer ser periodista o querer ser escritor? —No me llamaría periodista. No lo soy ni estudié periodismo. Cuando conseguí el primer empleo de esto, de trabajar de escribir, era vendedor en la librería Hernández. Y formé parte del grupo inicial de la revista La Maga. Como leía mucho, trabajaba en una librería y escribía más o menos bien, quedé a cargo de la sección de libros. Recuerdo que pregunté si tenía que estudiar periodismo. Y todos se rieron bastante. Tras el número cero de La Maga me contrataron en número 11 - diciembre 2010 - Prosofagia 77


Miguel Russo

Página12, en el suplemento literario. Pasó algún tiempo y recién cuando pude redondear un sueldo estable, me fui de Hernández y empecé a ganarme la vida con esto de escribir. Tenía 31 años. —Los ochenta, con el advenimiento de la democracia en Argentina, ¿marcaron un renacimiento, en cuanto a que se leyera más o se publicara más? —No creo que la gente leyera más, ni que se publicara más; pero sí reaparecieron escritores que se habían tenido que ir o que escribían poco. Hay que pensar que durante la dictadura se llegó hasta el disparate de que la Liga de Amas de Casa Católicas prohibiera El frasquito, de Luis Gusmán. En 1980, todavía en la dictadura, se publicaron varios libros maravillosos: Nadie nada nunca, de Saer; Respiración artificial, de Piglia; Flores robadas en los jardines de Quilmes, de Asís; dos libros de poemas de Gelman, magníficos, donde él habla del secuestro y tortura de militantes, su hijo incluido; No habrá más penas ni olvidos, de Soriano. Con el arribo de la democracia quizás no se publicara mucho más que antes, pero fue el momento de mayor potencia creativa de escritores como Saer, Piglia, Soriano… Y se venían los pibes nuevos.

—¿Y en los noventa, con el auge del neoliberalismo?

—Si uno se acuerda de los noventa es porque no vivió los noventa. Seguramente hubo libros buenos, pero ninguno a la altura de esos que mencioné. Se empezó a dar más importancia al mercado que a la ficción. Más al “cuánto vendí” que al “qué escribí”. Hablabas con Piglia, Saer, Rivera, Abelardo Castillo, Rodolfo Rabanal, y estaban preocupados por cómo construir los personajes, qué escribir o qué no escribir, o si narrar o no la dictadura. Y, al mismo tiempo, estaban los escritores jóvenes, que se reunían no para discutir estéticas sino ventas. El sueño no era escribir bien: era publicar un libro por año. Algunos de ellos después cambiaron. —Ya que hablamos de novelas históricas… Escribir historia nunca es inocente. ¿Escribir ficción histórica lo es? —Escribir no es inocente. No, no, no. Escribir nunca es inocente. No acepto a quien dice que los personajes cobraron vida propia, que hacen lo que quieren. Pero, a ver, esa gente que dice eso, ¿probó con ponerle el capuchón a la lapicera? Porque el personaje se queda ahí, no sigue escribiéndose solo. Escribo lo que se me viene a la cabeza a mí, no al personaje. El personaje no existe, es un cúmulo de letras y palabras en un papel. Siempre es el que escribe, siempre seguís siendo vos escribiendo. No hay inocencia. Babel, su última novela, trata del escritor ruso Isaak Babel, muerto en las purgas stalinistas. Así que le pregunto si Babel es novela histórica. —No. Hay un personaje que existió, sí; los sucesos son reales, sí, pero sus recuerdos, las conversaciones con Malraux, las cosas que piensa y dice las inventé. Sin embargo, lo más disparatado sigue siendo lo que fue real. 78

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Miguel Russo

—En realidad la novela transcurre en tres días: los tres días que lo interrogan y lo que él recuerda en los momentos en que no lo interrogan. No quería contar ni un año, ni cinco, ni diez, solo esos tres días. Y como disponía de mucho material tuve que recortar. —La lectura de Babel me dejó la impresión de que Babel no trata de Babel, no trata sobre un individuo, sino de un arquetipo. —Sí, de una forma de pensar. Es muy chiquita la historia: un tipo frente a la muerte. Nada más. Alguien que creía en la revolución, y por eso está convencido de que la revolución seguirá aunque lo maten. Babel tenía dudas; siempre las tuvo, como judío y como marxista. Pero nunca fue inocente. Por eso su frase, cuando lo detienen, es reveladora: «No me dejaron terminar». No lo dejaron terminar. No el libro que estaba escribiendo: él estaba haciendo otra cosa, un trabajo de zapa, estaba haciendo otra literatura. Lo mataron como a tantos otros, pero no porque fuera inocente. Sabían que tenían que matarlo, como aquí la dictadura sabía que debía matar a Rodolfo Walsh, a Haroldo Conti. No los podían dejar libres. Eran el enemigo a destruir. Por eso, sí, Babel es una manera de pensar. Soy comunista. Me costó muchísimo escribirlo, decir que bajo la ideología que me representa se asesinó a un tipo que me representa. Es difícil porque los dos tipos que lo interrogan dicen defender el sistema por el que Babel peleó. Eso es una diferencia con Argentina: aquí los interrogadores defendían un sistema que Walsh, Conti y tantos otros pelearon para sacar. —Muchos de los integrantes de Prosófagos esperan ser publicados algún día. ¿Qué consejos les darías? —Es difícil seguirlo, porque escribir y no editar es angustiante. Pero que escriban, que no dejen de escribir, que traten de escribir cada día un poco mejor que el día anterior, que crean en lo que escriben. Que no pacten con nada ni con nadie para publicar, que escriban lo que quieren escribir y que busquen la mejor manera de hacerlo: siempre hay una manera mejor, solo hay que buscarla. No conformarse con la palabra de los amigos. Cuando tu enemigo diga que lo que estás haciendo es una porquería, es que vas por el camino correcto, seguilo. Nada queda demasiado lejos, pero nada queda demasiado cerca. Escribí una vez y otra vez. Y cuando termines de escribir, volvé a escribir. Cuando escribís mal, puede ser que te editen y hasta puede ser que te conviertas en best seller. Pero seguirás escribiendo mal. Si escribís bien, seguro te van a editar alguna vez, aunque no le vendas un libro ni a tus mejores amigos.

eNTREVISTAs al jurado

—Babel es una novela fragmentada en tiempo y espacio. Incluso lo es narrativamente; encontramos desde el manual del interrogador hasta una carta a la hermana. ¿Por qué?

