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REMITENTE

«Yo, aquí, hecho un espectro. Entre lo negro y lo blanco. Entre el gris y la nada, viéndome doble en el embudo del espejo...>> Yo, el Supremo.(Fragmento) Augusto Roa Bastos

ÍNDICE EDITORIAL Año 8 / Número 1 / Enero 2010 DIRECTOR GENERAL

José Jaime Ruiz ruizjj@prodigy.net.mx

Ronald Haladyna (Ferris State University)UN RECONOCIMIENTO TARDÍO: LA POESÍA DE JACOBO RAUSKIN

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EDITORA RESPONSABLE

MANUEL ORTIZ GUERRERO

Zaira Espinosa espinosa.zaira@gmail.com

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HÉRIB CAMPOS CERVERA

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Óscar Estrada

ELVIO ROMERO

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REDACCIÓN

JOSEFINA PLÁ

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DIRECTOR CONCEPTUAL

Genaro Huacal

ELSA WIEZELL

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Violetta Ruiz vinoentetrapak@gmail.com

JOSÉ LUIS APPLEYARD

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PUBLICIDAD Y RELACIONES PÚBLICAS

RAMIRO DOMÍNGUEZ

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RUBÉN BAREIRO SAGUIER

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CARLOS VILLAGRA MARSAL

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Zaira Espinosa espinosa.zaira@gmail.com

FRANCISCO PEREZ-MARICEVICH

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Argentina, Uruguay, Paraguay José Luis Robinson robijose@gmail.com

MIGUEL ÁNGEL FERNÁNDEZ

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GLADYS CARMAGNOLA

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OSVALDO GONZÁLEZ REAL

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JACOBO RAUSKIN

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VÍCTOR CASARTELLI

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RENÉE FERRER

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SUSY DELGADO

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VICTORIO V. SUÁREZ

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LOURDES ESPÍNOLA

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DELFINA ACOSTA

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GILBERTO RAMÍREZ SANTACRUZ

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MÓNICA LANERI

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SHIRLEY VILLALBA

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DISEÑO

Monterrey Gerardo Ledezma gledezma40@gmail.com

Imagen de portada: Ricardo Migliorisi Ilustraciones interiores: Abril Cigarroa (Pinturas originalmente a color)

POSDATA es una publicación de divulgación cultural gratuita editada por Buró Blanco, con oficinas en Urano 251, Col. Contry, Monterrey, N.L., México. CP 64860. Redacción y publicidad: 83 4938 52 Registro: 04-2001-03129505000-01A Año 7 / Número 3 / Marzo 2009. Los artículos firmados son responsabilidad de sus autores y no necesariamente reflejan la línea editorial de POSDATA.


Editorial Paraguay, la cosecha y un suspiro. Hace dos años durante nuestra estancia en Buenos Aires, en aquellas largas conversaciones con el amigo José Luis Robinson, se mencionaba a Paraguay. Fue como una semilla en tierra posdateña, que no se cultivó hasta esta edición en la cual quisimos dar una breve, pero significativa muestra de poesía paraguaya. Le llamo con más seguridad muestra porque en su inicio así lo ha sido para nosotros, se nos ha mostrado ese perfil y esa tez inigualable de versos paraguayos. Como recurso único de selección para la presente amalgama de letras utilizamos diversas recomendaciones, nuestra curiosidad y nuestra apuesta a que el poeta, de dondequiera, lleva consigo una aldaba dorada, el poema, que busca a ese: Su lector. Ha sido para nosotros gratificante conocer y presentar esta mixtura generacional de la poesía de Paraguay. Cada poeta es un suspiro de su época, un semblante de luz y sombras. También, quisiera que tomaran esta colección mínima como una introducción, ya que es nuestro afán difundir las letras latinoamericanas, y no será la excepción de ahora en delante el Paraguay. Este huerto contiene un ensayo escrito por Ronald Haladyna, en el cual se abarca el fruto poético de Jacobo Rauskin, uno de los poetas más prolíficos paraguayos. El lector de este número podrá hacer su propio ramillete de poemas de autores de gran reconocimiento, así como de autores jóvenes que van surcando camino en la literatura de su país. Paraguái en su poesía representa la gran entrega e identidad única de escritores vinculados a la historia y cultura de sus ciudades, el mosaico de imágenes que en diferentes generaciones conforman un vitral poco conocido y por demás luminoso y multicolor. Zaira Eliette Espinosa

Sinatra. Mixta sobre papel. Abril Cigarroa, 2004

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UN RECONOCIMIENTO TARDÍO: LA POESÍA DE JACOBO RAUSKIN Ronald Haladyna Ferris State University Dentro del vasto espacio geográfico que abarca Sudamérica se publican anualmente cientos de libros de poesía, lo que imposibilita estar al tanto de todas las nuevas ediciones y mucho menos de evaluarlas. Quizás la poesía paraguaya ha sido más marginada que la de sus vecinos y por tanto quisiera destacar (tardíamente) la obra de un poeta, cuya poesía he estudiado y que considero que es merecedor de atención crítica. Jacobo Rauskin, (Villarica, Paraguay, 1941- ), ha sido uno de los poetas más prolíficos y notables en las letras paraguayas en los últimos cuarenta años. Desde la publicación de su primer poemario Oda (1964), ha seguido ininterrumpidamente publicando más de veintitrés libros y antologías, sin contar poemas incluidos en revistas, diarios y antologías nacionales e internacionales. En la poesía de Jacobo Rauskin siguen vigentes los temas que siempre han interesado a los poetas—el amor y el desamor; la observación y celebración de la vida en todas sus manifestaciones; la anticipación de la muerte; la alabanza o el rechazo de una divinidad; el transcurso del tiempo; reflexiones sobre la realidad sociopolítica; la búsqueda de la identidad propia y el comentario metapoético. Pero mucha de su poesía se concentra en el mundo cotidiano en su derredor, el cual se une con una inquebrantable fe en la capacidad del lenguaje para reproducir experiencias percibidas y trasmitírselas al lector. Quisiera compartir unos estudios sobre distintos libros de Rauskin que he dado en conferencias profesionales para tratar de captar y expresar la esencia de una poesía también dedicada a la captura y expresión de esencias. EL GOCE DE LO COTIDIANO             La poesía de Jacobo Rauskin es un espejismo verbal. Un constante en su poesía: el lenguaje rauskiniano—claro, directo y aparentemente inequívoco sobre temas de la vida diaria. Pero las apariencias engañan, porque un escrutinio de sus poemas revela una economía verbal, un refinamiento cultural y una perspectiva crítica poco frecuentes en la poesía hispanoamericana de nuestros días. La obra poética de Rauskin no se deja caracterizar con facilidad. No porque ella sea hermética sino, irónicamente, por todo lo contrario. Son poemas que a primera vista parecen ser tan directos, breves, sencillos y descriptivos pero en esto consiste el espejismo del que hablamos: tras la fachada de la brevedad y la exposición clara y sin enredos, el texto deja entrever propósitos tan sorprendentes como sutiles, subversivos y complejos, dimensiones de la obra de Rauskin que merecen más atención crítica. En su larga trayectoria, el poeta no ha manifestado interés en evocar grandes visiones panorámicas, no pretende que sus limitadas vivencias y observaciones reflejen un microcosmos de toda la experiencia humana. Como en sus libros anteriores, en La calle del violín allá lejos (1996) y Adiós a la cigarra (1997), evita temas esotéricos y estilos experimentales, y lo hace a favor de un esfuerzo concentrado en percibir los sucesos cotidianos de su entorno familiar. Reflexiona sobre ellos, a veces, con ironía; otras veces, con elogios o denuncias apenas discernibles; rara vez con

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conclusiones directas y categóricas; siempre con un ademán elegante y una frase elocuente. El observador/poeta de los dos libros es el mismo. Es andariego, curioso y meditabundo. Ejerce la inusitada práctica de maravillarse ante lo que serían—para la mayoría de nosotros— escenas prosaicas. Lo hace con auténtico entusiasmo y—aquí viene la sutileza ya mencionada—sin que se vea la intención de ofrecer a sus lectores la trascendencia de lo que él ha elegido observar y poetizar. Su perspectiva del mundo se estriba en su decisión de no juzgar, jerarquizar o sacar conclusiones sobre lo observado. En ambos libros, el poeta observa el mundo que lo rodea, se apropia de él y lo plasma en lo que podemos llamar pequeñas escenas esquemáticas e impresionistas, sin interés reconocible en lo que atañe a entrar en detalles descriptivos, en prolongadas conjeturas y mucho menos en convicciones dogmáticas o conclusiones persuasivas. Para el lector que busque una poesía anecdótica, con un enfoque en sentimientos personales o íntimos, o cavilaciones sobre las eternas cuestiones humanas quizá esta poesía lo desconcierte o desilusione. Los propósitos del poeta son otros y son tan eficaces en su efecto como legítimos en su expresión intelectual y estética. Con poesía abierta no se pretende llegar a ninguna conclusión en particular, ni tampoco insistir en ninguna convicción contundente, ni elaborar una epifanía, sino que permite que cada lector concluya el poema de acuerdo a su propia imaginación, a su experiencia personal y a su bagaje cultural. Esto no quiere decir, sin embargo, que Rauskin no intente, con sutileza, encauzar a sus lectores. En La calle del violín allá lejos y en Adiós a la cigarra se manifiesta una gran variedad temática, pero me limito a tres aspectos que contribuyen a caracterizar unas piezas en el rompecabezas poético rauskiniano: la trascendencia oculta de la vida cotidiana, el desafecto a ciertos rasgos de la vida moderna que también incluyen injusticias sociales y la celebración del lenguaje como justificación única de la poesía. En la superficie, el autor parece mantener un distanciamiento emocional de sus temas al evitar obvias expresiones de aprobación o de disgusto y al omitir conclusiones decisivas. Con esto no afirmo que el poeta no sugiera sus gustos o disgustos, sólo digo que no insiste en ellos, que los delata y los pone a la consideración del lector. El ‘yo’ poético de estas obras observa y luego presenta escenas de la vida cotidiana que en sí mismas no se destacan por dramáticas o significativas sino por prosaicas e intrascendentes. El enfoque de su andariega cámara poética abarca un gran repertorio de imágenes, muchas de las cuales registran la ciudad, la lluvia, flores, escenas callejeras y gente anónima captada fotográficamente en sus actividades rutinarias. El poema Repeticiones es uno de los más típicos de esta índole: “Despierta la ciudad, el sol busca una plaza para dormir todavía. Una vez más, desde una ventana, canta el silencio. Una vez más, una mujer bebe una taza de café mientras el día se despega de un lento minuto. Es una mujer hermosa, a la manera de las mujeres dulces y obesas”. (La calle del violín allá lejos=V)1 En este recurrente y nada extraordinario amanecer, la somnolencia acompañada del silencio y acompasada por un “lento minuto,” y la insistencia reiterativa de “una vez más,” se fijan al final con la imagen de una mujer que no se destaca por su unicidad, sino por su carácter genérico. Aparentemente, en la superficie de aquello que vamos leyendo, todo coincide para quitarnos cualquier ilusión de vivir un momento especial, único, mágico y digno de nuestra participación. No obstante el esfuerzo por disolver expectativas emocionales —hasta el título, Repeticiones, sugiere monotonía—algo especial sí ocurre aquí; esta misma falta de precisión en los detalles, esta misma rutina previsible y esta insistencia en lo prosaico revelan la capacidad del poeta de percibir y abrirse a una imagen cualquiera y maravillarse de la magia que ha despertado en él y en las palabras que elige para recrear la imagen. El poeta no insiste retóricamente ni estructura el poema para que el lector reaccione de la misma manera. Sin embargo, parece que esto sucede. El poema Buena estampa, entre otros, ilustra la magia de lo ordinario y lo rutinario:         Monógama, feliz y maternal con críos,                         cruza la calle y entra en este recuerdo                         con el sol en una canasta,                         con zanahorias, con rabanitos                         y con yuyitos para la salud en general.

