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Ildefonso Manuel Gil (Paniza, 1912 - Zaragoza, 2003) El pasado enero conmemoramos el centenario del nacimiento de este ilustre poeta aragonés, uno de los máximos representantes de la ‘Generación del 36’ o ‘de la República’. Su poesía se mueve entre la conciencia social y la preocupación por el acto poético como salvación a través de la memoria. Sus obras iniciales, Borradores (1931) y La voz cálida (1934), marcadas por el magisterio de García Lorca y Pedro Salinas, se caracterizan por los rasgos vanguardistas, desde los que evolucionaría, tras la Guerra Civil, hacia una lírica existencial con fuerte componente social en Poemas de dolor antiguo (1945), Homenaje a Goya (1946) y El corazón en los labios (1947). Su poesía deriva hacia una preocupación por el devenir temporal, recogiendo los presupuestos estéticos de Antonio Machado en El tiempo recobrado (1950), y la atenuada angustia que representa el diario de un enfermo en El incurable (1957). Volverá a una lírica socialrealista en torno a la injusticia y la solidaridad humana en libros fundamentales como Luz sonreída, Goya, amarga luz (1972). La memoria y la metapoesía configuran obras como Poemaciones (1982) o el libro de vertiente metafísica Las colinas (1989). Póstumamente apareció su Obra poética completa (2005) a cargo del profesor Juan González Soto. Ildefonso-Manuel Gil es autor asimismo de libros memorialísticos como Un caballito de cartón (1996) y Vivos, muertos y otras apariciones (2000), además de destacado novelista, con obras como La muerte hizo su agosto (1980) y Concierto al atardecer (1992). Para conmemorar el centenario del nacimiento del poeta, en Paniza se ha convocado recientemente el “I Certamen de Poesía Ildefonso Manuel Gil”.

Leer juntos poesía 2011-2012


Ildefonso Manuel Gil

HABLAR DE MIS RECUERDOS ES QUERERTE Hablar de mis recuerdos es quererte. Risa y penas antiguas se detienen En la ribera de tu amor cumplido. Desde tu orilla puedo darme al viento, Darme a los días en que tú no estabas, Cuando en mi corazón eras apenas Esa ausencia ignorada que nos duele. Vuelvo a mirar los rostros que tenían La humilde santidad de las medallas, Rostros que tú conoces solamente En el duelo parado de mis ojos. Tengo de nuevo abiertas las heridas Y nuevamente lloro viejos llantos. Los nombres del amor y los del odio Ahora sin temblor vuelvo a decirlos. Ya conozco la cifra de mis sueños, El certero esperar de mi esperanza, La raíz de una angustia inexpresable, El bien y el mal: conozco mi destino. Todo cuanto me ofrece la memoria, Como un pájaro herido se refugia En el cálido hueco de tu mano. Fueron solo presagios y señales. Ya vivías oculta en mis recuerdos. Antes de ti mi vida solo ha sido El lento aprendizaje de quererte. El tiempo recobrado, 1950

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Ildefonso Manuel Gil

LA SOLEDAD POBLADA

Todas las sombras de la noche nacen En mis ojos abiertos al silencio. Como un viejo castillo visitado Por antiguas historias revividas En un horror sombrío de fantasmas, Así mi alma, soledad en ruinas, Aire parado y orfandad de río, Sólo vive un ayer. Trepan las yedras Del desaliento, y el lagarto inmenso Del desamor resbala en las paredes, Donde estatuas yacentes y lápidas borrosas Vestigian lo que fue. Cesó la vida; No fluyen de mis entrañas manantiales, Ni el pájaro del sueño hace su nido, Ni canta el viento su canción eterna. […] Poemas de Dolor Antiguo, 1945

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Ildefonso Manuel Gil

El hombre en su vejez desentierra a sus muertos. Los saca de paseo, los acuna Suavemente en sus párpados. Les cuenta cosas que ellos ya sabían Quizás, mal recordadas Y nuevas cosas tristes o felices Que nunca conocieron. Tiende sus manos en el aire Sobre el hueco de un hombro o una mano O una cabeza tiernamente amada. Nunca se siente solo, su sonrisa Y su tristeza son los signos De su saber siempre acompañado. En sus dedos traslúcidos sostiene Una invisible rosa que concentra El color y el perfume de millares de rosas Muy antaño marchitas y salvadas En un florecimiento inacabable.

Relojes y campanas, Horas, días y noches ya no miden Sus pensamientos ni sus actos. Señor de su pobreza ha conseguido, Muerto el dragón y libre la princesa, La aceptación del tiempo. Poemaciones, 1982

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Ildefonso Manuel Gil

Me interno en un camino sin fin y sin paisajes, y buscaba un camino vivo, que con su brazo me acercase ciudades. Rodeado de todos me duelen soledades, y me siento tan fuera de la vida y del aire que si miro a un espejo veo muerta mi imagen. Las colinas, 1989

No me dejes morir. En tantos alientes, Víveme en tus recuerdos, Llévame de la mano hasta tu muerte, Cobíjame en tus sueños Donde yo velaré mientras tú duermes. Poemaciones, 1982

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Ildefonso Manuel Gil

MUCHACHOS JUGANDO A SOLDADOS

Esos niños que juegan a soldados Prostituido el hombro por el arma, Esa torre caída y el silencio Pensativo de una campana; Esos redondos ojos inocentes Abiertos ante luces nacaradas ¿Han de cerrarse un día ante las luces Pavorosas de la batalla? Mientras están jugando, en ese instante Tan sin culpa, tan puro, la amenaza Culpable, impura, acecha entre juegos ¡Tristes soldados de mañana! Luz sonreída, Goya, amarga luz, 1972

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Ildefonso Manuel Gil

Cuando cruzo mi jardín Al declinar de la tarde, El corazón se me vence Del lado de los rosales Con su tristeza de olor A rosas y vuelo de aves. Desde tan lejos me miro Que apenas puedo mirarme, Y me desprendo de mí Y me veo entre otros árboles Y soy yo mismo y no soy, Perdiéndome y encontrándome. En la cima del asombro Gravita puro ese instante. A sus más altas ventanas Sale a mirarme la tarde, Pero yo veo en su luz El tiempo que se deshace; El tiempo que me recuerda Mientras yo quiero olvidarme, Que me cuenta los latidos Y pone arena en mi sangre, Y se hace eterno en la rosa Y se me acaba en la tarde. El adiós que no pronuncio Se cuelga de los ramajes, Tiembla en el canto de un pájaro, Se alza y me esconde el paisaje, Se va tendiendo a mi paso Para equivocarme el aire; Me pone en las manos niebla, Me mata sin enterarme. Y yo paseo sin mí, En medio de los rosales, Doliéndome la belleza Como otra herida en la carne. El incurable, 1957

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Ildefonso Manuel Gil

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Excusa Perdóneme su Excelencia, Si no le pude escupir: ¡Tenía la boca seca! …………………….. Como me apoyé en tus brazos esta carga de la vida no me quebró el espinazo. ……………………… La buena poesía es verdad siempre, mas la verdad pocas veces puede ser poesía.

Las Colinas, 1989

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pdm05- Ildefonso Manuel Gil