Issuu on Google+


SUMARIO

8-21/04/2012 NÚMERO 8

5

Editorial Un modo de ser Iglesia

6 Gerente Editorial Global: Juan Rubio. Director Vida Nueva México: Jorge Traslosheros. Jefe de redacción: Katia Karenina de la Rosa. Diseño y diagramación: Zoila Carrillo Ballesteros.

La columna del director: Arrieros somos Para católicos descafeinados

8

Entrevista en el avióm “Dios como orientación fundamental en la vida”

12

Fotografías: Archivo SM. Agencia EFE. Conferencia del Episcopado Mexicano. Héctor Fernando Martínez.

Ceremonia de bienvenida “Vengo como peregrino de la fe, de la esperanza y de la caridad”

Colaboradores: Felipe de J. Monroy. Ricardo Nájera. Mario de Gasperín. Lourdes Paz. Teresa Gómez. Fernando Mendoza. Luis García Orso. Fernando Pliego. Luis Arturo García. Laura Juárez. Andrés González Watty. Francisco Porras. María del Rosario González.

Plaza de la Paz “No están solos, mis pequeños amigos”

Corresponsales: VATICANO: Antonio Pelayo. PORTUGAL: António Marujo. ARGENTINA: Washington Uranga. BOLIVIA: Ronald Grebe. BRASIL: Graziela Cruz. MIAMI: Araceli Cantero. PERÚ: Instituto Bartolomé de las Casas. VENEZUELA: Andrés Cañizález. Publicidad y marketing: Maximiliano Grego. 10878400 ext. 408. Suscripciones: Cindy Tello. 10878400 ext. 438. suscripciones@ppc-editorial.com.mx Correo electrónico: redaccion@revistavidanueva.mx D.R. ©PPC Editorial S. A. de C. V., 2012 Director Editorial: Augusto Ibáñez. Director General PPC: Aurelio Matos. Director PPC-México: Abraham R. Flores. REVISTA VIDA NUEVA, AÑO 1, N° 8, abril 2012, es una publicación quincenal editada por PPC Editorial, S.A. de C.V., con domicilio en Magdalena N° 211, Colonia Del Valle, Delegación Benito Juárez, México, D.F., C.P. 03100, Tel.: 10878400 ext. 438. Fax: 10878400 ext. 301. Lada sin costo: 01800 2008400, www.revistavidanueva.mx. Editor responsable Jorge Eugenio Traslosheros Hernández. Reserva de Derechos al uso Exclusivo N° 04-2011-072509195700-102. ISSN 2007-2821. Certificado de licitud de título y contenido No.15348 de fecha 6 de octubre de 2011, otorgado por la Comisión Calificadora de Publicaciones y Revistas Ilustradas de la Secretaría de Gobernación. Permiso SEPOMEX PP09-1850. Impresa en México por Editorial Impresora Apolo, S.A. de C.V., con domicilio en Centeno 150 local 6, Col. Granjas Esmeralda, Delegación Iztapalapa, México, Distrito Federal C.P. 09850. Tel. 5445-0470, este número se terminó de imprimir el 6 de abril de 2012 con un tiraje de 5, 000 ejemplares. Las fotografías y los artículos firmados que aparecen en Vida Nueva, así como las opiniones vertidas en estos, son responsabilidad exclusiva de los autores, no necesariamente reflejan la postura del editor de la publicación. Queda estrictamente prohibida la reproducción total o parcial de los contenidos e imágenes de la publicación sin previa autorización de PPC Editorial, S.A. de C.V. Suscripción anual (23 números): $1,299.

www.revistavidanueva.mx

008-03_SUMARIO.indd 3

18 23

Pliego La palabra de Benedicto XVI

32

México y Juan Pablo II Recuerdos de los viajes de Juan Pablo II

34

Misa en el Parque Bicentenario “Crea en mí, Señor, un corazón puro”

42

Vísperas en León “El mal no puede tanto”

48

Ceremonia de despedida “Me voy colmado de experiencias inolvidables”

Opiniones: • Carlos Aguiar • María Luisa Aspe • Luis Arturo García • Luis García Orso • Mario de Gasperín • Andrés González Watty • Rodrigo Guerra

• Laura Juárez • Christophe Pierre • Francisco Porras • Flor Ramírez • Fernando Redondo • Juan Rubio

4/3/12 5:38 PM


Tercera de cubierta

008-04_PUBLICIDAD.indd 4

4/3/12 5:39 PM


EDITORIAL

Un modo de ser Iglesia

U

na imagen sintetiza el viaje de Cristo Rey tiene gran significado en Benedicto XVI a México. Al ternuestra historia. Fue la advocación que minar el rezo de las Vísperas en sostuvo a los católicos durante la persela Catedral Basílica de la Virgen cución religiosa (1914-1938). Es la estética de la Luz, apretó un botón y encendió la de la resistencia, el martirio, el perdón, nueva iluminación del monumento a “Crisla reconciliación y la paz. El monumento, Rey de la Paz” que corona la cima del to representa a Cristo resucitado, quien cerro del Cubilete. Benedicto XVI no vino a abraza a toda persona, sin excepción. Es presentarse a sí mismo, tampoco a dar cála antítesis de la violencia y la respuesta tedra sobre agudas reflexiones teológicas, más coherente con el Evangelio. El Papa mucho menos a dar un espectáculo para los ha sido muy claro. Nadie debe confundir el medios. El Papa Ratzinger, con la sencillez reinado de Cristo con un proyecto político y humildad que le son características, con que, para el caso, se apuntan por igual las suave voz como la brisa de la montaña “izquierdas”, “derechas” y “centros”. La que anuncia la presencia de Dios, vino a Iglesia no es un partido, ni el Evangelio una recordarnos de dónde proviene proclama política. Ponerse al la Luz. En la mañana de aquel Nadie debe de confundir servicio del bien común, como día, había celebrado una misa dijo el Papa en su discurso de el reinado de Cristo con ante más de medio millón de despedida, es una responsabifieles, a los pies del monumen- un proyecto político. La lidad de cada católico y de la to a Cristo Rey, donde leyó una Iglesia en su conjunto como presencia de Cristo Rey homilía centrada en Cristo. Era sustancia de la fe en Cristo. En el día de la Anunciación, de la está en las antípodas de un este caminar resulta relevante encarnación de Jesús, ocho días el mensaje que entregó a los programa con anhelos de antes de la semana en que conobispos de México y América memoramos su pasión, muerte poder y dominación Latina. Como apóstoles son el y resurrección. La estética del corazón de sus comunidades. mensaje fue contundente. Deben cuidar de los seminaristas, acomNos recordó que la fe se alimenta de la pañar a los presbíteros, disciplinarlos si relación personal con Cristo y que él es el es necesario, alentar la vida consagrada camino que ha de recorrer la Iglesia, con valorando sus distintos carismas, fomentar cada fiel, para ponerse al servicio del Evanel “espíritu de comunión” entre sacerdotes, gelio y la construcción de una sociedad con religiosos y laicos, “evitando divisiones paz y justicia que, en forma dramática, es estériles, críticas y recelos nocivos”. Fue anhelo de millones de mexicanos. Dejó igualmente claro al recordarles que los muy claro que el reinado de Cristo no es: laicos no somos miembros de segunda clase “como muchos lo entendieron y entienden, en la Iglesia, por lo que “no es justo que […] el poder de sus ejércitos para someter se sientan tratados como quienes apenas a los demás por la fuerza y la violencia. Se cuentan, […] no obstante la ilusión que funda en un poder más grande que gana ponen en trabajar en ella según su propia los corazones: el amor de Dios que él ha vocación y el gran sacrificio que a veces traído al mundo con su sacrificio y la verles supone esta dedicación”. dad de la que ha dado testimonio. Éste es El reinado de Cristo es, por sobre todas su señorío, que nadie le podrá quitar ni las cosas, un modo de ser Iglesia en y para nadie debe olvidar”. el mundo. 5

008-05_EDITORIAL.indd 5

4/3/12 5:40 PM


LA COLUMNA DEL DIRECTOR JORGE E. TRASLOSHEROS

Director Vida Nueva México

“ARRIEROS SOMOS”

Para católicos descafeinados E

l encuentro del Papa con el pueblo católico de México sorprendió a propios y extraños. Los grandes protagonistas fueron los niños y multitud de jóvenes. El “Gran Abuelo” (es justo llamarlo así) nos ganó con su amable sonrisa, mesura y elegancia, su ternura con los niños, al tomar las manos de una niña invidente y ponérselas en el rostro para “mirarse” desde el corazón, con sus ojos vivaces, inteligentes, alegres. Mi gran preocupación sobre este viaje consiste, precisamente, en lo sorprendente que resultó. Caer en la “papolatría”, como ceder a la “papofobia” tan propia de la comentocracia “políticamente correcta”, terminan por centrar todo en el cantante, olvidando la canción. Nuestro “Gran Abuelo” habló poco, claro y contundente. Hizo honor a su gran carisma que es la palabra, porque sabe que al principio era el Verbo y el Verbo estaba en Dios y el Verbo era Dios. Con la firme intención de salir al paso de semejante peligro, quiero llamar la atención en tres elementos centrales de su visita. Primero. Hizo un diagnóstico atinado del estado que guarda la fe en América Latina y México. Dos males nos aquejan: el sentimentalismo y la falta de coherencia. Por un lado, en nuestros pueblos, tan honestamente marianos, se vive un cristianismo desde el corazón y no tanto desde la razón. Se trata de meterle inteligencia a la fe para restablecer su diálogo profundo con la razón. No dijo nada fuera de lugar. Es claro que nuestra religiosidad popular, humus fértil de la Iglesia,

cuando no cuenta con la ayuda del pensamiento extravía su rumbo, como sucede cuando pretendemos vivir una fe simplemente ilustrada. Por otro lado, este desequilibrio, entre otras causas, conduce a la falta de testimonio integral de la fe. Se vive una “esquizofrenia entre la moral individual y la pública” que genera una “fe incoherente y fragmentada”, incapacitándola para comprometerse en la consecución del bien común y colaborar con otros sectores sociales. Impide articular propuestas claras y razonables, desde una firme y serena identidad que nos salve así de caer en la tentación de diluir la fe para hacernos “más (pos)modernos”, como de refugiarnos en sectarismos estériles. Segundo. La participación en el espacio público jamás debe confundirse con la politización de la fe. Lo señaló con fuerza en la homilía del domingo celebrada al pie del Cristo de la Montaña, Rey de la Paz. La Iglesia no es un partido político, ni el Evangelio una

El Papa nos exhortó a no dejarnos dominar por la mentalidad utilitaria y a ser valientes cristianos proclama. Cristo Rey no refiere a un programa de acción para instaurar determinado modelo político. Es un modo de ser Iglesia, una vocación que nace de la caridad, por el seguimiento de Jesús de Nazaret, en el testimonio de la fe. Tercero. Los católicos tenemos un compromiso ineludible con el bien común. Es “una exigencia de esa dimensión esencial del Evangelio que es la promoción humana y una expresión altísima de la caridad”. Por lo mismo, exhortó a católicos, hombres y mujeres de buena voluntad, a no dejarse dominar por la mentalidad utilitaria pues termina sacrificando a los más débiles e indefensos. Nos hizo un llamado, “con energía y claridad”, a ser

fieles a nosotros mismos, a no dejarnos “amedrentar por el mal”, a desenmascarar la mentira del crimen organizado, a ser valientes y trabajar por la justicia y la paz llenos de esperanza pues, por Cristo, sabemos que “el mal no puede tanto”. La savia de nuestra raíz cristiana, que es herencia benéfica para creyentes, agnósticos y ateos, será de gran ayuda para hacer resurgir nuestro presente y futuro. En este sentido, exigió a los católicos, con su proverbial amabilidad y firmeza, a que abandonemos actitudes vergonzantes y demos razones de nuestra esperanza, testimonio de nuestra fe en público y privado, con caridad y verdad. Nos exhortó a ser valientes cristianos y buenos ciudadanos, auténticos discípulos y misioneros, para sumarnos a la nueva evangelización en sintonía con el Concilio Vaticano II y el CELAM de Aparecida (2007). Un católico descafeinado no le quita el sueño a nadie y se muestra incapaz de inquietar, ya no digamos retar, a la cultura utilitarista. Para superar tan lamentable condición es necesario un encuentro con Cristo, hacer comunidad en la Iglesia por la afirmación de la fe, su celebración en la oración, liturgia y sacramentos, para comprometerse en la construcción de una sociedad con paz y justicia. Bien dijo nuestro “Gran Abuelo”, en su homilía del 12 de diciembre de 2012, que estos son buenos tiempos para “evangelizar con una fe recia, una esperanza viva y una caridad ardiente”. En efecto, ¡como el buen café!

6

008-06_07_COLUMNAS.indd 6

4/3/12 6:32 PM


▶LA PUERTA DE LA FE MARIO DE GASPERÍN GASPERÍN. Obispo Emérito de Querétaro

Las lecciones del Papa

D

e la homilía que el Papa Benedicto XVI pronunció durante la Santa Misa celebrada en el Parque Bicentenario de León, quisiera guardar en el corazón tres enseñanzas: Primera. El respeto y sometimiento del Papa a la Santa Palabra de Dios. Nadie en la Iglesia está sobre la Palabra de Dios. El Santo Padre no buscó textos que se acomodaran a lo que él pensaba decirnos, sino que respetó los textos bíblicos de la liturgia, los comentó y con ellos iluminó nuestra realidad mexicana. Así lo exige toda homilía que merezca este nombre. En la Iglesia todos somos oyentes atentos y servidores de la Palabra. Esta actitud de respeto a la Palabra Divina la completó con el silencio meditativo que pidió, evitando también todo aplauso durante la celebración. La Palabra brotó del silencio y, para que dé fruto, necesita el silencio del corazón. Los medios

audiovisuales, creados para el espectáculo y el ruido, difícilmente comulgan con el misterio y con el silencio que lo envuelve y manifiesta. Segunda. Asomándonos al contenido, el Papa nos invitó a pedir a Dios, con el rey David pecador, “un corazón puro”, como lo indicaba el salmo responsorial. Del corazón humano había ya hablado a sus paisanos en el Parlamento alemán, suplicando a Dios, entonces con el rey Salomón, un “corazón dócil” para adquirir la sabiduría necesaria para gobernar. Allá explicó el Papa que un “corazón dócil” consiste en armonizar la naturaleza y la conciencia para que ambas busquen el bien y eviten el mal, y puedan establecer la verdadera justicia y, con ella, la paz. Para nosotros pidió el Papa un “corazón puro” para que celebremos dignamente “el gran misterio de la pasión, muerte y resurrección del Señor”,

y podamos así mirar con ojos limpios a Jesús y caer en la cuenta de que todos necesitamos un “corazón nuevo”, una profunda renovación interior. Este corazón puro y nuevo sólo lo vamos a obtener cuando nos postremos ante Él con “corazón humillado y contrito”, porque no es en la fuerza ni en la prepotencia del poder sino en la fe y en la confianza en Dios, donde encontraremos el remedio a nuestra dolorosa situación. México tiene que volver a sus raíces cristianas si quiere recuperar la tranquilidad y la paz. Tercera. Los mexicanos debemos inscribirnos en la escuela de María, la “fiel oyente de la Palabra de Dios”. En efecto, “para que Dios habite en nosotros hay que escucharlo, hay que dejarse interpelar por su Palabra cada día, a ejemplo de María (Cf. Lc 2, 51). Desde el Cubilete el Papa nos invitó a “mirar al Tepeyac” y dejarnos

conducir por María a Jesús. Allí, Ella se hizo presente como la Madre del Dios por quien México vive y, para que sigamos viviendo, nos urge con amor materno a “hacer lo que Él nos diga”. Entre el Tepeyac y el Cubilete debe existir un estrechísimo lazo de amor y obediencia, como el que existe entre Cristo y María. Citando el concilio, el Papa nos recordó que la devoción a María “no consiste en un estéril y transitorio sentimentalismo, ni en una vana credulidad”, sino que debe llevarnos a “la imitación de sus virtudes” y a la obediencia a su Hijo. Nos enseñó a unir admirablemente el monumento a Cristo Rey con el santuario de Guadalupe. Estos son los pilares que han sostenido y deben seguir alimentando la fe del pueblo mexicano. No se puede ser guadalupano sin ser cristiano. Por eso el Papa concluyó: “Amarla es comprometerse a escuchar a su Hijo”.

JUAN RUBIO. Director Vida Nueva España

El Papa empuja a América Latina

E

l Papa ha vuelto de México y de Cuba con un mensaje claro. En aquellas tierras, pese a las dificultades económicas, políticas y sociales, son muchos los cristianos que viven ilusionados su fe. Las Iglesias están vivas y el cansancio que se respira en algunas partes del viejo continente no tiene lugar en aquellas latitudes. No obstante, hay tres aspectos que se derivan de esta visita y que no podemos dejar de destacar. Por un lado, la fuerza de la Iglesia y su papel mediador en los conflictos planteados: violencia, hambre, capitalismo desaforado, medio ambiente y cultura.

