Issuu on Google+

· El diario de tu comarca · 15 - 31 de Mayo de 2012 · Año I · Publicación 01 ·

Tres décadas de historia de la empresa que revolucionó la comarca Opel Figueruelas cumple 30 años La movida ochentera abre las fiestas de Pinseque Pedrola - Torres, derbi histórico El Ribereño de la Semana: José Antonio Latre

... entrevista a

Jesús Díez Méndiz

Deporte y escritura, sus dos pasiones


2

Un aniversario con sabor agridulce

Opel, la fábrica de automóviles de Figueruelas, cumple tres décadas de vida inmersa en una crisis de producción y empleo que hace temblar la estabilidad de la economía comarcal y aragonesa

N

ació para fabricar un coche y en 30 años se ha convertido en el ‘hijo’ europeo con mayor capacidad productiva del gigante General Motors. En 899 días, 3 kilómetros cuadrados de tierra situados a las afueras de Figueruelas se transformaron en una planta gigante de una empresa multinacional. Desde el momento en que se puso la primera piedra en 1980, todo comenzó a transformarse en una comarca en la que lo ‘verde’ era el único motor que hasta entonces se había conocido. Un coche pequeño, que consumiese poco y que conquistase un mercado europeo que tenía como telón de fondo la crisis del petróleo: estas fueron las premisas sobre las que se creó General Motors España. El 30 de agosto de 1982, los neumáticos del primer Opel Corsa comenzaron a rodar por la planta. Hasta hoy, son 11 millones de vehículos los que han salido de la cadena de montaje y recorren carreteras aragonesas, españolas, europeas y mundiales. Un dedo señaló Figueruelas como destino para esta revolución. La localidad era el lugar idóneo por poseer accesos por tierra y aire, estar comunicada con Europa, y tener capacidad energética así como población suficiente para cubrir el empleo demandado. “La localización de una empresa es algo para toda la vida, ahí no te puedes equivocar”: indica con orgullo Eduardo Bandrés, el que fuera consejero de Economía del Gobierno de Aragón durante varios de los momentos más determinantes de Opel Figueruelas. Hoy, el alcalde de esta localidad mira atrás y describe, con recuerdos de cuando todavía era un niño, la imagen de una Figueruelas dedicada al campo y a la ganadería que, de repente, un día se evaporó dejando paso a una enorme industria entonces inimaginable. “La inmensa mayoría de las personas que

trabajaban en el campo se incorporaron a la multinacional. Cambiaron totalmente los hábitos, los horarios, la vida”, evoca Luis Bertol Moreno. Son tres décadas que han supuesto una metamorfosis -a contrarrelojhasta el punto en que el cien por cien de la población está ligada al mundo del automóvil. Cualquier decisión que toma General Motors preocupa o alegra a los 1400 vecinos. “Dependemos total y absolutamente de la fabricación de coches”, sentencia. Con el desembarco de Opel en la comarca Ribera Alta del Ebro, llegaron las familias con niños, los nuevos comercios, los lugares

que se mantengan los comercios, que se hagan mil cosas”, afirma. Cientos de miles de coches son pocos Bajo el metálico y constante sonido de las prensas, de los tornillos y tuercas, Opel fabrica 75 coches por cada hora de trabajo. O lo que es lo mismo: 1800 vehículos diarios, 315.000 para este año. Estas cifras, abultadas pero escasas, quedan lejos de las verdaderas posibilidades de una fábrica que, en sus mejores años, alcanzó los 480.000 coches. El Corsa, el Kadett, el Astra, la segunda generación del Corsa, la tercera, el Tigra, el Meriva y el

Primera unidad de Opel Corsa fabricada en Figueruelas en 1982

de ocio…llegó la estabilidad. Lorenzo, vecino de la comarca, de 82 años, recuerda cómo una fábrica irrumpió bruscamente en la forma de vida de su localidad. “Si no hubiera llegado Opel, no habría venido tanta gente aquí. Aumentó todo, se construyeron casas, llegaron nuevos vecinos. Opel te garantiza que un bar de tu pueblo pueda abrir todos los días,

comenzaron a caer en picado; en sólo dos años, 150.000 coches menos salieron de la planta. Pero la peor etapa todavía no había llegado a Figueruelas. Todo el que conoce Opel sabe señalar cuáles han sido los mejores y los peores momentos de su recorrido, y todos coinciden en que el año 2009 fue fatídico. La firma que, finalmente, General Motors no imprimió en la oferta de la empresa Magna International para comprar Opel, hizo temblar durante meses los cimientos de la planta aragonesa. Para Bandrés, exconsejero y Catedrático de Economía, si Opel hubiera quedado en manos del consorcio alemán, la fábrica de

Vista panorámica actual de la fábrica de automóviles

Combo: ya se les conoce y se les nombra como si fuesen un vecino más de la comarca. Sin embargo, los efectos de la crisis económica han provocado que la certeza de que, en el futuro, existan varios modelos que continúen esta cadena, se sustente hoy con alfileres. En 2008, el corazón automovilístico se resintió y la producción y las ventas

Zaragoza hubiera perdido líneas de producción e inversiones, reduciéndose a un tamaño ínfimo: “Si Opel es americana, a Zaragoza le van a tratar en función de cómo responda económica y productivamente, pero no le van a perjudicar por no ser alemana. Se hubiera sacrificado antes la planta de Figueruelas que cualquier otra”.


