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¡ASAMBLEA CONSTITUYENTE

LIBRE, SOBERANA Y CON PODER PARA LAS Y LOS TRABAJADORES! POR LA CONSTRUCCIÓN DE UN PARTIDO OBRERO Este 26 de abril, sin duda un gran contingente de masas irá al plebiscito a aprobar cualquier mecanismo que al menos simule un cambio en la Constitución pinochetista: el rechazo popular a ella es contundente. La trampa constituyente -tanto en su conjunto como cada una de sus partes- es una gran amenaza para el pueblo, ya que levanta la ilusión de que es posible resolver el con -junto de los reclamos populares por la vía de la institucionalidad, sea respondiendo con el ajuste de siempre a las demandas esenciales de la rebelión de octubre, o bien postulando la posibilidad de reformar la democracia burguesa simplemente cambiando la Constitución. Vamos por el Apruebo, porque hacerlo no significa cuadrarse ni con la burguesía, ni su gobierno, ni mucho menos con los partidos de la colaboración de clases que históricamente han sido el muro de con-

tensión de las principales luchas de la juventud y la clase obrera, sino porque imponemos al plebiscito constitucional una campaña con la consigna Fuera Piñera y su gobierno como punto de partida para llevar adelante una Asamblea Constituyente libre, soberana y con poder para las y los trabajadores, con perspectiva a un gobierno obrero y popular. Para las y los revolucionarios que han decidido posicionarse por esta alternativa, sus discusiones, las campañas de agitación y la unidad en la acción respecto al plebiscito, deben permitir además de develar la trampa del proceso, desmitificar el aparato estatal, sus instituciones y organizar en todo el territorio la lucha por el Fuera Piñera, una Constituyente Soberana con poder, y un gobierno de las y los trabajadores. ¡Que el voto no divida a la clase trabajadora!

¡HUELGA GENERAL HASTA QUE CAIGA PIÑERA! ¡POR UN GOBIERNO OBRERO Y POPULAR!

Ejemplar N°1, marzo de 2020.

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PrensaObrera

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//Editorial

Para próximo 26 de abril quedó fijado el referéndum que el gobierno estableció para aprobar el cambio de la Constitución creada en 1980. El periodo revolucionario inaugurado en octubre del año pasado ha cuestionado rotundamente el orden jurídico-institucional heredado de la dictadura y ha puesto como eje de la situación política nacional la reivindicación de una Asamblea Constituyente libre y soberana. El tema es tratamiento obligado de todas las clases en pugna. Contexto histórico El golpe de Estado de 1973 fue la respuesta de la clase dominante contra el desarrollo político independiente de la clase obrera, que se manifestó en el

surgimiento de los cordones industriales como gérmenes de doble poder y en el fracaso de la Unidad Popular para mantener al movimiento de masas en el marco de la legalidad burguesa. Pero no sólo eso; también fue la respuesta de la burguesía nacional frente a la crisis capitalista que, por aquellos años, veía como se disparaba el precio del crudo por la decisión tomada por la Organización de Países Árabes Exportadores de Petróleo de cancelar las exportaciones de combustible a Israel, Estados Unidos y a sus aliados de guerra, cuyo efecto se refractó en una fenomenal espiral inflacionaria de la economía mundial. El conjunto de medidas llevadas adelante por la Junta Militar se tradujo, en la práctica, en una guerra social abierta contra el proletariado que vió cómo se reducía su

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sueldo cerca de un 60% respecto a 1970 y cómo los aparatos represivos destruían sus organizaciones sindicales. Al tiempo que se liberaba el comercio exterior, se privatizaban las empresas estatales, el sistema de pensiones, la educación, la salud, el transporte, etc. Así, en Chile, la imposición a sangre y fuego del modelo capitalista a lo largo de su historia ha dado como resultado una de las sociedades más desiguales del mundo, al punto que ha sido destacada por la prensa internacional progresista debido a la extrema concentración de la riqueza en manos de un puñado de explotadores, frente a los agudos niveles de socialización de la miseria.


La lucha de clases, que estalló sin velo alguno en octubre del año pasado, abre un periodo revolucionario que decreta el fin del modelo social consagrado en la constitución espuria de 1980, cuya administración -por todos los gobiernos democráticos- sólo contribuyó a su fortalecimiento como instrumento de explotación y opresión de clase. En este sentido, aunque la movilización de masas constituye una respuesta instintiva, en ningún caso responde a un carácter espontáneo. Prueba de lo anterior, es que las principales consignas del movimiento (excepto “Fuera Piñera” y “Asamblea Constituyente”) hace años que se han venido expresando en un programa que reflota y se construye en cada lucha aislada y parcial de la clase obrera: la lucha por educación y salud gratuita, por NO + AFP, las luchas de los sindicatos en defensa del trabajo y el salario, etc. Asimismo, las asambleas populares y los métodos de autodefensa de la “Primera Línea” empalman con los métodos históricos de lucha de la clase obrera, representados en los años 70’s por los Cordones Industriales, las Juntas de Abastecimiento y Control de Precios y los Comandos Comunales; en los años 80’s por las jornadas de lucha contra la dictadura; y más recientemente por las asambleas populares e insurrecciones de Aysén, Freirina, Quintero, Puchuncaví, etc. La crisis de la burguesía y su gobierno Ocurre que el gigantesco salto tecnológico observado en las últimas décadas ha determinado el desarrollo de la llamada “cuarta revolución industrial”, cuya repercusión en los niveles de automatización de las cadenas productivas viene

cuestionando la base del capitalismo en términos de su relación con la extracción del excedente económico, a saber: la plusvalía. Así, la disminución extraordinaria del trabajo socialmente necesario para producir y satisfacer las necesidades de la humanidad, ha provocado un impasse mortal en el conjunto de las relaciones sociales imperantes. Las salidas de la clase dominante frente a las constantes crisis de sobreproducción que ha enfrentado el capitalismo bajo la lógica anterior, han consistido en descargar los costos de esas crisis en la humanidad en general y en la clase trabajadora mundial en particular. Más aún: cada crisis que se sucede es la acumulación de contradicciones no resueltas de la coyuntura anterior. Esto ha quedado cruelmente en evidencia para la generaciones más jóvenes que han visto como, desde el comienzo de la presente crisis, la burguesía ha reforzado su papel como clase dirigente no sin hipotecar la supervivencia de la humanidad como especie.

“...el gobierno de Piñera pretendió oficiar una nueva ofensiva capitalista sustentada en el ataque a las ya precarias condiciones de vida de las y los trabajadores...” Al reforzamiento del papel parasitario del capital financiero que desde 2007/2008 ha dado curso a un

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autorescate sistemático -que va desde los multimillonarios salvatajes de la banca en aquel ‘crash’ bursatil, de los bancos centrales como en 2015 en Grecia, Irlanda y Portugal, hasta la política de flexibilización cuantitativa que ha alimentando la recompra de acciones de una economía obsoleta mediante la masiva emisión de dinero adulterado a tasas de interés negativas-, se suma la perspectiva de un colapso medioambiental y el auge de tendencias fascistas como expresión de la impotencia de la burguesía de pilotear una transición hacia un salto civilizatorio que de cuenta de su necesidad histórica de perpetuar el régimen de propiedad privada mediante métodos pacífico-democráticos. Como ha quedado demostrado en América Latina -luego de las experiencias de gobiernos nacionalistas y democratizantes que dominaron la agenda política buena parte de las últimas dos décadas-, las burguesías criollas han claudicado olímpicamente frente a las potencias imperialistas, sumiendo a sus respectivas clases obreras a una mayor desmoralización, al tiempo que aumentaron los niveles de explotación y opresión de las masas y el medioambiente. Lo anterior, ha generado crisis institucionales y profundas bancarrotas de los programas socialdemócratas y reformistas, así como también ha abierto paso a regímenes que pretenden imponer mediante los métodos del Estado de excepción el programa actual del imperialismo yanqui, cuyo lineamiento ha estado marcado por la ruptura de la figura ideológica de la “Comunidad Internacional” y la escalada de la política de la guerra imperialista.


Respecto del gobierno, su crisis se venía incubando desde antes del estallido de la revolución. Piñera llegó al gobierno con el programa del FMI bajo el brazo y aquel estuvo marcado por el desarrollo de la crisis capitalista que estalló entre los años 2007 y 2008 que, como decíamos, amenaza a la economía capitalista mundial y a todo el orden social que deviene de ella. En este marco, el gobierno de Piñera pretendió oficiar una nueva ofensiva capitalista sustentada en el ataque a las ya precarias condiciones de vida de las y los trabajadores. Así, hasta poco antes iniciada la revolución, Piñera juntaba votos con la DC en el Parlamento para sacar adelante sus polémicas iniciativas de ley. Ejemplo de esto es la reforma laboral que, por cierto, persigue dos objetivos: por un lado, flexibilizar aun más la jornada laboral y, por otro, atacar a los sindicatos para restarles poder para negociar. La reforma tributaria y la reforma al sistema de pensiones, dictadas a la carta por el FMI, son otros ejemplos del “paquetazo” contra la clase trabajadora. Lo anterior, sumado al estancamiento/retroceso de salarios, a los masivos despidos y a los constantes y abultados aumentos en las tarifas de los servicios, fueron el combustible que se regó en la pradera chilena, previa al estallido de la revolución.