La rica Doctrina Social de la Iglesia puede ser un buen camino para ayudar a unas sociedades que se debaten en estos problemas. La voz de la Iglesia, reforzada en los discursos del Papa, es una luz para el camino al futuro de los pueblos de Latinoamérica y el Caribe. En segundo lugar, la Iglesia ha sido confirmada en su trabajo en aquellas latitudes en defensa de los más pobres y de los que están privados de libertad. El mensaje del Evangelio ha calado, si bien la conversión pastoral de la que habló el documento de Aparecida es un camino que hará que desaparezcan viejos lastres en las Igle-

sias y se recupere el nervio evangelizador, más imporante y significativo que el nervio político que ha llevado a la Iglesia en algunas ocasiones a tener que aliarse con ideologías concretas que, quizá, tuvieron en su momento importancia, pero que hoy quedan cortas para lograr el objetivo. Y en tercer lugar, en la visita de Benedicto XVI se ha puesto de manifiesto, una vez más, que el pueblo cristiano en América Latina vive una religiosidad popular muy específica, a veces necesitada de depuración, pero que ha de tenerse en cuenta como escenario en el que se ha de predicar el Evangelio en aquellas naciones. 7

008-06_07_COLUMNAS.indd 7

4/3/12 6:32 PM


ENTREVISTA EN EL AVIÓN

“Dios como orientación fundamental en la vida” El Papa invita a los católicos a superar la ezquizofrenia entre la moral individual y la pública FELIPE DE J. MONROY. ENVIADO ESPECIAL

En su discurso para los medios de comunicación, el Papa Benedicto XVI indicó que América Latina vive un cristianismo que responde desde el corazón, “no tanto desde la razón”. “La Señora de Guadalupe -ejemplificó- es reconocida y amada por todos porque reconocen que es una madre para todos y que está al inicio de esta nueva América Latina; Ella y la Virgen de la Caridad del Cobre, en Cuba, tocan el corazón. Sabemos intuitivamente que Nuestra Señora nos ayuda, nos asiste; pero esta intuición del corazón debe unirse a la racionalidad de la vida... Sólo así el hombre está completo y puede realmente ayudar a construir un mejor futuro”.

política, fundamentalmente debe ser una realidad moral”. “Repito cuanto se ha dicho: el primer deseo de la Iglesia es educar en la conciencia y así crear la responsabilidad necesaria. Educar en la conciencia,

tanto en la ética individual como en la ética pública. Aquí quizá haya una falta. Se ve en América Latina, y en otros lugares, que no pocos católicos sufren un poco de esquizofrenia entre la moral individual

y la moral pública. Quienes en la esfera de lo individual son católicos, creyentes, pero que en la vida pública, al ocupar otros estrados, no responden a los grandes valores del Evangelio que son necesarios para

Justicia en el continente

Al ser cuestionado sobre la situación de pobreza, desigualdad e injusticia que prevalecen en América, el Sumo Pontífice declaró: “Naturalmente la Iglesia siempre se pregunta si se hace lo suficiente por la justicia social en ese gran continente. Después, es una cuestión de conciencia el preguntarnos qué cosa puede y qué no puede hacer la Iglesia. La Iglesia no es un poder político ni un partido; tiene una realidad moral, un poder moral. De hecho, la 8

008-08_11_ENTREVISTA_AVION.indd 8

4/3/12 6:37 PM


23 la fundación de una sociedad justa. Por tanto, educar para superar esta esquizofrenia, educar no sólo en la moral individual sino en la moral pública. Naturalmente esta moral pública debe ser una moral razonable, compartida y compartible también por los no creyentes”.

Desenmascarar el mal

“En este viaje me siento totalmente en continuidad con el Papa Juan Pablo II; recuerdo muy bien su primera visita a México que fue realmente histórica en medio de una situación jurídica muy confusa y cuyos efectos ahora han abierto una nueva etapa de la colaboración entre la Iglesia, la sociedad y el Estado. También

Felipe de J. Monrroy. Enviado especial Vida Nueva México.

recuerdo bien el viaje histórico que hizo a Cuba. Voy, por tanto, a seguir sus huellas, continuar cuanto él ha comenzado”. Aseguró que desde los inicios de su pontificado sintió el deseo de visitar México y señaló que cada miércoles, durante

la Audiencia en la Plaza San Pedro, “escucho el aplauso y la alegría de los mexicanos”. Por ello, desde tiempo atrás deseó hacer este viaje para “animar y aprender; reconfortar en la vida, la esperanza y la caridad, y confortar en el empeño para

el bien y en la lucha contra el mal”. Sobre México dijo: “Conocemos bien toda la belleza de México, pero también este gran problema del narcotráfico y la violencia. Es ciertamente una gran responsabilidad de la

▶▶

UN HONOR QUE HAYAN ELEGIDO NUESTRA CASA LOURDES PAZ

L

as religiosas del Colegio Miraflores comentan que se sienten honradas y privilegiadas de que la Comisión del Vaticano, el Nuncio Apostólico y las autoridades de Guanajuato hayan elegido su casa para albergar al Papa durante tres días. Sor María Rocío García, directora del colegio, dijo que se revisaron varias casas de religiosas y que las opciones finales fueron el Lux y el Miraflores. “Nuestra casa les gustó por estar en un nivel y no tener subida de escaleras”, perfecto para el distinguido huésped. El Colegio Miraflores está dirigido por la Congregación de las Esclavas de la Santísima Eucaristía y de la Madre de Dios; tiene representación en varios países del mundo, entre ellos México. Las

religiosas han destinado su vida a adorar a Jesús Eucaristía y a educar cristianamente a niños y jóvenes. En la ciudad de León, el Colegio Miraflores es uno de los más prestigiados; actualmente tiene una matrícula de más de 2000 alumnos que estudian desde preescolar hasta nivel bachillerato. La Madre Trinidad del Purísimo Corazón de María fue la fundadora de la

Congregación y actualmente se encuentra en proceso de beatificación. La casa está ubicada entre los bulevares Alfonso de Torres y López Sanabria. Cuenta con trece habitaciones, sala, comedor, cocina y jardín. La capilla tiene el sagrario; no tiene un retablo especial, únicamente en la pared hay un Cristo y la Virgen. La habitación que ocupó el Papa es normal, un dormitorio con una cama y un ventanal que da al jardín, hay una mesa de noche, una Virgen de Guadalupe, un Cristo y un rosario, describió sor María; explicó además que se trata de una habitación de dimensiones pequeñas, pero confortable. El sábado 24, a las ocho de la mañana, el Pontífice ofició una misa privada a 27 religiosas. en la capilla.

9

008-08_11_ENTREVISTA_AVION.indd 9

4/3/12 6:37 PM


MARÍA LUISA ASPE Presidenta de Imdosoc

ENTREVISTA EN EL AVIÓN ▶▶

Iglesia católica en el país con 80% de habitantes católicos y debemos hacer todo lo posible contra este mal destructivo de la humanidad y nuestra juventud. Diría que lo primero por hacer es anunciar a Dios, que nos llama hacia el bien, hacia la verdad contra el mal. Por tanto, es una gran responsabilidad de la Iglesia de educar en la conciencia, la responsabilidad moral y desenmascarar el mal. Desenmascarar la idolatría del dinero. Revelar también las falsas promesas, la mentira. Debemos ver que el hombre tiene necesidad de infinito y si no encuentra en sí el infinito crea su propio paraíso con apariencia de infinitud, que puede ser sólo una mentira. Por tanto es importante que Dios se presente accesible”.

Esperanza de un pueblo

D

os fenómenos recorren el país como signos que reclaman nuestro compromiso por la justicia y la solidaridad: los migrantes y las víctimas de la violencia, dos caras de una misma moneda conformada por la exclusión y la pobreza de miles. El cristiano sabe que su talante profético debe ser no sólo de denuncia, sino que se le exige, sobre todo, el anuncio de la buena noticia: “no estamos condenados al mal ni a las consecuencias del pecado”. Este anuncio se vuelve esperanza y acción por las vías del trabajo serio y perseverante por la justicia, la solidaridad y el amor, particularmente para con los más pobres. También sabe que la Iglesia a la que pertenece no está exenta de pecado y ella misma está necesitada de perdón y redención, pero no deja de experimentar,

día a día, que sigue siendo su “madre y maestra”. Por tanto, es deber de todo hijo de la Iglesia tender puentes para el diálogo aún contra toda esperanza, realizar gestos que ayuden a la reconciliación y la paz, poner el acento en la dignidad de todas las personas —sean estas víctimas de las injusticias o sus causantes—, y proponer nuevos caminos de justicia para mantener la esperanza. El Papa Benedicto XVI, en México, habló a los obispos de América en tono profético: “La Iglesia no puede separar la alabanza de Dios del servicio a los hombres”. Después de la visita de Benedicto, confirmados en la fe, estamos llamados a caminar del lado de los pobres y dolientes, a convertirnos en su prójimo a imagen del buen Samaritano, particularmente de los migrantes y de las víctimas de la violencia.

RECIBE EL PAPA REGALOS MEXICANOS FELIPE DE J. MONROY

A

35 mil pies de altura, sobre las costas de Francia e Inglaterra en el Canal de la Mancha, el Santo Padre Benedicto XVI entró en la cabina de los medios acreditados ante la Santa Sede que realizaron la cobertura de su Viaje Apostólico a México y Cuba. De pie, frente a 75 miembros de la prensa, contestó cinco extensas preguntas, agradeció el servicio prestado por los periodistas y recibió tres presentes mexicanos. El P. Federico Lombardi, portavoz de la Sala Stampa del Vaticano, presentó y dio paso a los periodistas. Parte del mensaje medular del Santo Padre respondió a la necesidad de un trabajo compartido en la construcción de naciones más justas, la posibilidad de edificar relaciones de diálogo y participación desde la experiencia religiosa, pero también desde la razón de creyentes y no creyentes: “Lo primero que es muy importante es anunciar a un Dios

que responda a nuestra razón”, dijo. Aseguró que el cristianismo en América Latina tiene manifestaciones que responde más al corazón que a la razón. Ejemplificó con las devociones marianas de ambos países: “la Señora de Guadalupe es reconocida y amada por todos porque reconocen que es una madre para todos y que está al inicio de esta nueva América Latina; Ella y la Virgen de la Caridad del Cobre, en Cuba, tocan el corazón. Sabemos intuitivamente que Nuestra Señora nos ayuda, nos asiste; pero esta intuición del corazón debe unirse a la racionalidad de la vida... Sólo así el hombre está completo y puede realmente ayudar a construir un mejor futuro”, declaró. Finalmente, el Santo Padre recibió tres presentes de los periodistas mexicanos: la medalla conmemorativa de su Viaje Apostólico

a León, un iPod precargado con una selección de melodías de Mozart y dos tomos de la Biblia Ilustrada para Niños.

10

008-08_11_ENTREVISTA_AVION.indd 10

4/3/12 6:37 PM


11

008-08_11_ENTREVISTA_AVION.indd 11

4/3/12 6:37 PM


CEREMONIA DE BIENVENIDA

“Vengo como peregri de la esperanza y de

Miles de mexicanos salieron al encuentro del Papa, que les

12

008-12_17_BIENVENIDA.indd 12

4/3/12 6:39 PM


23

grino de la fe, de la caridad”

que les brindó muchos gestos de afecto

JAIME SEPTIÉN. ENVIADO ESPECIAL

L

a víspera de la llegada del Papa Benedicto XVI a México estuvo marcada por grandes debates inútiles entre los amos de la opinión pública: que si era bueno, que si era malo, que si venía por cuestiones políticas, que si iba a ser capitalizado por los partidos, que si… La efervescencia era de copa de champaña. Mucha espuma, poca sustancia. El pueblo mexicano, mayoritariamente católico, veía la cuestión con otros ojos.

Esta es una pequeña crónica de cómo lo vieron esos que no aparecen en los medios de comunicación, en la carpeta de apuntes del cronista. Viene el Papa Benedicto XVI. El Vicario de Cristo estará tres días –apenas— en el Bajío. Y en León, excepto los tordos que se desperezan en las arboledas de la Calzada de los Héroes, todo el mundo habla del Papa, lo espera, lo busca con la mirada en el cielo, a ver si ya llegó su avión.

▶▶

13

008-12_17_BIENVENIDA.indd 13

4/3/12 6:39 PM


FLOR MARÍA RAMÍREZ Mtra. en Relaciones Internacionales

CEREMONIA DE BIENVENIDA ▶▶

Que nadie se sienta extraño

La Capital Mundial de la Piel y del Calzado había cambiado su fisonomía publicitaria. Los mensajes impresos iban desde el “Bienvenido Benedicto XVI, México (León, Guanajuato, Silao) te recibe con los brazos abiertos”, hasta el muy poco creíble de un banco norteño que, con la figura del Pontífice, avanzaba la hipótesis de que “los mexicanos sabemos estar unidos”. Películas, carnicerías, transportes, misceláneas, vendedoras de autos, cines y centros botaneros, competían en ver quién era el más original en darle la bienvenida al heraldo de la esperanza. Por cierto, una bienvenida cautelosa: lo que les habían dicho del Papa los tenía ciscados. Pero no a la gente de a pie. Menos a los jóvenes.

A

yer Juan Pablo II, hoy Benedicto XVI, el pueblo mexicano manifestó su fe de forma igualmente intensa y emotiva. Durante los días de la visita papal a nuestro país, los mexicanos nos volcamos con entusiasmo a saludar al Papa, inventamos porras, arreglamos nuestras calles, pintamos nuestras casas y compusimos canciones. Hicimos sentir a Benedicto XVI mexicano, le sacamos sonrisas y le ganamos un pedazo de corazón. Nos hizo ver que somos capaces de hacer sentir menos extraño al que nos visita: “al otro”, “al que habla y viste distinto”. Estas sencillas palabras de Benedicto XVI nos ubican ante el reto de vernos como una sociedad más tolerante y sensible con respecto al fenómeno de la migración, lo cual implica entenderlo en su complejidad. ¿Somos capaces de abrir la puerta al extraño, de respetar su dignidad y sus derechos con independencia de su estatus migratorio? Esta es una pregunta que se responde en colectivo, desde nuestro ser cristiano y ciudadano. Por otra parte, el Papa no ha perdido de vista a la numerosa diáspora mexicana que se encuentra fuera del territorio, ha reconocido sus anhelos y sus deseos de tener un mejor México. Muchos de ellos viven con un “pie aquí y otro allá”, desbordados por las largas jornadas laborales y por la preocupación de mandar la remesa a final de mes. Desde lejos, ellos trabajan porque los de aquí tengamos mejores

El Papa y los jóvenes

A las 8 y media, en el bulevar López Mateos, eje central de León y recorrido del “papamóvil” desde el Aeropuerto Internacional del Bajío (en Silao) hasta el Colegio Miraflores, donde descansará estos días, miles de chamacos se apuestan ya en las banquetas. Van a durar diez horas al sol, echando porras y tatemándose para ver 12 segundos al Papa. Eso no les importa. Es el acontecimiento de paz más significativo en la historia de León de los Alda-

oportunidades: ¿cómo podemos responder desde la fe cristiana a este esfuerzo y tomarles en cuenta? Misión y migración han sido un binomio importante con motivo de la última Jornada del Migrante y Refugiado, en la que Benedicto XVI ha señalado que ”las migraciones internas o internacionales realizadas en busca de mejores condiciones de vida o para escapar de la amenaza de persecuciones, guerras, violencia, hambre y catástrofes naturales, han producido una mezcla de personas y de pueblos sin precedentes, con problemáticas nuevas no solo desde un punto de vista humano, sino también ético, religioso y espiritual”. Benedicto XVI habló desde León para toda América Latina recordando la Misión Continental promovida en Aparecida, invitando a los obispos a ser “vigías” a proclamar y dar testimonio de una Iglesia que no puede separar la alabanza de Dios del servicio del hombre. Ese hombre que cambia constantemente de acuerdo con las preocupaciones de su momento y que se moviliza para tener un mejor nivel de vida. El Papa ha dejado un mensaje de esperanza y renovación a un México que vive las fracturas de la desigualdad, el hambre, la migración y la violencia; a una Iglesia local que se sitúa ante el reto de convivir con la creciente pluralidad de ideas religiosas y realizar ajustes en sus modelos pastorales. Hoy más que nunca nuestra Iglesia mexicana tiene rostro inmigrante.

“BENEDICTO, HERMANO, YA ERES MEXICANO” LOURDES PAZ

A las 17:30 hrs. terminó el protocolo de bienvenida y a pesar de que el itinerario señalaba que el Papa se trasladaría en automóvil cerrado, se decidió que viajara hasta el Colegio Miraflores en el Papamóvil, un Mercedes Benz blindado ML 430 con una potencia de 272 caballos que permaneció con la ventanilla abierta, desde donde el Santo Padre agradeció a las 700 mil personas que aproximadamente formaron la valla del recorrido. Gente de todo tipo, bajo el intenso calor de más de 30º C

coreaban al unísono al paso del Papamóvil: “Benedicto, hermano ya eres mexicano”, y por los más de 9 mil jóvenes voluntarios vestidos de blanco y amarillo: “Esta es la juventud del Papa”, “Somos los jóvenes del Papa”. Familias enteras con niños y ancianos lo querían ver aunque fuera por unos instantes: “nuestras familias necesitan esperanza”, “que alguien interceda por nosotros ante tantos problemas como tenemos”, “que se acabe la violencia y la inseguridad”.