3 Las movilizaciones convocadas por los sindicatos, las ayudas del Ministerio de Industria y la capacidad negociadora del Gobierno de Aragón ayudaron a contrarrestar la presión internacional a la que Opel España estuvo sometida por la demora del acuerdo sobre las condiciones de futuro que perseguirían a la venta. Aunque todo quedó en un susto, el semblante de los trabajadores refleja el agotamiento causado por unos años de continuos baches y altibajos. Ahora, viven en primera persona la austeridad que envuelve a la planta. Pilar Blanco, una de las 7.352 personas que trabajan en Opel, tiene muy claro que la peor etapa de los 24 años que lleva en la empresa es la actual: “Está todo muy saturado y el trabajo es muy duro. Estamos cronometrados, cada cinco segundos tenemos que hacer un movimiento; hay mucha presión y mucha menos plantilla”. Si el mercado no demanda coches, nadie producirá algo que no se va a vender. Se trata de una deducción lógica y sencilla que, en una empresa de tales magnitudes, supone restar hasta en 50.000 vehículos la fabricación de este año. Para Opel, la

la empresa: “Los paros técnicos reducen producción, las prejubilaciones reducen plantilla. Al prejubilar, entra otro empleado que está 5 años y al que luego probablemente despiden. Se le paga un 40% menos que a mí y; si yo muero, como el otro me está cubriendo, le echan también”. Cuando Opel tose, Aragón se resfría Pese a que el freno lleva demasiado tiempo pisado y los síntomas de la crisis se dejan notar, Opel sigue siendo el combustible que mueve la actividad industrial aragonesa. Son 59 empresas proveedoras, 5.367 puestos de trabajo los que ahora dependen de la fabricación de Corsas y Merivas. “Por cada puesto de trabajo en Opel, hay tres empleos fuera” afirma José Juan Arcéiz, expresidente del Comité de Empresa de la fábrica. Además, la actividad de la planta aragonesa supone un 5% del Producto Interior Bruto de la comunidad, y la mitad de lo que Aragón exporta son coches y componentes que proceden de la fábrica. Bertol, alcalde de Figueruelas, concibe esta dependencia como un arma de doble filo: “Somos una de las comarcas con la tasa de desempleo más baja, pero esta

Manifestación en contra del Plan Magna en Zaragoza

única solución es parar y reducir plantilla. Sin embargo, las condiciones en las que esto se lleva a cabo no contentan a todos. “Entiendo que, antes de que la empresa tenga que despedir, se llegue al consenso de prejubilar; pero no puedo estar de acuerdo si esta prejubilación significa la eliminación de un puesto de trabajo en el futuro”, afirma Pedro Aparicio, empleado de la planta desde el primer día en el que esta comenzó a operar. Entre 2011 y 2012, toda la plantilla habrá dejado de trabajar 62 días. Son dos meses en los que la fábrica se queda desierta y el ajetreo de las máquinas se silencia. Para Pilar Guridi, directora de Comunicación de Opel España, esta es la fórmula más socialmente responsable: “es una fórmula de futuro que nos permite renovar nuestra plantilla con personas jóvenes, con empuje y nuevas ideas, todo ello, sin perjuicio para las personas que han trabajado largos años con nosotros”. Se trata de un ERE que, como parche, intenta subsanar las heridas de una fábrica vapuleada en combate. La misma meta persiguen las jubilaciones anticipadas y los contratos de relevo. Vicente Lamuela fue prejubilado hace dos años y, desde la perspectiva temporal, asegura haber comprendido la estrategia de

subordinación tan enorme a la factoría es muy peligrosa porque, en un hipotético cierre, es imposible tener un colchón que pueda absorber semejante cantidad de empleo”. Eduardo Bandrés afirma que el Gobierno de Aragón siempre ha tratado de diversificar este tejido industrial: “Dependemos mucho del sector del automóvil, pero dependemos menos que hace 10 años. Poco a poco, estamos potenciando otros sectores productivos”.

Opel España fue la primera fábrica de automóviles del mundo que implantó el tercer turno de producción –nocturno-.Ganó capacidad y mejoró productividad; justo lo contrario a lo que está ocurriendo hoy. “Ahora van a bajar de velocidad la línea del Meriva. Sobran casi 400 personas, por lo que han adelantado el año de prejubilación de los 58 años a los 57”. Son las palabras de Javier Macía, un trabajador de Opel distinto a la mayoría; tiene 20 años y llegó a la empresa en 2010 con un contrato de relevo. Su opinión sobre la actual situación es similar a la del resto de trabajadores; sin embargo, hay algo que le distingue: sus palabras están llenas de impaciencia y de expectativas para el futuro: “Al principio tienes esa inquietud de si vas a poder ir a tiempo, de lo que te puede suponer un fallo…pero al mes ya vas sobrado. Entrar es muy complicado, pero si trabajas bien, es fácil conservar tu puesto”. Su edad le separa del perfil mayoritario del trabajador de Opel: quemado, siente que no aporta nada a la empresa, que sólo es un número más. Son siempre los mismos adjetivos utilizados para definir su trabajo: repetitivo, desagradable y nada creativo. “El ritmo de la cadena mata -señala Pedro-, hay que encontrarle el sabor a estar pegando martillazos”. Sin embargo, monotonía y cansancio tienen prohibido afectar al trabajo de la fábrica. Pilar Guridi tiene claro dónde está la clave del crecimiento de la empresa y, por ello, cada uno de sus trabajadores sabe que el futuro dependerá de lo que aporten con su labor diaria y esfuerzo. Es complicado destacar entre casi las 200 plantas que General Motors Corporation posee en el mundo, pero la fábrica aragonesa lo ha logrado. El capital humano y el compromiso, el ser la planta más grande y productiva de Europa, así como los escasos errores en el trabajo, han hecho que Opel Figueruelas haya llegado primera a la línea de meta cuando ha tenido que luchar contra el resto de plantas europeas. Porque Opel no sólo compite con otras marcas de fabricación de automóviles, sino también con el resto de plantas de la propia General Motors. Así, la estrecha relación entre sindicatos y empresa fue la clave del éxito en una lucha continua por conseguir que la producción del nuevo Opel Meriva se destinase a España y no a

Polonia. Arcéiz rememora cómo la ‘batalla del Meriva’ marcó su presidencia del Comité de Empresa: “Hubo que acordar una contención de los salarios para poder seguir mirando al futuro. Cada modelo te garantiza alargar la vida de la fábrica 6 años más. El enfrentamiento entre trabajadores y empresa no beneficia a nadie; no queremos vencedores ni vencidos”.

