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PLIEGO

© Gettyimages

ANTROPOLOGÍA DE LA SANTIDAD EN MÉXICO

CARLOS VILLA ROIZ Periodista La antropología estudia al ser humano en su evolución, en el contexto social y de manera integral, por ello, el autor plantea una antropología de la santidad cuando ésta se encuentra relacionada en el tiempo con todas las culturas y religiones.


PLIEGO

Radiografía de santos mexicanos La santidad es un camino, una forma de vida, y finalmente, una meta. Es un llamado de Dios que el propio hombre puede aceptar o rechazar como consecuencia de su libre albedrío

S

i el hombre, visto con lupa, ha sido definido como Homo Sapiens o Zoon Politikón, los antropólogos también lo han llamado “Animal religiosum”, y es que la idea sobre la existencia de Dios es una constante cultural y desde antes de Cristo, en Roma, Cicerón ya hacía reflexiones sobre la religión como vínculo del hombre con Dios. La santidad es propia de lo sagrado y ésta no es exclusiva de las religiones monoteístas. Entre aborígenes australianos cuya cultura se remonta a 40 mil años, la religión basada en los mitos del “Tiempo del Sueño” sigue marcando pautas de conducta y la Gran Roca, el Urulu, es un lugar sagrado. Entre indios huicholes de Jalisco y Nayarit, en México, su arte votivo continúa reflejando su mundo interior, propio de la experiencia alucinógena que produce el peyote, cactus que crece en el desierto de San Luis Potosí, México en la región mágica de Wirikuta, donde los nativos entran en contacto con sus antepasados, los dioses creadores. En Oriente hay filosofías místicas que no pueden ser consideradas como religiones porque no buscan religarse con Dios. Son producto de hombres sabios, maestros que por caminos diversos, entre ellos, la contemplación, descubrieron verdades para escapar del dolor del ser a partir de la renuncia a la ilusión del mundo en busca de la liberación. Sin embargo, en el hinduismo o el budismo se habla de iluminación con un sentido muy próximo al concepto que otras religiones tienen de la santidad. 24

el menor pecado. No puedo amar al alma manchada por un pecado, pero cuando se arrepiente, entonces Mi generosidad para ella no conoce límites. Mi misericordia la abraza y justifica. Di a los pecadores que ninguno escapara de mis manos. Si huyen de mi corazón misericordioso, caerán en mis manos justas.” Mucho se puede hablar de la santidad en lo teológico pero esto alejaría de los propósitos de este ensayo, de modo que comenzaremos por hablar de la historia de la santidad en México.

LA ESPIRITUALIDAD INDÍGENA

Judíos, cristianos y musulmanes se refieren en sus libros sagrados a la santidad propia de Dios y la posibilidad de que esta sea comunicada al ser humano. Para el cristiano es claro que el Espíritu Santo es quien comunica el don de la santidad y Jesús ordenó: sed santos. El mismo demonio reconoció la santidad de Jesús: “el santo de Dios”. La santidad es la condición para poder ver de frente a Dios, para lo cual, el purgatorio es un medio de purificación para alcanzar plenamente esa intachable condición espiritual. Santos de la talla de la santa Sor Faustina Kowalsca, de acuerdo con su diario, transcribe estas palabras reveladas por Jesús: “(1728) Soy santo, tres veces santo y siento aversión por

La religiosidad de los pueblos mesoamericanos es innegable. Más de 2000 zonas arqueológicas catalogadas revelan más allá de la ubicación de asentamientos humanos, la importancia que tenía la religión puesto que los basamentos piramidales no eran vivienda, sino templos, observatorios astronómicos, plazas públicas, mercados, escuelas, y en todo caso, monumentos. Basta con mencionar la leyenda de la fundación de México-Tenochtitlán que se dio por motivos religiosos, sobre un simple peñasco que estaba en medio del lago de Texcoco y al cual hicieron crecer mediante el sistema de chinampas. Es obvio que hubiera sido más fácil construir la ciudad en tierra firme. Los dioses prehispánicos no eran vistos como entes abstractos, producto de la meditación, los mitos o la filosofía. Códices y narraciones indígenas narran sucesos en los que los hombres dialogaban con los dioses, posiblemente con la ayuda de las plantas alucinógenas. Por ejemplo, Huitzilopochtli, la deidad de la guerra, quien guiaba a los aztecas en su peregrinar hacia el sur, se les apareció y les dijo que de esa fecha en delante ya no se llamarían aztecas sino mexicanos, y les dio el arco y la flecha, y horadó sus orejas, como lo narran el