Coyuntura Como ha quedado demostrado en calles y plazas a lo largo y ancho de todo el país, el proceso iniciado el 18 de octubre pasado es síntesis y suma de cada una de las expresiones de sufrimiento y lucha del pueblo. Con la consigna “no son treinta pesos, son treinta años”, el movimiento de masas dejó claro que su repudio apunta a todas las contradicciones que milicos y “Chicago boys” preñaron en dictadura y que, pasando por todos los gobiernos de turno, han madurado hasta el día de hoy. Además, desde el mismo momento en que las masas irrumpieron en la escena política nacional, han determinado el curso político para conseguir sus objetivos a través de las consignas “Fuera Piñera” y “Asamblea Constituyente”. A pesar de la envergadura de la crisis a la que nos ha arrastrado la burguesía, ella y su gobierno han intentado cabalgarla sin ninguna intención real de cambiar el orden social vigente. Todo lo contrario: ha enfrentado las demandas sociales con una brutal represión y con un simulacro de Asamblea Constituyente. Respecto a la represión, cabe destacar que los 30 muertos, los centenares de personas mutiladas y aquellos que han perdido definitivamente la vista, están en la

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misma línea de la criminalización de la protesta social del gobierno, cuya política alcanza a los miles de luchadores presos, a otros miles de perseguidos, al tiempo que se extiende toda una agenda legislativa que apunta a vandalizar la actividad política de las masas. Así lo demuestra la aprobación el pasado 13 de enero -con votos de gobierno y oposición- de lo que es probablemente el paquete represivo más contundente de los últimos años: la ley “anti-todo” prohíbe que los explotados irrumpan con sus métodos propios, castigando con cárcel inclusive una acción tan inofensiva como “el que baila pasa”. En cuanto al “acuerdo por la paz y una nueva Constitución” -firmado la madrugada del 15 de noviembre por casi todos los partidos del régimen- fue, por un lado, una maniobra desesperada para buscar un equilibrio que, aunque precario, pudiera decantar una solución “pacífico-democrática” entre la radicalidad de las reivindicaciones y la acción de las masas en lucha que amenaza con llevarse puesto al gobierno. Por otro lado, el acuerdo buscaba evitar una salida golpista clásica con plenitud de poderes del Ejército en las calles tal y como lo han reconocido dirigentes del Frente Amplio: o se firmaba el acuerdo o, a la mañana siguiente, los milicos salían a la calle.


Por su parte, el arco de la oposición, lejos de validar el reclamo de las masas, ha jugado un papel profundamente desmoralizador y contrarrevolucionario, ya que ha hecho todo lo posible para legitimar la continuidad política del gobierno y del Congreso. En este sentido, el Frente Amplio y el Partido Comunista han acompañado desde el comienzo la trampa constituyente del gobierno. Su pánico a las masas y su obsesión común por contener la movilización popular han quedado al desnudo en el seguidismo político sin principios que han manifestado, llevando a su militancia a sumarse “con globos y cotillón” al develado simulacro y claudicando en las condiciones mínimas que inclusive ellos mismos habían establecido previamente para su participación. Perspectivas La izquierda revolucionaria -que ha entrado en este proceso sin una perspectiva de poder- debe desarrollar rápidamente las condiciones subjetivas necesarias para seguir jalonando el desarrollo político independiente de la clase obrera y las masas en lucha. En este marco, la creación de un Frente Único de trabajadores y la construcción de un Partido Obrero que acaudille la lucha por un gobierno de las y los trabajadores, se encuentran a la orden del día. La militancia revolucionaria tiene que redoblar sus esfuerzos para rechazar el simulacro constituyente del gobierno y liquidar el poder político de Piñera. Esta es la condición elemental para el establecimiento de una Asamblea Constituyente Soberana, que tendrá como primera tarea llevar a cabo la lucha por el poder real lo cual significa, en última instancia, el desmantelamiento de

las fuerzas armadas para establecer milicias obreras y populares a lo largo del país. El desarrollo del proceso revolucionario impone el objetivo de revolucionar las organizaciones de masas que impulsan este proceso. Es por ello que nuestra intervención en estos organismos debe estimular la creación de los órganos de poder autónomo propios de las masas. Junto a la creación, fortalecimiento y multiplicación de las asambleas territoriales, las y los revolucionarios debemos apuntalar la creación y coordinación de sindicatos clasistas para combatir a la burocracia; construir consejos obreros que se sumen a las luchas de las asambleas; y la creación de un Consejo Nacional de Trabajadoras y Trabajadores, compuestos por delegados electos y revocables, para asumir el poder político del proletariado. En nuestro país se manifiestan todas las contradicciones de una transición histórica. Tanto las fuerzas reaccionarias de los resabios pinochetistas como las fuerzas democratizantes de conciliación de clases, buscan distorsionar la reivindicación de Asamblea Constituyente impuesta por las masas para mellar su componente revolucionario independiente e imponer el ángulo conciliador. Frente a ello, las y los revolucionarios debemos luchar amparados por la claridad de que la Asamblea Constituyente Libre y Soberana representa un pilar político fundamental como puente entre la crisis política, la rebelión popular y un gobierno de las y los trabajadores. Finalmente, debemos impulsar una gran labor de deliberación entre las y los revolucionarios y la clase obrera para alertar que, el conjunto de

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contradicciones que atraviesa Chile, es también el magro velo que cubre el combate de clase contra clase y, por tanto, el antagonismo irreconciliable entre revolución y contrarrevolución. Por el derecho a salud y educación gratuita. NO + AFP Por un salario mínimo de $500.000. No más despidos. Distribución de las horas de trabajo entre ocupados y desocupados, sin afectar el salario. Por la defensa del medio ambiente y fin al extractivismo. Por la defensa de la niñes: abolición de SENAME (creación de organismos independiente de cuidado y protección). Contra las violaciones, los femicidios y la violencia patriarcal. Contra la corrupción generalizada en el Estado. Contra las violaciones a los DD.HH. Por la creación de una comisión independiente de verdad y justicia. Por el juicio y castigo a todos los responsables de los asesinatos, violaciones y mutilaciones. Por la libertad de todas y todos los presos políticos del régimen. ¡FUERA PIÑERA Y SU GOBIERNO! ASAMBLEA CONSTITUYENTE LIBRE Y SOBERANA; ¡POR UN GOBIERNO DE LOS TRABAJADORES!


//Política

Por Ariel Encina, Presidente del Sindicato de la Maestranza San Marco. El gran conflicto político y social que atraviesa a Chile está dado, en parte importante, por una profunda política de ajustes monetarios que han venido siendo impulsados tanto desde el FMI como por el BM. Estas entidades -en su paso por América Latina- han venido dejando la huella de la crisis económica mundial con la clara intención de que los gobiernos de la región apliquen estos “paquetes” para salvaguardar los intereses de los grandes capitales, y así cargar la crisis sobre los hombros de la clase trabajadora. Estos ajustes se han traducido en un gran aumento de precios de las mercancías, de los servicios básicos y en una serie de reformas antiobreras. Producto de la crisis, la cesantía y la carestía de la vida siguen y siguen en aumento. Como ejemplo de lo anterior tenemos que, en su momento, el saliente ministro del trabajo Monckeberg propuso un “proyecto de flexibilidad laboral” la cual encontró una débil oposición por parte de las bases trabajadoras. Mientras,

burócratas amarillentos que representan a la aristocracia sindical -junto al gobierno y la CPC-, dieron su aprobación a las reformas patronales dando, como es usual proviniendo de ellos, nuevamente la espalda a las bases impidiéndoles participar activamente de la lucha.

“... a partir del 18 de octubre del año pasado, la historia ha comenzado a escribirse desde su base social y ya no desde la élite empresarial y política.” Este breve diagnóstico nos sugiere que como Sindicato nos encontremos en constante alerta y fuertemente movilizados para defender tanto nuestros derechos sindicales como nuestros derechos sociales. Es que, ante todo, somos conscientes de que, a partir del 18 de octubre del año pasado, la historia ha

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comenzado a escribirse desde su base social y ya no desde la élite empresarial y política. Por esto, no permitiremos que nadie -mucho menos los burócratas y los partidos del régimenintente autoproclamarse la conducción del movimiento de masas ya que ellos, en sus 30 años de pactos con empresarios y políticos corruptos, nunca han estado realmente interesados en legislar para tener el mejor país que ladran. A pesar de lo anterior, desde hace 110 días las masas han instalado en calles y plazas del país las consignas “Chile despertó”, “Fuera Piñera”, “Asamblea Constituyente”, “Con todo si no pa’ qué” y “Hasta que la dignidad se haga costumbre”, rompiendo de facto con la élite política y con la horrorosa herencia pinochetista. De antemano, reconocemos que, como trabajadoras y trabajadores, nos sentimos profundamente identificados con todas las demandas sociales que han emergido desde nuestra clase. Entendemos también, que ante esto el gobierno se ha hecho el sordo sólo para después responder con “leyes


antiprotesta”, represión, mutilaciones y balas contra las reivindicaciones del pueblo. La juventud, por su parte, y en particular los estudiantes secundarios -que día a día son fuertemente reprimidos-, han venido incrementando sostenidamente sus demandas educacionales y sociales aún cuando la propaganda televisiva los ha tachado hasta el cansancio de delincuentes. Pese a todo los esfuerzos del gobierno, del Parlamento, de la represión y de los medios de comunicación por apartarlos de la lucha de masas mediante la criminalización, la juventud popular no ha abandonado ni las calles ni sus reivindicaciones. Por todo lo anterior, es que no daremos paso atrás con nuestra lucha y seguiremos impulsando todas nuestras demandas. Sostenemos que debe acabarse con el actual sistema de pensiones para que los trabajadores/as jubilados/as al fin vivan, y no sólo sobrevivan; se deben mejorar las

condiciones de salud de todos los servicios públicos; debe haber educación pública y gratuita, junto la eliminación inmediata de las deudas del CAE; así como también debe existir el derecho a la vivienda digna. Chile debe dejar de ser un país extractivista y, con la clase trabajadora como caudillo, debemos dar comienzo a la industrialización nacional con acuerdos de protección medioambientales y la inmediata nacionalización de todos los recursos naturales bajo control y administración de las y los trabajadores.. Por estas y muchas otras demandas que están en las calles y asambleas, llamamos a todas y todos los trabajadores a ser militantes firmes en sus sindicatos y a prepararnos políticamente para ser protagonistas del proceso con una posición clara y disputar, con representatividad desde las bases, el país que queremos construir.