Sistema de trabajo en cadena de Opel

En la situación actual, unos meses bastarían para vaciar y cerrar la planta en caso de que los ajustes de General Motors señalaran directamente a Figueruelas. Pero, de igual forma, la adjudicación de un nuevo modelo le daría vida, por lo menos, hasta 2026. La dirección reconoce que está viviendo un momento difícil con retos que habrá que afrontar con más trabajo y sacrificio. Dentro de 365 días, un nuevo Corsa volverá a salir de la cadena de montaje de Opel al igual que lo hizo el primero hace ya 30 años. Desde la compañía, creen que esto volverá a reavivar el estado de la planta. Los trabajadores tienen claro que la fábrica seguirá activa, pero de una forma distinta. “Cuando esto pase, todo volverá la normalidad. Bueno, todo no…Aprovecharán esas reducciones para volver a subir la producción con menos personal y peores condiciones laborales”, sentencia Javier Macía. Es imposible predecir cuántos años de vida le quedan a este ‘hijo’ de GM que presume de ser la empresa más grande instalada en Aragón. Pero, incluso para unos neumáticos, un motor o una carrocería, 30 años son muy pocos para morir.

Opel: ensamblaje milimetrado Opel no es una empresa cualquiera. Probablemente, el movimiento diario que se produce en la planta sea mucho mayor que el de cualquier municipio de varios miles de habitantes. Dos trenes con componentes recorren Europa cada día para llegar o salir de la fábrica de Figueruelas, 300 camiones hacen lo propio por las carreteras españolas. 1600 robots funcionan sin parar las 24 horas del día, y 7000 trabajadores lo hacen divididos en tres turnos. A diferencia de los primeros, estos sí pueden descansar: cuatro veces al día durante diez minutos. Para quien no ha estado allí, resulta difícil imaginar cómo asientos, chapas, frenos, baterías o suspensiones entran en la planta y salen a las pocas horas en forma de coches nuevos y relucientes. El esqueleto de la fábrica está formado por cuatro módulos: la nave de prensas, la de carrocerías, la de pintura y la de montaje. Pero esto no es lo único que hay: 48 kilómetros de zonas verdes rodean a una empresa atravesada incluso por carreteras internas. Cajeros automáticos, una caja de ahorros, una agencia de viajes, un cuerpo de bomberos e incluso un servicio médico propio. No lo son, pero pueden parecer las instalaciones de un centro comercial. Entre coche y coche, se dan 1300 comidas diarias y se producen hasta 50 reconocimientos médicos. La planta se ha erigido como uno de los referentes mundiales de gestión de las empresas automovilísticas. Una política propia en forma de convenios colectivos rige prácticamente toda la actividad de Opel y nada debe ser susceptible de alterar el trabajo y la producción. En un hábitat agradable en el que priman los derechos y los servicios al empleado, presión y precisión nunca se toman un respiro: toda pieza que un trabajador toca, queda sellada y marcada para siempre.


"Sólo una vez a la semana como lo que me apetece, incluso un postrecito" ¿Cómo se autodefiniría? Un orientador de la salud. Podría catalogársele como una simbiosis entre culturista y escritor. ¿Es atípico esto? No sé cuántos culturistas pueden dedicarse a escribir porque la mayoría no se dan a conocer por si han escrito o no, sino por enseñar sus músculos. Por lo que yo conozco, sí que es atípica porque no conozco a otro. ¿Hacia qué lado se inclina la balanza: deporte o escritura? Desde un punto de vista económico, está claro que el deporte. Con el deporte yo me gano la vida; con la escritura, no. Pero no podría decir si me gusta más leer y escribir que entrenar. ¿Tras esos músculos estaba oculta su faceta de escritor? Con 7 años leí mi primer libro, “El libro de las tierras vírgenes” de Rudyard Kipling. Me gustó tanto que empecé a leer a Salgari, a Verne, y todo lo que caía en mis manos. Después de muchos años y muchos libros me apetecía escribir una novela. Yo creo que la faceta de escritor la llevamos siempre; los que somos lectores, en el fondo somos escritores. Hay gente que se atreve a dar el paso y hay otra que no. ¿Por qué? Por la pereza, la falta de constancia. Pienso que en España hay más escritores que lectores...porque lectores hay pocos.

Con el deporte fue distinto. Empecé el 3 de marzo del 82. Como me aburría el fútbol, me dedicaba a a hacer flexiones y a correr por mí cuenta. Una cosa me fue llevando a otra. El 3 de marzo de 1982. Recuerdo todas las fechas de mis competiciones, incluso la hora a la que empezaba a competir. Soy muy metódico, el típico que no puede ver un cuadro torcido. Si estoy en una sala de espera y veo un cuadro torcido; miro a los lados, me levanto y lo pongo bien. Soy así. ¿Era buen estudiante? Era vago. En esa época tenía muchos pajaritos en la cabeza, tenía un mundo de fantasía y estudiar era lo que menos me apetecía. Al hacerme adulto, he estudiado por mí cuenta lo indecible: reacciones químicas en el cuerpo, reacciones enzimáticas, ciencias de la nutrición…

es lo que más enseña. Ese miedo a fracasar y a equivocarme es lo que a mí me motiva. ¿Qué es el culturismo? Una cosa es lo que creen algunos y otra cosa es lo que es. El culturismo lo inventaron médicos y científicos franceses. Es el concepto contrario al que tiene la gente: lo que hacemos es intentar que el cuerpo sea más longevo con una buena alimentación y un buen entrenamiento. Nuestra inteligencia, nuestro yo, va dentro de esta carcasa exterior; si la carcasa se estropea… ¿Y cómo hacer que no se estropee? Cuidando la dieta, cumpliendo una disciplina, yendo al gimnasio e intentado que tu edad cronológica no sea tu edad biológica.

