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Editoriales

> LA PRENSA Lunes 16 de Junio de 2014 Cd. Reynosa, Tam.

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INE: gobernanza democrática

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Por: Francisco Valdés Ugalde

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o bien entró en efecto la nueva legislación político electoral aparecieron “molestias” de gobernadores y otros agentes locales de poder por la intervención “nacional” en los estados. Cuando la reforma constitucional respectiva estaba en el crisol de la opinión pública muchos vimos con recelo el otorgamiento de facultades nacionales a la institución electoral. Las razones eran, entre otras las de una ruptura con la distribución de facultades y competencias propia del federalismo. Sin embargo, los argumentos aducidos por los promotores de este dispositivo de la reforma tenían y tienen fundamento en las lamentables

tradiciones de manipulación, compra y coacción de votos; del intercambio de favores electorales a cambio de jugosos puestos, y otros vicios. De hecho, tanto en las elecciones locales como en las federales han brotado sistemáticamente estrategias de simulación o de manipulación de los votantes, especialmente los más pobres o los “organizados” corporativamente. Si la conquista de un sistema electoral que da certeza y garantiza equidad es ya un hecho para las organizaciones políticas, no lo es tanto para segmentos de la ciudadanía que aún está sujeta a formas burdas de control político. Entre críticos y promotores de las reformas

electorales hay consenso de que la tarea pendiente más trascendente del sistema mexicano es avanzar a la creación de un Estado democrático; un estado de derecho en el que la supremacía de la ley esté garantizada para todos. Y aún más, que esa garantía sea la de un orden jurídico constitucionalizado, como lo ha expuesto magistralmente la ministra de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, Olga Sánchez Cordero (http://www. flacso.edu.mx/noticias/ Estereotipos-en-juzgadores-ensombrecen-perspectiva-de-genero). Ni en lo electoral ni en ningún otro renglón los ciudadanos gozan plenamente de ese derecho básico en un sistema democrático.

Los lineamientos establecidos por el INE para la designación de consejeros en los órganos electorales de los distritos y estados del país son un avance en esa dirección. Seguramente veremos resistencias y confrontaciones en torno a esas designaciones. Pero ese solo hecho será revelador de la magnitud con la que los poderes locales se beneficiaban de la “mano negra” en los institutos electorales. La advertencia del Consejero Presidente, Lorenzo Córdova, de que el INE ejercerá plenamente su autonomía e impedirá cualquier intromisión es un dato alentador. Los lineamientos para la selección establecidos por el Consejo

motivo de guerras civiles y asonadas constantes entre centralistas y federalistas. El Porfiriato disfrazó de federal el férreo centralismo en torno al dictador. La Revolución impuso un centralismo monopartidista. Al llegar la democracia en la última década del siglo pasado heredamos un federalismo desvencijado que ha ocasionado deformaciones como los gobernadores convertidos en amos y señores de feudos sin legislaturas o poderes judiciales y de opinión pública que signifiquen contrapesos reales de poder. Esperemos que la reforma electoral sea una corrección que pruebe que la gobernanza democrática puede arraigar en donde aún es cosmética.

Depresión. Otra mirada

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El árbitro

Los despedidos

Por: Arnoldo Kraus

Por: Sara Sefchovich

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l método es así: si no sabes qué hacer, prohibe. Si no sabes cómo resolver, despide.