—Yendo al concurso de Prosófagos… ¿Qué aspectos te resultaron más gratificantes?, ¿y cuáles representaron una mayor dificultad? —Siempre es gratificante saber que hay personas que se hacen un rato, y esto significa el tiempo que sea, entre el apuro y el laburo y las obligaciones número 11 - DICIEMBRE 2010 - Prosofagia 79


Miguel Russo y el ritmo frenético que propone la televisión para que uno se quede clavado en la silla, los ojos como dos huevos duros, la cabeza en blanco, para ponerse a escribir una historia que desbarate todo ese andamiaje. Siempre es gratificante saber que hay personas que prefieren pensar en qué adjetivo para qué sustantivo en lugar de repetir al unísono con cualquier locutor más o menos famoso la palabrita “espectacular” o semejante. Siempre es gratificante saber que existen otros que piensan así y no se ocultan ante el terror de ser llamado bichos raros por la sarta de palurdos de siempre. ¿Las dificultades? Siempre es gratificante que haya dificultades: los mundos perfectos son para esos mismos palurdos que se los creen y los compran.

Esther 80

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Miguel Russo

Per iod ist a c u lt u r a l de d iver so s med io s n ac ion a le s y ex t r a njero s , ent re el lo s L a M aga , P r i m e r Pl a no y Pág i n a/30 ( Pág i n a12), E l co r reca mi nos , R a d a r y R a d a r Lib ros , A DN ( L a Na c ió n). H a sido ed itor de la re v ist a Vei nt it rés y ac t u a l mente d i r ige el p er iód ico D i ago n al es. H i z o g u ione s de do c u ment a le s sobre h istor ia a rgent i n a y e sc r itore s lat i noa mer ic a no s.

Obr a s: 7 y 3 (p oe sía ,1989); Ni ng u n a noche e n Sto r y vill e (p oe sía , 19 91); L a hi s to r i a y l a polít i ca e n l a f i cc ió n a rge nt i n a (p onenc ia s y d isc u sione s , Un iv. del L itor a l, 19 95 ); Pe rd e r l a hi s to r i a (novela , 19 97 ); Un luga r co m o c u al quie r ot ro (c uento s , 20 03); Babel (novela , 20 07 ).

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eNTREVISTAs al jurado

M ig uel Russo n ac ió en Bueno s A i re s en 1956 .

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Revista Literaria PROSOFAGIA

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Francisco Javier Illán Vivas

―Francisco, la primera pregunta me surgió apenas leí tu biografía en tu web. ¿Qué hace un criminólogo metido en el mundo de las letras? ¿Cómo llegaste a enamorarte de la literatura hasta dedicarte plenamente a ella? —Primero fue la escritura, la criminología fue algo que vino después, hace prácticamente nada en el tiempo de mi vida. Pero sí me recuerdo siempre con el lápiz a cuestas, pues la poesía, con lo que comencé, siempre la escribo a lápiz. Me enamoré de la literatura leyendo, ese es el auténtico cimiento de todo escritor: la lectura. ―¿Cuáles fueron tus primeras lecturas, las que marcaron tu infancia? ¿Han influido en lo que ahora escribes? —Casi siempre ha sorprendido cuando respondo a ello. Los únicos libros de la casa de mis padres: el Quijote y la Biblia. Ambos los leí varias veces. Por supuesto. Mi fantasía tiene mucho de sueños quijotescos, y el panteón que describo en La cólera de Nébulos, mucho de la cultura judeo-cristiana y greco-romana.

―¿Qué escritores admiras o consideras como tus maestros?

—El primero que debo citar es Robert E. Howard, después a H.P. Lovecraf. Sus relatos terminaron de cultivar mi gusto y mi forma de escribir, según dicen los que han criticado mi obra narrativa. En la poesía, sobre todo un autor vivo, Luis Alberto de Cuenca, sin olvidarme de Bécquer, su poesía, sus leyendas.

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por Elisabet

―Has cultivado dos géneros aparentemente muy dispares: la lírica y la épica fantástica. ¿Por qué? —No son nada dispares. Gilgamesh, uno de los primeros textos que existen, es un poema épico. Y la épica siempre ha estado ligada a los poemas: en nuestra tradición, Homero; en la tradición del norte de Europa, las sagas. número 11 - diciembre 2010 - Prosofagia 83


Francisco Javier Illán Vivas —En poesía, tus obras Con paso lento, Dulce amargor y Crepusculario, han recibido excelentes críticas. Incluso la primera alcanzó tres ediciones. ¿Crees que el lector medio de hoy valora y lee suficiente poesía? —No. Y creo que por dos causas: por la incultura que los sucesivos gobiernos se han empeñado en insertar en las mentes de los estudiantes y por que muchos, muchos poetas, han querido hacer la poesía tan oscura, tan difícil, que nadie entendía de qué iba. —En cuanto a tus novelas, La cólera de Nébulos y El rey de las esfinges, forman parte de un conjunto mayor y muy ambicioso. ¿Cuál es tu intención o tu aspiración respecto a esta obra? —En este momento de mi vida, que estoy más dedicado al proyecto cultural de Ágora, papeles de arte gramático, sólo aspiro a verla publicada. (Por cierto, pongo sólo con acento, porque creo que es así como debe escribirse, no como dicen las Academias). En su momento tenía muchos sueños en torno a los tres libros, pero tras más de veinte años viviendo alrededor de Celestos y sus personajes, Nébulos, Odenhas, Eleazar, Eostes, Magios, etc., mi actividad busca otros campos. No obstante, le daré todo el apoyo que pueda y más para que llegue, espero que definitivamente, a todos los lectores y lectoras que puedan estar interesados, y para que a Eldalie Publicaciones, que ha apostado por editarla completa, le merezca la pena económicamente. Sin olvidar que los beneficios que genere la edición impresa irán a una buena causa: Cáritas. —En estas novelas haces alarde de un inmenso conocimiento de varias mitologías: la griega, la egipcia, la nórdica… Sé que es una pregunta un poco compleja pero, si puedes resumirlo, ¿qué te atrae especialmente de cada una de ellas? ¿Hay alguna que prefieras sobre las otras? —Tras aquellas lecturas iniciales que he comentado anteriormente, mi inquietud lectora se fue hacia La Odisea, La Ilíada, e, inevitablemente, hacia el Olimpo y toda la riqueza de cultura y leyendas que hay a su alrededor. Estudié, más que leer, la mitología mesopotámica, hitita, sumeria, akkadia, asiria... La egipcia me abrió nuevos campos de visión, pero sobre todo porque tiene mucho de religión como la entendemos ahora, muy cercana a la vida y a la muerte, sobre todo a esta. Mi inquietud no se quedó en eso. El panteón romano y sus diferencias con el griego, la India, Japón, China, Mongolia, para después llegar a toda la mitología de América, sobre todo América del Sur. Te adelanto que, en la tercera entrega de La cólera de Nébulos los mitos serán incas, aztecas, mayas... Ahora, con el paso del tiempo, sé que la que más poso ha dejado en mí ha sido la griega. A ella siempre regreso. ―¿Podríamos hablar de un leitmotiv o tema recurrente en tus obras? —Todo gira en torno a la búsqueda del sentido de la vida. Ese es el viaje iniciático de Eleazar y Eostes. En mi poesía, sobre todo en ella, el paso 84