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Adiós a la cigarra.

El poema se concentra en detalles concretos; sin adjetivos enaltecedores o esclarecedores porque no se desea la exactitud descriptiva. El poema es típico ya que se trata de producir una breve evocación de imágenes latentes en la memoria. Con pinceladas gruesas y rápidas, el poeta pinta experiencias vividas no porque ellas sean únicas o significativas, sino porque son parte de una realidad —léase identidad personal— que no se conserva de otra manera. Migas de pan que se echan a los pájaros (V 76), un zapatero (V 77), el sonido de la lluvia (V81), una casa desaparecida (V 81), un sauce llorón (C 92), la escarcha matinal (C99), una mujer conocida (V87) y otra desconocida (87), dan vida a pequeñas escenas que no son presentadas como extraordinarias en sí mismas ni tampoco como piezas esenciales en la experiencia del autor. Sin embargo, todo llega a tener significación para el poeta, como él lo enuncia con respecto a la mujer desconocida: “No quisiera olvidarla;/mía es también la vida que me rodea/ sin insistir en mí” (V88). Estos últimos versos dejan entrever lo que lleva al poeta a elegir temas que individual y separadamente tal vez asomen como inconsecuentes, pero que en el cuadro total son sutiles manifestaciones de una trascendencia oculta. Sucede que el poeta rescata por doquiera fragmentos de su identidad: todo lo que él observa, todo lo que él experimenta, termina convirtiéndose en parte de su propio ser y, por ende, ni siquiera la imagen más prosaica carece de trascendencia.             En otros poemas salpicados a lo largo de La calle del violín allá lejos y Adiós a la cigarra, el ‘yo’ poético reconoce la fuerza evocadora de los fenómenos que percibe en derredor. Por ejemplo, “Generosa: La luna de hoy recuerda/ a cielos anteriores./ Asilo de murciélagos/ y dos o tres peatones” (V75); y también “Asociación nocturna: Terraza, piano, nube./ En alguna ocasión, álbum./ Otras veces, rueda/ o moneda o ficha de ruleta./ Cosas simples, frecuentes,/ que nos recuerdan a la luna/ de la Ceca a la Meca, de la timba a la tumba” (C94). Las cosas comunes tienen aquí una fuerte capacidad asociativa al funcionar como evocadoras de recuerdos nostálgicos, otra parte integral del ‘yo’ poético. En algún momento del poema Aventura, el poeta se interpone: “Permíteme la ociosa pregunta de quien sabe/ esperar no esperando una respuesta./ ¿Hubo alguna vez algo que no fuera nostalgia? / Cabe la duda porque había cosas que.../ Había tren y barco y puerto y yacaré/ y canoas, cerveza negra, chalecos, pólvora” (C108). En estos poemas lo que parece insignificante—como en las buenas novelas detectivescas—oportunamente adquiere su razón de ser, su propósito y su significación cuando, gracias a una perspectiva unificadora, está interpretado dentro de un contexto orientador.             Otra tendencia que florece en estos dos libros de Rauskin es la que se manifiesta en un tono—sutil y poco enfático—de incomodidad o disconformidad del autor con su ambiente. A veces se refleja como denuncia, a veces como queja, ironía o añoranza de un pasado más agradable. Lejos de incurrir en versos testimoniales, en el panfleto ideológico o de protesta, el poeta expresa con su concisión de costumbre una firme denuncia de las instituciones nacionales, de la política de éstas frente a la gente común y, sobre todo, de los excesos de la modernidad que han deteriorado la calidad de vida en el Paraguay y en otros países “subdesarrollados.” En alguna ocasión, Rauskin observó que si un poeta se ocupara sólo de encontrar culpables, sería mejor que no escribiera su búsqueda en verso. También sostuvo entonces que la calidad artística de la poesía de protesta social y política en Hispanoamérica no ha mejorado a pesar de su proliferación en las dos o tres últimas generaciones (Entrevista con el poeta, Asunción, setiembre, 1997). Quizá sea por estos motivos que el ‘yo’ poético de las obras que aquí examinamos no insista largamente en denuncias o en ironías. Consecuente con su estilo, el poeta toca los temas desagradables con la misma celeridad y agilidad, así como con la misma elegancia expresiva que emplea para sus temas más amenos. Como sucede con los poemas de la trascendencia oculta, las observaciones se ambientan en pequeñas escenas montadas en escenarios conocidos por el autor. En poemas como Casita como ejemplo, Monedas en juego y Itaipú, el poeta denuncia, respectivamente, el carácter intolerable de cierta arquitectura moderna que quiere hacer suya toda la ciudad; la inevitable frustración de invertir en los mercados internacionales de monedas; y el dudoso valor de la construcción de la represa más grande del mundo, tomando en cuenta el impacto 6 Posdata


ambiental destructivo, tanto en el hombre como en la naturaleza, que produjo esta maravilla de la tecnología. En otros poemas, lamenta las deficiencias de una biblioteca pública, la demolición de una casa antigua, las injusticias que afectan a nadie con más dolor que a los pobres y desamparados, ya se trate de campesinos en busca de una changa en la capital paraguaya o en los Estados Unidos, o de isleños compatriotas de Papacito Doc y de Cèdras, o de una joven que muere de inanición en África.             Pero el poeta reserva la ironía más notable y picante para un manojo de recuerdos de los largos y sombríos años de la dictadura en su propio país. Esos versos sintetizan magistralmente el oprobio del régimen, incluyendo al séquito del déspota que por tantos años empantanó al Paraguay y apagó el espíritu de sus habitantes. Durante décadas en Hispanoamérica una gran parte de la poesía de protesta contra las dictaduras militares comprensiblemente rezuma odio, repudio, vituperio y declaraciones de venganza. Esta explosión verbal suele desplegarse en largas arengas y diatribas para poder acomodar la frustración de décadas de cautiverio, frustración y silencio. Al enfrentarse a la memoria de la dictadura de su país, el yo poético de nuestro autor se conforma con una táctica estilística contraria, puesto que alcanza su propósito de censura sin abandonar la propiedad de vocabulario, la brevedad expresiva y la chispa de inteligencia. Este poeta no se rebaja al nivel del objeto de su desprecio, sino que mantiene la altura de su dignidad y el enfoque de su propósito ético y estético. Observemos la elegante ironía rauskiniana en dos poemas:           Día de huelga legal y pesca obligatoria.                         Día mudo en la cadena de los días radiofónicos.                         Jornada no palaciega,                         el jefe visita la tumba de su pueblo.                         A la salida de todos los años de juerga,                         Tongo, viejo pretoriano,                         aguarda en un bar de la mente.                         Espera al jefe, no piensa mientras tanto.                         ( V82. El jefe y su pretoriano favorito.) La efigie sustentada                         por mil portaestandartes                         pierde fuerza y color.                         Los años atenúan                         el rictus militante                         y el gran perdonavidas                         se muestra viejo al sol.   (V82   . Alfredo envejece.) Al ironizar sobre las instituciones y los gobernantes el poeta despliega un gusto demorado, pero no por ello menos sabroso. Estas son otras imágenes que conducen a momentos trascendentes tanto para el poeta como para el lector. Amante y estudioso del lenguaje, hombre activo en el mundo que lo rodea, Rauskin no se limita a los temas ya mencionados, también rinde homenaje a personalidades como Federico Fellini, a Paul Gauguin, al grabador paraguayo Jacinto Rivero, a personas anónimas, a personajes de la literatura clásica y de las letras modernas; escribe poemas de amor, reflexiona sobre pasatiempos, compone versos eróticos y otros de naturaleza jocosa, así como textos varios —inclasificables— que abarcan ambientes bucólicos, consejos a un gordo, notas sobre árboles, flores y nubes. Todo esto tiene que ver indudablemente con el rescate de fragmentos en la búsqueda de su propia identidad. Pero estos intereses heterogéneos incorporados en su poesía no sirven en absoluto como escaparate autobiográfico ni como foro de una ideología personal puesto que el ‘yo’ poético no plantea argumentos, no intenta persuadir ni se declara capaz de revelar los secretos de la naturaleza o de la conducta humana. Confiesa en algún momento: “Ahora me contento con menos/ tengo bastante con saber las tendencias” (C93, Tendencias) , y en otro: “Y yo, yo no sé nada/ No, no sé si beber, / si comer, si reír, / si dormir, si 7 Posdata


