Issuu on Google+

PRIMERA IGLESIA BAUTISTA HISPANA MANCHESTER Ministerio De Educación Cristiana

Anfiteatro en Corinto

Primera Epístola a los Corintios …a los santificados en Cristo Jesús, llamados a ser santos con todos los que en cualquier lugar invocan el nombre de nuestro Señor Jesucristo, Señor de ellos y nuestro… 1Corintios 1:2


Primera Iglesia Bautista Hispana Manchester Ministerio de Educación Lección #1: Introducción a la Primera Epístola a los Corintios

Serie de Estudios sobre Primera de Corintios I. Localización de Corinto y condición de sus habitantes Corinto era una ciudad al sur de Atenas en Grecia. Tenía dos importantes puertos y era por lo tanto, un centro comercial clave en aquella región. Su flota mercante era conocida en todo el mundo romano. La antigua Corinto fue destruida por los romanos en el 146 a.C., pero fue reconstruida de nuevo por Julio César en el 44 a.C. Al tener dos importantes puertos, eso permitió que la ciudad se volviera muy próspera económicamente y también muy visitada por comerciantes y extranjeros de todas partes. Otra característica de la ciudad de Corinto lo fue, no solamente su prosperidad, sino también los placeres y diversiones que la misma ofrecía. Corinto también era un importante centro religioso. Su principal deidad adorada era Venus-Afrodita, la diosa del amor y el placer sexual. Se consideraba a esta diosa la protectora de la ciudad. Su templo estaba ubicado al norte de la ciudad en una colina. En el mismo había mujeres que se ofrecían para tener relaciones con los que acudían a este templo. De manera que la ciudad era un lugar de perdición, vicios y excesos de todo tipo. El apóstol Pablo visitó esta ciudad durante su segundo viaje misionero, alrededor del año 52 d.C. (Hch. 18), luego de visitar la ciudad de Atenas. Allí en Corinto, se encontró con Priscila y Aquila, unos discípulos que habían llegado de Italia y se juntaron para predicar la palabra en la

ciudad. Pablo predicó en la sinagoga que había allí, pero fue rechazado por la comunidad judía. Es en ese momento que Pablo declaró: “Desde ahora me iré a los gentiles” (Hch. 18:6). Sin embargo, Crispo, quien era el principal de la sinagoga, creyó junto con su familia y muchos gentiles corintios también creyeron y se bautizaron, comenzando así una iglesia cristiana en el lugar. Los creyentes se reunieron en la casa de un gentil llamado Justo, quien era “temeroso de Dios”, y la iglesia creció rápidamente. Al igual que la ciudad, la

iglesia corintia era una mezcla de razas y clases sociales; desde gente rica hasta hermanos muy pobres. Había desde esclavos, hasta funcionarios gubernamentales. Pero la mayoría de los convertidos procedían de un ambiente de paganismo y libertinaje. II. Motivo de la Carta Pablo escribió esta carta a causa de dos factores importantes. Primero, recibió noticias de la iglesia que lo dejaron preocupado (1 Co. 1:11; 5:1). Segundo, llegó una delegación de la iglesia misma, con una carta, solicitando su consejo acerca de varios asuntos (1 Co. 7:1; 16:17). No


cabe duda de que todo aquél clima de pecado que existía en Corinto había contaminado de alguna manera a la iglesia. En la carta, Pablo habla sobre cinco de los asuntos sobre los que estaba informado:     

Divisiones y contiendas en la iglesia. Un caso de incesto Pleitos de los hermanos ante tribunales paganos. El abuso de la libertad cristiana. El caos general que reinaba en los cultos, en el uso de los dones y la celebración de la cena del Señor.

En la carta, Pablo también procedió a contestar las preguntas que los corintios le hicieron por carta:  

  

Preguntas sobre el matrimonio, y la práctica del celibato. Problemas sobre los alimentos consagrados a los ídolos y las actividades sociales celebradas en los templos paganos. Si las mujeres debían o no cubrirse sus cabezas para orar y su lugar en las reuniones públicas. El asunto de los dones espirituales, en especial el don de hablar en lenguas desconocidas (glosolalia). El hecho y significado de la resurrección de Jesucristo.

Como podemos ver esta es una carta donde Pablo tendrá que amonestar, corregir y aclarar dudas y prácticas de los hermanos de Corinto. Pero además de eso, Pablo se enfrentaba a una iglesia en la cual había personas que cuestionaban su autoridad como apóstol. Probablemente porque Pablo no era del grupo original de los 12 discípulos que anduvieron personalmente con Jesús. El llamado de Pablo al apostolado fue después de que Jesús había muerto y

resucitado. Sin embargo en esta y otras epístolas, el apóstol Pablo fue claro en que su llamado no vino de hombre alguno, sino directamente de Jesucristo mismo, quien se le apareció (1 Co. 9:1-2). III. Aplicación Hoy día las iglesias pasan también por situaciones difíciles y problemas diversos que tienen que ser corregidos a la luz de la enseñanza bíblica. Hoy día también las iglesias enfrentan problemas de contiendas y divisiones entre hermanos en Cristo. También en ocasiones tienen que lidiar con problemas de pecados en medio de la iglesia. Y también enseñar acerca del uso correcto de los dones espirituales para que haya orden en la iglesia y toda la congregación sea edificada. Al leer esta carta de Corintios nos damos cuenta de que muchas de las situaciones que enfrentan las iglesias actuales, la han enfrentado las iglesias de todos los tiempos, incluyendo a iglesias como la de Corinto que fue fundada y enseñada por el mismo apóstol Pablo. Pero, gracias a Dios que tenemos la bendición de contar con las instrucciones dadas por Dios, por medio de los santos apóstoles en estas cartas, para poder corregir todo lo que pueda afectar a la iglesia y mantener así el orden bíblico para la edificación y sanidad del cuerpo de Cristo. Estaremos estudiando esta carta en nuestro Instituto Bíblico y le exhortamos a leerla completa en su casa y asistir fielmente a los estudios. Sabemos que será de grande bendición para cada uno de nosotros y para nuestro crecimiento y madurez espiritual. Le exhortamos a que conteste las preguntas que acompañarán cada estudio y que le servirán de repaso a cada lección y comprensión de lectura.


Preguntas de Comprensión: Lección 1 – Introducción a la Primera Carta a los Corintios 1. ¿Dónde estaba ubicada la ciudad de Corinto? 2. ¿Por qué la ciudad de Corinto era tan importante en esa región? 3. ¿Qué caracterizaba la vida de le gente de Corinto? 4. ¿Cuál era la principal deidad adorada en esa ciudad y cuáles eran los ritos que se llevaban cabo? 5. ¿En cuál de los viajes misioneros, Pablo visitó a Corinto? 6. ¿Qué ocurrió cuando fue a predicar la Palabra en la sinagoga judía? 7. ¿Qué otros dos discípulos de le unieron allí? 8. ¿Dónde originalmente se reunió la nueva iglesia? 9. ¿Qué dos factores importantes llevaron a Pablo a escribir esta epístola? 10.¿Qué cinco (5) asuntos le informaron a Pablo algunos hermanos de Corinto? 11.Mencione otros temas que Pablo trató en esta carta. 12.¿Por qué Pablo tuvo que defender su ministerio como apóstol en esta iglesia? 13.¿Piensas que esta carta es útil y necesaria de estudiar para las iglesias de hoy? ¿Por qué? 14.¿Qué situaciones tratadas en esta carta se repiten también en muchas iglesias actualmente?


Lección #2: Los santificados llamados a ser santos

Serie de Estudios sobre Primera de Corintios: Cap. 1:1-17

I. El apostolado de Pablo El libro que estamos estudiando es una carta o epístola. Como tal, consta de un encabezamiento que se llama la salutación donde el que escribe se identifica a sí mismo. Pablo se identifica como “apóstol de Jesucristo por voluntad de Dios”. Es decir, su apostolado no vino por voluntad o capricho de él ni de ningún hombre, sino por la voluntad de Dios mismo quien le escogió y le llamó. Hoy día se ha puesto de moda el que algunos predicadores o ministros se atribuyen a sí mismos el título de apóstoles. Pero creemos que estos apóstoles modernos no son apóstoles genuinos. La palabra “apóstol” proviene del griego “apóstolos” que significa testigo. Este ministerio fue constituido por Jesucristo mismo quien llamó personalmente a los doce discípulos (Lc. 6:13). Aparte de los doce, también Jesús personalmente llamó a Pablo, cuando se le apareció camino a Damasco (Gál. 1:11-17). Los verdaderos apóstoles fueron llamados para ser también fundamento de la iglesia (Ef. 2:19-20). Los apóstoles modernos no pueden reclamar tales credenciales. No han sido llamados directamente por Cristo, no han sido testigos de la resurrección, y no tienen tampoco las señales del apostolado (1 Co. 9:1, 2 Co. 12:12). Si hubiera apóstoles hoy día, la Biblia tendría que seguirse escribiendo ya que todavía se estaría estableciendo su fundamento. Pablo con toda la evidencia de su apostolado, tuvo que dejar claro su autoridad como tal porque, como estudiamos en la pasada lección, algunos cuestionaban su llamado porque no formó parte de los doce discípulos originales, aunque todos los

requisitos y señales de su apostolado se cumplían en él. II. Santificados, llamados a ser santos. Pablo dirige la carta a la “iglesia de Dios que está en Corinto”. Esta frase nos muestra una gran verdad. Las iglesias cristianas que se reúnen en distintos lugares son parte de una sola iglesia de Dios. Cuando Dios mira a su pueblo, no ve muchas iglesias separadas en grupos, sino una sola iglesia, que la componen los que han sido lavados con la sangre de Cristo. Hoy día es lamentable que entre las iglesias cristianas existan divisiones debido a diferencias de estilo de adorar, o de otras cosas. Sin importar esas diferencias, si una persona ha creído en Cristo como su Señor y Salvador, y sostiene las doctrinas fundamentales de la fe cristiana, es nuestro hermano y miembro de una sola familia espiritual. Esa iglesia de Dios, compuesta por todos los redimidos es una iglesia santificada. La Palabra dice que todos los creyentes somos santos posicionalmente. Eso quiere decir que aunque somos imperfectos en nuestras obras, por medio de la fe en Cristo hemos sido declarados justos y hechos perfectos para siempre, porque Cristo nos imputó su justicia (Heb. 10:14, 2 Co. 5:21, Ro. 5:1). Dios nos ve santos a través de Cristo gracias a la cubierta de su justicia en nosotros; por eso podemos tener una salvación eterna. Sin embargo, también estamos “llamados a ser santos”. Esta es la santificación progresiva. Es el proceso en que estamos donde vamos cada día muriendo a la vieja criatura, desechando las obras de la carne, y vamos creciendo en santidad, agradando al Señor (1 Pe. 1:15)


III. El desbalance de los corintios. En 1 Corintios 1:4-7 Pablo alabó a los corintios porque como iglesia habían sido “enriquecidos en toda palabra y en toda ciencia”. Además de ese conocimiento, era también una iglesia donde abundaban los dones espirituales. Pero había un serio problema: a pesar de todas esas virtudes, era también una iglesia donde abundaban las contiendas y las divisiones. En otras palabras, el amor no se manifestaba en las relaciones entre los hermanos. Por esto Pablo amonestó a esta iglesia y más adelante les llamó carnales e inmaduros. Algunos decían: “yo soy de Pablo”, otros “yo soy de los de Apolos” y otros “yo soy de los de Cefas (Pedro)” (1 Co. 1:11-13). Es decir, estos hermanos se veían a sí mismos como seguidores de estos hombres de Dios y menospreciaban a los que no eran de su bando preferido. Hoy día esto suele ocurrir en las iglesias. Algunos cristianos piensan que la espiritualidad y la madurez se miden por el mucho conocimiento, o por tener ciertos dones sobrenaturales. Pero si no hay amor y humildad, aún hacia aquellos hermanos que son diferentes a nosotros, o discrepan de nuestras opiniones, todo lo demás es inútil. A Corintios le faltaba el ingrediente más importante en una iglesia; el camino más excelente: el amor. A veces los cristianos perdemos de vista lo que es más valioso e importante, y nos dejamos llevar por cosas que no son tan importantes. Para Dios es más importante el carácter que el mucho conocimiento o el tener mucho talento. Hay personas muy talentosas, que tienen dones espirituales, que saben mucha teología, pero están llenos de orgullo y desamor. Para Dios, todo ese conocimiento, esos dones y todo ese talento son vanos. Filipenses 2:3 nos dice claramente cómo debe ser nuestra actitud ante los demás hermanos: “estimando a los

demás como superiores a él mismo”. Jesús es el mayor ejemplo que tenemos de esa actitud. Siendo igual a Dios, estuvo dispuesto a hacerse servidor, y se humilló hasta la muerte, y muerte de cruz. Ese es el sentir que debe haber en cada uno de nosotros. IV. Aplicación La iglesia de Corinto estaba desenfocada en la importancia que le daba a ciertas cosas, pero olvidaban otras muy importantes. Para ellos el conocimiento y los dones espirituales eran lo más importante. Pablo les demostró que había otras virtudes aún más importantes, sin las cuales, lo anterior se quedaba corto. A veces nosotros como cristianos nos podemos desenfocar de aquello que es más importante en nuestra vida cristiana. Por ejemplo, podemos dedicarnos a trabajar en la obra de Dios, en hacer muchas cosas y tener muchos cargos en la iglesia, pero descuidamos nuestra relación íntima con Dios. Podemos estar involucrados en algún ministerio, pero no tenemos una buena relación con nuestros hermanos o estamos enemistados con alguien. Para Dios no es tan importante la fachada que damos, sino más bien lo que hay dentro de nuestro corazón. A veces también las iglesias pueden enfocarse demasiado en el programa de la semana, y descuidar la vida espiritual o el suplir las necesidades de la gente. La iglesia de hoy también necesita mantenerse en el balance correcto.


Preguntas de Comprensión: Lección 2 – Los santificados llamados a ser santos 1. ¿Por qué Pablo podía decir que era un verdadero apóstol? 2. ¿Crees que los que hoy día utilizan ese título tienen las credenciales de un verdadero apóstol? ¿Por qué? 3. ¿Desde el punto de vista de Dios, cuántas iglesias hay? 4. ¿Cuáles diferencias pueden ser pasadas por alto, y cuáles no? 5. ¿Son santos todos los cristianos? ¿Por qué? 6. ¿Cuál es la santificación progresiva? 7. ¿Qué cualidades positivas tenía la iglesia de Corinto? 8. ¿Cuáles eran las cualidades negativas de esta iglesia? 9. ¿Tenía esta iglesia un buen balance? ¿Por qué? 10. Si los corintios tenían los dones del Espíritu, y todo conocimiento, ¿por qué Pablo les llamó carnales? 11. ¿Crees que hoy día se repite en algunas iglesias este mismo problema? 12. ¿Qué es más importante para Dios, el conocimiento, los dones espirituales, o el fruto del Espíritu Santo? ¿Por qué? 13. ¿Cómo debe ser nuestra actitud hacia los demás hermanos? 14. ¿Cuáles crees que son las consecuencias en nuestra vida cristiana de no tener un balance y enfoque correcto?