Finalmente, debemos señalar que la crisis económica que azota al país venía incubándose en el tiempo desde mucho antes que estallara el actual proceso revolucionario. Así lo demostró, por ejemplo, el masivo cierre de empresas (pymes) a nivel nacional y el brutal aumento del desempleo y del trabajo informal los meses previos al estallido. Compañeros y compañeras de clase: no caeremos en el discurso de culpar al pueblo y a su protesta como la causante de nuestras adversidades: el culpable es el capitalismo. Ahora, si él y sus defensores quieren demostrar que es un sistema apropiado, entonces que responda de inmediato a todas las demandas que han surgido desde las y los explotados.

¡Que la crisis la paguen los capitalistas y no la clase trabajadora!

creemos que es infame tratar de legislar cambios laborales, sabiendo que desde el 18 de octubre de 2019 se les ha dicho a los patrones y al gobierno que no representan a ningún sector popular, menos aún al sector productivo y su expresión sindical.

Por Ariel Encina, Presidente del Sindicato de la Maestranza San Marco.

trabajadores en caso de que éstos existieran.

Como trabajadores y trabajadoras manifestamos una gran preocupación y malestar debido a la aplicación de leyes y reformas laborales profundamente contrarios a los intereses de los trabajadores, como es el caso del famoso proyecto de flexibilidad laboral. Esto se ha impulsado desde el gobierno sin dar a conocer cuáles son los “grandes cambios” laborales o beneficios para los

Las trabajadoras y trabajadores seguimos sin entender por qué la clase dominante y su gobierno persisten en creer que pueden llegar y modificar leyes de distinta índole sin antes consultar a nadie ni exponer las opiniones desde las bases para, de esta forma, llegar a algún acuerdo. En

nuestro

caso,

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como

sindicato,

Ante estos hechos nos declaramos en alerta. Para abordar estas problemáticas, invitamos a todos y todas las obreras a abrir esta discusión; a organizarnos en Asambleas autoconvocadas para, de esta manera, acordar un gran congreso sectorial para definir las políticas del gremio según cada rama, y avanzar firme rumbo a la construcción del partido independiente que necesitamos.

¡Avanzar al partido de las y los trabajadores!


//Vivienda

Los políticos burgueses y sus juristas siempre han desplegado “todo el rigor de la ley” contra quienes se atrevan a irrumpir en el “sagrado orden” de las cosas. Mientras “lo natural” es que el apoderarse de tierras públicas o privadas sin uso es un delito -ya que las propiedades públicas y privadas están protegidas por la Constitución pinochetista-, “natural” es, para muchas familias sin casa, no tener otra alternativa que hacerlo. Caso extremo de expropiación capitalista es la experiencia del pueblo Mapuche, por ejemplo, que desarrolla su existencia en torno a la lucha de recuperación de sus tierras usurpadas por el mismo Estado. El problema de la vivienda, al hogar, sin embargo, es un mal inherente al desarrollo de la sociedad capitalista que, en época de crisis como la actual, se reproduce y agiganta. En un polo, inmobiliarias se hacen ricas con el precio que ponen a la vivienda mientras, en el

otro, la clase trabajadora endeudada alcanza condiciones que, lejos de ser de vida, son de supervivencia. Hoy por hoy, la clase dominante se niega a conceder cualquier mejora -real o provisoria- a las y los sin vivienda. Más aún, todo el aparataje represivo estatal recae contra quienes osen ocupar terrenos baldíos. La fracción burguesa dueña de inmobiliarias y constructoras se encuentra inquieta debido a que las viviendas no están siendo vendidas al ritmo que la economía requiere para amortiguar los efectos de la crisis. En este sentido, el gobierno de turno ya ha tramitado proyectos que pretenden cimentar cierto piso para que, con ventas “en verde”, los capitalistas puedan recuperar eventualmente los niveles de tasas de ganancia que la crisis ha mermado. Ejemplos de esto, son la aprobación de ampliar los límites de altura en construcciones en varias localidades, y los permisos para edificar

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sobre las ruinas de incendios que afectaron a supermercados durante el estallido de la revolución. Lo anterior, constituye una imperiosa necesidad del capital y sus socios que no se contentan con confiscarnos gran parte del salario obrero, se valen de corrupción, malversación de fondos fiscales y acuerdos truchos en donde, además, casi ninguna institución estatal se salva.

“...la necesidad de tener un hogar (...) hace que la clase obrera y sus hijos no puedan sino endeudarse a un nivel sin precedentes: 30, 35 y hasta 40 años.”


Si se atiende a las cifras que ofrecen diversas plataformas -tanto gubernamentales como independientesvemos que el promedio que invierte una familia para obtener una vivienda es de 8 años de salario íntegro e ininterrumpido. Lo anterior, según ingreso de $913.000 mensuales. Sin embargo, alrededor del 50% de los asalariados percibe el mínimo o sus entradas rondan los $300.000. Así, la mitad de la población trabajadora debe pagar el equivalente a los 25 años de salario mínimo íntegro para una vivienda con los espacios y comodidades apropiados (del precio de unos 70 millones). Una vivienda de 30 millones, cuesta unos 12,5 años de salario mínimo, y así puede continuarse con la relación vivienda-salario (1). Por otro lado, durante los últimos años ha existido un aumento de arrendatarios y subarrendatarios (del 19% al 24% desde 2009 a 2017 (2)) pero, como regla general, los precios que alcanzan las viviendas son cada vez más difíciles de pagar. Sin embargo, la necesidad de tener un hogar conjugada con la incapacidad de adquirirla a un precio acorde a su salario, hace que la clase obrera y sus hijos no puedan sino endeudarse a un nivel sin precedentes: 30, 35 y hasta 40 años. En caso extremo, ocupar terrenos baldíos en la extrema vulnerabilidad, volviendo así a aumentar considerablemente las tomas y campamentos en Chile. Las relaciones salario-vivienda y créditos-préstamos no dan para más y se han convertido en contradicciones que ninguna promesa podrá resolver; pues no depende de la buena o mala voluntad ni del alcalde, ni del ministro, ni del presidente, sino que es un mal del

conjunto de la sociedad capitalista. Con todos los presidentes y ministros ha sido lo mismo. Aunque alguien quisiera hacer “algo bueno por la ciudadanía”, el conjunto de la dominación capitalista se articularía para impedirlo. Es una relación social de propiedad privada en manos de un puñado de explotadores en desmedro de las aplastantes masas, en todo el mundo, aunque con desiguales y combinadas expresiones sin cambiar el fondo de la cuestión: el derecho a tener un lugar donde vivir.

“La coordinación y el fortalecimiento de los comités de vivienda y de allegados constituye hoy una tarea inmediata...” ¿Qué hacer cuando la burguesía dijo “esto es mío”, en un acto originario y legítimo de apropiación? La propiedad del suelo es la fuente originaria de la riqueza y, los dueños del poder y de la riqueza de hoy, han dispuesto toda la maquinaria de su aparato estatal, su parlamento y sus policías, para resguardar su “sagrada” propiedad privada. Las y los explotados sabemos, sin embargo, que sin movilización e intervención independiente no será posible revertir este escenario y, de ser así, seguiremos pagando la crisis capitalista también en esta dimensión. Las y los sin vivienda crecen y se han defendido heroicamente de los ataques policiales y allanamientos; así como

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también crecen y se desarrollan, aun lentamente, sus organizaciones de bases. La coordinación y el fortalecimiento de los comités de vivienda y de allegados constituye hoy una tarea inmediata de cara al miserable panorama que ofrece el capitalismo. Los esfuerzos de la clase obrera y el pueblo necesitan confluir en un organismo mayor, de masas, que pueda concentrar la actual dispersión de fuerzas, coordinar las luchas aisladas que el movimiento “sin vivienda” impulsa, y reproducir esta iniciativa por todos los territorios. Como ha sido claro en Cerro Navia y Peñalolén, en Santiago, por poner algunos ejemplos, los dueños de terrenos y apitutados buscarán sacar multas, aplicar detenciones, desalojos y preferirán tener ratones entre malezas que seres humanos viviendo ahí. Extendemos nuestra solidaridad y brindamos todo nuestro apoyo a las pobladoras y pobladores en lucha por su tierra en Cerro Navia, Peñalolén y en todo Chile. Newen a peñis y lamgen que también luchan por su tierra en todo el territorio. ¡A DEFENDER Y CONSOLIDAR LOS TERRENOS OCUPADOS HASTA LA CONQUISTA DE LA VIVIENDA! ¡A EXTENDER LA SOLIDARIDAD CON LOS MIGRANTES HACINADOS Y SIN CASA! ¡A SOLIDARIZAR CON LAS TOMAS Y A ESTRECHARSE CON SUS COMITÉS!


//Desempleo

En cada comuna, en cada barrio, en cada asamblea, en cada fábrica: ¡debemos combatir el castigo de la cesantía! El Instituto Nacional de Estadísticas (INE) y otras entidades son organismos gubernamentales que adornan, con cifras, la realidad que ofrece la sociedad capitalista. El INE, por ejemplo, destaca que el aumento de asalariados en los últimos meses ha sido de un 2,3%, y asegura que los salarios no han disminuido. Por su parte, el Centro de microdatos de la Universidad de Chile reportó, a fines del año pasado, un fuerte incremento en el desempleo en Santiago del 9,1%, alcanzando a casi 700.000 personas (1). Mientras el gobierno afirma que todos los males llegaron con la revolución, al mismo tiempo esconde que la crisis se venía incubando desde hace décadas y que la irrupción violenta de las masas

sólo vino a catalizarla. El caso del desempleo no es la excepción. Investigadores provenientes de todas las esferas han criticado reiteradamente las fórmulas empleados por “los especialistas” para determinarlo ya que estas estadísticas, en general, omiten a una gran cantidad de personas subcontratadas, cuentapropistas y comerciantes informales que trabajan en condiciones ultra-precarias. Así, creemos no exagerar al sostener que en Chile las familias en esta situación alcanzan a millones de personas.

