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Debajo de los arcos seculares del Pósito y sus arcadas, Felipe II dispuso un espacio para la venta de cereales y el comercio de mendrugos, para el crédito agricultor y la previsión de hambrunas, tan recurrentes en los tiempos previos a Maricastaña. Allí se sucedieron los tratos y las descargas de harina, también la multiplicación de los panes al calor de un milagro de la realeza que, simbólica y poderosa, no quiso dejar tan humildes fines a la sombra de un edificio cualquiera, dotándolo de capiteles, escudos, arquerías y otras ostentaciones de piedra. Lo acabamos de decir; aquel Pósito estuvo pensado para la recreación del poder de la monarquía, que lo hizo grandilocuente y serio; también para el cargamento de acúmulos excedentes -sacas cereales mayormente-, que lo hicieron robusto y potente hasta amasar en sus muros una vara de mampostería, dándole una apariencia de “edificio cofre” sin apenas ventanas, y con unas vertientes de cubierta de tobogán que facilitaran la evacuación de las aguas pluviales y su dañino cargamento de humedad. Vendrían después los tiempos del uso posadero, y el Pósito así se transforma en refugio de transeúntes, conocido por entonces -y para muchos lojeños aún hasta hoy- como “La Posá”, fruto del habito popular de convertir en propia la denominación común de los sitios. Alguna visita nos lo ha dicho, que “La Posá” por entonces congregó a las parturientas del campo lojeño, para resolver su alumbramiento en manos de las matronas locales, dato que inicia la relación de estas piedras renacentistas con el mundo de la infancia, especialmente grato cuando llegan las fechas de la muestra PINTORES DE HOY. Desde un ayer reciente, El Pósito de Loja sigue siendo un protagonista más en la vida local de nuestra ciudad, no para ser alhóndiga, no para ser posada, no para ser paritorio de la precariedad rural. El Pósito quiere ser sede de hábitos culturales, y cada junio recibe desde el Caminillo -por el caminillo- del barrio Alto un rumor de chiquillería pictórica que en nada recuerda al silencio de la harina original. Y aquí se expone -que desde aquí se escribe- la voluntad pedagógica de un centro educativo cuajado de vocaciones enseñantes. Se exhibe cada año la certeza de nuestra incipiente condición creativa, temprana como los dientes de leche. PINTORES DE HOY vuelve al Pósito y vuelve a emborronar sus muros y sus vidrios, y una muchedumbre de tipos bajitos volverá a reivindicar –inconsciente- la guapura de mirar a la obra de arte desde más acá del pecado original, que luego nos hizo estrechos y cobardes. Ellos no, ellas tampoco, que son anchos y limpios y frescos y sensibles. Y ven y copian, y cuando lo hacen no copian, porque su mirada intérprete es ajena a la réplica exacta. Y muda el color, y la visión y el enfoque cambia, y cambia así el discurso pictórico inicial que ahora se anuncia renovado y bello y atrevido. Feliz experiencia, un año más, al colegio Caminillo (comunidad docente, alumnos/as y padres y madres). Larga vida a los pequeños PINTORES DE HOY, en el Pósito tienen su lienzo. Juan Alonso Sánchez Director de Cultura del Ayuntamiento de Loja

                             

Caretas. Interpretación de la obra de Paco Meléndez Clausura De Pintores de hoy en el CIC EL PÓSITO

Catálogo Pintores de hoy  

Resumen de la trayectoria del Proyecto Pintores de hoy 1996-2012 en el Primer Ciclo del colegio Caminillo de Loja (Granada)

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