Lección #3: El efecto de la Palabra de Dios

Serie de Estudios sobre Primera de Corintios: Cap. 1:18-31

I. La misma Palabra, distinto efecto. En esta sección de la carta, al apóstol Pablo comienza a tratar el tema de la sabiduría y el conocimiento humano ante la revelación de la Palabra de Dios. En tiempos del apóstol Pablo florecía en la cultura griega (helenística) la exaltación de la filosofía y el pensamiento de los grandes maestros de la antigüedad. Al igual que hoy día donde nuestra sociedad valora las ideas y los conceptos de la filosofía moderna, en aquél entonces también se creía que el ser humano con su sabiduría y conocimiento, podía encontrar todas las respuestas y la solución a todos los problemas. Pero Pablo comienza diciendo que la palabra de la cruz, el evangelio que él predicaba, y que nosotros predicamos “es locura” para aquellos que “se pierden”. Esto significa que para ciertas personas, las enseñanzas de la Biblia, las verdades del evangelio, es cosa de locos. Sin embargo, para otras personas, esa misma palabra es “poder de Dios y sabiduría de Dios”. ¿Por qué esta diferencia? ¿Por qué hay personas a quienes no les interesa para nada el evangelio de Cristo, y a la misma vez hay otros que lo valorizan, lo aman y lo siguen? Precisamente esto es lo que Pablo contestará en esta parte de la epístola. II. Dios ha enloquecido la sabiduría humana. ¿No se ha dado cuenta usted cómo el ser humano ha fracasado en sus grandes proyectos sociales? El hombre ha buscado la manera de alcanzar su felicidad y su bienestar, siguiendo sus grandes ideales y utopías, y todos ellos han fracasado. El hombre pensó: “no necesitamos de Dios, podemos con nuestra capacidad resolver

nuestros propios problemas”. ¿Cuál ha sido el resultado? Ni la ciencia, ni la tecnología, ni la política, ni el conocimiento humano han podido redimir al hombre de su miseria. Aún en donde la gente vive con más prosperidad y abundancia de bienes materiales, siguen siendo infelices, y se sienten vacíos. Dios ha enloquecido la sabiduría humana porque el hombre ha probado a lo largo de la historia una enorme cantidad de soluciones para sus problemas, y todo resulta ser un rotundo fracaso. Y la razón es que todo intento del ser humano de hallar la paz y la felicidad fuera de Dios, habrá de fracasar porque el hombre fue hecho para Dios, y sin Él, estará incompleto e infeliz siempre. Sin embargo, seguirá buscando con todas sus fuerzas esa felicidad donde no la hay, porque espiritualmente está ciego. El mundo no conoció ni conocerá a Dios por medio de su sabiduría, porque tiene que ser a través de la “locura de la predicación” del evangelio. Los judíos buscaban las señales, los milagros. Los griegos buscaban en la sabiduría y la ciencia del hombre. Hoy día sigue siendo igual. Unos buscan en ciertas experiencias, pero no les interesa conocer la verdad del evangelio. Otros buscan en el saber humano, y rechazan el verdadero conocimiento revelado por Dios. Pero “nosotros predicamos a Cristo crucificado”. Esto es, le predicamos al mundo que la solución está en Jesucristo y lo que él hizo en la cruz a favor del ser humano. ¿Y cuál es el resultado? Para los judíos que buscaban señales, es tropezadero. Para los gentiles que van tras la sabiduría humana, es locura. Pero para los llamados, los elegidos, sean griegos o judíos, Cristo es poder de Dios y sabiduría


de Dios. En otras palabras, si este evangelio no es revelado al corazón del ser humano, jamás podrá recibirlo. III. Sin elección no hay revelación. El evangelio de la salvación en Cristo, que liberta al ser humano de toda opresión y esclavitud, y le llena de paz y gozo, tiene que ser revelado. No se llega a él mediante el conocimiento intelectual (Mt. 11:27). Por más que el ser humano quiera llegar a Dios por medio de su conocimiento, se quedará corto porque tiene un problema espiritual. El pecado ha cegado su entendimiento, y necesita que Dios tome la iniciativa y le abra sus ojos espirituales. Sin embargo, Dios lo revela a quien él quiere, especialmente a los que son humildes y sencillos, para vergüenza de los que se jactan de ser sabios y entendidos. Los cristianos eran y siempre han sido objeto de burla porque la mayoría son personas que no tienen una gran distinción ante los ojos del mundo. Aún aquellos cristianos que sí tienen una vasta preparación académica, son tenidos a menos ante el mundo secular por ser creyentes. Pero Dios escogió precisamente a los que el mundo considera como “necios” para avergonzar a los que se consideran a sí mismos como sabios. ¿Y por qué lo ha hecho Dios así? ¿Por qué ha decidido glorificarse en lo vil, en lo menospreciado, en lo que el mundo no valora? Para que toda la gloria sea dada a Cristo y no al hombre. Este evangelio que predicamos no produce ninguna gloria al ser humano, porque es un evangelio de gracia. Dios es quien nos escogió y nos llamó a su gracia admirable, no por nuestros méritos, sino por su sola misericordia. Ningún ser humano puede jactarse en su presencia porque por Él es que estamos nosotros en Cristo Jesús.

Algunas personas chocan con estas verdades aún hoy, porque el ser humano tiene la tendencia a darse la gloria a sí mismo por sus logros y su esfuerzo. Pero en este evangelio toda jactancia queda excluida. Y solo a Dios le debemos el ser llamados hijos del Altísimo. IV. Aplicación Pablo seguramente quiso hablar acerca de este tema en esta carta porque los corintios se estaban jactando de lo que ellos habían recibido de parte de Dios. Y eso se ve claramente en las divisiones que había entre ellos. Cuando en una iglesia hay divisiones y contiendas entre hermanos en la fe, es evidencia clara de que hay orgullo en el corazón de muchos. Donde hay humildad y mansedumbre, no puede prosperar la contienda. Así mismo hoy día algunos cristianos se olvidan de que todo lo que ellos son se lo deben a Cristo; por eso algunos tienden a menospreciar a otros. No podemos olvidar que ni siquiera por nosotros es que fuimos recibidos como hijos, sino por la sola misericordia y elección divina. Por lo tanto, “el que se gloría gloríese en el Señor”. Aún los dones, talentos y habilidades que poseemos no deben ser motivo de vanagloria porque todo lo que hacemos debe ser solo para la gloria de Dios (1 Co. 4:7). Los corintios debían entender que la iglesia es un solo cuerpo y debe estar unida en un mismo sentir y parecer. Nosotros también debemos recordar esto como iglesia, para que Satanás no utilice nuestra carnalidad para lacerar la unidad entre los hermanos.


Preguntas de Comprensión: Lección 3 – El efecto de la Palabra de Dios. 1. ¿Crees que ha cambiado la manera de pensar del mundo en los tiempos de Pablo a como se piensa hoy día? ¿En qué son similares? 2. ¿Qué significa que el evangelio es locura para muchos? 3. ¿Estás de acuerdo en que el ser humano ha fracasado en sus grandes proyectos? ¿Por qué? 4. ¿Han dado resultado las soluciones del hombre a sus problemas existenciales? 5. ¿La relevación del evangelio, es para todo el mundo? 6. ¿Por qué el mundo siempre ha menospreciado a los cristianos? 7. Los judíos buscaron señales, Jesús y los apóstoles hicieron señales y aún así muchos testigos de las mismas no creyeron, ¿por qué? 8. ¿Por qué Dios ha querido glorificarse en lo que se considera como lo vil y lo menospreciado? 9. ¿Por qué muchas personas chocan con estas verdades de que todo lo que somos se lo debemos a su gracia? 10. ¿Por qué los corintios tenían tantas divisiones entre ellos? 11. ¿Cuándo en una iglesia abundan las divisiones, qué muestra eso? 12. ¿Se parece la conducta de los corintios a la conducta de algunos cristianos hoy? 13. ¿Por qué no podemos gloriarnos de los dones, talentos o habilidades que tenemos? 14. ¿Qué lección aprendemos del comportamiento de esta iglesia?


Lección #4: Una sabiduría predestinada

Serie de Estudios sobre Primera de Corintios: Cap. 2:1-16

I. Cómo llegó el evangelio a los corintios El apóstol Pablo continúa aquí la misma línea de pensamiento que estudiamos en la lección anterior. El apóstol le recuerda a la iglesia de Corinto cómo fue que él les anunció el Evangelio al principio. Pablo no recurrió a argumentos filosóficos de sabiduría humana. Tampoco utilizó palabras rebuscadas y de gran elocuencia, como acostumbraban hacer los filósofos y pensadores griegos de su tiempo. No recurrió a la persuasión mediante argumentos humanos. ¿Por qué? Porque Pablo sabía que nadie puede conocer a Cristo y recibir el Evangelio por medio de la persuasión y el convencimiento humano. La sabiduría que se requiere para poder entender la verdad revelada de Dios solamente puede ser recibida por medio de la revelación especial que da el Espíritu Santo a quien quiere (Jn. 6:44, 1 Co. 12:3). Pero así como algunas personas recurren a la persuasión humana, otros recurren al culto a la personalidad del predicador, exaltando al hombre. Pero Pablo tampoco hizo esto. Al contrario, se presentó ante los corintios con “mucha debilidad y mucho temor y temblor” para que ellos no pusieran la mirada en él como apóstol, sino en el Señor. ¿Se parece esto a la manera en que se presentan muchos predicadores hoy día? El ministerio del apóstol Pablo estaba respaldado por milagros y señales. Pero a diferencia de muchos que hoy día alegan ser obradores de milagros y hacen que la gente les adule y les admire por su aparente poder, Pablo se mantenía humilde, evitando que las personas pusieran su mirada en él como siervo de Dios. También los falsos maestros hacen milagros y señales. ¿Cómo podemos entonces saber

quién es un verdadero mensajero de parte de Dios? (Gál. 1:6-9). II. Una sabiduría que necesita ser revelada. Por lo general, el conocimiento es algo que se adquiere por medio del estudio de una materia. Para poder tener conocimiento de medicina, una persona necesita estudiar muchos años esta materia. Para poder tener conocimiento de un idioma, se requiere estudiar y practicar esa lengua y así poder dominar su uso. La sabiduría difiere del conocimiento en que ésta se obtiene mediante la experiencia. Sin embargo, Pablo está hablando aquí de una sabiduría distinta. Está hablando de una sabiduría espiritual por medio de la cual una persona puede comprender la revelación del evangelio y conocer al Dios verdadero. Sin embargo en 1 Co. 2:7 nos dice que esa sabiduría es una sabiduría oculta, que Dios ha destinado exclusivamente para ciertas personas escogidas, y que no todo el mundo la puede recibir. En 1 Co. 2:10 nos dice que esa sabiduría espiritual ha sido revelada a los creyentes por medio del Espíritu Santo. Precisamente así lo declaró Jesucristo hablando acerca del Espíritu Santo que él enviaría (Jn. 16:12-14). El Espíritu que hemos recibido los creyentes nos revela las cosas de Dios, que no pueden comprender aquellos que no tienen al Espíritu santo.

III. El hombre natural y el espiritual. En la lección anterior decíamos que en esta revelación del evangelio de la gracia hay una elección de parte de Dios. ¿Por qué no todo el mundo puede entender estas cosas? La palabra nos enseña claramente que el


problema está en que el ser humano está muerto espiritualmente y ciego a las cosas del Espíritu de Dios. Aunque tiene un intelecto que le ayuda a comprender ciertas materias del saber humano, no le ayuda sin embargo a entender las cosas espirituales porque tales cosas solo pueden ser acomodadas a lo espiritual. Dice 2 de Co. 4:4 que Satanás, el dios de este siglo, cegó el entendimiento de los incrédulos para que no puedan recibir la luz del evangelio. Romanos 3:10-12 nos enseña que ningún ser humano, en su estado natural, sin haber sido regenerado, puede entender los asuntos espirituales y tampoco puede buscar a Dios de su propia voluntad e iniciativa porque se inclina por naturaleza al pecado. Desde que Adán pecó en el Edén, la muerte espiritual vino sobre toda la raza humana y todo ser humano está muerto espiritualmente. Por eso 1 Co. 2:14 nos dice claramente que “el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios porque para él son locura y no las puede entender porque se han de discernir espiritualmente.” Como lo espiritual tiene que ser acomodado a lo espiritual, y el hombre natural está muerto espiritualmente, lo espiritual no puede ser acomodado en su corazón. Dios en su soberanía ha querido mantener esta sabiduría oculta a ciertas personas y revelarlas a otras personas que él ha elegido por su gracia (Mt. 11:27). ¿Por qué Pablo estaba interesado en que los corintios recordaran estas verdades? Para que quitaran de su corazón todo orgullo humano (1 Co. 1:29). El cristiano que se jacta ante otros no ha entendido realmente de dónde proviene todo lo que él es. Se le ha olvidado que por la sola misericordia y gracia divina es que él puede ser llamado hijo de Dios, y no por mérito alguno de su parte. Precisamente estas verdades de la elección soberana nos

llevan a reconocer que no hay nada en nosotros mismos de qué gloriarnos, sino solo en la cruz de Cristo (Gál. 6:14). IV. Aplicación La Palabra dice que nadie debe tener más alto concepto de sí mismo que el que debe tener, sino que piense de sí con cordura (Ro. 12:3). Pensar de nosotros con cordura es vernos como Dios nos ve: Somos especiales, nuevas criaturas, escogidos por Dios, real sacerdocio, nación santa, etc. Pero todo eso que somos se debe no a nuestra virtud, ni a nuestros méritos, sino únicamente a su gracia y misericordia. Una cualidad importante del creyente es la humildad. Ese es el sentir que debe haber en todos nosotros, como fue el sentir que hubo también en Cristo Jesús (Fil. 2:3-8). Todo el conocimiento y el discernimiento que tenemos no nos han llegado como resultado de nuestra capacidad intelectual humana. No es una materia que se aprende como aprendemos la literatura o la ciencia. Se debe a que Dios nos escogió y a su tiempo quitó el velo de tinieblas que nos mantenía en ignorancia, y mediante la iluminación de su Santo Espíritu, se reveló a nuestras vidas (Gál. 1:15-16, Tito 3:3-7). Hoy día muchos cristianos tienen dificultad en poder comprender estas verdades. Y hay una razón para ello: muchos han sido formados doctrinalmente bajo el sistema “arminiano” donde la salvación y la iluminación del Espíritu se ve como un evento donde hay una parte de Dios y una parte que el ser humano produce. Es ahí en esa supuesta “parte humana” de la salvación en que algunos de glorían (Ef. 2:8-10).


Preguntas de Comprensión: Lección 4 – Una sabiduría predestinada 1. ¿Por qué Pablo no recurrió a argumentos de sabiduría humana y excelencia de palabras cuando les anunció el evangelio a los corintios al principio? 2. ¿De dónde proviene la sabiduría y el entendimiento que el ser humano necesita para conocer al Dios verdadero? 3. Compara la manera en que Pablo se presentó como predicador del evangelio a Corinto, con la manera en que algunos televangelistas se presentan al público. 4. El ministerio de Pablo estaba respaldado por milagros, pero hoy día algunos falsos maestros alegan ser obradores de milagros. ¿Cómo podemos saber quién es un verdadero siervo de Dios? 5. ¿Cómo un incrédulo que está ciego a las cosas de Dios puede llegar a conocer a Cristo? 6. ¿Por qué algunas personas no pueden recibir la revelación del Evangelio? 7. ¿Quién es el “hombre natural” a que Pablo se refiere? 8. ¿Quién es el “espiritual”, según el apóstol? 9. ¿Qué es el Evangelio para el hombre natural? ¿Por qué? 10. ¿Qué sucedió en la raza humana que produjo en el hombre esa ceguera espiritual? 11. ¿A qué nos lleva a reconocer esta verdad de que fue a Dios quien le plugo escogernos para revelarse a nuestras vidas? 12. ¿Por qué crees que hay cristianos que son orgullosos y arrogantes? 13. ¿Crees que lo que se enseña mayormente en el pueblo de Dios es esta verdad acerca de la elección de Dios? ¿Por qué? 14. ¿Por qué crees que estas verdades chocan con nuestra naturaleza humana?


Lección #5: Jesucristo, el único fundamento

Serie de Estudios sobre Primera de Corintios: Cap. 3:1-23

I. Cómo se manifiestan los carnales El apóstol Pablo continúa en este capítulo con su amonestación a la iglesia de Corinto. Como hemos explicado ya, esta era una iglesia repleta de problemas entre los hermanos. Pablo es bastante fuerte en esta sección. Se dirige a la iglesia llamándoles “carnales y niños en Cristo”. Ni siquiera eran lo suficientemente maduros para recibir el alimento espiritual que Pablo les traía: “Os di a beber leche, y no vianda; porque aún no erais capaces, ni sois capaces todavía, porque aún sois carnales; pues habiendo entre vosotros celos, contiendas y disensiones, ¿no sois carnales, y andáis como hombres?” (1 Co. 3:2-3) ¿Cuál era la razón? Las contiendas, los celos y las disensiones que había entre ellos eran la evidencia clara de su carnalidad. Los creyentes inmaduros se conocen por sus actitudes hacia los demás. El apóstol Santiago también habló acerca de esto (Stgo. 3:13-18). El que realmente es sabio y entendido lo demostrará por su buena conducta y su sabia mansedumbre. II. Los seguidores de los hombres. No es malo el admirar y seguir el ejemplo de aquellas personas que nos inspiran por su conducta y piedad. Sin embargo, a veces las personas se vuelven fanáticos de otros al punto de olvidar quién es el único a quien le debemos toda gloria y al punto de menospreciar a los que no forman parte de ese grupo “especial”. Eso ocurre en algunas iglesias. Se forman bandos o partidos donde cada grupo excluye o menosprecia al otro, creando así divisiones en el cuerpo de Cristo. Pablo les recordó a los corintios que todos aquellos a quienes ellos admiraban y seguían, no eran sino simplemente

servidores, esclavos del Amo. “¿Qué, pues, es Pablo, y qué es Apolos? Servidores por medio de los cuales habéis creído; y eso según lo que a cada uno concedió el Señor” (1 Co. 3:5). Esta es otra característica de los inmaduros; en lugar de seguir a Jesús como centro de sus vidas, se vuelven en seguidores de hombres. Elevan a seres humanos imperfectos en pedestales; y obviamente, si algunos de ellos les falla, se alejan de la iglesia. Pablo explica que cada uno de los siervos que admiraban los corintios hicieron solamente aquello que Dios les permitió hacer, según los dones con los que fueron equipados. Uno plantó, el otro regó, pero Dios es el que da el crecimiento. En última instancia el que merece toda la gloria no es el hombre, sino el que produce el crecimiento; el Señor. III. Cada cual mire cómo edifica La iglesia cristiana tiene un solo fundamento que es Jesucristo. Nadie puede poner algún otro fundamento aparte de ese. Claro está, la Palabra pertenece a ese fundamento, precisamente porque Jesucristo mismo la inspiró, y representa su consejo divino. Pablo compara a la iglesia cristiana con un gran edificio que como toda estructura fuerte, posee una base o fundamento (Ef. 2:20-22). Sin embargo, cada creyente y siervo de Dios está llamado a edificar sobre ese fundamento. Pablo dice: “pero cada uno mire cómo sobreedifica” (1 Co. 3:10). Es decir, cada uno de nosotros tiene la responsabilidad de mirar bien, cuidarnos de