“... La burguesía, con tal de asegurar sus tasas de ganancia, arrebata a la clase obrera el único derecho que podría garantizarle: el - 10 -

trabajo...” El desempleo, que antes se vio agravado por despidos masivos y cierres de fábricas, hoy se ve catalizado por el estallido revolucionario, siendo la juventud uno de los sectores que más siente la desesperación. Según cifras actuales, un 41% (3) (unas 250.000 personas) aún con “título en mano” se encuentran sin empleo. Así, para muchas y muchos no queda otra alternativa que salir a la calle en busca del sustento y exponerse a accidentes, multas y detenciones. La burguesía, con tal de asegurar sus tasas de ganancia, arrebata a la clase obrera el único derecho que podría garantizarle: el trabajo. Además, tampoco abandona su campaña del terror contra los migrantes y pretende que los trabajadores nos enfrentemos a nosotros mismos con el propósito de dividirnos y desmoralizarnos, buscando evitar a toda costa la unidad de nuestra clase.


“...La lucha contra la desocupación debe conformar un eje central de las reivindicaciones sindicales, territoriales y juveniles...” Por su parte, la burocracia sindical -como era de esperarse- no ha dicho ni hecho nada respecto a esto. Es que a estos agentes de la patronal dentro del movimiento obrero no les interesa que los trabajadores tomen conocimiento en torno a estas problemáticas porque esto arruinaría sus amigables acuerdos en el Parlamento. Además, la “pausa en el diálogo con el gobierno” que ha impulsado la Mesa de Unidad Social ha sido, por un lado, para que su dirección no sea sobrepasada por sus bases y, por otro, para legitimarse como auténticos representantes del movimiento de acuerdo a las orientaciones del PC-FA y

sus aspiraciones electoreras. Esta corriente pone freno a la lucha de clases y acelera los acuerdos con el ala izquierda de la burguesía para contener la lucha, sacar a las masas de la calle y llevarlas por el pantano de la legalidad burguesa, abriendo paso a un reordenamiento que asume un franco carácter frentepopulista.

reivindicaciones va ligada al método de la ocupación de fábricas ante la cesantía.

La lucha contra la desocupación debe conformar un eje central de las reivindicaciones sindicales, territoriales y juveniles: como se trata de una lucha que va dirigida contra tendencias orgánicas del propio capitalismo, su solución también pasa por el impacto directo de la lucha independiente de la clase obrera y las masas explotadas. Así, debemos articular y fortalecer el poder de todas las y los desposeídos para oponerlo al poder de los explotadores.

POR EL TRABAJO PARA LA JUVENTUD: la juventud debe organizarse en forma independiente y movilizarse por trabajo garantizado, de 6 horas de duración, sin discriminación salarial por edad, para completar estudios técnicos y superiores.

CONTRA LOS DESPIDOS: discutir y reivindicar la expropiación de toda empresa que cierre y el establecimiento de escala móvil de las horas de trabajo. La lucha contra los despidos y por estas

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POR EL PLENO EMPLEO: reivindicar el establecimiento de garantía horaria para todo trabajador y trabajadora que busca empleo, la que deberá ser financiada por impuestos directos a las fortunas de los explotadores.

Desde el POR y Prensa Obrera llamamos a organizar, en cada barrio y en cada comuna, comités de obreras, obreros y cesantes para exigir a los gobiernos locales la ubicación inmediata en fábricas y empresas de las familias sin trabajo. Se trata de un combate ya no por la mejora, sino contra la infamia capitalista.


//Trabajadoras

La importancia de la mujer en los procesos revolucionarios Al realizar un recorrido histórico a través del feminismo y de las luchas que hemos impulsado las mujeres en Chile, se desprenden -de manera clara- al menos cinco décadas de una inmensa experiencia histórica: las mujeres hemos militado y participado activamente en todos los procesos revolucionarios, así como también en otros acontecimientos que han significado grandes cambios sociales y en la vida política y social del país en general. Lo anterior se demuestra, por ejemplo, en que antes y durante el período de la Unidad Popular (UP) contribuimos al ascenso de la organización obrera y popular en universidades, liceos, poblaciones, industrias, sindicatos, cordones industriales, y en todos los sectores donde las trabajadoras estuviésemos presentes. Durante la dictadura también combatimos, conformando la retaguardia de compañeros y compañeras detenidas y ocupando diversos roles en la lucha antidictatorial. Luego, durante el pacto de transición hacia la democracia burguesa, las mujeres fuimos la contención emocional en nuestras organizaciones y también fuimos resistencia organizada en las calles contra los atropellos a los derechos

humanos, teniendo, además, que desempeñarnos en torno las funciones “normales” de la doble opresión -tanto capitalista como patriarcal- que determina la sociedad burguesa. Siguiendo con esta tradición histórica -y quizá con más fuerza todavía-, en el período actual las mujeres seguimos militando y seguimos organizándonos bajo la óptica de que esto es la única forma, real, de constituirnos como un poder efectivo que combata los abusos y excesos que este sistema de doble opresión impone sobre nosotras. Así, hoy ejercemos responsabilidad en toda organización: desde direcciones de juntas de vecinos hasta militancias con alta responsabilidades tanto políticas como personales. Lo anterior, demuestra que como parte integrante de la clase obrera tenemos una vasta experiencia histórica en levantar organismos de bases con una clara identificación en la clase trabajadora. Si bien consideramos que es muy importante nuestro activismo y militancia -tanto en épocas revolucionarias como en tiempos de “normalidad”- entendemos que nuestro compromiso y disposición en las cuestiones políticas y sociales se han visto mermados debido a la siguiente contradicción: no tenemos la libertad que tienen los compañeros militantes;

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tenemos que destinar tiempo para los quehaceres domésticos y la maternidad, es decir, debemos “mantener” el funcionamiento de la familia: institución burguesa que, en última instancia, determina la doble opresión que a las mujeres nos aqueja. Sin embargo, antes, esto no fue abordado de manera colectiva: mientras la sociedad burguesa y el aparato estatal revolucionaba sus órganos de coerción política y social, se mantenía intacta la silenciosa estructura y rol de la familia. Por esto, de antemano, indicamos el gran desafío que tienen las organizaciones revolucionarias en particular y la izquierda en general para este período: incorporar la particularidad de la doble opresión en la discusión política y estratégica en torno a las cuestiones relativas al problema del poder. Es necesario abordar estas problemáticas en toda organización revolucionaria y retomar la historia del movimiento obrero internacional pues, ya en las lejanas experiencias de la primera y segunda Internacionales, se tenían claras definiciones en torno a esto: es el Estado burgués el aparato que institucionaliza el dominio capitalista en base a la explotación del trabajo asalariado de hombres y mujeres en general, y en torno a la doble opresión de la mujer en particular.


En Chile, sin embargo, las burocráticas dirigencias del movimiento de mujeres renunciaron a los intereses de las bases que decían representar. La “Ley de despenalización del aborto en tres causales” que impulsó el gobierno de Bachelet en 2015 y que el Congreso aprobó en 2017 sirvió, por un lado, como mecanismo de freno y contención a las miles de mujeres que salimos a las calles a exigir nuestros derechos y, por otro, permitió a sus dirigentas negociar con nuestras necesidades una “salida democrática” con los partidos de la derecha más conservadora. Con respecto a esta Ley, muchos organismos que se han dedicado a monitorear las formas en que se llevan a cabo los abortos en Chile han resuelto que se realizan en condiciones absolutamente humillantes y denigrantes, ya que el derecho a abortar bajo estas tres causales no es más que una trampa ilusoria que queda amarrada a la “objeción de conciencia” de los profesionales que llevan adelante los procedimientos, siendo rechazados, bajo este criterio, más del 50% de los casos. La crisis económica, reformas, y sus consecuencias para las mujeres Frente a la agudización de la crisis económica que amenaza de sobremanera los niveles de acumulación de capital, la clase dominante -a través del gobierno de Piñera y con la complicidad de todos los partidos tradicionales del régimen- busca rescatar parte de esa pérdida integrando aún más a la mujer al “mundo del trabajo” pero, bajo ningún término, pretende mejorar, ni mucho menos revertir, las actuales dinámicas de opresión -tanto materiales como subjetivas- que nos impone esta sociedad.

A lo anterior, se suma el estallido revolucionario -que supera los 100 díasen el cual las mujeres también hemos estado en la primera línea de combate, ya que nuestras condiciones de trabajo -y por tanto de vida- se vuelven día tras día más hostiles. Las mujeres, en la actualidad, somos el 54,3% “pobres” en relación a los hombres, que alcanzan el 45,7%. Lo anterior se explica, por un lado, por los tipos de trabajo (en su mayoría muy precarios) al que las mujeres de la clase obrera tenemos acceso y, por otro, a la condición de “especificidad” que nos relega el capitalismo y que nos diferencia de nuestros compañeros: la doble jornada de explotación (en el trabajo y en el hogar). Además, es importante señalar que 4 de cada 10 hogares tienen jefatura femenina (el doble de lo que existía en 1990) y que el 73,4% de estos hogares son monoparentales, es decir, que son liderados por madres solteras o bien por mujeres separadas. En la actualidad, la Reforma Laboral del gobierno está congelada producto de la gran movilización que se le vino encima. Cabe recordar, sin embargo, que el objetivo de esta reforma busca -en nombre de la “compatibilidad entre el trabajo y la familia”- someter a la clase trabajadora a mayores condiciones de explotación, a trabajos miserables y sueldos de hambre para, de esta manera, cargar la brutal crisis económica sobre nuestras espaldas. Rebeliones actuales y el movimiento de mujeres Las luchas por las reivindicaciones democráticas del movimiento de mujeres en las últimas décadas tienen cabida

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dentro de una época convulsionada por fuertes crisis económicas y, como consecuencia de ellas, por la irrupción de grandes rebeliones populares. Lo anterior refleja que, en general, las masas ya no pueden seguir soportando las condiciones de vida que les impone el capitalismo -un régimen económico y social en descomposición- y que afecta de sobremanera a las mujeres de la clase obrera. Durante el último tiempo -y en muchos países- las mujeres hemos impulsado grandes jornadas de huelga, sobre todo en el marco del Día Internacional de la Mujer Trabajadora. Utilizando uno de los métodos históricos de la clase obrera como lo es la Huelga General, las mujeres hemos denunciado la criminalización y penalización del aborto y hemos puesto en el centro de la “agenda política” el derecho al aborto legal, libre, seguro y gratuito, tal y como lo hicieron las compañeras en Argentina con la marea verde que, por cierto, convocó a miles de mujeres a agitar este derecho en las afueras del Congreso Nacional. De igual forma, en Brasil las mujeres han denunciado masivamente los vejámenes que ha profundizado el ascenso del gobierno fascista de Bolsonaro, quien mandó a matar a Marielle Franco, militante del Partido Socialista reconocida por su compromiso con el feminismo y las disidencias sexuales, motivo por el que se levanta el movimiento Ele Nao. En España, como respuesta al ascenso del partido ultra derechista Vox -que combate las esenciales demandas por las que luchan en la actualidad las mujeres en ese país-, también se consumó la Huelga.