14

008-12_17_BIENVENIDA.indd 14

4/3/12 6:39 PM


ma, ciudad cuerera y curtidora, industriosa y despreocupada. Católica, apostólica y romana. Gritos, consignas, alusiones a “Be-ne-dic-to” y porras, “Juan-Pa-blo; Juan-Pa-blo” son coreadas por muchachos y muchachas (¿de dónde salieron tantos; no que este Papa no conectaba con los jóvenes?) debidamente vestidos con camisetas blancas (los guías las traen amarillas) con la figura estampada del anciano Papa algo más joven que hoy, en que está a menos de un mes de cumplir los 85 años. Mientras la juventud arrasa las calles, los automóviles que pueden sortear los retenes de la policía, tocan sus bocinas (“ta-ta-tata-ta”) como en las escasísimas veces que el equipo local (los “panzas verdes” del León) ganan un campeonato de Primera o de Segunda División. O cuando –más escasas ocasiones aún—gana la Selección Mexicana.

Confirmar en la fe

Contrasta el jolgorio con la adusta presencia de soldados, guardias presidenciales, policías estatales, policías federales y un helicóptero rojo que sobrevuela, desde las siete de la mañana, el cielo abierto, luminoso, soleado de León. Luego, llegó la tarde, la apoteosis. Con 15 minutos de adelanto, el vuelo papal aterrizó en el Aeropuerto Internacional del Bajío. Y fue a partir de ese momento que Benedicto XVI descubrió dos cosas: el amor de la gente mexicana por el Vicario de Cristo y que ya tiene en México una “generación Benedicto”, como hubo una “Juan Pablo”. Así de fácil. Sin las enormes complicaciones que se habían presagiado en las columnas políticas de los diarios.

Con una voz muy frágil y con el gesto muy dulce, Benedicto XVI advertía que su misión no era, ni de lejos ni de cerca, una misión política; que en su papel

de obispo de la Roma y de la Iglesia universal, venía a confirmar en la fe, en la esperanza y en la caridad a los mexicanos. Antes, el presidente Calderón

había recordado lo que sufre el país. Y los muchachos y muchachas incansables (sobre todo las y los de Guadalajara) diciendo “Lo dice el Papa, lo

▶▶

RECIBIDO TAMBIÉN COMO JEFE DE ESTADO FELIPE DE J. MONROY

E

n el aeropuerto de la municipalidad de Silao, el Papa fue recibido por el presidente de México, Felipe Calderón Hinojosa, y su esposa, Margarita Zavala. En representación de los poderes nacionales, estuvieron presentes los presidentes de las cámaras del Senado y de la Cámara Baja y el presidente del poder judicial. Por parte de las autoridades locales, el gobernador del estado de Guanajuato y demás representantes del congreso del estado. El Santo Padre fue recibido además por los cardenales, arzobispos y obispos de México, representados por Mons. José Guadalupe Martín Rábago, arzobispo de León, anfitrión del pontífice y por el Nuncio Apostólico en México, Mons. Christophe Pierre. Ante los fieles católicos que bajo un persistente sol del Bajío esperaron a Su Santidad entre porras que clamaban ‘¡México, bendito; con el Papa Benedicto!’, el Papa dio su primer mensaje al pueblo mexicano: “Deseo confirmar en la fe a los creyentes en Cristo, afianzarlos en ella y animarlos a revitalizarla con la escucha de la Palabra de Dios, los sacramentos y la coherencia de vida. Así podrán ser fermento en la sociedad”.

15

008-12_17_BIENVENIDA.indd 15

4/3/12 6:39 PM


CEREMONIA DE BIENVENIDA ▶▶

dicen los obispos, los jóvenes son lo mejor de Cristo”. Mesurado y tranquilo, el Papa reconoció que la paz no es un invento de otros siglos, sino la condición propia de la sociedad como la quiere el ser humano temeroso de Dios. El problema es que se van desgajando en el abismo los hombres y las mujeres temerosos de Dios… Pero, pensó el Papa, ya se enterarán. Ya pronto sabrán que no he venido a azucarar el mensaje de Cristo, sino a dejarlo bien impreso en los corazones que se dejen penetrar por Él.

Sones de mariachi

Bajó del enorme 777 de Alitalia con sones de mariachi y se marchó al Colegio Miraflores con sones de mariachi. Miles de personas, incluyendo a los muchachos que habían llegado a las siete de la mañana, con la panza vacía y el corazón repleto, lo saludaron con un cariño inusitado. Era su primer día de estancia en León; era su primer contacto como Papa con México (ya antes había venido a Guadalajara y probado los quelites). Algo había pasado. “Benedicto, hermano”, empezaba a ser, por las porras y las consignas, por el cariño y la multitud, por el alarido de los jóvenes y las lágrimas de las viejecitas “mexicano”.

ANDRÉS GLEZ. WATTY Mtro. en Admon. y Políticas Públicas

Gloria de Dios, vida del hombre

B

enedicto XVI vino a México, según sus propias palabras, a confirmar en la fe a una mayoría de la población de una nación con raíces profundamente católicas. Sin embargo, parte de su mensaje también fue político. Por político no me refiero al campo electoral o de la lucha por el poder, sino a un mensaje que bien podría encuadrarse en el marco de la ética ciudadana y la responsabilidad social. El mensaje del Papa se centró en las circunstancias que vive el país: la pobreza, la corrupción y la violencia. Yo añadiría otra dimensión que fue sutilmente capturada por Benedicto XVI: el anhelo de desarrollo de las emergentes clases medias mexicanas, que puede devenir fácilmente en una mentalidad utilitarista “que termina siempre sacrificando a los más débiles e indefensos”. Be podría ver una paradoja en el hecho de que un país mayoritariamente católico tenga índices de delincuencia y violencia que plagan semana a semana los encabezados de la prensa. Cierto, México no es el país con más índices de violencia en el mundo, y es falso afirmar que el catolicismo es causa de la violencia y el crimen; sin embargo, la paradoja permanece. Respondiendo a una pregunta hecha por Valentina Alazraki en el avión con destino a México: ¿Cuál es el papel de la Iglesia católica ante estos retos sociales? El Papa aclaró que la Iglesia no es un partido ni poder político sino una realidad moral. La Iglesia debe educar la conciencia y así crear la responsabilidad necesaria:

tanto en la ética individual, como en la ética pública. Advirtió que en muchos sitios y en Latinoamérica se percibe en ciertos católicos una contradicción entre la moral individual y la pública. Personalmente son creyentes pero en la vida pública se comportan con actitudes que no corresponden a los grandes valores del Evangelio. El reto, decía el Papa, está en educar no sólo en una moral individual sino en una moral pública: tal como trata de hacerlo la Doctrina Social de la Iglesia. Naturalmente, concluía, esta moral debe ser una moral racional, compartida por creyentes y no creyentes; pero a la que la Iglesia puede enriquecer mediante la formación de las conciencias. Siguiendo con el tema de la justicia social, el Papa invitaba a los obispos mexicanos y latinoamericanos a estar del lado de los marginados. El Papa previno también del riesgo de caer en un integrismo católico o cualquier forma de teocracia. En su homilía en el parque Bicentenario, Benedicto XVI enfatizó que Cristo es rey no por el poder y la violencia, sino por la verdad y el amor, un amor que no busca nada a cambio. Ante un país con grandes retos y donde gran parte de la población atraviesa por privaciones y sufrimientos, el Papa dio un mensaje de esperanza en el futuro: “La confianza en Dios ofrece la certeza de encontrarlo, de recibir su gracia, y en ello se basa la esperanza de quien cree. Y, sabiendo esto, se esfuerza en transformar también las estructuras y acontecimientos presentes poco gratos, que parecen inconmovibles e insuperables, ayudando a quien no encuentra en la vida sentido ni porvenir”. México será lo que los mexicanos de ahora hagamos que sea. El papel que nos toca seguir a la mayoría de los que nos declaramos católicos, es comunicar esa esperanza también, por qué no, en la esfera pública, en el debate ciudadano y en la acción social. “La gloria de Dios, que es la vida del hombre” contar con una dimensión religiosa adecuada en la discusión pública, ayuda en el florecimiento humano, personal y social.

16

008-12_17_BIENVENIDA.indd 16

4/3/12 6:39 PM


17

008-12_17_BIENVENIDA.indd 17

4/3/12 6:39 PM


PLAZA DE LA PAZ

“No están solos, mis pequeños amigos” El Papa invita a todos a proteger y cuidar a los niños JAIME SEPTIÉN. ENVIADO ESPECIAL

N

o sólo mexicano, sino amigo de los pequeños. Tras descansar y reponerse del viaje de 14 horas y media, por la tarde-noche en Guanajuato –asomándose al balcón de la Casa del Conde Rul, donde se había reunido con el presidente Calderón, con su familia y detrás de ellos una variopinta aglomeración de invitados, se vivió la apoteosis de un Papa sanísimo de cuerpo y de alma. Resucitado por el cariño desbordado que le expresaron los leoneses saliendo del Colegio Miraflores, a lo largo del trayecto a Guanajuato en coche cerrado y por las escenas del día anterior, el Sumo Pontífice pasó con su convoy al lado del Bicentenario, cerca de las siete de la tarde. El sonido interno del Parque suspendió las pruebas (“1-3-143-probando torre del sector 4-avena”) y las pantallas gigantes dejaron de transmitir por vigésima vez un documental en el que el maestro

Jorge Traslosheros explicaba quién es Joseph Ratzinger, para anunciar y mostrar la señal de Televisa, sobre la marcha de la caravana camino a Guanajuato. El clamor fue inmediato. Seguramente, Benedicto XVI no lo podía creer. Por lo menos 150 mil personas, jóvenes la mayoría, estaban esperándolo para celebrar juntos la Eucaristía dominical. Desde su vehículo debe haber exclamado al ver el espectáculo –en perfecto y melodioso italiano— al arzobispo de León, José Guadalupe Martín Rábago, al Nuncio Apostólico Christophe Pierre y a su secretario personal, Georg Gänswein: “Sto iniziando a creedere che il Papa stesso è messicano”. Una hora más tarde, asomado al balcón de la Casa de Gobierno de Guanajuato, como párroco solícito, les dijo a las chiquillas y chiquillos (a las niñas y los niños, se diría en el actual régimen, conservando la vigencia

18

008-18_21_PLAZA_PAZ.indd 18

4/3/12 5:59 PM


24

de lo “políticamente correcto” que, por cierto, jamás usa el Papa) que cantaron, bailaron y se divirtieron en grande en la Plaza de la Paz, que Dios los quiere, que si quieren cambiar al mundo primero cambien su corazón, que sean siempre sinceros. Y que la fe no es consecuencia de un acto heroico, sino de actos sencillos: ir a misa los domingos, ir al catecismo, participar en grupos de parroquia, formar parte del coro…

Abuelito bueno

El contacto con los chavitos del “frío teólogo, guardián de la fe” que nos quisieron vender como sucedáneo malísimo de Joseph Ratzinger, fue rotundo. De esos que le ponen a uno la pielecita de gallina. Ahí, uno que apenas si tuvo niñez (Hitler se la cercenó muy pronto), arropando a los niños con consejos no de sabio sino de abuelito bueno; de los que saben que lo esencial es invisible para los

ojos. Y que los niños de la era de la híper comunicación, de la era digital, del i-phone, el ipad y la i-pereza siguen siendo niños. Y para ser niño hay que saberse admirar de la sola Creación. Saberse protegido por algo muy superior, por el Misterio. Por Dios mismo, como el Papa alemán se los decía a los niños mexicanos antes de abandonar el balcón, con el telón de fondo del griterío (“No te vayas-no te

vayas”) y las notas maravillosas de la Oda a la Alegría, el viejo poema del alemán Friedrich von Schiller, elevadas al paraíso del arte por el alemán Ludwig van Beethoven. Comenzaba a caer la noche inmensa en el Bajío mexicano, con la misma suavidad de sábado por la tarde en que iniciaba el desvelamiento de la grandeza de corazón del Papa. Los comunicadores, periodistas,

camarógrafos, productores y periodistas que iban desde la agencia china Xinhua, hasta la cadena árabe Al-Jazeera, anotaban en sus libretas: “Cambiar texto Ratzinger; no Papa gruñón; no pastor alemán de la fe: Papa bueno…”. El momento brutal de desconcierto les llegó cuando el Sumo Pontífice se descubrió como lo que es: el siervo de los siervos de Dios. Y cuando les

▶▶

CON LAS VÍCTIMAS DE LA VIOLENCIA Y DEL CRIMEN ORGANIZADO FELIPE DE J. MONROY GONZÁLEZ

En medio de las difíciles circunstancias de violencia y corrupción que agudizan los problemas en México, el Papa recordó las palabras de san Pablo: “no se entristezcan como los que no tienen esperanza”. Uno a uno, Benedicto XVI saludó a ocho peculiares asistentes al encuentro privado que sostuvo como visita de cortesía al presidente de México en la Casa del Conde Rul, en Guanajuato. Entre los miembros del séquito papal y delegados representantes del Estado mexicano,

estos ocho recibieron consuelo pues en los últimos dos años fueron víctimas de la violencia y crimen organizado en México. Allí estuvieron Verónica Valdéz, viuda de Edelmiro Cavazos, alcalde de Santiago, Nuevo León; Josefina Torres, viuda de un militar muerto en acción durante un operativo en Durango. Y las señoras María Herrera, madre de cuatro hijos desaparecidos; y María Dávila, madre de un joven asesinado durante la masacre juvenil en Villas de Salvarcar, Ciudad Juárez. 19

008-18_21_PLAZA_PAZ.indd 19

4/3/12 5:59 PM


LAURA JUÁREZ Dra. en Economía, ITAM

PLAZA DE LA PAZ ▶▶

dijo a los niños que él iba a rezar por ellos. Y que les proponía un cambalache: que rezaran ellos por él. Los periodistas, desde Telemundo hasta la BBC 3, pasando por CNN, ABC, AP, rayaron sus cuadernos de notas. Y pusieron como post: “Ya se nos cayó la comparación con JP II; lo quieren mucho. Muchísimo. ¿Ahora qué le achacamos?” Desarbolados, cerraron sus libretas y decidieron esperar el resbalón del día siguiente, la celebración masiva en el Bicentenario. Trataron de rebobinar su memoria para ver cómo sacaban a relucir “el pasado nazi” o los escándalos de pederastia de Irlanda, pero se les vino abajo la evidencia a las 8 y media de la noche, al regreso del convoy del Papa hacia León. Más gente había en el Bicentenario y más gente corrió a saludarlo a kilómetros de distancia. Noventa por ciento, jóvenes. Le decían “hasta mañana”, como a un viejo amigo con el cual iban a departir al otro día con el estribillo: “Éeeeeeesta eees la juventud del Papa”.

Volver a ser como niños

E

scribo estas primeras reflexiones acerca del mensaje del Papa Benedicto XVI a los niños en la Plaza de la Paz en Guanajuato el 24 de marzo de 2012. El sábado por la tarde el centro de Guanajuato estaba abarrotado de gente. Como las multitudes que seguían a Jesús, movidas quizá por un deseo no del todo consciente, pero verdadero, de sentido, de una respuesta total, la gente quería ver y escuchar a Benedicto XVI. Por fin, el Papa salió al balcón y les dijo a los niños congregados en la Plaza de la Paz que ellos, y de manera especial aquellos que sufren, “ocupan un lugar muy importante en el corazón del Papa” y que “Dios quiere que seamos siempre felices. Él nos conoce y nos ama”. La fe, la amistad con Cristo, no es entonces, como se piensa tantas veces, una losa pesada que le quita el sabor a la vida con sus reglas, sino la única manera de redescubrir continuamente y custodiar, para chicos y grandes, el deseo más profundo que tenemos: el deseo infinito de felicidad. A mi parecer, estas palabras tan sencillas del Papa nos provocan como creyentes a preguntarnos y reflexionar sobre la manera en que vivimos nuestra fe, la transmitimos a las nuevas generaciones y la proponemos al mundo. Nos hacen preguntarnos con sinceridad si nuestra fe personal es una camisa de fuerza moral o una experiencia de plenitud y humanidad nuevas. Si la estamos transmitiendo a los niños y jóvenes como una bella pieza de museo o como la hipótesis que esclarece y dota de significado el presente. Nos hace pensar si frente al mundo estamos más prestos a la esgrima que al testimonio alegre; al proyecto social o político, y no al diálogo sincero y sin reducciones. En ese mismo mensaje, el Papa recordó a los niños, quienes generalmente en su sencillez entienden más que nosotros, que la fe personal conlleva también una tarea: “Si dejamos que el amor de Cristo cambie nuestro corazón, entonces nosotros podremos cambiar al mundo”.