cómo sobreedificamos. Sobreedificar aquí se refiere a las obras y la labor que realizamos como creyentes. Si nuestras obras no están edificadas sobre Cristo, y las cosas que hacemos no las hacemos en la voluntad de Dios y para la gloria de Dios, estamos sobreedificando incorrectamente. El apóstol Pablo advierte que algún día nuestras obras serán probadas. La Palabra nos muestra que algún día el Señor nos pedirá cuentas de cómo invertimos nuestro tiempo, nuestros talentos y dones. Algunos teólogos afirman que este será un juicio aparte del Juicio Final, que menciona Apocalipsis; un juicio especial donde serán evaluadas las obras de los redimidos. Otros afirman que es el mismo juicio. Sin embargo el pasaje aquí deja ver claramente que no se evaluará la salvación de estas personas, sino su servicio a Dios. Pero lo importante aquí es que todos tendremos que dar cuenta algún día de cómo hemos invertido nuestras vidas como cristianos. Así como el fuego prueba si el material es resistente, nuestras obras pasarán por una prueba. Pablo dice que habrá obras que se quemarán como se quema la madera, el heno y la hojarasca. Estas serán las obras que no fueron realizadas bajo el fundamento de Cristo. Aquellas que se hicieron por contienda o vanidad, o por cualquier otra razón que no es Cristo y su sola gloria (Fil. 2:3, Col. 3:23). Sin embargo, habrá obras que permanecerán y resistirán la prueba del Señor. Estas son las que fueron hechas en la actitud correcta y en la obediencia al Señor. Estas serán las obras que recibirán recompensas. La palabra nos muestra que los creyentes fieles recibirán galardones (Ap. 22:12). La realidad es que podemos hacer aquí muchas obras y podemos hacerle creer a los hermanos y a los líderes que somos

obradores de bien. Pero el Señor conoce nuestros corazones y las intenciones más ocultas. Él sabe perfectamente si estamos haciendo algo para su gloria o por cualquier otra razón egoísta. Pablo termina esta sección diciendo que algunos serán salvos, aunque así como por fuego. Es decir, serán salvos porque creyeron en Cristo, pero no recibirán recompensas. Finalmente Pablo les advierte a los que están causando divisiones en Corinto a que tengan mucho cuidado, porque “si alguno destruyere el templo de Dios, Dios le destruirá a él” (1 Co. 3:17). En otras palabras, el que le hace daño a la iglesia que es cuerpo de Cristo, se está metiendo con Dios mismo; y sufrirá las consecuencias. IV. Aplicación Muchas veces juzgamos nuestras obras y las de otros por ciertos resultados. Nos impresionamos por aquellos cantantes, músicos, o predicadores que gozan de popularidad o de éxito humano. Pero Dios mira las cosas desde otra perspectiva. Dios no juzga la apariencia, sino las intenciones de los corazones. Muchos ministerios hoy día están realmente enfocados más en la gloria y exaltación del hombre que en la exaltación y la gloria de Dios. Habrá muchas sorpresas en ese día en que las obras de los creyentes sean probadas. Muchos recibirán recompensas por su labor, aunque lo que hicieron nunca se notó, o no fue exaltado por los hombres. Estos son los héroes anónimos que no gozaron de popularidad, pero sirvieron a Dios con humildad y amor genuino. Ese Padre que ve en lo secreto, les recompensará en público.


Preguntas de Comprensión: Lección 5 – Jesucristo; el único fundamento. 1. ¿Por qué Pablo le llamó a los corintios “carnales y niños en Cristo”? 2. ¿Por qué actitudes se conocen a los creyentes inmaduros? 3. Según Santiago 3:13-18, ¿cómo se manifiesta el que es sabio y entendido? 4. ¿Por qué la iglesia de Corinto estaba fraccionada en bandos? ¿Crees que eso sucede hoy día en algunas iglesias? 5. ¿Cuál es el peligro de ser seguidores de hombres, aún de siervos de Dios? 6. ¿Qué se nos olvida cuando elevamos en pedestales a los siervos de Dios? 7. ¿En qué se asemeja la iglesia cristiana a un edificio? 8. ¿Por qué cada creyente debe mirar cómo sobreedifica? 9. ¿Con qué propósito el Señor pasará juicio sobre nuestras obras como creyentes? 10. ¿Cuándo sean evaluadas nuestras obras, estará en juego nuestra salvación? 11. ¿Cuáles serán las obras que se quemarán? 12. ¿Cuáles obras pasarán la prueba? 13. ¿Crees que habrá obras reconocidas en la tierra que no lo serán en el cielo? ¿Por qué? 14. Análisis Personal: Si evalúas lo que has hecho desde que te convertiste a Dios, ¿crees que tus obras pasarían la prueba de Dios?


Lección #6: Somos servidores de Cristo y administradores

Serie de Estudios sobre Primera de Corintios: Cap. 4:1-21

I. Cómo deben vernos los hombres Este capítulo 4 de 1 Corintios es una continuación del tema que Pablo ha estado tratando desde el capítulo anterior. Como estudiamos en la lección anterior, los corintios se jactaban de ser seguidores de siervos de Dios como Apolos, Cefas, y Pablo. Los veían como hombres grandes y dignos de gloria. Pero Pablo les recuerda que ellos solo eran servidores de Dios y que su éxito en el ministerio se debía al crecimiento que Cristo había dado. En este otro capítulo, Pablo comienza diciendo que los hombres deben considerarnos como servidores de Cristo y administradores de los misterios de Dios. Es decir, deben vernos como personas que no buscamos otro interés, sino el de servir a Cristo. Esto no solo se aplica a los pastores, y líderes, sino también a todo creyente. El verdadero cristianismo está enmarcado en el servicio al prójimo. Jesús es el mejor ejemplo que tenemos de esto, cuando él mismo declaró que había venido a servir a los demás por amor (Mt. 20:28). Sin embargo, hoy día muchos no ven a los creyentes como servidores, sino como religiosos que asistimos a las iglesias. Los cristianos también somos considerados administradores de los misterios de Dios. ¿Qué significa esto? Que a cada uno de nosotros se nos ha encomendado administrar las cosas santas de Dios, en especial la revelación del evangelio, que no le es revelado a todo el mundo (1 Tim. 3:9, Col. 1:26-27). ¿Cuál es el requisito de todo administrador? Ser hallado fiel. Dios espera que nosotros, a quienes se nos ha confiando su Palabra, seamos fieles administradores de todo lo que hacemos de tal manera que en

todo sea Dios glorificado a través de nuestras vidas. II. La fidelidad e integridad del creyente. Hoy día, algunos cristianos les gusta criticar y señalar las deficiencias en otros hermanos en la fe, pero ellos mismos tampoco son fieles a Dios. La Palabra dice que cada cual dará a Dios cuenta de sí (Ro. 14:12-13). Esto quiere decir que en lugar de estarme fijando en lo que otros hacen o dejan de hacer, yo como cristiano debo preocuparme por hacer la parte que me corresponde, porque a cada uno de nosotros se nos pedirá cuentas. Pablo les dice a los corintios: “No juzguéis nada antes de tiempo, hasta que venga el Señor y aclarará lo que está oculto”. Esto no se refiere a la necesidad de juzgar ciertas cosas, como las enseñanzas falsas, y el pecado descubierto. Se refiere más bien el estar juzgando el servicio o la labor de otros, en lugar de ocuparnos en nuestra propia labor. El apóstol Pablo les dice a los corintios que para él no era importante el que ellos le juzgaran, “Yo en muy poco tengo el ser juzgado por vosotros”. Ya habíamos indicado que algunos hermanos de Corinto cuestionaban su labor como apóstol y ponían en duda su llamado. Esto es común hoy día. Los siervos de Dios, en especial los líderes nunca vamos a tener contento a todo el mundo. Siempre habrá personas que piensen que el líder, en especial los pastores, deberían hacer su trabajo como ellos entienden. Pablo dijo: “Pero el que me juzga es el Señor” (1 Co. 4:4). Lo importante para él era agradar a Dios y tener su respaldo, aunque no tenga la simpatía de algunos hermanos en la fe.


III. ¿Quién te distingue? Los corintios, como hemos visto, tenían una actitud incorrecta. Ellos estaban mal en su vida cristiana, pero en lugar de reconocerlo y humillarse ante Dios, preferían señalar los defectos o faltas de otros (incluyendo a los mismos apóstoles). Esto sucede hoy día en las iglesias. Hay personas que están mal en su vida cristiana, no hay compromiso, no hay consagración a Dios. Pero en lugar de reconocerlo, y bregar con su situación, prefieren buscar faltas en otros y juzgar a los demás. De esa manera tienden una cortina de humo para ocultar su propia debilidad. Por eso Pablo decía que el Señor cuando venga, sacará a la luz las intenciones de los corazones y entonces cada uno recibirá su alabanza de Dios. En otras palabras, Pablo lo que está diciendo es que independientemente de lo que los hombres puedan decir aquí en la tierra, la realidad de las cosas saldrán a la luz en su momento. El verso 7 de 1 Corintios 4 es importante: “¿Porque quién te distingue, o qué tienes que no hayas recibido; y si lo recibiste, por qué te glorías como si no lo hubieras recibido?” Para callar todo intento de vanagloria en los corintios Pablo les recuerda que todo lo que ellos tienen y lo que son se lo deben al mismo Señor que se lo dio. Por lo tanto es una necedad el gloriarnos de algo que no lo hemos producido nosotros, sino que lo hemos recibido de parte de Dios. Así que sean dones, talentos o cualquier cosa que tenemos, Dios nos la ha dado, y solo a él debe ser la gloria. Del versículo 8-21 Pablo defiende el ministerio de los apóstoles ante la actitud de vanidad de los corintios. Comienza con un tono irónico. “Ya estáis saciados, ya estáis ricos, sin nosotros reináis”. Del 9-13 Pablo les menciona todos los tropiezos, sufrimientos y pruebas que ellos como

apóstoles han sufrido para serles de bendición. Los corintios habían olvidado todos los sacrificios y negaciones que los apóstoles habían sobrellevado para que ahora ellos tuvieran bendición. Esto también suele suceder hoy día. Los siervos de Dios en ocasiones reciben como pago la ingratitud y las críticas hasta de sus propios hermanos en la fe, habiéndose ellos dado por completo. Pero eso no debe desanimarnos porque a fin de cuentas todo lo que hacemos lo hacemos para el Señor antes que para agradar o complacer a cualquier persona. IV. Aplicación Pablo seguramente tenía que sentir tristeza e indignación por las actitudes que algunos hermanos de Corinto tenían hacia él. En lugar de ellos estar agradecidos por la labor que él había realizado, ahora le juzgaban y le criticaban. Él había sido como un padre para ellos (1 Co. 4:15). Al igual que Pablo, todo el que le sirve al Señor tiene que estar preparado para ser criticado por otros. No solamente por los incrédulos, sino en ocasiones también por los hermanos en la fe. Hay personas que no hacen nada ni aportan al reino, pero se sientan a criticar a los que están trabajando. Sin embargo, nada de esto debe desanimar al servidor de Cristo porque su recompensa proviene, no de los hombres, sino de Dios. ¿Y tú? ¿Estás sirviendo al Señor con gozo en lo que él te ha puesto? ¿Te ves a ti mismo como un servidor de Cristo? ¿Estás siendo un administrador fiel de las cosas espirituales de Dios? Preocúpate por ser fiel a Dios y sírvele con gozo, y entonces a su tiempo tendrás tu recompensa.


Preguntas de Comprensión: Lección 6 –Somos servidores de Cristo y administradores. 1. ¿Cómo consideraban los corintios a los siervos de Dios? 2. ¿Cómo Pablo se veía a sí mismo y a los demás siervos de Dios? 3. ¿Cuál debe ser el principal interés de nosotros los cristianos? 4. ¿Quién es el mejor ejemplo que tenemos de servicio a los demás? 5. ¿Crees que muchos hoy día ven a los cristianos como servidores? ¿Por qué? 6. ¿Por qué los creyentes somos llamados “administradores de los misterios de Dios”? 7. ¿Cuál es el requisito de todo administrador de las cosas de Dios? 8. El que sirve al Señor en ocasiones será criticado aún por sus hermanos en la fe. ¿Crees que eso debe desanimarnos? ¿Por qué? 9. ¿Por qué Pablo tenía en poco el ser juzgado por las personas? 10. ¿Por qué hay personas que estando mal ellos mismos, prefieren buscar faltas en otros? 11. ¿Si todo será revelado y descubierto cuando el Señor venga, debemos preocuparnos por las opiniones de otros? 12. ¿Si todo lo que tenemos para servir a Dios él no los ha dado, podemos gloriarnos en nosotros mismos?


Lección #7: Un poco de levadura leuda toda la masa

Serie de Estudios sobre Primera de Corintios: Cap. 5:1-13 I. Una situación vergonzosa La iglesia local no es un conglomerado de gente perfecta. Está compuesta por creyentes repletos de debilidades, y también por personas que todavía no han nacido de nuevo, ya que “el trigo crece junto con la cizaña”. Sin embargo, aunque no exista ninguna iglesia en la tierra totalmente libre de imperfecciones, no por ello se va a permitir que el pecado se entronice en la iglesia y se trate el mismo de manera liviana o indiferente. Ciertamente todos pecamos. Pero no cabe duda de que hay ciertos pecados que manchan el testimonio de la iglesia del Señor, y con eso no se juega. Este era el problema de la iglesia de Corinto. Aparentemente por un falso concepto de la gracia y la libertad cristiana, esta iglesia había guardado silencio, haciéndose de la vista larga ante pecados que eran escandalosos aún ante los paganos. El apóstol Pablo señala directamente un caso específico: un miembro de la iglesia que vivía en pecado de fornicación con la mujer de su padre, muy probablemente su madrastra. Pablo no solamente estaba preocupado e indignado por este hecho vergonzoso en sí, sino más aún por la actitud que habían asumido los líderes de la iglesia quienes hasta se jactaban de tener entre ellos una situación como esta y no habían actuado con firmeza. II. La levadura que contamina Los malos ejemplos son como el pequeño polvo de la levadura que con tan solo una poquísima porción, se leuda toda una masa de harina. Una iglesia que no es firme contra el pecado abre la puerta para que Satanás la

destruya y mine su testimonio ante el mundo. Hoy día hay personas que tienen una idea equivocada de lo que es el amor y la misericordia en la iglesia. Piensan que tener amor y misericordia es pasarle la mano al pecado y guardar silencio cuando alguien está pisoteando el nombre de Cristo con su mal testimonio. Dios espera que los creyentes se aparten de cualquiera que se haga llamar hermano en la fe y viva una vida de pecado e inmoralidad. Las instrucciones de Pablo para con este individuo en fornicación fueron sumamente fuertes y severas: Entregarle a Satanás para destrucción de la carne, a fin de que el espíritu fuera salvo en el día del Señor. Este pasaje demuestra la autoridad que Dios le ha dado a su iglesia. Entregar a Satanás implica un juicio donde el cuerpo o la carne de la persona queda a expensas del diablo para enfermedad o incluso la muerte. Sin embargo, si es un verdadero cristiano, su espíritu será salvo en el día del Señor. Este no es el único pasaje donde se menciona esto, ver: (1 Tim. 1:19-20). Más adelante, en 1 Co. 11:29-30, veremos que por causa de los abusos en la cena del Señor, la disciplina de Dios había caído sobre algunos hermanos de la iglesia de Corinto y algunos estaban debilitados o enfermos, y otros habían muerto. Del verso 9-11 Pablo advierte que las instrucciones específicas son que ningún creyente genuino se junte con cualquiera que llamándose hermano sea fornicario, idólatra, avaro, ladrón, maldiciente o borracho. Con tales personas, dice el apóstol, ni aún comáis. Es decir, ni siquiera los reciban en sus casas, ni compartan con ellos. ¿Pero Jesús se juntaba con los pecadores y comía con ellos, por qué no hacer nosotros lo