2do Encuentro Plurinacional Mujeres que Luchan

de

A nivel nacional, el fin de semana del 10, 11 y 12 de enero, el mundo del feminismo realizó el 2do Encuentro Plurinacional de Mujeres que Luchan y contó con la presencia de más de 4.000 mujeres de todas partes del país, así como también con compañeras provenientes del extranjero. La instancia, pretendió contextualizar, robustecer y profundizar las demandas feministas y redactar un plan de lucha en conjunto con las organizaciones que participaron. También, se buscó construir un balance del momento histórico que se ha abierto a partir de octubre y así concretar las tareas que este acontecimiento plantea. Sin embargo, las mujeres obreras -según indicaron las mismas listas de inscripción- fuimos una expresión muy minoritaria en el encuentro. Las trabajadoras que asistimos a esta instancia -que se abrió como una gran oportunidad de develar la opresión de la mujer bajo el yugo patriarcal-, pensamos que hacía falta, sobretodo, dotarla de un carácter de clase. Así, es que algunas compañeras -provenientes tanto de organizaciones de izquierda como también de algunos territorios- pudimos ir al fondo del problema y abrir la discusión en torno a la urgente necesidad de barrer con el régimen capitalista, sistema que, en última instancia, mantiene, reproduce y profundiza al patriarcado como mecanismo de coerción social. En nuestro país -como pudo demostrarse en esta jornada deliberativa-, la lucha feminista contra las condiciones materiales que hemos analizado arriba,

no es generalizada. Es que, al no atacar las categorías centrales de la sociedad burguesa (valor, fetichismo, mercancía, explotación, etc.), el movimiento feminista poco puede contribuir de manera seria a derribar aquellas trancas. Lo anterior, queda de manifiesto en su nula intervención en las ramas y sectores estratégicos de la economía nacional, como táctica elemental para la conquista de las demandas que, en su conjunto, ha logrado elevar la revolución en curso. Por una salida obrera y socialista A lo largo de toda la historia del movimiento de trabajadoras, la lucha por el trabajo y la dignidad laboral -así como también la lucha por los derechos reproductivos- han sido nuestras grandes motivaciones y por eso es importante que las mujeres trabajadoras de todos los sectores productivos sigamos esta tradición. Sin embargo, debido a la ausencia de dirección política revolucionaria que aqueja a nuestra clase, las trabajadoras nos hemos visto relegadas a segundo plano en las organizaciones de mujeres que nos convocan, cuestión que se replica con todas sus fuerzas en el proceso revolucionario en curso. Es que, en tanto clase -lejos de actuar de manera unificada- no hemos podido ocupar el rol de dirección que nos corresponde, sino que nos hemos fundido en las masas populares que, por cierto, han sido las verdaderas protagonistas del proceso. Otra de las medidas que busca legislar el actual gobierno -en nombre de esta supuesta “conciliación entre trabajo y familia”-, es el proyecto de Ley de “sala cuna universal”. Bajo el manto de que

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este “beneficio” para niños y niñas de hasta 2 años, se extenderá a toda madre que tenga contrato de trabajo y que cotice en alguna AFP, la Ley esconde que la ampliación de este derecho será pagado por las mismas trabajadoras y trabajadores a quienes se nos hará un descuento mensual del 0,1% del salario que iría a un fondo común y que sería administrado por algún organismo público. Sumado a lo anterior, el proyecto aparta del derecho a todas y todos nuestros hijos si es que somos trabajadoras no remuneradas, como también se negaría a quienes tenemos trabajos informales. Finalmente, cabe mencionar que, si bien la creación de este “fondo público” tuvo relativa aceptación en el Senado, quedó nuevamente al descubierto que quienes administrarán este fondo de financiamiento son los capitalistas (igual que las AFP) lo que, en consecuencia, generará un camino explícito a la privatización del financiamiento de la educación parvularia, ya que esto se haría con la misma plata que los capitalistas estarían recortando de nuestros salarios. A modo de conclusión, tal y como hemos venido analizando hasta aquí, la actual situación laboral para nuestra clase es desoladora y se intensifica en relación a nosotras las mujeres, quienes hemos tenido que cargar históricamente con la tendencia al empobrecimiento, la marginación del extremadamente competitivo mercado laboral, los salarios y jubilaciones de hambre, los trabajos precarios y la doble jornada de explotación.


En este sentido, el estado de organización de las obreras es nulo o casi nulo, cuestión que a las y los socialistas nos empuja a agitar con fuerza la intervención política independiente de la clase obrera: sí, independiente de los programas y partidos reformistas y patronales, llevando esta independencia política a todas nuestras organizaciones de bases y a todos los ámbitos de la vida política y social: a nuestros sindicatos, a nuestras asambleas, y asimilando este principio como elemento irreemplazable y vital para la construcción del Partido que nuestra clase precisa para su emancipación. Si bien nosotras somos quienes debemos levantar estas consignas, deben ser, a su vez, reclamadas por el conjunto de la clase obrera para la real obtención de derechos y en igualdad con nuestros compañeros de clase. Porque la múltiple opresión que sufrimos las mujeres es ejercida tanto por el aparato del Estado burgués, el conjunto de sus instituciones y la Iglesia, definiciones que nos muestran que, en realidad, nuestro combate no es de géneros sino que, en todas las dimensiones de la vida social y política, es de clase contra clase: es contra el capitalismo y por la vida. Reiteramos: la lucha que reivindicamos es de clases, y los hombres trabajadores deben hacer de su lucha la lucha por la emancipación de la mujer. En este respecto, resulta indispensable observar y relevar todos los elementos en torno a la opresión que han perpetuado al patriarcado y a la relación social en tanto opresión de la mujer por el hombre, basados en el sello de la defensa y resguardo de la propiedad privada.

Toda la clase trabajadora debe luchar por trabajo genuino y por el reparto de horas disponibles entre desocupados. Porque por ningún motivo el sólo “reconocimiento constitucional” termina con la doble jornada de explotación hacia la mujer, luchemos por la socialización del trabajo doméstico con la creación de comedores y lavanderías comunitarias en todos los barrios del país; por un plan de lucha que ponga sobre el tapete la exigencia al Estado de guarderías públicas y gratuitas en los lugares de trabajo y estudio; por la extensión de licencias maternales y paternales; por beneficios por nacimientos, enfermedades, y por real cobertura de los cuidados de las personas mayores. No somos las primeras en llamar a la insurrección proletaria contra el capital. La bandera de la revolución posee una historia tan antigua como extensa es la tradición de lucha y organización del movimiento obrero. Somos herederas de las millones de proletarias del mundo que han vertido su sangre por nuestra clase, formando sindicatos, asambleas, difundiendo las ideas del socialismo y combatiendo directamente a nuestros enemigos de clase. También, somos portadoras de la vasta experiencia de derrotas a las que nos han llevado, una y otra vez, los programas y partidos burgueses y los que concilian con ella, perpetuándolos en el poder. Nuestro llamado a las obreras es a hacerse parte de las reivindicaciones socialistas de nuestra clase y, en general, de todas las reivindicaciones del pueblo: porque sólo la transformación completa de la sociedad sobre nuevas bases

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sociales hará posible la emancipación real y completa de las mujeres y de todos y todas las trabajadoras del mundo. ¡A igual trabajo igual salario! Abolición de la esclavitud: ¡por la socialización del trabajo doméstico! ¡Extensión de licencias maternas y paternas, con cargo al patrón! ¡Guarderías públicas y gratuitas en trabajos y lugares de estudio! ¡Coberturas por enfermedad y cuidado de personas mayores! ¡Establecimiento de lavanderías y comedores comunitarios! ¡Por un movimiento de mujeres compuesto por las trabajadoras y jefas de familias! ¡Por una nueva constitución, elaborada desde la independencia y soberanía de las asambleas populares! ¡Que la crisis la paguen los capitalistas y no las mujeres, ni la clase trabajadora en su conjunto! ¡Por un gobierno de los y las trabajadoras! LAS TRABAJADORAS MARCHAMOS RUMBO A LA HUELGA GENERAL PRODUCTIVA EFECTIVA HASTA QUE CAIGA EL GOBIERNO DE LA BURGUESÍA, HASTA QUE CAIGA PIÑERA Y SE VAYAN TODOS.


