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“La fe sin la caridad no da fruto”

Porta fidei 14

Año

de la

Fe

2012 2013

La Fe, una

respuesta “Crecer más, para evangelizar mejor”

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La fe como una

E

respuesta

l hombre, sostenido por la gracia divina, responde a la Revelación de Dios con la obediencia de la fe, que consiste en fiarse plenamente de Dios y acoger su Verdad, en cuanto garantizada por Él, que es la Verdad misma. (Catecismo de la Iglesia Católica, 142-143) El Papa Benedicto XVI, no hace mucho tiempo, nos sorprendió con la siguiente frase “Nos hemos de liberar de la falsa idea de que la fe ya no tiene nada que decir a los hombres de hoy”. Lo que nos recuerda que la fe es don de Dios, y además una respuesta de parte del hombre, porque nos introduce en diálogo con el Señor.

La fe es la respuesta a la llamada que Dios nos hace para que encontremos el sentido de la vida.

Hoy como ayer, encontramos gente que sufre, que llora, que muere, que se desangra… pero que no deja de tener fe en Jesucristo. Hace falta interpelarnos sobre la hondura y la radicalidad de nuestra fe. ¿Hace cuánto que el Señor no ha obrado algún prodigio extraordinario en nuestro entorno, en nuestra familia, en nosotros mismos? ¿Tal vez porque no encuentra fe? La fe es la condición imprescindible para la actuación de Dios. Pero reconozcámoslo, preferimos abandonarnos en lo inmediato, echarnos en los brazos de la simple y pura ciencia antes que confiarnos exclusivamente al Señor.

Donde hay fe, siempre nace un intento de superación. No caben los imposibles. Con la fe, es posible hacer frente a los escenarios más difíciles o arriesgados de nuestra vida. Jesús, a la hija de Jairo o a la mujer que padecía flujos de sangre, no mira su procedencia, estatus o religión. Jesús, como siempre, va al fondo: les pide fe. Fe en Él, y lo demás, vendrá por añadidura. Muchas veces nos quejamos que, en antaño, parece que los milagros estaban más presentes o que se daban con más abundancia que ahora. No es verdad; todos los días, sin percatarnos de ello, en miles, en millones de lugares y ambientes dispares, el Señor va obrando nuevos y maravillosos milagros y prodigios. Pero quizás nos haga falta fe para mirar los cambios que realiza en nosotros.

¿Entonces cómo puedo dar esa respuesta? Pidamos al Señor que nuestra fe sea inconmovible y confiada. Que nada ni nadie nos aleje de Él. Sólo Él puede sacarnos de situaciones que dificultan nuestra felicidad. ¿Tienes fe? Cuídala. Con una oración sincera. Con la escucha de la Palabra de Dios, con la contemplación, con el agradecimiento a Dios por haberte hecho hijo suyo por el Bautismo. ¿Tienes fe? Entonces, ¡el Señor te necesita! Eres de los suyos. Ofrécele tu fe como respuesta.

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El Credo,

T

expresión de fe

odos los domingos “decimos” el Credo, y es posible que por este hábito no seamos conscientes del acto que estamos realizando.

La Iglesia, aunque formada por personas diversas por razón de lengua, cultura y ritos, profesa con voz unánime la única fe, recibida de un solo Señor y transmitida por la única Tradición Apostólica. Profesa un solo Dios –Padre, Hijo y Espíritu Santo– e indica un solo camino de salvación. Por tanto, creemos, con un solo corazón y una sola alma, todo aquello que se contiene en la Palabra de Dios escrita o transmitida y es propuesto por la Iglesia para ser creído como divinamente revelado. El Credo es la expresión de nuestra fe, pero, sobre todo, la proclamación jubilosa de que Dios ha tomado la iniciativa de llamarnos por nuestro nombre, salir a nuestro encuentro y darnos a conocer las maravillas realizadas por nosotros desde la creación del mundo, hasta su vuelta definitiva al final de los tiempos, cuando todo sea luz. Para los primeros cristianos siempre fue importante expresar que creían en Cristo, como dirá Pablo, y en Cristo crucificado. Con el tiempo, la comunidad fue recogiendo las verdades fundamentales de la fe en Cristo, como el hecho de que sea uno con el Padre y con el Espíritu; reconocía su origen divino y humano, por lo que la presencia de María fue rápidamente incluida en la expresión de fe. Contra los que pensaban que era un fantasma, se confesaba que había muerto históricamente en el tiempo de Pilato, pero que había resucitado. La comunidad hacía pública la fe en que Dios había mandado el Espíritu Santo, y que un día habría de resucitar para no morir jamás; era una Iglesia que se sabía reconciliada y perdonada, y así lo confesó. De esta fe nacieron los primeros “credos”, como expresión de lo que se vive y se celebra. ¡Reza el credo antes de dormir!