mismo? Pablo no se refería aquí a dejar de juntarse con los incrédulos, porque, ¿cómo vamos a predicarles? Sus instrucciones van dirigidas a apartarse de quienes mancillan el nombre de Cristo, llamándose hermanos. 2 de Tes. 3:14-15 aclara mucho mejor este punto. III. Arrepentimiento y restauración Las instrucciones de los apóstoles con relación a cómo enfrentar el pecado en la iglesia son sumamente claras y específicas. La iglesia tiene que ser un lugar de restauración y sanidad para las personas, pero la condición para ello tiene que ser el arrepentimiento genuino. Arrepentimiento genuino no significa llorar mucho por haber hecho algo malo. Tampoco es ignorar el error cometido como si no hubiera pasado nada. Implica, sobre todo, cambio radical en el patrón de conducta de la persona. La gente confunde el remordimiento con el arrepentimiento. El primero es cuando la persona sabe que ha hecho algo malo y siente temor o preocupación por las consecuencias de sus actos, o se siente mal consigo mismo. Sin embargo el efecto del remordimiento es pasajero. Una vez la persona pasa el susto, o enfrenta las consecuencias inevitables, ese remordimiento suele convertirse en enojo o indiferencia. En cambio el arrepentimiento es muy diferente. En primer lugar implica dolor profundo ante el hecho de haber ofendido primeramente a Dios. Segundo, implica apartarse totalmente del pecado, cambiar de dirección completamente. Y tercero, estar dispuesto a someterse a las consecuencias del pecado y a la disciplina correspondiente. Hoy día en las iglesias, muchos quieren restauración, pero sin arrepentimiento genuino. No están dispuestos a someterse a la disciplina del cuerpo, y prefieren antes irse a otro lugar donde se le pase la mano al

pecado y les reciban como a víctimas maltratadas. Lo triste es que se engañan a sí mismos porque tarde o temprano volverán a cometer los mismos errores. Y quienes les reciben también les hacen un gran daño a estas personas. La amonestación y la disciplina es una de las áreas más difíciles del ministerio pastoral. Sin embargo es necesaria para que una iglesia se mantenga sana y aprobada por Dios. La iglesia que es tolerante al pecado y no actúa según los parámetros de la palabra, perderá el respaldo y la bendición del Señor. Por otro lado, cuando la condición del arrepentimiento se cumple, la iglesia está llamada a restaurar y perdonar al ofensor. De hecho, en la segunda epístola a los Corintios Pablo manda a la iglesia a perdonar y a recibir a este hermano para consolarle (2 Co. 2:5-8). IV. Aplicación En la actualidad algunas iglesias han decidido bajar las normas de Dios para ganar popularidad y mantener a todo el mundo contento. No se amonesta contra el pecado, no se predica desde el púlpito nada que pueda incomodar a la gente porque algunos se pueden ofender y dejar de venir a la iglesia; y claro está, si eso sucede, bajan los diezmos y las entradas disminuyen. Pero una iglesia realmente bíblica y cimentada en la verdad, tiene que obedecer a Dios y a su Palabra por encima de todo lo demás. Dios honra y bendice a los que son fieles y le honran a él por lo cual una iglesia que obedece la Palabra y sigue las instrucciones de Dios, verá la bendición del Señor en todo lo que hace. Lo mismo sucede con nuestra vida cristiana. Cuando cada uno de nosotros decide obedecer a Dios sin importar el precio, vamos a ver en nuestras vidas la bendición de Dios.


Preguntas de Comprensión: Lección 7 – Un poco de levadura leuda toda la masa 1. ¿Cómo consideraban los corintios a los siervos de Dios? 2. ¿Cómo Pablo se veía a sí mismo y a los demás siervos de Dios? 3. ¿Cuál debe ser el principal interés de nosotros los cristianos? 4. ¿Quién es el mejor ejemplo que tenemos de servicio a los demás? 5. ¿Crees que muchos hoy día ven a los cristianos como servidores? ¿Por qué? 6. ¿Por qué los creyentes somos llamados “administradores de los misterios de Dios”? 7. ¿Cuál es el requisito de todo administrador de las cosas de Dios? 8. El que sirve al Señor en ocasiones será criticado aún por sus hermanos en la fe. ¿Crees que eso debe desanimarnos? ¿Por qué? 9. ¿Por qué Pablo tenía en poco el ser juzgado por las personas? 10. ¿Por qué hay personas que estando mal ellos mismos, prefieren buscar faltas en otros? 11. ¿Si todo será revelado y descubierto cuando el Señor venga, debemos preocuparnos por las opiniones de otros? 12. ¿Si todo lo que tenemos para servir a Dios él no los ha dado, podemos gloriarnos en nosotros mismos?


Lección #8: Litigios ante los incrédulos

Serie de Estudios sobre Primera de Corintios: Cap. 6:1-20

I. Introducción Ya de por sí era lamentable que la iglesia de Corinto tuviera dentro de sus miembros contiendas y divisiones que habían fragmentado el cuerpo. Pero lo peor de todo es que los hermanos de la iglesia estaban llevando sus litigios y pleitos delante de los jueces paganos en lugar de resolver sus asuntos dentro de la misma congregación mediante hermanos maduros que pudieran juzgar y servir de intermediarios. Una de las cosas que más afecta el testimonio de una iglesia es cuando los problemas y litigios salen del templo y la comunidad impía observa el espectáculo de carnalidad de una congregación, porque es incapaz de solucionar sus problemas de forma madura y espiritual. II. La capacidad de juicio en la Iglesia Dios le ha dado a su iglesia la autoridad y la capacidad de juzgar sus asuntos internos sin necesidad de recurrir a los tribunales mundanos. Pablo dice que si hemos de juzgar al mundo algún día, ¿por qué los corintios eran incapaces de juzgar las cosas pequeñas? Obviamente refiriéndose a los litigios y diferencias entre los hermanos. Jesús mismo dejó establecida esa autoridad dada a su iglesia y la manera correcta en que los creyentes resuelven sus diferencias personales (Mt. 18:15-18). Una iglesia fundamentada en la Palabra tiene la autoridad dada por Dios y la capacidad de mediar en los asuntos que surgen entre sus miembros. El propósito principal es poner la paz y lograr la reconciliación entre los creyentes; pero si hay alguno que insiste en seguir en contienda, y promueve las divisiones y los problemas, la iglesia tiene la

facultad y la autoridad dada por Dios de sacar de en medio al que es causa de división (Tit. 3:10). Para eso Dios ha llamado siervos probos en la fe y maduros, como los pastores y ancianos, que con la sabiduría y entendimiento, son capaces de juzgar los asuntos que atañen al cuerpo de Cristo (1 Tes. 5:12-13). Estos que presiden y amonestan a la grey, deben ser tenidos en gran estima y respeto por causa de su obra. Lamentablemente hoy día algunos creyentes no están dispuestos a sujetarse con humildad a los pastores que les corrigen y amonestan. Quieren pastorearse a sí mismos y lamentablemente terminan a la larga en desgracia por su terquedad y rebeldía. Hoy día también en las iglesias hay quienes se llaman cristianos pero su comportamiento es semejante al de los injustos que no conocen a Dios. III. Los que no heredarán el Reino ¿Quiénes han de heredar el Reino de Dios? Obviamente los redimidos; los que recibieron a Cristo como su Salvador personal. ¿Y cómo se distingue el redimido del incrédulo? Como Jesús mismo dijo, “por su fruto los conoceréis” (Mt. 7:17-20). IV. Aplicación Pablo seguramente tenía que sentir tristeza e indignación por las actitudes que algunos hermanos de Corinto tenían hacia él. En lugar de ellos estar agradecidos por la labor que él había realizado, ahora le juzgaban y le criticaban. Él había sido como un padre para ellos (1 Co. 4:15).


Al igual que Pablo, todo el que le sirve al Señor tiene que estar preparado para ser criticado por otros. No solamente por los incrédulos, sino en ocasiones también por los hermanos en la fe. Hay personas que no hacen nada ni aportan al reino, pero se sientan a criticar a los que están trabajando. Sin embargo, nada de esto debe desanimar al servidor de Cristo porque su recompensa proviene, no de los hombres, sino de Dios. ¿Y tú? ¿Estás sirviendo al Señor con gozo en lo que él te ha puesto? ¿Te ves a ti mismo como un servidor de Cristo? ¿Estás siendo un administrador fiel de las cosas espirituales de Dios? Preocúpate por ser fiel a Dios y sírvele con gozo, y entonces a su tiempo tendrás tu recompensa.


Lección #9: Respuestas sobre el matrimonio

Serie de Estudios sobre Primera de Corintios: Cap. 7:1-40

I. Introducción Este capítulo inicia la segunda sección o subdivisión de esta epístola. En la misma pablo prosigue contestando algunas preguntas que la iglesia de Corinto le había sometido a través de una carta que le habían enviado al apóstol. Parece ser que los corintios preguntaron al apóstol si el matrimonio era siempre necesario para cumplir con la ley de Dios, o si lo mejor era permanecer sin casarse; especialmente en medio de los tiempos de persecución y dificultades que ellos vivían. Era común entre los filósofos griegos, muy conocidos entre los corintios la idea de que debido al “temperamento de las mujeres”, y lo difícil de la educación de los hijos, lo más sabio era no casarse. Los comentaristas sostienen que otra pregunta de los corintios giraba en torno a si era correcto tener relaciones sexuales en el matrimonio solo con el fin de procrear, o si era aceptable mantener una vida íntima en la pareja para deleite de ambos. Hoy día estos temas siguen generando preguntas entre los creyentes. El matrimonio sigue siendo causa de controversias e interrogantes en muchas personas. II. ¿Casarse o no casarse? Por lo general se espera que una persona llegue a cierta edad en que conozca a alguien del sexo opuesto, se enamoren y se casen para emanciparse y formar una familia. ¿Pero es esa siempre la voluntad de Dios para una persona? Claro que no; y eso es lo que Pablo aclara en este capítulo. Pablo reconoce que con el fin de servir mejor a Dios y no tener distracciones, lo ideal sería que el hombre no tocara mujer; esto es, que se mantenga célibe. Pero debido a la

tentación de la inmoralidad sexual, cada uno tenga su mujer y cada mujer su marido. Es decir, si las personas pudieran mantenerse sin la necesidad de casarse y no tener tentaciones, lo mejor sería no meterse en esos asuntos que siempre traen sus complicaciones. Pero Pablo reconoce que eso no es siempre posible. Es importante aclarar que Pablo no considera que el matrimonio sea malo. En Hebreos 13:4 dice: “honroso sea a todos el matrimonio y el lecho sin mancilla”. El matrimonio fue establecido por Dios desde el principio y la Palabra lo considera un estado honroso. Pero Pablo reconoce una realidad. También el matrimonio conlleva una serie de responsabilidades y dificultades que pueden traernos congoja y en ocasiones hasta afectar nuestro servicio a Dios. Pablo está advirtiendo, especialmente a los solteros, a pensar con cuidado este asunto antes de tomar una decisión. Otro punto que trata es lo que respecta a la abstinencia dentro del matrimonio. Parece ser que existía la creencia de que las relaciones sexuales debían restringirse por alguna razón, en la pareja casada. Pablo es bien claro en esto. El cuerpo de la esposa es del esposo y viceversa. El deber de los casados es cumplir el “deber conyugal” que es la satisfacción íntima de la pareja. Inclusive, el negarse a cumplir con esto por razones no de peso, es decir, no justificadas, expone a la tentación de Satanás debido a la incontinencia. Por lo cual, la separación sexual de la pareja debe ser “por un corto tiempo” por razones justificadas y luego, juntarse nuevamente. Pablo reconoce que la vida sexual en la pareja casada es un elemento importante que mantiene unido al


matrimonio. Claro está, sabemos que hay situaciones de peso que pueden impedir las relaciones sexuales en una pareja. Pero lo correcto es que ambos procuren su mutua satisfacción íntima porque el matrimonio precisamente es convertirse en una sola carne. El cuerpo del marido le pertenece a su esposa y el de ella a su marido. El sexo en la pareja no es solo para procrear; es parte esencial de la vida marital y Dios lo hizo para deleite de los cónyuges. Sabemos que hoy día nuestra sociedad ha pretendido desechar estos principios.

dejarlo, o seguir con él? (v. 10-16) La respuesta es clara. La Biblia nos manda a no formar yugo desigual con los incrédulos, pero esto se aplica entre otras cosas a que si eres cristiano/a no te debes casar con un no creyente. Pero si ya están unidos en matrimonio y uno de los dos se convierte a Cristo, deben hacer lo posible por no separarse del incrédulo. Es más, la parte creyente debe ser instrumento para testimonio del incrédulo (1 Pe. 3:1-7) por lo cual debe permanecer fiel en todo. Pero hay sus excepciones.

III. El don de la abstinencia En 1 Co. 7:7 Pablo reconoce que no todo el mundo tiene el don que él tenía; el don de mantenerse sin casarse y sin la necesidad de tener una mujer a su lado. Hay personas que han llegado a cierta edad y no se han casado porque aunque han querido hacerlo, no han podido. Pero otros ya adultos no se han casado sencillamente porque no tienen ninguna necesidad de ello. A veces las personas, aún en las iglesias, pueden ser crueles con los solteros adultos. Jamás debemos hacer bromas ni burlarnos de aquellos que están en esta situación particular, sea cual sea su motivo.

Si el incrédulo insiste en separarse y ya no consiente en vivir con el creyente y le abandona, dice Pablo que el creyente está en la libertad de separarse porque Dios no nos llamó a ser esclavos de nadie (1 Co. 7:15).

El don de la abstinencia es un don maravilloso. Es la persona que permanece sin casarse y Dios le permite dedicarse por completo a servir a Dios, sin la necesidad de tener una pareja. Socialmente a veces se ve esto como una falta o un fracaso de la persona. Pero no es así. Pablo tenía este don y ciertamente con su ministerio no hubiera podido cumplir con un matrimonio. Pero el que no tiene el don, dice Pablo, mejor es que se case antes de estarse “quemando” (1 Co. 7:8-9). Otra contestación de Pablo era con relación a qué debía hacer un creyente que ya estuviera casado con un incrédulo. ¿Debía

Finalmente Pablo recalca que el que decide casarse hace bien, pero el que no decide casarse hace mucho mejor (v. 38). Claro, aquí habla de un padre que decide casar a su hijo o hija porque la costumbre entonces era que los padres decidían estas cosas. IV. Aplicación Muchas personas van al matrimonio si estar preparados ni maduros emocionalmente para enfrentar el mismo. El matrimonio es aún más hermoso si está cimentado en la roca de Cristo y los cónyuges son creyentes maduros que aman a Dios. Por otro lado, los solteros, los viudos y los divorciados deben tener mucho cuidado en la decisión que han de tomar en este aspecto. Casarse fuera de la voluntad de Dios o con la persona equivocada es un gravísimo error. Nuestra meta principal en este mundo como creyentes es servir a Dios antes que todo, y el matrimonio ni nada en la tierra debe ser un estorbo para tales fines. Y si alguno tiene el don de permanecer célibe, ha elegido lo mejor.


Preguntas de Comprensión: Lección 9 – Respuestas sobre el matrimonio. 1. ¿Qué inquietudes tenían los corintios sobre el matrimonio? 2. ¿Qué pensaban algunos filósofos griegos sobre el matrimonio? 3. ¿Es la voluntad de Dios para todo el mundo casarse? ¿Por qué? 4. ¿Justifica esto el vivir con una persona sin casarse? 5. ¿Debe promoverse la abstinencia sexual en la pareja casada? 6. ¿Por qué para Pablo sería preferible no casarse? 7. ¿Qué es cumplir el deber conyugal? 8. ¿Qué puede suceder en la pareja casada si se descuida el deber conyugal? 9. ¿Qué función tiene el sexo en la pareja casada? 10. ¿Qué es el don de la abstinencia? 11. ¿Cuál debe ser nuestra actitud hacia aquellos que siendo adultos, aún no se han casado? 12. ¿Qué debe hacer el creyente cuando su cónyuge con el cual está unido en matrimonio no le sirve a Dios? 13.¿Cuándo es lícito el separarse del cónyuge incrédulo? 14. ¿De qué forma el matrimonio es más hermoso y glorioso?