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Francisco Javier Illán Vivas

—Eres un escritor muy activo en la Red. ¿Recibes un feedback de tus lectores? ¿Qué dicen de tus obras? —Sobre todo con la narrativa. A diferencia de la poesía, que todos coinciden en que “se entiende toda”, la narrativa me comentan que es muy difícil, que muchas veces tienen que tener un diccionario al lado, o que es barroca. Que definan la forma en que está escrita La Maldición, por ejemplo, de barroca, es un honor y lo agradezco. —Vayamos ahora a tu faceta más periodística. Entre otras cosas, eres subdirector del periódico digital Vega Media Press. ¿Nos puedes hacer un breve compendio de lo que significa este medio, y de tu aportación en él? —Esa faceta la dejé el pasado mayo, aunque no fue algo que se hiciera a bombo y platillo. Tras más de siete años promocionando a autores regionales, sin renunciar a otros del resto de España o Hispanoamérica, creí que mi periodo creativo allí había llegado a su fin. De hecho, el Club Internacional de Prensa me premió —inmerecidamente, por otra parte— con uno de sus galardones por esa labor de promoción de los autores regionales, la presentación de sus obras, entrevistas, noticias culturales en torno a ellos.

Ahora, supongo, será otra persona quien haga esa función.

—Y sobre la revista Ágora, papeles de arte gramático, ¿qué destacarías de tu colaboración en ella? ¿Qué te aporta participar en una publicación como esta? —Hace años que soñaba con poder dirigir una revista de creación literaria, y es un sueño que se ha cumplido. Mira su nombre: revista de creación literaria, ¿no te parece precioso? Pues el campo de actuación es inmenso, ya son más de trescientos cincuenta los autores que han publicado en la revista a lo largo de estos años. En los últimos números casi el 60 % de los que publican no lo han hecho nunca en la revista, nos hemos adentrado en el mundo digital, con una edición bimestral, mientras que la revista impresa sale cada seis meses. La bitácora (el blog) tiene bastante aceptación entre los internautas... Todo ello me aporta el placer de las cosas bien hechas, la felicidad de estar haciendo algo que merece la pena. Y me queda un sueño, que es una editorial, pequeña, que publique dos o tres libros al año, de calidad... Y en ello estamos.

eNTREVISTAs al jurado

del tiempo, el motivo de estar aquí, que puede sentirse como amor, desamor, tiempo, vida.

—¿Crees que las publicaciones digitales se están haciendo un buen lugar entre el público lector? —Es el futuro inmediato, por no decir que ya está aquí. Mira, nosotros, ahora mismo, estamos conversando, leyéndonos, en digital. Y, con un simple clic, llegamos a todo el Mundo, con mayúscula. número 11 - DICIEMBRE 2010 - Prosofagia 85


Francisco Javier Illán Vivas

—El hecho de leer a través de una pantalla, ¿cómo crees que puede modificar los hábitos y los gustos de los lectores? —Las ideas claras, las palabras justas, las imágenes apropiadas. Y la variedad. Hay tanto donde leer que, u ofreces claridad, precisión y visualidad, o se marchan a otro sitio. —Con tu participación en varios foros literarios has ayudado a muchos escritores noveles a dar un paso adelante. ¿Cómo valoras la actividad de estos espacios? —Gracias por esas palabras. Ya no los frecuento tanto, por no decir casi nada. Pero nunca perderán el escalón que les corresponde, fueron ellos el inicio de todo cuanto hemos conocido con posterioridad. Fueron, y los que siguen activos lo son, las primeras redes sociales. Lástima que algunos allí sólo fueran a hablar de su libro, sin importarles los de los demás. —Como jurado del primer concurso de Prosófagos, ¿qué ha supuesto para ti este certamen? ¿Qué ha sido más gratificante, y qué aspectos han sido más desafiantes? —Me gustaría que esta pregunta me la hicieses dentro de un par de meses, con el paso del tiempo, que la experiencia se haya consolidado y reposado. Porque me coges leyendo los relatos... ―Y mi última pregunta, siempre me gusta hacerla… Hay quienes aseguran que, en pocos años, toda la literatura circulará por Internet y en formatos digitales. ¿Crees que los libros tradicionales desaparecerán? —No, pero serán objeto de coleccionistas. Mira, mi biblioteca tiene casi tres mil volúmenes. La tengo extendida por toda la casa, ¡y pensar que todos entrarían en un pequeño artilugio! Es para pensarlo. Lo importante de esto es la tala de árboles que se evitarán, por que hay que pensarlo mucho en el mundo en que nos toca vivir, o mal vivir. Un árbol muerto es un lujo que no nos podemos permitir.

—Gracias, Paco, por tu colaboración.

—Encantado.

Elisabet

Licenciada en Filología Inglesa. Escritora de ensayo y ficción. 86

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Francisco Javier Illán Vivas

1958, en Mol i n a de Seg u r a , E spa ñ a.

Per iod ist a l iter a r io. H a publ ic ado en d iver sa s re v ist a s l iter a r ia s y e s cod i rec tor de la re v ist a de c reac ión l iter a r ia Ágo ra , papel es d e a r te g ra m át i co. E n n a r r at iva h a publ ic ado la s novela s L a M al di c ió n (20 0 4) y E l re y d e l a s E s f i nges (20 0 8), y en p oe sía: Co n pa so l e nto (20 03); D ul ce A m a rgo r (20 05 ); C re p u sc ul a r io (20 07 ). H a apa rec ido en la s a ntolog ía s p oét ic a s: I I Jo r n a d a s d e poes í a sob re el Seg u ra (20 07 ); Te r t ulie m os I (20 0 8); Ard e e n t u s m a nos (20 0 9); R e p ú bli ca poé t i ca (20 0 9). Y en la s de relato s: Co n l a plu m a a c u es t a s: cato rce esc r ito res d esd e L a R io ja (20 0 4); C u e ntos (20 0 6 ); L os m a r tes d e lu n a ll e n a (20 0 9). ht t p: //w w w.lacoler adenebu lo s.blog sp ot .com

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Fr a nc isco Jav ier I l lá n V iva s n ace el 20 de o c t ubre de

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Raquel Roberti

—¿Comenzaste a leer literatura en la niñez, o es una afición que desarrollaste más tarde? —Comencé en la niñez y gracias a unos tíos docentes. Tenían, tienen todavía, una biblioteca que me resultaba irresistible. Durante todo el año esperaba las vacaciones de verano, no solo porque como todos los niños deseaba que terminara el colegio, sino porque era el momento en que los visitaba. En esa casa tenía a mi disposición las colecciones de libros “infantiles”, con autores como Emilio Salgari (cuya saga de Sandokán nunca me era suficiente), Alejandro Dumas y sus Tres Mosqueteros, Louisa May Alcott con Mujercitas, Lewis Carroll con Alicia, Jack London y su increíble Colmillo Blanco. Y podría continuar citando nombres que incentivaban mi imaginación en las largas tardes veraniegas. Claro, una vez que empecé, ya nunca pude parar.