A sus padres les parecería extraño, ¿no? Mi padre hubiera preferido que fuese futbolista o torero. Cuando empecé a entrenar hace 30 años, en la comarca no se conocía lo que era un gimnasio. Les sonaba un poquito…bueno, lo respetaban. En cuanto al escribir, se sorprendieron la primera vez que dije que iba a escribir un libro. Ahora están encantados.

Esta no es la idea que tienen la mayoría de las personas. Se ha tergiversado bastante. La gente se piensa que es hacer músculo por hacer. El culturista no es una persona que sale a hacer posturitas en bañador. No es eso. Entre dos fotos mías hay trece años de diferencia y no sabrían apreciar cuál es la que tiene trece años más y trece años menos. Mi físico, ¡no es que no haya envejecido, es que ha mejorado!

¿Cambiaría algo de estos años de infancia y juventud? Lo que no cambiaría son los errores porque

¿Cuál es el secreto? Disciplina. Levantarte a la misma hora, comer a la misma hora, entrenar a la

Eterna juventud Como un Dorian Gray que desea tener siempre la edad y la apariencia de su cuadro. Su físico no envejece, y las figuras que aparecen retratadas en las decenas de fotografías que cuelgan de la pared de su lugar, tampoco. Todos tenemos un lugar, y el de Jesús Díez Méndiz es su gimnasio. Dos bancadas para hacer abdominales hacen de sofá en esta entrevista. Entre pregunta y respuesta, camina a su ‘cocina’ a por un batido de proteína. A la hora exacta. Porque él es culturista, y en la exactitud y la disciplina reside su éxito. Sin apenas saborear dulces, comiendo, entrenando y durmiendo siempre a las mismas horas, y haciendo con orgullo lo que para muchos sería una tortura. Fue en 1999 subcampeón de España, campeón en 2001 y cuarto en la competición mundial. “Competir es simplemente una experiencia; mí fin es llegar a ser lo más viejo posible en las mejores condiciones posibles”. Por si fuera poco, de vez en cuando, aparta un poquito las pesas y se pone a escribir. Quedan cuatro días para que vea la luz su tercer libro: Los ojos del diablo.


misma hora. Y aguantar la tentación de quedarte más en la cama, de no ir a entrenar, de comer lo que no puedes comer cuando no debes comerlo. Sin flexibilidad, sin margen de error. Sólo una vez a la semana comemos lo que nos apetece, incluso un postrecito. Consiste en saltarse la dieta para reactivar el metabolismo y ayudarte a nivel psicológico. ¿De qué más cosas se priva? Simplemente de una vida indisciplinada, de comer lo que me apetece, de ser perezoso, de un exceso de ocio. Más que privar, me lo he impuesto. Lo que me priva no me atrae: me gusta dormir, escribir, entrenar y vivir el día; no sé lo que es una borrachera ni una resaca. No llevaría 30 años si no me aportarse satisfacción interior y exterior. Y me siento tan bien que me compensa el no caer en las tentaciones. No sé reflejarlo… Me siento como si los últimos veinte años no hubiesen pasado. No me duele nada.

¿Cuánto entrena? Cuarenta minutos al día, cinco días a la semana. No entreno más, pero entreno muy intenso, muy duro; es como bajar al infierno durante cuarenta minutos. Aunque es más sacrificada la dieta por ser durante todo el día.

porque vaya dopado, gana porque es el mejor. Yo no he usado nunca los esteroides y no estoy a favor, pero tampoco en contra. En la vida, la libertad está dentro de cada cual. Como a mí no me gustaría que me obligasen a utilizarlos, no tengo por qué criticar a quien los use.

¿Qué no puede comer un culturista? Puede comer pescado, proteína tanto cárnica como vegetal, todo tipo de hidratos que no sean azúcares simples. Todo lo que sean verduras, hortalizas,

¿Su uso tiene algo que ver con la alta exigencia social en lo referente al físico y la estética? Si a un niño pequeño, que no está condicionado por la sociedad, le enseñas

Quizá si leyésemos todos un poco más… Puede ser. ¿Puede un libro cambiar una vida? Cambiarla no, orientarla sí. Tres libros en once años centrados en territorio aragonés medieval. ¿Por qué? Una de las cosas que me motivó a escribir sobre esta zona en el Medievo es que hay un desconocimiento general. Puesto a hacer una novela que aporte saber histórico, por supuesto que la haré del lugar de donde soy. ¿Qué le quiere mostrar al lector? Tenemos una historia muy buena: Alfonso I es, para mí, el personaje más grande que ha habido en la Península. Al preguntar en la calle quién era Alfonso I, ocho de cada diez personas no saben qué hizo ni qué representó.

¿Cómo afecta esta forma de vida a la familia? Sin obsesiones, tienes que saberlo llevar. Lo que no puedes hacer es sacrificar a la familia por dedicarte a esto. Si salgo un día y me tengo que llevar el tupper con la comida, ir al coche y comérmelo; no pasa nada. Ellos están acostumbrados. Son sólo unos días antes de competir. Cuando nos juntamos todos me salto la dieta, con moderación, claro.

¿Quién es Lupo? Lupo es el protagonista: un cristiano que vive entre musulmanes y que, una vez curtido en batallas, se da cuenta de que tan sólo quiere ser un campesino. Pero se le complica todo; la fama que se ha hecho en otro tiempo le va a perseguir toda la vida. ¿Hay algún paralelismo entre ese guerrero atípico y usted? Los que me conocen dicen que sí, pero yo estoy convencido de que no. Lupo es un personaje al que admiro, es un campesino justo y muy valiente que nace en Pinseque hace novecientos años. Es lo que a mí me gustaría ser, no lo que soy.

