Page 24

REPORTAJE U2

C Pioneros de los festivales.

El guitarrista y teclista,The Edge, Bono y el bajista, Adam Clayton, en el escenario del macroconcierto del Pinkpop Festival, en Holanda, junio de 1981.

ADA VEZ QUE U2 se acerca a actuar en España, se produce un pequeño forcejeo entre el grupo y sus seguidores. Estos insisten en que el grupo toque Spanish eyes, una canción de 1987. El grupo se resiste pero, generalmente, termina sonando en el concierto. Se explica su reticencia: no se trata de uno de sus grandes temas (originalmente, salió como cara B de un disco single) y no exageran cuando aseguran que les cuesta recordarla. Y parte de un equívoco: los “ojos españoles” no se refieren a una nativa seductora; corresponden a un prototipo de belleza irlandesa –ojos marrones, pelo negro– que la leyenda atribuye a los genes aportados por supervivientes españoles de la malhadada Armada Invencible. Dudoso, cierto. Pero todo lo referente a U2 cae en la categoría de lo improbable. Resulta literalmente increíble que un cuarteto formado en Dublin en 1976 terminara convertido en la banda dominante en el universo musical y que, ya bien entrado el siglo XXI, siga en activo con los mismos cuatro miembros. En los años setenta, la república de Irlanda estaba en la periferia del rock: un país pequeño y (comparativamente) pobre, lastrado por un conservadurismo opresivo que obligaba a que muchos de sus creadores huyeran al extranjero, además con la herida supurante de la guerra civil en el vecino Ulster.

Lo que diferenciaba a U2 era su ambición por triunfar y la voluntad de superar la fecha de caducidad impuesta por las modas

22_RF_u2.indd 24

24 CLUB + RENFE

Lo que diferenciaba a U2 de los miles de bandas de lo que se solía llamar after punk, era su monumental ambición. Ambición de triunfar y voluntad de superar la fecha de caducidad impuesta por las modas. Vivir fuera de las grandes capitales del rock les permitía beneficiarse de la distancia y la reflexión; su voracidad para las experiencias evitaba cualquier atisbo de provincialismo. Además, les unía un insólito engrudo: con la excepción del bajista, Adam Clayton, habían formado parte de la Shalom Fellowship, una secta cristiana que exigía manifestar su fe en la vida diaria. Terminaron alejándose de aquel movimiento pero se mantuvo la idea del proyecto común, en principio alejado de la frivolidad mundana. CRECIMIENTO ESPECTACULAR

Esto se concretaba en canciones pacifistas, aspiraciones de superación, comentarios sociales y, sí, también historias de amor. Sus conciertos tendían hacia el arrebato y conquistaban públicos nuevos. Desdichadamente, en España no se les pudo ver durante su despegue, en clubes o recintos de tamaño medio, una anomalía ya que, en los primeros 80, nos visitaban regularmente los grupos punteros del momento. Eso explica que su reputación creciera con el boca a oreja, alentado por fans como Moncho Tamames, que editaba la revista Bandera Blanca. La demanda por experimentar a U2 en directo creció y creció. Finalmente, se anunció que aparecerían el 15 de julio de 1987 en el Santiago Bernabeu. Aquello pudo ser el primero y el último concierto de U2 en España. Estaba previsto que el recinto acogiera a 75.000 espectadores pero, por oscuros cambalaches, se vendieron clandestinamente otras 30.000 entradas. Un overbooking que provocó un número de accidentes y que pudo terminar en tragedia, sobre todo al crearse unas angustiosas aglomeraciones al final del show. El Real Madrid, escandalizado al ver arrasado su césped, no volvería a ceder su estadio para conciertos de rock. Para entonces, no obstante, ya se había sellado un pacto de amor entre U2 y el público español. Al grupo no le pasaron desapercibidas ni la carga simbólica del lugar ni las dimensiones de la concurrencia. Bono fascinó al personal al escalar una de las torres que sustentaban la amplificación y más cuando, ante el cántico

15/4/19 12:45

Profile for La Factoría de Prisa Noticias

Club Renfe Nº40  

Mayo 2019

Club Renfe Nº40  

Mayo 2019