DOÑA ILUSIÓN Las observaciones que hice respecto a los libros anteriores de Rauskin—Naugragios (1984) y El jardín de la pereza (1987)—siguen vigentes para sus libros más recientes, como Doña Ilusión (2003), sólo que agregaría al “goce de lo cotidiano” el goce del lenguaje. Nuestro poeta se deleita en sumergirse en el castellano—las matices semánticas, la etimología, la gramática, la sintaxis, la fonología, la morfología—y lo hace, me parece, por el simple gusto de saber las cosas y saberlas bien. Pero también utiliza este impresionante bagaje lingüístico siempre en busca de “le mot juste” para expresarse con la palabra exacta, la que cumpla con los múltiples propósitos y funciones de las palabras. Decir las cosas, sí, pero decirlas con conocimiento de causas. Y el poeta que sabe a fondo cómo funcionan las palabras, las reconoce por su poder evocativo. En este poemario, Doña Ilusión, como en tantas otras obras de Rauskin, no se pretende revelar una visión cósmica o panóptica de la realidad en nuestro derredor, sino una visión fragmentada e individual, o sea, la visión propia de cualquier persona en la calle con los ojos abiertos y la antena puesta. Lo que sí hace con estos poemas es enfocar con su lente ‘zoom’, observa el mundo material y a veces el inmaterial, escoge con mucho esmero sus palabras para describir lo que hay, pero también sugiere lo que puede haber, y ahí queda un poema abierto para la interpretación individual de cada lector. Las imágenes recurrentes en sus poemas—la lluvia, la calle, los jardines, el viento, las hojas, las sombras, los edificios, los baldíos—todas sirven para establecer escenarios esquemáticos, pero generalmente inmóviles que evocan en recuerdos del pasado y que le instigan a percatarse, a ser un testigo fiel de lo que observa, tal vez a cavilar, pero no a llegar a conclusiones. Veamos lo que logra en dos poemas breves: Algo le dice el viento a la lluvia y no sabemos qué, no sabemos mucho más del hombre y la mujer que ahí cruzan la calle bajo un solo paraguas. Se aman, sólo quieren estar juntos. Y se parecen a la lluvia: son interminablemente momentáneos. (Juntos 17) El padre, leguleyo. La madre, profesora de piano. La hija se merece el matasanos entusiasta, recién recibido, que la pretende y, a veces, también la obtiene. Llaman a la puerta, la puerta se abre sola. Una vecina, linda de profesión, entra, ríe, nadie sabe de qué. Después, todos ríen, nadie sabe de qué. En algún momento se sirve la cena. (Homenaje a la clase media 29) El poeta en estas instancias no tiene omnisciencia y ni la quiere. Percibe o se imagina fenómenos o sucesos pasajeros, los comenta brevemente, encauzando al lector por elipsis a desenvolver sus propias conclusiones. Hay algo de magia poética en estas escenas: una suspensión del irrefrenable trajín de actividades cotidianas que nos consumen la vida; una inmovilización de un momento en la vida para fijar imágenes que tantas veces suelen pasarnos desapercibidas. Son momentos líricos.

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esperar, / con el alma en un hilo, / que las cosas mejoren,/ si entregarme al silencio/ o ponerme a cantar” (C97, Catarsis).             La modestia del ‘yo’ poético de estos poemas no contempla la posibilidad de transmitir mensajes trascendentes ni da muestras de interés en la experimentación neo-vanguardista. En plena época de lo posmoderno, el poeta paraguayo escribe sus modestas escenas de la vida cotidiana confiando en las innumerables variantes del embellecimiento del lenguaje. Constantemente pone en práctica combinaciones rítmicas y fonéticas que dan cuenta de que la suya es una exploración permanente y cabal de cómo se percibe lo poético en Occidente.             Seducido, como todo poeta, por la magia de los mecanismos interiores de un poema, Rauskin introduce en sus versos reflexiones sobre la poesía misma, sobre su razón de ser, sus motivos, su composición y partes integrantes como tropos, sintaxis, vocabulario, ritmo, rima y encabalgamiento. Este interés autorreferencial da a conocer varios aspectos de su propia poética, como sucede en el tramo final del Soneto y retrato de la mujer amada, en el que el poeta considera precisamente la relación entre la imagen visual y la representación de la misma en palabras:                         algo de ti sabía que entreveo,                         ahora, en este instante, cuando pienso                         al pie del verso que mi pluma pinta,                         al pie de un cuadro que en mi verso veo:                         goza la luz bañándote en lo inmenso                         y en tu figura al sol, hecha de tinta. (V71).             Los endecasílabos ilustran claramente la fe del poeta en la simple y directa correspondencia entre la imagen visual y la palabra impresa. Así mismo, en poemas en prosa como Oro, ofrece otro aspecto de su arte poética, su preferencia por la brevedad de expresión para captar esencias: “El sol, el viejo del atardecer, el rico por acumulación de grillos en jardines y baldíos, se aleja. Cielo digno de mi emoción y de la nochecita: cabe en una mirada y en unas pocas palabras” (V77). Y haciendo hincapié en esta misma brevedad, expone lo que bien puede sintetizar la médula de su arte poética: ... “busco yo la palabra/ que pueda rescatar algún instante de poesía/ entre tantos instantes de cualquier cosa.” (C 94 Sobre el origen periodístico de algunos poemas). Roland Barthes ha aseverado que “la literatura no es otra cosa que lenguaje, su ser se sitúa en el lenguaje” (159); una consideración que J.A. Rauskin suscribiría con gran entusiasmo. En el poema Leguas, nos dice: “No sé cuánto camino me queda/ y en verdad poco importa:/ estar cerca no es un destino, / es una sensación” (96), palabras que se refieren con igual importancia a su poesía como a su vida ______________________ 1)     Para evitar la repetición de títulos en la cita directa de los textos, pongo V para La calle del violín allá lejos  y C para Adiós a la cigarra. El número es el de la página correspondiente en Poesía 1991-1999. OBRAS CITADAS Barthes, Roland. Critical Essays, Evanston: Northwestern UP, 1972. Rauskin, J.A. La calle del violín allá lejos. Asunción: Arandurã, 1996 ______ Adiós a la cigarra. Asunción: Arandurã, 1997. * * * * *

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J.A. RAUSKIN: SU ESPANTADIABLOS NO NOS ESPANTA, NOS ATRAE

A lo largo de kilómetros de poesía de J.A. Rauskin, siempre se le ha notado una concisión expresiva, pinceladas breves, una ironía dirigida a la época moderna (pero nunca postmoderna), un profundo y sentido maravillarse de la realidad perceptible en su derredor, y sobre todo una fe inquebrantable en la capacidad sugestiva de la palabra para recrear dicha realidad. Estas cualidades (y más) se encuentran también en su libro más recient, Espantadiablos (Arandurã, 2006). En sus veintiún libros anteriores, si se transformaran varios de sus poemas en artes plásticas, se podría imaginar nítidos cuadros de casas solitarias de Edward Hopper, los borrosos jardines de Claude Monet, o tal vez las fotos de gente común, espontáneas y sin adorno, de Diane Arbus. El título de su libro El dibujante callejero (2002) capta perfectamente la esencia de este poeta que anda, de día o de noche, por las calles de una Asunción real o mitológica, absorto en el mundo material que nos rodea a todos. Cosas que miramos pero en las cuales ya no nos fijamos: charcos recién formados por un aguacero fugaz; la fachada de una casa abandonada; un gato o un perro callejero; un lapacho; un mendigo; escenas de la vida cotidiana. Pero estos poemas que yo quisiera denominar “de observación” apenas representa una de múltiples facetas de un poeta inquieto e inconforme con el “status quo.” Existe en la poesía de Rauskin una temática que se ha incorporado en mucha poesía hispanoamericana desde hace muchos años: la denuncia de los males y las injusticias sociales del mundo en que le ha tocado ser testigo. Sin promover poesía de protesta, ni panfletismo, ni llamados ideológicos, no obstante por dondequiera en estos versos, el poeta extiende una constante perspectiva humanista, un telón de fondo de la pobreza, el hambre, la corrupción política, civil y corporativa, la infraestructura capitalista en beneficio de los privilegiados, un gobierno maldispuesto e incapaz de servir al pueblo. En Espantadiablos, poemas como “El sucesor,” “Río de flores,” y “Breve ronda del pan duro” e “Informe sobre la situación,”entre otros, podrían resultar tétricos si no se salvaran por una ironía— balanceada entre certera y cómica—y por el esmerado manejo del lenguaje. El poema siempre le puede surtir al lector sensible un efecto estético, afectivo y hasta intelectual. Pero Rauskin propone todavía más para los náufragos terrestres: una salvación, si no social, posiblemente personal. El profundo—casi mágico—encuentro entre el lector y la palabra es apenas facilitado por el poeta; pero éste también desea ser copartícipe en el proceso simbiótico, también busca su salvación al verse inmerso en el mar de la vida moderna, irremediablemente peligroso o hasta mortal. La idea de la poesía como terapia, como desahogo existencial, como salvavidas espiritual, por supuesto no es nada nueva; pero en el poema homónimo de Espantadiablos la proposición adquiere en la época actual— guerras y sublevaciones sectarias y culturales, amenazas nucleares y pronósticos de catástrofes ecológicas y climatológicas—una nueva dimensión, digamos. . . práctica. Náufragos sin voz ni voto contra los caprichos del destino, o peor, de los caprichos de los hombres poderosos, el hombre común busca la manera de quedarse a flote en una balsa de palabras históricamente segura, sin destino predeterminado, con tal de que se aleje del diabólico mundo moderno. Rauskin sigue con una perspectiva moderna y se destaca como un crítico de la modernidad en plena época postmoderna; esto no es anacronismo ni nostalgia; es un respetuoso reconocimiento de que nuestras raíces afectivas e intelectuales siguen ligadas a la modernidad. El poeta aquí no busca un mero escape de una realidad insufrible, sino un descubrimiento creativo y receptivo: una necesidad intelectual y artística de todos los sobrevivientes pensantes y sensibles. En su poema “Hojas de Jejuí,” el poeta pronuncia que “[y]o no entiendo la historia que me toca vivir, / pero entiendo a los ríos...;” luego aclara que nos bañamos en “el agua del río que somos, / que fuimos y seremos...” y que “el río es una presencia poética.” La poesía, a fin de cuentas, queda inextricablemente vinculada con la vida del ser humano. Esta es una constante convicción