Cambiar al mundo, no de acuerdo con un esquema que se impone mediante la fuerza o el poder político y social, sino de acuerdo con este corazón, que es común a todos, y cuya respuesta definitiva es Cristo. Es precisamente este reconocimiento de los anhelos más profundos del corazón humano lo que fundamenta el derecho a la libertad religiosa y lo que nos permite entender que la fe no es una amenaza para la sociedad, sino una riqueza enorme. En varias ocasiones durante su pontificado y también durante su visita a México, el Papa ha enfatizado que la Iglesia está dispuesta y gustosa de participar, junto con todos los actores sociales y políticos, en la construcción del bien común, de una sociedad donde reinen la paz y la justicia. También ese sábado por la tarde el Papa se dirigió a los niños con estas palabras: “Su familia, la Iglesia, la escuela y quienes tienen responsabilidad en la sociedad han de trabajar unidos para que ustedes puedan recibir un mundo mejor, sin envidias ni divisiones”. Trabajar unidos, sin censurar nuestras diferencias con los demás, sólo es posible si partimos de nuestro corazón, no como sentimiento, sino como ese núcleo de exigencias humanas elementales que nos une ,y nos permite abrazar y respetar la diversidad. El mensaje del Papa a los niños en la Plaza de la Paz fue sumamente rico en contenido. Yo quisiera terminar esta entrega con un frase más, que el Papa dirigió al niño que hay en cada uno de nosotros: “Cada uno de ustedes es un regalo de Dios para México y para el mundo”. ¿Quién no desea ser mirado así siempre, como un don y no como un “problema”, por los padres, la familia, los maestros, los compañeros de trabajo, la pareja y la sociedad entera? Esta mirada del Papa hacia cada uno de nosotros, que es la mirada de Cristo, es la única que puede darnos la paz personal y social que anhelamos. Por esto, vale la pena volver a ser como niños y seguir a Benedicto XVI.

20

008-18_21_PLAZA_PAZ.indd 20

4/3/12 5:59 PM


21

008-18_21_PLAZA_PAZ.indd 21

4/3/12 5:59 PM


EUCARISTÍA DE BIENVENIDA

22

008-22_31_PLIEGO.indd 22

4/3/12 6:47 PM


Pliego

LA PALABRA DE BENEDICTO XVI 008-22_31_PLIEGO.indd 23

23

4/3/12 6:47 PM


Pliego CEREMONIA DE BIENVENIDA Aeropuerto de Silao. Viernes, 23 de marzo de 2012 Excelentísimo Señor Presidente de la República, señores cardenales, venerados hermanos en el episcopado y el sacerdocio, distinguidas autoridades, amado pueblo de Guanajuato y de México entero: Me siento muy feliz de estar aquí, y doy gracias a Dios por haberme permitido realizar el deseo, guardado en mi corazón desde hace mucho tiempo, de poder confirmar en la fe al Pueblo de Dios de esta gran nación en su propia tierra. Es proverbial el fervor del pueblo mexicano con el Sucesor de Pedro, que lo tiene siempre muy presente en su oración. Lo digo en este lugar, considerado el centro geográfico de su territorio, al cual ya quiso venir desde su primer viaje mi venerado predecesor, el beato Juan Pablo II. Al no poder hacerlo, dejó en aquella ocasión un mensaje de aliento y bendición cuando sobrevolaba su espacio aéreo. Hoy me siento dichoso de hacerme eco de sus palabras, en suelo firme y entre ustedes: “Agradezco, decía en su mensaje, el afecto al Papa y la fidelidad al Señor de los fieles del Bajío y de Guanajuato. Que Dios les acompañe siempre (cf. Telegrama, 30 enero 1979). Con este recuerdo entrañable, le doy las gracias, Señor Presidente, por su cálido recibimiento, y saludo con deferencia a su distinguida esposa y demás autoridades que han querido honrarme con su presencia. Un saludo muy especial a Monseñor José Guadalupe Martín Rábago, Arzobispo de León, así como a Monseñor Carlos Aguiar Retes, Arzobispo de Tlalnepantla, y Presidente de la Conferencia del Episcopado Mexicano y del Consejo Episcopal Latinoamericano. Con esta breve visita, deseo estrechar las manos de todos los mexicanos y abarcar a las naciones y pueblos latinoa-

mericanos, bien representados aquí por tantos obispos, precisamente en este lugar en el que el majestuoso monumento a Cristo Rey, en el cerro del Cubilete, da muestra de la raigambre de la fe católica entre los mexicanos, que se acogen a su constante bendición en todas sus vicisitudes. México y la mayoría de los pueblos latinoamericanos han conmemorado el bicentenario de su independencia, o lo están haciendo en estos años. Muchas han sido las celebraciones religiosas para dar gracias a Dios por este momento tan importante y significativo. Y en ellas, como se hizo en la Santa Misa en la Basílica de San Pedro, en Roma, en la solemnidad de Nuestra Señora de Guadalupe, se invocó con fervor a María Santísima, que hizo ver con dulzura cómo el Señor ama a todos y se entregó por ellos sin distinciones. Nuestra Madre del cielo ha seguido velando por la fe de sus hijos también en la formación de estas naciones, y lo sigue haciendo hoy ante los nuevos desafíos que se les presentan. Vengo como peregrino de la fe, de la esperanza y de la caridad. Deseo confirmar en la fe a los creyentes en Cristo, afianzarlos en ella y animarlos a revitalizarla con la escucha de la Palabra de Dios, los sacramentos y la coherencia de vida. Así podrán compartirla con los demás, como misioneros entre sus hermanos, y ser fermento en la sociedad, contribuyendo a una convivencia respetuosa y pacífica, basada en la inigualable dignidad de toda persona humana, creada por Dios, y que ningún poder tiene derecho a olvidar o despreciar. Esta dignidad se expresa de manera eminente en el derecho fundamental a la libertad religiosa, en su genuino sentido y en su plena integridad.

Como peregrino de la esperanza, les digo con san Pablo: «No se entristezcan como los que no tienen esperanza» (1 Ts 4,13). La confianza en Dios ofrece la certeza de encontrarlo, de recibir su gracia, y en ello se basa la esperanza de quien cree. Y, sabiendo esto, se esfuerza en transformar también las estructuras y acontecimientos presentes poco gratos, que parecen inconmovibles e insuperables, ayudando a quien no encuentra en la vida sentido ni porvenir. Sí, la esperanza cambia la existencia concreta de cada hombre y cada mujer de manera real (cf. Spe salvi, 2). La esperanza apunta a «un cielo nuevo y una tierra nueva» (Ap 21,1), tratando de ir haciendo palpable ya ahora algunos de sus reflejos. Además, cuando arraiga en un pueblo, cuando se comparte, se difunde como la luz que despeja las tinieblas que ofuscan y atenazan. Este país, este continente, está llamado a vivir la esperanza en Dios como una convicción profunda, convirtiéndola en una actitud del corazón y en un compromiso concreto de caminar juntos hacia un mundo mejor. Como ya dije en Roma, «continúen avanzando sin desfallecer en la construcción de una sociedad cimentada en el desarrollo del bien, el triunfo del amor y la difusión de la justicia» (Homilía en la solemnidad de Nuestra Señora de Guadalupe, Roma, 12 de diciembre de 2011). Junto a la fe y la esperanza, el creyente en Cristo, y la Iglesia en su conjunto, vive y practica la caridad como elemento esencial

de su misión. En su acepción primera, la caridad «es ante todo y simplemente la respuesta a una necesidad inmediata en una determinada situación» (Deus caritas est, 31,a), como es socorrer a los que padecen hambre, carecen de cobijo, están enfermos o necesitados en algún aspecto de su existencia. Nadie queda excluido por su origen o creencias de esta misión de la Iglesia, que no entra en competencia con otras iniciativas privadas o públicas, es más, ella colabora gustosa con quienes persiguen estos mismos fines. Tampoco pretende otra cosa que hacer de manera desinteresada y respetuosa el bien al menesteroso, a quien tantas veces lo que más le falta es precisamente una muestra de amor auténtico. Señor Presidente, amigos todos: en estos días pediré encarecidamente al Señor y a la Virgen de Guadalupe por este pueblo, para que haga honor a la fe recibida y a sus mejores tradiciones; y rezaré especialmente por quienes más lo precisan, particularmente por los que sufren a causa de antiguas y nuevas rivalidades, resentimientos y formas de violencia. Ya sé que estoy en un país orgulloso de su hospitalidad y deseoso de que nadie se sienta extraño en su tierra. Lo sé, lo sabía ya, pero ahora lo veo y lo siento muy dentro del corazón. Espero con toda mi alma que lo sientan también tantos mexicanos que viven fuera de su patria natal, pero que nunca la olvidan y desean verla crecer en la concordia y en un auténtico desarrollo integral. Muchas gracias.

24

008-22_31_PLIEGO.indd 24

4/3/12 6:47 PM


SALUDO A LOS NIÑOS Plaza de la Paz, Guanajuato. Sábado, 24 de marzo de 2012 Queridos niños: Estoy contento de poderlos encontrar y ver sus rostros alegres llenando esta bella plaza. Ustedes ocupan un lugar muy importante en el corazón del Papa. Y en estos momentos quisiera que esto lo supieran todos los niños de México, particularmente los que soportan el peso del sufrimiento, el abandono, la violencia o el hambre, que en estos meses, a causa de la sequía, se ha dejado sentir fuertemente en algunas regiones. Gracias por este encuentro de fe, por la presencia festiva y el regocijo que han expresado con los cantos. Hoy estamos llenos de júbilo, y eso es importante. Dios quiere que seamos siempre felices. Él nos conoce y nos ama. Si dejamos que el amor de Cristo cambie nuestro corazón, entonces nosotros podremos cambiar el mundo. Ese es el secreto de la auténtica felicidad. Este lugar en el que nos hallamos tiene un nombre que expresa el anhelo presente en el corazón de todos los pueblos: «la paz», un don que proviene de lo alto. «La paz esté con ustedes» (Jn 20,21). Son las palabras del Señor resucitado. Las oímos en cada misa, y hoy resuenan de nuevo aquí, con la esperanza de que cada uno se transforme en sembrador y mensajero de esa paz por la que Cristo entregó su vida. El discípulo de Jesús no responde al mal con el mal, sino que es siempre instrumento del bien, heraldo del perdón, portador de la alegría, servidor de la unidad. Él quiere escribir en cada una de sus vidas una historia de amistad. Ténganlo, pues, como el mejor de sus amigos. Él no se cansará de decirles que amen siempre a todos y hagan el bien. Esto lo escucharán, si procuran en todo momento un trato frecuente con él, que les

ayudará aun en las situaciones más difíciles. He venido para que sientan mi afecto. Cada uno de ustedes es un regalo de Dios para México y para el mundo. Su familia, la Iglesia, la escuela y quienes tienen responsabilidad en la sociedad han de trabajar unidos para que ustedes puedan recibir como herencia un mundo mejor, sin envidias ni divisiones. Por ello, deseo elevar mi voz invitando a todos a proteger y cuidar a los niños, para que nunca se apague su sonrisa, puedan vivir en paz y mirar al futuro con confianza. Ustedes, mis pequeños amigos, no están solos. Cuentan con la ayuda de Cristo y de su Iglesia para llevar un estilo de vida cristiano. Participen en la misa del domingo, en la catequesis, en algún grupo de apostolado, buscando lugares de oración, fraternidad y caridad. Eso mismo vivieron los beatos Cristóbal, Antonio y Juan, los niños mártires de Tlaxcala, que conociendo a Jesús, en tiempos de la primera evangelización de México, descubrieron que no había tesoro más grande que él. Eran niños como ustedes, y de ellos podemos aprender que no hay edad para amar y servir. Quisiera quedarme más tiempo con ustedes, pero ya debo irme. En la oración seguiremos juntos. Los invito, pues, a rezar continuamente, también en casa; así experimentarán la alegría de hablar con Dios en familia. Recen por todos, también por mí. Yo rezaré por ustedes, para que México sea un hogar en el que todos sus hijos vivan con serenidad y armonía. Los bendigo de corazón y les pido que lleven el cariño y la bendición del Papa a sus padres y hermanos, así como a sus demás seres queridos. Que la Virgen les acompañe. Muchas gracias, mis pequeños amigos. 25

008-22_31_PLIEGO.indd 25

4/3/12 6:47 PM


Pliego HOMILÍA Parque Bicentenario, Silao. Domingo, 25 de marzo de 2012 Queridos hermanos y hermanas: Me complace estar entre ustedes, y deseo agradecer vivamente a Monseñor José Guadalupe Martín Rábago, Arzobispo de León, sus amables palabras de bienvenida. Saludo al episcopado mexicano, así como a los señores cardenales y demás obispos aquí presentes, en particular a los procedentes de Latinoamérica y el Caribe. Vaya también mi saludo caluroso a las autoridades que nos acompañan, así como a todos los que se han congregado para participar en esta Santa Misa presidida por el sucesor de Pedro. «Crea en mí, Señor, un corazón puro» (Sal 50,12), hemos invocado en el salmo responsorial. Esta exclamación muestra la profundidad con la que hemos de prepararnos para celebrar la próxima semana el gran misterio de la pasión, muerte y resurrección del Señor. Nos ayuda asimismo a mirar muy dentro del corazón humano, especialmente en los momentos de dolor y de esperanza a la vez, como los que atraviesa en la actualidad el pueblo mexicano y también otros de Latinoamérica. El anhelo de un corazón puro, sincero, humilde, aceptable a Dios, era muy sentido ya por Israel, a medida que tomaba conciencia de la persistencia del mal y del pecado en su seno, como un poder prácticamente implacable e imposible de superar. Quedaba sólo confiar en la misericordia de Dios omnipotente y la esperanza de que él cambiara desde dentro, desde el corazón, una situación insoportable, oscura y sin futuro. Así fue abriéndose paso el recurso a la misericordia infinita del Señor, que no quiere la muerte del pecador, sino que se convierta y viva (cf. Ez 33,11). Un corazón puro, un corazón nuevo, es el que se reconoce impotente por sí mismo, y se pone en manos

de Dios para seguir esperando en sus promesas. De este modo, el salmista puede decir convencido al Señor: «Volverán a ti los pecadores» (Sal 50,15). Y, hacia el final del salmo, dará una explicación que es al mismo tiempo una firme confesión de fe: «Un corazón quebrantado y humillado, tú no lo desprecias» (v. 19). La historia de Israel narra también grandes proezas y batallas, pero a la hora de afrontar su existencia más auténtica, su destino más decisivo, la salvación, más que en sus propias fuerzas, pone su esperanza en Dios, que puede recrear un corazón nuevo, no insensible y engreído. Esto nos puede recordar hoy a cada uno de nosotros y a nuestros pueblos que, cuando se trata de la vida personal y comunitaria, en su dimensión más profunda, no bastarán las estrategias humanas para salvarnos. Se ha de recurrir también al único que puede dar vida en plenitud, porque él mismo es la esencia de la vida y su autor, y nos ha hecho partícipes de ella por su Hijo Jesucristo. El Evangelio de hoy prosigue haciéndonos ver cómo este antiguo anhelo de vida plena se ha cumplido realmente en Cristo. Lo explica san Juan en un pasaje en el que se cruza el deseo de unos griegos de ver a Jesús y el momento en que el Señor está por ser glorificado. A la pregunta de los griegos, representantes del mundo pagano, Jesús responde diciendo: «Ha llegado la hora de que el Hijo del hombre sea glorificado» (Jn 12,23). Respuesta extraña, que parece incoherente con la pregunta de los griegos. ¿Qué tiene que ver la glorificación de Jesús con la petición de encontrarse con él? Pero sí que hay una relación. Alguien podría pensar –observa san Agustín– que Jesús se sentía glorificado porque venían a él los gentiles.