Lección #10: La libertad cristiana y la ley del amor

Serie de Estudios sobre Primera de Corintios: Cap. 8:1-10

I. Introducción La iglesia de Corinto estaba sumergida en medio de una cultura greco-romana plagada de idolatría y paganismo. Era común en aquella época el que tanto los vegetales como las carnes eran ofrecidas a los dioses antes de ser servidas en los banquetes e incluso, antes de ser vendidas al público en los mercados. Esta situación sin duda alguna levantó preocupación entre los hermanos de Corinto y seguramente de igual manera a otros creyentes en situaciones parecidas. El apóstol Pablo trata este tema aquí en esta sección de la carta, estableciendo un principio que podemos aplicarlo a muchas otras situaciones de la vida cristiana. Los cristianos que conocemos la gracia y la libertad en Cristo, por amor a los que son débiles, anteponemos el bienestar de los demás a nuestra propia libertad, con el fin de no serles tropezadero (Ver Rom. 14:13-21). En esta lección estaremos estudiando este principio que hemos llamado “la ley del amor” porque manifiesta un alto grado de madurez espiritual y de piedad el abstenerse de todo aquello que pueda ser de escándalo o tropiezo a personas que no han entendido la libertad que tenemos en Cristo bajo el pacto de la gracia. Pablo tratará este tema a lo largo de los capítulos 8 al 10. II. ¿Qué son en realidad los ídolos? Pablo comienza su argumento en esta sección explicando lo que realmente es un ídolo o imagen que los paganos adoran y veneran. El conocimiento de la realidad de la idolatría nos muestra que un ídolo en realidad es un pedazo de madera o de yeso (u otro material) que no tiene ningún poder ni tampoco es un dios porque todos sabemos que no hay sino un solo y verdadero Dios

sobre todas las cosas. Las personas en su ignorancia y su desconocimiento le atribuyen a esas figuras hechas por el hombre ciertas propiedades sobrenaturales y depositan su fe en pedazos de madera o de yeso que representan las deidades que ellos adoran. Por lo tanto, desde el punto de vista del conocimiento de la verdad que tenemos, un ídolo no es nada. No tiene ningún valor, ningún poder ni puede hacernos ningún daño. De manera que, nuevamente desde esta misma perspectiva, un alimento ofrecido a los ídolos no nos va a hacer daño. Más adelante veremos que Pablo abunda más en este punto y distingue entre lo que es comer alimentos que han sido comprados en el mercado o la carnicería donde no sabemos si han sido o no ofrecidos a los ídolos, y el participar directamente de fiestas paganas donde los alimentos han sido dedicados a estas deidades. Pero ¿qué era lo que practicaban los paganos en estas ciudades griegas? Los alimentos eran primeramente ofrecidos en altares a los dioses y una parte del animal era dado al sacerdote pagano que oficiaba. Lo restante era dado al dueño que había ofrecido el animal, quien entonces lo llevaba a su casa para comerlo con su familia, o se servía en festines dedicados a estos dioses. Pero también en ocasiones esta carne era vendida en los mercados. Quiere decir que muchas veces los cristianos, cuando iban a comprar sus alimentos al mercado, no sabían realmente si habían sido o no sacrificados a los ídolos. Y también si eran invitados a comer a casa de algún vecino o amigo inconverso, tampoco sabían si habían sido previamente ofrecidos en los templos a los dioses falsos.


El apóstol enseña que el comer un alimento sin saber si ha sido o no sacrificado a los ídolos no debe preocuparnos porque en realidad “del Señor es la tierra y su plenitud”. Es decir, todo lo que hay en la tierra en última instancia es de Dios, porque él es el creador de todas las cosas (1 Co. 10:25-26; 1 Tim. 4:4-5). Debemos orar y dar gracias por los alimentos y olvidarnos de si pudieron haber sido o no dedicados a ídolos; que de hecho, cuando vamos al supermercado a comprar víveres tampoco sabemos si la empresa que los procesó o los preparó es una empresa pagana donde sus dueños dedican esos alimentos a sus dioses (como aún practican algunas religiones paganas). Oremos por los alimentos y comamos en actitud de agradecimiento a Dios porque el mismo Jesús enseñó que lo que entra por la boca no puede contaminarnos (espiritualmente), sino que debemos preocuparnos mayormente por lo que sale de la boca (Mt. 15:11). III. La débil conciencia y la ley del amor a los débiles. ¿Cuál es la preocupación de Pablo con este asunto si no nos contaminamos con alimentos ofrecidos a ídolos? El problema es que hay cristianos de débil conciencia que piensan que sí hay alimentos inmundos o puros, y que pecan contra Dios y le ofenden si aún por accidente comen de ellos. En realidad no están pecando si lo hacen, pero para ellos sí están cometiendo pecado y deshonrando a Dios (Ro. 14:14). Lo que más le preocupa al apóstol realmente es el efecto que esto le puede causar a los cristianos que no tienen este conocimiento y piensan que el comer alimentos ofrecidos a los ídolos les hace daño espiritualmente. Y por lo tanto, si ven a un cristiano comiendo estos alimentos, ocurren varias cosas: condenan y juzgan al cristiano que lo hace, cometiendo el pecado

de juzgar y condenar a un hermano por algo que no es malo, aprovechan esto para justificarse y entonces participar de fiestas paganas dedicadas a ídolos o caen en contristamiento porque piensan que han participado de algo que ofende a Dios. Por eso es que por encima de nuestra libertad en Cristo está la ley del amor. Si yo como cristiano maduro sé que algo le es ocasión de tropiezo o caída a un hermano que es débil en la fe, o de débil conciencia, prefiero abstenerme de hacer eso, o de usar de mi libertad en Cristo por amor de mi hermano débil para no herirlo o hacerle apartar de Dios. Y esto lo podemos aplicar a muchos aspectos de la vida cristiana. Pablo especifica en 1 Co. 8:11 que si no me cuido de esto y hiero la conciencia de un hermano más débil por usar de mi libertad en Cristo, también estoy pecando contra Dios. IV. Aplicación Esto lo podemos aplicar por ejemplo, cuando vamos a una iglesia donde los hermanos creen que usar pantalones en la mujer, o maquillaje es pecado. O si mi familia me invita a comer en viernes santo y creen que es pecado comer carne de res ese día, pero llevo un filete de ternera para comérmelo frente a ellos. Sabemos que un pantalón o una pantalla o un maquillaje o el comer o no carne de res en Semana Santa no es nada pecaminoso. Pero como un cristiano maduro que amo a los demás, evito por todos medios ser ocasión de caída a los más débiles o ignorantes y de esta manera también abro las puertas para poder ser de bendición a esas personas y que los que no creen a la Palabra estén más dispuestos a escuchar acerca del Evangelio (1 Co. 9:1923). El cristiano que conociendo la libertad de la gracia, practica esto, demuestra que se rige por el amor y la compasión a los demás.


Preguntas de Comprensión: Lección 10 – La libertad cristiana y la ley del amor. 1. ¿En qué situación específica se encontraban culturalmente los hermanos que vivían en Corinto y en otras ciudades romanas o griegas? 2. ¿Qué se hacía con muchos alimentos antes de ser vendidos en los mercados o servidos en las mesas? 3. ¿En realidad una estatua o un ídolo es un dios? ¿Por qué? 4. ¿Nos puede hacer daño espiritualmente el comer algo que haya sido dedicado a dioses falsos? 5. ¿Nos da Pablo una licencia para participar de fiestas paganas dedicadas a ídolos? ¿Por qué? 6. ¿Cómo se aplica esto a los alimentos que compramos en los mercados? 7. ¿Qué dice la Palabra que debemos hacer con cualquier alimento que llevamos a nuestra mesa, antes de comerlo? ¿Haces esto tú y tu familia? 8. ¿Qué es un cristiano de débil conciencia? ¿Existen hoy día también? 9. ¿De qué manera podemos herir la conciencia de estos hermanos débiles? 10. ¿Cómo podrías resumir la “ley del amor” a los hermanos más débiles? 11. ¿De qué varias maneras puede pecar el hermano de débil conciencia al ver al que tiene conocimiento usando de su libertad en Cristo? 12. Menciona casos específicos en que tenemos que aplicar este principio de la ley del amor en estos tiempos.


Lección #11: Pablo se defiende de sus acusadores

Serie de Estudios sobre Primera de Corintios: Cap. 9:1-27

I. ¿De qué acusaban al apóstol? Como hemos explicado en lecciones anteriores, algunos cristianos cuestionaban el liderato y las credenciales de Pablo como apóstol. Seguramente en la iglesia de Corinto se hallaban muchos de los que cuestionaban su ministerio. Básicamente los argumentos de sus detractores eran los siguientes: 1. Que él no había visto al Señor Jesús y por lo tanto no podía ser apóstol. 2. No vivía como los demás apóstoles, pues no era casado; era un hombre solitario, viajaba constantemente, a diferencia de los demás apóstoles. 3. Que tanto él, como Bernabé se sostenían a sí mismos, por lo cual se entendía que no tenía interés en el oficio apostólico. Ante estos reclamos, Pablo procede a contestar cada uno de ellos en este capítulo. II. Las credenciales de Pablo Pablo tenía el derecho de tener una esposa como los demás apóstoles. Pero aunque este era su derecho, no era una obligación. Como vimos en el capítulo 7, él no necesitaba de esto porque tenía el don del celibato. Además su ministerio entre los gentiles implicaba viajes lejanos y prolongados. Hubiera sido irresponsable de parte suya el tener una familia y una esposa que no pudiera atender debidamente. Lo cierto es que el ser casado o no nunca fue un requisito para el apostolado. En cuanto a ver al Señor, los apóstoles habían sido testigos de la resurrección donde Cristo se les apareció a cada uno. Pero Pablo tuvo esta misma experiencia cuando recibió su llamamiento. Aunque fue años después

de la manifestación de Cristo resucitado, yendo de camino a Damasco, Pablo tuvo un encuentro impactante con Jesús. Como podemos ver, ninguno de los argumentos que tenían los opositores de Pablo era válido. El mayor testimonio del llamamiento de su llamamiento apostólico era el fruto de tantos gentiles convertidos y tantas iglesias levantadas por toda Asia menor. Esa era su mayor carta de presentación. Pero a Pablo esto no le importaba mucho. Para él lo importante era que estaba seguro de que Dios le había llamado y la evidencia de su ministerio era clara. Al igual que a Pablo, algunas personas pueden cuestionar nuestro llamado y ministerio. Siempre habrá personas que nos critiquen y encuentren faltas en donde no las hay. Lo más importante es tener la seguridad de que estamos haciendo lo que Dios nos ha llamado a hacer y hacerlo solamente para su gloria. Pablo no se frustró ni se desanimó cuando hasta hermanos en la fe le menospreciaron. A veces la mayor oposición a nuestro trabajo vendrá de algunos llamados hermanos. Si a Pablo le sucedió, te puede suceder a ti. Sigue adelante y no permitas que estas cosas te desvíen de lo que Dios quiere que tú hagas porque a fin de cuentas a quien le tiene que agradar lo que haces es al Señor. Por supuesto, esto incluye estar bajo la sujeción de quienes Dios ha puesto sobre ti para que te pastoreen y te supervisen. Pablo no tenía problemas en ser supervisado, por eso estaba sujeto a los apóstoles en Jerusalén y les rendía cuentas.


III. El sostenimiento de los ministros Otro derecho al que Pablo renunció fue al del sostenimiento de las iglesias. Él reconocía que lo justo para el que anuncia el evangelio, es que viva del evangelio (v. 14). Sin embargo Pablo era soltero y prefería no ser carga para las iglesias, de manera que se sostenía realizando algunos oficios como el de hacer tiendas de campaña (Hch. 18:3). En realidad a Pablo le hubiera sido muy difícil depender de iglesias lejanas para su sostenimiento. En aquél entonces las distancias eran enormes y los medios de transporte sumamente limitados. Le resultaba más práctico el llegar a una ciudad y sostenerse a sí mismo por el tiempo que estuviera en la misma. Recordemos que Pablo no era un pastor fijo en una iglesia, sino un misionero que constantemente viajaba de un lugar a otro. Sin embargo, Pablo reconoce que el vivir del ministerio para quien lo ejerce es un derecho justo establecido desde el Antiguo Testamento donde los sacerdotes levitas sostenían a sus familias de lo que se recogía en el templo. Hoy día sabemos que este ha sido un asunto de mucha controversia. El que anuncia el evangelio tiene el derecho a vivir del evangelio pero no a enriquecerse a costa del evangelio, como otros han hecho. Una iglesia responsable debe sostener a su pastor con lo necesario para que pueda vivir y alimentar a su familia de tal manera que pueda ocupar su mente en el ministerio. Pero un pastor serio y responsable no puede abusar de este derecho ni ser codicioso de ganancias deshonestas. Precisamente el amor al dinero ha sido causa de graves desviaciones de la fe y malos testimonios que han mancillado a la iglesia cristiana (1 Tim. 6:3-5). Ante las críticas de los que acusaban a Pablo de tener otros intereses personales, prefirió no recibir ningún

sustento de las iglesias, renunciando a su derecho como siervo de Dios (v. 18). IV. Corriendo para llegar a la meta A pesar de todos los obstáculos que Pablo tuvo que enfrentar, muchos de ellos de la incomprensión de sus mismos hermanos en la fe, nunca permitió que eso lo desenfocara de su misión. Al contrario, se veía a sí mismo como un corredor en un estadio. Veía cada obstáculo como una oportunidad para su crecimiento y obtener la corona incorruptible. De la misma manera nos exhorta la Palabra a ver nuestra vida cristiana y los obstáculos que se nos presentan como parte esencial de nuestra carrera y oportunidades para lidiar con nuestra naturaleza pecaminosa. Pablo hablaba en el verso 27 de golpear su cuerpo de manera simbólica. Significa someter su vieja criatura para dominarla en lugar de ser dominados por ella. Cuando nuestra vieja criatura domina, afloran los celos, las contiendas y el orgullo, que es el fruto del viejo hombre. Todos los creyentes estamos en una batalla contra los deseos de nuestro cuerpo carnal cuyos deseos nos asedian constantemente. La clave está en hacer lo que Pablo hacía: Someter a servidumbre nuestra carne por medio de la Palabra, la oración y la obediencia a Dios (Ro. 6:12-14). La preocupación de Pablo es que habiendo él sido heraldo a muchos, es decir, instrumento para bendición a tantas personas, terminara descalificado de la carrera. No se refiere a perder su salvación, sino a perder su galardón. Como los que terminan últimos en la carrera que llegan, pero no obtienen premio. ¿Y en tu vida cristiana, te preocupa el no obtener tu galardón? ¿Qué estás haciendo para obtenerlo?


Preguntas de Comprensión: Lección 11 – Pablo se defiende de sus acusadores. 1. ¿Qué cosas algunas personas cuestionaban de Pablo y dudaban de su llamado? 2. ¿Por qué crees que algunas personas hacían esto? 3. ¿Crees que eran válidos los argumentos de los opositores de Pablo? 4. ¿Qué debemos hacer cuando servimos a Dios de corazón y nos topamos con personas que nos critican injustamente?

5. ¿Cuál es la diferencia entre ser criticados y ser evaluados o corregidos por los que nos guían? 6. ¿Por qué Pablo renunció a su derecho a ser sostenido por las iglesias? 7. ¿Por qué las iglesias deben sostener a sus pastores? 8. ¿Cómo se ha abusado de esto en la actualidad? 9. ¿Cómo Pablo manejó los obstáculos que se le presentaron en su ministerio? 10.En todo lugar, aún en las iglesias vamos a encontrar obstáculos, críticas y defectos en otros. ¿Crees que esto es motivo para desanimarnos o dejar de congregarnos? 11.¿Cómo Pablo peleaba contra su cuerpo? ¿Qué significa “ponerlo en servidumbre? 12.¿Tenía temor Pablo de perder su salvación? ¿Qué le preocupaba al apóstol? ¿Y a ti, te preocupa lo mismo?


