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“La fe crece cuando se vive como experiencia de amor ” Porta fidei 7

Año

de la

Fe

2012 2013

La Fe crece

dándola “Crecer más, para evangelizar mejor”

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Es necesario que

L

tu fe crezca

a fe, en efecto, crece cuando se vive como experiencia de un amor que se recibe y se comunica como experiencia de gracia y gozo. Nos hace fecundos, porque ensancha el corazón en la esperanza y permite dar un testimonio fecundo: en efecto, abre el corazón y la mente de los que escuchan para acoger la invitación del Señor a aceptar su Palabra para ser sus discípulos. Como afirma san Agustín, los creyentes «se fortalecen creyendo». (S.S. Benedicto XVI, Carta apostólica Porta fidei, 7 )

Sabemos que Dios, por medio del Bautismo, da la gracia inicial para que la fe pueda nacer y crecer en un cristiano. Esta fe recibida en el bautismo es una semilla, la semilla está hecha para producir una planta y la planta para producir frutos. Para que la semilla de la fe pueda crecer en el alma, Dios tiene que seguir dando su gracia. La fe es un regalo de Dios. Pero también es una respuesta personal del hombre mismo. Él puede y debe colaborar en el crecimiento de su fe. Debe vivir y realizarla en su vida de cada día. Debe probarla con hechos y actos de fe concretos. La semilla que no es cuidada y alimentada, no puede madurar, se seca y muere. Esa es la razón de la debilidad y hasta desaparición de la fe en muchos de nuestros contemporáneos.

Una fe que no inspira el trabajo diario, el contacto con los demás, la alegría y el sufrimiento de cada día, una fe que es sólo de domingo no puede crecer, sino disminuye y muere, tarde o temprano. Además de la gracia de Dios y de la cooperación del hombre, necesitamos de la Comunidad de los creyentes, necesitamos de la Iglesia. La fe sólo puede arraigar en un hombre cuando forma parte de una comunidad cristiana, porque la fe no es asunto privado de una persona. En la comunidad recibe la revelación de Dios y le da su respuesta de fe.

Una fe que es sólo de domingo no puede crecer, sino disminuye y muere, tarde o temprano. Un sabio de la India dijo después de un viaje por Europa: “Encontré en Europa un cristianismo de domingo y un paganismo cotidiano”. Y algo semejante, vale también para nosotros en México.

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Lo más fundamental y decisivo para el nacer y crecer sano de la fe son nuestras familias cristianas, las primeras comunidades de fe. Los papás, no sólo son los grandes educadores de la fe de sus hijos, sino también reflejos de Dios mismo para ellos. Mediante la relación con los padres, el niño experimenta la relación con Dios Padre y con su Madre celestial, la Sma. Virgen. Y así, va surgiendo, de un modo natural y espontáneo, una vinculación personal con Dios. (Homilía del P. Nicolás Schiwizer).


Dar, comunicar y

L

transmitir la fe

os creyentes que vivimos con gozo nuestra fe cristiana tenemos conciencia de que otros, en la familia y en la Iglesia, por diversos medios nos han ayudado a encontrarla y a crecer en ella. Les estamos sinceramente agradecidos porque nos han transmitido lo más valioso que poseemos. Pero en lo más profundo de nuestra experiencia creyente hemos llegado a descubrir que la fe es para nosotros un don, una gracia de Dios. Sabemos que desde nuestra libertad, en ocasiones con esfuerzo y dificultad, y con la ayuda de los demás, hemos llegado a reconocer y acoger el don de la fe. Pero estamos convencidos, sobre todo, de haber llegado a conocer a quien, a través de otros creyentes y desde lo más íntimo de nuestro ser, nos estaba llamando a un encuentro personal con él: el mismo Dios. Por ello, reconocemos que transmitir o comunicar la fe consiste fundamentalmente en ofrecer a otros nuestra ayuda, nuestra experiencia como creyentes y como miembros de la Iglesia, para que ellos, por sí mismos y desde su propia libertad, accedan a la fe movidos por la gracia de Dios. Transmitir la fe es, pues, preparar o ayudar a otros a creer, a encontrarse personalmente con Dios. Transmitir o comunicar la fe no es misión o tarea reservada a los pastores y catequistas de la comunidad cristiana. Es responsabilidad propia de todos los creyentes de cualquier edad y condición. Para quien de verdad ha llegado a descubrir con gozo el valor de su propia fe, ésta no resulta una carga. Todo el que hace de la fe el eje y centro de su vida no puede menos de sentir el deseo de compartir con los demás, especialmente los más cercanos, aquello que reconoce como un verdadero tesoro. Nuestro mejor servicio a la transmisión de la fe no consiste en ofrecer complejas reflexiones sobre los misterios de la religión, ni en ofrecer una exposición racional de los contenidos de la fe. Hemos de comunicar nuestra experiencia personal, como los discípulos de Emaús, que “contaron lo que les había sucedido por el camino” (Lc 24, 35). (L’Osservatore Romano, No. 3, 4 y 6, Octubre de 2002).