Algo parecido al aplauso de la multitud que da «gloria» a los grandes del mundo, diríamos hoy. Pero no es así. «Convenía que a la excelsitud de su glorificación precediese la humildad de su pasión» (In Joannis Ev., 51,9: PL 35, 1766). La respuesta de Jesús, anunciando su pasión inminente, viene a decir que un encuentro ocasional en aquellos momentos sería superfluo y tal vez engañoso. Al que los griegos quieren ver en realidad, lo verán levantado en la cruz, desde la cual atraerá a todos hacia sí (cf. Jn 12,32). Allí comenzará su «gloria», a causa de su sacrificio de expiación por todos, como el grano de trigo caído en tierra que muriendo, germina y da fruto abundante. Encontrarán a quien seguramente sin saberlo andaban buscando en su corazón, al verdadero Dios que se hace reconocible para todos los pueblos. Este es también el modo en que Nuestra Señora de Guadalupe mostró su divino Hijo a san Juan Diego. No como a un héroe portentoso de leyenda, sino como al verdaderísimo Dios, por quien se vive, al Creador de las personas, de la cercanía y de la inmediación, del Cielo y de la Tierra (cf. Nican Mopohua, v. 33). Ella hizo en aquel momento lo que ya había ensayado en las Bodas de Caná. Ante el apuro de la falta de vino, indicó claramente a los sirvientes que la vía a seguir era su Hijo: «Hagan lo que él les diga» (Jn 2,5). Queridos hermanos, al venir aquí he podido acercarme al monumento a Cristo Rey, en lo alto del Cubilete. Mi venerado predecesor, el beato Papa Juan Pablo II, aunque lo deseó ardientemente, no pudo visitar este lugar emblemático de la fe del pueblo mexicano en sus viajes a esta querida tierra. Seguramente se alegrará hoy desde el cielo de que el Señor

me haya concedido la gracia de poder estar ahora con ustedes, como también habrá bendecido a tantos millones de mexicanos que han querido venerar sus reliquias recientemente en todos los rincones del país. Pues bien, en este monumento se representa a Cristo Rey. Pero las coronas que le acompañan, una de soberano y otra de espinas, indican que su realeza no es como muchos la entendieron y la entienden. Su reinado no consiste en el poder de sus ejércitos para someter a los demás por la fuerza o la violencia. Se funda en un poder más grande que gana los corazones: el amor de Dios que él ha traído al mundo con su sacrificio y la verdad de la que ha dado testimonio. Éste es su señorío, que nadie le podrá quitar ni nadie debe olvidar. Por eso es justo que, por encima de todo, este santuario sea un lugar de peregrinación, de oración ferviente, de conversión, de reconciliación, de búsqueda de la verdad y acogida de la gracia. A él, a Cristo, le pedimos que reine en nuestros corazones haciéndolos puros, dóciles, esperanzados y valientes

26

008-22_31_PLIEGO.indd 26

4/3/12 6:47 PM


en la propia humildad. También hoy, desde este parque con el que se quiere dejar constancia del bicentenario del nacimiento de la nación mexicana, aunando en ella muchas diferencias, pero con un destino y un afán común, pidamos a Cristo un corazón puro, donde él pueda habitar como príncipe de la paz, gracias al poder de Dios, que es el poder del bien, el poder del amor. Y, para que Dios habite en nosotros, hay que escucharlo, hay que dejarse interpelar por su Palabra cada día, meditándola en el propio corazón, a ejemplo de María (cf. Lc 2,51). Así crece nuestra amistad personal con él, se aprende lo que espera de nosotros y se recibe aliento para darlo a conocer a los demás. En Aparecida, los obispos de Latinoamérica y el Caribe han sentido con clarividencia la necesidad de confirmar, renovar y revitalizar la novedad del Evangelio arraigada en la historia de estas tierras «desde el encuentro personal y comunitario con Jesucristo, que suscite discípulos y misioneros» (Documento conclusivo, 11). La misión continental, que ahora

se está llevando a cabo diócesis por diócesis en este continente, tiene precisamente el cometido de hacer llegar esta convicción a todos los cristianos y comunidades eclesiales, para que resistan a la tentación de una fe superficial y rutinaria, a veces fragmentaria e incoherente. También aquí se ha de superar el cansancio de la fe y recuperar «la alegría de ser cristianos, de estar sostenidos por la felicidad interior de conocer a Cristo y de pertenecer a su Iglesia. De esta alegría nacen también las energías para servir a Cristo en las situaciones agobiantes de sufrimiento humano, para ponerse a su disposición, sin replegarse en el propio bienestar» (Discurso a la Curia Romana, 22 de diciembre de 2011). Lo vemos muy bien en los santos, que se entregaron de lleno a la causa del Evangelio con entusiasmo y con gozo, sin reparar en sacrificios, incluso el de la propia vida. Su corazón era una apuesta incondicional por Cristo, de quien habían aprendido lo que significa verdaderamente amar hasta el final. En este sentido, el Año de la fe, al que he convocado a toda la Iglesia, «es una invitación a una auténtica y renovada conversión al Señor, único Salvador del mundo. La fe, en efecto, crece cuando se vive como experiencia de un amor que se recibe y se comunica como experiencia de gracia y gozo» (Porta fidei, 11 de octubre de 2011, 6.7). Pidamos a la Virgen María que nos ayude a purificar nuestro corazón, especialmente ante la cercana celebración de las fiestas de Pascua, para que lleguemos a participar mejor en el misterio salvador de su Hijo, tal como ella lo dio a conocer en estas tierras. Y pidámosle también que siga acompañando y amparando a sus queridos hijos mexicanos y latinoamericanos,

para que Cristo reine en sus vidas y les ayude a promover audazmente la paz, la concordia, la justicia y la solidaridad. Amén.

REZO DEL ÁNGELUS Queridos hermanos y hermanas: En el Evangelio de este domingo, Jesús habla del grano de trigo que cae en tierra, muere y se multiplica, respondiendo a algunos griegos que se acercan al apóstol Felipe para pedirle: «Quisiéramos ver a Jesús» (Jn 12,21). Nosotros hoy invocamos a María Santísima y le suplicamos: «Muéstranos a Jesús». Al rezar ahora el Angelus, recordando la Anunciación del Señor, nuestros ojos también se dirigen espiritualmente hacia el cerro del Tepeyac, al lugar donde la Madre de Dios, bajo el título de «la siempre virgen santa María de Guadalupe», es honrada con fervor desde hace siglos, como signo de reconciliación y de la infinita bondad de Dios para con el mundo. Mis predecesores en la Cátedra de san Pedro la honraron con títulos tan entrañables como Señora de México, celestial Patrona de Latinoamérica, Madre y Emperatriz de este continente. Sus fieles hijos, a su vez, que experimentan sus auxilios, la invocan llenos de confianza con nombres tan afectuosos y familiares como Rosa de México, Señora del Cielo, Virgen Morena, Madre del Tepeyac, Noble Indita. Queridos hermanos, no olviden que la verdadera devoción a la Virgen María nos acerca siempre a Jesús, y «no consiste ni en un estéril y transitorio sentimentalismo, ni en una vana credulidad, sino que procede de la fe verdadera, que nos lleva a reconocer la excelencia de la Madre de Dios y nos inclina a un amor filial hacia nuestra Madre y a la imitación de

sus virtudes» (Lumen gentium, 67). Amarla es comprometerse a escuchar a su Hijo, venerar a la Guadalupana es vivir según las palabras del fruto bendito de su vientre. En estos momentos en que tantas familias se encuentran divididas o forzadas a la migración, cuando muchas padecen a causa de la pobreza, la corrupción, la violencia doméstica, el narcotráfico, la crisis de valores o la criminalidad, acudimos a María en busca de consuelo, fortaleza y esperanza. Es la Madre del verdadero Dios, que invita a estar con la fe y la caridad bajo su sombra, para superar así todo mal e instaurar una sociedad más justa y solidaria. Con estos sentimientos, deseo poner nuevamente bajo la dulce mirada de Nuestra Señora de Guadalupe a este país y a toda Latinoamérica y el Caribe. Confío a cada uno de sus hijos a la Estrella de la primera y de la nueva evangelización, que ha animado con su amor materno su historia cristiana, dando expresión propia a sus gestas patrias, a sus iniciativas comunitarias y sociales, a la vida familiar, a la devoción personal y a la misión continental que ahora se está desarrollando en estas nobles tierras. En tiempos de prueba y dolor, ella ha sido invocada por tantos mártires que, a la voz de «viva Cristo Rey y María de Guadalupe», han dado testimonio inquebrantable de fidelidad al Evangelio y entrega a la Iglesia. Le suplico ahora que su presencia en esta querida nación continúe llamando al respeto, defensa y promoción de la vida humana y al fomento de la fraternidad, evitando la inútil venganza y desterrando el odio que divide. Santa María de Guadalupe nos bendiga y nos alcance por su intercesión abundantes gracias del Cielo. 27

008-22_31_PLIEGO.indd 27

4/3/12 6:47 PM


+Pliego VÍSPERAS CON LOS OBISPOS Catedral de León. Domingo, 25 de marzo de 2012 Señores cardenales, queridos hermanos en el episcopado: Es un gran gozo rezar con todos ustedes en esta Basílica-Catedral de León, dedicada a Nuestra Señora de la Luz. En la bella imagen que se venera en este templo, la Santísima Virgen tiene en una mano a su Hijo con gran ternura, y extiende la otra para socorrer a los pecadores. Así ve a María la Iglesia de todos los tiempos, que la alaba por habernos dado al Redentor, y se confía a ella por ser la Madre que su divino Hijo nos dejó desde la cruz. Por eso, nosotros la imploramos frecuentemente como «esperanza nuestra», porque nos ha mostrado a Jesús y transmitido las grandezas que Dios ha hecho y hace con la humanidad, de una manera sencilla, como explicándolas a los pequeños de la casa. Un signo decisivo de estas grandezas nos la ofrece la lectura breve que hemos proclamado en estas Vísperas. Los habitantes de Jerusalén y sus jefes no reconocieron a Cristo, pero, al condenarlo a muerte, dieron cumplimiento de hecho a las palabras de los profetas (cf. Hch 13,27). Sí, la maldad y

la ignorancia de los hombres no es capaz de frenar el plan divino de salvación, la redención. El mal no puede tanto. Otra maravilla de Dios nos la recuerda el segundo salmo que acabamos de recitar: Las «peñas» se transforman «en estanques, el pedernal en manantiales de agua» (Sal 113,8). Lo que podría ser piedra de tropiezo y de escándalo, con el triunfo de Jesús sobre la muerte, se convierte en piedra angular: «Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente» (Sal 117,23). No hay motivos, pues, para rendirse al despotismo del mal. Y pidamos al Señor Resucitado que manifieste su fuerza en nuestras debilidades y penurias. Esperaba con gran ilusión este encuentro con ustedes, pastores de la Iglesia de Cristo que peregrina en México y en los diversos países de este gran continente, como una ocasión para mirar juntos a Cristo que les ha encomendado la hermosa tarea de anunciar el Evangelio en estos pueblos de recia raigambre católica. La situación actual de sus diócesis plantea ciertamente retos y dificultades de muy diversa índole. Pero, sabiendo que el Señor ha

resucitado, podemos proseguir confiados, con la convicción de que el mal no tiene la última palabra de la historia, y que Dios es capaz de abrir nuevos espacios a una esperanza que no defrauda (cf. Rm 5,5). Agradezco el cordial saludo que me ha dirigido el Señor Arzobispo de Tlalnepantla y Presidente de la Conferencia del Episcopado Mexicano y del Consejo Episcopal Latinoamericano, Monseñor Carlos Aguiar Retes, haciéndose intérprete y portavoz de todos. Y les ruego a ustedes, pastores de las diversas Iglesias particulares, que, al regresar a sus sedes, trasmitan a sus fieles el afecto entrañable del Papa, que lleva muy dentro de su corazón todos sus sufrimientos y aspiraciones. Al ver en sus rostros el reflejo de las preocupaciones de la grey que apacientan, me vienen a la mente las Asambleas del Sínodo de los Obispos, en las que los participantes aplauden cuando intervienen quienes ejercen su ministerio en situaciones particularmente dolorosas para la vida y la misión de la Iglesia. Ese gesto brota de la fe en el Señor, y significa fraternidad en los trabajos apostólicos, así como gratitud y admiración por los que siembran el Evangelio entre espinas, unas en forma de per-

secución, otras de marginación o menosprecio. Tampoco faltan preocupaciones por la carencia de medios y recursos humanos, o las trabas impuestas a la libertad de la Iglesia en el cumplimiento de su misión. El sucesor de Pedro participa de estos sentimientos y agradece su solicitud pastoral paciente y humilde. Ustedes no están solos en los contratiempos, como tampoco lo están en los logros evangelizadores. Todos estamos unidos en los padecimientos y en la consolación (cf. 2 Co 1,5). Sepan que cuentan con un lugar destacado en la plegaria de quien recibió de Cristo el encargo de confirmar en la fe a sus hermanos (cf. Lc 22,31), que les anima también en la misión de hacer que nuestro Señor Jesucristo sea cada vez más conocido, amado y seguido en estas tierras, sin dejarse amedrentar por las contrariedades. La fe católica ha marcado significativamente la vida, costumbres e historia de este continente, en el que muchas de sus naciones están conmemorando el bicentenario de su independencia. Es un momento histórico en el que siguió brillando el nombre de Cristo, llegado aquí por obra de

28

008-22_31_PLIEGO.indd 28

4/3/12 6:47 PM


insignes y abnegados misioneros, que lo proclamaron con audacia y sabiduría. Ellos lo dieron todo por Cristo, mostrando que el hombre encuentra en él su consistencia y la fuerza necesaria para vivir en plenitud y edificar una sociedad digna del ser humano, como su Creador lo ha querido. Aquel ideal de no anteponer nada al Señor, y de hacer penetrante la Palabra de Dios en todos, sirviéndose de los propios signos y mejores tradiciones, sigue siendo una valiosa orientación para los pastores de hoy. Las iniciativas que se realicen con motivo del Año de la fe deben estar encaminadas a conducir a los hombres hacia Cristo, cuya gracia les permitirá dejar las cadenas del pecado que los esclaviza y avanzar hacia la libertad auténtica y responsable. A esto está ayudando también la misión continental promovida en Aparecida, que tantos frutos de renovación eclesial está ya cosechando en las Iglesias particulares de América Latina y el Caribe. Entre ellos, el estudio, la difusión y meditación de la Sagrada Escritura, que anuncia el amor de Dios y nuestra salvación. En este sentido, los exhorto a seguir abriendo los tesoros del Evangelio, a fin de que se conviertan en potencia de esperanza, libertad y salvación para todos los hombres (cf. Rm 1,16). Y sean también fieles testigos e intérpretes de la palabra del Hijo encarnado, que vivió para cumplir la voluntad del Padre y, siendo hombre con los hombres, se desvivió por ellos hasta la muerte. Queridos hermanos en el episcopado, en el horizonte pastoral y evangelizador que se abre ante nosotros, es de capital relevancia cuidar con gran esmero de los seminaristas, animándolos a

que no se precien «de saber cosa alguna, sino a Jesucristo, y éste crucificado» (1 Co 2,2). No menos fundamental es la cercanía a los presbíteros, a los que nunca debe faltar la comprensión y el aliento de su obispo y, si fuera necesario, también su paterna admonición sobre actitudes improcedentes. Son sus primeros colaboradores en la comunión sacramental del sacerdocio, a los que han de mostrar una constante y privilegiada cercanía. Igualmente cabe decir de las diversas formas de vida consagrada, cuyos carismas han de ser valorados con gratitud y acompañados con responsabilidad y respeto al don recibido. Y una atención cada vez más especial se debe a los laicos más comprometidos en la catequesis, la animación litúrgica, la acción caritativa y el compromiso social. Su formación en la fe es crucial para hacer presente y fecundo el Evangelio en la

sociedad de hoy. Y no es justo que se sientan tratados como quienes apenas cuentan en la Iglesia, no obstante la ilusión que ponen en trabajar en ella según su propia vocación, y el gran sacrificio que a veces les supone esta dedicación. En todo esto, es particularmente importante para los pastores que reine un espíritu de comunión entre sacerdotes, religiosos y laicos, evitando divisiones estériles, críticas y recelos nocivos. Con estos vivos deseos, les invito a ser vigías que proclamen día y noche la gloria de Dios, que es la vida del hombre. Estén del lado de quienes son marginados por la fuerza, el poder o una riqueza que ignora a quienes carecen de casi todo. La Iglesia no puede separar la alabanza de Dios del servicio a los hombres. El único Dios Padre y Creador es el que nos ha constituido hermanos: ser hombre es ser hermano y guardián del prójimo.

En este camino, junto a toda la humanidad, la Iglesia tiene que revivir y actualizar lo que fue Jesús: el Buen Samaritano, que viniendo de lejos se insertó en la historia de los hombres, nos levantó y se ocupó de nuestra curación. Queridos hermanos en el episcopado, la Iglesia en América Latina, que muchas veces se ha unido a Jesucristo en su pasión, ha de seguir siendo semilla de esperanza, que permita ver a todos cómo los frutos de la resurrección alcanzan y enriquecen estas tierras. Que la Madre de Dios, en su advocación de María Santísima de la Luz, disipe las tinieblas de nuestro mundo y alumbre nuestro camino, para que podamos confirmar en la fe al pueblo latinoamericano en sus fatigas y anhelos, con entereza, valentía y fe firme en quien todo lo puede y a todos ama hasta el extremo. Amén. 29

008-22_31_PLIEGO.indd 29

4/3/12 6:47 PM


Pliego CEREMONIA DE DESPEDIDA Aeropuerto de Silao. Lunes, 26 de marzo de 2012

Señor Presidente, distinguidas autoridades, señores cardenales, queridos hermanos en el episcopado, amigos mexicanos: Mi breve pero intensa visita a México llega ahora a su fin. Pero no es el fin de mi afecto y cercanía a un país que llevo muy dentro de mí. Me voy colmado de experiencias inolvidables, como inolvidables son tantas atenciones y muestras de afecto recibidas. Agradezco las amables palabras que me ha dirigido el Señor Presidente, así como lo mucho que las autoridades han hecho por este entrañable viaje. Y doy las gracias de todo corazón a cuantos han facilitado o colaborado para que, tanto en los aspectos destacados como en los más pequeños detalles, los actos de estas jornadas se hayan desarrollado felizmente. Pido al Señor que tantos esfuerzos no hayan sido vanos, y que con su ayuda produzcan frutos abundantes y duraderos en la vida de fe, esperanza y caridad de León y Guanajuato, de México y de los países hermanos de Latinoamérica y el Caribe. Ante la fe en Jesucristo que he sentido vibrar en los corazones, y la devoción entrañable a su Madre, invocada aquí con títulos tan her-

mosos como el de Guadalupe y la Luz, que he visto reflejada en los rostros, deseo reiterar con energía y claridad un llamado al pueblo mexicano a ser fiel a sí mismo y a no dejarse amedrentar por las fuerzas del mal, a ser valiente y trabajar para que la savia de sus propias raíces cristianas haga florecer su presente y su futuro. También he sido testigo de gestos de preocupación por diversos aspectos de la vida en este amado país, unos de más reciente

relieve y otros que provienen de más atrás, y que tantos desgarros siguen causando. Los llevo igualmente conmigo, compartiendo tanto las alegrías como el dolor de mis hermanos mexicanos, para ponerlos en oración al pie de la cruz, en el corazón de Cristo, del que mana el agua y la sangre redentora. En estas circunstancias, aliento ardientemente a los católicos mexicanos, y a todos los hombres y mujeres de buena voluntad, a no

ceder a la mentalidad utilitarista, que termina siempre sacrificando a los más débiles e indefensos. Los invito a un esfuerzo solidario, que permita a la sociedad renovarse desde sus fundamentos para alcanzar una vida digna, justa y en paz para todos. Para los católicos, esta contribución al bien común es también una exigencia de esa dimensión esencial del Evangelio que es la promoción humana, y una expresión altísima de la caridad. Por eso, la Iglesia exhorta a todos sus fieles a ser también buenos ciudadanos, conscientes de su responsabilidad de preocuparse por el bien de los demás, de todos, tanto en la esfera personal como en los diversos sectores de la sociedad. Queridos amigos mexicanos, les digo ¡adiós!, en el sentido de la bella expresión tradicional hispánica: ¡Queden con Dios! Sí, adiós; hasta siempre en el amor de Cristo, en el que todos nos encontramos y nos encontraremos. Que el Señor les bendiga y María Santísima les proteja.

