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▶IGLESIA EN MÉXICO

S

i no le estoy pidiendo permiso. Aquí dice que se ordena la inmediata liberación de mi cliente”, refutó la defensa de José Carlos Contreras Rodríguez, al director del Penal de La Pila, en San Luis Potosí. Y es que, el funcionario hacía malabares para retrasar la salida del sacerdote aquella tarde del 21 de agosto de 2013, luego de que la Primera Sala de la Suprema Corte de Justicia de la Nación le otorgara al religioso salesiano un amparo liso y llano, tras considerar que la Procuraduría potosina había basado las acusaciones en su contra en indicios carentes de sentido y fuera de toda lógica. Años atrás, el 7 de octubre del 2009, cuando el religioso se entregó por voluntad propia a las autoridades, consciente de su inocencia y aconsejado por su entonces abogado, Cándido Ochoa Rojas —actual Secretario de Gobierno del estado—, se le retuvo toda la noche dentro de una camioneta estacionada fuera del penal. La intención era dar tiempo para llamar a los medios y exhibirlo, a primera hora, como el verdadero asesino de Itzachel Shantal González, de 16 años de edad, quien fuera ultimada al interior del colegio salesiano Carlos Gómez, en octubre del 2007. En una maniobra desesperada, las autoridades penitenciarias expulsaron a los medios de las instalaciones, pero ello no impidió que el sacerdote pudiera manifestar ante los periodistas su confianza en Dios durante el “sucio proceso” que vivió y, sobre todo, exigir justicia para la jovencita asesinada, “porque esto no ha terminado”, advirtió a la prensa.

A cuatro años de reclusión busca esclarecer el asesinato “No ha sido sencillo recuperar mi espacio sacerdotal”: Contreras

Politización de la justicia La casa sacerdotal del Colegio Anáhuac Chapalita, en la ciudad de Guadalajara, parece un buen lugar para iniciar la reinserción social. La comunidad salesiana le ha procurado a José Carlos, de 67 años de edad, los medios necesarios para recuperarse psicológica y físicamente. Se le nota sereno, aunque no del todo habituado a la libertad: “En mi caso, como en muchos otros, la justicia se politizó. Todo esto ocurrió justo cuando estaba inflado ese asunto de la pederastia clerical”. Contreras se acomoda y detalla la manera en que fue engañado por Cándido 14

Ochoa Rojas, quien le recomendó que se entregara a la policía, asegurándole que saldría libre en menos de 72 horas, ante la falta de evidencias. Unos días antes, el ahora Secretario de Gobierno había sido nombrado Procurador del Estado de San Luis Potosí: “Yo confié en él. Todos confiamos en él”, dice sin ambages. Fue durante las audiencias cuando el sacerdote percibió había algo más detrás

de su detención: “A mis abogados les llamaban la atención sobre las preguntas que hacían. En cambio, a la parte acusadora le permitían todo. Desde la rejilla podía ver lo que escribía la secretaria y cada vez me convencía más de que había contubernio. ¿Cuál era el objetivo? Creo que dañar a la comunidad salesiana”. ¿Cuál es su opinión sobre la justicia mexicana? Últimamente se ha hablado mucho de reformas, pero ¿dónde está la reforma judicial? Para mí es la clave de todo. Si las cosas están tan mal en el país es por falta de justicia y tantas inequidades. Yo he sido víctima de este sistema, pero hay miles y miles más. Los procesos son manipulados, llenos de corrupción, sobornos y extorsiones. Conocí a muchas personas inocentes dentro del penal.


¿Considera que cumplieron el cometido de dañar a la comunidad? En un principio sí, pero finalmente todo se ha revertido. El colegio salesiano de San Luis Potosí iba creciendo, eran poco menos de 1 000 alumnos cuando todo esto sucedió, pero ahora son más de 1 500. El colegio sigue pujante, así que si su objetivo era desprestigiar a la comunidad, no lo lograron.