—¿Cuáles son tus autores favoritos? ¿Por qué?

—Algunos clásicos que no puedo dejar de leer, como Chesterton o Agatha Christie por sus ingenuos misterios, Conan Doyle o Dashiel Hammet por sus policiales, Truman Capote por A sangre fría, que puedo leer una y otra vez, Sturgeon, Bradbury o Lovecraft en ciencia ficción; Edgar Allan Poe, Emile Zolá, etc., etc. Entre los más cercanos en el tiempo me atraen Gabriel García Márquez, Julio Cortázar, Rodolfo Walsh, Eduardo Galeano, Juan Gelman, porque testimonian una época; me gusta lo que ha hecho Rosa Montero con novelas originales como La loca de la casa, Henning Mankell me apasiona por su descripción de la sociedad, las relaciones y el paisaje nórdico… En fin, que no tengo “favoritos” sino que en cada género encuentro uno o varios que me resultan muy interesantes.

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por Esther

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Raquel Roberti —¿Por qué decidiste estudiar periodismo y dedicarte a esta actividad? Esta decisión, ¿tiene que ver con el interés en la literatura? —Allá por mediados de 1980 estaba pasando por un mal momento, me sentía muy quieta y quería hacer algo que me movilizara. En esa época vendía libros a crédito y un cliente, periodista gráfico, me contó que unos amigos abrirían una escuela de periodismo que se iba a basar en la práctica más que en la teoría. Me la recomendó y no dudé, cuando abrió la inscripción pagué mi cuota sin preguntar nada. Como ves, la decisión no tuvo nada que ver con el interés por la literatura, pero no hay duda de que me atrapó tanto como ella.

—¿Qué aspectos del periodismo te interesan más?

—A nivel general, dos: la posibilidad de investigar y denunciar o dar a conocer, y contar historias, lo que más me gusta, porque permiten hablar de la época, de las formas que adopta la sociedad para sobrellevar los problemas o festejar las conquistas. Las veo como aquel rastro de migas que dejaban Hansel y Gretel para no perderse en el bosque. —¿Cómo surgió el proyecto de escribir Llaneros solitarios. Hackers, la guerrilla informática? ¿Qué te dejó la experiencia? —Fue una propuesta que me acercó Jorge Lanata, en ese momento director del diario Página/12, donde yo trabajaba. Formaba parte de una colección que él dirigía para el sello Planeta. Fue un doble desafío, porque no había pensado en escribir un libro y porque no sabía nada del tema. Conté con la ayuda extraordinaria de mi coautor, Fernando Bonsembiante, quien me introdujo en el mundillo de los hackers, y con la guía de Lanata en la escritura; sin esos elementos el libro no hubiera sido posible. De modo que la experiencia me dejó un doble aprendizaje: trabajar en equipo y organizar la información para un texto extenso. Eso en lo formal, después me dejó la alegría de ver impreso el trabajo, la emoción de leer comentarios o críticas en otros diarios y revistas, el orgullo de haber instalado en los medios de comunicación un tema oculto hasta ese momento. Y un cosquilleo permanente, una inquietud por escribir más y más. —¿Está en tus proyectos el incursionar nuevamente en literatura de no ficción? ¿Has pensado en escribir ficción? —Después de la respuesta anterior, mentiría si dijera que no. Pero la idea de incursionar en uno u otro rubro no ha pasado de eso, son ideas que todavía no puedo señalar como proyectos. —Una parte de tu trayectoria laboral está relacionada con el ámbito cultural. ¿Te parece que la actividad periodística impacta —favorablemente o no— en el desarrollo cultural de la sociedad? —Sin ninguna duda impacta y en ambos sentidos, favorablemente o no, según qué rol cumpla el periodismo en relación a la cultura y según qué se interprete como cultura. Por ejemplo: en Argentina y en este momento, creo que 90

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Raquel Roberti

—En tu opinión, ¿es posible hacer periodismo sin un marco ideológico? ¿Y hacer literatura? —Ni lo uno ni la otra. Como seres humanos somos subjetivos y tenemos una ideología, no podemos desprendernos de ella a la hora de escribir como tampoco lo hacemos cuando hablamos o cuando elegimos qué ropa vamos a usar. No hay forma de contar una historia sin tomar partido, y aunque tratemos de no verter opinión, esa opinión está presente en la forma de escribir: qué elegimos para comenzar, cómo presentamos el tema, cómo lo relacionamos con la actualidad, todo está teñido de ideología. —Tu trayectoria periodística es extensa, tanto como articulista como editora en medios gráficos. En función de ella, ¿qué le aconsejarías a quienes son autores noveles o que recién empiezan a publicar? —Pocas veces en mi vida escuché los consejos que me brindaban, de modo que no me gusta aconsejar. A cambio, puedo decir que estoy convencida de que todo texto es mejorable, que merece una segunda lectura y una edición, es decir una persona que sugiera cambios o correcciones. Un lector habitual advierte siempre la falta de un/a editor/a y los errores ortográficos o gramaticales pueden llevar a abandonar la lectura de un texto que, quizá, tiene una buena idea central. En todo caso, la actividad periodística me enseñó que no debo “enamorarme” de mis textos, porque más de una vez debo adaptarlos a un espacio limitado o a una consigna diferente. Cortar los textos es un buen ejercicio, porque lleva a pensar cómo decir en menos palabras lo que se quiere decir sin perder el sentido. Y también a centrarse en lo más importante. No quiero decir que los textos literarios deban obedecer a esos lineamientos, por lo contrario deben ser libres y girar alrededor de un núcleo sin descubrirlo para mantener el interés, pero creo que esos lineamientos constituyen un buen aprendizaje. —No tienes página web ni participas en redes sociales. En estos momentos, es una curiosidad que lleva a la pregunta, ¿por qué? —Es difícil responder porque no hay una sola razón. Creo que tanto una página web como las cuentas de las redes sociales (y aclaro que tengo Facebook y Twitter) requieren de una activa participación del usuario, en el mantenimiento y en la interacción, lo cual requiere tiempo y dedicación. Podría hacerme el tiempo, pero me falta el interés o el entusiasmo para dedicarme. De hecho en mi Muro de Facebook creo que escribí dos veces, y nunca envié un tweet. Es más, creo que abrí esas cuentas para saber de qué se trata, soy más una voyeur que una participante. Por otro lado, soy muy celosa de mi intimidad, no me gusta la vida “en on”, no considero necesario decir lo que pienso o me sucede cada minuto, hora o día. No creo que mis amigos necesiten que lo haga para sentirse más

eNTREVISTAs al jurado

hay una cultura más televisiva que literaria o artística. Entonces, si la mirada periodística es exclusiva para la televisión, será desfavorable porque no ayudará al crecimiento y apertura de intereses. Pero si esa mirada pone énfasis en otras expresiones culturales, teatro, cine, libros, pintura, etc., tendrá un rol positivo porque apuntará a la variedad y a la difusión de otras posibilidades.