Fray Bartolomé de las Casas

códice Aubin y otros documentos. Los edificios conocidos como tzompantlis eran ábacos que tenían por cuentas cráneos humanos ensartados en varas, pero estos altares de muerte sobre los cuales versaron Bernal Díaz del Castillo o fray Bernardino de Sahagún, eran reliquias de personas sacrificadas como ofrendas en eventos religiosos, de modo que esas construcciones ensangrentadas eran sagradas.

CONTRADICCIONES EN LA EVANGELIZACIÓN La conquista de México trajo consigo el sangriento enfrentamiento de culturas y religiones, un doloroso trauma en las sociedades nativas. Si las guerras fueron descarnadas y posiblemente exterminaron pueblos enteros como se deduce de situaciones como las descritas en la toma de Tenochtitlan, donde los indios peleaban sobre cadáveres apilados de la gente diezmada por el hambre y las epidemias, la colonización trajo consigo otros males: abusos y explotación, valientemente denunciada por Fray Bartolomé de las Casas y otros religiosos, no obstante en el testamento de la Reina Isabel se exigía, desde 1504, que los indios del Nuevo Mundo fueran tratados como las personas libres que eran. En Europa, la conquista fue justificada bajo el argumento de que los indios debían ser evangelizados. Fran Juan de Zumárraga, el primer obispo de México,

Fray Juan de Zumárraga

designado desde 1528, bien decía que los primeros misioneros no eran anticuarios, de modo que se destruyeron miles de ídolos y en sustitución se pusieron cruces e imágenes de la Virgen sin que mediara en ello una adecuada catequesis, de modo que las primeras imágenes cristianas se colocaron en los primeros templos como si fueran nuevos ídolos que debían ser venerados a fuerza de la espada. Gran cantidad de nativos fueron bautizados sin la adecuada preparación, a causa de las multitudes que eran para tan pocos misioneros y de la pluralidad de leguas, y siendo ellos adoradores del Sol, inicialmente siguieron dando culto al astro rey, pero en la noche, a ocultas de los españoles, lo que constituyó una contradicción en su visión teológica. Los frailes trataban de inspirar piedad con el crucificado, cuando los sacrificios rituales de los indios incluían actos de barbarie como el desollamiento, la extracción del corazón, el flechamiento, y la asfixia por ahogamiento en remolinos y cenotes. En la medida que prosperó en los frailes el conocimiento de los idiomas nativos, se empezó a hablar de la Trinidad, tema difícil de asimilar porque la teología indígena partía de la dualidad de los dioses: díanoche, sol-luna, hombre-mujer. En la cosmogonía indígena no había infierno ni purgatorio, y si acaso, el cielo tenía alguna semejanza con el Tlalocan, el

reino de Tlaloc, el agua, destinado a quienes fallecían a causa del rayo, el granizo, la lluvia… Era un bello jardín donde volaban aves y mariposas, conforme se aprecia en códices y un mural de Teotihuacán. En la teología indígena, algunas virtudes se premiaban después de a muerte: las mujeres que morían en el parto se transformaban en cihuateteos y luego, en coloridas aves que acompañaban al sol desde el amanecer hasta el mediodía. Los guerreros que morían en batalla también se transformaban en aves que volaban al lado del sol, desde el mediodía hasta el ocaso. El catecismo fue la gran revolución cultural, pero su avance fue muy lento. El buen ejemplo de los frailes trajo simpatías y conversiones, pero el sincretismo fue la fórmula del aprendizaje en la mayor parte de los casos. Ya no se trataba de un dios que exigía sangre humana, como lo era Tonatiuh, el sol, sino de un Dios que dio su sangre en una cruz para redimir a los demás. El Evangelio avanzó en la medida en que los niños fueron separados de sus padres para recibir la instrucción, pero en poco tiempo surgieron rivalidades ideológicas en el seno familiar y