//Pensiones

Después de llegar a acuerdos tras bambalinas con parlamentarios de la “oposición”, Piñera anunció el pasado jueves 16 de enero por cadena nacional su reforma de pensiones. Como principal medida, proclamó subir la tasa de cotización en 6% donde, 3 puntos irían a las cuentas de ahorro individual, y los otros 3 serían administrados por un “ente estatal” de ahorro colectivo. En medio de la brutal crisis económica y política que recorre el país de punta a punta -donde unos de los principales reclamos ha sido el fin de las AFP-, Piñera “sale de la cueva” para intentar sacar adelante una reforma de rescate de las AFP, que en ningún caso mejorará la situación -ni actual ni futura- de los y las jubiladas. De paso, Piñera aprovechó de concluir su presentación haciéndole una gran propaganda a su agenda represiva con la que pretende criminalizar la protesta social que, durante todos estos meses, no ha sido capaz de contener. Si sigue la capitalización individual, se defiende a las AFP Al comenzar la cadena nacional, Piñera se apura en sostener contradictoriamente que la reforma será “estructural”, al tiempo que oculta cualquier modificación a la principal viga que sostiene la estructura de las AFP: la capitalización individual. Es más, profundiza este mecanismo de ahorro obligado por el cual las AFP desvían

salarios obreros para financiar a los grandes grupos empresariales, subiendo la cotización en un 6%. Este aumento de la cotización -bajo la máscara de que “aumentarán las pensiones”- es un nuevo atentando contra los salarios -que ya son extremadamente bajos- ya que el descuento mensual que gana la gran mayoría de los y las trabajadoras pasará del 12,5% a casi el 19%, contando las inmensas comisiones que cobran las AFP para administrar dinero de los y las trabajadoras para sus negocios: cada AFP cobra cerca de 1.000 millones de dólares por comisiones al año. Bajo estos términos, el aumento de la cotización sólo engordará el monto billonario que mes a mes se recortan, de millones de salarios, los pulpos capitalistas para nutrir la inversión privada y la especulación financiera. Como decíamos, el aumento de las pensiones a largo plazo es una “máscara” ya que no es necesariamente lo que ocurrirá. Es reconocido -tanto por defensores como de detractores de las AFP- que la rentabilidad de los fondos previsionales va a la baja en el mundo. Por tanto, lo que podrían “ganar” los trabajadores con un ahorro individual mayor se perderá: ya sea por efectos de la caída de rentabilidad tendencial, o bien por efectos de una quiebra financiera internacional, como ocurrió en 2008. De esta forma, el alza de las pensiones inmediatas que promete Piñera de

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$56.600 a los hombres -que tengan un mínimo de 12 años de cotización- y de $70.000 para las mujeres -con mínimo 8 años-, está por verse. En el mejor de los casos -si la promesa se cumple- el incremento iría sobre la mísera pensión de $150.000 promedio que reciben los y las jubiladas desde las AFP. Lo anterior, sin mencionar las y los miles de trabajadores informales y desocupados crónicos a quienes sólo les espera intentar mendigar una pensión básica solidaria que, por cierto, luego de estallada la crisis el gobierno equiparó en monto a la denigrante “línea de la pobreza”. Piñera miente cuando dice que el 6% adicional será pagado por el “empleador”, ya que los mismos economistas y especialistas burgueses han dejado en claro que bajo el actual escenario económico y frente a esta nueva cotización adicional, los empresarios traspasarán el costo a los y las trabajadoras reduciendo el salario líquido. La clase dominante deja caer este garrote anterior en momentos en que el endeudamiento se come, en promedio, el 75% de los recursos disponible de los hogares chilenos. A modo de conclusión, sostenemos que bajo esta reforma sólo se avizora un incremento de la miseria social que, por cierto, avanza al ritmo de la crisis económica.


NO + AFP Como vemos, el principal anuncio de esta reforma va, por un lado, en contra de las y los trabajadores y, por otro, en favor de las AFP; y choca de forma directa con la lucha que se viene desarrollando por años bajo la bandera de NO+AFP. Piñera plantea que un 3% de la nueva cotización irá a “un fondo de reparto solidario”, intentando igualarlo con el mecanismo que propone el programa de la Coordinadora Nacional de Trabajadores NO+AFP. Lo que oculta, es que ese 3% ya no será desviado a compañías de seguro así como tampoco a organismos financieros relacionados con el mundo de las AFP (que serían a quienes les licitaría la administración de estos fondos), sino que el modelo se replicará a otros especuladores que obtendrán ganancias con los ahorros jubilatorios, como ya lo demuestran a partir de la administración de los recursos estatales con los cuales se pagan las miserables pensiones básicas solidarias por vejez e invalidez. La CNT NO+AFP agita en su programa el fin de las AFP y que en su reemplazo se monte un organismo estatal bajo una lógica de reparto, de solidaridad entre activos y pasivos y con un financiamiento tripartito, esto es, donde contribuyan trabajadores, capitalistas y el Estado. El modelo promete que ninguna pensión será menor al salario mínimo. Sobre la cotización, estiman que ésta debe subir a un 18%, donde sea el patrón quien cotice un 9%, el trabajador otro 9%, y en donde el Estado ponga un fondo

anual de “reserva técnica” para, por ejemplo, entregar pensiones solidarias a las mujeres que nunca han cotizado y para completar los recursos de quienes tengan una pensión por debajo del salario mínimo. En Prensa Obrera, consideramos que es necesario reconocer estas medidas como parte de una propuesta “progresiva” en las actuales condiciones: si la cotización baja al 9%, el salario liquido sube; si el patrón cotiza el 9%, la pensión sube. Muchos de los parlamentarios de “oposición” que antes apoyaban estas medidas, han echado pie atrás y han salido a cuadrarse con el engaño del gobierno. Es necesario que esta situación sea discutida con las y los compañeros de la CNT NO+AFP y que se rechace con fuerza la reforma de Piñera. Debemos extender esta discusión en los sindicatos y en las asambleas populares para unirnos y enfrentar con fuerza esta brutal arremetida del gobierno capitalista. Por una salida obrera y socialista Piñera sabe que esta reforma -o cualquiera que los gobiernos de turno osen levantar- favorece el interés privado de un puñado de explotadores en desmedro de las necesidades sociales de las grandes masas: la reforma tiene un marcado carácter de clase capitalista y se propone ser parte del conjunto de medidas que atenta sobre las condiciones de vida de las masas y sobre las posibilidades de un desarrollo político y organizativo de lucha independiente. Asimilando lo anterior, al final de su cadena nacional, Piñera hizo un llamado

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a todos los partidos con representación parlamentaria a apoyar todas las medidas represivas con las que pretende criminalizar y castigar a quienes se movilizan en contra del hambre, por el derecho al trabajo, al salario, y por todas las necesidades postergadas. Es urgente forjar la unidad con todas las organizaciones de luchadoras y luchadores que se planteen el fin de las AFP y donde podamos también comenzar a discutir un programa obrero y socialista para salir de la crisis jubilatoria. Por lo anterior, a través de Prensa Obrera y desde nuestro espacio de contrucción del Partido Obrero, POR, hacemos un llamado a la discusión para preparar -con el conjunto de la izquierda y la clase trabajadora- una Huelga General bajo un programa que contemple la lucha por una pensión equivalente al 83% móvil respecto del último salario laboral; que ninguna pensión este por un monto menor a un salario mínimo de $500.00; por la restitución inmediata y real de los aportes patronales; por la eliminación de contribuciones y transferencias de todos los cotizantes y sus ahorros; y construir un nuevo organismo estatal de fondo de pensiones bajo control y administración de representantes de las y los trabajadores activos y pasivos. Así, por ejemplo, se recuperan los 10.000 millones de dólares anuales de cotizaciones que se generan (unos 774 mil millones de pesos); pero ya no para que los usen los capitalistas, sino para el pago íntegro de pensiones y para ser usados en beneficio de toda la clase trabajadora.


//Carestía y Crisis

Frente a la carestía de la vida, debemos fortalecer e impulsar los métodos independientes de la clase obrera y preparar la Huelga General contra el gobierno. La ofensiva del capitalismo contra el proletariado se materializa en todas las dimensiones de la vida social y tiene como objetivo, por un lado, asegurar los niveles de las tasas de ganancia de los patrones y, por otro, atentar contra la calidad de vida y trabajo de las masas. Pero esto no es todo: la crisis capitalista afecta directamente los precios de las mercancías lo que, para la clase obrera, se traduce en un ataque directo que pulveriza sistemáticamente tanto sus salarios como sus jubilaciones. La realidad en torno a la carestía de la vida -que supera ampliamente el salario de la familia trabajadora- es la siguiente: la salud sube en un promedio de 5,3% anual; la enseñanza universitaria en un 4,8% y el servicio de enseñanza en institutos profesionales un 5,9% al año

(1). Los medicamentos más solicitados (para uso en niños y tercera edad) subieron en un 89% sus precios en 4 años. El pasaje de transporte, sólo en Santiago equivale a 6 panes en la mesa obrera, que al mes equivale a casi una décima parte del salario mínimo (sólo destinado en viajes trabajo-hogar, no recreativos). En cuanto a frutas, el tomate subió un 12,7% y el limón 14,1%, siendo los más elevados junto con los precios de la carne y los servicios básicos (2). Por supuesto, aquí no están contempladas las variaciones que sufren los precios en todo ámbito producto de temporada de vacaciones, feriados y fines de semana largo que, como sabemos, los pulpos capitalistas aprovechan para duplicar y hasta triplicar. Por otro lado, usando como cobertura las “súper ofertas” y los “ciberdays”, la burguesía busca valorizar las mercancías que no ha podido poner en circulación, producto de la cada vez mayor dificultad adquisitiva de las masas sino en base al endeudamiento,

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pulverizando así salarios y jubilaciones de hambre.

“... La crisis comienza incluso a superar los niveles de los primeros años de la década de los 80...” Por supuesto, para los ministros capitalistas, especialistas burgueses e instituciones como INE o el Banco Central, las cifras se encuentran dentro de los márgenes de “lo tolerable”, aunque ya han pronosticado que la situación no mejorará al menos hasta mediados de 2020, ya que el inicio de éste estará marcado por una cifra de desempleo que llegaría al 10% y un IPC en aumento (3): la crisis económica comienza incluso a superar los niveles de los primeros años de la década de los 80.


Aunque a 110 días del 18 de octubre la burguesía chamulla que “la cesantía se está estabilizando”, se presenta un frente de batalla nuevo y muy serio: el alcance de la guerra comercial y las tentativas imperialistas en Oriente Medio imponen el alza internacional del petróleo que toca techo en los altos aranceles que establecen las fronteras aduaneras de los países exportadores. La provocación yanqui en Irán golpea de manera generalizada en la economía mundial ya que, al ser atacados, los capitales petroleros se resguardan y, a modo de “desquite”, aumentan los precios de su materia prima. Esto, de agudizarse, sin duda se resentirá en el plano nacional y el daño se expresará en forma de cargo adicional para los consumidores, debido a una (nueva) suba generalizada del precio de las mercancías.

