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▶IGLESIA EN MÉXICO

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o solo es la violencia generalizada, el clima de inestabilidad social que prima en la región de Tierra Caliente en Michoacán provocado por la presencia de cárteles de narcotráfico y sus brazos armados, grupos organizados de autodefensa comunitaria, las fuerzas públicas federales y el ejército hacen intransitable la zona de Apatzingán y sus carreteras aledañas. En medio de estas circunstancias, el arzobispo de Morelia (que es la sede metropolitana de la provincia eclesiástica de Michoacán), Alberto Suárez Inda, anunció la decisión de la suspensión de actividades en el Seminario Mayor de San José y Santa María en la diócesis vecina de Apatzingán. Las autoridades eclesiásticas locales han insistido que el cierre de la casa de formación sacerdotal no se debe a alguna presión directa por parte del crimen organizado en contra del seminario sino a la inviabilidad del proceso de formación en condiciones de incertidumbre. Suárez Inda confirmó que el cierre revela parte de la inseguridad en el estado por la situación de la guerra contra el crimen organizado así como por la presencia de los grupos de autodefensa entre la población. En tanto, las mismas autoridades eclesiales aseguran que la violencia, además ha generado la falta de vocaciones porque no se puede tener libre tránsito en las di14

Incertidumbre social provoca cierre de seminario Quince seminaristas tuvieron que trasladarse a la diócesis de Zamora debido a la inseguridad en la región versas localidades. Los pocos alumnos que acudían al seminario provenían de ranchos y poblados cercados por delincuentes. La historia del seminario mayor de San José y Santa María, comienza en agosto de 1996, con doce seminaristas, en la casa sacerdotal de Acahuato, que cursaron el primer año de filosofía. En una carta pastoral del obispo de Apatzigán, Miguel Patiño Velázquez, en semanas pasadas reconocía que la diócesis sufría el acoso del crimen: “aquel sentido de indefensión se hace desesperación, rabia y miedo a causa de la impunidad en la que obran los delincuentes” y llamó a una “resistencia pacífica”: “Nunca se ha de rendir la mente y el corazón a estas lacras deshumanizantes. No se puede aceptar vivir como normal en una situación de violencia y abuso. No se debe permitir que

el engaño y la mentira crezcan llegando a tomar como verdad lo que es mentira, lo que es justicia y libertad con lo que es abuso prepotente y sometimiento al poder violento del crimen; nunca se ha de confundir los valores con los antivalores, la paz de los sepulcros con la paz de la justicia y la verdad… Esta actitud interna es una postura de resistencia pacífica que debe ser comunicada, contagiada, sobre todo a jóvenes y niños”, suscribió. Resistencia que, al menos, no podrá ya realizarse desde el Seminario local. Ante esto, del 17 al 19 de septiembre próximos, la provincia eclesiástica de Michoacán celebrará un Encuentro de Vicarios Foráneos cuya temática es la “reflexión y orientación para propiciar una evangelización en tiempos de violencia” F.M.G.


MIGUEL PATIÑO Obispo de Apatzingan

“NUESTROS PÁRROCOS ESTÁN EN SU LUGAR”