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PLIEGO social. Así surgieron los primeros mártires, beatificados por Juan Pablo II: los niños Cristóbal, Juan y Antonio, muertos por sus propios padres, tras haber destruido los ídolos que escondía la comunidad. A partir de 1521, la primera década fue un caos donde imperó el rencor y la confusión. Indios y españoles eran irreconciliables, pero a partir de 1531 todo cambio con los acontecimientos guadalupanos. La historia de la santidad también dio un vuelco y milagrosamente, los nativos fueron los principales promotores de la aparición de la Virgen de Guadalupe y con ello, se dio un inesperado proceso de reconciliación entre conquistados y conquistadores. San Juan Diego, el vidente del Tepeyac, y su tío Juan Bernardino, también vidente, representaron nuevos modelos de valores hacia la santidad, acorde a los principios de la naciente iglesia católica en el nuevo mundo. Pero este tipo de conflictos ideológicos se prolongó en Mesoamérica hasta el siglo XVIII, cuando todavía había misiones entre indios y en el XIX, cuando los criollos luchaban por la independencia, numerosas comunidades de indígenas aún seguían siendo evangelizadas. En el serrano pueblo de Cajonos, Oaxaca, por ejemplo, dos indios fiscales conversos: Juan Bautista y Jacinto de los Ángeles, fueron linchados por todo el pueblo que se negaba a abandonar las prácticas idolátricas el 14 de septiembre de 1700. Entre los mayas, a inicios del siglo XX, todavía se reportó un sacrificio humano dedicado a los viejos dioses.

LOS SANTOS Y SUS RELIQUIAS El Concilio de Trento (1445-1563) recomendaba la veneración de reliquias y el III Concilio Provincial Mexicano de 1598, en el Título XVIII, recogió estas recomendaciones. Antes aún, para consagrar los primeros templos católicos hubo necesidad de importar de Europa reliquias de santos para que se pudieran colocar en el ara de los altares, y así, el documento más antiguo se conserva en el Archivo General de la Nación data del siglo XIII y es un certificado 26

de autenticidad de reliquias que se enviaron a Nueva España. Las reliquias de los santos que se incorporaron a la cultura nacional ampliaron horizontes y modelos de santidad que fueron asimilados por nativos, criollos y mestizos, quienes agrupados en barrios en un nuevo trazo urbano, los designaron como santos patronos locales, a quienes levantaron bellas capillas. En estudio realizado por el historiador franciscano Manuel Morales demuestra que los primeros barrios de la ciudad de México adoptaron nombres bíblicos como Los Reyes, Magdalena, San Pedro, San Pablo y la Santa Cruz, pero franciscanos, dominicos, agustinos, mercedarios, juaninos, jesuitas y otras órdenes religiosas también promovieron los carismas de sus fundadores y santos, de modo que los modelos de santidad fueron ampliados. El martirio en Japón del primer santo mexicano: Felipe de Jesús, impactó enormemente en nuestra cultura, pero de manera global, las reliquias de santos que se importaron influyeron en los patronazgos urbanos y rurales. Las misiones en México dejaron una larga senda de ejemplos de santidad a través de los mártires y personas piadosas. Hay personas que fácilmente podrán alcanzar la gloria de los altares, no obstante, las causas históricas son más difíciles de que prosperen. Entre ellos se puede mencionar a Fray Vasco de Quiroga, Fran Domingo de Betazos, Fray Bartolomé de las Casas, Bernardino Álvarez, Fray Juan

de Zumárraga, Gregorio López. Otros, mártires, ya han sido declarados beatos: Sebastián de Aparicio, Bartolomé Días-Laurel, Bartolomé Gutiérrez pero la lista es larga, sobre todo, los relacionados con las Misiones en Nueva Vizcaya, Michoacán, Jalisco, Sinaloa, Tarahumara, Sierra Tepehuana, Sierra Tarahumara, Zacatecas, Nuevo México, Milpillas, Baja California, Sonora, Texas, y aun en lugares distantes como Costa Rica y las Islas Marianas, cercanas a Japón.