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de la voz poética de Rauskin, un incansable e irónico observador de la realidad en su contorno, un asiduo y fiel cronista que se deleita en descubrir y volver a descubrir la magia de las palabras al servicio de la recreación de imágenes, reflexiones vivenciales y auto-reflexiones artísticas. Es así que el poeta observa en el poema “Espectáculo,” “Yo sólo escribo y digo alguna glosa / nocturna, musical, autobiográfica.” Durante los cuarenta y cuatro años de obras, siguen como constantes en su empeño poético su certera selección de vocablos—le mot juste—su manejo de motivos y referencias mitológicas y literarias, su tono irónico, su comentario social, sus variaciones formales y sus reflexiones metapoéticas. Ha tardado mucho (demasiado) el renombre de J.A. Rauskin en los círculos literarios internacionales, pero por fin se le está reconociendo como uno de los poetas latinoamericanos más destacados de los últimos años. Sus poemas han sido traducidos a varios idiomas e incluidos en antologías nacionales e internacionales; el poeta ha sido invitado especial a varios encuentros y festivales literarios en el extranjero y su nombre es cada vez más conocido en universidades norteamericanas y europeas. Stéphane Mallarmé una vez pronunció que la misión central del poeta es “purificar las palabras de la tribu,” y Ezra Pound aseveró: “Si declina la literatura de una nación, la nación se atrofia y se decae.” Con este vigésimo segundo libro —Espantadiablos—Rauskin ha confirmado la potencia del lenguaje y ha sido un digno promotor de un género vigoroso y renovado.

NOTA BIOGRÁFICA Además de su fecunda producción poética, Jacobo Rauskin ha sido un asiduo promotor de la cultura al dar frecuentes lecturas de sus obras en Paraguay, escribir artículos para la Revista de Crítica y suplementos literarios, editar antologías nacionales de poesía y traducir poemas de francés, inglés y guaraní al castellano. Así mismo, ha desempeñado diversos oficios, entre otros traductor, profesor de idiomas, periodista, corredor de seguros y empleado de una compañía algodonera. Actualmente es asesor del Teatro Municipal de Asunción y miembro de la Academia Paraguaya de la Lengua Española. Entre sus reconocimientos se cuenta el premio de La República, en 1989, premio de El Lector, en 1991, el Premio Municipal de Literatura, en 1994, y, en dos oportunidades, el Premio Roque Gaona de la Sociedad de Escritores de Paraguay. Rauskin obtuvo el Premio Nacional de Literatura 2007 en Paraguay por su libro Espantadiablos. BIBLIOGRAFÍA DE JACOBO RAUSKIN Oda. Asunción: Péndulo, 1964. Linceo. Asunción: Péndulo, 1965. Casa perdida. Asunción: Fondo Editor Paraguayo, 1971. Naufragios. Asunción: Alcándara, 1984. Jardín de la pereza. Asunción: Alcándara, 1987. La noche del viaje. Tres idilios. Loma Clavel, 1988. La canción andariega. Asunción: Loma Clavel, 1991. Alegría de un hombre que vuelve. Asunción: Loma Clavel, 1992. Fogata y dormidero de caminantes. Asunción: Arandurã, 1994.

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Abril Cigarroa. Alberca. Óleo sobre papel. 2004

(Con otros autores.) Muestra de poesía. Asunción: Arandurã; Montevideo: La Banda Oriental, 1995. 57-68. La calle del violín allá lejos. Asunción: Arandurã, 1996. Adiós a la cigarra. Asunción: Arandurã, 1997. Canciones elegidas. Buenos Aires: Tierra Firme, 1998. Pitogüé. Asunción: Arandurã, 1999. Poesía 1991-1999. Asunción: Arandurã, 2000. La ruta de los pájaros. Asunción: Arandurã, 2000. Poemas viejos. Asunción: Arandurã, 2001. Andamio para distraídos. Asunción: Arandurã, 2001. El dibujante callejero. Asunción: Arandurã, 2001. Doña Ilusión. Asunción, Arandurã, 2003. Poesía reunida. Asunción: Arandurã, 2004. La rebelión demorada. Asunción: Arandurã, 2005. Los años en el viento. Asunción: Arandurã, 2007. Espantadiablos. Asunción: Arandurã, 2007. Un día pasa un pájaro y otros poemas. Asunción: Arandurã, 2008.

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MANUEL ORTIZ GUERRERO ¡LOCA! ¡Paso! ¡Dadle paso! Es reina y es pobre. No quiere ni el raso que bese sus formas; es loca la reina. Dad paso a la reina de honda pupila color de esmeralda, la loca desnuda que, regia, despeina, por único manto, su astral cabellera, como un sueño de oro cubriendo la espalda. ¡Dad paso! Que corre la reina, la loca, llevando un gran beso y un tibio pedazo de canto en la boca. En noches de estío se empapa de luna, perfume y penumbra y corre devota al templo del arte a hacer su plegaria; allí no le alumbra ni lámpara débil, ni pálido cirio de luz funeraria, sino la belleza, la sacra belleza le da luminaria. Amigos, en caso que alguna mujer de rodillas, desnuda, en la sombra rezando encontréis, pasad, no le habléis; es ella la loca, devota del Arte que reza a la Luna. Crudeza de invierno no seca y consume la rosa del canto que lleva en la boca... Sus llagas lumíneas que sangran perfume, las besa y bendice mil veces la loca. Le da primavera sus salvas de olores, las ondas del río su perpetuo y suave rumor de oraciones; la noche morena le da su silencio, sus sidéreas flores... Y aun tiene hambre de más sensaciones. En noches augustas de inútil martirio, la loca pretende, con sed de grandeza, tomar una estrella volviéndola lirio. –¡Oh loca divina!– que canta y que llora, que ríe y que reza; Atrévete siempre, es ese un gran culto que pocos profesan. ¡Loca!: soporta la tortura sacra y luminosa de todas tus ansias y tus padeceres y sigue cantando canción olorosa; tú eres la bendita loca mujer entre todas las mujeres. ¡Amigos, en caso que alguna mujer de rodillas, desnuda, en la sombra rezando encontréis, pasad, no le habléis; es ella la loca, devota del Arte que reza a la Luna; ¡es ella mi Alma! Reina que está loca, alma luminosa, de bohemio y de artista, que va entre vosotros, llevando un gran beso y un tibio pedazo de canto en la boca. 13 Posdata


HÉRIB CAMPOS CERVERA

TIEMPO DE AMOR Y SOLEDAD  

Y he estado nueve noches bajo el abierto cielo, arañando la tierra, para calmar la sangre, y adelgazando el grito de mi voz encerrada; mientras el viento amargo se llevó brizna a brizna este perfil de sombras de mi cuerpo en tinieblas.   Y luego te he entregado, noche mía, la sangre. La sangre. Sí: la sangre. La sangre que solloza por túneles azules su vida equivocada; la sangre, que no quiere desintegrar su grito, porque es el fundamento de la Flor y del Canto.   Y luego di mi frente. Tras su mármol tranquilo vivió el furor del sueño su tormenta diaria, sin que una sola arruga marcara su oleaje; ni el pensamiento puro lo anegara en su sombra al horadar mis sienes su vertical tortura.   Y ahora, son los ojos: los taciturnos ojos, donde guardaba el alba sus pétalos de estrellas; los ojos de agua clara, donde iban las gacelas a buscar mansedumbre para su sed de fuga.   Y también va la piedra, ya muda, de los labios: los labios ya besados por muertes numerosas. Y los pies marineros, llagados de caminos; el corazón ausente y el pecho amanecido.   ¿Después? -Después, la mano: la calcinada mano, marcada en su pecado con un buril de fuego; la mano que no quiso pagar su duro crimen de haber asido un sueño con sus garfios de carne.

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Abril Cigarroa. Espaldas. Óleo sobre acrílico. 2004

  ¿La visteis algún día flotar sobre las cosas, -pájaro alucinado, que aprisiona en su pico luciérnagas azules que mueren de su fuego? Después de nueve noches, sus lirios fatigados -sin memoria y sin nombre- se volvieron recuerdo.   Todo se te reintegra: noche profunda y alta. La tremenda parábola ya no se apoya en Ti; y aquel temblor de siglos que me entregaste un día, aquietó, al fin, por siglos también, su inenarrable, desesperada angustia de ser humanidad.   Un día, desde el fondo caliente de la tierra -seno eterno de Madre, que pare su cosecha con una indiferencia de sexo apaciguadosaldrá el rosario triste de mis huesos dolidos, libres ya del espanto de su cárcel de vida.   Y nunca más la dulce canción que dio belleza al peregrino tránsito por la prisión de piedra; nunca más el lamento secreto de la flauta encenderá en la tarde su rústico llamado.   Pero será otra vida. Sí: otra vida. Distinta. Despojada del largo castigo del recuerdo. Un árbol o una piedra: algo que mire al Tiempo, mudo y sordo y sin ojos, por una Eternidad.

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ELVIO ROMERO

TORMENTA La noche ha sido larga. Como desde cien años de lluvia, de una respiración embravecida proveniente de un fondo de vértigo nocturno, de un cántaro colorado jadeando en la tierra, el viento ha desatado su tempestad violenta sobre el velo anhelante de la ilusión efímera, sobre los fatigados menesteres, y tú y yo, en la colina más alta, en el rincón de nuestros dos silencios, abrazados al tiempo del amor, desvelándonos. Deja que el viento muerda sobre el viento.

Abril Cigarroa. Cuando quise tener el pelo negro. Óleo sobre acrílico. 2004

Yo te cerraré los ojos.