¿Mucho sacrificio y poco reconocimiento en comparación con los logros de otras disciplinas deportivas? El problema con este deporte es el desconocimiento. Si un canal de televisión emitiese culturismo todos los fines de semana, habría muchos más practicantes y se reconocería más. Es el gran desconocido.

Guerras, hambre, separación religiosa…pero también aventura, historias de amor y amistad. ¿Cuál es la idea que quiere transmitir con sus historias? Que lo grande está en lo pequeño: en los sentimientos, en la amistad, en la familia, en el cariño… No hay que buscar fama, gloria ni dinero. Mis novelas están llenas de principios y valores que se están perdiendo.

¿Desconocido para mal? Se tiene una imagen de nosotros, la que por desgracia dan algunos, de poco cerebro, de machacarnos a hierro y ponernos fuertes por poner. No se sabe que un culturista de verdad es sacrificio, esfuerzo, filosofía de la longevidad. Es un juego de palabras: para que te reconozcan, tienen que conocerte.

El 31 de marzo sale a la venta el tercer libro de la saga. Véndalo. Es el mejor de los tres. El último de la trilogía.

El culturismo no está reconocido como deporte olímpico. No lo quieren reconocer. No voy a entrar en burocracias ni en temas federativos. Depende de intereses que supongo que se me escapan de las manos. Definición, simetría y proporción en cada músculo. ¿Tan importante es? Si no trabajo todos los músculos por igual y algunos los dejo sin trabajar, con el tiempo crearé una descompensación quinesiológica que me dará problemas. Hay que intentar que todos los músculos sean un engranaje perfecto para que no se rompan. La simetría y la proporción es el equilibrio a la hora de entrenarlos y dedicarles a cada uno el tiempo que necesitan. Eres una cadena; y si rompes, romperás por el eslabón más débil.

narcisistas abogando por la salud, y a otros les interesa la fachada. Ahí es donde creo que se equivocan.

Jesús Díez Méndiz en el campeonato Olimpia del año 2010 en Aranjuez

huevos –sin la yema claro, porque el hígado se puede resentir-, y la cantidad justa de proteína. No puede comer fritos, dulces, exceso de grasas saturadas, harinados, pan… El dopaje está ensombreciendo los logros de muchos deportistas. Si el que llega primero va dopado, el último del pelotón también. El primero no gana

una foto de un señor fuerte y de un señor obeso, y le preguntas cómo quiere ser de mayor; ¿qué va a señalar? Todo entra por la vista. En la sociedad en que vivimos, hay gente que luce su físico en cuanto tiene la mínima oportunidad de hacerlo. Narcisista es el que gasta en peluquería, trajes, en cirugía estética. Nosotros somos

¿Veremos en más ocasiones el nombre de Jesús Díez Méndiz en las librerías? Claro. No me quiero encasillar en un personaje ni en una historia. Quiero comprobar si soy capaz de escribir otro tipo de novelas, quizá contemporáneas. Ahora estaré dos o tres años estudiando y luego escribiré. ¿Y entre los mejores culturistas del mundo? Voy a volver a competir en 2012. En el Campeonato de España intentaré clasificarme para el Míster Universo de Alemania. Esto es como los toreros: dices que te retiras, pero luego…


6

C

omo si de Sus Satánicas Majestades se tratase; llegados desde el infierno, hicieron parada en Pinseque. Sobre el escenario, una estética muy diferente a la típica orquestal y temas rescatados de lo más profundo de los 80 y los 90. Eran Lucifer Sánchez y las Versionettes: un nombre curioso para un grupo peculiar. Verónica –cantante-, Jorge –batería-, Nano –cantante-, Rafa -bajo- , Daniel -guitarray Javi -guitarra- son los seis integrantes de este grupo que se hace llamar ‘conjunto satánico-festivo’. La suma de Lucifer como nombre y su definición de artistas satánicofestivos, unida a una vestimenta con estilo infernal -de colores rosas y negros, con pelucas y cuernos- provoca valoraciones más negativas que positivas entre los inseguros, que no saben si acudir o no a sus conciertos. Sin embargo, para el grupo, esto no es un problema. “Nuestra carta de presentación no echa para atrás, sino que despierta mucha curiosidad. El nombre impacta, pero es bueno porque la gente nos busca y se da cuenta de que somos mejor de lo que esperaba”, afirma Jorge. La filosofía de trabajo de Lucifer Sánchez y las Versionettes se basa en elegir las canciones más horteras, conocidas por todos, y versionarlas aportándoles un cariz divertido. Que su objetivo, como dice Verónica, es pasarlo bien haciendo algo diferente, quedó demostrado cuando, a las doce de la noche del pasado viernes 27, sonaron los primeros acordes en el pabellón de la localidad. Waterloo de Abba, Black is black, I will survive, Sara perche ti amo o Wannabe de las Spice Girls trasladaron al público a la música y a los movimientos de la década de los 80 y los 90. La principal diferencia de este grupo con la mayoría de orquestas reside en su estilo. Su repertorio fue distinto e inusual porque, en lugar de actualizarse tocando las canciones más nuevas, volvieron al pasado

Lucifer Sánchez y las Versionettes sobre el escenario del pabellón de fiestas de la localidad