DEL MÉXICO INDEPENDIENTE, A LA REFORMA Y REVOLUCIÓN. 1810 fue el año en el que un sacerdote criollo: Miguel Hidalgo y Costilla, incitó al pueblo a la lucha por la Independencia nacional y tras adoptar como bandera un estandarte con la imagen de la Virgen de Guadalupe, más de 400 sacerdotes y religiosos del bajo y mediano clero se fueron involucrado en la lucha de ambos bandos, como en la parte ideológica del movimiento. Algunos clérigos sobresalientes fueron José María Morelos, Mariano Matamoros, Melchor de Talamantes, el canónigo Monteagudo, Pablo Vázquez. Aquellos años fueron difíciles para la Iglesia en México. Por un lado, los obispos se sentían comprometidos con España, pero una parte de clero, consciente de la situación del pueblo afectado por los privilegios que tenían unos y las restricciones e impuestos de los otros, creían que existían las condiciones y la madurez para alcanzar la independencia, siguiendo los pasos de los Estados Unidos, Francia y otros países iberoamericanos como Haití. En medio de este laberinto ideológico, por lo demás con consecuencias de fusilamientos y sangre, la historia no registró ninguna causa de canonización ya sea por el lado del martirio o por la práctica de las virtudes teologales en grado heroico. La historia de la santidad en el México independiente vuelve a tomar fuerza con la fundación de los


misioneros josefinos, en torno a la vida de los Siervos de Dios Cesárea Ruiz de Esparza (1829-1884) y el sacerdote José María Vilaseca Aguilera (18311910), y de otros Siervos de Dios como José Antonio Plancarte y Labastida (1840-1898), Abad de la Colegiata de Guadalupe, quien le tocó vivir los difíciles años de la reforma, cuando al amparo de la masonería y grupos liberales con poca tolerancia surgieron leyes anticlericales, la Iglesia fue despojada de sus bienes y de gran parte de sus archivos. En este período de la historia, sin embargo, se puede mencionar a San José María de Yermo y Parres (1851-1904), canonizado por Juan Pablo II, sacerdote ejemplar y fundador, consagrado a los pobres. Tras una dictadura de 30 años en el poder del presidente Porfirio Díaz en donde la Iglesia en México tuvo un respiro tras las leyes de reforma, en 1910 estalló la Revolución Mexicana y este movimiento social de grandes dimensiones, el primero del siglo XX y que arrojó un millón de muertos, dio inicio otro largo camino de mártires que encabezó San David Galván Bermúdez (1881- 1915), sacerdote fusilado en Jalisco, tras haber sido apresado por fuerzas federales luego de un enfrentamiento entre villistas de Julián Medina y carrancistas, cuando el religioso fue sorprendido impartiendo

Don Vasco de Quiroga

sacramentos a los heridos en pleno y Valencia se convirtió en el primer campo de batalla. obispo latinoamericano en ser San David Galván es el único santo canonizado. que arrojó la Revolución Mexicana, Otro caso muy especial fue Juan de pero muchos más, laicos, Palafox y Mendoza (1600-1659), sacerdotes y religiosos que español de nacimiento, pero vivieron esta etapa de fue designado como virrey nuestra historia, podrían de Nueva España y obispo alcanzar el privilegio de Puebla de los Ángeles de los altares, aunque y del Arzobispado falta investigación de México. Fue histórica y que beatificado durante se promuevan de el pontificado de manera adecuada sus Benedicto XVI. Causas. Cuatro mujeres A partir de 1917, la mexicanas han nueva Constitución sido elevadas a los Política de México altares; dos de ellas San Cristobal incluyó artículos son santas: María de Magallanes que limitaban más el Jesús Sacramentado quehacer de la Iglesia, Venegas y María Guadalupe sobre todo en materia de García Zavala; otras dos educación, de modo que los son beatas: Dorotea Chávez y propios fieles se levantaron en armas la nayarita María Inés Teresa Arias. en la llamada Guerra Cristera (1926Las tres primeras fueron enfermeras 1929), con lo que surgió una nueva lista y les tocó vivir los difíciles años de la y más numerosa de mártires. A este Revolución y la Cristiada. Las cuatro grupo pertenece el mayor número de los fueron distinguidas por la práctica santos y beatos mexicanos. de las virtudes en grado heroico. El 21 de mayo del 2000, Juan Pablo II, Las fundaciones que realizaron en Roma, en el marco del Gran Jubileo siguen vigentes y prestan gran ayuda de la Encarnación, el Papa canonizó humanitaria y social. Otras mujeres a San Cristóbal Magallanes y sus 24 mexicanas están a la espera de la compañeros mártires, sacerdotes y realización de un milagro alcanzar laicos, todos ellos víctimas; provenían la distinción. El matrimonio, como de Jalisco, Michoacán, Guerrero, institución religiosa que conduce a la Guanajuato, Durango, Colima, santidad, también está presente en los procesos de canonización que se siguen Chihuahua y Zacatecas. en México. A inicios del pontificado de Benedicto A razón de que el beato Juan Pablo XVI, en Guadalajara, Jalisco fue II expresara su deseo de elevar a los beatificado otro importante grupo de altares a un matrimonio cristiano, 13 mártires, la mayor parte de ellos hace algunos años, en México se laicos, y este bloque fue encabezado buscó quien pudiera cumplir con las por el Lic. Anacleto González Flores condiciones, y se encontró el caso de (1888-1927). También incluye un los esposos y Siervos de Dios Eugenio sacerdote claretiano, español fusilado Balmori Martínez (1900-1946) y Marina en Guanajuato. Francisca Cinta (1909-1988). Mención especial requiere San Esta pareja ejemplar nos acerca a las Rafael Guízar y Valencia, V Obispo de Veracruz, canonizado por Juan Pablo II, recientes palabras del Papa Francisco, y a quien le tocó padecer la persecución quien dijo en Brasil a los jóvenes que deseaba conocer santos de jeans y de religiosa de la Cristiada, no obstante, tenis. El matrimonio Balmori-Cinta él no fue mártir, Su biografía refiere fue una pareja muy cercana a nuestro; que como sacerdote confesó heridos en él fue dibujante, trabajó en Petróleos La Ciudadela, tras el enfrentamiento Mexicanos y ella, como costurera en la conocido como La Decena Trágica, en empresa Singer y como taquillera en la febrero de 1913, en plena Revolución Cineteca Nacional. Mexicana. Posteriormente, Guízar 27