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Raquel Roberti amigos. Y por último, creo que los periodistas debemos ser… ¿recatados?, ¿anónimos?, ¿perfil bajo? Me parece que las redes sociales proponen que todos nos convirtamos en personajes demasiado públicos, a riesgo de dejar de ser quienes somos en realidad. Suena un tanto exagerado, es verdad, pero es lo que siento con respecto a la exposición en Internet. Quizá obedezca a que, por ser periodista, me gusta más escuchar y mirar que hablar y mostrar. —¿Qué te significó participar como Jurado en este primer concurso de Prosófagos? —Ahh, me resultó una tarea muy ingrata eso de tener que señalar con el dedo al culpable de ser el mejor, porque además si bien reconozco que hay textos mejores que otros y que en un concurso de eso se trata, soy muy reacia a las cuestiones terminantes. Por otro lado, disfruté de tener tantos cuentos para leer, así que en definitiva fue una situación de emociones contradictorias.

—¿Qué te llamó más la atención de los cuentos recibidos?

—Primero y teniendo en cuenta que la convocatoria partió de un foro virtual, la cantidad, lo cual habla muy bien del foro y da cuenta de que hay muchas personas que desean escribir o encuentran en la escritura su forma de expresión, más allá de las expectativas por publicar. Después, la variedad de temas, después de uno de ciencia ficción me encontraba con otro, por ejemplo, costumbrista. Y por último, una crítica: me llamó la atención que muchos llegaran con errores, sean tildes, puntuación, tipeo o falta de preposiciones. A la distancia digo que esos errores delatan la falta de una segunda lectura de lo escrito prestándole la atención debida. No quiero ni me gusta convertirme en una “maestra ciruela”, pero imagino que en un concurso de una editorial, por ejemplo, los textos con esos errores no llegan al jurado.

Esther 92

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Raquel Roberti

Su i nteré s en el p er iod ismo la l le vó a rea l i z a r e st ud io s for m a le s en T E A , eg re sa ndo como p er iod ist a en 1989. De sde e se momento h a colab or ado con d i ferente s med io s g r á f ico s y h a sido redac tor a en el d ia r io Pág i n a/12 ent re 19 9 0 y 19 98. A c t u a l mente y de sde s u c reac ión se de semp eñ a como E d itor a de la re v ist a Vei nt it rés y Jef a de Redacc ión de la re v ist a OLV, E l Mu n d o d el Olivo. E n no -f icc ión h a publ ic ado como coautor a L l a ne r os solit a r ios. H a cke r s , l a g u e r r ill a i nfo r m át i ca ( L ec t u r a s del siglo X X , Pla net a , 19 95 ).

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eNTREVISTAs al jurado

R aquel Rober t i n ac ió en Bueno s A i re s en 1954.

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Revista Literaria PROSOFAGIA

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Rosa Gil

―Rosa, vemos en tu web que tu afición literaria nació, entre otras cosas, leyendo tebeos. ¿Cuáles eran tus favoritos? —En la primera infancia, los Mortadelo y Filemón, Zipi y Zape y Asterix y Obelix, como todo el mundo. Luego empecé a invadir la habitación de mi hermano mayor y me aficioné sin remedio a la factoría Marvel. La patrulla X y Los nuevos mutantes eran mis preferidos. Además, mi tío le surtía de tebeos de su infancia: El príncipe Valiente, Hazañas bélicas, El jabato... y los devoré todos. También me encantaban los de Jan: Superlópez y Pulgarcito. Y ya con 10 años empecé a coleccionar Jana, de Purita Campos. Ahora que lo pienso, cuando yo era pequeña había muchas revistas de tebeos (Copito, Jana, Mortadelo, Pulgarcito, Bichos), que salían cada semana. Me gustaría que los niños de ahora tuvieran algo similar.

eNTREVISTAs al jurado

por Elisabet

―¿Recuerdas tus primeras lecturas, las que marcaron tu infancia? ¿Han influido en lo que ahora escribes? —¡Muchísimo! Y más teniendo en cuenta que me he decantado por la literatura juvenil. El primer libro “largo” que recuerdo haber leído fue

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Rosa Gil

Celia: lo que dice y sigo idolatrando a Elena Fortún. También recuerdo con mucho cariño todos los libros de Barco de Vapor, que por suerte se siguen editando: Fray Perico, El pampinoplas, Cucho... Y todo lo de Enid Blyton, desde Los Cinco hasta esas sagas sobre internados femeninos. Curiosamente, cuando los he leído de mayor me han parecido machistas y hasta aburridos. Pero hay cosas que tenemos que leer en su momento y punto.

―¿Qué escritores admiras o consideras como tus maestros?

—Uffff, muchísimos, y de muchos géneros. Últimamente estoy haciendo una cruzada contra la idea de que no me gustan las escritoras (algo que, entre otras cosas, sería tirar piedras contra mi propio tejado). Y he descubierto a Irène Némirovsky, Jean Rhys, Rachel Cusk, Edith Wharton, Margaret Atwood y otras que no pongo para no aburrir. Entre los escritores de siempre me encantan Oscar Wilde, Edgar Allan Poe, Mark Twain, Pío Baroja, Unamuno, Bioy Casares, Ende, Cortázar... No quiero dejar fuera a George R.R. Martin, que es de lo mejor que he leído últimamente, ni a Tolkien, que es un favorito de toda la vida. Entre los juveniles soy fan de J.K. Rowling, me acabo de unir al clan de Cornelia Funke gracias a Reckless y me encantan Elena Fortún, Goscinny, Richmal Crompton, Roald Dahl... —¿Estudiar Periodismo ha influido en tu carrera literaria o ha sido al revés, ya tenías una inclinación que te hizo elegir esta licenciatura? —Ya tenía esa inclinación, la verdad, pero puede que, sin el periodismo de por medio, se hubiera quedado en una afición mucho más colateral. El periodismo me mostró muchos buenos libros que leer y, sobre todo, me ha mantenido pegándome con las palabras a diario durante años.

―¿Cómo se te ocurrió la historia de Bruno Dhampiro?