Lección #12: El peligro de la Idolatría

Serie de Estudios sobre Primera de Corintios: Cap. 10:1-33

I. El ejemplo de Israel En este capítulo Pablo continúa tratando uno de los temas que ya había tratado en el capítulo 8 de esta carta; la participación de los creyentes en los alimentos sacrificados a los ídolos. Pablo había dejado claro que por causa del testimonio era necesario que los creyentes se cuidaran de participar de cosas relacionadas con los ídolos falsos. Recordaremos que en aquella sociedad griega era común ofrecer los alimentos ante los dioses, para luego venderlos en los mercados o comerlos en las fiestas paganas. A veces era difícil saber si algún alimento había sido o no ofrecido a los ídolos. Sin embargo, aunque el cristiano podía sentir paz con respecto a lo que comía, debía cuidarse por otro lado de no auspiciar estas fiestas dedicadas a dioses falsos. Aquí Pablo procede a hablar del peligro de caer en el otro extremo. Creer que porque estamos bajo la gracia, podemos involucrarnos y participar de aquello que va en contra de la Palabra de Dios y poco a poco hacernos partícipes de la idolatría o de prácticas paganas. Como pueblo santo, separado para Dios debemos cuidarnos de no tentar a Dios y mezclarnos con aquello que el Señor aborrece. Pablo pone como ejemplo a Israel. Siendo pueblo escogido de Dios, y habiéndolos conducido durante tantos años a través del desierto, mostrándoles una y otra vez su amor y su gracia, se involucraron en la idolatría, se rebelaron contra Él, y como consecuencia de sus acciones, Dios no se agradó de ellos, quedando postrados en el desierto. En otras palabras, el ser pueblo escogido de Dios, no impidió que la mano de castigo de Dios cayera sobre ellos y

sufrieran terribles consecuencias. Nos dice la Biblia que aquellos que se rebelaron contra Jehová y no tuvieron temor de Él, nunca pudieron entrar a la tierra prometida. Y todo esto, dice Pablo, debe ser ejemplo para nosotros los cristianos para que no provoquemos a ira a Dios y suframos también las consecuencias (1 Co. 10:11). Hoy día también hay cristianos que no tienen temor de involucrarse en cosas que van en contra de los principios de Dios y sus mandamientos. Piensan que porque estamos bajo la gracia podemos jugar con las cosas santas de Dios. Pero nosotros somos un pueblo llamado a ser santo, comprados por el pecio de la sangre de Cristo, separados para agradarle en todo. Dios dice: “no toquéis lo inmundo, y yo os recibiré” (2 Co. 6:17). En especial, los creyentes debemos huir de toda idolatría. Dios es el mismo y aborrece y detesta grandemente todo lo que está relacionado con la idolatría (Ex. 20:15). II. El que piense estar firme, mire que no caiga Uno de los mayores peligros que tenemos los cristianos es la sobre confianza en nuestras propias fuerzas para enfrentar las tentaciones del mundo. A veces nos creemos que somos tan fuertes que podemos estar en medio de las tentaciones y jugar con ellas porque vamos a mantenernos fieles a Dios. Esto es un grave error. Por nuestra humana debilidad, nunca debemos poner la confianza en nosotros mismos ya que tenemos el potencial de resbalarnos y terminar pecando contra Dios. Las mayores caídas que han sufrido los cristianos han ocurrido precisamente porque creyeron que estaban lo suficientemente firmes para


seguir en medio de la tentación, y no fueron sabios, terminando siendo arrastrados. Hay tentaciones que pueden llegarnos repentinamente y son inevitables, pero muchas de ellas pueden ser evitadas si ponemos distancia. La tentación en sí no es pecado, pero cuando permanecemos en ella y cedemos a sus presiones, terminamos desobedeciendo a Dios (Stgo. 1:13-15). En el verso 10 de 1 de Co. 10, tenemos una maravillosa promesa para todos los creyentes, y es que no importa cuán fuerte sea la tentación que venga sobre nuestras vidas, Dios nos dará la salida para poderla vencer. Nunca seremos tentados más allá de nuestras fuerzas, por lo cual no podemos poner la excusa de que la tentación era demasiado fuerte para poderla resistir. Siempre habrá una salida; lo que sucede es que muchas veces decidimos no tomar la salida que Dios nos da. La salida implicará en ocasiones, dejar un trabajo, cortar con una relación que no nos conviene, o perder algún beneficio material. Pero lamentablemente por no estar dispuestos a ser fieles a Dios sin importar el precio, no tomamos la ruta de salida y entonces viene la caída. III. Instrucciones sobre la participación de los alimentos sacrificados Ya habíamos hablado anteriormente de la máxima de Pablo de que “todo nos es lícito, pero no todo conviene, no todo edifica” (10:23). Esto quiere decir que no podemos abusar de nuestra libertad en Cristo, si lo que hacemos puede ser de tropiezo a una persona débil espiritualmente. Seguramente algunos hermanos de corintios participaban de la mesa del Señor, de la santa cena, en comunión con el cuerpo de Cristo, pero luego también se sentaban a la mesa de los ídolos paganos a participar de

las fiestas dedicadas a estas deidades falsas. Al hacer eso, estaban participando del altar de Dios y al mismo tiempo del altar de los demonios. Hoy día algunos cristianos hacen lo mismo. Vienen a la iglesia y participan de las cosas santas de Dios, pero luego también se vuelven partícipes de cosas que le deshonran a Él; la pregunta es, ¿pasará Dios esto por alto? ¿Podemos jugar con las cosas de Dios y lograr burlar su justicia? Como dice el verso 22; ¿provocaremos a celos a Dios? ¿Somos más fuertes que él? Dios es un Dios celoso con lo que es de él; y si de verdad somos creyentes, a Él le pertenecemos. En cuanto a las instrucciones específicas de Pablo, ya vimos esto anteriormente. Si los creyentes desconocen el origen de los alimentos (si fueron sacrificados o no), no debían preocuparse, sino dar gracias y comer de ellos. Pero si ya se sabía que eran sacrificados a los ídolos, entonces debían abstenerse de comer de ellos por su testimonio y para ser fieles a Dios. IV. Aplicación Sería muy difícil hacer hoy una lista de las cosas que debemos o no debemos participar. Pero Dios nos ha dado su Espíritu y su Palabra para darnos discernimiento. Antes de participar de cualquier cosa debemos preguntarnos: ¿Va esto en contra de los mandamientos de Dios? ¿Afecta esto de alguna manera mi testimonio como cristiano? ¿Me puede alejar esto de lo que Dios quiere para mí? ¿Me estoy haciendo partícipe de algo que puede hacer daño a otros? ¿Hay alguna inquietud en mi corazón que me dice que no lo haga? Es muy importante buscar dirección del Señor en cada cosa que hagamos para tomar decisiones sabias.


Preguntas de Comprensión: Lección 12 – El peligro de la idolatría 1. ¿Qué tema Pablo trata en este capítulo que ya había tratado anteriormente? 2. ¿Por causa de qué los cristianos debían cuidarse de participar de los banquetes paganos? 3. ¿Cuál es el extremo en que pueden caer los que vivimos bajo la gracia? 4. ¿Qué sucedió con Israel que debe servirnos de ejemplo a nosotros? 5. ¿De qué debemos cuidarnos cuando nos involucramos en algo? 6. ¿De qué cosa dice Pablo que los corintios debían huir? ¿Y nosotros debemos también huir de esto? 7. ¿Por qué es un peligro el exceso de confianza en nosotros mismos? 8. ¿Siempre vamos a poder evitar toda tentación? ¿Qué debemos hacer? 9. ¿Si la tentación no es pecado, por qué debemos huir de ella? 10. ¿Qué nos ha prometido Dios en medio de la tentación? 11. ¿Cuál es el costo que nos puede implicar cortar con alguna tentación? 12. ¿Qué cosas debemos preguntarnos a la hora de decidir participar o involucrarnos en algo del mundo?


Lección #13 El orden en la iglesia y la Cena del Señor

Serie de Estudios sobre Primera de Corintios: Cap. 11:1-34 I. Igualdad y diferencia entre el hombre y la mujer en la iglesia ¿Por qué el apóstol Pablo dedica toda una sección de su carta a los corintios para hablar acerca del uso de la cabeza cubierta o descubierta en el hombre y la mujer? ¿Tiene esto alguna aplicación o importancia en el día de hoy? No cabe duda de que las costumbres han cambiado mucho desde los tiempos bíblicos hasta hoy, en especial lo que respecta a la posición de la mujer en la sociedad. Hace años atrás las mujeres no tenían derecho a votar, ni a conducir automóviles ni tampoco a ocupar posiciones de importancia en el comercio y la política. Su labor se limitaba a las tareas domésticas y a la procreación. Todavía en muchas culturas la mujer es vista como una posesión del hombre. Algunos critican al cristianismo porque afirman que mantiene a la mujer en una posición de inferioridad, pero eso no es cierto. Como un dato importante, las otras religiones mundiales: el Islam, el judaísmo, el budismo y el hinduismo mantienen a la mujer en un grado de gran inferioridad en comparación con el hombre. El Evangelio, sin embargo, elevó a la mujer a un grado de dignidad e igualdad con el hombre en lo que respecta a su valor y posición ante Dios. Sin embargo, debemos distinguir entre lo que es el valor de una persona y lo que es su posición en el orden de autoridad. Por ejemplo, un ciudadano tiene el mismo valor y dignidad que un gobernante, sin embargo, en el orden de autoridad establecido por Dios, el ciudadano le debe sujeción y respeto al gobernante. La mujer y el varón son iguales en valor y dignidad, sin embargo, en el orden de Dios en el hogar, el

varón tiene una posición de autoridad que Dios mismo le ha dado (Ef. 5:22-24). Este orden de autoridad fue establecido desde la misma creación. En 1 Co. 11:8-9 Pablo expone este punto. Dios creó primero al varón y le dio autoridad sobre la creación. Luego, por causa del varón, para que éste tuviera una compañera y ayuda idónea, entonces creó a la mujer (Gen 2:18, 1 Tim. 2:13-14). Y aunque tanto Adán como Eva pecaron, sin embargo, quien fue tentada por la serpiente fue Eva, no Adán; la tentación de Adán vino por causa de la mujer. Este mismo principio que rige en el hogar, rige también en la iglesia de Cristo. Como dice Pablo en 1 Co. 11:11-12, en el Señor, tanto el varón como la mujer son igualmente importantes. Sin embargo, hay ciertos roles en la iglesia que Dios ha reservado para los varones, como es el caso de la exposición de la palabra en el culto público (1 Tim. 2:12, 1 Tim. 3:2-5). Tomando esto como base, podemos comprender mejor los textos de 1 Co. 11:216. En aquella cultura la mujer que no se cubría con velo su cabeza en público, o en los templos, era señal de que no reconocía la autoridad de su esposo o su padre, según fuese el caso. De hecho, las mujeres que no se cubrían por lo general eran las prostitutas. Dicen algunos comentarios que posiblemente las mujeres de la iglesia de Corinto, tomando como excusa la libertad en Cristo y en una actitud contenciosa, estaban dando mal testimonio a otros, abandonando la costumbre de cubrirse. Aunque hoy día esto no se aplicaría de esta manera, el principio que Pablo quiso corregir, sin embargo, sigue estando


vigente. En la iglesia, la mujer casada debe actuar de manera que demuestre el debido respeto a su esposo como cabeza. En algunas iglesias se ha trastocado este principio y las actitudes de algunas mujeres ponen en vergüenza a sus esposos. II. La cena del Señor Otro tema que Pablo trata en este capítulo es el significado y uso correcto de la cena del Señor. Este era otro aspecto en el cual los corintios estaban teniendo problemas. Poco a poco habían ido perdiendo la reverencia y conciencia de lo que significa la cena del Señor. En aquél tiempo la cena era parte de un gran ágape o compartir donde los hermanos traían alimentos y la iglesia entera participaba. Sin embargo había, como hoy, hermanos pobres que apenas podían traer una pequeña porción, mientras otros traían más cantidad y variedad de alimentos. En lugar de ser un momento para compartir con los que menos tenían, cuando era el momento de los alimentos, cada cual corría a buscar su propia cena y mientras unos se hartaban de comida, otros se quedaban hambrientos, y hasta había unos que se embriagaban. Todo esto estaba trayendo más divisiones y contiendas en la iglesia (1 Co. 11:17-22). En todo esto, la iglesia estaba olvidando el verdadero significado y propósito de la Santa Cena. Pablo procede entonces a recordarles a los corintios el significado real que Cristo le dio a la Santa Cena. El pan representa su carne que fue molida y partida por nosotros en la cruz. Y el vino o fruto de la vid que representa su preciosa sangre derramada por nosotros para nuestra redención. De manera que la cena del Señor no puede convertirse en una simple ceremonia, costumbre o

festividad. Debe ser tomada en plena conciencia de lo que significa y en actitud de reverencia y profunda reflexión. Pablo lanza aquí una seria advertencia. Tomar la cena del Señor de manera indigna e irreverente es exponerse a juicio de parte de Dios. Todo creyente que toma la Santa Cena debe primero examinarse a sí mismo y presentarse delante de Dios antes de tomar en sus manos los elementos santos de la cena (1 Co. 11:27-30). Lo que estaba ocurriendo en Corinto es que por no hacer esto, algunos en la iglesia estaban enfermos y debilitados, y otros habían muerto. Es decir, las consecuencias de estos pecados ya estaban trayendo juicio de Dios sobre muchos de ellos. III. Aplicación Dios ha establecido un orden en la iglesia para que las cosas funcionen de manera que él se agrade de todo lo que se hace. Cuando ese orden se viola, sobrevienen consecuencias tristes para las vidas y para la iglesia en general. Por no obedecer a la Palabra, algunas personas se dejan llevar por las corrientes de la sociedad que incitan a la rebelión del orden del hogar, y se forma un caos en la familia. Lo mismo ocurre en la iglesia. La mujer cristiana piadosa reconoce que debe respetar la posición que Dios le ha dado a su esposo, y de igual manera el esposo debe reconocer el lugar especial que ocupa su esposa, y tratarla con amor, como vaso más frágil. En cuanto a la Santa Cena, ¿cuántas veces algunos la toman como si estuvieran comiendo cualquier cosa y no disciernen el cuerpo de Cristo? Estas advertencias son igualmente válidas para nosotros hoy día.


Preguntas de Comprensión: Lección 13 – El orden en la iglesia y la Cena del Señor. 1. ¿


Lección #14 El uso correcto de los dones espirituales en la iglesia

Serie de Estudios sobre Primera de Corintios: Cap. 12:1-31 I. El problema de Corinto con los dones Cuando comenzamos a estudiar esta carta explicamos que uno de los problemas de los corintios era con relación al uso de los dones espirituales. Pablo reconoce que ellos habían sido bendecidos con abundancia de dones espirituales (1:4-7). El problema consistía en que estaban utilizando los dones de manera incorrecta y les estaban dando más importancia a ciertos dones espirituales que a otros aspectos más importantes en la iglesia. ¿Pero qué son en realidad los dones espirituales? La palabra “don” proviene del griego “carisma” que significa un regalo de Dios. Los dones son capacidades espirituales que Dios reparte a los creyentes con el fin de equiparlos para la obra del ministerio, para el servicio. La Escritura nos muestra que hay diversos dones. Podemos encontrar la lista de los dones en dos pasajes principales: Romanos 12:6-8, y la lista de 1 de Corintios 12:8-10. Estos dones espirituales son repartidos según la voluntad de Dios por el Espíritu Santo y su propósito principal es la edificación de la iglesia y la gloria de Dios. Jamás son dados para exaltar o engrandecer a la persona que los ejerce. Sin embargo los corintios se jactaban porque tenían ciertos dones que en realidad no eran los dones más importantes. II. Dones diferentes, un mismo propósito Pablo desea en esta sección de su carta dejar claro que aunque hay diversidad de dones, todos tienen un mismo origen y un mismo fin. El Espíritu Santo es el que hace todas las cosas a través de los creyentes (12:6). Por lo tanto, siendo un mismo Espíritu y no muchos, se supone que haya unidad y

acuerdo en los que ejercen los dones. Se supone también que los que ejercen dones verdaderos, glorifiquen y exalten a Cristo, y no a sí mismos. Hoy día sucede algo parecido en algunas iglesias. Hay quienes se sienten superiores o más espirituales que los demás porque tienen ciertos dones. Pero la realidad es que el don es del Espíritu, no del hombre. Es decir, los que lo ejercen son simples instrumentos. El don no proviene de ninguna capacidad de la persona, sino de la gracia de Dios. Pablo enumera algunos dones en este capítulo. Veamos en lo que consisten estos dones: 1. Palabra de sabiduría: la persona es dotada con una sabiduría especial para aconsejar y compartir con otros las verdades del Evangelio. 2. Palabra de Ciencia o conocimiento: el creyente es dotado con un conocimiento especial de las doctrinas de la fe cristiana y los deberes de la fe. 3. Fe: es dotado con una medida de fe más allá de la usual. Anima y estimula a otros a confiar plenamente en el Señor. 4. Dones de sanidades: el que recibe este don es usado de manera especial por el Espíritu para orar por los enfermos y que sean sanados. 5. Milagros: es usado de manera especial en otros milagros aparte de las sanidades físicas. 6. Profecía: comunicar al pueblo la voluntad de Dios. Exponer la verdad de Dios.


7. Discernimiento de espíritus: la persona es capacitada sobrenaturalmente para discernir si hay espíritus de maldad y engaño. 8. Géneros de lenguas: capacidad espiritual de hablar en un lenguaje desconocido. 9. Interpretación de lenguas: la capacidad sobrenatural de interpretar lenguajes desconocidos. ¿Están vigentes estos dones para este tiempo presente? Algunos afirman que muchos de estos dones ya no están operantes hoy día, ya que fueron necesarios en tiempos donde el canon de la Biblia no se había completado y la iglesia no tenía la revelación completa de la Palabra. Nuestra iglesia sostiene en su confesión de fe que creemos en que todos los dones espirituales están presentes hoy, sin embargo, ninguno de ellos reemplaza la autoridad de la Escritura. Los creyentes seguimos la Palabra, no los dones. También creemos que no todos los dones son constantes; esto es, no se manifiestan todo el tiempo, sino bajo situaciones muy particulares. Por ejemplo, el don de lenguas tiene la función principal de comunicar las verdades de Dios a personas con un idioma diferente, como ocurrió en los Hechos (Hch. 2:5-11). Si todos hablamos un mismo idioma y nos entendemos, este don no es tan necesario. III. La diversidad y unidad del cuerpo En esta sección de los versos 12-27 el apóstol Pablo hace una maravillosa analogía entre la iglesia de Cristo y un cuerpo humano. A pesar de que cada miembro del cuerpo es diferente y tiene una función específica, sin embargo todos los miembros están unidos y se ayudad mutuamente para beneficio del cuerpo entero. Así mismo debe funcionar la iglesia cristiana. Somos muchos y todos diferentes y con distintas capacidades y dones. Sin embargo, todos

debemos funcionar en unidad y para el bien de todo el cuerpo, no como entes aislados e independientes. Esto implica cuidarnos mutuamente, ayudarnos mutuamente y edificarnos mutuamente. Los dones espirituales encajan dentro de este modelo del cuerpo. Hay dones distintos, pero todos cumplen la misma función: la edificación de todo el cuerpo en conjunto. Uno no elige el don que quiere tener, sino que el Espíritu Santo mismo nos otorga los dones que él quiere, según el propósito particular para lo que quiere utilizarnos. IV. El problema con el don de lenguas De todos los dones espirituales el que mayores conflictos estaba provocando era el uso que se le daba al don de lenguas. Por eso Pablo tendrá que dedicar toda una sección (que estudiaremos luego) para corregir los abusos del don de lenguas. Los corintios le daban tanta importancia a este don, que le estaban restando importancia a la enseñanza de la Palabra. La iglesia se había convertido en un caos donde ya no podía entenderse lo que se hablaba. Hoy día también existen grupos que sacan de contexto la importancia del don de lenguas. Enseñan algunos que toda persona tiene que procurar una “segunda experiencia” para recibir al Espíritu Santo, y la señal de haberlo recibido es que el creyente sale hablando en lenguas extrañas. Pero esto no es bíblico. Recibimos al Espíritu en el momento en que nos convertimos (Ef. 1:13), no en una experiencia posterior a la conversión. En segundo lugar, la evidencia de que una vida tiene al Espíritu es por el fruto del Espíritu, no por dones de ninguna índole. Y en tercer lugar, Pablo es claro en que no todos reciben este don, porque hay muchos otros (1 Co. 12:28-31). En la próxima lección abundaremos más sobre este tema.