PLIEGO LOS MÍSTICOS Otro grupo importante se refiere a los místicos, personas que por su alto grado de espiritualidad, en la intimidad, estuvieron en vida más cerca de Dios. Algunos fueron religiosos, ciertamente, pero otros se desenvolvieron en el mundo, e incluso, estuvieron casados y procrearon. Un caso temprano fue el del Siervo de Dios Juan González y García quien fue el intérprete entre el indígena San Juan Diego, que hablaba náhuatl, y el obispo de México Fray Juan de Zumárraga, durante las apariciones en el Tepeyac de la Virgen de Guadalupe. Considerado como un intelectual, pues entre otras cosas, fue rector por dos períodos de la Real Universidad Pontificia de México y canónigo de la Catedral, consagró su vida a los indios y a la meditación. Está sepultado en la Capilla de las Reliquias de la Catedral Metropolitana de México, y su Proceso de canonización avanza, aunque lento, como todas las demás causas históricas que son más difíciles de investigar. Un caso más reciente de nuestros místicos ejemplares es el de la Sierva de Dios María Angélica Álvarez Icaza (1887-1977), nacida en la ciudad de México, quien ingresó a la Orden de la Visitación de Santa María cuando tenía 17 años. 28

En sus escritos se advierte que era seguidora de San Francisco de Sales y de Santa Juana Francisca de Chantal, fundadores de su Congregación, y como muchas otras religiosas, de Santa Teresita del Niño Jesús. Era devota de la Virgen de Loreto. En 1913, hace un siglo, cuando tenía 25 años, padeció una grave enfermedad y ella se convirtió en un alma mística, hacía penitencias de sangre “pidiendo a Dios que no se notara exteriormente en su vida religiosa, para que fuera una más en la Comunidad”. Su silencio duró 60 años. Cuando se exhumaron sus restos, se descubrió en su esternón un pequeño orificio delante del corazón que no tiene explicación científica, no es congénito, tampoco pudo ser hecho en vida, porque hubiera muerto y además el hueso tiende a regenerarse. Su proceso de canonización avanza. Otro caso que se sobresale es el sacerdote San José María Robles Hurtado, (1888-1927) poeta, fundador de la Congregación Víctimas del Corazón Eucarístico de Jesús; fue ahorcado durante la Guerra Cristera. El también hacía penitencias de sangre pues incluso, en su museo en Guadalajara, Jalisco, se conservan una especie de escapularios con espinas que él usaba. Fue canonizado en el año 2000. La Sierva de Dios Concepción Cabrera de Armida (1862-1937), también es un

