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ESCATOLÓGICOS PENSAMIENTOS

Por: Ra del Pot

Estaba sentado en la taza de un baño cualquiera,

p a l a b rea n d o

Cual objeto que cae al agua, a un pozo de agua. Y el vacío inmediato surtió efecto, en un Sanborn’s cualquiera, refexionando sobre la dejó entrar otra idea en la caja que ahora música de elevador que acostumbran poner, más resguardaba un vacío; bueno: caja, vejiga, la música de mi sonoro culo eructando –en un muy saco o bolso. El vacío se dejó llenar con la mal educado gesto –la comida que mis intestinos idea, quizá ridícula quizá certera, de dejar ahí lograron destrozar y digerir –todo excepto el necio los recuerdos, efímeros, insustanciales, pero grano de elote creador y fehaciente representante de presentes; es decir, que si no fuesen memorias la resistencia en la grandiosa revolución intestinal. Fue entonces que llegó esta idea del tiempo, de no podrían existir porque se desvanecerían en el tiempo: cruel tirano sin piedad ni quietud; y la inocencia del momento y del recuerdo pervertido sobrevendría así una intensa soledad con la por la transición de la memoria. Desesperadamente que tendría que vivir de continuo, por siempre, intenté asir esas vagas imágenes que había a causa de esa inmensa palabra: eternidad. colectado en otros días ya fenecidos; desenrollé, Porque en efecto no hay un pasado sin un futuro cual papel higiénico, la mayor parte de versos y, por lo mismo, sin pasado ni futuro caminaría que recordaba en aquel instante; todo con la fútil solo y sin pensamientos que den sabor a mis esperanza de marcarlos, pintarlos, idearlos, olerlos. pasos. Bueno olerlos en ese momento era una absurda Un corto circuito –sí, seguro –anunció el necedad que me llevaría a abandonar de nuevo fnal de mi tarea en ese sitio y el catastrófco esas memorias que ya no estaba dispuesto a dejar cambio en la melodía que sonaba. Con un escapar. remolino de agua macilenta y espantosa salí del En fn, traté de congelar esos recuerdos que pequeño cubículo y, no sin resistirme, lavé mis tomaban vida de nuevo y creaban una nueva forma manos para limpiarme los malos pensamientos de realidad, querían subsistir como yo quería que que estuve amasando. no se fueran. Pero de pronto un sonido: ¡Plop!

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En los cables eléctricos

Por: Óscar Édgar López

El dolor no viene por el hecho de que ellas no te amen, sino por el hecho de que tú no puedas amarlas, en cualquier caso no lo sufciente, no como querrías, o como deberías. Arnon Grunberg

te x to s d e a nto j o

Tenía su mano sobre mi estómago, retiré los dedos para levantarme. Fui a la cocina y abrí un paquete

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de Nutri Grain de fresa; estaba recargado en el refrigerador observando cómo el gato alistaba un maullido para exigir su desayuno; después de bostezar caminó a su plato, donde ya antes le había servido algo de carne. Al comer, simultáneamente, se producía una música extraña. Volteé a verla mientras dormía con el cabello alborotado y el maquillaje corrido, las costillas marcadas hasta la exageración, sus pechos pequeños, hermosos. Tomé una silla, me senté frente a ella con un crucifjo de estaño, simulaba exorcizarla; no era un simple juego, de cierta forma deseaba que no estuviera ahí, que se largara con sus demonios y todos sus tratamientos para el cabello, los teleguías, los cosméticos, la ropa interior con holanes –que confeso, algunas veces me daban ganas de ponerme –, que se largara de mi casa, porque una mujer tan hermosa, tan buena compañera, no era algo que estaba permitido para un hombre de mi calaña, no la merecía, la vida me ha enseñado algunas cosas, entre ellas, que no merezco convivir con personas de belleza semejante, con seres tan pulcros, porque yo tan cerdo no podría, no puedo mezclarme con mujeres así de hermosas, pero lo hice. Desde que intercambiamos las primeras palabras en la estación del autobús hasta que lo abordamos y pedimos bajar en el bar, después de dos litros de tequila, me importaban una chingada las enseñanzas de la vida, quería estar a su lado; porque a ella no le importó el labio leporino, ni mi corta estatura. Salimos tambaleándonos cantando algo que ya no recuerdo y llegamos a mi casa, desde entonces no he dejado de sentirme nervioso pensando: ¿por qué me querrá, será que un día le dé tanto asco vivir conmigo que me reproche el haberla conocido, el haber tomado el autobús en el mismo lugar que ella? Por eso añoré su ausencia, que se fuera diciendo: fue bonito mientras duró, no me llores. Volver a la habitual masturbación de las mañanas, a la tortura de dormir solo, de comer fuera porque en el hogar las únicas que me esperan son las fotografías de la familia, todos sonriendo, recordándome que soy un fracasado, que por eso me echaron. ¡Que viva su vida como quiera! –dijo mi madre mientras se lamentaba de haberme parido. Quería de verdad que Lina se largara de mi casa. Despertó, se limpiaba los ojos y bostezaba, algo le había aprendido al gato; tenía el aspecto de una criatura tierna. Preguntó qué hacía ahí sentado frente a ella con el crucifjo de estaño en el pecho, le dije: rezando por ti. Hizo frotar sus labios contra los míos y se fue al baño; escuchaba el agua caer de la regadera, suspiré, abrí la ventana, en la radio dijeron la hora, era muy temprano, acerqué la silla, me puse a ver los cables eléctricos de la calle, los que van de un poste a otro en una sucesión que se antoja infnita. Lina salió del baño secándose las piernas, cantaba una canción en inglés, dejó la canción, volteó a verme, estaba preocupada, no podía evitar demostrarlo, ahora preguntó qué hacía sentando frente a la ventana; le pedí que me llevará una cerveza, no quiso hacerlo, vino a sentarse en mis piernas, me rodeó con los brazos, ¿qué tienes? ¿qué tienes? repetía constantemente levantando los labios y dando brinquitos. Contigo desnuda en mis piernas sólo puedo tener una erección, le dije y rió, ¡río! Su risa me ablandaba, me derretía, lo peor; me hacía dudar más de su estancia en mi casa, en mi vida.


Continuum  

Septiembre

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