Una cuidadora que maltrata a un invidente, un médico que diagnostica mal a un paciente, una maestra que no interviene en casos de bullying, un cura pederasta, y los despiden, los dan de baja como se dice hoy. También se hace eso con los policías que no pasan evaluaciones o pruebas de confianza. Es increíble que en lugar de castigar a los que hacen fechorías y de capacitar a los que no saben para que hagan bien las cosas, lo que se haga es ponerlos en la calle, para que allí sigan cometiendo sus barbaridades o para que consigan otro empleo para el que no están preparados. Como dice Román Revueltas sobre tantos policías despedidos: “Su vuelta a la vida civil a vivir entre nosotros como cualquier hijo de vecino pero con mañas (y compromisos) y vicios adquiridos, nos ponen los pelos de punta. La mitad de las fuerzas policiacas trabaja en escandalosa complicidad con los canallas, es decir, que miles de individuos que visten de uniforme y que representan a la autoridad del Estado son meramente criminales. ¿Qué va a ocurrir con toda esa gente? No quiero ni pensarlo”. Yo tampoco quiero ni pensar que se deje suelto a un pederasta o a una guardiana maltratadora o a un mal médico. Pero en México todo se resuelve, entre comillas, sin pensar en las consecuencias. El ejemplo más reciente es la decisión de obligar a los dueños de los circos a despedir a los animales. Alguien del partido que se dice protector del medio ambiente lo propuso (son por cierto esos mismos que promueven la pena de muerte, y que en este caso lo van a lograr) y la Asamblea lo aprobó sin pensar dos veces la tragedia que se viene para esos seres. Porque ahora irán a la calle, pues ¿quién

General son particularmente enfáticos y firmes. Si se siguen como a la letra dicen se observará si los nuevos órganos electorales conformados por el INE —y no por las legislaturas locales— producen una diferencia en la gobernanza electoral con respecto a sus antecesores. De ser así, que sería lo de esperar sobre todo en las regiones políticamente más atrasadas, se habrá comprobado que los promotores de la reforma tenían razón para implantarla, y el país habrá ganado en la justicia electoral. La historia del federalismo en México es la historia de uno de los mayores conflictos en la conformación del Estado nacional. El siglo XIX fue

a depresión es un problema frecuente. En la consulta médica es uno de los diagnósticos más comunes, ya sea independiente o secundaria a otra enfermedad. En la comunidad es realidad cotidiana e in crescendo. Pobreza, guerras, narcotráfico, migraciones forzadas, imposibilidad de vislumbrar un futuro seguro, (per)vivir bajo la égida de regímenes corruptos, impunes e inseguros como el que padecemos en México, son motivos suficientes para comprender el incremento de esa patología. Aventuro dos ideas sobre la depresión, una social, otra individual, ambas pesimistas.

va a seguir dándole de comer a un elefante-caballo-monooso-león-perro si ya no lo va a poder usar para su espectáculo? Si lo que el diputado quería era proteger a los animales, esa debió ser la ley: castigos para quien los maltrate. Pero prohibir es dar pie exactamente a lo contrario, a su despido, su abandono, tal vez hasta su muerte. ¿Se sentirá orgulloso ese señor como si deveras hubiera hecho una buena acción? Vivimos en un país en el que nadie piensa en serio las cosas: ni las consecuencias de las acciones ni las de las leyes. Todo se decide en caliente, sin cuidado, sin consultar con los que saben. Aquí estamos atorados con una reforma fiscal que solo el secretario de Hacienda dice que es buena y el resto de los mortales, desde los que saben economía (premios nobeles incluidos) hasta los que la padecen saben que no. Y aquí estamos con un montón de ex policías sueltos en las calles. Y ahora estaremos con un montón de animales abandonados. Despedir y prohibir en vez de solucionar: esa es la enorme aportación de nuestros fun-

cionarios y “representantes”. Si siguiéramos sus métodos, los deberíamos despedir inmediatamente a todos. Voy a decir algo que sabemos todos: que a este pobre país nuestro le urgen mejores políticos. Desde diputados hasta gobernadores, secretarios de estado y presidentes. Pero ellos, los que tienen esos puestos, ni cuenta se dan de nuestra desesperación y enojo. Y siguen tan campantes en su nube de perfección. Ejemplo de esto es que el presidente Enrique Peña Nieto solo le haya pedido al papa Francisco la bendición para los jugadores de la Selección Nacional y se haya olvidado de los demás mexicanos. A 23 personas les tocó y no a ciento y tantos millones a quienes les urge. Es lo mismo que cuando hacemos preguntas: a un cineasta y a unos cuantos obispos les responden, a los demás ni nos oyen. Es lo mismo que con la violencia: a un empresario lo atacan en un hotel y el Jefe de Gobierno se apresura a poner vigilancia en todos los hoteles, pero a todos los demás que cotidianamente nos asaltan y roban, nada.

