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PRELATURA DE CANCÚN-CHETUMAL

MENSAJE NAVIDEÑO 2011 S.E. MONS. PEDRO PABLO ELIZONDO CÁRDENAS, LC Obispo Prelado de Cancún-Chetumal "Os anuncio una gran alegría que lo será para todo el pueblo". (Lc 2, 2-10) 1. El anhelo más profundo del corazón humano es esa gran alegría que llamamos felicidad. Un deseo latente, escondido, tal vez bloqueado pero siempre anidado en el fondo del corazón humano. No es nada fácil llegar a ser plenamente feliz, pero inquieto y muy inquieto está nuestro corazón anhelando y buscando esa gran alegría. 2. Los seres humanos no atinamos a encontrar los caminos de esa plena felicidad que tanto anhelamos. Cuando en un momento la atrapamos, la palpamos y disfrutamos se nos escurre como agua entre las manos. Vamos siempre detrás de lo que nos puede hacer felices y sin embargo, ¿por qué no nos sentimos plenamente felices?, ¿por qué nos cuesta tanto responder a la pregunta: eres feliz? ¿Por qué siempre nos topamos con algo que nos inquieta y que nos roba la paz del alma? ¿Por qué algunos se dicen felices y otros no? ¿Dónde está la felicidad y la gran alegría para todo el pueblo? ¿Por qué tantos nos contentamos con pequeñas alegrías y nos queremos conformar con cualquier cosa: Una buena comida, un buen descanso, una buena compra, una buena bebida? Pero en el fondo nuestro corazón sigue inquieto anhelando algo más. Tal vez anhelando esa gran alegría que anuncia el ángel. ¿Será que no crees que podamos alcanzarla en esta tierra?, ¿Será que esa gran alegría es también materia de fe, pues, cómo podemos mantenernos contentos cuando hay tanta tristeza y tanta desgracia a nuestro alrededor? La gran alegría es un anuncio, no una evidencia. ¿De veras podemos ser felices? Tal vez sí, tal vez no, ¿quién sabe? ¿De veras estaremos hechos para la felicidad? Debemos seguir buscándola incansablemente, ¿Y algún día la encontraremos? 3. “En verdad, en verdad os digo, que lloraréis y os lamentaréis y el mundo se alegrará. Estaréis tristes pero vuestra tristeza se convertirá en gozo”. (Jn 16, 20) ¿Dónde buscar y dónde encontrar esa gran alegría? ¿En las cosas sanas de la vida, como una buena comida o una buena bebida, en la amistad de los buenos amigos? ¿En el amor entrañable del esposo o de los hijos? ¿En la fiesta, el alcohol, las drogas y el sexo? ¿En el glamour, en el poder, en el tener o en el placer? El mundo nos ofrece una fascinante variedad de productos atractivos y muchos hombres nos vemos arrastrados por su fascinación y hechizo, pero muchos otros vuelven decepcionados, vacíos y deprimidos, pues no encontraron ahí esa gran alegría plena, profunda y permanente que andaban buscando. Cristo nos promete la alegría plena. “La mujer, cuando va a dar a luz, está triste, porque le ha llegado su hora; pero cuando ha dado a luz Catedral de Cancún (Anexo), Av. Puertos No. 1 entre Av. La Costa y Av. Kabah. S.M. 33 C.P. 77508, Cancún, Q. Roo. Tel. (998) 887 42 52 prelat@cancunchetumal.org


