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Palabras del Presidente de la República, José Mujica, en su audición radial por M24 correspondiente al 18 de julio de 2013. Es un gusto encontrarme con ustedes por este medio, en esta fecha particular en que recordamos los pormenores de nuestro origen constitucional. Fue largo, doloroso, el acontecer de aquellos, nuestros antepasados, que en su lucha por la vida trataron de construir y fueron, sin darse cuenta, creando las condiciones de un sentimiento nacional en esta vieja Banda Oriental, “tierra de ningún provecho”, como devenía algún documento de la colonia. Seguramente que son innumerables los antecedentes. No acompañamos la visión de que somos una hechura de la diplomacia inglesa. Seguramente que esta tuvo algo que ver, como tiene que ver un partero, pero que jamás da origen a la criatura. Largo camino de contradicciones de los primitivos pobladores de la Banda Oriental. Muy tempranamente, la lucha de puertos en el Río de la Plata; la enorme distancia que había para lograr cualquier decisión de la burocracia española, asentada en la cabeza del virreinato; las consecuencias inconmensurables de las invasiones inglesas; el sagrado comercio hispano, monopólico y con ello hacedor de las condiciones para generalizar el contrabando luso-inglés, que para colmo se insertaba con la aparición del cuero como materia prima fundamental en el mercado internacional. La forma infame en que se adjudicaba la tierra para solo aquellos que tenían posibilidades de hacer trámites interminables en Buenos Aires y que dejaba un mundo de gente sin propiedad, sin posibilidades de acceder a un pedazo de tierra en un país vacío. Seguramente, y se podrían anotar otras causas aun antes del período artiguista, del período de la independencia. Pero si todo eso fuera poco, la suma de las luchas artiguistas, con todo lo que trajeron, con causas motrices como la colocación, tempranamente, de la idea de independencia absoluta de república, de organización federal de la región, con una fuerte impronta hacia lo social, a favor del mundo indígena y a favor, precisamente, del afincamiento de los gauchos más pobres, el planteo artiguista va a chocar frontalmente con los intereses más conservadores, no solo del puerto de Buenos Aires, del alto comercio, sino con todo lo conservador de la región. Y al final, con Artigas va a sucumbir la pata más popular de la Revolución de Mayo y nunca más veremos en estas regiones en el Río de la Plata un proyecto tan sintético, tan simple y tan profundo hacia toda la importancia de una patria que estaba por hacer. Cosas tan hondas, como fue la “redota”, una emigración en masa, tuvieron que contribuir a ir creando un nosotros subliminal en lo más hondo de nuestra sociedad. Tal vez, al llegar los tiempos en que va a ser juramentada nuestra primera Constitución, el país no tenía más de 75 mil personas, siete mil apenas del otro lado del Río Negro, hacia el norte. Está muy claro que históricamente Artigas nunca se propuso fundar acá un país independiente. La globalidad de su lucha apuntaba hacia toda la comarca que componía el viejo virreinato del Río de la Plata. Pero es innegable que la profundidad de sus luchas fueron dibujando, fueron cincelando, en lo más hondo, por las contradicciones que


enfrentó, el sentimiento de nacionalidad. Es muy distinto el sentimiento de nación que la hechura de un país. El país surge con sus instituciones, y naturalmente que esta Constitución es una especie, un intento de dibujo de un edificio, Y como cualquier Constitución en una sociedad que emerge, es un intento de construir un tipo de sociedad, un modelo de sociedad. Pero recordemos cuánto costó, cuántas contradicciones, cuántos años de lucha en la eterna lucha del imperio portugués por conformar sus límites naturales, como decían, y los intereses de las otras provincias que, luchaban además por su organización y por su existencia. Ambas ‘altas partes contratantes’ dirá entre comillas ese documento fundamental que llama a pergeñar una salida y un gobierno provisorio y que está firmado por las Provincias Unidas y por Brasil. Allí surge una asamblea constituyente que, es bueno recordarlo, junto a varios orientales, en esa asamblea se va a sumar algún peruano, como Jaime Zudáñez, algún chileno, como Solano García y varios argentinos que por primera vez empiezan a ser otra cosa. Hasta allí llegaba la tradición y la historia del país. Hay que recordar que esa asamblea constituyente va a elegir un gobierno provisorio hasta que se hagan elecciones. Ese gobierno provisorio lo va a encabezar Rondeau, un argentino abrasilerado en sus decisiones fundamentales, porque elige dentro de la gente que había estado sirviendo la Cisplatina en gran medida, y nos mete en un conflicto muy duro, del cual por suerte se va a salir evitando la intervención de algunas de las partes contratantes que se habían puesto de acuerdo por un acuerdo, en definitiva como tantas otras veces, entre dos figuras importantes Lavalleja y Rivera. El uno será nombrado gobernador, el otro comandante de campaña, y en ese marco, en ese cuadro, se va a presentar esta Constitución que hoy tenemos que recordar. Es bueno y útil reconocer y recordar algunas cosas, porque la historia es como las raíces de los vegetales: no se ve pero está allí y es bueno recordar la fundamentación que da Ellauri, uno de sus autores, el más importante, al fundamentar su proyecto. Dice cosas como esta: “Saben todos los señores que me escuchan que la Constitución argentina de 1826 es la fuente inspiradora, es el verdadero modelo de nuestro código constitucional, que la máxima parte de nuestros artículos de nuestra Constitución son una copia literal de los artículos de la indicada Constitución argentina”. Y va a decir más adelante: “La comisión no tiene la vanidad de persuadirse que ha hecho una obra original, sería una extravagancia, porque en materia de Constitución poco y nada hay que discurrir después que las naciones más civilizadas del globo han apurado las grandes verdades de la política”, etcétera. No faltaron los críticos de entrada a semejante visión. Pero resumidamente, cuánto hemos avanzado por el esfuerzo de los compatriotas. A partir de aquella Constitución que nos crea un programa en el horizonte, que el país va lentamente a ir francamente superando. De entrada borró el derecho a votar a los sirvientes a sueldo, a los peones, a los jornaleros y a los soldados de línea. Habría que agregar que negó el voto a los analfabetos. Al mismo tiempo fueron, por razones censitarias, muy pocos los habitantes, no más de ocho mil,