“...impulsar comités compuestos por

trabajadores, desocupados y cesantes; constituir comisiones de agitación contra el aumento del costo de vida e impulsar la discusión sobre métodos de abastecimiento obrero..” En Prensa Obrera, creemos que la solución no puede ser otra que la organización de la resistencia de clase conjunta a esta y todas las infamias capitalistas. Mientras el reformismo dilata la impostergable lucha por trabajo y salario con manifestaciones ceremoniales y maniobras electoreras,

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los sectores de vanguardia pelean y sabrán arrastrar a toda la clase a la lucha. Hoy, estudiantes, el movimiento de mujeres y la Primera Línea están encabezando la lucha de resistencia, y algunos sectores de la izquierda ya plantean la lucha por los $500.000 de salario mínimo e, inclusive, los $600.000. Todo el pueblo trabajador debe impulsar la construcción de comités compuestos por trabajadores, desocupados y cesantes; constituir comisiones de agitación contra el aumento del costo de vida e impulsar la discusión sobre métodos de abastecimiento obrero en las asambleas populares, frente a la brutal carestía de la vida. ¡CON LA HUELGA GENERAL COMBATIREMOS TAMBIÉN LA CARESTÍA DE LA VIDA!


//Escuela de Trabajadores y Trabajadoras

Los inicios del siglo XX estuvieron marcados por grandes acontecimientos históricos, como es el caso de la primera gran crisis del sistema capitalista y el estallido de la primera revolución proletaria mundial en 1917. También, contamos dos guerras mundiales imperialistas así como la lucha de clases internacional que llevó adelante el proletariado de muchos países, pariendo jóvenes Estados obreros por un lado, y apoyando luchas independentistas de algunos países coloniales, por el otro. Frente al fortalecimiento de la perspectiva política de la clase obrera a través de su lucha por el poder y en torno a la construcción del socialismo, la burguesía internacional enfrentó la perspectiva de su propia extinción a través de una política de emergencia: los llamados “Estados de Bienestar”. Sobre un minucioso análisis de la lucha de clases, la estrategia política en torno a la construcción de los Estados de Bienestar consistió en una lucha implacable de la burguesía contra el avance independiente de la clase obrera y su lucha socialista. Así, la clase dominante

impulsó la implementación de políticas públicas expansivas para cubrir las necesidades básicas de las masas -educación universal y gratuita, salud, pensiones, vivienda y otros- con el objetivo de proceder a la cooptación de la clase obrera y de las capas medias de la sociedad bajo la ilusión ideológica de la superación de las contradicciones de clase. Sin embargo, la dinámica interna de la crisis capitalista fue superada y la estrategia de los Estados de Bienestar fracasó pues, la crisis volvió a reflotar -a fines de la década de 1960- cuando culminó el agotamiento de las condiciones de desarrollo capitalista de la posguerra, suceso que encontró su mayor expresión en la declaración de la inconvertibilidad del dólar y en la gran crisis mundial de 1973/85. Fue la perspectiva revolucionaria mundial abierta por este período de crisis, la fuerza que catalizó el viraje que llevó al capital internacional y a las burocracias rusa y china a plantearse una reorganización de las relaciones sociales de alcance mundial. Por una parte, y como producto de la

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crisis capitalista, el mayo francés de 1968 -que se caracteriza por ser la mayor huelga general de toda la historia del capitalismo- inaugura un período político revolucionario de alcance mundial, y constituye una experiencia que marcha inseparable junto a la rebelión proletaria checoslovaca contra la burocracia estalinista, siendo estos sucesos claros reflejos de la ausencia de una dirección revolucionaria internacional para dirigir la lucha del proletariado mundial en contra de la burguesía imperialista y la burocracia contrarevolucionaria. Es posible, también, contar con grandes luchas como la del Cordobazo en Argentina; las huelgas generales en Uruguay; la Asamblea Popular en Bolivia; la victoria de la Unidad Popular en Chile y el subsiguiente desarrollo de formas de poder obrero con los Cordones Industriales; la revolución en Portugal que en 1974 se llevara puesto al dictador Salazar; en definitiva, un gran movimiento obrero y de masas a nivel internacional.


Por otra parte, el mayo francés también inaugura un período contrarrevolucionario: en ese mismo año se produce la masacre de millones de militantes en Indonesia y en la Plaza de las dos Culturas en México y, años más tarde, en 1973, el golpe de Pinochet en Chile. Ahora bien, una de las particularidades fundamentales que distingue a la dictadura de Pinochet respecto de otras dictaduras y golpes es que, bajo la ilusión ideológica del ”neoliberalismo”, la clase dominante criolla impulsó el papel de subordinación de la economía chilena frente al imperialismo, además de reforzar el rol preponderante del capital financiero, pasando, sin escalas, de la última crisis del Estado desarrollista a la perspectiva de un capitalismo altamente parasitario. En Chile, el llamado neoliberalismo tuvo su origen a partir de un intercambio de estudios que realizaron estudiantes de economía de la Universidad Católica en la década del 50’. Luego del golpe de Estado de 1973 y de pugnas al interior de la Junta militar entre corporativistas y neoliberales, se imponen los últimos que, junto a su ideólogo Jaime Guzmán a la cabeza y con “Ladrillo” en mano, comienzan a implementar un profundo cambio a nivel económico, político, social y cultural. “El Ladrillo” fue el programa del golpismo para afrontar los efectos de la crisis capitalista en

Chile y su contenido estratégico se puede resumir en tres objetivos fundamentales:

reformas hubieran sido imposibles de imponer sino a través del método del terrorismo de Estado.

1) La completa integración de Chile al circuito de la economía mundial como país primario exportador;

Así, la lucha de clases que estalló el 18 de Octubre se inscribe en un nuevo período revolucionario mundial que estremece de cabo a rabo al continente latinoamericano y que, para la particularidad de nuestro país, decreta el fin del modelo “neoliberal” consagrado en la Constitución espuria de 1980. Prueba de lo anterior, es que las principales consignas del movimiento como “Educación y Salud gratuita”, “NO + AFP”, “Renacionalización de recursos naturales”, etc., apuntan al corazón del modelo de acumulación heredado de la dictadura pinochetista.

2) La destrucción de la fuerza productiva restante mediante la privatización de la industria estratégica y los servicios sociales, además de la desindustrialización del país; 3) Un violento ajuste a las condiciones de vida de la clase obrera y la destrucción de su organización sindical. El período que ha abierto la galopante crisis económica del capitalismo encuentra a la burguesía internacional buscando las condiciones políticas necesarias para llevar adelante una guerra generalizada contra las condiciones de vida de las masas a nivel mundial. Lo expresan así, por ejemplo, las editoriales de periódicos financieros que, junto con rogar por acuerdos entre el imperialismo yanqui y la burocracia china, diseñan estrategias políticas para imponer las medidas de austeridad dictadas por el Fondo Monetario Internacional. Es así como los acontecimientos históricos refrendan los dichos del referente neoliberal Milton Friedman, quien antaño reconoció que estas

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La lucha por la Asamblea Constituyente Libre y Soberana que hoy libran las masas para barrer con esta herencia es el eje de ataque al poder político de la burguesía y, a su vez, la destrucción del poder político de la burguesía es la condición fundamental para llevar a cabo una real Asamblea Constituyente. Bajo este mecanismo se desenvuelve la necesidad de un gobierno de la clase trabajadora para luchar por una perspectiva socialista y superar la barbarie a la que nos ha arrastrado el capitalismo.


//Debate sociedad, lo cual no constituye un problema de orden moral sino social: el capitalismo en decadencia necesita de sus brutales guardias pretorianas. No se puede pedir peras al olmo: sólo el movimiento de masas y sus organizaciones de clase pueden, efectivamente, desarmar a la policía y ajustar cuentas históricas con sus explotadores. Por supuesto que hay que trabajar para ello pero, al menos, vamos despejando el camino que el “confusionismo” nos intenta bloquear. Una idea que se promueve en la izquierda -a propósito de la violencia policial que el Estado chileno ha descargado sobre manifestantes durante estos meses-, es aquella que promueve la necesidad de “disolver a la policía militarizada y crear una nueva policía que cumpla con los estándares de un país democrático”, y similares. La disolución de Carabineros es una idea que toma fuerza desde organizaciones como el FA, PTR, hasta personajes como Enríquez-Ominami, del PRO. Aparentemente, la idea de “democratizar” la policía parece una demanda legítima e inofensiva pero, en lo concreto, se traduce en una consigna que mantiene a los explotados en la absoluta pasividad y deja la resolución de la lucha de clases -y, por supuesto, la cuestión del poder- en manos de la clase dominante, el parlamento, las instituciones y sus partidos. Y es que este planteamiento pretende convencer, por un lado, de que el capitalismo puede ser efectivamente democrático para todos los miembros de la sociedad y que las fuerzas del orden burgués pueden ser imparciales para, al fin, contar con legitimidad democrática frente a las masas y de esta forma asegurar la paz social. Por otro lado, esta idea busca sumergir la lucha de la clase obrera y su juventud en la cloaca de la legalidad burguesa al anular la necesidad histórica del proletariado de armarse y hacerle frente a sus opresores, desviándolo así, del requisito indispensable del desarrollo de la autodefensa de masas y del empuje de los métodos históricos de la clase obrera

en el marco de su lucha revolucionaria por el poder. Es que, la lucha de clases se ha agudizado y la represión se intensifica día a día sumando más de 3.649 heridos por mutilaciones oculares, disparos de balín con armas antidisturbio y disparos de bombas lacrimógenas apuntadas directamente a la cabeza, además de las 5.558 personas que han denunciado la violación sistemática de sus derechos humanos y los cerca de 31 muertos, incluido el reciente asesinato de Jorge Mora, “el Neco”, luchador, dirigente social e hincha de colo-colo, brutalmente atropellado por carabineros; son la expresión del avance de un Estado policial de facto que determina el rol de las policías frente a la crisis: la defensa de la propiedad y de los intereses de los dueños del poder y la riqueza, junto con garantizar el pleno funcionamiento del orden público capitalista y del ejercicio de sus mecanismos de coerción. El valor de uso de la fuerza de trabajo de policías y milicos está determinado, principalmente y entre otros roles, por su habilidad para reprimir o para infiltrarse en organizaciones de izquierda y del movimiento popular, perseguir activistas, secuestrar militantes, castigar dirigentes, torturar luchadores, etc., y el uso de esta fuerza está directamente relacionado con esas tareas. No se trata ni de promesas ni de buenas intenciones y, en la medida en que se alimenten ilusiones en el Estado, en sus gobiernos o en los aparatos burocráticos, sólo se preparará el camino para nuevas frustraciones y derrotas. El carácter de las instituciones policiales es de clase y eso determina sus funciones en la