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al niño, ya no se acuerda del aprieto por el gozo de que ha nacido un hombre en el mundo. También vosotros estáis tristes ahora pero volveré a veros y se alegrará vuestro corazón y vuestra alegría nadie os la podrá quitar” (Jn 16, 21-22). 4. Jesús comenzó su predicación mostrando siete caminos para llegar a la felicidad. Felices los pobres de espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos. Los pobres son felices porque son hombres libres, porque se han liberado de la insidia de la mentalidad consumista y encuentran en Dios su tesoro escondido. Los pobres son felices porque el centro de su vida es Dios y no las criaturas. El pobre es feliz porque es desprendido y generoso y confía plenamente en el amor de Dios. Bienaventurados los mansos porque ellos poseerán la tierra. El manso no deja que la ira le turbe y que el resentimiento le envenene el corazón. Los mansos son fuertes, controlan la ira, no son autoritarios ni prepotentes, son servidores para los demás. Bienaventurados los que lloran porque ellos serán consolados. Sólo el que encuentra un sentido profundo a su sufrimiento derrama lágrimas que lo consuelan y fortalecen en medio del dolor, que tarde o temprano nos llega a todos. Cuando el dolor se une a Cristo cobra nuevo sentido, se crece en la fe, en la esperanza y en el amor y se busca y se encuentra el consuelo de Dios. Felices los que tienen hambre y sed de justicia porque ellos serán saciados. El anhelo de justicia, de bien, y de valores trascendentes no nos deja caer en la apatía y en la indiferencia, que es la tristeza y la muerte del alma. El hambre y sed de justicia nos mantiene encendida la esperanza y la ilusión de un mundo mejor. El hambre y sed de justicia no nos permite caer en pesimismo y la desesperación. Bienaventurados los misericordiosos porque ellos alcanzarán misericordia. La misericordia es el rasgo fundamental de Dios que es rico en misericordia. Cristo encarna esta misericordia de Dios Padre. Por eso lo propio de la Iglesia es la misericordia. Cristo nos invita a ser misericordiosos como Dios es misericordioso. El que acoge y disfruta de la misericordia, puede conservar la paz interior a pesar de los pecados y errores cometidos. Sólo el que tiene misericordia sana en su corazón herido y ofendido, sólo el que tiene misericordia recupera siempre la paz profunda del alma. Felices los limpios de corazón porque ellos verán a Dios. Sólo un corazón limpio de morbosidades y de resentimientos está en condiciones de platicar con Dios y dejarse llenar de la paz y la alegría que sólo Dios le puede dar. Sólo un corazón limpio irradia paz.

Catedral de Cancún (Anexo), Av. Puertos No. 1 entre Av. La Costa y Av. Kabah. S.M. 33 C.P. 77508, Cancún, Q. Roo. Tel. (998) 887 42 52 prelat@cancunchetumal.org


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Bienaventurados los pacíficos porque ellos serán llamados hijos de Dios. Los que andan siempre buscando pleito, no están contentos ellos, ni dejan contentos a los demás. Humilde y pacífico es aquel con quien todos están a gusto. Construir la paz es hacer felices también a los demás. Felices los que padecen persecución por la justicia porque suyo es el Reino de los cielos. Padecer por hacer el mal es una gran desgracia. Padecer por Dios y por hacer el bien es un privilegio que produce una gran alegría. 5. Muchas veces cuando más tranquilos nos encontramos, surge algún acontecimiento que turba y enturbia nuestra paz interior. Saber verlo con ojos de fe como algo venido de la mano amorosísima de Dios, nos permite recobrar la paz, sólo si aceptamos con fe la voluntad de Dios podemos ser felices. El secreto de esa paz interior es mandar a volar todas las voces, menos una, la voz de la Voluntad de Dios. 6. Cristo nos enseña los caminos de la felicidad en sus bienaventuranzas, pero la mayor alegría nos llega de su mismísima presencia entrañable como el mejor amigo de nuestras almas. Su amor de amistad es la más profunda fuente de alegría. Jesús el mejor amigo del alma, se nos quiere hacer presente esta Navidad de una manera muy especial. Acepta su amistad, sigue su camino, trata de amarlo con todo el corazón y haz cuanto puedas para que los demás también lo conozcan y lo amen. Esta es la gran alegría que anuncia el Ángel. 7. Cuando Cristo se hace presente en nuestra vida, quiere reinar en nuestro corazón. El reinado de Cristo es el camino privilegiado para tu alegría. A medida que Cristo se va haciendo presente y su reinado se va haciendo realidad en el corazón de cada ser humano, en esa medida nos penetra y nos invade la paz y la alegría profunda en nuestra alma. "Cuando Cristo entró en mi corazón todo cambió. Una gran paz y una gran alegría inundó mi alma". Esa es la experiencia de todo gran convertido. En esta Navidad me pregunto: ¿qué es lo que más alegría da a mi corazón? ¿Es el Señor la gran alegría de mi corazón?

+ Pedro Pablo Elizondo Cárdenas, LC Obispo Prelado de Cancún-Chetumal

Cancún, Quintana Roo a 21 de diciembre del 2011 Catedral de Cancún (Anexo), Av. Puertos No. 1 entre Av. La Costa y Av. Kabah. S.M. 33 C.P. 77508, Cancún, Q. Roo. Tel. (998) 887 42 52 prelat@cancunchetumal.org


Mensaje de Navidad 2011