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Luis Arango Ferrer, trabajaba como secretario en una sala penal del Tribunal Superior de Medellín; su tío, Dionisio Arango Ferrer, fue gobernador de Antioquia; su madre, Carmen Botero Restrepo, era pariente del ex presidente Carlos E. Restrepo. El contacto con otras ideologías y culturas al ingresar a la universidad y en su transitar por el mundo lo “desgodizaron”. A nadie consideró su modelo o maestro. Ya no sigue ninguna doctrina religiosa ni política, aunque se califica de izquierda radical al tratarse de igualdad y justicia social. En su juventud practicó varios deportes, fue tirador al blanco pero no ganó un campeonato; saltaba en garrocha hasta que una vez casi se “despescueza”; de la natación dice que “nada más un sapo”, le fue mejor con la cacería. Por eso cree que en lo único en lo que ha producido algo realmente valioso ha sido con su carrera profesional; aunque no “ha agarrado el sol con las manos”, tampoco ha fracasado. Su vocación parecía perdida al terminar el bachillerato en el San José de la Salle, pues comenzó estudios de Ingeniería Civil en la Universidad Nacional, y luego de Ingeniería de Petróleos, pero sus notas reflejaron un mayor interés por los juegos de billar que por las ecuaciones y fórmulas matemáticas. Desistió de las ingenierías y siguiendo los pasos de su hermano mayor se convirtió en un distinguido estudiante de Odontología de la Universidad de Antioquia, que ocupaba siempre los primeros puestos, y en un profesional consagrado a enseñar y a mejorar los procesos de formación de odontólogos en el mundo, procurando una profesión con mayor sentido social y

acorde con las necesidades de la realidad. La gran lucha de su vida, “o pendejada”, como la llama. Realizó estudios de posgrado en Francia, Suecia y Estados Unidos. Como decano de la Facultad de Odontología de la Universidad de Antioquia fue pionero en mejoras e innovaciones curriculares. Trabajó en Venezuela y en México, fue fundador de la Organización de Facultades de Odontología de Latinoamérica (Ofedo - Udual), asesor durante doce años en formación y educación de personal odontológico y diseño curricular con la Organización Panamericana de la Salud en Latinoamérica; y con la Organización Mundial de la Salud en Birmania, Tailandia, Indonesia e India. En la sala de su apartamento, más bien un museo, exhibe fotografías de sus viajes, artesanías de hierro fabricadas en Guatemala, esculturas tailandesas, máscaras de la Isla de Bali y batiks de Indonesia. De los muros de una de las habitaciones pende la vasta colección de distinciones y condecoraciones nacionales e internacionales que le han sido otorgadas por su eminente labor como profesional de la salud al servicio de la humanidad; entre ellas, la que más lo honra es la Orden al Mérito Universitario Francisco Antonio Zea, otorgada por su Alma Máter. Cada día se levanta a las 8:20 a.m., se ejercita durante media hora, cuida su salud para hacerles jugarretas a los años, saca tiempo para tomarse algo con sus compañeros, quienes lo aprecian y respetan, y continúa con la gran lucha de su vida, la lucha que lo hace libre.

Fotografía: Julián Roldán / Perfil: Diana Isabel RIvera

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Espíritus Libres 1, Egresados UdeA  

Este es un libro de microhistorias, semblanzas, perfiles y retratos que caracterizan un tipo egresados triunfadores que no estamos acostumbr...

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