—Llevaba tiempo dándole vueltas a la idea de escribir una historia juvenil. Una noche soñé que me perseguían y que, cuando estaba a punto de rendirme, empezaba a volar y me salvaba. Al despertar pensé en lo alucinante que había sido esa sensación: estar atrapada y escapar gracias a unos poderes que ignorabas que tenías hasta ese instante. De ahí al semivampiro solo hubo un paso. —La verdad es que los vampiros están muy de moda, así como todo lo esotérico, lo mágico y lo relacionado con la muerte y las vidas ultraterrenas. ¿Por qué crees que gustan tanto estos temas? —No tengo ni idea. Son modas cíclicas y supongo que, cuanto peor está el mundo real, más nos gusta refugiarnos en lo fantástico. Lo raro es 96

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Rosa Gil

—¿Has recibido un feedback de tus lectores? ¿Qué dicen de tu obra?

—Sí, he recibido muchas opiniones. La mayoría coinciden en que es un libro muy cinematográfico y bien cerrado, lo que es muy halagador. También hay algún punto negativo en el que coinciden, como cierta escena algo tremenda en la primera parte del libro que asustaba a algunos niños y les disuadía de seguir leyendo.

—¿Cuándo saldrá la segunda parte?

—Precisamente acabo de finalizar el primer borrador. Me ha costado escribirlo más de lo que pensaba y aún tengo mucho trabajo por delante, pero lo más duro ya está hecho. En cuanto a la fecha de publicación, dependerá de la agencia y la editorial. Como aún no tengo manuscrito que entregarles, no les he comentado nada. ―No faltan las predicciones bastante pesimistas en torno a la literatura impresa. ¿Crees que los libros tradicionales desaparecerán y serán sustituidos por otros medios digitales? —En absoluto. Creo que el mercado se reducirá, eso sí, sobre todo en lo que se refiere a los clásicos y a los libros de bolsillo; pero incluso los que, como yo, nos hemos pasado al ebook seguimos comprando libros “tradicionales”. El olor del papel es inimitable. —Ahora vamos al concurso. ¿Qué ha significado para ti participar como jurado en el primer concurso del foro Prosófagos? —Una gran responsabilidad y un gran honor. Y un trabajo muy divertido.

eNTREVISTAs al jurado

que, cuando la emprendí con Bruno Dhampiro estábamos en pleno reinado de Harry Potter y ni se vislumbraba la fiebre vampírica que llegó después. Más tarde llegaron los zombis, luego los ángeles y a saber lo que vendrá ahora. Mi editora me comentó una vez que creía que pronto tendríamos una ola de literatura infantil realista.

—¿Qué te ha gustado más?

—Asomarme a la mente literaria de muchos concursantes diferentes. Y pensar en la alegría que se llevarán quienes ganen, claro.

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Rosa Gil

—¿Y qué te ha sido más difícil, o más retador?

—Ser capaz de juzgar con ecuanimidad relatos de ciertos géneros que a lo mejor no son mis preferidos. He hecho lo posible por mirar la calidad del cuento sin dejarme llevar por mis filias y fobias. —¿Qué aconsejarías a los participantes del foro y, en general, a todo escritor novel que quiere abrirse camino en el mundo literario? —Que escriban sin parar y, sobre todo, que reescriban sin parar. Y que lean un libro que salió hace unos meses, Cómo no escribir una novela, con el que aprenderán mucho, se sonrojarán un poco y se divertirán todo el rato.

—Muchas gracias, Rosa.

—Gracias a vosotros por haber contado conmigo.

Elisabet

Licenciada en Filología Inglesa. Escritora de ensayo y ficción. 98

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Rosa Gil

de sde p equeñ a a lo s l ibro s y teb eo s. E st ud ió Per iod ismo en la Un iver sidad de Nava r r a y h a t r abajado pa r a d iver sa s ed itor iale s y med io s de comu n ic ac ión. Rede sc ubr ió s u f a sc i n ac ión p or la n a r r at iva ju ven i l g r ac ia s a s u t r abajo como redac tor a en re v ist a s i n f a nt i le s y e sc r ibió s u pr i mer a novela: B r u no Dha mpiro (20 0 8, E spa sa). A c t u a l mente t r abaja en el seg u ndo tomo de la s avent u r a s de Br u no.

ht t p: // blog s.hoy mujer.com /t a rde s si nplay st at ion /p o st s

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eNTREVISTAs al jurado

Rosa G i l ( M ad r id, 1975 ) c rec ió en Cád i z y se a f ic ionó

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Revista Literaria PROSOFAGIA

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prosofagia - número 11 -diciembre 2010

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Agustín Capeletto

—Agustín, ¿cuándo y por qué empezaste a leer literatura? ¿Cuáles fueron tus primeras lecturas? —Leo desde que tengo recuerdo, pero no lo hice seriamente hasta mis quince, dieciséis años. Empecé y sigo haciéndolo por placer, en gran parte (también leo como medio de aprendizaje, esa es la otra parte). Mis primeras lecturas fueron más que nada latinoamericanas: de Cortázar a García Márquez. Rayuela y Cien años de soledad, por nombrar dos títulos. Luego expandí mi horizonte de cuentistas. —Conocemos tus escritores favoritos: Céline, Carver, Salinger, Saki, Borges y —según tus palabras— tu amigo personal: Kafka. ¿Existe un común denominador entre todos ellos y que sea la razón de tu interés?

eNTREVISTAs al jurado

por Esther

—Existen varios denominadores comunes. Todos ellos, salvo Céline, escribieron cuentos cortos con una prosa sin vueltas. Pocas metáforas en la gran mayoría. Kafka y Céline son bastante cínicos, y por eso me caen simpáticos. El común denominador más importante, sin embargo, es que me enseñan o enseñaron cosas: Carver me enseñó un paradigma completamente distinto de finales, Saki me mostró un humor irónico, Salinger me fascinó con sus diálogos. Y Borges es un genio. número 11 - diciembre 2010 - Prosofagia 101


Agustín Capeletto

—¿El escribir literatura de ficción te llevó a estudiar Ciencias de la Comunicación? ¿O fue al revés? —Ni una ni la otra. Lo que me llevó a estudiar Comunicación/Periodismo es la escritura, más que la literatura. Buscaba algo que me permitiera escribir para mantenerme, y ahí estaba Comunicación. Fue una decisión más racional que vocacional, en realidad. —Pocos tienen en su haber la publicación de artículos y libros antes de los veinte años. Me refiero a tus publicaciones en no-ficción. ¿Cómo fue que te dedicaste a ello? ¿Qué te dejó esa experiencia? —Tuve la oportunidad de hacerlo por un poco de suerte. Comencé escribiendo sobre juegos en un foro perdido hace varios años; de allí pasé a un sitio web; de allí a una revista; y de allí a unos libros. Siempre hablando sobre cuestiones de informática, de las que sigo escribiendo. Lo que más me marcó fue escribir los libros: el hecho de estar atado a fechas de entrega muy ajustadas me enseñó la necesidad de desarrollar una estructura, y de soltar la pluma para avanzar más rápido. Dedicarme a una escritura “profesional” me dio un orden.

—¿Te sentís conforme con tu carrera y tus estudios?