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FIESTA Y asi te pasarías la vida, tibia carne adorada. Danzando, empapada de lluvias, los cabellos pegados a la piel, joya desengarzada, aroma y rosa sobre un campo de hortensias y jazmines. Cantando, arrebatada, risa y ofrenda clara, elástica y hermosa, los labios frescos en la noche, agitando el ansia de las guitarras, tentadora música montaraz, vivaz y airosa, dulce codicia de forasteros, blusa de encaje y flores sobre el hombro desnudo, llenando el patio abierto de canciones. Así te pasarías, en el canto y la danza y asombrado a los caminantes, hija del fuego, del aire, de las tardes, visita inesperada, brisa prometedora de ardor y adivinanzas, apartando y abriendo las cortinas de las ventanas, viento marcando el calendario del amor en la aurora. Así te pasarías, tibia carne dorada.

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JOSEFINA PLÁ

SOY Carne transida, opaco ventanal de tristeza, agua que huye del cielo en perpetuo temblor; vaso que no ha sabido colmarse de pureza ni abrirse ancho a los negros raudales del horror.   ¡Ojos que no sirvieron para mirar la muerte, boca que no ha rendido su gran beso de amor! Manos como dos alas heridas: ¡diestra inerte que no consigue alzarse a zona de fulgor!   Planta errátil e incierta, cobarde ante el abrojo, reacia al duro viaje, esquiva al culto fiel; ¡rodillas que el placer no hincó ante su altar rojo, mas que el remordimiento no ha logrado vencer!   Garganta temerosa del entrañable grito que desnuda la carne del último dolor: ¡lengua que es como piedra al dulzor infinito de la verdad postrera dormida en la pasión!   Haz de inútiles rosas, agostándose en sombra, pozo oculto que nunca abrevó una gran sed; prado que no ha podido amansarse en alfombra, ¡pedazo de la muerte, que no se sabe ver! 18 Posdata


CONCEPCIÓN Me tendrás a tu lado. Me besarás. Y luego, como al moreno cántaro que espera al fin del surco, a mi sumiso cuerpo se alargarán tus brazos. Se saciará tu sed: la exigua sed de un hombre.   De mi lecho después, en largas madrugadas hacer creerás el blanco camino del olvido. Y sin embargo, ciego piloto de mi entraña, conmigo habrás llegado por una noche sola,   a la encantada playa donde no está tu muerte. Por el nocturno río caliente de mi sangre irán tus ojos lejos, para jamás volverse, tu voz prenderá en roca para perennes ecos.   Tú no lo sabes, hombre, tú no lo piensas, ciego. Esta noche mi cuerpo será, ¡oh antiguo nauta! el puerto de que zarpen las naves de otra aurora.

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ELSA WIEZELL

YO TENGO

Abril Cigarroa. Naranja. Óleo sobre acrílico. 2004

En los cuatro costados sacrificio y en la niñez una muñeca herida. Me empujaron los sueños en Septiembre y de golpe, con urgencia, conocí al hombre. Quise salvar el canto tímidamente y en la presencia del otoño levanté mi casa con dos ventanas de tronco y rocío.

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CUANDO Cualquier día, nunca las manos enlazadas con el frío. Cualquier día. No en la montaña. Cerca del mar, ¡nunca! asfixia lenta. No en la noche. Ciega el balanceo de las cosas y los colores. (Cuando un beso queme la garganta y dos manos buenas cierren la caricia.) (Cuando un deseo salvaje de gratitud para los hombres enmudezca mi lengua.)

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JOSÉ LUIS APPLEYARD

YO

Abril Cigarroa. Nylon era—2. Óleo sobre acetato. 2003

Yo cuando siempre y por entonces mudo, abierto hasta el dolor, sin presentirlo, sol de mi sombra y amparado escudo, aullantes de nostalgias mis sentidos, yo sin saber, y oscuro retenido, agitando rincones agoreros, buscando entre las risas otros labios de azucenas lloradas de aguaceros. Yo siempre así, sin fuerza para el río, para nadar lo gris de la corriente, hecho de asa inerte y sollozada en la inquietud de ser adolescente. Yo sin virtud, que por matar la mía abandoné el silencio y la espectancia y oscureciendo el tono de mis ojos dejé morir sin rosas una infancia. Sí, siempre yo y ya nunca consentido de un huérfano dolor y canto mío, igual a todos y aterido y triste, yo frente a mí y ya nunca niño mío

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Tú, del sur, de esa tierra que huyendo de los trópicos se sumerge en el río; de allá donde se borran las fronteras del alba, de allá donde florece la arena en la simiente, de allá trajiste, niña, tus ojos de agua y malva. En las manos de espuma del viento sur crispado tú viniste, pequeña; aún están tus cabellos aromados de espigas y de campos tranquilos, y hay un verde remoto de movidos maizales en tus ojos, sureña. Del norte va mi voz en brújula de sueños buscando abierta y dulce la rosa de los vientos para saber del sur, y saber que en él vibra la canción de un arroyo de palabras inmensas que le roba a tus ojos la guaca transparencia para teñir el mar. Del norte va mi voz hacia las noches claras que tiemblan en las aguas del Ñeembucú dormido. Del sur viene tu nombre aún mojado de estrellas, hecho luz en la calma rumorosa del río.

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Abril Cigarroa. Nylon era. Óleo sobre acetato. 2003

TÚ, DEL SUR


RAMIRO DOMÍNGUEZ

MUTISMO     

La pluma alcanzo a la placiente hoja. Al alma llamo, llamo al sentimiento, Y no consigo que mi mente escoja un verbo que hable de mi sufrimiento. Morir, si digo, con decirlo miento; diciendo: quiero, mi alma se sonroja. Y mientras pugno por decir  qué siento, el llanto viene y mi razón deshoja. Qué tiene mi alma, que a la voz rehúye? Qué el Amor tiene, que mi ser destruye como la nota que el silencio hiere? Pues ya que el habla definir no quiere lo que del alma como lava fluye, diré que mi alma, sin querer, se muere.

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RUBÉN BAREIRO SAGUIER

PRÉSTAME EL CAMINO Préstame el camino, el camino a la tierra, el camino de andar, de andar a pie descalzo hasta la frente.

Abril Cigarroa. Pila. Óleo sobre acrílico. 2004

El camino de tierra, el camino de barro, el camino de polvo, de caminar a pie sobre la misma tierra, esta tierra desnuda. Préstame el camino para pisar mi nombre para pisar mi sombra para pisar mi sangre para pisar mi tierra.

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VENGANZA No me senté a la puerta a esperar que pase su cadáver. Grité en las calles; deletreé mi rabia y mi esperanza en los muros sombríos de la noche; golpeé las paredes de las cárceles, los marqué con mis uñas, con mi sangre; lancé piedras contra sus altares de hojalata. Expulso, enarbolé la empecinada voz de mi esqueleto por la rosa del viento y la nostalgia. Fui de los primeros en arrojar puñados de salmuera sobre sus despojos.

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CARLOS VILLAGRA MARSAL

CACERÍA Manteniendo despacio, va el corazón oscuro de cacería. Acecha gritos elementales, sangres, fiebres y sueños en hondos animales con su pulso más quieto, con su fusil más duro. Y en el barrero insomne, junto al silencio puro que concentra los astros y remueve las sales, el corazón que tira con sentidos cabales alza contra la luna su pómulo seguro. Corazón de mi cuerpo, cazador bajo el viento, rastreando sin término por palmares quemantes la pisada sin tigre y el olor sin venado. Continúa tu busca, y aún recorre tu aliento por maciegal de sombras y esteros trashumantes la noche inmemorial, solo y agazapado.

Abril Cigarroa. Pozo. Óleo sobre acrílico. 2004

Marzo, 1961

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FRANCISCO PEREZ-MARICEVICH

LA ESPIGA TURBULENTA Ay, patria, patria, corazón de espada, esmeralda ferviente, ala encendida, pájaro fluvial, arpa callada espiga turbulenta y dolorida. ¿Qué voz, qué filo, qué violencia henchida te alojó en la tormenta desatada y te puso en la frente esa ancha herida por donde sale a arder tu llamarada? Levantando al andar la polvareda nos vamos todos en tropel, callados, mientras el corazón relampaguea ¿Mas todo ha de ser polvo lo que queda después de tanto andar encenizados impedidos de arder como la tea?

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POEMA

Abril Cigarroa. Piscina. Óleo sobre acrílico. 2004

El hombre está mirando -¿Por dónde la salida?El muro es alto y negro. El viento frío agita sus vegetaciones erizadas. El hombre espera. Busca en qué sentarse. En torno no hay nada. Viento. Noche. El hombre piensa, graba. -¿Por dónde la salida?figuras en la arena.


MIGUEL ÁNGEL FERNÁNDEZ

LOS CÍRCULOS A Roberto Juarroz

Abril Cigarroa. Sin Nombre. Óleo sobre acrílico. 2005

De pronto sé que alguna cosa fuera del tiempo palpita no para mí sino para que no se rompa su propio círculo ciego y para saber que alguna cosa fuera de sí palpita no para él sino para que no se rompa su propio círculo vacío.  


HOMO FORTIS Nunca la duda penetrará su piel (tan dura como el hierro de sus garrotes, tan sucia como el agua pútrida de sus “bombas contra incendios”), nunca vacilará en escupir la orden ejemplar, el vómito de mando contra la subversión (el caos que amenaza su “paz”, su digestión, sus privilegios), esa palabra inquietante con que justifica la punición (o sea la tortura, la cárcel, el destierro, la muerte) del culpable, soñador execrable de extraños mundos prohibidos: el hombre libre.

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G L A D Y CARMAGNOLA

S

MARIPOSAS De un modo u otro aposentó el amor algunas mariposas en mi patio. Crujen las hojas secas, las ramitas bajo mis pasos. Allí las mariposas --alguien tal vez las haya apalabrado-van y vienen, llenando de colores este día de regalo. Súbitamente debe despertar. ¿Qué habrá pasado?

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DESPREVENIDA Y bien: Henos aquí de pronto en el silencio que corta el aire como daga antigua. Henos aquí de pronto en el silencio. Y yo, inexperta otra vez. Desprevenida. Pero ya nunca más depositaria infiel de la palabra que me entregó la vida. Ya nunca más depositaria infiel de la Poesía. (de Depositaria infiel)

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O S V A L D O GONZÁLEZ REAL SOBRE LA SABIDURIA INMOVIL 1 La última palabra la pronunciarás Sin usar los labios ni la lengua. SI abres la boca –como el pezTu vida estará perdida. Cuando comiences a oir con los ojos Escucharás las verdaderas palabras. 2 Sin dar un solo paso Alcanzarás la meta. Sin mover la lengua, lo habrás dicho todo. 3 El poema no es sino una chispa En la oscuridad, Un abrir y cerrar de ojos –como la vidaDespúes : nada.