Preguntas de Comprensión: Lección 14 – El uso correcto de los dones espirituales en la iglesia. 1. ¿En qué consistía el problema que tenían los corintios con los dones espirituales? 2. ¿Cuál es la definición de un don espiritual? 3. ¿Por qué la lista de dones de Romanos y la de Corintios es distinta? 4. ¿Por qué Pablo enfatiza el hecho de que hay muchos dones pero un mismo Espíritu? 5. ¿Por qué el que tiene un don espiritual no debe exaltarse a sí mismo por tenerlo? 6. ¿Por qué algunas personas relacionan el don de profecía con predecir el futuro? ¿Qué es un profeta? 7. ¿El que tiene dones de sanidades, podrá lograr que se sanen todas las personas por las cuales él ore? 8. ¿Por qué decimos que el don de lenguas, como se ejercía en los tiempos de la iglesia primitiva no es tan necesario en nuestros medios? 9. ¿El hecho de que una persona hable en lenguas desconocidas, significa que lo que dice es de Dios? ¿Cómo podemos saberlo? 10. ¿Qué sostiene nuestra iglesia en sus artículos de fe con relación a los dones espirituales? 11. ¿Por qué Pablo trae a los corintios la analogía de la iglesia con un cuerpo? 12. ¿Por qué no creemos que TODOS los creyentes tienen que hablar en otras lenguas como evidencia de haber recibido al Espíritu Santo?


Lección #15 La supremacía del Amor

Serie de Estudios sobre Primera de Corintios: Cap. 13:1-13 I. Por encima de todos los dones. En la pasada lección estuvimos estudiando acerca de los dones espirituales que han sido dados al cuerpo de Cristo para edificación de toda la iglesia. Como hemos visto ya, los corintios se sentían muy espirituales porque tenían estos dones, y en especial porque sobresalían entre todos ellos el don de hablar en lenguas. Pablo les deja ver de manera clara que hay muchos dones y que algunos de ellos producen mayor edificación a la iglesia que otros (1 Co. 12:31). Sin embargo, la medida correcta de la espiritualidad y la bendición en una iglesia no se mide a base de los dones sobrenaturales. El problema de los corintios era que a pesar de tener los dones del Espíritu, Pablo les llamó carnales e inmaduros porque no eran capaces de amarse y tolerarse los unos a los otros (1 Co. 3:1-4). A la iglesia de Corinto le faltaba lo más importante; el camino más excelente: el amor de Cristo. Lo mismo sucede hoy día en algunas iglesias. Hay mucho orgullo y jactancia porque tienen dones, un hermoso edificio, un gran programa semanal, pero falta lo que es más importante para Dios sin lo cual todo lo demás no sirve de nada. II. Sin el amor, nada sirve Pablo comienza este capítulo utilizando la exageración como medio para hacerle ver a los corintios la supremacía del amor sobre todas las cosas en la iglesia. Primero comienza diciendo: “Si yo hablase lenguas humanas y angélicas…” Es decir, si pudiese hablar todas las lenguas del mundo y aún el idioma de los ángeles, pero carezco de amor, soy simplemente un objeto que emite ruido. En otras palabras, mis sonidos realmente son

ruidos molestos que producen estorbo, más que edificación. Luego Pablo hace lo mismo con la profecía y el conocimiento, el entregar todos los bienes para los pobres y el martirio. Note que las cuatro cosas que Pablo menciona aquí son buenas y positivas. Sin embargo, cuando ninguna de ellas va enmarcada en el amor, no tienen valor alguno. Las personas pueden hacer muchas cosas por muchos motivos diversos que no provienen del amor. Inclusive podemos hacer grandes obras de caridad con el simple propósito de ser reconocidos y admirados por las demás personas. Hasta podemos hacer grandes cosas en la iglesia como predicar, cantar, tocar instrumentos, involucrarnos en ministerios diversos, pero si no lo hacemos en el amor de Cristo, con el corazón correcto, estamos perdiendo el tiempo. En otros pasajes de la Escritura se nos enseña cómo es que debemos servir a los demás y ejercer nuestras funciones en el cuerpo de Cristo (Fil. 2:3-4, Col. 3:12-14, 17). Jesús no dijo “por los dones los conoceréis” sino “por el fruto los conoceréis”. La medida correcta de la madurez espiritual del creyente es el fruto del Espíritu, como él mismo lo declaró en Lc. 6:44. Ese fruto tiene varias características (el fruto es uno solo), que se describen en Gálatas 5:22-23. De modo que la evidencia inequívoca de un creyente maduro y espiritual es cuánto su vida refleja y manifiesta el carácter de Cristo. Si la iglesia de hoy entendiera esto, se evitarían muchos problemas y situaciones que afectan al cuerpo de Cristo.


III. Características del amor Los versículos del 3 al 7 de 1 de Corintios son de los más hermosos y emotivos en toda la Biblia. Muchas personas los utilizan para colocarlos en las paredes, en cuadros y pergaminos como una descripción poética y romántica del amor. Hasta las parejas enamoradas los recitan para referirse al amor que los une. Sin embargo, el apóstol Pablo está realmente haciendo aquí una descripción del perfil de cierta clase de amor en especial, que no es muy común en nuestros tiempos. El Nuevo Testamento emplea tres palabras diferentes en el griego para describir tres clases distintas de amor: el eros, el fileo y el ágape. El eros es el amor físico, la pasión y el deseo manifestado en la sexualidad humana. El fileo es un amor más elevado que el anterior. Es el cariño y afecto que se siente hacia el amigo o hacia el familiar. Sin embargo, el amor que se describe en 1 de Corintios 13 es el ágape. Es la forma más elevada y desinteresada del amor, ya que implica una entrega total, un darse por entero sin esperar recibir nada a cambio. Es el amor que no espera ser recompensado ni correspondido para ser manifestado. Esta clase de amor solo proviene de Dios y se manifiesta en el creyente cuando el Espíritu Santo le llena y le satura de su gracia; no puede ser producido por la naturaleza carnal. Si vemos la descripción de este amor ágape es un amor muy especial. Todo lo que procura para los demás es el bien, aún cuando no reciba a cambio el mismo trato. Es un amor que no guarda rencor, y está dispuesto a sufrir y soportar. Cuando en una iglesia abunda esta clase de amor, los creyentes son capaces de perdonarse, soportarse y amarse aún a pesar de los defectos y faltas que hay entre ellos. Cuando una persona dice que ama, pero guarda

rencor en su corazón, envidia o jactancia, obviamente no se trata de un amor incondicional, ágape. IV. Todo dejará de ser, excepto el amor Pablo quiere resaltar la importancia del amor haciéndole ver a los corintios que solo una cosa habrá de permanecer cuando venga lo perfecto: el amor. ¿Y qué es lo perfecto? Algunos intérpretes sostienen que “lo perfecto” se refiere a la revelación completa de las Escrituras. Es decir, que cuando se completara el canon de los libros de la Biblia, entonces ya no sería necesaria ni la ciencia, ni la profecía, ni las lenguas. Sin embargo, la interpretación más aceptada es que “lo perfecto” se refiere más bien al estado de perfección que vendrá tras la venida del Señor. La idea de Pablo con este pasaje es que todo lo demás acabará, pero el amor seguirá siendo una realidad aún en la gloria celestial. Esto obviamente manifiesta la enorme importancia de esta cualidad. La iglesia de hoy necesita reconocer la importancia del amor como la característica más importante de toda congregación cristiana. Pero ese amor no puede ser de boca solamente, o algo teórico, sino un amor real, práctico y manifiesto. ¿Y cómo se manifiesta ese amor en la iglesia? En el trato entre los hermanos, en el servicio desinteresado, en suplir las necesidades de las personas, en la misericordia, en la capacidad de perdonarse y restaurarse, en la dedicación de los líderes y en cada aspecto de la vida de una iglesia. Jesús mismo señaló que la señal que el mundo verá como muestra de que somos verdaderos discípulos de él, es el amor manifiesto en el cuerpo de Cristo (Jn. 13:35).


Preguntas de Comprensión: Lección 15 – La supremacía del Amor. 1. ¿Por qué los corintios se sentían espirituales con los dones que tenían? 2. ¿Cuál es la mejor medida de la espiritualidad en una iglesia? 3. ¿Eran realmente espirituales y maduros los corintios? ¿Por qué? 4. ¿En las iglesias de hoy, también se mide la espiritualidad de manera incorrecta? ¿Cómo? 5. ¿Por qué Pablo dice en este capítulo que si no hay amor todo lo que menciona no sirve de nada? 6. Menciona cosas que los cristianos podemos hacer y esforzarnos, pero podemos estar perdiendo el tiempo. 7. ¿Qué clase de amor es el que Pablo describe en este capítulo 13? ¿Abunda ese amor hoy día? 8. ¿Cuáles son las características principales del amor que Pablo describe? 9. ¿Cómo entiendes que sería la iglesia de hoy si ese amor ágape fuese abundante? 10. ¿Por qué en ocasiones, aún en los creyentes, ese amor no se manifiesta de manera incondicional? 11. ¿Cuál es, según Jesús, el distintivo de un verdadero discípulo suyo? 12. Medita: ¿Ese amor ágape, se manifiesta en tu vida en tu relación con los demás? ¿Existe todavía en tu corazón algún resentimiento contra alguien, o sencillamente has echado a un lado a ciertas personas que no te agradan?


Lección #16 El don de lenguas y el lugar de la profecía en la iglesia

Serie de Estudios sobre Primera de Corintios: Cap. 14:1-40 I. ¿Qué es la profecía? Este capítulo es una continuación de los dos capítulos anteriores. En el capítulo 12 Pablo ha explicado que hay diversidad de dones, pero todos son dados por el Espíritu Santo con el mismo fin: la edificación de la iglesia. De manera que si todos los dones son repartidos por el mismo Espíritu, entonces todos tienen que estar en acuerdo. En el capítulo 13 Pablo explica que en la iglesia el amor tiene que ser el ingrediente esencial que mueva todo lo que se hace, porque si no es así, aún cosas tan buenas como os dones, el conocimiento y aún el servicio, no tiene valor alguno. Ahora en este capítulo 14, Pablo va a dedicar su exposición a enseñar acerca del uso correcto del don de lenguas en la iglesia, y la superioridad de la exposición entendible de las Escrituras por encima de cualquier otra expresión sobrenatural. A esta exposición o proclamación del consejo de Dios Pablo le llama “profecía”. Hoy día cuando escuchamos esta palabra inmediatamente nos viene a la mente la predicción de eventos futuros o la capacidad espiritual de saber lo que habrá de suceder en el mañana. Sin embargo, en términos generales la “profecía” es la proclamación, enseñanza y exposición de la Palabra de Dios. Puede incluir el anunciar eventos futuros, pero no es eso lo primordial en lo que es “profecía”. Por eso, cuando Pablo comienza diciendo “seguid el amor y procurad los dones espirituales, pero sobre todo que profeticéis”, está diciendo que lo más importante para la edificación de la iglesia es que se proclame la verdad de las Escrituras que contienen el consejo de Dios para todo creyente.

II. El don de lenguas Habíamos explicado anteriormente que las lenguas que se manifestaban de forma sobrenatural en la iglesia primitiva no eran sonidos sin sentido y sin significado. Eran idiomas que, fuesen humanos o no, tenían su significado e interpretación. El problema que había en Corintios era que en el culto público se levantaban hermanos a hablar en voz alta estas lenguas que los hermanos no podían entender y la iglesia no estaba siendo edificada; peor aún, los incrédulos que se acercaban tampoco podían entender lo que se estaba diciendo y como resultado de ello salían confundidos de la iglesia. La realidad era que el asunto ya se había convertido en una competencia del más “espiritual” que hablara más lenguas en la congregación. El propósito original de las lenguas era llevar el mensaje de Dios a personas que no hablaban el lenguaje común. Era señal a los incrédulos de que Dios estaba realmente en el asunto (14:22). Sin embargo, los corintios convirtieron este don tan necesario en un elemento místico que estaba causando divisiones y contiendas en la iglesia. Es triste cuando en la iglesia del Señor las cosas buenas que él nos da para glorificarle y bendecir a otros las utilizamos mal o las convertimos en instrumentos para contiendas y vanagloria propia. Al tener algo que otros no tienen, en lugar de reconocer que proviene de Dios para su gloria, nos jactamos o menospreciamos a otros porque no lo tienen. Se nos olvida que la gloria no es del instrumento, sino del que lo utiliza. III. La importancia de la edificación de los creyentes De los versos 13-33 Pablo procede a dar una serie de instrucciones específicas para el uso correcto del don de lenguas y de la profecía


en la iglesia. En primer lugar, dice que el que habla en lenguas aún privadamente, debe pedirle al Señor poderlas interpretar para él mismo ser edificado. O sea, que aún el que habla en estas lenguas desconocidas debe saber qué es lo que está hablando, porque sino su entendimiento quedará sin fruto. En cuanto al culto público, cuando se reúne toda la iglesia, Pablo da unas instrucciones bien específicas. Debían hablar por turno, uno a uno, hasta tres personas solamente. Y otra persona con el don de interpretación de lenguas, debía traducir al idioma común lo que se estaba diciendo. Si no había interpretación, el que estuviera hablando en lenguas debía callarse y sentarse. De la misma manera los que estuvieran profetizando debían ser a lo más dos o tres, por turno, y el resto de la iglesia juzgar o evaluar por la palabra lo que se estaba enseñando. Todo esto tenía el propósito de evitar el caos y el desorden en la iglesia, lo cual estaba indudablemente sucediendo en Corinto. Hoy día estas instrucciones bíblicas son ignoradas por muchas iglesias que se dicen ser carismáticas o de avivamiento. Muchas veces se habla parte en español y parte en lenguas extrañas sin interpretación. En ocasiones se habla en lenguas como una muletilla, o para demostrar que el que habla tiene “unción” o poder de Dios. Se repiten unas supuestas lenguas que son copiadas de lo que escuchan de otras personas y la gente no entiende lo que se está diciendo; no hay interpretación. Hay hasta iglesias que ofrecen unos cursos rápidos para aprender a hablar en lenguas. Otros afirman que si un cristiano no habla en lenguas, no tiene al Espíritu Santo, cuando en realidad la Palabra dice que este es solo un don entre muchos, y

Dios reparte sus dones al cuerpo como a él le place (1 Co. 12:11). IV. La importancia de “juzgar” la profecía Notamos que el apóstol Pablo constantemente enfatiza la necesidad de que los creyentes en la iglesia “juzguen” lo que se está proclamando o manifestando en medio de la congregación (14:29). ¿Por qué? La razón es sencilla. No todo lo que ocurre en una iglesia o a nombre de Dios proviene realmente de Dios. No podemos aceptar todo lo que escuchamos o recibimos como bueno de manera ingenua. La Palabra nos manda a probar los espíritus y a tener discernimiento. Y la regla o es estándar para medir lo que proviene de Dios o no, es la sola Escritura (2 Pe. 1:19). En el verso 34 tenemos un mandato que puede resultarnos bastante duro y machista en los tiempos actuales. Sin embargo, hay que verlo en el contexto de lo que sucedía en esta iglesia. Pablo manda a las mujeres de Corinto a estar en silencio en la iglesia y a preguntar a sus maridos si no entienden algo. Sin embargo en 1 Cor. 11:5 el mismo apóstol declara que la mujer que oraba públicamente o profetizaba en la iglesia debía cubrirse, pero no le impide hacerlo. De modo que no excluye el que la mujer se exprese en la iglesia. Seguramente algunas mujeres en Corinto estaban siendo causa de desorden, asumiendo un liderato por encima de sus esposos, mientras estos permanecían callados. Esta misma posición Pablo la expone en 1 Tim. 2:11-14. Quiere decir que el mismo orden que Dios estableció en el hogar, es el mismo que debe seguirse en la iglesia. Hoy día tampoco esto se obedece en algunas iglesias y ha sido causa de serios problemas donde mujeres dominantes asumen un rol que realmente no les es otorgado por Dios.