—Bastante. Me quedan pocas materias, por lo que ya estoy entrando en el tramo final de la carrera. Recientemente decidí lanzarme como redactor y editor freelance, lo que también está sobre ruedas. —¿Te interesa desarrollarte profesionalmente en el campo de la comunicación? ¿O lo ves como una forma de sostenerte económicamente hasta que puedas vivir de ser escritor? —Me interesan las dos cosas. No muchos periodistas se dedican al nicho en el que me especializo (cuestiones de informática), por lo que tengo márgenes de maniobra más grandes. Escritor voy a ser siempre, y estoy vivo, asi que voy bien. —En tu caso, escribir cuentos, ¿te fue útil o un obstáculo a la hora de escribir artículos periodísticos? ¿Y a la inversa? —Lo periodístico llegó antes: luego de varias fechas de entrega demasiado ajustadas, empecé a escribir ficción, y lo hice sin parar por varios años. En ese tiempo, no escribí nada que no fuera cuentos. Tuve que aprender, de a poco, a conciliar mi escritura de ficción con la de no-ficción, que son dos cosas completamente distintas y difíciles de mantener separadas. Es algo que sigo intentando aprender. Lo que facilita mi trabajo periodístico no son tanto los cuentos, sino la práctica. Tengo muchos años encima de redacción, por lo que puedo resolver asignaturas rápidamente. Eso alivia el stress de las fechas de entrega. 102

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Agustín Capeletto

—Tus cuentos son legendarios en Prosófagos: desestructuración de lo real, humor irónico, arquitectura precisa, prosa impecable, soltura al saltarse las reglas… Y escasos. ¿Cómo es, para vos, el proceso de creación de un cuento? —Eso de legendarios me da un poco de pudor, a decir verdad, y dudo mucho que lo sean. Más allá de esa cuestión, mi proceso de creación es en realidad de incubación: constantemente tengo dos o tres ideas para cuentos dando vueltas en la cabeza, amasándose, refinándose y escribiéndose solas. Puedo estar tres meses pensando un cuento, pero cuando me siento a escribir, lo hago en uno o dos días. A esa altura, casi todos los elementos de la historia están en su lugar, y los que no, se acomodan solos. Lo que viene después de escribirlo es lo más importante, por lejos, muy lejos. Creo que la corrección es clave: corrijo y reviso muchísimo más de lo que escribo, y eso es lo que me funciona. —¿Te interesa continuar en el género cuentos, o proyectás incursionar en la novela? —Me interesan los cuentos. Por la forma en que escribo, creo que dedicarme a una novela me volvería loco. Tal vez podría probar con una nouvelle, pero lo veo poco probable. Todavía tengo muchas cosas por aprender sobre el género de cuentos.

—¿Por qué comenzaste a participar de foros literarios virtuales?

—Por curiosidad, más que nada, y porque me interesaba conocer la opinión de los foristas sobre mis primeros cuentos. Luego de un tiempo la novedad desapareció, y ahora no soy un usuario activo en ninguno. Pero me gustan, por supuesto, y les tengo mucho respeto como medio de comunicación/interacción. —También participaste en la creación de dos foros: Prosófagos y ForoFyL, el foro estudiantil de Filosofía y Letras de la UBA. ¿Qué te dejó la experiencia? —Fueron ambas muy buenas experiencias. El problema con este tipo de proyectos es que requieren una cantidad de tiempo cada vez mayor, conforme los foros y los usuarios crecen. Lo que me dejaron ambos son conocimientos técnicos, algunos amigos, y varios dolores de cabeza.

eNTREVISTAs al jurado

A la hora de escribir cuentos, los artículos periodísticos no tienen mucha influencia en la prosa. Donde sí tienen influencia es en la estructura.

—Elegiste proporcionarle al visitante de tu blog la posibilidad de que descargue todas tus obras en PDF. ¿Por qué? —Me parece lo más lógico, en realidad. Mi blog existe para que quien lo visite pueda leer mis cuentos, y los archivos en PDF forman parte de esa número 11 - DICIEMBRE 2010 - Prosofagia 103


Agustín Capeletto intención. No creo que sea ni un riesgo ni una innovación. Los cuentos llevan mi firma y la dirección a mi sitio, y no pueden editarse, pero sí difundirse libremente por el medio que sea. —¿Cuáles son tus expectativas futuras en cuanto a publicación de tus obras literarias? —Estoy esperando. Por supuesto que me gustaría publicar cuentos, pero no tengo apuro ni nadie que me corra. Mientras tanto, sigo intentando aprender a escribir, aunque nunca voy a terminar de hacerlo. —Yendo al concurso de Prosófagos... ¿Qué te deja, como experiencia, la participación como Jurado? ¿Qué te resultó más difícil o desafiante? —Me gustó mucho ser jurado en el concurso, y sobre todo compartir con los demás participantes. Lo más dificil es, logicamente, decidir un ganador. Había muchos relatos interesantes, muchos bien escritos, y me costó mucho elegir un primer puesto. Pero estoy muy conforme con la decisión conjunta del jurado.

Esther 104

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Agustín Capeletto

Cu r sa la c a r rer a de C omu n ic ac ión So c ia l y e s redac tor y ed itor de la s re v ist a s Po we r USE R S y USE R S . H a publ ic ado, en no -f icc ión , lo s l ibro s Inte rca m bio d e a rchivos e n i nte r ne t (20 05 ), E nt re te ni mie nto dig it al (20 0 6 ), Ba n d a a n cha ex p r i mi d a (20 0 6 ), pa r a la colecc ión Dr. M a x E x pre s s. Po see t re s o c t avo s de gene s s u i z o s que s ubl i m a ob se siva mente en s u l iter at u r a y a f i r m a c a r acolea r p or lo s sendero s c uent íst ico s de la m a no de Cél i ne, Ca r ver, Sa l i nger, Sa k i, Borge s y de s u a m igo p er son a l: K a f k a. H a st a el momento h a publ ic ado s u s c uento s en d iver so s foro s , con el seudón i mo de Forke, y en 20 07 pa r t ic ip ó en la Ser ie Demo # 0 03 (Z E d ic ione s). H a sido u no de lo s f u ndadore s de P rosófagos. http://www.intentosliterarios.com.ar/

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eNTREVISTAs al jurado

A g ust í n Capelet to n ac ió en 1986 en Sa nt a Fe, A rgent i n a.

número 11 - DICIEMBRE 2010 - Prosofagia 105


106índice prosofagia - número 11 - DICIEMBRE 2010 Ver de imágenes


Revista Literaria prosofagia - nĂşmero diciembre 2010 nĂşmero 11 - DICIEMBRE 201011- -Prosofagia 107


Í n d i ce

de

i m á g e n es

Revista Literaria PROSOFAGIA

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Por t ad a:

Iceberg del Glaciar Viedma. Parque Nacional Los Glaciares (Santa Cr uz), A rgentina. Por Jo s é Lu i s Ja i me Cor té s .