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GEISHAS Leyendo hojas de tテゥ En tazas de porcelana Vi aparecer tu rostro, empolvado, Flotando 窶田omo una nubeEn el espejo del agua.

Eras , luna y lテ。mpara En la noche, Brillando En el terso lago De mi alma

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JACOBO RAUSKIN

LOS AÑOS EN EL VIENTO Una mujer intensamente amada en medio de la noche que corre como un río. Mirar, tocar, besar el cuello de esa mujer. Un cuello alto, de los que se dan por amor o por error, un cuello para llegar a una cabeza o al cielo. De cuando en cuando, un desencuentro, un bar baldío, una canción desierta, un piano ahí petrificado. El viento en la ventana, el frío en el pecho. Si es que puede una sombra silbar, sabrás que aún vives. De cuando en cuando, vidas rotas, pólvora policial, humo gendarme. No, no te engañes, compañero, La tierra es un derrumbadero de sueños. De modo que, de cuando en cuando, Orfeo. Y sólo puede ser Orfeo, recuérdalo, porque al entrar la tarde en el ya oscuro cielo de los árboles, canción se vuelve el triste crujir de las hojas caídas. (del libro Los años en el viento, 2008)

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UNOS PÁJAROS Oscuros, pequeños, descienden en un lento arroyo envenenado. Cerca de tanto verde muerto, nos dejan al pasar un canto. Heridos por el clavo de la sed, nos ignoran cuando se encuentran sobre la fina chapa de los techos y en los rizos de la tormenta. Sobre la fina chapa de los techos o la lona de las taperas.

Abril Cigarroa. Yo en Negro. Óleo sobre acetato. 2004

(del libro Los años en el viento, 2008)


VÍCTOR CASARTELLI

CELADA MÍNIMA Me mira el sapo y vuelve a agazaparse debajo de su piedra. En el jardín él comparte su silencio con la bulla de los grillos y con nadie su apetito. Ahora entrecierra sus ojos y finge abulia y somnolencia hasta el instante en que una hormiga voladora cae y camina, aturdida y extraviada, a un palmo de la guarida: la vibración de los pasos del insecto se expande y sus ondas pulsan la paciencia de la espera en el cubículo: el batracio tensa y yergue brevemente su cuerpo, entreabre los ojos y dispara el rayo de su lengua. La hormiga ya es tan sólo un tizne diminuto en mis retinas, borrándose. Así nosotros. (de Ojos del corazón, 2006)

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PROPÓSITO Dejo abierta la puerta de mi casa para que entren mendigos, alfareros, niños que ofertan frutas, vendedoras de miel. Y, cuando vuelva, como en un trapiche extraeré sus perfumes sollozando. Y la cerraré. (de La emoción que no cesa, 2001)

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RENÉE FERRER

SIMILITUD DE LOS SUEÑOS Cómo los árboles se parecen en todas partes; en todas las latitudes las macetas se cubren de flores, y se llora, se canta o se sueña, y cómo se pliegan al viento con idénticas ondas las polleras de las mujeres en cualquier esquina del planeta. Aunque las hojas de los árboles sean diferentes, a veces, la savia que acude desde la raíz al llamado de la aurora siempre es la misma, cual el latido en cada cuerpo. El amor es igual en todas partes, sólo el odio es diferente por que anda en busca de motivos. El amor se da sin restricciones, como las hojas temblorosas del follaje, como la compasión que se abraza con pasión a la naturaleza y a los otros. Cómo las casas se parecen no obstante sus múltiples estilos, en ellas se ama, se discute, se sueña. En los barrios de Bucarest o en la ciudad donde yo nací todas presentan la misma fachada asediada por el paso del tiempo, cuando sus moradores se quedan sin un centavo de esperanza en los bolsillos 40 Posdata


- ni pintura fresca, ni cambio de vidrios rotos en las ventanas antes de la llegada del invierno. Sí. En qué forma la ropa tendida en los balcones se asemeja cuando se doblega al capricho de la brisa, al mediodía. Tras los botones de esas caminas Persisten los mismos sentimientos, La misma obstinación del soñador en vela. No importa dónde esté, ni cuál sea su lengua, siempre lo encontrarás dispuesto a jugarse por su sueño. No busques las diferencias en las fronteras que cambian según el antojo de la Historia, el amor es igual en cualquier sitio: donde exista la lágrima de un niño hallarás una madre acongojada, siempre que un hijo deje a su padre en el cementerio volverá a su casa sollozando. No importa dónde estemos ni cuál sea nuestra lengua. El lenguaje del amor es más universal que el universo, en el que los astros pueden morir sin que nos demos cuenta, mientras en nuestro corazón sobreviven los sueños. (del libro Celebración del cuerpo y otros cantos. Asunción, 2007) 41 Posdata


SUSY DELGADO

YVYPÓRA REKOHA

HOGAR DEL HOMBRE

“Ñandejára omoïmbaite “Dios había puesto todo va’ekue ñandéve ko yvy ape ári…” para nosotros sobre esta tierra...” he’i che jarýi. dice la abuela. Ha katu Pero yvypóra rekoha el hábitat del hombre iñambuepa. ya no es el mismo. Ápeo ikä, ojeka, Hacia aquí, se seca, se agrieta, ita ha yvytimbóntema. ya solo piedra y polvareda. Amógotyo oñuamba Hacia allá, la abraza y pochy el agua furiosa, ojaho’ipáva que arrasa ogami, kógami, con las casitas, los plantíos, tymbamimi. los animalitos. Ápeo, ñemano yuhéigui. Hacia aquí, la muerte por la sed. Amógotyo, ñemano ýpe. Hacia allá, la muerte por el agua. “Yvypóra rekoha “El hábitat del hombre ndaha’evéima ya no es teko porä renda” el lugar de la vida buena” oñembyasy che jarýi. se lamenta la abuela. ……………………………………………………………….

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ARAKA’ÉPA ¿Ha araka’épa ko’ëne jevy ko’ë ñande róga, ñande réra, ñane ñe’ë, ñande py’a oïháme, pe yvy marae’ÿme?

Y CUÁNDO ¿Y cuando habrá de amanecer el día del regreso a donde están nuestra casa, nuestro nombre, nuestra lengua, nuestra alma, esa tierra sin males?

*Poemas escritos en guaraní y en su traducción al castellano por la autora.

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VICTORIO V. SUÁREZ MUCHACHA DE MAR Y ALAMEDAS Muchacha de mar, en mi corazón golpea el irresistible fluido de las uvas y en la memoria perdura tu fulgor marino con el imponente resplandor de las alamedas. Por aquellas calles donde paseábamos el color alegre del sol o la tristeza larga del exilio imaginariamente te encuentro todos los días y desde adentro mismo de todas las cosas sube tu aroma latinoamericano y tu encendida presencia de infinitas luchas. Es cierta la distancia y el prolongado vuelo de las añoranzas. No sé por dónde empezar para contarte las anécdotas que llevan tu nombre o para decirte la simpleza del día cuando el verano muere en repetidas ausencias. Las viejas ilusiones llevan un latido vegetal y palpan el espejo donde miro para ver de qué manera a veces no regresa el tiempo. Deambulando en el viento imagino tu espalda y los mansos veleros con movimientos de gaviotas. La vida se me ha vuelto un círculo donde no hay gargantas con sabor a guitarras ni almohada que dibuje pájaros tras el incienso semanal de las entregas. Todo se pierde en vanas caricias, nadie absorbe el aguacero de enero ni los matices que impregnaron la tarde en que tú y yo abrimos piel a piel la magia del fuego y el poder indestructible de nuestras querencias. Muchacha de mar y alamedas tu voz me llega desde lejos, desde las nubes, desde el silencio y redimido después de tantas vigilias recupero la esperanza que me diste el día en que descalzos aprendimos a amar y abrir las vísceras del canto. Mañanera presencia, California es el humo que vaga y a pesar de la diferencia de horarios y la eterna transición de las rosas yo sencillamente te espero en la abierta lentitud de los días. 44 Posdata


LOURDES ESPÍNOLA

TODO POEMA ES ANIMAL DE CAZA Es noche redonda y absoluta, manuscrito envuelto en madrugada, mi cuerpo son palabras de nuevo navegando. Ladrón inesperado, galopa el siglo montado en poesía. Se abre entre mis manos, palabra de este mundo. Invento el amor, lo salvo, lo duermo y lavo, limpio cada rincón con mis pisadas, le leo versos en la lluvia, lo anido entre los panes y la harina. Fuimos ayer y mañana también seremos siempre poesía, todo poema es animal de caza.

SOY DE LA POESÍA LA SERPIENTE Sé que nunca regresé A ningún sitio, No ejercí la posibilidad de volver. Estoy en plenitud, Me levanto absoluta Y lavo mi memoria Y nombre. A veces dejo un libro, Una nota al pie Un eco. Soy de la poesía La serpiente Que pierde cada vez su piel

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DELFINA ACOSTA

VUELVO PRONTO Tras un hombre que amé en la primavera se marchó mi vestido, enamorado. Él me abrazó diciendo “vuelvo pronto”. La flor que me dejó arrugó mis manos. Mi chal de Cachemira se llevó quien me acostó a la sombra del verano, y mudó a sus mejillas mi color, y la sal de sus besos a mis labios. Mi abrigo beige que calentó un otoño me lo quitó, sobre el sofá, jugando, el hombre de otra, que me dijo hallar de soledades llenas nuestras manos. Que todo se llevaron. Fue muy fácil bajar el cierre de mis dos leopardos, arrugar mis vestidos, deshojar... A veces me sangraban los costados.