30

008-22_31_PLIEGO.indd 30

4/3/12 6:47 PM


31

008-22_31_PLIEGO.indd 31

4/3/12 6:47 PM


México y Juan Pablo II

Recuerdos de los viajes de Juan Pablo II “Nadie ama más al sucesor de Pedro que los mexicanos” ANTONIO PELAYO. ROMA

en África y América Latina o Polonia y España. Lo que sí puedo afirmar es que pocas veces he visto un pueblo tan volcado como el mexicano cuando se trata de manifestar al sucesor de Pedro su devoción y amor. Masas millonarias, “mañanitas”, mariachis, impresionantes arcos y alfombras de flores, interminables filas para asistir a un acto por él presidido, rostros cuajados de lágrimas y manos agitando durante horas estampas de la Guadalupana o de Juan Diego. Un espectáculo difícilmente repetible. Todo empezó en 1979…

Apostolado viajero

D

e los viajes a México en los que tuve la fortuna de acompañar a Juan Pablo II, conservo muchos recuerdos; algunos ligeramente difuminados por el paso del tiempo, otros indelebles en mi memoria. De éstos evoco ahora uno del tercer viaje, en agosto del 93, camino de Denver (Estados Unidos). Estábamos los periodistas que viajábamos con Karol Wojtyla en el vuelo papal en la puerta de nuestro hotel esperando el autobús que nos iba a llevar a una ceremonia en Mérida y éramos observados con gran curiosidad por un grupo de rapaces engalanados

con sus mejores trajes; de repente, uno de ellos se apartó y a gran velocidad vino hacia nosotros; me agarró la credencial periodística y me espetó casi al borde de las lágrimas: “¡Tiene que decir que nadie ama más al Papa que los mexicanos!”. No tuve ocasión de darle la menor respuesta porque se alejó de mí corriendo, pero cuando se reunió con sus amigos volvió a mirarme y me dirigió una sonrisa que no he podido olvidar. Ya sé que es imposible medir qué pueblos o países aman más al Papa y he podido comprobar que las expresiones de ese amor son muy diversas, por ejemplo,

El 26 de enero, de madrugada, un movimiento sísmico –6.5 en la escala Richter– sacudió la capital federal de México, afortunadamente sin daños, pero eso no era nada comparado con lo que horas después iba a suceder cuando el avión procedente de la República Dominicana se posó en las pistas del aeropuerto Júarez trayendo a bordo a Juan Pablo II, que en dicha jornada cumplía cien días de su ascensión al solio pontificio. Los casi dos millones de kilómetros cuadrados del país debieron temblar como una hoja ante una visita que iba a cambiar tantas cosas en su historia y en la de la Iglesia.

El Papa llegaba con dos objetivos: inaugurar la III Conferencia General del Episcopado Latinoamericano en Puebla de los Ángeles y, de paso, visitar una nación profundamente católica pero que, por una paradoja de la historia, se regía por una Constitución tan laicista que, en rigor, habría tenido que obligar a la policía a detener a un señor que descendía por las escalerillas del avión de Aeroméxico vestido con hábito talar. Cumplida la primera parte de su misión, el atlético polaco se lanzó a visitar no sólo la capital federal, sino ciudades tan distantes entre sí como Puebla, Monterrey, Oaxaca y Guadalajara. El suyo fue un recorrido triunfal y se calcula que unos 20 millones de mexicanos se movilizaron para aclamarle y asistir a las ceremonias por él presididas. Necesitaríamos todas las páginas de esta revista para contar lo que sucedió en esos seis días. El 27 de enero, el coche papal tardó dos horas en recorrer los 16 kilómetros que separan la sede de la Delegación Apostólica (México no mantenía entonces relaciones diplomáticas con la Santa Sede) y el santuario de Guadalupe; un trayecto literalmente sembrado de pétalos de flores y confeti coloreados. La fachada de la Basílica estaba toda ella tapizada

32

008-32_33_PELAYO.indd 32

4/3/12 5:47 PM


de flores y la liturgia fue una fiesta indescriptible. Cuando finalizada la Eucaristía salió al balcón central, halló delante de sí tal oleaje de cabezas y brazos en alto que se inventó una nueva forma de bendición con las dos manos a la vez.

Devoción y amor

Allí se inventó el famoso grito que durante años le acompañó en todos sus viajes por las naciones de habla hispánica: “Juan Pablo II, te quiere todo el mundo”. El 29 visitó “a los pobres más pobres de esta tierra”, a los campesinos de Oaxaca. Tocado con el penacho de plumas de los grandes jefes indios de la era precolombina, Wojtyla les dijo: “El Papa quiere ser vuestra voz, la voz de quien no puede hablar o de quien es silenciado para ser conciencia de las conciencias, invitación a la acción para recuperar el tiempo perdido, que es frecuentemente tiempo de sufrimientos prolongados y de esperanzas no satisfechas”. El primer viaje duró ciento veintisiete horas y nueve minutos exactamente; en el curso

del mismo pronunció veintitrés discursos a obreros, empresarios, indígenas, sacerdotes, médicos, diplomáticos, periodistas, estudiantes, enfermos, obispos de todo el continente. Volvió tan contento que, de regreso a Roma, se asomó a la ventana de su estudio privado para saludar a varios miles de personas que le aclamaban y les dijo: “Estoy muy contento. He vencido la tentación de quedarme en México y he vuelto”. Indirectamente, el éxito de ese viaje disipó las dudas sobre si el Papa polaco podría o no visitar su patria natal, cosa que hizo en junio de ese mismo año con el resultado que todos conocemos. A México tenía que volver una vez que el pontífice polaco había iniciado su apostolado viajero por todos los rincones del mundo. No podía hacerlo de inmediato porque en el globo le esperaban otras muchas naciones, pero volvió a repetir la experiencia en mayo de 1990, dedicándole nada menos que siete días. Tres años más tarde, como ya hemos dicho, hizo una parada

en Mérida antes de asistir en Denver a la Jornada Mundial de la Juventud, y como a los mexicanos debió saberles a poco, seis años más tarde, en enero de 1999, pasó seis días recorriéndolo de nuevo de norte a sur y de este a oeste. En el 2002, de vuelta de Toronto, hizo una parada para canonizar al indio Juan Diego. Y aquí quiero transcribir unas frases del último libro de una periodista mexicana que ha tenido el privilegio de acompañar a Juan Pablo II no sólo en los viajes a su país natal, sino en todos los que realizó a lo largo de los 27 años de pontificado. Me refiero,

claro está, a Valentina Alazraki, que en La luz eterna de Juan Pablo II, escribe lo siguiente: “El regalo más grande que le hizo a México fue seguramente la beatificación y canonización de Juan Diego, al que presentó como ‘protector y abogado de los indígenas’ por haber sido ‘el indio predilecto de María’. Al elevarlo al honor de los altares, el Papa rindió homenaje a todos los indígenas que acogieron el Evangelio a través de María, que eligió a Juan Diego entre los más humildes para su aparición”. Una anécdota final: cuando en enero de 1999 Juan Pablo II visitó México por cuarta vez era Nuncio Apostólico monseñor Justo Mullor, que había puesto todo su empeño en ofrecerle al Papa un ambiente lo más acogedor posible en la Nunciatura. Para la capilla privada que se había instalado en el mismo piso donde el Papa residía, unos amigos suyos le habían prestado un precioso cuadro de Sandro Botticelli pintado precisamente en el año 1492. Cuando el arzobispo español le preguntó qué le había parecido la pintura del maestro, le respondió: “He entrado en la capilla para adorar el Tabernáculo, cuyo valor es muy superior a cualquier obra de arte”. 33

008-32_33_PELAYO.indd 33

4/3/12 5:47 PM


MISA EN EL BICENTENARIO

“Crea en mí, Señor, un corazón puro” En el Parque Bicentenario, a los pies de Cristo Rey en el Cerro del Cubilete, el Papa pidió al Señor y a la Virgen por nuestro pueblo

34

008-34_41_HOMILIA.indd 34

4/3/12 6:41 PM


25 JAIME SEPTIÉN. ENVIADO ESPECIAL

E

l día, como todos los que nos regala el Señor, llegó puntual. Pero solamente para los gallos. Cerca de 700 mil personas comenzaron antes, mucho antes que el alba, a prepararse para asistir a la celebración eucarística en el Parque Guanajuato Bicentenario, al pie del Cerro del Cubilete, el que inmortalizara José Alfredo en sus “Caminos de Guanajuato”. Bueno, quizá para 350 mil, porque la otra mitad ya estaba desde el sábado apartando un sitio seguro. El traslado hacia el lugar que fuera construido para

conmemorar el Bicentenario de la Independencia de México por el gobernador de Guanajuato, Juan Manuel Oliva Ramírez, con un costo que –dicen—rondó los mil 200 millones de pesos, fue penosísimo, aún para aquellos que iban en autobuses de prensa, oficiales, influyentes, con palancas y buenos conectes con los organizadores. Periodistas de todo el mundo, encumbrados como Pedro Ferriz de Con, o de la diócesis de Tulancingo, esperaron un par de horas en la banqueta de la calle de Mérida, a un costado del hotel en el que

▶▶

35

008-34_41_HOMILIA.indd 35

4/3/12 6:41 PM


CARLOS AGUIAR RETES Presidente de la CEM y del CELAM

MISA EN EL BICENTENARIO ▶▶

estaba instalado el Centro Internacional de Prensa. A las 8 de la mañana el mundo se había condensado en el Bajío. Cielo y tierra surcados por miríadas de personas, helicópteros, autobuses, aviones particulares, carcachas humeantes, pancartas, banderines, vendedores de jícamas, ambulancias…

Ver al Papa

Todos con un mismo objetivo: ver al Papa. Lo más cercano posible. Tomarle foto con el celular, con la cámara, con la memoria. A él o a la pantalla más cercana. Disfrutarlo entre nosotros. Lograr la fortuna de ser uno de los 3.6 millones de seres humanos que tuvieron contacto con el Sucesor de Pedro en su paso por tierras abajeñas. Los ríos de gente lejos de reducirse se ensanchaban. Ferriz de Con entraba en la fila junto con el seminarista de Querétaro. La fila se adensaba. Uno de los más de 10 mil voluntarios gritaba: “¡Prensa a la izquier-

Balance general

E

ntrevistado por Jorge Traslosheros, el arzobispo de Tlalnepantla, a propósito de la visita del Papa, nos comparte su reflexión. JT: Don Carlos Aguiar, si nos pudiera dar brevemente su impresión, su balance general sobre la visita de su Santidad Benedicto XVI. CA: Creo que, sin exagerar y como hemos coincidido los miembros del séquito papal que acompañamos al Santo Padre, superó todas las expectativas. Fue en realidad un momento de encuentro del Papa con el pueblo mexicano. Hubo enorme empatía por ambas partes, grande entendimiento y cariño. JT: Un tono constante durante la visita fue la invitación al compromiso con Cristo, a superar la esquizofrenia de una fe fragmentada e incoherente, ¿ qué piensa usted de este mensaje? CA: El Papa Benedicto XVI es consciente de la situación que vivimos. Comprende muy bien los factores internos de México en donde este problema ha encontrado un caldo de cultivo que ha llevado a algunos a la incoherencia entre la fe y vida. El llamado del Santo Padre es muy importante

porque, si bien la religiosidad popular está muy presente en nuestra Iglesia Católica, necesita de una mayor y mejor formación. Con ello, sin duda, la Iglesia Católica podrá colaborar de mejor manera para superar los problemas tan complejos en que nos encontramos. JT: Durante la homilía de las Vísperas celebradas con los obispos, el Papa señaló que tenían que hacerse cargo de la situación social. Como pastor de la iglesia, ¿qué reflexión nos puede regalar al respecto? CA: El Santo Padre se ha mostrado muy sensible también a las necesidades de la Iglesia y sociedades latinoamericana y mexicana. Nos ha ayudado a nosotros, como pastores, a intensificar nuestra conciencia sobre la importancia y la labor de la Iglesia. El Papa ha verificado y confirmado la percepción que tenía a distancia sobre México, donde tenemos un potencial enorme para poder comprometernos ante los desafíos de siglo XXI. En este sentido, entiendo que nos llame los obispos a responsabilizarnos en primer lugar para estar atentos y afirmar nuestro compromiso ante el replanteamiento que debe hacer la Iglesia ante el mundo de hoy.

36

008-34_41_HOMILIA.indd 36

4/3/12 6:41 PM


da!” Ahí vamos los de prensa. Treinta segundos después, el mismo voluntario, ayudado por el Estado Mayor Presidencial, con las suaves maneras que lo caracterizan, aullaba: “¡Prensa a la derecha!” Ahí vamos los de prensa. Con su capacidad editorial característica, Ferriz de Con nos guiaba: “Es que es la izquierda de la derecha”. Tras numerosos empellones, registros, cacheos, detectores de metales y buenas maneras del Estado Mayor Presidencial y de uno que otro despistado, convertido en el duro del momento, la prensa pudo ingresar en un hervidero.

Alegría y emoción

El calor expelido por los cuerpos y por influencia del astro rey que caía a plomo, como se

suele decir, en el Bicentenario, recibían a los recién llegados con un olor de cantos prolongados, duermevelas en el pasto o en el concreto (los organizadores, quién sabe por qué, no dejaban meter bolsas de dormir, ni agua embotellada, ni sombrillas) y expectativa redoblaba. Faltaban dos horas

apenas para ver al Papa y comenzar la misa. El Papa se adelantó. Llegó como exhalación en helicóptero. Se subió al “papamóvil” y se metió entre las inmensas avenidas del Bicentenario, vadeando las islas donde la marea humana iba de un lado a otro, dependiendo de por dónde fue-

ra el coche papal. Benedicto XVI bajó la ventanilla, besó bebés y se puso un sombrerote negro de charro, de esos que se usan para que no se asolee ni el charro ni el caballo, y, complacido, pícaro, simpatiquísimo, anduvo con el sombrerote puesto hasta que se fue a revestir con los obispos, cardenales,

▶▶

ENTREVISTA A MONS. CRISTOPHE PIERRE JORGE E. TRASLOSHEROS

A

propósito de la visita del Papa a México, el Nuncio Apostólico, Christophe Pierre, nos ha compartido estas palabras. “Me he quedado profundamen-te impresionado por la extraordinaria acogida reservada al Papa Benedicto XVI por el pueblo mexicano a lo largo de su paso por las calles de León, Guanajuato y Silao.

La emoción y la alegría se pudieron leer en los rostros de centenas de millares de adultos, jóvenes y niños. Ellos estaban manifiestamente felices de esta presencia y de la posibilidad del encuentro con el sucesor de Pedro. Estoy convencido de que este acontecimiento les ha marca-do personalmente, pero también dejará una significativa huella en la vida del país y de su Iglesia. Me parece, sin embargo, que ha sido durante la Eucaristía celebrada en el Parque Expo Bicentenario, al pie del Cristo Rey de la Montaña del Cubilete en donde el Santo Padre percibió la intensidad de la religiosidad del pueblo mexicano.

