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Palabras del Presidente de la República, José Mujica, en su audición radial por M24, correspondiente al 4 de octubre de 2013. Es un placer, amigos, poder retomar estos decires que semana a semana intentamos volcar como reflexiones a parte de una audiencia que hace mucho tiempo nos acompaña y a la que, obviamente, mucho mucho le tenemos que reconocer. Lo cierto es que a veces las cosas se tocan en su superficie, pero hay debajo de los hechos una onda trama de intimidad que nos cuesta poder distinguir a primera vista en la sucesión de hechos que componen la vida de una sociedad. El conflicto doloroso de estos días —conflicto en el cual no me voy a detener, ya está muy informado—, en el fondo, bien en el fondo, no es más que una de las tantas, tantísimas consecuencias que genera este modelo civilizatorio que nos rodea y que nos rodea a todos crecientemente, imponiéndonos modos de vida, conductas, en lo que deberíamos llamar “sociedades de despilfarro”. Miro la papelera de mi despacho todos los días y asusta; asusta la cantidad de hojas de papel desecho que se van. Por todas partes tiramos toneladas y toneladas crecientes de papel. Allí está su majestad, la computadora, allí están la formas de impresión moderna, allí están. Todo es rápido, todo es veloz, todo es abundante, todo menos el tiempo. Y naturalmente, se consumen montes enteros, que sin darnos cuenta se van y se van. Vamos a comprar algo, lo que fuere y a veces pienso que el envoltorio y las cajas y los papelitos y los sellos y la bolsita que le ponen valen más que el contenido. Y se amontonan las montañas de basura. Todo esto es, en el fondo, consecuencia de un modelo civilizatorio al cual no le podemos poner mucha lógica, porque caminamos hacia adelante. Acá se ve por qué se consume tanto papel y acá se ve por qué las fábricas son cada vez más exigentes y más grandes; porque no es el Uruguay, es el mundo entero que se mueve así. Y esos montes consumen nutrientes, luz, agua, tiempo humano. Por suerte la naturaleza, mucho más sabia que nosotros, tiene enormes capacidades de reposición y de distribución. Las raíces profundas de los árboles sacan materiales de las profundidades. Cuando los árboles mueren, una parte va quedando en el suelo, ese suelo que pisamos y ese suelo del cual vivimos; son verdaderas formas de fusión. Y en realidad, en el fondo nada se pierde, sino que todo se transforma. ¡Vaya que lo sabemos! Pero lo único que pasa es que la naturaleza tiene sus ciclos muy largos y la esperanza humana es mucho más corta y la desesperación humana por crecer es mucho más rápida.


Quiero señalar que los gobiernos no tienen en el fondo escapatoria. Tienen que luchar implacablemente por más trabajo para su gente, por más ingreso para su gente; que se multiplique la riqueza y que se puedan aplicar impuestos que se pagan, y que esos impuestos sirvan para acortar la brecha social de problemas que tenemos. Pero para todo ello hay que crecer, ir hacia adelante y todo eso significa el desafío que, constantemente, hay que armonizar al usar la naturaleza, porque necesitamos —repito— más trabajo, más ingresos, etcétera, etcétera y de una forma u otra eso significa presionar a la propia naturaleza con la cual y de la cual vivimos, pero tratar de que sus mecanismos de recuperación funcionen, por un lado por la prevención, por el otro lado por la recuperación. Pero como todo es urgente, vamos siempre desde atrás. Nunca tuve dudas, no porque fueran señores buenos o inocentes los de esta moderna papelera, no. Tienen mucha experiencia y, dadas las condiciones de nuestro medio, es mucho el valor que pueden ganar, pero saben mejor que nosotros que tienen que cuidar el medio ambiente si quieren perdurar y durar en el tiempo. ¡Vaya que lo aprendieron! Son cuidadosos técnicamente, mas no por buenos, sino por interesados, por inteligentes, no quieren matar a la gallina de los huevos de oro. Esto hay que entenderlo. Pero hablar de armonizar la naturaleza… también señalé que siempre vamos corriendo de atrás. ¿Tratamos bien las aguas servidas de Montevideo que van al Río de la Plata? ¿O las de Buenos Aires? No, por favor. Es un desastre. Tenemos un largo caño maestro que se interna en el río para tirar nuestros desechos lo más lejos posible en el torrente de agua, pero ahí vamos. Hace rato que la humanidad hace estas cosas. ¿Sabe usted, querido oyente, que París se tomó el trabajo de hacer un ducto para sacar los desechos del país en gran masa al canal de la Mancha, 500 y pico de kilómetros? Estas son nuestras ciudades. ¿Que hay métodos modernos de hacer tratamientos? Sí, hasta donde yo sé, pero puedo estar equivocado. La única ciudad que tira los desechos al río bien tratados es Maldonado, y Maldonado desde hace poco tiempo. Lo demás es lamentable. Ahí las generaciones que vienen tendrán que invertir fortunas inevitablemente para corregir estas cosas. Y así podríamos seguir considerando y considerando que en esta batalla por el medio ambiente tenemos una pinza terrible, la más peligrosa: nuestra civilización, la forma de vivir, porque hasta los más eximios ecologistas consumen toneladas de papel, usan pañales desechables, etcétera, etcétera. Hacen crujir sus computadoras sacando airosos manifiestos, ponen letreros y se enfervorizan, pero ellos también contribuyen al consumo monumental de toneladas de papel. ¿Por qué? Porque están inmersos en esta, nuestra civilización. Entonces, no nos queda otro camino que prevenir en todo lo que podamos y tratar de ir arreglando las cosas que, a lo largo del tiempo, sin conciencia,