caso de excepción, pues ella fue laica a quien se le recuerda siempre alegre; estuvo casada y tuvo nueve hijos, a quienes ayudó a salir adelante en la vida cuando quedó viuda a partir de 1901. Ella tuvo la inspiración de fundar las cinco Obras de la Cruz, e influyó notablemente en el sacerdote Félix de Jesús Rougier, marista, para que fundara la Congregación de los Misioneros del Espíritu Santo, que tiene presencia en varios países. Ambos ya han sido declarados venerables. Concepción Armida, como las beatas Madre Teresa de Calcuta o María Inés Teresa Arias, fueron mujeres que influyeron en la creación de ramas sacerdotales, obviamente, masculinas. La obra literaria de Concepción Armida es amplia, abarca unos 20 volúmenes, y en sus páginas se advierte el alto grado de misticismo que experimentaba, al punto de que los estudiosos han planteado la posibilidad de que ella hubiera tenido algún tipo de revelación divina. El proceso de canonización de Concepción Armida está ligado a otros 10 más que se siguen derivados de los Obras de la Cruz. Por desgracia, en la ciudad de México, las congregaciones contemplativas enfrentan serios problemas económicos a causa del elevado predial que tienen que pagar por la tenencia de sus conventos al gobierno, lo que las distrae de sus tareas religiosas y las orilla, a la larga, a abandonar el Distrito Federal.

LA SANTIDAD EN CIFRAS

Teresa de Calcuta

Para entender mejor a los santos y beatos “mexicanos”, se han propuesto cuatro grupos para su estudio: 1) los que nacieron en México y murieron en México; 2) los que nacieron en México pero murieron en el extranjero, como San Felipe de Jesús; 3) los que nacieron en el extranjero y murieron en México, como el beato Sebastián de Aparicio y 4) los que nacieron en el extranjero pero influyeron culturalmente de manera notable en nuestro país y finalmente murieron en el extranjero, como es el caso del beato Juan de Palafox, quien nació en Osma, España, pero fue Virrey de Nueva España y Arzobispo de


Cúpula del camerín. Santuario de la Virgen de Ocotlán, Tlaxcala

Puebla de los Ángeles. A partir de estos criterios, se puede presumir que México cuenta con 31 santos y 24 beatos, lo que da un total de 55. Sin embargo, por lo menos 64 santos y beatos vivieron en nuestro país donde ejercieron notable influencia cultural y religiosa cuyas huellas perduran a favor de la Iglesia. En todo este proceso, se debe tomar en cuenta que 3 santos o beatos españoles han muerto en México: Sebastián de Aparicio, Fray Junípero Serra, cuando la Alta California pertenecía a México y no a los Estados Unidos, y el religioso claretiano Andrés Sola y Molist, beatificado en 2005, y quien fue uno de los mártires del rancho de San Joaquín, en Guanajuato. Entre los mexicanos que han muerto en el extranjero están: San Felipe de Jesús y los beatos Bartolomé Gutiérrez y Bartolomé Laurel, todos ellos martirizados en Japón; además de Luciano Hernández y Gabriel Escoto Ruiz, religiosos, quienes fueron asesinados durante la Guerra Civil Española. La entidad en donde han nacido más santos y beatos mexicanos es Jalisco, con 27. También es el estado en donde fueron sacrificados más mártires durante la Guerra Cristera, en donde el conflicto armado fue más violento. Le siguen en importancia los estados de Zacatecas y Michoacán, con 4 cada uno; en Tlaxcala y Guerrero han nacido respectivamente 3; Guanajuato, Oaxaca, el Estado de México y la ciudad de México, han aportado cada uno de ellos 2 santos o beatos. México cuenta con 6 santos y beatos indígenas, de los cuales, dos pertenecieron a Oaxaca, la entidad que a la fecha tiene la mayor diversidad indígena y riqueza lingüística, pues aún cuenta con importantes grupos como