Verónica y Nano, los dos cantantes del grupo

Fiebre de los 80

Las fiestas patronales de Pinseque comenzaron entre acordes de las canciones más escuchadas y bailadas hace tres décadas para hacer sonar las que a todos han gustado. “Oír a Bisbal no es lo que gusta. La gente responde mejor a canciones de hace 50 años que a Aletargo Sanz o a La Oveja de San Dios”, explicaba Nano. A Ramón, situado entre el público, le encantó volver a oír música de cuando tenía 20 años: “Es de agradecer que se traiga a este tipo de grupos divertidos y diferentes. Siempre nos gusta escuchar las canciones y recordar los bailes de cuando todavía éramos jóvenes”. Canción tras canción, Lucifer Sánchez y las Versionettes agotaron la hora y media de concierto. Sin formación musical pero con mucho show, humor y ambientación

demoniaca y ochentera, lograron sumergir al público de Pinseque en el espectáculo. Imitaron la voz de Tom Jones e incluso se atrevieron a cantar en latín. Una hora y media de lo que para ellos no es trabajo, sino diversión, les reportó 700 euros. Estos números explican por qué a este grupo no le afecta la crisis. Al contrario, le beneficia. No tienen representantes y su precio es hasta cinco veces menor que el de una orquesta. El alcalde del municipio, Juan Luis Melús, y la Comisión de Fiestas decidieron contratar al conjunto, entre otras razones, por lo económico de sus servicios. “Un amigo que había trabajado con el grupo me ofreció

información, me puse en contacto con ellos y no tuvimos ningún problema. Además, cobran muchísimo menos que una orquesta”, explica Melús. El edil señaló que lo que más le convenció fue el tipo de música que tocan: “También son canciones de mi juventud y no es algo específico”. Desde Mecano hasta Nino Bravo pasando por Tina Turner o Boney M.: una miscelánea que caracterizó la actuación de seis jóvenes que, con muchas ganas de diversión y pocos medios, se metieron a los vecinos de la Ribera en el bolsillo. La inauguración musical de las fiestas cerraba, como no podía ser de otra manera, a golpe de Like a Rolling Stone.

Unas fiestas pasadas por agua

Varios jóvenes torean en los encierros vespertinos

Estuvo presente durante todas las fiestas pero la lluvia no pudo con ellas. Del viernes 27 de abril al martes 1 de mayo, todos los vecinos de Pinseque -y de varios pueblos de la comarca- salieron a la calle para celebrar las fiestas patronales en honor a San Pedro. No les importó mojarse; en todos los actos, la afluencia fue mayor de lo esperado.

Primer premio en el concurso de carrozas más orgininales

El ya habitual concurso de carrozas dio el pistoletazo de salida a cinco días de fiesta sin tregua. Este precedió a un pregón que corrió a cargo de la futbolista del Prainsa Zaragoza y medalla de oro en el Europeo sub-17 de 2011, Nelly Maestro. Los encierros y los concursos taurinos volvieron a ser, otro año más, los actos de mayor acogida entre los vecinos. Entre

novillos, vacas y toros, se sucedieron las actuaciones musicales de la mano de grupos de jota y conocidas orquestas como “Nueva Alaska”. Tampoco faltaron la tradicional hoguera ni la procesión en honor a San Pedro. Los parques infantiles, las sesiones de baile juveniles y las charangas pusieron un toque de color a un programa de fiestas diseñado

Fuegos artificiales en la plaza del Ayuntamiento

con el objetivo de buscar la participación, tanto de los más mayores como de los más pequeños. A las diez y media de la noche del martes, se escuchó en Pinseque el último cohete de la traca que anunciaba con nostalgia el final de los actos. Los vecinos ya cuentan los días para que comiencen las fiestas de agosto.


7

Goleada de primera en La Nava

Pedrola 6 - 0 Torres Un Pedrola ascendido matemáticamente derrotó por seis goles a cero a un Torres al que se le volvió a atragantar el derbi comarcal Mero trámite: son las dos palabras que definen el choque entre el Pedrola S.D.M y el Torres C.D.Lo fue para el Pedrola, que reinó durante todo el encuentro ante un equipo que sucumbió al poderío de su rival. Dos estilos de juego muy distintos se enfrentaban en el municipal de La Nava en la última jornada de Liga: un duelo directo entre dos grandes, en otro tiempo de categorías superiores, que, ahora en Segunda Regional, no olvidaron ni un instante su rivalidad. Nunca es como empieza sino como termina. Porque comenzó dominando el Torres, sólido en defensa, marcando al hombre y presionando en primera línea. Pero esto duró 9 minutos exactos. Terminó el calentamiento para el Pedrola y llegó su primera ocasión en el minuto 9: la delantera azulona hizo tambalear la seguridad defensiva del Torres con una internada en el área que adelantaba, al espectador aventajado en fútbol, lo que iba a ser el resto del partido. Comenzaba el espectáculo: en el centro del campo, el cerebro, Marcos Sancho, construía el juego elaborado de los locales y daba, sin criba, pases en profundidad. Más arriba, Luismi Muñoz y Sergio Sancho, una asociación perfecta: el uno subía el balón por la banda y el otro se desmarcaba. Las ocasiones de peligro del Pedrola llevaban su firma. Al otro lado, el Torres supo aguantar y cortar el juego en los primeros minutos. Pero se equivocó. El central torrero, Lucas Nahuel, derribó a Sergio Sancho en el área. El colegiado, Rubén Gonzalo, no dudó en pitar la pena máxima. Tarjeta amarilla por protestar y ánimos que empezaban a caldearse en la grada

visitante. Era el minuto 25 y el Pedrola inauguraba el marcador con el lanzamiento de Marcos Sancho, que introducía el esférico por toda la escuadra y quitaba el polvo de la portería de Javier Chueca. La reacción del Torres vino de la mano de sus dos laterales; intentaron abrir el juego por las bandas, pero el equipo avanzaba lento y no lograba hacer circular el balón. Se sucedían las pérdidas y los saques de esquina botados en corto no daban resultado. Y entre intento e intento de los rojillos, el Pedrola no daba descanso a los guantes del meta rival. En los últimos cinco minutos de la primera parte, llegó la jugada: el extremo del Pedrola, Ignacio Gaspar, recoge un balón en profundidad cambiado de banda y remata sólo en el área tras una carrera individual desde el medio campo. La parroquia local estalla.