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Ahora que la burguesía y el gobierno busca ganar tiempo conduciéndonos a la trampa del “proceso constituyente”; ahora que se fortalecen día a día los instrumentos represivos; ahora que tanto oficialismo como “oposición” promueven contener el desarrollo independiente de la clase obrera y el pueblo; ahora que comienza a encontrar eco en la militancia y activismo de izquierda la idea del “desarme”, “disolución” y “desmilitarización de la policía” -al mismo tiempo que ésta hace de las suyas a pesar de las miles de denuncias y condenas a su actuar represivo desmedido, las revolucionarias y revolucionarios debemos impulsar más que nunca la discusión en torno a la consolidación de la autodefensa de masas y a poner en perspectiva la formación de milicias obreras y populares, al tiempo que promover la idea de la unidad de todos y todas las trabajadoras. Por último, sabemos que si la clase dominante aceptara “diluir” a sus policías, sería sólo para hacerlo en otras estructuras de manera que puedan “profesionalizarse”: una especie de correccional para que, en el futuro, repriman al pueblo con métodos “de joyería”. La idea de poner en perspectiva el desarrollo miliciano -en oposición a la idea de la “disolución” de policías- es una forma de remecer la pasividad de la clase obrera y el pacifismo pequeño-burgués hacia los explotadores y sus guardianes. En consecuencia, busca impulsar los métodos independientes del pueblo que lucha.


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Por Tito Fuentes de Prensa Obrera Talcahunao. Enero 2020. El año 2019 termina con un escenario mundial de rebeliones y violentos enfrentamientos. Los chalecos amarillos en Francia, la sublevación de Haití; las grandes huelgas y manifestaciones en China e India; los estallidos sociales que derrumbaron a los regímenes de la Argelia y Sudán; la explosiva lucha de las mujeres. Todas rebeliones populares y estallidos sociales impulsados por el motor de la crisis capitalista y la pobreza a la que son sometidos el conjunto de las y los explotados. Los “paquetes” económicos de Bachelet a los empresarios quebrados el año 2009, fue a través del Fondo de Estabilización económica y social (FES), con el dinero de todos los chilenos, y no detuvo la crisis capitalista. Todo lo contrario. Estamos en presencia de una fuerte tendencia al colapso financiero que adquiere características catastróficas, expresadas en los cierres de empresas y las pérdidas de puestos de trabajo en todas las áreas de la producción y los servicios públicos. El aumento cesantía

incontrolable

de

la

A mediados del 2019, el presidente del Banco Central había señalado al parlamento de una fuerte alza del desempleo en nuestro país producto de los embates internacionales de la crisis.

De los antecedentes recogidos en la Dirección Nacional del Trabajo se desprende que desde octubre a diciembre del 2019 se perdieron 140. 371 puestos de trabajo por “necesidades de la empresa” (Art. 161, inciso N°1 del Código Laboral), solo en el rubro de la construcción. El sector metalmecánico prácticamente está desmantelado; asimismo en la educación se ha visto un significativo aumento de despidos de profesores y personal administrativo. La importación de productos manufacturados en forma indiscriminada, sin barreras arancelarias, coloca en jaque a la industria nacional. Tomemos como ejemplo la fábrica de calzados Guante & Gacel que gráfica el drama de la manufactura en Chile, que, con 88 años de trayectoria en la fabricación y comercialización del calzado decidió cerrar su fábrica ubicada en San Miguel. La compañía contaba con 34 tiendas a nivel nacional, 7 en Argentina y 2 en Perú. La decisión implica la desvinculación de 283 trabajadores. Sin embargo, mantendrá algunos canales de distribución y el departamento de diseño, pues, enviará a China la confección de los calzados. La alternativa recurrente en el mercado del calzado, y es calificada como una exitosa transición por los especialistas burgueses, es reducir o eliminar la producción propia y contratarle en Asia a costos más competitivos para concentrarse en el valor agregado y la

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comercialización. Este fenómeno ya es una norma para las multitiendas y retails especializados, quienes colocan en vitrina la tendencia del fast fashion que, imitando el modelo de las grandes firmas, llevan a oriente sus diseños basados en las tendencias mundiales para comercializarlos en Chile y en los países donde se tiene presencia. Al cierre de calzados Guante & Gacel, se suma el cierre de la fábrica Albano, productora de los populares calzados Beba, de calzados Shoes & Shoes y de los famosos calzados Hush Pupies made in Chile. Tal como señala Trotsky en el Programa de transición (1938) sobre “las premisas objetivas de la revolución socialista”, dando luces para la caracterización contemporánea de la crisis capitalista, “el crecimiento de la desocupación ahonda a su vez la crisis financiera del Estado y mina los sistemas monetarios vacilantes”. Por lo anterior, para este período de movilizaciones, es importante denunciar a la burocracia sindical de ser un muro de contención contra las reivindicaciones del movimiento obrero. Debemos recuperar las organizaciones sindicales para la defensa de los puestos de trabajo y del salario; no más contratistas y paso a planta a todos los trabajadores; impedir el cierre de las empresas: Control Obrero; a formar cordones industriales en todo el país. QUE LA CRISIS LA PAGUEN LOS CAPITALISTAS.


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Por Tito Fuente, Prensa Talcahuano. Enero 2020.

Obrera

Hoy, la rebelión popular continúa en una lucha sin tregua en las calles del país. Las masas no ven ninguna solución a sus demandas. Las leyes aprobadas por el gobierno de Piñera aumentan la represión criminalizando la protesta social con la “Ley anti saqueos o anti Barricadas” y medidas demagógicas como mejorar las pensiones…. con resultados en 30 años más. Sin embargo, la rebelión popular tiene una orientación fija: terminar con la constitución y los vestigios del pinochetismo. Desconfía de los partidos políticos, principalmente, de la “izquierda” parlamentaria que se ha subordinado al gobierno de Piñera. Respecto a los cambios a la constitución por la vía del parlamento, es otro engaño. Las masas han agotado su experiencia con la democracia concertacionista. El papel de Unidad Social: La organización sindical Unidad Social surge empujada por las movilizaciones con el objetivo de colocarse a la cabeza para mantener la vigencia de sus aparatos burocráticos, como la desprestigiada CUT, la ANEF y el NO MAS AFP y la vigencia de ellos mismos. Los estériles diálogos con el gobierno y la dificultad para movilizar a la población han tensionado el ambiente de la Mesa de Unidad Social produciendo fuertes discusiones en su interior. El

Movimiento por el agua y los territorios entregó una carta con serias críticas al bloque sindical y la Coordinadora Feminista 8M se retira de la mesa social acusándola de “apropiarse de un trabajo del que no han sido parte” y, además, que ésta se niega al llamado de una huelga general para provocar la renuncia de Piñera. La Mesa de Unidad Social intenta contener las movilizaciones y las demandas más radicales de los trabajadores y el pueblo. Por otro lado, el gobierno no tiene ninguna intención de ceder a las reivindicaciones de las masas. La represión violenta es el único elemento que cuenta la reacción para contener a la rebelión popular. En este período revolucionario, solo la clase obrera y el pueblo se presentan como la alternativa política para hacer los cambios profundos que requiere el país. La Asamblea Constituyente Soberana es una consigna que cobra plena vigencia en este período de radicalización política y crisis capitalista. Algunos compañeros dicen que la asamblea constituyente puede ser un instrumento de la burguesía contra la clase obrera. Es posible, pero en un escenario donde la burguesía tenga la capacidad de maniobrar ante las presiones de las masas. El bloque derechista Chile Vamos está en completa crisis política y la desaprobación de Piñera llega a límites vergonzosos.

La Asamblea Constituyente Soberana debe ser elegida por el pueblo: Sindicatos obreros y campesinos, pueblos originarios, federaciones estudiantiles, la comunidad intelectual, etc. con la tarea de levantar una plataforma de reivindicaciones que terminen con los privilegios y den solución a la miseria de las masas. Entonces, la Asamblea Constituyente debe transformarse en una organización que profundice la maduración política de las masas y las movilice por sus reivindicaciones, en firme oposición a los planes políticos engañosos de negociación con el piñerismo. Fuera Piñera y el pinochetismo del gobierno, es la condición fundamental de la Asamblea Constituyente Soberana. Debemos dejar en claro que la Asamblea Constituyente tiene características transitorias. La misma crisis capitalista dejará al desnudo la incapacidad de la burguesía para solucionar el atraso y la pobreza del país. La construcción de los cordones industriales, asambleas populares y el control obrero en las fábricas quebradas o las que intentan cerrar sus puertas son fundamentales para empoderar a la clase obrera y a los explotados. La maduración política le permitirá dar los pasos necesarios para derrocar al capitalismo. Ese es el objetivo principal de la Asamblea Constituyente Soberana.

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PRENSA OBRERA: ¡ ASAMBLEA CONSTITUYENTE, LIBRE, SOBERANA Y CON PODER PARA LAS Y LOS TRABAJADORES!  

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