En ese magnífico espacio, tan rico de símbolos y de historia, el Papa nos dijo que él había valorado el fervor de la oración y la profundidad de la fe que es el verdadero patrimonio de los mexicanos. Él lo dijo con sus palabras al momento de la despedida en el aeropuerto del Bajío: “ante la fe en Jesucristo que he sentido vibrar en los corazones, y la devoción entrañable a su Madre, invocada aquí con títulos tan hermosos como el de Guadalupe y la Luz, que he visto reflejada en los rostros, deseo reiterar con energía y claridad un llamado al pueblo mexicano a ser fiel a sí mismo y a no dejarse amedrentar por las fuerzas del mal, a ser valiente y trabajar para que la savia de sus raíces cristianas haga florecer su presente y su futuro”. Todos hemos sentido que el Papa efectivamente había venido para confirmarnos en la riqueza de nuestra fe, pero también para provocarnos a vivirla con sus valores en el retador mundo de hoy.

37

008-34_41_HOMILIA.indd 37

4/3/12 6:41 PM


MISA EN EL BICENTENARIO ▶▶

arzobispos de América Latina en la sacristía improvisada tras el presbiterio. Uno comentó: “No sé si la sotana papal tiene bolsillos, pero con el sombrero de charro puesto, se echó al pueblo mexicano ahí”. Se había acabado la fiesta. Ahora venía la Misa. El altoparlante (una voz engolada, como de orador de los tiempos de don Porfirio) indicaba a la masa ser respetuosos y evitar el aplauso. El sacrificio se realizó en un silencio profundo, que casi se podía cortar con tijeras. La celebración eucarística del V Domingo de Cuaresma incluye el Evangelio según san Juan (12, 20-33) en el que aquellos griegos, acercándose a Felipe (el de Betsaida de Galilea), le pidieron: “Señor, quisiéramos ver a Jesús”.

Alegría desde el cielo

El Evangelio fue cantado. Luego, el Papa dictó una homilía que podría ser desmenuzada (debería serlo) en seminarios, parroquias, casas de formación o en el seno de las familias. ¿Cómo se crea en el hombre un corazón puro? Andando al encuentro con Jesús, pidiendo a María que nos lo muestre, como Guadalupe con Juan Diego.

FRANCISCO PORRAS D r. e n P o l í t i c a y Estudios Internacionales

Un encuentro con Jesús

D

esde que se dio a conocer el programa de la visita apostólica de S.S. Benedicto XVI a México, la misa del Parque Expo Bicentenario de León del domingo 25 de marzo llamó la atención por su centralidad. No sólo se trataría de la única misa del viaje que sería transmitida por los medios de comunicación, sino también el lugar del encuentro privilegiado con las miles de personas que deseaban ver y escuchar al Papa. Se calcula que cerca de 640 mil personas estuvieron presentes. Después de los ritos iniciales y la liturgia de la palabra, el Papa comentó las lecturas en una homilía característica: rica en referencias a las implicaciones que éstas tienen en nuestra vida, y yendo directamente a lo que realmente es central. De la homilía quisiera resaltar tres puntos que me parecieron especialmente importantes: El primero es la referencia al “corazón puro” mencionado en el Salmo Responsorial. Nos dice el Papa: “El anhelo de un corazón puro, sincero, humilde, aceptable a Dios, era muy sentido ya por Israel, a medida que tomaba conciencia de la persistencia del mal y del pecado en su seno, como un poder prácticamente implacable e imposible de superar. Quedaba sólo confiar en la misericordia de Dios omnipotente y la esperanza de que él cambiara desde dentro, desde el corazón, una situación insoportable, oscura y sin futuro. Así fue abriéndose paso el recurso a la misericordia infinita del Señor, que no quiere la muerte del pecador, sino que se convierta y viva (cf. Ez 33,11). Un corazón puro, un corazón nuevo, es el que se reconoce impotente por sí mismo, y se pone en manos de Dios para seguir esperando en sus promesas. De este modo, el sal-

mista puede decir convencido al Señor: «Volverán a ti los pecadores» (Sal 50,15). Y, hacia el final del salmo, dará una explicación que es al mismo tiempo una firme confesión de fe: «Un corazón quebrantado y humillado, tú no lo desprecias» (v. 19)”. En efecto, al igual que en el mensaje a los niños del día anterior, el Papa nos recuerda que la “relación causal” del cambio de las estructuras del pecado, que a veces parecen ser inamovibles, va “de adentro hacia fuera”. El segundo punto es la referencia a la gloria de Jesús, que no puede entenderse sin su cruz. Dice el Papa: la gloria de Jesús comenzará cuando lo veamos “levantado en la cruz, desde la cual atraerá a todos hacia sí (cf. Jn 12,32). Allí comenzará su «gloria», a causa de su sacrificio de expiación por todos, como el grano de trigo caído en tierra que muriendo, germina y da fruto abundante. Encontraremos a quien seguramente sin saberlo andábamos buscando en nuestro corazón, al verdadero Dios que se hace reconocible para todos los pueblos. Este es también el modo en que Nuestra Señora de Guadalupe mostró su divino Hijo a san Juan Diego. No como a un héroe portentoso de leyenda, sino como al verdaderísimo Dios, por quien se vive, al Creador de las personas, de la cercanía y de la inmediación, del Cielo y de la Tierra (cf. Nican Mopohua, v. 33)”. Finalmente, esta perspectiva arroja luz sobre lo que consiste el reinado de Cristo, una referencia especialmente importante en la región del Bajío, tan rica en mártires y confesores de la fe. El reinado de Cristo, nos dice el Papa, “no consiste en el poder de sus ejércitos para someter a los demás por la fuerza o la violencia. Se funda en un poder más grande que gana los corazones: el amor de Dios que él ha traído al mundo con su sacrificio y la verdad de la que ha dado testimonio. Éste es su señorío, que nadie le podrá quitar ni nadie debe olvidar”. Conversión, aceptación de la cruz, libertad: estos son tres elementos importantes que el Papa nos señala para abordar con fe y alegría los problemas que nos quejan.

38

008-34_41_HOMILIA.indd 38

4/3/12 6:41 PM


SOBRE EL PARQUE BICENTENARIO

Después vino la parte, digámoslo así, política. Recordó que el Papa Juan Pablo II había querido celebrar cerca del monumento de Cristo Rey, en lo alto del Cubilete, pero, finalmente, “no pudo visitar este lugar emblemático de la fe del pueblo mexicano en sus viajes a esta querida tierra”. Quiso, pero el jacobinismo de entonces no lo “consideró prudente”. Por eso, “seguramente se alegrará desde el cielo de que el Señor me haya concedido la gracia de estar ahora con ustedes…”. Claro que se alegrará. Como se alegraron millones de corazones viejos, cristeros, católicos sencillos a los que —por odio a la fe— les escamotearon la libertad y el peregrinaje en paz, a adorar a Cristo Rey del Universo y de los mexicanos.

LOURDES PAZ

E

l Parque fue dividido por zonas; 60 pantallas fueron distribuidas por las 14.5 hectáreas que lo forman. Muchos de los ahí presentes llegaron desde la noche del sábado y en pequeños grupos organizaron rezos como una preparación para la misa, estaban tan entusiasmados que no les importó las inclemencias del tiempo. El Parque está estratégicamente ubicado entre las ciudades de Guanajuato, Silao y León en una zona de gran importancia económica y poblacional que le permite contar con excelentes vías de acceso y servicios de calidad. Se integra a importantes rutas turísticas como la Ruta de la Independencia. Grupos de jóvenes voluntarios auxiliaron como guías a las personas que iban llegando para encontrar su lugar, entre ellos, familias enteras, discapacitados y ancianos, al mismo tiempo que distribuyeron botellitas de agua, para el calor que se sentiría más tarde.

En latín

Tras una larga reflexión en silencio, vino otro de esos trallazos callados de Benedicto

▶▶ 39

008-34_41_HOMILIA.indd 39

4/3/12 6:41 PM


LUIS ARTURO GARCÍA Mtro. en Historia y Teología, Sacerdote

MISA EN EL BICENTENARIO ▶▶

Un llamado al corazón

XVI. Desde la liturgia eucarística hasta el final de la oración que el Señor nos enseñó, la misa transcurrió ¡en latín! Se volvió a sacar punta a los lápices. Se abrieron de nuevo las libretas. Alguien va a protestar, a silbar, a inconformarse. ¿Qué es esto? ¿La vuelta a la Iglesia preconciliar? Menudo chasco. Los jóvenes, los indígenas otomís, las amas de casa de Salamanca, nadie dijo nada. Al contrario: veían en la majestuosidad del latín una conexión profunda y real con la historia de la liturgia; adivinaban que tras de las palabras hay un acontecimiento fundacional. Al terminar la celebración, respondieron con júbilo al diácono: “Ite, missa est”, “Deo gratias”.

L

a visita del Papa Benedicto XVI a México fue un llamado a engrandecer el corazón de México. En casi todos sus mensajes hay una preocupación por la coherencia de los mexicanos: “hay una cierta esquizofrenia entre la moral individual y la moral pública: individualmente, son creyentes católicos, pero en la vida pública siguen otros caminos que no responden”; “revitalizar… la coherencia de vida”; “hagan honor a la fe recibida y a sus mejores tradiciones”; “resistan a la tentación de una fe superficial y rutinaria, a veces fragmentaria e incoherente”; “venerar a la Guadalupana es vivir según las palabras del fruto bendito de su vientre”; “deseo reiterar con energía y claridad el llamado al pueblo mexicano a ser fiel a sí mismo”. Además la visita evidenció la apuesta de Benedicto XVI por la colegialidad episcopal. A diferencia de su predecesor que lo hizo por los obispos primados, invita a las Conferencias a renovarse en la solicitud por los más pobres, víctimas de la violencia, atendiendo a sus sacerdotes y seminaristas, corresponsables con sus laicos, evitando aislarse, abrumados por las carencias tanto humanas como

materiales que enfrentan. También vimos por las calles en mayoría a la “juventud del Papa”, mexicanos ávidos y urgidos de encontrar un liderazgo que los conduzca. Expertos en redes sociales, que siguieron la visita minuto a minuto, y al mismo tiempo abucheaban, compartían o festejaban por ese medio. En el marco del proceso electoral mexicano, a través del cardenal Bertone, criticó la lucha de poder que busca imponer modelos rígidos y advirtió que, de lo contrario, podrían fermentarse procesos de “radicalización” entre la población. Ahí mismo insistió sobre la libertad religiosa que va más allá de la libertad de culto, pues “impregna todas las dimensiones de la persona humana”. Lo negro de la visita fueron las estrategias de comunicación. Faltó una más clara para abordar lo mucho que ha hecho Benedicto XVI sobre el caso de Marcial Maciel. Los comunicadores y analistas en general “perdidos en su laberinto”: los que apostaban por el fracaso de la visita obsesionados con la pedofilia y su sacrofobia; otros escudados en un catolicismo autodenominado “crítico” rayando en la falta de respeto; la televisión abierta perdida en la frivolidad y el sentimentalismo; otros de buena voluntad pero poco preparados, rayando en la moralina, el cristomonismo y la papolatría. Ya lo decía Juan Pablo II: “México sabe bailar, México sabe cantar, México sabe rezar, pero, más que todo... México sabe gritar”. Benedicto XVI a lo anterior lanza la pregunta: ¿México sabe pensar, México puede ser coherente?

UN HOMBRE PROVIDENCIAL BENJAMÍN MANZANO GÓMEZ

La palabras del Papa nos muestran con firmeza que la fe mediocre, la de las apariencias, la de los convencionalismos, la de la doble moral que se vive en nuestro país a consecuencia del supuesto “laicismo” y de la tibieza cristiana, no es suficiente para afrontar los

retos de nuestra vida cotidiana y de los acontecimientos que vive nuestro país. Debemos ser verdaderos cristianos en medio del mundo, pero sin claudicar, sin dejar de “ser”, sin perder nuestra identidad, nuestras raíces de fe en Cristo. En

medio de más de 640 mil almas, su voz vibraba con el viento; con un rostro lleno de amor paterno nos mostraba el camino de la fe, de una fe verdadera, resistente a los acontecimientos actuales, un fe que se cristaliza en la caridad con los más necesitados.

La Iglesia Católica Mexicana, de América y del mundo somos una Iglesia que nunca ha estado sola, hoy nuestro Papa Benedicto XVI es un hombre providencial, enviado por Jesús a su iglesia para acompañarnos y fortalecer nuestra fe en el amor.

40

008-34_41_HOMILIA.indd 40

4/3/12 6:42 PM


41

008-34_41_HOMILIA.indd 41

4/3/12 6:42 PM


VÍSPERAS EN LEÓN

“El mal no puede tanto” Encuentro con los obispos de Latinoamérica en la Catedral de León

JAIME SEPTIÉN. ENVIADO ESPECIAL

A

bandonar la Expo Bicentenario llevó de una a cuatro horas. La señora Francisca se extravió. También una pequeñita de la Diócesis de Zamora. Pero nada que lamentar. Los torrentes de gente alborozada,

requemada, haciéndose aguas la boca de haber visto al Papa con su sombrero de charro, de haber escuchado su voz tan agradable, de haber recibido su bendición, salían hacia su destino a pie. Muchos lo tomaron con filosofía mexica-

na. Sacaron las carnitas de la cajuela, tres mesas plegables y ocho sillas de lona y en pleno camellón de la autopista Silao-Guanajuato, en las orillas, en los campos aledaños, hicieron día de campo, hasta que despejara el tráfico.

Pero otros le siguieron caminando hasta Silao, hasta Guanajuato, hasta Comanjilla, hasta León… Aunque se había pedido que no llevaran niños menores de 5 años, los llevaron. Abuelitas en andadera iban

▶▶

42

008-42_47_OBISPOS_AMERICA.indd 42

4/3/12 4:40 PM


25

43

008-42_47_OBISPOS_AMERICA.indd 43

4/3/12 4:40 PM


FERNANDO REDONDO BENITO Cervantista manchego

VÍSPERAS EN LEÓN

La “sonrisa guanajuatensa”

E

▶▶

de regreso. Las camionetas, los autobuses, recordaban las fotos de la India, donde un racimo de seres humanos se cuelgan a las ventanas, se trepan al techo, al cofre, a la defensa, para ser transportados a algún lugar, donde caiga… El Papa descansaba. Por la tarde, saldría del Miraflores, tomaría López Mateos, doblaría a la derecha, se metería al centro histórico de León y rezaría la Celebración de las Vísperas con los 163 obispos mexicanos y con otros tantos venidos de América Latina en la Catedral de la Madre Santísima de la Luz, patrona de la arquidiócesis de León, que lucía ricamente adornada e iluminada para el acto, al grado tal que los leones que la veían en pantalla se preguntaban unos a otros: “¿Ésa es la catedral?” Sí, y con el Papa en la cátedra. Nada más.

Verdad con caridad

Pero el Papa no se ocupó de lisonjas. Fue derecho al grano. Hacía tiempo que no tenía la oportunidad de hablar con los

ntre gritos de júbilo y canciones, o como señala el Salmo 65, “las colinas se orlan de alegría; / ... que aclaman y cantan”, llegó Su Santidad Benedicto XVI a Guanajuato, a la capital del Estado del mismo nombre, conocida también como Capital Cervantina de América y convertida, gracias al viaje apostólico a México, en el centro de la espiritualidad y de la paz, por el que ha llegado como “peregrino de la paz”. Y precisamente ha sido en la Plaza de la Paz de Guanajuato donde ha surgido uno de los gestos más espontáneos y vivos de Benedicto XVI, porque durante el saludo que el Santo Padre dirigió a los miles de niños reunidos –y que en una sola voz cantaron, entre otras, recordadas melodías como “Cielito lindo” y “Caminos de Guanajuato”– surgió la sonrisa que dio origen a la carcajada. Sí. El Santo Padre rió, sonrió e incluso soltó una espontánea y natural carcajada. De manera viva y sonora. Y acaso, ¿no surge y brota la alegría de la gratitud? El Eclesiastés dice que “por eso alabaré la alegría” y además Santo Tomás de Aquino nos ha transmitido que “la alegría es el acto humano más noble”. De manera reciente, el Arzobispo de Toledo y Primado de España, Don Braulio Rodríguez Plaza, señaló en un escrito que la “alegría interior [lleva] a la acción y que [la misma] viene de la oración y del conocimiento profundo de lo que es la Iglesia”.