La prisión Los casi 4 años que José Carlos Contreras permaneció en el penal han sido considerados los más violentos en La Pila. Recuerda que en muchas ocasiones le tocó ver “como si estuvieran filmando una película de guerra”: los helicópteros sobrevolando la cárcel y, abajo, la gente amotinada y lanzando petardos. El sonido de las balas y los gritos se prolongaban por horas y el gas lacrimógeno penetraba en los dormitorios. A él le tocó presenciar el motín de abril de este año, uno de los más crudos, en el que murieron 13 internos y casi 70 resultaron heridos. ¿Algo que extrañe del penal? Sí, a tantos jóvenes. Y los extraño en el sentido de que hay que hacer mucho por ellos. Se encuentran presos, pero no son totalmente culpables, ha sido la misma sociedad la que no les ha dado oportunidades. Han sido víctimas de la desintegración familiar, de la falta de valores, abandono de los padres, escasez de facilidades laborales y educativas. Dejé muchos amigos en el módulo. Si yo me sentía muy mal ahí adentro, teniendo visitas incluso 2 veces por semana, me preguntaba cómo se sentían los demás. Trataba de compartirles algo: rosarios, medallas, estampitas, para que tuvieran, de alguna manera, un acercamiento con Dios. Por desgracia, muchísimos son analfabetos. Llegué a pensar que, de no salir libre, tenía que darle un derrotero a mi ministerio dentro del penal, siempre que hubiera las facilidades y la Arquidiócesis de San Luis Potosí lo permitiera. Había pensado en ocupar la capilla para hacer un trabajo apostólico más intenso con pequeños grupos. Contreras Rodríguez vivió sus primeros días en libertad totalmente desubicado, “descanchado”. Ha sido un proceso lento para expulsar las tensiones del encierro. Es momento de sanar el cuerpo, la mente

y el alma, y lo está haciendo con atención especializada. ¿Cómo es su regreso tras la prisión? No ha sido sencillo recuperar mi espacio sacerdotal, mi espacio social. Sé que hay gente que sigue dudando de mi inocencia. Desde el penal, muchos custodios y presos me trataban con desprecio, como asesino. Al principio me sentía muy devastado emocionalmente, pero tenía como modelo a Cristo. Él estuvo en las mismas circunstancias, fue amarrado, azotado. Yo le decía al Señor: ‘esto no es nada comparado con lo que tú sufriste’. ¿Qué podía hacer? Simplemente pedir a Dios por ellos. Me costó mucho tiempo superarlo, fue casi hasta el final. A mis compañeros les decía: Sólo el de arriba conoce nuestra conciencia y Él es el más importante. ¿A qué se piensa dedicar ahora? Por lo pronto, a recorrer la República para ir agradeciendo a todas las comunidades de salesianos su apoyo moral y espiritual. Terminando eso, quiero concluir mi tratamiento médico y psicológico en Guadalajara. Después, Dios dirá, aunque seguramente haré lo que he hecho toda mi vida: inculcar valores, responsabilidad a los padres de familia. Hay que darles muchas herramientas para que haya buenos cristianos y honrados ciudadanos. ¿Regresará a San Luis Potosí? Yo creo que no. Regresaré por algún compromiso que me han pedido, pero esto será

consultado con el Provincial. Yo no tengo que esconderme de nadie. Soy totalmente libre, pero necesito que las cosas se apacigüen porque el proceso aún no termina. Ahora estamos pidiendo que la muerte de Shantal no quede impune. Queremos que se busque al culpable o culpables de este crimen, y la sociedad nos tiene que apoyar en eso. Así como mucha gente estuvo presionando en mi contra, ahora también deben exigir a las autoridades que den con los verdaderos responsables. ¿Cuál sería su consejo para miles de presos que han perdido la esperanza? Yo les invitaría a que nunca pierdan la esperanza humana, pero sobre todo, la esperanza divina. Que sean capaces de sanar lo que hay en su vida y que aprovechen el tiempo de encierro para pensar de otra manera, y aferrarse en Dios a través de la oración, porque la esperanza muere al último. También les digo que sean capaces de reflexionar qué es lo que quiere Dios de uno en ese lugar, especialmente aquellos que son inocentes y viven el infierno que yo viví durante casi 4 años en esa prisión. ROBERTO ALCÁNTARA FLORES 15


Vida Nueva México 47 - José Carlos Contreras