Con esta jugada, finalizaba un primer tiempo en el que la sinfonía del balón, mejor orquestada por los locales, fue la protagonista. Los pases cuidados, las paredes, las caricias al balón, la perfecta visión del juego entre líneas y la velocidad de repliegue de los jóvenes anfitriones; frente a la contención y la fuerza defensiva, la corpulencia y veteranía de sus jugadores, el peligro a balón parado y los contraataques de los torreros. Los locales de Borja Lanau frente a los visitantes de Diego Pérez salían de nuevo al terreno de juego. El inicio de la segunda parte fue un calco de la primera. El Torres volvía a crear peligro con remates sin apenas ángulo y asistencias milimetradas. Parecía que algo había cambiado cuando 8 jugadores locales bajaban a defender los saques de esquina de los rojillos. Pero, fue todo un espejismo.

De menos a más “No tienen por qué pasar apuros después de la temporada que han hecho”. Estas eran las palabras de una aficionada que se encontraba entre las casi 80 personas que presenciaban el derbi comarcal. No era una hincha cualquiera; se trataba de la madre de Sergio y Marcos Sancho, dos de los jugadores azulones que más determinantes han sido esta temporada. Su asistencia no había fallado en ningún partido y lo sabía con certeza. “Al año que viene, en Primera Regional, el equipo tendrá posibilidades”, sentenciaba. Este ascenso a la primera categoría es el premio a una temporada que comenzó vacilante. Tras varios empates y derrotas, la dinámica del Pedrola dio un vuelco. El resultado: despide el año con 10 jornadas consecutivas sin sucumbir a rival alguno. Una despedida que se materializó el pasado sábado en el grito de “campeones” de una grada entregada, en un “estamos en primera” marcado en las camisetas, y en el manteo a Lanau tras el pitido final.

El tercer gol llegaba en el minuto 53. Luismi Muñoz, el siete pedrolero, lo había estado buscando con sus rápidos desmarques, sus controles precisos y su toque limpio. Situado al borde de la portería, empujaba un balón solidario recibido al pie, raso y al segundo palo. Se volvía a repetir la historia de los 10 primeros minutos. Las sustituciones en las filas de ambos equipos no modificaron el guión de la película. El 4-0 volvió a castigar un error de los torreros. Tras un despeje del meta con los puños, el balón quedaba suelto en el área, José Lagunas se hacía con el rechace y golpeaba con efecto. Otro gol que subía directo al marcador. Se movió a placer el Pedrola ante un Torres que se defendía como podía y que se acercaba tímidamente al área rival. Sin éxito. Todavía le quedaban dos tantos más por encajar: el quinto, en el minuto 67, lo marcaba Nestor Tejero; y el sexto, en el 81, era consecuencia de un nuevo penalti, esta vez claro, fruto de la ansiedad roja. Las pocas fuerzas que le quedaban al Torres se materializaron en ocasiones muy poco certeras. Hubo varios destellos puntuales de los rojillos que parecían prometer el gol del honor antes de que finalizase el partido. Pero no fue así, la impotencia hizo que terminaran el duelo con un jugador menos. Cuartos en la tabla, los torreros finalizaron la temporada haciendo un febril partido que no borra, sin embargo, una gran trayectoria marcada por la regularidad. Los de Borja Lanau lo hicieron con 6 goles en el bolsillo y 3 puntos que le ratifican como líder de la clasificación. La Segunda Regional aragonesa es ya historia para ellos.


8 Calles deshabitadas Calles deshabitadas

Se levantaba a las 7 y media de la mañana. Se colocaba la boina gris que aplastaba lo que le quedaba de un cabello canoso y ralo. Son las secuelas de la edad. Solía llevar una camisa azul cielo, a veces blanca, con los primeros botones desabrochados. No se detenía a desayunar; no era esto lo primero que hacía. A lo largo de su vida se había ganado el derecho de

· Dirección, edición y redacción: Pilar Soro Lorente ·

poder hacer lo que quisiese y, aunque a su mujer no le gustaba, lo primero que deseaba era salir al portal de su casa, una casa con la fachada desgastada, para fumarse un estrecho cigarro de tabaco liado que guardaba siempre en el bolsillo del pecho de su camisa. No fallaba nunca. Ya no iba al campo. También había dejado de ir al bar a jugar la partida de guiñote en la que no había día que no recuperara el

El Ribereño de la semana

dinero que apostaba. De 10 céntimos en 10 céntimos, su pequeño monedero marrón, que desprendía ese olor tan acogedoramente silvestre, había estado siempre repleto de moneditas brillantes. Pero ya no. Los años habían pasado y su espalda se había curvado demasiado. Pasaba las tardes recostado en la pared de la casa situada enfrente de la suya. Allí veía pasar el tiempo; un tiempo que, junto

Dos paradas de ascensor, una vida

Hombre y máquina se funden en una de las torres de El Pilar, lugar en el que José Antonio Latre ha trabajado como ascensorista durante 41 años