los mixes, mazatecos, mixtecos, triquis, zapotecos; 18 de los 65 grupos étnicos que existen en la República Mexicana y que se estiman en el 10 por ciento de la población total del país. Tlaxcala-Puebla ha aportado dos santos o beatos, y uno el Estado de México, entidad donde aún hay indígenas mazahuas, otomíes, matlazincas y nahuatlatos. Nos referimos a San Juan Diego Cuahtlatoatzin, un personaje indispensable para entender el fenómeno guadalupano que tuvo lugar en diciembre de 1531. Además hay 4 mujeres elevadas a los altares, todas ellas religiosas y 2 obispos: uno nacido en Cotija, Michoacán, México y el otro, fue Arzobispo de Puebla y México, además de ser Virrey de Nueva España: el beato Juan de Palafox y Mendoza, quien nació en España y cuyo proceso a los altares también fue iniciado en este país. Dicho sea de paso, Palafox fue dos veces declarado Venerable, pues tras la primera proclamación, su histórico proceso fue suspendido bajo la influencia y presión de los jesuitas, sin embargo, el Papa Benedicto XVI lo restauró llevándolo a feliz término. El porcentaje de sus 49 mártires equivale al 89 por ciento del total, aunque una larga lista aguarda su turno y pudieran ser más de 200 personas documentadas. Algunos de ellos ya son Siervos de Dios. La edad promediada de los santos y beatos en México es de 43. 51 años, es decir, cuando ya están en la etapa adulta y con un alto grado de madurez, no obstante, el martirologio cuenta con niños y jóvenes, siendo el más joven de ellos el mártir José Sánchez del Río, de 14 años de edad.

Del total de santos y beatos, 9 de ellos estuvieron casados; 6 tuvieron hijos y 19 fueron laicos, pero las cifras podrían elevarse considerablemente en los próximos años por la cantidad de mártires que arrojó la persecución religiosa en México. Gran porcentaje de este grupo ya son Siervos de Dios. De estas personas, 9 pertenecieron a los Caballeros de Colón, organización laical que a México llegó en 1905 y que brindó un decidido apoyo a Iglesia en aquellos convulsionados días de carencias de libertades. Cuatro de los santos y beatos, además, fueron músicos que en algún momento de sus vidas ejercieron la profesión, entre ellos, san Rafael Guizar y Valencia, primer obispo latinoamericano en ser elevado a los altares y quien por un azar del destino, esta notable aptitud, ya que tocaba varios instrumentos, le salvo la vida al entretener a un grupo de soldados que lo buscaban para fusilarlo. De un universo de 47 biografías estudiadas, 6 beatos o santos estudiaron en escuelas oficiales, 28 estudiaron en distintos seminarios y 12 en escuelas privadas, lo que confirma que la santidad no es derivada de ciertos planteles educativos, aunque ciertamente, en las escuelas públicas, al ser laicas y en la práctica, muchas de ellas anticlericales, el conocimiento de Dios y los valores y principios religiosos llegan a ser nulos, ante lo cual tiene especial relevancia la educación cristiana y el buen ejemplo que reciban los niños en el propio seno familiar.

HOY LOS SANTOS La historicidad de las causas de canonización es un factor importante, pues en todos los casos se requiere de una investigación seria y exhaustiva. Mientras más antiguas sean estas, más difícil es que prosperen porque se tienen que revisar muchos archivos y documentos, además de que por lo general, la gente no los invoca y prefiere acudir en sus dificultades a los santos, y no a quienes están en este proceso. Por el contrario, la Santa Sede exige que al menos pasen cinco años del fallecimiento de los nuevos candidatos a los altares, antes de que sean declarados Siervos de Dios, salvo 29