fuimos desarreglando, que son muchísimas. Pero, tengamos en cuenta nuestras medidas, nuestras dimensiones y lo que significa la naturaleza. Ayer hablaba el señor ministro de Agricultura sobre la erosión natural de los campos ganaderos que no se aran, lo que se lleva el agua, y en parte el viento porque hay erosión eólica, y el fósforo es uno de los elementos primeros que el viento se lleva porque es liviano y hay un problema de densidad de los materiales. ¿Qué nos decía? Que es formidable el valor en toneladas de fósforo que se va a los ríos y a los mares. No crea usted que en la caja de la naturaleza eso se pierde, se pierde en la experiencia humana, se va de la tierra y se va al mar y anda por ahí y se va a transformar en parte en el plancton, ese germen de la vida que saca oxígeno y que multiplica el oxígeno de nuestra atmósfera, etcétera. Y en el transcurso de las edades habrá depósitos por acá y por allá como en el pasado de diatomea, pero esos son millones de años. A la larga, la naturaleza todo lo va transformando. Pero como nuestra vida es muchísimo más corta y probablemente la de la especie humana, estas cosas nos afectan y por eso tenemos que tener esta lucha que se llama la lucha por mitigar los efectos de nuestras acciones. La mejor mitigación sería tener una cultura mucho más precavida, más inteligente, menos despilfarradora de medios, no solo la gente, sino fundamentalmente las concepciones industriales, pero ello significa tener otro ritmo de economía, otra forma de vivir, que no la puede ni imponer ni determinar ningún gobierno hoy, porque finalmente es más fácil pelear por cambiar la estructura material, hasta cierto punto, de una sociedad, que cambiar la cultura. Nada es más determinante que la cultura de una sociedad y estamos padeciendo una cultura de carácter mundial, crecientemente, que tiende a frivolizar muchísimas de las cosas para que podamos seguir comprando y comprando. Y nadie, y menos los gobiernos, puede renunciar a esa tónica que nos empuja a crecer intentando desarrollarnos, y que tiene en el consumo una de las palancas de ocupación y de trabajo más importantes que se nos puede ocurrir y a la cual no podemos renunciar. Estamos como en un círculo vicioso y empezamos a trabajar para tratar de remendar o de mitigar —como se dice ahora— las consecuencias de nuestros mayores desastres. Sin embargo la verdadera solución está atrás, pero no está a la vuelta de la esquina. Es como decía la murga: “si no cambias tú, no cambia nada”, pero qué difícil es cambiar nuestro comportamiento social, nuestra cultura en la cual estamos todos inmersos, como los peces lo están en el agua, y no pueden vivir sin agua. Así pues va esta marcha por el medio ambiente, por el crecimiento, por el trabajo, por el tener con qué pagar impuestos, por la lucha de intentar mejorar el bienestar de los más rezagados, acudiendo a políticas sociales, pero hay que sacar recursos de los procesos económicos, y al que se le mete la mano en el bolsillo para que pague impuestos “corcovea”, pero si no hiciéramos eso nuestra sociedad sería inhabitable por las diferencias que se


van creando en materia de reparto. Pero no podemos tirar tanto porque en definitiva los seres que invierten, las empresas que invierten lo hacen con una expectativa de ganar y si las torpedeamos totalmente, en lugar de recaudar más, después terminamos recaudando menos. Todo este círculo vicioso que algunos llaman “círculos virtuosos” son parte de las contradicciones de nuestra sociedad. No son sencillas y siempre nos están bombardeando, pero vamos entrando en un plazo en que son inevitables las decisiones importantes para el futuro del país, que van a ubicar a unos en una punta y a otros en otra, y seguramente otros, sin entender mucho. Hemos firmado los compromisos con la regasificadora para asegurar que el Uruguay del futuro pueda consumir más energía con menos toxicidad para el medio ambiente y a un precio sensiblemente más razonable, porque todo indicaría que el gas no va a acompañar por mucho tiempo la suba de los costos petroleros. Pero vendrán otras decisiones de ese tipo en estos meses, decisiones, dos o tres, que van a influir en la vida del país por muchos años y que son determinantes para el trabajo de las generaciones que vienen. Algunas son esos molinos que se están instalando por ahí, otras serán empresas que hay que llevar adelante. En todas, en parte tendremos que luchar por mitigar efectos sobre el medio ambiente. ¿Pero qué le decimos a nuestro pueblo, a nuestra gente en el campo del trabajo, en el campo de los ingresos salariales, en el campo de la riqueza que consume? ¿Qué le decimos? En el fondo, estas son las contradicciones que tenemos que asumir en esta etapa de la historia que nos toca vivir.


Desgrabación de audición del Presidente por M24 del 4 de octubre de 2013