Aunque la depresión no es contagiosa, cuando se trata de comunidades, ese paradigma me parece equivocado. Son vectores nocivos, contagiosos y difícilmente superables la miseria, conflictos armados, y la falta de oportunidades. Dos escenarios: ¿Cuál es el futuro y la idea de vida de los niños víctimas del genocidio de Darfur?; la autoestima de un niño indígena mexicano, mal alimentado, testigo de maltratos y de los coitos de los padres, ¿puede ser satisfactoria? La OMS estima que hay 350 millones de personas deprimidas en el orbe. Si en el mundo hay 900 millones sin agua, así como 46 millones de refugiados, y 2,800 millones de personas (casi la mitad de la población) que perviven con menos de dos dólares al día, es necesario dudar de datos de la OMS. Cuando en la esfera psicológica familiar campean tristeza, ansiedad y baja autoestima sus miembros se contagian. No hay familias depresivas pero sí proclividad. Cuando hay además problemas económicos o sociales, y magros principios éticos —insolidaridad, desprecio por la justicia y por el otro—, esos brotes, al sumarse, se convierten en tierra fértil para la depresión. Byung-Chul Han, filósofo contemporáneo, radicado en Alemania, de origen coreano, aborda el tema desde otra perspectiva y siembra diatribas: “La depresión”, explica Han, “es una enfermedad narci-

sista. El narcisismo te hace perder la distancia hacia el otro y ese narcisismo lleva a la depresión”. Mezclar factores sociales —vivir sin agua potable, ser víctima de políticos mexicanos—, con individuales —familias rotas—, y aunarlos con las propuestas de Han —“a diferencia de lo que ocurría en tiempos pasados, cuando el mal procedía del exterior, ahora el mal está dentro del propio hombre”— deviene un escenario poco esperanzador. Todo está trenzado. El tejido comparte hilos: ¿Dónde empieza el problema?, ¿en el individuo o en la sociedad?, ¿quién contagia a quién: la sociedad insana a la persona enferma, o viceversa? El reto es enorme. Deshilachar el telar de la depresión exige trabajar al unísono a nivel individual y social. 3 cambios son fundamentales: mejorar dinámicas personales y familiares, modificar agravios sociales como falta de oportunidades o desnutrición, y dotar al ser humano de ética, donde “el otro” adquiera el valor que merece. Combatir la depresión exige trabajar en los 3 ámbitos. Tarea (casi) imposible, pero, tarea obligada. Trabajar con el individuo es posible. Dialogar con políticos y esperar que sanen o sean menos ladrones y menos corruptos es kafkiano y/o camusiano, y, en México, kafkianao y camusiano. Mi esperanza radica en el individuo: infundir ética, de preferencia laica, a partir del útero y en la vida escolar es un buen punto de partida. Ética laica, no religiosa. En “On Toleration”, Michel Walzer dice, “La tolerancia hace posible la diferencia. La diferencia hace necesaria la tolerancia”. La ética laica es amiga de la tolerancia, permite la diferencia y milita en contra del narcisismo del cual habla Han. Urge dotar a los jóvenes de ética. Los modelos contemporáneos han fracasado y seguirán fracasando. Políticos, banqueros y religiosos han arruinado al mundo y sembrado depresión. La depresión le conviene al Poder. Antídoto pequeño, pero antídoto contra el Poder, es la ética laica.

Laprensa160614  

Periodico de Reynosa, Tamaulipas