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© Diócesis Apatzingan

iguel Patiño Velázquez ha sido obispo de Apatzingán desde 1981; treinta y dos años al frente de la Iglesia local lo convierten en un testigo fiable del proceso de descomposición social que ahora padece la región; apenas el año pasado celebraba los 50 años de la diócesis con esperanza y expectativa, destacaba –entre otras cosas- “la consolidación de nuestro seminario”. Seminario que se vio orillado a cerrar el pasado 20 de agosto bajo el asedio de la incertidumbre. El crimen organizado ha transformado la dinámica social y geográfica al punto de que varios pueblos viven prácticamente sitiados y requieren de lo más básico; de hecho de Cáritas de Zamora enviaron despensas a 2 de estos poblados. En ese panorama las vocaciones, los formadores o los recursos simplemente no llegan. Los 15 seminaristas que aún tenía Apatzingán han sido acogidos por la vecina diócesis de Zamora. ¿Cuál ha sido la razón para cerrar el seminario diocesano? Quisiera aclarar que el seminario no se cerró por una acción directa del crimen organizado en contra de él, el problema está en las condiciones de la región. Las vocaciones que regularmente llegan a nuestro seminario provienen de los poblados que ahora están prácticamente aislados. No se dan las condiciones que permitan trasladarse con seguridad desde los diferentes poblados hasta la Casa de Formación, a los seminaristas y a los sacerdotes. Hay que contemplar que cada vez que un municipio se alza en armas frente a los cárteles vivimos muchos conflictos, hay cierres de carreteras, inestabilidad social. Hasta hace 15 años nuestros seminaristas de Apatzingán eran formados precisamente en Zamora; ahora nos vuelven a apoyar en esto. El problema está en lo difícil que se han vuelto los caminos. Cuando uno transita por ellos tiene que pararse e identificarse con el ejército, la procuraduría de justicia federal, los marinos o las policías comunitarias que han surgido como autodefensas contra los criminales. ¿Qué provoca el que los pueblos se alcen en armas? Hay municipios en los que algunos poblados se han levantado a causa de las múltiples y excesivas formas de abuso, de amenaza y violencia que les impone el crimen organizado. En la diócesis hay 10 municipios, de los cuales cinco tienen organizaciones de policía comunitaria; la mitad de los pueblos han decidido defenderse por su cuenta, ante la insuficiencia y la experiencia de que no se combate a fondo la delincuencia.

¿A qué atribuye esta descomposición social? Pienso que todo comenzó con la siembra de droga, luego con la venta y el consumo; posteriormente este negocio de muerte, dio paso al crecimiento y organización del crimen. Esta cultura de muerte se ha metido en la gente por la codicia, la avaricia, por el deseo de tener dinero, poder, placer, por el medio que sea a costa de lo que sea, incluido el crimen y abandono de valores y principios morales y religiosos. ¿Y la población fuera del crimen cómo vive? Pues padecen situaciones muy difíciles, muchos de ellos viven directamente amenazados. Le comparto un ejemplo: los criminales llegan a un rancho en la sierra, el hombre que vive allí tiene su mujer, tres o cuatro hijas o hijos, también uno que otro animalillo. Llegan aquellos, lo amenazan con hacerle daño a su familia, le dicen ‘tienes de dos: o te vas o le entras con nosotros’. Al hombre no le queda de otra. Está la sierra copada de estos ejemplos. Y así, los criminales se apropian del lugar. Entonces es cuando mandan al ejército, que está muy bien pero, obviamente, llegan sin el conocimiento real, la experiencia del terreno, lo que es esencial para la eficacia de sus operativos y la protección de sus elementos, pues quedan expuestos a emboscadas fatales. Pero esto no es lo más angustiante sino que el control de territorio es hacia el sur. Parece que su intención es el control de los puertos, la vía marítima, la salida al mar. Y eso está peor aún. En el estado de Guerrero, donde la situación es semejante, la Iglesia está intentando desarrollar un programa para paliar los efectos de la violencia y atender sus orígenes, ¿qué se está haciendo en Apatzingán? Tendremos el apoyo precisamente de un sacerdote de Acapulco que vendrá a compartir con nosotros las experiencias de aquella Iglesia diocesana y a animarnos en opciones pastorales frente a la violencia. ¿Qué estamos haciendo ahora? Pues los párrocos están en su lugar, junto a la gente, acompañándola y auxiliándola en este asunto tormentoso. Sin embargo, aunque se quiera, la economía tan gravemente deteriorada en todo el territorio no da ni para la movilidad de los sacerdotes. Para ir a un rancho se necesita gasolina y luego los caminos están bloqueados. ¿Cómo hacerle entonces? En estas circunstancias, lamentablemente no podemos hacer planes a futuro, no podemos hacer programación. Simplemente no hay paz ni seguridad. A veces hay calma eventual, pero entonces surge algo: se asaltó a un autobús, se prendió fuego a un puente, hay crímenes en alguna localidad. Los problemas son tan graves que sólo la autoridad puede hacer algo. Se requiere toda la inteligencia, la estrategia, la fuerza, la autoridad del Gobierno. FELIPE MONROY

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Vida Nueva México 43 - Apatzingán