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ANTES DEL OLVIDO Acaso es tarde. No importa ya que con favor del diablo coloque mis jazmines en la acera, mi zapato de tierra en la ventana, y me quede en cuclillas, aguardando, que alguien golpee de una vez mi puerta. No importa ya que con las gotas de un d铆a que en la fiesta fue lluvioso, yo moje mis cabellos y mejillas, y me quede sentada, parpadeando, sobre el sill贸n de mimbre, en la penumbra. Acaso es tarde. Acaso el tiempo me lleg贸 de golpe por andarme de madre, por andarme de hija, y este fuego nocturno que sube por mis huesos, este aullido feroz que levanta mi sangre, ya no son se帽ales para llamar a nadie.

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GILBERTO RAMÍREZ SANTACRUZ EL PODER DE LA PALABRA Si digo pan y mi poema no convoca a los hambrientos a la mesa, es porque la palabra ya no sirve y la poesía exige otro lenguaje. Si digo amor y mi poema no provoca una tormenta de besos y canciones, es porque la palabra perdió su magia y la poesía debe buscar una nueva voz. Si digo vida y mi poema no revienta un alba de luceros y primaveras, es porque la palabra quedó sin dioses y la poesía debe estar al servicio del hombre. Si digo libertad y mi poema no revoluciona la conciencia de los sedientos de paz, es porque la palabra dejó de ser instrumento y la poesía está obligada a cambiar de poetas.

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LA QUIMERA Yo quiero un mundo, un mundo donde los niños jueguen a la paz y donde todos olviden el significado de la guerra y donde la vida sea el principio y el fin de todo. Yo quiero un mundo, un mundo poblado por millones de adultos sonrientes y donde todos recuerden que el hambre está programado y donde el pan y el canto deben ser logros de lucha. Yo quiero un mundo, un mundo como página en blanco, sin rayas ni márgenes y donde el trabajo se justifique sólo por la felicidad y donde el valor de los hombres no tenga precio. Yo quiero un mundo, un mundo sembrado de trigos multiplicables y donde la herramienta se empuñe para dignificar y donde el pensamiento halle su vivero de libertad. Yo quiero un mundo, un mundo creado a la medida de los sueños infantiles y donde las alas de la imaginación ignoren límites y donde todos los caminos conduzcan a la humanización. Yo quiero un mundo, un mundo trazado en vuelo por palomas pacificadoras; un mundo pintado por niños de manos temblorosas; un mundo urdido con aguja de mujeres incansables. Yo quiero un mundo, un mundo construido sólo y exclusivamente para vivir.

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MÓNICA LANERI

Mañana no será otro día. Será un único e indivisble tiempo. La insoportable dimensión de tu ausencia.

Donde el deseo de dormir o el deseo de morir se hace cotidiano casi intrascendente; un día como todos pero de lento, agónico, interminable fin de semana; con tiempo para mirar la viga en mi propia espalda,

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con tiempo para juzgarme por alta traición a mí misma, con tiempo para extrañarte: nostalgiar tus manos tu boca tus ganas ese pedazo de vida que me presto por horas algún día de semana, en tanto que tan escondida de Dios; sin embargo lo nombro -en mi interiora cada beso.

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SHIRLEY VILLALBA

AHORCAMIENTO se me va acabando la tinta y me introduzco en el aire que me aspira y es el aire una soga estrangulada en mi garganta y es la asfixia una deslenguada mirada del destino

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UNA VEZ UNA RAMBLA estoy aquí viviendo en la desnudez de tus ojo s besarte este gozo manos

intentando ya no en el regazo de lamiéndote las

las comisuras de los dedos hasta tus codos de arena de viento que me saben a poco estos besos que el mar es un alma que vive en ti no miento apriétame de nuevo contra tu noc he a la sal de tu sexo a esto encerrándonos en su huella   esas rocas mirando nuestro vuelo gaviotas?   tiempo lo que has dejado en mí la marea en la que ahora me aviento nos han pasado tantas ola s pasado una sola? néceme despierta que nada es sueño que soñar después de ti es poca cosa

yo se que el mar es un sentimiento y que el amor esta inflado pero si te digo y no anda y ahóndame en ell y abandóname en y abandónate es el amor que son sino no es sólo un ni eres sólo sientes? pero nos ha anda ama

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COLABORADORES Frank Estévez Guerra (Gáldar, Gran Canaria-Islas Canarias, 1963). Es Licenciado en Filología Hispánica y Mediador Intercultural en Inmigración. Estudios de Teología y Antropología. Profesor de Lengua castellana y actualmente es el Coordinador de una Organización de ayuda a inmigrantes en Madrid, ciudad en la que vive desde hace unos años. Ha realizado ponencias, conferencias, seminarios, talleres y lecturas literarias en instituciones universitarias, educativas y culturales. Ha publicado once libros de poesía y cuatro de ensayo literario. Ha obtenido diversos premios y reconocimientos literarios. Especialista en Literatura hispanoamericana, española y de Canarias. Publica con asiduidad en Argentina, Brasil, Cuba, Chile, El Salvador, España, Estados Unidos, Japón, México, Paraguay y Perú. Ronald Haladyna (Chicago, Illinois, EUA, 1950). Profesor de español en la Ferris State University, en el estado de Michigan de Estados Unidos, es autor de varios libros y artículos sobre la poesía hispanoamericana contemporánea, particularmente la mexicana y la paraguaya. Así mismo ha residido y enseñado en el Perú, en México y en España. En 1997 le otorgaron una beca Fulbright para dictar clases de la poesía posmoderna hispanoamericana en la Universidad Católica de Asunción, y para llevar a cabo investigaciones sobre la poesía paraguaya. A base de esta experiencia, Haladyna actualmente prepara antología sobre la poesía paraguaya, uruguaya, ecuatoriana y bolivariana. Manuel Ortiz Guerrero (Villarrica, 1894 - Asunción, 1933). Poeta bilingüe (español-guaraní) y dramaturgo. Es uno de los pocos representantes del modernismo paraguayo. De sus obras en español sobresalen Surgente (1922), Pepitas (1930) y Nubes del Este (1930), todas recogidas en sus Obras completas (volumen póstumo, 1952). En 1969 apareció Arenillas de mi tierra - libro que reúne versos dispersos e inéditos del poeta guaireño, en español y en guaraní. Varios de sus poemas - y entre ellos «Nde rendápe ayú» («Vengo a tu encuentro»), uno de los más conocidos- fueron musicalizados por el maestro José Asunción Flores, creador de la «guarania» paraguaya. Hérib Campos Cervera (Asunción, 1905 - Buenos Aires, 1953). Poeta y periodista. Considerado el poeta más importante de la «generación del 40». Obligado a dejar su país por circunstancias políticas en 1947, varios de sus poemas reflejan la nostalgia por su tierra natal y el dolor implícito en su condición de exiliado en Buenos Aires, donde residió hasta su inesperada muerte en 1953. Aunque sólo tiene dos libros de poesía, Ceniza redimida (1950) y Hombre secreto (publicado póstumamente en 1966), su influencia   ha sido decisiva en la literatura paraguaya en general, y profunda en la obra de dos conocidos escritores contemporáneos: Elvio Romero y Augusto Roa Bastos. Elvio Romero (Yegros, Paraguay, 1926 – Buenos Aires, 2004). Poeta y escritor. Es uno de los referentes más importantes de nuestra poesía latinoamericana. Es la voz poética paraguaya más conocida en el mundo hispano hablante. Destacan sus poemarios: Días roturados (1947), Resoles áridos (1948-49), Despiertan las fogatas (1950-52), El sol bajo las raíces (1952-55), De cara al corazón (1955), Esta guitarra dura (1960), Un relámpago herido (1963-65), Los innombrables (1959-73), Destierro y atardecer (1962-75), El viejo fuego (1977), Los valles imaginarios (1984), Flechas en un arco tendido (1983-1993) y El poeta y sus encrucijadas (1991). Josefina Plá (Islas Canarias, 1909 – Asunción 1999). Poeta, dramaturga, narradora, ensayista, ceramista, crítica de arte y periodista. Condecorada con numerosos premios nacionales e internacionales. Dedicó toda su vida al quehacer artístico del Paraguay y contribuyó enormemente a su desarrollo cultural. Entre sus títulos en poesía destacan: El precio de los sueños (1934), La raíz y la aurora (1960), Rostros en el agua (1963), Invención de la muerte (1965), El polvo enamorado (1968), Luz negra (1975), Tiempo y tiniebla (1982), Cambiar sueños por sombras (1984), Los treinta mil ausentes (1985), La nave del olvido (1985) y La llama y la arena (1987). Elsa Wiezell (Asunción, 1926). Poeta, pintora y docente universitaria. Licenciada en Filosofía por la Universidad Nacional de Asunción y catedrática de la Universidad Columbia (de Asunción).