S

ubir, elevar, aupar, ascender, izar…Se le ocurren mil palabras para describir lo hecho toda una vida. No es una máquina; pero una máquina ha sido su mitad durante casi 50 años. Es imposible dar un número exacto de la cantidad de veces que ha subido y bajado: miles, quizá decenas de miles o cientos de miles de viajes. José Antonio Latre encontró, el 10 de enero de 1971, un trabajo como ascensorista en una de las torres de El Pilar. Un trabajo temporal se convirtió en 41 años de historias y anécdotas al lado de una pequeña radio y un ventilador oxidado. Entonces, el viaje en ascensor valía 5 pesetas, ahora cuesta 3 euros: cien veces más. Pero ha pasado mucho tiempo y han cambiado muchas cosas. José Antonio Latre lo sabe. Ha sido un espectador privilegiado, un testigo desde las alturas: “Desde la torre, veía cómo iba cambiando toda la ciudad; cogía una silla y un periódico y me sentaba arriba a observarlo todo. He visto nacer una ciudad, he visto circular el tren al lado del Ebro, he visto a personas y personas pasar por un mismo puesto, he visto restaurar El Pilar, desde

los suelos hasta los techos, he visto crecer a los príncipes, desde bien pequeñitos…”. Estos recuerdos merodean por su cabeza y no puede evitar la sonrisa. Las arrugas que subrayan el contorno de sus ojos y el surco que separa su boca de sus mejillas, son las huellas que le han dejado tantos años dedicados a un trabajo que le apasiona. Orgulloso, reproduce su respuesta ante todo aquel que le preguntase cuál era su oficio: “De mi oficio sólo hay uno, soy el único”.

te quitan algo con lo que has estado toda una vida, sentir pena es inevitable. Ahora, José Antonio Latre está prejubilado y dedica todo el tiempo que antes no pudo a su familia. Trabajaba todos los días de la semana excepto los viernes “Ahora sí que me queda tiempo de disfrutar de la vida, de volver a mi pueblo, de cuidar a mi familia”. La luz invade su rostro cuando habla de su nieto. Lo único que cambiaría de todo su pasado es ese horario que le impidió hacer tantas otras cosas.

Todos los domingos, cuando había fútbol, el sonido del carrusel se escuchaba sin descanso entre las cuatro paredes del ascensor. Un transistor con una antena que alcanzaba el techo y un ventilador situado en una de las esquinas, acompañaban a José Antonio Latre en sus siete horas de trabajo. Este era su hábitat, un ascensor viejo –que hace meses fue sustituido por uno nuevo y moderno, con calefacción y refrigeración- que él dominaba. “Lo entendía, sabía de mecánica, de electrónica, lo llevaba a velocidad rápida, lenta…como quería”, evoca con nostalgia. Si

“¿Tú crees que esto es trabajo?, apretar un botón y para arriba, para abajo…”. Así ha respondido siempre, entre risas, su hermano Cosme cuando le preguntan sobre él. Describe a su hermano pequeño como una persona de la que nunca podría decir nada malo. Eso sí, sus travesuras hicieron que, de niño, pasase más de una tarde arrinconado entre animales. Quizá fue allí, en esos días de castigos infantiles, cuando le dejó de importar el estar encerrado en espacios pequeños. De no haber sido así, no hubiese podido dedicar su vida al ascensor. Su sobrina,

a su enfermedad, terminaron por consumir todas sus fuerzas. Como él, otros muchos ancianos. Cada uno de ellos luchando por unas rutinas que la vejez terminó por derribar. Es la historia de cientos y cientos de vidas longevas que van cruzando la línea y que dejan desiertas las calles de un pueblo que hace tiempo dejó de verles madrugar. ...por Pilar Soro

Lara, explica que conoce de memoria la historia de cuando José Antonio se quedó encerrado durante más de 3 horas: “Prefirió no llamar a los bomberos y esperar al mecánico el tiempo que hiciese falta. Sabía que los bomberos cortarían por lo sano y romperían la puerta”. Él se negó incluso a romper uno de los cristales que permitiesen la entrada de aire. Esto demuestra su amor hacia una máquina que conoce milímetro a milímetro. José Antonio reproduce con sus manos, ya desgastadas por la edad –tiene 65 años-, los sencillos movimientos que había que realizar si el ascensor se estropeaba: “Había un tope en las puertas y dos varillas en el interior. Si levantabas una, la puerta se podía abrir. Menos mal que vino el mecánico…no quiero imaginar lo que hubieran hecho los bomberos…”. Los ascensores son lugares donde las personas tienden a estar incómodas, donde las conversaciones son frías. Para José Antonio, compartir un espacio tan reducido, tantas horas al día y con tantas personas desconocidas y diferentes, nunca fue un problema. “Unos italianos me enseñaron una vez que en su programa de viaje ponía que hablaran con el ascensorista, que era un tipo muy amable”, afirma mientras se ríe. En su trabajo, hacía también las labores de técnico, de meteorólogo y de guía. Cuántos metros tiene, qué velocidad lleva, por dónde puedo ir a…eran las preguntas más escuchadas en el trayecto de subida a la torre de San Francisco. Si Latre tiene que elegir entre las cientos de escenas que ha presenciado dentro de su particular cabina, no lo duda: “Imagínate un matrimonio de Sevilla que viene a pasar el día a Zaragoza. Tienen un hijo que está estudiando en Madrid, pero resulta que ha venido aquí a visitar a unos amigos. Sus padres no saben nada. Cuando la madre iba a subir al ascensor, el hijo bajaba…”. Porque 41 años recorriendo 60,76 metros en 22 segundos, dan para mucho. José Antonio estudió construcciones mecánicas; nunca imaginó que este sería su oficio. Es más: “si hace 50 años me dicen que me iba a dedicar a esto, digo que no. Mi idea era otra… pero las cosas son como vienen”. Hoy es uno de esos días en los que José Antonio ha vuelto a su casa. Revisa el ascensor, de arriba abajo, se asegura de que todo vaya bien y comenta los cambios con su sucesor, Iván Genzor: “El viejo ascensor se paraba aquí, este sube unos metros más”. En lo alto de la torre, Latre examina cuidadoso la estructura del nuevo ascensor dejando atrás la mejor panorámica de la ciudad. Los ojos comienzan a humedecerse, brillan; es el momento de volver a bajar.


Riberta Alta