PLIEGO algunas excepciones, como fue el caso de la Madre Teresa de Calcuta o de Juan Pablo II. Cada semana ingresan, en promedio, 2 nuevas procesos a la Comisión para las Causas de los Santos de Roma, y los integrantes de esta institución, avanzan lento en el estudio de las pruebas que los postuladores aportan sobre los presuntos milagros, porque debe existir la certeza absoluta en sus dictámenes. Ya el Papa emérito Benedicto XVI había dicho que es importante que los nuevos procesos de canonización obedezcan a proyectos pastorales concretos de las iglesias o congregaciones, para “evitar” la creación de santos y beatos “inútiles”, que al paso del tiempo, sólo queden en el olvido, porque nadie los invoca o resultan modelos de vida a imitar pero en contextos sociales obsoletos. El vertiginoso avance de la ciencia y la tecnología no son obstáculos para que la Iglesia proclame milagros, ni tampoco reducen la posibilidad de que los nuevos conocimientos reduzcan el número de milagros, que son considerados como fenómenos inexplicables para la ciencia. Dios tiene su propio lenguaje y para Él no hay imposibles. En el caso de las sanaciones inexplicables, algunos médicos que laboran en instituciones gubernamentales como son el IMSS, el ISSSTE o los hospitales de la SSA, no acceden tan fácilmente a reconocer los posibles milagros y en esto influyen distintas causas, no obstante, en lo privado, yo he conocido a médicos que reconocen no tener explicación científica sobre ciertas curaciones, sin embargo, se niegan a expedir un certificado institucional que ayude a la obtención de pruebas, en beneficio de algún proceso. El relativismo imperante en nuestros días, el materialismo dominante en las culturas, algunas legislaciones que favorecen las posturas contrarias a los principios de la Iglesia, la apatía hacia Dios y su Iglesia, la corrupción, el expansionismo del mundo de las drogas y el crimen organizado, y otros factores más, son como muros que separan al hombre de su Creador y lo apartan del camino de la santidad, pero a pesar de estos modernos obstáculos y las 30

Miguel Agustín Pro

tentaciones dominantes, la santidad existe en nuestro tiempo, está presente, y es que siempre ha existido porque es un llamado de Dios. Toda la historia de la humanidad, desde hace 2.000 años, ha estado acompañada a un permanente llamado a la santidad, y aunque cada época ha presentado sus propias características, el martirologio de la Iglesia abarca todo este tiempo pues el Espíritu de Dios se hizo presente y permanece entre nosotros desde Pentecostés.

LA SANTIDAD AL AMPARO DE CRISTO REY Y DE GUADALUPE El calendario litúrgico concluye con la solemnidad de Cristo Rey, una fiesta por lo demás relevante en México, no tan sólo en el plano religioso, sino en el histórico. Así lo comprendió el Papa Benedicto XVI, quien en el 2002, visitó en nuestro país el Santuario de Cristo Rey que se encuentra en Silao, Guanajuato, el centro geográfico simbólico de la República Mexicana. La fiesta de Cristo Rey está relacionada con varios episodios ensangrentados de la historia de México, ya que las imágenes del Sagrado Corazón y la Virgen de Guadalupe, fueron estandartes que portaron con orgullo y fe millones de compatriotas durante la persecución religiosa en nuestro país, en la segunda década del siglo XX. Por aquellos días, casi el 100 % de la población nacional era católica. El primer monumento a Cristo Rey, de tamaño pequeño, se construyó en el Cerro del Cubilete que era propiedad privada desde 1920, y tuvo la intención

de pedirle al Señor paz para México, una iniciativa de los obispos desde 1914. Luego, por colocar y bendecir la primera piedra de un segundo monumento ante 50.000 peregrinos, el Delegado Apostólico en México, Monseñor Filippi, fue expulsado del país por el presidente Álvaro Obregón pues edificar una estatua a Cristo Rey fue considerado un acto anticonstitucional y un desafío al gobierno, de modo que el 30 de enero de 1928 fue dinamitado el monumento por fuerzas federales. El actual monumento mide 20 metros de alto y pesa unas 80 toneladas, y después de la Basílica de Guadalupe y del santuario de San Juan de los Lagos, es el tercero en importancia y cada año recibe millones de peregrinos. Durante la Guerra Cristera, la proclama ¡Viva Cristo Rey! Fue un grito de lucha, y mártires como el sacerdote jesuita beato Miguel Agustín Pro, fueron fusilados mientras pronunciaban enérgicos esta frase. De igual modo, la Virgen de Guadalupe fue invocada por los fieles en todo momento, no tan sólo durante los años de la persecución religiosa, sino durante la Revolución Mexicana, pues existen fotografías de soldados zapatistas que portaban imágenes de esta advocación mariana que en México, es un auténtico símbolo de identidad nacional. El Papa Pío XI, el 11 de Marzo de 1925, instauró esta celebración litúrgica para la Iglesia Universal, y por medio de la encíclica Quas Primas dispuso que cerrara el ciclo litúrgico para dar a entender que Cristo es alfa y omega, principio y fin. Después de la fiesta de Cristo Rey, inicia el Adviento, el tiempo de preparación para la Navidad. En México, no se podría entender la santidad sin estos dos íconos.


Vida Nueva México 44 - Pliego