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¡Pon tu fe en acción! Unirse a una colecta de fondos para fines benéficos

Otra forma de practicar nuestra fe es ayudando a otros, en especial a cuantos necesitan de nosotros, como las asociaciones civiles y religiosas. Si te sientes llamado a iniciar una recaudación para fines benéficos, quizás te sean útiles estos consejos: • En primer lugar, decide a quién te sientes llamado a ayudar. Una vez que sabemos quiénes serán los beneficiados, comienza a planear qué iniciativas puedes llevar a cabo para recaudar fondos. • Establece un objetivo de recaudación de fondos, y trabaja en esta meta personal. Si existiera algún costo (que por cierto, no debe ser más del 30% de la meta fijada) tal vez puedas cubrirlo solicitando a una empresa que te proporcione bienes o servicios de forma gratuita. • Reunir a toda la gente que puedas para compartir el trabajo y la alegría de ayudar a otros. Acude a amigos y familiares que estén dispuestos a ayudar, incluso con un comité de colaboradores. • Elije una fecha para tu actividad. Toma medidas en un día específico y verifica que no coincida con cualquier evento importante. • Puedes buscar patrocinios, e invitar a otros a través de Facebook o Twitter. • Una vez terminada la recaudación asegúrate de agradecer a todos, y de informarles cuánto han recaudado.


Joven: vive tu fe

Testigos de Cristo Beato Alberto Marvelli

Sólo faltas tú

Nació en Ferrara, Italia, en 1918. Desde muy joven enseñaba la catequesis, demostrando un gran celo apostólico y caridad. Era un buen deportista, y dinámico; practicaba tenis, natación, fútbol, excursiones en la montaña. Finalizó sus estudios universitarios en ingeniería mecánica en 1941. Estando Italia en guerra, Alberto decidió transformarse en obrero de la caridad. Después de cada bombardeo, el primero en ayudar a los heridos, a dar valor a los sobrevivientes y a asistir a los moribundos, a sacar de las ruinas a los sepultados vivos. Con una acción heroica, consiguió abrir los vagones del tren que partía desde la estación de San Arcángel y liberó a hombres y mujeres destinados a los campos de concentración. Después de la guerra, se sintió llamado a servir a otros en la política. Fundó una Universidad popular y abrió un comedor para pobres, en donde comía y rezaba con ellos. El 5 de octubre de 1946, mientras se dirigía en bicicleta a un comicio electoral, fue atropellado. A su muerte tenía 28 años, siendo un ejemplo de laico comprometido en toda Italia.

Un pájaro preguntó a una paloma: “¿Cuánto pesa un copo de nieve?”. “Casi nada”, le contestó la paloma. Entonces el pájaro le contó esta historia: “Estaba en la rama de un pino cuando empezó a nevar. No era una ventisca, sino una de esas nevadas suaves. Caían los copos lentos, balanceándose graciosamente. Como no tenía otra cosa que hacer, me puse a contar los copos que caían sobre la rama donde me encontraba. Cayeron 3,751,952 copos. Cuando muy lentamente cayó el copo 3,751,953, casi nada como acabas de decir, la rama se rompió...”. Y dicho esto, el pájaro se fue volando. La paloma, toda una autoridad experta en materia de paz desde tiempos de Noé, se quedó pensativa y luego dijo: “A lo mejor sólo falta una persona para que la paz sobrevenga al mundo”. Quizás sólo faltas tú. Bruno Ferrero

Calendario de Noviembre

9-11

Convivencia Vocacional Seminario Menor de Chetumal.

17 18 19-25

XVIII Encuentro Mariano de la Fe (Centro de Convenciones, Cancún). XII Encuentro Mariano de la Fe (Iglesia de Guadalupe, Playa del Carmen).

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Feria del Libro Católico. (Catedral de Cancún)

Publicación coleccionable elaborada por la Oficina de Pastoral www.cancunchetumal.org www.annusfidei.va


FASCÍCULO-02