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¡Pon tu fe en acción! ¡Ve de misiones!

Una forma práctica de poner tu fe en acción es transmitir tu experiencia de fe a través de las misiones. Existen distintas formas de participar de esta actividad misionera de la Iglesia: • Actividad misionera específica: es la actividad de salir al encuentro de tus semejantes , llevando la Palabra de Dios y la alegría de ser cristiano por medio de la evangelización. Esto es comunmente llamado “Salir de misiones” o “Ir de misiones“. Hay misiones de Navidad, de Semana Santa, de Verano, y Misión permanente a lo largo del año. Pregunta en tu parroquia o comunidad cómo incorporarte como misionero. • Cooperación misionera: Es una actividad en la que todos, aún cuando su situación de vida no les permita realizar una actividad misionera específica, pueden colaborar con ésta, desde su propio lugar. • Cooperación espiritual: la oración y el sacrificio ofrecido por los misioneros, son el motor de la misión y la fuente de gracias y fuerza para los misioneros. • Cooperación material: la colaboración con dinero u otros bienes, constituye un aporte fundamental para el sostenimiento de las misiones y los misioneros. • Animación misionera: procura suscitar, avivar y sostener el espíritu misionero de manera que se interesen por las misiones y nazcan así vocaciones misioneras.


Joven: vive tu fe

Testigos de Cristo Santa Narcisa de Jesús Martillo Morán

Las dos ranas

Nació en 1832 en Nobol, Ecuador. Sus padres fueron campesinos y murieron cuando Narcisa era muy joven. Así, ella tuvo que encargarse de la crianza y educación de sus hermanos menores. Se trasladó a Guayaquil donde vivió por más de 15 años dedicada a la oración, al trabajo manual como costurera y a la caridad apostólica, especialmente a los niños, a quienes les enseñaba catecismo. A principios de 1868, habiendo terminado con la educación de sus hermanos, viajo a Lima, Perú, donde continuó su vida como seglar, alojada en la Casa de las Hermanas de la Orden Laical de Santo Domingo. En los últimos momentos de su vida los dolores de su enfermedad se hicieron intensos, pero los soportó heroicamente, abandonándose a la voluntad de Dios, y ofreciéndose como víctima por la conversión de los pecadores. Falleció el 8 de Diciembre de 1869, después de haber comulgado. Su cuerpo permanece incorrupto. El papa Juan Pablo II la declaró beata el 25 de octubre de 1992, y fue canonizada por el papa Benedicto XVI, el 12 de Octubre de 2008.

Dos ranas, jóvenes y amantes de la aventura, fueron una tarde a dar un paseo. En el camino hallaron una casa de campo. Como la ventana estaba abierta, una de ellas dijo: “¿Qué te parece? ¿Echamos un vistazo al interior?”. La otra estuvo de acuerdo. Dieron un salto y se encontraron en un gran balde de leche. Aquello no era una tragedia para las ranas. Después de todo, sabían nadar. Pero pronto se dieron cuenta de que la leche es más espesa que el agua y, sobre todo, que no podían salir del balde, porque sus paredes estaban llenas de grasa. Una de las ranas era pesimista. Después de unos veinte intentos inútiles, se rindió, estiró las patas, se fue al fondo y se ahogó. La otra, en cambio, era optimista. No se rindió. Braceó y braceó toda la noche y, cuando al amanecer entraron los primeros rayos del sol, estaba sobre algo sólido: la leche se había vuelto mantequilla. Moraleja: no hay que desesperar ni siquiera en las situaciones aparentemente sin vías de salida. De algún modo o en cualquier momento Dios nos presenta siempre una solución para superar las dificultades.

7-11 11 18

Calendario de Enero Semana de Formación del Clero: “Como crecer en la Fe” (Cd. de la Alegría, Cancún).

Reunión del Consejo de Pastoral, Comisiones y Dimensiones Oficinas de la Prelatura, Cancún, 5:30 PM. Taller de Animadores Misioneros (Decanato 4 Nuestra Señora del Carmen)

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Taller de Animadores Misioneros (Decanato 3 San Miguel, Cozumel)

21-27 26

Semana de la Catequesis

Taller de Animadores Misioneros (Decanato 1 San Pablo)

4

Publicación coleccionable elaborada por la Oficina de Pastoral www.cancunchetumal.org www.annusfidei.va


FASCÍCULO-04