Por ello, remarcaba que “la felicidad viene y ha de venir de otra realidad: la entrega a Jesucristo y a su Iglesia en la vida real de cada día”. En ese sentido, el Papa Pablo VI ya señaló en Gaudete in Domino que “la sociedad tecnológica ha logrado multiplicar las oportunidades de placer, pero tiene una gran dificultad para generar alegría, porque la alegría tiene otro origen. Es espiritual”. Y eso es lo que nos ha recordado Benedicto XVI. Ha transmitido alegría y gratitud. Alegría por “encontrar y ver sus rostros alegres”, recordando que era un encuentro de fe surgido “por la presencia festiva y el regocijo que han expresado en los cantos”, porque el Santo Padre remarcó que “hoy estamos llenos de júbilo, y eso es importante”, porque “Dios quiere que seamos siempre felices”. Además, Benedicto XVI ha señalado el “secreto de la auténtica felicidad”, que no es otro que dejar que “el amor de Cristo cambie nuestro corazón” porque entonces “nosotros podremos cambiar el mundo”. Un mensaje claro en el que pedía que “nunca se apague su sonrisa, puedan vivir en paz y mirar al futuro con confianza”. Todo ello compartido con los niños, y han sido ellos los que han provocado esa sonrisa y carcajada del Santo Padre. Es la imagen personal que rescato de este viaje a Guanajuato. Días antes, de su llegada a Guanajuato, compartía emoción y anécdotas con hermanas y monjas mexicanas, y guanajuatensas, que radican en Toledo. Hablábamos de la ciudad, de los lugares que conocemos y que recorrió de camino a ese encuentro con los niños. Y ha sido en Guanajuato. Acompañado de mariachis y de una gran orquesta infantil y juvenil que convirtió la Plaza de la Paz en la Plaza de la Sonrisa, porque este viaje apostólico ha evidenciado que la risa también es el preludio de la oración. Y en ella se han visto reflejados millones de cristianos y niños.

44

008-42_47_OBISPOS_AMERICA.indd 44

4/3/12 4:40 PM


obispos del que fuera bautizado por Juan Pablo II como “el continente de la esperanza”. Los tundió de lo lindo, con una exquisita caridad. Les dijo que la Misión Continental no era una ocurrencia. Como tampoco lo de “la hora de los laicos” ni la cuestión de la “opción preferencial por los pobres” un bonito eslogan incumplible. Al contrario. Se trata de no olvidarse de los pobres, de apreciar el trabajo de los laicos, de ir a la raíz del espíritu de Aparecida y sacar de ese pozo fresco el agua para que los pueblos de América Latina tengan vida, en abundancia.

CON LOS BRAZOS ABIERTOS MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ

En este viaje a México quedó demostrado que Benedicto XVI, desde su llegada, comenzó a dar muestras del afecto que sentía por sus habitantes. Repartió bendiciones al pueblo, a niños discapacitados, a niños y jóvenes que no cesaron de gritar y de cantar. Los gestos de fraternidad y cohesión al portar en varias ocasiones el clásico sombrero

ejemplos de inagotable fervor han hecho que el Obispo de Roma no pudiera resistirse a tanta muestra de amor y, en un acto lleno de ternura, acogió con los brazos abiertos, como se encuentra Cristo Rey en el Cerro del Cubilete, al México que conocía por su antecesor Juan Pablo II y que no se imaginó fuera recibido con el mismo entusiasmo.

“ESTOY CON USTEDES” FELIPE DE J. MONROY GONZÁLEZ

E

El Papa usa sombrero

Salió de ahí por la ruta que llegó. Estuvo a punto de caerse después de trastabillar en la portada de la Catedral. Millares de brazos se lanzaron para detenerlo. La luz de los celulares iluminó su camino. Llegó al Miraflores. Los mariachis empezaron a rondar el colegio. Salió el Nuncio Pierre, les platicó, los bromeó, les pidió que se esperaran un ratito a que el Papa terminara de merendar. Nadie creía que iba a irse a acostar. Salió, se puso un sombrerote de charro, blanco, y le cantaron “Cielito lindo”. Luego, tomó el micrófono y en italiano, traducido del francés al español por el Nuncio, dio las gracias a León, a los mariachis, a México. Ya no podía más; comprendan,

charro, sus sonrisas al mirar los ofrecimientos de la gente, mariachis, bailes tradicionales, música de viento, la caridad con la que distinguió a quienes le dieron alojamiento, la sorpresa que le produjo la imagen del Cristo del Cubilete al ser iluminada, sobrevolar el cerro, el oficiar ante una multitud sedienta de su presencia, todos los

n verdad había mucha necesidad de su palabra y presencia. Por eso, aunque llevaba 48 horas en México y había hablado en tres ocasiones al pueblo mexicano, Mons. Carlos Aguiar Retes insistió al Santo Padre “queremos escucharlo”. No fue sólo eso, los jerarcas de México se acercaron a saludar al Papa cuando éste recorría el pasillo central de la Catedral de León durante el rezo de Vísperas. Desde sus preocupaciones, desalientos, enfermedades o vejez, los obispos de México recibieron una palmada en el hombro, una sonrisa del Papa. “Compartimos problemas, pero también anhelos; somos hermanos”, dijo un obispo después de cruzar una banca entera para saludar al Santo Padre Benedicto XVI.

▶▶ 45

008-42_47_OBISPOS_AMERICA.indd 45

4/3/12 4:40 PM


RODRIGO GUERRA Director del CISAV

VÍSPERAS EN LEÓN

No están solos

D ▶▶

mañana tengo mucha chamba. Y se retiró a sus aposentos. Los conductores de la tele le daban vueltas al discurso improvisado del Pontífice. Decían, en su lenguaje enrevesado, que ahora sí, con dos sombreros de charro calzados en un mismo día, ahora sí el Papa era mexicano…

entro de los diversos momentos que tuvo la visita de Benedicto XVI a México destacó el encuentro con los obispos mexicanos y los presidentes de las Conferencias episcopales de América Latina. La BasílicaCatedral de Nuestra Señora de la Luz fue el lugar escogido para rezar las Vísperas y para dirigir un mensaje particularmente desafiante a toda la región. Numerosas voces han comentado desde hace algún tiempo que Benedicto XVI es un Papa eurocéntrico. Las escasas menciones a la vida de la Iglesia latinoamericana en el día con día vaticano parecerían apuntar en esta dirección. Sin embargo, fue evidente que en un hecho más o menos inédito el Papa quiso celebrar en Roma, el pasado 12 de diciembre, una misa “guadalupana” para acoger el caminar de los católicos latinoamericanos y su búsqueda de Independencia y libertad. Durante el rezo de las segundas vísperas del domingo 25 de marzo, quedó manifiesto mucho más: el Papa deseaba recordarle a los obispos que conoce perfectamente la ardua realidad en la que viven e insistió en que también en medio de las dificultades es preciso afirmar que “el mal no tiene la última palabra de la historia”. Esta idea atraviesa todo su mensaje de aquella tarde. Esta idea, en el fondo, coloca a la conciencia ante la grandeza de la Resurrección en la que toda miseria cede ante la potencia de la vida que triunfa sobre la muerte. En efecto, Benedicto XVI insistió en que el rostro de cada obispo lo interpela. Y más adelante señaló: “Ustedes no están

solos en los contratiempos, como tampoco lo están en los logros evangelizadores. Todos estamos unidos en los padecimientos y en la consolación (cf. 2 Co 1,5). Sepan que cuentan con un lugar destacado en la plegaria de quien recibió de Cristo el encargo de confirmar en la fe a sus hermanos (cf. Lc 22,31), que les anima también en la misión de hacer que nuestro Señor Jesucristo sea cada vez más conocido, amado y seguido en estas tierras, sin dejarse amedrentar por las contrariedades.” Benedicto XVI de este modo ejerció su paternidad espiritual ante obispos que con perfiles múltiples y en diversísimas situaciones buscan ejercer su ministerio. El clericalismo es un vicio que acompaña aún muchas experiencias eclesiales. Casi cualquier agente de pastoral habla de manera más o menos espontánea respecto que el bautismo es la gracia fundamental y que por lo tanto los fieles laicos somos miembros de la Iglesia a título pleno. Sin embargo, la praxis cotidiana aún dista mucho de reflejar esta convicción. Se repiten por doquier actitudes encuadradas en una comprensión iluminista de la autoridad que discrepa profundamente de la idea de esta como diaconía, es decir, como servicio. Por ello, habrá que agradecer al Papa que en su mensaje a los obispos se haya colocado como promotor y defensor de los fieles laicos. Finalmente, Benedicto XVI se despide diciendo: “Que la Madre de Dios, en su advocación de María Santísima de la Luz, disipe las tinieblas de nuestro mundo y alumbre nuestro camino, para que podamos confirmar en la fe al pueblo latinoamericano en sus fatigas y anhelos, con entereza, valentía y fe firme en quien todo lo puede y a todos ama hasta el extremo.” Estas palabras, en las que cada adjetivo está colocado de manera consciente, apuntan a un estilo y a una comprensión que hoy más que nunca todos requerimos recuperar. La certeza de la fe es un método para reproponer existencialmente que un amor radical nos sostiene. Y por ello, el mal no puede vencer, nadie debe considerarse abandonado y todos podemos participar en la vida de la sociedad y de la Iglesia.

46

008-42_47_OBISPOS_AMERICA.indd 46

4/3/12 4:40 PM


47

008-42_47_OBISPOS_AMERICA.indd 47

4/3/12 4:40 PM


CEREMONIA DE DESPEDIDA

48

008-48_50_DESPEDIDA.indd 48

4/3/12 6:05 PM


26

“Me voy colmado de experiencias inolvidables” JAIME SEPTIÉN. ENVIADO ESPECIAL

C

asi como una copia del viernes. Mariachis, banderitas de México y El Vaticano. El presidente Calderón y Margarita, su esposa. Políticos que no creen en Dios ni van a misa los domingos. Los indígenas mazahuas de la vez pasada, pero con otros trajes menos vistosos, alumnos de escuelas de León, gente, muchísima gente para despedir al Papa. El vuelo en helicóptero se retrasó media hora. El conductor del acto ya no sabía qué hacer. Pedía porras. Nadie le contestaba. Ponía a competir a unos contra otros en gritos. Nadie gritaba. Estaban reservándose para cuando llegara el Papa. De nuevo el ingenio popular: “Ahora sí ya es mexicano, ya va con media hora de retraso”.

¡Queden con Dios!

Todos esperaron pacientes. Hasta Felipe (el de Morelia) y sus funcionarios. Los obispos, arzobispos y cardenales. Pero el helicóptero de presidencia de la República hizo su arribo. “¡Te amamos!”, lo tuteaba la multitud. Y a la multitud (“Que se quede-que se quede”), antes

de subirse al 777 de Aliitalia, le hizo portadora de un mensaje escueto para que lo dejara en el domicilio de todos los mexicanos: ¿Quieren la paz? Entonces,

no se dejen amedrentar por las fuerzas del mal. Sean fieles a ustedes mismos, a los valores cristianos que forjaron esta nación.Y se fue para la Cuba

de Fidel, de su hermano Raúl, de los presos de conciencia, las Damas de Blanco y de Hugo Chávez, luchando contra el cáncer de próstata.

UN PAPA CERCANO Y AMOROSO CARLOS F. AMADOR TREVIÑO. SEMINARISTA

M

iles de personas se dieron cita en el centro geográfico de México, para hacer las vallas humanas que acompañaron el recorrido de Benedicto XVI. Sin duda han sido un elemento revitalizador para el Vicario de Cristo, que en ningún momento mostró el bastón negro, con el que se le vio abordar la aeronave que le trajo a tierras mexicanas, y esto es sin duda alguna una consecuencia de la alegría que los católicos mexicanos transmitieron al Santo Padre durante su visita. No puedo dejar de recordar las notas en las que se suponía la visita era de carácter político, y hoy, tras escuchar las palabras del sucesor de Pedro, no cabe la suposición, pues su mensaje fue testimonio de fe, con-

firmando en ésta al pueblo de México. La voz del pontífice se puede escuchar en el interior. Y es que quién no quiere cambiar el mundo, quién no quiere ser feliz, la invitación interpela a todos, incluso ha cambiado, para muchos, la imagen de un Papa duro y teológico, por un Papa cercano y amoroso. Vaya que se ha sentido su afecto, era suficiente prender la televisión o salir a las calles para ver y palpar esa emoción de sentirse amado y escuchado. Quizá la cúspide de este recíproco sentimiento se dio en la Plaza de la Paz tras escuchar las palabras: “Quisiera quedarme más tiempo”, la respuesta de una voz anónima: “Quédate”, y el silencio amoroso del Papa, que lo dijo todo y concluyó con un “Yo rezaré por ustedes.”

49

008-48_50_DESPEDIDA.indd 49

4/3/12 6:05 PM


LUIS GARCÍA ORSO Jesuita

Doce mensajes de Benedicto XVI a México

A

l llegar al aeropuerto del Bajío, el Papa Benedicto XVI expresó con claridad el objetivo de su visita a México de tres días (23 a 26 de marzo, 2012): “Deseo confirmar en la fe a los creyentes en Cristo, afianzarlos en ella y animarlos a revitalizarla con la escucha de la Palabra de Dios, los sacramentos y la coherencia de vida. Así podrán compartirla con los demás, como misioneros entre sus hermanos, y ser fermento en la sociedad, contribuyendo a una convivencia respetuosa y pacífica, basada en la inigualable dignidad de toda persona humana”. Éste es el hilo conductor que siguen las cinco intervenciones oficiales del Santo Padre en su visita: confirmar la fe del pueblo católico para que esta fe se viva en verdad y actúe como fermento en la sociedad mexicana. Para situar sus mensajes en la realidad nacional, el Papa tuvo que prepararse y hacer una síntesis de lo más relevante de nuestra situación como mexicanos. En lo positivo y valioso, subrayó la raigambre de fe católica del pueblo, su devoción entrañable a la Madre de Dios, la savia de sus raíces cristianas y tradiciones y la alegría y hospitalidad de los mexicanos. Pero en la síntesis de la realidad nacional, consciente de que es en ella donde tiene que hacerse viva y actuante la fe, el Papa también remarcó los aspectos dolorosos, sufrientes y preocupantes en el país, y lo hizo en todas sus intervenciones. Lo dijo con las siguientes expresiones textuales: sufrimientos por antiguas y nuevas rivalidades; resentimientos y formas de violencia; despotismo y fuerza del mal; someter a los demás por la fuerza o la violencia; marginarlos por la fuerza, el poder o la riqueza; tinieblas que ofuscan y atenazan; acontecimientos presentes que parecen insuperables; situaciones insoportables, oscuras y sin futuro; niños en sufrimiento, abandono, violencia y hambre; mentalidad utilitarista que sacrifica a los más débiles e indefensos. El Papa subraya una situación en México de mal y violencia, y afirma que es en esta realidad donde la fe cristiana ha de ponerse en práctica, no “una fe superficial y rutinaria, a veces fragmentaria e

incoherente”, sino una fe en Jesucristo “que ayude a promover audazmente la paz, la concordia, la justicia y la solidaridad”; como “una convicción profunda, convirtiéndola en una actitud del corazón y en un compromiso concreto de caminar juntos hacia un mundo mejor… avanzando sin desfallecer en la construcción de una sociedad cimentada en el desarrollo del bien, el triunfo del amor y la difusión de la justicia”; en “un esfuerzo solidario, que permita a la sociedad renovarse desde sus fundamentos para alcanzar una vida digna, justa y en paz para todos. Para los católicos, esta contribución al bien común es también una exigencia de esa dimensión esencial del Evangelio que es la promoción humana y una expresión altísima de la caridad”. Vemos que el Papa quiso insertar su invitación a la vida cristiana en los que él ve son los desafíos más graves y dolorosos de la realidad mexicana; por eso omitió otros asuntos que, aunque serios, no tienen la misma relevancia para la vida de las mayorías, como pueden ser la legislación sobre libertad religiosa en México o la pederastia. Delante de Dios y de la realidad social mexicana, él eligió prioridades, aunque no dejara conformes a los grupos que deseaban que abordara aquellos temas. Creo que entre todas las intervenciones del Papa en su visita hay una que es como su minuta de enseñanzas, y donde él mismo resume en forma breve, sencilla y catequética los puntos centrales de su invitación a vivir la fe. Curiosamente está en el mensaje a los niños. El que los destinatarios sean los niños no quita que también lo sean los adultos, y más los catequistas, agentes pastorales y los mismos pastores de la Iglesia. Está ahí su “decálogo”, en el sentido original bíblico: no como algo que se manda sino como las palabras al pueblo de Dios en México, para que encontremos la vida verdadera. Son éstas: 1. Dios quiere la felicidad de todos. 2. Dios nos conoce y nos ama. 3. La aceptación de Jesús y su amor pueden cambiar el corazón humano.

4. Cambiar el corazón es el secreto de la felicidad. 5. La paz es fruto del cambio del corazón y el deseo de Dios para todos. 6. La tarea cristiana es ser sembrador y mensajero de la paz por la que Jesús entregó su vida. 7. El discípulo responde buscando y haciendo el bien, no el mal, y sirviendo a la unidad. 8. Dios quiere escribir en cada vida una historia de amistad. 9. Jesús amigo nos invita a amar siempre a todos y a hacer el bien. 10. El trato frecuente con Jesús anima siempre, incluso en las situaciones más difíciles. 11. Todos hemos de trabajar unidos por un mundo mejor, en paz, sin envidias ni divisiones. 12. No hay edad para en todo amar y servir. Este decálogo centra lo fundamental de la enseñanza del Papa para nuestra fe y nos ayuda a no perdernos en otros temas (doctrinales, morales, litúrgicos, etcétera) que a veces como católicos ponemos por encima de lo fundamental. El mensaje del Papa Benedicto en México merece de nosotros una profundización que nos lleve a encarnar la fe en la vida y una vida que sea digna, justa y en paz para todos.

50

008-48_50_DESPEDIDA.indd 50

4/3/12 6:05 PM



Revista Vida Nueva No.8