Ha recibido numerosas distinciones y reconocimientos. De poemarios destacan: Poemas de un mundo en brumas (1950), Barro de estrellas (1951), Órbita de visiones (1962), Tiempo de amor (1965), Mensaje para hombres nuevos (1966), Palabras para otro planeta (1967), Virazón (1972), La cosecha del viento norte (1974), El amor en la brisa del sur (1975), Poemas del aire profundo (1992), La tierra de los maizales (1993), Los dos y el mar (1994), Rumbo al arco iris (1995) y Memoria de amor efímero (1996). José Luis Appleyard (Asunción, 1927 - 1998). Poeta, narrador, periodista y dramaturgo. Ha recibido distinciones nacionales especialmente por su producción poética que incluye, entre otros títulos, los poemarios: Entonces era siempre (1963), su primer libro, El sauce permanece (1965), Así es mi Nochebuena (1978), Tomado de la mano (1981), El labio y la palabra (1982), Solamente los años (1983) y Las palabras secretas (1988). Ramiro Domínguez (Villarrica, 1930). Poeta, ensayista y dramaturgo. Pertenece a la llamada «promoción del 50» e integró la conocida Academia Universitaria del Paraguay. Entre sus poemarios destacan: Salmos a deshora (1963) y Ditirambos para flauta y coro (1964). Su obra poética incluye, además, Zumos (1962), Las cuatro fases del Luisón (1966), Los «casos» de Perurimá (1969), Mboi yaguá (1973), poemario en guaraní, Itinerario poético (1985) y Deslumbres (1994). Actualmente es el director ejecutivo de la Comisión de Festejos del Bicentenario de la Independencia Nacional. Rubén Bareiro Saguier (Villeta, 1930). Poeta, narrador, ensayista y crítico literario. Catedrático de literatura hispanoamericana y lengua guaraní. En diciembre de 1991 la Universidad Paul Valéry de Montpellier le otorgó el «Doctorat d’Etat ès Lettres et Sciences Humaines». Crítico y ensayista de renombre, ha recibido premios nacionales e internacionales. De su obra poética se destacan los poemarios Biografía de ausente (1964), A la víbora de la mar (1977) y Estancias, errancias, querencias (1985). Es también coeditor (con Carlos Villagra Marsal) de Poésie Paraguayenne du XXe Siècle, antología bilingüe (español-francés) publicada en Suiza en 1990. Carlos Villagra Marsal (Asunción, 1932). Poeta, narrador, ensayista y periodista de la prensa escrita, radial y televisiva. Ha recibido premios nacionales e internacionales. Durante muchos años fue director de la Tertulia Literaria Hispanoamericana de Asunción. Actualmente es profesor de literatura guaraní en la Universidad Católica y en la Universidad Nacional de su ciudad natal. Es autor de tres libros de poesía: Antología mínima (1975), Guarania del desvelado [1954-1979] (1979) y El júbilo difícil [1986-1995] (1995), con ediciones paralelas en México y España bajo el título, en ambos casos, de Poesía congregada. Francisco Pérez Maricevich (Asunción, 1937). Poeta, ensayista, narrador, periodista y crítico literario. Ha contribuido con importantes trabajos en el campo de la investigación del bilingüismo (español-guaraní) en su país. Colabora regularmente en revistas, semanarios literarios y publicaciones especializadas nacionales y extranjeras. Su obra poética incluye los poemarios Axil (1960), Paso de hombre (1963), Coplas (1970) y Los muros fugitivos (1983). De su copiosa bibliografía ensayística y crítica se destacan sus trabajos: La poesía y la narrativa en el Paraguay (1969), Breve antología del cuento paraguayo (1969), Los fuegos de la noche (1985) -colección de mitos tupí-guaraníes y nivaclés- y Panorama del cuento paraguayo (1988). Miguel Ángel Fernández (Asunción, 1938). Poeta, crítico literario y de arte, ensayista y docente universitario. Coeditor junto con Renée Ferrer de la antología Poetisas del Paraguay (Voces de hoy - 1992) y autor de (la versión original en español de) Art in Latin America Today / Paraguay (Washington D. C., 1969). Su producción poética incluye tres plaquetas -Oscuros días (1960), A destiempo (1966) y El fuego (1970)- y un poemario: Litterae (1996). Con el sello de DIÁLOGO (nombre de la revista que publicó entre 1960 y 1964), ha editado más de veinte obras de autores paraguayos y extranjeros. Gladys Carmagnola (Guarambaré, 1939). Poeta y docente. Miembro de la Sociedad de Escritores y del Pen Club del Paraguay. Parte de su obra ha sido incluida en diversas antologías y revistas literarias tanto


nacionales como extranjeras. Ha sido distinguida con diversos premios nacionales e internacionales. Entre sus poemarios destacan: Lazo esencial (1982), A la intemperie (1984), Igual que en las capueras (1989), Depositaria infiel (1992) y Un sorbo de agua fresca (1995). Osvaldo González Real (Asunción, 1938). Poeta, crítico de arte, ensayista y narrador. Profesor de Lengua Inglesa, Historia del Arte y Literatura en varias instituciones educacionales del país. Referente de la literatura de ciencia ficción paraguaya gran parte de su obra se encuentra dispersa en periódicos y revistas literarias nacionales y extranjeras. Traductor de Ray Bradbury y de poesía inglesa, conocedor de la filosofía oriental de los maestros del Zen, actualmente se desempeña como director del Departamento de Fomento del Libro del Ministerio de Educación y Culto. Poemarios: Memoria del exilio (1984) y Poemasutra (1994). Jacobo Rauskin (Villarrica, 1941). Poeta. Ha recibido otros galardones como el Premio Municipal de Literatura y distinciones varias. Docente de la Universidad Católica de Asunción y director de la Biblioteca Municipal “Augusto Roa Bastos”. Es miembro de la Academia Paraguaya de la Lengua Española. Su producción poética incluye, entre otros, los siguientes títulos: Oda (1964), Casa perdida (1971), Naufragios (1984), Jardín de la pereza (1987), La noche del viaje (1988; Premio La República 1989), La canción andariega (1991; Premio El Lector), Alegría de un hombre que vuelve (1992), Fogata y dormidero de caminantes (1994) y La calle del violín allá lejos (1996). Víctor Casartelli (Puerto Pinasco, 1943). Poeta. Fue director de la Biblioteca Municipal de Asunción (19931997) y presidente de la Sociedad de Escritores del Paraguay (1993-1997) Autor los poemarios: Todos los cielos (1987), La transparencia de los días (1990; Premio El Lector) y La vida que vivimos (1992). Tiene también poemas publicados en revistas literarias y antologías nacionales y extranjeras. Renée Ferrer (Asunción, 1944). Poeta, narradora, dramaturga y ensayista. Ha ganado varios premios nacionales e internacionales de gran prestigio. Algunas de sus obras publicadas en poesía: Hay surcos que no se llenan (1965), Voces sin réplica (1967), Desde el cañadón de la memoria (1984), Sobreviviente (1985), Viaje a destiempo (1989), El acantilado y el mar (1992) y Itinerario del deseo (1994). Se desempeña como Secretaria General de la Academia Paraguaya de la Lengua Española y miembro del Consejo de la Alianza Francesa. Recibió la condecoración “Caballero de la Orden de las Artes y las Letras” (2003), otorgada por el Ministro de la Cultura y de la Comunicación de Francia. Susy Delgado (San Lorenzo, 1949). Poeta bilingüe (español-guaraní) y periodista. Ha recibido diversos premios y menciones honoríficas a nivel nacional y en el extranjero. Su producción poética en español incluye: Algún extraviado temblor (1986), El patio de los duendes (1991) y Sobre el beso del viento (1995). En guaraní es autora de: Tesarái mboyvé (1987; en español: Antes del olvido; traducción de Carlos Villagra Marsal y Jacobo A. Rauskin) y Tataypype (1992; en español: Junto al fuego, traducción de la autora), obra finalista en el concurso del Premio Especial de Literaturas Indígenas de Casa de las Américas (Cuba, 1991). Victorio V. Suárez (Asunción, 1952). Poeta y periodista. En 1977 fue galardonado con una de las principales menciones del Primer Concurso de Poesía Joven organizado por el Instituto Paraguayo de Cultura Hispánica. Publicó sus poemas y artículos desde 1974 en los suplementos culturales de La Tribuna y de ABC Color. En 1984 fue uno de los fundadores de Editora Taller. Parte de su obra poética apareció en las ediciones colectivas de dicho taller: ...Y ahora la palabra (1977), Poesía Taller (1982) y Poesía Itinerante (1984). Autor del poemario: Los fuegos del alba (1985). Lourdes Espínola (Asunción, 1954). Poeta y ensayista. Ha recibido diversos premios nacionales e internacionales y su trabajo poético ha sido traducido a varios idiomas. Colabora de manera regular en suplementos culturales y revistas literarias a nivel nacional e internacional. Autora de: Visión del Arcángel en once puertas (1973), Monocorde amarillo (1976), Almenas del silencio (1977), Ser mujer y otras desventuras (1985; edición bilingüe: inglés-español), Tímpano y silencio (1986) y Partidas y regresos (1990), obra prologada por Augusto Roa Bastos y La estrategia del caracol (1995). Delfina Acosta (Asunción, 1956). Poeta, narradora y periodista. Sus primeros poemas aparecieron en Poesía itinerante (1984), publicación colectiva del Taller de Poesía «Manuel Ortiz Guerrero». Autora de:


Todas las voces, mujer... (1986; Premio «Amigos del Arte») y La Cruz del Colibrí (1993). Parte de su obra poética figura en antologías literarias nacionales y extranjeras. En 1987 su obra Pilares de Asunción fue galardonada con el premio «Mburucuyá de plata». Ha ganado además numerosos otros premios, entre ellos: el segundo premio «Poesía Joven» (1983), la «primera mención» en el Concurso de la Municipalidad de Asunción (1991) y una «mención especial» en el concurso de cuento breve «Néstor Romero Valdovinos» (1993). Gilberto Ramírez Santacruz (Aba-í, 1959) Poeta, narrador y periodista. Fundador y director de la revista Todo Paraguay, vocero (a comienzos de la década del 80) de la colectividad paraguaya en el exilio argentino. Autor de los poemarios: Primeras Letras (1981), Poemuchachas (1983), Golpe de poesía (1986), Fuegos y artificios (1988), Poemas descartables y otros baladíes (1990), Poemas y canciones de amor y libertad (1993), Descalzo sobre el asfalto y otros poemas (1997), Razones de la sangre: Crónicas poéticas del Marzo Paraguayo (1999), Poemas entre el amor y el olvido (2003) y Paraguay canta Paraguay sueña (2009). Mónica Laneri (Asunción, 1971). Poeta, periodista y guionista. Publicó los poemarios: Versos Horizontales (2001), Eras Dios y te hice Hombre - versos de una Magdalena desnuda (2003) y Versos para un hombre ocupado (1996). Obtuvo el Primer Lugar de Ensayo de las Naciones Unidas en Paraguay y en el Premio de Poesía por los 30 años del Diario ABC Color. Shirley Villalba (Coronel Oviedo, 1974). Poeta. En el 2004-2005 participó del Taller de Literatura de la Universidad Iberoamericana, coordinado por Delfina Acosta. Sus poemas han sido publicados en antologías del mencionado taller, así como en diarios y revistas del país y del exterior. Autora de: Penumbra hembra (2006, mención de honor en el Premio Municipal de Literatura de la Ciudad de Asunción). Otros poemas suyos se hallan en las antologías Voces del 2006 y Voces del 2007, ambos correspondientes al Taller de Poesía Ara Satï, coordinado por la Susy Delgado. Sus últimos trabajos se encuentran en el poemario colectivo Ut Eros que aparece bajo el sello Jakembó Editores, 2009.



Poesia de Paraguay