que podían obtener la ciudadanía. Para desempeñar la Presidencia, anotaba esta Constitución que el candidato o los candidatos debían poseer un capital de diez mil pesos o renta equivalente. Estamos hablando en valores de la época, que nada tienen que ver con los nuestros. Requería también que los legisladores tuvieran un capital, y lo propio de los senadores. Barrió con las autonomías, con la tradición de los viejos cabildos municipales, y estableció los jefes políticos que eran nombrados por el dedo del Presidente. Naturalmente, si hay un organismo importante que apenas alborea esta etapa de la historia, que había declarado la abolición de la esclavitud, para nada aparece esto en esta Constitución. Mantuvo a los esclavos en su condición al reservar todos los derechos a los hombres libres. Naturalmente, como cualquier programa de intención, sobran los historiadores que señalaron que la realidad del país, cerril y primitivo, poco tenía que ver con el progreso manuscrito que intentaba la Constitución. Un hombre olvidado y, en mi humilde opinión, de una importancia histórica fenomenal, un verdadero hombre de vanguardia en su tiempo, me refiero a Berro, ha escrito: “La Constitución de la República contiene disposiciones que la experiencia de los años transcurridos, desde que fue puesta en vigor, ha mostrado ser muy inconveniente; contiene también otras que esa misma experiencia ha demostrado ser impracticables. Para evitar lo primero y suplir lo segundo, se ha hecho lo que la Constitución prohíbe y no se ha practicado lo que ella manda, es decir, se ha creído encontrar en su violación un bien y un deber, y en su preservación, un mal y una culpa. Excusa de mostrar el desorden moral, el extravío de ideas que esto ha de producir y sus funestas consecuencias”. En otra parte, Berro también va a señalar: “Tenemos una Constitución, hay que hacer el país”. Esta fue la tarea que le va a dar una singularidad a la historia de este país, el peso constructor en esta nacionalidad que ha tenido el Estado, porque nacimos en un pleito de un pleito, formalmente, en una convención de las dos potencias vecinas y con un aval: la presencia inglesa. Pero el país era lo que era, naturalmente. Representábamos un desgarrón, un duro desgarrón. Por algo se definió a nuestro país como la tierra púrpura. El costo que tuvieron nuestros antepasados en esa lenta fragua que va a desembocar en la gestación de una nación es inconmensurable en relación a nuestras dimensiones. Los hechos son demostrativos. El país fue paso a paso superando las limitaciones que no resolvía la Constitución y estableciendo un costoso y progresivo progreso institucional y social. La ola inmigratoria fue reparando muchas de nuestras cicatrices, pero el Estado tuvo una gravitación tremenda, por lo menos, positivamente, en varios picos de nuestra historia nacional. Hoy tenemos que recordar. No se puede agotar en una audición los avatares de ese pedazo de historia del Río de la Plata. Como nacidos en la misma placenta en la Revolución de Mayo, las condiciones y el devenir histórico fueron gestando este espacio que a partir de un entones nacional, pudo construir un país. Es bueno meditar sobre esto y seguramente que hay visiones que son distintas. La historia se renueva. No porque se renueven los hechos. Se renueva nuestro punto de vista en la medida que, con el paso del tiempo, ese punto de vista cambia de época. Por eso estos análisis jamás están


terminados ni están muertos, pero tenemos una tabla de aprendizaje en el sacrificio enorme que hicieron nuestros antepasados para llegar aquí. Ese solo hecho merece consideración y respeto. En la medida que sea posible, hay que hacer un esfuerzo por embeberse de toda esa historia. Caminar hacia el porvenir no es vivir en el pasado. Es, precisamente, atesorar las lesiones más profundas que nos ha dejado el pasado. Por eso nos hemos detenido en esto, con sus defectos, con sus errores, con sus deformaciones, con las limitaciones de su tiempo, con las limitaciones de las clases sociales que encabezaban ese momento histórico. Por la ausencia de los muchos que no estaban. De todas maneras, esa Constitución es un documento de nuestro arranque y de nuestra historia. Debiéramos compararlo con las Instrucciones de don José Artigas y ver por dónde corría un rumbo y el costo que pagó nuestra sociedad.

Desgrabación de audición del Presidente por M24 del 18 de julio de 2013  

En su audición radial por M24, el Presidente de la República, José Mujica, recordó el proceso de creación de la Constitución de 1830. En ese...