Pág. 6

Mariscadoras - Isla de la Toja (O Grove, Pontevedra), España. Por José Manuel Solana.

Pág. 10

Bahía Ensenada Zarategui. Estafeta de correos más austral del país - Parque Nacional de Tierra de Fuego (Ushuaia), Argentina. Por José Luis Jaime Cortés.

Pág. 12

Barca en O Grove (Pontevedra), España. Por José Manuel Solana.

Pág. 13

Cóndor - El Chaltén (Parque Nacional Los Glaciares, Santa Cruz), Argentina. Por José Luis Jaime Cortés.

Pág. 20

Catedral de Tui - Camino portugués, Camino de Santiago. Tui (Pontevedra), España. Por José Manuel Solana.

Pág. 21

Detalle tirantes de la catedral de Tui - Tui (Pontevedra), España. Por José Manuel Solana.

Pág. 25

Cementerio de la iglesia de Santa Mariña - Cambados (Pontevedra), España. Por José Manuel Solana.

Pág. 32

Glaciar Perito Moreno - Parque Nacional Los Glaciares (Santa Cruz), Argentina. Por José Luis Jaime Cortés.

Pág. 36

Puesta de sol en la playa América - Nigrán (Pontevedra), España. Por José Manuel Solana.

Pág. 39

Atardecer en la playa América - Nigrán (Pontevedra), España. Por José Manuel Solana.

Pág. 40

Palmeras en Iguazú - Parque Nacional de Iguazú (Misiones), Argentina. Por José Luis Jaime Cortés.

Pág. 44

Subida al castro celta de Santa Tegra - A Guarda (Pontevedra), España. Por José Manuel Solana.

Pág. 47

Castro celta de Santa Tegra - A Guarda (Pontevedra), España. Por José Manuel Solana.

Pág. 48

Pingüinos de Magallanes - Punta Norte (Península Valdés, Chubut), Argentina. Por José Luis Jaime Cortés.

Pág. 52

Cataratas de Iguazú - Parque Nacional de Iguazú (Misiones), Argentina. Por José Luis Jaime Cortés.

Pág. 56

Torre de San Sadurniño - Isla de Afigueira (Cambados, Pontevedra), España. Por José Manuel Solana.

Pág. 61

Detalle Isla de Afigueira - Cambados, Pontevedra, España. Por José Manuel Solana.

Pág. 62

Lago Nahuel Huapi - Bariloche (Río Negro), Argentina. Por José Luis Jaime Cortés.

prosofagia - número 11 - DICIEMBRE 2010


Pág. 66 Pág. 70

Una mariposa en el Camino - Camino portugués, Camino de Santiago. Tui (Pontevedra), España.

Pág. 73

Pescador - Isla de la Toja (O Grove, Pontevedra), España. Por José Manuel Solana.

Pág. 74

Canal del Beagle - Ushuaia, Argentina. Por José Luis Jaime Cortés.

Pág. 76

Isla de los pájaros - Canal del Beagle (Ushuaia), Argentina. Por José Luis Jaime Cortés.

Pág. 81

Hórreos de Combarro - Combarro (Poio, Pontevedra), España. Por José Manuel Solana.

Pág. 82

Hórreos de Combarro - Combarro (Poio, Pontevedra), España. Por José Manuel Solana.

Pág. 87

Faro de Les Eclaireurs (El faro del fin del Mundo) - Canal del Beagle (Ushuaia), Argentina. Por José Luis Jaime Cortés.

Pág. 88 Pág. 93

Playa de Sagunto - Poio (Pontevedra), España. Por José Manuel Solana.

Pág. 94

Parador de Baiona - Baiona (Pontevedra), España. Por José Manuel Solana.

Pág. 99

Glaciar Viedma - Parque Nacional Los Glaciares (Santa Cruz), Argentina. Por José Luis Jaime Cortés.

Pág. 100

Glaciar Perito Moreno - Parque Nacional Los Glaciares (Santa Cruz), Argentina. Por José Luis Jaime Cortés.

Pág. 105

Amanecer en el Canal del Beagle - Canal del Beagle (Ushuaia), Argentina. Por José Luis Jaime Cortés.

Pág. 106

Islas Cies - Ría de Vigo, Rías Baixas (Vigo, Pontevedra), España. Por José Manuel Solana.

Pág. 110

Ballena Franca - Puerto Pirámides (Península Valdés, Chubut), Argentina. Por José Luis Jaime Cortés.

Pág. 123

Noche en la playa América - Nigrán (Pontevedra), España. Por José Manuel Solana.

Pág. 124

I sl a de l a Toja . : Cont rap or t ad a R í a s B a i x a s (O Grove, Ponte ve d ra), E s p a ñ a . Por Jo s é M a nue l S ol a n a .

i m á g e n es

Faro de Les Eclaireurs - Canal del Beagle (Ushuaia), Argentina. Por José Luis Jaime Cortés.

de

Caminera Común en Punta Cantor - Punta Cantor (Península Valdés, Chubut), Argentina. Por José Luis Jaime Cortés.

Í n d i ce

Catedral de Tui - Vista nocturna sobre el pueblo. Tui (Pontevedra), España. Por José Manuel Solana.

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110índice prosofagia - número 11 - DICIEMBRE 2010 Ver de imágenes


Revista Literaria prosofagia - nĂşmero diciembre 2010 nĂşmero 11 - DICIEMBRE 201011 -- Prosofagia 111


Revista Literaria PROSOFAGIA

N ú me r o I , a b r i l 2 0 0 9

http://www.revistaliteraria.prosofagos.com/Abril2009.htm 112

prosofagia - número 11 - DICIEMBRE 2010


N ú me r o i i , j u n i o 2 0 0 9

http://www.revistaliteraria.prosofagos.com/Junio2009.htm número 11 - DICIEMBRE 2010 - Prosofagia 113


Revista Literaria PROSOFAGIA

N ú me r o i i I , a g o s t o 2 0 0 9

http://www.revistaliteraria.prosofagos.com/Agosto2009.htm 114

prosofagia - número 11 - DICIEMBRE 2010


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I nv itación a contemplar la luna Conrado Nalé Roxlo

Tú que has visto las lunas literarias que por las hojas de los libros ruedan, ven a ver esta luna. Es una simple luna de la naturaleza. No digas se parece, no hagas una metáfora, aunque sea la justa, la inhallable, la que nunca visitó el corazón de los poetas. No cuelgues de su disco claro y puro ningún cintajo literario. Sueña que por primera vez abres los ojos a una noche de luna y la contemplas.

E l equipo de Prosofag ia os d esea unas felices f ies t as.

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Prosofagia 11, diciembre 2010  

Número 11 de la Revista Literaria Prososfagia, diciembre 2010

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