Preguntas de Comprensión: Lección 16 – El don de lenguas y el lugar de la profecía en la iglesia. 1. ¿Cuál es el propósito que tienen todos los dones repartidos en la iglesia? 2. ¿Por qué todos los dones tienen que estar en común acuerdo y servir al mismo fin? 3. ¿A qué Pablo le llama profecía? 4. ¿Dónde encontramos la Palabra profética más segura? 5. ¿Por qué la profecía está por encima del don de lenguas? 6. ¿Cuál era el problema que estaba ocurriendo en Corintios con el don de lenguas? 7. ¿Qué le instruye Pablo a los que tenían este don de lenguas? 8. ¿Cuál debía ser el orden a seguir en el ejercicio del don de lenguas? 9. ¿Cuáles eran las instrucciones para los que profetizaban o proclamaban la Palabra? 10. ¿Crees que hoy se siguen al pie de la letra estas instrucciones? ¿Por qué? 11. ¿Qué situación estaba ocurriendo con algunas mujeres en Corinto? ¿Cómo se aplica esto hoy? 12. Al analizar todo esto que hemos estudiado, ¿crees que la iglesia en general necesita volver a estos fundamentos? ¿Por qué?


Lección #17 La doctrina más importante de la fe cristiana (Parte 1)

Serie de Estudios sobre Primera de Corintios: Cap. 15:1-34 I. ¿Por qué Pablo trata este tema? La doctrina acerca de la resurrección de Cristo es el pilar y base de nuestra fe cristiana. Tan importante es esta verdad que si ella no fuera real, todo lo que creemos con respecto a la divinidad de Cristo, las promesas de la vida eterna y su autoridad como hijo de Dios, simplemente se vendría abajo. Nuestra fe y nuestro mensaje quedarían como la más grande mentira de toda la historia. El hecho de que Cristo haya resucitado de entre los muertos, confirma que es mucho más que un profeta o un fundador de una nueva religión, como ha habido muchos a lo largo de la historia: Sidharta Gautama Buda, Mahoma, Confucio, Krishna, etc. Todos ellos encabezaron movimientos religiosos que produjeron las grandes religiones de hoy. Sin embargo, ninguno de ellos pudo vencer a la muerte y resucitar, como Jesús lo prometió y cientos de testigos le vieron. Sin embargo, por ser esta la doctrina más importante de la fe cristiana, ha sido también la más atacada por los enemigos del cristianismo. Desde sus mismos comienzos, la verdad de la resurrección de Jesucristo ha sido objeto de innumerables ataques y cuestionamientos. Los primeros cristianos sufrieron persecuciones y hasta pagaron con sus vidas por defender aquello que creían. El apóstol Pablo resalta la importancia de esta verdad de la resurrección de Cristo con estas palabras: “porque si Cristo no resucitó, vuestra fe es vana; aún estáis en vuestros pecados” (1 Co. 15:17). II. Dudas en la iglesia de Corinto En el verso 12 de 1 de Corintios 15 Pablo mismo deja ver con claridad que algunos en la misma iglesia estaban enseñando que

Jesucristo nunca resucitó. Quiere decir, que además de las contiendas, los pecados dentro de esta iglesia, los problemas en la cena del Señor, el mal uso de los dones espirituales, para acabar de completar, en la misma iglesia algunos entre ellos estaban sembrando confusión poniendo en duda la doctrina más importante de la fe cristiana. Podríamos decir que esta iglesia representa la unión de todos los males que pueden existir dentro de una congregación cristiana. Uno de ellos es el espíritu de confusión que siembran aquellos que se apartan de la sana doctrina y arrastran tras de sí a los incautos. En Romanos 16:17, el apóstol Pablo declara lo siguiente: “Mas os ruego, hermanos, que os fijéis en los que causan divisiones y tropiezos en contra de la doctrina que vosotros habéis aprendido, y que os apartéis de ellos.” La iglesia de Corinto había fallado en esta instrucción tan importante y según habían sido tolerantes con el pecado, lo estaban siendo también con los que contradecían los principios del evangelio. Una iglesia sana tiene que tener como base y fundamento la palabra de Dios. No puede depender de las opiniones de algunos, de conceptos y doctrinas de hombres, aunque provengan del líder o del pastor. La Biblia tiene que ser la corte final de arbitraje en todo asunto de fe. Lamentablemente algunas iglesias se dejan llevar por cualquier viento de doctrina; especialmente aquellas que le dan mayor credibilidad a supuestas visiones, nuevas revelaciones y profecías que no tienen respaldo en la verdad revelada. Un ejemplo claro de esto son las iglesias que enseñan la doctrina de la prosperidad (súper fe) que han fabricado un “evangelio” de codicia y avaricia con un Cristo diferente al que nos presenta la Palabra de Dios. Otro


ejemplo son las iglesias que viven bajo el misticismo, siguiendo a individuos que declaran ser profetas ungidos (Gál. 1:6-9). III. La base de la doctrina de la resurrección de Cristo La doctrina de la resurrección no surgió como un elemento de fe, producto de la imaginación de los primeros cristianos. Fue un hecho histórico, visto y atestiguado por cientos de personas, quienes estuvieron dispuestos a sufrir torturas, tormentos y hasta la misma muerte por afirmar este suceso. Una guardia romana armada custodiaba celosamente el sepulcro de Jesús. Los discípulos que habían demostrado cobardía al huir dejando a Cristo solo, no pudieron haber regresado para enfrentar a ese grupo de soldados y robar el cuerpo. Ni los romanos y mucho menos las autoridades judías les interesaban deshacerse del cadáver, haciendo el problema aún mayor. Las teorías de que Jesús no murió, sino que quedó inconsciente y luego despertó, movió la piedra y salió sin que nadie lo viera (después de tantas heridas y pérdida de sangre), son absurdas y sin fundamento alguno. ¿Pero por qué es importante la resurrección? Por el simple hecho de que Jesús prometió claramente antes de morir que él sería crucificado, moriría y resucitaría al tercer día (Mt. 16:31, Mr. 9:31, Lc. 24:7). Si este hecho no ocurrió, entonces Jesucristo queda ante la humanidad como un gran farsante y mentiroso. Pero esto no es todo. Si Jesús nunca resucitó, entonces no es quien él dijo que era: el Hijo de Dios. El que murió en

aquella cruz fue un simple hombre, lo que quiere decir que nunca nuestros pecados fueron perdonados y todas las promesas dadas a los creyentes carecen de valor. Lo resume el apóstol cuando le dice a los corintios: “Y si Cristo no resucitó, vana es entonces nuestra predicación, vana es también vuestra fe” (15:14). Sin embargo, por más que los incrédulos han intentado hallar la manera de probar que la resurrección de Cristo fue un invento o una mentira, jamás lo han logrado. Dos mil años después de haber ocurrido, la resurrección sigue siendo la columna sólida e inquebrantable de la fe cristiana. Los cristianos adoramos a un Cristo vivo, que venció a la muerte y se sentó a la diestra de la majestad de Dios, no a un simple ser humano que habló palabras elocuentes, o dijo palabras sabias. IV. Conclusión La resurrección de Cristo, además de probar sin lugar a dudas que él es en efecto el Hijo eterno de Dios, también es la garantía absoluta de que nosotros algún día resucitaremos. En 1 Co. 15:18 dice Pablo, “Entonces también los que durmieron en Cristo, perecieron”. En otras palabras, si Cristo no resucitó, los que han muerto creyendo en Él no tienen ninguna esperanza; se perdieron para siempre. La promesa que tenemos, gracias a su resurrección, y que estudiaremos en la segunda parte de este estudio, es que con el mismo poder con que Jesús se levantó de entre los muertos, algún día a todos los que murieron en él, también dará la orden y resucitarán para gloria eterna.


Preguntas de Comprensión: Lección 17 – La doctrina más importante de la fe cristiana. 1. ¿Por qué es tan importante la doctrina de la resurrección de Jesucristo? 2. ¿Qué hace a Jesucristo diferente de otros personajes religiosos como Buda, Mahoma, Krishna o Confucio? 3. ¿Qué le ha costado a la iglesia cristiana el defender esta doctrina? ¿Por qué? 4. ¿Por qué Pablo tiene que tratar este tema en esta carta? 5. ¿En qué estaba fallando la iglesia de Corinto con el asunto de la doctrina? 6. ¿Tienen como base todos los cristianos la verdad de la Palabra de Dios o algunos se dejan llevar por otras cosas? Menciona algunos ejemplos. 7. ¿El cristianismo está basado en un hecho real o en simples creencias? ¿Cuál es la diferencia? 8. ¿Qué otras explicaciones se le han dado a la desaparición del cuerpo de Jesús? ¿Por qué no han tenido éxito? 9. ¿Qué implicaciones tendría para nuestra fe si se probara que es falso que Cristo resucitó? 10. ¿Por qué no tendrían ninguna esperanza los que murieron creyendo en Cristo si él no resucitó?


Lección #18 La doctrina más importante de la fe cristiana (Parte 2)

Serie de Estudios sobre Primera de Corintios: Cap. 15:35-58 I. La resurrección de Cristo y la esperanza de nuestra resurrección En esta segunda parte de la lección 18, veremos cómo el hecho irrefutable de la resurrección de Jesucristo es la base sobre la cual se sostiene la esperanza de nuestra resurrección corporal. Así lo expresa de manera clara el apóstol Pablo en 1 Co. 15:18, “Entonces los que durmieron en Cristo, perecieron”. Lo que significa que si Cristo no resucitó, entonces todos aquellos que murieron (los apóstoles utilizaban la palabra dormir como sinónimo de morir) habiendo conocido a Cristo, se perdieron para siempre; murieron sin esperanza.

II. ¿Con qué cuerpo resucitarán los justos? En el versículo 35 en adelante, Pablo procede a aclarar un punto muy importante. Si nuestro cuerpo mortal se ha de deshacer en la tumba, ¿con qué cuerpo resucitarán los creyentes en el día del Señor? El apóstol procede a explicar que no será con el mismo cuerpo con que fuimos sepultados en la tierra. La carne que tenemos es “cuerpo terrenal” que no puede operar ni funcionar en lo celestial. Además es un cuerpo sujeto a corrupción, por eso está establecido que así como vino del polvo, volverá al polvo nuevamente (Gen 3:19).

Sin embargo Jesús prometió que él resucitaría e iría al cielo a preparar lugar para cada uno de sus hijos (Jn. 14:1-3). Con ese mismo poder con que él resucitó de entre los muertos también dará la orden para que en el día de su venida resuciten los muertos en Cristo (Jn. 5:28-29). Algunos intérpretes afirman que la resurrección de los creyentes que murieron y la de los muertos sin Cristo serán en dos etapas distintas. La de los creyentes en el momento del “rapto” de la iglesia, y la de los impíos, en su segunda venida, siete años después. Esto lo sostienen los que defienden la posición dispensacional.

Es importante entender que los creyentes muertos NO quedan en la tumba esperando su resurrección. Están desde que mueren físicamente, en la presencia del Señor (Lc. 23:43, 1 Tes. 4:14). Sin embargo, traerá Jesús con él a los que murieron en el Señor y entonces resucitarán con un cuerpo totalmente nuevo. Ese cuerpo que resucitará, será en total incorrupción; es decir, sin pecado ni debilidades ningunas (1 Co. 15:42-44).

Otros intérpretes sostienen que habrá una resurrección general en la venida de Cristo donde unos serán resucitados para vida eterna y otros para condenación eterna. Ambas resurrecciones ocurrirán en la segunda venida de Cristo, en el tiempo del fin. Nuestra iglesia sostiene este último punto, que es el que históricamente ha enseñado la iglesia cristiana.

¿Cómo será específicamente ese cuerpo? La Palabra no nos da datos específicos. Solamente nos dice que será mucho mejor que el cuerpo que tenemos ahora: sin enfermedad, sin pecado, sin las debilidades que sufrimos a consecuencia de vivir en cuerpos imperfectos (Apoc. 21:4). Así como traemos la imagen del terrenal (Adán) que es este cuerpo sujeto a pasiones y dolencias, traeremos la imagen del celestial (Cristo). Jesús es primicia de este hecho, y podemos ver que resucitó con un cuerpo glorificado, aunque sus discípulos podían distinguir que era él.


III. El destino final de las almas Según la Palabra de Dios, los creyentes que estén vivos al momento de la venida del Señor, no sufrirán la muerte física, pero sí serán transformados en un abrir y cerrar de ojos (1 Co. 15:51-52, 1 Tes. 4:16-17). Quiere decir que habrá personas vivas en este mundo, los salvos, que de manera súbita y repentina, sufrirán una transformación física y al igual que los que murieron y vienen con el Señor, recibirán sus cuerpos glorificados y todos, (la iglesia universal de Cristo), seremos reunidos en los aires donde Jesús estará esperando a todos sus hijos. Vamos a poner de manera más clara estos eventos. Todo lo que sigue a continuación será parte de los eventos que ocurrirán cuando venga el final de este mundo y el Señor venga con poder y gloria a traer paz y justicia permanente: 1. Los muertos en Cristo resucitarán primero. 2. Los redimidos vivos, serán transformados instantáneamente. 3. Ambos grupos de creyentes serán recibidos por el Señor en los aires. 4. Los muertos impíos también serán resucitados, aunque para juicio. La Palabra nos enseña claramente que habrá un juicio donde serán abiertos los libros donde están registradas las obras de cada persona que ha vivido sobre la tierra. Nos habla también de un libro muy especial que es el libro de la vida donde están escritos los nombres de todos aquellos que han recibido a Cristo como su Salvador. Todo aquél cuyo nombre no se halle inscrito en el libro de la vida, será condenado eternamente en el lago de fuego (Apoc. 20:11-15). En cambio, toda persona cuyo nombre sí esté inscrito en el Libro del Cordero o Libro

de la Vida, podrá entrar confiadamente a la Santa Ciudad celestial (Apoc. 21:27). Algunas sectas, como los Testigos de Jehová y los adventistas enseñan la doctrina de la “aniquilación” de las almas; esto es, que los impíos serán aniquilados por Dios o dejarán de existir. Sin embargo, la Palabra no nos dice esto. Más bien nos enseña que el castigo será eterno; separados eternamente de la presencia de Dios y de toda gracia (Mt. 13:41-42, Mt. 25:46, 2 Tes. 1:9). Todos estos pasajes enseñan de manera clara que el castigo de los impíos será eterno; sus almas existirán para siempre, aunque excluidos de la presencia de Dios. IV. Conclusión Si terrible nos pinta la Escritura el destino final de aquellos que rechazan a Jesucristo y optan por vivir una vida de pecado, a la misma vez nos da una gloriosa esperanza a aquellos que hemos creído en Jesús y hemos confiado plenamente en su sacrificio. Los creyentes podemos tener la completa seguridad de lo que nos espera en la eternidad porque nuestra confianza no está en nuestra propia justicia, sino en lo que Jesús hizo por nosotros y la justicia que él nos ha imputado. Ante esa realidad, podemos tener una perspectiva muy distinta del propósito de nuestra vida terrenal, y de la muerte que algún día llegará a nosotros. Sabemos que el aguijón de la muerte y el sepulcro no tendrán victoria sobre los escogidos de Dios por el poder de Aquél que resucitó de los muertos. Por eso Pablo termina este maravilloso capítulo diciendo: “Así que hermanos míos, estad firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es en vano” (15:58). No es en vano porque sabemos que nos esperan gloriosas recompensas si le servimos con fidelidad y de todo corazón.


Preguntas de Comprensión: Lección 18 – La doctrina más importante de la fe cristiana (p. 2). 1. ¿En qué se relaciona la resurrección de Cristo con la seguridad de nuestra propia resurrección? 2. ¿En qué momento ocurrirá la resurrección de los muertos? 3. ¿Por qué necesitamos un cuerpo diferente para morar en el cielo? 4. ¿Con quiénes vendrá Jesucristo en el día de la resurrección? 5. ¿Cómo será el nuevo cuerpo glorificado que reciban los redimidos? 6. ¿Qué eventos ocurrirán en la segunda venida de Cristo? 7. ¿Quiénes comparecerán ante el gran juicio de Dios? 8. ¿Qué libros serán abiertos en ese juicio y para qué propósito? 9. ¿Cuál es el Libro de la Vida del Cordero? 10. ¿Cuál será el destino final de los redimidos? ¿Y el de los impíos? 11.¿Por qué es incorrecta la doctrina de la “aniquilación”? 12.¿Por qué los creyentes podemos estar seguros de nuestra redención final? 13.Ante todo esto que hemos aprendido, ¿qué perspectiva debemos tener los creyentes acerca de la muerte?


ESTUDIO SOBRE 1 CORINTIOS